El pasado nunca muere - Cap. 1
mayo 22, 2016
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- ¡No, y es una orden!… ¿me has entendido?
- Sí Señor, ya sé que no te gustan esas cosas…
- Si ya lo sabes no me hagas enojar diciendo las mismas estupideces cada vez, ya vete…hay cierta señora que sí necesita tu atención…
- No me obligarás a ir dónde mi madre, ella…
- Jaejoong hyung, ve con ella, está enferma…-los ojos de su amigo le esquivaron, el jefe pudo captar el motivo de la reticencia, abrió su cajón, de una caja sacó un sobre de color amarillo y lo extendió mientras sonreía-.
- Toma…esto es para ella, preséntate con algo para tu familia, diles que va de mi parte…
- No puedo aceptarlo…yo…no podré pagártelo…
- Solo no te gastes tu siguiente sueldo en alcohol…
- Junsu…estás loco, no entiendo como un jefe de la mafia no bebe alcohol, no fuma y no se droga…
- La razón es que…soy tacaño…jajajaja
La atípica risa de su extraño jefe, sacó una sonrisa de Jaejoong que tomó el sobre, se lo guardó en la camisa y empezó a salir.
- Si me entero que te gastaste el dinero en algo que no era para tu madre, le diré a Yoochun que te de una paliza que le va doler los huesos hasta a tus antepasados en la era Joseon, ¿entendiste?...
Asintiendo terminó de salir y cerró la puerta.
Junsu había terminado de despertar tan solo un momento antes de que su amigo llegara, luego de la ajetreada tarde de ayer, los niños siempre dan mucho trabajo, sonrió pensando en que todos estaban sanos y sonreían mucho, así es como se debe crecer. Nadie tiene derecho de ensombrecer el futuro de nadie y si de él dependía, jamás les sucedería eso a sus pequeños.
Decidió que tomaría una ducha y luego bajaría a desayunar, se fijó en el reloj, dejaba ver unos escandalosos números rojos que decían 11:00 am. “Es muy tarde”.
- No puedes pasar, ni siquiera sé qué haces aquí…espera…
El chico de piel excesivamente blanca intentó frenar al hombre que había ingresado a la fuerza en la oficina de su jefe y que se abría paso como si esa fuera su propia casa, le puso un brazo en el hombro cuando este le dio la espalda, Jaejoong era muy fuerte y experimentado, sin embargo el intruso tenía por lo menos 10 cm más de altura y un exceso de 20 kg más de músculos comparado con él, era un semental *No, No Jaejoong ah, tus pensamientos no puede ir por ahí*, la mínima distracción le dio ventaja al intruso que tomándole de la muñeca, hizo girar la mano por su espalda haciendo la maniobra típica de “manita de puerco”, luego lo echó al piso, y sin remordimiento alguno siguió caminando. Cruzó una puerta y entró a un sitio que hacía las veces de oficina y habitación.
El moreno alto, 190 cm, espalda triangular, trabajada, se podía notar en las formas de los músculos que sobresalían por la elástica camiseta gris, su abdomen era deliciosamente cuadriculado, su cintura por lo tanto estrecha, sus piernas se veían fuertes y eran muy largas. Su cara, parecía modelo, su piel era perfecta, sin manchas, dorada, chocolate suave, su nariz era perfilada, sus labios eran un poco desiguales, el superior no estaba tan lleno como el inferior, no tenía por qué ser perfecto. Sus ojos como los de un águila se dirigieron al lugar de donde provenía un típico sonido de ducha funcionando.
No tuvo problema para abrir la puerta del baño, no tenía puesto el seguro, el vapor lo envolvió, al fondo tras una cortina de acrílico una figura varonil se vislumbraba.
En dos segundos abrió la puerta y ahí estaba, la persona que había venido a buscar, la que había pensado ver muerta. Duchándose, en medio del vapor.
Nada y con nada se refería a “nada” literalmente le preparó para lo que vería a continuación. Había corrido una de las hojas de la puerta y ahí estaba, Junsu, pero de la versión que formaba parte de sus recuerdos no quedaba nada, de su flacuchenta y desgarbada figura no había señales, ahora lo que veía lo dejó con la boca abierta –psicológicamente- alto no mucho, piel blanca perfecta de principio a fin, pelirrojo, ¿pelirrojo?, “vaya, que extravagante”, pensó. Una nuca musculosa, que seguía con una espalda de músculos agradables, seguramente no eran tan grandes como los suyos, pero lo que vio debajo, las nalgas, que impactante, “se puso implantes o ¿qué?”, eran redondas, grandes, firmes, “agarrables”, las piernas, en las que tuvo que seguir, eran fuertes y tonificadas, sus bellitos eran negros, se rio de sí mismo cuando esperó encontrar pelitos rojos también en las piernas. Todo este preciso análisis le tomó los 5 segundos que el aludido le tomó en caer en cuenta de que era observado.
- ¡¿Pero quién demonios?!...
Junsu se quedó sin argumento cuando se percató de que la persona que había abierto la puerta corrediza de su ducha era nada más y nada menos que SHIM CHANGMIN, un amigo suyo de la infancia. Lo miró y su boca se hizo agua, era toda una escultura caminante. Para que no se note su sonrojo volvió la cara inmediatamente a la pared y como si en realidad nada le importara respondió:
- Ah, eres tú, te importaría cerrar la puerta…por si no lo notaste me estoy bañando, necesito privacidad –las palabras en vez de salir de su boca con sarcasmo, salieron atropelladas y torpes-.
- Lo siento Junsu este tipo entró…y…
Jaejoong entró en el cuarto de baño y lo que vio le hizo sentirse incomodo, como cuando entras a algún sitio y encuentras a un amigo con su novia en algo íntimo. El hombre moreno y fornido estaba arrimado con su hombro izquierdo a la pared embaldosada en azul, con su cabeza también apoyada y su salvaje cabello recibía unas minúsculas gotitas producto de la ducha de su jefe. Aquel observaba como se bañaba el otro como si nada estuviera haciendo, o como si fuera algo habitual.
Junsu seguía su rutina, no podía ver sus expresiones por la segunda hoja de la puerta que aún lo cubría.
- No te preocupes hyung…este pesado es un conocido… ya lo echaré cuando sea necesario…
- Entonces los dejo solos…
- “Pesado”… vaya esa es tu forma de tratar a los amigos…
- Yo no soy tu amigo… -en realidad que era molesto que alguien te observe mientras haces algo tan íntimo, pero no se dejaría amedrentar, ya sabía que Changmin era tozudo, y él ahora era el líder de una banda de rufianes, nada debía alterarlo, así que sin que le quedara más remedio, lavó lo último que le faltaba, su miembro con cuidado y rápidamente, terminó su ducha, cerró la llave-.
- ¿Te importa?...-dijo el pelirrojo pidiendo espacio para pasar a tomar su toalla que estaba colgada detrás del moreno-.
- ¿Quieres esto?...-y le estiró el objeto-. Que malagradecido…
Junsu no agradeció, ni respondió, solo le quitó el objeto de las manos, se secó apresurado y salió del baño, se dirigió por el pasillo a su habitación para buscar su ropa, el no invitado lo siguió.
- Tienes que decirme ya, ¿qué demonios estás haciendo aquí…? nadie entra a mi habitación sin permiso, ni siquiera mis amigos… -soltó verdaderamente molesto-.
- Llegué en misión hace dos días, escuché hablar de la masacre de hace algunos años, también escuché hablar de ti y que eras líder de no sé qué, lo único que me importó era saber que estas vivo.
- Lo estoy y no es gracias a ti, ni a ninguno de tus amigos. –Dijo señalando con la mirada la placa de policía que se adivinaba debajo de la camiseta.
- No somos muy queridos por aquí según veo…
- No…no lo son…ahora márchate…
- Que descortés eres con tu mejor amigo…
- No eres mi mejor amigo…márchate
- Siento mucho lo de tus padres…
Junsu sacudió su cabeza, recordando “Sabes que gracias a ti logramos matar a tu familia” y se sintió abatido como esta mañana mientras despertaba de su pesadilla de siempre.
- Eso es algo que no te incumbe, ya en serio te digo, lárgate…
- Quiero ver tus papeles…
- ¿Los de club, enserio?...hubieras dicho eso desde el principio, están todos en regla. Iremos al despacho y te los mostraré.
Mientras discutían el moreno vio todo lo que quiso, el pelirrojo buscaba su ropa y caminaba alrededor, Junsu estaba tan bueno por delante, como lo estaba por detrás, su cara redonda, con su nariz graciosa y sus ojitos en forma de gotita estaban allí, pero le hacía falta su sonrisa, esa que siempre tenía presente cuando eran niños.
Cuando se había enamorado de él.
Lo vio ponerse unos pantalones ajustados negros, ¿cuero?, Junsu en ¡cuero!, que se amoldaba a su perfecto trasero, sintió envidia de la tela. Y una camisa roja, de la cual no cerró todos los botones. Algo en lo que no se había percatado era en el color de uñas del chico, eran negras, tenían barniz negro. Sorprendido vio como para completar el look el pelirrojo tomaba un lápiz negro de su cómoda y se delineaba perfectamente los ojos, en los párpados superiores e inferiores, muy grueso, volviéndolos ominosos y resaltando su extraño color verde-gris.
Se veía como una especie de ser gótico.
Era completamente perturbador el caminar que tuvo que observar, no era justo, el pequeño cabeza de fósforo, se movía con un andar felino, elegante, elástico, alerta, sus nalgas en consecuencia se meneaban aunque sin intención deliciosamente. “Que buen culo tiene”.
- Deja de mirarme el trasero y muévete…
Su capacidad para ocultar sus sentimientos había sido patéticamente vencida por el chiquillo y sus nalgas. Sacudió su cabeza riendo resignado a su derrota.
Sin mediar palabra, fue conducido por varios corredores, luego llegaron al club que a esa hora estaba vacío, solo alguien estaba en una cabina alta, probando la iluminación.
- Bonito el lugar, parece un teatro gótico…
- A la gente le gusta ese estilo…
- ¿Por eso te vistes y arreglas así…?
- Supongo…no te importa…
Con un gesto malhumorado, el jefe entregó el sobre con los documentos. Con gesto serio y profesional el más alto revisó todo y quedó satisfecho. Era extraño, no se supone que los jefes de la mafia hacen todo por debajo de la ley. Es que Kim Junsu no cabía en el mundo en el que parecía haber sido incrustado a la fuerza. Tenía que investigar porque esta situación no era natural.
- Sumbae nim…
La profunda y varonil voz de un hombre alto, blanco, no tanto como Jaejoong pero agradable de ver, fuerte y desarreglado, con chanclas entró y con sus abundantes labios hizo una mala mueca apuntando al policía que lo miraba serio.
- Todo está en orden Yoochun ah…el oficial ha venido a revisar los permisos y como ya lo hizo ya se va…-los ojos grises casi verdes de Junsu miraron los turquesas del más alto y con un movimiento de la ceja lo obligó a retirarse-.
- Jaejoong ha dicho que fue muy entrometido…
Changmin bufó, que intensa era toda esta gente.
- Es todo Kim, me marcho…
- Espero no volver a verte Oficial Shim…
- Soy Teniente…y para tu suerte nos seguiremos viendo, este es mi distrito ahora… desde Daegu do hasta Seon Woo…
- Doce años después, vaya la policía sí que se moviliza lento…-dijo Junsu con todo el rencor que pudo, la policía no había hecho nada por ellos, cuando los necesitaron, claro que Changmin era un niño como él en ese entonces, no tenía la culpa, pero él era solo un ser humano, necesitaba alguien a quien echarle la culpa para no ahondar la culpa de su pecho y ese alguien era el cuerpo completo de la policía-.
- No le recomiendo que se interponga en nuestro camino oficial…-Yoochun se interpuso entre el pelirrojo y el policía, en su mirada solo había advertencia, la actitud era muy sobreprotectora. ¡Ah! Este muchacho estaba interesado en Junsu, una razón más para que le desagrade-…este es nuestro territorio y nosotros lo cuidamos adecuadamente, hemos demostrado que ustedes no nos hacen falta-.
- Nadie está sobre la ley…
- Yo sí…
La voz de Junsu resonó oscura, atribulada con un montón de sentimientos, todos los días malos de su pasado se cargaron en esa frase, se había convencido a sí mismo que tenía que ser absolutamente fuerte para poder cumplir sus objetivos, a fuerza de golpes, a fuerza de lágrimas, con las heridas que fuera necesarias. Ahora con la soledad que fuera necesaria. No dejaría que nadie le hiciera daño a su pueblo otra vez como en aquella horrible noche, y aquellos horribles años. Ninguno de los otros dos en la oficina pudo ver su rostro que ahora era frío y vacío, pues él les dio la espalda.
Changmin sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal. Se consideró desolado, pero no dejó entrever nada de su reacción, recompuesta su máscara profesional. “Algo realmente malo debió sucederle a Junsu”, conocía unos pocos detalles de la invasión de los mafiosos de Lee So Man a la comunidad pero no conocía todos los detalles. Sabía que su instinto, *uy sí, su instinto, la verdad que fueron sus ganas de ver a Junsu*, lo habían llevado al sitio correcto. Tenía que seguir viniendo y su trabajo sería placentero.
Sin responder la frase del pelirrojo que quedó flotando en el aire como una partícula de polvo. Changmin se acomodó las muñequeras de cuero que traía, también su cuello al que hizo crujir y se empezó a buscar la salida.
- ¿A qué hora empieza el Show?... –preguntó descuidadamente a Yoochun ya fuera de la oficina del jefe-.
- A las 10 pm… pero tú no eres bienvenido… no vuelvas… a Junsu le has molestado…
- Te gusta ¿no?...
- Eso no te incumbe…
- Lo tuyo son celos…jajaja…nos vemos esta noche…
- Hijo de puta…
- Jajaja…
Jaejoong se acercaba caminando a su malhumorado amigo, mientras veía al oficial marcharse.
- Vaya que ese tipo pone de mal humor a cualquiera con que se encuentre…
- Sí, no lo soporto…
- Hay que tener cuidado es fuerte, no pude frenarle…
- Seguro te quedaste babeando por sus músculos, siempre te distraen los tipos así…
Jaejoong frunció su ceño que deformaba su perfecta cara, sin querer reconocer que su amigo había pillado la razón de su error.
El príncipe de los bárbaros - Cap. 1
mayo 22, 2016
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El nombre del niño líder es “Shim Changmin”...
Una noche lluviosa durante el inicio de la primavera vio la luz un niño, hermoso, como ninguno antes y como ninguno después. Con cabello negro un poco ondulado, hermosa piel bronceada, además de extraños y brillantes ojos de color turquesa. La madre orgullosa cargaba a su niño, le ponía la ropa más delicada tejida por ella mismo. Sus risitas llenaban la casa, sus llantos eran muy sonoros en las noches, le hacía saber a todos que tenía hambre. No tenía nodriza como era la costumbre, su propia madre le alimentaba de su pecho. Por eso el amor que se tenían era inmenso, el vínculo era sólido a través de la lactancia.
Durante la primera infancia hubo mucho recelo, a veces la salud de los infantes, sobre todo los de aquel pueblo era una efímera esperanza, sin embargo el hermoso bebé, la superó sin ningún alti-bajo. Muchas madres más empezaron a tener hijos sanos, Jin Hee compartía en secreto todos los cuidados que le había prodigado su esposo con todas ellas, aunque a algunas les horrorizaba semejantes procedimientos ellas lo seguían al pie de la letra.
Sus padres se regocijaban a diario mientras crecía, era inteligente como no habían visto hace mucho, apuesto, amable, con una enorme fortaleza de espíritu, con carisma, a veces inflexible, otras veces adaptable. Las actividades físicas también le fueron enseñadas con persistencia, tanto que aprendió a ser preciso con el arco, diestro para domar y montar caballos, la labranza tampoco se pasó por alto, fue aclamado por varios desde niño, la esperanza de su pueblo. Le fue enseñada toda la historia posible, toda la estrategia y matemática posible, a conocer el clima y sus cambios, se le enseñó todo lo que estaba disponible para que lograra ser un gran líder. Su padre siempre lo miraba con mucho orgullo, a pesar de que temía que su hijo esté envuelto en las horrendas batallas que provoca el ansia de poder. Además temían que su carácter le trajera más problemas, su actitud era un tanto hosca y reservada, lo que en ocasiones se tomaba como prepotencia.
El resto de los nobles veía con desprecio y envidia la bonanza de la familia Shim que había logrado el cometido de tener un hijo sano y más allá de eso había producido un niño varón tan inteligente y capaz que aunque no pertenecía a la familia real debería ser quien guíe a la nación más adelante. Sus campos por fin estaban dando frutos, aunque con gran esfuerzo y su casa había sido reparada. Varios de los amigos cercanos y claro, parientes de Tae Mu que siguieron su ejemplo y eligieron esposas entre sus parientes lo más lejanos posible, lograron también tener éxito teniendo hijos sanos, otros no, pero ya fue un avance. El clan de los Shim estaba emergiendo nuevamente.
A raíz de las evidencias la solución era entonces, buscar a las mujeres fuera de su pueblo. Por muy heterodoxo que pareciera y a pesar de muchos de los más antiguos familiares estar en contra, los hombres jóvenes reconocían este hecho como real. A pesar de que incluso su deidad mayor, Ozus, había desposado a su hermana gemela (por eso estaba tan arraigada la creencia dentro de la mente de los nobles más conservadores y ancianos, por tanto eran tachados de herejes y destructores de la antigua cultura), los pocos jóvenes sanos sobrevivientes, no se dejaron convencer, siguieron adelante en su plan, rehacer su nación, buscando conexiones y alianzas de todo tipo con los otros pueblos.
Un grupo de aproximadamente 10 jóvenes, hijos de nobles, con Changmin a la cabeza, a la edad de 16 años propiciaron una especie de golpe de estado al último personaje vivo de la línea que formaba la realeza, el Conde Bae Hyun Tak viudo de la última princesa heredera, una persona incapaz y enferma que era manipulado por otros hombres igual de incapaces que habían permitido que la gran nación se quede a la deriva. Muy poco habían podido hacer la última tropa de soldados que apoyaba a este régimen, no se le hizo daño al conde, ni a los que le acompañaban, tan solo se les exigió que declinaran de sus puestos y se retiraran del palacio casi abandonado de Miltia. El resto del ejército se había puesto a órdenes de Changmin y sus amigos inmediatamente. El espíritu de ese joven llevaba la esperanza a donde fuera. Desde ese momento incluso en contra de la voluntad de su padre, Changmin se convirtió en el nuevo líder de su patria. No podía llevar el título de rey hasta que no consiga una esposa y tenga un heredero, eso lo dejó escrito Shim Tae Mu, así que ahora todos le llamaban Príncipe Changmin.
Dejando a su padre a cargo como regente, él, junto a sus mejores amigos, todos muchachos fuertes e inteligentes, salieron en sus caballos en busca de cumplir su misión. Al principio no fue fácil, no tenían mucho que ofrecer y todos les observaban con desconfianza, sin embargo se rendían a las encantadoras sonrisas de los varoniles jóvenes cuyo único objetivo era reactivar el comercio, ofreciendo su país como una conexión para mejorar las rutas terrestres de comunicación entre los pueblos. El puerto de la ciudad de Hani era la puerta natural de vínculo con el resto del mundo para la gran isla de Ítalo en la que estaba contenida Ilani.
Varios años le llevó al joven Príncipe Changmin, lograr una estructura de estado adecuada, el sistema feudal era el único conocido y lo aplicó según su entendimiento, su casa fue la primera en recuperar la servidumbre en gran escala, los campos otrora fértiles hoy eran difíciles de cultivar pero nada le haría rendirse. Con el riesgo de quedarse en banca rota gastó un gran porcentaje de los fondos reales en hacer herramientas para los sembríos y construir canales de riego. Mejoró los caminos ampliándolos y empedrándolos para que las comunicaciones sean ligeras. Se libró de varias bandas de bandidos que amenazaban la seguridad y habían nacido de la necesidad y el hambre.
Sus ideas, ideas que su padre trajo de otras tierras y que él mismo adaptó a su espacio y cultura dieron sus frutos. Sus cultivos empezaron a mejorar año a año, sin embargo aun lo que producía no alcanzaba para ofrecerlo a los extranjeros, solo cubría las necesidades de la ciudad capital y sus alrededores.
El resto de sus parientes achacosos y enfermos no soportaron que la familia Shim renaciera después de su acto de herejía, y menos teniendo al frente a aquel muchacho salvaje y prepotente, muchos no le reconocían como príncipe. Mientras Changmin y los muchachos estaban en su viaje, un grupo de familiares fuera de sus cabales prepararon una emboscada, los querían muertos. Ok Min Ah prima de Shim Tae Mu, la mujer que no fue tomada como esposa, era la líder de un complot que terminó con la vida del padre y la madre de Changmin, en un horrible incendio en el granero principal de su hacienda.
La servidumbre respetaba a la familia de Changmin, pues gracias a ellos poco a poco la vida había mejorado, así que una joven que servía en la casa de la Sra. Ok le contó todo lo que había escuchado de aquellos traidores en cuanto el príncipe alertado previamente se bajó de su caballo al volver. Tras investigar un poco, la verdad se descubrió, montó en cólera como nunca antes y sacó su lado inflexible a relucir, convocó ahora con su autoridad más consolidada a todas las familias nobles de Miltia, y el pueblo se reunió también en la plaza mayor. Entonces de forma pública desenmascaró a los culpables, a manera de juicio los hizo declarar, escuchó con las manos crispadas las absurdas acusaciones que esos familiares le hacían, las ridículas y antiguas razones que exponían para justificar el acto. Sintió el odio y la envidia de esa mujer, no comprendía lo pequeño que puede llegar a ser el espíritu embebido por la traición y la avaricia. Convirtiéndose en juez y jurado, como ejemplo para todos aquellos a los que se les ocurriera una idea parecida, sin piedad les cortó la cabeza uno a uno el mismo con su espada, a los diez y siete implicados, sus ropas terminaron completamente empapadas de sangre, fue algo terrible de ver. Con el corazón compungido y las manos manchadas volvió a su casa, dejó la orden de que las cabezas fueran expuestas durante tres días para recordarse a sí mismo que los lazos de sangre a veces pueden no valer nada si hay envidia y rencor de por medio.
Desde ese día se hablaba de él como El Príncipe que gobernaba a los bárbaros, “El Príncipe de los Bárbaros”.
Nunca más se tomó a la ligera las palabras del príncipe. Nunca más hubo nadie que se atreviera a retarle.
Bueno, pasarían varios años antes de que alguien pudiera hacerle frente.
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Él ya no era un adolescente, su cuerpo había terminado de crecer, odiaba la barba y los bigotes así que se los quitaba así se veía muy joven pero esto lo volvía la antítesis total de sus antepasados. No tenía un lacayo solo para él, hacía sus tareas por sí mismo, no gastaba dinero en un gran séquito, con sus caballeros era suficiente, sus ropas no eran las más presuntuosas, siempre estaba ocupado buscando algo que les pudiera llevar a crecer. Su cabello un poco ondulado era muy fácil de peinar así que solo usaba su mano para dejarlo listo. Estaba sano, pero los estragos de las enfermedades en su pueblo aún se dejaban ver. Siempre buscó medicamentos y pociones entre las naciones vecinas, cualquier cosa, pero nunca logró salvar a ninguno de sus parientes, sus enfermedades eran terribles y letales.
Se reconocía a sí mismo y a los que le ayudaban necesarios para el adelanto de su debilitada patria. Sin embargo había días en los que la carga era demasiado pesada. Su labor le dejaba una profunda sensación de soledad. La piedra de su pecho se sentía más fría que de costumbre.
Ya tenía varios aliados de la región circundante a su nación, Kiteria, Mago y Shilla, sin embargo en su cabeza rondaba la idea de la que aquellos le venían sugiriendo, aunque no le gustaba, le parecía necesaria, una guerra sería la única forma de traer mujeres de otras tierras, pues nadie había querido ofrecérselas de buena gana incluso después de tantos años, para volverse más fuertes a través de generaciones de hombres sanos, volver a ser quienes habían sido diez generaciones atrás. No era de su agrado matar gente, pero no tenía suficiente dinero, su creciente economía y ejército necesitaban nutrirse de capital. Los generales de Ilani y los aliados, todos ellos, esperaban de él solo la aprobación. El plan había sido discutido y evaluado. Parecía ser que la beligerancia fluía por las venas de sus soldados, menos por las suyas, era gracioso siendo que él era "El Príncipe de los Bárbaros" se suponía de él una actitud por mucho más hostil. Cuando en realidad odiaba la guerra con tan solo haberla conocido en los libros. Sonreía para sí mismo de su apodo.
Aquella tarde y mientras el sol se ocultaba suspiró poniendo en orden sus ideas, necesitaba dinero para mantener a su nación, necesitaba mujeres sanas para incrementar su población y tendría que tomarlos a la fuerza, tenía que interiorizarlo, rechazarlo, entenderlo y a pesar de odiarlo, hacerlo, no era agradable, no era fácil, pero era necesario. Añoraba tanto a su padre y sus sabios consejos, añoraba a su madre y sus constantes palabras de aliento.
Nadie le daría a nada gratis. Aunque le parecía demasiado alto el precio a pagar. Sin embargo la situación llegó a un punto en la que era completamente incontenible, no podía hacer nada más que aceptar. Los ejércitos de los alrededores que estaban listos solo tuvieron que agruparse frente a su “bárbaro” líder y recibir sus ánimos, para lanzarse a la marcha y luego al encontrar al primer pueblo no aliado y quitarle todo. O por lo menos lo más importante.
En contra de sus propias predicciones las campañas eran un éxito, por lo regular Changmin procuraba no permitir grandes masacres a inocentes, ni saqueos sangrientos y crueles. Solo las fuerzas militares se veían involucradas. Intentaba hacer lo que sus antepasados nunca hicieron, negociar, los que aceptaban hacerlo ganarían seguir viviendo en sus pueblos, ser sirvientes y no ser esclavos. El único arreglo aceptable era pagar impuestos y jurar lealtad a Ilani, además de entregar a las mujeres más hermosas.
Quienes no aceptaban el trato, por decisión del consejo de generales que acompañaban a Changmin, debían ser aniquilados. Él no participaba del acto, pensaba que dejando de ver, su culpa sería menor, pero nunca lo fue. Su corazón siempre se sentía pesado después de arrasar con algún pueblo, sus compañeros le recordaban que “El más fuerte sobrevive”, pero él sabía que no tenía derecho a ser el más fuerte. La verdad es que solo era un bárbaro.
Más y más su fama de cruel se extendía por las regiones aledañas, desde el mar de los Vientos Endemoniados hasta el pie de las montañas sagradas de Ameria.
En uno de los pueblos que fueron conquistados, en la última ciudad grande del reino de Astra, Tafur, el príncipe trató de salvar lo único que le interesaba más, el conocimiento, libros, arte, música y la gente que tocaban los instrumentos que la producían.
Esa tarde cansado de las reuniones en las que los hombres pedían piedad por sus pueblos, en las que se hacían tratados y acuerdos, en los que se sellaban papeles de cédulas reales se retiró con el alma pesada, antes de llegar siquiera a sus aposentos, su mano derecha el general Jung Yunho, le mostró un descubrimiento fascinante, una biblioteca muy antigua con pergaminos arcaicos. Le brillaron los ojos por alguna razón y olvidado del cansancio se dedicó a revisarlos. Uno de aquellos, contenía algo fuera de serie. Algo que hizo que sus ojos se abrieran exageradamente por la conmoción, entendía el texto a medias, era un idioma muy antiguo, incluso más que el suyo, así que tuvo que buscar quien pudiera traducírselos. Un viejo “sabio”, que parecía más bien un mendigo se ofreció tras aparecer de la nada, Changmin siempre desconfiaba de él, pero le permitía hablar en su presencia, tal vez tuviera algo bueno que decir.
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- Su majestad…te he traducido la información que te interesa de verdad…-decía el anciano sin poder mirar al rostro del príncipe una tarde varios días después de que se le encomendara el trabajo-.
- Tu, anciano facineroso, ¿qué mentira es la que me vas a decir hoy?, habla pronto que no tengo tiempo…-dijo sin mirar siquiera a la persona que estaba hincada ante él, su humor y austeras costumbres habían cambiado un poco conforme iba ganando más fama y poder-.
- He hallado la ubicación de esa persona, aquella persona con el mágico don…aquella persona que puede darte un heredero poderoso de veras…
- ¿Es aquella persona, la de la leyenda, la que está descrita en el pergamino?...-el anciano levantó el rostro, sabiéndose vencedor, sonriendo enigmáticamente, su sonrisa tenía desagradables dientes amarillos, que contrastaban bastante con su largo y descuidado cabello blanco-.
- Sí mi señor, está más allá Odaiba… en un poblado próspero al norte de Odaiba, para ser exactos en los altos de las montañas de Ameria… no será fácil llegar…
- ¿Y cómo sabré quién es esa persona?
- Según la escritura, te recuerdo, tú mismo serás quien la reconozca, sus ojos te llamarán, la gema de tu pecho quemará y se atará el destino del uno al otro sin final.
- Puedo sentir eso con cualquier mujer hermosa…-dijo evadiendo el hecho de que el anciano sabía que él tenía una joya en el pecho, sin habérselo dicho previamente-.
- No te burles, sabes que no es cierto, esa sensación será tan intensa que puede dejarte mareado. –Cambiando inmediatamente de actitud- Te tengo información adicional igual de interesante…-estiró su mano en acto de pedir, a veces el príncipe se arrepentía de pagar por esta extraña información aunque su curiosidad siempre era estimulada, así que puso la moneda de plata en la palma estirada-.
- Una esclava venida de Jaen me lo ha dicho… Con su dueño, pasaron por Ameria durante su viaje, ella ha dicho, que todas las personas de Ameria son hermosas, pero hay una persona con una particularidad…
- ¿Una particularidad?
- Tiene el cabello de un hermoso y extraño color azul, además de unos ojos verdes…o grises o algo así...que su sonrisa es tan blanca como la luna, pero como la esclava iba escondida en un carruaje no pudo ver más.
- Vaya parece una etérea criatura, calza perfectamente con la descripción del pergamino ¿en realidad existe?
- Supongo que solo creerás cuando veas a esa persona…la esclava ha dicho que tiene un diamante completamente transparente en su cuerpo...
- ¿Y cómo una esclava pudo ver algo como eso?, por lo regular las gemas no están en partes expuestas del cuerpo, seguramente traía un escote demasiado escandaloso.
- Ella lo vio, porque pasaron cerca del río dónde aquella persona se bañaba, los esclavos iban escondidos en el carruaje porque en Ameria no se permite la esclavitud, por tanto ni la venta ni la compra de esclavos, el dueño estaba tomando un atajo, así que esa persona no los vio.
- ¿Un diamante puro?...estás mintiéndome...
La noticia hizo saltar a Changmin de su trono, en un instante estuvo sosteniendo con su mano izquierda la mandíbula del hombre viejo, mientras que su rodilla izquierda sostenía el peso de su cuerpo en el piso-.
- ¿Mi señor vas a adueñarte de todo el país, cierto?…-el príncipe asintió con mucha seguridad-...entonces ya llegaremos a esas tierras… y verás que lo que te digo es verdad…
- Si llega a ser cierto y logro conseguir a esa persona, te ganarás un baúl lleno de oro viejo facineroso…-el viejo sonrió, su aliento rancio le golpeó la cara, era tan desagradable-.
Sintió esperanza en su corazón, alguien había visto a esa persona con un diamante puro, completamente transparente, completamente compatible con la gema de su pecho. Era realmente una buena noticia.
- ¿Es una promesa señor….?
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