Nota de la autora:
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Amándote más allá de todo
Título: Amándote más allá de todo.
Pareja: Yoomin, Yunjae
Autora: Grizly
Género: Histórico, Fantasía, Angst, Lemon
Advertencia: Muerte, Hetero
Extensión: Serial
Reseña:
Yoochun quien ha dejado atrás su vida como ser mitológico y gracias a Chagmin ha tenido una nueva oportunidad de vivir se encuentra desconcertado al ir perdiendo las habilidades que por tanto tiempo ha tenido. A pesar de tener a Chagmin a su lado es muy difícil para el adaptarse a una época diferente a la suya.
Las inquietudes sobre su pasado y la dificultad para lidiar con la pérdida de su habilidades harán que Yoochun se relacione con personas que no conoce ¿Podrá aquello afectar su relación con Chagmin? ¿Lograra adaptarse en esta nueva época o terminara atrapado en su pasado nuevamente?
Nota de la autora:
—Primeramente agradecer a Chunsadycta quien me dio la idea de convertir al one-shot hijo del trauco en un serial sin embargo lo pensé bien y me decidí por una secuela pero aun así gracias por la idea.
—Originalmente iba a escribir solo de Yoomin, sin embargo como pienso tratar un poco sobre la infancia de la madre de Yoochun, no quería aburrirl@s con un drama en hetero, así que hasta que aparezcan los personajes principales decidí agregar una pareja más y no pude resistirme al yunjae.
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Painless
Linea de Tiempo: Pasado
Hecho Histórico: Guerra de Corinto/Guerra Corintia
N/A: De
una manera u otra aunque sé que probablemente es una historia muy cursi me
gustó escribirla porque adoro tanto la mitología griega como toda su historia
en general, espero que les guste.
~ GLOSARIO AL TERMINO DEL FIC'S ~
El sufrimiento que no había sentido aun cuando estaba al borde de la muerte lo vapuleó tan fuerte que las lágrimas cayeron de sus ojos, sintiendo el dolor a carne viva mientras los ojos del que había sido su amigo solamente lo miraban decepcionado.
—Traicionaste a tu pueblo por el enemigo y te atreves a lamentar más su muerte que la deshonra que le provocaste a tu familia—dijo con desdén, escupiendo las palabras mientras empuñaba de nuevo su espada, marcada de su sangre, seguramente para intentar matarlo nuevamente.
Pero no le importaba, si el que ahora yacía inerte entre sus brazos no abría los ojos más no había razón por la cual resistirse a la muerte, como había dicho había deshonrado a su familia y tampoco tenía sentido volver.
—No importa el deshonrar a tu familia o el deshonrar a tu pueblo si es que eres fiel a tus sentimientos
— ¿Sentimientos? Un ateniense te lavó la cabeza, lo que aprendiste desde que eras un niño…
—Yo lo amaba…y lo amo aunque tu espada haya acabado con él, sería traicionarme a mi mismo seguir a Esparta y fingir que me importa mi pueblo más que lo que me importa él…dudo que puedas entender lo que siento porque fue a ti a quien le quitaron el corazón, solo eres una coraza que hace lo que su pueblo le ordena, no amas a tu esposa y tampoco quieres a tus hijos, no te importó cuando a tu propio hijo lo lanzaron de Taigeto
—Solo era una boca inútil…
—Pero era tu hijo y no te importó…más importante era la guerra, vencer, vencer y vencer aún si Esparta se queda sin ciudadanos que la mantengan viva
— ¡¡¡Cállate!!! ¡¡Deshonraste el juramento que hiciste como soldado!! Para nosotros no hay sentimientos, tus únicos tesoros son tu escudo, espada y lanza…
—Pero de qué me sirven si no llenan el vacio que siento, dicen que debo sentirme orgulloso de servir a Esparta pero no me siento orgulloso…incluso siempre esperaba morir en la siguiente batalla para no tener que volver…
Sonrió, la ironía cargando su expresión mientras dejaba el inerte cuerpo en la fría tierra para enfrentar al que ahora no podía ver más que como su enemigo.
—Siempre fuiste bueno para la guerra y desperdicias el honor por amor…
—Es que tú no eres capaz de comprender lo que el amor significa…y no lo comprenderás…—Golpeó el brazo de la persona frente a él, quitándole la espada, apuntándole directo al cuello—Aún cuando tu propia espada destroce tu cuello
Las lágrimas no resistieron más y emprendieron su carrera empapando sus mejillas.
—Ojalá que su sangre llena de amor sea como veneno para la tuya cuando te atraviese…
Dieciocho meses antes
La sangre brotó de la herida manchando todo a su paso, el dolor era tan intenso que solamente quería tirarse a media tierra y dejarse morir ahí pero su fuerza nula lo llevó a arrastrarse por el suelo hiriendo sus rodillas entre la piedra menuda y la tierra de Haliarto.
Sus fuerzas lo abandonaron, dejándolo caer rodando por la tierra mientras ya podía ver en su imaginación su cuerpo inerte volviendo a Esparta.
Cuando dejó de rodar por la tierra vio al cielo, las estrellas fueron interrumpidas por la que creyó en su delirio el rostro de una divinidad, preguntándose incluso si era un hijo de los dioses que venía a reclamar su alma.
Recibió a la que creyó su muerte con una sonrisa antes de entregarse y cerrar sus ojos.
El sonido familiar y la luz penetrando su sueño le obligaron a abrir los ojos, sintiéndose extrañado de poder hacerlo, recordó vívidamente cuando llegaron a Haliarto, como comenzó la batalla, como cuando llegaron a las murallas de la ciudad la batalla empeoró y sus compañeros solo comenzaron a morir y él no pudo más que seguir luchando hasta que la espada de un tebano le clavó las entrañas y supuso que iba a morir.
El lugar era extraño, era muy improbable que hubiera vuelto a Esparta a no ser que hubiera estado un largo tiempo inconsciente pero lo dudaba, la casa donde estaba no se acercaba ni un poco a lo que él conocía en Esparta.
Un aroma a comida inundó sus sentidos, impulsándolo a levantarse sin embargo su esfuerzo no llego ni a medio camino cuando sintió la fuerte punzada, sintiendo de nuevo vívidamente el dolor de la espada atravesándolo.
Soltó un gemido, sosteniéndose el costado que estaba vendado con una limpia tela blanca, el sonido atrajo a alguien que a pasos veloces entró a la habitación, con un cuenco de agua en manos, una mujer entró, mirándolo asustada.
— ¿Se encuentra bien? —preguntó apresuradamente, poniendo el cuenco en una repisa de piedra en la pared, revisó sus vendajes y sus piernas donde logró ver unas cuantas heridas de su vago intento de quitarse de camino en media batalla y quizá los demás raspones eran de cuando rodó al caer.
Asintió suavemente dejando que la muchacha lo revisara hasta cerciorarse con sus propios ojos de que estaba bien, cuando la revisión terminó la miró fijamente, esperando que le informara quien era pero la chica parecía sumida en algún pensamiento.
—No intente moverse…la herida no ha cerrado aun así que es mejor que descanse
— ¿Q-Quién eres? —preguntó, con la voz raspando su garganta dolorosamente, la chica se levantó tomando el cuenco con agua, sirviendo en un pequeño vaso que acercó a su boca hasta que lo bebió todo
—Me llamo Selene… ¿Quién eres tú?
—J-Jaejoong… ¿Cómo terminé aquí? —Selene le sirvió de nuevo un vaso de agua, asegurándose nuevamente que lo bebiera todo
—Mi hermano te rescató anoche del bosque, estabas mal herido y cuidó de ti…
—L-la batalla…yo debo…
—Ya no hay batalla, llegó un hombre de Esparta y se llevaron los cuerpos de vuelta, su líder con el que vinieron a Haliarto fue asesinado…—Jaejoong volvió a intentar sentarse pero el dolor era insoportable, de seguro sus compañeros ahora lo creían muerto.
Cuando el pensamiento cruzó su mente se quedó quieto, mirando al rostro de la morena muchacha que parecía horrorizada de verlo intentar moverse. Volvió a echarse para tranquilizarla, mientras no podía evitar que una sonrisa cruzara su rostro.
Lo creerían muerto y no tendría que volver a Esparta…no tendría que volver a luchar ni sobrellevar el peso de la mentira que cargaba en cada batalla. La tranquilidad inundó su ser, dejándolo respirar tranquilo mientras al fin era capaz de disfrutar el agua que nuevamente Selene le vertía a la garganta.
—Gracias…—dijo al fin con su tono de voz normal, tranquilo, la chica asintió volviendo a mirar al vendaje de su vientre
—Mi hermano dijo que la herida no era seria, no se hirió nada más que piel por suerte…
— ¿Tú hermano es médico?
—No, pero sabe bastante de medicina…estarás bien, según él si hubieras sido herido de gravedad no hubieras pasado la noche…—Asintió, sin tener más que decir, la chica sonrió y salió, afuera el sol brillaba, al parecer la casa estaba en medio del bosque porque podía ver claramente los arboles amontonados unos con otros afuera, o quizá en un claro de bosque.
Suspiro, escuchando de nuevo pasos cerca, quizá Selene volvía pero se sorprendió al ver a la divinidad que vio antes de cerrar los ojos la noche anterior, su rostro se veía más bello bañado por la luz exterior.
Sonrió, entre embobado y confundido mientras seguía su figura hasta que se situó frente a él.
Seguramente Afrodita estaba celosa de la belleza que poseía.
— ¿Te encuentras mejor? —preguntó, poniendo su mano sobre su vientre, tocando los músculos cercanos a su herida, sin acercarse tanto a ella, soltó un suspiro
—Si…
—La herida no es seria pero debe cerrar…quizá tarde un tiempo hasta que puedas moverte tranquilamente…
—Gracias…por salvarme
—De nada, debería haberte dejado pero seguías vivo y sentí que debía salvarte—sonrió, enternecido por las palabras, seguramente era de Corinto o quizá de Atenas, un Espartano no lo salvaría, de todas maneras si volvía a casa vivo sería una deshonra porque habían perdido la batalla
—Te debo más que la vida…—susurró, su voz sintiéndose nuevamente agotada, el cuenco que Selene había traído seguía ahí así que el tomó el vaso llenándolo de nuevo y acercándolo a su boca, vertió el agua en su boca con delicadeza, incluso más que el último vaso Jaejoong disfrutó de la frescura del agua acariciando su garganta, su vista centrada en el rostro de su salvador.
—No me debes nada, era mi deber de humano, por lo tanto no sientas que me debes nada…—el chico sonrió, mirándolo a los ojos, perforando con sus castañas orbes hasta el más profundo de sus pensamientos. Sonrió en respuesta, moviendo su mano hasta ponerla cerca de la que reposaba en su vientre
—Un espartano no suele deber la vida pero como ya no me siento uno quiero debértela y te la pagaré como sea
— ¿Por qué ya no te sientes como uno?
—No eh muerto en batalla y la perdimos, volver sería un deshonor para mi familia y morir ya no es mi anhelo…—el chico asintió— ¿Tú de donde vienes?
—Atenas…
—Y qué hace un ateniense en Haliarto…
—Cuidar de Selene, mi hermana, iban a mandarme a Tebas para luchar contra tus compañeros pero jamás sería capaz de dejar a Selene cuando prometí cuidarla siempre…sin embargo la guerra me persigue y no creo que huir siga siendo una opción…
—Para mí es mi única opción…soy Jaejoong y bueno…vengo de Esparta
—Changmin…de Atenas—ambos sonrieron—Supongo que podrás levantarte la siguiente semana, hasta eso la herida habrá cerrado
— ¿Cómo sabes medicina?
—Sé de todo un poco…la sociedad ateniense impulsa a que los niños aprendan de todo un poco, en cambio en Esparta son puramente guerreros—Jaejoong sonrió, asintiendo—Es mejor que descanses un poco más, Selene esta preparando la comida, yo iré a ayudarla y vendré cuando este lista, mientras duerme un poco, todas tus fuerzas deben centrarse en cerrar esa herida
Jaejoong asintió viendo como Changmin se iba con el cuenco en manos, cerró los ojos, dejando que la luz exterior creara formas tras sus parpados cerrados, bueno al menos por el momento tenía donde quedarse, huir de la guerra no sería sencillo pero tampoco imposible.
Mientras no volviera a Esparta todo estaría bien y mientras su salvador estuviese cerca suyo…todo seguiría igual.
Para cuando despertó el olor era claramente delicioso, vio como Selene caminaba fuera del lugar pero ninguno entró a la habitación quizá todavía no había nada listo y él tampoco estaba desesperado por comer, después de todo la etapa de entrenamiento cuando era joven le había enseñado a mantener controlada el hambre por largos periodos de tiempo.
Suspiró, llevando sus brazos a apoyarse en la suave superficie de la cama, impulsando a su torso a levantarse, el dolor había disminuido pero sentía la punzada de todas formas así que dejó que el peso le venciera volviendo a cama.
Changmin volvió a entrar a la habitación con un par de platos en manos, sentándose a su lado.
—Espera que te ayude a levantarte, si se abre la herida tu recuperación será más tardía…—dejó los platos tras él y se acercó, Jaejoong se dio cuenta que la educación que recibían en Atenas era en verdad distinta a la que había recibido en Esparta.
Si un hombre estaba herido las mujeres se hacían cargo de él, los hombres no eran médicos solo se ocupaban de sustentar a su familia, cazar, matar, luchar y nada más.
Por el contrario Selene parecía una mujer tan inteligente como lo era su hermano pero sus mismas palabras y las expresiones de su rostro la marcaban como una mujer fría, en cambio Changmin parecía algo más cálido que ella.
Cuando pudo sentarse al fin Changmin tomó el primer plato con algo de sopa y las verduras nadando sobre el caldo de un color amarillo que despedía un suave olor a pollo.
—Toma…—dijo dándole el cuenco, Jaejoong movió sus brazos con cuidado, tomando el plato para empezar a comer, el olor era suave y su sabor era simplemente bueno, hacia muchos años que no comía comida casera, siempre había tenido que arreglárselas con sus compañeros para hacer una comida decente, al menos él no cocinaba nada mal pero cuando estaban en grupos la tarea se designaba a varios cada semana y no podía decir que sus compañeros prepararan sus alimentos bien.
Aun si estaba comiendo no pudo dejar de ver a Changmin que parecía preocupado por la herida, antes de que lograra acabar se levantó y salió, escuchó vagamente la conversación que tenía con su hermana y luego volvió, con otra blanca tela en manos.
— ¿Y eso? —Changmin sonrió levantando la tela, el asintió hasta que le respondiera
—Cuando acabe de comer voy a cambiarle la venda…y limpiarle la herida—volvió a asentir, acabando por fin el líquido que le había devuelto, Changmin colocó el plato tras suyo de nuevo y le ayudó a erguirse un poco más sin apoyarse en la pared, manteniendo su espalda recta para no presionar a su vientre en el esfuerzo del movimiento—Levanta un poco los brazos…
De algún lugar en su costado izquierdo comenzó a sacar la tela que se mantenía pulcra salvo por la parte de la herida que estaba teñida de un intenso carmín, pero no le interesaba mucho, incluso se sentía sedado mientras no dejaba de ver el concentrado rostro de Changmin quitando la venda con sumo cuidado, presionando de vez en cuando con sus dedos el costado opuesto a la herida para relajar sus músculos.
Cuando sacó por completo la venda lo ayudó a moverse un poco más para apoyarse de nuevo en la pared para empezar a limpiar la herida que a pesar de haber teñido la tela parecía no sangrar ya, sus dedos pasaron con cuidado por su piel y Jaejoong no sabía en realidad que demonios era esa sensación que le provocaba pequeños espasmos cada vez que él lo tocaba un poco más.
No sentía dolor en lo absoluto, solo se sentía completamente embriagado por un sutil aroma que Changmin despedía.
De nuevo lo movió, para que el contacto solo fuera mayor mientras pasaba la blanca tela nueva por su estómago presionando con cuidado sobre la tela para que esta no se arrugase, sus dedos sobre su piel eran como un sedante porque no sintió dolor alguno aún cuando de vez en cuando Changmin lo miraba preocupado.
Cuando la tela pasó sobre su hombro derecho no pudo evitar sentir unas tremendas ganas de tomar su brazo y atraerlo a su cuerpo entonces se dio cuenta que lo que sentía era deseo puro, jamás una mujer por más que lo había intentado le había levantado el animo, se sentía ambiguo sin embargo sabía que era lo que estaba sintiendo y qué deseaba a su salvador.
Sonrió con ironía, dejando que el placer subiera cuando sus manos de nuevo estuvieron en su vientre y se detuvieron en su costado de nuevo.
Le sirvió un poco de agua nuevamente.
—No sentiste dolor y la herida esta cicatrizando muy rápido, creo que para pasado mañana vas a poder levantarte
—Incluso para mí, eso no tendría sentido, a donde iría aun si pudiera moverme y volver…—los castaños ojos de Changmin le desviaron la mirada mientras servía otro vaso y esta vez lo tomaba él
—Te diría que te quedases, sin embargo, el permanecer con nosotros es quizá más peligroso que volver a Esparta…
—En verdad nada es más peligroso que volver a Esparta, si solo conocieras a mi madre…
—No tienes a toda Esparta buscándote…ni dando precio por hallarte—dijo una voz femenina
— ¿Eh? —Changmin miró hacia la puerta viendo a Selene con el ceño fruncido
—Atenas esta buscando a mi hermano…ellos lo quieren para la guerra…—Jaejoong miró a Changmin esperando una explicación aunque no se la debía sin embargo él contestó
—Yo era parte del ejercito, planeaba las estrategias militares pero…
—Una mujer que leyó mi oráculo dictó que mi hermano moriría en la siguiente guerra iniciada por Tebas y Corinto…él no quiere morir y dejarme sola, por eso huimos…—Jaejoong soltó un suspiro
—Supongo que puedo entenderte…tenías razón para hacerlo y tu solo dudo que puedas esconderte, peor aun cuando ha habido una batalla tan cerca de aquí—Changmin asintió y Selene avanzó unos pasos, mirando con su fría mirada directo a Jaejoong
—Quédate y hazle comprender que yo puedo cuidarme sola. Él necesita más cuidado del que yo necesito, al fin y al cabo él es menor que yo…y el estar tan alejados de las demás personas es doloroso—Changmin bajó la cabeza
—Lo siento Selene…
—Ya cállate…por favor Jaejoong, quédate con nosotros. Al fin y al cabo no tienes a donde volver y no podríamos dejarte volver a Esparta cuando significaría que mi hermano desperdició su tiempo salvándote—Jaejoong sonrió, concediendo la petición que fríamente había realizado Selene
Así empezó, vivir en el bosque de Haliarto, ayudar a Changmin a cazar, tratar de conversar con Selene que era realmente una mujer fría y vivir una vida tranquila que creyó jamás tendría con los diarios entrenamientos en Esparta.
Todo parecía haber desaparecido y la fría rutina de guerrero que tenía se había desvanecido como la espuma mientras su deseo por Changmin se hacía cada vez más intenso y el antiguo guerrero espartano simplemente había muerto en la batalla de Haliarto.
Era una mañana calurosa dos meses después de la batalla, Selene había ido a la ciudad a conseguir algunas cosas mientras nosotros nos quedamos solos en casa, aunque Changmin había desaparecido hace un rato cuando dijo que iría por agua al rio sin embargo no había vuelto en un rato.
Miró el lugar con el que se había familiarizado con tanta facilidad mientras imaginaba que podía estar pasando en su vieja casa.
Había dejado todo por la simple razón de que no se sentía bien siendo un guerrero, no quería morir en guerra y no quería tener hijos solo para verlos sufrir como él había sufrido, por hambre, frío, dolor y todo lo demás.
Lo único que había querido era huir y lo había logrado, en un principio cuando estuvo la primera semana con Changmin y Selene pensó que tampoco era algo que quería para él, sin embargo, se sentía cómodo con ellos aún cuando Selene era fría y solía discutir con Changmin por cosas triviales, se sentía cómodo especialmente con Changmin, aunque no hacia algo especialmente perfecto o agradable, solo llevaba una vida común pero se sentía realmente a gusto con ello y la verdad no anhelaba nada más.
Hasta que escuchó su voz venir de algún lado, pocas veces había tenido el beneficio de escuchar la voz de su menor cantando, la poesía de su boca era pura y la verdad era al primer hombre que había escuchado cantar y pensaba que era maravilloso.
Le había dado un par de consejos de cómo hacerlo pero le encantaba más escucharlo porque simplemente ni Selene era capaz de adquirir esa dulzura en su voz aun cuando tocaba magníficamente la lira.
Sonrió dejándose encantar por la oda que Changmin interpretaba, sin duda era un ser puramente inteligente pues las monodias que cantaba siempre eran odas donde hablaba de la última guerra, una vez lo oyó cantar sobre la batalla donde lo habían herido e incluso en el epodo incluyó su herida por un guerrero tebano.
Se sorprendió al escuchar que sus palabras ya no hablaban sobre la guerra, sobre el imperio ateniense, sobre roma o todas las cosas inteligentes que sabía, hoy en lugar de cualquier oda cantada por su bella voz parecía interpretar una nostálgica melodía de un amor no correspondido.
La Elegía se detuvo abruptamente en un punto culminante donde la nostálgica poesía se transformaba en una completa tragedia donde el amor no correspondido perforaba su corazón con una espada de un tebano traidor.
Caminó hacia su voz, entre los árboles, el sol bañando sus copas y filtrándose suavemente hasta su piel, sabía que aun seguía cerca al rio así que no necesitó buscar más cuando llegó notó que no estaba ahí.
Escuchó su suave tarareo de nuevo, la historia continuaba inconclusa y él quería hallarlo para que la terminara y poder saber con la certeza de su mirada de donde había sacado esa historia.
Siguió el suave sonido de su voz que parecía que como el viento era capaz de tocar su piel y encantar sus sentidos de tal manera que nada más había sido capaz de gustarle tanto como eso.
Avanzó rio abajo viendo la espesura del bosque y la belleza de las flores silvestres adornando las orillas del rio que se iba transformando en una pequeña laguna en medio bosque, sonrió al escuchar su voz cada vez más intensa quizá al fin planteándose continuar la historia no con una trágica muerte.
Avanzó más viendo que no solo era la simple imagen del ser que conocía sentado a la orilla del lago cantando. Era una imagen de belleza y tentación pura que movía los pies sobre la superficie del agua de la laguna.
La brisa golpeo contra su rostro trayendo consigo los últimos vestigios del verano, sacudió sus cabellos y los de él también, podía sentir el calor inexistente impregnándose a su piel por el simple hecho de observar su silueta desnuda a la orilla del rio jugando con las aguas como aquellas ninfas de las que Selene hablaba en los mitos que contaba.
Se acercó más, atraído hacia él y su encantadora belleza, esperando aun la continuación a la historia que deseaba con fuerza saber el final, solo porque se sentía como el hombre que figuraba en la historia, el hombre que por amar había sido atravesó por una espada a manos de su propio amor.
— ¿Por qué no continuas? —Changmin se asustó al verlo, sus piernas pegándose más a su pecho sin llegar a cubrir verdaderamente su desnudez, su mano se movía tras él buscando alguna prenda que hubiese dejado ahí sin embargo no había nada más que la fresca hierba verde y algunas flores minúsculas a su alrededor que adornaban más la escena. Jaejoong sonrió—Me gustó lo que cantabas y quiero saber como termina la historia…
—Ya tuvo su final…—murmuró suavemente sin dejar de buscar con que cubrirse, Jaejoong alargó la mano y encontró la tela que había visto vestir a su menor en la mañana y lo cubrió con ella—Fue asesinado por su propio amor con la espada de un guerrero traidor que él mismo también asesinó
—Es un final muy trágico y no satisface al espectador. ¿Y qué pasó con el asesino?
—No lo sé…
— ¿Por qué no hacer que deje de ser un amor no correspondido?
—Por que es así simplemente, se enamoró sin saber donde se metía y no le correspondió listo…
—No me gusta…canta otra cosa…una historia feliz, de un amor correspondido—Changmin negó, sin dejar de mojar sus pies en la orilla del agua—De algún modo tu canción me hace sentir como el personaje de la historia y deseo que el amor sea correspondido para ese personaje…
—Pero…no te pareces a la imagen de quien puse de personaje
—Lo sé pero sus sentimientos y no así su personalidad hacen que me sienta identificado…
—Pareces más bien el guerrero que lo mató solamente por amarlo…—Jaejoong lo miró a los ojos esperando ver algo más en ellos pero Changmin le rehuyó la mirada luego de sus últimas palabras, era verdad, los últimos días Changmin antes que hablar con él prefería dedicarse a cantar o perderse en el bosque como ahora, si no estaba Selene no era capaz de permanecer junto a él y eso había provocado una desolación que únicamente había sentido cuando volvía a Esparta vivo y con la victoria bajo el brazo.
—Entonces para ti soy un asesino sin corazón…
— ¿No les enseñan a ser eso en Esparta?
—Exactamente y por eso es que no deseo volver más allá, no quería ser un asesino sin corazón, casarme solamente para traer hijos provechosos para Esparta, solo deseaba hacer algo más…
— ¿Y por qué no lo haces ahora que eres libre? —Jaejoong sonrió, la mano que se había quedado sujetando un pedazo de la tela que cubría a Changmin se deslizó por su espalda hasta situarse en su cintura
—Por que no me veo haciendo otra cosa que lo que hago ahora, me siento feliz aquí contigo y Selene, no me veo presionado por nada y siento que no necesito nada más…
—Ya veo…—la sonrisa en el rostro de Changmin fue lánguida y sin gracia como si no deseara estar ahí. Jaejoong suspiró, estaba incomodándolo aun cuando él se sentía tan a gusto a su lado
— ¿Por qué no cantas una oda? Me gusta oírte cantar…
—Ya no tengo ganas, mejor vuelve a casa, Selene ya debió haber vuelto y puedes pedirle que toque la lira para ti…yo me quedaré aquí un rato más
—No, me gusta estar contigo aunque a ti por el contrario te desagrada permanecer junto a mí…pero si tengo que imponerte mi presencia para que todo vuelva a ser como al principio pues lo haré. Además no me gusta tanto oír la lira como oírte cantar y siempre fue mejor mantener una pelea contigo que una fría charla con tu hermana, con todo el respeto que Selene merece por supuesto
— ¿Estas hablando en serio?
—Si. ¿Acaso piensas que me gusta Selene? —La expresión en su rostro le confirmó la pregunta, que absurdo pensar que la frialdad de Selene podía atraer a alguien como él, no iba a decirlo frente a su hermano pero una mujer como ella no era capaz de levantar en realidad el amor de ningún hombre. En cambio Changmin podría tranquilamente seducir a cualquiera y no se extrañaría si en Atenas había dejado a mujeres sufriendo su partida.
Era un ser excepcional sin duda y él estaba fuertemente atraído hacia él, primero era puro deseo que tuvo que contener a la fuerza porque simplemente no podía atacarlo mientras Selene estuviese cerca mucho menos cuando no estaba seguro si él iba a negarse o a aceptarlo, había sido un suplicio en un principio porque un hombre como él que a pesar de su apariencia era fuego por dentro y no estaba seguro si podía soportar mucho tiempo.
Pero luego se dio cuenta que tendía a respetar las decisiones que su menor tomaba y si no le permitía acercarse no se acercaba, eso no era algo que el mismo se permitiera como persona pero se descubrió a si mismo respetando al menor como no había respetado a nadie y le importaba más lo que pensaba que cualquier otra cosa por lo cual no tuvo más remedio que resignarse a aceptar que había caído en su encanto y estaba absolutamente perdido.
Pero desde un comienzo la esperanza no fue algo que abundara dentro de sí cuando del menor se trataba, vivía junto a él y Selene sin embargo su unión parecía ser tan amistosa como la que había mantenido con sus compañeros en batalla y estaba seguro de que aquello no podría cambiar bajo ninguna circunstancia.
Sabía que le habían enseñado a luchar por sus ambiciones pero para él desde el inicio o más bien desde que se dio cuenta que aquello excedía lo aceptable se había rendido solo por el simple hecho de no querer ser rechazado y terminar sin nada, viéndose más que obligado a volver y afrontar la deshora que sería lo que menos le importaría cuando su corazón terminara por estar muerto.
Justo como la Elegía decía, asesinado por el propio amor con la espada de un traidor clavada en el corazón.
Se acercó más al agua viendo lo cristalina de esta reflejando el azul del cielo y el sol que se hallaba en lo más alto, los pies de su acompañante continuaban moviéndose entre el agua solo quizá para calmar su nerviosismo, miró la expresión de su rostro nuevamente, parecía pensar cansinamente en que decir sin ser delatado aunque no sabía que se podía delatar con su actitud.
¿Celos? Se sentiría absurdamente feliz si así fuera pero después de eso qué, no era como si después de eso algo pudiese cambiar y si lo hacia probablemente no sería para bien y si lo era…la verdad no tenía muchas esperanzas sobre ello.
—Es mi hermana, es una mujer muy bella y no me sorprendería pero entiende que mi deber es cuidarla…
—Ella esta bien y no es como si yo fuese a herirla o algo así…no soy una mala persona
—Lo sé, pero comprende que fue inevitable pensarlo…
—Tu mirada no me dice que en verdad hayas pensado eso solo porque es tu hermana y debes cuidarla
— ¿Según tú qué dice mi mirada? —sonrió, queriendo en verdad decir lo que había pasado por su mente, pero el solo querer no era suficiente ahora, soltó un suspiro, acariciando con sus dedos la suave hierba que cubría el suelo, queriendo hablar pero debatiéndose entre hacerlo o no
—Podría decirlo…pero no quiero avergonzarte o dejarte expuesto con lo que vaya a decir
—No soy tan débil como para hacer algo como eso…lo que vayas a decir lo afrontaré con la verdad
—Pues para mí tu mirada decía que estabas celoso…y no era precisamente porque te molestara que pudiese llevarme a tu hermana…más bien parecía como si te molestara que yo sintiera algo por ella—Changmin se sobresaltó al escuchar sus palabras y sin embargo aún cuando estaba asustado Jaejoong se sintió feliz por confirmar que algo así había podido provocar en él.
—N-No es como crees…yo…
—Tú qué…eres libre de sentir lo que quieras y si es por mi yo no podría oponerme—pudo ver como sus labios se movían en un suave no que no pudo pronunciar porque seguramente ni él era capaz de creer en sus palabras. Estaba a punto de sucumbir en su tentación y dejar al destino que siguiera su curso sin pararse a pensar si estaba bien o no.
Después de todo no tenía nada más que perder que el corazón pues no tenía nada y al final si no se arriesgaba de igual manera perdería.
Dejó que la mano que no se había movido de su espalda rodeara al fin su costado, presionando sobre su piel para que se acercara más a él hasta que el menor se vio obligado a afrontar su mirada.
—Tú mismo dijiste que la mirada es algo que no puede mentir ni en el más obscuro de los momentos o pensamientos, quizá no sea bueno leyendo los sentimientos a través de los ojos pero quiero creer que puedo leer los tuyos sin importar qué. He estado soportando mucho tiempo, esperando tranquilamente a que el tiempo pase sin alejarme de ti y creí que podría sobrevivir así pero no puedo…
— ¿De qué hablas?
—Tú sabes muy bien de qué estoy hablando, sé que tú también lo sentiste cuando me viste la primera vez, antes de que curaras mis heridas, sé que lo sentiste cuando hablamos, cuando cambiaste las vendas, cuando me ayudaste a pararme, cuando te enseñe a cazar de una manera más fácil, cuando te conté de mi vida, cuando me contaste de la tuya, cuando cantaste la primera vez…sé que también lo sentiste
—Yo no sentí nada…
—De qué sirve negarlo ya…aun si no se puede hacer nada es insensato negarlo más…
—Nunca lo he negado, solo intento evitarlo por tu bien, mi bien y el de Selene…
—Si lo evitaras…no estarías ahora a mi lado…
—Supongo que no puedo huir más y no quiero hacerlo tampoco…lo admito, lo sentí pero. ¿Qué vas a hacer al respecto? —sonrió, presionando el agarre, una nube cubrió el sol dejándolos bajo la sombra, viéndose a los ojos mientras las respuestas a la pregunta danzaban en el aire sin necesidad de ser vocalizada.
Dejarme llevar
—Dicen que el rey de Tebas convenció a los generales de Argos para participar en la guerra, están planeando un ataque contra Esparta…—Selene miró a su hermano y luego a él, esperando alguna reacción de sorpresa o lo que sea pero no hubo nada así que continuo—Hay rumores de que Esparta planea invadir los alrededores de Corinto por lo cual no sería de sorprenderse que Corinto también se uniera del lado de Atenas y Tebas
—Ya veo entonces la guerra va en serio, pensé que acabaría rápido…—mencionó Jaejoong apoyando su cabeza sobre su mano, mirando a Changmin que ya estaba preparándose para refutar su opinión, le encantaba que lo desafiara sin miedo alguno
—Eso era imposible, Tebas desde siempre estuvo en contra de Esparta y estoy seguro que ellos impulsaron a la recaudación de tributo que Lócrida pidió provocando a Fócida, además Atenas siempre estuvo dispuesta a ayudar en lo que sea que pudiese acabar con Esparta, así que era irremediable el hecho de que la guerra iniciara y te aseguro que va a durar un buen tiempo—Jaejoong quiso aplaudirlo y lanzarse sobre él para besarlo pero eso simplemente ahora no se podía, mucho peor con Selene viéndolos. Solamente le sonrió
—Supongo que podrías tener razón aunque Esparta estaba decidida a invadir Tebas de todas maneras…—ambos asintieron, Selene como siempre giró los ojos
—Es tarde y tengo sueño si quieren sigan disputando la situación entre Tebas y Esparta o Persia y Atenas o lo que sea…—Selene se fue dejándolos a ambos solo alrededor del fuego mirándose mientras la redonda luna sobre sus cabezas los iluminaba en contraste con la luz del fuego.
— ¿Seguimos discutiendo sobre cuanto durará la guerra o arreglamos nuestras diferencias de otra manera? —Changmin negó con la cabeza con la sonrisa bailando en sus labios hasta que se escuchó el claro sonido de Selene tapándose con todo lo que encontrara cerca.
Jaejoong se acercó al menor rodeando su cintura con su brazo mientras señalaba al cielo.
—Y esas estrellas de allá qué son…
—En Atenas solían decir que esa de cinco estrellas es Ganimedes
— ¿Y quién es Ganimedes?
—Se dice que Zeus lo vio, a Ganimedes un joven hermoso y se enamoró de él, así que transfigurado en águila bajó y lo secuestro de en medio de sus compañeros llevándolo al monte Olimpo donde lo hizo inmortal y le convirtió en copero de los dioses, sustituyendo a su hija Hebe y también lo hizo su amante para después posicionarlo en el cielo
—Su amante… ¿Cómo tu y yo? —Changmin soltó una risita, asintiendo— Me sorprende que Zeus aun no haya sido capaz de verte y secuestrarte
—Deja de decir tonterías—Jaejoong sonrió, apoyando su cabeza en su hombro—Por el contrario, a mi me sorprende que ningún Dios me haya alejado de tu lado aún…—Volvió a sonreír sin poder evitarlo, dejando que sus labios besaran la descubierta piel del hombro de su amante.
Después de todo el haberse dejado llevar la última vez había hecho a ambos más felices de lo que podían recordar, la estancia juntos cuando Selene prefería ir a la ciudad antes que quedarse con ellos era simplemente la gloria, habían aprendido qué era un verdadero amante y por sobre todo que era en realidad amar, ninguno tenía miedo ni parecía preocuparse por qué podría suceder si Selene se enteraba, su pequeño mundo simplemente parecía ser perfecto aún cuando ninguno estaba pensando en qué podría suceder si los atenienses encontraban a Changmin o a Selene y la obligaban a hablar sobre dónde estaba su hermano o si encontraban a Jaejoong y lo obligaban a volver a Esparta solo para ser condenado a muerte.
Parecía no tener sentido alguno pensar en ello cuando eran tan felices y al parecer Selene era la única que pensaba en ello, porque fue la primera en darse cuenta que clase de relación tenían y la única que se ponía a pensar en qué podría pasar con ambos si se veían obligados a separarse.
La lluvia no cesaba aun y Jaejoong se sentía aburrido, Selene estaba cansada de ver la lluvia caer y ahora se dedicaba a leer un par de pergaminos que había en un rincón, Changmin estaba al parecer muy ocupado haciendo un cálculo de cuantas gotas de lluvia podían mojar en un minuto la misma hoja del árbol que estaba un poco más allá de la ventana como para prestarle la debida atención o quizá era simple vergüenza porque hace unos días Selene los había visto dormir juntos.
Él ya sabía que Selene estaba perfectamente enterada de lo que ambos eran y es más estaba contento de que lo supiera para así convencerla de dejarlos solos de vez en cuando, sin embargo Changmin no lo sabía y cuando vio que Selene los observaba se había sentido tan avergonzado que ahora evitaba aproximarse a él cuando ella estaba presente, es más se alejaba aun cuando ella no estaba por temor de que volviera antes y los volviera a ver.
— ¡Lo había olvidado! —exclamó Selene de repente, mirándolos a ambos, Changmin soltó la pequeña ramita que tenía en manos mirándola confuso—Cuando volvía ayer de la ciudad escuché que los guerreros de Tebas, Atenas, Argos y Corinto se están reuniendo en Nemea para enfrentar a los espartanos…
— ¿Estas diciendo que están en Corinto? —Selene asintió. Jaejoong simplemente los ignoró, Corinto estaba bastante lejano como para tomarle importancia, pero ambos parecían preocupados— ¿Crees que puedan iniciar campañas en Beocio?
—No lo sé…es mejor no alterarnos ahora hasta saber en que queda la batalla, según lo que dijeron el ejercito de Tebas y Atenas es bastante bueno y si vencen a Esparta no corremos peligro todavía—Changmin asintió, soltando un involuntario suspiro que Jaejoong quiso que no saliera de sus labios—Creo que iré a descansar, la lluvia no va a parar y esta oscureciendo bastante rápido, prendan algunas velas si van a seguir despiertos—Jaejoong asintió esta vez, viendo como Selene se alejaba por la puerta para ir al otro lado de la pequeña casa donde ella dormía sola, Changmin y él compartían la misma habitación desde que Jaejoong se había curado por completo de la herida de espada.
Jaejoong se movió de su lugar hasta ponerse junto a Changmin que volvió a soltar otro suspiro.
—Deja de preocuparte por si algún día van a encontrarnos…—dijo con cuidado, hablar sobre ello era siempre iniciar una nueva pelea que terminaba en ambos enojados por un par de horas, pero Jaejoong esta vez no estaba dispuesto a provocar a Changmin, al menos no ahora.
Changmin no contestó, así que esperó pacientemente mientras encendía las velas con la vela que Selene había dejado encendida mientras leía. El lugar quedo iluminado por la poca luz exterior y el brillo dorado de las velas.
—Tengo miedo…
— ¿De que nos encuentren?
—Si…y de que te maten…o que me maten a mi…o que le hagan algo a Selene
—También tengo miedo pero prefiero no manifestarlo para no herirte…solo quiero que estemos bien mientras podamos
—Pero…tú mismo lo dijiste cuando Selene nos contó que en la batalla donde agarraron a ese militar…Pausanias que de seguro lo habían condenado a muerte por no haber honrado a su pueblo continuando la batalla y ganando en ella, si tu vuelves también serás condenado y seguramente acusado de traidor
—Pero no van a encontrarme…
— ¿Y si lo hacen? —Jaejoong dejó la vela apagarse para tomar entre sus manos el angustiado rostro de Changmin y lo miró a los ojos
—Aún si me encuentran no me arrepentiría de morir y ser acusado de traidor porque sé que fui tan feliz a tu lado como jamás lo había sido en toda mi vida…pero si te agarran a ti me aseguraré de matarlos yo mismo porque no permitiré que te hagan daño, ni a ti ni a Selene, a ti porque te amo y a Selene porque la quiero como mi hermana y sé que es importante para ti…
Finalizando sus palabras tomó la boca de Changmin con la suya, presionando sus labios con fuerza para hacerle entender la veracidad de sus palabras, sorbió el néctar de su boca con fuerza mientras dejaba que las manos del menor presionaran sus brazos con fuerza.
Extrañaba poder fundirse en la pasión que su cuerpo desprendía aún cuando lo hacían seguido, el parar por algunos días podían incluso hundirlo en un enojo que Changmin siempre solía llamar infundado aún cuando él sabía perfectamente que al menor le fastidiaba tanto como a él el no poder estar juntos.
Sintió el suave agarre tras la tela que lo incitaba a inclinarse más sobre su cuerpo hasta que sin importar el dolor tras la caída de su asiento continuaron besándose hasta terminar completamente desparramados en el suelo sin importarles en realidad la luz de las velas o la obscuridad que se había adueñado del cielo al caer la noche ni los pequeños resplandores que provocaban los lejanos relámpagos que cuidaban de la suave lluvia que estaba decidida a cesar.
Jaejoong pudo sentir el espasmo del placer cuando la suave mano de Changmin se deslizó de su nuca a su espalda, respondió al estímulo besando la parte superior de su oreja provocando un suave sonido proveniente de sus labios.
Un trueno, dos, la lluvia no paraba y ellos tampoco eran capaces de parar.
Una vela se apagó, consumida en su fuego, en cambio el fuego entre ellos se encendía cada vez más, un suspiro y la cúspide del cielo cuando fueron abriendo camino entre las estorbosas prendas.
Otra vela, un relámpago y ambos estaban desnudos a la merced del otro besándose sin poder detenerse y sin ganas de querer hacerlo en realidad, una risa ahogada por los labios del otro cuando sus dedos en su costado le provocaron cosquillas.
Sintió las uñas de su amante clavarse en su espalda con especial fuerza cuando mordió con cuidado el hueso de su clavícula, sonrió sobre su piel, dejando que el menor soltara un par de suspiros pesados cargados de placer que iba en aumento aunque a estas circunstancias parecía imposible.
Aunque para amarse siempre eran lentos esta vez el acto no tuvo tanto preludio y en menos de lo que el mismo Jaejoong esperaba estaba atrapado entre las paredes rosa mientras no dejaba de sorber de sus labios su saliva pretendiendo que esta era quizá lo único que le permitía vivir.
Arrastró su cuerpo junto al suyo irguiéndose dejando que el menor continuar mordiendo su hombro para así calmar el dolor de sus entrañas que lo recibían tan cálidamente en un tierno abrazo.
Sonrió acariciando sus cabellos mientras ya podía sentir la presión de sus dientes y uñas más suave.
Otra vela se apago y la noche fue iluminada por un potente relámpago que iluminó sus cuerpos de un brillo similar a la luz de la luna pero era tan breve como un parpadeo, volvió a sonreír cuando solo las yemas de sus dedos presionaron sus hombros y sus piernas se aferraron a su cintura.
Jaejoong podía jurar una y mil veces que no había nada más maravilloso que esto, abandonarse al placer que sentía mientras sentía que su suave piel se deslizaba como el agua entre sus dedos, presionó sus costados en un esfuerzo para no hablar porque nada diferente a gemidos podía salir de su boca.
Arqueó su espalda, su cabeza dejándose caer hacia atrás mientras le daba su consentimiento con un gemido sonoro que no pudo callar mientras su cuerpo temblaba.
La inocencia no era concebida entre ellos, no había nada más que descaro en cada movimiento que hacían pero no importaba.
Otra vela más y Changmin comenzó a levantar su cadera contra la del mayor, abandonando su cuerpo entre el más puro deseo y el más condenado pecado.
Jaejoong podía pensar en muchas cosas mientras estaban juntos pero simplemente los hilos de sus pensamientos se perdían por completo cuando se abandonaba al placer.
Las orbes castañas estaban fijas en sus negros ojos como el ébano mientras no dejaba de moverse, una traicionera lágrimas viajo desde el confín de sus sentimientos para terminar cayendo por sus mejillas, bebió de sus lágrimas mientras estas caían.
No quiso preguntar por qué lloraba, solo quería evitar que lo hiciera mientras nuevamente dejaba que su espalda cayera en el suelo y se ponía sobre él.
Soltó un gemido de nuevo y sus piernas se confiaron a sus caderas mientras Jaejoong era ahora el que sentía inmensas ganas de llorar.
Ambos lo sabían, algo iba a pasar, al principio en verdad nada podía importar pero ahora que estaban tan unidos la dura realidad los golpeaba.
Espartanos, Atenienses, Tebanos, Corintios, persas y demás estaban invadiendo tierras para evitar que se la adueñaran o para adueñársela, solo sería cuestión de tiempo para que los hallaran y sus vidas fueran alejadas.
Changmin sentía como si fuese a morir por solo ese hecho, jamás en su vida se había aferrado a algo más que a su promesa de cuidar de Selene, siempre había permanecido fiel al cuidar de ella y evitar que nadie fuese capaz de meterse en su familia y en su vida por ello cuando la inminente guerra ponía tensa a Atenas huyó con su hermana deseando no ser encontrado, no le temía miedo a morir y sin embargo huyó.
El encontrar a Jaejoong había sido el inicio de temer a algo más que perder a su hermana, primero había temido quererlo demasiado como para sufrir y su temor se cumplió, después temió amarlo tanto que podría morir y lo hizo, ahora lo amaba tanto que si lo perdía sería incapaz de superarlo jamás, su inteligencia no iba por sobre lo que sentía.
Ahora mientras se aferraba con fuerza a su cuerpo que inundaba su interior con algo más que su cuerpo podía sentir a carne viva el miedo de algún día perderlo y no ser capaz de recuperarlo, quería esconderlo dentro de sí para siempre, que jamás lo hallara y siempre permaneciera a su lado. Pero algo dentro de sí le decía que los encontrarían y solo la tristeza llenaría su alma cuando lo alejaran de él.
—No lo hagas…deja de llorar…—pidió su amante, su voz entre cortada y su rostro cubierto de lágrimas, sonrió, besando las lágrimas que caían por sus mejillas en un intento de parar sus lágrimas. Aferró sus brazos a su cuello y continuó besando su rostro hasta que en un fuerte movimiento se sintió incapaz incluso de pensar.
¿Por qué no podía ser siempre así? Por que no podían simplemente estar siempre mirándose a los ojos mientras él le contaba sobre los mitos de los dioses y él besaba su hombro con amor cuando hacían el amor y él solo podía clavar sus uñas en su espalda.
—Tú deja de llorar…—susurró apenas acariciando su cabeza mientras los besos se hacían calmados aunque la pasión continuaba en auge en medio de las lágrimas.
Otro relámpago y pudieron ambos ver en los ojos del otro lo que sentían, dejaron de pensar, abandonando todo su sufrimiento para entregarse por completo a la pasión que los llamó adueñándose el uno del otro.
No pararon hasta que la última vela se consumió y la lluvia afuera volvió a caer convirtiéndose en tormenta.
Se miraron entre la obscuridad con sus manos entrelazadas al igual que sus piernas y en silencio le dejaron saber al otro el dolor que los consumía.
—No quiero dejar que acabe…huyamos…a otro lugar…donde nadie nos pueda alcanzar…—murmuró Jaejoong, era la primera vez que decía algo así, Changmin se sintió un poco más reconfortado por sus palabras. No contestó porque un molesto nudo en la garganta le impedía hablar y aunque la obscuridad era casi total temía que lo viera sufrir.
—Huyamos…—murmuró al fin, presionando el agarre de sus manos mientras sus lágrimas emprendían otro viaje fuera de sus ojos. Un fuerte trueno calló el silencio mientras Jaejoong soltaba su agarre y lo abrazaba con fuerza, dándole su calor reconfortante.
Selene abrazó sus piernas mientras los veía volver a acomodar la carga en sus espaldas.
— ¿No podemos descansar un poco más? —preguntó, mirando a su hermano que todavía tenía rostro de desvelo, estaba preocupada por él y por Jaejoong también, ambos parecían tan angustiados que el insomnio acudía a ellos todas las noches, parecía lejano el día en que habían podido descansar bien.
Después de la noticia de que Esparta había ganado en Corinto simplemente habían tomado la decisión de huir hacia el oriente pero las cosas no parecían ser tan sencillas cuando en verdad los espartanos parecían revisar minuciosamente cada ciudad sin sentido alguno aún cuando tenían a todos aterrorizados y la mayoría de los pequeños poblados preferían estar del lado de Esparta antes que enfrentarse a su espada.
—Es preferente que nos movamos un poco más, cuando empiece a perderse el sol descansaremos hasta mañana…—dijo Changmin con un tono suave que buscaba conciliarla
—No lo digo por mí, lo digo por ti…—dijo con firmeza, Selene buscó desesperadamente la mirada de Jaejoong sabiendo que él también estaba preocupado por Changmin
—Selene tiene razón…es mejor que paremos un rato más
— ¡No! —exclamó Changmin autoritariamente, su hermana mordió sus labios intentando reprimir las lágrimas que quería soltar. Dejó que Changmin soltara su frustración discutiendo un rato con Jaejoong cuando escuchó voces, miró con desesperación a su hermano y a Jaejoong que tuvieron la misma reacción que ella.
Se movieron sigilosamente sin pronunciar palabra, hasta perderse entre los gruesos troncos de los árboles, mirando con nerviosismo hacia los sonidos. Se tranquilizaron al ver que únicamente eran un par de mujeres con niños que caminaron rio abajo perdiéndose rápidamente.
—Debemos descansar—sentenció Jaejoong mirando al menor que se resignó pues estaba alterándose demasiado con todo esto, se sentó sobre una de las salientes raíces de un árbol y miró al cielo.
—Lo siento Selene…por arrastrarte a esto…solo por egoísmo
—De todas maneras no te hubiera dejado…no seas tonto y dejar de querer disculparte por cosas sin sentido, vamos a estar bien…—el frio rostro de Selene se suavizó cuando una conciliadora sonrisa cruzó su boca haciendo sentir a su hermano más tranquilo.
Jaejoong se sentó junto a Changmin dejando que este descansara un poco apoyado en él hasta que al final ambos cayeron en el sueño.
Selene los miró aun preocupada, temiendo tanto como ellos que los encontraran, tendrían suerte si lograban dejar Ática sin ser descubiertos.
La noche había caído sobre ellos rápidamente, bañando el cielo de estrellas mientras se mantenían en silencio, mirándose los unos a los otros, Changmin todavía parecía cansado, Jaejoong por el contrario parecía tan nervioso como Selene lo estaba, habían pasado por una pequeña ciudad que seguramente había sido tomada hacia poco porque estaba llena de espartanos.
El menor de los tres cerró los ojos quedando dormido apoyado contra el árbol.
—Jaejoong sé que has estado más que preocupado desde que pasamos por ahí. ¿Alguien te vio?
—Si…y era alguien que conozco…Selene, si nos encuentran quiero que hagas lo que sea pero no dejes que Changmin se quede aquí, estoy seguro que voy a arrepentirme de esto toda mi vida pero lo prefiero antes que hacerle sufrir más, voy a irme ahora…cuando él despierte solo dile que me fui por agua y llévalo a otro lado
— ¿Vas a entregarte? —Selene tomó su mano, agradeciéndole con la mirada pero a su vez preocupada por lo que pudiera suceder
—Selene…no tengo otra opción y prefiero hacerlo antes que seguir arrastrando a Changmin en esto. Sé que estarán bien así que no temo por ustedes pero no debes permitir que sepa donde voy
—Él lo sabrá…
—Lo sé por eso quiero que evites que vaya…si él llega a Esparta no podré salvar su vida—Selene asintió dejando que Jaejoong se parara y se fuera metiéndose entre la espesura del bosque.
Jaejoong pudo sentir la desesperación llenar su cuerpo en cuanto no fue capaz de ver la figura de Changmin apoyada al árbol, no sentía dolor pero si un intenso vacio en el estómago que no le permitía respirar.
Ahora que estaba alejado de él podía recordar con intensa nostalgia su pasado antes de conocerlo, había sido llevado a sus siete años a vivir entre un grupo de niños de su edad, eran maltratados día y noche y desde temprana edad se les ensañaba los valores que debía tener un espartiata varón, los golpeaban si desobedecían y como un cántico les recordaban que solo eran cuerpos que servían al poder de Esparta, si ganaban una batalla era por Esparta, si tenían un hijo era por Esparta su razón de vivir era únicamente su pueblo.
Había vivido resignado a eso por un largo tiempo aunque en verdad no deseaba hacer nada por su pueblo, todos a su alrededor habían sido fáciles de manejar y como sus líderes esperaban no fue difícil hacerles creer verdaderamente que solo por Esparta debían vivir, en cambio Jaejoong siempre creyó firmemente que muchos de ellos podían hacer algo más que ir a guerra y luchar por el honor de su patria, por el contrario podían hacer algo por si mismos y ser reconocidos por ello, pero quizá era el único que creía eso, el único que era tan fuerte que su pensamiento no había podido ser doblegado de la misma manera que a los demás.
Pero tampoco se había dedicado a buscar su verdadera razón, a pesar de que su pensamiento estaba más allá de lo que todos querían aceptar siempre se atuvo a hacer lo que esperaban de él, e incluso él sabia perfectamente que si hubiera vuelto a Esparta luego de la batalla en Haliarto así no hubiera sido condenado a muerte hubiera tenido que casarse con alguien, alguien que no iba a llenarlo como Changmin lo hacia simplemente porque a pesar que podría darle un hijo y hacer orgullosos a sus padres estaba consciente de que ninguna persona sería capaz de desbordar su pasión o su amor como él lo hacia.
Pero ahora que se alejaba de él sabía que no podría recuperarlo, una vez que regresara a Esparta tendría que conformarse con los recuerdos de su suave piel bajo sus dedos y soñar con que podía besar sus labios de nuevo solamente para hacer de su vida restante más soportable.
Un ruido a su derecha le hizo retroceder hasta un árbol, vio hacia la obscuridad sin encontrar nada amenazante. Dio un paso hacia al frente y entonces una voz le hizo recordar más vívidamente su pasado.
—Jaejoong…sabía que eras tú el que había visto…
—Argos…—susurró, resignado por fin a no poder retroceder en sus pasos y tener que afrontar no volver a ver a Changmin.
— ¿Qué haces aquí? ¿Por qué no volviste a Esparta?
—Yo…estuve herido de muerte luego de la batalla…unas personas me cuidaron y tarde mucho en reponerme…me vi obligado a pagar mi deuda de vida cuidando de quienes me salvaron
—Debiste volver, todo en Esparta creen que estas muerto…tu familia estaba devastada
—Lo siento…supongo que también estaba perdido, cuando llegue aquí la verdad no sabía donde estaba…
—Bien, ven conmigo, estamos haciendo un par de expediciones pero volveremos a Esparta mañana temprano, podrás venir con nosotros…
—Pero…me condenaran por no haber vuelto…
—Lo dudo, a pesar de que perdimos en Haliarto nos sirvió para crear una nueva estrategia y ganamos en Corinto, estamos ganando casi todas las batallas que tenemos y dudo que te hagan algo siempre y cuando aclares que estabas herido de muerte, yo mismo te vi así que no podría dudar de ti…
—Gracias Argos…—el chico asintió mientras lo dirigía de vuelta al pueblo en el que habían estado, pudo ver con nostalgia el bosque que se alejaba de su vista mientras avanzaban.
Por favor…no despiertes hasta que yo me haya ido.
Vio el cielo estrellado mientras los otros vitoreaban con entusiasmo, contándole lo que habían hecho en la batalla en Nemea, pero él estaba ajeno a sus palabras dibujando con su dedo a Ganimedes el amante de Zeus y él solo podía pensar en su amante que estaría tan lejos de él quizá extrañándolo tanto como él lo hacia o odiándolo y no lo culpaba.
—Jaejoong…—miró a Argos este le sonrió señalando hacia un costado, su madre y una mujer de aproximadamente su edad estaba junto con ella—Enone esta con tu madre…tienes suerte una mujer como ella podría dar hijos muy provechosos—Jaejoong sonrió, levantándose de su lugar, la brisa nocturna acudió a él mientras se acercaba.
Pero cuando a vio a Enone más cerca su sonrisa no pudo mantenerse en su rostro, se sentía desolado mientras su futura esposa lo miraba, era una mujer más fría incluso que Selene y la belleza que poseía era tan vacía como el cuenco de agua vacio que llevo a Changmin y a él a besarse la primera vez, junto a la pequeña laguna rio abajo, la desnudez de Changmin y sus pies bañados de humedad.
Sonrió sumido en sus recuerdos, tanto su madre como Enone parecían contentas de que estuviera feliz de verlas sin embargo su felicidad estaba tan alejada de lo que ellas creían.
—Enone quería verte, van a casarse pronto y creo que es justo que permanezcan juntos un tiempo, no están en entrenamiento y falta un tiempo para que partan a Fenicia así que vengo a dejarla en tus manos—su madre sonrió con falsa afabilidad dejándolo solos, Jaejoong suspiró prefiriendo mil veces el escuchar a sus compañeros contar su anécdotas de guerra antes que permanecer escuchando a Enone.
La ignoró cuando comenzó a hablar, perdiéndose nuevamente en el vívido recuerdo de Changmin sobre la suave hierba con el sol bañando su piel junto a sus besos, lo extrañaba tanto y la necesidad era tanta que el vacio solo abarcaba su alma.
Meses habían pasado desde que lo había dejado, los días pasaban y él no paraba de contarlos pensando en qué pudo haber hecho su precioso Changmin cuando despertó y no lo vio, muchas veces lo soñaba llorando y peleando con Selene, otras veces lo imaginaba alejándose más de aquel bosque junto a ella pretendiendo no volver más a él.
Aun no sabía como había podido resistir los seis meses que habían pasado de eso y pensar que solo había podido estar cerca de él once lunas y aún los recuerdos no eran suficiente como para satisfacer su herida alma que buscaba entre los vestigios de cenizas que había traído después de apagar su fuego el día que se fue.
Enone lo miró con sus profundos ojos azules, buscando una contestación a la pregunta que había formulado pero él simplemente no la había escuchado. Argos se acercó a ellos quizá preocupado por la chica.
—Enone…deberías volver a casa Jaejoong ha tenido una tarde larga, hemos entrenado mucho y esta cansado, ven mañana temprano y te aseguro que el podrá atenderte mejor…—la mujer asintió alejándose de ellos mientras Argos se ponía en frente suyo con el ceño fruncido—Es tu mujer y tú la estas ignorando
—No me siento capaz de atenderla como se debe, como tú lo dijiste Argos, estoy cansado…
—Esa en verdad no es excusa, vas a casarte pronto y si mantienes esa indiferente actitud hacia ella no podrán procrear…
—No me interesa procrear…—Argos golpeo su rostro con un certero golpe en su mejilla. Jaejoong sabía que Argos estaba interesado en Enone y seguramente sería capaz de serle infiel a Galatea y a él con ella—Pero si quieres yo cuido de Galatea mientras la engañas con ella
Otro golpe contra su otra mejilla lo hizo reír nuevamente
Mátame Argos…hazlo de una vez
—Cierra tu boca…
—No lo haré…te crees un Dios a pesar de que tus batallas ganadas solo irán para la gloria de Esparta, no eres Zeus y no puedes ser tan sínico como para creer que como él le puedes ser infiel a Galatea que en verdad a sido capaz de dar todo por ti…incluso de abandonar a su hijo para que lo lanzaran por Taigeto—Argos quiso golpearlo de nuevo pero Jaejoong tomó su puño—Yo no quiero ser como tú Argos, no quiero serle infiel a Enone ni en pensamiento pero no puedo y por eso no deseo casarme con ella
Argos redujo la fuerza de su puño y Jaejoong lo soltó, alejándose del grupo ya sin ganas de absolutamente nada, caminó por las calles de Esparta sin interesarle nada, solamente pensando en qué haría ahora.
No deseaba volver a casa y afrontar el escándalo de su madre sobre la boda, no quería ver a Enone, no quería ver a Argos, solo quería verlo a él.
Caminó hasta llegar al templo de Atenea donde una escultura de ella se erguía adornada por las luces de las velas, esa misma luz dorada que había bañado la piel de Changmin varias noches cuando hacían el amor.
Se sentó frente a la escultura, mirándola sin mirarla en realidad, perdido entre las nubes de su pensamiento, soñando despierto una vez más.
—No debiste haberte ido…—Se levantó con brusquedad, incapaz de tomar su espada porque esa voz la añoraba tanto que no podía confundirla ni mostrarse a la defensiva porque sabía que era él.
Sintió como si estuviese nuevamente sumido en sus sueños en aquellos sueños poderosos que le hicieron sentir muchas veces que él había vuelto a sus brazos, pero la realidad golpeaba a su cuerpo con el calor de las velas alrededor de Atenea que era testigo de su encuentro.
— ¿Por qué me dejaste? —Su voz sonaba cansada y su rostro se veía igual, parecía al igual que él haber sufrido una intensa agonía mientras estaban alejados, sus dedos se estiraron intentando comprobar que era verdad y no que era una ilusión de su su añoranza y locura.
Tocó su piel de nuevo, sintiendo ese mismo fuego de siempre nacer en su interior.
—No quería hacerte daño…no deberías estar aquí…—murmuró, su voz saliendo apenas mientras sus contradictorios brazos aprisionaban con fuerza su cuerpo. Su alma volvía a su cuerpo.
—Yo quiero estar aquí…—Jaejoong no quiso replicar porque el mismo sabía que lo necesitaba a su lado pero si los encontraban no podría hacer nada por él. Acarició su cabeza y pudo ver sus ojos nuevamente fijos en los suyos.
Era inevitable, no podía echarlo no quería hacerlo, solo quería tenerlo cerca suyo, solo quería no volver a la guerra, no quería casarse…solo quería permanecer allí.
Sus labios nuevamente se rozaron y como había hecho durante todo ese tiempo en Haliarto se olvidó de todas las enseñanzas que Esparta le había impuesto, solo se perdió en sus labios y el sabor que su boca le brindaba.
—Con que era eso…el serle infiel en pensamiento…—Se separaron al escuchar esa voz. Jaejoong vio a Argos parado tras ellos con una sínica sonrisa en el rostro y la espada levantada. Jaejoong sacó su propia espada colocando a Changmin tras él—Ya le eres infiel físicamente
—Por el contrario le soy infiel a quien esta tras mío…por pretender querer unirme a una mujer que jamás podrá estar en mi mente
— ¡Estúpido! Que no la ames no significa que no puedas unirte a ella…traicionarás a tu pueblo si sigues con él
—No me importa hacerlo—Argos movió su espada atacándolo pero jamás había sido capaz de ganarle a Jaejoong por lo cual no se esperaba que pudiera hacerlo ahora. Empujó a Changmin tras la figura de Atenea para continuar moviendo la espada contra Argos que no tenía intensión alguna de parar.
Hasta que miró a Changmin y su espada fue arrebatada de sus manos cayendo al otro costado de Atenea.
—Sin espada ni escudo…te haré pagar la traición a Esparta y luego cortaré la cabeza de tu amante…—Jaejoong le pidió con la mirada a Changmin que huyera pero este solo parecía aterrado por las palabras crueles de Argos.
Vio como las lágrimas caían de sus ojos mientras se levantaba y Argos levantaba la espada para atravesar su corazón.
Cerró los ojos recitando en su mente el amor que tenía hacia Changmin pero no sintió la espada atravesándole, solo sintió un cálido cuerpo interponiéndose entre él y la espada.
Un gemido doloroso salió de su boca.
La sangre brotó sobre su mano, sus ojos abiertos a más no poder mientras el cuerpo que se había interpuesto entre la espada y su corazón resbalaba de entre sus brazos con el susurro de su nombre entre sus labios.
El sufrimiento que no había sentido aun cuando estaba al borde de la muerte lo vapuleó tan fuerte que las lágrimas cayeron de sus ojos, sintiendo el dolor a carne viva mientras los ojos del que había sido su amigo solamente lo miraban decepcionado.
—Traicionaste a tu pueblo por el enemigo y te atreves a lamentar más su muerte que la deshonra que le provocaste a tu familia—dijo con desdén, escupiendo las palabras mientras empuñaba de nuevo su espada, marcada de su sangre, seguramente para intentar matarlo nuevamente.
Pero no le importaba, si el que ahora yacía inerte entre sus brazos no abría los ojos más no había razón por la cual resistirse a la muerte, como había dicho había deshonrado a su familia y tampoco tenía sentido volver.
—No importa el deshonrar a tu familia o el deshonrar a tu pueblo si es que eres fiel a tus sentimientos
— ¿Sentimientos? Un ateniense te lavó la cabeza, lo que aprendiste desde que eras un niño…
—Yo lo amaba…y lo amo aunque tu espada haya acabado con él, sería traicionarme a mi mismo seguir a Esparta y fingir que me importa mi pueblo más que lo que me importa él…dudo que puedas entender lo que siento porque fue a ti a quien le quitaron el corazón, solo eres una coraza que hace lo que su pueblo le ordena, no amas a tu esposa y tampoco quieres a tus hijos, no te importó cuando a tu propio hijo lo lanzaron de Taigeto
—Solo era una boca inútil…
—Pero era tu hijo y no te importó…más importante era la guerra, vencer, vencer y vencer aún si Esparta se queda sin ciudadanos que la mantengan viva
— ¡¡¡Cállate!!! ¡¡Deshonraste el juramento que hiciste como soldado!! Para nosotros no hay sentimientos, tus únicos tesoros son tu escudo, espada y lanza…
—Pero de qué me sirven si no llenan el vacio que siento, dicen que debo sentirme orgulloso de servir a Esparta pero no me siento orgulloso…incluso siempre esperaba morir en la siguiente batalla para no tener que volver…
Sonrió, la ironía cargando su expresión mientras dejaba el inerte cuerpo en la fría tierra para enfrentar al que ahora no podía ver más que como su enemigo.
—Siempre fuiste bueno para la guerra y desperdicias el honor por amor…
—Es que tú no eres capaz de comprender lo que el amor significa…y no lo comprenderás…—Golpeó el brazo de la persona frente a él, quitándole la espada, apuntándole directo al cuello—Aún cuando tu propia espada destroce tu cuello
Las lágrimas no resistieron más y emprendieron su carrera empapando sus mejillas.
—Ojalá que su sangre llena de amor sea como veneno para la tuya cuando te atraviese…
Cortó su cuello sin más preludio, siendo empapado por la sangre caliente.
Se deslizó hasta el suelo, tomando su rostro entre sus manos, las lágrimas empapando sus ahora pálidas mejillas.
Pero no dolía, no dolía tanto porque sabía que pronto estaría junto a él.
La espada de Argos al caer chocó con una vela que cayó al suelo prendiendo en fuego al cuerpo de Argos, sonrió con crueldad al verlo incinerarse ya muerto.
Jamás el matar a alguien le había hecho feliz pero ahora no podía tener otro sentimiento más al saber que él había matado a su razón de vida.
Tomó su cuerpo entre sus brazos mientras salía del templo caminando por entre la espesura del herbaje fuera de Esparta, sus lágrimas no terminaban de caer mientras caminaba sin detenerse, con las imágenes vívidas de lo que acababa de suceder.
No sabía porque caminaba ni a donde llevaba su cuerpo y el de su amante, solo caminó hasta que los rayos del sol salieron por el horizonte y entonces supo que había caminado para extender el dolor de su perdida hasta que esta consumiera su corazón y lo matara.
Se dejó caer de rodillas sobre la tierra, sus brazos sosteniendo apenas el cuerpo de Changmin, fue como una ilusión el ver la herida que el mismo había curado volviendo a abrirse y expulsando sangre sin detenerse.
Tomó su fría mano entre las suyas y con una última sonrisa se despidió de su cuerpo, esperando que al cerrar sus ojos fuera capaz de encontrarse con él en la otra vida.
Fin
GLOSARIO
Taigeto: Un monte cercano al territorio espartano al borde de un barranco
donde los que eran considerados ‘bocas inútiles’ (bebés con malformaciones o de
apariencia débil) por los ancianos espartiatas eran lanzados.
Haliarto: Ciudad donde se realizo la primera batalla que inició la guerra de
Corinto el año 395 a. C.
Tebas: Antigua ciudad de Grecia en Beocia al noreste de Atenas, conocida
por la cantidad de mitos provenientes del lugar. En los años 529 a. C. era
considerada enemiga de Atenas y aliada de Esparta hasta la guerra del
Peloponeso donde temió el crecimiento de su aliado y empezó a apoyar a Atenas
en la guerra de Corinto.
Selene: Nombre de la diosa de la luna hija de Hiperión y Tía ambos titanes.
Es conocida mayor mente por el mito en el cual se enamora de Endimión al cual
durmió eternamente para permanecer siempre junto a ella.
Oda: Poemas cantados, usualmente acompañados de un instrumento musical
que usualmente describía hechos históricos, mitos o hazañas de héroes de un
modo intelectual.
Monodia: Odas cantadas por una sola voz
Epodo: Parte final de la estructura triádica de la oda, caracterizada por
cambiar el ritmo y tempo de la oda en el final.
Elegía: Poema cantado, que al contrario de las odas describían
sentimientos, historias de amor y eran más comúnmente nostálgicos
Ninfas: Divinidades menor, espíritus de la naturaleza que viven cerca a los
bosques, mar, ríos, fuentes y praderas.
Argos (Ciudad): Ciudad del centro de Grecia. Cerca de Corinto, Esparta
hizo que su poder disminuyera considerablemente hacia el siglo V a.C. Lo que
provocó que Argos se pusiera en su contra uniéndose al Sinedrion de Corinto.
Argos (Mitología): Gigante de cien ojos que Hera designo para custodiar a
Ío, la amante de Zeus el cual para protegerla de Hera la convirtió en Vaca y
designó a Hermes para matarlo. Se dice que Hera trasplantó los cien ojos del
gigante a la cola del pavo real.
Lócrida: Antigua ciudad griega cercana a Fócida que bajo la influencia de
Tebas recaudó un tributo en un territorio compartido con Fócida que dio el
estallido a la Guerra de Corinto
Fócida: Antigua ciudad griega al norte del golfo de Corinto, cercana a
Lócrida.
Ganimedes: Joven de extraordinaria belleza que enamoró a Zeus y este
transfigurado en águila lo secuestro para volverlo copero de los dioses y su
amante.
Hebe: Diosa de la juventud, hija de Zeus y Hera. Era copera de los dioses
pero fue sustituida por Ganimedes después de casarse con Hércules cuando este
fue deificado.
Nemea: Río cercano a Corinto donde se libro la batalla de Nemea contra
Corinto, Atenas y Tebas
Pausanias: Príncipe y general espartano que estaba a cargo del segundo
ejército que invadiría Haliarto, llegó un día tarde cuando los guerreros
Tebanos mataron a Lisandro, que estaba a cargo del primer ejército, acordó un
alto al fuego pero al volver a Esparta huyó al ser condenado a muerte.
Enone: Ninfa de la cual Paris estaba enamorado pero que traicionó al
designar a Afrodita como la más bella aceptando tener a Helena de Troya, al
morir Paris Enone se suicido de pena al no haberlo ayudado.
Galatea: Ninfa del mar mediterráneo, hija de Nereo, conocida por haber
enamorado al cíclope Polifemo, que mató a Acis el príncipe del que Galatea se
había enamorado.
Atenea: Hija de Zeus y Metis que nación adulta y armada de la frente de su
padre. La principal deidad de Atenas, Esparta y varias polis griegas que le
rendían culto.
Slave
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Título: Slave
Autor: Park Loveless
Pareja: YooMin
Género: Slash, Lemon
Extensión: Oneshot
Linea de Tiempo: Pasado
Hecho histórico: Grecia Antigua, Guerra del Peloponeso
Resumen: Es la historia de un niño rico y mimado, que por fin encontró su libertad, en el amor de ChangMin, su esclavo.
N/A: Las reglas del concurso decían que el fic no debía ser cursi, pero en Grecia, en la época antigua, los griegos eran románticos por excelencia, especialmente los que practicaban la pederastia, sus relaciones estaban basadas en el cariño, la afectuosidad y el amor. Si desean comprobarlo, búsquenlo en Google ^_<
Y ah… la parte que parece poema, es de la canción “Entre tus alas” de Camila.
~ GLOSARIO AL TERMINO DEL FIC'S~
Algunas veces lo veo en mis sueños… y puedo recordar la
primera vez que amé de verdad. Recuerdo su suave piel tostada… su pelo oscuro y
sedoso enredado entre mis dedos. Sus labios húmedos y rojos. El ardor que sentí
al poseerlo, el fuego que emergía desde mi corazón sólo por darle un beso… Pero
luego, ese sueño se vuelve una pesadilla, una en donde me convierto en un
monstruo. El monstruo que lastimó a la persona que será por siempre, mi único y
verdadero amor.
Y por eso estoy aquí, como un soldado más del ejército
griego cuando hace más de tres años, era el hijo de la mano derecha del rey. Peleo
en esta cruel guerra para no encararlo. Para no ver en sus ojos, un odio
profundo por lo que le hice. Para escapar…
La sangre corre a mí alrededor, las personas mueren. La
muerte misma nos pisa los talones atenta a cualquier oportunidad, pero, a mí no
me importa. Desde aquella mañana luego de aquella hermosa y oscura noche, me
maldije a mí mismo.
La muerte no es suficiente castigo para mi alma.
- ¡YooChun! – y escuché el grito de mi hermanastro,
perdido en medio de la batalla. En medio de gritos y dolor. Me distraje con
esos pequeños pensamientos míos y sólo bastaron esos segundos para terminar
acorralado.
Una espada chocó contra mi cabeza e hizo que mi casco
volará lejos. Tuve suerte de que la afilada arma sólo me hiciera un pequeño
corte en la mejilla.
- ¡YooChun! – volvió a gritar mi hermanastro, esta vez
con preocupación. Pero yo me levanté del suelo y me enfrenté a mi oponente, un
soldado espartano. Poco dispuesto a rendirme en ese lugar.
Alcé mi espada y le desafié. Sin embargo, él era más
fuerte y aun cuando yo fui más ágil, la muerte tomó mi mano.
Lo último que recordaré de ese día, será la ansiosa y
preocupada voz de YunHo y otra más suave, sacada de mis recuerdos de tiempos
más gentiles que este.
---------------------------
Una luz cálida acariciaba mi rostro, había paz a mí
alrededor, nadie gritaba, nadie parecía combatir ¿Es que acaso estaba muerto?
Abrí las pestañas e inmediatamente fui cegado por una
brillante luz amarilla. Me dolía mi costado derecho, me sentía mareado y débil.
El sudor perlaba mi frente y mis ojos tardaban en acostumbrarse a la claridad.
Cuando por fin recuperé la visión y vi el cielo raso del lugar en el que
reposaba y percibí lo suave de la superficie en la que estaba recostado,
supe en donde me hallaba.
- Así que ya despertaste – oí la voz de mi hermanastro.
- ¿Por qué rayos estoy aquí? – le gruñí, sentándome de
golpe.
- ¡Cuidado! – me advirtió, frunciendo el ceño – Tienes
atravesado el costado YooChun, no te muevas así o sangrará de nuevo – me
regañó.
- ¿Por qué estamos aquí? – le insistí, ignorando sus
palabras. Estaba enojado por estar en casa, porque me habían regresado al lugar
en donde había empezado todo. Al lugar del que había escapado hace tres años.
- Te hirieron de muerte ¿Qué esperabas? – me respondió,
cruzándose de brazos – Al enterarse de tu situación, el rey nos mandó a traerte
aquí. Ya envió otras tropas para reemplazarnos. Tienes suerte de seguir vivo,
mañana llegará un erudito a cerrar tu herida.
El coraje que sentía no podía ser explicado y poco a
poco, el dolor y la tristeza llegaban a acompañarlo.
- YunHo, no debiste traerme aquí – le miré, entre
desesperado y enojado.
- Padre estaba preocupado ¿Qué querías que hiciera?
Además, esta es nuestra casa ¿A dónde sino te hubiera traído?
- ¡A cualquier otro sitio menos aquí! – exclamé,
sintiendo una profunda punzada de dolor.
- YooChun… no puedes seguir huyendo – me dijo, serio y
firme. Sentándose al borde de mi cama – Padre y madre llegaran mañana de su
reunión con el rey, hasta eso, descansa, recupera energías y aclara tu mente –
palmeó mi hombro.
Yo continuaba enojado, quería irme. Estaba desesperado
por dejar esta casa, por desaparecer de nuevo, aunque antes de eso, quisiera
ver su rostro. Pero tan débil me sentía, que desistí de levantarme y montarme
sobre un caballo, me eché nuevamente en la cama, pidiéndole a Morfeo que me
ayudara a recuperar fuerzas y a Cronos que detuviera el tiempo para retrasar
las inevitables casualidades que podrían hacer de nuestro reencuentro, un hecho
verdadero.
Cuando era más joven, era frívolo y calculador. Había
crecido sin conocer el cariño o el amor. Porque mi madre murió el instante
mismo en que di mis primeros llantos, mi padre no me volteó a ver nunca. Y
resentido con el mundo y la injusticia de mi mala suerte, crecí frío y
superficial. Me la pasaba de fiesta en fiesta, despilfarrando el dinero de mi
padre, haciéndolo odiarme más.
Muchas mujeres decían que Apolo me había bendecido ya que
era fuerte, reacio y encantador. Seducir a todo tipo de mujeres era fácil para
mí, no tenía pudor, ya fueran vírgenes o casadas, solteras o viudas. Incluso me
acostaba con las esposas de los amigos de mi padre con el único fin de
avergonzarlo. No obstante, el vacío en mi corazón no desaparecía aun cuando me
envolvía en un distinto fuego cada noche… hasta que apareció él, por supuesto.
Y puso mi mundo de cabeza.
Enlacé nuestros destinos por accidente. En una subasta de
esclavos, cuando él tenía tan sólo once años, YunHo se compadeció de su joven
edad y quiso comprarlo, pero ya había gastado su dinero en otras cosas y sin
saber por qué, yo pagué por él.
Sí, la persona que amo es un hombre y un esclavo. Mi esclavo…
Es irónico que lo diga pero yo soy más esclavo que él.
Nunca fui dueño de mí mismo. Nunca pude controlar mi vida como quería, mis
sentimientos, mis pensamientos e incluso mis decisiones, me esclavizan. Siempre
domado por el rencor y la venganza. Lo único que deseaba era conocer la
libertad… la paz que esa palabra podía otorgar al alma. Y ahora, la cobardía es
mi dueña, así como el miedo.
En fin, yo no le daba ni el más mínimo interés. YunHo se
hacía cargo de él pese a que yo era su dueño. Mientras yo estaba ocupado en
fiestas y vicios. Mi hermanastro lo cuidaba con esmero, porque era de nuestra
misma raza.
Nuestra sangre es mestiza, mitad griega por nuestras
madres y mitad asiática por nuestros padres. El suyo había muerto en una guerra
y cuando la viuda conoció a mi progenitor, se casaron y nos hicieron familia.
Se supone que no debería llevarme bien con él, mi padre
lo adora y su madre sólo desea que muera para que él lo herede todo. Pero en
YunHo encontré algo parecido a la verdadera amistad, encontré camarería y es
tan virtuoso que en ocasiones actúa como el padre que siempre soñé tener. Es
una de las poquísimas personas a las que les doy auténtico valor.
YunHo se ganó su amistad y él le contó que era huérfano,
que toda su familia había muerto por una epidemia y que unos traficantes le
habían agarrado. El día que tome conciencia de su existencia, fue una tarde de
verano. Él limpiaba mi habitación mientras yo ignoraba su presencia recostado
sobre mi cama. Sus casi silencios pasos, moviéndose de aquí para allá, me
habían arrullado y cuando se detuvieron por mucho tiempo, desperté e
inconscientemente lo busqué con la mirada. El pequeño esclavo de ese entonces,
miraba con ojos brillosos mi estantería de pergaminos. Eran unos ojos que
expresaban curiosidad. Brillantes, del color del trigo a luz de la luna…
hipnotizantes y penetrantes igual que los ojos de la mismísima diosa Atenea.
Le hablé por primera vez, curioso por su esencia. Él se
sobresaltó y pidió disculpas.
- Aun no me has respondido, esclavo ¿Qué es lo que tanto
observabas? – le insistí.
- Amo, yo… sólo limpiaba aquí – me respondió,
escondiéndose de mi mirada.
- Veo que ya hablas el griego… - comenté.
- El amo YunHo me ha enseñado – me respondió, aún con su
carita gacha.
- Quieres leer mis pergaminos ¿Cierto? – le pregunté.
- Aunque quisiera, amo, no sé leer…
- Yo puedo enseñarte – me ofrecí. En un acto impulsivo,
cuestionándome a mí mismo después.
Él levantó la vista un segundo e inmediatamente regresó a
mirar sus pies.
- No dices nada… pero ya que estoy aburridísimo, te
enseñaré aunque no quieras. <<Escoge un pergamino y tráelo aquí. Tomaré
el lugar de mi hermano por hoy – le ordené, divertido con la situación. Era un
niño pequeño pero yo actuaba mucho más infantilmente que él.>>
- Si amo – sonrió imperceptiblemente. Volteándose a
examinar mi estantería. La idea de aprender, le emocionaba, podía notarlo en su
mirada. Sus manitas revoloteaban sin saber cuál escoger. Y esa tarde me la pasé
enseñándole el alfabeto griego. Y cada tarde después de esa, sin comprender muy
bien la razón de mi actuar, se hizo una costumbre el que yo le diera clases. Le
contaba historias, mitos, le enseñaba filosofía, le leía cuentos mitológicos y
en algunas ocasiones le instruía en el arte.
YunHo nos espiaba algunas veces. Decía que ese niño era
un regalo de los dioses porque estaba ablandando mi corazón. Yo no pensaba de
la misma forma. Creía que lo hacía por entretención y diversión. Sin embargo,
mi pensamiento era esquivo solamente.
Y los años pasaron y él cumplió quince. Creció
inteligente y fuerte como ningún esclavo simple podría siquiera llegar a
anhelar. Para YunHo se había convertido en un pequeño hermanito, para mi casa
en un elemento de mucho valor, pero para mí… en un deseo, uno que no me podía
permitir.
Y con el recuerdo de sus quince años, Morfeo decidió
acogerme en su regazo.
A la mañana siguiente, un erudito en medicina vino y
cosió mi herida. Era una línea recta casi del mismo tamaño que de mi mano.
Había perdido mucha sangre y por su profundidad corría el riesgo de sufrir una
infección. Cada puntada fue dolorosa, peor que haber recibido la espada de mi
enemigo.
Volví a dormir todo el día y desperté al anochecer. Tenía
un hambre terrible, no había tomado más que remedios de yerbas en tres días. Me
levanté apenas y me coloqué una bata. Mi mente había bloqueado todo pensamiento
dirigido hacia él para aventurarme fuera de mi habitación.
Hace años jamás hubiera pensado que YO tendría que
esconderme de alguien, mucho menos de un esclavo, si alguien me hubiera dicho
que esto pasaría probablemente me hubiera matado de la risa.
- YooChun ¿Qué haces levantado? – me reprochó YunHo,
encontrándome en uno de los pasillos.
- Tengo hambre y nadie se ha dignado a traerme comida de
verdad – le respondí.
- Ya, ya, ya, tranquilo. Y qué bueno que ya estas mejor.
Por cierto, ya que estas aquí, acompáñame, padre tiene algo que decirnos a
todos, acaba de llegar y quiere verte.
- De acuerdo – suspiré. Siempre que mi padre tenía algo
que decirnos, nos veíamos en la obligación de hacer cosas que no deseábamos. La
primera vez que me dijo que tenía algo que decirme, terminé dos años metido en
el ejército, recibiendo entrenamiento militar y sólo tenía dieciséis años
aquella vez. Y cuando le dijo eso a mi hermanastro, YunHo
terminó comprometido en una relación que a ojos del mundo, no es más que puro protocolo.
Caminamos al estudio de mi padre. Mi madrastra y el
consorte de YunHo nos aguardaban allí, con una agradable sorpresa.
- Así que ya despertaste, YooChun – me sonrió JaeJoong,
ofreciéndome una bandeja de carne asada y pan.
- No sabía que te quedarías con nosotros – le sonreí de
vuelta, cogiendo la ofrenda con mucho gusto.
- Bueno, JaeJoong será muy pronto parte de nuestra
familia, es inevitable – dijo YunHo.
Sí, Kim JaeJoong es el consorte de mi hermanastro. Pero
ambos tenían la suerte de haberse conocido desde niños y en realidad, estaban
muy enamorados el uno del otro. En Grecia no era nada sorprendente el enterarse
que dos hombres estaban juntos. Muchos maestros mantenían relaciones amorosas
con sus discípulos. Era muy normal, tanto que era parte de la propia educación.
Porque vivíamos regidos por una ideología patriarcal se
creía que el hombre era un ser perfecto, y una relación entre dos hombres era
aún más perfecta. Sin embargo, nunca se había aprobado un matrimonio porque el
hombre podía ser para el placer, pero la mujer era esencial para la
conservación de la especie. No obstante, con el estallido de una guerra entre
Grecia y Esparta, nuestro rey que perdió a todos sus hijos, utilizaron a YunHo
-el hijo mayor de la casa de su principal consejero- para concertar un
matrimonio con el heredero de uno de nuestros enemigos y sembrar paz entre
ambos pueblos.
- Hijo mío, qué alegría que hayas regresado vivo – entró
mi padre, dándome un fugaz abrazo.
Traté de sonreír, no sabía por qué estaba siendo tan
afectuoso conmigo. Quizás porque JaeJoong nos acompañaba o porque por fin me
había convertido en un hijo responsable a sus ojos por entrar al ejército del país.
- Padre, es bueno verlo saludable – le contesté por
cortesía.
- La familia por fin reunida ¿No es agradable eso? –
comentó mi madrastra, con un sutil y efímero tono de sarcasmo.
- Por favor, sentémonos todos – nos indicó mi padre.
Nos reunimos alrededor de una mesita, inquisitivos y
atentos a sus palabras.
- YooChun… -
empezó, utilizando un tono serio y diplomático, como si estuviera en una de sus
reuniones hablando del estado de las polis - El día que me dijiste que te
unirías al ejército, esa misma mañana partiste solo con un caballo y tu
armadura, sentí que por fin habías madurado y asentado cabeza. Me prometiste
traer honor a nuestro apellido y hasta el momento no has dejado de cumplir a tu
palabra. Te has convertido en un precioso y valioso hijo, digno de alabanza.
Atenas misma ha reconocido tu eficacia en el campo de batalla. Eres mi orgullo…
pero ha llegado la hora de pedirte que cargues con un peso más fuerte.
- Padre ¿De qué habla? – le interrumpió YunHo.
- Hablo de que YooChun debe casarse – le contestó.
Mi vista se alzó al escuchar aquella frase salida de sus
labios.
- ¿Qué? – inquirí, perplejo y desconcertado.
- Tebas ha decidido unirse a Esparta, juntos nos
aplastaran como si no fuéramos nada. <<Y Persia, nuestros enemigos desde
años antiguos, verán en esa alianza una oportunidad para unirse también y
someternos. Gracias al compromiso de YunHo y JaeJoong, hemos logrado que varias
tribus de las costas Asiáticas se volvieran nuestros aliados pero aún con su
apoyo no representamos un peligro. El rey ha logrado oficializar tu compromiso
con la heredera de una de las ciudades más importantes de Persia. YooChun… esto
no es una petición en realidad, la carta que acepta el compromiso ya fue
enviada hace dos noches. De hecho, tu consorte llegará a visitarte mañana por
la mañana. Es la hija del primo del rey de Persia, tiene el ejército más grande
de esa región. Si te casas muchas vidas se salvarán y Atenas no desaparecerá en
la arena.>>
Era tal como me lo había dicho mi padre en un principio,
un peso, uno demasiado pesado con el cual debería cargar sobre la espalda. Representaba
una condena, para alguien como yo que en cuyo corazón ya existía alguien
importante.
- Pero padre… YooChun no puede aceptar. Ese compromiso
puede ser una trampa – intentó objetar YunHo, sabedor de mis sentimientos.
- No es así, el rey de Persia y su primo siempre han sido
enemigos ya que le quitó la corona. Este compromiso pudo darse gracias a ese
antagonismo – le dijo mi padre a modo de tranquilizarlo.
- Acepto – mí voz intervino antes de que YunHo diera otra
excusa. Mi padre sonrió, mi madrastra también lo hizo, YunHo y JaeJoong me
miraron sorprendidos – Recibiré a mi futura esposa con mucha alegría – le
sonreí a mi padre.
- Que los dioses te bendigan hijo mío, estas salvando a
mucha gente no negándote a este compromiso.
- Bueno – me levanté, sin mucho humor para seguir
escuchando sus elogios – Me retiraré a mi alcoba, si mañana vendrá mi
prometida, debo descansar para recibirla como se merece – di ese pretexto.
- Descansa – asintió mi padre.
Incluso el hambre se me fue ya que dejé olvidada la
bandeja de comida que me había dado JaeJoong. Regresé por los mismos pasillos
desolados hacia mi habitación, sin pensamiento o sentimiento acerca de lo
ocurrido.
- ¿Por qué aceptaste? – el reclamo de YunHo me sorprendió
antes de que pudiera meterme a la cama.
- ¿Por qué no debería de haber aceptado? – le pregunté a
mi vez.
- YooChun, tú no eres así. En otros tiempos le hubieras
dicho a padre que no lo harías, te hubieras negado incluso delante del rey.
¿Qué paso contigo? ¿Por qué dijiste que sí?
- Porque ahora estamos en estos tiempos y porque no tengo
razones para decir que no. Sólo es un matrimonio YunHo, tarde o temprano
hubiera sucedido, no es ningún evento que deba causarme sorpresa o perplejidad.
Y tampoco a ti.
- Pero hermano… tú estás enamorado. ¿Esa no es razón
suficiente para haberse negado?
- El amor no existe YunHo, la diosa Afrodita creo esa
palabra para tener poder sobre nosotros nada más. Además... si existiera, sólo
afortunados como tú o JaeJoong, pueden tenerlo. Personas como yo, no.
- Parece que no estoy hablando con el hermano que tanto
amé. El que nunca mantenía los pies en la tierra, el soñador, el vivaz… ¿Dónde
quedó el YooChun de esa época?
- Deja de dramatizar, “hermano” – hablé, con tono
aburrido y muerto – Tú mismo me reprochabas esas veces ¿Y ahora me pides que
vuelva a ser el libertino que odiaban todos? Me sorprende que tú intestes
hacerme desistir, eres un ejemplo de hombre. Siempre fuiste responsable, con tu
sentido del deber y obligaciones. Yo debería ser el que se pregunté en dónde
quedó ese hermano ¿No crees?
- El sentido del deber no siempre es con los demás, sino
con uno mismo – me contestó, decepcionado conmigo. Y se fue, dejándome en la
oscuridad de mi propia soledad autocastigada.
Cuando el sol volvió a anunciar su regreso, yo ya estaba
despierto. La herida me seguía doliendo. El erudito me había ordenado absoluto
reposo pero mi futura esposa iba a llegar y yo no podía darle un desplante.
Fue una tortura asear y vestir mi cuerpo sin ayuda. Me
coloqué mis ropas más caras para causar una buena impresión en mi consorte, lo
que implicó mucho dolor y un poco de sangre. No se me permitía caminar pero
cuando una de las criadas me anunció su llegada, no tuve más remedio que
levantarme.
Por dentro estaba sudando frío con cada paso y una
punzada en mi costado, pero por fuera, procuraba lucir relajado. Cuando la fui
a recibir en el pequeño salón para vistas de mi casa, puse mi mejor sonrisa.
- Oh, aquí estas hijo, entra, ven a conocer a tu preciosa
consorte – me jaló mi padre, poniéndome delante de una hermosa chica de piel
olivácea y larga cabellera.
Sólo estábamos nosotros. Mi madrastra y YunHo habían ido
a comprar provisiones para la casa y JaeJoong estaba descansando por ahí.
- Es un gusto conocerlo, mi nombre es Marinna – se
presentó ella, ofreciéndome el dorso de su mano con una sonrisa elegante pero
coqueta.
- Es un placer, yo me llamo YooChun – la tomé y besé delicadamente
la piel que cubría su fina y delicada mano.
La chica era una exquisitez. Era delgada, bella y de buen
porte. Su cuerpo y su rostro le pertenecían a una musa. Nunca había estado con
una mujer como ella, nunca con una tan bella. Era de esas mujeres que
inmediatamente me hubiera llevado a la cama.
- ¿Por qué no le das un paseo? – nos sugirió mi padre.
- Claro – sonreí, señalándole el camino como todo un
caballero – Perdone que solo yo y mi padre le hayamos recibido, temo que mi
madre y mi hermano salieron a abastecer nuestras reservas y el que será mi
hermano político está descansado todo lo que puede antes de volver a la guerra
– me disculpé, guiándola por pasillos y salones distinguidos. Siempre
sonriéndole galantemente y hablándole con educación. Sin tocarla y sin estar
tan alejado de ella. Debía hacer uso de mi yo conquistador, el seductor
caballero que trataba a las mujeres como a damas y las cortejaba con elegancia.
- No debe preocuparse, he vivido toda mi vida con
militares y sé cuándo están tan ocupados que ni llegan a casa en semanas – me
confió, con una sonrisita discreta.
Sí, era una mujer perfecta. Hubiera caído a sus pies hace
mucho tiempo. Por su belleza y su natural sensualidad. No era cualquier mujer,
era una verdadera dama, el tipo de chicas que a mí me encantaba seducir.
No tuve que fingir mucho a su lado. Hablamos de arte,
pinturas, poesía y esas cosas. Era una compañera inteligente y de buen gusto.
Al confiarme que le encantaban las flores, decidí
llevarla por nuestro enorme jardín. Allí las flores estaban cultivadas en
hectáreas de terreno y había caminitos de tierra por donde podías pasar y
contemplarlas.
- Parece un océano de colores – expresó maravillada,
admirando la variedad de especies.
- A mi madre le encantan las flores, gracias a su
debilidad tenemos este lugar – comenté. Sin mirar siquiera hacia ellas, mis
ojos no quitaban la vista del camino.
Y así entre risas y conversaciones, oí en la lejanía los
pasos que tanto me había costado aprenderlos a distinguir hace años.
Mi pesadilla se estaba haciendo realidad, lo que tanto
temía estaba pasando.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza en mi pecho y mis
oídos afinaron su sentido. Eran unos pasos silenciosos, esos que no quería
encontrar… la sonrisa murió en mi rostro y mi ojos se dilataron. No escuchaba
nada más que ese suave crujir de pies en la tierra, aun cuando sabía que
Marinna me seguía hablando.
Los pasos se acercaron más y cada vez se hacían más imperceptibles,
como si dudaran de continuar o algo así. Y justo cuando pararon por completo,
alcé la vista y eché una ojeada al causante de mis desvelos.
Le miré por una fracción de segundos. Era él en verdad.
Llevaba un cántaro de agua en las manos y me miraba con los ojos abiertos de
par en par. Parecía aterrado al ver mis ojos chocando contra los suyos.
- ¿Verdad que son hermosas? – me preguntó Marinna.
Inmediatamente desvié la mirada y le sonreí abiertamente.
Todo pasó como si Cronos hubiera alentado el tiempo. Yo
ignorándolo como si no existiera, para darle toda mi atención a la mujer que
estaba a mi lado. Como si nunca lo hubiera visto, le pasé de largo, sin
remordimientos. Consciente de que sus ojos me seguían, pero renuente a
aceptarlo.
- Espero haber sido buena compañía para usted – me dijo
mi consorte, al despedirse de mí.
- Fue la mejor compañía que nunca tuve – le sonreí.
- ¿Sabe YooChun? Yo sé que usted no tiene interés en mí y
que aceptó nuestro matrimonio por obligación. Pero espero gustarle porque usted
me gusta a mí y mucho.
- No hay persona que no gustaría de alguien como usted –
le dije, dándole un elogio para nada comprometedor ni desabrido.
- Regresaré muy pronto a visitarlo – me prometió.
- La esperaré con ansias – le mentí, volviendo a besar su
mano.
Marinna se fue y en cuanto cruzó la puerta de mi casa y
regresé a mi alcoba. Mi rostro recuperó su habitual máscara, con un ingrediente
indeseado. El dolor mezclado con la culpa de los recuerdos del pasado.
Me hundí en mi lecho, con un agudo desgarrón en mi
corazón y cerré los ojos, implorando la inconsciencia. Sin embargo, mi mente
traicionó a mi corazón y reviví aquella noche…
Dos meses después de que él hubiera cumplido quince años,
la factura por mi inhabilidad a negar lo que sentía, me debilitaba rápidamente.
Él era hermoso, su rostro, su cuerpo… me atraían de una
forma indecente y hasta escandalosa. Lo miraba y ya no veía un “por qué no”, no
veía un “solo es un niño”, lo miraba y sentía fuego… por su piel y sus labios…
Cada vez era más difícil estar a su lado sin tocarlo más
allá de lo necesario, me estaba volviendo loco. Lo deseaba demasiado, tanto que
en una ocasión, metidos en la biblioteca de mi casa, tuve el loco deseo de
tomarlo por las caderas y subirlo a un pedestal de la escalera para meterme
entre sus piernas y hacerlo mío. Y estuve a punto de hacerlo, solo un
pensamiento me detuvo. Si satisfacía lo que mi lujuria me demandaba, lo
perdería… él me quería como un hermano podría querer a su igual, si yo hacía
con él, lo que cualquier amo pudiera hacer con su esclavo por simple deseo, me
odiaría. Éramos como amigos, obligarlo sería recordarle su estatus, darle a
entender que solo era un objeto y no lo que quizás amaba más en el mundo.
Eso siempre me detenía, el pavor a perder su amistad.
Pero una noche ya no pude resistir más. Como siempre, llegué muy de noche a
casa y con mucho licor en el organismo. Estaba borracho y él se había
despertado a recibirme. Me sostenía contra su costado para ayudarme a llegar a
mi habitación sin que nadie se diera cuenta.
- ¿Por qué bebió tanto? – me regañaba, arrastrando mi tozudo
cuerpo.
Yo solo le decía incoherencia tras incoherencia y cuando
intentó dejarme sobre la cama, lo sostuve por su túnica y lo dejé debajo de mí.
- ¿Qué hace, amo? – me preguntó, aterrado y perplejo.
- Lo siento ChangMin, ya no puedo… ya no puedo… - le respondí
y comencé para no soltarlo hasta acabar.
Pese a que él se removió y me suplicó que me detuviera.
Pese a que incluso lloró cuando lo penetré y gritó que dolía. Nunca me detuve. Al
amanecer y despertar con un horrible dolor de cabeza, sin saber exactamente lo
que había hecho anoche. Lo recordé todo en cuento descubrí su cuerpo a mi lado.
Estaba desnudo como un bebé, pero lo que me causó
repulsión hacia mí mismo, fue el estado en el que lo había dejado. Todo su
cuerpo era un perfecto mapa de ríos purpuras y rojos. Y un mar de sangre manchaba
gran parte de mi cama, seca en forma de costras por su baja espalda. Los surcos
en sus mejillas eran un signo de lágrimas.
¿Qué es lo que había hecho? Me reproché a mí mismo con un
agonizante dolor en mi pecho. Mis ojos se dilataron por la evidencia de
violencia en su flagelado cuerpo y lloraron por la forma en la que lo había
mancillado. Lo que con tanta desesperación intenté evitar, al fin y al cabo
había pasado.
Me sentí sucio… nunca jamás había tratado a alguien como
le había tratado a él. Lo traté peor que a un perro y supe que en cuanto
despertara, nunca más me iba a mirar como antes.
La idea de su odio, de su asco, hizo mella en mí y decidí
huir. Me vestí con ávida rapidez, hablé con mi padre prometiéndole todo lo que
nunca hice como hijo para que me dejara ir y me marché dejándolo sin una
explicación.
El sueño convirtiéndose siempre en pesadilla, pero Morfeo
me favoreció en medio de mi dolor y dejó que abriera los ojos al sentir la
suave humedad de un paño limpiando mi herida. Unas manos me vendaban con mucho
esmero, incluso habían colocado mi cuerpo de costado para facilitarse el
trabajo.
Un suspiró me alertó. Me di la vuelta apartándome.
- ¿Qué haces aquí? – le cuestioné, con tono severo y
enojado.
Era ChangMin, era mi esclavo cuidando de mí.
- Su padre me mandó a revisarlo. Su herida se abrió amo,
yo solo…
- ¡Vete! – le ordené, interrumpiéndolo.
- Pero amo, la herida sangra y…
- ¿No escuchaste esclavo? ¡Lárgate de aquí! – mascullé.
Él dudó y con ojos tristes salió de mi alcoba, tan
apresurado que chocó con JaeJoong, quien entraba a verme.
- ¿Por qué lo trataste así? – me preguntó él, sentándose
al borde de mi cama.
Yo tocaba las vendas que me cubrían, cerrando los ojos al
pensar en sus dedos tocándolas.
- No lo sé – me sinceré, hablando más para mí que para
JaeJoong.
Yo quería que él me odiara, que nunca quisiera volver a
hablarme, que no estuviera junto a mí porque al vernos, sabía que ambos
sufríamos.
- Por tu respuesta deduzco que algo te pasa con ese niño
– comentó JaeJoong.
- No sé de qué hablas – le esquivé.
- Mentira, YooChun, si sabes y muy bien. Los vi esta
tarde, es el mismo esclavo con el que se toparon Marinna y tú.
- Lo que sea que crees que hayas visto sólo fue una
ilusión de tu mente.
- No pareció eso. He estado conviviendo contigo desde
hace tres años y te conozco desde que correteabas en pañales. Tú nunca miraste
a alguien de la forma en la que lo miraste a él. Sólo fue un segundo, pero tus
ojos lo miraron como si él lo fuera todo en este mundo y luego… - se detuvo,
observándome intensamente – Lo ignoraste como si nunca lo hubieras visto. Nadie
le da esa clase de miradas a una persona por nada, YooChun. Algo sientes por
él, u odio u amor.
- JaeJoong – le miré – El que tú y mi hermano estén
enamorados, no significa que todos
sientan algo. Los sentimientos no son para aristócratas como nosotros.
- Puede que no lo sean, pero tampoco somos inmunes – me
dijo, levantándose.
Amor… suspiré, por
supuesto, nadie es inmune al amor.
- Ya tiene dieciocho años ¿No crees que se ha convertido
en todo un hombre? – sentí la voz de YunHo a mis espaldas, sorprendiéndome mirando
el cielo del atardecer.
- ¿De quién hablas? – inquirí.
- De ChangMin – me respondió, sonriente.
- YunHo… no empieces – le pedí.
YunHo suspiró.
- JaeJoong me dijo que el otro día le gritaste. ¿Por qué
lo tratas así?
- ¿Por qué no hacerlo? Es solo un esclavo…
- Y la persona que amas.
- ¿Tú también me hablaras de amor? – rodé los ojos.
- Bien – masculló – Has lo que quieras pero te
arrepentirás y será muy tarde. Por cierto, conocí a tu prometida a las afueras
de la ciudad, es bonita, todos dicen que es la reencarnación de Afrodita.
- Se equivocan – le interrumpí, atraído por otro recuerdo
– No sé muy bien qué dios a reencarnado, si Afrodita, Apolo o Dioniso, pero yo
conozco a un ser aún más hermoso que ella…
- Y luego niegas que lo amas… - susurró mi hermanastro.
Me mordí el labio, se me había ido la lengua demás.
- Lo venderé – le dije, dándome la vuelta.
Sus ojos se abrieron con sorpresa.
- ¿Qué? – farfulló.
- Padre me dijo que me casaré en quince días e iré a
vivir a Persia con mi esposa. No quiero que ChangMin venga conmigo, por eso lo
venderé. Pero no te preocupes, tú lo seguirás viendo, se lo venderé a padre.
- YooChun… creo que deberías pensarlo mejor, tú…
- Yo debo dejarlo ir. No quiero que me pertenezca. Padre
me prometió que lo haría un esclavo de dios y lo dejaría en libertad cuando
pagará su precio.
- YooChun, tú lo amas, no lo apartes de ti.
- YunHo… me casaré – le dije, sonriendo débilmente –
Además, tú sabes lo que le hice, yo lo amo pero él me odia y no puedo resistir
viviendo con eso en la cabeza. No puedo simplemente decirle “te amo” y hacerlo
mi erómeno.
- Siempre hay un camino y tú te estas rindiendo sin
buscarlo – me contradijo.
- Porque así debe ser… - le respondí, regresando a mirar
el paisaje de mi ventana.
Mi padre estaba hablando con ChangMin, contándole acerca
de nuestro trato y su destino. Lo vi abrir los ojos como platos cuando mi padre
le dijo que yo dejaría de ser su amo y él me volteó a ver. Escapé de su mirada
y me apoyé contra la pared.
YunHo se había ido.
Cerré los ojos recreando su imagen en mi mente.
YunHo tenía razón, ya era todo un hombre. Era fuerte y
saludable. Apolo le había hecho terriblemente hermoso. Dotado de una estatura
generosa y de una piel bronceada, digna de las más ardientes caricias. Sus ojos
seguían siendo vivaces, mucho más inteligentes que antes. Su cabello era algo
largo y sedoso, del color de la noche, enmarcaba su rostro como una nube
oscura. Y sus labios… eran los de Dioniso… atrayentes, incitadores a la
sexualidad…
No podía seguir cerca de él, no con estos pensamientos.
Debía marcharme lo antes posible si no quería cometer el mismo pecado dos
veces.
Los días pasaron con una extrema lentitud. Fue una
tortura tenerlo cerca todo el tiempo y no tocarlo, hablarle o robarle una
sonrisa. Era insoportable. A no menos de cinco días para mí boda, decidí que la
tortura era demasiada y me fui a vivir al pequeño búngalo de mi padre ubicado
al otro extremo de la casa principal, en los límites del jardín de mi
madrastra.
Quería estar solo mientras mi padre arreglaba la
celebración de mi matrimonio. No dejé que ningún sirviente me acompañara, mucho
menos ChangMin. Ordené absoluta privacidad, un grave error si consideraba el
que mi herida se infectaba con el tiempo y mis curaciones no eran muy
efectivas.
Un día desperté muy mal, bañado en sudor. Tenía fiebre y
temblores. No pude levantarme de mi cama. Dormí hasta muy entrada la noche y
desperté al sentir algo fresco sobre mi frente. Era él de nuevo, curándome
mientras dormía. Limpiaba mi herida con agua de yerbas y refrescaba algunas
partes de mi cuerpo con un paño húmedo. Incluso me había hecho algo de comer,
medio inconsciente, pude detectar el olor de sopa de especias.
- ¿Por qué estás aquí? – le pregunté con mi ronca voz,
haciéndole sobresaltarse.
- Su padre me envió a traerle un par de pergaminos para
que los sellara y lo vi enfermo.
- Bueno, ya me curaste. Deja los pergaminos y vete – le
ordené, tratando de sentarme sin darle una pequeña mirada siquiera. Cubriéndome
con una bata rápidamente. No quería que viera mis cicatrices otra vez,
cinceladas por Ares.
- Si amo – se levantó. Dio unos cuantos pasos pero antes
de llegar al umbral de la habitación, paró y volteó a verme con una expresión
que jamás le había visto en su rostro. Esa clase de mirada que no podía caber
en un esclavo, esa desafiante… altiva... – Antes de marcharme, sólo quisiera
saber algo: ¿Por qué? – me preguntó.
Me petrifiqué con el sonido de aquel cuestionamiento y mi
corazón comenzó a latir lleno de miedo.
- ¿Por qué, qué? – murmuré, sin poder desviar el tema con
una orden.
- ¿Por qué me venderá? – completó, con sus ojos
haciéndoseles más duros.
- ¿De verdad esperas que responda? Esclavo – le dije,
remarcando la última palabra.
- Siempre fui eso ¿cierto? – masculló, clavando la mirada
en el piso – Siempre fui sólo eso – repitió con un tono que hacía que quisiera
abrazarlo fuertemente.
- No comprendo tus palabras – medio sonreí, haciéndome a
los desentendidos y sintiéndome desconcertado por sus evidentes reclamos. ¿Qué
es lo que pensaba? ¿Qué es lo que sentía? ¿Por qué salían tales palabras de su
boca?
- Sólo dígame ¡¿Por qué?! - exclamó, con las manos convertidas
en puños.
Me levanté y tomé los pergaminos de una mesa, fingiendo
leerlos imperturbable.
- Creo que no entiendes tu lugar esclavo, ese tono de voz
es inapropiado para hablarle al que todavía sigue siendo tu amo – le dije,
palabra por palabra. Actuando como un verdadero imbécil.
No respondió más y creí que ahí había muerto todo, que
había sido el acabose de su tolerancia. Pero unas manos tirando de mis brazos y
estampándome contra la pared, me hicieron dar cuenta de mi error.
- ¡¿Qué crees que haces?! – vociferé, tratando de separar
a ChangMin de mí.
- ¿Por qué? Dime ¿Por qué me tratas así? – me cuestionó,
con sus penetrantes y furiosos ojos puestos sobre los míos.
- ¡Suéltame! – le grité, adoptando su hostilidad.
-Dime amo ¡¿Por qué?! – me azotó provocándome un gesto de
dolor por mi herida sacudiéndose - ¡¿Por qué quieres apartarme de ti cuando lo
que yo más quiero es estar a tu lado?! – gritó.
Mi corazón se detuvo y olvidé todo menos lo que había
escuchado… esas palabras ¿Qué significaban?
Observé su rostro lleno de incertidumbre y perplejidad.
Gruesas lágrimas resbalaban por sus mejillas y la presión de sus dedos
disminuía con cada instante.
Su mirada volvía a esconderse de mí.
- ¿Qué dijiste? ChangMin ¿Qué fue lo que dijiste? – le
pregunté. Él levantó la cara al escuchar su nombre, como si hubiera esperado
mucho para oírlo y entornó los ojos derramando más lágrimas.
- Quise odiarte… intenté hacerlo, pero no puedo… -
balbuceó, agachando su rostro con cada palabra, con sus manos flácidas cayendo
a sus costados – Te amo desde que te conocí ¿Cómo podría odiarte?
“Te amo” esa palabra se repetía en mi mente como un suave
eco perdido en las rocas del mar.
¿Él había dicho que me amaba?
- Siempre te he amado… al principio creí que era
admiración pero con el paso de los días, cada vez que tenía que seguirte… sólo
deseaba sujetar tu mano – murmuró – Y cuando esa noche tú… - calló.
Yo sólo podía mirarle con los ojos abiertos, tratando de pensar
qué hacer, qué decirle.
- Quise odiarte, no sabes cuánto lo intenté. Porque me
obligaste, porque me dejaste, porque aun así cuando me levanté después de lo
que me hiciste y no te vi, te extrañé.
Su voz era tan lastimera que antes de darme cuenta, yo
también estaba llorando.
- Pero sólo puedo ser eso para ti, sólo puedo ser un…
- No – le interrumpí, abrazándolo por el cuello – No –
repetí, apretando los ojos por al fin tenerlo entre mis brazos.
No podía creer lo que estaba pasando. Él me amaba como yo
le amaba a él. Y aun cuando le había hecho daño, me seguía amando. Era irreal.
- Eres todo lo que amo en este mundo, ChangMin – susurré
en su oído.
Sus tímidas manos comenzaron a aferrarse a mi espalda al
escuchar mis palabras.
- Y lo siento por esa noche, no sabes cuánto lo lamento.
Sé que fui un infeliz, que no merezco ni mirarte, que no hay excusas para mi
comportamiento. Perdóname, perdóname – le supliqué, separándome de su rostro
para verlo.
Limpié sus lágrimas con mis pulgares y levanté su mentón,
acercándome a su cara y dejando un delicado y tembloroso beso en sus labios.
Uno que expresaba todo el terror que sentía y toda la
esperanza volviéndose sólida, la esperanza de obtener su perdón y su corazón.
Y como si no lo hubiera previsto antes, mis labios no
pudieron dejar sino un solo beso. Sujeté su rostro con las palmas y dejé un
segundo y luego un tercero y así sucesivamente, alargando el tiempo y la
intensidad, logrando que ChangMin me correspondiera.
Mis manos vagaron por su espalda, dejando caricias.
- Te perdono – susurró. Y nos besamos.
- Déjame amarte, esta vez será diferente – murmuré contra
su cuello, embriagado por la sensación de sujetarlo y probar su boca.
- Quiero que lo hagas – me contestó.
Lo abracé de la cintura y le hice retroceder hasta que
cayera sobre mi cama.
Esta vez sería diferente, esta vez le demostraría cuánto
lo amaba, cuánto lo necesitaba, cuánto me había hecho cambiar.
Me subí a la cama y le quité las zapatillas sujetadas a
sus tobillos con lazos amarrados graciosamente. ChangMin lejos de alejarme o
cohibirse, sujetó mi bata y me atrajo a su cuerpo, para ocupar mi boca con la
suya. Mientras procuraba besarlo dulce y tiernamente, mi mano derecha encontró
el camino hacia su virilidad y la metí por debajo de su túnica. Para rodearla
con los dedos y comenzar a cariarla sutilmente. ChangMin arqueó la espalda y
jadeó. Afuera, la noche se volvía más oscura.
Masajeé su miembro hasta que este se levantó igual que un
obelisco. Deseoso y ardiente como el fuego que lo consume todo. Me quité la
túnica quedándome completamente desnudo y deslicé su túnica por su cabeza
dejándolo en las mismas condiciones.
Los sonidos de su boca eran dolorosos jadeos.
- Di mi nombre – le pedí, volviendo a tomar su miembro
con firmeza – Dilo para mí.
- Ahh… YooChun… - murmuró, apretando los parpados.
- Otra vez.
- Yoo… Chun… YooChun…
Sonreí. Quería que dijera mi nombre, que supiera que en
esa habitación no había estatus ni nada parecido, que sólo éramos ChangMin y YooChun.
Dos personas amándose.
Deseaba consolarlo por todo el dolor que había sentido.
Deseaba retribuirle con caricias y besos el daño que le había hecho, deseaba
amarlo intensa y dulcemente.
Separé sus piernas y las flexioné. Eran largas y fuertes,
cubiertas de un exquisito bronceado. Firmes y tersas como el satén.
- Te amo – murmuré sobre sus labios – Yo Park YooChun, te
amo a ti, Shim ChangMin – le dije, besándolo, introduciendo mi lengua en su
boca mientras me acomodaba entre sus piernas, dejando que nuestros miembros se
saludaran.
Sus ojos se abrieron ante el contacto y apretó mis brazos
dejando escapar un gemido, un armónico y sensual gemido. Separó los labios para
darme más espacio y dejó que mi lengua jugueteara con la suya.
Haría que olvidara todo, que reemplazara esa noche con
esta.
Recorrí cada detalle en su boca al mismo tiempo que mis
manos recorrían su cuerpo, erizando su piel a su paso.
Cuando me detuve, con la respiración entrecortada y el
cuerpo caliente, vi en sus ojos esa mirada suya otra vez, esa penetrante,
desafiante, seductora y cálida. Esa que tanto me encantaba…
Y antes de predecir su siguiente movimiento, me vi debajo
de su cuerpo. De su actitud sumisa no quedaba nada en su mirada, ahí frente a
mis ojos, estaba un ChangMin diferente, uno mucho más atrayente, mucho más
Dioniso.
- ¡Ahh! – gemí, al sentir su mano en mi eje. La presión
de sus largos y finos dedos hizo que apretara los ojos y arqueara mi espalda –
ChangMin – pronuncié, abducido y sorprendido.
Él comenzó a masajear mi erección de arriba abajo, con la
cantidad de fuerza adecuada. Mi corazón aceleró su ritmo y mi respiración se
tornó dificultosa. El calor, el ardor de sus toques hacían que mi cuerpo se
tensara, afiebrara y se emborrachara con su amor.
- Son por mi culpa ¿cierto? – dijo, acariciando las
cicatrices de mi hombro.
- Era la única manera que tenía para pagar por lo que te
hice – le respondí, besando su boca efímeramente.
- Lo siento – murmuró y sus labios viajaron a través de
mi cuello, dejando mordidas y besos húmedos. Consolando a cada cicatriz.
Su mano no quería soltarme y cuando bajó hasta mi pecho y
mordió mis pezones, me contraje hasta derramar mi semilla en sus dedos.
Aquella seguridad suya, aquel control con el que me tocó,
aquella naturalidad con la que cambió y tomó las riendas, me encendieron y
volví a voltearnos.
Inmediatamente le abrí las piernas de nuevo y me
restregué contra su pelvis. Simulando embestidas. Su expresión era de absoluto
placer. Su boca se abría constantemente buscando aire. Mi erección volvió a
levantarse e incrusté los dedos en su ancha y tierna cadera, haciendo de mis
movimientos más sutiles y firmes, como
si quisiera hundirlo en la cama hasta dejarle sin espacio.
Luego me detuve y bajé por su cuerpo dejando un camino
húmedo por la punta de mi lengua. Sus manos se enredaron en mi cabello y vi su
embriagada sonrisa a través de mis pestañas. Besé la punta de su miembro
sintiendo su temblor y a su abdomen contrayéndose. Deslicé mis manos debajo de
sus nalgas para acercar su miembro a mi cara. Sus rodillas se flexionaron a mis
costados y me hundí en su moreno lecho, aspirando su aroma y acariciando su
hombría con la nariz. Como un cachorro al que alimentan con leche, engullí su
largo y pulsátil eje.
- Ahh… - le oí jadear y golpear su nuca contra el
colchón.
Mi boca hizo su trabajo, con suavidad y rudeza a la vez.
Hasta que él me jaló del cabello hacia su rostro y metió su lengua en mi boca,
prendiendo llamas.
El sudor había dejado una excitante capa en su cuerpo, su
cuello y su frente. Su melena se había ondulado con la humedad. ChangMin lucía
como un dios, un adonis de carne y hueso.
La luz remarcaba las curvas de su juvenil y ardoroso
cuerpo. Estaba lleno de curvas y redondeces, fogosas, escandalosas…
Llevé dos de mis dedos a su boca y dejé que los lamiera.
Los recorrió y mordisqueó mientras me dirigía una mirada seductora. Tuve que
reemplazarlos con mi boca para que los soltara y al mismo tiempo que volvía a
besarlo, metí ambos al interior de su cuerpo. A esa parte de su masculino cuerpo
que podía ofrecerme un placer delirante y sofocante. Nunca había sentido con
nadie lo que ahora sentía. Nunca nadie había hecho que mi corazón explotara con
una mirada. Que perdiera el aliento con un toque.
Sus quejiditos de dolor eran apagados lamentos, pero
antes de intentar detenerme, lo sentí empujándose más hacia mis dedos y
embistiéndose frenéticamente.
Mis perversos pensamientos hicieron que lo detuviera y me
levantara, buscando entre mis cajones un aro de plata especial para estas
ocasiones. Me lo había regalado un amigo en una de mis fiestas prohibidas hace
muchos años. Mi padre no lo sabía pero cuando era un adolescente, utilizaba
este lugar para reuniones secretas y placenteras. Tenía juguetes muy
interesantes escondidos por allí.
Regresé a sus brazos al encontrar uno de mis favoritos y
lo metí a mi boca. Bajé de nuevo a su miembro y con la ayuda de mi lengua y
saliva, enrosqué el anillo en su hombría. Esto hacía que el placer durara más.
ChangMin no objetó y antes de que su dilatado esfínter se
cerrara, me acomodé sobre él, alzando sus piernas a mis hombros para
penetrarlo. Me introduje lentamente.
- Mmm… - gemí, al sentir la estreches de sus cálidas
paredes.
- Ahh… - gimió también, golpeando su nuca otra vez.
Acomodé sus piernas alrededor de mi cintura y lo atraje a
mi cuerpo, dejándolo sentado sobre mi regazo.
Masajeé su miembro hasta que se acostumbró a mi
intromisión. Su hombría se agrandaba y engrosaba entre mis dedos, gracias al
anillo que detenía su clímax.
Él se movió por cuenta propia luego de unos segundos,
abrazándose a mi espalda. Sus labios coreaban obscenos gemidos en mi oído,
mientras mi miembro salía y entraba en su cuerpo, acariciando su interior.
Acabé dentro de él y caímos sobre la
cama, pero el aro no dejaba que su miembro se vaciara y bajé para usar mi
lengua otra vez. Ordeñé cada gota de su virilidad, deleitándome con el sabor de
su esencia, con su textura.
De un estado salvaje, terminé sobre su dulce pecho,
cansado y tembloroso. Él nos cubrió con unas sábanas y me abrazó, besando mi
cabeza y acariciando mis cabellos.
Dormí arrullado por su respiración y su calor, enroscado
a su cuerpo.
Estaba feliz. Por primera vez en mi vida, estaba feliz de
verdad.
No obstante, en medio de nuestro sueño, un grito nos
despertó.
- ¡Fuego! – gritaba alguien, a los lejos.
ChangMin se despertó primero y me sacudió hasta lograr
que abriera los ojos.
- YooChun, algo está pasando – me avisó, con expresión
alarmada.
- Vístete – le dije, tomando mis ropas y haciendo lo
mismo.
Salimos afuera a ver lo que ocurría. Allá en mi casa, un
incendio pretendía consumirlo todo. Los empleados gritaban y correteaban.
Abrí los ojos y me quedé estático, sin saber en qué
pensar.
- ¡Vamos! – me despertó ChangMin, tomando mi mano. Y
corrimos.
A nuestro alrededor, todos gritaban y pedían ayuda.
Algunos intentaban apagar las llamas, otros sólo huían. Yo buscaba a mi familia
con la mirada.
- ¡YunHo! – grité - ¡JaeJoong! ¡Padre!
Pero nadie me respondía.
- Quizás se quedaron adentro, deben estar atrapados – me
dijo ChangMin, señalando la entrada de mi casa.
No sabía lo que ocurría ¿Cómo había empezado el fuego y
por qué?
Y la respuesta vino a mí al notar a varios soldados
espartanos, saqueando mi casa. Nos estaban atacando.
Tomé a ChangMin y nos escondí detrás de una pared. Sabía
lo que les hacían a los esclavos y ChangMin era uno, si lo encontraban y
descubrían la marca de los esclavos escondida en el interior de su tobillo… no
quería imaginarme lo que podrían hacerle.
Lo llevé a las caballerizas y ensillé un caballo con
prisa.
- Sube – le dije.
- ¿Y tú? – inquirió.
- Debo buscar a mi padre y hermano. Y a JaeJoong también.
Tengo que encontrarlos, quizás están en peligro.
- Entonces te ayudaré.
- No, ChangMin, tienes que irte o te atraparan. Eres un
esclavo, no sabes lo que les hacen a los esclavos, debes huir rápido.
- ¡No! – exclamó, abrazándome – No quiero volver a
separarme de ti – murmuró, decidido.
- Debes irte – le abracé, sintiendo su dolor como propio.
Tomando su rostro entre mis manos y darle el que tal vez sería, el último de
los besos.
- ¿YooChun? – la voz de mi progenitor nos sorprendió a
ambos.
- ¡Padre! – sonreí, separándome de ChangMin para darle un
abrazo. Era mi progenitor después de todo y yo lo amaba a pesar de todo - ¿Qué ocurre?
¿Dónde están todos? – le cuestioné.
- Nos tomaron por sorpresa, Esparta ya ha invadido las
principales ciudades y están tomando como rehenes a los principales
funcionarios. Debes marcharte, hijo – me ordenó – YunHo, JaeJoong y tu
madrastra te esperan a salvo en el puerto, con un barco que los llevará lejos y
a salvo.
Me di la vuelta y tomé a ChangMin de la mano. Mi padre
observó fijamente nuestras manos entrelazadas.
- Quiero llevar a ChangMin conmigo – le dije. Esperando
un rotundo “no”. Pero contrario a eso, mi padre nos sonrió y palmeó mi hombro.
- Cuando tu madre murió estaba tan devastado que no supe
cómo tratarte. Creí que me odiabas por eso y nunca supe cómo hacer para que no
pensaras así. Durante años recé a los dioses para que alguien llegara y te
diera el amor que yo te negué. Y veo que por fin lo encontraste. Jamás suelten
sus manos si se aman de verdad.
- Padre – le dije abrazándolo de nuevo. Contento por sus
palabras, por esas que curaban una herida antigua y profunda.
- Te amo hijo, ahora váyanse – nos ordenó.
- Pero ¿Qué harás tú? – le pregunté, renuente a dejarlo
en este lugar.
- El rey de Persia nos puso una trampa y mató a su primo
y a tu prometida, su ejército cree que fuimos nosotros. Debo quedarme para ser
juzgado y librarlos de los cargos.
- Me quedaré contigo – dije firmemente.
- No debes – negó – Ve con tu hermano y reúnan todas las
tropas que puedan, pasaran años antes de que Atenas vuelva a ponerse de pie,
pero ustedes esperen entre las sombras por una oportunidad. Mientras yo
desviaré a nuestros enemigos de su camino.
- Pero padre – traté de objetar.
- Es una petición YooChun, concédele ese favor a tu
padre. Vive hoy, pelea mañana – me dijo, tomando mi rostro.
- ¡Ahí está, atrápenlo! – vociferó un espartano.
- ¡Vete! – me gritó mi padre.
Sin otra opción más que hacerle caso, por ChangMin sobre
todo. Me monté sobre el caballo y subí a ChangMin conmigo.
- Regresaré por ti, padre – le prometí.
- Que los dioses los protejan - nos bendijo, dándole una
palmada al potro para que avanzara.
Esa noche huimos y llegamos a tiempo al puerto. Mi
hermano y JaeJoong estaban a salvo, mi familia. Y ChangMin estaba a mi lado. Mi
corazón sufría por mi progenitor pero agradecía el que mi persona amada
continuara sujetando mi mano.
YunHo nos abrazó con fuerza al subirnos a bordo y
JaeJoong subió las velas para que zarpáramos. Iríamos a las costas asiáticas.
Un pequeño ejército nos esperaba allí.
Al amanecer y despertar solo, salí a popa a buscar a
ChangMin. Él miraba el océano con sus profundos ojos. Me acerqué y lo abracé
por detrás, rodeando su cintura.
- ¿En qué piensas? – le pregunté, apoyando la barbilla
sobre su hombro.
- En lo que pasará… tengo miedo – susurró – Tengo miedo
por ti, por mí…
- Si estamos juntos ¿Seguirás temiendo?
- No – sonrió – Pero solo si prometes que siempre
estaremos juntos.
- Lo prometo – le dije, besando su cuello. ChangMin me
volteó sorpresivamente y me acorraló contra su cuerpo – Oh, ¿Creo que tendré
que enseñarte disciplina? – sonreí, con su rostro muy cerca del mío.
- Disciplina mi boca primero – sonrió, petulantemente.
- Te recuerdo que me perteneces – le dije, fingiéndome
ofendido.
Este nuevo ChangMin era interesante.
- Y yo te recuerdo, amo – dijo, llamándome con sarcasmo –
Que eres mi dueño tanto como yo soy el tuyo – y me besó profundamente.
ChangMin no había nacido para ser esclavo. Era todo menos
eso, pero sí había nacido para encontrarme. Su destino era ser mío. Era como lo
había dicho, me pertenecía tanto como yo le pertenecía a él.
Siempre
fui esclavo de la libertad… de esos que saben flotar y que besan el cielo…
Y
hasta que apareciste por ahí, me decidí aterrizar y quedarme en tu suelo.
Descubrí
mi fe en tu ilusión…
Mi alma
reconoció tu voz y así… se fue detrás de ti mi corazón.
Siempre
fui esclavo de la libertad… contigo puedo tocar, lo que soñé tanto tiempo…
Durante años, desde que había nacido, fui preso de mi
existencia misma, pero sólo tuvo que llegar ChangMin a mi vida, para romper mis
cadenas, para hacerme libre, para hacerme… esclavo de su amor.
FIN
Glosario:
Apolo: el
dios de la danza, las artes, la música, la arquería, la prudencia, la belleza
masculina y la profecía.
Dioniso: el
dios más joven del panteón, y el dios del vino, la naturaleza en estado salvaje
y la sexualidad abierta.
Cronos: dios del tiempo.
Morfeo: dios del sueño.
Pederastia: tal como se entendía en la
antigua Grecia, era una relación entre un hombre mayor y un joven adolescente.
Erastés: En Atenas el hombre mayor que cometía pedarastia era
llamado así y se encargaba de educar, proteger, amar y dar ejemplo a
su amado.
Consorte: prometida o prometido de
un aristócrata.
Esclavo simple: denominación para
esclavos que no tienen derecho a nada y son considerados artículos.
Esclavo de dios: esclavo que tiene apellido
y gana dinero. Tiene derechos y puede pagar su libertad. Es más como un
sirviente.
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