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Uñas Negras
Título: Uñas negras
Autor: 1216Dalex
Pareja: SuChun (Mención YunJae)
Género: Lime, AU, Fantasía.
Extensión: Oneshot
Advertencia: Gore, Sadismo, Violación.
Reseña:
No sé si alguna vez te ha sucedido esto…
Imagina que estas durmiendo tranquilamente en tu cama, el abanico o aire acondicionado, haciendo la atmosfera placentera para ti… sé que te gusta dormir ¿A quién no? Es unos de los placeres más grandes que te puede dar la vida. Es un ritual el donde el cuerpo descansa, debe ser un pecado que alguien lo interrumpa… pero siempre llega alguien o algo y… bueno te despierta. Ahora… solo piensa que lo que te despierta no es nada más que un peso inexistente sobre ti… un peso que no te permite moverte, ni gritar, ni despertar… Sé que te ha pasado… porque es lo más normal…
Pero aunque no lo creas más normal es que cuando estés solo escuches que alguien te llama… Los grandes científicos dicen que eso significa que tu cerebro esta en bien funcionamiento y que estas “cuerdo”…
Pero te aseguro que para Yoochun nada de esto fue normal….
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Tengo mucho sueño.
Mire el reloj de mi celular y vi que marcaba las 02:49 de la madrugada. No había podido dormir para nada. Me trate de girar encima del colchón inflable en donde estoy supuestamente durmiendo. Trate de cerrar mis ojos esperando por fin conciliar el sueño, realice una oración de nuevo, para ver si era eso, al fin me estaba quedando dormido, cuando escucho un alto ronquido proveniente de mi hermano. Este fin de semana no era como cualquiera, ya había salido de vacaciones de la escuela y tendríamos un mes de descanso, así que mi hermano me ofreció quedarme en la casa que él y su mejor amigo compartían. Alegando que era muy aburrido pasar todos los días con su amigo. Su casa era sencilla pero costosa, nueva y en un lugar apartado. Había muy pocas casas en el lugar pero la gente se podía ver en los alrededores.
Ayer nos habíamos quedado viendo películas hasta tarde, vimos una película de Disney, en donde llore. Puede resultar bobo, pero ver cómo le cortan las alas a maléfica y que después todo el mundo la odie por querer un poco de venganza era injusto. Soy un muchacho inmaduro de 17 años que esperaban. Después de eso el mejor amigo de mi hermano Yunho, se estaba quedando dormido así que mi hermano Jaejoong, decidió cambiar un poco más el ambiente y ponerlo algo más tenebroso. Empezamos a ver Dracula... fue asombroso. Me dio un poco de tristeza al ver como mina reencarnaba para encontrarse con su amado en todas sus vidas.
Me moví un poco en el colchón inflable, ocasionando un extraño ruido, no podía dormir y me provoco ver mi celular de nuevo, ya marcaban las 3:04...
Recordé como ayer yo plácidamente estaba durmiendo en la cama grande con Yunho y como Jaejoong dormía en el incómodo colchón inflable... fue una noche tranquila, sin ronquidos de Jaejoong. Pero hoy el muy cobarde de mi hyung quiso dormir con su amigo. Asegurando que "algo" lo estaba molestando mientras dormía. Si aja como no. Excusas para dormir con su Yunho. ¿Cuantos años creen que tengo? ¿10?
De repente siento un olor desagradable... ¿Alguien se tiro una flatulencia?
Quede en la esquina del colchón medio muerto por el olor. Es todo un show dormir con estos dos... la próxima vez... si es que la hay, me acostare en la cama. ¡Sea como sea!
Trate de cerrar mis ojos y esta vez abrazando mi almohada... Quiero dormirme ya. Pensé. Mañana llegaría a mi casa y a volverme esclavo de mi mama, una vez más. Triste realidad. Bostece un poco esta ves anhelando que por favor una pisquita de sueño viniera a mí.
Poco a poco empecé a quedarme dormido en una posición algo incomoda... mi cabeza sobre mi brazo, sabría que mañana me iba a doler todo.
Poco a poco mis pensamientos se fueron apagando y me sentía cómodo... por fin caería dormido.
- Yoochun... – Una voz que no conocía me llamaba, que era eso. Mis sentidos se avivaron, el sueño se disipo en un segundo e inmediatamente como si estuviera grabado en mi cerebro, una oración a los cielos salió de mis labios. La recitaba rápido y bajo. Con voz temblorosa pero lo suficientemente bajo para que mi hermano y su amigo no escucharan. En mi pueblo se decía que si a mitad de la noche tú escuchabas que te llamaban, agárrate de algo, porque la muerte te está llamando. En solo pensar en esto sentí que se me erizaba la piel. Apreté fuerte las sabanas y sentí que todo se ponía frio. Sera de esto de lo que hablaba Jaejoong... En su piso... ¿vivía la muerte?
Con un poco de valentía pase mis manos por el ahora extenso colchón para encontrar mi celular perdido... entre la negrura lo divise y vi la hora. 03:24... el tiempo corría demasiado rápido cuando sentías que te estabas muriendo.
Trate de entretenerme con el celular, tratando de olvidar lo ocurrido antes...
Tenía varios chats abiertos del día anterior, de Changmin y de Sunny una chica molestosa del colegio.
A pesar de la hora, abrí el chat de Changmin para contarle lo sucedido. Para mi sorpresa inmediatamente Changmin contesto "No seaaaaas, Yoochun. Duerme que jodes"
El siempre de confortable.
Me acorde que había dejado mis audífonos en la mesita de alado. Me estire un poco y el incómodo colchón haciendo ruido, me despertó un poco más de lo que ya estaba. Busque y busque, no los encontraba... Mis audífonos que había dejado en la mesa... no estaban. Me asuste un poco.
Que más daba... ¿qué haría? Algo de interesante encontraría... lose.
Me puse a trastear el celular y ver que encontraba de bueno. Pero nada... ¿Porque mi celular resultaba tan aburrido ahora que necesitaba entretenerme?
Cerré los ojos un poco y trate de tranquilizarme... era lo mejor... contar ovejas o algo.
Agarre las sabanas y me envolví con ellas. Me puse la sabana hasta la cabeza y me acosté boca a abajo, el colchón seguía haciendo un montón de ruido pero mi hermano y su amigo seguían durmiendo como niños.
Trate de relajarme a pesar de todo y usar de escudo las sabanas. Después de todo era una bobería... como iba a ser que la muerte me viniera a buscar. Sería una total maldad de parte de ella. Mira que llevarse a prácticamente un niño de 17 años, es una total crueldad, aún estoy empezando a vivir... ni siquiera he dado mi primer beso. Mis ojos podían ver la luz amarilla proveniente del reloj electrónico marcando las 3:33... no había pasado nada de tiempo desde que lo vi por última vez... dentro de dos horas amanecería y podría dormir de nuevo, usando esto como impulso trate de dormir, si un espíritu o algo quería molestarme este lo haría a la media noche, no cuando ya estuviera por amanecer. Me relaje por fin y poco a poco sentí que el sueño de nuevo venía a mí, le di gracias a Dios que por fin podría descansar para mañana bueno regresar a la espantosa rutina. Mi respiración se relajó y cuando pensé que me iba a quedar dormido...
Un calambre se extendió por todo mi cuerpo y sentí que todo se me adormecía, un frio se instaló en mi espalda y un peso me aplastaba, sacándome el aire que tenía retenido... trate de mover mi mano para girarme, pero fue imposible, no podía, no podía... pero algo que si pude hacer fue abrir mis ojos, pero aun así veía todo borroso, la luz amarilla del reloj parpadeaba pero aun así la sabana me bloqueaba la visión. Me queje porque el peso de mi espalda se movía y me dolía. Era como cuando se te tiraban encima y te aplastaban. ¿Era alguna broma de parte de mi hermano y su amigo? Una broma que me adormeció el cuerpo y tampoco me permitía gritar. Trate de moverme, pero era como si estuviera atado, me era imposible todo en ese momento menos la vista que a pesar de que era borrosa podía ver algo. La luz del reloj de repente se apagó... y sentí un miedo horrible ¿Por qué me tenía que ocurrir eso a mí? Un olor fuerte a azufre me inundo y trate de encogerme, aunque no podía moverme. El fuerte olor a azufre me estaba mareando, escuche una risita cerca de mi oído y me dio ganas de llorar. A lo que sea que están jugando por favor paren... Esta vez cerré mis ojos y empecé a orar de nuevo... Dios escúchame...
- Eso no sirve... - Escuche una voz ronca muy cerca de mí... Quiero que esta pesadilla termine ya, ¡Ya! - Tan pequeño, tan puro, tan virgen... - Sentí una viscosidad en mi oreja y un olor a sangre. ¿Qué me había pasado por mi oreja? - Mi lengua... - El podía leer mis pensamientos... La viscosidad de su lengua había traspasado la sabana, cerré mas mis ojos y yo sabía que allá en los cielos me ayudarían... así que seguí rezando. Sentí un aliento extremadamente frio sobre mi espalda, acompañado de un dolor pulsante, desde mi cuello hasta mis glúteos, sentí como un filo, rompía las sabanas y pequeñas partes de mi piel. Con lo que sea que estuviera arañándome me dolía, como si vertieran alcohol en una herida. Quería gritar de dolor, quería quejarme y llorar, pero yo estaba estático en mi lugar, aun con esa fuerza extraña sin permitirme moverme.
- Cariño, lo siento muchísimo - Su espantosa y chillona voz de nuevo salió - ¿Te duele? - El no solo había rasgado la sabana, si no también la parte de atrás de mi camisa... dejando mi espalda al frio y a su vista, presiono el filo de ese objeto con el que me cortaba, mi espalda baja... y dolió. ¡Déjame gritar! ¡Por Favor! - Yo solo quiero ver tu piel... y porque no... Saborear un poco de tu sangre… Abusar un poco de tu cuerpo - Entonces, sentí ese pedazo de carne pegajoso sobre mi espalda, y ardía... ardía... como el infierno - No cariño... Mis lamidas son gloria... a comparación del infierno... - Con sutileza el susurro y siguió presionando su lengua a mi espalda... Mi herida abierta dolía... y esa cosa chupaba mi espalda, mordisqueaba mi espalda, él me está comiendo... me está despedazando - Demasiado rico.... Ammmh - El gimió, sobre mi espalda. ¿Qué clase de enfermo era esa cosa? Simulando embestidas sobre mi... chupando mi cuello... Absorbiendo mí sangre... Gimiendo ¿Que era? ¿Un demonio lujurioso? - Yo te he visto... Ummmm eres precioso... No me pude resistir cuando te vi... ahhh tú me llamas y yo llego hacia ti... Ammm.... - Quería llorar... Quiero... ¿Qué hago? Él se frota contra mí... Chupa mi espalda... Me toca... Quiero... Quiero...
Ayúdenme.
Quiero moverme... me duele el cuerpo... huele a sangre.
Tengo miedo... miedo a quedarme dormido y no despertar.
Miedo de quedarme dormido como lo estoy haciendo. Mis parpados pesan y él se seguía frotando sobre mi cuerpo aumentando el ritmo y sosteniéndose de mis hombros... Me mese como para quedarme dormido - Ammm algún día te llevare conmigo... - Sentí su boca en mi cuello, dejándome un beso en mi cuerpo. Un roce que me dejo caer dormido.
~
Sentí un golpe en mis costillas... además de que había amanecido con un terrible dolor de espalda... mi hermano tenía la osadía de patearme.
- Flojo... Despierta. Son las 11 de la mañana y tengo que llevarte donde mamá - El seguía empujándome con el pie y yo sin querer despertar...
- ¿Hacia tanto calor de noche? - La voz de Yunho llego a mis oídos y trate de levantarme... Yunho era amigo de mi hermano. No mío.
- Porque... - me dolía todo - ¿Porque lo dices? - Me estire un poco tratando de levantarme del piso.
- Te quitaste la camisa y supongo debes haberla tirado en algún lugar... Porque no la veo - Mire hacia Yunho, él se movía alrededor del cuarto tratando de buscar mi camisa de dormir. Me levante y camine hacia el baño.
- ¡MAMA ME VA A MATAR! - Jaejoong grito y corrió hacia mí, me agarro de la espalda y me queje - ¡YUNHO EL MALDITO BOTIQUIN! - El grito desesperado... Yo sinceramente aun no entendía.
- ¿Que paso Jae...? -Vi como volteaba hacia mí y después como abría los ojos - ¡Dios! Voy... - corrió hacia el baño pasando por mi lado, lo escuche hablar desde el baño - Jae... eso es por dormir en el piso...
- No creo... Dios... - Jae presiono algún lugar de mi espalda que me hizo quejarme de dolor - Tiene muchos...
- Muchos ¡Que! - Grite. ¿Que tenía en la espalda?
- Moretones... - Jae dijo preocupado - ¿Dormiste demasiado mal? - Jae me giro y quede frente a él.
-Demasiado... - Suspire... todo me dolía. Es como si un elefante se me hubiera dormido encima.
- Mamá me va a matar... - Palideció y puso en su rostro su mano en forma dramática.
- No hay parches, ni curitas... - Y Jaejoong se puso del color de la pared. Blanco. - Hay que comprarlas... Yoochun ven conmigo. - Yunho me ofreció una camiseta blanca - Por allí mismo... aprovecho y lo llevo donde Junsu...
- ¡Que! - Jae abrió los ojos - Tu amigo raro... ¡No! - Me costaba un poco ponerme la camisa, Jae siguió palideciendo si era posible, se acercó a mí y me ayudo a ponerme la camisa.
- Oh... vamos... es buen doctor. - Yunho busco las llaves del auto - Además su clínica está cerca y no creo que me cobre - Lo último lo dijo con algo de simpleza.
- Espero no le haga nada a mi niño... - Jae me abrazo y si ahora... era su niño. Después de que me dejo durmiendo en el piso.
Yunho se dirigió al auto, llevándome consigo, arranco el auto y sinceramente hasta sentarme dolía. Soy menor de edad... así que Yunho respondería por mí en lo que fuera.
No paso mucho tiempo... hasta llegar a la modesta y lujosa clínica. Yunho bajo y el ayudo a bajarme.
Entramos y vimos que había unos cuantos pacientes.
Yunho se acercó al mostrador e intercambio algunas palabras con la secretaria. Ella con un rubor en las mejillas salió directo a donde se encontraba el doctor.
¡Ja! Si supiera que es gay y que le gusta ir abajo.
Reí un poco.
Yunho tranquilo se acercó a mi lado y me sonrió.
La secretaria que antes lo atendió se sentó y una enferma se acercó a nosotros.
- Puede venir por aquí... - Yunho le dio algún papeleo y mis datos personales... No me gustaba nada las clínicas, ni los hospitales. Eran fríos y olían raro.
La enfermera le hizo ojitos a Yunho y nos guio por el largo pasillo. Podía ver como la enfermera tenía un extraño caminar en un intento inútil de verse sexy. Yunho me miro y soltó una risita, yo solo mostré una cara de asco y seguí caminando hasta que la enfermera nos dejó en una pequeña sala de espera.
- Pueden esperar aquí hasta que el doctor termine con su paciente - la sala de espera se ve sencilla, con sillones negros y paredes blancas, una pequeña palmera en la esquina y un cuadro de ellas en la pared del fondo.
- Al que decoro la habitación le deben gustar las palmeras - dije mirando alrededor y sentándome en el sofá. Quejándome un poco.
- El doctor Kim personalmente decoro la habitación - La enfermera le sonrió a Yunho sin mirar ni siquiera mi malestar y salió con su caminado extraño.
- Eres popular... - le mire, mientras Yunho ponía un cojín en mi espalda.
- Para mí mala fortuna... - Me miro y me guiño un ojo. Jaejoong es temible celoso.
Solo reí, quejándome un poco del dolor que había en mi espalda y tampoco me podía sentar bien. No sé de donde carajos provenía ese dolor que cargaba en mi trasero.
Esperamos casi por 15 minutos, empecé a ojear las revistas que habían en la sala de espera, Football y videojuegos era el tema. Parecía más bien que el doctor atendía en su mayoría a niños y hombres, porque realmente no me imaginaba a una mujer sentada en la sala de estar leyendo estas clases de revistas y rodeada de palmeras. Si yo hubiera sido mujer por mucho que me doliera el trasero, hubiera salido huyendo hacia otro hospital. Esperar es horrible para una mujer, mi mamá odiaba los bancos y todo en donde estuviera implicado una espera.
- No puedo creer que solo por estar acostado en el piso, hayas amanecido con la espalda tan rojiza y llena de moretones - Yunho miraba hacia mi lado, sin poder creérselo - Es como si Jaejoong te hubiera dado una paliza o como si un montón de cosas te hubieran caído encima - Yunho tenía razón, lo más extraño de todo es que yo no recordaba absolutamente nada de lo pasado anoche y eso es lo que más me asusta.
Cerré mis ojos y trate de recostarme en los cojines, mi espalda aun dolía y no sé porque. Yunho me miraba preocupado aun impaciente por que el doctor no aparecía. Me estaba quedando dormido, el frio del aire acondicionado hizo que mis manos se pusieran heladas y mi garganta ardiera, pude escuchar como Yunho pasaba las hojas de alguna revista y al instante escuche el rechinar de una puerta. Unos tacones sonando y la voz de una mujer. ¿El doctor Kim es mujer? Abrí mis ojos y voltee hacia la puerta.
- Gracias... - la ancianita le agradeció al joven doctor
- Eso es todo. - Un hombre Joven apareció detrás de la señora, cabello negro peinado hacia atrás y de porte elegante. Los tacones que escuche anteriormente seguramente provenían de esos caros y lustrosos zapatos que el hombre tenía. Debía de ser más bajo aun así yo con mis 17 años seguro y le pasaba en altura, Jaejoong envidiaba eso de mí. Según el, yo era un enano, pero un enano que le pasaba en altura incluso a él. Yunho es una excepción. Él es una torre Eiffel.
El hombre joven tenía su bata blanca puesta y una nariz redonda, pero con todo y eso se veía elegante con su camisa manga larga azulada. Él es de esas clases de personas que cuando las ves por las calles te dan ganas de abrazarlas.
Se despidió de la señora en tono gentil e inmediatamente su vista se dirigió a Yunho. Ignorándome a mí. Al parecer su amigo es más importante. Genial. ¿Ahora todo el mundo me ignoraría, incluso el doctor?
- Yunho amigo... - el hombre dejo mostrar su sonrisa blanca y sus ojos se volvieron dos gotas de chocolate, muy tierno para ser verdad, llego hacia Yunho con una sonrisa de oreja a oreja, vi como Yunho se levantaba de su puesto y le abrazaba. Se nota la comodidad entre ellos. Comodidad de la que yo no formaba parte. Ellos entablaron una pequeña conversación... ¿Cómo estás? ¿Qué has hecho? ¿Jaejoong? Olvidándose de mí y de mi horrible dolor de espalda. Pude ver lo amable que el hombre en bata lucia, digno de un amigo de Yunho y la verdad, no sé porque a mi hermano no le agradaba. Trate de llamar la atención, en serio que me dolía y me ardía la espalda, es como si de la nada solo de ver al doctor, me hubiera puesto más grave. Me moví y solté un quejido. Nada. Esta vez trate de moverme un poco más brusco y solté un quejido más alto. Inmediatamente el pequeño doctor volteo hacia mí, mi quejido fue como una alarma para el que es un doctor... o eso pensé.
Sus ojos achocolatados se oscurecieron mientras me veían y una sonrisa torcida apareció en su ya no tan bonita cara. Me sentí helado y me asuste. Eso me estaba recordando algo importante que yo voluntariamente había olvidado.
- Oh cierto Junsu... él es el pequeño hermano de Jaejoong - Yunho trato de acomodarme las almohadas, yo baje el rostro un poco asustado, no sin antes percatarme que el señor Junsu había cambiado su expresión aterradora a una de total preocupación - ¿Lo recuerdas? - ¿Recordarme? Voltee inmediatamente hacia él, y el sonrió hacia mi aun con su extraña preocupación en el rostro.
- ¿Cómo olvidarlo? - De que habla...
El doctor llamo a unas de las enfermeras y le dijo que trajera una silla de ruedas. Cuando la silla de ruedas estuvo frente a mi Yunho se acercó para sentarme y el doctor también se acercó. Cuando lo sentí encima mío tratando de alzarme del sillón, un escalofrío recorrió mi cuerpo... y todo me empezó a doler. Y él me susurro al oído, con una voz diferente, con una voz que anoche me hizo estremecerme y llorar de angustia...
- ¿Cómo olvidarte...? - Pego sus labios a mi oreja y yo cerré los ojos, me sujete de sus hombros y me paso en la silla de ruedas sin problemas. Quería decir algo pero no podía. Me atacaron los nervios y ese señor lo sabía. Me miraba como cuando en esos documentales, aparecían los tigres a comerse a su presa, así de feroz, lo único diferente y que pude darme cuenta es que él lo haría con calma. El me comería cuando estuviera solo, cuando fuera de noche, cuando él quisiera.
- Yoochun que pasa... - La voz de Yunho me trajo a la realidad... y al parecer a ese señor también. Porque su hambrienta aura, la cambio a una de total amabilidad. ¿Sufría de múltiples personalidades?
- Nada - en un susurro ahogado y nervioso pude articular esa sola palabra.
Me llevaron hasta el cuarto donde el doctor atendía y Yunho entro conmigo. Gracias a Dios entro conmigo... si hubiera estado solo. Creo y me muero. Y lo digo en serio.
Yunho explico lo que tenía. De la nada esos moretones habían aparecido y me dolían a montones.
El señor Junsu con una sonrisa que seguro engaña a cualquiera dijo...
- ¿Puedes quitarte la camisa? - su sonrisa se extendió. ¡Pedófilo! Grite para mis adentros. Y con lentitud me quite la camisa, Yunho me ayudo a lo último y pude notar que Junsu no quito su mirada de mi frio rostro. Respetaba eso.
El me examino la espalda y yo apenas podía moverme. En serio parecía mas como si un elefante hubiera dormido encima mío y no el...
Yo sabía que era él y él sabía que yo recordaba.
Me pidió caminar.
Trate de caminar pero el espantoso dolor de mi columna no me dejaba dar un paso, en cambio perdí el equilibrio y casi caigo. Si no hubiera sido por unas frías manos que sujetaron mi cintura, seguro si no es por el señor Junsu, me hubiera golpeado duro contra el piso. Me estremecí y recordé cuando con algún objeto filoso me había traspasado la piel ayer. Y me marie, de solo recordar el espantoso olor a azufre, combinado con el olor metálico de la sangre, me dio un fuerte dolor de cabeza y mis piernas se debilitaron, alcance a ver la turbia sonrisa de Junsu y todo se volvió negro, la voz alterada de Yunho y Junsu diciéndome....
- Todo estará bien... mi pequeño - fue lo único que escuche.
~
Desperté.
Estaba en una habitación blanca... no había nadie. Tenía una mascarilla puesta y el olor a medicamento llegaba a mis narices. Pude ver más claro y vi que me encontraba en un cuarto. Pero que había pasado...
De repente veo que la puerta se abre y entra Jaejoong con un pañuelo en la mano y rostro preocupado.
-Niño... - el me llamo y yo voltee, viendo sus ojos negros llorando... - te desmayaste del dolor eso fue todo... no sabemos cómo explicar los moretones y las fracturas - el sollozo - Yo jamás te... te haría daño.... - Yo alce mi mano, ya más ligera y sin dolor, hasta su rostro - Entiendes... - él puso su mano sobre la mía y la apretó... cerro sus ojos y luego me miro - ¿Yunho... - y yo negué rápidamente, Yunho jamás me haría daño... Jae suspiro - No sé cómo explicarle esto a mama... tu padre me molera a golpes - Jaejoong es mi medio hermano, mi mama se divorció del padre de Jaejoong y pasaron 3 años cuando se casó con mi padre - Yo iré a hablar con ella, Yunho... yo rompí con el... yo pensé que... él te había hecho daño... - el me miro y su llanto que había cesado, empezó de nuevo...
-Ti... e... nes que... volver... - el medicamento me tenía embobado, Jaejoong me dio un beso en la frente y asintió.
- Cuando todo pase, le llamare y me disculpare... Yo le quiero... pero te quiero más a ti, eres mi prioridad enano- Jae volvió a darme un beso en la frente - las enfermeras cuidaran de ti, mientras trato de explicarle todo a mamá - él estaba saliendo... cuando dijo - Junsu también pasara como en media hora a verte... Sabes el te conoce desde que eras pequeño… él no es tan malo después de todo... - me sonrió y salió.
Me quede perplejo. JUNSU.
No.
Jaejoong.... vuelve. Solloce. Vuelve.
No quiero que Junsu venga.
Sentí miedo de lo que me pudiera hacer...
Miedo.
Mis articulaciones se sentían bien... ya nada dolía... podía darme golpes y era poco el dolor. El medicamento que me aplicaban hacia que me sintiera así. Pero no podían quitarme el miedo.
Si me llevaba conmigo el palo ese con los medicamentos seguro podría salir del hospital sin problemas... lo complicado era salir sin que nadie me viera. Pasaron minutos y trate de moverme para salir, me había decido. Con esfuerzo me senté en la camilla y puse mis pies en el frio piso. Trate de impulsarme hacia adelante aferrándome al tubo donde los medicamentos estaban colgados, cuando por fin empecé a levantarme unas manos frías se sujetaron a mi cintura sentándome de nuevo en la camilla, el apoyo su cabeza en la curvatura de mis hombros y yo cerré los ojos con miedo.
- ¿A dónde vas, preciosura? - ¿Cuando llego? ¿Cómo abrió la puerta, sin hacer ruido? Como Junsu llego allí... - No puedes escapar de mi... lo sabes verdad... - el olfateo mis hombros y mordió la piel en ellos, yo grite... pero no me escuche. Había comenzado.
El me acostó en la camilla de nuevo. Podía verle el rostro. Su bata blanca y su nombre impreso en ella. Dr. Kim Junsu. Su cabello negro más despeinado, su lindo rostro y esa sonrisa desquiciada.
El me beso... yo me rendía a su voluntad. Fue como si su cara colonia fuera droga o los medicamentos estuvieran alterados. Yo buscando lógica.
Su beso es lento y lujurioso, mueve sus labios absorbiendo cada pedazo de mis labios y se posiciona encima de mí. Con un dedo el empuja mis piernas, abriéndolas y el acomodándose en el espacio que dejaron. No podía respirar... sentía que me iba a quedar sin aire... y él se separa... y besa mi cuello... lo lame y deja marcas suavemente lo mordisquea y un suspiro escapa de mis labios - No soy tan mayor como piensas... - dice respirando pesadamente en mi cuello - Soy menor que tu hermano... - El solo soltó una pequeña risa y sus caderas empezaron a frotarse contra las mías, hacia olas con su cuerpo, el toco mi muslo y levanto la bata de hospital que yo tenia hasta mis caderas, dejando la mitad de mi cuerpo al desnudo, empezó frotando la tela de su pantalón, contra mi desnuda extensión. Temblé de miedo y excitación. El paro. Y con suavidad se quitó la bata blanca de su cuerpo.... - no me gusta el blanco... a mí me va el negro - y alzo su camisa, dejando su pecho al desnudo. Bajo la cremallera de su pantalón, en donde salía su erguida y orgullosa extensión. Él se empezó a masturbar sobre mi vista y mientras lo hacía, empezó a chupar sus dedos... uno por uno. Dándome cuenta de sus uñas negras, que hace un momento tenían un color natural. Dejo su miembro tranquilo y alzo una de mis piernas hasta su hombro. Su sonrisa macabra apareció y llevo sus dedos hasta mí, adentrándose uno por uno en mi pasaje, que la noche anterior el había ultrajado, mientras yo yacía inconsciente, por el dolor provocado. El sin esperar mucho se perfilo en mí, entrando poco a poco. Mi pulso acelerado me hizo ver borroso y lo último que pude ver... fue sus uñas negras arañando mi piel.
I want to make love
Titulo: I want to make love
Autor: Luzy
Pareja: HoMin
Genero: Angst, Lemon
Extensión: Two-shot
Estado: Terminado
Estado: Terminado
Nota: Quizas haya un poco de MinHo..
Advertencias: Un poco de sadismo y groserías
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Luz Desgarrada
Nota de RUKI: Se recomienda leer primero el fic's y luego escuchar el audio, ya que es un resumen del mismo.
Título: Luz Desgarrada.
Autora: Aemin
Couple: YooMin
Extensión: OneShot
Género: Lemon/Sadismo/Asesino
Nota: Agradezco la participación en ideas originales, además del diseño de portada, a mi BFF Minoru.
No hay Dios. No existe Dios.
No
existe…
Dios.
Encerrado en una jaula. Casi desnudo. Con
trozos restantes de un vestido de novia. Todos los deseos, puros y oscuros, se
han deslavado con la sangre. No me queda
nada adentro, más que mis pensamientos, torcidos como mis miembros. Maldecir a quienes
me han humillado… es lo único que…lo único que me da fuerza suficiente…las estrellas de los muertos...aun brillan perversamente por esa
rendija del techo... Seré yo la estrella de alguien más y brillare en su
recuerdo... ¿o seré una estrella opaca, persiguiendo sombras? Es verdad que
nacemos solos...pero... ¿tenemos que morir solos también?
¿Por qué no me mata de una vez? En lugar de
dejarme encerrado aquí, a merced de perros, maníacos y psicópatas… ¿por qué no
se toma la molestia de eliminarme de una vez como ha hecho con tantos más?
Eres un asesino demoniaco, y no más que un peón
de tus propias ambiciones, de tu propia lujuria.
Me arrastro por el círculo de mi jaula. Estoy manchado, mancillado por la humillación con la que forcejeo, más
fuerte que el dolor de mis heridas. Mis tobillos están atados y sangrando.
Mis muñecas también sangran. Mi espalda,
mi....
Lucho con las ataduras de mi humillación. De mi
credulidad. Es como un castigo propio por ceguera. Quisiera…
…volver al inicio.
***
Envuelta en el cobertor del kotatsu, así estás.
Recordar que tu madre se los regaló a tu esposo y a ti para que sus inviernos
también fueran cálidos fuera de la cama… sale de contexto en este momento.
Aparte del cobertor, es la cinta adhesiva la que aprisiona tu cuerpo. El calor
aumenta, el kotatsu está encendido. No puedes verlo por la cinta adhesiva que
cubre también tus párpados. Intentas moverte y es casi imposible. Sientes más
calor en tu rodilla al moverla y escuchas un siseo desgarrador: el cobertor quemándose
directamente con el carbón, lentamente desgarrándose.
Escuchas la puerta abrirse. Gimes. El calor del
carbón llega a tu piel y no puedes gritar por la cinta adhesiva que cubre tus
labios. Más calor. Más. Más. Más siseo. Más desgarre. Un aroma a quemado. Tu
cabello se prende, el dolor es insoportable…todo se vuelve rojo a pesar de la
cinta adhesiva. La puerta se cierra cuando todo se empieza a incendiar.
***
“Los gritos de mujeres asesinadas, sin tregua
ni misericordia, azotan las calles de Ulsan. Del asesino: ni rastro. Los
policías están realmente conmocionados, debido a que ya hace más de cinco meses empezaron estos sinie…”
Ah, una gota de lluvia manchó mi periódico. Lo
doblo y meto en la bolsa externa de mi portafolio. Es hora de volver a casa. Me
pregunto qué estará cocinando Eunnie-shi. Tengo hambre. Saco mi paraguas y subo
a mi auto. Ahora que lo pienso, recuerdo haber leído una noticia semejante
sobre Daegu, hace unos cuantos meses. Es similar, pero…no, seguro que se trata
de casos distintos. Subo al coche y arranco. Las gotas de lluvia se hacen más y
más rápidas al caer y se deslizan por mi parabrisas, empujadas a un lado por
los limpiadores. En el radio también dan la noticia de Ulsan.
“Aparentemente, el asesino no sólo se deshizo
de la señorita Lee, sino de toda su familia, incluyendo un recién na- -
Apago el radio. No es una noticia agradable
como para la hora de cenar. Prefiero ver
las calles, mojadas y tranquilas. Me gustan mucho las primeras lluvias del año,
porque parecen pintarlo todo de nuevos colores.
***
Intentas correr. Pero tu pierna…te está sangrando demasiado. Tus hijos…el bebé ya no llora asustado. Te aterra ese repentino silencio. Llegas a las escaleras, y escuchas cómo golpea las
paredes de la habitación con algo pesado. Intentas bajar el primer escalón para huir de él pero tu pie no puede sostenerte más y caes. Ruedas escaleras abajo, tu cabeza, tus piernas golpeándose con la pared, con la
madera, hasta que llegas al suelo. Lo ves. Está bajando las escaleras, despacio. Desde
allá se ve como un demonio que desciende del cielo donde devoró a los ángeles. El metal del martillo brilla como un arma demoníaca, a pasar de la
sangre seca que alcanzas a verle incrustada.
Te arrastras. Te arrastras tan lejos como puedes. Apenas puedes respirar, tu nariz está llena de un olor agrio y tu garganta llena de sabor salado y ocre. Te sigue,
escuchas sus pasos, pesados y poderosos como los de un gigante. Te repegas a la pared, intentando levantarte, buscando
mimetizarte con el tapiz de modo que seas invisible, que puedas ocultarte de lo
inevitable. Crees poder al menos recuperar algo de aliento, cuando sientes el golpe del metal, duro como la mano de Dios,
estrellarse contra tus huesos. Pero no es
la mano de Dios la que esparce el rojo contra la pared antes de que todo se
vuelva oscuro y tu cuerpo se desplome.
***
-¡Cariño!, - EunHa abraza calurosamente a su
marido cuando llega a casa luego de una larga jornada de trabajo. La señora
Shim le tiene lista la cena y después de que él la besa, van a la cocina. Es una casita pequeña pero espaciosa,
bien dispuesta para unos recién
casados y una nueva familia.
-¿Cómo te fue?
-Bien…, - a él no le entusiasmaba demasiado repetir cada paso que había dado
durante el trabajo. Ella lo sabía pero lo preguntaba por interés, no por
molestarlo.
La conversación es la de siempre, no va más
allá de lo cotidiano. El trabajo de él, la estancia de ella en casa, la compra
de la comida y otras cosas para el hogar…
-Minnie~…- ella pone la mano sobre la de él, tras esperar el momento más oportuno, cuando él ha terminado su último
plato, - mañana…será un día muy especial.
Él sonríe, entusiasmado con la idea de que ella
lo sorprenda al día siguiente. Aunque no está seguro de por qué será un día
especial. Terminan la cena y mientras ella lava los platos él lee su libro
favorito sobre finanzas, para ayudarse en el trabajo. Se esfuerza tanto, y ella lo sabe. Ella solo quiere que sea feliz y
verlo sonreír siempre. La sonrisa de Changmin... fue lo que la empujó a dar el
sí. Sonríe recordando ese frío día de otoño, cuando él le pidió ser su esposa
frente a las fuentes de luz.
Changmin también
recuerda ese día, lo nervioso que estaba planeándolo todo para que fuera
especial. Y al verla, concentrada en su quehacer, su figura
delineada con la tenue luz de los focos, le recuerda a ese día, las luces de la fuente le daban una belleza única.
No lo resiste y va hasta ella. Apoya las manos en su cintura y
cuando ella se vuelve, besa sus labios.
***
Ya estaba harto. Decidí terminarlo de una buena
vez. La contemplé mientras dormía… tan plácida. Agarré la almohada y con fuerza
y precisión la presioné sobre su cara. Despertó y empezó a agitarse. Presioné
con más fuerza, pero seguía debatiéndose. Recargué la mitad de mi cuerpo sobre
la almohada mientras le separé las piernas y arranqué la ropa interior. La
penetré con fuerza. En este momento sentía un ardor y una ansiedad y excitación
increíbles y no iba a dejarlo pasar solo por estar ocupado robándole el aire.
Se lo hice, la amedrenté mientras presionaba la
almohada con mis manos. Ella agitaba los brazos, los pies, daba puñetazos
contra el colchón, trataba de sujetarme. Cuando dejó de moverse tomé velocidad
hasta correrme, estremecido.
Después de eso… no tenía caso quedarme, ¿o sí?
***
Tienes un sueño muy
extraño.
Dormías en un campo
hermoso, lleno de flores blancas. El vestido de suave seda blanca apenas y se siente contra tu piel, como si fuera parte
de ti. El sol calienta tu cuerpo suavemente, sobre todo tu vientre.
De pronto, la voz de
tu esposo te llama. Te levantas y lo buscas con la mirada. No se ve por ningún
lado. Caminas, sintiendo como si flotaras. La voz de él, llamándote amoroso,
deseoso incluso, se escucha cercana, pero como si estuviera bajo el agua. Das
unos pasos y no se escucha más. Vuelves unos pasos y te grita como si estuviera
sobre ti: ¡Corre!
Pero no puedes verlo.
¡Corre!
Es imperioso.
Obedeces y empiezas a correr. Pero,
¿hacia donde? La luz del sol se atenúa a cada paso que das. Llegas a un bosque
de juncos y bambúes que de pronto parecen querer golpearte.
¡Corre!
Sigues corriendo. La
voz suena angustiada ahora. El bosque ahora es de cedros y sauces, que van
cayendo detrás de ti, secos, estrepitosos. Algunas de sus astillas vuelan hacia
ti y se clavan en tu piel, tan diminutas que parecen cabellos.
¡Corre! ¡Corre!
Tu vestido empieza a
desgarrarse, pero como si fueran plumas que te fueran arrancadas de una en una
a cada paso. Luego de dos en dos. Y te
duelen. Sangras. Las plumas son negras. El suelo se ha convertido en gruesas
espinas que perforan tus pies y aún así sigues corriendo. El te lo ruega ahora,
que corras. Hasta que tus pies son arrancados y caes, en cámara lenta, contra
las espinas, que se te clavan como estacas...
Despiertas y aún
resuena en tu cabeza palpitante "corre, corre, corre", mientras tu
corazón galopa en tu pecho, bajo tus manos. A tu lado, Changmin aún duerme,
tranquilo y en silencio. Tú estás entera, y usando esa pijama a dos piezas
igual a la de tu esposo. Suspiras y te acurrucas cerca de él.
***
Subió al autobús. Ya
había pasado por esto otras veces y había desarrollado algo de práctica. Algo de
técnica. En la estación de autobuses, usando lentes y gorra de invierno, había
comprado el pasaje. En el baño se había recortado el pelo, rasurado la barba,
quitado y tirado los lentes de contacto en el w.c, y se había teñido el pelo
mientras leía el periódico sentado en la taza de uno de los cubículos. Llegando
se compraría ropa nueva.
Subir al camión fue
sencillo a pesar de lucir diferente, nadie revisaba que la misma persona que
compraba en taquilla abordaba; y dado el caso podía justificarse con la gorra y
los lentes. Ah, dios, ¡era tan listo! Además. ¿quién le prestaría atención a
esas horas?
Mientras el bus se
echaba en reversa para salir de la estación, se entretuvo jugando con el
crucigrama y el sudoku anexos a la última página del periódico. Miró por la
ventana justo cuando entraron a la carretera. Adiós, Lee TaeYong, no dejas
atrás a nadie que te eche de menos. Como
siempre. Destapó la botella de agua y se acomodó para dormir hasta llegar a su
nuevo destino.
***
Despertó con una sonrisa. La cercanía de su ser
amado la había reconfortado de la pesadilla. Changmin aún dormía. Besó su
mejilla, él se removió y murmuró algo ininteligible. Suspiró y se levantó para
lavarse la cara, los dientes, ponerse una bata y bajar a prepararle el
desayuno. Sonrió tocando su vientre, sintiéndose tan llena de vida…
En la cocina se apresuró a preparar huevos,
jamón cocido, sirvió leche y jugo de naranja. Iba a pelar fruta cuando sintió
sus manos sobre las suyas. Volteó a verlo y sonrió.
-Yo las preparo, - le
susurró besando su mejilla, tomó la manzana y el cuchillo y continuó la labor.
EuHa sonrió y se dispuso a terminar con el resto de la comida. En un cuarto de
hora ya estaban en la mesa, disfrutando el desayuno y sonriéndose. La sorpresa…
le encantaría a Changmin.
***
Seúl. ¿Qué sorpresas
me guardas? ¿Qué secretos, qué nuevos retos? ¿Qué almas cederían a mis
poderosas manos?
Tomé mi maleta y
avancé sin mirar atrás. Había todo un nuevo universo a mi disposición e iba a
disfrutarlo tajo a tajo.
***
¿Dónde está? ¿Dónde
está? ¿Por qué te abandonó así? Das vueltas por la habitación, a tientas.
Despertaste ahí y está completamente oscura. Y claro, no es un buen momento,
pero tu cerebro te traiciona recordándote películas espeluznantes…y también lo
del asesino de Daegu. No podía ser… ese hombre del mercado era tan amable…
Escuchas una gota
caer… buscas a tientas de dónde proviene… cuando la encuentras, la gota ya se
convirtió en un chorrito de agua. Escuchas otra gota, y otra. Luego las gotas
se vuelven chorritos, constantes y delicados. El piso empieza a mojarse.
Caminas buscando la puerta, ahora que deduces que estás en el sótano. Está
cerrada, por más que forcejeas con ella no puedes abrirla. Das media vuelta
para volver y buscar alguna ventana pero tu tacón se rompe y caes por los
cuatro escalones, hasta el suelo encharcado. Miras alrededor, ya algo
acostumbrada a la penumbra. Estás sola. Donde estaban las ventanas está tapiado
por madera o pintura o algo… empiezas a sentir desesperación, arrastrándote,
mientras el agua sube de nivel a un ritmo proporcional al crecimiento de los
chorritos provenientes del techo, de los tubos o del suelo agrietado.
***
En la cocina se apresuró a poner las ollas en
la estufa. Su marido llegaría en un par de horas, cansado y hambriento, y
quería sorprenderlo más que nunca, sobre todo porque ya le había avisado que lo
haría. Su comida favorita, algo de champán… todo sería perfecto. Ya había
puesto flores frescas en el jarrón de la mesa.
Iba a cortar las verduras cuando sintió sus
manos sobre las suyas. ¿Había vuelto temprano, tan ansioso de saber su sorpresa
y celebrar su cumpleaños? Volteó a verlo y se heló. Ése no era Changmin… La
golpeó el extraño con fuerza en la cara y se desvaneció.
***
Sentí la adrenalina,
el impulso. Su vestido blanco... era demasiado puro. El rojo le quedaba mejor,
como si rosas brotaran de la nieve de su cuerpo fértil y próspero. Ah, el
rojo...
Luego la dicha. De
sentirse conectado a otro ser, de llenarlo por completo. Pero se queja
demasiado. Un golpe de aviso, eso estaba mejor...que me dejara poseerla y
llenarla de mi propia fertilidad, fecundar así las rosas y ayudarlas a crecer y
multiplicarse. No. No lo merece, ya ha sido poseída por otro. No me agrada
perder así, con tal descaro. Así que me encargo de cosecharla. Bien, ya sin el
fruto prohibido, ahora puedo terminar en éxtasis tal como quería. Pero como no
merece, desdichada y traidora Delilah,
mi semilla redentora, la deposito en mi propia mano y la limpio para que
ella no pueda buscarla luego y devorarla.
-Pobre alma en
desgracia. No aceptaste la dicha de ser mía, maldita Pandora. ¿Era esto lo que
querías? - le dije, bondadoso yo, ofreciéndole una segunda oportunidad. Si me
lamía sin temor ni repulsión, le entregaría otra semilla. Pero ni se inmutó. Se
atrevió a humillarme, ¡Salomé castradora y burlona! No mereces la vida que te
he perdonado...
Salí, satisfecho con
haber podado del mundo una hiedra menos.
***
Apenas pude
concentrarme en el trabajo. Estaba ansioso por volver a casa y estrechar a
EunHa en mis brazos. Me intriga saber qué sorpresa me guarda y por qué. Nuestro
aniversario era en septiembre, ¿cierto? Revise mi calendario. Aja, 5 de
septiembre. Bueno, ¿entonces? El cumpleaños de Eunnie es en junio...lo sé
porque es mi donsaeng por cuatro meses y tres días.
Por fin terminó la
jornada y me levanté de un salto. Al pasar junto a Kyuhyun me deseó feliz
cumpleaños. Mi cumpleaños! Ah, mi
hermosa Eunnie no sólo lo recordó sino que de antemano me había planeado una
sorpresa. Agradecí a Kyuhyun saludándolo con la mano y me apresuré. Con mayor
razón me urgía volver a casa. Subí a mi auto, le compré unas flores y me
apresuré a volver a casa.
-EunHa, estoy en
casa~
Había algo raro en
ese silencio. Algo...no natural. Dejé mi portafolio y mi abrigo en la mesita de
la entrada y caminé hacia la cocina.
-¿EunHa?
Volví a llamarla al
no verla en la cocina. Había unas flores desparramadas por la mesa, con el agua
escurriendo y el jarrón roto en el suelo a su lado. Sin embargo la comida
estaba ahí, ardiendo y echándose a perder en la mesa estufa. Tragué saliva y el
corazón me dio un vuelco. Algo no andaba bien.
Caminé hacia la sala,
apresurando el paso. Todo se veía bien,
tal como estaba siempre...cuando noté un marco acostado en el suelo. Lo
levante, parecía que se había caído. Era la foto de nuestra boda. Sentí un escalofrió y corrí
escaleras arriba. Iba a entrar corriendo a la habitación cuando la luz vertical
de la puerta entreabierta del baño me dio en un lado de la cara. Debí tocar
antes de entrar pero lo creí innecesario en mi desesperación.
Entré.
-¡¿EunHa?!
Estaba vestida de novia. Su vestido con el que
nos habíamos casado. La sostuve contra mi cuerpo, abrazándola, mojando mi ropa con agua y sangre pero no me importó. Por más que
intentaba convencerme de que sólo dormía…había perdido demasiada sangre para
eso. El agua de la tina ya
casi se desbordaba, teñida de ocre. Tiré de ella para sacarla del agua. Su vientre estaba
abierto y de él colgaba….no… ¿esa iba a ser mi sorpresa?
Iba a formar una familia…y me la acababan de
arrebatar cuando apenas estaba por iniciar. Mi dolor desgarró mi garganta y el
silencio de la noche.
***
El feliz cumpleaños, desde ése día…no volvió
jamás.
-Lo sentimos, señor Shim. Pero ni nuestros
mejores detectives han podido identificar el motivo del posible culpable…
-Lamentamos su perdida.
Changmin salió del departamento de policía,
devastado. Era la cuarta vez que iba a pedir, a suplicar justicia, sin
resultados. Ya iba a ser el segundo día del asesinato de su amada EunHa…y de su
hijo apenas concebido.
Con manos temblorosas sacó una cajetilla de
cigarros. Por lo general no fumaba, pero el poco sueño, la tensión, la
desesperación, lo habían tentado a comprar un paquete de tabaco. Lo golpeó con los
dedos y acercó la flama del cerillo, cobijándose de las primeras gotas de
lluvia bajo el techo de la comisaría.
-Fumar mata.
Dijo una voz a su lado. Volteó. Un hombre con
sombrero y vestido como si fuera a un funeral le sonrió. Tenía la piel
blanquísima.
-¿Es a mí?, - inquirió Changmin.
-Sí. Fumar mata, amigo mío, - el sujeto
descruzó los brazos, bajó el pie que tenía apoyado en la pared y se acercó a
él, - imagino que los inútiles policías no han podido ayudarle a resolver el
misterio…, - añadió. Changmin lo observó, perplejo.
-No…es que…han….mi esposa murió.
-Oh…qué triste. Lo lamento mucho, - el extraño
le dio unas palmadas en la espalda, - imagino entonces que a lo que vino fue
a…declarar que no fue una muerte natural, y que no ha sido usted, ¿me equivoco?
- ¡Claro que no fui
yo!
El sujeto dio un paso
atrás ante su exclamación, pero luego sonrió y asintió, condescendiente.
Changmin suspiró, mirándolo. Hablaba como si se
hubiera escapado de una novela traducida de Sherlock Holmes.
-Así es….ella fue asesinada. Y que el culpable
sea castigado es lo mínimo que busco. Que se le haga justicia, a ella y a…,- no
pudo seguir la frase sin ahogar un sollozo.
-Creo que podría ayudarle – propuso el extraño
después de unos segundos de silencio y lágrimas.
-¿Usted?
-Sí. No soy policía, pero estudie derecho y
criminología. En Estados Unidos, y no es por presumir. De hecho, ayudé a un par
de detectives a resolver el misterio de un asesino de ancianas. Pero ya sabe
cómo son los gringos, jamás reconocen la ayuda de alguien que no sea de su
departamento, menos de un “ojos rasgados”.
Changmin no dijo nada, mirándolo incrédulo. El
sujeto le tendió su mano.
-Yoochun. Park. Un
placer.
-Shim…Shim Changmin.
***
A la vez que
trabajaba en una librería, Yoochun se organizaba para investigar el asesinato
de la señorita Shim. Tenía amigos que
eran amigos de policías y detectives amigos, aunque más bien llevaba poco
tiempo en la ciudad pero era tan abierto y encantador que incluso el jefe de
policía lo saludaba al verlo. No le permitían averiguar demasiado de los casos,
pero la escueta información obtenida era suficiente. Sabía manejar sus cartas
para obtener por lo menos un "no estamos seguros" o un "sigue
siendo cosa del forense". Junto con los chismes de la florista, el
repartidor de libros, las damas de la cafetería, Yoochun iba juntando poco a
poco las piezas del rompecabezas. aunque revueltas. Pero era algo. Su sonrisa y
su buena disposición le abrían muchas
puertas. Para muchos, era como si el
guapo y amable Park-shi siempre hubiera sido su vecino. Además resolver
rompecabezas era uno de sus entretenimientos favoritos. Había leído a Sherlock
Holmes de niño y admitía con infantil satisfacción para sí que hacer estas investigaciones y estas cosas le
cumplían un caprichito, un sueño de niñez. También había leído a Poe.
Luego se reunía con
el pobre viudo para desayunar o comer el fin de semana y le contaba sobre sus
investigaciones. Pero más que darle ánimos el recuento de la búsqueda le
afectaba demasiado a Changmin.
- ¿Te puedo pedir,
por favor, que sólo me cuentes de eso cuando tengas alguna pista o algún
hallazgo?
Changmin removía su
café con un dedo, ahogando el coraje en su garganta. Yoochun asintió, dándole un
trago a su frappuccino.
- Claro… Perdona, no
quise tocar fibras sensibles.... pero reitero mi promesa de resolverlo tan
pronto pueda.
-Gracias...
-Por nada. Para qué son los amigos.
Yoochun le sonrió,
cómplice. Changmin lo miró, perplejo.
-¿Amigo?
- ¿O no? - Yoochun le
devolvió la mirada, desvaneciendo su sonrisa entusiasta lentamente. Trozó la
galleta en sus manos, despacio.
- Si...si, ¿por qué
no? Amigos... - asintió Changmin, - después de todo me estás ayudando...eres el
único realmente interesado en ayudarme a
hacer justicia...
- ¿Oh? ¿Ya no quieres
vengarte?
- Si. Eso también.
Cada día que pasa sin resultados más ganas me dan de devolverle a ese maldito
cada golpe que le dio a mi EunHa...
- Podrás hacerlo,
Changmin. Menos lejano de lo que crees.
***
Es una pesadilla. Y
no sé que es peor, quedarme esperando por Yoochun sin hacer nada o ir a la
estación de policía a intentar resolver algo del caso por mi cuenta.
La última vez que fui
me salieron con una reverenda idiotez.
Como siempre, le
exigí respuestas al jefe de policía. Me dijo que no podía externarme nada por
el momento. Fui entonces con dos detectives.
- ¿Y usted es...? -
inquirió uno de ellos, tecleando algo en
su computadora.
-¡¿Quién soy?!- le
escupí.
- Eso le pregunte yo.
¿Usted tampoco lo sabe?
- Shim Changmin,
subgerente de una de las más fuertes sub-compañías financieras de Seúl,
secretario o mozo del gerente del Banco
General le llaman, - recitó el otro, leyendo de una libreta- lo apodan Min o Minnie y algunos El faldero
Max, nacido el 18 de febrero de 1988, 25
años actualmente, 61 kg y mide 1.86, sangre tipo O, muy rara, por lo
mismo es de carácter fuerte...aun lleva su anillo de bodas a pesar de que han
pasado 4 meses, cinco días y 7 horas desde que enviudó oficialmente, le gusta
comer ramen, ramyon, yakisoba, bulgogi,
sopa de calamar, que puede engullir perfectamente gracias a su profunda garganta, y de postre mandarinas, pasteles de
fresa, vainilla, pays de mora y leche!
- ¡Ah, increíble! -
lo aplaudió el primero cuando terminó su
perorata. Imbéciles...
-¡¿Y por qué me
investigaron a mi?!
-Comprenda, hay que
descartar todas las posibilidades...
-Pero si no han hecho
más que eso! Eso es inútil! ¡Mientras llenaron hojas con mis datos y mi gusto por los pasteles de moras...!
-¿Los pays de moras
no?
- ¡Es igual! El
asesino de mi esposa sigue libre por sus estupideces!
-¿Qué pasa?
Estaba a punto de
saltar sobre el detective cuando Yoochun llegó.
-Estos idiotas! No
han hecho más que investigarme a mi! - no resistí el impulso de decírselo,
aunque después me sentí un niño pequeño
acusón.
-¿Sí? Veamos...
Para acrecentar mi
consternación Yoochun, que supuestamente estaba de mi lado, se puso a
revisar las anotaciones de la libreta
con interés.
- Es una excelente investigación,
señor Jung, -lo premió después de leerlo todo.
-Lo es en verdad, -
sonrió entusiasmado el aludido.
-Pero tiene un error.
-¿Dónde?
A pesar de todo
Yoochun no dejaba de sonreír.
- Al señor Shim le
gustan los pasteles de fresa y vainilla, sí, pero sólo hechos por mí.
- Ya. Solo hechos por
Paku- shi, - anotó. Todo esto parecía una
mala broma. Yoochun asintió.
-Dejen de escribir, -
intervine, irritado, - lo importante..., - respiré, - el caso.
Aclararon sus
gargantas los detectives, mirándose.
Yoochun me miró.
- De eso no podemos
decirle nada, señor Shim. Esto va más allá
del incidente con su esposa así que no
podemos decirle nada.
-¿Más allá?
- ¿Se refieren a las
muertas de Ulsan? - preguntó Yoochun, de pronto estaba serio.
- Sí. Y las de Daegu.
- No le digas más,
Kim!
-Perdona...
- Y sin embargo, aún
no tienen idea de quién es el culpable?
ni una sola pista? - insistí.
- ¡Así es, señor!
- Gracias por su información,
inspector Jung, - terció Yoochun. Volteó a verme y me tomó del brazo para
sacarme de ahí.
Ya afuera, después de
respirar profundo, sintiendo el aire fresco en mi cara, me tranquilicé.
-Esos detectives son
de verdad inútiles...,- refunfuñé, -si ese tipo de gente está a cargo de
investigar estas cosas...
Tragué saliva. Pensar
que jamás resolvería el asesinato de EunHa... me hizo sentir como si apagaran todas las luces
de mi existencia.
-No es una sorpresa
que aun no lo hayan podido resolver, - Yoochun apoyó una mano en mi hombro, -
pero no pensemos más en eso.
Asentí y seguimos
caminando. Algo me removía los pensamientos, además del caso del asesino.
Yoochun.
-Así que tú... ¿sabes
mucho de mí? ¿Me has investigado también?
Sonrió.
- No a ese grado.
Solo sé lo importante hasta ahora.
- Seguí caminando,
viendo el suelo.
-¿Hechos por ti?
-O comprados mejor.
Porque no cocino tan bien. Vamos, comamos algo dulce que nos ayude a pasar el
trago amargo.
-Entonces... ¿nuestro
destino ahora es la cafetería?
- Sí. Está decidido.
Uno de fresa para ti y uno de vainilla para mí, a mi cuenta.
¿De verdad podría
pagarlos? Pensándolo bien no tenía idea a que se dedicaba Park aparte de sacar información de los idiotas policías y de chismes. Cada
día me sorprendía más este curioso sujeto que me había topado de la nada. Era
como si después de mi tormenta viniera el sol. Pero mi clima seguía nuboso,
amenazando con resacas aún a pesar de Yoochun y su ayuda.
***
Bebía frente a él.
Era de noche y Yoochun había llegado rápidamente a casa de Changmin en cuanto
lo escuchó balbucear y decir incoherencias por teléfono. Cuando llegó lo
encontró sentado en la mesita de la cocina con una botella de soju en la mano, otra
rodando por el suelo y un vasito de soju volteado al lado de su mano. Entonces
recordó la fecha.
Hacía 9
meses que su esposa había muerto. Junto con su hijo, su bebé no nato.
Yoochun lo observaba, tranquilo, hasta que consideró que había bebido suficiente
y le detuvo la mano sobre la botella.
-Creo que has bebido
suficiente...
Changmin forcejeó
hasta que la botella rodó por el suelo.
-No
entiendes...déjame... ¿no ves que hoy...pude haber sido padre?
Papá...papitooo..., - lloró Min.
- Te entiendo. Pero
hay que ser fuertes. Los que amamos y
nos dejaron atrás...,- Changmin ahogó un
sollozo y Yoochun le pasó un brazo por los hombros, - te robaron la luz y la inocencia de un mundo feliz y
simple. Sientes que caes al vacío, pero, ¿sabes?, a nadie le importa. Yo...
también enviudé...hace dos años, y hace seis murió mi novia poco antes de que
le pidiera ser mi esposa.
Changmin, apenas
logrando enfocarlo con los ojos, hizo un pequeño berrinche.
-El mundo es un
asco...- su lengua ya arrastraba las palabras, borracho como
estaba, - y odio el amoorrr...siento que vooyy en un barrco…que fluyeee con la
ma-marea y se va hundiendo poc-co a poco…gluglguugg….y que llegará zozobrando
al…un…al otro lado… - Changmin se reclinó sobre su brazo, apretando la botella en
su mano. Yoochun lo observaba, sintiendo profunda compasión. Compasión y…algo
más…
-A mi me importas, -
replicó, apartando la botella de soju de su alcance.
Changmin se reclinó
hacia él, pegando su frente a la
ajena. Yoochun lo miró a los ojos,
aflojándole la corbata para que pudiera respirar mejor y desacalorarse.
-Yoochuuunnn...tuuu...¿mequierress-ss?
Yoochun sonrió:
-Sí, claro que te
quiero, - le respondió, dándole una palmada en la espalda.
Riendo con
gorgoritos, Changmin pegó sus labios en los de Yoochun. Sus ojos se abrieron
con sorpresa, pero al notar los ojos cerrados del menor, poco a poco fue
cerrando los suyos y separando sus labios. Luego el propio Changmin fue quien
rompió el beso...y un poco del encanto.
Yoochun lo miró,
confuso…y fascinado de pronto por ese beso.
***
Estaba bastante
ebrio, pero la soledad o la necesidad me ganaban. Yoochun no dejaba de mirarme,
podía sentir su mirada… era tan dócil, dulce y a la vez enérgico, se imponía
aunque uno no quisiera, como si uno no sólo aceptara su presencia, sino que la
agradeciera.
-¿Todo bien? – me
preguntó, poniendo una mano sobre la mía. La retiré. Después del beso que nos
habíamos dado… su tacto me electrizaba. Yoochun aún me miraba.
-¿Qué sentiste?
Volteé a verlo.
-En el beso… ¿hay
algo en particular en mi que te gustó?
Tragué saliva y lo
miré a los ojos. La verdad no sabía qué responderle. No lo sabía, cómo
habíamos saltado de ser desconocidos a…bueno, a esto, pero se coló en mi vida
como una gotera que poco a poco lo inundó todo, lo transformó todo. Me cambió
todo.
Volví a sentir angustia y me recargué en el
sillón. Poco después, Yoochun se recostó a mi lado, pasó un brazo por mis
hombros y me jaló, recostando mi cabeza en su hombro. Lo miré sorprendido. El
aroma de su colonia penetraba en mi nariz con sutileza. Melancólico y
nostálgico, cerré mis ojos. Entonces Yoochun acarició mi pelo, rápido y un poco
brusco, como si no quisiera hacerlo realmente. Sentí su aliento contra mi
cabeza y luego sus labios.
Alcé mi cabeza para mirarlo a los ojos.
-Yoochun…. – no estaba pensando del todo bien,
no… y no quería pensar demasiado tampoco.
-¿Dime? – me susurró, con una voz grave y
sensual…
-¿Eh? – de verdad estaba bastante atontado, o
acaso era más la sorprendente sensación de atracción que su voz me provocaba lo
que me tenía hipnotizado.
-Dime, - sonrió. Sentí que mi cuerpo se
derretía…
-Bésame...
Dejé caer mis labios hacia los suyos, sin más,
y los suyos me atraparon. Eran besos cortos y suaves, pero cada vez
más…sabrosos. Como si me embriagaran en testosterona con su boca. Como si no
quisiera que me apartara de sus besos, puso su mano en mi nuca y me dejé
vencer, correspondiendo y besándolo como un adicto. Cuando me di cuenta ya
tenía medio cuerpo encima del suyo mientras nos besábamos el cuello y me
acariciaba los hombros.
-¿Hace cuánto…que no te tocas? – fue directo en
sus palabras y en su tacto, tocándome con sus dedos largos cuando en algún
momento quedé desnudo ante él. Besó mi ombligo, mi tórax, mis pezones y volvió
a mis labios. Correspondí. Me mordía, me lamía y me besaba con una pasión
devoradora y demandante. Y algo en mí me obligaba a ceder.
Cuando me puso su hombría frente a mí mientras
me atendía, no dudé en hacer lo propio, imitando sus movimientos y siguiendo
otro tanto mi instinto. Mi instinto que me pedía a gritos explotar. Su piel,
blanquísima, destellaba pequeñas luces, como si rayos de sol se filtraran por
sus poros.
Estaba tan aturdido que las sensaciones se me
mezclaban y trepaban, llegando a sentir como si dos bocas besaran mi piel al
mismo tiempo, una en mis pezones, la otra en mi erección.
***
Con una pierna entre las ajenas, y sintiendo la
rodilla ajena presionándole su hombría, Yoochun besó a Changmin con pasión,
llevándolo con la experteza de sus labios al placer negado y prohibido. Le
desabrochó la camisa, se quitó la propia y besó cálidamente sus pezones,
manteniendo esa fricción de caderas. Descendió a besos hasta su ombligo y
desabrochó su pantalón. Sacó su hombría y la metió en su boca. Luego lo invitó
a saborearlo a la vez que lo saboreaba. Changmin estaba necesitado y Yoochun
cada vez lo deseaba más. Coló una mano a su trasero y empezó a acariciar su
entrada con la yema de sus dedos. Changmin ahogaba los gemidos contra su carne
sin descuidar sus acciones, que lo estaban excitando tanto como lo que Yoochun
hacía con su cuerpo.
Sintió lo apretado que estaba, como sus
músculos tardaban en dilatarse lentamente contra sus dedos. Era su primera vez.
Sería su primer hombre, y dado el caso Yoochun lo poseería de una manera
inolvidable.
Al principio la sensación era incómoda y
desgarradora, pero poco a poco el calor y el placer tomaron el control de ambos
cuerpos y nada más importó que el placer y la sensación de la piel ajena, del
interior ajeno, del miembro ajeno. Changmin mantenía las piernas dobladas a los
lados mientras se tocaba, a ojos cerrados, y Yoochun lo embestía con una
cadencia exquisita.
-¡Ah!
Un punto secreto en su interior, una nueva
sensación inundó a Changmin por completo. Y los movimientos de Yoochun
continuaban, tocando de vez en vez ese punto del éxtasis.
Besándose con intensidad, enredados cuerpo a
cuerpo y labio a labio, con las piernas de Changmin obligando a la cadera de
Yoochun a despegarse muy poco de él y a invadirlo más rápido y más profundo, tocando
así ése punto sin parar, llegaron al orgasmo en poco tiempo.
***
Y yo que quería que
fuera una primera vez suave y lenta, con ternura, dado que sería nuestro primer
encuentro y era…la verdad, inesperado.
Pero Changmin parece
implacable. Arañando mi cuello, mi espalda…
En la sala, junto a
la mesita, sucumbimos al placer y a la lujuria entregándonos con brío. Cogiendo
lascivamente, con descaro.
Con la punta de los
dedos, con la punta de la lengua… queríamos desbordarnos, quería derretirlo.
Hasta que su aliento helado se volviera un sofoco ardiente. Mis manos, mis colmillos,
mi alma deseaban clavarse en él profundamente.
***
-Buenos días....
En qué momento de la
noche había llegado a su cama, no tenía idea. Pero era un hecho que Yoochun
había dormido a su lado. Y no sólo eso.
-¿Qué hora es? Tengo
que trabajar...- Changmin se levantó, desperezándose y desenredándose de los
brazos de Yoochun. Corrió a bañarse y se fue a trabajar, aunque sus
pensamientos se habían quedado en casa. Más específicamente, en la cama. En
Yoochun.
***
Abrázame. Sedúceme. Quiero que seas testigo
inmortal. Yo…puedo aplastar al dios que está agravando tu existencia miserable…
Hazme sentir más estable también.
***
Había pasado ya 10
meses y cinco días desde su primer encuentro íntimo. Ahora, Yoochun se había
instalado en una habitación vacía de la casa Shim. Aunque dormían juntos casi
diario...
Ambos salían a
trabajar a la misma hora, y después del atardecer se reunían para comer.
Changmin aún veía el
calendario con nostalgia, pero sentía menos pesada la carga sobre sus hombros.
Yoochun había logrado, de alguna manera, llenar el agujero que su viudez le
había causado. Aunque no era lo mismo, ni cercano, pero sentía que alguien lo
quería. Alguien lo esperaba en casa después del trabajo, lo escuchaba, lo
consentía a veces con regalos o cariños. Hacían el amor. Yoochun lo llevaba a
nuevas sensaciones y nuevos sentimientos. Amor, pasión, deseo desmedido, noches
de no dormir y no por el trabajo sino por haberse devorado por completo.
Cuando volvió el día
de su cumpleaños, Yoochun lo esperaba en casa con emoción. Había llenado la
mesa de la sala con regalos y había encargado un pastel. Todo estaba listo.
Cuando Changmin llegó y entró a la sala, Yoochun, sentado en el sillón,
simplemente dijo:
-Elige.
***
Quería hacerlo feliz.
Que sonriera otra vez. Quería conocer su sonrisa sincera. Y la tendría. Sabía
lo que le pesaba la fecha de su cumpleaños, el 18 de febrero, pero… podían
borrarse algunas nubes negras a pesar de todo. Yo las borraría.
Quería que Changmin
fuera para mí, que me debiera más que el ayudarle a hacer justicia, más que la
venganza. Que me debiera volver a ser feliz. Sólo entonces, yo me sentiría
lleno, y podría desbordantemente compartir con él mi propia dicha. Aunque ambos
fuéramos varones, por inesperado que eso fuese para mí o para él en un inicio.
Había una cierta…compatibilidad. Y me encantaba tenerla. Tenerlo. Delante y
atrás, hombre o mujer, amor y odio, luz y oscuridad, él o yo… ¿era posible una
mezcla tan prohibida…y tan perfecta? Sí. Lo era. Aunque dudaba por cuánto
tiempo más…
***
-¿Elige? – repetí, observando toda la sala.
Yoochun la había decorado con globos, con serpentinas y un gran, y mal
coloreado a mano, cartel que gritaba como una explosión de pastel “¡Feliz
cumpleaños, mi Changminnie!”
Al mirar la mesita encontré varias cajitas y
bolsas de regalo. Las conté con la mirada y luego lo miré a él, alzando una
ceja. Sabía que quería hacerme feliz, hacerme más llevadera la vida, sobre todo
esta fecha…pero… aún me era difícil. Tragué saliva, carraspeé y me senté a su
lado.
-¿Por qué tantos regalos? ¿Y cómo los pagaste?
No te mides…
-¿Hm? – Me pasó un brazo por los hombros, -
porque quería hacer algo especial por tu cumpleaños. Abre el que quieras
primero, los demás podemos guardarlos para otro año y otro día…
-Yoochun, te he dicho que no malgastes el
dinero en cosas inútiles… - repliqué, contrariado. No me dejó terminar la
frase:
-¡No son inútiles!
Lo miré con sorpresa mientras agarraba una de
las cajitas y me la tendía.
-Son especiales, para que sepas que no estás
solo. Que aunque nuestros trabajos nos consuman, o nos consuman nuestros más
viles sentimientos, estamos cerca el uno del otro.
Abrió la cajita, mostrándome su contenido. Era
una placa que leía el kanji “Luz”.
-Este es el primero que compré. Observa…
Sacó la placa de la cajita y la separó con sus
manos, mostrando que era una placa doble, que se dividía en dos partes
perfectas, dividiendo también el kanji. Cada parte tenía su propia cadena. Se
colgó la suya y me colgó la otra a mí.
-Es discreta y no es evidente, pero así te
recordará que debes buscar siempre la luz…y te recordará a mí también.
***
Discreto y no evidente… así había sido Yoochun
desde que llegó a mi vida. Agh… apenas puedo pensar con estas cadenas apretando
mi cuerpo…
***
No pude más. Apreté el colgante en mi mano,
haciéndome sangrar un poco y lo abracé. Yoochun sonrió, estrechándome.
-Feliz cumpleaños, Changmin…
-Gracias. Perdona mi primera reacción…fue…sin
querer…
-Lo sé.
Nos besamos, cada segundo más apasionados. Era
inevitable no dejarse llevar por sus besos hasta la cama.
-El primer beso de Changmin de 26 años,
-murmuró en mi mejilla.
-Idiota…no me hagas sentir más viejo y sigue
besándome.
-Vamos a tu habitación…quiero amarte toda la
noche…
No podía resistírmele. Era adicto a él, era
parte de él y él de mí. Éramos de nosotros.
……
………
……………
-¿Puedo?
-¿Eh?
Me le acerqué, pegando mi cuerpo al suyo.
-Yo también quiero hacértelo… ¿puedo?
Besó mis labios.
-Por supuesto que puedes.
***
Llegó el día… ¿cuándo? ¿O más bien, cuánto
tiempo llevo ya aquí, encerrado?
Yoochun ah…. ¿dónde estás? ¡Vuelve a ayudarme, bastardo!
Llegaste a rescatarme
del abismo…no me abandones ahora… ¿por qué me abandonó?
***
-Basado en las habilidades del asesino, en su
patrón, he podido descifrar su modus operandi.
-¿Ah?
Yoochun había llegado
muy entusiasta ese día. Dejó el portafolio, la chamarra, todo aventado sobre la
mesa de la entrada y había corrido hasta la habitación de Changmin.
-¿Qué decías?, - le
preguntó, levantándose del escritorio y acercándose a él.
- Los muertos a veces
dicen más que los vivos. Incluso, tras analizar a otras víctimas...puedo dar un
posible sitio donde ha de ocultarse...u ocultar a su siguiente presa.
Changmin apuró el
vasito de soju.
- Llévame. Quiero
despedazarlo...quiero arrancarle los ojos y la vida a ese bastardo.
-Vamos. Ésta noche lo atraparemos. Juntos.
Caminaron apresurados
por las calles en penumbra de Seúl, hasta alcanzar los barrios más vividos y
usados, donde todo menos la castidad había dejado su huella. El silencio era
apenas roto por algún chirrido de metal o madera, seguramente alguna puerta.
Yoochun giró a un callejón y Changmin lo siguió. Yoochun desenfundó una
pistola, se la dio a Changmin y sacó otra.
-¿Es aquí? - murmuró
Min, sintiendo el metal en su mano.
-No, pero estamos
cerca... prepárate...-le respondió en voz baja.
Subieron unas
escaleras de metal y se escurrieron por un estrecho pasillo oscuro. Bajaron
otras escaleras y Yoochun continuó unos pasos. Changmin lo siguió cuando, de la
nada, sintió un fuerte golpe cruzarle la cara. De inmediato sintió ardor, luego
frío, y quedó semi inconsciente. Pero sintió que era arrastrado y luego
arrojado. Alguien tiró de sus brazos tras su espalda y los ató. Luego el
silencio....
.......
.........
............
Lo despertó la sensación
de algo frío en su oreja, Abrió los ojos y se encontró con un cañón de pistola
***
Desperté aturdido. La
mitad de mi cara me ardía. Algo me había golpeado…. Pero, ¿qué? No puedo
recordar nada desde que entramos a ese lugar…todo estaba oscuro…de proo
Yoochun…fue como un relámpago… ¿Acaso él...me golpeó? No había nadie más ahí…
no se veía nada ni se escuchaba nada….debió ser alguien más, alguien nos
emboscó…eso…
Ahora… ¿dónde estaba yo? Una jaula… intenté
moverme pero mis brazos y pies estaban sujetos. Volteé hacia mi derecha y sentí
algo frío contra mi oreja. Una pistola. Alguien me estaba amenazando con una.
Tragué saliva. Sobre mi cabeza empecé a
escuchar respiraciones pesadas y un hedor a alcohol, tabaco y otras sustancias
llenó de golpe mi nariz cuando respiré por primera vez para recuperar la
conciencia del todo. Volteé hacia arriba lentamente. Máscaras. Negras,
blancas…no podía distinguir un solo rostro.
-Miren lo que el
Señor nos ha dejado aquí como muestra de su afecto… - dijo la voz detrás de la
pistola que me apuntaba. Luego empujó mi cabeza hacia abajo con su cañón.
-Deberíamos empezar
su fiesta de bienvenida… - dijo otra voz. El sujeto con la pistola entonces me
pateó contra el suelo. De inmediato todos los demás tipos que me rodeaban se
unieron a patearme. Sentí punzadas de dolor en mi estómago, mis hombros, mis
piernas, mi espalda…
-Álcenle el vestido,
- dijo otro con una voz profunda y siniestra. ¿Vestido? Apenas notaba que no
llevaba mi ropa puesta, sino un vestido…blanco…suave… ¡Ah! Cortaron las mangas
para bajármelo…y de paso me hirieron en los brazos con la misma navaja que
usaron. Hicieron lo mismo para alzarme la falda y bajarme lo que sea que
llevaba de ropa interior.
***
Los enmascarados abusaron de Changmin en todas
las maneras físicas que eso era posible.
Mientras cuatro de ellos lo sujetaban
firmemente contra el suelo, otro de ellos le introducía su miembro en la boca,
sacándolo sólo cuando las mejillas de su víctima estaban empezando a teñirse de
un rojo mortal. Luego lo elevaron con cadenas, dejándolo suspendido en el aire
y repitieron la operación, empujándole muchos a la vez sus excitaciones,
mientras Changmin luchaba por sobrevivir a la presión que sentía en su cabeza
al estar colgado con ella hacia abajo. Lo golpearon de nuevo. Lo pusieron a
gatas y uno de ellos lo sodomizó con una de sus armas. Luego le introdujo su
virilidad, haciéndolo sangrar. Después lo invadió otro y otro. Le mordieron el
cuello, la mejilla…
-¿Qué tal se siente? ¿Duele? ¿Lo disfrutas?
Ah…qué rico…
Lo pusieron boca arriba y le doblaron las
largas piernas sobre su cabeza. La rasgada falda del vestido le cubría el
rostro así que no pudo ver cómo lo mordían en sus muslos. Luego les pareció
divertido intentar asfixiarlo con la propia falda mientras volvían a penetrarlo
sin clemencia.
Llegó un espacio de paz y silencio en que quién
sabe a dónde se fueron esos sujetos. En el interior, Changmin no podía dejar de
sentir dolor en todos lados, aunque ya no lo estaban agrediendo. Y sangraba por
todos lados.
Volvieron dos de ellos. Lo golpearon para
espabilarlo y lo invadieron a dúo, uno debajo de él y el otro encima, apretando
su cuello y sus nalgas. Con lágrimas condensadas sobre sus ojos, apenas podía
distinguir nada más que el dolor, el silencio, la soledad, el abandono…
El colgante de Luz que Yoochun le había
regalado cayó al suelo en algún momento, mientras su cadena al reventarse le
había dejado una horrenda marca en el cuello a Changmin. Ninguno de sus
abusadores notó siquiera el destello metálico de la medalla antes de ser
pisoteada y quedar sepultada entre trozos de seda, sangre, polvo y otras
sustancias.
***
Vuelvo a los días irracionales de mi vida. Las espinas de la agonía son sofocantes. Me pregunto... cuanto
tardaran en llegar a mi corazón? La muerte...Aterra, hiere...pero sobre todo...
aísla...
Rogué a Dios por
ayuda, por alguien que me ayudara a resolver el asesinato de EunHa y a
vengarla… y en lugar de eso me había enviado un demonio a destruirme. A quebrar
mi existencia. A deshebrar y deshilachar poco a poco cada parte de mi razón, de
mi alma, así como este vestido estaba deshilachándose y cortándome…
No importa ya el pecado, si no queda nada en tu
interior.
Se abrió la puerta,
oculta en algún lado de las sombras. Escuché los pasos conocidos de Yoochun.
-¿Yoochun? ¡Yoochun!
Caminó hacia mí,
lentamente. Yo podía distinguirlo apenas, de reojo.
-Grité por ti, rasgando fuera de mi pecho mi debatido
corazón.... ¡Y tú me
abandonaste aquí, a merced de esos hijos de puta! - le espeté cuando lo entreví
en la cercanía, alzando mi cabeza, - ¡Respóndeme! ¡¿Por qué me dejaste?!
Sacó de su bolsillo una llave, abrió la reja de la jaula
y entró.
-Veo que te han
tratado bien. Tu trasero destella de carmesí y se nota desde aquí.
No podía creerlo...
¿sabía todo lo que me habían hecho? ¿¡Y por qué hablaba así ahora de mí, de mi
intimidad?! Parecía otra persona…tan distinta al Park Yoochun que había vivido
conmigo, que había comido y bebido lo mismo que yo, que había dormido a mi
lado…que…me había desvelado placer increíble…
***
Changmin estaba recostado,
atado tal como se lo habían dejado a esos sujetos. Llevaba puesto el vestido
blanco, algo percudido, arremolinado
sobre sus rodillas. Así pude ver que su trasero ya había sido domado. Yo ya lo había poseído, pero nunca en
este estado…la idea me fascinaba…
Tenía incluso
mordidas en el muslo y en una nalga. Cuando me vio cerca se intento alejar,
arrastrándose como un gusano. Con toda calma caminé hasta él y le pise sobre su retaguardia, presionándolo contra el suelo. Se quejó y de
su interior salió algo de líquido oscuro. Me senté sobre él, presionando su
espala con mi peso. Lo habían entrenado
y fustigado tanto que apenas y luchaba. Y aunque se quejaba, me gustaba. Me
gustaban las perras dóciles, castradas o no. Tomé un dildo, grande, que habían
dejado ahí olvidado, y se lo introduje. Volvió a quejarse y en respuesta se lo
empujé más adentro. Luego se lo saque y trate de metérselo de reversa, solo por
variar. Apenas y entro unos centímetros. Ah, esto me estaba dando ganas de más y más...
A cambio de tu temblorosa alma…Dios me dejará
satisfacer un último deseo contigo.
Crear Luz para luego quebrarla… era un
experimento que desde hacía años había querido intentar, y que oh, cómo estaba
disfrutando ahora.
Esta noche, amar o morir. En un lecho que aún
huele a sangre fresca de un muerto. Enredados en una rica tragedia… nuestro
juego prohibido… como si no fuéramos a vernos de nuevo… y probablemente no
volvamos a vernos. Las manchas negras
cubren y destruyen la luz. Ah…sí…sí, ésta sensación…
Vamos a tallar el final, juntos, Changmin…MI
Changmin…
***
Me puso contra las barras de la jaula, me ató
las manos con lo que quedaba de mis guantes, juntas.
Me ató los tobillos con lo que quedaba de las calcetas. Escuché el sonido de su
cierre. Y me penetró con fuerza, sin estar siquiera lo suficientemente excitado
como para invadirme, abusando
de mi ya muy herida intimidad dilatada a
la fuerza. El dolor era aún más grande al sentirlo
crecer y engordar con cada embestida. Mi cuerpo era incrustado contra las
barras, torciendo mis miembros atados, torturados por la seda rasgada y por tantas heridas. No sabía ya por cuántos lugares más
sangraban mi cuerpo. Me sujetó del cabello y tiró de mi cabeza hacia atrás.
Mordió mi cuello y luego lamio hasta mis labios, mi mejilla, mi oreja. La
mordió, arrancándome un fuerte quejido, y susurró contra la sangre que cubría
mi tímpano y mi cuello:
-Por cierto…el vestido que llevas…es el vestido
de novia de tu mujer. El que llevaba cuando la encontraron muerta. Se veía
divina con él puesto, incluso cuando empezó a mancharlo de rojo…
Su risa. Su miembro. Sus dientes. Su piel
blanca manchándose de rojo igual que el resto del
vestido. Igual que mi carne. Igual que mi mente. Ni siquiera el odio y la
venganza resisten, destiñéndose en negro…
-Tú...fuiste tú...el
asesino de Busan...de Daegu...aaah....y de mi...de mi...mi…
Me embistió con todas
sus fuerzas, como si con eso quisiera partirme en dos...
- Un secreto de
supervivencia en un mundo impuro y cruel. Ahora me ves, ya no me escuchas, me
sientes, quizás no soy real. Yo puedo incluso bajar la Luna de un solo disparo,
- me murmuró. O creo que ésas fueron sus palabras. Ya…no puedo…he estado
cayendo en el vacío lo que me parece una eternidad… ¿cómo es que sigo vivo?
...si he de morir
así...solo...y ya lo sabía... ¿por qué he de llorar...?
…luego….oscuridad…
FIN
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