El príncipe de los bárbaros - Cap. 9
octubre 02, 2016
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El Rey de Ameria en todo su esplendor.
Las puertas del salón real se abrieron, era amplio al igual que los pasillos que había dejado atrás, a vuelo de pájaro captó que debían estar alrededor de unas doscientas personas, el techo era muy alto, las columnas eran blancas pues estaba cubiertas de caliza, estaba bien iluminado, el piso tenía motivos romboidales en blanco y negro con una larga alfombra azul, *como el cabello de Junsu, pensó*, que lo recorría en toda su longitud hasta el trono mismo.
Los guardias vestidos con su traje de fiesta dejaron paso a la comitiva del príncipe que venía ataviado con una semiarmadura que únicamente cubría el pecho, los hombros y el inicio de los muslos, dorada y negra como su armadura completa de guerra, sobre una camisa negra y pantalones de cuero, con su escudo de dragones dorados. El clima era muy malo, había llovido toda la noche anterior, corría un helado viento de montaña. Así que sobre la armadura llevaba un hermoso abrigo abierto negro con los filos de piel de armiño blanco. Con su corona de príncipe colocada sobre sus rebeldes rizos, con su espada en el cinto, la espada que estuvo a punto de cortar el cuello de Junsu.
El rey lo esperaba sentado en su trono. Changmin tuvo que apretar su mandíbula para no abrir la boca de la sorpresa que se llevó. Su pose real, con sus dos manos en los apoyabrazos de su dorado y reluciente trono, vestido de rojo y negro, en un traje que francamente le pareció muy delgado para el frío reinante, sin embargo como notó después el resto de la gente vestía igual, por lo que este clima no significaba lo mismo para su gente. La camisa roja incluso estaba semiabierta, lo único que parecía un poco abrigador era una estola roja en el cuello del chaleco negro.
Le llamó la atención que la corona y un objeto que debió ser su cetro estaban en un pedestal descubierto junto al trono, Junsu se había desprendido a propósito de los símbolos de su poder, seguramente en señal de rendición.
Sin embargo su pose misma, la manera de sentarse, la forma en la que con su profunda e intensa mirada dominaba el espacio, parecía decir “Soy el amo del mundo”… en todo caso era el amo con cabello azul de su pequeño mundo en Arai, en Ameria.
Apenas Changmin puso un pie en el salón Junsu dejó su sitio, descruzando la pierna se puso de pie, suspirando quedamente, pisando fuerte, hoy toda su vida previa terminaba para empezar la siguiente etapa, algo que nunca había pensado que pudiera suceder. Pensaba envejecer pacíficamente. Y ahora no tenía idea de su futuro, ahora todo estaba ligado a las decisiones que Changmin tomara.
A treinta metros pudo observar mejor su rostro, completamente arreglado, se veía bellísimo, sí, esa era la palabra. No era “masculino” o “imponente” era bellísimo, su piel estaba perfecta, el arreglo de su peinado, el adorno dorado que tenía entre los cabellos, sus brillantes ojos delineados en negro, “impactante”, tuvo que apretar un poco más la mandíbula, porque su miembro volvió a sentirse necesitado. No podía creer que pudiera su cerebro dirigirse en esa dirección cuando 1) en la mañana, hace unas pocas horas fue la última vez que estuvo entre sus piernas 2) el acto al que estaban asistiendo era extremadamente solemne.
Sin embargo se vio descubierto cuando la intensa mirada del rey se acompañó de una curva muy ligera y casi imperceptible en sus voluminosos labios. No era buena idea pensar en sus “voluminosos labios”, porque sin duda le sucedería que empezaría a pensar en otras partes incluso más voluminosas del pequeño rey.
Caminó logrando mantener por un pelo la conducta de conquistador, a un par de metros del trono se detuvo, la expresión seria y altiva que Junsu había adoptado le obligó inesperadamente a hacer una ligera reverencia con la cabeza. El rey tuvo que sonreír por su pequeña victoria, para nadie pasó desapercibida la actitud. Changmin levantó su cabeza y Junsu hizo lo que tenía que hacer, bajó con una digna actitud las dos escaleras sobre la alfombra azul, miró de frente al bárbaro, obligándole a mantener el contacto visual, enseguida puso una rodilla en el piso, con voz firme y grave exclamó:
- ¡Su majestad Shim Changmin, Príncipe de Ilani, Dueño de todo el continente de Ítalo!, bienvenido seas a mi país, la ciudad de Arai, el corazón de Ameria te da la bienvenida.
Todos los caballeros de Ameria que no estaban muy heridos y pudieron presentarse se hincaron de la misma forma que su rey, mostrando también su lealtad.
Antes de que Changmin pueda contestar el saludo. Junsu no paró de hablar.
“En realidad no tiene modales”.
- La victoria te sonríe y el pueblo de Ameria lo celebra. En este venturoso día, según los acuerdos a los que hemos llegado, yo Kim Junsu, décimo noveno rey de Ameria te entregó mi poder, dejando en tus manos el destino de mi pueblo, rogándote siempre que seas misericordioso con él. Mi vida está a tu disposición en el momento en el que desees. Mis ejércitos pelearán por ti cuando lo requieras.
- Yo Shim Changmin, príncipe de Ilani, te saludo, agradezco la bienvenida y tu confianza. Reconozco que ningún otro hombre, líder de su nación, como tu he hallado. Te considero un magnífico rival, un hombre de valor. (A parte de ser un excelente amante, no dijo). Delante de tu corte y de un grupo representativo de la mía, yo, acepto tomar a mí cuidado tu pueblo, así como también prometo que sus habitantes, no serán convertidos en esclavos, ni se les privará de su libertad, alimentos o ningún bien de ningún tipo. He venido para negociar y todo lo que deseo hacer es buscar el beneficio mutuo entre todas las naciones que a mí se han aliado.
“Por favor has que tus hombres cumplan tus promesas”…rogó Junsu en su fuero interno.
- Lo único que me llevaré a mi tierra en este momento que me es imprescindible serás tú mismo, como parte de mi corte y en ella vivirás como el resto de mis caballeros, me servirás hasta que yo decida que has cumplido mis deseos y serás tratado con todo el respeto de tu condición.
“Eso ya lo veremos”…
- Por eso desde hoy –alzando su poderosa y enorme espada- te nombro, Caballero Kim Junsu.
Puso la hoja de la espada desnuda en su hombro izquierdo y luego en el derecho apenas tocando su ropa.
Junsu asintió con gesto solemne.
- Ponte de pie Caballero Kim Junsu. Podrás traer los bienes que desees, así como los acompañantes que desees tendrás un lugar amplio para vivir cómodamente.
El resto de caballeros también se pusieron de pie.
- Mi señor, si me llevas lejos de mi patria, ¿quién pues ha de gobernar esta nueva tierra tuya de Ameria…?
- Mi cuatro Mayor de escuadrón, el caballero Choi Kyuhyun, será el regente durante el tiempo que sea necesario. –sin girarse, estiró la mano derecha y llamó a su caballero, amigo leal desde la juventud y en quien confiaba por su rectitud e inteligencia-.
El implicado salió su sitio dentro de la formación que formaban los caballeros de Ilani, se acercó e hizo una reverencia a los dos soberanos. Junsu tomó su cetro del pedestal y se lo entregó a Changmin, quien a su vez se puso en las manos a su caballero mientras este aceptaba el símbolo de autoridad con la rodilla derecha en el suelo. Luego de tomarle juramento, se estrecharon las manos como un símbolo de paz y alianza. Entonces todos los presentes aplaudieron.
“El general Kim Junho no ha ganado el favor del bárbaro, no le permitirán suceder a su majestad Junsu”.
“Debe sentirse muy frustrado, esta era su gran oportunidad para ser gobernar por fin”.
Kim Junho sintió como su hígado y todo el resto de sus vísceras cambiaban de sitio en su cuerpo de tanta rabia que sintió al escuchar el aquel decreto, el resto de vasallos murmuraron a su alrededor, podía sentir la compasión de sus congéneres y eso le hizo sentir el sabor de la amarga hiel en su boca, externamente solo pudo morder con fuerza, aun cuando quería gritar, matar al bárbaro y a su hermano. Tenía que hablar con las criadas. Debía encontrar algo en los acontecimientos de la noche, algo que le pueda dar un arma para seguir combatiendo, esto no iba a quedarse así.
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- Y bien, ¿qué fue lo que oyeron?, no teman hablar porque Junsu nunca más será rey, como han visto él ha sido despojado de todo su poder, no podrá hacerles daño, y el bárbaro ni siquiera sabe que ustedes existen.
- Su señoría… bueno, la verdad es que ellos no hablaron mucho…
- ¿Cómo?...
- Sabemos que antes de que nos llamen a preparar el baño, un hombre muy anciano había estado aquí, pero ninguna de nosotras sabe nada de eso señor. Nos dio la orden luego de aquello.
- Bueno si nadie estuvo aquí antes es irremediable, ahora explícame eso de que no hablaron de nada…
Las criadas se sonrojaron y se agacharon al mismo tiempo, Junho las miró extrañado…
- Pensábamos que únicamente el príncipe de los bárbaros tomaría su baño, así que preparamos un juego de especias y agua caliente, sin embargo al nosotras anunciar que todo estaba listo vimos como entraron juntos al cuarto de baño. Su majestad Junsu trajo al otro hombre de la mano.
-¡¿Qué?!...
- Y por lo que oímos después…, ellos… -su sonrojo subió hasta sus orejas-.
- Lo que estás diciendo en MUY serio. Me quieres decir que su majestad siendo un hombre se acostó con el bárbaro…
- Es lo que oímos, su majestad gemía muy fuerte, como cuando los hombres están con las prostitutas en las casas de placer…
Esa descripción estuvo a un segundo de hacer sonrojar al mismísimo general.
- No necesitas hacer ese tipo de comparaciones, ¿qué sucedió luego?... –ellas se agacharon reticentes a seguir hablando, esto era demasiado vergonzoso-… si ya empezaste tendrás que terminar…-le indicó a la mayor-.
El general les había dado la misión de espiar que es lo que sucedía con ambos soberanos. Quería enterarse de los acuerdos que hicieran entre ellos, morbosamente quería saber si su hermano era torturado, así que había ordenado a este par de muchachas de la servidumbre que escuchen todo lo posible, durante toda la noche.
Las criadas sintieron como su ropa interior tornaba a mojarse al recordar. Al percatarse que los que se bañaban salían de la estancia, ellas habían continuado haciendo su trabajo de limpieza, vaciando la tina que contenía agua muy sucia y llevándose las toallas que no estaban mojadas. Cuando volvieron pegaron sus orejas a la puerta de madera que daba a la habitación real, lo que oyeron las sorprendió muchísimo, esas dos personas seguían teniendo relaciones sexuales, era muy aberrante para ellas, sin embargo los sonidos eran extremadamente sensuales, podían escuchar incluso el momento en el que los besos terminaban con un sonoro chasquido, su ropa interior se había humedecido bastante y sus mejillas se habían puesto muy rojas. Hincadas en el piso como estaban habían tenido que apretar sus muslos, porque su deseo les estaba jugando una mala pasada. Hubieran dado lo que sea para ver la escena que se desarrollaba adentro, las dos personas parecían disfrutar de la pasión de forma desaforada y extraordinaria. Se notaba lo placentero de su encuentro incluso a través de la puerta.
- Ellos salieron de la ducha y siguieron lo que empezaron en el cuarto de baño…
- ¿Toda la noche?...
- Sí, señor…
- Ustedes se quedaron dormidas…-dijo Junho sin poder creer lo que estas mujeres le estaban contando-.
- Imposible señor, con todos los ruidos que se oían…
- Así que no escucharon nada útil…
- Lo único diferente que escuchamos fue el momento en el que el príncipe de los bárbaros entonaba algo parecido a una canción, en un idioma como el que hablan los ancianos que vivían en Peonte. Era una especie de conjuro… es lo único…
- Un conjuro… mmm, ¿mi hermano dijo algo…?
- Respondió la última frase de la canción en el mismo idioma…
- ¿En el mismo idioma…? –pensó que Junsu nunca había estado en Peonte, tampoco le había escuchado hablar en aquella lengua, su madre no parecía haberle enseñado, ¿de dónde entonces podría conocerlo?-.
- Sí señor…
- ¿Y luego al amanecer…?
- A esa hora parecieron dormirse y nosotros fuimos llamadas a continuar con nuestros deberes…
- ¡Maldición!, debieron quedarse hasta que despierten… ¡Maldita sea!...
Las criadas murmuraron entre ellas, luego se decidieron, querían ser útiles después de todo, aunque no estaban seguras de qué podría significar lo que sabían.
- Mi señor, hay algo más…
- ¿Qué?...
- A la mañana siguiente de haber echado el agua de la tina en la que sus majestades tomaron el baño, sucedió algo extraño… el sitio donde tiramos el agua estaba lleno de rosas rojas florecidas que no estaban allí antes y que en esta época de invierno no lograrían sobrevivir.
Kim Junho solo frunció su ceño y dejó a las criadas después de pagarles con un par de monedas de oro, pensando en que el bárbaro era toda una cajita de sorpresas. Era homosexual y había cantado un conjuro mientras se follaba a su hermano. Definitivamente debía tener una gema en el cuerpo, sino no hubiera sido posible semejante cosa. Entonces entendió lo que aquel hombre había venido a buscar. El bárbaro debía conocer que era lo que significaba el diamante en la piel de Junsu y quería usar aquel poder en su beneficio. “Tampoco es diferente de mí, ha hecho muchos sacrificios de inocentes para encontrar lo que desea, él ha hecho cosas peores”. Y su odio creció.
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El momento de mayor tensión debía desarrollarse ahora. Changmin y Junsu como aliados salieron caminando lado a lado hacia el enorme balcón que daba a la plaza mayor del castillo. Junsu se dirigió a su pueblo como lo había hecho miles de veces antes, al verlo todos le aplaudieron, ninguno de sus súbditos le miraba con desprecio, todos ellos se habían enterado de lo valiente y hábil que se había comportado para defenderlos, a pesar de tener una extraña personalidad siempre fue justo e hizo que todos vivieran en buenas condiciones. No fue cruel y administró los bienes sin malgastarlos.
Agradeció la lealtad y la confianza depositada. Luego rogó perdón por su falta de habilidad en hacerles permanecer independientes. Explicó los términos en los que se había desarrollado la alianza y como desde ese día se viviría bajo las leyes del pueblo de Ilani. Muchos se tranquilizaron al saber que no serían esclavos, ni tendrían que cambiar la forma en la que vivían. Entonces Junsu presentó a Changmin como el nuevo rey. Una vez más todos los ciudadanos se hincaron haciendo una reverencia. Ameria tenía un nuevo rey. Shim Changmin, Príncipe de los Bárbaros quien a su vez presentó al caballero Choi y le encomendó públicamente cumplir con sus mandatos.
Por fin el momento de más difícil y el que más le preocupaba a Junsu había terminado con éxito, su pueblo había aceptado a Changmin, no había explotado el caos y él no había sido condenado a morir, así que podía continuar el festín. Enseguida varios sirvientes trajeron mesas llenas de delicias para el banquete, todos los invitados fueron maravillosamente agasajados, las carnes de los animales de montaña eran las más deliciosas y nutritivas. Varios postres de variados colores y manjares de todo tipo.
Changmin no pudo ocultar su alegría, sus ojos se ensancharon y brillaron así que olvidando cualquier forma de cortesía tomó una de las bandejas más grandes y comenzó a llenarla con todo lo que había. Junsu se sorprendió pero no podía culparlo de nada, también estaba famélico. Así que comieron con gusto. Sin dirigirse la palabra.
Entre tanto el resto de comensales se hallaba conversando, unos con preocupación, otros con expectativa. Muchos entablaron conversación con los extranjeros. Fue así que el caballero Jung y el caballero Kim Jaejoong se encontraron en una de las esquinas de la mesa del banquete. Chocaron sus miradas y esa sensación de que mirando el fondo de los ojos ajenos el mundo normal desaparecía se volvía a sentir. Fue muy difícil contener una sonrisa. El caballero Kim era hermoso como nada en mundo, su piel blanca y perfecta, sus ojos verdes, su cabello rojo, su traje blanco y dorado solo lo hacía parecer un ángel. No podía despegar ni un segundo los ojos de él. No se acordaba que debía estar siempre pendiente de su mejor amigo. Sus obligaciones no existían si Kim Jaejoong comía una fresa, sus labios se veían igual de apetecibles que aquellas frutas. Conversaciones poco útiles se desarrollaban entre los dos pero nada había que rompa su burbuja.
Luego del banquete, el salón fue limpiado eficientemente y varios músicos más ingresaron con instrumentos de cuerda y percusión, bailarines y bailarinas se colocaron al centro y empezó un espectáculo para el disfrute de los conquistadores. Dos tronos se habían colocado en el altillo Junsu y Changmin estaban sentados codo con codo. A pesar de que a los caballeros de Ilani no les había agradado esta situación, su príncipe ni siquiera había tomado en cuenta eso. Provocó un malestar pues estaba haciendo diferencias entre sus caballeros, ninguno de ellos se sentaba tan cerca, pero Junsu disfrutaba la fiesta a su lado. Sin cambiar su expresión y sin hacer notar la seriedad de su conversación siguieron mirando al frente mientras hablaban.
- ¿Te has enterado de cuáles han sido tus pérdidas?
- Quinientos soldados de a pie, cuarenta arqueros, doscientos caballos. Muchos amigos y compañeros, por lo que supe tus pérdidas son mayores.
- Sí, por mucho. –Quiso cambiar de tema para evitar que Junsu se pavonee de sus minúsculas victorias- ¿Tienes caballos a la venta?, me gustaría comprar varios alazanes.
- ¿Para qué necesitas más caballos?...
- Tus caballos están entrenados para maniobrar en estas tierras altas, los necesito para invadir Nívea.
- Así que quieres ir a Nívea… -Junsu se exaltó solo un poco, sus cejas se elevaron luego con rapidez volvieron a su sitio-. No necesitas ir con un gran ejército a Nívea.
- Lo mismo me dijeron para venir aquí y casi termino muerto.
- Nívea es un reino muy pequeño, mucho más pequeño que este y muy lejano.
- Se ve que lo conoces bien.
- La reina Amelia y su hermano el Príncipe Astor son mis parientes y amigos. Si voy contigo haremos alianza sin pelear. Puedo escribirle ahora mismo. Para que esté lista a recibirnos.
- Vaya. Todo esto es cierto o ¿me llevarás a alguna otra trampa?
- Tienes en tus manos la vida de mi pueblo, cómo podría engañarte, yo, soy un hombre muy honorable. –Esta vez no escondió ni un segundo su ceño fruncido-.
- Mejora la cara, vamos, que tus súbditos pensarán que hay algún problema. Sé que eres honorable. Más tarde decidiremos qué es lo deberás escribir en la carta.
- Sí, su majestad. –vaya que le molestaba sobremanera, cuando Junsu usaba los honoríficos siempre lo hacía con un tono que no parecía para nada respetuoso-.
- Al fin, ¿me venderás o no los caballos?
- ¿Cuántos quieres, y con qué vas a pagar? –aun los quiere, Amelia no estará dispuesta a luchar reflexionó-.
- Quiero doscientos, entre ellos muchos alazanes y pagaré con oro y plata…
- Mañana quiero los cofres en los cuarteles del sur, 200 monedas por cabeza, los caballos serán entregados al medio día.
- Si eres tan complaciente le quitas lo divertido a los negocios.
- ¿Entonces pagarás sin regatear?
- Sin duda… por esos ejemplares pagaría hasta quinientas monedas.
El precio que Junsu había pedido era por mucho más alto de su valor real, sin embargo Changmin estaba dispuesto a pagar hasta 5 veces más. Su pueblo estaría agradecido por la ventajosa venta. Sonrió por su nueva victoria.
En un momento una comitiva liderada por los ministros de Ameria ingresó al salón, ellos acompañaban a un pequeño palanquín, decorado en dorado y rojo. Haciendo que los danzantes se dispersen y el tono de la música se reduzca hasta casi hacerse imperceptible.
- Su majestad Shim Changmin, Su majestad Kim Junsu Rey de Ameria…-dijo un hombre mayor pidiendo permiso para hablar a la vez que hacía una reverencia-.
- Adelante, preséntate…
- Yo Kim Kibum, Ministro de hacienda de esta nación, quiero reconocer tu nueva autoridad con un presente. Se nos ha dado la orden de hallar a una hermosa doncella para ofrecerla a ti en representación de nuestros lazos de amistad y como símbolo de buena fortuna.
Changmin abrió los ojos sorprendido, sin poder ocultarlo volvió su mirada a Junsu, él solo asintió sin mirarlo, “Ah, entonces esto lo ha planeado él. ¿Cuál era su objetivo?”. La mujer vestida un traje amplio y vaporoso de color blanco salió del pequeño vehículo. Su cabeza estaba cubierta por especie de adorno y un velo que no permitía ver su rostro, enseguida hizo una reverencia al príncipe quedando postrada sobre la alfombra. Aun sin entender Changmin hizo un gesto aceptación y con solemnes palabras agradeció la ofrenda e hizo que Jung Yunho se la lleve a la habitación en la que reposaría en la noche. Cosa que todos tomaron con agrado.
No pudo formular ninguna pregunta pues la música llegó a un momento más intenso y la danza que había iniciado nuevamente se volvió más rápida. Entonces una bailarina se acercó y haciendo una reverencia delante de Junsu le invitó a unirse. Según la costumbre no podía negarse así que se levantó, y tomando la mano de la muchacha empezó a seguir el ritmo establecido. Sus movimientos eran flexibles y amplios, seguían perfectamente el compás de la música. El bárbaro levantó sus dos cejas al observar lo fluidos y elegantes que eran los movimientos, así como lo complicado de la coreografía.
La gente de Ameria creía en varios dioses, uno de ellos, Ismael, se complacía cuando las ofrendas eran estás intrincadas danzas. Esta precisamente se llama “Protección y Prosperidad”, y se desarrollaba siempre que el pueblo se encontraba en una situación de peligro y que necesitaba protección de sus dioses en tiempos de cambio de estación climática, durante la sucesión de un rey, durante una plaga.
El color rojo se relacionaba con la fecundidad de la tierra, con la abundancia por esto todos los bailarines vestían ese color, incluso el mismo Junsu, era una plegaria conjunta por un futuro mejor. Los lazos que formaban con sus brazos y las piruetas eran cada vez más grandes, luego todos empezaron a girar con el brazo derecho unido al centro y los brazos izquierdos por fuera, mientras rodeaban al rey que giraba en el centro. Cada vez más cerca cada vez más rápido, los sonidos más agudos explotaron dentro de la canción, la velocidad llegó al máximo, súbitamente se produjo un silencio Junsu quedó completamente quieto con sus manos levantadas mirando directamente a los ojos de su nuevo rey. Todos los bailarines estaban en actitud de desmayo en el suelo. Toda la gente de Ameria tenía sus cabezas bajas en señal de oración.
Changmin quedó impactado por la sincronización, la belleza de la música y la perfecta coordinación de todos en la danza, entendió porque el cuerpo de Junsu era tan flexible y hábil para la batalla y otras cosas. Sonrió, no se atrevió a aplaudir para no romper la solemne atmósfera.
Luego de aquello todo fue más liviano. La música fue más relajada y alegre. El resto de invitados se sumaron al baile. Incluso unas muchachas invitaron a los ilianos a bailar y estos aceptaron de buena gana, excepto dos.
- ¿Has visto a esos…? –Changmin miraba a su amigo sonreír sin miramientos mientras hablaba con el primo de Junsu-.
- ¿Qué piedra tiene el caballero Jung? –entendiendo la situación, el rey, hizo la pregunta correcta-.
- Una amatista… ¿y el caballero Kim Jaejoong? –Respondió el príncipe-.
- Tiene dos circonios en su espalda.
Al parecer las joyas tenían una especie de magnetismo cuando sus coloraciones eran opuestas. Ideas como estas llenaban la cabeza del príncipe. “No he visto a ese viejo malnacido otra vez, no se ha aparecido en medio de la fiesta, él sabe muchas cosas sobre las joyas. Al parecer ellos también son parte de esta historia”.
- Hacen bonita pareja, él es muy alto –dijo señalando a Yunho- y él muy blanco –señalando a Jaejoong-. Mi primo es muy hábil para muchas cosas y es muy fuerte. Y a la vez muy amable.
- Mi mejor amigo Jung Yunho es el hombre más leal con el que cuento. Me ha acompañado desde mi adolescencia. Es fuerte y es un jinete invencible…
- También es muy apuesto. –Junsu no pudo evitar interrumpir, no cabía duda que el hombre lo era-.
Changmin dejó de mirar a los caballeros que conversaban alegremente para enfocar su mirada molesta en la cara de Junsu que enseguida sintió el fuego de la mirada ajena y volteó a verlo.
- ¿Por qué me miras así?, ¿No te parece apuesto?...
- No, no me parece a apuesto, quien me parece apuesto es tu primo Kim Jaejoong…
Junsu no pudo evitar sentirse molesto. Entonces entendió la reacción del príncipe por su comentario anterior. Estaba celoso. Sonrió y no volvieron a mencionar el tema.
Changmin tenía muchas cosas de las que hablar con Junsu, sin embargo no sería bien visto si se quedaba solo con él y pasan toda la noche juntos, así que indicando que tenía algo que decir se llevó a los que conversaban y a Junsu aparte. No sin antes dejar a Choi Kyuhyun al mando de las actividades en el salón. Las criadas los condujeron al salón del consejo en donde una enorme mesa cuadrada de madera dominaba el espacio.
El pasado nunca muere - Cap. 9
octubre 02, 2016
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Cerró los ojos esperando el golpe, se lo merecía, lo sabía.
Sin embargo...
Junsu de un salto estuvo a horcajadas sobre el otro comiéndole la boca desesperadamente. Su instinto de jefe le hacía sentirse ansioso y no era solo por su arrolladora necesidad de sexo, era algo que oprimía su corazón..., necesitaba desahogarse y pronto. No sabía cómo, solo le dio rienda suelta a ese nudo doloroso que se había enraizado en su cuerpo.
Cayeron juntos sobre el colchón.
-Sí, así es como te quería tener…-el tono arrogante en el que el policía exhaló, sacó un chasquido de desaprobación del pequeño, pero su sonrisa le obligó a seguir-.
- ¡Cállate!, porque si no comenzaremos a pelear…-dijo todo lo odioso que pudo, aun con su boca sobre la otra-.
- ¿Y no follaremos…? -había burla en su voz, pero no podía negar que era sorprendente la reacción, lo tomo con la guardia baja-.
-Idiota…-Changmin rió complacido con el insulto, cualquier cosa que saliera de su boca en ese tono grave y con su ardiente aliento sobre su boca sería una dádiva divina, le provoco cosquillas hasta la columna vertebral-.
-Ven…seré cuidadoso…-dijo sin ninguna intención de ofuscarlo, acomodando sus brazos, con las manos abiertas sobre la espalda de Junsu que seguía sobre su propio cuerpo-.
-¿Cómo que serás cuidadoso?...-negó inmediatamente-...Yo seré cuidadoso…-dijo en un reclamo, esta sería su primera vez y no quería pasarla como uke, vaya Changmin abusivo-.
- Yo soy más grande…-le hizo notar pretenciosamente su admirable tamaño al levantar su pelvis desafiante y frotarse contra él-.
-Bueno...pero...Yo soy el jefe...-dijo no muy convencido-.
*Ok Junsu ÉL está muy grande, eso es bueno..., y es MUY malo si nos acordamos que esta es tu primera vez y va a acabar con nosotros, va a destruirnos*... “gracias conciencia por acabar con lo poco que me quedaba de valor, siempre tan oportuna”...
- No hay pero que valga, ya habrá otras ocasiones…, además me debes un paseo emocionante, ¿no recuerdas que el otro día te salvé la vida en ese bar?
- Ni me acuerdo...-hizo caso omiso del recuerdo de la niñez que el más alto quería evocar con esa declaración “un paseo emocionante”-...además luego de eso estuve preso...
-Solo ven…-las enormes manos lo detuvieron y acariciaron su rostro con cariño, su sonrisa le sedujo e inevitablemente sonrió devuelta...
*Estas jodido Kim Junsu*...”Me lo dices como si no lo supiera”...
-Eres un maldito...- se reclino sin poner resistencia pues se había rendido ya desde que decidió subir con él, se relajó un poco al sentir su anhelado calor-.
*Que rápido te dejas convencer* “¿Tú no le creíste cuando dijo que ya habría otras oportunidades?...”...*Claro que no, él solo quiere metértelo y nunca te dejará hacer nada, es policía, le encanta someter a la gente, recuerdas…?* “Me agradas conciencia…” *Tonto, ya te perdimos*…
Todo en el cuerpo de Changmin, era nostalgia, su aroma, su calor, sus ojos, su sonrisa, sus frases típicas, su cariño, sus brazos. Ya no eran tiernos niños, ahora eran hombres, en todo su apogeo, sin embargo se sentía como viajar en el tiempo, un tiempo en que todo era feliz.
Junsu desde su dominante posición jugaba en su propio juego con su lengua y la de su adversario, meticulosamente, explorando todo, imprimiendo su marca, su sabor era increíble, no podía compararlo con nada existente, quería hacer más y más profundo el beso, no sabía cómo y hundió sus manos en el cabello abundante y sedoso del otro hombre para sostenerse del cuero cabelludo.
Besó con toda la pasión que pudo besarle, sentirle parecía devolverle un poco de alivio, de paz. Cuando sus pulmones, que eran muy buenos se quedaron sin aire, descansó en el cuello de aquel, aspirando su aroma embriagador, tal vez eso era lo que lo había vuelto loco, sentía las manos ajenas recorrerle el cuerpo, sentía que no tenía tiempo que perder y empezó a besar con avidez la piel que emanaba esa fragancia, sí, era perfecta, salada.
*Más*...
Paseó sus labios y su lengua por toda la piel que se le ofrecía. Mordió el cuello lleno de músculos cuando las manos ajenas se posaron en sus nalgas apretándolas inmisericordes.
Mientras el pequeño jugaba con su cuello, nota aparte valga decir que era enloquecedora la sensación de sus labios y su lengua, no importaba ni un poco el dolor que le provocaba las manos que aprisionaban su cabeza, es más todas las sensaciones eran bienvenidas. Se recreaba al acariciar todo lo disponible, su cabeza de cabellos color sangre, su nuca, su espalda fuerte y trabajada, palmo a palmo, el canal de su columna vertebral incluso por sobre su ropa, sus piernas y por fin sus nalgas, sí, esas que parecen implantes de lo grandes que son. Se llenó las manos con glotonería, amasó con fuerza. Le sintió gemir y morder su cuello cuando apretó un poco más, fue música para sus oídos. Obligó a los cuerpos a girarse. Quedó ahora sobre él.
-Ah... Junsu...- no pudo atrapar en su garganta el jadeo que se le escapó al sentir los dientes herir ligeramente su carne estimulada-.
La misma infantil sonrisa que recordaba apareció en el rostro del pelirrojo, esa sonrisa que le había permitido mantener la esperanza, la sonrisa que le había hecho nunca olvidar y siempre querer volver. Esta sonrisa que ahora tenía tintes seductores y le hacía promesas obscenas.
Sonrió encantado, sincronizó una risita ronca y grave con la de su amigo, acarició con su nariz un poco húmeda la del hombre que ahora tenía el pulso agitado bajo el.
Besó con adoración las comisuras de los labios que no quitaban de ellos la hermosa sonrisa, luego besó cada centímetro de su rostro, no sabía que estaba tan enamorado, porque solo ahora lo comprendía en su verdadera magnitud el sentimiento que había madurado, ahora entendía porque se disfrutaban tan plenamente, tan completamente, no había un solo atisbo de vergüenza, incluso a pesar de que esto no era un juego inocente, estaban enamorados.
Si era correcto o no, si era el momento correcto o no, nada importaba, solo este preciso e íntimo momento.
Le sintió levantar su cadera y su sangre se inflamo de deseo y empezó a mecerse contra la pelvis totalmente inflamada del otro, frotó su necesitado miembro en busca de alivio...tal vez ya era hora de quitarse la ropa... estorbaba bastante, sabía que tenía algo pendiente, pero ya no recordaba qué.
Observó cómo cerraba sus ojos, tratando de absorber todas las emociones, le vio abrir sus labios y jadear. El aliento exhalado fue un detonante de su libido, más aun cuando aquel se unió al movimiento de una forma un poco torpe, pero efectiva, tratando de obtener todo el contacto posible, meciéndose contra él de forma violenta.
Era muy adorable, verle desesperado quitando a medias, la ropa, de la forma en que podía sin lograr su cometido. El moreno más experimentado, le tuvo piedad y soltándolo solo un momento se puso a horcajadas y se elevó sobre él, le hizo ver la magnífica presencia de su tórax desnudo, de piel achocolatada, sudoroso, firme, con la respiración acelerada, el pelirrojo abrió la boca en franca admiración, luego se sentó frente a él y levantó los brazos, era la orden, para ser desvestido también.
Tomó la camisa solo un poco más abajo de las solapas y con fuerza la abrió haciendo que todos los botoncitos salieran desparramados, estiro la tela hacia arriba y libero su pecho, era perfecto, no cabía duda, tonificado, no tan grande como el suyo, pero ligeramente dorado, de pronto, Changmin se fijó que había varias cicatrices de varios tipos en la piel del tórax y el abdomen del pequeño, unas profundas y otras no tanto, no se notaban mucho pero eran preocupantes, por observar la piel ajena no se había percatado que las manos del otro estaban en su cinturón intentando quitárselo. Terminó la tarea con dificultad.
Respirando pesadamente, Junsu se detuvo un momento, sin saber cómo continuar, el moreno se bajó de la cama y se quitó por sí mismo el resto de la ropa, los ojos que lo observaban parecían comérselo con la mirada. Se sintió alagado, con un dedo empujó el tórax del pequeño de vuelta sobre el colchón, y con una rodilla en la cama y el otro pie en el piso ayudó al pelirrojo al quitarse el resto de cosas que estorbaban, dígase de paso que fue una dura tarea, el cuero del pantalón negro estaba literalmente pegado a la piel húmeda de su trasero.
“Maldito cuero abusivo”, pensó.
Después de haber cumplido su misión. Volvió a colocarse sobre el cuerpo más pequeño, inmediatamente empezaron a frotarse uno contra otro, ahora sí con más fuerza y las sensaciones se duplicaron. Volvieron a besarse desordenadamente, ambiciosamente, con violencia, con pasión y porque no con angustia.
Junsu parecía percibir el estado de ánimo mortificado del otro que era notorio para el incluso en medio de la pasión, ese era el peso que sentía en el pecho, este sentimiento tan intenso y doloroso no era suyo, él se lo había contagiado.
El moreno en retribución por ese placer que iba creciendo repartió besos en cada parte del pecho ajeno, se sintió tentado a jugar con los pezones delicados y sensibles, no pudo obtener mejor respuesta. Muchos sonidos eróticos y húmedos de la boca ajena.
No fue considerado ni un poco, el otro solo podía retorcerse, el placer le nublaba la razón y estaba a punto de llevarle a la locura.
Luego el más pequeño jalo su cara de vuelta, extrañaba sus labios. Le apretó entre sus brazos con fuerza, recorriendo su espalda una y mil veces.
Mientras se abrazaban tratando de fundirse en un solo ser a pesar de ser imposible. Explorando, conociendo todo lo que las manos abarquen. Changmin dejó de aplastar el cuerpo pequeño y se arrodilló entre sus piernas, Junsu se asustó pensando que ya era la hora cumbre, sin embargo Changmin cerro su puño alrededor de su henchido miembro y con fuerza empezó a masturbarlo, al principio suave, como si estuviera reconociendo esa parte en específico de su cuerpo, arriba, abajo, arriba, abajo, volviendo la caricia en una dulce tortura.
-¡¡¡Changmin!!!...-el grito de su garganta fue incontenible
¨¡Vaya!¨, Junsu era muy sensible, a penas lo había tocado un poco, se arqueó sobre el cuerpo más pequeño, para así tener espacio para continuar con su tarea y besarlo, su lengua se enredaba con la otra al mismo ritmo que subía y bajaba su mano.
El ritmo se hizo mucho más intenso, más rápido, más apretado. Su dedo pulgar se paseaba por el glande y el meato, sus ojos le observaban retorcerse sin llegar a comprender del todo el placer que le era brindado.
El cerebro del pelirrojo se enchufo a la realidad por un segundo...
- Me voy a morir...-dijo empujando un poco a Changmin asustado de la poderosa sensación que estar al borde del abismo del orgasmo, le produjo...
-¡Ayúdame!...-gritó desesperado, Changmin extasiado por la inocencia de su reacción aumento el ritmo de su forma atormentadora de tocarlo, y con un final tirón de sus testículos lo lanzó al abismo, mientras aquel expulsaba su semilla alrededor, manchándolo todo de su absoluto placer.
Satisfecho de su magnífica victoria, Changmin apresuró su propia tarea, no lograría aguantar mucho tampoco, con el líquido obtenido embadurnado en sus dedos, empezó a masajear el área perineal de su amado, que se encontraba casi en shock, con la mirada vidriosa, perdida, intentando respirar, le acomodó con las piernas abiertas todo lo que su flexibilidad, que era mucha, le permitía, siguió masajeando con cuidado, pero sin parar, hundiendo sus dedos uno a uno.
-¿Qué es lo que haces conmigo?...-pudo decir recuperado un poco-.
-¿No lo sabes?...- la pregunta salió de su boca sin intencionalidad alguna-.
- Lo pregunto, porque no lo sé, idio...ta -su insulto fue interrumpido por una sensación eléctrica e intensa que nació de un punto exacto que Changmin había tocado con uno de sus dedos invasores...
-¿Nunca lo has hecho con un hombre?...
- No lo he hecho nunca, con !!!NADIE!!!...
- Ya veo...-fue lo único que atino a decir, no se esperaba semejante declaración, era totalmente cierto, Junsu no sabía mentir-.
Para quitarle el enojo, y la vergüenza, volvió a sus labios, besándolos muy superficialmente, chupándolos con parsimonia, mordiéndolos ligeramente, y es que eran deliciosos, jugosos. Mientras continuaba su deliciosa tarea, Junsu se calmó y relajó su cuerpo ansioso.
-Mírame...- su voz se oía como un ruego-.
- No quiero...es muy...vergonzoso...-giro su cara escondiendo sus ojos de los pares penetrantes que tenía encima-.
-Mírame...-repitió
- Te veo...eres muy hermoso...
- Yo me definiría con otra palabra, tu eres el hermoso...-sonrió y volvió a hablar-... ¿Confías en mí?
- En este momento, sí...hazlo, entra...
Changmin acercó la punta de su miembro que parecía querer explotar, grande y con unas venas inclementes e hinchadas, suavemente recorrió la periferia del aquel estrecho espacio. Junsu al sentir esa calidez suave pero de fuego, cerró sus ojos, nunca hubiera imaginado semejante situación, pero ahora era la mayor emoción del mundo.
- No los cierres, mírame, todo el tiempo...
-Changmin...es difícil...soportar...-el moreno, empezó a adentrarse en el maravilloso cuerpo, palmo a palmo, sintiendo las resistencias musculares ceder lentamente, el pelirrojo hacía todo su esfuerzo por mirarlo, pero inmediatamente sus ojos se llenaron de lágrimas, y su rostro se contrajo un poco.
A pesar de aquello, no paró, siguió despacio, solo se detuvo cuando estuvo completamente dentro. Besó con cuidado la frente, la nariz, las pestañas, se bebió todas las lágrimas, era la mejor sorpresa del mundo, saber que Junsu solo le pertenecía a él, que su cuerpo perfecto no había sido profanado por nadie, era absolutamente maravilloso.
Acomodó la posición de su cuerpo y empezó a moverse lentamente, mientras besaba la boca que poco a poco empezó a deshacerse en gemidos, el dolor ya no era visible en el rostro querido, los labios abiertos y jadeantes eran una muy buena señal.
-Más... por favor más...
Dijo el pelirrojo ya fundido con su deseo y la necesidad de Changmin, habiéndose contenido como un héroe dio rienda suelta a toda su energía potencial, y embistió con fuerza, rítmicamente, profundamente. Las palabras se volvieron gritos incoherentes de parte y parte, Junsu era un espectáculo tanto para el alma, como para el cuerpo, su educada voz, rompía el aire con sus gemidos roncos, los guturales acompañamientos de la garganta también poderosa de Changmin formaban una sinfonía nostálgica y antigua...
La necesidad, el amor y las embestidas se hicieron uno, cuando su cuerpo llegó al límite y rugiendo poderosamente su orgasmo se derramó dentro de cuerpo más pequeño, cayendo rendido sobre su pecho.
Solamente con sentir la cálida esencia en sus entrañas, Junsu alcanzó el firmamento por segunda vez, en la misma noche, que poderosa sensación, era un poco difícil respirar con el enorme cuerpo de su amado policía encima pero, no podía moverse, este sexo alucinante le había drenado todas sus energías, solo le quedaba un poco para sonreír con todo lo que le daba su cara.
En realidad no supo cuantos minutos estuvieron juntos en ese estado de flotación, que conlleva el periodo post orgasmo, respirando cada vez más lento hasta que los pulmones vuelvan a su estado previo, hasta que el corazón retome su frecuencia habitual. A Junsu se le antojaba darle la definición de infinito.
-Fue genial...-dijo Junsu al cabello que empezaba a hacerle cosquillasen su barbilla-...sin embargo, eres pesado...y lo digo de verdad...
-Oh... lo siento... espera...
Inmediatamente se retiró de encima, los hizo girar para ahora quedar con Junsu sobre su pecho. Sonriendo el pelirrojo colocó sus brazos cruzados sobre el pecho fuerte y amplio de Changmin, luego arrimó su barbilla y lo observó detenidamente.
- No sabía que fueras tan hábil, uno más de tus talentos que descubro...
-Así que fue genial...¿eh?...
-Sí, pero yo lo hubiera hecho mejor...me dolió horrores...
- ¿Enserio?
-No...En realidad ha sido genial...
-¿Por qué no me dijiste que eras virgen...?
- Yo no era virgen, no soy chica, simplemente no había tenido relaciones sexuales...
-Fue tu primera vez...
Solo obtuvo un asentimiento, y un lindo color rojo en las mejillas rosadas...
-Bésame...
- Ya te he besado demasiado...no crees que es mucho abuso...
- Te amo, bésame una vez más...por favor...
El pelirrojo extrañado se acercó a cumplir el pedido, lo besó suavemente, el beso no se transformó en nada más, en ningún momento había dicho por favor, ni siquiera para cuando entró en su cuerpo, que no era extraño, pero ese “por favor” se acompañaba de una expresión preocupada en el rostro joven de Changmin. Eso era lo extraño...
-Por favor dime que sucedió contigo y este pueblo hace 12 años, necesito saberlo...
-Changmin...eso..., eso es muy duro... yo no quiero hacerlo...para qué quieres saberlo, de quién podrías vengarte ya está muerto...
- Por favor...-la voz del moreno denotaba un ruego, nada sabía Junsu de lo que le esperaba-.
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