KINGDOM TVXQ!

CLOSE 2U
Arualthings

Our World

Sus mundos eran totalmente diferentes, sus familias y amigos no entendían su relación, pero lo que sentían el uno por el otro, era más fuerte que todo lo demás. Lo que no sabían, es si esto sería suficiente para estar juntos.

El príncipe de los bárbaros

En un mundo antiguo un hombre busca levantar a su pueblo e inicia la búsqueda de un ser que le brindará todo el poder que necesita, sin saber que forma parte de un historia muchísimo más grande que su propia ambición. Shim Changmin y Kim Junsu se encontrarán de forma inesperada para formar parte de un destino dictado por la atracción entre gemas.

Insano

Junsu no podía creer que aún después de todo ese tiempo de humillaciones por parte de sus dos mejores amigos él no se hubiera vuelto completamente loco, desquiciado; en cambio se sentía renovado, en una nueva piel.

Lluvia de estrellas

¿Crees en los deseos? Yunho alzó la vista al cielo y con una lágrima oró a las estrellas para que le concedieran un deseo… desde ese momento el destino de Changmin reposó entre sus manos. El máximo inconveniente es recordar… ¿quién es Changmin?

You are everything I've been looking for

Después de una decepción amorosa, Changmin decide alejarse de la vida como la conoce, acompañado de su mejor amigo Jonghyun. Juntos descubrirán sentimientos que les cambiarán la vida para alejarlos o acercarlos más, mientras conocen a un grupo de peculiares personas en un lugar común y corriente...

Dolor

Todos tenemos algo que ocultar en nuestras vidas pero ¿Qué ganamos con eso? ¿El guardar todo ese dolor solo para nosotros, no también causa dolor a los que nos rodean?

Novio secreto

La relación de Changmin y Jaejoong era un secreto para el mundo, sus únicos testigos eran aquellos lugares donde se veían a escondidas, los testigos mudos de su amor y su pasión, de su tristeza y desesperación.

You're Capitulo 4

Perdonen la demora, eh tenido mucho trabajo pero ya esta aqui, espero lo disfruten

En el capitulo anterior.......

( En eso se para un mosquito en la bella nariz de Yoochun)
-          -Oh no, no puede tener marcas Oppa en el rostro
( y con cuidado Naoki espanto al mosquito)
Pero en eso....... Yoochun tomo a Naoki del cuello y la pego a su pecho, al parecer estaba soñando
-          -Hi .... Himeko ayúdame
-           -Que pasa..... o.o NAOKIII
-           -Shh solo ayúdame
-          -OMO esas segura q quieres q te ayude
-           -De que estas hablando
-           -Pues estas en su pecho, respiras su aroma, y si mejor los dejo solos
-           -Himeko no estés jugando y ayúdame
-           -Mmmmm naaaa
-           -Oye
-           -Iré por un refrigerio no tardo
-           -Himeko por favor
         ( y Himeko se dirigio a la otra habitacion dejando a Naoki en los brazos de Yoochun) 
 Capitulo 3


- Himeko regresa por favor
- Mmm lo pensare…. Ya lo pensé… no
-Maldita mocosa del demonio espera a que te agarre

En eso Naoki intento moverse para poder salir del agarre, pero Yoochun también se movió haciendo más apretado el agarre.

(Mientras que en la cocina… de la Suite~)

-Mmm… tengo hambre… que habrá de comer?... me preparare algo…- empezó a sacar las cosas cuando paró en seco…- espera… como pienso preparar algo si no se cocinar O.O…- volvió a poner todas las cosas en su lugar… en eso cuando iba a guardad el ultimo implemento que había sacado encontró un solitario paquete de galleta
- Oh pobre por qué tan solito- miro el paquete de galleta…- para que veas que soy buena te comeré.. Y así toda feliz regreso a la habitación comiéndose las galletas

- Hasta que regresas me vas a ayudar?
- Pero Naoki onii de verdad estás segura que quieres que te ayude a salir de ahí?... se ve muy cómodo
- Ya pequeño demonio ayúdame
- Pero Naoki…

Naoki decidió respirar profundo y escuchar lo que le iba a decir Himeko

-Dime Himeko?
- Ehh~? No te puedo decir Himeko ese es mi nombre
- Ahh~…- Naoki pesco una botella que había cerca de donde estaba… aventándole o primero que alcanzo que fue una botella, la cual estaba abierta, dejando  a una Himeko mojada completamente…
- Ooh~ Himeko… yo
- O.O f-frio… e-esta helada…- tiritaba
- No fue mi intención mojarte yo…- en eso miro que Himeko se sacaba al chaleco y la polera quedando solo con el brasear
- HIMEKO que haces
- E-estoy mojada… tengo frio… y ahora que me pongo?... Nao-chan me prestas tu chaleca?
- Como quieres que te la preste si la tengo puesta?
- No sé trata de sacártela

En eso Naoki se movió un poco al mismo tiempo que lo hacia Yoochun provocando un pequeño accidente haciendo que quedaran ambos con los labios juntos

-  etto creo que mejor no me prestes tu chaleca...- miro que a los pies de la cama había una polera tirada...la tomo y se la puso quedándole completamente grande...
- lo siento Yoochun oppa pero no puedo andar de exhibicionista por la suit.. Nao-chan disfruta jejeje algún día me lo agradecerás Bye...-
Tomo una manta que había doblada en un pequeño sofá que había en la habitación y salió dejando a los dos ocupantes de aquella cama solos

Cuatro horas después.....
Ambos ocupantes de esa cama estaban profundamente dormidos hasta que......

Moduta bay bay sarangto
Moduta bay bay.....
- Mmmmm bueno, quien habla?...
-  .......
- Mmm (colgando el celular y volviendo a dormir)

En el otro celular

Jaejoong

- Hay por dios, no puede ser......  no no no, Chunnie con una mujer?..... no, no...no debo haberme equivocado de número... si debe de ser eso... mejor llamare al teléfono de la suite

(En la suite)

Himeko despertó de golpe por un molesto sonido
- ahh~ que no saben que es hora de dormir?...- se dirigió hacia el teléfono y contesto- halo?...
-………
- halo?... ahh~ si va a llamar para nada para que llama..- y colgó....- estas personas de hoy en día no saben que cuando uno es joven es importante dormir?...- y así como se paro se volvió a acomodar en el suave sofá quedándose dormida de inmediato
Unas horas después~
Me desperté por el molesto sol... que acaso ayer no cerré las cortinas antes de acostarme?... en eso me fui a mover cuando sentí un peso sobre mi... abrí mis ojos rápidamente y.... ahh~ que hice ayer?... en eso recordé a las chicas que conocí ayer y... esperen la chica que está en mi cama es una de ellas... por el movimiento que hice esta empezó a despertar... al verme se incorporo rápidamente con las mejillas sonrojadas... jajaja debo admitir que se veía linda...
- Yoochun oppa... yo...
- que hicimos ayer?.... espera y la otra chica que estaba con nosotros?
- Himeko ella....
- no me digas que la dejamos en el antro...- dije asustado ya que los únicos recuerdos que tenia era con ellas bailando y después negro


(Mientras que con Jaejoong)

Me quede mirando el celular… contesto una chica… UNA CHICA… y más encima no era la misma que me había contestado antes… ¿Qué hacia MI Chunnie con dos chicas en su Suite?.. Me sentía mal tenía ganas de tomar el primer vuelo que saliera hacia México… y traerme a Yoochun aunque fuera a las malas…

En eso Junsu entro a mi habitación…

-Que tienes Jae hyung?
- Por qué?
- Estas como pálido… te sientes mal?
- No, no, estoy bien Junsu.....
-Seguro hyung? o será que  estas así por que  extrañas a Yoochun hyung?
- No digas boberas Junsu
- Que, a poco no extrañas a tu novio
- Que cosas dices, Yoochun no es mi novio
- Espera, que no hablaron ayer?
- De que hablas??
- Por eso los deje solos..... Se supone que Yoochun tenía que decirte algo
- Tú... tú sabes que es lo que me quería decir
- Claro, pero te lo tiene que decir el, no yo
- Es que si me lo dijo
- QUEEEEE........ Entonces rechazaste su amor?
- Junsu yo.....
- Con razón se quedo en México.....
- No Junsu, no mal interpretes
- Pobre Chunnie, y yo no me di cuenta, que mal amigo soy
- JUNSUUU
- Le hablare en este momento
- Para que, si esta con UN PAR DE MEXICANAS
- QUEEEE
- Como lo oyes, le hable hace un momento y me contestaron dos tipas
- Como que dos tipas
- Si, le marque primero al celular y luego a la suite
- y?
- como que y? pues que me contestaron las tipas esas…
- y no lo has vuelto a llamar?
- Para qué?... para que vuelvan a contestar esas dos tipas?...
- haber préstame  tu celular?
- Para qué?
- para llamar a Yoochun Hyung…
-Para que, mejor dejalo con sus mexicanas
- Trae aca, bueno para que peleamos, le marcare del mio
- Junsu has lo que quieras...........

(Mientras que en México)

- Yoochun oppa cálmese lo que quiero decir es que Himeko está durmiendo… bueno creo… - en eso se sintió un fuerte golpe proveniente desde la sala de la suite, en el momento que iban a ir a ver de qué se trataba empezó a sonar el celular de Yoochun
Moduta bay bay sarangto
Moduta bay bay.....

-Diga?
- Yoochun hyung?
- Su… que pasa
- como que, qué pasa? Que haces con…- en eso se siente un forcejeo desde el otro lado de la línea y la voz de Jaejoong gritándole  a Junsu que se callara-
-Chicos están bien?

Continuara….

Por que a mi Cap 6

Lamento la tan larga demora, sé que tiene más de un año que no continuo este fic.... pero ya verán que les gustara lo que sigue en esta historia...

Capitulo 6

Pov’s Junsu

Después de esa larga noche sin poder dormir bien gracias a tanto ruido proveniente de los cuartos vecinos opte mejor por levantarme temprano y despertarlos a todos como venganza de no dejarme dormir, pero en eso sonó mi celular

- Hola?
- Hyung
- Oh Dongaeh como te va
- No muy bien que digamos
- Y eso? que pasa
- Necesito tu ayuda, crees que nos podamos ver
- Claro, dime dónde y ahí te veo
- Recuerdas las canchas de fut bol a las que íbamos
- Si si
- Ahí te espero en una hora
- Muy bien, nos vemos haya

Necesito apurarme para salir, sirve que me echo una cascarita con el.....

En eso....

- Ouch
- Perdón hyung
- Por qué tanta prisa Junsu
- Es que me acaba de hablar Dongaeh, que si puedo verlo
- Ahorita?
.- En una hora
- Mmmmm
- Por favor Yunho, déjame ir
- Muy bien, pero no demores mucho, recuerda que hoy tenemos ensayo
- Si si, no te preocupes, no me tardo

Y así Junsu se fue a su encuentro con Dongaeh, lo que no sabía era que.....
 Una hora antes.....

- Bueno
- Oppa
- Heebon shii, como estas
- Me urge hablar contigo
- Que te pasa Heebon.... está todo bien?
- Necesito que me pagues el favor que me debes
- A ver, cálmate, nos vemos en el café de siempre
- Muy bien, voy para haya

En el café....

- Que pasa Heebon, te noto extraña
- Necesito que me ayudes
- Claro, dime con que ya que te debo ese favor
- Necesito vengarme de alguien, hacerle saber que conmigo no se juega
- Muy bien, pero de quien estamos hablando?
- De TVXQ
- QUEEE
- Así es, y eres el único que puede ayudarme
- No no no, alto, una cosa es que te deba un favor, pero ya lastimar a TVXQ eso no
- Bueno, entonces tendré que revelar tu secreto
- No Heebon, tú no puedes hacerme esto, tenemos un trato
- Y el trato incluye tu ayuda incondicional para mí
- Si pero....
- Nada, o me ayudas, o suelto todo lo que se
- De acuerdo, pero yo no lastimare a nadie
- Mmmmm no tienes que lastimarlos, solo tienes que jugar con los sentimientos de alguien y yo me hare cargo de lo demás
- Espera, eso es lastimar
- No es lastimar del todo, solo sentimentalmente
- Bien, de acuerdo, pero déjame decirte que si se trata de Yoochun estás perdiendo tu tiempo, el ama a Jaejoong y jamás caerá en un juego tan sucio como ponerle el cuerno a Jae, y viceversa, al igual que Yunho y Max, pasa lo mis......
- Usaras a Junsu
- No no, perdóname pero Junsu no, yo... no podría
- Mira Dongaeh, yo sé lo que sientes por Junsu, y tal vez esta sea tu oportunidad para que el caiga a tus brazos
- No, dije que no
- Mira oppa, no tienes opción
- Pero..... prométeme que no les harás daño
- Bien, lo prometo

En las canchas de Fut bol....

Que hago que hago... le digo la verdad a Junsu.... no, no puedo, si se enteran de mi secreto toda mi carrera y mis amigos me darán la espalda, por un lado esto me puede ayudar a estar con Junsu.... pero no quiero que lo lastimes....

- AAAAHHHHH
- Dongaeh, que pasa?
- Oh Hyung, no te vi llegar
- Acabo de entrar, que tienes, estas todo pálido, te sientes bien? (Junsu tocando la frente de Dongaeh)
- Jun...su yo......
- Que pa.........

Pero no lo dejo hablar, Dongaeh se armó de valor y aprovecho el acercamiento de Junsu para besarlo, un beso tierno, lleno de calor.... pero Junsu no correspondió el beso, lo cual hizo que Dongaeh se separara de él.

- Hyung yo.... perdona
- Dongaeh tu......
- Si Junsu, tú me gustas desde que empezamos nuestro entrenamiento
- Pero.... como, por qué yo?
- No lo sé, tu carisma, tu ternura, la inocencia que desbordas..... Todo me gusta de ti
- Dongaeh yo...
- No lo digas, si me vas a despreciar déjalo así, no quiero escucharlo
- No es eso, es solo que pues me agarras en curva, no sé qué decirte
- Yo sé que no te gustan los hombres y te entiendo, pero si me dieras una oportunidad de mostrarte todo lo que te amo
- Necesito pensarlo
- Junsu.... puedo besarte de nuevo
- o.o QUEEE
- No me lo tomes a mal, pero tal vez te ayude un poco a aclarar tu mente

Y sin dejar que Junsu dijera algo más, lo tomo de la cintura, lo pego a él y lo volvió a besar, pero esta vez Junsu respondió al beso, dándole entrada a su donseng, provocando que el beso se hiciera más profundo y más pasional, pero se les termino el aire y tuvieron que separarse

- Y bien.... cómo te sientes Su
- Sabes que, te daré esa oportunidad que quieres
- Hablas en serio?
- Claro, intentémoslo
- Junsu muchas gracias

Dongaeh abrazo a Junsu, el cual respondió al abrazo con un beso en la mejilla

Mientras tanto a unos metros de distancia......

Muy bien Dongaeh, lograste que cayera en tus brazos, ahora a seguir con la etapa dos, ya verán TVXQ, me pagaran el haberme cambiado, el haber despreciado a Lee Heebon

Continuara.....




Belong. Te pertenezco cap 11

Era la tercera copa de vino casero que se tomaba, aunque, después de que las dos primeras se las bebiera de casi un trago y el mareo por el alcohol le estuviera haciendo mella, esta última parecía estar saboreándola más, al menos, era la que más le estaba durando en el vaso. Sujetando su cabeza con una de sus manos, mientras con la otra hacía girar el contenido de su copa, recreándose en los sutiles cambios de tonalidad que adoptaba el líquido a la luz de las velas, de aquella taberna de pescadores, sonreía flojo cada vez que ésta conseguía el mismo color que los ojos de Jin.

- No debería beber tanto general. –le recriminaba uno de los soldados, que había sido, tiempo atrás, compañero de su maestro de armas; y que, lejos de sentir envidia porque hubiera conseguido puesto tan elevado a pesar de su juventud, lo quería y cuidaba como si fuera su propio hijo- No con su herida…

- Ya está casi cicatrizada Min Yoe hyung… -debatió, sujetándose más firmemente la cabeza, que sentía bastante pesada por culpa del exceso de tragos- Además… no bebo para aliviar este dolor… -respondió, llevando su mano de la cabeza a su hombro, vendado y con ungüentos destinados a cicatrizar lo antes posible la herida que aquella flecha le había ocasionado; pero sin soltar el vaso, en cuyo fondo, su mirada parecía perderse.

El hombre se limitó a asentir con la cabeza, creía entender que dolor trataba de mitigar, el de un alma enamorada condenada a la soledad por un amor no correspondido, y se centró en la copa propia.

Por su parte, Tae Woon, se levantó de su asiento, apuró de un trago el contenido de su vaso y se fue a su tienda sin decir apenas palabra, claro que, a esas alturas, a casi ninguno de los presentes allí les extrañaba verlo tan taciturno.

Derrumbado, aún vestido, se dejó caer sobre la cama, llevando su antebrazo sobre sus ojos, para mitigar ese llanto incipiente, que lo había estado acompañando, prácticamente, desde que abandonó las paredes de palacio. No podía evitarlo, se sentía solo e incapaz de encontrar un solo recuerdo que no estuviera relacionado, o lo hiciera acabar pensando en su hermano, en el hecho de que estaba a millas de él y, en lo más doloroso, que jamás podría decirle lo que sentía. ¿Detener sus lágrimas? Era algo imposible, impensable… quizás… un castigo merecido, por un sentimiento que jamás debió sobre pasar lo estrictamente fraternal… no lo sabía… lo único que tenía claro, lo único que sentía como realmente cierto, aparte de su amor, era saberse el culpable de la infelicidad de su hermano, de su amado Jin Hyo, el creador de esas noches en las que había dormido vencido por el llanto, el de aquellas miradas llenas de dolor y tristeza… y saber que, sólo con decirle que lo ama de igual forma, podría devolver el brillo a aquellos ojos, la sonrisa a aquellos labios… que ambos podrían ser felices, sólo, si se atreviera… pero… costaban tanto aquellas palabras… el temor de perderlo para siempre… sí, seguía siendo aquel miedo el que lo frenaba.

Cuando aquella flecha se había insertado en su hombro, aquella tarde; a parte de él no le hubiera importado morir en ese instante, dejar así de sufrir por amar y deber guardar silencio, pero otra se negaba… “no volverás a ver a Jin Hyo, no volverás a tocarlo, no volverá a abrazarte, ni robarte besos, cuando no seas tú quien se los robes mientras duerme… en sus ojos jamás volverá a brillar la luz de la vida… si tú mueres Tae Woon, él se irá contigo, aunque todos lo vean en pie, porque… admítelo, a ti te pasaría lo mismo si él muriera”; toda esa divagación había cruzado por su mente, mientras los doctores se afanaban en extraérsela y curar lo antes posible la herida, sin apenas sentir más dolor que el que sentía al tomar consciencia de la verdad que se le acababa de revelar en sus pensamientos. Ahora, sin embargo, lo que deseaba era seguir viviendo, acabar cuanto antes con aquella misión, y volver lo más pronto posible junto a él.



El rey era bueno, amable… era como Yunho… pero no era él, por eso, le costaba estar atento; “Jaejoong”, lo había vuelto a regañar el monarca, “presta atención, que esto es importante”, le había dicho, tomándole del mentón y obligándole a mirar en su dirección, porque pensando en su amor, la mirada se había perdido, inconscientemente, hacia donde, suponía, él estaba; hizo una leve reverencia, pidiendo disculpas en aquel gesto, y le agradó ver que, lejos de enfadarse, le sonrió y volvió a explicarle. “Así, es como se hace una buena taza de té”, le había dicho, antes de ofrecerle para que probara, quedando encantado con el sabor, “si además lo haces pensando en alguien a quien amas, poniendo todo tu amor… aún sabrá mejor”, lo vio sonreír, mientras giraba la suya, antes de dar el primer sorbo. Poco después de que acabaran sus respectivas tazas de té, el monarca le dijo que ya podía retirarse a su habitación a descansar; él hizo una leve reverencia y se marchó al dormitorio, pues ya era bastante tarde y, seguramente, Yunho ya habría vuelto allí.



Los celos estaban acabando con él, ¿por qué el rey se llevaba tantas veces a Jaejoong de su lado?, ¿que acaso también se había enamorado de él?, ese era su mayor temor… sobre todo porque el monarca podría darle cosas que él jamás podría. Miró hacia un lado de la habitación, allí había una marioneta, una espada, un traje… todo regalos del rey a Jae, algunos de los cuales le había entregado en su presencia, por lo que había visto que su amorcito sólo los aceptaba por educación, y aunque no lo hubiera visto, quizás también lo hubiera sabido, porque el hecho era que ahí, en ese rincón del dormitorio, estaban todos, y que el rey alguna vez le había regañado a Jae por no llevar el traje que le dio, casi obligándole a ir a cambiarse y ponérselo, para contentarle.

Escuchó abrirse la puerta y tan pronto terminó de cerrarse tras la figura que acababa de entrar, sus brazos ya estaban rodeando a ese ser motivo de su existencia, hundiendo su cabeza en su cuello, aspirando ese aroma tan deseado, apenas el instante que sus labios sedientos tardaron en buscar aquella jugosa boca, robándole uno de tantos besos, que se tornaban correspondidos. No podía evitarlo, lo extrañaba con locura cada momento que no estaban juntos, y necesitaba comprobar, de aquella forma tan posesiva, que Jaejoong le seguía perteneciendo, igual que su corazón le pertenecía a él.

- ¿Qué habéis hecho hoy? –le preguntó, apenas separando los labios de aquella deliciosa boca, lo suficiente para poder hablar y ser entendido

- Me enseñó la ceremonia del té. –sonriendo nerviosamente, deseando que Yunho le volviera a robar otro beso, o poder robárselo él, en aquel juego de “ahora sí, ahora no” que habían parecido iniciar, pues Yunho alejaba sus labios cada vez que él intentaba ser quien lo diera, sonriendo pícaramente

- ¿La ceremonia del té? –preguntó, siguiendo con el juego

- Sí… Yunho ah. –le reprochó, dulcemente, en un puchero, mientras le golpeaba suavemente, con el puño, en el pecho, cansado ya de querer besarle y que no se lo permitiera; necesitaba sentir otra vez sus labios



Yunho sonrió divertido, lo abrazó más fuerte por la cintura, atrayéndolo más hacia su anatomía y lo besó con toda la ternura y pasión que sentía en su cuerpo en ese momento, perdiendo y recobrando el aliento en su boca. Se moría por volver a sentirlo y detener el tiempo en el mismo instante que lo tuviera desnudo entre sus brazos, enterrándose en él, sintiéndose poseedor y poseído de cada caricia, de cada jadeo, de cada gemido, de cada beso…. Sus manos recorrían, de memoria, aquella espalda, aprisionando su pecho contra el propio, queriendo dejar varias caricias más, antes de deshacerse lentamente de la ropa, que cubría a ambos, mientras sentía los dedos de Jaejoong perderse entre los mechones que cubrían su nuca, entrelazándose con ellos, queriendo profundizar más aquel beso que se estaban dando, y que querían que fuera eterno, preludio de otra noche de entrega.

Sentía el pecho desnudo de Yunho, palpitando contra el suyo, notando como la temperatura aumentaba en ambos a cada caricia y beso entregados, con una pasión en la que ya apenas mantenían el control, intentando que sus jadeos no fueran demasiado sonoros, ahogando los gemidos, antes que salieran de sus labios, enlazando sus lenguas, conscientes, a medias, de que no estaban en casa y no sabían como el tío de Yunho iba a reaccionar si los veía. Sus manos se perdían entre los dos cuerpos, acariciando de forma firme y suave el miembro ajeno, notándolo erguirse y endurecerse, provocando más deseo del que podían controlar en aquel momento, procurando tener los labios ocupados con los besos, que se repartían mutuamente, por cuanta piel tenían a su alcance, para acallar el placer sentido.

El cuerpo desnudo de Jaejoong seguía tentándolo, casi como el primer día que se entregaron. Aquellas formas tan perfectas, que reaccionaban a cada leve roce que él les brindaba, seguían encendiéndolo, sin necesidad de recibir caricias de vuelta. El sonido de su nombre, pronunciado en apenas un ligero susurro, lo excitaba, igual que siempre, haciendo que su lengua se pasease con más avidez por aquel torso desnudo, yendo más abajo, sintiéndolo contornearse entre sus manos, arqueándose de placer, mordiendo sus labios por no dejar que los jadeos se vuelvan gemidos.

Tumbado sobre las blancas sábanas, la piel dorada de Yunho contrastaba perfectamente, como si de un hermoso cuadro se tratara, y así se quedó viéndolo un instante, después de haber intercambiado posiciones, antes de regalar las mismas caricias que habían hecho erizarse hasta el último vello de su ser. Sus besos comenzaron a delinear aquel cuerpo tan ardiente, entreabriendo de cuando en cuando los labios, para permitirle a su lengua capturar algo del sabor de la piel de Yunho, escuchándolo gemir un poco más ronco; notándolo tensarse y ansiarse cada vez que él bajaba más allá de su ombligo, y tomaba entre sus manos el erecto miembro, masajeándolo lentamente, antes de pasear livianamente la lengua por la punta, para, finalmente, introducírselo por entero en la boca y comenzar a lubricarlo lo suficiente, como para que la posterior penetración no le doliera.

Le había costado contenerse cuando Jaejoong lo había estado devorando, de hecho, había tenido que acallar su voz mordiéndose el labio inferior o la mano, cuando el deseo de gemir era mayor del que podía controlar, escapándose alguno, por fortuna, amortiguado. Humectó dos de sus dedos y los introdujo en la estrecha cavidad de Jae, lubricándola, para que resultase más fácil y menos dolorosa la inserción de su miembro, que ambos estaban deseando, pues él ya se había colocado a horcajadas sobre su pelvis. Lentamente, comenzó a introducirse en él, tomando el miembro de Jaejoong entre sus manos, masturbándolo, para que el placer fuera mayor que la incomodidad que pudiera sentir; se incorporó ligeramente, para sentir como sus brazos le rodeaban el cuello, abrazándolo y atrayéndolo, uniendo sus bocas en un beso que impedía a los gemidos salir, entrelazando sus lenguas, haciendo que la temperatura de sus cuerpos alcanzase los límites que los llevaban a la locura.

Las piernas apenas le respondían, todo su cuerpo temblaba preso del placer, pero continuaba moviéndose, temblando contra Yunho, apresado en su abrazo, encadenado a su boca. Apenas dos movimientos más, bastaron para que ambos alcanzasen el clímax, estallando en un ronco gemido que murió entre sus labios, y su semen impregnando la mano y el vientre de su amante y dueño. Unas sonrisas cómplices, juntando sus frentes, un dulce beso abandonando sus labios, regalándose a los contrarios, antes de levantarse poco a poco, liberando el miembro de Yunho de su interior, limpiar a ambos y acurrucarse a su lado, usando su pecho de almohada, abrazado a él, igual que todas aquellas noches en las que se habían entregado, como todas aquellas que quedaban por venir y en las que le daría todo su cuerpo, todo su ser, toda su alma, pues le pertenecía por entero.

Un último beso sobre aquel cabello negro como la noche, que tanto le gustaba, mientras que lo abrazaba, atrayéndolo más hacia él, antes de cerrar los ojos, dejándose embriagar por el olor y el calor del cuerpo de Jaejoong junto al suyo, y caer vencido al sueño, sabiendo que a la mañana, al despertar, él seguiría estando entre sus brazos, como si nada hubiera cambiado, regalándole aquella hermosa sonrisa, que lo había conquistado, aquellas miradas cómplices, que sólo dos amantes que se entregan hasta el alma pueden intercambiarse, las dulces caricias que lo sosegaban o encendían… porque lo único comparable a dormir con él, era despertar al día siguiente a su lado, envuelto en la misma magia.



Seguía sin fiarse demasiado de la relación que tenía su sobrino con su sirviente, demasiada… ¿compenetración?... por mucho que llevara a su servicio, por mucho que le hubiera enseñado a leer y escribir, y que éste le hubiera salvado la vida… no podía ser que, prácticamente, se leyeran la mente en ocasiones, ni lo servicial, que pese a que su señor le debía el seguir viviendo, éste seguía siendo, atendiéndole en todo lo posible, siempre y cuando el rey no venía a llevárselo por ahí, otra cosa que no entendía, la predilección que el monarca parecía sentir por un simple sirviente. Así que ahí estaba él, en el dormitorio de su sobrino, viendo como éste dormía plácidamente, solo, en la cama, pues de su paje no había ni rastro en la habitación, y eso que, juraría, lo había visto entrar la noche anterior. Contuvo la respiración cuando lo vio moverse, como si estuviera buscando con su brazo a alguien que debería estar a su lado, y se extrañó al ver la sonrisa que se le dibujaba en los labios, al tiempo que decía “ya se volvió a ir”, para comenzar a desperezarse, estirando todas las extremidades de su cuerpo, pero aún sin levantarse.

- Oh, ¿pasa algo, tío?-preguntó al abrir los ojos y ver a su familiar mirándolo fijamente

- No… nada… sólo…-fijó su mirada en ningún punto concreto de la pared

- ¿Sólo? –preguntó, tumbándose bocabajo, tapado aún con las sábanas, cubriendo su desnudez

- Me preguntaba porqué estabas tan feliz, al ver que no está tu sirviente.

- Pues porque que él no esté, significa… -señaló a la puerta, por la que entraba Jaejoong con una bandeja donde se veía un plato humeante- que fue a hacerme un rico desayuno. –sonrió con complicidad, más aún, viendo ese leve sonrojo en el rostro de su amor- Muchas gracias, Jaejoong. –él hizo una leve reverencia

- Oh, es eso… -dijo el señor Won, aspirando el delicioso aroma del plato, que el sirviente de su sobrino, había dejado entre ambos- huele bastante bien.-añadió, algo más aliviado, mientras veía a Jaejoong hacer las tareas propias de un buen sirviente, es decir, preparar la ropa de su señor y adecentar el dormitorio- Aunque bueno… se supone que ese es su trabajo, ¿no? –preguntó, mientras veía a su sobrino saborear cada cucharada- debe servirte, es tu criado, así que debe atenderte… -Yunho lo miraba sin llegar a comprender, realmente, a dónde quería llegar- ¿por qué lo cuidas tanto?

- Oh… porque quiero que esté contento. –sonrió

- ¿Contento?, ¿para qué? –preguntó el anciano hombre, bastante perdido, ya que, desde que tenía uso de razón, se había limitado a dar órdenes, que los sirvientes de su familia debían cumplir sin rechistar

- Para que se quede siempre a mi lado. –confesó, clavando su mirada en su tío, aunque más bien, quería atravesarlo y ver a través de él, ese hermoso sonrojo que seguramente lucía en las mejillas de Jaejoong. -¿Te quedarás siempre conmigo?

Jaejoong asintió y Yunho sonrió, volviendo poco después a comer el rico desayuno que le había preparado, recordándole a su tío que debían darse prisa, pues quedaban aún cosas por traducir, para entregarlas en el consejo de ministros que tendría lugar aquella misma tarde y en la que el anciano debía estar sin falta.

Una vez que Won Hyuk Mo salió de la habitación, camino de la suya, para ver si él también tenía preparado el desayuno; Jaejoong le ayudó a vestirse, regalándole furtivas caricias, destinadas a saciar la necesidad de ambos de sentirse, aunque fuera un solo instante. Poco después, ya estaban en el despacho del tío, centrados en las traducciones, todo y que él estaba algo temeroso de que, nuevamente, apareciera el rey y se llevase a Jae de su lado.



No entendía porqué, pero el rey parecía haber tomado por rutina ir a espiar al despacho del señor Won, para, después, acabar llevándose al sirviente del joven Jung, y a él sólo le quedaba hacer lo que le había prometido a su general, antes de que éste se fuera a la costa en una misión, que requería su presencia, y esto era, proteger y vigilar porque nada le pasara a su majestad el rey, en su ausencia, volviendo a hacer hincapié en que a su regreso quería saber todo lo ocurrido. De modo que ahí volvía a estar él, a cuatro pasos por detrás del monarca, ya que el soberano había dicho que sentirlo más cerca lo incomodaba, viendo como éste se comportaba como niño chico, que espía lo que hacen los adultos, procurando contener esa sonrisilla, entre divertida y tierna, que quería escapar de sus labios, al verlo en esa actitud.

Uno de los soldados que iba con él, unos pasos más atrás, en la escolta del rey, le avisó de un sonido y unos movimientos raros, que lo habían sobresaltado y preocupado, y que había visto cerca de la biblioteca, a apenas unos metros de donde ellos estaban; y lo que tardó en ver que, en realidad, se trataba de un simple gato callejero que se había escondido entre los arbustos del jardín, cuando regresó, ni rastro del monarca… si el general estuviera allí, lo mandaría matar… debía encontrarlo a como diera lugar, pero… ¿por dónde empezaba a buscarlo, si ninguno sabía dónde se había metido, pues todos habían acudido a apresar a aquel posible malhechor escondido, que podía haber estado planeando cargarse al rey?... definitivamente… el general Kim los mandaría a todos a la horca, por haberlo dejado solo y sin escolta alguna, pero sobre todo si no daban con el rey antes de que algo, por leve que fuera, le pasase… y es que había descubierto que el general Kim Tae Woon se percataba hasta del más leve arañazo que el soberano se hubiera hecho, inclusive, cogiendo rosas del jardín. Eran hombres muertos.



Había visto salir al señor Won, así que se deslizó dentro del despacho, escondiéndose entre las sombras, esperando no ser visto ni oído por los dos que permanecían dentro; le divertía la idea de poder verlos y escucharlos, comportándose como lo harían normalmente, sin ser tan sumamente educados ante su presencia, descubrir cómo eran en realidad. Se les veía tan relajados, dentro de lo que estar traduciendo les permitía, tan distinto a lo estirados que solían estar cuando él estaba cerca, siempre procurando caminar bien erguidos, mostrando un comportamiento impecable que, en algunos, con los que había tenido que tratar, más que en otros, se les veía forzado y falso; ahí, en ese instante, eran ellos tal cual, y a él le gustaba verlos así, estirándose para desentumecer el cuerpo, dolorido de tenerlo durante varias horas en la misma postura, sonriendo abiertamente y bromeando sobre la mala caligrafía que tenía el tío de Yunho.

Vio al joven Jung levantarse, y él se escondió un poco más, ya que parecía que seguían sin ser conscientes de su presencia, esperando que siguieran sin verlo y poder escucharlo un poco más en ese lenguaje tan informal que estaba usando con su sirviente.



- Ya está… -dijo, colocando el último libro en la estantería de la que lo había extraído hacía un par de días- eso era lo último que quedaba por traducir; en cuanto termines de transcribir ese pergamino, podremos ir a comer algo y tendremos la tarde libre, -le decía a Jaejoong, que se limitaba a sonreír, de cuando en cuando, para que fuera consciente de que lo estaba escuchando- podríamos salir a pasear, ¿te apetece? –Jae lo miró y asintió- Creo que te gustarán los jardines… son hermosos. –añadió, al tiempo que regresaba hacia la mesa, colocándose en su sitio- Aunque… -calló, dedicándole una sonrisa cómplice, al tiempo que le acariciaba el cabello, tomando un mechón entre sus dedos, jugando con él, abstraído en el rubor que teñía las mejillas de la razón de su existencia, quien luchaba por mantenerse centrado en el bendito papel que tenía delante, para acabarlo lo antes posible y disfrutar de ese paseo que él le había prometido- Te está creciendo el pelo… si lo dejas un poco más, volverás a ser mi Jaejoongieh. –sonrió, pero sólo hasta que él se giró con cara algo asustada

- Entonces tendré que volver a cortarlo. –dijo, acariciando su cabello

- A mí me gustaba cuando lo tenías largo…

- Pero no puedo dejármelo crecer Yunho… -pareció reprocharle- lo sabes, si lo dejo largo, si vuelvo a ser Jaejoongieh… él volverá a querer separarme de ti… -la congoja o el miedo, parecían ganar la partida a su voz- volverá a querer hacerte daño, y no… no pienso dejar que nadie te hiera, delante de mí, por mi culpa… tengo que protegerte.

- ¿Protegerme? –preguntó, mientras le acariciaba la mejilla, tiernamente

- Sí, protegerte, se lo prometí a Jeon Bo. –clavando sus ojos en los de su interlocutor, con toda la seriedad que la confesión de aquella promesa requería, pues no la había realizado en vano

- Antes era yo quien te protegía… -desvió algo la mirada- cuando eras mi Jaejoongieh…

- Yunho… -le hizo girar el rostro, para que le mirase a los ojos- siempre seré tu Jaejoongieh. –le sonrió con ternura- porque siempre voy a pertenecerte, sólo a ti, nadie más que tú puede poseerme. Además, tú siempre me has protegido y me proteges de todo y de todos, déjame que con él, sea yo quien te proteja, aunque sea a mi manera.

- Está bien. –dijo algo resignado, recibiendo un leve beso de aquellos labios que tanto amaba- Sólo procura que, ese protegerme, no sea aún a costa de tu propia vida. –añadió, acariciando su mejilla, volviéndolo a besar, tras que asintiera a su petición.





De rodillas, frente a la tumba de su amiga, encendía unas barras de incienso y colocaba un poco mejor las flores. Al inicio, se había sorprendido de encontrar flores frescas casi cada semana, pero pronto supuso que habría sido Jaejoong o Sun Gen, que tenían a la mujer por una segunda madre, quienes las habrían dejado allí; así que se limitaba a quitar aquellas que se estaban marchitando y añadir las que ella llevaba. Para Kang Lee Ann, ir a la tumba de Jeon Bo, era algo que le ayudaba a estar en paz, un instante de tranquilidad y reflexión, uno de los pocos momentos en los que se encontraba realmente en calma con todo y consigo misma.

Cerraba los ojos, juntaba sus manos y se sumía en una oración, para que su alma siguiera en la luz y el calor de sus antepasados y seres amados; después, se sentaba junto a la lápida y le contaba las cosas que le habían ocurrido desde su última visita. Hoy le estaba pidiendo perdón, pues se había retrasado bastante, pero tenía un buen, gran e importante motivo, y era que su querida Sun Gen estaba a punto de casarse, y ella y Hyo Jun, la madre de Changmin, se estaban afanando en preparar todo lo necesario para la boda; le dijo, en una última mirada, que le hubiera gustado que estuviera allí, le volvió a dar las gracias por cuidar de ellos, pues estaba segura que, aún desde donde estuviera, cuidaba de sus dos hijos, y se regresó a casa, con el alma y el corazón más tranquilos, dispuesta a soportar todo el ajetreo que la ceremonia nupcial acarreaba.





Aún no sabía cómo había pasado todo, de repente, se entera que su hija está prometida y próxima a contraer matrimonio con un chico, al que él ni siquiera conoce, pero con el que, según parece, su mujer está encantada, pues no había tardado nada en dar su consentimiento, sin importarle lo más mínimo si él estaba de acuerdo o no. Aunque, en cierta forma, aquello era ahora lo de menos; la cuestión era que, por esa boda, él se la pasaba más tiempo viajando de un lado para otro, buscando, comparando y comprando todo aquello que su mujer y o su futura consuegra le pedían, que en el Muñecas, disfrutando de los placeres carnales que algunas de las chicas quisieran brindarle, y él se estaba sintiendo como el chico de los recados, para que, encima, cuando llegara a la casa, después de un día o dos de viaje, sin contar con los que podía pasar en el sitio en cuestión, le dijeran que se había equivocado y que aquello no era lo que ellas le habían pedido; sí, definitivamente, ellas estaban locas y lo acabarían volviendo loco a él también, si no hacía nada por remediarlo, claro que… ¿qué podía hacer él?

En este viaje, le había tocado ir a la costa, ya que, supuestamente y siempre según ellas, ahí se podía encontrar una mayor variedad de telas y de mejor calidad que la que se encontraba en los pueblos más cercanos a donde ellos vivían, gracias al comercio con otros países, y bueno, si tenían en cuenta que ella era la única hija, pues Lee Ann quería que vistiera un hanbok confeccionado con la más hermosa de las sedas, pero claro, como ella y Hyo Jun debían encargarse de más detalles, no podían ir ellas, así que le tocaba a él hacer todo el viaje, esperar que estuviera el comerciante, comprarlas y volver. Lo malo era que aquel hombre se había retrasado en su llegada a puerto, desde la India, así que, a su pesar, pues apenas le quedaban un poco más de los wons necesarios para aquella comida que estaba tomando en la taberna del puerto, debía quedarse una noche más, si no quería que se le hiciera noche cerrada en el camino, rezando porque el posadero le permitiera dormir en alguna de las habitaciones, sin cobrarle demasiado.

Para celebrar que la negociación con el posadero, que también era el dueño de la taberna en la que se encontraba, había llegado a buen término, puesto que no le costaría ni un mísero won pasar la noche, a cambio de que, cuando el buen hombre fuera al Muñecas, tendría un servicio libre, independientemente de si escogía una hora o la noche entera; decidió que se gastaría lo que le quedaba, tras comer y guardar algo para la cena, en tomarse una jarra de vino, que era más barato, pues quería conservar algo de dinero para cuando parase a comer de vuelta a casa, quizás, esperando que alguna de las mujeres, que por ahí había, se dejase invitar, medio emborrachar y algo más.

Así que ahí estaba, sentado en su mesa, mirando a todo el que entraba y salía. Le llamó la atención un hombre algo más joven que él; llevaba toda la mañana sentado en el mismo sitio, solo, y ni caso le hacía a todas las mujeres que se le habían acercado y ofrecido su compañía; no se había movido ni un paso del lugar que ocupaba en una de las mesas más cercana a la barra de la taberna, ni siquiera para ir al baño, cuando él ya se había levantado unas dos veces. También le llamó la atención, el hecho de lo bien que había comido, con unos modales tan exquisitos y distintos a todos aquellos que los rodeaban en ese momento; pero sobre todo, su apariencia….

Le resultaba tremendamente familiar, había algo en él… ¿podía ser aquel joven soldado con el que Lee Ann tuvo la desfachatez de engañarlo? Sí… habían pasado los años, pero él no había cambiado demasiado, aún podía reconocerlo de alguna forma. Ja, pobre infeliz… seguro que si su esposa lo viera en ese instante, ahí, entre medio de la chusma, como un ser mediocre más, vestido con ropa harapienta, no lo hubiera usado para darle celos, es más, ni se habría fijado en él, porque otra cosa no, pero debía alabar el buen gusto de Lee Ann, que sólo contrajo matrimonio con él porque sus padres así lo habían concertado cuando ellos aún eran pequeños, que si no… dudaba seriamente que ella lo hubiera escogido, todo y que él había sido realmente atractivo de más joven, y se enorgullecía de haber roto más uno o dos corazones, tras haber pasado un buen rato con ellas, previamente.

Se sirvió otro vaso de vino, y vio como entró un grupo de hombres, unos cinco o seis, y se sentaron en la barra, ordenaron una botella de su mejor licor al tabernero y comenzaron a celebrar algún tipo de victoria, que, tanto por la poca vocalización de los que hablaban, que parecían venir de haber celebrado en otro sitio, como por el alcohol propiamente ingerido por él, no entendía mucho de qué iba. Si bien, la borrachera se le espabilaría pronto de golpe.



- Jajaja –reía a carcajadas uno de ellos- ese capitanucho ha sido la primera víctima, acabaremos con todos ellos… -decía bastante decidido

- Sí… ya nadie podrá parar la revolución. –añadió otro, chocando sus vasos en brindis

- Exacto. –decía otro

- El mejor de la dinastía Kim… colgado de un árbol. –quiso reír otro, si bien pronto sintió una afilada espada apuntando su garganta, obligándole a tragar grueso por la impresión tan repentina.

- Vuelva a decir eso… y no me dolerá lo más mínimo arrancarle aquí mismo la vida. –decía el joven soldado que el señor Kang había estado viendo desde su mesa, quedando bastante sorprendido por la rapidez y habilidad en el manejo de su espada, una que ni siquiera le había visto portar, pero que, obviamente, tenía en su posesión

- ¿Qué?

- Que quedan detenidos por matar a un capitán de la guardia real y por amenazar públicamente con atentar contra la vida del rey. –dijo pausadamente, para que no les quedase duda alguna a aquellos hombres de cuáles eran los delitos que se les imputaba

- Je… -osó decir uno- ¿en nombre de quién?

- En nombre del mismo rey.

- Y de su general en jefe, Kim Tae Woon. –dijo uno de los soldados, de los muchos disfrazados, que había en la taberna, sacando sus espadas, impidiendo que huyeran.

- Llevároslos al calabozo, allí los interrogaremos y permanecerán hasta ser juzgados. –ordenó el joven general

- Sí, mi general. –obedecieron inmediatamente la orden dada.

- Mi general, debería irse a descansar. –le comentó uno, que parecía ser el capitán de aquel regimiento- aún no está en perfectas condiciones, y un interrogatorio resultaría muy pesado en su salud actual.

- Tiene razón, usted también, descanse… ya nos encargaremos de ellos en la tarde o mañana en la mañana, no creo que les vaya nada mal a esos el pasar una noche en el calabozo.

- Sí, mi general.



¿Había escuchado bien? ¿general? ¿aquel soldado, había acabado siendo general en jefe de la guardia real?¿un militar del más alto rango, sólo superado por el mismísimo monarca?

Con la mirada perdida, medio ido… quería empezar a tomar consciencia de su situación, al menos todo lo que el alcohol y lo abrumado por la realidad descubierta le permitiera, porque era obvio que, si el destino había hecho que descubriera aquello y se confabulaba en su contra, su vida cambiaría y no precisamente para bien.

Haciendo memoria, recordaba a ver encontrado a su mujer, tras la vuelta de un viaje que él había realizado, coqueteando descaradamente con un joven soldado, al que tomaba de la mano, acariciaba… y con el que imaginaba que podía haber tenido algún tipo de relación sexual, lo que no esperaba era que ella se quedase embarazada y tuviera la desfachatez de decirle a la cara que el hijo que esperaba era de otro hombre, aguantando el guantazo y los insultos, devolviéndoselos a él, encarándole y diciéndole que nadie le iba a impedir tener ese hijo, y que si no le gustaba la idea, pues que ya podía coger la puerta, porque ella no estaba dispuesta a aguantarlo ni un minuto más; a partir de ese día, en esa casa, se haría lo que ella, como dueña y señora, mandase, y así había sido y seguía siendo en cierto modo; también recordaba el instante en que ella dio a luz y él se llevó al crío, a aquel bastardo que su esposa había engendrado en su vientre, lejos de la casa, entregándolo a la primera familia del pueblo vecino que quiso abrirle la puerta y quedarse con la criatura, una casa que, le sonaba, había vuelto a visitar varios años después; espera… eso… eso… ¿eso quería decir que el hijo de su esposa y aquel soldado, que ahora era general, era Jaejoongieh? ¿podía ser que él hubiera abusado, sin saberlo, del hijo bastardo de Lee Ann? Por los dioses… si era así… sería hombre muerto… pero muerto del todo… como aquellos desgraciados que habían osado despreciar al rey en presencia de miembros de la guardia real, y a los que ya se imaginaba condenados a muerte por tal acto.

“A ver… calma… calma…” se pedía asimismo, al tiempo que se obligaba a pensar y recordar, ya sin apenas rastro de alcohol nublando su mente, necesitaba poner en claro todo. Cierto que su mujer lo engañó y se quedó embarazada, que tuvo al niño, pero también que él lo había regalado por ahí y le había hecho creer, repitiéndole hasta la saciedad, que su pequeño bastardo había nacido muerto, como justo castigo que sus antepasados le habían mandado por osar serle infiel y seguir engendrando al vástago de otro hombre, desafiando su autoridad como marido y hombre de la casa; de modo que, era imposible que ella supiera la verdad, ¿no?, es decir, aunque se diera el caso, de que, tras la misión, el general y los soldados decidieran acercarse y pasar una noche en el Muñecas, y ambos se encontraran y reconocieran, diciéndole Lee Ann que se había quedado embarazada, tras alguno de los encuentros que habían tenido, no podía decirle que él había abusado de su hijo, porque ella no lo sabía, porque él recién se enteraba o lo comprendía ahora, porque su esposa siempre había pensado que el niño murió, y porque la única persona conocedora de la verdad, aparte de él, ahora estaba bajo tierra. Pero espera… ¿y si ella, si Lee Ann, seguía con la idea de que su hijo seguía con vida en algún lugar?… ¿y si Jeon Bo había confesado la verdad antes de morir?... ¿o podría, Jaejoongieh, haber conocido a su padre y haberle explicado todas las aberraciones que él le había hecho antes de que muriera por culpa de aquellos ineptos que había mando el general Song para capturarlo y que volviera con él?... ¿o llegaría el general a la conclusión de que él tuvo algo que ver con la desaparición de su hijo?...

Un montón de dudas asaltaban su mente, y no pararon ni aún cuando se tumbó sobre el futón, ni tras haberse bebido dos jarras de vino casi de un trago… no, más bien parecían aumentar y aquella soga que colgaba de la pared sujetando la cortina, que dividía la habitación en dos partes, le ofrecía una idea que veía como su única salvación, como su única vía de escape a esa tortura insoportable que le sería infringida por haberle hecho daño al hijo de un general.





Resultaba raro, más bien violento, escuchar tanto a su madre, como a su madre política, lo que esperaban tras su enlace, que no era otra cosa más que le llenasen la casa de niños; sobre todo teniendo en cuenta que aún no se habían entregado el uno al otro, pese a vivir y dormir juntos. Él no quería forzar a Sun, sabía perfectamente por lo que había estado a punto de pasar por culpa del general Song, y no estaba dispuesto a hacerla pasar por algo similar, por muchas ganas que tuviera de sentirla; así que, simplemente, dormían abrazados, dejando que se acurrucase en su pecho, a veces hablando, otras en silencio…. Sin embargo, la noche pasada llegaron a una conclusión, una no demasiado fácil, ambos se enfrentarían a sus madres, y lo que era peor, estando las dos juntas.



Tanto a ella como a Lee Ann, por poco les da un ataque cuando sus respectivos hijos les habían dicho que no se casaban

- Kang Sun Gen… -dijo muy seria- ¿cómo es eso de que no te casas? –preguntó, notablemente enfadada, sobre todo teniendo en cuenta todo el tiempo que habían pasado, tanto ella como la señora Kim, preparando todo, y lo ilusionadas que estaban con lo hermosa que les iba a quedar la ceremonia

- Las cosas hay que hacerlas bien hechas. –añadió Hyo Jun, refiriéndose al hecho de que ya vivían como si fueran matrimonio, en la caseta en la propiedad de Yunho, excepto por la salvedad de que no estaban casados

- Lo sabemos madre. –dijo Changmin

- Yo a tu edad –decía Lee a su hija- ya estaba casada, te tenía a ti y tu hermano Jaejoong venía de camino…

- Ya lo sé, por eso no queremos casarnos hasta que mi hermano Jaejoong y Yunho regresen de Seúl, ellos son parte importante de la familia y nos gustaría que estuvieran presente, igual que Junsu y Yoochun.

- Oh, era por eso…. –respiraron ambas más aliviadas

- Pues claro que era por eso… -respondió Sun

- Nos amamos. –añadió él, abrazándola- Pero sé que a ellos les haría ilusión estar en nuestro enlace, y no cuesta tanto esperar un poco más, ¿no?



Al final, accedieron a llevar las cosas con un poco más de calma, pero siguiendo ellas llevando el control de todo o casi todo.



Hyo Jun no tenía que pedirle que fuera a la boda de su hermano, ya que lo haría de todas formas, pero agradeció que su madrastra se tomara el tiempo de ir a la consulta aquella tarde y hacerle la petición, más formalmente, de que fuera a la boda de Changmin con Sun Gen, acompañando a la familia en un momento tan feliz. Lo que no esperaba, tal vez, era la locura que le había dado tanto a su madrastra, como a su pequeño Junsu, que se la pasaban yendo de un lado a otro, buscándole el traje perfecto. Quizás, por eso, cuando la mujer se presentó en su casa con un enorme paquete, había temido que fueran trajes que él debía probarse; respirando aliviado, sólo en parte, cuando ella lo dejó en el suelo y le pidió un vaso de agua, pues estaba agotada y había ido, ya que le caía de paso, a descansar un poco, antes de proseguir su camino a casa.



- Podría haber cogido la mula… -dándole el vaso

- Yoochun… -le reprochó

- Perdona, pero ya sabes como soy… -le sonrió, sentándose a su lado, ya que la consulta, por raro que fuera, estaba vacía

- Sí, lo sé… pero somos casi de la misma edad, además de familia.

- Ya… pero era la esposa de mi padre y

- Ya sé, ya sé, merezco respeto…. –resopló resignada, viendo como él asentía- Te pareces tan poco a él. –le sonrió, tiernamente, mientras le acariciaba la mejilla- Eres más como tu madre.

- Es cierto, la cono… -calló un instante, tomando sus manos entre las suyas, y rectificó la expresión a emplear- la conocías.

- Sí, apenas tengo recuerdos de ella, pero… en los pocos que conservo, cada vez que te miro… es como ver su reflejo.

- Esto… -interrumpió Junsu, desde la puerta- yo… debo irme ya… -decía algo cabizbajo- nos… nos vemos luego… -añadió, saliendo, casi de inmediato, por la puerta

- Sin embargo Junsu es igualito a mí, sacó todo mi carácter… en seguida se molesta y se cela. -rió

- Sí. –sonrió con ternura, mirando hacia la puerta.

- Yoochun. –le llamó, sacándolo de su ensimismamiento- Tienes que venir a la boda.

- Que sí… iré a la boda, ¿cómo no iba a asistir al enlace de mi hermano?

- Más te vale, sobre todo teniendo en cuenta que él es el único de la familia que se me va a casar… -dijo con cierto tonillo de reproche

- Bueno, de mí siempre dijiste que no me iba a casar, -mostrándole las manos, motivo que ella siempre empleaba para decirlo- pero… te queda Junsu. –dijo con cierto dolor, porque no quería imaginarse a su amor casado con otra persona que no fuera él.

- ¿Junsu?... ni que pudiera casarse… -Yoochun la miró confundido- Soy madre, pero no estoy ciega, ni estoy impedida de forma alguna, como para no darme cuenta de que ustedes dos se aman. –los ojos del doctor se abrieron al máximo

- Yo…

- No te reprocho nada Yoochun, sé perfectamente que Junsu te quiere, y que tú a él también, que jamás dejarás que nada malo le pase… y si mi pequeño es feliz estando contigo… no hay nada que yo pueda hacerle, más aún, conociéndote como te conozco. -sonrió con ternura- Sé que siempre estarás a su lado.

- Eso… ¿quiere decir que…? –ella asintió, y a él le nació darle el abrazo más fuerte, intenso y sincero que jamás diera- Gracias, gracias Hyo Jun, te prometo que no te arrepentirás.

- Yo… -se oyó la voz de Junsu, que había vuelto, nervioso por lo visto antes, celoso de que su madre y su amor estuvieran tomados de las manos, y ahora se encontraba con que él la estaba abrazando, agradeciéndole vete a saber qué… y dolía, dolía su pecho… y lo único que quería era desaparecer, salir corriendo de allí

- Junsu. –corrió tras él, abrazándolo con fuerza, sabía que lo había malinterpretado todo por culpa de los celos, esos mismos que le habían jugado malas pasadas a él también- No es lo que piensas.

- Suélt… -sus labios fueron silenciados por los de Yoochun, y él quedó en shock, ¿le estaba besando con su madre delante?- Yoo…

- Tu madre me permite estar contigo. –le confesó, mirándole a los ojos.

- ¿Madre? –preguntó, alegrándose al verla asentir, abrazándose más a Yoochun- espera… ¿Tú le dijiste?

- No… ¿tan obvios somos? –preguntó aterrado

- No. –negó, moviendo la cabeza- pero te conozco, -dijo señalando a su hijo- os conozco a ambos, y he visto como reaccionáis cada vez que estáis juntos… -los miró con ternura- Ignoro si lleváis más tiempo del que yo llevo siendo consciente de vuestra relación, pero… lo único que me importa es que ambos seáis felices. –sonrió de forma maternal a ambos.

- Gracias madre. –dijo Junsu, con lágrimas de felicidad en sus ojos, eso les daba más libertad para amarse.

- Ay… definitivamente, Changmin va a ser el único que me dé nietos… -se lamentó, pensando en lo hermosos que serían los de Junsu, o lo inteligentes que serían los de Yoochun, y no con tan poco tacto como los de su primer hijo

- Madre… -se quejó el mencionado, y es que le seguía violentando que se refirieran a ese tema.

- Bueno, ya que os tengo aquí a los tres… quiero que sepáis una cosa, tengo pensado pasar una temporada con cada familia, -la miraban sin saber muy bien qué decir- ¿o acaso pensabais dejarme viviendo allí sola? –cuestionó

- No, no… -se apresuraron a decir, pero no parecían muy convencidos en su respuesta

- Muy bien, -dijo, sin hacer caso a las expresiones de sus hijos- entonces a partir de la boda, me vendré a vivir con Junsu y Yoochun primero, para daros intimidad a ti y a Sun Gen, que tanto Lee Ann como yo queremos nietos rápido.

- Madre…-volvió a reprochar Changmin, con un adorable puchero



Aquel hombre no iba a olvidar jamás lo que encontró en la habitación; y es que la imagen de un hombre colgado, es algo difícil de borrar de las retinas y los recuerdos. Tan pronto como reaccionó, dio parte a los guardas de la zona, más que nada para exculparse, no quería que nadie pensara que él había tenido algo que ver, así que puso todas las posesiones, que su huésped había traído consigo, bajo la tutela de los guardias, alegando que él no quería saber nada de ese muerto.

Min Yue fue quien decidió hacerse cargo de ese tema, total, no era nada del otro mundo, todo y que no fuera muy habitual en ese pueblo tan pequeño, que los que venían de visita o de paso, acabaran ahorcándose en su habitación.

“Sus razones tendría”, pensaba, mientras cubría el cuerpo, que yacía en el suelo, con una sábana y esperaba a que los dos soldados, que lo acompañaban, sacaran la mortaja y la llevasen al cementerio, donde le darían sepultura.

Preguntó al tabernero si sabía quién era ese hombre y si tenía familia a quien él debiera mandar una misiva para dar la funesta noticia; que comenzó a redactar tan pronto supo que era Kang Chul Yong, el dueño del Muñecas, un local en el que él y algunos de sus compañeros habían pasado alguna que otra noche, dándole sus condolencias a la familia e indicándole dónde sería enterrado el malogrado hombre, esperando que le fuera enviada lo antes posible.







Rim Ha se aburría sobre manera estando en casa sola, cosa que ocurría la mayor parte del tiempo, ya que Sun Gen y Changmin, sus únicos sirvientes, parecían haber tomado por costumbre no andar por las inmediaciones de su propiedad; aunque, para ser sincera, la pequeña Kang no era para nada de su agrado, ya que era demasiado honesta a la hora de hablar para su gusto, diciendo todo aquello que le pasaba por su mente, y tratándola con cierto desprecio, todo y que ella ahora era la señora de aquella casa y la otra una simple criada, aunque antes ella fuera la hija de la dueña y ella una de las chicas que trabajaba para su madre, además de que parecía tener la suerte de atraer a Changmin y Jaejoong, por igual, ambos con los que a ella no le importaría tenerlos en la cama, aunque sólo fuera una noche, y quién sabía si no hacía o había hecho algo también con su esposo, todo y lo recta que decía que era, seguramente había estado con más hombres que ella y puede que incluso con más de uno o dos a la vez, sólo ella sabría las perversiones que habría realizado o que realiza con Jaejoong y Changmin.

Por otro lado, la habían comparado tantas veces con Jaejoongieh, que quiso saber un poco más sobre ella, pero claro, era consciente de que si le preguntaba a Sun Gen, ella enaltecería a la primera esposa de su marido y a ella la dejaría a la altura del piso; así que decidió que preguntaría, disimuladamente, a la gente del mercado, a quienes había escuchado alguna que otra vez dar las condolencias a Yunho, aún hacía poco, pese al tiempo transcurrido desde la trágica muerte de la difunta. Gracias a eso, se había enterado de que rara vez salía sola de casa, y que casi siempre iba escoltada, al principio por su esposo, más tarde con su sirvienta Sun Gen y alguna que otra vez con un hombre, que finalmente descubrieron que era el nuevo sirviente de la familia, el joven Changmin; también le habían dicho que era encantadora y amable, sumamente bella y, algo que le había dejado algo intrigada, que parecía tener un pasado un poco turbio, ya que, según creían haber entendido una vez, la joven Jaejoongieh, había sido ganada por Yunho como premio en algún tipo de combate o duelo.



- Buenos días. –saludó a una de las chicas que le abrió la puerta

- Buenos días Rim Ha, que raro verte por aquí, otra vez… -le sonrió con ironía

- Vine a hacer una visita de cortesía, no quiero que piensen que olvido mis orígenes. –mintió descaradamente, si bien sabía que su interlocutora era consciente de esa mentira- ¿Está la dueña?

- No… se fue con su hija esta mañana, ¿para qué la querías? –preguntó curiosa

- Para nada en especial… quizás tú puedas servirme. –le comentó- Tú ya vivías aquí antes que yo, ¿cierto?

- Sí, así es.

- ¿Conocías a una tal Jaejoongieh? –preguntó, consciente de que sólo en el Muñecas, que ella supiera, se hacían combates en los que el premio podía ser una de las chicas que allí vivían, ya que la dueña solía organizarlos para librarse de la que le estorbaba, como ya se lo había insinuado a ella

- ¿Jaejoongieh? –repitió, intentando hacer memoria, ya que el nombre sí que le sonaba, pero habían pasado tantas por ahí, que era difícil acordarse del nombre de todas

- Yo sí la conocí. –dijo otra de las chicas, acercándose a donde ellas estaban, que había escuchado la conversación- Pobre… ahora estará en el cielo. –habló con el respeto que se les debe a las personas que ya no se encuentran en este mundo.

- Entonces… ¿vivió aquí?

- Sí, durante varios años… de hecho, era la preferida del dueño y de alguno más

- Oh, sí, es verdad. –dijo la primera preguntada, cortando a la anterior, pues ya había recordado quién era- Sé que llegaron a pagar grandes sumas de dinero por ser los afortunados en pasar una noche con ella.

- Ya veo…

- Pero…

- Tengo que irme, ya vendré otro día. –cortó, saliendo casi de seguida, ya que no necesitaba saber nada más, le bastaba con que la queridísima e idolatrada Jaejoongieh no era más que otra como ella, por mucho que quisieran disfrazarla de señora educada y decente.



De vuelta a casa, Sun Gen la miró con esa suficiencia y desaprobación que acostumbraba últimamente, como si le estuviera reprochando que no hiciera nada bien, pero no le dio importancia, ya que ahora tenía con qué rebatirla si osaba volver a compararlas, aunque ni se iba a molestar en hacerlo, ella estaba muy por encima, era la señora de la casa, no iba a rebajarse en darle explicaciones a una simple sirvienta de aquello que hacía o dejaba de hacer cuando ella no estaba para vigilarle.

Estuvo esperando, como otros tantos días, a ver si el general Song volvía a aparecer por las inmediaciones, pero apenas lo había hecho en los últimos tres días, y desconocía si lo haría; mas era consciente de que si él se pasaba todas los días, la gente empezaría a murmurar, comenzaría a hablar, rumorear y contar… y su marido se acabaría enterando, y temía que la echase de la casa, porque le habían repetido hasta la saciedad que una señora, no sólo debía serlo, si no también parecerlo.

Pero le daba morbo eso de sentirlo como algo prohibido, además que el general sabía muy bien desenvolverse en la cama, tenía ese algo salvaje, que le hacía temblar de deseo y morirse por entregarse a él, por llenar su feminidad con su potente miembro y ser tomada pasionalmente.

Ya que su esposo aún no la había tan siquiera rozado, al principio pensaba que era sólo a causa de la herida, ahora sabía que también era porque aún no había olvidado a Jaejoongieh; y aunque pensaba que ella no tenía nada que envidiarle, lo cierto es que Yunho no le había dado ni la oportunidad de demostrárselo, pero poco le importaba, no le faltaban hombres a sus pies con los que saciar su apetito sexual.







Por fin había dejado todo atado, para que nada le impidiera iniciar su viaje a Seúl, de vuelta al cuartel central de la guardia real. Le había costado más tiempo del que hubiera querido, pero, como militar de rango superior, y por raro que pareciera, no tenía tanta libertad de movimiento como él quisiera; aunque eso ya daba igual, en apenas unas horas estaría en camino.

Se había pasado una noche o dos más por casa de los Jung, disfrutando de la entrega de Rim Ha a todos sus deseos, pero, como ya le había ocurrido con todas las mujeres que habían pasado por su cama, ninguna le daba la misma sensación que poseer el cuerpo de Jaejoongieh, lo que le provocaban sus gemidos, la excitación de sentirlo luchar contra su deseo, provocando que fuera mayor el placer que él sentía…. A parte que el que el joven Jung no estuviera allí para pillarlos en la cama, o para que alguien le dijera que su mujer y él se veían más a menudo de lo que sería conveniente, ocasionándole celos y dolor al saber que ella le engañaba con él, que le había arrebatado a su nuevo amor, como él se había llevado a su más preciado tesoro, hacía que perdiera su morbo el seguir teniendo sexo con ella, así que se limitaba a apagar sus ganas, sin gastar ni un solo won.

Una vez todo cargado en su caballo, puso rumbo, al galope, hacia Seúl, esperando encontrar al joven Jung, deseando hacerle saber, de manera no muy sutil, que se había acostado con su esposa en más de una ocasión y que la había hecho gritar su nombre, embriagada de placer; porque en su mente no había nada más que deseo de venganza, de hacerle tanto daño como pudiera.

Insoportablemente Cruel cap 8

Del autobús baja Changmin enfadado y limpiándose la boca con el puño de su camisa del colegio. Detrás de él camina su hyung sonriendo cándidamente, feliz, sería la palabra indicada. Definitivamente hace una noche hermosa, la brisa y la temperatura son perfectas, camino a casa y Changmin ahí, justo delante de él sin otro lugar al que ir que no sea a su lado, su hábitat. Se cubre la boca, si vuelve a reírse, el menor le arrancará la cabeza con las manos. Pero iba más allá de lo que cabía en las barreras del hyung, verlo así, caminar y moverse sólo hacen pensar que un niño de cinco años está atrapado en el cuerpo de un adolescente.

“GATA, PERRA SUCIA Y DESGRACIADA, SE CREE QUE POR QUE ESTÁ ABURRIDO YO LE VOY A SERVIR DE CONSOLADOR DE CILICONA, ESTÁ MUY EQUIBOCADO, NO HAY NADA EN ESTE MUNDO QUE ME HAGA CAER POR SU CULPA DE NUEVO”

Pero lo que Changmin no sospechaba, era que su sentencia ya estaba dicha desde antes de que Yochun y su madre viajasen. Al llegar a la maldita esquina el semáforo está en verde, pero le vale y cruza de todos modos ya que no hay un alma en la calle. Desde atrás su hyung corre para alcanzarlo, lo jala del brazo paras encararlo.
_no hagas eso, es peligros…
El ánimo no estaba en retarlo ni nada, pero Changmin le envió una mirada asesina . Se liberó del agarre de su hyung y siguió su camino sin detenerse hasta llegar a casa. Enfrente de la puerta, sin pensar, se palpó los bolsillos del pantalón en busca de la llave sin recordar que esta no es su casa y nadie le ha dado ninguna llave. Ahora extraña no estar en la suya, quiere su llave con el llavero de un Kiba bebé (Wolfs rain). Así, y puteándole mentalmente hasta el último rincón del código genético, Changmin sonríe falsamente para pedirle la llave a su hyung.
_ ¿hyung, podrías darme la llave?
Jaejoong le mira con una expresión de “este se piensa que yo nací ayer”. Changmin es un maldito comprador, sólo se comporta de ese modo cuando quiere algo de él. Jaejoong lo sabe y no piensa someterse a este feto de un modo tan barato; si Changmin lo quiere, será mejor que se esfuerce un poco más.
_no…
Contestó secamente sacando de sus jeans la llave de casa. Y la próxima vez le costará más caro que sólo un beso para poder entrar a esta casa. Jaejoong le curará toda esa inmadurez en estas semanas, aunque para eso tenga que ser rudo.
Como siempre al llegar a casa, cada uno arroja sus útiles en diferentes direcciones, todo sigue igual ya que nadie entra para llevar a cabo la limpieza diaria. Así, es el mismo Jaejoong que luego de ponerse su ropa cómoda de casa empieza a recoger todo el desorden. Mientras tanto, Changmin se encierra en su cuarto, es decir el cuarto que antes era de JAEJOONG pero el cual ya no ocupó desde que empezó a dormir con Yunho en la misma habitación. Claro que eso nadie se molestó en acláraselo al niño.
_mamá… Yochun…. Vuelvan, por favor.
Arrojado en la cama se siente fuera de lugar. Esta después de todo no es su cama, no son sus sabanas ni sus colchitas. Además, aquí no tiene lámpara de noche y no puede leer sus comics antes de dormir. Perezosamente empieza a quitarse la ropa del colegio, está sucia en verdad, tendrá que sacar a lavar todo ahora ya que necesita tenerlo seco para mañana en la mañana. Pedirle a esa perra que se lo lave, sería algo humillante, nada de eso señor, él no es ningún bebecito que no pueda hacer la colada con sus propias manos. Salió de la habitación con su uniforme escolar hecho un bollo en su mano derecha, paso de largo por la cocina y vio a Jaejoong preparando la cena, en la sala la TV estaba encendida, a esta hora su hyung escucha un programa de cocina ya que no puede mirarlo porque él mismo se encuentra cocinando. Changmin no sabe qué sentido tiene hacer eso ¿acaso Jaejoong luego recuerda todo lo que registra su oído? Si puede hacerlo, es un genio. Para él eso sería imposible, su atención es muy dispersa, no recuerda el rostro de alguien si sólo lo ha visto una vez y en clases cualquier cosa lo hace perder el hilo de la lección, y ni hablar si se topa con alguien conocido en la calle, al menos que esa persona lo golpee en la cara, él no la verá.
Ahora, sí. Qué tan difícil puede ser lavar su propio uniforme, pone un poco de jabón, abre el agua, sumerge primero la camisa y deja el pantalón en otro recipiente con agua y jabón ya que si el pantalón destiñe, la camisa absorberá el color negro y se volverá marrón. Particularmente, él en casa nunca hace esto, su mamá siempre lo hace por él, aunque ha visto a Yochun maldecir cada vez que tiene que hacerlo. No es tan malo después de todo, aunque claro, hacerlo todos los días debe ser terrible. Pero los lavarropas automáticos han facilitado esta labor. La modernidad sí que tiene sus beneficios.
_aja… Yochun es un llorón….jajajaja…

La espuma empieza a formarse entre sus manos, se debe al jabón y esto se pone divertido así que agrega un poco más de jabón como quien hace la cosa más interesante. Jaejoong por su parte estaba muy concentrado en lo que hacían sus manos, al tiempo que controlaba la cocción de los alimentos se alejaba otros segundos para observar su programa de cocina. Así iba y volvía entre el plato mediterráneo que preparaba el chef en TV y su modesto plato local coreano. La mujer de la Tv movía esos afilados utensilios de un modo magistral entre sus manos, la textura de los ingredientes y los colores, cautivaban al joven estudiante de cocina irrealizable, por el momento. Exactamente en el segundo en que el programa concluyo, la comida de Changmin estaba lista y dispuesta sobre la mesa. Jaejoong fue a buscar a su huésped a su habitación pero allí no lo encontró, luego dio vueltas por donde había venido pero tampoco lo encontró, pensó que quizás había salido pero eso era imposible a la hora de la cena. El único lugar que quedaba por revisar, era el lavadero. Efectivamente allí lo encontró, pero Jaejoong no comprendía qué demonios estaba haciendo mojado de pies a cabeza y con espuma hasta los codos.

_Changmin ¿qué intentas hacer?

El aludido giro con una enorme sonrisa de diversión en su rostro, se reía dejando a su hyung pasmado. El enojo de su niño se había evaporado por completo.
_estoy lavando ¿no lo ves?
Sí que lo veía. Pedirle que no se acercase en estos momentos, era una crueldad además de un pecado. Jaejoong se acercó. Sus brazos rodearon a Changmin sin tocarlo y tomo de entre las manos del niño la prenda que éste supuestamente estaba lavando, con experiencia comenzó a hacer el enjuagado y el lavado más rápido y más eficientemente que Changmin. El niño se quedo quieto en medio de los brazos del hyung, sólo miraba impresionado las manos del mayor, le recordaban a las de sus mamá, ella también las mueve así al lavar la ropa. Por ese momento y hasta que Jaejoong tendió la camisa a secar, Changmin permaneció con los ojos pegados al mayor, como hipnotizado y al mismo tiempo adormilado por su manera de moverse, tan firme y al mismo tiempo suave. Cada vez que Jaejoong hacía algo, Changmin sentía una caricia sobre sus pupilas, si es que es posible sentir una caricia sobre las pupilas. Se sintió triste mientras su hyung lavaba su pantalón, se sentía además patético por necesitar su ayuda, y sobre todo, por dejarse embelesar tan fácilmente por esa persona. Esto era triste, era tristísimo en verdad. Era peor que el cáncer, que el sida, para esto no había defensa en el mundo. Nadie le enseño como crear esos anticuerpos que precisaba su existencia para no extinguirse a la sombra de algo tan magnífico. Claro está que Jaejoong no es así de magnifico, que todo eso es producto de su subjetividad, ya que de serlo, sería imposible que Jaejoong saliera a la calle. Si el mundo entero viese a su hyung como él lo ve.
Quiere llorar, pero se va a aguantar.
_listo…-dice el mayor feliz de haber terminado la labor.
Changmin ahora tiene más ganas de llorar, su cuerpo se endurece y si Jaejoong le sonríe una sola vez más sus ojos empezaran a desagotarse.

_ahora lávate las manos y vamos a comer-dice sonriendo cálidamente, y hasta ahí Changmin pudo haberse esforzado en aguantarlo, pero cuando esa mano fue a acariciar su mejilla, ya no lo soporto y cerró los ojos con fuerza, como si lo que lo tocase fuera el filo de una navaja.

Jaejoong no lo interpretó como realmente debía interpretarlo, entonces retiró rápidamente su mano pensando que el gesto resultaba desagradable para Changmin. No dijo nada y salió camino a la cocina, tomó su lugar y comenzó a comer sin esperar al menor. Los minutos pasaban y no venía, la comida se enfriaba y justo cuando planeaba ir a buscarlo, el niño entraba arrastrando los pies a la cocina, aún llevaba su ropa mojada.
_estas empapado, ve a cambiarte…
Changmin no lo escuchó y con desgano tomó los palillos entre sus dedos para comenzar a comer con su nivel de energía igualada a menos veinte. El niño parecía arrollado por cinco locomotoras y un shinkanzen sin frenos. Jaejoong no podía comer viéndolo así y ya no sabía qué pensar, quizás ese beso en verdad le dio asco, quizás le molesto que lavará su ropa por él, quizás en verdad le paso algo malo en la escuela hoy, quizás está enfermo, quizás Changmin lo odia con todo su corazón. Hay muchos “quizás” que no morirán a menos que se anime a preguntar.

_Min… ¿qué ocurre?

Fueron sólo sus ojos los que se redireccionaron al pálido rostro del hyung.

_no ocurre nada…
Y esa fue la mentira más grande que pudo articular el día de hoy. Era una mentira de dimensiones tan estratosféricas que se le salía por los ojos. Se cegó por unos segundos y cuando volvió a ver y sentir, Jaejoong estaba a su lado con los ojos llorosos y las manos acunándole el rostro, le estaba preguntando algo pero Changmin no podía escucharlo, el ruido en su cabeza era muy fuerte y no podía hacerlo. Cada vez que la boca de su hyung hablaba ese ruido se volvía más estruendoso. El aturdimiento le hizo cerrar los ojos otra vez. Jaejoong desesperó pensando que todo era odio, que Changmin no soportaba verlo porque todo lo relacionado a él le daba demasiado asco.
El mayor hablaba y hablaba sin parar y sin acertar con ninguna de sus aseveraciones, hasta que los delgados brazos se anclaron a su cintura para callarlo, cubriéndose los ojos en su cuello, era mejor llorarle a su cuerpo que a su cara. Apretó los ojos, necesitaba sentir mejor a su bebé, necesitaba gozar de sus manos en su totalidad. Changmin hipaba y lloraba contra su cuello. Intentaba pensar en Yunho, recurría como último recurso a su casi inexistente conciencia, pero le costaba mucho más que cordura el no dejarse llevar. Las advertencias de Yochun rondaban en su cabeza, tocar a este niño, ir más allá de sólo un beso implicaba perder sus capacidades reproductivas. Era algo tácito ese acuerdo, Yochun sólo cuidaba de su hermano, pero dejárselo en casa todo este tiempo era ponerlo al borde de la locura.

_Changmin…dime ¿qué ocurre?-acaricia su espalda para calmarlo.
_hyung…

La situación era muy incómoda, principalmente para el que se sentía más vulnerable. Jaejoong había visto llorar muchas veces a Changmin, lo curioso es que la mayoría de las veces que lo ha visto llorar fueron por su culpa. Una de las que más recuerda es aquella vez cuando Changmin lo vio de la mano de su novia dos días después de él habérsele declarado, la segunda vez más dramática que la primera, fue cuando Jaejoong tuvo su primer novio, todo esto se dio en el mismo año. Para cuando cumplió los catorce años Changmin ya había sufrido demasiado por amor. Debería vengarse, debería hacerlo, es justo, pero mejor si esa idea nunca se le pasa por la cabeza. Jaejoong no es tan fuerte como el niño, Jaejoong se volverá completamente loco de amor, de rabia y todo al mismo tiempo. Porque hay una gran diferencia entre la gente que acepta su dolor y la que no lo tolera. Changmin es de las primeras, quizás no nació así, pero la vida no le dejo otra opción, Jaejoong no le dio nunca a elegir. Si Min era lo que era, en buena medida se lo debía a su hyung.

_creo que mejor me voy a la cama, me duele mucho la cabeza…-por sus mejillas rodaban sin parar.
_mentira…-no importa cuántas veces las seque, siempre vuelven a salir.
_ya…-detiene las manos de su hyung, no quiere que siga haciendo eso.
_pero…
_ya…

El mayor está pasmado, no puede creer que Changmin le diga que no. ¿Es rencor a caso lo que no lo deja ser consolado por su hyung? Podría ser, pero no. Bastaba mirarlo para saber que ahí no había rencor. Sólo tristeza.


Al comenzar la primavera, el paisaje de la escuela siempre es igual. Las malditas parejitas de enamorados que pululan por todos los pasillos y por todo el patio e incluso el gimnasio (deberían buscarse un motel, tsk) Pero el año pasado, este paisaje había pasado inadvertido por Changmin quien sólo se dedicaba a jugar con Junsu a nada en especifico, sólo correteaban de aquí para allá sin parar, erráticamente y no se detenían hasta agotarse por completo. El circuito de sus persecuciones los llevaba por todos lados, incluso por los pisos superiores donde estaban los chicos más grandes, donde el resto de sus compañeros jamás se aventuraban, salvo las niñas que querían coquetear con los mayores.
_ ¡¡¡¡¡maldito Freeza ven aquí, te destripare y jugare con tu cerebro muajajajajaja!!!!!

Era cierto, eran raros y más aniñados que el resto de los chicos de su edad, pero eso los hacía muy únicos. Al menos ellos se veían así. Mientras la mayoría de sus compañeros ahora se la pasaban babeando por las piernas de alguna chica, ellos seguían babeando por esos comics y animes que les habían cambiado la infancia. En el razonamiento de estos amigos, ver a una chica mayor con una micro falda no era para nada entretenido, todos los seres humanos tenemos piernas, ellos también tienen piernas y si se ponen una micro falda nadie los mirará. En fin, estos niños estaban haciendo que su infancia se extienda al máximo. Ellos no planeaban dejar de jugar hasta que el primer pelo de sus barbas creciera.

_ ¡¡¡¡¡nuncaaaaa, seré yo el que juegue con tus intestinos, mujajajajaja vuelve a tu miserable planeta Goku!!!!!

Yochun no sabía dónde meterse, todos en la escuela sabían que ese niño era su hermano, el ama a su hermano pero Changmin en verdad sabe cómo hacerle pasar vergüenza. En la cafetería eran el hazmerreír, sólo ellos dos no lo notaban, o mejor dicho no les importaba. En la fila todos los alumnos de la escuela esperan para que les sirvan su almuerzo, esos dos siempre hacían la espera bastante divertida, nunca nadie sabín con que juego podían salir la próxima vez.

_jajajaj…-Jaejoong estaba muy divertido.
_no te rías, carajo, tú no.-Yochun se escondía detrás de su amigo mientras esperaban por su almuerzo en la cola.
_ah… pero Yochun, Min es adorable, cómo puedes sentir vergüenza- había cierto sarcasmo en sus palabras en son de burla para su amigo.
_aish, cállate!
Changmin no entendía que su hermano se avergüence de él por eso. Pero su hyung, no. Jaejoong hyung era genial, era diferente a Yochun, Jaejoong no era tímido y tampoco tenía los típicos complejos de todo adolescente. Sí, si, después de Obi wan y Yoda, Jaejoong era su favorito, aunque a veces tenía mucho de Anaquin, pero qué más da.
_espera, espera, Junsu, sostén mi bandeja, en seguida vengo
Salió corriendo a ver a su hyung que lo estaba saludando desde la otra fila, donde se colocan los chicos mayores.
_awww ahí viene, míralo, ¿no es todo lindo en su uniforme?
_pervertido
_awww…-se muerde el labio- qué puedo decir, tú hermano es un ángel.
_si, si, como sea, pero será mejor que se lo digas.
La cara sonriente de Jae se desvaneció, no quería pensar en eso ahora. Changmin había superado bastante bien el rechazo, el niño seguía siendo prácticamente igual. Qué tanto le dolió que Jae le dijera que no, sólo lo saben el mismo MIN y su hermano. Los alcanza agitado y con una enorme sonrisa en su rostro. Definitivamente era un ángel, tan puro…que era malo.
_hyung ¿por qué te escondes ahí atrás?
_es por tu culpa Changmin, deja de jugar con la comida ya no tienes cinco años, por dios, compórtate. Te lo advierto, todos pensaran que tienes problemas.
Pero esas advertencias poco podían importarle cuando tenía ese rostro delante de él sonriéndole de esa manera, cuando era su Jae hyung el que le sostenía la mirada coquetamente robándole el aliento. Su hermano era un agregado, el resto de los seres humanos en ese sitio eran sólo unos agregados.
_ ¿me estas escuchando?

Yochun se dio por vencido al ver la carita de su hermano menor, Jaejoong miraba hacia adelante en la fila del almuerzo pero cuando volvía su rostro hacia Min desplegaba todo el encanto que tenía en el cuerpo para engatuzarlo aún más, si es que eso era posible. Lo tenía comiendo de su mano.
_ah…Min, tienes que cuidar más tu apariencia sino las niñas no te mirarán.-acerca una mano para acomodar el flequillo desordenado del menor. Changmin cierra los ojos y se adormece en ese roce.
Jaejoong le sonríe a Yochun, de verdad su amigo es cruel. Porqué se comporta así si no puede corresponderle. Al menos en ese tiempo, Yochun pensaba que Jaejoong nunca podría corresponder a Changmin, en ese sentido.
_mmm…cielo ¿qué haces aquí?
_aay no…-Yochun maldice por lo bajo y automáticamente pasa a tomar de un brazo a su hermanito alejándolo de Jaejoong.
_ah…-a Jae las mejillas se le tornan rojas y retira rápidamente sus manos de Min.

Yochun quería salir corriendo con Changmin, pero el tipo ese fue más rápido.
_ ¿no me presentas a tu amiguito?
Jaejoong ahora lucía más bien preocupado, su novio había envuelto sus brazos alrededor de su cintura de modo posesivo mientras Changmin estaba mirándolo todo. Presenciando, no sólo su propio desmoronamiento sino también su primera GRAN desilusión, mucho más grande a la de ser rechazado. Nada se comparaba a esto, nada se comparaba a la negra inmensidad que empezaba a formarse alrededor suyo. Entonces, si, ahora en ese sitio no había nadie más que JAEJOONG Y ese tipo, sólo ellos dos, ni siquiera Changmin podía verse a sí mismo en esa oscuridad.




La verdad es que Changmin jamás olvida nada, y a pesar del tiempo y de ahora estar rodeado por los brazos que más deseaba que lo abrazaran en el mundo, la tristeza no se va y no se irá a menos que en esta estúpida guerra sólo quede uno. Se ha tranquilizado y el llanto ha cesado, una extraña sensación de pesadez le invade el cuerpo y se deja estar ahí, sin más. Pensado ya en nada porque su cuerpo estaba aquí pero su cabeza estaba fundida y su corazón anestesiado. Los controles superiores no mandaban ningún impulso eléctrico a las extremidades, la visión estaba nublada, sólo la respiración mecánica, lo más mecánica que se pueda, sin suspiros, sin jadeos, sin pausas y sin ritmo. Una nada.

_ ¿Changmin?

Los ojos del mayor se abren como platos, tanto que su carita se vuelve puro ojos. Toma entre sus palmas el delgado rostro del menor, la mirada estaba pérdida, los labios entreabiertos y a penas uno podía decir que respiraba. Las manos del hyung se deslizaron por la piel, la temperatura era la correcta, volvió a chequear los ojos, nublados, seguían nublados.
_ ¡Changmin!
Intentó llamar su atención, pero sólo fue en vano. Por más que lo llamase y por más que lo jaloneará, Changmin no respondía y tampoco dejaba ver nada de lo que tenía adentro. No estaba empacado, Jaejoong conoce muy bien cómo luce cuando lo está, no, Changmin estaba “descompuesto”.

_¡¡Min, vamos te digo!!

De repente era su hermano jalándolo para que dejaran el lugar. Todo daba vueltas a su alrededor, la derecha estaba en la izquierda y la izquierda en la derecha, arriba ya era abajo y del resto ya no se acuerda. No era literatura, era su mundo a cinco milímetros del averno.
Yochun empujaba las personas, se abría paso sin importarle nada más que salvar a su hermano. Changmin no lucía nada bien, una vez que dejaron la cafetería tomándolo por los hombros hizo que lo mirará al rostro.
_Changmin, no te vayas, soy Yochun, estoy aquí

Su hermano lo sujetaba de las orejas, acariciaba sus tímpanos en movimientos circulares, como cuando Changmin era un bebé y no podía dormir, era curioso verlo conciliar el sueño sólo si le acariciaban las orejas. Ahora es lo mismo, ahora eso también debe quitarle el susto.
_Min, no tengas miedo, estoy aquí contigo…
Los alumnos que pasaban por el pasillo los miraban sin entender. Changmin no reaccionaba, pero su hermano no desistió, este era el único modo de hacerle bajar cable a tierra.
_vamos, niño, no me hagas esto, mamá me matará…
Los intentos parecían no funcionar, hasta que por fin Changmin pudo levantar los ojos y encarar a su hermano.
_hyung…tengo algo que confesarte…

Changmin en ese minuto envejeció unos cinco años y lucía como un hombre joven y no ya como lo que era, una criatura. Claro que su hermano lo entendía, no era necesario confesar nada a nadie, eran hermanos y la sangre hablaba aquí por ellos. Yochun conoce los ojos de Changmin de memoria, conoce sus tonalidades y que tanto pueden cerrarse sin dejar de ver, el largo de sus pestañas e incluso el color que empiezan a tener cuando algo fatal esta por atropellar el corazón de su hermano. Por eso, antes que este tren de amor, desprecio y rencor, le corte las arterias del pecho, Yochun debe atajarlo, estrujarlo contra su corazón, hacer que la sangre en el cuerpo de Changmin vuelva a acompasarse a la suya, que sienta el imán filial, que se calme y vuelva a encauzarse por donde vino para que así llegue a donde tiene que llegar.
_ya pasó pequeño, ya pasó…



Hasta hoy, Changmin siempre ha sido atajable para Yochun; en estos momentos no hay más que verdad pero ya no la quiere porque ya no le sirve.
_Estoy bien, hyung…
Despacio, para que nada se mueva de su lugar, Changmin se pone de pie, las manos de Jaejoong caen atónitas a los costados, no lo puede creer. Al pasar, por su lado CHangmin desprende el olor del jabón que emplea para lavar la ropa. Jaejoong planea detenerlo, sí, eso está pensando. Los minutos pasaron y sólo después notó que no había nadie junto a él en la cocina, de los cuencos la comida ya no desprendía vapor porque todo estaba frío. Dio varias vueltas, de la cocina al sofá, de la televisión a su laptop y de ahí a la puerta de Changmin. Tomar tanto valor para ahora quedarse parado, con el puño cerrado, gravitando sin poder llamar a quien su boca no puede nombrar, a quien no ha podido darle el nombre que merece en todos estos años. La única persona que él no se merece. Después de pensarlo y re pensarlo, la cobardía le estaba ganando al valor, Jaejoong empezaba a amainar su intento de socorro, porque si aquí había alguien desesperado, ese no era otro que el mismo.

_mi vida…

¿Qué lamentabas? ¿Lamentabas que tu vida fuese así? O… ¿estabas llamando a alguien? Como sea, cumples 23 y nadie va a venir a decirte: hey, despierta, ya creciste. Entonces violentamente recordaste, abriste tus ojos llenos de furia. En todos estos años te la has pasado escapando, corriendo a pulmón desagotado lejos de Changmin. Es que da pavor, ese niño con su lengua sólo da pavor. Y el pulso te tembló, tu cuerpo te lo estaba advirtiendo, esto estaba fuera de tu liga ¡vete a tu lugar!; pero no escuchaste, mandaste tu propio raciocinio a callar y a tu corazón le metiste una patada hasta mandarlo a parar detrás de tus costillas. Tocarías porque esto era más que un querer o no querer, esto pasó así porque tenía que pasar, Changmin era como tenía que ser y tú eras la mierda que tenías que ser, no había opción. No hay coincidencias, sabes bien que los seres humanos somos el resultado de una multitud de factores, sabes que tú no eres el culpable exclusivo del Changmin petrificado que viste en la cocina, no eres así de importante, no te creas tanto. La imagen se te dibujo a chorros en la mente, y no lograbas disiparlo de su lugar, se volvía como un hijo malcriado hacia ti y te reclamaba todo este tiempo que lo habías olvidado, tenía odio en los ojos.
_ ¿….hyung…?

Dos parpadeos y al frente era Changmin mirándolo extrañado y con sus manos intentado alcanzar sus mejillas, no supo que estaba llorando sino hasta que el calor de esas palmas le acunaron el rostro. Jaejoong se entregó y se sintió de repente como un recién nacido que experimenta por primera vez lo que es tener una piel. Sabe que existe sólo porque la criatura lo está acariciando.

_hyung…-lo llama- ¿qué paso?

Era inútil, Jaejoong licuaba sus emociones de un modo extraño. A penas chilla un poco, el enojo se evapora del cuerpo de Min y unas ganas estúpidas y suicidas le llenan por entero. Quiere correr y escalara el Kilimanjaro y luego volver a Seúl trayéndole algo maravilloso para su hyung, un tesoro y decirle que esto no era nada que si él quería podía esta vez ir más alto y hacerlo ver cosas que no alcanza a imaginar.
Pero la verdad era que Changmin no entendía bien porque su hyung estaba llorando, entonces todo eso de darle la vida y la muerte, parecía pequeño y tonto. No era lo que Jajeoong necesitaba, Changmin sabía lo que necesitaba su hyung, a Yunho. Pudo tragarse su dolor una vez más, después de todo ya no era casi ni dolor, cuando éste se vuelve rutinario llega la peor parte, que es no sentirte ni dulce ni amargo. Son cosas que pasan, te dices.
_Jaejoong…-sostiene su mano, quizás esta vez necesite que lo guíen-ven…

El que iba siendo arrastrado esta vez era otro, no sólo Changmin se sentía pequeño en estos momentos, el hyung estaba desinflado y con la conciencia de un niño de cinco años. Les quedaba grande a ambos, intentaban vestirse de adulto cuando todavía no aprendían a jugar bien a los quemados. El tono serio y marcial de la situación sólo estaba en la mente de Jaejoong, quien esperaba a que Changmin lo insultara o le dijera una gran verdad filosófica sobre la vida, tal como solía hacer de niño. Esta vez no, nada de eso pasaría.
Changmin hizo sentar en el sofá a su hyung que lo miraba moverse sólo como Changmin sabe hacerlo. Por un lado arreglaba el equipo de video y audio, encendió la televisión y se dirigió a los estantes donde sabe que puede encontrar lo que busca.

_ ¿cuál fue la última película que viste, hyung?

De espaldas parece un chico mayor, tiene los hombros definidos y una cintura delgada delata que aún no termina de crecer, aunque quizás esa parte de su cuerpo nunca crezca.

_ La mirada invisible…
_ ¿y eso?-se volvió un poco sin darse la vuelta- nunca escuche de esa película.
_no… no estuvo en los cines…
_mmm…

Probablemente diría que la había visto con Yunho, así que el niño no quiso indagar demasiado en la cuestión; en realidad, en ninguna que implique saber de otro sujeto que no sea su hyung. Había sido un día de lo más anormal, a esta hora sólo quería relajarse sin estarse preguntando nada más complicado. De por si la vida de sencilla no tiene nada y nosotros tampoco la hacemos más fácil.

_ ¿Changmin está?
Deja la taza de café sobre el cinc de la cocina. La mirada que recibe de Yochun hiela la sangre.

_perdón-dice y baja la mirada.


Yochun detesta que después de hacer lo que hizo pregunte por su hermanito. Esa conducta en Jaejoong parece estar volviéndose una costumbre que nada tiene que ver con Changmin.
_está arriba, durmiendo…-Yochun toma asiento a su lado.
Hay silencio por unos momentos y Jaejoong luce nervioso. No debe Yochun preguntar nada, su aspecto lo delata todo. Esta vez desconoce qué criatura accedió a acompañarlo hasta los baños, pero eso no importa, Jaejoong nunca repite, no cuando es un niño que guarde algún tipo de parecido con su Changmin.
_ ¿cuándo vas a parar?
_no lo sé…
_ ¿qué hay de ese tipo que te anda rondando?
_ ¿Yunho?
_si, él ¿Por qué no sales con él?

Jaejoong le sonríe agotado. La verdad no era que no le gustase Yunho, pero no podía salir con él mientras su vida siga siendo el desastre que es.
_ ¿puedo subir?
Yochun lo mira un poco entristecido por el cuadro.
_sube… pero no hagas ruido. Se pondrá como una fiera sino.
Jaejoong se pone de pie. La noche ha sido movida, cuando salió en la mañana de su casa no esperaba terminar metido en un baño de dos por dos con una criatura que generosamente le abría sus piernas para ser tomado en nombre de otro. Entonces con la camisa aún húmeda por el sudor y mal abrochada, el hyung gira con cuidado el picaporte de la puerta, respira contra la madera, apoya la palma izquierda de su mano sobre la superficie y entra.
La habitación estaba obscura, al principio no se sentía nada, pero luego, ahí estaba. Changmin respiraba y el sólo sonido invadió todo. Jaejoong se acercó a la ventana, corrió la cortina para no tener que prender la luz. Dio media vuelta y a sus espaldas pudo encontrar nuevamente lo que buscaba. Se sentó, Changmin no sintió el nuevo peso que se incorporaba en su cama. Entonces se quedo ahí y no hizo nada más, ya había hecho demasiado por hoy.



Changmin se acerca con una película en las manos, se la muestra a su hyung y ahora está explicándole de que se trata. Jaejoong sonríe porque no puede escuchar nada. Sólo le observa y sonríe otra vez, lleva sus dedos a la nuca del niño, este se calla, se sonroja, mira a un costado y a medida que su hyung lo atrae hacia sí, Changmin puede predecir lo que vendrá. Estando frente a frente, con la punta de la nariz tocándole, Jaejoong no volvió a pensar.
_me gustas, Changmin, me gustas muchísimo.

Los ojos cafés que tenía en frente se dilataron pero en sus mejillas no había rubor. Tenía que ser una broma, pero lo que sí no era broma era el beso que de repente le estaba dando su hyung. A Changmin le tomó menos de tres minutos entregarse y rendirse. No estaba seguro de lo que pasaría luego, no sabía qué pasaría con Yunho ni con nadie. Pero…pero…esos recuerdos se agolpan en su mente justo ahora, cuando Jaejoong lo está tomando como hombre y no ya ¿como un niño? Changmin pensaba que su cabeza era una pésima ama, no era justo que recordará cosas terribles cuando ahora su hyung lo recostaba principescamente sobre el sofá colocándose sobre él como un sueño de belleza, tratándolo con tanta suavidad que lo hacía temblar.
_hyung…-exhaló.

Era diferente, y era genial. Esto no se parece en nada a los arrebatos que tuvo antes. Jaejoong lo estaba acariciando en verdad, estaba siendo suave ¿se dará cuenta de que lo está siendo? Changmin lo duda, su hyung no puede ser así de cruel.

_hyung….

Las manos de Jaejoong llegaron a su cintura y Changmin no pudo evitar cerrar los ojos y encorvarse ante el tacto. Su hyung lo miro sin entender, parpadeó unos momentos, se detuvo en el rostro del menor para averiguar qué le ocurría y no tardo tanto tiempo en notarlo. Pero para asegurarse, decidió ser un poco malvado y llevo sus manos debajo de la camiseta del chico. Changmin abrió sus ojos de par en par y exhalo con fuerza.
_no…
_tranquilo…

El mayor se cernía sobre él como una ceda. Changmin a estas alturas se sabía perdido. No dejaba su boca en ningún momento. Todo su cuerpo chocaba con el de u hyung, sus piernas se enredaban y sus respiraciones se acompasaban a medida que el mayor tomaba el ritmo que Changmin podía seguir. Jaejoong siempre terminaba siendo su guía en todo, manejaba su cuerpo como si lo conociera, lo tocaba y sabía cuál era su punto exacto, el ritmo y la presión de sus manos eran las justas. Pero a medida que Jaejoong tomaba más y más de él, ese pensamiento se tornaba difícil de reprimir.
Jaejoong había hecho esto muchas veces, era obvio. Se nota por cómo baja sus manos por su cintura, por cómo sabe la intensidad justa con la que debe abrir y cerrar su boca en la de Changmin. Era dulce porque sabía que debía ser dulce con alguien como él. Jaejoong sabía todas estas cosas porque ya las había hecho con un montón de personas antes. Y mientras su hyung seguía jugando el papel de príncipe y trataba a su Min como a una princesa, los pensamientos del niño llevaban a éste muy lejos de sus manos. Jaejoong lo notó y fue un poco más allá para traerlo de vuelta aquí. Entonces abandonó sus labios y bajo su lengua al cuello del menor, todavía olía a jabón de ropa, olía a propiedad suya y el placer lo invadió.
_hyung…

Él no lo escuchaba, seguía besando aquí y allá, yendo y viniendo sin remordimientos ni miramientos. Acomodaba el cuerpo de Min a su gusto. Jaejoong no estaba pensando en Yunho, Jaejoong no estaba pensando en nada. Era el colmo de su fantasía, mejor que en esos baños era tenerlo acostado en el sofá de su casa. Tan buen niño, tan obediente, tan suyo y único.
Sí, tuviste varios antes que él. Fueron ellos quienes te enseñaron a besar así, a tocar así. Lo valía ya que tu amado Changmin era el que gozaba del resultado de tu arduo entrenamiento. Pensabas que lo tenías, estabas excitado y podrías jurar por dios que Changmin también ha de estar muriendo por ti.
Te alejaste, le miraste y sólo quisiste meterte en un hoyo.
_ ¿q…qué ocurre?
Le preguntaste con tus labios rojos e hinchados, húmedos. Él no te miraba, algo en el vacío parecía más importante que tú. ¡Esto era el colmo! Yunho jamás te había hecho algo así, él te idolatraba y sabías que Changmin mucho más que idolatrarte, te amaba. Sabías que no podía rechazarte, Changmin sólo está fingiendo su indiferencia.

_hyung…-observaste sus labios, estaban rojos por tu culpa, tu saliva brillaba sobre la piel morena- ¿qué haces?
Enarca una ceja y toma con un poco de brusquedad el rostro del menor para que lo mirase.
_lo que tú deseas.
La seguridad desbordaba en él, hasta que Changmin se incorporó, le miró de un modo extraño de arriba abajo. ¿Qué tramaba?
_así que… te gusto, eh.-se relamió los labios mentalmente.
Jaejoong desvió su mirada y río irónicamente. Eran el colmo las ínfulas de las que se había llenado el mocoso.
_ Sí, eso fue lo que dije.
_mmmm…
Changmin se detuvo en la alfombra, pero continuó pensando muy comprometido todo lo que pasaba. Este era su momento, este era su turno. El pantalón de Jaejoong no podía esconder la excitación de quien lo miraba expectante, sólo esperando a que Changmin sea suyo, se le entregue y adore sobre todas las cosas, que acepte todo de él y que sea su puddle sediento de amor, de un amor que le fue negado por tantos años. Sin embargo, existe una balanza que intenta equipararse: por un lado estaba lo ocurrido en todos estos años, y por el otro, la reacción del mayor justo ahora.
Para Min, la única verdad, es aquel Jaejoong que sonreía cálidamente entre los brazos de su novio. Aquel que sólo le miraba con ternura esperando que todo lo que hacía no fuera importante para Min, que no doliera como, de hecho, dolió. Ahora, está en frente, agitado y hermoso como siempre, no puede ocultar el deseo que siente, le mira como si fuese un pedazo de carne, como si fuese su último vaso de agua en el desierto. Si te movías sólo un poco, Jaejoong se iría sobre ti y lo tendrías para ti toda la noche, quizás toda la semana.
_ ¿q…qué pasa?-dice tenso, al borde de su paciencia.
_nada…
Se avergüenza, a diferencia de él, Changmin está fresco como si nada, salvo por el desastre que es su ropa y su cabello. El celular llamaba, pero Jaejoong no se movía, permanecía con los ojos clavados en el menor, intentado descifrar que tramaba. Afortunadamente su excitación estaba cediendo. Suspiró y se calló, definitivamente esta vez no encontraría nada inteligente para decir a Min. En vistas de que el silencio se haría más incómodo, Jaejoong se puso de pie y alcanzó su celular, era un mensaje, lo leyó, miró a Changmin de soslayo pero no dijo nada hasta después de pasados unos minutos.
_creo que será mejor ir a la cama. Es tarde y mañ…

Cuando el menor empezó a caminar hacia él, su discurso se cortó. Changmin lo examinaba con la mirada, no lograba entenderlo. No lograba entender cómo es que podía cambiar de actitud y de tema tan fácilmente.
_no…no te entiendo, Jaejoong.
Él mismo no se entendía, desvió la mirada pero intentó focalizarse de nuevo lo más rápido que pudo. Después de todo, es Changmin, no hay motivos para reaccionar como si fuese un completo desconocido. El cuerpo del niño estaba muy cerca, quizás a diez centímetros del suyo. Esa cintura esbelta que goza de ser estrujada parecía llamarlo desde debajo de esa ropa. Ante su propio pensamiento sonríe. Changmin no parece muy divertido y frunce el seño, lleva las manos a su cintura esperando por una respuesta. Jaejoong sólo lo adora más y no puede disimularlo, ya no.
_no tienes que entender nada. Esta vez, te estoy diciendo que tienes una ventaja sobre mí, Changmin. Depende de ti el cómo usarla. Depende de ti…-acerca su rostro para que su niño no pierda de vista ni un momento su mirada- qué quieras hacer conmigo.
De algún modo, esto no era para sorprenderse. Jaejoong era el de antes, estas propuestas son típicas de él.

_ ¿haces todo esto porque quieres dormir conmigo?
Jaejoong sonríe y lleva sus manos a la cintura del menor, Changmin se tuerce un poquito ante el contacto de las anchas palmas sobre sus costillas bajas.
_ ¿quieres tú dormir conmigo?

A pesar de que Jaejoong fingía inocencia, el menor nada de eso creyó.
_si…
_ ¡¿eh?!-se alejo y no lo pudo creer, no se suponía que el menor contestase eso, debería haberle gritado que no. Aunque esta respuesta tampoco estaba mal.
_claro que quiero dormir contigo…-Min se acerco y quedo pegado a él- cuando…-respira y besa dulcemente los labios de su hyung, justo como acababa de aprender- cuando…-su hyung estaba hecho un cubito de miel después de semejante beso- cuando Kim Jaejoong hyung vuelva a ser virgen.
_ ¡¡¡¡¡¡ ¿QUÉ MIERDAAAAAAAAAAAA?!!!!!!!!!


Continuará…