KINGDOM TVXQ!

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Arualthings

Our World

Sus mundos eran totalmente diferentes, sus familias y amigos no entendían su relación, pero lo que sentían el uno por el otro, era más fuerte que todo lo demás. Lo que no sabían, es si esto sería suficiente para estar juntos.

El príncipe de los bárbaros

En un mundo antiguo un hombre busca levantar a su pueblo e inicia la búsqueda de un ser que le brindará todo el poder que necesita, sin saber que forma parte de un historia muchísimo más grande que su propia ambición. Shim Changmin y Kim Junsu se encontrarán de forma inesperada para formar parte de un destino dictado por la atracción entre gemas.

Insano

Junsu no podía creer que aún después de todo ese tiempo de humillaciones por parte de sus dos mejores amigos él no se hubiera vuelto completamente loco, desquiciado; en cambio se sentía renovado, en una nueva piel.

Lluvia de estrellas

¿Crees en los deseos? Yunho alzó la vista al cielo y con una lágrima oró a las estrellas para que le concedieran un deseo… desde ese momento el destino de Changmin reposó entre sus manos. El máximo inconveniente es recordar… ¿quién es Changmin?

You are everything I've been looking for

Después de una decepción amorosa, Changmin decide alejarse de la vida como la conoce, acompañado de su mejor amigo Jonghyun. Juntos descubrirán sentimientos que les cambiarán la vida para alejarlos o acercarlos más, mientras conocen a un grupo de peculiares personas en un lugar común y corriente...

Dolor

Todos tenemos algo que ocultar en nuestras vidas pero ¿Qué ganamos con eso? ¿El guardar todo ese dolor solo para nosotros, no también causa dolor a los que nos rodean?

Novio secreto

La relación de Changmin y Jaejoong era un secreto para el mundo, sus únicos testigos eran aquellos lugares donde se veían a escondidas, los testigos mudos de su amor y su pasión, de su tristeza y desesperación.

Secret Game cap 3

Aquí y ahora


Un día realmente cansador y odioso, eso es lo que era. Porque al "lindo" de Yunho se le había ocurrido que debían quedarse horas extras ensayando. Porque por alguna extraña razón la coreografía le pareció más difícil de lo normal a Changmin. Porque se había equivocado dos veces mientras ensayaban ¡Y por lo mismo me sentía realmente frustrado y molesto!

- Changmin, ¿Te sientes bien? - preguntó Yunho cuando el menor de los cinco equivocó el mismo paso por tercera vez.
- Solo estoy algo cansado, nada más.
- Podemos detenernos si quieres.
- No hasta que me salga bien. - sentenció firme y la música comenzó nuevamente a sonar.

Changmin odiaba equivocarse. Porque se sentía menos que el resto. Honestamente nunca se sintió el más privilegiado en la banda (Ni el más bonito, ni el mejor bailarín ni la mejor voz), por lo que siempre daba su máximo esfuerzo. Y cuando se equivocaba... todo se iba a la mierda.

La canción terminó y se sintió realmente feliz por haberla logrado sin equivocarse. Un suspiro escapó de su garganta seguido por una sonrisa de satisfacción. Claramente aún faltaba para que saliera perfecta, pero al menos ya le salía mejor ¿No?

- Bien, dejémoslo hasta aquí por hoy. Ya va saliendo mejor. - dijo Yunho deteniendo la música y Junsu se sentó en el suelo, totalmente derrotado.
- ¡Hoy si te pasaste Hyung! - se quejó recibiendo una toalla que le lanzaba Yoochun, secándose el sudor. - ¡Nos exprimiste hasta la última gota!
- Ya me lo agradecerán... - sonrió Yunho y así sin más salió de la sala de ensayos.

Changmin no se movió de su lugar, simplemente fue hacia la pequeña radio que se encontraba en una esquina de la sala y presionó el botón de play. Jaejoong y Yoochun se detuvieron para mirarlo, algo confundidos.

- Adelántense. Yo me quedaré a ensayar un poco más.
- Yo te acompaño si quieres. - dijo Yoochun y Changmin sonrió de lado.
- Si quieres.
- Ok, los chicos y yo nos iremos antes. No se demoren mucho, ¿Si?
- Si mamá. - rió el menor y Jaejoong se despidió con la mano, para luego desaparecer tras la puerta de la habitación.

Yoochun miró a Changmin y le sonrió, mirando de reojo el lugar en el que solo se encontraban ellos dos. Changmin se levantó y le devolvió la mirada.

- ¿Desde el principio? - preguntó.
- Como quieras.

Changmin asintió y puso nuevamente la pista, desde el comienzo. Se ubicó al lado izquierdo de Yoochun y comenzaron a moverse, ambos con una coordinación increíble.

Sus cuerpos parecían cobrar vida propia, y Changmin no podía evitar mirar de reojo a Yoochun... Disfrutando aquella expresión de placer al bailar. Era tentador. Hermosamente tentador.

Siguió moviendo su cuerpo al ritmo de la música. No quería quedarse atrás. Repitieron la coreografía varias veces y Changmin se estaba sintiendo totalmente realizado por lograrla sin equivocarse ni una vez. Hasta que giró un poco su rostro y sus ojos se posaron en aquel sensual movimiento de caderas que hacía el mayor. Quedó totalmente anonadado e idiotamente, al no mirar que hacía, se tropezó con sus propios pies, cayendo directamente al suelo.

- ¡Changmin! ¿Estás bien? - preguntó Yoochun deteniendo la música al instante. Changmin lo ignoró y se levantó con rapidez, totalmente sonrojado y molesto.
- Voy a darme una ducha.

No dijo nada más y, luego de tomar su bolso con su ropa, salió de la sala de ensayos totalmente molesto y dejando a Yoochun con la boca abierta.

Caminó a gran velocidad hasta las duchas. Le dolía todo el cuerpo. O se estaba poniendo viejo o el exceso de sexo estos días lo estaba matando.

Al fin llegó a las duchas y suspiró con pesadez. ¿Qué era lo que le pasaba? Le molestaba equivocarse tanto. ¡Y más le molestaba equivocarse por haber mirado a Yoochun como baboso!

Pero al mismo tiempo... no pudo evitar sonreír lascivamente. De alguna manera, había sentido que en cada ensayo de este día Yoochun había hecho los pasos de tal manera que quería provocarlo.

Cada sonrisa, cada movimiento de caderas, paso a paso lo seducía y lo hacía caer en el deseo de poseerlo en ese mismo instante, pero debía aguantarse. Debía controlarse porque realmente aún no quería que todo se supiera.

Quería seguir divirtiéndose por un tiempo.

- ¿Estás bien Minnie?

Se giró para ver quien era el que le hablaba (¿Aunque en realidad no era obvio?), y se encontró con Yoochun, quien le sonreía coqueto. Changmin le devolvió la sonrisa y se quitó la camiseta.

- Si, estoy bien. - respondió Changmin, con voz dura.
- Eres un tonto, ¿Sabías? - rió.
- ¿Por qué?
- Porque te frustras tan rápido cuando te equivocas. Todos nos equivocamos.
- No me gusta equivocarme. - dijo Changmin, viendo como Yoochun se quitaba también la camiseta.
- Pero tu vida no depende solo de bailar, Changmin.
- Mi vida como integrante de DBSK si.
- Minnie, Minnie... - se le acercó. - No es totalmente cierto. - quedó frente a frente. - Tienes una voz genial, un rostro hermoso...
- Gracias por el cumplido, Sr. Coqueteo. Ahora si me lo permite... Necesito darme una ducha. - rió y se dio media vuelta, con intenciones de quitar sus pantalones.
- ¿Desde cuando acá te niegas? - rió Yoochun.
- Desde que descubrí que te excita cuando me hago de rogar...
- Eres un tonto. - rió con fuerza. Changmin se dio media vuelta quedando ambos frente a frente nuevamente y puso su mano en su cintura, acercando su cuerpo.
- Hmm... Puede ser...
- Pero eres también un adivino.

Changmin comenzó a besar sensualmente y con lentitud el mentón de Yoochun, pasando luego a la comisura de sus labios. Dando cortos besos para luego recorrer con su lengua.

- Yoochun-ah… Quiero que me hagas el amor…
- ¿Aquí y ahora? – sonrió.
- Aquí y ahora. – confirmó Changmin, pasando su lengua por sobre los labios del mayor.

No dijeron más y Changmin se abalanzó contra sus labios, devorándolos con gula. Sin decir nada sus lenguas comenzaron a juguetear entre ellas, sintiendo el sabor del otro, disfrutando de sus bocas. Devorándose como si no hubiese un mañana.

Changmin gimió. Sabía que eso excitaba al mayor. Sus manos se paseaban por la espalda del más bajo, sintiendo la suavidad de su piel. Piel ya conocida de memoria por el menor. Se separaron cuando sintieron que el oxígeno ya era demasiado escaso. Los labios de Yoochun (Aquellos rosados y tibios labios) se pasearon por el cuello del menor, lamiendo y succionando lujuriosamente cada centímetro de piel a su paso.

- No marcas, por favor... ¿Acaso quieres que nos descubran? - gimió Changmin al sentir una succión particularmente fuerte de parte de Yoochun. Este rió.
- Lo siento...

Siguieron tocándose sin pudores, sintiendo como la excitación comenzaba a incrementar lentamente, al igual que sus temperaturas corporales. La boca de Yoochun se movió, deslizándose por su cuello hasta llegar a su oído, dejando escapar en él pequeños gemidos y suspiros, haciendo que el cuerpo del menor se estremeciera. Finalmente su lengua se paseó por el lóbulo de su oreja, para luego morderlo con suavidad. Un gemido más fuerte que el resto fue la respuesta del menor.

- Dios mío... - suspiró Changmin, enloquecido por los toques y caricias que Yoochun le regalaba.

Yoochun suspiró también, entreteniéndose un rato en su cuello y orejas (Esas lindas y grandes orejas. Su punto débil ya conocido completamente por el mayor).

Volvieron a unir sus bocas, sin dejar de pasear sus manos por el cuerpo del otro, recorriendo todo a su paso. Las manos de Yoochun se posaron sobre el trasero del, apretando la firme carne que este poseía. Changmin dio un salto de sorpresa y rió.

- Siempre haces eso... - Susurró el menor, besando el ahora el cuello de Yoochun, mordiendo aquella prominente nuez de adán que volvía locas a todas sus fans... Y que solo él tenía el privilegio de probar. Yoochun suspiró.
- Y siempre reaccionas igual... - llevó sus manos hasta las caderas del menor, masajeando con suavidad y deslizando lentamente la tela de los pantalones que este traía, los cuales claramente eran innecesarios en esta ocasión.

Changmin le brindó un poco de ayuda, terminando por retirar el mismo los molestos pantalones y quedando solo en ropa interior. La creciente erección en su entrepierna haciéndose completamente notoria. Estaba más caliente que nunca.

- Estás tan duro, Minnie... - Dijo el mayor, posando su mano sobre la entrepierna de este y comenzando a moverla con suavidad, frotando por sobre la ropa interior.
- ¿Gracias? - rió Changmin y gimió, mordiendo su labio. Entrecerró sus ojos y besó con fuerza a Yoochun nuevamente.

Se movieron lentamente, caminando con algo de dificultad, no queriendo separar sus bocas. Sin saber como llegaron hasta el lavamanos. Yoochun se giró dejando a Changmin contra este.

- El lavamanos, buena idea... - Rió Changmin, retirando también los pantalones de Yoochun y quedando ambos solo en ropa interior. ¿Era él o en el baño hacía mucho calor? Ok, era él.

La mano juguetona del menor se escabulló por debajo de la ropa interior del mayor, tomando con quizás algo de fuerza la erección de este. Un gemido ahogado escapó de la garganta del mayor cuando su mano comenzó a moverse por toda la extensión de su miembro.

- Quiero hacer algo... Hace t-tiempo que no te lo hago a ti... - Dijo Changmin, cambiando posiciones y quedando Yoochun ahora contra el lavamanos. Se arrodilló frente a él y deslizó la delgada tela de su bóxer, tomando su miembro totalmente erecto.
- ¿"Hace tiempo que no me lo haces a mi"? ¿Y a quien más s-se lo harías?... - preguntó Yoochun, algo dudoso.

Mierda.

- Digo... Hace tiempo que no te lo hago yo a ti, últimamente lo haces solo tú…. A mí. ¿Entiendes?
- Pero... ¡Ahhh! - gimió cuando Changmin introdujo así sin más aquel palpitante pedazo de carne en su boca, a ver si con eso se callaba. ¡Casi había salido descubierto!

Él y su bocota. Pero con esa misma boca podía hacer maravillas.

Comenzó a mover su cabeza de adelante a atrás, dándole más placer a Yoochun. Uno terminaba acostumbrándose a esas cosas. Andar por ahí en la banda dándole sexo oral a cada uno (En su caso, si se lo hacía a cada uno de los chicos... ¿Cómo no acostumbrarse?). Dio unas cuantas succiones con algo de fuerza, ganándose fuertes gemidos con su nombre en él.

Volviendo al tema de antes. Quizás no se consideraba ni el más bonito del grupo, ni el que tenía la mejor voz ni el que mejor bailaba, pero... Si pudiese decir algo en lo que si era bueno ¿Sería algo como Changmin el Rey de las felaciones?

Ok, no.

Un sabor algo salino, amargo, inundó su boca. Las gotas de pre-semen que corrían desde la punta de la erección de Yoochun. Se alejó de su miembro y le dio una última lamida a la punta, para luego levantarse y besar con fuerza sus labios.

- Me encanta que hagas eso... - Respiró Yoochun, luego del apasionado beso el cual le quitó el aliento.

Yoochun volvió a tomar el control de la situación, cambiándose de posiciones y dejando nuevamente a Changmin contra el lavamanos. Le quitó con rapidez la única prenda que cubría su cuerpo acalorado, quedando ahora ambos completamente desnudos (¡Y estaban en un baño Dios Santo! En cualquier momento alguien del lugar entraría y los vería en pleno acto sexual).

- ¿No te parece que esto es... totalmente excitante?... En cualquier momento puede entrar alguien y nos descubre... - dijo Yoochun, masturbando a Changmin con una mano. Este rió.

Bingo. Era justo en lo que estaba pensando... Quizás Yoochun tenía la capacidad de leer mentes y él ni enterado.

- Pensaba lo mismo...

Volvieron a besarse con lujuria, jugueteando ambos con sus lenguas húmedas. Yoochun empujó un poco hacia arriba a Changmin, dejándolo sentado sobre el borde del lavamanos. Este se sobresaltó al sentir el material frío contra su cuerpo ardiente. Changmin abrió sus piernas, rodeando la cintura de Yoochun con estas.

- ¿Quieres que te prepare o... lo hacemos a lo rápido? - preguntó el mayor, acariciando la carne de las nalgas del menor.
- Como quieras. Mientras me hagas g-gritar de placer... está bien. - su voz entrecortada a causa de las caricias que le proporcionaba el mayor hicieron sonreír al susodicho.
- Hmm, no se como deba hacerlo.
- Solo hazlo y ¡¡yaaah!! - gritó Changmin al sentir a Yoochun penetrándolo de una estocada.
- No grites tanto, pueden escucharnos... - Le advirtió Yoochun, moviéndose lentamente de adentro hacia fuera. Changmin gimió.
- ¿Cómo quieres que n-no grite si...Si lo haces sin avisar?
- Dijiste que lo... Ahh... Lo hiciera como quisiera. - Cerró sus ojos, dejándose llevar por la placentera sensación de las cálidas paredes de Changmin rodeando su erección. Yoochun llevó su mano a la intimidad (La cual ya no era para nada íntima en todo caso) y siguió frotándola, esta vez con más fuerza. Changmin gimió fuerte.
- A-Ah... J-Ja..e...
- ¿Dijiste Jae? - Se detuvo Yoochun, mirando frente a frente a Changmin, algo (En realidad muy) confundido.

Mierdamierdamierdamierdamierda.

- N-no... - Maldición, debía de inventar una excusa o todo sería descubierto y... ¡No, no podían descubrirlo aún! ¡¿Cómo mierda podía gemir el nombre de Jaejoong cuando estaba haciéndolo con Yoochun?! - M-me pareció escucharlo f-fuera del baño... - su respiración y su voz eran entrecortadas. A pesar de que Yoochun no se estuviese moviendo, de por si tenerlo dentro era ya bastante placentero y excitante.
- ¿Estás seguro? No he escuchado nada... - Excelente, le creyó.
- Entonces... Sigamos... Ahh - Gimió cuando Yoochun se salió de su interior. - ¿Q-qué pasa? Ahhhhhh - Gritó cuando, sin decir nada, entró nuevamente en él con fuerza y comenzó a moverse rápidamente en él.

Los brazos del menor se aferraron al cuello del más bajo, acercando su rostro en búsqueda de sus labios, besándolo nuevamente con fuerza.

El calor insoportable se apoderó del cuerpo del menor. Entrecerró sus ojos y se entregó totalmente al placer. Quedaba poco, pronto acabaría. Comenzó a ver borroso y sus gemidos se hicieron más fuertes y sonoros, los cuales intentaba acallar mordiendo el cuello del mayor. Finalmente llegó al clímax y se corrió entre sus cuerpos. Un gemido largo escapó de su garganta, y al instante siguiente sintió como Yoochun se corría en su interior, soltando un gemido también largo y sonoro.

Se quedaron quietos un rato, intentando calmar sus agitadas respiraciones. De pronto Yoochun se quejó y Changmin lo miró dudoso.

- Tus uñas... Deberías cortarlas. - se quejó y Changmin entendió a lo que se refería.
- Lo siento. - se disculpó algo avergonzado. Al tener su orgasmo había enterrado sus uñas en la espalda de Yoochun, dejándole varias heridas pequeñas.

Yoochun solo rió. Luego de un rato se salió del interior del menor, este gimió con suavidad y se bajó del lavamanos. Se dirigió hacia su bolso y sacó una toalla.

- ¿Nos bañamos?
- Ok... - rió Yoochun y, luego de tomar también una toalla y besar nuevamente a Changmin, se metieron juntos en la ducha.

Luego de bañarse juntos (gaymente, si) comenzaron a vestirse. El celular de Changmin sonó entre sus cosas y sonrió al ver el mensaje que le había mandado el líder de la banda.

- "Intenten no demorarse tanto. Saben que Jaejoong odia que no lleguen para la cena" - leyó Changmin, riendo, mientras terminaba de arreglar su camisa con una mano.
- Deberíamos apurarnos o sospecharán.
- Cierto...

Terminaron de vestirse y de arreglar sus cosas. Cuando iban saliendo del lugar Changmin miró a Yoochun y le sonrió.

- Recuerda nuestro juego, Yoochun.
- Nuestro juego secreto, baby. ¿Cómo olvidarlo? - le dio un último beso rápido en los labios y siguieron caminando.

Juego secreto. Su juego secreto. No era por ser egocéntrico ni nada... Pero el haber creado ese juego era, realmente, lo mejor que ha podido hacer.

Changmin era un genio… Y un pervertido.

Privilegios cap 8

Durante toda su vida, Yoochun se había considerado un hombre con suerte. Un hombre al que, de una forma u otra, todo lo que deseaba termina cayéndole entre las manos, casi por arte de magia. ¿La chica más sexy de la fiesta? ¡Pan comido! Yoochun podía obtenerla. ¿Departamento en el centro mismo de Seúl? Fácil. Con unas pocas bonitas palabras y una actitud de alma en desgracia que no tiene hogar, pero que ama a sus abuelos, aquel par de ancianitos había financiado el que ahora era su hogar. Lo mismo con su trabajo, sus amigos, y tantas otras cosas. Lo que Yoochun había querido, Yoochun había obtenido.

Le gustaría creer que con Changmin era lo mismo. Que Changmin era una de esas tantas otras cosas que Yoochun había deseado y que, casi por arte de magia (siendo magia sinónimo de carisma, buena apariencia y grandes dotes para la manipulación), terminaban siendo suyas. Pero al pensar que Changmin era como aquellas cosas, el chico estaría cayendo en la categoría de “caprichos”. Y Changmin era, definitivamente (y muy para su pesar), muchísimo más que un capricho.

Le gustaría creer que Changmin había caído presa de sus encantos, y que ahora lo tenía en la palma de su mano.

La verdad, es que Yoochun estaba muerto de miedo. Es por eso que, luego de terminar su corta sesión de autosatisfacción post-encuentro cercano con Changmin (¡La segunda vez! Esta era la segunda vez en la que debió haber terminado masturbándose en el baño a causa de Changmin) se había quedado parado en frente del espejo por casi diez minutos, al borde de una hiperventilación, porque ¿Qué tal si era él un capricho de Changmin? O peor aún, ¿Y si al abrir la puerta del baño, encontraba su departamento vacío, porque el chico se había dado cuenta del arriesgado juego que había comenzado, y había decidido huir y no dirigirle la palabra nunca más? Ciertamente, no era una acción muy Changmin que digamos, porque el Shim Changmin que él conocía nunca huía de nada, pero una vez alguien le dijo que el miedo sacaba lo peor de cada persona, y Yoochun suponía que aquella frase podría aplicarse a la situación también. Y aunque al salir del baño, Changmin había lucido tranquilo y saciado (Yoochun sentía escalofríos al recordar aquella sonrisa satisfecha, justo antes de que aquella maldita pantorrilla decidiera irse de visita a su zona pélvica), puede que aquel sólo haya sido un acto, o producto de la sensación post-coital. Quizás, al enfriársele la cabeza al menor, había decidido que la mejor opción era irse y no acercársele nunca, nunca más.

-Detén ahora mismo tu monólogo de dramaqueen, Park Yoochun- Le dijo a su reflejo, apuntándolo con un dedo y frunciendo el ceño –Eres un hombre adulto. Un profesional exitoso. Un ganador. No importa lo que pase, eso es lo que eres. Así que deja de comportarte como una niñita asustada- Yoochun se golpeó las mejillas varias veces y con fuerza – Y haz lo que debas hacer.

Eso.

Eso haría.

Además, de seguro Changmin tendría mucho que decir acerca de su tardanza. ‘¿Por qué te demoraste tanto, profesor? ’ Le imaginó diciendo, sonriendo con malicia ‘¿Acaso te da diarrea cada vez que tienes un orgasmo? ’.

¡Qué diablos! Yoochun no iba a dejar que el mismo chico que hace unos minutos había estado gimiendo su nombre en su propia cama se riera de él.

‘Por favor, que todo salga bien…’ rogó Yoochun al Dios que quisiera oírle, odiándose un poco por sentirse tan ansioso e inseguro, abriendo la puerta del baño y caminando, ni muy rápido ni muy lento, hacia su habitación.

Al llegar al umbral de la puerta de su habitación, pudo ver a Changmin recostado en su cama, camisa abrochada y lentes puestos, sorbiendo con parsimonia una lata de soda de naranja.

-Derrama una gota de soda sobre mi cama, y te juro que te descueraré y me haré un cobertor con tu piel – Habló Yoochun, tono serio y amenazador, toda la ansiedad y el miedo evaporados al ver a aquel chico, en su propia cama, bebiendo soda como si nada.

Changmin estaba ahí.

-De seguro te encanta la idea ¿No? – Rió el menor, mirándolo por sobre el marco de sus lentes – Tener mi piel en tu cama, todos los días…

-El hecho de que creas que me encanta la idea me perturba como no tienes idea- Respondió el mayor, lanzándose sin mucha delicadeza sobre su cama, en el otro extremo de la cama. Yoochun había notado que Changmin no había dicho nada acerca de su demora, y agradeció el gesto en su interior. Ahora que veía al menor, toda la paranoia de hace algunos instantes le parecía una soberana estupidez.

-Oye…- Yoochun habló, luego de una pausa, a la vez que Changmin empezaba a abrir la boca para decir algo –Ah, habla tú primero.

-No, no, las damas primero – Sonrió el menor, haciendo un ademán para que Yoochun hablara

-Púdrete, mocoso. Habla tú primero- Insistió Yoochun, con tono autoritario. La verdad, tenía bastante curiosidad por saber qué quería decir el menor -Y dame un sorbo de eso – Agregó, quitándole la lata de las manos a Changmin -tengo la garganta seca

-Pobre de mí – Suspiró el menor, frunciendo el ceño y haciendo un puchero – Pero está bien, yo primero. Verás…- Comenzó, volteándose para quedar cara a cara con Yoochun, sus ojos entrecerrados, inquisidores –Me preguntaba si esto va a terminar como esas historias en donde los protagonistas tienen una desenfrenada noche de pasión, y a la mañana siguiente despiertan arrepentidos y avergonzados, y la hermosa amistad que mantenían se ve irreversiblemente dañada.

Yoochun no pudo evitar reír ante eso, enternecido por el hecho de que Changmin temiese arruinar su amistad con él por algo así. Al parecer, Yoochun no había sido el único que había imaginado estupideces.

-No tiene por qué terminar así, imbécil- Sonrió, golpeando con suavidad una (aún enrojecida, de seguro a causa de todos aquellos pellizcos proporcionados por Yoochun hace no mucho) mejilla del menor -Y aunque admito que el tener esta clase de…- el mayor pensó bien la palabra, porque ¿Qué era lo que tenían ellos, después de todo? -intimidad con un alumno es algo bastante riesgoso, te puedo asegurar que no me arrepiento de nada de lo sucedido.

Bien – Asintió Changmin, y la expresión de su rostro (que claramente decía ‘Más te vale que no te arrepientas, idiota’) hizo que la sonrisa en el rostro de Yoochun se ensanchara

-¿Te arrepientes tú de lo que acaba de suceder?- Preguntó, pasando el brazo por sobre los hombros del menor, acercándolo hacia sí mismo

-No seas idiota, Park Yoochun – Changmin le respondió, mirándolo por entre sus largas pestañas y pellizcándole un costado. -¿Crees que haría algo así sin estar seguro de quererlo?

Ante eso, Yoochun no pudo evitar querer besarlo. Así que, olvidando todos los nervios y el pequeño ataque de histeria en el baño, acercó al menor del mentón, sus labios uniéndose con los de él como dos imanes, impulsados por una fuerza superior e irresistible.

-¿Te he dicho que me agradas?- Sonrió Yoochun, proporcionándole otro pequeño beso (esta vez en la nariz) al menor, quien solo le sonrió, radiante, y Yoochun podría jurar que pocas veces en la vida se había sentido tan feliz como en esos momentos.

-¿Ordenamos algo para cenar?- Preguntó el mayor, mientras Changmin le quitaba la lata de una mano y bebía otro sorbo de refresco.

-Ya lo hice- Sonrió - ¿Se te antoja algo de comida tailandesa?

Comida Tailandesa. Yoochun recordaba haberle mencionado a Changmin que la comida tailandesa era su favorita.

-¿Eso quiere decir que tú pagas?

-¡Sigue soñando, anciano!- Rió el muchacho, reventando enseguida la burbuja de felicidad que comenzaba a crecer en el pecho del mayor, quien se había sentido bastante conmovido por el hecho de que Changmin había ordenado su comida favorita

-Muérete, mocoso del demonio – Gruñó Yoochun.

-Vamos Yoochun, no seas un viejo amargado – Rió Changmin, rodeando los hombros del mayor con un brazo, ofreciéndole otro sorbo de su refresco –De todos modos, Su Alteza Real se siente especialmente generoso hoy, y está dispuesto a financiar el cincuenta por ciento de esta cena. Una oferta más que generosa, si me lo preguntas.

Y todo eso lo dijo con una gran cara de señorito insufrible.

-Oye

-¿Qué sucede, vasallo?

Sin decir palabra alguna, Yoochun se abalanzó nuevamente sobre los labios del menor, los cuales sintió curvarse en una sonrisa, antes de comenzar a corresponder el beso. Y es que Yoochun debía admitir, había algo acerca de ese acto engreído y desdeñoso que a veces Changmin hacía que simplemente lo volvía loco.

Aunque Changmin no tenía por qué enterarse.

-Estúpido mocoso… – rió entre besos – con delirios de grandeza.

-No seas envidioso, Micky Mouse – Changmin dijo, trepando sobre el regazo del mayor -¿Sabías que puedes comprar títulos de nobleza de Sealand por sólo diecinueve euros? El otro día vi un anuncio en Internet…

-Changmin.

-¿Qué?

-Cállate.

-Me parece un plan válido.

Y sin una palabra más, ambos retomaron el sumamente noble acto de devorar los labios del otro, títulos de nobleza y micro-naciones a un lado. Aún con pasión dentro de ellos, pero mucho menos impetuosa e incontrolable, se dedicaron simplemente a conocer la boca del otro, explorando con suavidad cada rincón, cada relieve oculto. Y, como si hubiese estado de antemano establecido, ambos se dedicaron solamente a besarse. Nada de manos curiosas moviéndose por todas partes. No era necesario agregar más tensión sexual al escenario, después de todo.

Yoochun sonrió para sí mismo al notar lo extrañamente conectados que se encontraban ambos, y trató (sin resultado alguno) de recordar cuándo fue la última vez que sintió una conexión tan especial con alguien.

-Dime, Changmin- Dijo el mayor, sintiéndose feliz y ligero, posando unos mechones de cabello de Changmin detrás de su oreja -¿No va a haber alguna regla especial sobre cuándo podamos besarnos, no? ¿Algo así como “sólo lunes y miércoles”, o “sólo cuando Su Alteza Real tenga ganas”?

-No seas idiota- Changmin respondió, con cara de extrañado, aún un poco falto de aliento – Si yo quiero besarte lo haré- Y para hacer énfasis en sus palabras, el menor besó con rapidez una mejilla de Yoochun -así que puedes hacerlo cuando te plazca… Excepto en clases porque, ya sabes, eso sería realmente estúpido y peligroso, y tampoco en lugares públicos y concurridos, básicamente por las mismas razones.

-Wow…- Yoochun rió, acariciando con cuidado el cabello del menor –No me imaginé que Shim Changmin fuese una persona tan de piel. Es decir, la primera vez que te vi, creí tener a la Reina de las Nieves sentada en mi salón. Ya sabes, con corazón de hielo y todo eso.

-Estoy seguro que lo único que pensaste cuando me viste por primera vez fue en lo guapo que soy – Sonrió Changmin, acercándose al oído del mayor – Pero está bien, yo pensé algo parecido la primera vez que te vi.

-Si a la gente le pagaran por ser engreído, tú serás el hombre más rico de este mundo, pequeño renacuajo baboso.

-Di lo que quieras – Sonrió Changmin, saliéndose del regazo de Yoochun, quien alcanzó la lata de refresco de la cómoda para tomar los últimos de soda – En todo caso, supongo que puedes besarme cuando quieras. Sólo abstente de no abusar sexualmente de mí mientras duermo. Eso sería muy bajo de tu parte.

Inmediatamente, toda la soda restante de la lata se derramó en el cobertor italiano de Yoochun, quien al escuchar esas palabras sintió como si las energías lo abandonases, haciendo que sus manos se pusieran como de goma, frías y débiles.

Mierda, Changmin lo sabe, sabe lo que hice en el sillón, lo sabelosabelosabe ’ Pensó de inmediato, a la vez que una voz interior lo reprendía, gritándole que dejase de ser un marica y se comportara.

-¡Mira lo que me hiciste hacer!- Gritó Yoochun, sin mucho enojo (el remezón emocional que aquellas palabras habían provocado de verdad lo habían drenado de toda sus energías, incluso cuando de verdad se sentía horrorizado al ver su cobertor salpicado de naranja).

-Oh no, no intentes culparme de eso, Park Yoochun – Changmin le dijo, apuntándolo con un dedo -Yo no te dije “Hey, Yoochun, ¿Qué tal si derramas todo el contenido de esa lata sobre tu cama? ¿No crees que es una gran idea?”, ¿O sí?

-¿Cómo crees que podría hacer eso?- Yoochun le respondió, sintiéndose la persona más cínica de todo el universo -¿Qué imagen tienes de mí?

-Yo sólo decía, tarado – el menor se encogió de hombros – No tienes para qué hiperventilar como damisela pillada en enaguas por el jardinero o algo así

-Ridículo – Bufó Yoochun, aunque por dentro se sentía extremadamente avergonzado. ¿Cómo había podido ser tan débil en aquella ocasión? En ese mismo momento, y en ese mismo lugar, Yoochun juró que nunca jamás haría eso con Changmin, ni con nadie más. Aquel había sido un acto sucio, vil y poco civilizado, y no podía volverse a repetir, nunca.

-¿Y no piensas hacer nada para sacar esas manchas? – Changmin lo interrogó, ajeno a todo el conflicto interno del mayor

-No- Suspiró Yoochun, un poco más calmado. Al menos Changmin no sabía lo de aquella noche en el sillón… -si lo refriego puede que lo termine estropeando más. Supongo que tendré que llevarlo a la lavandería.

-Eres un niño mimado- el chico suspiró también, levantándose de la cama para retirar el cobertor de la cama, tirándolo a un rincón de la habitación – Al menos así no se manchará más mientras comemos.

-Alto ahí – Lo detuvo el mayor -¿Estás insinuando que cenaremos en mi cama?

-Evidentemente – Sonrió el menor, recostándose de nuevo, al lado de Yoochun –Estoy demasiado cansado como para salir de la cama

-¡Pero si acabas de salir para sacar el cobertor!

-Exacto. Y eso me ha agotado como no tienes idea

DING DONG.

-¡Ah!- Changmin exclamó -¡Justo a tiempo! ¡Ve a buscar la comida! Luego me muestras la boleta y te devuelvo la mitad del valor

-¡No vamos a comer en mi cama!- Yoochun respondió, empujándolo sin mucha fuerza antes de levantarse a buscar la comida

-¡No olvides traer cubiertos y servilletas!- Gritó el menor desde la habitación a Yoochun - ¡Y otra soda de naranja!

Al final, evidentemente, ambos terminaron cenando en la cama del mayor. Y aunque Yoochun se quejó, refunfuñó y maldijo a Changmin por ser un holgazán y un irrespetuoso, había algo en cenar su comida favorita en su propia cama con el chico que desde hace ya casi medio año había deseado que le hinchaba el pecho de felicidad y satisfacción.

Al fin.

-Hmmm- Changmin suspiró luego de haber terminado su tercera ración de comida (esta vez de pollo frito thai), recostando su cabeza sobre el regazo de Yoochun, saciado e innegablemente contento – Ya debo irme.

-Arregla tus cosas entonces- Sonrió Yoochun también, repleto de pollo y cerdo y arroz especiado -Yo te voy a dejar.

-Hmmm- murmuró el menor, cerrando los ojos al sentir los pálidos y delgados dedos de Yoochun limpiando restos de salsa de la comisura de sus labios –Déjame descansar un poco y me levanto.

-Eres un pequeño puerco – Rió Yoochun, una vez que el rostro de Changmin estuvo completamente libre de manchas y restos de la cena

-Está bien. Aún así te gusto.

La verdad era que, en esos momentos, Changmin podría estar completamente cubierto de salsa de curry y arroz, y Yoochun seguiría pensando que el chico era una de las criaturas más perfectas que Dios había enviado a la tierra. Después de él mismo, claro está.

-Salte de encima- Sonrió, levantando al chico de su regazo y probando aquella boca que sabía a especies y a juventud – Y que conste que sólo te voy a dejar porque debo llevar mi cobertor a la lavandería.


Camino a la casa de Changmin (el chico tuvo que ayudarle un poco con las indicaciones, ya que Yoochun no recordaba del todo la ruta a seguir), el mayor se enteró, luego de un pequeño interrogatorio (‘Y dime, Changmin, ¿Todo lo que sucedió era parte de algún plan premeditado?’), que al parecer todo lo acontecido en su departamento había sido mitad improvisación, mitad planificación. Al parecer, desde hace algún tiempo Changmin había tenido en mente el hacer algo con respecto a su “situación”, pero lo de aquella tarde había sido, más que nada, una broma que, inesperadamente, había conllevado a una buena oportunidad.

Yoochun aún no podía borrarse la sonrisa de idiota del rostro.

-¿Nos vemos el viernes?- Dijo Yoochun, a pocos minutos de llegar a la casa del menor

-Claro- Asintió el menor, mirando por la ventana el cielo nocturno y las luces de la ciudad que opacaban el brillo de las estrellas

-¿Y qué tal estuvo tu primera vez? – El mayor enarcó las cejas -¿Cómo estuve?

-Yoochun- Changmin se volteó, mirándolo con cara de estar hablándole a un retrasado mental – Tuve que parar para irme a masturbar a tu baño ¿Qué acaso eso no te dice nada?

-Sabes…- Yoochun titubeó un poco antes de seguir, aún cuando por dentro se sentía muy, muy orgulloso de sí mismo –Por un momento, cuando saliste hacia el baño, pensé que te había asustado o algo así, y que quizás…

-No me asustaste – Changmin negó con la cabeza, volviendo a contemplar el cielo nocturno – Es sólo que aquello se estaba poniendo demasiado sexual, y no quería darte la falsa impresión de que soy alguien fácil.

-Es un argumento razonable- El mayor se encogió de hombros, doblando hacia la izquierda en la esquina, la casa de Changmin entrando en su campo visual – Veinte para las diez – Dijo, revisando el reloj de su Audi -¿No te van a reprender en casa o algo así?

-No- Respondió con simpleza el menor, desabrochando su cinturón de seguridad –¡Nos vemos el viernes! Y apresúrate en llevar ese cobertor a la lavandería, si es que encuentras alguna abierta a estas horas.

-Descuida, conozco una lavandería que cierra a las once.

-Eso es bueno- Rió el menor, abriendo la puerta del auto –Espero que no quieras besarme en frente de mi propio hogar, porque entonces tendría que negarme y...

-Admite que no puedes esperar a besarme de nuevo – Rió también Yoochun, jalando a Changmin de un brazo, agachándolo y agachándose él mismo, hasta que sus cabezas estuvieron fuera del campo visual de quien pudiese pasar por aquella apenas iluminada calle –Que descanses- Murmuró contra los labios del menor, plantando un corto beso en ellos

-Ah, profesor Park- Suspiró Changmin, enderezándose - No puede quitarme las manos de encima ni por un minuto, ¿No?

-Como si no lo disfrutaras, Shim. Ahora sal del auto. Tengo un cobertor que llevar a la lavandería. ¡Ah! Y Changmin…- Yoochun sujetó la muñeca del menor, quien ya casi estaba fuera del auto –Dile a tu amigo Junsu que deje de acosarme, por favor. De verdad me perturba.

-Pequeño miedoso- Rió el menor, retirando uno por uno los dedos que envolvían su muñeca –Nos vemos.

*********
Aquella noche, Yoochun se durmió pensando en labios calientes con sabor a curry y en todas y cada una de las cosas que podría salir mal.

Y a la mañana siguiente, el recuerdo del día anterior seguía rondando en su cabeza como un fantasma, la sensación de aquella piel, aquella mirada, aún fresca, intoxicando todos sus sentidos. Y aunque, por lo general, Yoochun solía pensar un poco en Changmin, recordando al menor cada vez que escuchaba una canción que sabía que le gustaba, o cada vez que veía galletas, bizcochos, y otras porquerías (bueno, tal vez no pensaba en Changmin sólo “un poco”), ahora era como si el chico estuviese acampando en su cerebro, imposibilitando cualquier otra clase de pensamiento coherente.

Nunca le había pasado eso, con nadie.

Y aunque una parte de él había pensando que, luego de obtener lo que quería, las ganas se iban a desvanecer y, eventualmente, Yoochun terminaría aburriéndose, al parecer el efecto había sido todo lo contrario.

Quería más.

Lo quería todo.

Pero pensar demasiado en aquello, en lo mucho que deseaba, lo perturbaba, así que prefería no ahondar en aquellos sentimientos de necesidad que proliferaban como una colonia de bacterias en su corazón.

Porque Yoochun estaba acostumbrado a ser querido con intensidad, pero el querer algo con tantas ganas, era un sentimiento nuevo para él.

¿Estaba pasando Changmin por lo mismo?

Yoochun esperaba que sí. Y ojala estuviese pasando por esto, pero mil veces peor, porque el mayor debía admitir, el saber que él deseaba más de lo que era deseado sería el peor golpe hacia su ego en mucho, mucho tiempo.

Con aquello en la mente, iba caminando por el corredor del tercer piso, sándwich de pollo en mano, cuando algo puntiagudo le dio en toda la nuca.

-¡Qué demo…!- Exclamó, volteándose sólo para encontrar el pasillo vacío. A sus pies, encontró un avioncito de papel, ‘ÁBREME’ escrito en letras grandes y rojas en una de sus alas. Mirando hacia ambos lados del corredor, Yoochun se agachó, recogiendo el insolente objeto con una mano, abriéndolo sólo para encontrar un recorte de una propaganda de Nike, la cual simplemente decía Just Do it, acompañada de el logo de la marca.

Junsu estaba llevando esto demasiado lejos.

*********
Los labios de Changmin se sentían igual de maravillosos que hace dos días. Tibios y un poco resecos. Perfectos. Recorriendo todo el labio inferior del menor, acorraló a este contra la puerta recién cerrada de su departamento, luego de que Changmin lo hubiese jalado del cuello de su camisa, sonriendo, acortando la distancia entre sus bocas como si ése fuese el único propósito del día. Como tantas otras veces, Yoochun se rió de sí mismo con ganas, al recordar aquel primer día de clases en donde Yoochun había tenido la impresión de que Changmin era un chico tímido.

-Ah, Shim - Rió, posando una de sus manos sobre el hombro de Changmin, acariciando con uno de sus pulgares una prominente clavícula –Tan impaciente…

-Reclamos y sugerencias en el libro de visitas, por favor – Changmin le respondió, aún un poco falto de aliento, haciendo que la sonrisa en el rostro de Yoochun se ensanchara.

Y entonces, lo recordó.

-Changmin, ¿Conversaste con Junsu para que dejara de acosarme?

-Mañana lo haré- Refunfuñó el menor, mirando por sobre el hombro de Yoochun, en vez de a sus ojos. Oh no, nada de mañana. Yoochun había recibido un maldito avioncito de papel. Eso ya había sido demasiado.

-Ahora. – Dijo, con voz firme, tirando de un brazo a Changmin, hasta que ambos estuvieron en frente de la mesita del teléfono –Toma, llámalo – Agregó, levantando el auricular del teléfono y plantándolo en la mano del menor.

-Yoochun…- El chico se quejó, tratando de colgar el teléfono –¡Te dije que lo haré mañana!

-Ahora.- La mirada de Yoochun no admitía contradicciones, porque de verdad, ya había tenido suficiente. Y si había alguien que podía detener a Junsu, era Changmin.

-¿Y qué es exactamente lo que quieres que le diga? ¿Quieres que le cuente acerca de…- Changmin hizo una pausa- nosotros?

- Quizás no es tan mala idea…- Yoochun recapacitó -A lo mejor así deja de perseguirme. Después de todo, el chico ha tratado de persuadirme durante todo este tiempo para que, bueno, haga algo con respecto a, uhm, nosotros.

-No quiero. Créeme, una vez que se entere, no dejará de hablarme de eso, pidiendo detalles y – Changmin hizo una mueca –No Yoochun, no quiero decirle.

-¡Changmin!- Gimoteó el mayor –Debes hacer algo para deje de acosarme. Estoy comenzando a sentirme protagonista de un thriller.

Changmin arqueó las cejas – No seas exagerado, Yoochun. Sé que a ratos Junsu puede parecer una ardilla con hiperglicemia, pero en realidad, él es un chico genial. Y mi mejor amigo.

-¿Ves? Es tu mejor amigo, Changmin. De todos modos, tarde o temprano Junsu terminará descubriéndolo.

-Mejor que sea tarde.

-Sólo llámalo y dile que deje de molestarme entonces.

-Mañana – Changmin volvió a insistir. Al parecer, Yoochun tendría que recurrir al plan B.

-Hmm…- Suspiró Yoochun, rascándose la nuca – Y yo que pensaba llevarte a la nueva pastelería que abrieron cerca de aquí a probar el Cheesecake que hacen.

De inmediato, los ojos de Changmin se abrieron como dos platos -¡Cheesecake!- Exclamó, y Yoochun podría jurar que el solo nombrar aquella palabra hacía que Changmin sintiera placer.

Perfecto.

-Pero se supone que el Cheesecake era en agradecimiento por ayudarme con mi problema – Le dijo al chico, quien de pronto parecía estar teniendo un fuerte conflicto interno.

-Vas a tener que comprarme una doble malteada para acompañar ese Cheesecake – Le dijo, luego de dos segundos de meditación, mientras levantaba el auricular del teléfono

Bingo.

-Ven aquí – Yoochun se sentó en el sofá de su living, haciéndole señas al menor para que tomara asiento también.

-¡Saca esa sonrisa de tu rostro!- Changmin gruñó, desplomándose sobre el sofá y marcando algunos dígitos -¡Usar comida para convencerme! Qué sucio, Yoochun, qué sucio…

Oh sí. Ambos sabían bien que si había algo que Changmin no podía resistir, era una invitación a comer.

-Es triste, sabes – Suspiró Yoochun, envolviendo al menor entre sus brazos y besándole con suavidad una oreja –Que tengas que cobrarme por cada favor que me haces

-¡Shhh! Está marcando- Changmin lo hizo callar, aunque su cuerpo se apegó más al del mayor, quien seguía jugando con la oreja del menor (Por experiencia previa, Yoochun sabía que era un punto débil de Changmin), mordiendo con suavidad el lóbulo.

-¿Aló?- Una voz se escuchó al otro lado del auricular, y Changmin le pellizcó el muslo, una clara señal de “detente, no quieres arruinar esto”.

-Deja de acosar al profesor Park, Junsu.

-¿Huh? ¡Pero si es divertido!- el chico rió – Y hola para ti también, Minnie.

Es susodicho suspiró –Hola, Junsu. ¿Dejarás de molestar al profesor Park?

-¡Pero si las caras que hace cuando me lo encuentro por los pasillos son las mejores! ¡Deberías verlo, Minnie! El otro día por ejemplo…

- Escucha, Junsu- Changmin interrumpió, estirando la frente de Yoochun con una mano, quien en esos momentos estaba frunciendo el ceño, sumamente ofendido –Sé que debe ser estupendo atormentar almas sensibles, pero detente. Enserio.

-¡Pero Minnie!- Junsu respondió, y Yoochun podría jurar que el mocoso estaba haciendo un maldito puchero – ¡Yo sólo lo hago para animarlo! A ver si con mis entusiastas porras se decide de una vez y fufufufufufufufufu-

-¿Quién en este maldito mundo puede reírse diciendo fufufu?- Preguntó Yoochun en voz baja, obteniendo como única respuesta una seña para que se callara

-Deja de molestarlo, Junsu. – Habló Changmin al auricular, quien se estremeció al sentir la inescrupulosa lengua del mayor sobre una de sus vértebras cervicales. ‘No es mi culpa.’ pensó al ver la mirada amenazadora que le lanzaba el menor `Tu cuello estaba rogando para que le prestara atención’.

-¿Hay algo de lo que me estoy perdiendo, Minnie?

Oh, Junsu no se imaginaba cuánto se estaba perdiendo en estos momentos.

-No- Respondió, pellizcándole un muslo a Yoochun, quien en vez de soltarlo, mordió más fuerte a Changmin. Sabía que haciendo aquello no estaba cooperando mucho con el chico, pero al diablo.

-¡Detente!- Siseó en voz baja, golpeándole en la cabeza con fuerza

-¿Qué fue eso, Changmin?

-Maandoongi.- Respondió el menor, y Yoochun, haciendo memoria, recordó que aquel era el nombre de la mascota de la familia, un maltés blanco si su memoria no le fallaba.

-Minnie…-

-Sólo deja de hacerlo, Junsu- Changmin lo interrumpió, exasperado. De seguro lo único que quería en esos momentos era estar comiendo Cheesecake y malteada. –El hombre se ha quejado conmigo, ¿Y sabes qué? No hay nada peor que escuchar a Yoochun quejándose

-¡SANTO DIOS!- Un chillido ensordecedor salió por el auricular

-¿Qué pasa?

-¡SHIM CHANGMIN! ¡ACABAS DE LLAMAR YOOCHUN AL PROFESOR PARK!

-¡Mierda!- maldijo el menor en voz apenas audible, golpeando nuevamente a Yoochun -¿…Y? ¿Qué hay con eso?- le respondió en voz alta a Junsu

-El detective Kim Junsu percibe que hay algo que no le estás contando, Minnie.

-Junsu- Changmin de verdad parecía estar perdiendo la paciencia –Sé que te he dicho esto antes, pero leer todos esos mangas del Detective Conan te han hecho mal.

-¡Nada de eso! Mi súper intuición de mejor amigo del mundo me dice que hay algo que debo saber

Termina con esto pronto’ pensó el mayor, rodeando al menor con sus brazos nuevamente, y Changmin rodó los ojos, recostándose de nuevo sobre el pecho del mayor

-Junsu, sólo porque le llamé Yoochun, no significa que algo haya pasado.- Y entonces Changmin se volteó un poco, apretando los labios de Yoochun entre su índice y su pulgar -La única razón por la que no le llamo Profesor Park es porque ese idiota ni merece que le llamen así, el muy holgazán.

-¡¡Mhh-hmm-hmmhmm!!- El mayor intentó quejarse, pero los dedos de Changmin (que ya había previsto esta reacción) apretaban con fuerza los labios de Yoochun, impidiendo que hablara

-Hmm…- Escuchó que Junsu decía -¿Seguro que no se han confesado amor eterno o algo así?

-NO JUNSU- Yoochun sintió como Changmin se tensaba entre sus brazos – No ha sucedido nada, sólo… Sólo deja al profesor Park en paz.

-Querrás decir a Yoochun- Fue la risueña respuesta de Junsu

-Como sea, sólo hazlo por mi ¿Sí?

-Ah, Minnie ¡Eso es chantaje!

-Por favor, Junsu- Changmin insistió, con voz suave y triste.

-¡Está bien, está bien! No es necesario que utilices ese tono, tonto.

-¡Al fin!- Celebró Yoochun, en voz baja claro, estrechando con fuerza a Changmin, quien sólo sonrió, haciendo señas para que se callara

-Oye, Changmin ¿Me puedes hacer un favor?

-¿Qué pasa?

-Es que mi mamá quiere usar el teléfono ¿Me puedes llamar al celular?

-Está bien, pero no hables demasiado, ¿Sí? Quiero ir a comer.

-¡Malvado!

-Hm.

Y entonces, Changmin colgó.

-¡GRACIAS!- Exclamó en voz alta Yoochun, plantando un sonoro beso en la mejilla del menor –¡Compraremos un Cheesecake entero si lo deseas!

-Te cobraré la palabra- Sonrió el menor, marcando el número del celular de Junsu –Me lo debes, de todos modos, por haber sido una completa molestia durante toda la conversación. Ahora cállate y déjame terminar con esto de una vez. Muero de hambre.

-Shim Changmin ¿Dónde diablos estás?- Fue lo primero que escucharon Yoochun y Changmin apenas Junsu contestó la llamada.

Al instante, una mirada mitad enrabiada mitad frustrada apareció en el rostro de Changmin.

Había caído en la trampa de Junsu.

-Tengo registrado el número de tu casa, el de tu celular, el de Jae y hasta el del novio de Jae, Changmin. –Junsu habló en respuesta al silencio de Changmin, que de todos modos, no se había prolongado por más de dos segundos –Y no me estás llamando de ninguna de esas partes.

Yoochun tenía que admitirlo: El chico sí parecía detective, después de todo.

-Además- agregó Junsu, su tono igual de risueño que siempre - Podría jurar que escuché a alguien más hablando, y estoy muy seguro de que no sufro de ninguna clase de alucinación auditiva, así que escupe Shim Changmin. Dime dónde diablos estás.

-Junsu…-

-Y no se te ocurra decirme que estás en un teléfono público – Agregó Junsu, quien a juzgar por su voz, de verdad estaba disfrutando esta situación –Porque enserio Minnie, tengo diecisiete años, no cinco, así que no me vas a engañar con algo así.

-Te atraparon- Suspiró Yoochun, entre divertido y consternado. Seguramente, si no hubiese estado distrayendo a Changmin durante la primera llamada, el chico habría razonado acerca del registro de llamadas del celular de Junsu, y nada de esto habría sucedido. Definitivamente tendría que comprar un Cheesecake entero para compensar al menor.

-Uhm…-

-Déjame hacerte esto más fácil, ¿Sí?- Interrumpió de nuevo Junsu, con un tono casi como de abuela consentidora, suave y alegre - ¿Estás con el profesor Park en estos momentos, no?

Jaque mate.

-¡Ja! Apuesto a que ha estado escuchando nuestra conversación desde el principio. ¡Hola, Profesor Park!- Saludó, subiendo el tono de voz –Kim Junsu de la clase 2A hablando

Yoochun miró al menor entre sus brazos y se encogió de hombros. –Nos han pillado.

-Te odio, Park Yoochun- Gruñó Changmin, golpeándolo una vez más antes de recostarse completamente contra el pecho del mayor

-Buenas tardes, Kim- Respondió al auricular Yoochun

-¡Santo Cielo!-Junsu rió, un poco sorprendido -¡De verdad sí está con usted!

-Sí. Quedamos de ver una película, pero apenas llegó comencé a insistirle para que te llamara y te convenciera de dejar de… De bueno, hacer eso que siempre haces cuando me ves.

-Me disculpo por eso, profesor Park- Respondió Junsu, sonando avergonzado –No lo haré más.

-Me alegra saberlo, Kim- asintió Yoochun, dando por finalizada la conversación - Que estés bien

-Profesor Park- Junsu habló antes de que pudiera colgar - ¿A usted le gusta Changmin?

-¡ADIÓS, JUNSU!- Changmin le quitó el teléfono, gritando la respuesta antes de colgar.

-Pues vaya, tu amigo sí es directo.

–Cheesecake. Ahora.

Cinco minutos después, ambos se encontraban bajando por el ascensor camino hacia la calle, Yoochun molestando a Changmin sin piedad, imitando la risa de Junsu (fufufufufufufufufu), y Changmin golpeándolo sin piedad a cambio.

-Junsu no te dejará en paz – Canturreó el mayor, ganándose un codazo por parte de Changmin

-Hazme un favor y muérete- Gruñó el menor, apagando su celular (que, según el conteo de Yoochun, ya había recibido tres mensajes de texto)

-Ah, Changmin- Rió Yoochun con tono burlón –Te ves tan lindo cuando te enojas.

Al final, Yoochun terminó comprando dos doble malteadas, un Cheesecake de frutilla entero, un paquete de galletas de nuez, dos barras de chocolate, y un té verde helado para él mismo (Todo para llevar, por supuesto). Después de todo, Changmin lucía bastante enfurruñado, y en parte era por su culpa.

-No puede ser tan malo, Changmin- Sonrió Yoochun, cuando dos horas después, Changmin estuvo parado en el umbral de su puerta, una bolsa con galletas y chocolate en su mano, listo para retirarse –Es tu mejor amigo, después de todo.

-Hmmm- Suspiró el menor, mucho más sereno, de seguro a causa de todo el Cheesecake y malteada consumidos – Al menos ya no habrá nadie acosándote por los pasillos.

-Y eso es maravilloso – Asintió Yoochun -¿Estás seguro de que no quieres que te lleve a tu casa?

-Seguro –Respondió Changmin, besándolo con rapidez –Nos vemos el lunes.

Al contemplar como la delgada figura de Changmin se alejaba por el pasillo de su departamento, Yoochun sintió como la pregunta de Junsu hacía eco en su cabeza.

¿A usted le gusta Changmin?

Que si acaso le gustaba Changmin.

Pues era evidente que sí.

Y Yoochun lo sabía. No sólo por el dinero que gastaba en ese pequeño monstruo con apetito insaciable, ni por los sueños húmedos que había protagonizado. Eran las ansias de estar con él, de hablar, de reír juntos, lo que ponían al descubierto sus sentimientos. Era la satisfacción, más allá de lo corporal, que sentía cada vez que estaba con él.

Pero, más que eso, era el miedo.

El miedo a perderlo, el miedo a ser descubiertos, el miedo a terminar hiriendo a Changmin, que sobrepasaba incluso al miedo a aferrarse sentimentalmente a alguien.

escribió en un mensaje de texto, enviándoselo a Changmin. ¿Sí qué? le respondió, unos cinco minutos después.

La respuesta a la pregunta de Junsu. Sí.

La respuesta de Changmin demoró un tanto en llegar.

Baboso

-¡Baboso!- Rió en voz alta, leyendo de nuevo aquella respuesta, la cual Yoochun supo interpretar como “A mí también me gustas”. Porque, después de todo, él mismo lo había leído en el celular de Changmin hace algún tiempo.

Dreams on Fire capítulo 14: La Anciana

Nota: por fin!! Siento el retraso, pero ya saben, crisis de escritor. Disfrútenlo!
Ah y "Ahjuma" significa señora n.n

XIV: La Anciana

Terminó la noche y llegó la mañana. Junsu dormía profundamente en su cama, abrazando dos de sus almohadas, cuando la luz del sol lo despertó lentamente. Abrió los ojos despacio y encontró a Yoochun de pie frente a él, mirándolo. Por un momento se sobresaltó, pero luego recordó todo lo que había pasado el día anterior. Se rascó la cabeza al nivel de la nuca y sintió la cadena que guardaba la llave, colgando de su cuello. La había recuperado y ahora estaba segura con él. Pero no estaba seguro si era el momento de liberar a Yunho o no. Lo mejor sería preguntarle al propio príncipe.
-Buenos días – saludó primero que nada a Yoochun, sentándose.
-Buenos días – respondió el fantasma, - Junsu, ¿puedes llevarme con el rey?
-¿Eh? – Junsu dejó de tallarse los párpados con los dedos para mirarlo, confundido, - ¿quieres que te lleve con Changmin?
Yoochun asintió.
-¿Por qué? Él fue quien te…
-¿Qué? – lo interrumpió Yoochun. ¿Qué no recordaba su propia muerte?
-No importa. ¿Por qué quieres verlo?
-Es complicado. Sólo sé que quiero verlo otra vez.
-Aish – se resignó Junsu, levantándose de la cama, -está bien. Me bañaré e iremos a verlo, ¿está bien?
Yoochun asintió y esperó hasta que Junsu estuviera bañado, vestido y peinado para ir a ver a Changmin, llevando consigo la pluma del poeta por supuesto. Llegaron frente a la habitación del rey y Junsu dudó.
-Te lo advierto, es probable que no te guste lo que encuentres.
-Me arriesgaré.
-Está bien.

El pelirrojo abrió la puerta y ambos entraron a la habitación. Changmin estaba despierto, acostado con la sábana cubriéndolo hasta la cintura, de lado, mirando el cuerpo que yacía a su lado. El fantasma del pelinegro no lo podía creer. Quien yacía al lado de Changmin era él mismo. O más bien su cuerpo. Junsu sólo se quedo observando como el rey miraba a su poeta, acomodándole el cabello y tocando su mejilla.
-Yoochunie…
Lo escuchó susurrar.
El fantasma del poeta se alejó de al lado de Junsu y se acercó al rey.

-Majestad.
Changmin no volteó.
-Changmin –Yoochun intentó tocar su hombro pero lo traspasó. Por un segundo se había olvidado de su calidad etérea.
-Señor – habló de repente Junsu. Changmin volteó.
-¿Qué haces aquí, Junsu?
-Quería preguntarle si quería hacer algo en especial hoy o algo.
Changmin negó. Miraba fijamente a Junsu aunque Yoochun estaba flotando justo frente a él, entre él y Junsu. Yoochun se acercó más. Aún así Changmin miraba fijamente a Junsu.
-¿No me ve? – se preguntó Yoochun en voz alta. Changmin no le respondió. Junsu lo miró y negó con la cabeza.
-¿En verdad no quiere hacer nada, majestad? – preguntó el pelirrojo.
-No. ¿Cómo te lo tengo que hacer entender? – respondió el rey con amargura.
-Bueno, es que no me parece sano que se quede aquí todo el tiempo, al lado de…él – añadió Junsu. Changmin se levantó de la cama, hastiado y se acercó a Junsu.

Yoochun lo vio levantarse, caminar hacia él y… lo sintió traspasarlo. Fue como si le hubiesen vaciado un balde de agua helada y le hubiesen tapado la boca y la nariz con fuerza, todo al mismo tiempo. Aún siendo un fantasma pudo sentir todo eso.
-No me ve…
Junsu miró a Yoochun detrás de Changmin. Se sentía mal por él.
-No quiero hacer nada – le decía Changmin al mismo tiempo que Yoochun se encogía literalmente detrás de él, - absolutamente nada más que quedarme aquí, en mi cuarto. A solas. ¿Me estás escuchando, Junsu?
-Sí, señor – mintió Junsu. Había escuchado la mitad.
-Entonces toma tu molesto cuerpo pelirrojo y lárgate.
El consejero asintió y salió de la habitación, despacio, esperando que el fantasma lo siguiera. Se quedó fuera de la habitación, frente a la puerta esperando un rato.
Adentro, Changmin volvió hacia su cama, atravesando por segunda vez a Yoochun sin siquiera notarlo.
De nuevo invadió al poeta esa sensación de vacío, frío y ahogo. Vio al rey sentarse al lado de su cuerpo y no lo resistió más. Salió de ahí, traspasando la puerta y siguió flotando hasta la que había sido su habitación.

-¡Yoochunie! – Junsu lo siguió y lo encontró sentado sobre la que había sido su cama.
-Él no puede verme, Junsu. Tú lo haces. Changmin ni siquiera me escucha.
Junsu simplemente lo observaba.
-Lo sé, me di cuenta.
-Como algo que no se puede ver. Como algo que no se debería ni siquiera de oír. Me sentí ignorado. Inclusive pasó a través de mí.
-Quizás debiste hacer algo más para que te notara. Hacer más ruido, hablar más fuerte.
-¿Pero qué podría haberle dicho? ¿“Majestad, míreme, soy el fantasma de su poeta, el único que le amó de verdad aunque fuera lo que es”? ¿Algo así?
El pelirrojo no sabía qué responderle.
-Debí haberme ido en cuanto pude. En cuanto le di la bofetada debí salir corriendo hasta llegar a otro pueblo como era mi costumbre. Pero me quedé como un idiota. Y ahora estoy… estoy…
-Muerto.
-Sí. Muerto. Y ni siquiera puedo pasar al cielo o al infierno por mis pecados. Estoy atorado en el limbo sin saber cómo hacer para atravesarlo y la única persona por la que me quedaría ni siquiera nota mi presencia.
Junsu se sintió algo excluido pero no era el momento de reproches.
-Lo siento – fue lo único que se le ocurrió decir.
-Ojalá el rey pudiera decir lo mismo que tú – el pelinegro volteó a verlo, - Perdona. No es que tú no seas importante para mí. Somos amigos. Pero el rey…
-No importa. Lo comprendo, Yoochun. No necesitas explicarme.
Se quedaron en silencio. Junsu se preguntaba si Yoochun ya no recordaba cómo había muerto. Porque hablaba del rey como si él también fuera inocente de lo que había pasado. Quizás… había escuchado a la anciana que cuidaba ahora del capitán decir que algunos espíritus no recuerdan su muerte, normalmente porque ésta fue tan atroz que prefieren bloquearla, tal como pasa con la mente humana de los vivos.
-Quizás ése sea mi asunto.
-¿Perdón? – la repentina voz de Yoochun lo tomó por sorpresa.
-Quizás hacer que Changmin me vea es mi asunto pendiente.
-Suena razonable – calibró Junsu.
-Me ayudarás, ¿cierto?
- Por supuesto – sonrió el pelirrojo, - y de hecho tengo idea de quién podría orientarnos en ese aspecto del mundo espiritual. Sígueme.

****
Aprovechando que el rey pensaba quedarse encerrado en su habitación, consejero y fantasma salieron de los terrenos del palacio hacia el pueblo. Yoochun se sentía tan mal, estaba tan deprimido, que su forma fantasmal tenía la mitad del tamaño de Junsu, quien cabalgaba a su lado, sin decir nada. Llegaron al pueblo. Sus calles estaban de nuevo llenas de gente. Al parecer la gente, al darse cuenta de que el rey no tenía ganas de salir a visitarlos como antes, había recuperado un poco de su alegría habitual. El cielo estaba muy azul, con algunas nubes que quizás darían algo de lluvia, había niños y animales jugando junto a los puestos de comida… el mundo exterior parecía mil veces más feliz que aquél que vivía Junsu dentro del castillo, mismo que había acabado con Yoochun.

Pronto llegaron frente a la casa en la que el consejero había dejado al capitán. La muchacha que Junsu había visto ese día estaba afuera, tejiendo un arreglo de flores, mientras Jaejoong sostenía algunas de ellas. Aún tenía la mirada perdida, pero se veía más vivo que antes, por decirlo así. Además, su cabello ahora era negro.
“Menos mal”, pensó Junsu al verlo, “él la está pasando mejor que nosotros”. Bajó del caballo y se dirigió hacia la chica, Yoochun flotando tras él. La chica lo saludó y luego miró a Yoochun.
-¿Puedes verlo? – le preguntó el pelirrojo al notar su mirada sobre el poeta.
-Sí. Mi familia es sensible a este tipo de cosas.
-Que interesante – sonrió.
-Oppa, ¿a qué has venido?
-A visitarlas a ti y a tu abuela y al capitán. Veo que está mejor.
-Sí, se ha recuperado un poco. Aunque aún no vuelve a hablar y camina con torpeza. Es como un niño pequeño.
-Puedo preguntar, ¿por qué el pelo negro?
-Para que le sea más difícil a la gente reconocerlo. Es mejor para él y para nosotras que nadie sepa de dónde vino.
-Entiendo – suspiró Junsu, mirando al capitán, quien miraba las flores, perdido en otro universo mejor que éste.
- ¿Quieres que llame a mi abuela, oppa? – le preguntó la chica.
-Sí, por favor. Necesitamos su ayuda.

Un rato después la chica los hizo pasar a la casa y luego trajo al ex capitán también adentro. La anciana los recibió en una pequeña sala, escasamente amueblada, pobre, pero muy limpia.
-Hija, ofrécele algo de sopa a nuestra visita – dijo la anciana.
Ya que Junsu tomó un plato de sopa y empezó a probar el segundo, cortesía de la anciana, la mujer volvió a hablar.
-Es sobre ése fantasma, ¿cierto?
Junsu se atragantó.
-¿Cómo lo sabe?
-Usted me lo acaba de confirmar, jovencito. ¿Qué necesitan?
-Bueno…
-Señora, -dijo Yoochun, - me gustaría que me ayudara a resolver mi asunto pendiente para poder irme de este mundo en paz.
-Ya veo. ¿Tienes alguna idea de cuál es tu asunto pendiente, poeta?
-Bueno, creo que debo lograr que el rey me vea. Junsu me ve, usted y su nieta me ven. Él ni siquiera me escucha.
-Qué extraño. ¿Sentías algo por él?
Junsu miró a Yoochun, intrigado.
-Sí. Creo que sí.
-Más raro aún, -reflexionó la anciana, - debería de poder verte, a menos que…
-¿Qué’ ¿Hay alguna explicación para que no pueda verme el rey Changmin?
-Dos en realidad. Pero no le gustará oírlas.
-Dígame, por favor nuna. Necesito saberlo.
-¿Nuna? – rió la mujer, - niño, tengo edad para haber sido tu abuela.
-Ahjuma. Ahjuma-nim entonces. Dígamelo. Necesito saberlo.
-Está bien. La primera razón es que el rey no te corresponda en ese afecto.
Yoochun se encogió una vez más.
-Eso no puede ser, ahjuma – intervino Junsu, - el rey se pasa los días abrazando el cuerpo de Yoochun porque lo extraña. Dudo que no sea correspondido.
-¿Su cuerpo? ¿Aún lo conserva?
-Sí. Y sin ofender, Yoochun, pero ya empieza a oler…
-Necesitarán embalsamarlo bien. Yo podría hacerlo.
-¿De verdad? Gracias, ahjuma.
-¿Cuál es la otra opción? – repuso Yoochun, rogando que fuera mejor que la primera.
-La otra opción es que el sujeto en cuestión que no puede verte no lo merezca.
-¿Pero por qué?
-Puede ser que su alma sea impura o que haya tenido que ver con tu muerte o ambas.
Yoochun se encogió aún más, del tamaño de un muñeco de trapo. Acto seguido salió de la habitación traspasando la pared.
-Yoochun…
Una voz que hasta entonces no se había escuchado pronunció su nombre. Las dos mujeres y Junsu voltearon a ver a Jaejoong.
-Parece que lo reconoció – dijo la mujer.
-Incluso él puede verlo – reflexionó Junsu, - disculpe, ahjuma, donsaeng. Iré a hablar con Yoochun.

-¿Estás bien? – le preguntó Junsu, sentándose en la barda, al lado de donde el fantasma del poeta flotaba.
-No. No puedo creer que Changmin me haya asesinado. No entra en mi entendimiento.
-Lo lamento, Yoochun, pero así fue. Accidentado, pero sucedió. El rey pensó que era el capitán y…lo siento.
-Ya debería de admitirlo, Junsu. Changmin no me quiso como yo a él. Sólo fui y aún soy su capricho, por eso ni siquiera entierra mi cuerpo ni me ve.
-Sí. Deberías renunciar ya a él. Sólo así estarás en paz.
-¿Y si de todas formas no logro irme a descansar al más allá? ¿Y si en verdad mi asunto pendiente es hacer que Changmin me vea?
-De ser así tendremos que encontrar la manera de que te vea. Incluso Jaejoong hyung te ve.
-¿De verdad?
Junsu asintió.
-Hijos míos – los llamó la anciana, - ya deberían de volver al palacio. Mañana pasen por mí para que vaya a conservar el cuerpo del poeta.
-Está bien. Gracias, ahjuma.

****


-Señor, creo que es necesario que alguien venga a ayudarle a conservar a su poeta – le sugirió Junsu una vez que Changmin le permitió entrar y cedió a escucharlo.
-Está bien. Ve mañana a buscar a alguien que pueda hacer eso.
Junsu asintió y salió de la habitación. Ésa vez Yoochun prefirió esperarlo afuera. Era menos pesado que sentir como la mirada de Changmin lo traspasaba.
-Vamos a descansar y mañana iremos por la anciana, Yoochun.
-Está bien.
Mientras el resto del palacio y del reino dormían, Yoochun pasó la noche en vela, observando las estrellas.
-Fui un tonto. Aún soy un tonto.

A la mañana siguiente, mientras los gallos del pueblo cantaban, Junsu se levantó, se dio un veloz baño, se vistió y salió de nuevo a caballo con Yoochun a su lado. Cuando llegaron a la casa de la anciana ella ya los estaba esperando afuera con un morral lleno de medicamentos y pociones hechas con flores y hierbas. Junsu descendió del caballo y le ayudó a subir para luego montar detrás de ella y cabalgar de vuelta al palacio.

-Majestad, ésta mujer es chamana y dice que puede conservar al poeta – la introdujo Junsu al llegar a la habitación del rey. La mujer se acercó con sigilo e inclinó la cabeza hacia el rey.
-Está bien. Espero que haga un buen trabajo, por el bien de los dos.
-Lo haré, majestad, - repuso la anciana, - ahora, si me permite, necesito que me dejen sola con el cuerpo.
Junsu insistió y Changmin por fin se alejó de su poeta. Ya que ambos salieron de la habitación, la mujer empezó a purificar el cuerpo de Yoochun, limpiándolo con aceites y cremas. El espíritu del poeta la observaba, a un lado.
-Quedará como nuevo – sonrió la anciana.

Mientras, afuera, Changmin esperaba, impaciente, y Junsu lo observaba caminar de un lado al otro del pasillo. Un par de horas después, la anciana se asomó fuera de la habitación y llamó al rey. Ansioso, Changmin regresó a su habitación y miró impresionado el cuerpo de su poeta. Ahora sí parecía que estaba simplemente dormido.
-¿Le gusta?
-Hizo un excelente trabajo.
-Y tendré que repetirlo una vez al mes para que siga así.
En cuanto Yoochun vio entrar a Changmin, regresó al lado de Junsu.
-Vamos, mientras la anciana habla con el rey hay que ir con el príncipe. Tenemos que resolver el asunto de la llave.

Juntos descendieron una vez más a los calabozos, Junsu cargando un plato de comida, el cual pasó entre los barrotes y acercó al joven príncipe. Al ver la comida, Yunho se apresuró a devorarla.
-¿Qué ha pasado? ¿Por qué no habías vuelto, Junsu? – preguntó una vez terminó de comer.
-Pues, tenía unos asuntos que arreglar…
Yunho dirigió su mirada al lado de Junsu y sus ojos se abrieron por completo.
-¿No me dijiste que Yoochun estaba muerto?
-Sí, lo está, -repuso Junsu, -¿puede verlo?
Yunho asintió.
-¿Es un fantasma?
-Sí.
-Increíble, inclusive usted puede verme, - murmuró Yoochun, deprimido.
-¿A qué se refiere? – preguntó Yunho, pero Junsu le hizo una seña para que no indagara más.
-Luego le explico.
- Bueno. ¿Tienes la llave?
-Sí. Yoochun me ayudó a recuperarla – dijo Junsu, mostrándosela.
-Ya. Gracias, poeta.
-Por nada.
-¿Ahora qué haremos, majestad? –preguntó Junsu.
- Liberarme y huir de aquí. Una vez lejos pensaremos qué hacer para quitar a mi hermanito del trono y retornar las cosas a como deberían de ser.
-¿Cree que ahora es el momento?
-¿Por qué no?
-No lo sé. Changmin está aún deprimido por lo de Yoochun, pero…si se da cuenta de que no estamos seguramente nos mandará buscar y fusilar en el acto- explicó el pelirrojo.
- Quizá. Pero si nos tardamos más, será peor.
-¡Por Dios!

Los tres hombres voltearon hacia la entrada de los calabozos. La anciana chamana estaba ahí, de pie, mirando a Yunho llena de sorpresa, misma que contagió a los otros tres al verla ahí. El mayor secreto del palacio había sido descubierto.
-Ahjuma… - dijeron Junsu y Yoochun.
-¿En verdad es el príncipe Yunho quien está ahí?
-Sí, buena mujer. Soy yo – respondió Yunho. ¿Qué otra cosa podían hacer ahora más que decirle la verdad? De pronto se le ocurrió una idea.
-Está vivo- dijo la anciana.
-Sí, ahjuma. Siempre estuvo vivo – explicó Junsu.
-No comprendo.
-Changmin lo mantuvo prisionero – añadió Yoochun, - igual que a nosotros.
-No puedo creerlo. ¿El rey mató al poeta y mantuvo prisionero a su hermano, diciéndole al pueblo que estaba muerto? ¿Qué otras atrocidades ha hecho ése mocoso tirano?
“No tiene idea…” pensó Junsu.
-Por favor no se lo diga a nadie, ahjuma, - dijo Yunho, - guarde el secreto de que sigo vivo.
- Está bien. No lo diré. Se los prometo – se resignó la anciana, - pero no comprendo para qué quieren mantenerlo en secreto.
-Es demasiado arriesgado que el pueblo se entere de la verdad, ahjuma. Por eso – continuó Yunho.
-Cómo quieran – accedió la mujer. Después Junsu y Yoochun la acompañaron de vuelta a su hogar.
-De verdad, ahjuma, gracias por ayudarnos. Pero prometa que no dirá nada de lo que vió en el calabozo.
-Lo prometo – reafirmó la anciana.
-Gracias.
Sin embargo, en cuanto entró a su casa la mujer le contó a su nieta todo lo que había visto y oído en el palacio. Ésta, al día siguiente, se lo contó a una amiga suya, quien se lo contó a su novio, quien se lo contó a sus amigos del mercado… pronto el pueblo se llenó de un murmullo inconforme.
Mientras tanto, en el palacio, Junsu y Yoochun regresaron con Yunho, preocupados sobre lo sucedido con la anciana.
-Majestad, ¿cree que la mujer guarde el secreto? – le preguntó Junsu.
-No. Y en realidad espero que lo divulgue por todo el pueblo.
-¿Eh? – Junsu no comprendió.
Yunho sonrió con picardía. Su plan era enfurecer al pueblo con la verdad. Así no serían sólo dos hombres y un fantasma contra Changmin, sino todo el reino. Cuando la ola de rebelión comenzara a reventar, sería el momento perfecto para destrozar al rey Changmin.

Una Carta Al Cielo

Titulo: Una Carta Al Cielo
Autora: Joey
Pareja: YunJae
Género: Romance Slash, Drama
Extensión: Oneshot
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Aún recuerdo el día que choqué intencionalmente contigo para poder hablarte. Después de aquella ocasión, supusimos que mi vista empeoraba cada día, pues día a día chocaba contigo. Mi tonta escusa era un ligero ‘Lo siento, no te vi’. Y tu cálida sonrisa iluminaba la mañana y un ‘descuida’ era todo lo que necesitaba para terminar el día. Aun recuerdo el olor de las flores de aquel puesto que atendías. Aún lo siento…

Recuerdo pues, el día que me acerqué a ti sin accidentes y me sonreíste, otra vez, pero como nunca. _Comenzaba a creer que era invisible para ti_ Dijiste riendo. Que estúpido fui, al hacerte sentir mal, pues aunque no me lo dijeras yo lo sabía. Lo siento. A partir de ese momento no hubo ningún momento nublado… Nos hicimos amigos, porque así tenía que ser. Ahora también recuerdo la noche en que accidentalmente marqué tú número en vez del de un amigo… y tú amablemente reíste y después yo te invité a cenar… tanto así lo recuerdo que aún me duele que en esa ocasione me hayas dicho que no podías.

‘¿Pero qué tal otro día?’ Aquellas palabras me esperanzaron mucho, como no pudieras haberte imaginado. El día llegó, pero tú no con él. Marqué varias veces a tu teléfono. Quizás te había pasado algo, quizás ya no querías verme… quizás…

Pero nunca hubo una respuesta. Estaba molesto y cansado de esperarte en esa cafetería junto a tu florería. ¿Me había hecho falsas ilusiones? Probablemente…

Esa noche lo que más deseaba era que la pantalla de mi celular se encendiera con tu nombre grabado y que al contestar, tú comenzaras a disculparte por no haber asistido a la cita… lo ansiaba con tantas fuerzas, que no me di cuenta que estaba pidiendo el peor de mis deseos.

Cual pedía, el teléfono sonó y tú nombre escrito en la pantalla lucia, sonreí pero al instante recordé que lo que venía era serio. Bastaría en hacerme el resignado y luego aceptaría que fuéramos a tomar algo otro día… que estúpido soy. ‘Lo siento Yunho… ya no podré verte más’.

‘Qué… ¿Hice algo mal Jaejoong?’

‘… no…. ‘

¿Entonces? Yo no lograba entender tus palabras… Si no había nada malo en mí… entonces.

‘¿Pasa algo Jaejoong? ¿Te encuentras bien?’

‘…no…’

Demasiados sentimientos se encontraron esa noche. Todo estaba mal… Nada podía ser cierto. Tú no podías estar muriéndote en la camilla de algún hospital… y yo no podía seguir ahí sin hacer nada.
Corrí. Corrí con todas las fuerzas que mis piernas podían dar. Y lloré. Lloré con todas las fuerzas que mi alma lograba obtener.

Pero no importó cuanto corriera… o cuanto llorara. No llegué a tiempo.

‘¿En dónde estás?’

‘… En el… hospital de Seúl’

‘ Voy para allá!’

‘No… no vengas…’

‘Claro que voy, no tardaré’

‘No vengas…Yunho… Te quiero’

‘… no deberías confesarte por una llamada, eso es muy informal’ Las lagrimas caían una por una mientras no podía evitar lastimarme con el celular, por la fuerte forma en la que lo sostenía. Escuché una risilla, la más hermosa en el mundo. Y luego tu negación.. ‘No vengas’. Pero fue demasiado tarde, yo ya iba bajando las escaleras del departamento…

Leucemia… no había nada que hacer. Si lo había… pude haberte amado más intensamente y sin miedos. Pude haberte protegido desde el primer segundo que te vi.

Ni la locura, ni la pena me embriagaron, porque sé que eso no te gustaría. La absoluta tristeza, la soledad y la melancolía, me acompañaron después de tu partida. De repente levantarse por las mañanas ya no era tan fácil… de repente arreglarme e ir a pasear al parque ya no tenía sentido… de repente las plantas ya no florecían como antes…

De repente mi mundo cambió. Sin ti. ¿Qué más esperaba de la vida?

El trabajo se hizo vano, como todo lo que me rodeaba… y a punto de caer en la desesperanza, regresé al parque, a la esquina donde te había conocido. Ahí donde ahora tu florería se hallaba cerrada. El único recuerdo vivido de todas esas mañanas, tardes, e incluso noches, en las que nos veíamos; era ese pequeño lugar. Entonces me prometí no dejarlo morir… yo lo amaría, tanto como tú lo amaste, y tanto como yo te amé.

Ahora, sigo. Adelante. Y miro hacia atrás para recordarte, con alegría. Me levanto temprano a regar las plantas y me voy hasta que el último rayo de sol deja de brindarnos su calor. Un calor casi comparable al que me dabas con cada una de tus sonrisas.

Y termino porque ya no hay más papel, porque la tinta se acaba y por mis lágrimas ya son imposibles de contener.
Por favor, sígueme cuidando desde allá arriba, sigue siendo la luz de mis días en el sol y la esperanza de mis noches en las estrellas…

Esta carta ya no la leerás, aún así, la enviaré en el cielo… y allá si algún ángel la encuentra, espero que te diga, cuanto te amo.


FIN

Xiahtic Cap. 1: Equis (X)

1. Equis (X)




-Pasa, por favor – el chico blanco de cabello negro y largo le había abierto la puerta del departamento.

Éste sería su nuevo hogar, y sólo por que quedaba más cerca de su escuela, aunque no de su trabajo. Pero sería más sencillo salir temprano para llegar a trabajar que levantarse a las cuatro de la mañana para llegar a la escuela a las ocho, ya estaba harto de eso.
El departamento no estaba nada mal. Era amplio, las áreas a compartir eran el baño, con w.c, lavabo, regadera y tina, un cuartito con lavadora y tendedero así como burro para planchar, además de la sala de televisión y juegos y la cocina con su pequeño comedor. El área privada eran las seis habitaciones que consistían en cama individual, armario, repisas y un escritorio.
-Hasta ahora sólo cuatro de las habitaciones han estado ocupadas – le explicó el de cabello largo. Justo en ese momento un chico alto, de piel tostada y cabello igual de largo que el del chico blanco pero castaño salió corriendo de una de las habitaciones.
-¿Otra vez tarde, Yunho hyung? – sonrió el chico blanco. El castaño volteó y le regresó la sonrisa.
-Ya lo sabes, como siempre.
-Te quería presentar al nuevo residente, el joven Kim…
-Junsu – dijo él, algo apenado.
-Mucho gusto – dijo Yunho, moviendo sus lentes - luego me presento con más propiedad, tengo prisa - y dicho esto desapareció escaleras abajo.
- Es buena persona – dijo el de cabello oscuro, - aunque aquí entre nos es una loca – añadió en voz baja, con una sonrisa pícara.
Junsu asintió, sorprendido. Nunca se habría esperado semejante carta de presentación de uno de sus futuros roomates.
-Sólo no entres a su cuarto o te llevarás un buen susto un día. Por lo demás puedes contar con él como un buen amigo, igual que conmigo. Soy Park Yoochun por cierto.
- Lo sé, ya se había presentado, hyung.
-¿En verdad? Creí que no. En fin. Háblame de tú, por favor. Y ya que te he presentado a uno de tus nuevos compañeros de departamento te mostraré dónde vive cada uno. Ésta es mi habitación, la primera de la derecha. La primera de la izquierda siempre ha estado vacía desde que llegamos.
-¿Por qué?
-No lo sé. Tampoco Kim Jaejoong lo sabe, y él fue el primero en llegar aquí. Ahorita no está, vive tras la tercera puerta a la izquierda. Cuando vuelva te lo presento. Aunque ha estado muy poco últimamente en el departamento, puedes contar con él también. Es casi el papá de todos los demás.
-¿Y por qué casi nunca está, hyung?
-Creo que tiene novia. No me ha querido contar la verdadera razón el muy ingrato.
Junsu rió. Su risa invadió todo el departamento prácticamente. Yoochun se contagió y rió también.
-Bueno, como viste la habitación de Yunho es la tercera de la derecha. Tu habitación es la segunda de la izquierda, al lado de la de Jaejoong hyung – explicó Yoochun una vez la risa casi se desvaneció.
-Es decir entre la de Jaejoong hyung y la que está vacía.
-Correcto.
-¿Quién vive enfrente?
-Enfrente…-Yoochun miró la puerta.
Enfrente de Junsu vivía Shim Changmin. Era el donsaeng de todo el departamento, y para Yoochun había sido más que eso hacía un par de meses….


***
Changmin se acababa de mudar al departamento en el que Yoochun vivía con Yunho y Jaejoong. Acababa de pasar a preparatoria y se había inscrito a la misma que asistían los otros tres, a dos calles del departamento. Desde que entró por la puerta del departamento algo en él llamó la atención de Yoochun. Alto, de piel color canela, con el cabello a la altura de la barbilla color castaño… para cualquier chica era un príncipe azul, pero ¿para Yoochun? Ambos eran hombres y que Yoochun supiera no era como Yunho. Aún así verlo en los vestidores con poca ropa llevaban la mente del de piel blanca a volar demasiado alto y demasiado subido de tono. No podía evitar que pasaran por su mente imágenes de su donsaeng Shim desnudo, aunque jamás lo hubiese visto así. Lo peor era que también se encontraba con él en el departamento y ya más de una vez lo había visto en toalla, mojado, saliendo de bañarse. Jamás se habría imaginado que el de piel canela tenía la misma extraña sensación.


La fiebre se desencadenó tras un partido de basquetbol. El equipo de Yoochun era contrario al de Changmin, y ambos grupos jugaban como si se les fuera la vida en ello. Changmin era más alto que casi todos por una frente o más, pero Yoochun era más ágil. Pronto ambos rivales se encontraron peleando cuerpo a cuerpo por la pelota, los brazos enredados rodeando el preciado objeto naranja, hasta que perdieron el equilibrio y Yoochun se encontró de espaldas en el piso con Changmin encima de él. El contacto de sus dos cuerpos, tan cerca, desencadenó ondas de calor que jamás habrían creído que podrían sentir en una situación así. El profesor los separó y marcó tiro libre al equipo de Changmin, pero eso no pudo frenar la nueva urgencia y la desesperación que ahora sentían. Terminó el partido de los de segundo contra los de primero y todos se fueron a cambiar para luego volver a clase. Todos menos Park y Shim.
Fue la primera vez que Changmin se “volaba” o se saltaba una clase, pero valdría la pena.

Acorralado contra la pared acariciaba la espalda de su hyung, levantándole la camisa de deportes, besando los labios de Yoochun mientras él tiraba de sus shorts para bajárselos.


-Hyung…
Tenían poco tiempo y sus hombrías ya exigían más acción, así que aceleraron la preparación y las caricias hasta que Changmin se encontró con las largas piernas separadas y la parte más baja del cuerpo de su hyung entre ellas. Siendo tan alto no hacía falta que Yoochun lo cargara demasiado, simplemente lo levantaba un poco y lo bajaba, sujetándolo de la cadera, mientras él hacía lo mismo con su cadera, hacia arriba y hacia abajo, al fondo y afuera. Changmin intentaba no gemir mordiéndose los labios, aferrando los hombros de su hyung, clavándole las uñas. Era demasiado grande y él aún era nuevo en ello, aún era estrecho y le dolió su invasión, con todo y la preparación que había sido algo acelerada.


-¿Te duele, donsaeng?
-Mucho.
Demasiado en realidad, al grado de que quería llorar pero ya era grande para eso. Los hombres no lloraban le había dicho su padre. Para ayudarlo Yoochun empezó a besar su cuello y sus hombros, y poco a poco con cuidado soltó su cadera con una mano para colarla entre sus cuerpos y acariciar su miembro, proporcionándole algo más de placer que suavizara la dosis de dolor que su miembro le estaba proporcionando a su donsaeng. Pronto surtió efecto y Changmin se relajó. Aún dolía, pero le estaba causando un extraño placer.


-Aah..aah hyung…
-Changmin…

Las embestidas se volvieron más fuertes y profundas mientras la mano blanca apretaba cada vez más fuerte y más rápido el miembro del moreno. Con la piel cubierta de sudor, el rostro sonrojado, el cabello alborotado, la respiración a cien y sus virilidades palpitando con fuerza, llegar a su primer orgasmo como pareja.
Afortunadamente vivían en el mismo departamento, podían reunirse para hacerlo cuantas veces quisieran. Desafortunadamente, por vivir tan cerca, cualquier diferencia o discusión podía durar días. Y así fue hasta que tres meses después Changmin terminó con Yoochun.

-Siento que abusas de que soy tu donsaeng. Y sí, me gusta cómo me lo haces, pero no estoy sólo para que me cojas, hyung. No soy un juguete sexual.


***
-Enfrente de tu habitación vive Shim Changmin, Junsu – le explicó Yoochun al otro chico.
-Oooh…¿y él cómo es?
-Es buena persona. ¿Qué edad tienes?
- Dieciocho.
-Entonces tú también eres el hyung de Changminie. Debe estar haciendo tarea. ¿Quieres conocerlo?
-Está bien –sonrió el castaño.
Yoochun asintió y toco la puerta. Una. Dos. Tres veces. Al fin una voz juvenil contestó desde adentro:


-¡No estoy!


A esta respuesta Junsu no pudo resistir reírse. ¿Cómo podía responder eso si precisamente había respondido por que estaba ahí?
-Changmin – dijo Yoochun a la puerta, amablemente, - soy Yoochun. Quiero presentarte al nuevo residente.
La música clásica que se escuchaba desde el interior de la habitación se detuvo de repente y poco después la puerta se abrió. En el umbral estaba un chico alto, de cabello castaño y largo, un poco más largo que el de Yoochun. Su piel presentaba un saludable tono moreno, como de leche con café. Sus ojos cafés los miraban a ambos con hastío.


-Changminnie…
-No me llames así, Yoochun yah.
Junsu se sorprendió nuevamente ante la falta de respeto del que se llamaba Changmin. Si después de todo era el donsaeng de todos, no debía hablarle así a Yoochun.
-Changmin, él es Kim Junsu.
-Mucho gusto – sonrió alegremente el aludido.
-Ung – respondió Min y volvió a cerrar la puerta. De nuevo se escuchó la música clásica desde el interior.


-¿Le pasa algo? ¿Está enojado?
-No. El normalmente es así – respondió Yoochun, - vamos, te ayudaré a cargar con las cajas de tus pertenencias.
-Gracias hyung.


Dos horas después Junsu ya se había instalado en su nuevo hogar. Bueno, casi. Sólo faltaba una caja a la cual le había puesto el letrero de “privado” y que no había permitido que Yoochun le ayudara a desempacar. Cerró la puerta, puso la caja sobre su cama y la abrió. Del interior sacó uno peluche de pato, otro de un delfín y otro de un borrego que su madre le había regalado hace mucho, y los acomodó sobre su almohada.


-Bienvenidos a su nuevo hogar, ue kyang kyang kyang – rió el chico. Acarició suavemente las cabezas de los tres animales y luego volvió a la caja. Sacó sus pantuflas de oveja, un cuadro con una fotografía de su madre y su hermano con él y los acomodó, las primeras junto a su cama y la segunda sobre la mesita de noche. Volvió a la caja y del fondo sacó un traje blanco así como una bolsa que contenía accesorios plateados. Miró por toda la habitación, buscando dónde guardarlos y finalmente eligió el closet, en una de las tablas superiores. Metió el traje y los accesorios en una bolsa negra y luego la metió en el closet, detrás de unos libros.


-Perfecto. Ya estoy instalado – sonrió y se dejó caer de espaldas sobre su nueva cama, - todo va a ser genial desde ahora. Lo sé. Lo siento aquí – añadió para sí, tocando su pecho sobre su corazón.
Se quedó así largo rato, quizás una hora, mirando el techo de su nuevo hogar. Sintió algo de nostalgia y agradeció que la puerta estuviera cerrada. No quería que los otros chicos lo vieran llorar. Pasó el resto de la tarde acomodando su ropa por colores y después fue a cenar con los otros chicos. Sólo estaban ahí los tres a los que ya había conocido: Yunho, Yoochun y Changmin.


-Bueno, Jaejoong hyung no ha llegado y no hay sobras en el refrigerador – sentenció Yunho, el mayor de los presentes, -¿quieren pedir una pizza?
-Sí- respondieron Junsu y Yoochun al unísono.
-¿Qué opinas Changmin?
-Está bien mientras llegue en treinta minutos, muero de hambre.
-Tú siempre tienes hambre –rió Yunho.
Changmin levantó su puño haciendo el ademán de querer pegarle a su hyung. Junsu estaba cada vez más sorprendido con las actitudes de sus nuevos compañeros de casa, sobre todo del más pequeño.
-¿Quién llamará a la pizzería? – preguntó el mayor, ignorando el puchero de enojo de Min.


-Que lo haga Yoochun, él es el que tiene la voz más grave – dijo Changmin.
-Está bien. ¿De qué la quieren?


Así el chico blanco ordenó dos pizzas grandes de peperoni, doble queso, champiñones, jamón y rajas. Por suerte para el pizzero, llegó veinte minutos después, de lo contrario Changmin lo habría golpeado. Todos comieron en la sala, conversando y sobre todo haciéndole preguntas al chico nuevo, quien las respondió con entusiasmo. Ya que terminaron de cenar, a las nueve de la noche, Changmin y Yunho volvieron a sus respectivas habitaciones, el segundo despidiéndose con un afectuoso “hasta mañana” y el primero en silencio.
-Vamos a dormir también, Junsu. Mañana hay clases y hay que estar al cien – dijo Yoochun, levantándose también.
-Sí hyung.
Ambos fueron a sus habitaciones y apagaron la luz un rato después.


***
A las once de la noche, Jaejoong regresó a su departamento que compartía con otros tres chicos. Había pasado la tarde en un taller de cocina y después salió con una de las chicas que iban al taller con él. Estaba contento, se sentía en una nube e iba más distraído que de costumbre. Tanto que no reparó en que alguien abría la puerta desde adentro al mismo tiempo que él giraba la llave desde afuera. Casi choca con un chico al que no había antes, que iba vestido con unos pants oscuros y llevaba una mochila pequeña en la espalda, y una gorra.


-Lo siento – dijo el chico y se alejó.
Jaejoong lo siguió con la mirada. ¿Quién era? Ah, cierto, ahora recordaba que Yunho le había dicho que un chico nuevo se mudaría con ellos.
-Así que él es Kim Junsu. Qué interesante. Me pregunto a dónde irá a estas horas…
Encogiéndose de hombros entró en el departamento, guardó en el refrigerador lo que había preparado durante el taller y se fue a su habitación a dormir.
Al día siguiente se encontró con el chico nuevo mientras preparaba el desayuno. Parecía cansado.
-Buenos días – le dijo amablemente.
-¿Eh? Hola. Tú debes ser Jaejoong hyung.
-Así es. ¿Qué haces despierto tan temprano?
-Siempre me levanto temprano. No sé por qué – rió. Su risa era demasiado contagiosa y Jaejoong pronto se le unió.
-¿Quieres desayunar? – le preguntó. No sabía a dónde había ido anoche ni a qué hora había vuelto pero no importaba. Prefería no meterse en las vidas de otros a menos que ellos le dieran permiso.

Xiahtic



Título: Xiahtic

Autora: Aemin
Pareja(s): YooMin/YooSuMin
Extensión: Serial


Nota: A todas nos hipnotizó el pato con ese baile, verdad? Bueno, aquí les dejo la prueba de que no fuimos las únicas hipnotizadas...

Y gracias a Anonimo, que subio esta imagen n.n






Y por si no la han escuchado:






P.D: OMFG! En el 0:58! JUNSU!!!!! (Gomen Miros)

Actua 23/01


Las chilenas no olviden votar en el censo!! TVXQ Censo Chile


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Hola. Habla didi ^^u chicas esta semana tambien estare ocupada mis clases segun parece se acaban este viernes y entro a semi vacaciones T_T si, me jale un curso... pero tengo que dar un examen y talves apruebe *O* Bueno creo que pasando la próxima semana con más animos estare a pesar de que jale ese curso tengo mucha confianza en mi ^o^ jojojo* si, tengo la confianza de los tontos xD * bueno con esto queria disculparme con ustedes porque ni yuuki ni yo podremos actualizar... bueno eso creo ahora que si alguna administradora =D lo hiciera estaria muy feliz T^T ...

disculpenme chic@s esta semana será la ultima y en vacaciones habra muchas cosas por hacer muchos proyectos por realizar xD y muchos juegos extrapervertidos por jugar =P jejeje bueno byeeeee