[CONCURSO] RESULTADOS DEL CONCURSO "EL DIOS CHANGMIN"

Este concurso, tanto a mi como a los jueces nos ha maravillado, porque se nota que se preocuparon por la redacción y la buena ortografía por lo que todos llevaran el sello que entrega este humilde blog, con el fin de premiar su dedicación para con nosotros y para con sus lectoras.

A mi bandeja llegaron 4 relatos a concursar los que fueron:

1. Entre nuestro Silencio [JaeMin] by Akasha Shim
2. Fúnebre Maniaco [YooMin] by Meguri
3. Mas allá de la Muerte [JaeMin] by Daniel Fair
4. ¿Eros, el dios del amor? [MinHo] by DazedMik

Les agradezco nuevamente su dedicación y espero de todo corazón leerlos en nuestros concursos venideros. Sin mas preámbulo el ganador de esta vez es.....

  Mas allá de la Muerte [JaeMin] by Daniel Fair
FELICIDADES!!

Por lo tanto, vuelve a estar abierta la encuesta para que escojan al próximo protagonista, aunque esta vez me gustaría que opinaran en el cbox dando ideas de posibles temáticas que quisieran que abordemos.  

Sin mas que decir me despido hasta la próxima ....

RUKI

Actua nº 146

El concurso fue genial ;o; de solo imaginar a Changmin como un dios asdasdasdad. RUKI ya publicó los resultados, así que pueden revisarlos y los que aún no han leídos los fanfics los invito, están todos geniales.
[R E S U L T A D O S] Felicidades a todos los concursantes, aunque solo haya ganado uno en verdad estaban geniales :c Esa naturaleza tan despiadada de Anubis, como esa personalidad tan atrayente y desesperante de Vidar. Y la transformación de Eros :L hermoso. El amor de Marte fue tan único siendo un dios. Felicidades a los autores, todos los fanfics fueron geniales.

Como muchas veces lo he dicho, por favor antes de enviar un fanfic nuevo a nuestro correo revisen los géneros. No nos facilitan las cosas a nosotros, sino a sus lectores al momento de buscar lo que quieren. Si su fanfic es AU (Universo Alterno) por favor pónganlo, sobre todo si también contiene Mpreg o algún tipo de advertencia. Aquí hay una lista de varios géneros para que los revisen http://lala-tvxq.blogspot.com/2009/09/comparte-tus-fics.html También si sus fanfics son una adaptación de alguna película, obra, libro.


HoSu:
-Bonjour mi pequeño - Primera parte

MinJae:
-You and I, against the world - Segundo y tercer drabble
-Delirio



YooSu:
-Just Married Cap. 3 y 4

YunJae:
-Amor Cap. 3 al 5

Parejas Varias:
-El Tren [MinSu, YunJae] Cap. 10
-Love is a Force of Nature [JaeSu, JaeChun, HoMin, HoSu] Cap. 37 y 38
-Blogger [YunJae, YooSu, ChangMinho, SiChul] Cap. 10 + especiales 1 y 2
-Memorias Prohibidas [YunJae, YooSu, ChangMinho, SiChul, RainMir] Cap. 9 y 10

Memorias Prohibidas - Cap. 9

Paso la noche contando estrellas.


—Recuerda Changmin…

Se obligó una vez más, igual que las veces pasadas mientras sus ojos se posaban en el reflejo que le regalaba el espejo. Miraba su rostro, sus ojos, sus pestañas, trataba que la vida le regalara la bendición de un recuerdo, de uno mínimo que le permitiera anclarse a un lugar que todavía no le pertenecía.

—Por favor recuerda…

Pero igual que cada noche sus suplicas no era escuchadas, y sus ojos se batían entre el desprestigio de ese cerebro suyo, de esos recuerdos que no se anclaban de ningún otro y lo dejaban incluso peor que antes.

Cada noche, Changmin se miraba en el espejo, intentando recordar, viendo su rostro, practicando expresiones, que esas voces en su cabeza fueran más que simple justificaciones a pesadillas que no terminaban de posarse correctamente en él.

Pero entonces las direcciones se perdían y la desesperación llegaba como cuando se sentía vacío y el eco de una voz llamándolo era lo único que podía procesar en su mente, no había más, solo oscuridad y soledad a pesar de que Minho hacía de todo para mantenerlo al menos estable.

Minho era demasiado bueno con él.

Sabía que no merecía ni un poco de esa pleitesía que tan agradablemente le era entregada, no cuando su estómago se comprimía cada vez que lo veía y solo podía pensar en lo mucho que necesitaba sentir ese calor humano, que el vacío se esfumara y entonces armara un castillo de pretensiones donde al menos, estar solo no fuera una opción para él.

Pero estaba Yoochun… Ese nombre que lo atormentaba y que lo hacía detenerse cuando los ojos de Choi se cruzaban con los suyos y lo miraban esperando algo que él no podía sencillamente ofrecer. Sabía que la libertad no jugaba de su lado, pero si la vida le había dado la espalda, entonces él no podía jugar de su lado tampoco.

Tenía horas sin dormir, mirándose en el espejo mientras el sol aparecía y la mañana se anclaba molesta por la ventana de su habitación, Changmin sabía que Minho dormía, que había ido a la dichosa fiesta y seguramente descansaba. Changmin sabía que mientras él se atormentaba con su pasado, Minho se atormentaba con su presente.






—A veces no es bueno dejar que el cerebro domine tus acciones.

La voz de Rain lo hizo girar, casi sin movimientos exagerados de su parte mientras el hombre dejaba sus pisadas escaparse con suavidad hasta sentarse frente a él en el escritorio. Siwon era de rutinas, precisas y aburridas, asi que supuso que el hombre había notado lo que él había estado pensando durante los últimos quince minutos.

—¿De que estas hablando?
—Bueno…— Rain únicamente jugo sutilmente con sus palabras —No es el día en que te toca hacer turno de madrugada, ¿he de suponer que no has podido dormir lo suficiente?

—Solo quiero adelantar algo de trabajo.
—¿Qué te preocupa?

Rain era fácil, sus ojos cándidos y su sonrisa amable. Era de esas personas ante las que uno cae rendido en confianzas casi sin percatarse, y Siwon lo sabía muy bien, como un imán de emociones que contemplaba y ante las que él aún no se rendía.

Miró sus facciones, masculinas y atentas a su respuesta, pero Siwon sabía casi tan bien como conoce al mayor, que él esperaba más que por una respuesta, por sus acciones. Por las muecas de su rostro y lo que ocultaba tras ellas.

—No sé  a qué te refieres.
—Lo sabes, y muy bien.

—Además no tiene sentido lo que planteas— Siwon decidió dejar los papeles de lado —Se supone que deberíamos pensar antes de actuar.
—Eres detective, sabes muy bien que no siempre es así.

Así que los consejos de Rain se reducían casi siempre a eso, a esas palabras que sonaban incompletas y solo lo dejaban un poco más confundido.

—Los instintos son parte de nuestro trabajo— Volvió a hablar Jihoon en cuanto Siwon olvidara responderle y solo se dedicara a mirarlo.
—¿Y las pruebas?

—Son necesarias, pero mientras las encuentras no te puedes quedar paralizado.

Rain definitivamente era de esos tipos de los cuales no dejabas de aprender. La imagen de Kim Heechul todavía lo atormentaba, lo perseguía como si tuviera la culpa de algo y aunque nadie podía sospechar de qué se trataba, Siwon lo sabía y eso bastaba para atormentarse el doble.

—Cuando quieres ayudar a alguien…— Su voz fue baja, apretando ligeramente los puños sobre el escritorio, empujando sus emociones bajo las facciones frías en medio de la cual se encontraba —Pero es demasiado complicado…

—Entonces solo tienes que esforzarte un poco más ¿no crees?
—No lo sé. Todo siempre es más complicado desde el punto de vista interno.

Rain finalmente suspiró, mirándolo a los ojos como si pudiera leer su mente y atravesarlo con las palabras.

—Hay gente que necesita ser salvada a la fuerza— Lo pronunció con cuidado, como si Choi fuera a reaccionar mal en cualquier momento —Aunque haya que explicarles lo que es la felicidad. Porque aunque no lo creas, hay personas que en realidad no saben lo que es eso.

—¿Personas como yo?
—Créeme Siwon— Sonrió el mayor —Hay personas en mucha peor situación emocional que tú.

Así que la sonrisa se posó en los labios de Siwon, como una broma incompleta entre él y el mayor quien estiró un poco su cuerpo. Cansado al parecer mientras él todavía deslindaba sus pensamientos hacia otra persona, tan lejos y tan abrumado, como la niebla en la que se estaba transformando su vida.






Sungmin no solía preocuparse mucho por Heechul, aunque inevitablemente lo hiciera, el mayor lo había acostumbrado a un estado de indiferencia absoluto, donde nada era lo suficientemente bueno, o lo suficientemente malo como para tocarlo y el resto era solamente como el paso del viento a su alrededor.

Sungmin se había acostumbrado a mirarlo con cierto grado de admiración, porque lo tenía todo y le faltaba tanto, en eso momentos era que su mirada se apagaba y con la ingenuidad propia de su personalidad trataba de regalarle sonrisas mínimas en la simpleza de las cosas.

Pero últimamente Heechul está apagado, sus expresiones, su voz, el movimiento de su cuerpo es como una precisión marcada y entrenada, mientras le comenta sobre algo que leyó en el periódico o compra alguna cosa que finalmente no le va a servir o simplemente nunca utilizará. Pero Sungmin sabe, porque el peso de los años es bastante, que a su amigo le pasa algo, que no es la visita de Leesang, posesiva y amedrentadora lo que ha provocado ese estado de animadversión con el resto del mundo.

—¿Me pasas la sal?

Sin embargo sabe, como cuando pasa horas viéndolo escoger alguna prenda, que Heechul no dirá nada, mientras no se sienta preparado.

—Ten.

Conoce de sus costumbres a la hora de cocinar, mientras mueve su cuerpo y finge concentrarse, pero Heechul no lo está por que lo ha visto realmente inspirado mientras se desliza por la cocina y prepara algo delicioso para él, lo ha escuchado silbar y moverse grácilmente, hoy en cambio, permanece callado y con su mirada fija en la cocina.

—Hyung…
—Sungmin estoy ocupado.

Tragó duro porque la voz de Kim fue como un témpano de hielo.

—Me preocupas— Susurro brevemente antes de abrazarlo por la espalda, que su rostro tocara la espalda del otro y el suspiro pesado de Heechul se palpara en cada espacio de su frente —Confía en mí por favor.

—Eres como un niño pequeño.

La culpa de una vida no pagada cacheteaba la conciencia de Heechul cada tanto, así que en lugar de alejarlo con alguna broma de por medio solo acarició sus cabellos y suspiró. Dejando que su voz soltara lo que sus pensamientos marcaban.

—¿Sería tan difícil huir de él?

El cuerpo de Sungmin se tensó de repente.

—Sería como suicidio Hyung, él es peligroso.
—Leesang dice amarme.

—El amor es peligroso Hyung— Sungmin se separó apenas, mirándolo a los ojos, reafirmando sus palabra —Él va a buscarte hasta debajo de las piedras, si piensas huir entonces haz que valga la pena, porque nunca más podrás volver.

Los ojos de Heechul esperaron un poco, luego solo se deslizaron por la cocina y miró las patatas saltar sobre el aceite y pareció despertar del letargo.

—Déjame terminar de freír esto.

Logró alejarlo suficiente, antes de que su mano buscara un poco de agua y la botella rebotara en el mesón sobre el sartén que pronto rebotó hacía él haciendo que Sungmin por instinto retrocediera. Sin embargo la suerte no corrió de su lado. La quemada se plasmó sobre su piel, ardiendo como si fuera la primera vez que aquello lo tocaba.

—Maldición…

Y Sungmin como era de esperarse, abrió mucho sus ojos y se pegó a él, como si fuera la herida más grave de todas.

—¡Hyung! Rápido hay que llevarte el hospital.
—¿Qué? Claro que no.
—Mírate la herida, por supuesto que iremos.

Y su herida enrojecida palpitaba con molestia, su piel suave marcada por ese estúpido incidente, perforando su mal humor, dejándolo de lado, a él y sus preocupaciones.





Se suponía que era secreto, que irían despacio y no mezclarían las cosas. Pero era inevitable como cuando Jaejoong deseaba verlo o hablar con él, inevitable como cuando Yunho se le acercaba y sus brazos por instinto lo rodeaban y luego suspiraba.

Pero entonces todo cambiaba de rumbo y el mundo parecía un lugar demasiado grande para los dos. Jaejoong tenía esa maravillosa costumbre de jugar con las hebras de su cabello entre los dedos, pronunciar palabras suaves cerca de su oído y suspirar cada tanto.

Jaejoong era paz, absoluta y confiable.
El problema era que Yunho no podía determinar hasta que punto confiar en esa paz.

Las mentiras que trabajaban en la enmarañada mente de Jaejoong seguían siendo un misterio y el peso de la verdad sobre sus hombros caía como un yunque cada que miraba esos ojos o los reportes de su avance no lograban ningún logro.

Entonces entrecruzabas sus dedos, con la firme idea de que si se mantenía un tiempo más de esa forma quizá el tiempo no correría tan rápido y le permitiría un poco de plusvalía, esa que no poseía.

—¿En qué piensas?

La voz suave de él logra cerrar las casillas en los engranajes de su mente, suena como eco y se eleva como mandato aunque el mismo Jaejoong no lo sepa.

—Nada en especial.
—Últimamente luces cansado.

Y es por que no puede dormir, la imagen de su futuro lo atormente, se conjuga con la imagen de él y deforman sus intenciones, pero Yunho sonríe, acaricia el rostro y pretende que una sonrisa puede calmar sus males.

—Es por el trabajo, no te preocupes.

Últimamente se siente vacío, un espacio en su pecho y estómago que no es fácil de asimilar, tal vez se apresuró en besarlo, quizá debió pensarlo un poco mejor, pero no tiene oportunidad de retractarse, ha besado esa boca y Jaejoong espera devorar su alma por completo, porque cuando le sonríe, cuando lo abraza, el mundo se vuelve chiquito.

—El vuelo de Boa sale en una hora y media, es mejor que ya vayamos al aeropuerto.

Cada esencia de Jaejoong se ha quedado impregnada en su piel, mira su rostro pacifico, sus ojos suaves y su sonrisa hermosa, esa mente privilegiada que no tiene pasado que lo defina, que no carga penas ni culpas. Tan limpio como esas nubes inalcanzables que el hombre todavía no puede contaminar.

De repente se ve hipnotizado, por ese rostro que lo espera, que lo mira curioso, así que al no recibir respuesta Jaejoong parece tomar la iniciativa de levantarse y sin embargo su mano toma ese brazo, delgado y fuerte. El corazón late rápido, anticipado a sus pensamientos, Jaejoong parece comprenderlo por que cierra sus ojos un segundo y luego su expresión se debilita.

Como si se sintiera desprotegido de repente.
Si habla, puede arruinar las cosas.

Por eso lo besa, porque los besos pueden construir un mundo de fantasías y pretende olvidar que un beso también puede ocasionar más caos que el que repara, así que se aferra a ese cuello níveo que la vida le regala, a esa piel que sus manos tocan y Jaejoong de pronto no parece ajeno a las caricias, por que sus manos le regalan el tacto caliente que esperaba, a su altura, en su rostro respondiendo a las caricias mudas de sus cuerpos.

Así que antes de que Yunho pueda encontrarse con su mundo se deja caer sobre el sillón y el cuerpo de Jaejoong lo acompaña, como si leyera su mente y estuviera dispuesto a entregarle el alma si se lo pidiera. Siente el pecho del otro latir con fuerza sobre el suyo, en ese cuerpo ligero y desconocido para él.

Su boca a descubierto que puede besar de diferentes maneras, porque cada vez que lo mira es un beso diferente y justo ahora es un beso que sabe a casualidad y a medio, abriendo sus ojos a los riesgos que se ha autoimpuesto, que él le ha regalado.

¿Es siquiera razonable sacrificar tanto por él?

—Yunho…— Su voz le juega en contra, Jaejoong se separa y habla cerca de sus labios, entrecierra los ojos sobre su cuerpo y la sola imagen le resulta demasiado, acaricia su lívido y enajena a su pobre razón —Yo… te quiero tanto.

Si pudiera decirle que no.
Que se detuvieran y volvieran a lo de antes.
Si pudiera… Yunho no estuviera extinguiéndose entre sus brazos.

—Jae…

Así que suspira entre sus bocas con la poca cordura que le queda, su cuerpo pide a gritos un poco de Jaejoong, algo de esa esencia viva que lo rodea, algo de ese sentimiento que no acaba de procesar. Quiere un beso y otro. Una caricia y un susurro.

Rodea su cuerpo y se pega a él a esa boca que también busca la suya que parece responder sin problemas, dispuesto a encantar su mundo de repente, sorprendiéndolo como cada vez que puede. Así que Yunho olvida y se pierde, entre sus brazos, entre su boca, en la manera que piensa cuando esta con él






—Voy a buscar a un doctor, ya vuelvo.
—Sungmin no es… necesario.

Heechul suspira, virando los ojos como de costumbre cuando Lee exagera las cosas y se alarma por todo, mira su mano vendada descuidadamente, quema todavía la herida y una mueca está en rostro todavía, únicamente necesita un poco de atención, nada demasiado complicado.

Sin embargo Sungmin ya se ha perdido entre la gente y él espera en una pequeña silla en aquel pasillo, deja descansar la mano sobre su muslo, odia su piel maltratada por un descuido. Suspira de nuevo y piensa que es mejor que Sungmin consiga un buen médico, uno que no le deje una sola marca en su mano.

—¿Cómo que ninguno de los dos ha venido?— Heechul mueve un poco la cabeza, la voz masculina se pierde entre las personas, y si embargo su perfil es lo suficientemente reconocible a sus ojos —Llámenlo. No es posible que ninguno de los dos aparezca.

Siwon pretendía caminar como si nada, repartiendo órdenes que sabían a disgusto, Heechul no se mueve y sus ojos se encuentran, como una mala broma y la resignación golpeando en las paredes de su mente. Espera que Siwon lo ignore una vez más, como una mancha inconsciente que ha pasado por su camino. Pero esta vez Choi parece acorralado, por que lo mira y deja de respirar.

—Heechul…— Tan pronto como pronuncia su nombre, los ojos de Siwon viajan hasta su mano, él trata de esconderla, no necesita de su lástima. De la lástima de nadie —¿Qué te paso?
—Nada…

Así que interpone su cuerpo como si realmente supiera lo que hace.
¿Por qué demora tanto Sungmin? ¿Qué retrasa sus pasos que no puede sacarlo de ahí?

Urge huir, porque Siwon lo toca, parece preocupado, desnuda su herida y Heechul siente otra vez el abismo. Siwon nunca debió mirarlo de nuevo. Porque otra vez tiene ansias de libertad. Lo carcome por dentro.

—¿Cómo te hiciste esto?— Siwon frunce el ceño, mueve un poco su mano y después de un rato jala de él, interpola sus pasos entre las personas y Heechul solo puede ver su espalda, amplia y musculosa mientras la gente los ve avanzar apurados —Yesung ¿dónde está?

La enfermera se movió sorprendida el grito de Choi alarmándola de repente, antes de tragar duro y mirar de soslayo a Heechul.

—En su consultorio.

Entonces todo sucede demasiado rápido de nuevo, diferente a la primera vez que lo vio, pero similar a la última vez que pudo estar junto a él. Lo lleva hasta un lugar y Heechul pierde el rumbo, hace mucho que es un cuerpo vacío y perdió la personalidad en el camino. Esa personalidad vivaz y resplandeciente que oculta tras acciones que no son las suyas.

Yesung lo mira intrigado, habla con Siwon en voz baja antes de regresar a él y revisarlo como es adecuado, cura su herida y lo hace con cuidado, lo mira a ratos como si lo conociera, Heechul muere por preguntar lo qué sucede, sin embargo muerde su labio.

Cuando el celular en su bolsillo sonó, Heechul se encogió un poco en su lugar.

—¿Sungmin? Si, estoy en el hospital. No te preocupes ya me están atendiendo— Sungmin habla bajo y preocupado, en medio de tanta soledad. Heechul sabe que solo le queda él —Estoy en consultorio 411. Si, de acuerdo.

—Es una quemada, no demasiado grave por suerte— Yesung termina de curar su herida y se quita los guantes, con una expresión seria y calmada que le sabe a frialdad —Con suerte no quedaran cicatrices. Pero debes aplicar constantemente la crema que te voy a enviar y unas pastillas por unos días.

Si Heechul asiente es porque al menos eso ha entendido, mira su pequeña herida curada y mira de soslayo la presencia de Siwon a su espalda. Es como un témpano de hielo y él se ha preocupado por demasiadas cosas, como para que ahora él sea una de ellas.

—Seguro con esto estarás bien.

La sonrisa de Yesung finalmente llega, mientras le extiende la receta y Heechul asiente aún sin cruzar palabras con él. Así que su tormento llega cuando el doctor se levanta y suspira.

—Bien, creo que los dejaré solos un momento.

No. Heechul y su orgullo gritan que no.

Pero Yesung parece no leer sus pensamientos, sale y el silencio se vuelve parte de ellos. Siwon no se mueve, no articula palabra. De manera que Heechul no será el primero, él puede esperar, hasta que Sungmin llegue hasta él.

—Yesung es un buen médico.

Pronuncia Choi luego de un buen rato ausente, con su tono aletargado y las manos en los bolsillos de su pantalón.

—Eso parece— Sin embargo Heechul deja ese tono pasar y continúa mirando su mano, como si le supiera a estragos en su mente. —Aquel día…— Remuerde la herida —¿Por qué me ignoraste?

—Aquel día…— Todavía hay mucha distancia entre ellos, Siwon no se mueve y Heechul todavía le da la espalda, sentado en aquel lugar mientras Siwon mira su nuca, su cabello un poco largo rozar el cuello de la camisa —No me sentía muy bien que digamos.

—Entonces ¿no solo huiste asustado?
—Yo no huyo.

Las palabras queman en su garganta, saben a una promesa que no se ve capaz de cumplir. Porque Heechul esto dolo que él reniega. Es ajeno a su estado de ignominia. Es como un desajuste que no se ve capaz de admitir.

Y sin embargo, su ser entero lo clama.

—Fue más que eso— Murmura Kim luego de un rato —Ni siquiera sé porque me has ayudado hoy.
—No iba a dejarte ahí simplemente.

Cierto… Heechul por un momento olvida que Siwon parece ser ese tipo de personas.
Demasiado buena gente, como para encajar en su mundo.

—¡Heechul!

Finalmente Sungmin llega y luce agitado mientras abre la puerta y revisa su mano, parece preocupado otra vez y Heechul sonríe a ratos. —Ya, no es nada. Te lo dije.
—Pero la herida se veía horrible.

Sungmin ignora deliberadamente a Siwon, sin embargo Heechul no lo hace, todavía lo mira de reojo, aunque finge, demasiado bien, justo como la vida lo ha acostumbrado.

—Ven, volvamos a casa.

Enrosca su brazo en el de Sungmin y sonríe, aunque no le place hacerlo en verdad. Incluso a pesar de que el mismo Sungmin parece alucinar con aquel gesto. Pero luego solo abandonan el consultorio y el silencio se hace entre ellos hasta que Sungmin sonríe y Heechul mueve su cuello.

—Era Siwon ¿cierto?
—Así es.

Heechul esperaba que Lee lo llenara de preguntas, que vaciara toda esa inquietud suya por saber y conocer lo que le es vetado a todos ellos, sin embargo Sungmin solo suspira y camina a su lado, se muerde la lengua mientras avanzan. Y sabe, que es la señal de Sungmin para decirle que no es el adecuado, que un mal presentimiento le recorre el cuerpo.

Y Kim se ve atrapado en medio de ese laberinto.






—¡¿A qué se refiere con que lo dejó ir solo al mar?!

Minho abrió los ojos, apretó los puños y su enojo y preocupación crecieron a medida que se convirtió en un revoltijo maltrecho de sus emociones mientras el hombre frente a él alzaba los hombros y lucía despreocupado.

—Bueno, hijo ¿qué esperabas?— El hombre trata de calmarlo, con una mano en el hombro que no sirve de mucho —Es un hombre adulto, ha salido a pescar antes contigo. Vino hasta aquí, me pidió una balsa y yo accedí, no creo que se aleje tanto de la costa tampoco.

—¡Changmin es un chico de ciudad! No sabe de estas cosas.

Changmin domina sus emociones.
Está preocupado, alterado, consternado. De no haberse quedado dormido, probablemente Shim no hubiera desaparecido de repente.

—Míralo, ahí viene.

Son como palabras mágicas que funcionan al instante de ser escuchadas, gira su cabeza con la premonición exacta de ver sus ojos y su cuerpo sano y salvo. Tiene esa sonrisa festiva en los labios, se ancla como puede y tropieza un poco. A Minho le cuesta correr lo suficientemente rápido como para llegar hasta él.

—¡¿Qué crees que estabas haciendo?!

Fue un golpe, seco sobre su pecho mientras sus pies se hundían en la arena hasta llegar hasta él tropezando con piedras y dificultades mientras Changmin lo mira como si no esperara esa reacción de su parte.

—Pescando.
—¡Tú no sabes pescar!

Pero Changmin no le devuelve el grito, como única ocasión en ese instante antes de sonreír un poco más y agacharse un poco antes de sacar un par de peces de la cola, orgulloso y resplandeciente. Como si fuera su más grande logro.

—No es mucho, pero necesitaba demostrarme a mí mismo que podía hacer estas cosas.

Idiota. Consumido idiota que hace el corazón de Minho latir desbocado antes de que se lance a sus brazos y lo abrace con fuerza. Changmin no entiende muchas cosas, no recuerda bastantes, pero sabe que ese abrazo es un cariño que no puede ser rechazado.

Otra vez la incomodidad atraviesa su pecho, quema sus entrañas y gritan un nombre que desconoce. Minho lo abraza y él se funde con sus recuerdos.

—Lo lamento, no quería preocuparte.

Minho se da cuenta, porque es inteligente y sabe de esas cosas, se aleja sin premura y luego suspira con una sonrisa en sus labios.—Está bien— Murmura luego de un rato —Solo no vuelvas a desaparecer así, aún no conoces lo suficiente el mar.

Changmin levanta los pescados de nuevo con orgullo, con una sonrisa en los labios, y Minho prefiere sentir complacido por eso, porque le regala un poco de su vida, aunque algo lo ate todavía al pasado, y él ni siquiera sepa a lo que se enfrenta.






Junsu a veces no sabía porque pecados estaba pecando, deambulaba como se le venía haciendo costumbre por las calles de París y fingía que todo iba tan bien como antes, que su vida simple y sin preocupaciones no había sido alterada en la nada, por alguien quien ni siquiera lo pretendía.

Sin embargo no importaba cuanto caminara, no importaba lo mucho que caminara, sus pasos no iban a hacer desaparecer la huella permanente que Yoochun había colocado frente a él, quizá hablar tanto con él, transmitirle tanto, descompensar sus sufrimientos y ponerlos en comparación lo habían llevado a creer que esa conexión podía dar grandes pasos hacía él.

Había creído ingenuamente que los males de Yoochun desaparecerían con tan solo arreglarle un poco la vida. Ingenuo él que pensaba que podía significar algo sus manos cansadas reconstruyendo partes de Yoochun que el mismo Changmin creó y armó para él, partes que el mismo destruyó cuando murió.

Yoochun era tan complicado con sus sonrisas hacía él, y sus lágrimas para Changmin. Amaba tan profundamente al menor, que Junsu se creía suicida al seguir accediendo a acompañar a Park a todas partes. Permanecer más tiempo junto a Yoochun, era suicidio. Porque mientras Yoochun le sonreía, esas sonrisas eran para Changmin. Eran gracias a él. Y si permanecía más tiempo con él, solo lastimaría esa madurez suya que tanto le costó conseguir.

Pero está ahí, en la habitación de Yoochun, esperando por que el otro termine de ducharse para salir a almorzar, espera como seguramente seguirá esperando si permanece más tiempo junto a él, pero es una parte incomprensible la que lo ancla. Porque le gusta cómo suena la voz de Yoochun cuando lo llama, le gustan sus ojos que parecen brillar y conquistar, su piel suave y su sonrisa sencilla. Se ha dejado encantar. Sabiendo que es su perdición.

Recorre la habitación, la imagen de Changmin tan perenne que corta la respiración, esa sonrisa, ese rostro, esa voz. Incomprensiblemente adecuada para Yoochun. ¿Qué importaban las promesas si juega a ciegas caminando a Yoochun? Si pudiera enamorarse de él…

Si sigue así, seguramente eso pasará.

—¿Junsu?

La voz de Yoochun suena desde el baño, pero el tiempo se ha detenido para él. Si lo sabía, no debería sufrir, si lo sospechaba no debería llorar. Aun así la resignación nunca ha sido a estado a su favor. Junsu sabe que es un error, siempre lo fue.

Pero ese boleto de avión no va a desaparecer solo porque él ha posado sus ojos en él. Yoochun no va a detener el ritmo de su vida por esos estúpidos sentimientos que lo someten a la pena.

—¿Junsu?

Otra vez esa voz. Junsu no lo quiere ver.
No quiere saber nada de él.

—¿Jun…Su?

Finalmente los pasos de Yoochun, desnudos y fríos tocan la alfombra de la habitación, envuelto apenas en una toalla mientras busca con los ojos la presencia del otro muchacho. Recorre el lugar brevemente y Junsu parece haberse cansado de esperar, pero él no cree haber demorado demasiado.

Solo una cena…

Junsu le había prometido una cena y Yoochun no comprende que ha pasado ahí, mira el boleto de regreso a Corea en el suelo, olvidando por un momento que está en París, lo recoge y suspira otra vez.

Esa vida que lo espera, a pocos días de distancia. Es un compendio de contradicciones que todavía hacen mella en él. Junsu al final no contesta jamás el celular y Yoochun no llega a entender. Solo suspira, abandonado en aquella habitación que se ha vuelto su hogar por esos días. Junsu es… el único amigo que ha encontrado ahí. Donde la presencia de Changmin no lo abandona ni a sol ni sombra.






El cuerpo de Jaejoong era como la clave para sus sentimientos, un manojo de emociones enroscadas en las marañas de su cabeza, aquellas que acaban de sucumbir por que Jaejoong ha tocado su alma con un simple toque, con un solo beso, con una sola fusión de sus almas juntas. Besa sus labios porque le saben a gloria, porque tiene miedo que mañana no pueda abrir los ojos otra vez.

Pero Jaejoong se aferra a su cuerpo, como si la nueva vida le supiera a gloria. Porque Jaejoong en medio de su ignominia no conoce de temores, por que ama como aman los niños, porque no ha sido lastimado todavía y su desconocimiento lo fortalece.

Si las piernas desnudas de Jaejoong se aferran a su cintura su cuerpo sucumbe en deseo y su boca busca más piel, tersa y suave que la posee solo él. Así que Jaejoong se mueve sutilmente sobre sus caderas, con esos mechones de su cabello tapándole un poco los ojos, sabe que los brazos de él en su cuello son como un ancla, una fortaleza que Yunho desconoce pero que Jaejoong le está demostrando es posible tener.

No hay palabras entre los dos, solo miradas fundidas al igual que sus cuerpos. Jaejoong cierra los ojos con fuerza a ratos, hace una mueca con sus facciones, suelta quejidos y aprieta el agarre. Tan desconocido es ese ser para él, que Yunho solo puede acariciar su rostro y pensar que no es Jaejoong lo que está mal en su vida, es todo en su vida lo que está mal, excepto él.

—Muévete…

Es una petición lastimera, un susurro que no quiere ser pronunciado, pero Jaejoong muerde su labio y espera, tranquilo mientras el sudor recorre su frente y su espalda. Yunho no entiende cómo puede mirarlo y sentir que lo ama. Desde que esos ojos se abrieron para él, fue como destino, como si ya hubieran tenido bastante esperando.

Los movimientos de sus cuerpos friccionan, se sacuden, embellecen su cuerpo con el ligero toque de sensación perdida entre el amor y la pasión, recobra perspectivas y sus manos despiertan otra vez, recorren esa espalda con la necesidad de saber que esa piel entera es igual, que en todas partes su toque es magnífico.

Besa esos labios, muerde uno de ellos y se pega a él como si quisiera compenetrar su alma a la suya, como si las mentiras dieran un paso hacia atrás al menos por esa vez. Porque empieza a escuchar ese himno glorioso en la voz de Jaejoong, gemidos aflorados en su estado máximo de placer. Yunho encuentra mejor la cama, reposa ese cuerpo en ella.

Su nombre sale de la boca de Jaejoong, sabe a una promesa compuesta por un solo nombre, pero él se ve capaz únicamente de besar su cuello, de recordar que lo que lo llevó hasta él no existe, parece tocar el cielo con las manos, ese que tantas veces quiso alcanzar se colapsa entre sus manos, entre los sonidos y el calor que crece en su interior.

Si siente el cuerpo de Jaejoong desvanecerse a los pocos minutos es porque ha sido como un pecado. Como un revoltoso movimiento de sus culpas, olvidando el resto mientras lo besa, porque Jaejoong parece haber dilatado sus ojos de repente, apoyando la cabeza sobre la almohada, hundiendo su cabello en ella, porque de su garganta ha salido el último gemido, su nombre fusionado en esa voz. Y el orgasmo esparciéndose en cada poro de su piel, como el mejor de los placeres.

Yunho revoca sus culpas cuando siente el infinito cerca de él, cuando es consciente de su cuerpo aun moviéndose sobre el de Jaejoong, puede ver sus ojos ahora, y esas manos tocando sus mejillas, esperando por ese momento que Jaejoong ya probó y sabe a gloria. Jaejoong lo mira, como si quisiera grabarse en su retina, como si pudiera abarcar hasta el más ínfimo lugar en su mente que todavía no logra.

De pronto entonces se lamenta, ha desarrollado un sentimiento contradictorio, lo necesita justo como los ojos de Jaejoong demuestran necesitarlo a él, pero le miente y lo engaña. Yunho sabe, mejor que el mismo Jaejoong, que se ha enamorado de un desconocido, de un alma vacía, que inconscientemente puede estar moldeando a su favor.

Pero Jaejoong hace olvidar sus penas, con un beso, un único beso que se entrega en la boca, como un sello permanente entre los dos. Así que el cuerpo de Yunho se tensa y pretende que el mundo deja de existir por esos vagos segundos en el que su cerebro ha logrado desaparecer.

El mundo gira otra vez cuando abre los ojos y Jaejoong está ahí, con una pequeña sonrisa en los rostros y sus cuerpos juntos todavía.

—Gracias… Por quererme así.

Yunho no lo ha dicho todavía, es Jaejoong el de las palabras improvisadas. El que desconoce de temores y de males. Pero lo ha visto en su mirada, sabe que Jaejoong ha leído en sus ojos esa pasión que se desata, pero teme, que un día vea también las mentiras.

Así que mientras puede lo besa, lo abraza y lo acaricia.
Guarda ese instante, como mejor puede. Quiere que Jaejoong entienda, que el mundo se puede venir abajo justo ahora, que puede darle la espalda a todo, si tan solo se lo llega a pedir.






Cuando Changmin mira al balcón, Minho está ahí, sentado sobre una de las sillas, con las piernas recogidas mirando hacía cualquier lugar en el horizonte, en medio de esa noche oscura, tan concentrado en sus pensamientos como para escucharlo a él.

Ha pensado tanto en él, en sus sentimientos y su estado de soledad, que querer compartir algo con él, así sea su soledad le sabe al mejor de los deseos, a la mejor de las oportunidades, porque hay un mundo tan grande allá afuera, que es casi imposible que esperen por él.

Changmin…

Desconoce de dolores y de sufrimiento, más allá del que en su piel ha quedado marcada. Así que tal vez debería dar pasos suaves hacía él, comenzar y dejar las indecisiones atrás. Por que Minho es como brillo en medio de esa oscuridad en la que se ha convertido su vida sin poder recordar.

¿Tienes una sola idea de lo que soy capaz de hacer por ti?

Permanece esa sensación de lo incorrecto todavía, toca su hombro y Minho lo mira, así que Changmin traga duro y logra apoyarse en el balcón, apretando los puños, porque quiere que el tiempo le dé el valor que él no ha logrado reunir.

—Minho, ¿tienes una idea de lo importante que te has vuelto para mí?— Comenzó, como si leyera un panfleto cualquiera y su pecho se comprimiera a cada palabra —Mi situación es más complicada de lo que quisiera. Me gustaría tanto poder darte una historia tranquila y sin problemas… Pero apenas y te puedo ofrecer un ‘tal vez’

Minho no lo sabe, pero lo mira, escucha atento, parece acostumbrado al dolor.
Changmin sin embargo parece odiarlo, parece hundirse en él como una segunda piel.

Yo… Soportaría a la soledad de compañía, si con eso fueras feliz.

Su alma violenta reprime esos recuerdos solitarios, aquellos que flotan sin conexión en su cabeza, sin un nombre, con una voz profunda y confusa, que arremolina los latidos de su corazón. Entonces cierra los ojos otra vez.

—Changmin no es necesario yo…
—Déjame terminar— Levanta la mano de repente, y Minho se detiene a unos pasos de él —Quiero estar contigo, pero no sé qué vaya a pasar conmigo más adelante.

—¿Te refieres a tu pasado verdad?
—A él y a las personas que esperan por mí.

Changmin tenía la mano en alto todavía, por lo que Minho la aparta con cuidado, lo suficiente como para pegarse a su cuerpo y poderlo abrazar, es un contacto pequeño, los brazos de Minho rodeándolo de repente. Con esa calidez de sentirse querido otra vez. Compensando lo sufrido, aminorando la soledad.

—Te voy a ayudar, hyung— Susurra de repente —Y si no logramos encontrar a nadie, entonces creare un mundo para ti.
—Tú ya me has regalado este mundo de acá

Minho sonríe por que el aroma de Changmin es masculino, protector y esos brazos lo cierran sobre él, porque el viento sacude su cabello y aún así abrazarlo de repente, con esas promesas de por medio saben a amor. Aunque no sea uno comprometido en verdad.





—Muchacho, hace mucho que no te vía por aquí.

Mir levantó la comida de su plato por primera vez y sonrió. La presencia de la mujer junto a su mesa, sonrió, amable y complacido de poder verla al menos una vez más, antes de que las horas de su viaje se entrecruzaran.

—Bueno, no he tenido buenos días— Disminuyó la sonrisa, porque la imagen del asesino de Changmin venía a su cabeza, en cada uno de sus rasgos, de aquel rostro que alcanzó a ver. Aprieta los puños y prefiere no pensar —¿Cómo ha estado usted?

—Un poco agitada hoy la verdad— Suspira la mujer, con un pequeño lápiz en la cabeza —Mi mesero estrella no pudo venir hoy— Se lamenta —La verdad es que Jae es nuevo, pero ha sido de bastante ayuda en este lugar.

—Me imagino— Murmura con empatía —Debería descansar un poco más.
—Cuando me jubile, querido. Cuando me jubile— Repite graciosa la mujer antes de sonreír un poco más y mirar la comida a medio comer en la mesa —Tú mientras aliméntate bien, mandaré a que te traigan un delicioso postre. Cuenta por la casa.

Mir asiente y sonríe, justo antes de sentir la mano de ella en su hombre —Y Mir… En verdad lamento lo de Changmin— Esa voz suena baja, apenada y consternada de repente —Changmin y tú eran como pequeños niños para mí. En aquella época cuando tu mamá trabajaba en el hospital cerca de aquí ustedes venían cada día a almorzar y mi vida se construyó de pequeñas alegrías a ustedes dos.

—Gracias Mirah…
—¿Vas a viajar, cierto?— Mir asintió otra vez —Pues entonces aliméntate bien. Cuando vuelvas quiero que me lleves a ver a Changmin.

Aún era difícil, esa analogía pesaba con fuerza sobre su espalda y la ausencia de Changmin entonces se volvía como una sombra, mordía su labio esperando un poco de calma para su adolorido corazón. Suspiró otra vez, mirando a la gente pasar fuera del local. Sabiendo a la perfección, que cuando volviera de Japón, tendría que venir a ver a Mirah de nuevo una vez más.

Memorias Prohibidas - Cap. 10

Esa soledad alimentada por la desesperación.


Changmin de pronto sentía que la mañana se había tardado en llegar, que las emociones no estaban funcionando igual, que si se levantaba entonces podría ver un poco de su ser levantado hacía el mañana.

Pero igual que los últimos días eso no ocurría y sus ojos se abrían de repente, fijos en el techo que le era prestado, su cuerpo sobre la cama como si no terminara de sentir el lugar como suyo y esperara todavía por una clase de milagro.

Puede escuchar el pequeño escándalo de Minho, sabe que se ha levantado más temprano de lo habitual, que prepara un delicioso desayuno que sabe a regalo y que sus ojos esperan con ansia, porque el menor puede ser en realidad talentoso.

Sin embargo está ahí, esperando que la vida le regale ese mundo que no le fue otorgado, que por más que intenta no puede recordar, en momentos como ese aprieta con fuerza la sábana bajo su cuerpo y suspira, cerrando los ojos y pretendiendo que nada pasa.

Así que cuando abre los ojos otra vez, trata de que el mundo pinte mejor, que la sonrisa de Minho sea su bálsamo para esa locura que es su vida ahora, para esa ausencia que todavía resuena y no lo complace.

Por eso cuando sale, con una pequeña sonrisa entre sus labios, la imagen de Minho moviéndose de un lugar a otro es lo primero que recibe, el desayuno está servido otra vez, ese es su día a día ahora. Su presente. Y la sonrisa de Minho lo saluda.

—Changmin, pensé que aún dormías.
—Te escuché andar de un lado a otro— Se acercó, con esa confianza que todavía sabía a desconocimiento —Quise ayudar un poco.

Rozó suavemente su brazo, mirando curioso lo que había en la cocina, pero Choi lo miraba, esperaba algo y Changmin sintió su corazón acelerarse, latía apresurado, porque sabía lo que Minho esperaba, porque sabía que en algún momento tenía que suceder.

—Hyung…

Fue como un llamado de atención, Minho apretó su brazo, todavía dentro de la cocina, suavemente como si quisiera dejar pasar el tiempo a través de él. Changmin sintió que su boca no podía, que sus intenciones morían ahí, pero Minho era esa esperanza que se balanceaba en medio de la soledad.

Así que dejó que sus manos subieran por ese cuello, largo y níveo que estaba a su disposición, acarició la extensión de su piel que lo esperaba, miró sus labios y la altura del otro que era por apenas centímetros menor. Pero sus ojos se encontraban y su aliento golpeaba contra él. Esperaba, Minho no parecía dispuesto a adelantarse y Changmin todavía luchaba contra esa voz que le pedía calma, tiempo y paciencia.

Era como morder a la vergüenza en su lugar. Como si las buenas intenciones se marcharan, como si agotado de pensar Changmin se rindiera ante él y juntara sus labios en un contacto desconocido, un beso sencillo y complicado a la vez.

Participaba como si fuera la primera vez que su boca buscaba a otra, como si le ardiera la conciencia y los gritos resonaran todavía en su cabeza, se acercó a él un poco más porque si lo besaba, era con la firme esperanza de extinguir esa voz que lo decía amar en su cabeza.

Porque Minho era real.
Estaba junto a él.

Descendió su mirada a él, sus frentes pegadas como si quisiera capturar la esencia de esa sensación en medio de sus recuerdos. Changmin quería recuerdos que retener. Egoístamente quería que ese amor se quedara en él, que sus palabras que sonaban a promesas más tarde le rompieran el corazón, para que Minho se convirtiera en un todo, para que cubriera todos los espacios en su vida que le hacían falta más y más.

—Vamos a desayunar— Sonrió Minho luego de un rato, como si hubieran hecho desaparecer esa brecha que antes había entre los dos, juntó sus manos y caminó con él hasta el comedor, como si explorara ese camino y sintiera junto aun el sabor de sus besos.






Mir apretó el pasaporte entre sus manos otra vez.

—Solo creo que se apresuró— Pronunció de repente, frente a sus padres a unos pasos de abordar el avión y con la mira condecente de los dos —Debió darse su tiempo para dejar que la muerte de hyung reposara en su corazón. Al irse así… Solo parecía huir.

Para ese momento su madre lo abrazó, tan cálidamente como solía hacerlo cada que sus ojos se perdían entre los recuerdos y nadie más podía entender.

—Yoochun tal vez necesitaba huir o terminaría hundido ¿por qué no lo ves así?
—Porque todavía es difícil para mí.

Para ese instante Mir volvió a suspirar y el abrazo de su padre llegó agradable y cálido mientras el anuncio de su vuelo se volvía a escuchar.

—Ve a Japón y descansa un poco, nosotros te estaremos esperando.
—Cuídense mucho.

Tomó las manos de sus padres y sonrió, apenas un poco antes de ajustar la maleta a su espalda y que esas miradas tranquilas lo vieran alejarse. Pensaba que era lo mejor, que cuando pudiera volver, en unas semanas más, su mente se hubiera podido aclarar.

Giró una vez más y agitó su mano un poco antes de sonreír.
De intentar al menos, que sus padres no se preocuparan más por él.






Jaejoong llegó aquella vez como si los pies le fueran ligeros y necesitara en realidad llegar hasta él, sorprendió a todos con su sonrisa, y esperó, como se supone debe esperar por verlo a él, porque claro hoy no era día de su cita y él parecía encontrarse en otro piso.

Mordió su labio sentándose a esperar, sabía que Boa había perdonado su ausencia y la de Yunho en el aeropuerto, simpatizaba tan bien con la hermana de Yunho que su pecho se inflaba de orgullo y sentía incluso calma al recibir la aprobación.

Miró el reloj otra vez, su hora de descanso con Mirah estaba a punto de terminar y Jung no daba señas de aparecer todavía, pero cuando vio las puertas del ascensor abrirse por quinta ocasión, sus ojos se alzaron de inmediato cuando divisó su porte y su rostro, canalizó su voz tan rápido que sus sentidos despertaron y él incluso se levantó.

—Jaejoong, no te esperaba por aquí— La voz de Yunho parecía calmada, sus pasos amortiguados y su expresión suave como en antaño —Baje apenas pude, estaba un poco ocupado.

—Está bien, no debía caerte de sorpresa— Sonrió levemente, porque el tono de Yunho era tan cordial, que no parecía ni siquiera ínfimamente especial —Pero quería darte algo— Levantó un poco la pequeña caja entre sus manos y Yunho por instinto asintió, abriendo la puerta de su consultorio y luego dejándolo entrar.

El beso llegó bajo presión, Jaejoong no tuve opción a respirar, esos brazos lo rodearon tan pronto estuvieron dentro, sabía a deseo matizado con letargo de un amor correspondido, Jaejoong sonrió, porque sentirse entre sus brazos era reconfortante y solo Yunho le proporcionaba esa sensación.

—Vaya…— Sonrió —Yo también te extrañaba Yunho.
—Apuesto que no tanto como yo— Yunho rio bajito, con un suspiro extraño mientras acaricia su rostro y lo mira más allá de sus ojos —Es todo tan complicado.

—¿A qué te refieres?
—No pueden vernos juntos Jaejoong— Susurró despacio —No así.

No es como si no lo hubiera manejado sin cuidado, sus propios espacios se reducían a él y Jaejoong sintió ese extraño motín en la boca de su estómago, sonriendo despacio y bajando la mirada otra vez.

—Lo sé… Puedo comprometer tu trabajo.
—No me siento avergonzado de ti ¿me oyes?— Yunho tomó su rostro, lo obligó a que lo mirara, esos ojos cálidos y avellana —Pero la policía puede creer cosas raras.

—¿La policía?— De repente los rumbos de Jaejoong se vieron complicados —¿Por qué la policía tendría que estar al pendiente de mí?
Yunho mordió su labio inferior de repente —Olvídalo Jae es solo…

—Yunho— Las manos de Kim rodearon su brazo con fuerza —¿Qué me estás ocultando?

No podía… Si se lo decía, era comprometer las investigaciones.
Si Jaejoong era el asesino, estaría quebrantando tantas reglas al mismo tiempo que cometería alguna estupidez.

—Yunho.

Sus manos lo tocaron otra vez y él cerró los ojos.

—Jaejoong debes tener cuidado ¿sí? Esa gente sigue detrás de ti.

Mentir a medias después de todo no era completamente malo.

—¿Quieren asesinarme?
—No sabemos mucho de ti, por eso necesitamos progresar. Tengo que protegerte a cómo de lugar.

Sonaba a promesas extrañas viniendo de su boca mientras lo abrazaba, el cuerpo de Jaejoong ligeramente más bajo que el suyo, Jaejoong había recuperado un poco de peso, el suficiente como para no hacerlo verse tan extremadamente delgado como antes.

Tenía esas promesas inconclusas todavía y Jaejoong no comprendía que aferrarse a él no era la mejor opción, esconder el rostro en su pecho sintiéndose aún más perdido no era solución a sus problemas, pero Yunho lo estaba acostumbrando, en medio de ese vacío que era su cabeza, que confiar ciegamente en Jung era su única solución.






—Te ves mejor Changmin.

El doctor era un hombre de edad reflejada en sus canas, de sonrisa pequeña y ojos brillantes, de esos que transmitían confianza y tranquilidad. Por eso cuando el hombre se dirigió a él, Changmin asintió complacido. Feliz de saber que al menos su salud física se mantenía ahora intacta.

—¿Aún no recuerdas algo?
—Solo voces…— Dijo, sacudiendo sus manos sobre la cabeza —Hay un nombre que se me aparece de repente, pero es solo eso, ni siquiera veo a alguien más que a él.

—Pero ¿Quién es él?
—No lo sé— Masculló contrariado —Solo recuerdo su nombre, se repite una y otra vez.

Como si su pobre pasión entusiasta hubiera muerto, Changmin se encogió y mordió el interior de sus labios.

—Está bien— Lo consoló el hombre —No fuerces las cosas, pronto recobraras todos esos recuerdos. Solo hay que tomarse las cosas con calma, el cerebro así como es poderoso y controlador, también es muy delicado ¿de acuerdo?— Changmin apenas asintió —Sé que es difícil pedirte que te lo tomes con calma, pero al menos no entres en desesperación ni te obligues a recordar ¿sí?

Changmin murmuró un par de cosas, no sin antes suspirar pesadamente y mirar hacía el techo del lugar. El doctor únicamente sonrió y golpeteó suavemente su espalda.

—Ve a cambiarte, te esperamos afuera.
—De acuerdo.

Cuando el hombre salió del pequeño consultorio, Minho se encontraba en la sala de espera, jugando con el celular en sus manos, despegándose de él apenas lo vio salir.

—¿Todo bien?

—Supongo que sí, al menos físicamente— Tomó por los hombros a Minho, suavemente para que se volviera a sentar —Escucha, Changmin se ve muy atormentado por esa parte incompleta de su vida, aparentemente no podrá seguir adelante sin recordar. Es algo que lo atormenta por completo y tú pareces haberlo olvidado.

—No es cierto, yo…

—Minho escucha. Changmin puede tener muchas ganas de seguir adelante. Pero si él no calma esos fantasmas de su pasado, sencillamente no va a moverse del lugar en el que se encuentra anclado. Changmin está desesperado por recordar, tiene una voluntad muy fuerte y creo que necesita ver a un profesional.

—¿Un profesional?— Los ojos de Choi se agrandaron de repente —¿Qué clase de profesional?

—Un psicólogo estaría bien, alguien que calme todo ese proceso de angustia y desesperación por el que está pasando. Changmin perdió la memoria Minho, es como un niño perdido en un lugar ajeno, y ni siquiera tiene la esperanza de regresar a algún lugar, porque no sabe dónde está ese lugar. No lo está llevando bien, necesita ayuda.

Minho jugó con sus manos de repente —Pero él parece tranquilo en casa.
—¿Sabes si está durmiendo bien? ¿No has notado esas ojeras que tiene?

La puerta se abrió de repente, con la imagen de Changmin arreglando un poco mejor su camisa recién puesta. El doctor únicamente se apoyó en el hombro de Minho y susurró —Piensa en lo que te dije.

—Muchas gracias, doctor.

Changmin procuró ser amable, con una sonrisa pequeña en su rostro mientras emprendía camino junto a Minho fuera de ahí, los ojos de Minho visiblemente preocupado.

—¿Sucede algo?
—No— Respondió autómata —Solo estoy cansado.

Changmin asintió, inseguro de creerle o no, pero en cuanto se alejó un momento a contestar una llamada, decidió esperarlo un rato ahí, con las manos en los bolsillos y su mirada perdida en el lugar, en aquella pareja sentada a unos metros de ahí.

—Pronto será el cumpleaños de mi hermano menor.
—¿Van a hacerle algo?
—Una pequeña reunión. Papá quieres que vaya.

Sonrió inconsciente, mirándolos aún, como si la escena le resultara mortalmente volátil y llamativa, pero las manos de Minho otra vez sobre él lo hicieron despertar.

—¿Nos vamos?— Preguntó curioso —¿Qué ves?
—Nada. Solo te esperaba.

Minho pareció sonreír un poco y pronto lo jaló del brazo para que empezaran a caminar, Changmin se perdió un momento dentro de su mente otra vez, sabían a paz las voces en su cabeza. Sutilmente agraciadas de repente.

—¿El cumpleaños de tu hermano?
—Sí, ¿vendrás cierto? De ningún modo puedes faltar Yoochun, aunque te odie, en el fondo sé que le simpatizas.






—Eres extraño— Yoochun bufó, cruzado de brazos frente a él —Desde que te conocí, todo en mi vida es extraño— Le reprochó también, aunque Junsu solo se cruzara de brazos y prefiriera dejarlo hablar —Siempre me tengo que andar disculpando y muchas de las veces ni siquiera sé por qué es. Por ejemplo ¿por qué te fuiste de mi habitación el otro día que quedamos en salir a cenar?

Junsu por fin se permitió moverse un poco, suspirar y dejar que las personas a su alrededor, dentro de la compañía de viajes que se movían de un lado a otro, no notaran su estado cansado e incómodo.

—No es tú culpa, no tienes por qué disculparte.
—¿Entonces?
—Solo no me sentí bien.

Esta vez fue el turno de Yoochun para cruzarse de brazos y alzar una de sus cejas en señal de incredulidad.

—¿Y te fuiste sin siquiera avisar?
—No era un dolor físico— La voz de Junsu era ligeramente suave y baja —No querrás saberlo.

—Siempre dices lo mismo— Le recriminó Yoochun, sentándose en un pequeño bloque junto al ventanal —Según tú hay muchas que no sé y que es mejor no las sepa y ya me harté. Necesito que me hables de frente Junsu.

Los ojos de Kim lo analizaron por un largo rato, como si contara sus posibilidades y luego solo decidiera sentarse frente a él, confundido y con muy pocas fuerzas en sus ojos como para seguir hablando.

—En el fondo siempre supe que te irías— Susurró impulsivamente —Cuando vi tus pasajes, me percaté que dejarte ir implicaría no verte más por un largo periodo de tiempo, si es que no es para siempre. Entonces me di cuenta de lo estúpido que soy…

Los ojos de Junsu bajaron, se desviaron de los de Yoochun que no variaban ni un poco en medio de su indirecta declaración. Esa expresión madura y seria que de repente Park había puesto frente a él.

—¿Estás enamorado de mí?

Abrió sus ojos de par en par, sintiendo la vergüenza en cada poro de su piel. Como si el calor en su rostro se esparciera tan rápido y tan profundo que los latidos de su corazón marcaban el compás de su propia inseguridad.

—¡Junsu!— Llegó como una salvación inestable, una de sus compañeras desde el piso superior —La junta ya va a empezar, te estamos esperando. Apresúrate.
—Ya subo.

Asintió despacio y regresó a Yoochun, que todavía esperaba una respuesta, sin embargo sabía que no podía demorar, que esos ojos continuaban con la duda y tan poco podría apresurarse a algo que merecía un poco de tiempo que dirigir.

—Tengo que subir— Pronunció a pesar de que la mirada descolocada de Yoochun le pedía quedarse ahí —Te llamo después, mi jefe se molestará.
—¡Kim Junsu!

Atinó al destino, el grito fuerte y masculino se escuchó desde el piso superior y Junsu tan solo se encogió.

—Lo siento, hablamos después.

Y apresurado por subir las escaleras empezó a caminar sin mirar atrás, sin volverse a encontrar con esos ojos, que lo hacían sumirse en la vergüenza, tan descubierto y patético que solo quería cerrar los ojos y desaparecer.

¿Cómo podía Yoochun preguntar algo así con tanta soltura?
¿Cómo podía él con su edad, comportarse como un estúpido adolescente enamorado?






Heechul rara vez conducía y cuando lo hacía era porque necesitaba necesariamente estar solo, recordaba aquellos días de adolescencia, de ego inflado cuando el mundo estaba a sus pies y la vida no lo había cacheteado todavía, anclándolo al suelo con las cadenas más crueles que había logrado encontrar.

Pero cuando la luz del semáforo detiene su camino, solo puede pensar en un buen cigarrillo que calme un poco su estado de ánimo precario de los últimos días, comandados por las apariciones inconstantes de Siwon. Haciéndolo desear cosas que no debería, como la libertad que era intocable para él.

—Pero ¿qué…?

Sus ojos se agrandaron de repente: pasando frente a él, con su cabello un poco más largo del habitual, con sus ropas sencillas y comunes, con un bolso simple y sin gracia colgando a un costado de su cuerpo.

Kim Jaejoong cruzaba la calle sin preocupaciones, con esa sonrisa que no había tenido la oportunidad de ver antes. Parecía que la vida lo hubiera soltado de repente frente a él y Heechul solo estuviera divagando por un instante.

—¿No que estaba desaparecido?

Arrancó en cuanto el resto de carros empezó a pitar, se apresuró en seguirlo y dar vuelta en los lugares indicados, aquellos que Jaejoong caminaba tarareando una canción tonta mientras mordía su labio a ratos cuando revisaba el celular y de repente aceleraba el paso.

Ese no era Jaejoong…
No podía serlo.

Ese muchacho que repentinamente se había encontrado siguiendo no podía ser Jaejoong. Parecía tan natural, tan despojado de lujos y ego que Heechul solo pudo saciar su curiosidad cuando llegaron al dichoso restaurante y él logró apenas estacionar su auto sin ser descuidado.

—¿Qué hace él aquí?

Miró el lugar con desinterés, como si no hubiera pisado un lugar así en años. Memorias de su época adolescente cayeron como golpes bajos y certeros mientras atravesaba la puerta desconfiado todavía.

—Oh, Jaejoong querido atiende al cliente por favor.

Giró en cuanto la anciana mujer tras la caja hubiera hablado y la sonrisa presta y atenta de Jaejoong fuera lo primero que lo recibió.

—Enseguida señora Dong— Jaejoong caminó hasta él, con una sonrisa brillante y sus ojos transparente como nunca antes, teniéndolo enfrente como si no lo reconociera y su mirada no reflejara odio y hermetismo —Bienvenido ¿desea algún platillo en especial?

—Yo…— Miró sus ojos con temor de verse como un idiota —Kimchi— Soltó despacio —Un poco de kimchi estaría bien.
—De acuerdo, tome asiento por favor. En unos minutos le traeré su orden.

Jaejoong señaló una de las mesas educadamente, sonriendo otra vez. Dejándolo estupefacto una vez más. Pero solo se sentó y decidió esperar, sin terminar de comprender, si se trataba en verdad de Jaejoong o no.

—Creo que le gustaste.

Susurró Mirah una vez Jaejoong estuviera a su lado de nuevo.

—¿De qué habla?
—Del muchacho que entró— Rio bajito la mujer —No dejaba de verte, míralo parece que lo dejaste en shock.

Jaejoong solo frunció un poco el ceño y negó de inmediato. Volviendo a doblar las servilletas sobre el mesón y despreocupándose del asunto en absoluto.

—Pues espero que no haga nada raro. No estoy interesado en nadie más.

Mirah solo chasqueó su lengua un poco y sonrió divertida, viendo a Jaejoong serio mientras hacía su pequeño encargo y parecía concentrado en ello.





—¿A qué te refieres Donghae?

Yunho alzó la mirada en cuanto vio la expresión seria de Shindong, dejando la comida de lado y desviando la mirada de la mesa. La conversación se prolongó por un tiempo más. Antes de que Shindong finalmente suspirara y hablara en monosílabos.

—Está bien, ten cuidado. Que no te vean y trata de averiguar que sucede.

Vio al otro cortar la llamada y dejar el celular sobre la mesa, con una exhalación profunda mientras pasaba las manos por su rostro.

—¿Qué pasó?
—¿Recuerdas a Heechul?

La mente de Yunho trató de calibrar rápido —¿El otro sujeto que rivalizaba con Jaejoong en ser la mascota favorita de Leesang?— La boca de Jung de repente tuvo un sabor amargo, como si el pasado de Kim lo golpeara de repente, como si lo hubiera olvidado. Cortándole el apetito por completo.

—Exactamente— La voz de Shindong se agravó —Al parecer encontró a Jaejoong.

Yunho alzó la mirada otra vez.
¿Se le estaba acortando el tiempo?

—¿Cómo?

—No lo sé, Donghae seguía a Heechul y al parecer de pronto empezó a seguirlo, cree que simplemente lo vio en la calle y lo siguió. Heechul más bien parece confundido de verlo ahí. Lo más seguro es que sea porque Jaejoong no lo reconoció o algo.

Yunho sintió otro golpe en su estómago.
No era tiempo lo que le faltaba, eran pruebas que quitaran a Jaejoong de en medio de toda esa hoguera que el mismo, antes del accidente, creara a su alrededor.






Yoochun no terminaba de llegar a su habitación de hotel, cuando revisó su celular y el buzón de voz se encontraba con un mensaje de Junsu guardado. Ni siquiera había escuchado el teléfono sonar y dejó entonces un suspiro salir de sus labios antes de sacarse los zapatos y sentarse en la cama aún contrariado por culpa de él.

—Yoochun… Siento haber sido tan cobarde— La voz de Junsu era única, Yoochun juraba poder distinguirla como ninguna otra, como nunca antes —Pero… ¿es tan malo haberme enamorado así de ti? Sé que es estúpido e ilógico, pero… Lo siento. No quería incomodarte, ni siquiera sé por qué estoy diciendo todo esto, avergonzándome a mí mismo. En serio, lo siento.

La llamada terminaba corta y silenciosa luego de un rato antes de escuchar el suspiro alargado de Kim que después de todo solo cortó y dejó su voz grabada en la memoria de Yoochun, no había emociones claras en su cuerpo, solo ese dolor de estómago raro que se alojaba en su interior y se extendía a su pecho.

¿Cómo… pudo?

Ni siquiera quería pensar demasiado, sentirse culpable era predecible y lamentable. Era preferible no sentir nada. Quedarse vacío un rato como si las consecuencias de Junsu repercutieran en él y justificaran sus disculpas.

Tomó el celular velozmente —¿Aló?— Escuchaba la voz de la mujer al otro lado mientras sus pasos se movían de un lado a otro dentro de la habitación —Si, por favor me gustaría cancelar mi pasaje de avión para Corea. Mi nombre es Park Yoochun y mi número de vuelo es…

Ni siquiera sabía porque lo hacía, estaba inseguro todavía, pasaba la mano por su rostro sin que ese dolor desapareciera y la incomodidad de su pecho le auguraba pasar la peor noche de todas, con sus impulsos de por medio, y con ojeras seguramente al día siguiente.

Pero eran sus instintos los que gritaban, por un poco de calma antes de regresar a su pasado.





—¿Estás bien?

Junsu ni siquiera se tomó la molestia de levantar la mirada de su celular, todavía apoyado en el poste del edificio y con el humor desapareciendo.

—No lo sé…
—Es tarde, deberías ir a casa.

La mujer dio cortos pasos hasta él y Junsu sonrió un poco.

—Sí, tienes razón— Suspiró cansado y se permitió caminar junto a ella una vez más —Tal vez debería dejar de esperar que cosas buenas me sucedan.
—¿De qué hablas?— Preguntó divertida —Últimamente actúas extraño, pareces en las nubes.

—Pues estoy entre las nubes incorrectas— Comentó divertido mientras pasaba un brazo por los hombros de la mujer y ella negaba entretenida en su celular.
—Entonces deberías dejar de volar entre ellas.

—Si, tal vez…

Murmuró inconsciente, pasivo y cansado.


Blogger - Cap. 10

DÉCIMA PUBLICACIÓN
EL AMOR ES UN POCO DE ARMONÍA, UN POCO DE ALEGRÍA. UN MUCHO DE DOLOR Y UN DEMASIADO DE CELOS E INCOMPRENSIÓN.
04/ABRIL/2010.







La pelea de Heechul y Changmin fue hace algunos días.

El brazo de Changmin no ha sanado por completo, y mi relación con Heechul se ha deteriorado casi por completo. Extrañamente no logré comunicarme con Yoochun en todo el fin de semana.

El mundo giraba en un sentido contrario al que usualmente giraba. De pronto me encontraba junto a Changmin. Yunho que antes no hablaba con nadie y se mantenía alejado de todos, se relacionaba con Junsu, el enemigo de su hermano.

…Heechul no me hablaba.

No importaba lo mucho que pudiera fingir que me daba igual, o que Changmin estuviera tan bien conmigo. Heechul me seguía importando. Y Changmin aún continuaba desviando el tema cada vez que le hablaba de mi hermano menor.

Entre las muchas cosas y lugares a los que podían pertenecer mis pensamientos solo estaba seguro de poder establecerme en uno. En proteger a Heechul de cualquier cosa. No me importaba más.

La vida de él es difícil, pero si no me permitía estar a su lado. Sentía que estaba desprotegido. 

…Tal vez terminar con Changmin sea la solución a todo.







Changmin suspiró.

Con ese deje de paciencia y fastidio por no poder hacer las cosas por sí mismo. Accediendo a abrir la boca mientras yo le extendía la cuchara con un poco de sopa. Si bien su mano derecha estaba bien.

Era placentero ver su rostro sonrojado y sus expresiones de lo mucho que le jodía que lo tratara como un niño pequeño. Probablemente es por que es un año menor a mi, pero Changmin siempre a pesar de la madurez que destila, es como un niño.

—¿Tengo que seguir aguantando esto?
—Déjame terminar de darte la sopa al menos.

Él rodo los ojos, sentado sobre aquella silla en el comedor de su casa. Su padre trabajaba y su madre había aprovechado mi presencia para ir a conversar donde una amiga que vivía dos calles más arriba.

—Dice mi madre que le agradas.

Su comentario me hizo sonreír, partí un pequeño pedazo de papa y volví a levantar la cuchara a su boca. Era algo usual. Por alguna extraña razón lograba simpatizar con los padres de mis amigos con facilidad.

—Tus padres también me agradan.
—Eres uno de los chicos populares. ¿Por qué tienes que ser así?

—¿Así como?
—Así de amable y buena persona.

—Por la misma razón equivocada de pensar que todos los que somos sociables o populares tenemos que ser unos imbéciles.
—¿Cómo Heechul?

Hubo un corto silencio. En realidad no supe muy bien como contestar a eso. Defender a Heechul frente a Changmin seguramente implicaría excusas. Excusas y razones que nadie más debía saber.

—Las cosas no siempre son como parecen, Changmin. Usualmente una persona que es cruel con los demás, ha sufrido mucho.
—¿Heechul ha sufrido? …Por favor.

Él bufó, con una sonrisa en los labios, mirando hacía otro lugar. Yo había entendido ya hace mucho que conversar de Heechul no era una opción. No parecían llevarse bien, y era algo ya obviamente visible. Pero no quería estar en medio y tener que escoger.

—¿Hace mucho que no hablan, verdad?

Su tono cambió, por uno un poco más suave. Esta vez mirándome a los ojos.

—…Supongo que quiere pasar un tiempo a solas.
—Lo que tenemos, está arruinando tu amistad con él. ¿Cierto?
—Más o menos.

Volví a llenar la cuchara y Changmin se negó.

—Ya estoy lleno. Deberías llamarlo.
—No contesta mis llamadas.
—Entonces búscalo.

De repente una pequeña risa salió de mis labios. Dejé el plato sobre la mesa y apoyé la quijada en mis manos. Mirando atentamente a Shim

—Tú y yo estamos saliendo por si se te olvida, Changmin.
—Pero yo sé lo que sientes por Heechul.

—Y yo sé lo que tú sientes por Minho.
—Creo que iré por un poco de helado a la cocina. ¿Quieres?

Tan solo asentí, ya acostumbrado a esos evidentes y abruptos cambios de tema. Changmin se dirigió a la cocina y yo solo saqué mi celular. Presioné el botón de llamar y el primer número que apareció fue el de Heechul.

Pero pasó lo mismo que estos últimos días. Me mandó directo al buzón.

…Heechul tenía apagado el celular.






¿Qué es lo que odiaba de las mañanas?

Que el entrenador se la pasara hablando y hablando acerca de lo importante y concentrado que debo estar con respecto al campeonato de básquetbol, que el año está a punto de terminar. Que la beca deportiva.

La presión de estar en último año me acosaba.

La universidad, la carrera, aprovechar tu talento. Conseguir una beca.

Y tenía ahora sobre mis hombros la preocupación de no saber nada sobre Heechul, por lo menos era lunes y al menos podría comprobar que estaba bien. Ni siquiera con Yoochun había podido hablar. Él lo había llevado a casa después de todo.

—¿Me estas escuchando Choi?
—Si, claro que si, entrenador.

Lo pudo notar, el entrenador sabía que no lo escuchaba. Pero al pareció no importarle demasiado. Él cumplía con mantenerme al día con lo de las competencias. Yo solo fingía escuchar. Así estábamos bien.

—¡…Pero entrenador, no puede hacerme esto!

Miré justo detrás de mi entrenador. Junsu caminaba con un par de muletas tras el entrenador de fútbol que escribía y borraba nombres en la pizarra. Armando la nueva formación para los partidos.

—No insistas Kim, no puedo meterte a jugar.
—¡Pero ni siquiera tengo el pie enyesado! Solo esta vendado.

Era obvio, el entrenador Kang se encontraba frustrado. La pérdida de su mejor jugador, estrella y capitán del equipo había echado por los suelos todo un trabajo de año entero. Cerca de las finales.

—Si te meto a jugar apenas estés medio bien sufrirás alguna fractura grave y todo tu talento se irá por el suelo.
—Pero es la final, quiero jugar la final. Es mi último año.

Yoochun siempre había dicho que Junsu no tenía emociones, que era alguien frío y manipulador, que jugaba con los sentimientos de los demás a su antojo. Pero justo en ese momento, Junsu tenía el corazón roto.

Le estaban quitando lo que más amaba. Entonces comprendí que hay muchas formas de romper un corazón, no solo cuando la persona que amas te traición. Tu corazón se puede romper, con el solo hecho de perder algo que realmente amas. Y Junsu en ese momento estaba sufriendo.

—Junsu… Sé como te sientes, pero no puedo arriesgarte. Es lo mejor para ti.
—…Pero es mi final. No es justo.

Él desvió la mirada. Con los ojos tristes y una expresión vacía en el rostro. EL entrenador Kang palmeó su espalda con una mirada conciliadora y tratando de mejorar el ánimo del menor.

—Si ganamos levantaras la copa, Junsu. No le cederé la banda de capitán a nadie más. Por que solo tú la mereces, tú las has sufrido y las ha jugado. Todos son un equipo, pero tú has sido quien más se la merece. Y creo que todos tus compañeros opinarán igual.

Junsu solo asintió. Aún con la cabeza agachada. Mirando nostálgicamente hacía la pizarra que ya no marcaba su nombre.

—¡Te estoy hablando, Choi!

Mi entrenador golpeó mi cabeza. Con fuerza y ya algo exasperado de que no le prestara atención. Yo solo sobé un poco el lugar donde había estado el golpe y él solo se marchó dejándome la advertencia de que me las jugara todas en la final.

—¡Eres un imbécil! ¿Cómo crees que eso?
—¡Heechul fue una ofensa que faltaras a la fiesta del sábado!
—Soy un hombre con ocupaciones, no fastidies.

La voz de Heechul lo hizo girar de inmediato. Por supuesto Heechul se encontraba rodeado por otros estudiantes, con esa sonrisa en el rostro y aparentemente en perfecto estado. Como si nada, siendo el mismo chico popular y perfecto de siempre.

—Bueno, bueno… Como sea. ¿Pero seguro irás a la del próximo sábado verdad?
—Obvio, estamos en exámenes y en dos meses son los finales. Necesito des estresarme.
—¡Genial! Eso será perfecto.

Me acerqué, y por la mirada de todos, supuse que nuestro distanciamiento era ya más que un rumor una noticia asegurada. Por que guardaron silencio y me miraron, a pesar de que Heechul ni siquiera se molestó en levantar el rostro.

—Heechul, ¿tienes tiempo? Quiero hablar contigo un rato.
—Eh… Nosotros nos vamos, hasta luego.

Se marcharon. Y Heechul únicamente me ignoró, giró sobre sus talones y comenzó a caminar hacía uno de los edificios como si nada. Con las manos en los bolsillos y un paso lento. Seguro de que no lo seguiría.

Su rostro incapaz de mostrarme alguna expresión. Me hizo recordar en primer lugar por que me había enamorado de él. Por que quería ver en su rostro al menos una expresión. No importaba si lloraba en mi hombro o reía a carcajadas conmigo.

…Yo solo quería que Heechul tuviera la vida normal que le fue negada.






—¿Ya has hablado con Heechul?

Dejé de escribir lo que el profesor de Investigación hablaba cuando Yoochun garabateando su cuaderno me habló. Lucía levemente apagado, pero aún así me miró, con una expresión algo vacía en el rostro.

—No, al parecer ahora me ignora.
—Habla con él.

Yoochun bajó la mirada; Y lo supe de inmediato.

—¿Volvió a pasar?
—Ese idiota… Cuando vio a Heechul llegar en ese estado el día de la pelea. Se enojo tanto que… ¡Dios! Quise golpearlo. Pero al menos el amenazarlo con los abogados de mi familia lo detuvieron y no le hizo nada.

Yoochun rayó un poco más el cuaderno y finalmente soltó el bolígrafo con una expresión de enojo en el rostro. Tapando sus ojos  y suspirando profundamente.

—Sin contar con que mi padre encontró a Yunho.
—¿Cómo?
—No lo sé, seguramente contrató a alguien o que se yo…

Justo en este momento, dónde nadie más podía escucharnos o internarse en nuestros problemas. En este pequeño mundo donde los populares no eran perfectos, desee más que nada poder estar con Heechul.

—Tienes suerte por la familia que tienes Siwon. Cuando menos tu padre no es un boxeador frustrado como el de Heechul o el mío.
—Eso no es gracioso, Yoochun.

Él solo torció los gestos. Mirando hacía la pizarra y mordiendo su labio inferior.

—¿Sabes que detesto el talento de Junsu, verdad?
—Por supuesto, por que puede quitarte tu lugar como el mejor. A un paso de graduarnos.

—¿Y sabes la razón por la que quería meter a Junsu en mi cama otra vez, verdad?
—Por que querías en parte vengarte y en parte demostrarte a ti mismo que tu historia con él ya había quedado superada.

Yoochun sintió, volviendo a garabatear su nombre en el cuaderno.

—¿Cómo sabes tanto de mi?
—Por que somos amigos. Es obvio.

—Entonces sabes que en el fondo…
—…Aún quieres que se arrepienta, y lo extrañas. En el fondo solo quieres sacarte la máscara que tienes. Y poder gritar al menos una vez lo que sientes en verdad.

Yoochun volvió a asentir. Con un corto suspiro antes de mirarme a la cara.

—Voy a escribir una canción para él, la última. Mi carta de despedida para Kim Junsu. Pero esta vez voy a ser sincero y voy a decir lo que siento justo ahora. Para comenzar una vez más, sinceramente, sin máscaras. Y poder arrancarlo de mi vida de una vez por todas.

Yoochun regresó a garabatear. El profesor había continuado hablando pero, yo ya había perdido el ritmo de la clase. Yoochun lucía determinado, como nunca antes. Quise preguntarle, si lograba superar a Junsu. Que me dijera el secreto.

Para olvidar a Heechul y dejar que al menos me dejara regresar como su amigo.






Para el almuerzo pensaba en demasiadas cosas.

Era lunes, y ya para el sábado debíamos tener lista la canción. Yoochun deseaba presentarla en la feria de cultura del Conservatorio. Frente a todo el mundo, había que trabajar mucho en la música y el resto.

—Es extraño… Yunho hyung no vino a clases.
—Escuché que Jaejoong le decía a Yoochun que había estado enfermo el fin de semana.

—Mmh… Hablando de Jaejoong, ¿qué se traen esos dos?
—¿Yoochun y Jaejoong?— Changmin solo asintió. –Pues la verdad, no tengo la menor idea.

Y como si Yoochun buscara calmar nuestras dudas y las del todo el mundo. Ingresó al comedor, con la misma actitud sobresaliente de siempre. Acercándose a Jaejoong que permanecía en una de las mesas lejanas, tomándolo por el brazo y caminando junto a él hacía donde nosotros nos encontrábamos.

Changmin me miró confundido, pero yo entendía tanto o menos que él. Yoochun se sentó a mi lado y Jaejoong junto a él. Susurraron un par de palabras y yo aproveché para acercarme a Yoochun y jalarlo hacía mi. Para que solo él me escuchara.

—¿Qué estas haciendo?
—Lo mismo que tú, seguir adelante.

Los ojos de Yoochun me sorprendieron. No ocultaba nada. Yoochun estaba siendo sincero.

—Tú solo quieres herir a Junsu.
—¿Cómo voy a herir a alguien que no siente nada por mí?

Tenía razón. Yoochun tenía toda la razón. Se soltó con cuidado. Acercándole a Jaejoong una botella con agua y sonriendo al menos un poco. Jaejoong se veía incómodo, pero aún así sonrió. Asintiendo y suspirando.

Luego Yoochun se inclinó un poco hacía él. Y Jaejoong cerró los ojos, entonces ocurrió. Yoochun se acercó un poco más, y besó los labios de Jaejoong. El comedor se llenó de murmullos. Ya era oficial. Yoochun y Jaejoong estaban saliendo.

…Y probablemente la noticia se regaría más pronto que la mía con Changmin.







Una vez más la contestadora fue lo único que escuché al llamar a Heechul.

—¡Maldición!

Bufé con molestia, lanzando el inalámbrico sobre la cama. Y pensando seriamente en lo que Changmin me había dicho sobre que si Heechul no me contestaba, entonces lo buscara.

—Hermano… Ya está la cena.

Minho se asomó a mi habitación con una pequeña sonrisa en el rostro y yo asentí, bajando junto a él hasta el comedor. El olor delicioso de la comida me sorprendió. Nuestros padres habían salido al cumpleaños de un tío. Y por tanto estábamos solos en la casa.

—¿Cómo así no ha venido Joonghyun en mucho tiempo?
Minho bajó la mirada. –Nos estamos dando un tiempo.

Comenzó a servir la comida en mi plato, con la misma mirada que Yoochun cargaba esa mañana. Empecé a pensar que era una epidemia de corazones rotos.

—¿Y tú estas bien?
—Se hace el intento.

Sonreí, Minho en este momento tenía mejores cosas en las que pensar. Como su competencia, sus estudios, los exámenes. Probablemente se preocuparía de su relación después.

—¿Tú cocinaste o compraste comida?
—Yo cocine.

El orgullo sonó entre las palabras de Minho. Mientras comíamos en un corto silencio.

—El viernes en la mañana saldré de viaje, este año las nacionales no se celebraran en Seúl.
—¿Entonces no te quedarás para la feria cultural?
—Lo dudo. La competencia es el viernes, y partimos el sábado en la mañana de regreso.

—Supongo que no podré verte en la competencia de baile.
—No, pero ganaré te lo aseguro.
—Eso espero mocoso.

Él me sonrió y yo solo bebí un poco de agua. Minho estaba extraño últimamente. Pensativo e ido. Saliendo de la casa cada vez que Changmin venía. Comenzaba a tener mis suposiciones de por que él y Joonghyun se habían dado un tiempo.






Hacía frío y el vaho que salía de mi boca era evidente.

Era ya jueves y seguía sin saber de Heechul, Ajusté un poco mejor el abrigo a mi cuerpo. Con la capucha sobre mi cabeza solo para ver si el frío no era tan intenso como en ese instante. La casa grande de Heechul estuvo frente a mí. No tenía sentido ni siquiera volver a llamar.

—¡¿Por qué tienes que ser tan insoportable?!
—¡Ya déjame en paz!

Eran los gritos de Heechul y su desagradable padrastro una vez más. Yo nunca había tenido la menor duda de que ese hombre odiaba a Heechul. Probablemente desde que lo conoció, cuando Heechul apenas tenía trece años.

—¡Tienes que tenerme respeto niñato!
—¡El respeto se lo gana, no se lo exige!

Discutían una vez más. Casi no lo pensé, trepé por las rejas y me lancé directo hacía el césped que había en la entrada de su casa. Desde ahí, se podía ver el gran ventanal. El tipo ese sujetaba a Heechul por el brazo, sacudiéndolo violentamente. Tenía que ir hasta él inmediatamente.

—¡¡Ya suéltame!!
—¡No entiendo como tu madre te soporta! ¡Es por eso que tu padre los abandonó, eres un inútil que cree que cantando y bailando llegará a algún lado!

—¡¡No te metas con mi familia, GRANDÍSIMO IMBÉCIL!!

Para cuando llegué a la puerta apenas pude ver como Heechul empujaba al tipo ese y salía corriendo. Comencé a golpear la puerta con fuerza y Heechul se sorprendió al verme, mirando hacía atrás asustado.

—¿Qué haces aquí?
—Estaba preocupado… ¿Estás bien?

Heechul miró una vez más hacía atrás, su padrastro empezaba a levantarse. –Vámonos.

Me jaló del brazo y empezamos a correr, lejos, muy lejos de ese infierno en el que se había convertido el que alguna vez fue el hogar de mi mejor amigo.






Heechul dejó que el aire caliente se posara sobre sus manos.

Nos habíamos sentado en un pequeño puesto de comida a varias cuadras, muy lejos de su casa. Heechul incluso lucía un poco más tranquilo. Con un abrigo similar al mío. Con la capucha tapando sus cabellos castaños.

Justo en este momento él se veía tan real, tan normal. Tan lejos de la imagen perfecta que proyectaba en el conservatorio. Cuando la muchacha que nos atendió trajo los platos de Kimchi, Heechul sonrió.

—Es obvio, me necesitas. Sino solo comerías una vez al día.
Heechul sonrió, tomando la cuchara para empezar a comer. –La hora de comer en mi casa es un desastre, sabes que no soporto a ese hombre.

—Tu madre debería dejarlo, no te trata bien incluso creo que te odia sin razón. A ella debería importarle más su hijo que ese sujeto.
—Pues la vida no es de color de rosa, Siwon. Me tocó esta vida y listo. No va venir alguien a rescatarme y hacerme olvidar mi pasado.

Justo en ese momento desee únicamente poder ser ese alguien.

Cuando Heechul abrió la puerta y me miró. Sus ojos me vieron repletos de alivio, de esperanza, por eso cuando agarró mi mano y empezó a correr. Ambos lo sentimos, las cosas entre los dos habían vuelto a tomar forma.

Por lo menos ya no me alejaba como antes.

—¿No piensas comer?
—No tengo mucha hambre.

Heechul solo me miró por un rato y luego siguió comiendo su plato de Kimchi, con el silencio de la noche y de los pocos clientes que apenas susurraban sus palabras. Un suspiro salió de mis labios.

—Chul… ¿Cuándo dejarás de comportarte así?
—¿A que te refieres?

—A continuar viviendo con lo que te tocó, ¿Por qué no haces algo por cambiarlo?
—Por que ya lo intenté y mamá no me creyó. ¿Qué quieres que haga?

—¡Cualquier cosa! Ese tipo hace tu vida miserable, y toda esa rabia, esa frustración es impotencia interna que tienes acumulada la encierras en una burbuja de perfección y popularidad que revienta con los que no piensan igual que tú. Y eso está mal.

Heechul bufó, dejando de comer y tratando de respirar profundo para no decir algo que seguramente terminaría por herirme. Lo conozco tan bien, como conozco a Yoochun.

—Escucha Siwon, si vienes a hablarme de tu noviecito…
—No es sobre él, es en general. No puedes continuar así.

—…Siwon tú no entiendes, tú tienes una maravillosa familia. Sin mi madre yo no tengo a quien más recurrir, y tampoco quiero dejarla sola con ese sujeto.
—¡Es ella quien no quiere dejarlo! …Si ese tipo algún día se excede y te golpea demás. ¡¿Qué demonios vas a hacer?!

En ese justo momento él agachó la cabeza. Odiaba verlo así, tan solo y desamparado, como el niño de doce años que conocí, tanto tiempo atrás. Me había equivocado en hablar demás, por que al parecer Heechul había perdido el apetito.

—¿Por qué te molesta que esté con Changmin?

Solo quería una respuesta, una sola. Pero Heechul solo me miró, y yo supe que esa respuesta no llegaría.

—Es que es demasiado bueno, ¿sabes? Sé que de permanecer juntos. Te enamoraras de él, y te olvidarás de mí. Él no es como yo, él tiene una buena familia igual que tú. Tú por fin te alejarías de estos problemas y angustias que yo arrastro y preferirás pasar todo tu tiempo con él.

Heechul apretó sus puños, mordiendo su labio inferior y viendo su plato a medio comer.

—Y yo ya no podré llamarte o acudir a ti por que pondrás en un punto de comparación nuestra amistad y tú relación con Changmin. Y sentirás que solo soy una carga… Él te dará la paz, tranquilidad y felicidad que yo no puedo darte ni siquiera como amigo. Por que en este momento mi vida es un desastre.

Sus ojos estaban a punto de derramar lágrimas, su mirada viajo de un lado a otro. De los clientes a su plato y hacía la calle. No me miró y tuve que sostener su mano para que no soltara lágrimas, para que al menos recordara que yo seguía ahí.

—Si tú me lo pides, lo mío con Changmin se acaba.

Sin embargo Heechul solo se soltó de mi mano y volvió a comer, o al menos a mover la cuchara dentro del tazón de Kimchi.

—No lo hagas, él es mejor para ti. ¿No me estás escuchando?
—¡Pero tú me necesitas!

—¡Exacto! Tú sientes que debes estar conmigo, para protegerme, para ayudarme. Pero no por que quieres. Eres demasiada buena persona Siwon. Y eso estará en tu contra siempre. Por que no sé por que maldita razón sientes que debes protegerme. Debes madurar, y aprender que lo que te toca debes acomodarlo a tu favor y punto. Sobrevivir es la única opción.

Heechul soltó una vez más la cuchara, pasando una mano por su frente, no sabiendo que términos usar. Mirándome directo a los ojos y acercándose a mi rostro.

—Además, no pretendas dejar a Changmin. Por que yo no quiero una relación contigo, no quiero una relación con nadie. Sería muy injusto para ti.
—Entonces no me alejes, quiero estar ahí para ti, me importa muy poco si es solo como un amigo. Yo quiero estar ahí para ti, cuando me necesites, cuando no me necesites.

La crueldad entonces abandonó sus palabras, su rostro serio y determinado cambió. Las lágrimas volvieron a su rostro y en esta ocasión, no pudo evitarlas. Las secó brevemente con el dorso de su mano, evitando mirarme una vez más.

—¿Por qué? ¿Por qué no puedo tener más personas como tu o como Yoochun a mi lado? Yo no soy una mala persona… ¿Por qué ese tipo tiene que tratarme de esa forma? …¿Por qué mamá lo permite?

Entonces tapó su rostro, con las lágrimas fluyendo. Estaba tan familiarizado con la parte débil de Heechul que nadie más conocía, que supe que lo único que lograba confortarlo era un abrazo. Por eso me moví hasta él. Para que mis brazos cubrieran al menos un poco sus heridas.

—Odio que me insulte, que me grite, que me golpee… No quiero vivir así, no quiero.

Maldición… Su voz resquebrajada me hizo sentir como un inútil, por no poder hacer nada más por él. Lo abracé. Todavía un poco más fuerte y él solo se quejó, con un lamento involuntario cerca de mi rostro.

—¿Te duele la espalda?
—Un poco es que…

No me iba a mentir, no podía. Por eso únicamente me miró. Lo hice girar y levanté su buzo. Los morados en su espalda eran evidentes. Eso no era producto de la pelea con Changmin. Él lo sabía, por eso no me mentía.

—Se acabó, Heechul. Esto se acabó.
—Siwon, ¿Qué vas a hacer?

Dejé dinero sobre la mesa y tomé a Heechul de la mano. Detuve un taxi que nos llevara hasta su casa cuanto antes. En todo el camino Heechul no paraba de quejarse, de preguntar lo que haría. Que me detuviera.

Cuando llegamos a su casa y su madre nos abrió la puerta. Visiblemente preocupada por la hora y que su hijo no estuviera en casa. Yo solo la saludé brevemente y me acerqué al tipo que Heechul tenía por padrastro y lo empujé hasta que su espalda dio contra la pared.

—Escúchame bien maldito, esto es lo que va a pasar. Me voy a llevar a Heechul de este infierno y tú ni en un millón de años de te le vas siquiera a acercar a menos diez metros de distancia. Por que mi familia tiene mucho dinero y no te vamos a mandar a la cárcel, te voy a mandar al primer país más infrahumano que exista y voy a hacer que vivas ahí la peor de las miserias hasta que ruegues por que te maten.

El hombre solo abrió los ojos violentamente, arrugando el entrecejo. Atrás, la madre de Heechul solo se quejaba sin saber lo que ocurría, aunque en el fondo los sabía bien.

—¿Y crees que le temo a un muchacho de dieciocho años?
—Ponme a prueba y sabrás de lo que soy capaz, idiota.

Fue tan solo un empujón más, agarré a Heechul de la mano. Subiendo las escaleras directo a su habitación. Lejos, el sujeto ese solo gritaba que llamaría a la policía, la señora en cambio permaneció callada.

—Siwon, ¿Qué estas haciendo?
—Te llevo conmigo.

—Pero soy menor de edad, me pueden regresar.
—Tú confía en mí.

Guardar sus pertenencias fue mucho más fácil de lo que parecía. Solo tomó lo más importante dentro de una maleta y un pequeño bolso. Las cosas del conservatorio, y unos cuantos recuerdos. No tomó nada más.

Bajando las escaleras. El tipo vociferaba al teléfono y la mamá de Heechul solo tapaba su rostro con las manos. A punto de llorar.

—Sé que no permitirá que la policía vaya por Heechul a mi casa. Usted lo prefiere a él, entonces quédese con él, pero no deje que Heechul se siga hundiendo en esta miseria.
—Váyanse rápido, yo hablaré con la policía.

Apreté la mano de Heechul con fuerza. Su rostro solo reflejaba incredulidad. Y yo imaginaba que debía estar destrozado por dentro, que su madre continuara prefiriendo a ese sujeto lo debe estar matando lentamente.

Cuando salimos de la casa, y el aire frío nos golpeó con en la cara. Heechul solo apretó con más fuerza mi mano. En el taxi de regreso a mi casa. Heechul sollozo en mi hombro sin parar hasta que estuvimos relativamente cerca.

Heechul tenía el corazón roto una vez más.






Antes de que pudiera sacar las llaves. La puerta se abrió.

—¿Dónde estabas? Te cubrí con nuestros padres diciendo que te habías acostado temprano… ¿Heechul está bien?

Minho olvidó todo el regaño que me tenía preparado por salirme de la casa tan tarde en la noche, y miró con preocupación el rostro decaído de Heechul. Pero él solo asintió y Minho rápidamente nos ayudó con la maleta.

—Hermano, ¿qué está sucediendo?
—Luego te explico, Min. Lleva la maleta de Chul al cuarto de huéspedes.

Heechul me miró, yo le sonreí. Respiré profundo y subimos las escaleras hasta la habitación de mis padres. Ellos amaban a Heechul y sabían mas o menos los problemas que tenía.

No dudaba que lo dejaran quedarse, pero aún así él apretó su mano un poco más. Y cuando abrí la puerta y mis padres me miraron extrañados. Supe que sería una larga charla. Pero cuando mi madre abrazó a Heechul y lo abrigó entre sus brazos brindándole un poco de te.

Supe que en verdad no me había equivocado, no sería tan difícil.






Era viernes, temprano en la mañana, era el día de la presentación de Yoochun, tenía que recoger a Changmin, y había convencido a Heechul de que fuera a clases. Primero para que se distrajera, y segundo por que cantar junto a Yoochun y a mi en la feria lo ayudaría a desahogarse.

Pero cuando Changmin subió al auto y miró a Heechul junto a mí. Es obvio que se molestó. El chofer arrancó. Heechul miraba por la ventana y Changmin me miró directamente, yo solo le pedí que se calmara.

Pero eso al parecer, solo logró enojarlo más.






—¡Me tiene sin cuidado las razones por las que eres amigo de Siwon, no me puedes hablar de esa forma!
—¡Pues a mi me da igual la razón por la cual tú y él están saliendo! ¡Eres un perdedor así que no me hables!

Bajé del auto una vez estuvimos en el conservatorio, la pelea había iniciado unas cuadras atrás. Y estaba cansándome, la madurez de Changmin se había quedado en el mismo lugar que la de Heechul.

—¡De acuerdo, basta! Hablaré con los dos luego, ahora pórtense como gente. Y vamos Heechul que tenemos que hablar con Yoochun sobre lo de la canción.
—No me jales.

Agarré su brazo a pesar de que eso pareció molestarle. Changmin no dijo una sola palabra más. Hablaría luego con él. Sé que entendería mis razones.






Ya para las diez de la mañana el lugar estaba repleto de gente, chicos del conservatorio, particulares, chicos de otros institutos y conservatorios. Heechul había llegado frente a Yoochun disculpándose por haberse prácticamente desaparecido.

Y ambos se habían quedado practicando la canción.

Yoochun se sentía victorioso. Había logrado que su presentación fuera antes que la de Junsu, la dichosa práctica de baile no podía ser, tenía el pie todavía un poco lastimado. Y por tanto cantar había sido su última opción.

No estoy absolutamente seguro de si el plan de Yoochun es dar punto final a lo que siente por Junsu o sencillamente humillarlo una vez más. Opacarlo con su voz y todo lo demás, pero mientras tanto llevo estas botellas con agua hacía donde estamos practicando, solo por que tenía la esperanza de encontrarme con Changmin y aclarar las cosas.

—¡No te he visto casi una semana! ¿Al menos podríamos terminar la conversación de la vez pasada?

Esa, sin duda. Era la voz de Jaejoong, cuando giré un poco la cabeza. Lo vi cerca de los postes del escenario agarrando a Yunho por el brazo y evitando que continuara alejándose de él.

—¿Cuál es tu maldito problema Jaejoong? ¿Qué es lo que quiere oír? Ya estás saliendo con quien desde siempre te ha gustado. ¿Por qué te encanta complicarte la vida?
—¡¿Por qué no me dijiste que Yoochun y tú eran hermanos?!

—¿Eso hubieran cambiado las cosas? ¿Hubieras dejado de salir con él por que es mi hermano? Por supuesto que no, la única razón que impediría que salieras con Yoochun es que… Sintieras algo por mí, pero no es así. Entonces deja de empeorar la situación, por favor.

Yunho se soltó, alejándose con paso rápido. Jaejoong se quedó ahí, susurrando vagamente unas palabras que Yunho ya no escuchó.

—…¿Y qué, si finalmente quien me gusta eres tú?

Lo primero que pensé fue: ‘Pobre, Yoochun’ por eso decidí avanzar. Para que Jaejoong no notara mi presencia. Pero luego pensé que Jaejoong estaba en su derecho de sentirse confundido. No era un secreto para nadie que desde siempre le gustó Yoochun.

Y que de pronto apareciera Yunho, el hermano de Yoochun y lo cambiara todo. Aún así. Si de algo estaba seguro es que Yoochun no amaba a Jaejoong, al menos no, de esa manera. Varios metros más allá vi a Junsu detener el camino de Yunho.

Vi que lo abrazó, lo vi preocupado por Yunho.

¿Junsu… Apreciaba a Yunho de verdad?






—Listo muchachos, prepárense que en unos segundos salen.

Yoochun asintió, con una sonrisa en el rostro.

Heechul ajustó su violín y yo solo jugué con los palillos de la batería en mis manos. Yoochun lucía nervioso como nunca antes.

—¿Estas seguro de que quieres cantar esa canción?
—Es mi adiós definitivo.

—Junsu no lo entenderá así, ¿lo sabes, verdad?
—Lo sé, y creo que es mejor así.

Yoochun solo arreglo su chaleco negro, abotonándolo por completo y cuando la banda anterior a nosotros terminó su interpretación. Supimos que nuestro turno había llegado. Yoochun respiró profundo, apretando sus manos y dibujando una sonrisa amplia en su rostro.

Fuera la gente empezó a alabarnos. No habíamos anunciado que participaríamos. ¿Por qué había tanta gente apoyando, entonces? Nos colocamos en nuestros lugares y Yoochun estuvo frente al micrófono respirando hondamente por última vez.

Ubiqué los ojos de Changmin de entre el público, un poco a lo lejos, sentado en una silla junto a Jaejoong. Junsu en cambio estaba junto a Yunho. Unos metros más alejados. Junsu parecía sorprendido.

Heechul dio inicio con leves notas, apenas percibidos. Y Yoochun cerró los ojos.


Así que, ahora puedo decir que me siento seguro
Pero eso no me hace sentir mejor
Porque ahora está fuera de mi vida
Y nunca más quiere volver a verme


Lentamente el público fue guardando silencio. La voz de Yoochun logró endulzar al mundo entero. Con su voz plasmada de dolor y sensualidad al mismo tiempo. Con su rostro reflejado en cada palabra. Con un dolor que nadie sabía, pero que tampoco podía ser fingido.


¿Qué puedo hacer para solucionar este problema?
Porque, te necesito… Más de lo que el cielo de la noche necesita a la luna
Hey ~ Tengo que enfrentar el hecho de ya no está aquí,
Así que estoy por comenzar mi lamento, ¿Puedes escuchar mi grito?
Dios, cuanto lo necesito.
Tiene que tomar su lugar en mi vida



Desde esta perspectiva, la manera en Junsu miró a Yoochun me hizo recordar mucho al Yoochun que un día llegó emocionado diciéndome que había encontrado a la persona que había robado su corazón definitivamente.

Por que aunque Yoochun se dedicó solo a cantar, y plasmar sus emociones guardadas en cada tono de su voz. Yoochun nunca miró a Junsu. No miró a nadie en especial. Yoochun solo se sumergió en sus recuerdos, en lo mucho que había llegado a amar a alguien que solo lo lastimó.

…Y en lo mucho que probablemente Junsu no merecía las siguientes líneas.


Te amo y eso significa que esto no puede ser
Me encanta que esto es el principio de un todo.
Te amo, este no es el final.
Me encanta que esto es solo el principio.



Fue un breve instante. Jaejoong deslizó su mirada hacía Yunho y Yunho lo hizo también. Sus ojos se encontraron sincronizadamente. Y aunque estuvieron así por un breve momento. Yunho solo regreso su mirada al escenario.

Y a Jaejoong pareció no sorprenderle aquello.


Todo lo que quería era decir: 'Te quiero'
Pero era demasiado inseguro.
Pero si el destino te trae de vuelta
Lo diré: 'Te amo'


Heechul lucia concentrado en lo que hacía, en acompañar a Yoochun de vez en cuando haciendo post voice. Su rostro lucía un poco más relajado. Y por alguna razón recordé sus lágrimas.

Lo mucho que desee poder sacarlo de aquí, incluso de este país. Para que ni por error recordara o volviera a encontrarse con ese sujeto. Quería con tantas fuerzas un futuro para Heechul, y ya para instante no me importaba si era lejos de mí.

Esto es realmente mi culpa
Porque cuando te fuiste ese día
Mis lágrimas luchaban por salir
Dios, estoy por comenzar una vez más.
¿Escuchas mi llanto?


Changmin de pronto bajó la mirada.

Estoy seguro que no fue por mí, no fue por la canción. Sus pensamientos volaron lejos de aquí. Y es que, aunque Changmin no lo aceptara y me desviara el tema cada que le nombraba Minho le importaba.

Y el grado de importancia podía medirlo por cada vez que lo veía salir de mi casa cada que él llegaba. Y por que desde hace mucho que ni siquiera hablaban. Changmin había marcado distancia y Minho lo había aceptado.

De pronto la voz de Yoochun pareció fundirse. Yoochun se aferró al micrófono. Con su voz un poco apagada y temí por que se desmoronara frente a todos. Pero antes de que Yoochun terminara su canción, Junsu se levantó, Yunho lo siguió.

…Y las últimas frases de Yoochun salieron en un tono triste y desamparado.


Realmente te necesito, Por favor regresa...
…Aunque sea solo por hoy.


Los aplausos llegaron, pero Yoochun no volvió a sonreír. Junsu no había querido escuchar su canción hasta el final. Junsu no había escuchado la última suplica lastimera de Yoochun.







—¡Esto me tiene harto! Soy un imbécil.
—¿Yoochun te quieres calmar?
—¡¿Lo viste?! ¡Parecía que mi canción incluso hasta lo fastidio!

Heechul negó, intentando que Yoochun se calmara un poco. Logre interponerme entre ambos, pero la voz de Yunho y Junsu discutiendo nos hicieron girar. Ahí estaba Junsu, siendo detenido por Yunho, pidiéndole que se calmara.

—Junsu estás exagerando. De todas formas solo necesitas salir a cantar y la profesora te pondrá tu nota. No puedes bajar tu promedio.
—¡Yoochun lo hizo apropósito, se presento antes que mi para que no hubiera punto de comparación! ¡¡Para humillarme!! ¡Él solo quiere vengarse de mí!

Yunho lo agarró por el brazo pero Junsu se soltó.

—¡Junsu basta! ¡¿Escuchaste siquiera la letra de esa canción?! ¿Por donde decía que quería vengarse de ti? ¿Vengarse de que?
—¡¡De todo lo que le hice!!

Junsu pasó una mano por su rostro, exasperado, molesto. Estaba a punto de explotar. De que su máscara se le cayera, e instintivamente Yoochun dio un paso hacía adelante. Era el momento que Yoochun había esperado.

…Junsu iba mostrarse como era.

—¿Qué le hiciste a Yoochun?
—¡Lo utilicé de acuerdo! ¡Lo utilicé mezquinamente! Yo… Usé su amor para lastimar a mi hermano. Por que a Junho le gustaba Yoochun.

Yunho entonces se paralizó. Pareció perder la brújula del mundo y como giraba. Fue como si por su mente pasaran demasiadas ideas y creerle le resultara incluso hasta imposible, a pesar de que el mismo Junsu estaba confesando.

—…¿Me estás hablando enserio? Pero tú…
—Yo soy una horrible persona, hyung.

Junsu bajó la mirada y Yoochun entonces dio media vuelta y se marchó. Heechul solo suspiró. Por que Yunho permaneció callado. Aún si poder creer aquello y Yoochun necesitaba este momento a solas.






Esa noche Minho llegó con el premio del primer lugar en las manos.

Con una deslumbrante sonrisa en el rostro. Saltando sobre mí y abrazándome con fuerza. Lleno de un entusiasmo que distaba mucho del ambiente tenso que todos habíamos vivido ese día en la feria.

Conseguimos el primer lugar, y un viaje a no sé donde. Yo ni siquiera sabía que el primer lugar ganaría algo. Pero luego de eso Minho quiso hablar seriamente y decirme la verdad, decirme por que había decidido cortar definitivamente cualquier tipo de relación amorosa con Joonghyun esa mañana.  

Mi hermano menor fue sincero, con dificultad, me miró a los ojos y me confesó: Que se había enamorado de Changmin, que no se interpondría entre nosotros, pero que era justo que lo supiera. 

Justo en este momento no estoy muy seguro de cuan bueno o malo puede ser esto para mi propia confusión.






Publicado por: Siw409
Estado: Tired.
Escuchando: 101. (Tiziano Ferro)