KINGDOM TVXQ!

CLOSE 2U
Arualthings

Our World

Sus mundos eran totalmente diferentes, sus familias y amigos no entendían su relación, pero lo que sentían el uno por el otro, era más fuerte que todo lo demás. Lo que no sabían, es si esto sería suficiente para estar juntos.

El príncipe de los bárbaros

En un mundo antiguo un hombre busca levantar a su pueblo e inicia la búsqueda de un ser que le brindará todo el poder que necesita, sin saber que forma parte de un historia muchísimo más grande que su propia ambición. Shim Changmin y Kim Junsu se encontrarán de forma inesperada para formar parte de un destino dictado por la atracción entre gemas.

Insano

Junsu no podía creer que aún después de todo ese tiempo de humillaciones por parte de sus dos mejores amigos él no se hubiera vuelto completamente loco, desquiciado; en cambio se sentía renovado, en una nueva piel.

Lluvia de estrellas

¿Crees en los deseos? Yunho alzó la vista al cielo y con una lágrima oró a las estrellas para que le concedieran un deseo… desde ese momento el destino de Changmin reposó entre sus manos. El máximo inconveniente es recordar… ¿quién es Changmin?

You are everything I've been looking for

Después de una decepción amorosa, Changmin decide alejarse de la vida como la conoce, acompañado de su mejor amigo Jonghyun. Juntos descubrirán sentimientos que les cambiarán la vida para alejarlos o acercarlos más, mientras conocen a un grupo de peculiares personas en un lugar común y corriente...

Dolor

Todos tenemos algo que ocultar en nuestras vidas pero ¿Qué ganamos con eso? ¿El guardar todo ese dolor solo para nosotros, no también causa dolor a los que nos rodean?

Novio secreto

La relación de Changmin y Jaejoong era un secreto para el mundo, sus únicos testigos eran aquellos lugares donde se veían a escondidas, los testigos mudos de su amor y su pasión, de su tristeza y desesperación.

Mostrando entradas con la etiqueta Autor: Bloody-Rose-chan97. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Autor: Bloody-Rose-chan97. Mostrar todas las entradas

Fallen Angel

Titulo: Fallen Angel
Autor: Bloody-Rose-chan97
Pareja: YunJae/JaeHo
Géneros: Slash, drama, angustia.
Extensión: One-shot
----
~

Miró a su alrededor y soltó un suspiro mientras sacaba las llaves de la casa; no tenía ganas de estar allí, en ningún sitio realmente, pero no era algo demasiado importante. Muy a su pesar, giró el trozo de metal consiguiendo sin esfuerzo que cediera la cerradura y entró a la casa con lentitud. Estaba cansado.

Aquella noche, como muchas otras, se encontraba solo, ni siquiera Taepoong se había dignado en ir a recibirle. Supuso que el animal había olido su mal humor, no le culpaba, la verdad. Llevaba demasiado tiempo decayendo como para saber que hasta alguien a un kilómetro se alejaría de él nada más verlo. ¿Estaba siendo exagerado al pensar en eso? Era posible, de todas formas, lo traía sin cuidado.

Se quitó los zapatos por el camino, y dejó caer la chaqueta al suelo antes de sentarse en el sofá con cansancio. Ya allí, cerró los ojos y se echó hacia atrás llevando una mano sobre estos para taparlos. No quería ver nada, ni pensar en nada, quedarse dormido sería lo ideal, pero estaba seguro de que como las noches anteriores el insomnio le haría una mala jugada.

¿Cuando había empezado todo eso? La razón no era el trabajo, como todos debían pensar, ni siquiera las fans obsesivas o los malos horarios. Total, eso llevaba años siendo costumbre. Supuso que todo empezó con la separación del grupo, ¿o quizás antes? Más bien, la cosa había empezado cuando su relación con Kim JaeJoong comenzó a llevarse de una manera más... violenta.

No obstante, ¿quién era Kim Jaejoong? Era su compañero...ex-compañero, la persona con la que le había tocado hacer aquellas sesiones de fanservice que tanto gustaban a las fanáticas —Dios sabía por qué—, aquel que se había marchado como un "traidor" con otros dos integrantes; así es como se veía de manera profesional  al hombre que le daba dolores de cabeza. Pero eso no era suficiente para describirlo, ¿quién era Kim JaeJoong? Esa persona tímida y a la vez atrevida que solía pelearse con su maknae, ese "bueno-para-todo" que la gente admiraba, aquel ángel... de alas negras.

Sonrió con ironía, debía admitir que aquel tatuaje de alas en la espalda le quedaba genial, había tenido tantas oportunidades de verlo... No obstante, el concepto iba más allá de eso, ¿y si Kim Jaejoong fuese realmente un ángel? Estando donde estaba, y conociéndolo como lo conocía, el papel de ángel caído no se veía algo tan descabellado.

Y es que para él Jaejoong era eso, un ángel de alas negras. Un demonio escondido bajo un rostro de perfección, muchas personas podían conocer a Hero —nombre que le habían dado— y realmente "Hero" podía ser un héroe sin defectos, sin embargo, la realidad era un poco diferente.

Había pasado hacía ya mucho tiempo, él se había enamorado de JaeJoong, de su compañero, de otro hombre, no era algo que pudiera exponer en público, por supuesto, y de una forma u otra, habían acabado siendo una verdadera pareja, más allá del fanservice, querida inocentemente —si es que así podía calificar a las fans— por muchos y conocida solo por unos pocos. Este último, era el caso de Kim Heechul, su mejor amigo, quien le había advertido demasiadas veces, y nunca le había hecho caso.

Soltó un suspiro y se levantó del sofá, recogiendo las cosas que había tirado al suelo.

Se sentía un completo masoquista.

Entró en la cocina con desgana mientras volvía a suspirar y se acercaba a la nevera para abrirla. La luz se hizo presente unos instantes, mientras se mantuvo abierta, y el lugar volvió a la penumbra cuando sacó el cartón de leche para beber, sin preocuparse siquiera por tomar un vaso. ¿Para qué? Nadie vivía ahí más que él y su mascota.

En ese momento, mientras se sentaba en una silla a oscuras y comía a penas unas galletas, dio las gracias porque el único compañero que le quedaba, Changmin, no lo viese en ese estado. ¿Qué clase de ejemplo sería? Aunque sabía que el más pequeño no era idiota, se había dado cuenta de su comportamiento, pero simplemente podía evadir las preguntas.

"Estoy bien". Y una sonrisa falsa.
A eso se limitaba su trato con los demás.

¿Cómo una sola persona podía trastocarlo hasta ese punto? Las cosas habían empezado a ir mal hacía bastante, JaeJoong, ese ángel caído, era una persona extraña. Nunca había conseguido entender del todo su comportamiento, aunque seguramente él mismo tenía gran parte de la culpa.

—Mírate, Yunho, eres patético —volvió a reír amargamente terminando su "cena", no tenía hambre, tampoco sabía cocinar.

A veces fantaseaba con el día en que el mayor apareciera en su casa cuando llegara y lo saludara con un beso. "¿Has tenido un buen día?" "Ahora que te he visto, lo es." Y ambos se mirarían como en una película romántica y acabarían la escena final tomados de la mano con un "para siempre" dibujado en sus labios.

Pero la vida real no era como las películas.

En la vida real no existían los "para siempre", en la vida real JaeJoong y él debían esconderse del mundo por muchas razones, en la vida real estaban demasiado lejos y a penas podían verse, en la vida real existían los celos, las paranoias, el estrés, los malos entendidos... en la vida real, las discusiones y desconfianzas entre ellos eran el pan de cada día. Incluso en la distancia.

Cerró los puños con algo de fuerza, tenía ganas de golpearse, se había prometido que no iba a pensar... Qué estúpido había sido, estaba claro que no iba a poder evitar que se colara a cada segundo en sus pensamientos.

Jung Yunho, líder de TVXQ! amaba a Kim JaeJoong como nunca había amado a nadie.
Y aún con todo eso, Jung Yunho odiaba a Kim JaeJoong.

No podía evitar ninguna de las dos cosas, ahí estaba él, sufriendo por su frialdad, por celos, por sus enfados constantes por a saber qué cosa sería esta vez... Se sentía completamente destrozado. Roto. Todo daba igual, en su mente solo estaba su novio, su rostro de ángel, su personalidad extraña, era todo tan retorcido... Parecía un perrito detrás de su dueño en busca de cariño, pero siempre que intentaba aferrarse a su mano... JaeJoong solo lo dejaba caer.

¿Era tan poca cosa?

Quería acabar con eso, se estaba quebrando cada vez más, pero no era capaz de dejar a JaeJoong, aunque él lo había intentado, y de hecho habían roto más de una vez, buscaba la forma de volver a estar a su lado. Parecían un imán, se atraían y repelían a cada momento.

Y aún así necesitaba tenerlo cerca, escuchar su voz, abrazarlo, aunque lo rechazara o discutieran cada dos días, aunque la sociabilidad de JaeJoong le diera dolores de cabeza por los coqueteos constantes...

—Definitivamente eres patético —se repitió a sí mismo dejando comida y agua para su perro antes de salir de la cocina y dirigirse a su habitación, era tarde, aunque no pudiera, al menos intentaría dormir.

Quizás con un poco de suerte el cansancio acabara por matarlo un día de esos. ¿No se suponía que la empresa los sobre-explotaba y por eso su gran amor-odio se había marchado? Pues él veía más dañina su relación que el trato que recibía dentro de su discográfica.

—¿Estarás sufriendo en silencio como yo, JaeJoongie? —preguntó al aire sin esperar respuesta— ¿Te estarás emborrachando para olvidar los problemas? ¿O quizás estás riéndote con alguno de tus amigos mientras yo estoy aquí pensando en ti?

Gateó sobre la cama hasta llegar a la zona de la almohada y hundió el rostro en esta, tratando de tragarse las lágrimas que amenazaban por salir de sus ojos. Podía revivir con total certeza cada momento del tiempo que llevaban juntos, bueno o malo, todas esas cosas que nunca olvidaría a pesar de su mala memoria, cosas que sabía que su ex-compañero había dejado guardadas en el baúl de los recuerdos, él mismo le había dicho más de una vez, que no era capaz de recordarlas.

Cerró los ojos mientras se giraba para quedarse acostado de lado, sin soltar la almohada que ahora tenía abrazada.

—"No te vayas, ¿no eres capaz de decir ni eso?" —tarareó la letra de uno de sus últimos álbumes coreanos—"Baby, catch me, catch me, catch me, girl, tonight, antes de dejarme ir..." —dejó la letra inacabada estrechando la almohada entre sus brazos, lo que daría porque ese trozo de tela se convirtiera en su novio por arte de magia.

Menuda ocurrencia. Eso no pasaba ni siquiera en las películas.

Buscó el teléfono en su mesilla de noche, aunque seguramente no recibiría respuesta, no perdía nada por intentarlo, total, ¿qué más podía pasarle desde la última discusión? Respiró hondo mientras esperaba y las canciones de Wrong Number y Telephone empezaban a sonar en algún lugar lejano, dentro de su mente. ¿Realmente iba a esperar una llamada cortada? ¿Su novio —al que quizás debería llamar ex-novio— se atrevería a hablarle?

Se sentía cada vez más estúpido, al darse cuenta de que, una vez más, había sucumbido a la presión en su pecho y de nuevo estaba tras él, buscándolo, aunque el otro nunca se hubiera tomado la molestia de hacerlo.

Nunca habría creído que llegaría a ser tan masoquista. Su amor obsesivo tenía la culpa después de todo. No importaba si eso terminaba matándolo, necesitaba escuchar su voz al otro lado del teléfono, y volver a hundirse en la desesperación con tal de tenerlo cerca.

Jung Yunho amaba a Kim JaeJoong. Amaba a esa persona que todos querían por su perfección, amaba a ese cruel demonio que se escondía bajo el aura de un ángel. Lo había hechizado y ya no había nada que hacer, Jung Yunho daría la vida por Kim JaeJoong.

Aunque el odio hacia esos sentimientos creciera día a día, aunque supiera que debía alejarse, por mucho que Heechul se lo repitiese y las sonrisas falsas dejaran de funcionar con la gente cercana, aunque se sintiera cada vez más idiota y masoquista...

—"Baby, I swear... forever."

~

Beautiful Nightmare

Titulo: ~ Beautiful Nightmare ~ 
Autor: Bloody-Rose-chan97
Pareja: YunJae/JaeHo
Género: Slash, drama, reflexión.
Extensión: Drabble
----
~

Se había levantado de mal humor, quizás esa fuera ya una costumbre suya, con ganas de nada, de echarlo todo por la borda, o de tan solo volver a sumergirse en alguna de sus pesadillas siempre que poco tuviesen que ver con la realidad.

Pero aquello no era algo posible, no podía permitirse tal lujo, así que simplemente caminó hacia el cuarto de baño para poder lavarse la cara y desperezarse. Hecho esto, volvió al pasillo con las manos guardadas en los bolsillos y no pudo evitar, no obstante, detenerse frente a una de las habitaciones de aquel lugar.

Era la habitación de él, donde solo estaba él, abrazado a la almohada como un niño pequeño en busca de cobijo, con todas las sábanas tiradas por los suelos por el calor.

Durante un rato, observó en silencio a aquella persona con el cabello revuelto que era a veces movido por el aire del ventilador que se había quedado toda la noche encendido.

Para cuando quiso darse cuenta, todo el enfado se había esfumado en cuestión de segundos, y solo sintió como un temor profundo lo invadía, ese miedo atroz que sentía ante la idea de hacerle daño, ese miedo a no poder alejarse de él aún si se sentía ignorado o dañado. Ese miedo a aquel sentimiento que tiempo atrás se había instalado en su corazón y que nadie más podía conseguir.

Ya estaba tirado en el suelo, con los brazos apoyados en la cama del contrario mientras lo observaba en silencio, prácticamente hipnotizado por aquel rostro ahora apacible por el sueño. ¿Habría estado llorando quizás? La pregunta le asaltó en la mente dejándolo más preocupado.

Soltó un pesado suspiro revolviéndose el pelo con una mano, ¿por qué no podía dejar de pensar en él? Aún con el rastro del llanto él mismo, todo lo que le pasara daba igual, aquella persona siempre sería su prioridad.

Cerró los ojos cansado, por alguna razón se sentía como un perro, siempre corriendo detrás de él, buscando algo cariño, incapaz de morderlo o ladrarle por miedo a lo que pueda pasar, defendiéndolo de todo lo que se acerque. Quizás se pareciera a un perro. Tendría que estudiar el comportamiento de su mascota para averiguarlo.

Volvió a abrir los ojos y en lo que se reincorporaba llevó una mano a su cabello para acariciarlo, luego lo acomodó y poco a poco, echándole una última mirada, acabó por salir de la habitación, dirigiéndose a la cocina para hacer el desayuno. Tal vez podría hacerle algo, aunque no fuera buen cocinero, tal vez podría alegrarle un poco el día.

Suspiró de nuevo al darse cuenta de sus pensamientos. ¿Acaso no había nada que lo hiciera dejar a un lado esa prioridad que le daba? Al parecer era una misión imposible, tampoco es que le molestara demasiado eso.

Quizás nunca podría cambiar esa forma de pensar. Su estilo de vida había pasado a un plano confuso. Tal vez nada tuviese sentido, como en un sueño. ¿Y si todo era un sueño? Entonces aquella debía ser la más hermosa de sus pesadillas. Aquella de la que nunca querría despertar.

¿Cómo podía ser que de tan solo verlo el sentimiento hubiera cambiado de una forma tan radical, pasando su enfado a algún rincón de la sala? Mientras peleaba con el exprimidor de naranjas, se dio cuenta de que una vez más había caído, sumergido en aquella manera tan egoísta y masoquista que tenían de llevarse.

Pero, ¿eso debía importarle? Aún si nadie lograba comprenderlo ni en un millón de años y todos fueran en su contra día tras día, él no era capaz de dejar de luchar por aquello que tantas veces había denominado con la palabra "amor".

Y total, ¿qué importaba? Dijeran lo que dijeran, sus sentimientos nunca serían cambiados, porque aquella piedra con nombre y apellido se había hecho un hueco demasiado grande en su mente, y sería imposible reemplazarla.

~

Whatever They Say


Titulo: Whatever They Say
Autor: Bloody-Rose-chan97
Pareja: YunJae
Género: Slash, romance, WAFF
Extensión: One-shot
----

"No es bueno para ti", solía decirme, "Te hará daño, es caprichoso". Y tal vez fuera verdad, yo estaba plenamente consciente de cómo eras, de cómo giraba el mundo a nuestro alrededor, de lo peligroso que todo podía ser...y aún así...

—Te amo —susurré contra sus labios mientras mis manos seguían ancladas en tu cintura, como si temiera que fueras a huir en cualquier momento si te soltaba.

Cosa que, por supuesto, nunca pasó; tan solo dejaste escapar un "Yo también" a penas audible que yo pude escuchar gracias a la cercanía que teníamos antes de que una de tus manos se posara sobre mi mejilla. Te estreché más contra mí, me gustaba sentirte cerca; aún me sigue gustando.

Estábamos en nuestro ansiado día libre; JunSu había ido a visitar a su familia, por otro lado, ChangMin y YooChun habían decidido perderse por las calles de Seúl. Probablemente no volverían hasta la noche, eso en cierto modo me tranquilizaba, ya que así podría pasarme todo el día allí, tumbado sobre tu cama, robándote el sabor de tus labios.

Mientras aún me perdía en mis pensamientos, sentí cómo tus brazos me rodeaban, igual que lo hacía yo, e inconscientemente sonreí buscando nuevamente tu boca.

—Te amo... —murmuraste ahora tú sin apartarme la mirada, seduciéndome sin darte cuenta con aquellos ojos negros... aquellos ojos que me hacían mandar al diablo a HeeChul con todas sus paranoias y advertencias cada vez que me perdía en ellos.

"Lee SooMan os matará como se entere, ese hombre es capaz de todo", me había dicho una vez; el día en que me descubrió besándote en aquel camerino... y tenía razón. A decir verdad, había sido muy descuidado, casi le agradecí al cielo que hubiese sido él quien nos encontrara y no otra persona del personal del staff, que probablemente nos hubiera delatado.

Aún así, dejando de lado que ambos fuéramos hombres y que podríamos cargarnos nuestra carrera si nos pillaban, a HeeChul no le agradaba demasiado la idea de que lleváramos una relación. "Es caprichoso", repetía muchas veces, "tan caprichoso como un niño, ¿qué harás si se cansa de ti?", me preguntó una vez mientras buscaba una lata de cerveza en la nevera, yo solamente pude fruncir el ceño, a mi amigo se le había escapado esa idea, aquella en la que jugabas conmigo y me engañarías con alguien cuando te encapricharas con ello. Yo no le había hecho caso, pero debía reconocer que de sólo pensarlo algo se oprimía dentro de mí. ¿Qué haría si dejaras de quererme?

—Te amo —repetiste—, te amo, Yunnie... —dejaste que tus brazos se deslizaran alrededor de mi cuello mientras hinchabas las mejillas, pegando tu cuerpo al mío, ya que me veías distraído y querías llamar mi atención, realmente eras como un niño...

Te sonreí levemente y empujé tu cuerpo para recostarte en el colchón bajo el mío; lejos de sorprenderte, me dedicaste una sonrisa victoriosa, habías conseguido tu propósito: tenías mi mirada fija en ti. Ser el centro de mi atención te satisfacía. Yo alcé una ceja sin poder evitar reír un poco ante aquello y dejé que me atrajeses contra tu cuerpo de nuevo en un abrazo, pegándome a ti, e incluso rodeándome con las piernas; te gustaba provocarme.

—Me pregunto cuándo llegará el día en que te canses de mí... —pensé en voz alta hundiendo el rostro en el hueco de tu cuello, cerrando los ojos para disfrutar un poco de tu calidez.

Hiciste una mueca de desagrado.

—¿Otra vez con eso? —me obligaste a mirarte de nuevo y sin darnos cuenta ya estábamos fundiéndonos en un beso —Me da igual lo que piense o diga Chul; yo te amo de verdad, YunHo-ah... —dijiste tras romperlo para después dedicarme una cálida sonrisa, como sólo tú sabes hacerlo, amo verte sonreír...

—Digan lo que digan... —recordé la letra de una de nuestras canciones y volví a esconderme entre tu cuello y tu hombro, respirando tu aroma... Enredaste los dedos en mis cabellos —. Te amo, JaeJoong.

Volvimos a besarnos, sin prisas, pues todavía nos quedaba todo un día por delante, y dejé en el olvido las dudas y el temor por lo que el futuro nos deparara. Confiaba en ti. Con eso era suficiente, incluso si HeeChul tenía razón, incluso si eras como un niño, dijeran lo que dijeran, mientras pudiera mantenerte entre mis brazos era suficiente para mí...

Incluso ahora, que a penas puedo verte a escondidas, aunque los rumores que se llevan proclamando años entre Cassiopeia no terminaran con la separación del grupo y sigan sus miles de teorías, incluso con la vigilancia extra de la SM y aunque HeeChul me recuerde que me estoy jugando mucho en esto; aún sigo impaciente por volver a verte y escuchar cómo me susurras al oído una de aquellas canciones del repackage de tu primer trabajo en solitario. Ante el mínimo descuido del staff volveré a escapar para verte. Digan lo que digan.

No te abandonaré

Titulo: No te abandonaré
Autor: Bloody-Rose-chan97
Pareja: YunJae
Género: Slash, drama
Extensión: Oneshot
-----

“Te odio.”

Aquellas dos palabras habían salido de mi boca en un murmullo casi inaudible, aquellas dos palabras que pocas veces había pronunciado a lo largo de mi vida, aquellas dos palabras que ahora parecían cobrar una fuerza desbordante mientras cerraba los puños para tratar de serenarme. Suspiré con cansancio y ganas de tener el cuello del causante de mi ira entre mis manos dirigiendo más tarde mi vista hacia ti.

Estabas ahí, durmiendo en mi cama, tranquilo, como si no pasara nada, como si todo estuviese bien, no obstante, en tu rostro aún quedaba el rastro de las lágrimas que habías derramado hacía tan solo unos minutos; sentí como la rabia me recorría al recordar el estado en el que habías aparecido aquella noche:

La hora oscilaría alrededor de las once y media, hacía frío, por lo que la idea de meterme en la cama y perderme bajo las sábanas de franela de diversos tonos azules era bastante tentadora, aunque por otro lado quería aprovechar los días libres que la agencia nos había dejado a Changmin y a mí, que no habíamos parado de trabajar arduamente durante las tres últimas semanas. Y así, entretenido como estaba en tomar esa simple decisión, casi no pude oír el ruido de la puerta siendo golpeada débilmente desde afuera. Cinco minutos más tarde, o quizás diez, tras percatarme de que alguien llamaba, me dispuse a ir a abrirla encontrándome allí con tu figura temblorosa.

Durante apenas unos segundos, me quedé paralizado. Estabas horrible: tenías el rostro más pálido de lo normal, aunque quizás eso se debiera a tus ojos enrojecidos y ligeramente hinchados que delataban que habías estado llorando durante bastante rato; unas ojeras se dejaban ver bajo estos mostrando el cansancio que debías de llevar encima…

—¿Puedo pasar? —preguntaste en voz baja consiguiendo despertarme de mi trance y que me apresurara en dejar de bloquear la entrada dándote paso.

—¿Qué ocurrió? —dije yo nada más cerrar la puerta por la que entraba un gélida brisa.

—Nada —evadiste aquella pregunta empezando a caminar hasta perderte por el pasillo.

Dibuje una mueca de frustración: detestaba que te guardaras los problemas para ti solo. Tal vez pensaras que no me daba cuenta de tus sonrisas falsas, pero cada una de ellas se sentía como una puñalada. Nos conocíamos desde hacía muchos años, por supuesto que podía ver a través de tus dotes de actor, por muy bien que se te diera.

Sin embargo, aquella noche no era igual, tu ya tan habitual sonrisa fingida había sido eclipsada por esa expresión de aflicción.

—Es él, ¿verdad? —me limité a decir llegando hasta dónde estabas apresándote contra mí, obligándote a detenerte, y sentí como tu cuerpo volvía a temblar tenso entre mis brazos: había dado en el clavo—. No puedes seguir así, Jaejoong —intenté hablar con calma, quería hacerte razonar—, solo lograrás hacerte más daño —te hice girar hacia mí para mirarte a los ojos que cristalizados trataban de retener el llanto.

Esa imagen me partía el alma.

Y si él hubiese estado allí, si tu novio hubiese estado allí, puedo asegurar que no habría dudado en hacerlo pedazos.

Tu orientación sexual siempre había sido un secreto a voces, recuerdo muchas veces en las que hombres se te acercaron buscando algo más que amistad (también algunas mujeres que conservaban la esperanza), ese hijo de puta era uno de ellos. Desde el día que lo conocí deseé que desapareciera de nuestras vidas. Y he de reconocerlo, estuve celoso de él mucho tiempo, sin lugar a dudas tenías un magnetismo que atraía a medio mundo hacia ti, yo caí en tu hechizo sin percatarme de ello.

Pero mi repentino enamoramiento no era el problema.

Él era el problema.

En lo que llevabais juntos te había hecho tanto daño que yo ya no sabía qué hacer para poder ayudarte, odiaba ver cómo te tragabas tu sufrimiento. Él no quería ver una mala cara, todo tenía que ser a su manera. El amor y la amistad se convirtieron en una relación inexistente, te esforzabas tanto por ese desgraciado… Y todo iba de mal en peor.

Llegué a pensar en la posibilidad de que estuviera con otra persona; la sangre me hervía de sólo imaginar tal atrocidad. Aunque no era como si fuera el más indicado para hablar de eso, pues tú y yo tampoco habíamos seguido las reglas precisamente. De todas formas la palabra “amante” nos quedaba demasiado grande, jamás habíamos pasado de un simple beso.

Yo no quería ser tu amante.

Quería ser quien te trajera la felicidad.

Mientras mi mente daba vueltas a todo aquello y más, no tardaste en desviar la mirada hacia cualquier otro punto huyendo del contacto visual. No querías llorar; no querías que te viera llorar. Tenías metida en la cabeza la idea de que debías ser fuerte y reprimirte.

Solté un largo suspiro a la vez que tomaba tu mano con la mía para guiarte por el pasillo hasta mi habitación. Te sentaste en mi cama, sobre aquel mar azul en el que un rato antes había querido sumergirme, con la mirada gacha, sin decir una palabra.

—Jaejoong, mírame —te pedí sentándome a tu lado mientras llevaba mi mano a tu rostro para levantarlo sin mucha fuerza—. Llora —la palabra “desconcierto” se dibujó en tus ojos ante aquella orden—, si lo necesitas, llora, desahógate, no intentes estar bien cuando no lo estás —mi mano se desplazó por tu mejilla, acariciándola en un pequeño intento de darte confianza—. Conmigo no tienes que fingir, déjame ser tu apoyo…

Antes incluso de terminar de pronunciar aquellas palabras, ya te habías abrazado a mí escondiendo tu rostro en mi pecho. Te sujetabas fuertemente a mí, finalmente rompiste a llorar soltando el dolor que retenías y estabas temblando más que antes; si hubieses estado de pie habría tenido que sostenerte.

Estuvimos unos minutos —que podrían haber sido horas— así: tú desconsolado, preguntándote entre balbuceos por qué las cosas tenían que ser de esa manera, y yo susurrándote al oído palabras tranquilizadoras aguantando las ganas de salir e ir a partirle la cara a aquel cabrón. ¿Debería haberlo hecho? Nadie lo sabía, pero preferí quedarme ahí, contigo, abrazándote; porque te amaba. Deseaba ser quien borrara aquellas lágrimas que resbalaban por tus mejillas, no quería estar en ningún otro lugar.

—Yunho, tengo sueño… —murmuraste después de un rato de silencio y falsa calma.

Observé de reojo el reloj del despertador; habían pasado de las doce hacia ya un par de horas.

Te dejé acostarte en la cama y me dirigí a pulsar el interruptor de la luz sumiendo la habitación en la oscuridad. Sentí como tu mano tiraba suavemente de mí, necesitabas saber que estaba a tu lado, yo no iba a ser quien te privara de mi compañía. Así que me metí bajo las mantas acomodándome en el colchón de modo que hubiera espacio para los dos y te volvía a abrazar acariciando tu espalda para tranquilizarte. Trataba de demostrar que de verdad estaba allí para ti, que, aunque muchos otros te hubieran hecho falsas promesas, yo sí estaría para ayudarte a levantarte cuando cayeras. Yo sí haría cualquier cosa por ti.

El sonido de un teléfono móvil rompió el silencio vibrando en tu bolsillo haciéndote adoptar una expresión de terror. Era él. No hacía falta ni siquiera mirar el número para saberlo. Bajo tu atenta mirada me dispuse a sacar el aparato y contestar, no hiciste nada por evitarlo, tan sólo seguías observándome sin moverte lo más mínimo.

“¿Quién eres? ¿Dónde está Jaejoong?”

Aquella fue la respuesta que ese desgraciado articuló al no reconocer mi voz.

—I’m sorry, you got the wrong number —le contesté ignorando la agresividad con la que me reclamaba preguntándome por qué tenía el móvil de su novio. Luego te miré pidiéndote permiso con los ojos para cortar la llamada. Tú asentiste débilmente—, so don't call me no more —terminé la frase apagando el teléfono para que no volviera a sonar.

Suspiraste pegándote más a mí, arrugando mi camisa al apretar la tela con las manos. Que él te llamase había conseguido tensarte de nuevo cuando lo que necesitabas era relajarte; solo pude maldecir mentalmente a aquel hijo de puta que te atormentaba. Por fortuna no tardaste en dormirte, estabas muy cansado, era comprensible. Me dediqué a observarte acariciando tus cabellos con cariño queriendo protegerte de todo.

Fue poco después cuando pronuncié aquellas palabras de odio dedicadas al tipo que te hacía sufrir.

¿Cómo desperdiciaba la oportunidad de estar con algún como tú?

¿Cómo podía hacerte tanto daño?

¿Es que no veía lo que tenía?

¿Acaso era idiota?

La respuesta a esa última pregunta era obvia para mí.

—Yunho… —dejé a un lado mis pensamientos al oír mi nombre salido de tus labios. En un principio creí que te habías despertado, sin embargo, aún estabas sumergido en el mundo de los sueños— No te vayas… —pedías agarrándote otra vez a mi ropa mientras dormías.

—No me iré —respondí, aunque fuera probable que no me escucharas depositando un suave beso en tu frente.

—¿De verdad? —preguntaste con voz muy débil tras unos instantes de calma entreabriendo los ojos adormilado.

—¿Estabas despierto? —negaste a mi pregunta.

—Tuve una pesadilla… —me explicaste abrazándote a mí—. Soñé que… soñé que te cansabas de mí. No te culparía si lo hicieras, estoy dándote problemas siempre… yo… —me dedicaste una sonrisa amarga.

Tonterías.

Aquello fue lo primero que se me pasó por la cabeza al oírte. No es que lo que decías no fuera verdad, pues siendo francos, mi vida se veía alterada por tu causa muy a menudo. Sin embargo, te quería demasiado, y no sólo por el amor que sentía hacia ti, nosotros éramos amigos desde hacía años, nos conocíamos como si fuésemos de la misma familia. Yo jamás sería capaz de abandonarte.

Aún seguías diciendo todas aquellas incoherencias sin sentido para mí cuando decidí callarte posando mis labios sobre los tuyos, sorprendiéndote. Cerraste los ojos aflojando tu agarre sobre mí mientras correspondías con algo de timidez al beso que duró apenas unos segundos. Nos quedamos mirándonos como tratando de leer el pensamiento del otro. Las palabras eran algo innecesario en aquel momento.

Una de mis manos acarició lentamente tu mejilla que había cobrado un tono rojizo y tú te estremeciste ante el tacto. Te sonreí de manera cálida; daba igual cuantos errores cometieras, daba igual si tenía que ir personalmente a matar a aquel que hasta entonces se había hecho llamar “tu novio”, daba igual el tiempo que me llevara curar tus heridas —y yo sin duda me encargaría de que sanaran—, daba igual si debía hacer todo lo posible y lo imposible para ayudarte. Nada de eso importaba porque lo íbamos a superar, los dos, juntos; como amigos que éramos, como familia que fingimos alguna vez ser y como pareja que podríamos acabar siendo.

—Te amo, Jaejoong —hablé en voz baja volviendo a acomodarme para poder dormir.

—Yo también te amo… —respondiste casi imperceptiblemente refugiándote entre mis brazos.

Todo el conjunto de intestas emociones que aquella noche habíamos vivido, todas las lágrimas, todas las palabras, e incluso la inoportuna llamada fueron olvidadas por unos instantes. Ambos las dejamos de lado cerrando los ojos deleitándonos con la calidez que el cuerpo del otro nos brindaba.

Caímos rendidos al sueño.