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Arualthings

Our World

Sus mundos eran totalmente diferentes, sus familias y amigos no entendían su relación, pero lo que sentían el uno por el otro, era más fuerte que todo lo demás. Lo que no sabían, es si esto sería suficiente para estar juntos.

El príncipe de los bárbaros

En un mundo antiguo un hombre busca levantar a su pueblo e inicia la búsqueda de un ser que le brindará todo el poder que necesita, sin saber que forma parte de un historia muchísimo más grande que su propia ambición. Shim Changmin y Kim Junsu se encontrarán de forma inesperada para formar parte de un destino dictado por la atracción entre gemas.

Insano

Junsu no podía creer que aún después de todo ese tiempo de humillaciones por parte de sus dos mejores amigos él no se hubiera vuelto completamente loco, desquiciado; en cambio se sentía renovado, en una nueva piel.

Lluvia de estrellas

¿Crees en los deseos? Yunho alzó la vista al cielo y con una lágrima oró a las estrellas para que le concedieran un deseo… desde ese momento el destino de Changmin reposó entre sus manos. El máximo inconveniente es recordar… ¿quién es Changmin?

You are everything I've been looking for

Después de una decepción amorosa, Changmin decide alejarse de la vida como la conoce, acompañado de su mejor amigo Jonghyun. Juntos descubrirán sentimientos que les cambiarán la vida para alejarlos o acercarlos más, mientras conocen a un grupo de peculiares personas en un lugar común y corriente...

Dolor

Todos tenemos algo que ocultar en nuestras vidas pero ¿Qué ganamos con eso? ¿El guardar todo ese dolor solo para nosotros, no también causa dolor a los que nos rodean?

Novio secreto

La relación de Changmin y Jaejoong era un secreto para el mundo, sus únicos testigos eran aquellos lugares donde se veían a escondidas, los testigos mudos de su amor y su pasión, de su tristeza y desesperación.

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Frozen Soul

Título: FROZEN SOUL
Autora: Felina (FeliYooSu)
Pareja: YunJae
Género: Romance, Drama, Vampiros
Extensión: Oneshot
Advertencia: Lemon, Incesto
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En tiempos de expansión extranjera y la agitación nacional no había demasiadas opciones para los territorios menores cuyas únicas opciones era el sometimiento a un dominio u otro. Las familias de aquella parte del mundo comenzaron a dispersarse en busca de paz, de lugares no alcanzados por la ambición. Pero solo encontraban la esclavitud o la muerte a su paso. Considerados diferentes e inferiores, la mentalidad de las personas no era demasiado poderosa como para ir en contra de las órdenes de extraños ornamentados en armaduras de metal inquebrantable y armas poderosas manchadas de sangre; no había demasiada diferencia con la realidad vivida pero había algo que inspiraba incluso mayor temor ahí donde iban.

Así fue como algunos terminaron perdidos en territorios desconocidos, abrumados por lo inexplorado y lo novedoso. La familia Jung fue una de las tantas que encontraron aquel destino en medio de tierras desérticas que estaban bajo la querella de Roma y su inagotable sed de poder.

Se trataba de una de las tantas provincias romanas a merced de la gran metrópoli, y como aquella, tenía sus peculiares centros de espectáculos en los que la violencia y la muerte hacían la peor combinación posible.

Yunho era el mayor de los hijos, de fuerte personalidad y un don innato para el liderazgo. Jaejoong era el segundo, el más atractivo, el que solía mantenerse bajo el cobijo del mayor. Había una hermana menor, pero ella junto con sus padres fueron acribillados cruelmente durante una invasión a medianoche en la que sobrevivieron por algo parecido a una bendición de Buda, o lo que hoy día es más comúnmente llamado, un milagro.

Dolor. Cansancio. Sed.

Era todo lo que ambos jóvenes sentían en aquel amanecer, aún olía a fuego y sangre, a carne humana quemada que le revolvería el estómago aún al más fuerte de carácter. Yunho, el chico de tez morena fue el primero en despertar, le dolía el cuello y tenía un par de heridas en la unión entre cuello y hombro que le abrasaban la piel, algo parecía quemar en su interior y el primer rayo de sol le incomodó tanto que no tuvo más opción que sacar fuerza de donde sea que pudo para moverse, levantarse y cargar a su único hermano sobreviviente hasta el interior de una casa a medio caer que había sobrevivido al caos de la noche anterior.

Algo había cambiado.
Nada era igual.


- hyung… - el murmullo apenas audible del más joven de los dos atrajo la atención del moreno…

- estoy aquí, Jaejoong ah… - ayudándole a incorporarse, el moreno volvió a examinar el rostro de su dongsaeng, no había ya rasguño alguno, y en el resto de su cuerpo, las heridas habían sanado también…

Igual que en él.

- ¿ha sido una pesadilla?... – el más joven, de largos cabellos oscuros y grandes ojos negros cuestionó con voz apagada, temeroso quizá de la respuesta que podía venir…

Las lágrimas resbalaron por sus pálidas mejillas cuando el moreno agitó la cabeza en negación, atrayéndole de inmediato en un abrazo protector que sin embargo no calmaría en nada la tristeza de la pérdida.

Largo tiempo transcurrió mientras permanecieron abrazados, Yunho consolaba a Jaejoong aunque sabía que en realidad el consuelo no estaba ahí, abandonados a su suerte no había alternativas en la visión futura. No hay un hogar al que volver, no hay un amigo al que recurrir. Estaban a disposición del destino, de uno que en tiempos como aquellos era el equivalente a la muerte o la esclavitud, o la muerte durante la esclavitud. No era de cualquier forma un panorama alentador.

- vamos, tenemos que buscar un refugio, no podemos quedarnos aquí a lamentar la muerte de nuestra familia para siempre… - el moreno instó y limpió con sus pulgares los surcos de lágrimas que habían mojado las mejillas de su adorado hermano.

El pelioscuro asintió y se dejó hacer por su hermano, sonriendo apenas perceptiblemente con aquel dejo de agonía que todavía estaba instalado en el corazón, y ese ardor en todo su ser que no lograba comprender a qué se debía. Igual que su hermano, el menor Jung tenía aquel par de heridas en la piel que casi cerradas por completo, y a diferencia del resto de las heridas que hubo antes por todo su cuerpo, estas parecían sanar más lento y quemar como auténtico fuego abrasándoles cada fibra de su ser.

Pero para cuando Yunho abrió la puerta y el calor de la luz del sol le alcanzó, retrocedió gimiendo de dolor por las quemaduras que instantáneamente aparecieron en algunos palmos de piel que no estaban cubiertas por las desgastadas ropas.

- ¡Yunho hyung!... – el pelioscuro gritó sorprendido por la repentina reacción de su hermano, se acercó a él con la intención de abrazarle para indagar qué sucedía con él pero el moreno no se lo permitió apartándole bruscamente y arrodillándose todavía sufriendo un extraño dolor… - Yunho… - él volvió a murmurar sin entender qué estaba sucediendo…

Unos instantes más tarde el moreno pareció tranquilizarse, levantó la mirada y su hermano retrocedió inconscientemente al notar aquella línea rojiza cruzando las pupilas del mayor, ahogó un gemido de sorpresa cubriendo su boca con una de sus manos. Yunho volvió a bajar la mirada y luchó contra aquella sensación que había nacido de pronto en su interior, algo que quemaba desde las entrañas de su vientre y subía ansioso hasta su garganta. Luego era como tener sed, el deseo irrefrenable de algo que al mismo tiempo le genera repulsión y quema más dentro de sí.

- Yunho ah… - el pelioscuro, sobreponiéndose a la primera impresión, volvió a acercarse, estiró una de sus manos y sus dedos tocaron el cabello del moreno…

- ¡no!... – el moreno gruñó con un tono parecido al rugir de una bestia y levantándose apenas fue él quien entonces retrocedió alejándose de su hermano.

Algo le estaba pasando, o tal vez había sucedido ya. Cambió en alguien o algo extraño y tenebroso, se inspiraba miedo a sí mismo y no quería intimidar a su propio hermano. Jaejoong le miró consternado pero volvió a acercarse, no tenía ante él a cualquier extraño, sino a su hermano, sangre de su sangre, su única familia ya en éste mundo. La persona que más amaba.

- Yunho ah… - volvió a llamarle dando nuevamente un paso, el moreno levantó la mirada para verle… no estaba más aquel tono rojizo en sus pupilas, pero todavía llevaba la respiración acelerada y algo quemaba en su interior… - está bien, solo somos nosotros…

El menor dijo, pero ambos sabían que en aquel “nosotros” ya no estaba la connotación que durante años pudieran haberle dado. Ese “nosotros” implicaba ahora un cambio inentendible que era capaz de inspirarles miedo. Algo cambió. Para siempre.

Las quemaduras que ocasionara la sola exposición al Sol desaparecieron, para cuando Yunho volvió a asomarse al exterior el manto nocturno había cubierto las planicies y más allá en todas direcciones hasta donde la vista alcanzara, esa que incluso parecía haber mejorado porque tenía la impresión de que veía mejor, a mayor distancia. Jaejoong salió tras él todavía titubeante, durante esas horas encerrados dentro de aquel espacio, el moreno no le había vuelto a dirigir la palabra, no le había mirado, no le había permitido acercarse. El menor temía ser alejado, pero suspiró ligeramente aliviado cuando Yunho comenzó a andar y le dejó seguirle.

El mayor Jung tenía mucho en qué pensar, mucho qué entender, averiguar qué había sucedido con él, porqué aún tenía aquella sensación de sed insaciable a pesar de haber tomado ya litros de agua, porqué ese calor en las entrañas seguía ahí también. ¿Por qué Jaejoong no mostraba ninguna de aquellas reacciones pero llevaba heridas similares?

Llevaban minutos andando sin mirar atrás, el pelioscuro no tenía idea de a dónde iban, ni tampoco creía que el moreno lo supiera, aún así le seguía fielmente paso a paso adentrándose más en la fría oscuridad de las planicies. Jaejoong pronto comenzó a sentir el cansancio, el frío había descendido y él tenía sed, mucha sed, se sentía ligeramente mareado y por tanto la mirada le fallaba.

- Yunho ah… - llamó estirando el brazo con la intención de alcanzar por lo menos el hombro del moreno, pero de pronto todo se vino abajo.

Sus sentidos colapsaron y una ardiente llama de fuego puro pareció encenderse en su interior, se doblegó lazando un grito de dolor y desespero, lo cual fue suficiente para que su hermano se volviera hacia él y le socorriera del único modo posible en aquella situación, le abrazó y sujetó sus brazos cuando el pelioscuro comenzó a contorsionarse por el dolor quemante que sacudía su cuerpo. Había cambiado finalmente también. Para cuando Jaejoong pasó aquella etapa, ambos comprendieron solo una cosa: eran más que diferentes.

¿Cómo? ¿Por qué? ¿Hasta cuándo? ¿En Qué? No tenían respuestas para eso, pero sabían también que quedarse ahí no resolvería nada y que el Sol les lastimaba, tal vez que era mortal.

……………………………………

Durante noches enteras caminaron sin descanso, aquellas les permitieron descubrir que no había alimentos ni agua más fresca que saciara el hambre o la sed. Descubrieron que solo la sangre calmaba aquellas ansias, aquel calor. Se convirtieron en cazadores hábiles que se movían con sigilo, de sentidos agudizados e incluso mayor fuerza. Pero la aparente tranquilidad de su aventura llegó en aquél atardecer a su fin.

Tropas romanas se movían hacia ellos, miles de hombres que formaban parte de las legiones más poderosas y temidas de aquella parte del mundo, quizá solamente los ejércitos de China o Mongolia podrían igualarse, pero cualesquiera que pudieran haberse topado en el camino eran señal de mal augurio.

- ven… - el moreno sujetó la mano de su hermano jalándole a un lado tras una pequeña colina evitando que pudieran verles o escucharles.

Desde aquel escondite pudieron observar los movimientos de los soldados romanos, escucharon las bromas estúpidas y la forma en que tomaban alrededor de fogatas hasta perderse en el licor. Mujeres y muchachos vestidos con harapientas ropas estaban ahí para distraerles, lo mismo sucedía en las tiendas de los generales y personajes ponderados que estaban en el asentamiento de la campaña romana; pero aquellas mujeres llevaban también joyas y ropas elegantes, y los muchachos, tímidos y demasiado jóvenes, iban vestidos de diversas maneras, algunos eran simples esclavos que eran jalados ahí como auténticos animales.

Yunho y Jaejoong se dieron cuenta de que nunca querrían terminar así.
Y sin embargo, la suerte parecía ser otra para los hermanos Jung.


Habían sido sorprendidos por la espalda por un grupo menor de soldados que realizaban su recorrido de rutina para mantener la seguridad del perímetro de la compañía romana. Yunho había sido el único de los dos que se animó a pelear, mientras que Jaejoong, renuente a la lucha y sorprendido por las armas de aquellos que les atacaban, se quedó más bien quieto y mirando; también estaban ahí, inundando sus pensamientos, los recuerdos del ataque aquél en que su familia fue asesinada cruelmente. Estaba ahí el recuerdo fresco del momento en que un hombre emergió de entre la oscuridad y se lanzó sin miramiento contra él, el dolor agudo en el cuello, la sensación de las líneas de sangre… calor, mareo, la inconsciencia.

- ¡Jae!... – el moreno apenas pudo gritar con enojo cuando otros soldados que se agregaron a la batalla fueron por el pelioscuro y de un golpe en la cabeza le dejaron inconsciente.

Yunho peleó con fuerza, pero uno de los hombres en el ataque era un General, hábil y con una espada sinigual, la hoja de metal estaba hecha de plata y le hería casi como cualquier otra antes, ésta… dolía como si estuviera llamando a la muerte.

- llévenselos… - el General indicó y pronto ambos jóvenes fueron llevados a una de las tiendas, ante otro hombre que, según parece, tenía intereses particulares con todo hombre y mujer que encontraban en su paso hacia el Sur.

……………………………………

Eran llamadas escuelas lanistas, sostenidas por familias ricas de la élite romana, “educaban” gladiadores que podían ser alquilados o vendidos. Una de las más importantes estaba en Alejandría; ahí donde Yunho fue enviado esa misma noche, mientras que Jaejoong permaneció en aquella campaña y de quien el moreno no volvió a saber sino hasta años más tarde, durante su primer visita como Gladiador invicto en el Gran Coloso romano: el Coliseo.

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Cuerpos manando sangre aún en la arena del coliseo… ese es el escenario del último grupo de gladiadores que abandonan exhaustos el terrible campo de batalla. El día de hoy sobrevivieron, mañana los dioses juzgarán qué hacer con su destino, o ellos o la sangrienta y belicosa población romana asistente al inmenso anfiteatro. La potencia número uno del mundo, por ellos conocido, sociedad eminentemente guerrera pero a la vez refinada, incansable, de voluntad inquebrantable, dominadora de naciones, constructora de las más majestuosas y complejas construcciones, justamente como el anfiteatro Flavio, mejor conocido como el Coliseo.

Millones de toneladas de lujo e ingenio; madera, hormigón y mármol; arena, sangre, sudor y desperdicios; “hogar” de soldados, cocineros, herreros, carpinteros, esclavos, gladiadores y bestias; última morada para algunos, un hermoso sueño para otros; punto de encuentro para la aristocracia, senadores, ciudadanos y la plebe; lugar de trabajo y de muerte; expresión romana por excelencia de magnanimidad, omnipotencia y eternidad.

Gladiadores… esas desdichadas sombras destinadas a la sola perversa diversión y cruel entretenimiento de los “ciudadanos”. Forzados a mostrar y aprender brutalidad, insensibilidad ante el dolor ajeno y propio, desprecio por la vida, resistencia, el uso de armas y técnicas de combate; soñando con la gloria cotidiana o con la mera salvación, o bien esperando la libertad mediante la muerte; dueños de nada, despreciados y perturbados por todos, pero también admirados, y era esta extraña y fascinante admiración la que provocaba que numerosos individuos se ofrecieran de voluntarios en las escuelas de gladiadores tratando de ganar popularidad y honorarios… pero ser gladiador no era como practicar cualquier otro oficio, significaba ganar por la fuerza y determinación propias lo que cualquier hombre desea en la vida, sólo que más: la inmortalidad.

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Yunho era frío, de temple, calculador, hábil, fuerte y sin corazón. Se había convertido en un gladiador a sangre fría, casi despiadado; parte de un espectáculo peculiar, diferente; Yunho solo peleaba de noche, ante los mejores. Amado por todos ahí donde se presentaba, no había arena en la que al final su nombre no fuese vitoreado. Imponía respeto y forjaba así su propia leyenda.

Pero en realidad nada de aquello le importaba, sentía que había muerto el día que lo separaron de Jaejoong, nada le motivaba pues no tenía idea del destino que su hermano pudo haber encontrado; se guiaba en sus días solo por aquel sentimiento que había quedado de lo que una vez fue su alma mortal: la esperanza. Sin embargo aún temía todas las opciones que se formaban ante los rumores contados que iban y venían contados por plebeyos y esclavos, por aquellos negociantes que tenían algún roce con la aristocracia.

- se dice que un Senador tiene al ser más hermoso como su esclavo favorito…

Había sido el rumor que más odiara porque estaba seguro que no había nadie más hermoso que su hermano, y que ser el favorito era significado de una vida de placeres banales en los que el sexo estaba por ley considerado. Nadie decía una mujer o un hombre, los rumores coincidían nombrándole como un ser hermoso, un regalo de los Dioses. Jaejoong podía estarse entregando en cuerpo a otro hombre.

Cuando le ofrecieron la oportunidad de pelear en el Coliseo en Roma, Yunho supo que no tenía más opción que ir ahí y encontrar el modo de averiguar sobre ese ser hermoso. No tuvo que buscar demasiado, lo reconoció al instante de entre los miles de presentes y entre la luz que despedían las cientos de antorchas encendidas a lo largo y ancho del coloso romano; a lado de un hombre de pelo cano que tomaba, seguramente vino, de aquella copa de fino cristal y metal dorado; era definitivamente el ser más hermoso, vestía ropas finas pero no necesitaba de ninguna joya para resaltar su belleza; el contorno pálido de su perfil varonil de delicadas facciones, las sedosas hebras negras que algo más largas descansan a la altura de sus hombros, la serenidad de su rostro, la tentación de sus labios rojos.

Era sin duda Jaejoong.

Casi le pareció que sus miradas se encontraron a pesar de la distancia, y creyó ver en aquellos grandes ojos negros, la sorpresa, el anhelo, el miedo y la desilusión; todo eso y mucho más; lo mismo que él podía sentir exactamente en aquellos instantes. Durante años se recriminó no haber sido más fuerte, más ágil, más poderoso en aquella noche; se recriminó no haber podido protegerle, haberse dejado vencer y sucumbir a los lineamientos de un destino que no paraba de ser cruel y despiadado con ellos. Supuso también durante todo ese tiempo, que su hermano tal vez solo tenía rencor para él.

El cuerno resonó en el eco tan peculiar del Coliseo y los gladiadores que habían salido a la arena supieron que era el momento de la verdad: matar o morir. Yunho blandió su espada y volvió su mirada hacia los contrincantes aunque así quisiera haberla mantenido en su hermano.

……………………………………

Jaejoong jura que su corazón (ese músculo que incluso parecía haber muerto desde que se descubrió a sí mismo como una criatura nocturna que solo vive de sangre) dejó de latir en el segundo exacto en que le vio. Ni siquiera hubo atisbo de duda en sus pensamientos, ése gladiador era Yunho. El mismo cuerpo atlético, los músculos torneados, la tez morena, la personalidad aguerrida, el garbo… la misma profundidad en sus ojos café; esos que le miraron en numerosas ocasiones brindándole cariño, confianza, serenidad, todo el sentimiento imaginable que más allá del lazo de sangre les ha unido desde niños aunque nunca tuvieron el valor (quizá ni el tiempo) para dejarse llevar por aquel.

Y casi pareció que solo entonces sintió la tristeza de la separación de años, como si solo entonces se hubiese dado cuenta de lo mucho que le ha extrañado, de la falta que le ha hecho. De lo dura y asquerosa que ha sido su existencia en aquellos años en la oscuridad satisfaciendo solo los deseos de aquel hombre corrupto que era peor que un parásito para Roma. Ahogó un grito de dolor cuando vio a su hermano perder la concentración y recibir un golpe de espada que le hizo un corte lineal en el antebrazo, no le hubiese dado mayor importancia de no ser porque el metal con el que estaban forjadas las filosas hojas de todas las armas que los gladiadores portan, son de plata; lo único a lo que (además del sol) puede hacerles tanto daño que presienten incluso podría matarles solo si no tienen el suficiente cuidado. El moreno arremetió con coraje cada nuevo ataque y pronto dos gladiadores de imponente masa muscular cayeron bajo su espada, el líquido carmín comenzó a brotar, estaba ahí el motivo de su sed.

Sangre.

Los sentidos de Yunho y Jaejoong despertaron sedientos ante el aroma de la sangre, como cada noche de luna llena, la sed era más intensa. Y aquella noche la redonda esfera plateada estaba imponente en el firmamento estrellado.

- ¿mi hermosa joya se encuentra bien? ¿Es demasiada sangre esta noche, formositatis?... – la sonrisa lasciva en labios del Senador solo provocó náuseas en el pelioscuro, pero fue lo suficientemente astuto (como ha aprendido a ser durante esos años) para negar con una sonrisa tímida que al hombre convenció de inmediato volviendo su atención a la arena.

La misma que Jaejoong dirigió también. El pelioscuro apretó en sus manos las finas telas que visten su cuerpo, anhelaba estar ahí, a lado de su hermano, ayudarle en aquella pelea desigual pues de pronto las dos decenas de gladiadores que quedaban en la arena se habían convertido en los enemigos de Yunho. Y sin embargo el moreno solo sonrió, el destello rojizo cruzó sus pupilas y lanzó aquel grito que enardeció a la multitud… estaba aceptando el reto que lanzaban sobre él poniendo a todos en su contra.

- ¡esto es todo lo que tienen! ¡La grandiosa Roma no me verá caer esta noche!... – Yunho gritó y la plebe se puso más eufórica contagiada por la confianza y el espectáculo que el gladiador asiático prometía.

Los gladiadores contrarios reiniciaron el ataque sin importarles hacerlo simultáneamente hasta de tres peleadores, el moreno respondió con agresividad, la adrenalina en su cuerpo estaba actuando a todo, y el calor en sus entrañas aumentado, necesitaba aquello, eliminar a sus enemigos, deleitarse con el aroma de la sangre, saborear cada grito de dolor, cada gemido de muerte, cada mirada de miedo cuando se encontraban con sus pupilas, tal vez era ver el hades en sus ojos, el inframundo ardía en ellos y Yunho estaba por desatar la peor masacre de gladiadores en la historia del Coliseo romano. Enardecido por los recuerdos, la sed y el anhelo de vengar de alguna manera lo que sea que Jaejoong haya experimentado durante esos años, Yunho no escatimó ni un poco, su espada terminó completamente manchada de sangre minutos más tarde cuando la mitad de los gladiadores yacían sobre la arena sin vida.

Entonces fueron liberados también los leones y el Coliseo se transformó en un grito ensordecedor que clamaba su nombre engrandeciendo su existencia como Gladiador nocturno. Jaejoong dio un paso al frente acercándose a la orilla del palco, sus manos apoyadas en el mármol de la cornisa, no podía controlar su deseo, necesitaba saltar ahí y hacerle compañía. Tomar de la sangre de aquellas bestias que con fiereza también se lanzaban contra el moreno. Yunho no necesitaba de escudos ni mayor protección, se bastaba consigo mismo y su capacidad paranormal de movimiento, de predecir al enemigo, de atacar a sangre fría sin importar quién sea aquel que encuentra su fin en la punta de su espada.

El último gladiador cayó de rodillas, la espada de Yunho se quedó clavada en su pecho. Pero aún estaban rondándolo las tres bestias. Leones que gruñen y rugen mirándole detenidamente, casi como si le estuvieran retando a ser mejores que ellos, más ágiles y asesinos. El moreno sonrió de medio lado todavía perdido en la enajenación salvaje de su naturaleza nocturna; los colmillos crecieron sobresaliendo de entre sus labios y él se relamió divertido cuando las fauces de las bestias se abrieron amenazantes.

- ¡mira mi gloria Roma! ¡Porque esto será lo último que veas de mí!... – el moreno gritó y el pelioscuro comprendió sin más lo que su hermano pretendía una vez que había conseguido la atención de todos con aquel dejo de disgusto pues sus palabras sobradas estaban de confianza, y eso nunca gusta a la aristocracia romana, y es algo a lo que teme la plebe.

Yunho corrió veloz, a su paso tomó una lanza, echó su cuerpo hacia atrás apoyando todo su peso en la pierna de apoyo y luego tomó impulso para lanzar el arma hacia el frente directo al Senador sentado tras Jaejoong. El pelioscuro sonrió contento, estaba claro que su hermano estaba ahí por él y dispuesto a todo por llevarle consigo en una libertad tomada por cuenta propia. El hombre cayó al instante con la lanza atravesando su cuerpo. El pelioscuro no dudó, subió a la cornisa lanzándose al segundo a la arena, ya que después de todo no estaba tan alto ni tan lejos para sus habilidades sobrenaturales.

- ¡Yunho!... – el pelioscuro corrió a su encuentro, un abrazo hubiera sido perfecto pero no tenían tiempo ni la calma para aquello…

- hay que irnos de aquí… - el moreno sonrió todavía emocionado por el calor de la batalla y movido por la sed…

- no será cosa sencilla… - el menor se dio cuenta de que estaban rodeados por un centenar de soldados que salieron del hipogeo (túneles y mazmorras)…

- ¿quieres irte conmigo, o no?... – el mayor cuestionó y a cambio como respuesta recibió esa bella sonrisa que durante tanto tiempo extrañó como a nada.

Ambos se colocaron entonces espalda con espalda, y aunque el moreno no estaba seguro de permitir que su hermano participara de la batalla, se dio cuenta pronto de que el tiempo también le había hecho fuerte y hábil en el combate. Una parte de él tuvo la duda acerca de cómo el pelioscuro pudo desarrollar aquellas habilidades, pero tal inquietud podía esperar para después. Ahora tenían más sangre que derramar. Jaejoong y Yunho gruñeron entonces como lo haría una bestia, sus grandes colmillos intimidaron a varios soldados y las uñas de sus dedos crecieron en sus manos más filosas y peligrosas que cualquier arma de la época.

Fueron largos minutos, tal vez horas, en aquel sangriento enfrentamiento, los hermanos Jung no recibieron mayores heridas, aunque cada una de aquellas fueron dolorosas pues eran ocasionadas por armas de plata. Pero cuando un par de horas anunciaban la llegada del amanecer, ambos muchachos habían escapado ya del Coliseo, montando un par de caballos de pura sangre, veloces y fuertes. Se alejaron lo suficiente para ocultarse de los rayos del sol, lo suficiente para saber que Roma les temía y que tal vez no irían nunca en su búsqueda porque habían revelado la verdadera naturaleza que poseían entonces.

Criaturas nocturnas temibles que matan sin piedad y se alimentan de sangre.

……………………………………

Se ocultaron en un valle algunos kilómetros más allá de la gran ciudad. La oscuridad su aliada más tranquila, un abrazo inmediato y las risas de alegría por saberse de nuevo juntos, seguros de que ahora tienen la madurez suficiente para no cometer los errores del pasado que abonaron a la suerte de su separación.

- creí que no volvería a verte… - Jaejoong fue el primero en decir, sin aflojar demasiado el abrazo, pero mirando directamente a los ojos de su hermano…

- creí que estarías enfadado conmigo, que no me abrazarías ni sonreirías así al verme… - Yunho dijo con sinceridad, acariciando entonces las pálidas mejillas, ocultando los mechones tras las orejas del menor…

- por qué iba a estarlo, lo que pasó aquella noche no fue tu culpa Yunho…

- lo fue, porque no te protegí, Jae…

El pelioscuro sonrió agradecido, feliz, radiante, emocionado, contento. Negó moviendo la cabeza de un lado a otro y simplemente volvió a abrazarle con fuerza, hundiendo su rostro en el cuello del moreno, sonriendo contra su piel. Y comprendieron también que ahí estaba de nuevo el sentimiento oculto durante la infancia y la adolescencia, en parte de su adultez temprana; aquel calor diferente que pareció abrigar de nueva cuenta un corazón que por años creyeron muerto, sumido en el frío de un alma perdida que no encontraba la luz que le invitara a disfrutar de sus días porque no estaban juntos.

Se separaron apenas un poco para mirarse de nuevo a los ojos, había tanto qué decirse, tanto por confesar, tanto por comprender y compartir. Que por horas se animaron a platicar, a mantener al margen aquel deseo de abrazar y tocar de un modo diferente, de besar.

La noche cayó de nuevo y Yunho sugirió partir de nuevo, dirigirse al Norte y encontrar el camino de regreso a las tierras que una vez fue su hogar, y tal vez con los años marcar alguna diferencia en la historia de los suyos. Jaejoong asintió y, como años atrás, le siguió con calma paso a paso. Solo que esa vez, iban tomados de la mano mientras los caballos caminan tras ellos. Estaban contentos, pero aún había algo de sed, no se han alimentado en días y no creían tener demasiada energía o fuerza para soportar toda la noche sin comer. El moreno le pidió a su hermano le esperara unos minutos mientras se pierde en aquellos terrenos en busca de alimento, volvió más tarde con un lobo cargando en su hombro…

- recuerdo que antes, cuando comenzamos a descubrir esto juntos, la sangre de lobo era tu favorita…

- aún lo es… - el pelioscuro sonrió y aceptó el obsequio de su hermano, sus colmillos se enterraron entre pelaje y músculo para comenzar a beber.

Yunho le observó embelesado, era de algún modo diferente ahora, Jaejoong parecía más hermoso y extrañamente le resultaba tentadora la forma en que su hermano se alimentaba… le provocó beber de la sangre que manchó sus ya rojos labios cuando el pelioscuro se separó del animal.

Y fue entonces como si el instinto y el sentimiento oculto le impulsaran a actuar, se acercó a su hermano y lamió con calma la sangre de labios del menor. Jaejoong jadeó inquieto pero encantado a la vez, sonrió de medio lado cuando Yunho terminó su tarea y se separó para mirarle a los ojos.

No había marcha atrás, sabían que necesitaban del otro como solo se necesita de una pareja. Y quedó en el olvido toda la cuestión moral que significa el hecho de ser hermanos. Se encontraron entonces fusionando sus bocas en un beso ansioso, el deseo de toda una vida mortal y el inicio de la inmortalidad de aquella condición sobrenatural se volcaron de una instándoles a cumplir con el único deseo que quema más que el mismo calor de su sed de sangre.

Manos ansiosas que no tardan nada en deshacerse de las gastadas ropas del otro, desnudez total que se hace presente, cuerpos que se rozan piel a piel ardiendo más que las llamas del inframundo. Besos apasionados van y vienen sin parar, se roban el aliento una y otra vez mientras sus manos continúan el recorrido de exploración. Hay anhelo y demasiado calor, demasiadas las ganas de sentirse más y más que no hay forma de parar, de tomar tiempo para más nada que el sentir.

Jaejoong enrosca una pierna en la pierna de Yunho, el moreno responde aprovechando aquello para acariciar con mayor libertad sus muslos. Delicada y suave piel blanca delinea con sus dedos, le acaricia con las yemas y le siente temblar, estremecerse como el cristal al sonido y vibrar como las melodías de su antigua tierra.

El aire sopla pero no sienten frío, el calor que emana de sus cuerpos es mucho mayor. El moreno le recuesta sobre las ropas que antes se quitaron, no para de besarle y desciende entonces por su cuello, lame a su antojo y va dejando una estela de saliva caliente que poco a poco va enrojeciendo la piel a su paso. Alcanza el pecho y se deleita con los jadeos y gemidos que nacen en la garganta de su hermano, mordisquea los pezones y sonríe al ver la forma en que duros se irguen como montecitos rosados que suplican un poco más de atención. Se relame los labios y nota más abajo la entrepierna despierta del menor golpear contra su vientre bajo, sonríe con cierta perversión y revela un poco sus largas y filosas uñas, rasguña suavemente la piel de su pecho bajando por su vientre, sondeando el ombligo y descendiendo hasta la ingle, dibuja las letras de sus nombres y luego las pasea por la extensión del pelioscuro.

- ahhh, Yunho… mmhhh… - gime sin control y se retuerce disfrutando como nunca pensó que se podría, de aquel tipo de contacto íntimo. Sonreía y se lamía los labios, mordiendo de tanto en tanto el superior o el inferior, entrecerrando los ojos y sumiéndose en el placer.

El moreno mostró sus colmillos y se percató de que los de su hermano estaban también ahí, como lo estaban sus largas uñas que comenzaron a buscar su cuerpo marcándole las finas líneas rojas de su filo en la piel. Había demasiado deseo, demasiado calor, demasiado sentimiento. Aquel que antes como mortales sabían debía llamarse amor, el mismo que en sus condiciones actuales, tal vez era lo mismo, tal vez era algo más intenso cubierto de pasión.

Jaejoong se movió de pronto con audacia, sonreía juguetonamente y le tenía bajo su cuerpo, sus suaves manos deslizándose por todo su pecho, demarcando cada línea de los pectorales de ese Yunho que le sonríe de vuelta y no tarda en hacerse de su nuca para besarle profundamente enredando sus lenguas con lujuria, las manos del moreno se pierden entonces por la espalda de su hermano, le acaricia sin tapujo y el calor aumenta varios grados más, el trasero del menor ha quedado justo sobre su erección y no ha olvidado lo erguida que estaba la del pelioscuro.

- hazme tuyo, Yunho… - jadea con un tono seductor, maduro, deseoso.

Algo que el moreno nunca había escuchado, pero que sabe de cualquier modo y a pesar de todo es único para sus oídos. Vuelve a tumbarle y deja para después la exploración lenta y exhaustiva del cuerpo de su hermano, quiere amarle plenamente en aquel instante. Le ha sido pedido, anhela concederlo.

Las piernas del pelioscuro se abrieron dándole espacio para acomodarse entre ellas, se enroscaron en su cintura y las caderas se movieron al instante contra él dándole a entender cuánto deseo tenía de aquella unión. No había tiempo para pensar en el dolor, el moreno simplemente se perfiló y comenzó la penetración.

- ¡mgghh! – ambos gimieron ronco mientras aquella unión se efectuaba.

Jaejoong sintió dolor, Yunho un inmenso placer. La estrechez expandiéndose para dar cabida a aquel trozo de carne caliente que se abría paso entre suaves embestidas buscando mayor profundidad. Pronto el moreno tocó un punto en el interior de su hermano que hizo al pelioscuro arquear la espalda al tiempo que gime de placer y entierra sus uñas en los omóplatos del moreno. Así Yunho experimenta el dolor más exquisito imaginable, unido a su amado en cuerpo como sabe lo han estado en alma desde siempre.

Yunho se apoya con firmeza sobre sus rodillas y sujeta a Jaejoong por la cintura instándole a semi-incorporarse lo suficiente para tomar parte del control de las estocadas, le deja cabalgar subiendo y bajando contra su erección, disfrutando ambos del placer de aquel roce de su comprimida intimidad alrededor del hinchado y duro miembro. Gimen más y más, los movimientos aumentan con frenesí y todo se reduce a aquello, a aquel acto de placer tinturado de un sentimiento profundo que lejos de la crueldad que pueden albergar como criaturas nocturnas, merece ser llamado también amor.

Presienten el clímax y casi esperarían poder alargarlo mucho más, convertirlo en un momento eterno pero aquello ni ellos pueden concederse. Abrazados así, mirándose a los ojos y compartiendo el aliento como comparten el calor y la pasión, sucumben al repentino deseo de probarse… de morderse, los colmillos de uno se entierran en el cuello del otro y succionan con ansia de la sangre ajena, exquisito líquido carmín que sabe como debe ser el sabor del elixir de los dioses.

Y así, mientras toman la sangre que también circula por sus venas pues están unidos por el lazo de familia, el calor que les abrasa el cuerpo alcanza el culmen de sus deseos llevándoles al éxtasis, han derramado sus esencias y con ellas marcado lo que en adelante y por milenios solo saben suyo. Inician un camino como amantes y viven ante el mundo como hermanos.

Durante muchos días se escondieron de la luz solar, y por las noches salieron a cazar y a divertirse, sembraron el temor en provincias enteras y se convirtieron en el único enemigo de Roma que no era perseguido. Una vez Yunho fue gladiador, Jaejoong un esclavo y amante. Una noche tomaron la libertad de la misma forma que les fue arrebatada. Y así, nacieron nuevas criaturas que son más que simples humanos.

Con el pasar de los decenios ellos finalmente supieron lo que eran, más que Gladiadores o guerreros. Vampiros.


**FIN**


Formositatis: Hermosura en latin.

Démons

Título: DÉMONS
Autora: Felina
Pareja: YunJae
Género: Romance, Fantasía
Resumen: En un mundo fantástico donde las apariencias lo son todo y se pierden en la nada, ¿cómo decide una criatura el tipo de alma que poseer?
Advertencia: Lemon
Extensión: Oneshot
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Eran criaturas sin alma definida, vagando entre los mundos con el solo objetivo de encontrar la huella que grabar a fuego en aquella identidad etérea que les daría una razón más de existir… algo duradero e inmortal…

Se les podía denominar demonios…
Se les llamaba también ángeles…
No eran aún una criatura u otra…

Aún tenían que experimentar el sabor de ambas pieles en carne propia… y elegir con un corazón novato que apenas ha comenzado a latir por reflejo condicionado a un cuerpo físico de sumas carencias y bastas necesidades, cuál camino tomar para siempre…


*****

Dos eran las criaturas que más resaltaban en aquel fantástico lugar… iban y venían entre dimensiones conociendo distintas formas de vida… adoptando de a poco los rasgos de su esencia… las características que formarían su último yo… aquel que les llevaría al mundo a vivir una vida humana como se le concedía a todas aquellas criaturas divinas…

Él es Jaejoong… criatura perfecta de numerables apariencias, todas y cada una de ellas tan prefecta como la anterior… belleza era su peculiar característica física. Jae imponía respeto ahí a donde iba… y no era por su personalidad agresiva o capacidad de impulsión… eran sus grandes ojos negros que llegaban a destellar un aura gélida que erizaba la piel de cualquier otro ser que le mirara.

Él es Yunho… criatura imperfecta de rasgos impetuosos que llegaban a hacerle parecer una fiera tormenta que enardece cuanto más cerca se encuentra de Jaejoong. Era también capaz de alcanzar una interfaz de melodía cuando así permanece más cerca de aquella criatura…

Como si de un complemento sus existencias se trataran…

*****

Eran dos criaturas que solo buscaban conocer el todo de las dimensiones que conforman el mundo que ven desde lo más alto de aquella montaña que cualquier ojo humano pasa desapercibida en los confines del continente asiático. Fue un día como cualquiera de aquella centuria que llevaban observando desde lo alto, bajando cada tanto cuando así se les permitía y la curiosidad innata de su naturaleza les impulsaba a buscar y experimentar algo nuevo ahí abajo.

Jaejoong fue el primero en descender, desplegando sus grandes alas rojas obsequiadas por las bondades del astro sol, y tirándose al vacío sintiendo el aire rozar su cuerpo al ir en picada… las agitó un par de veces y luego tomó dirección en el vuelo…

Yunho le había visto desde su propio sitio… y en nada dudó de tirarse en picada también, de extender sus inmensas alas plateadas entregadas por la magia de la luna y reconocido pues por ser bendecido por su capacidad de atracción… no dudó de seguir el mismo camino que viera a Jaejoong tomar… hasta que cruzando aquella línea mágica atravesó el espejo de las dimensiones llegando a una ciudad conocida…

Eran las calles de Seúl… y mientras se da una rápida mirada para reconocerse a sí mismo con aquella apariencia que se iba haciendo de su yo final, pensó en cuál pudo ser el motivo que llevó a Jaejoong a volver a visitar aquella ciudad. Y su mirada paseó por donde iba, agudizando su visión hasta distinguir más allá una silueta perfecta de un chico joven de sedosos cabellos oscuros que ondeaban sutiles al compás de ese viento cálido que los mecía con cuidado como una caricia pensada.

Jaejoong sintió el peso de una mirada, frenó en aquel cruce de calle cuando el semáforo le dio paso a la fluidez vehicular, giró el rostro y sonrió… sonrió de un modo que nunca antes había experimentado cuando sus pupilas oscuras se encontraron con aquel chico de tez morena que había aprendido a diferenciar no hace muchos años atrás…

- Yunho… - susurró entre labios esbozando en sus labios rojos algo más que una sonrisa…

Una invitación a ese algo desconocido que brotó desde sus entrañas llevándole a bajar nuevamente de su mundo…

Algunas criaturas que se habían convertido en demonios le llamaban…
Lujuria.

La luz verde se iluminó para dar paso al tráfico peatonal. Jaejoong retomó su camino con pasos lentos y seguros. Yunho fue tras él… había entendido porqué estaba ahí…

Porque le había seguido…
Porque sus ojos no se despegaban de su silueta…
Porque comenzaba a sentir un extraño calor…

- deseo… - murmuró entonces Yunho, sonriendo con ese algo entre humanos llamado lascivia mientras le sigue hasta aquel edificio tomando camino escaleras arriba sabiendo que Jaejoong le siente y le espera…

El pelioscuro atravesó una puerta… una habitación lujosa se reveló para el moreno cuando éste le acompañó ingresando tras de Jaejoong. Los muros estaban pintados de color blanco, una fina línea negra bordeaba la unión de los muros con el techo, y otra franja atravesaba los muros sobre la mitad de su altura; una cama Queen cubierta por un cobertor blanco adornado por una franja curvilínea color negro que cae sobre el borde inferior derecho atravesando casi la mitad del cobertor; almohadas blancas con cojines blanquinegros, la cabecera de cama estaba también pintada de negro, y las mesitas de noche a cada lado llevaban el mismo tono, un florero de rosas blancas coronaba cada una de ellas, y más arriba dos candeleros de pared sostenían dos lámparas que iluminaban de un modo casi mágico la alcoba.

- lindo lugar… - el moreno murmuró al atraer al pelioscuro con una mano rodeando su delgada cintura y pegándole a su cuerpo…

No sabía del todo lo que aquellas acciones significaban o lo mucho que podía despertar los instintos de su naturaleza indefinida pronta a experimentar todo para cuanto fueran estimulados.

- no es solo un lindo lugar… - y le escuchó…

Yunho escuchó por vez primera la voz sensual de ese Jaejoong que lleva sus manos a los hombros del moreno mirándole con un brillo especial en sus ojos oscuros que encendió algo más en sus cuerpos clamando mayor cercanía… contacto diferente…

- es el lugar… - el pelioscuro continuó, avanzando despacio hacia esa cama que tanto había llamado su atención desde tiempo atrás… - es donde quiero… - le empujó instándole a sentarse en el borde de la cama… - conocer los más banales placeres de la humanidad… - sentándose al instante a horcajadas sobre esas caderas firmes que le aumentan un poco más el calor que parece cercano y sencilla a transpirar por los poros de su piel…

- lujuria es lo que veo en tus ojos… - el moreno soltó con voz ronca mientras sus manos terminan en el trasero del pelioscuro y la suave piel de sus redondos glúteos es apretada sutilmente por ellas… - y deseo lo que despierta en mí el tenerte en este momento así entre mis brazos, Jaejoong…

- he concluido con el pasar de los años… - el pelioscuro jadeó quedito al sentir aquella presión en su trasero, sonriendo luego mientras relame sus labios rojos y enreda sus manos en el cuello del moreno… - que es nuestro destino definir nuestras almas en comunión…

- porque siempre nos hemos cruzado en los caminos… - el moreno continuó al tiempo que desabotona esa camisa negra y descubre la nívea piel de sus hombros al deslizarla por los brazos del pelioscuro… - y has sentido como yo, que mientras más cerca nos encontramos, más engrandecen nuestras virtudes…

- como lo hacen nuestras debilidades… - sonrió casi como si aquello no se tratara de algo malo o de lo cual temer…

Jaejoong como Yunho solo sabían, que siendo criaturas indefinidas de alma, solo podían entregarse a la curiosidad y explorar todo cuanto llamara su atención… porque así es como pueden encontrar su verdadera identidad…

Ángel o Demonio…

Así fue como las palabras terminaran por pasar a segundo plano y volverse innecesarias. La camisa de Jaejoong cayó al suelo cuando el moreno la sacó por completo de su cuerpo mientras se dedica a delinear con sus manos la nívea piel al descubierto, besando con calma cada línea, saboreando con suaves succiones y mordiscos los músculos y notando que el calor aumenta en su cuerpo conforme obtiene más de esos dulces sonidos de boca del pelioscuro… jadeos y gemidos, suspiros incontrolados que parecen tener vida propia y responder con prontitud a las caricias y atenciones de Yunho. Mientras el pelioscuro se dejaba hacer e iba descubriendo sus propios puntos más sensibles a caricias y besos o la humedad de su lengua, dejó que sus manos vagaran libremente por la espalda y pecho del moreno, deshaciéndose de a poco de su camiseta blanca y relamiéndose los labios al encontrarse con esa piel tostada que le da un toque especialmente atractivo a su cuerpo musculoso.

Se miraron y algo más leyeron en los ojos del otro… y en tanto sus miradas permanecen conectadas y las manos de cada uno continúa explorando la piel del otro, sus rostros se fueron acercando hasta sentir cómo el aliento expulsado con cada respiración escapa y se mezcla con el del otro… labios que finalmente se encuentran y un suspiro incomprendido de momento que les hace latir el corazón de un modo inimaginable antes de fusionarlos en ese gesto humano llamado beso.

Un beso… calmado y paciente… ese que permite la exploración del juego de labios que compagina con el propio, ese que les deja sentir la textura y saborear la calidez… el mismo que termina sin que sea demasiado pronto o muy rápido… porque es el primer beso, el que resulta perfecto y memorable para toda una eternidad… el beso que les arranca la sonrisa boba y el que les roba esa mirada cariñosa que no pueden saber que está ahí pero que más tarde podrán nombrar con un sentimiento sinigual.

Y vuelven a unir sus bocas demandando algo más de ese contacto… descubriendo ese beso apasionado y húmedo, profundo y caliente como las entrañas de la tierra… Yunho entonces le tumba sobre la cama sin apartarse demasiado de esos labios rojos a los que pronto sabe adicto se ha vuelto pues no podría existir un día más sin probarlos como si fuera dueño de ellos; Jaejoong le deja llevar el control, le mira y mientras besa su cuello le entrega caricias sinuosas que dicen aquello que no saldrá de sus labios…

Que se entrega a los placeres banales de la lujuria con él porque no hay nadie más con quien quiera conocer todo cuanto alimenta su alma antes de encontrar su destino final.

Y el camino que tuvieran antes las camisetas de ambas criaturas, encuentran el resto de sus prendas… desnudos sus cuerpos se muestran sin pudor alguno porque no han experimentado aún aquella sensación… se entregan caricias impúdicas como besos ardientes y gemidos descarados que resuenan como melodía del infierno en aquella habitación. Danzan sus cuerpos y se van entregando por instinto a aquella deliciosa unión… y comprenden que les gusta… que no hay nada tan exquisita como la humedad de sus bocas o la tibieza de sus lenguas rugosas resbalando por cada tramo de piel desnuda…

- mmhhh… - y gimen entonces por primera vez con algo que les quema el interior, que les hace sentir la sangre hervir y una necesidad irreverente de unirse más y más como si el roce y las caricias o los besos no resultaran suficientes…

Jaejoong estaba debajo de Yunho, ambos cuerpos encontrados de modo tal que aquellas partes de sus cuerpos quedaban a disposición de la curiosidad y la gula del otro. Erecciones despiertas que erguidas reciben a la vez las atenciones del otro, jadeando desesperados cuando la lengua del otro les lame a lo largo y temblando de gozo cuando se vuelven presa de esas bocas calientes y húmedas que succionan despacio. Descubriendo el magnífico placer de dar y recibir aquellas caricias casi indecentes.

Y es entonces cuando sí… tal vez demasiado pronto y por causa del calor abrasador que terminan expulsando esa sustancia blanquecina que se derrama en sus bocas y tragan instintivamente como si de agua se tratara, relamiéndose los labios y volviendo a encontrarse en un profundo beso sin poder creer que en verdad el placer de la lujuria supiera tan bien…

Jaejoong enrosca sus piernas en la cintura de Yunho y abraza su espalda fuerte mientras se besan y sienten ese tirón en el vientre que les indica que su tiempo ha expirado en el mundo… que deben volver a lo alto y aguardar hasta la próxima ocasión en que las dimensiones se abran para darles paso a esa humana realidad.

Y casi temen perder ese algo que han probado apenas un poco y del que temen nunca tendrían suficiente…

Comprendieron mientras se separaban y las miradas se negaban a apartarse… el motivo por el que hay tantos humanos con alma de demonio pero aura de ángel… era imposible resistirse al placer de la lujuria.

Un tirón más y la repentina desaparición de ambas criaturas de aquella habitación que para siempre parece capaz de quedarse caliente por el calor que ambos han desprendido en cosa de minutos permaneciendo ahí.

*****

Desde entonces Jaejoong y Yunho no se separaban… aunque tenían prohibido comportarse ahí arriba como lo hacían en alguna de las dimensiones, ambas criaturas sentían cada día más imposible el buscarse… el querer unir sus labios en un beso o desnudarse buscando más de aquel calor dejado atrás.

- Yunho… - suspiró el pelioscuro aquella ocasión durante el ocaso cuando el moreno se acercó abrazándole por la espalda… respirando contra su cuello y alterándole como solo su cuerpo humano pudo sentirse antes…

- no puedo Jaejoong… no puedo esperar más… - susurró mordiendo sus labios para no besarle… para no volver a recorrerle como lo hizo una vez no demasiado tiempo atrás… - te necesito… necesito sentirte de nuevo en lujuria y pasión…

- no podemos hacerlo… sabes que no podemos Yunho… - dijo pero su cuerpo parecía no participar de las palabras que salieron de su boca…

- si decidimos… si decidimos ahora lo que queremos ser…

- todavía no podemos tomar esa decisión… aún tenemos mucho por conocer y aprender… no debemos dejarnos llevar por el impulso de una cara más de la humanidad…

- hemos conocido demasiadas, lo hemos visto casi todo y sabes como yo que el tiempo como nosotros es eterno y que la humanidad nunca dejará de mostrarnos nuevas caras…

Jaejoong le miró entonces sabiendo que no había modo de refutar aquello porque Yunho tenía razón y la verdad se encontraba ahí inquebrantable… el pelioscuro mordió su labio inferior y miró hacia el abismo donde de momento no había ya más que oscuridad…

- ¿tomarías el riesgo de convertirte en demonio solo por aquello que sentimos quemarnos el interior mientras estuvimos juntos en aquella habitación?… - Jaejoong cuestionó entonces mientras el corazón humano cobra vida dentro de su cuerpo y late con una sensación indefinida que solo sabe le hace sentir intranquilo…

- no creo que sea solo por la lujuria… - respondió luego de unos instantes… cerrando los ojos y memorando en su mente divina aquel momento a lado del pelioscuro…

De algún modo todo había sucedido demasiado aprisa como para discernir cada sensación experimentada…

Sin embargo…

- supe entonces que quería pasar una sola vida a tu lado así no pudiera conocer todas las caras de la humanidad por la eternidad… no sé lo que eso signifique… Jaejoong, solo sé que no podré vivir un día más sin ti… sin tu calor, sin tu cercanía… sin tus besos o tus miradas… con la libertad con que me sentí a tu lado ahí abajo en el mundo mortal…

Entonces el corazón de Yunho también despertó y latió apresurado… estaban decidiendo… el color de sus almas… la identidad de sus yo interno.

Jaejoong le abrazó y sus bocas se unieron finalmente en un beso, Yunho colocó sus manos en los costados de su cintura y luego ambos desplegaron sus alas… rojo fuego, plata sensual… y sin más se lanzaron al vacío… caída en picada que no interrumpió aquel beso… repentino flote de alas agitadas que les sostienen en el aire mientras el moreno le lleva contra el muro rocoso de aquella montaña divina y las prendas que les cubren desaparecen en un santiamén…

- esta vez, quiero más de ti, Jaejoong… - el moreno susurra contra su piel mientras el pelioscuro mismo enrosca una pierna en su cintura y siente el roce de sus entrepiernas despertándoles de nuevo el calor…

Encendiéndoles la llama de ese fuego peligroso al que se quieren entregar hasta quemar cada célula de sus cuerpos.

Y es el instinto, o tal vez el verdadero impulso de la lujuria y el deseo, de la pasión… lo que sea… Yunho se perfiló rozando su entrada con su erección dura y caliente… le besó con ganas mientras se impulsa y le penetra despacio sin ningún tipo de preparación previa o conocimiento siquiera de ello… Jaejoong gime incómodo y le abraza desesperado sin tomar importancia del dolor en su intimidad… porque de algún modo… también se siente demasiado bien…

Yunho agita sus alas y gimiendo ronco se entierra por completo en Jaejoong, cuyas alas se mueven también en un aleteo inquieto que hace temblar sus alas encendiéndolas en llamas de fuego seco incapaz de quemar… y cuando se sienten unidos de aquel modo erótico… todo parece más extraño pero hermoso…

Hermoso como se dice es el paraíso de los ángeles de alma pura…

Las caderas del moreno comienzan a moverse, entrando y saliendo despacio del interior del pelioscuro, sintiendo que desfallece de placer mientras se va acostumbrando a la presión de su estrecho pasaje, gimiendo sin reserva alguna y notando también cómo las facciones de Jaejoong van cambiando y le acompaña de a poco en el vaivén…

Ritmo lento que aumenta cada segundo hasta que se vuelve frenético y reconocen la danza adecuada para sumirse en placer y agitar las alas cada tanto cuando el placer y la emoción alcanzan un punto culmen en la entrega nueva que guardar en la memoria y repetir…

Repetir con ganas y con ansia cuando caigan por completo y las alas sean cortadas pues la decisión han tomado…

Ser demonios de alma…
Pero ángeles de aura…

Porque han comprendido mientras se entregan a la lujuria… que hacían el amor pues el corazón humano les había despertado antes de perder las alas…

Porque las criaturas indefinidas que eran, habían encontrado de último el alma de demonio, pero desde el inicio se habían unido en aura angelical…

Habían conocido fuera de la humanidad…
El amor de verdad…



**FIN**

Paper Dream

Título: Paper Dream
Autora: Felina
Pareja: YooSu
Género: Slash
Extensión: Oneshot
Resumen: Enamorarse puede doler, pero al final siempre puedes encontrar una luz que te brinde felicidad…
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Llevaba conduciendo cerca de una hora y la realidad era que aún tenía camino por recorrer… al menos no se aburriría, el chico que iba sentado a su lado era la garantía de reír todo el camino… y hasta el momento así era… Yoochun volvió a soltar una risa divertida por el pésimo chiste que su amigo Junsu acababa de decir… y es que además bastaba con escuchar la risa del chico de cabellos pelirrojos para sonreír todo el día… tenía una personalidad única y quizá por ello se llevaban tan bien desde pequeños…

Kim Junsu tenía ahora 17 años, era tres menor que Park Yoochun pero se conocían desde pequeños pues eran vecinos de barrio. Ahora viajaban a casa del chico de cabellos azabache en otra ciudad lejos de la capital, ahí donde vacacionaban y donde sus padres y su hermano YooHwan ya se encontraban desde hacía un par de días habiendo venido desde Estados Unidos para pasar unos días de vacaciones. Su familia se había regresado a aquel país hace un año y era algo temporal, pero Yoochun no había querido marcharse con ellos prefiriendo quedarse en Seúl.

A Junsu era la primera vez que le invitaba, de algún modo, el pelinegro tenía deseos de pasar tiempo con su amigo ahora que al haber iniciado sus estudios universitarios no tenían tanto tiempo para pasarla juntos como antes…

El pelirrojo iba tarareando una canción rítmica que sonaba en la radio, el pelinegro sonreía de medio lado recordando los días en que él se sentaba frente al piano tocando dulces melodías que su amigo interpretaba… la pasión por la música era una de las cosas que más les había hecho concordar desde siempre, y lo que les mantenía siendo grandes amigos aún y cuando Junsu era algo infantil y juguetón, y Yoochun tenía ese pensamiento algo más maduro y pensaba en otras cosas.

- voy a llegar a la siguiente gasolinera ¿tienes hambre?... – el pelinegro preguntó, que habían emprendido el viaje temprano, y conociendo lo dormilón que podía ser en vacaciones su amigo, seguro estaba de que no había desayunado nada… ¿o es que se proyectaba él?

- sip… - respondió sonriente volteando para verle… el perfil de su amigo era de lo más varonil, no recordaba a ningún chico con esa manzana de adán ni esa voz tan sensualmente natural…

Sintió sus mejillas tomar calor y apartó la mirada girándose a la ventanilla, notando en el reflejo del espejo lateral el tenue rubor que cubría sus pómulos… hacía algún tiempo había descubierto que Yoochun le ocasionaba cosas… cosas que hacían que su cuerpo reaccionara… aquella primera vez él tenía 15 años y el pelinegro 18, ése día Park le estaba presumiendo sus pectorales que ya comenzaban a resaltar luego de esos meses en el gimnasio… el pelirrojo había sentido su corazón latir muy rápido y su vista había recorrido de manera diferente el torso desnudo de su amigo… había aparecido un revoloteo en su estómago y de pronto la estancia no se ventilaba muy bien porque él sentía mucho calor… días más tarde supo que eso era atracción física… como cuando alguien te gusta románticamente… fue también la primera vez que sintió culpa… sabía que no estaba bien fijarse así en otro chico…

Unos meses después de aquél día, el mismo Yoochun le contó una verdad importante… era gay… se lo contó porque, según el pelinegro, tenía edad para comprender y siendo su mejor amigo había llegado el momento de que lo supiera… Junsu luego conoció a su novio… no le agradaba… era adolescente después de todo… y estaba enamorado, así que el novio del pelinegro había pasado a convertirse en su peor pesadilla porque le quitaba tiempo que pasaba con él… y sin embargo le llegó a ver contento… así que no tuvo más opción que callarse su amor y seguir siendo el amigo con quien Yoochun se sentía cómodo siendo él sin ninguna máscara…

…………………………

Junsu compró en el pequeño restaurante junto a la gasolinera comida para los dos, aunque Yoochun no se lo había pedido ni había tiempo para quedarse a comer ahí, el pelinegro seguro tampoco había desayunado y le tocaba conducir durante largo camino.

- ¿listo ya?... – el pelinegro le esperaba recargado en su carro… Junsu asintió y con bolsa en mano subió de su lado… - llamé a casa, mamá dijo que no comas demasiado porque te prepara tu platillo favorito…

La mirada del pelirrojo brilló y Yoochun supo que le había emocionado saber aquello… incluso le vio dejar bajo sus pies una bolsa. Destapó el otro plato y un agradable aroma se coló por la nariz de ambos… sus tripas gruñeron y el pelinegro se sintió ligeramente avergonzado… no se supone que debiera tener hambre… el bendito vaso de leche matutino no había sido suficiente… Junsu sonrió y probó un bocado… estaba rico de verdad…. Luego tomó otro…

- abre… - dijo acercando el bocado a la boca del pelinegro… los ojos de Yoochun voltearon a verle por un instante, no se quería distraer de la carretera… - anda, que si no se me caerá… - sonrió suavemente…

- gracias… - Park le sonrió también para luego aceptar ese bocado… de reojo vio que la sonrisa de su amigo se ampliaba… después tomó otro bocado para ofrecerle uno más a él… estaban compartiendo la comida… por alguna razón le resultaba extraño…

- Chunnie…

- qué…

- ¿crees que soy atractivo?...

Yoochun parpadeó confundido… y miró de reojo a su amigo… hubiera sido sencillo preguntarle el porqué le cuestionaba aquello… estuvo tentado de hacerlo, pero… las mejillas sonrojadas de Junsu y que jugara nerviosamente con lo que quedaba de comida le indicaban una probabilidad que le preocupó…

Le gustaba a su amigo…

- sabes que soy de los que piensan que todas las personas son especiales por alguna de sus cualidades… - respondió con sinceridad… aunque sin dejar de sentir preocupación… en realidad no quería gustarle al pelirrojo…

Kim sonrió sintiendo sus mejillas arder un poco más… tal vez no era guapo pero todavía cabía alguna posibilidad de gustarle al pelinegro… Yoochun siempre le ha halagado su voz al cantar, le ha dicho que es hermosa y que si se esfuerza algún día podrá ser un cantante famoso…

Las mariposas en su estómago volvieron a aletear nada más recordar los cumplidos del pelinegro… y pensaba si tendría en esos días el valor de confesarle sus sentimientos, de expresarle todo lo que le hacía sentir y tal vez… ganarse ese lugar en su corazón que hace tiempo nadie ha habitado desde que rompió con su novio hace cerca de medio año…

Park mordió su labio… tal vez no había sabido poner límites en su amistad, quizá confundió a Junsu sin darse cuenta… o probablemente él estaba exagerando y viendo cosas donde no las había… no era la primera vez que el pelirrojo se sonrojaba estando con él y guardaba silencio perdido en sus pensamientos…

En la radio comenzó a sonar “Saranghamnida” y el pelirrojo empezó tarareando para luego dejar que la dulce voz saliera desde su garganta… en su mente cantaba para Yoochun… y soñaba… soñaba con un viaje de novios, que llegarían a la playa y caminarían tomados de la mano sintiendo la cálida arena bajo sus pies descalzos mientras el atardecer cae en el horizonte y baña con tonos nacarados el paisaje…

Porque soñar no le costaba nada y deseaba que un día fuera su realidad…
Quizá si lo deseaba con la suficiente fuerza…

La canción terminó y Junsu recién se dio cuenta de que había cerrado los ojos todo ese tiempo… las mariposas en su estómago aletearon todavía más y sus mejillas tomaron algo más de carmesí… se sentía tan bonito estar enamorado… un suspiro escapó de sus labios y Yoochun se removió inquieto en su lugar no queriendo pensar que podría ser por él… pero fallando miserablemente en el intento, que si era sincero había muchas actitudes en el pelirrojo que solo tenía con él… para empezar, era al único amigo a quien llegaba a tomarle la mano o abrazarle espontáneamente con efusividad… eso lo sabía por EunHyuk, el amigo de Kim que era de su edad y que un día le dijo que parecía el novio de Junsu…

- ¡fuck!... – maldijo por lo bajo al recordar aquello… entonces no le había tomado importancia y lo había considerado más como una broma…

- qué pasa, Chunnie… - el pelirrojo le preguntó confundido por esa maldición que su amigo soltara por lo bajo, pero que bien había escuchado…

- na…nada… - aclaró la garganta y aceleró un poco quizá impulsado por la repentina adrenalina del momento… también era al único al que le tenía un mote tan cariñoso… <.no, no quiero gustarle.>… se decía mentalmente sin notar esa vez que su amigo bajaba la mirada sintiéndose algo triste porque estaba seguro de que el pelinegro algo le ocultaba…

Durante un buen rato ninguno volvió a pronunciar palabra. Hasta que Junsu recordó un pésimo chiste y Yoochun rió de buena gana volviendo a hacer de cuenta que nada había pasado por su mente… y entre risas, chistes y charlas amenas, después de unas horas los chicos finalmente llegaron a la casa de Park.

La Sra. Park le recibió con un fuerte abrazo, siendo muy cariñosa con Junsu… Yoochun tuvo la impresión de ver a su madre dando la bienvenida a su “nuera” luego de un largo tiempo sin verle…

- oh mierda… - murmuró entre dientes apurándose mejor en meter su maleta… y habiéndose llevado sin darse cuenta la del pelirrojo… escuchó a su madre y a Junsu hablar cálidamente mientras entraban y se quedaban en la estancia… subió hasta su cuarto y YooHwan le siguió al verle pasar saliendo del propio…

- ¿es Junsu el que platica con mamá?... – el pelinegro asintió sintiéndose algo frustrado… acababa de notar que había cargado con la maleta de su amigo… - pero no te enojes hombre, no te lo va a quitar… - bromeó su hermano… a saber, un año mayor que Junsu, dos menor que Yoochun… el pelinegro estuvo por decirle algo, pero mejor se calló… no debía dar importancia a lo que no lo tenía, ¿cierto?...

- ¿y papá?... – preguntó mientras salía de su alcoba e iba a la de lado, que sería para Junsu, dejó la maleta sobre la cama y suspiró antes de salir con su hermano…

- fue por unas cosas que mamá le encargó… - respondió mientras bajaban las escaleras… - creo que está más emocionada de que viniera Junsu que por sus hijos… - sonrió divertido pensando en lo ansiosa que lució su madre mientras esperaban la llegada de Junsu y Yoochun… que en verdad, parecía que hubiera estado esperando a unos recién casados… - deberías formalizarte con Junsu, hermano… - le dijo justo en el último escalón con una sonrisa cómplice y en voz queda para que solo el pelinegro le escuchara… - ¡Bienvenido Junsu!... – fue a saludarlo dejando a Yoochun en shock parado en el final de la escalera…

¿Por qué parecía que de pronto todo apuntaba en ese sentido con Junsu?

- ¿Yoochun…?... – le hablaba su madre… - ¿Park Yoochun…? – pero el pelinegro seguía en una especie de trance…

YooHwan y Junsu le observaban también… el pelirrojo inconscientemente se acercó intrigado por el repentino mutismo y trance de su amigo…

- ¿Chunnie…? – murmuró buscando su mirada… tal vez demasiado cerca porque el pelinegro al escuchar su suave voz y mirarle dio un paso atrás con el corazón latiéndole de prisa como cuando eres sorprendido…

Solo que, como las escaleras estaban detrás, Yoochun terminó cayendo de golpe lastimándose el trasero… un quejido de su parte había alertado a todos… es que ya tenía un antecedente de problemas lumbares…

- ¿estás bien?... – el pelirrojo se apuró en preguntar mirándole preocupado y sintiéndose culpable…

- estoy bien, no fue gran cosa… - pero el dolor en el cóxis delataba lo contrario… vio a su madre inspeccionarle la mirada y a su hermano suspirando con un dejo de diversión… estaba seguro de que YooHwan se creía que Junsu le había intimidado al estar tan cerca…

- perdón Chunnie… - murmuró Kim con las mejillas ligeramente sonrojadas y su semblante avergonzado de culpa…

- no fue tu culpa… - el pelinegro le sonrió para tranquilizarle mientras se ponía de pie… las mejillas del pelirrojo tomaron algo más de color ante su sonrisa… y él se arrepintió al instante de ella… lo que menos quería era hacerle creer lo que no era…

- debes tener más cuidado, hijo… - la Sra. Park finalmente habló… su mirada fija en su hijo le hizo sentir al pelinegro que le revisaba cual rayos X y veía mucho más de lo que él mismo podía ser consciente…

Los ojos tan negros como los de Yoochun se posaron por un instante sobre Junsu, luego volvió hacia su hijo y sonrió… hizo una pequeña broma acerca de lo torpe que podía llegar a ser y luego volvieron a tomar asiento en la sala. Apenas unos minutos después el Sr. Park hizo acto de presencia sonriendo contento hacia el pelirrojo y dándole una afectuosa bienvenida.

Entonces Yoochun se dio cuenta de lo mucho que su familia quería a Junsu; y volvió a tener la impresión de que le trataban como si el pelirrojo se tratara de “una novia o esposa” a la que llevaba a casa después de un tiempo sin verle…

Por supuesto, la familia del pelinegro tenía pleno conocimiento de sus preferencias sexuales y le aceptaban como tal… más después de aquella vez que les presentara a su segundo novio hace ya casi dos años, nunca había visto que sus padres y hermano recibieran con tal agrado a un chico… claro está, a Junsu le conocían desde pequeño… desde aquél día en que YooHwan fue el causante de cruzar sus destinos…

……flashback……

La familia Park acababa de mudarse a aquella zona de Seúl después de haber vivido algo más de seis años en Estados Unidos… Yoochun y YooHwan, de 7 y 5 años respectivamente, jugaban a la pelota en el jardín frontal mientras los de la mudanza terminaban de vaciar en el camión y meter sus cosas en su nueva casa…

Dos pequeños pelirrojos pasaron por la acera en bicicleta, al parecer el más grande de ellos le enseñaba a su hermanito a andar en bici… YooHwan pateó el balón y éste fue directo a la cabeza del pelirrojo que empujaba al otro… el golpe le distrajo y su hermanito paró bajando de la bici para ir donde su hermano…

- JunHo hyung, ¿ha sido muy fuerte?... – el pequeño pelirrojo estaba arrodillado junto a su hermano, quien había terminado sentado sobándose la cabeza…

- ¡perdón! ¿estás bien?... – Yoochun corrió hacia los pelirrojos esperando que su hermano no haya golpeado muy fuerte al mayor de ellos…

- sí, no fue tan duro… - la aniñada voz del pequeño hizo sentir aliviado al niño, miró a su hermano llamándole con la mano para que se acercara a disculparse; mientras el pelirrojo aceptaba la mano de su hermanito para levantarse… - acaban de mudarse, verdad, ¿de dónde vienen?

- de Estados Unidos… - Yoochun respondió en tanto su hermano hacía una reverencia a modo de disculpa…

- ¡vaya! Eso es lejos, ¿verdad?... – el niño asintió sonriendo suavemente… - pero aquí es muy bonito, ni siquiera van a extrañar, si quieren, podemos ser amigos… - dijo animado el pelirrojo más grande, según parecía a simple vista…

- ¡claro!... – los hermanos Park mostraron el mismo ánimo… - mi nombre es Yoochun, y él se llama YooHwan… - los pequeñines estrecharon sus manos…

- yo soy Junho, y él es mi gemelo Junsu… - los hermanos Park parpadearon incrédulos…

- ¡¿gemelos?!... – soltaron al unísono…

- sip… - JunHo sonrió mientras que Junsu sonreía ampliamente con sus redondas mejillas teñidas en carmesí… - nací primero, pero llegamos el mismo día, así dice nuestra umma…

Y de aquella peculiar manera fue que se conocieron los hermanos Kim y los Park; aunque con el tiempo, fuera más que notorio el vínculo entre Junsu y Yoochun, ya que ni JunHo ni YooHwan fueron tan unidos como lo eran sus hermanos entre sí. Además, cuando los gemelos Kim cumplieron los 12 años, sus padres decidieron separarse, y JunHo decidió por aquel entonces irse con su padre, mientras que él decidió quedarse con su madre, aún mantenían una muy buena comunicación, pero ya no se conocían tanto como cuando estaban juntos.

……flashbak……

La cena había estado deliciosa y amena, los Sres. Park salieron a visitar a unos amigos en el malecón, mientras que YooHwan optó por visitar a una “amiga” que hiciera al llegar al lugar. Junsu había querido salir a caminar por la playa privada de los Park, y por supuesto, Yoochun no había podido negarse ni dejarle ir solo… así que ahora caminaban juntos platicando de nada con el atardecer casi oculto en el horizonte… el pelirrojo pensaba que aquello era como un sueño…

- ¡ah!... – gritó Junsu sorprendido ante el repentino ataque de su amigo quien le había lanzado agua con sus manos… - ¡espera!... – y seguía haciéndolo…

- a nadar, delfincito… - dijo divertido el pelinegro… aquél apodo se lo había puesto de hecho él hace algunos años, en honor a su risa escandalosa… aunque en secreto siempre había pensado que también por su bien pronunciada retaguardia…

Distraído por sus propios pensamientos que en ese momento le perturbaron, se convirtió en el blanco de los chapoteos que Junsu lanzó contra él. De ningún modo iba a dejarse, así que aquello terminó en una guerra de agua y luego una persecución por la arena con risas y casi caídas cuando uno estaba por alcanzar al otro… hasta que el pelirrojo dio alcance a su amigo, cayendo los dos sobre la cálida arena… Junsu encima de Yoochun, de sus bocas aún escapaban los sonidos de sus sonrisas divertidas, estaban mojados y con las ropas llenas de arena también… les brillaba la mirada y tenían la respiración agitada por el juego que acababan de tener…

Quizá sea parte de eso que Yoochun se sintiera cómodo con Junsu, siempre termina contagiándole su jovialidad casi infantil.

El pelirrojo se le quedó mirando sin moverse de encima de su amigo, no que así lo tuviera planeado, simplemente se había prendado de las orbes oscuras del pelinegro… y su corazón palpitaba mucho más rápido por causa de su cercanía… e inevitablemente, su mirada terminó perdiéndose en aquella boca provocativa de Yoochun que le hipnotizaba invitándole a probarla…

Cuando Yoochun notó que las risas habían cesado pero Junsu continuaba encima suyo y no le despegaba la mirada, se sintió nervioso… acentuando la sensación al observar que el pelirrojo cerraba los ojos comenzando a acercarse…

Iba a besarlo…

El pelinegro instintivamente se movió colocando sus manos en los hombros del pelirrojo impulsándose hacia delante de modo tal que terminó sentado en la arena ante un Junsu sonrojado y confundido que de rodillas parpadeaba con su pecho subiendo y bajando rápido al ritmo de su respiración agitada…

- Chunnie… yo… tú me… - el pelirrojo de pronto se sintió valeroso… tal vez ese era el momento que esperaba… el justo para expresarle a Yoochun su sentimiento…

- no me gustas así, Junsu… - cortó de tajo y más por impulso…

Los ojos del pelirrojo se abrieron con sorpresa y su respiración casi se detuvo… ciertamente, no le había dado tiempo siquiera de construir un castillo de ilusiones… no… Yoochun había atravesado su corazón con un golpe limpio y certero que le dejaba casi muerto… aquellas palabras del pelinegro se clavaron como aguijones envenenados en su corazón y dolía como no quiso imaginar el rechazo de Yoochun…

Park se mordió el labio bajando la mirada casi arrepentido de sus propias palabras… sin embargo, creía que era mejor eso que haberle dado falsas esperanzas al pelirrojo… Kim se puso de pie sintiendo dolor en cada uno de los movimientos de su cuerpo pesado…

En ese momento deseó no haberse enamorado nunca…

Una lágrima resbaló por su mejilla y al instante le siguieron muchas más… el primer sollozo que escapó de su garganta atrajo la atención de Yoochun, quien levantó la mirada sintiéndose culpable del dolor que ahora veía reflejado en quien fuera su mejor amigo…

- Junsu… - le llamó buscando en su mente algún consuelo que ofrecerle… pero se quedó paralizado ya de pie frente a su amigo cuando las castañas pupilas le mostraron con nitidez toda la tristeza de su rechazo…

Luego, el pelirrojo dio la vuelta y salió corriendo de regreso a la casa de los Park con una sola meta en mente: marcharse.

Yoochun bien pudo salir tras él, pero pensó que aquello solo podría lastimar más o ilusionar a Junsu. Así que se quedó ahí parado sin nada más que el rostro devastado del pelirrojo en su cabeza.

………………………………

Cuando los Sres. Park regresaron a casa, YooHwan esperaba en la estancia…

- Junsu se fue, Yoochun está en su habitación… - la seriedad con que el menor les dijera aquello fue suficiente para comprender lo sucedido…

La Sra. Park subió entonces a la habitación de su hijo, el pelinegro estaba acostado en su cama mirando el techo, tan solo la lámpara de la mesita de noche estaba encendida…

- no era mi intención romperle el corazón… - soltó con voz afligida antes siquiera de que su madre dijera nada…

- y él lo sabe, hijo, aunque ahora le duela tanto… - se acercó sentándose en el borde de la cama mirando fijamente a su hijo, quien sin ánimo alguno de nada, continuaba con su mirada fija en el techo… aunque en su mente solo continuara la más triste de las imágenes que nunca hubiera querido atestiguar…

Y dolía algo más saberse el único culpable de tal escena…

- Junsu necesitará de ti, hijo…

- ¿para qué, mamá? ¿Para lastimarle más?

- no… para recordarle que no es su culpa, que nada de mal hay en él para que tú no le quieras como él a ti, para que su corazón herido no muera y tenga la fortaleza para sanar…

- no puedo ofrecerle tal cosa, madre… yo… no puedo amarle…

- no has entendido, Yoochun… - la Sra. suspiró mientras se ponía de pie… - si tan seguro estás de que no puedes amarle, ¿porqué estás acongojado?

- ¡Le rechacé! ¡Le hice daño!...

- y la culpa que sientes crees que nace solo de la amistad que tenías con Junsu, ¿no es así?...

Silencio…

- escucha bien, hijo mío… si no hay en tu corazón más que culpa y desconsuelo, vale más que nunca vuelvas siquiera a buscarle, pero si por lo menos amigo te consideras, podrás entender que aunque no le ames, Junsu necesita que estés ahí…

**********

3 años y meses después…

Junsu había salido de fiesta con unos amigos de la Universidad, entre ellos EunHyuk… y desde que le insistiera tanto para que les acompañara, el pelirrojo supo que su amigo algo tramaba…

Y lo comprobó cuando unos minutos después de que ellos llegaran, lo hizo también YooHwan… con Yoochun… y bajó la mirada no pudiendo evitar que su corazón latiera algo más rápido y sus manos sudaran… a pesar de todo, él seguía enamorado del pelinegro…

Yoochun sonrió suavemente al verles, sentándose a lado del pelirrojo… no que tuviera más opción pensó al ver que EunHyuk se corría al asiento de lado para dejarle ese espacio… Junsu se movió inquieto esperando no dejar tan en claro que aún se ponía nervioso con su cercanía cuando no estaba preparado para verle…

Luego llegaron algunas compañeras más de la escuela, y pronto la mesa en la que estaban solo unos cuantos se multiplicó… una chica no le sacaba los ojos de encima a Junsu… y otra sonreía coquetamente a Yoochun… el ceño fruncido del pelinegro no pasó desapercibido para YooHwan ni EunHyuk, aunque claro, su amigo pelirrojo parecía mejor no mirar al pelinegro… pero podían darse cuenta de que era más por evitar toparse con que Yoochun fuera a responder las insinuaciones de la chica encimosa que casi se le tiraba encima, que otra cosa…

- ven, Junsu… - EunHyuk dijo, y al instante el pelirrojo se sintió arrastrado lejos de la mesa siguiendo a su amigo todo confundido… llegaron hasta un callejón en la parte trasera del local…

- te he dicho que no fumes, no es bueno para la salud… - el pelirrojo cruzó los brazos frunciendo el ceño cuando vio que su amigo sacaba una cajetilla…

- ok… - EunHyuk sonrió… - de todas maneras era solo el pretexto… - susurró guardando de nuevo la cajetilla en el bolsillo de su pantalón…

- ¿tú y YooHwan traman algo?...

- como crees… - el pelirrojo le miró serio… - Junsu, hace cuánto que no intentas nada de nada con él, ¿ah?...

- no tengo nada que intentar, Eun… déjenlo así… - murmuró bajando la mirada y recargándose en el muro con los brazos cayendo en sus costados…

………………………………

Yoochun estaba inquieto… no paraba de mover su pie bajo la mesa ni de tamborilear sus dedos sobre ella… su mirada iba una y otra vez hasta el camino que viera tomar a EunHyuk y Junsu hace ya algunos minutos para su gusto…

- ¿qué tanto pueden estar haciendo?... – susurró entre dientes, y quiso no pensar… pero falló en su intento… algo muy, pero muy parecido a los celos ardía en su estómago…

La plática que le hacía la chica a su lado no era más que un molesto zumbido en su oído que comenzaba a levantarle una jaqueca. YooHwan sonrió suave mirando la actitud de su hermano… que le latiera la venita de la sien era un indicio perfecto de que estaba a nada de finalmente aceptar aquello que hace años se negó a sí mismo… y sonrió ampliamente y con cierto aire de triunfo cuando vio a su hermano ponerse de pie sin siquiera decir nada y salir casi disparado por el camino que antes tomaran Eun y Junsu…

………………………………

- Junsu… sigues enamorado, ¿Que no?...
- y él no de mí, ¿de acuerdo? No quiero volver a pasar por lo mismo de hace unos años, apenas si siento que lo he superado…

- conformándote con ser su amigo… - interrumpió Eun…

- ¡sí!... – espetó casi sintiéndose molesto… ¿es que no podían darse cuenta de que le dolía? Pero que nada podía hacer para cambiar las cosas…

- pero Juns…

- ¡No!... – fue su turno de interrumpir a su amigo… - ¿es que no lo ven, Eun? No ven lo difícil que es esto aún para Yoochun… - continuó el pelirrojo sin darse cuenta de que tras la puerta de salida al callejón, el nombrado se quedaba quieto para escuchar, EunHyuk tampoco podía verlo… - ¿acaso no notan que le incomoda que siempre intenten algo nuevo para liarnos? Él no quiere Eun… no quiere nada romántico conmigo y ustedes no quieren entenderlo… - soltó con voz lastimera… - él solo quiere que seamos amigos y ustedes no lo facilitan para ninguno, porque no ves que me duele luego su distancia, que ponga más énfasis en los límites conmigo, que no quiera mirarme o dirigirme la palabra, que no quiera sentarse siquiera a mi lado, que… - un sollozo escapó de su garganta y solo entonces Eun vio algo que ciertamente habían pasado por alto… - que huya de mí como si le fuera a contagiar algún mal… - el pelirrojo se cubrió el rostro con sus manos…

Odiaba llorar… pero todavía había días en que simplemente no lo podía evitar…

Cuando recordaba que sus sueños siempre serían solo de papel… y que fácil como éste, podían quebrarse y morir… o irse con el viento sin poder tenerles nunca más…

Tras la puerta, Yoochun se recargó en el muro de a lado, su corazón palpitaba diferente… le dolía… le dolía por Junsu… por ese amor que el pelirrojo aún le tenía y que no aprendió nunca a valorar o cuidar…

Aún cuando tres años atrás, el pelirrojo hubiera querido decirle adiós…

…flashback…

Hacía un par de meses ya desde que Junsu hubiera salido corriendo de la casa de los Park en la playa… y desde entonces, rehuía de Yoochun sintiéndose tonto y dolido… a saber si el pelinegro le consideraba un estúpido por haber pensado siquiera que podría enamorarse de él…

Y no tenía entonces más desahogo que encerrarse en la sala de música del Instituto y tocar el piano deslizando sus dedos y dejando fluir todas esas notas que dejaban al descubierto su abatido estado de ánimo… casi no sonreía e incluso estaba más delgado, aún así, para muchas personas, seguía siendo un jovencito atractivo con toda una vida por delante…

Junsu pensaba, que su vida era sosa y sin sentido desde que Yoochun no era parte de ella… y sabía también… que todo era por su culpa, por haberse atrevido a soñar demasiado…

Por creer que podría volar sin tener alas…

…………………………………

Yoochun caminaba por esos pasillos que hace algunos años él dejara atrás, desde que solo los de la Universidad sus pies recorrieran… y sin embargo extrañaba aquellos recorridos… extrañaba aquella sala de música en la que muchas veces estuviera a solas con Junsu tocando y cantando con él…

Escuchó bajo el sonido de unas notas que él conocía bien… era una canción que había escrito cuando terminó con su novio meses atrás… y él único con quien la había compartido… era Junsu…

Corrió hasta la sala de música, se detuvo apenas a la entrada para tomar aire y abrir despacio la puerta… ahí estaba el pelirrojo tocando pausadamente las notas… el pelinegro sintió que algo le apretaba el corazón… recordaba bien las palabras que compartiera con Junsu aquella ves que tocó por primera ocasión Bye Love Bye…

“… - para olvidar a alguien y seguir adelante, dile adiós, quédate con los bonitos recuerdos y entierra el dolor de las lágrimas…”

Entendió… que eso quería el pelirrojo… despedirse de su amor por él…

Caminó despacio hasta quedar a unos pocos pasos del pelirrojo… éste al darse cuenta de su presencia saltó en su lugar para inmediatamente ponerse de pie… odiaba que su corazón latiera tan rápido con solo verlo…

- Yoochun ah… - susurró su nombre notando que la voz le salía nerviosa y que sus mejillas tomaban un poco de calor… aún cuando el pelinegro le había rechazado, él seguía teniendo esas reacciones ante él…

- ¿tocamos juntos?... – el pelinegro dijo tomando asiento en el banco del piano… el pelirrojo le miró contrariado… - decir adiós puede resultar, y así comenzar con otras experiencias, Junsu ah…

Kim no entendió del todo lo que Park decía… pero no pudo negarse… tomó asiento a su lado y tembló… por ese calor que emanaba el cuerpo del otro… por la serenidad de su perfecto rostro… por la profundidad de esas orbes que casi le hacían sentir alivio aún y cuando era justamente él el dueño de su más preciado sentimiento…

Y cantaron y tocaron juntos aquella canción que sí… supo a despedida…

A una amarga despedida de algo… que ni siquiera comenzó…

…flashback…

- Junsu… - Eun intentó acercarse…

- ¡solo déjenlo!... – espetó el pelirrojo dejándose caer resbalando en el muro… dobló sus rodillas dejándolas chocar contra su pecho y las abrazó enterrando su rostro en medio de sus piernas… - solo déjenlo… solo… - sus lágrimas parecían no tener fin… a pesar de que hacía algún tiempo que había creído terminaron…

Solo entonces Yoochun atravesó la puerta… Eun ahogó un grito de sorpresa… pero Junsu aún no le veía… el pelinegro le indicó con un gesto a EunHyuk que les dejara a solas, cosa que hizo en el acto. Cuando se hubo retirado, el pelinegro se agachó frente al pelirrojo llevando una de sus manos a su espalda, dejando suaves caricias en ella… Junsu no negó el contacto y siguió llorando por un rato… aunque había algo diferente en el gesto de su amigo… Eun no solía consolarle así, él siempre le decía algo y torpemente le abrazaba… pero esas caricias… tenían incluso un calor diferente…

Levantó su rostro queriendo indagar aquella sensación y sus ojos se abrieron de par en par al topar con el rostro serio de Yoochun… su corazón parecía haberse paralizado como aquella vez en que le rechazara…

- no llores más, Junsu ah… no merezco las lágrimas tan puras que bañan tus mejillas… - murmuró el pelinegro dejando que sus dedos limpien aquel río de dolor…

- Yoo…chun… - el pelirrojo no entendía porqué… porqué simplemente el pelinegro no salía de su vida… porqué permanecía en ella…

Porqué…
Porqué no le podía amar…

- a veces, decir adiós es más difícil de lo que uno cree o imagina… y a veces, por causa de ello, uno entiende lo que por ciegos y tercos antes no queríamos… - siguió hablando, con voz suave, sin dejar de acariciar esas mejillas que ahora lucían teñidas en un precioso carmesí… - Junsu ah… Te Amo…

Y sintió por vez primera en, probablemente toda su vida, el calor avasallador y embriagante de una confesión que nacía más allá de la atracción física o la compatibilidad en algunas cosas de la vida… ese calor que nace desde el alma y palpita emocionado en el pecho… el amor de verdad…

- Chunnie… tú… ¿qué has dicho?... – el pelirrojo esperaba despertar en cualquier momento de una más… de sus sueños de papel…

- he dicho… que Te Amo, Junsu ah… - repitió el pelinegro sonriendo suavecito antes de acercarse lentamente a un estático pelirrojo que no reaccionó ni cuando los labios de Yoochun rozaron los suyos para luego alejarse sin haber llegado a besarle… - siento todo el daño que te hice… y sé que pedir perdón no es suficiente… que jamás podré pagar todo tu dolor… pero Junsu… déjame cuidarte de ahora en adelante, demostrarte lo que siento por ti desde hace tiempo pero que solo ahora soy capaz de aceptar ante ti… ante mí mismo…

Las castañas pupilas del pelirrojo bailaron conmovidas… y entonces su cuerpo finalmente se movió, sus manos abrazaron al pelinegro y su rostro buscó el refugio de la curvatura de su hombro y cuello… una sonrisa se dibujó parsimoniosa en sus labios y volvió a temblar… esa vez, de nervio y emoción, de alegría y contentura, cuando los brazos del pelinegro correspondieron su abrazo acunándole contra su cuerpo…

- Te Amo, Chunnie… muchísimo más de lo que pueda explicar… y solo quiero… solo quiero estar contigo para siempre… - atinó a decir el pelirrojo mientras se dejaba mecer en aquel baile privado e íntimo en brazos del pelinegro…

- para siempre, Susu ah… para siempre baby… - el pelinegro susurró…

Y selló su juramente con aquella sublime caricia dejada sobre labios de un Junsu que esa vez sí correspondió, pues el roce de labios mutó en ese primer beso que durante años anhelara y soñara… esa caricia tímida y tierna que le era regalada con la más dulce de las emociones: el amor.

Y si sus sueños de papel se quebraron antes, o volaron con el viento lejos de él… Junsu comprendió, que a pesar de ello, nunca es tarde para seguir teniéndolos… como no lo es…

Para que un día se vuelvan realidad, porque lo hermoso de soñar, es la magia que en cada uno de esos sueños dejamos… la fuerza y la voluntad, el anhelo y la esperanza…

De amar y ser amado…

Fin

INTOXICATION

Título: INTOXICATION
Autor: Felina
Pareja: SuChun
Género: Romance, Lemon
Extensión: Oneshot
Resumen: La creatividad de Junsu para mostrarle a Yoochun la coreografía de su nuevo single les lleva a una más de las experiencias perfectas de su amor…

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Junsu estaba esperando pacientemente la llegada de Yoochun esa noche... El que su novio estuviera ahora ocupado en reuniones acerca de ese nuevo drama les quitaba más del poco tiempo que últimamente, a pesar de las circunstancias, podían realmente pasar a solas... Es que quería darle una sorpresa especial... Bailaría para él en primicia, el baile que conformaría la coreografía de su nuevo single en solitario...

El pelinegro llegó cansado, pero feliz de por fin poder ver a su novio...

- Buenas noches amor... - Le saludó atrayéndole por la cintura y besando al instante esos labios que extrañaba cada día más... El castaño oscuro se dejó hacer envolviendo sus manos tras la nuca de su novio y pegando su cuerpo... Le subiría el calor antes de tiempo de seguir así...

- Chunnie, ven... Te quiero mostrar algo... - Tomándole de la mano, el delfín le llevó directo a la estancia, le sentó en una silla y tomándole por sorpresa, colocó en sus muñecas unas esposas imposibilitándole todo movimiento...

- ¿Junsu?... - El pelinegro cuestionó mirándole con una ceja enarcada mientras que su novio simplemente sonreía divertido, mientras daba unos pasos atrás y colocaba de fondo una melodía que el ratón no conocía del todo, pero le sonaba familiar...

- Te conozco, la mínima oportunidad de moverte hará que arruines mi sorpresa... - El delfín sonrió más mientras se preparaba al centro de la estancia listo para comenzar con su baile...

- ¿Estás tratando de ser pervertido conmigo, baby?... - Cuestionó con un dejo de burla, pero sintiendo ese calor en el bajo vientre que sólo su novio podía inspirarle con una sola de sus miradas... Una de esas que sexys se curvaban en esos labios gruesos que le regalaron un beso volado antes de que el cuerpo del delfín comenzara a moverse al ritmo de esa música lenta y sensual...

Junsu dejó que la melodía envolviera su cuerpo, y las notas fluyeron de su garganta con esa voz sensual que a Yoochun le ponía con facilidad... Y más, si iba acompañada de esos movimientos exquisitos del cuerpo perfecto de su novio...

Su inglés seguía siendo realmente malo... pero... Pasaba a segundo plano por el simple hecho de dejar que sus ojos se devoraran esa S line que le estaba enloqueciendo ya... Yoochun notó un escalofrío correrle por la columna vertebral cuando su novio realizó aquel movimiento moviendo sus caderas al frente... Era seductoramente irresistible... Y quería lanzársele ya a devorárselo con besos... pero las malditas esposas le impidieron todo movimiento... Su novio había tenido razón en atarle...

Junsu notó la intención de su novio y sonrió coquetamente al tiempo en que caía sobre el suelo realizando aquel movimiento por demás sexy, en el que deslizaba lentamente su chaqueta mostrando apenas sus desnudos hombros para volver a cubrirse, notando cómo la entrepierna de Yoochun crecía entre sus pantalones...

Su objetivo se estaba cumpliendo a la perfección... Uno a uno ejecutó los pasos hasta que la música terminó... Caminó despacio hasta su novio, sentándose a horcajadas sobre sus caderas... Los penetrantes ojos negros de Yoochun le miraban con deseo...

Una gota de sudor resbaló por el contorno del rostro del castaño oscuro, delineó su quijada y se perdió por su cuello dándole un toque erótico que sólo consiguió que el pelinegro se sintiera algo más ardiente... Las manos de Junsu resbalaron por su pecho con parsimoniosa lentitud hasta colarse bajo su camiseta y acariciar directamente esa piel que ardía bajo su tacto...

- Tan pronto, Chunnie... - Ronroneó juguetón mientras se inclina para rozar los labios de su novio sin llegar aún a besarle...

- Su... - Gruñó inconforme el pelinegro... Su novio soltó una risita juguetona al tiempo que se ponía de pie y notaba que el ratón se removía inquieto sin apartarle la mirada, pero queriendo deshacerse de las esposas...

- Paciencia, mi ratoncito pervertido... - Volvió al centro de la estancia y colocó de nuevo la melodía, repitiendo nuevamente su baile... Solo que esa vez... cuando cayó al suelo y realizó aquellos sexys movimientos, la chaqueta sí que abandonó su cuerpo, y así cuando la melodía culminó, el delfín se encontraba sólo con esos ajustados bóxers negros sobre los que resaltaba su propia erección...

Yoochun gimió involuntariamente al sentirle sentarse nuevamente sobre sus caderas, el calor de los dos era abrumador de hecho... Y sus bocas no tardaron en unirse en un apasionado beso casi salvaje en el que sus lenguas se enredaron lujuriosas compartiendo el fuego de su deseo...

- Su, las esposas, por favor... - Murmuró apenas consciente el ratón, tirando una vez mas de ellas queriendo sacárselas para tocarle como tanto quería ya...

- No tan rápido, mi ratoncito pervertido... - Sonrió de nueva cuenta el delfín, mordió el labio inferior de su novio y dejó que sus manos vagaran por el cuerpo del pelinegro...

Una a una las prendas de Yoochun fueron encontrando destino en el suelo conforme Junsu las fue retirando con absoluta sensualidad, murmurándole con sensualidad más de esas frases sexys de su canción... Y ahí lo comprobó... Junsu era su droga, su propia intoxicación...

El pelinegro sintió un ligero ardor en sus muñecas de tanto que tiraba en su inútil anhelo de poder tocar el cuerpo ardiente de su novio... Ahora la piel desnuda de ambos se rozaba y sus bocas se fundían en casi desesperados besos fogosos que les estaban envolviendo en ese calor apasionado que les llevaba a entregarse cada tanto haciendo el amor...

Ambos gimieron entre besos conforme Junsu se movía sinuosamente sentado sobre el palpitante bulto de Yoochun, su trasero quedaba justo en su erección y sabía que moría por poseerlo... Pero esa noche, a él le tocaba jugar... Llevó sus manos hasta la ropa interior de su novio y la retiró lentamente dejándole totalmente desnudo y a su disposición…

- Junsu… - Jadeó el pelinegro, aún queriendo que sus manos fueran liberadas para poder tocarle…

- ¿Mh?... – Sonrió al tiempo que volvía a balancear sus caderas dejando que la erección del pelinegro sintiera el calor de su trasero… de su intimidad…

- Mhh… Su ahh… - Gimió el ratón moviendo sus caderas con insinuación como pretendiendo embestir aquel pasaje que solo se alejaba dejándole con ganas… - ¿Baby, qué pretendes, ah?... – El ratón jadeó consciente de lo excitado que se encontraba ya…

- Sólo te demuestro lo mucho que me intoxicas tú mismo, Chunnie… - Jadeó mientras se arrodillaba en medio de las piernas de su novio y daba una lamida a su erección…

- Mmhhh… - Gimió ronco el pelinegro ante esa acción, arqueó la espalda y sintió un escalofrío recorrerle de pies a cabeza… Casi se atrevía a decir que Junsu nunca le había excitado tanto…

El delfín sonrío complacido y masajeó de arriba abajo por unos instantes, sintiéndole totalmente rendido a sus movimientos, la melodía de su nueva canción seguía escuchándose de fondo, esa vez, ya montada con todos los arreglos... Y era un incentivo más para ese momento... La verdad era que los movimientos los había pensado para Yoochun... Desde la primera vez que le había tocado con deseo, Junsu ya solo había podido sentir ese calor abrasador cuando podían disfrutarse más en la intimidad... Era su droga... La sustancia que intoxicaba con deseo y amor cada fibra de su ser...

Yoochun seguía gimiendo sin poder ni querer evitarlo... Le encantaba cuando su novio tomaba esa faceta traviesa y sexy... Así como cuando realizó aquel baile sexy de My page, tanto más con Xiahtic, y ahora... INTOXICATION iba a ser una bomba de sensualidad, Junsu explotaría del todo ese lado sexy que tan locas volvía a las fans y que terminaba por atraer miradas de propios y extraños... Y aunque estaba seguro de que le atacarían los celos posesivos por su novio, también lo estaba de que al final lo más preciado de su novio, seguiría siendo sólo suyo... Su AMOR...

- Aahhh... - Gimió algo más agudo y cerrando los ojos cuando la boca del delfín se tragó su erección...

Los labios del castaño oscuro se deslizaron por su extensión... El pelinegro estaba tan excitado, que temía quedar en vergüenza y correrse apenas un par de succiones después... Junsu subía y bajaba con calma, disfrutando de ese sabor que ya sudaba la erección de su ratón, dejando que su lengua le recorra también lentamente... Aumentando luego de a poco el ritmo de sus succiones...

Los gemidos del pelinegro escapaban casi indecentes desde su garganta, le estaba volviendo loco esa boca tan caliente que seguía torturándole con su tibieza y ritmo intermitente entre lo lento y la velocidad... Sentía el calor concentrándose en su bajo vientre y todos los escalofríos que corrían por su columna vertebral culminar en la punta de su erección... Sintió los labios de su novio presionar en esas últimas succiones cuando finalmente explotó gritando el nombre de Junsu y sintiendo los temblores del orgasmo correr por su cuerpo...

El delfín contento se tragó su semilla, rastros del semen de su novio quedaron en la comisura de sus labios y las lamió con sensualidad chupando luego tres de sus dedos... el ratón aún estaba disfrutando de su orgasmo cuando sintió que su novio le abría las piernas y lo corría un poco hacia el frente... Atontado por su éxtasis no tuvo consciencia de lo que estaba pasando hasta que un dedo rozó su intimidad...

- ¿Junsu?... - Preguntó con la voz todavía excitada, mirándole apenas con sus orbes oscuras confundidas...

- Chunnie... Quiero hacerte mío esta vez... que... te intoxiques de mi esencia... - Susurró ligeramente avergonzado, sintiendo sus mejillas encenderse en carmesí luego de toda esa sensualidad que acabara de desbordar minutos atrás... Su dedo seguía rozando la intimidad de su novio, pero sabía que desistiría apenas se lo pidiera...

-Suéltame... - Pidió con voz ronca... El delfín suspiró y sonrió con un dejo de desilusión, liberó la esposas dejándole en libertad y se dejó besar por ese Yoochun que poniéndose en pie le atraía pegándole a su cuerpo mientras sus hábiles manos se deshacían de sus apretados bóxer...

Una vez desnudos los dos, el pelinegro le recostó sobre el suelo de la estancia colocándose sobre su cuerpo... Tomó la mano del castaño oscuro y él mismo la dirigió a su intimidad...

- ¿Chunnie...?...

- Con cuidado, baby...

Y así, uno a uno los dedos del delfín fueron ganando espacio en aquel estrecho pasaje que lentamente se fue dilatando... Estaba tan excitado y contento de que su novio accediera a su deseo de tomarlo, que algo ansiosamente terminó de prepararle...

Yoochun estaba seguro de que de ninguna manera habría podido negarle tal deseo después de lo mucho que le entregaba, de la forma en que siempre le tenía presente... Aún en los mínimos detalles, Junsu siempre dedicaba su esfuerzo a él... Le amaba con tal entrega, que había ocasiones en que el pelinegro sentía que no le merecía, que demasiado el Destino le había entregado permitiendo que Junsu se hubiera enamorado de él... Cuando se dio cuenta de que estaba listo y los dedos de su novio abandonaron su intimidad, él mismo invirtió las posiciones quedando bajo el cuerpo del delfín...

Con un dejo de preocupación, Junsu se perfiló deslizándose lentamente en su interior, primero la punta y ya estaban esas primeras lágrimas resbalando por las mejillas de ese Yoochun que apretaba los puños y hacía lo imposible por aguantar el dolor inminente de la penetración... Junsu se apuró en besarle y susurrar nuevamente con sensualidad y cariño en su oído mientras su otra mano estimula la erección dormida de Yoochun...

Luego de un rato, ya se encontraba completamente dentro, y quieto aguardó porque el pelinegro se acostumbrara a su intromisión... Era tan delirantemente placentero encontrarse dentro de su novio, que el calor de su cuerpo no tenía comparación con nada... Era en todos los sentidos posibles, la intoxicación de placer más rica posible de experimentar...

- Ya muévete, Su... - Jadeó aún ligeramente adolorido el ratón...

Junsu le miró con ese brillo en sus ojos imposible de ocultar... Y comenzó a embestir, primero con calma, queriendo no sólo no hacerle más daño, sino también disfrutar el mínimo roce de su erección caliente deslizándose dentro y fuera de aquel estrecho pasaje...

- Aahmm... - Los gemidos más roncos iban escapando de su garganta conforme su erección embestía...

Pronto el ritmo aumentó, y los gemidos del pelinegro le siguieron sin pudor alguno gozando entonces también de aquellas estocadas certeras... Unos momentos después, chupó tres de sus dedos y los llevó al trasero de su novio, el delfín respingó apenas consciente de que un dedo se había colado en su entrada...

Más no dejó de embestir contra Yoochun, quien recibía con auténticos gritos de placer cada una de sus estocadas, al tiempo que dos de sus dedos eran los que entraban y salían con el mismo ritmo de la intimidad de Junsu... La erección del pelinegro estaba erguida ya y deseosa de ocupar aquel espacio que tan bien conocía… Y mientras Junsu tomaba ese vaivén casi salvaje golpeando sus caderas contra las del castaño oscuro, Yoochun ya tenía sus tres dedos entrando y saliendo de la entrada del delfín… El calor y los gemidos, la unión exacta de sus cuerpos bailando esa danza romántica lo valían todo… Todo el amor que se tenían y que nadie ni nada podría nunca destruir…

Algunas estocadas más y Junsu sintió todo aquel calor centrarse en su bajo vientre, un escalofrío delicioso y todos sus músculos tensarse antes de ser sacudido por los temblores del orgasmo y la sensación de absoluta plenitud cuando su semilla inundó el interior de Yoochun... Aquello era... La gloria misma, flotar en el paraíso... La más extasiante de las intoxicaciones con la más hermosa de las drogas: el amor...

Yoochun apenas le dejó recuperarse un poco de su orgasmo cuando se pusieron en pie y le recostó sobre el sofá dejándole bajo su cuerpo, penetrándole lentamente... Junsu cerró los ojos extasiado de placer... La verdad era, que no había nada tan delicioso como sentir a su novio uniéndose con aquella delirante tranquilidad a él...

No hubo necesidad de esperar demasiado, su intimidad le recibía cada vez con más que agrado, las embestidas del pelinegro tomaron pronto un ritmo exquisito, las piernas del delfín se enroscaron en sus caderas al tiempo que movía las propias siguiendo su vaivén... Sus cuerpos pegados perlados en sudor, sus pieles ardientes inundando la estancia de su sofocante calor, sus bocas encontrándose en apasionados besos que cortos, se interrumpían por los gemidos y la alteración excitada de sus respiraciones, el corazón desbocado en sus pechos... El amor entregado... Todo, la absoluta perfección arrastrándoles lentamente a un segundo orgasmo...


La erección de Junsu despierta de nuevo se friccionaba entre sus cuerpos... No había más que pedir, más que entregar... Lo tenían todo... Porque se tenían el uno al otro, siempre dispuestos a apoyarse sin importar los celos que pudieran aflorar entre ellos... Porque al final, lo único que podían entregarse era... El profundo sentimiento de amor que se tenían desde años atrás...

- Chunnie...
- Junsu...

Gimieron a la par al tiempo que se corrían y disfrutaban de su segundo orgasmo... Yoochun cayendo sobre el cuerpo de Junsu, temblando como lo hacía el ser bajo su cuerpo... Felices, plenos... Hacer el amor siempre era así... Delicioso y dulce... No importaba lo avasallador de la pasión o lo pervertido de sus entregas... El sexo entre ellos siempre terminaba por convertirse en amor... Y eso, lo valía todo...

- Te Amo, Yoochunnie... - Murmuró el delfín mientras sentía a su novio salir despacio de su interior...

- Y yo a ti, baby... Te Amo con el alma... - Correspondió el ratón sonriéndole despacio y notando que una incomodidad aparecía ahora en su trasero...

- ¿Duele?... - Cuestionó con conocimiento de causa... Sintiéndose ligeramente culpable, llevó una de sus manos al trasero de su novio y con la otra acarició una de sus mejillas...

- Lo normal, baby... Pero estuviste fantástico... - Sonrió tranquilizador, dejándose mimar por su delfín... - Creo que si me bailas como lo has hecho hoy, podría dejarte repetir más veces ir arriba, eh... - Medio bromeó, medio lo dijo en serio... Junsu sonrió ampliamente con ese brillo en sus ojos que minutos atrás el pelinegro notara bailar en sus pupilas marrón...

Y mientras se entregaban mas mimos, Junsu comprendió esa noche, que tenía en su poder la más hermosa de las verdades que le intoxicaban el alma misma... El amor de su Yoochun...

Para siempre...


Fin