KINGDOM TVXQ!

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Arualthings

Our World

Sus mundos eran totalmente diferentes, sus familias y amigos no entendían su relación, pero lo que sentían el uno por el otro, era más fuerte que todo lo demás. Lo que no sabían, es si esto sería suficiente para estar juntos.

El príncipe de los bárbaros

En un mundo antiguo un hombre busca levantar a su pueblo e inicia la búsqueda de un ser que le brindará todo el poder que necesita, sin saber que forma parte de un historia muchísimo más grande que su propia ambición. Shim Changmin y Kim Junsu se encontrarán de forma inesperada para formar parte de un destino dictado por la atracción entre gemas.

Insano

Junsu no podía creer que aún después de todo ese tiempo de humillaciones por parte de sus dos mejores amigos él no se hubiera vuelto completamente loco, desquiciado; en cambio se sentía renovado, en una nueva piel.

Lluvia de estrellas

¿Crees en los deseos? Yunho alzó la vista al cielo y con una lágrima oró a las estrellas para que le concedieran un deseo… desde ese momento el destino de Changmin reposó entre sus manos. El máximo inconveniente es recordar… ¿quién es Changmin?

You are everything I've been looking for

Después de una decepción amorosa, Changmin decide alejarse de la vida como la conoce, acompañado de su mejor amigo Jonghyun. Juntos descubrirán sentimientos que les cambiarán la vida para alejarlos o acercarlos más, mientras conocen a un grupo de peculiares personas en un lugar común y corriente...

Dolor

Todos tenemos algo que ocultar en nuestras vidas pero ¿Qué ganamos con eso? ¿El guardar todo ese dolor solo para nosotros, no también causa dolor a los que nos rodean?

Novio secreto

La relación de Changmin y Jaejoong era un secreto para el mundo, sus únicos testigos eran aquellos lugares donde se veían a escondidas, los testigos mudos de su amor y su pasión, de su tristeza y desesperación.

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Find My...


Titulo: Find My…
Autor:
Mily_Yun
Pareja(s):
Hosu
Género: Lemon, viajes en el tiempo.
Extension: Oneshot
Advertencia:
Muerte de personaje.

--------
<<La persona que toque este objeto, debe de ser la más importante en tu vida>>
<<Nunca te alejes de eso, llévalo siempre contigo>>
<<Solamente úsalo cuando sea necesario, porque te quita cinco años de vida. Y no lo uses por mucho tiempo, la consecuencia es la muerte. Lo máximo es un día>>
--
Al momento de seguir a aquella persona que caminaba silenciosa, muy decidida de lo que iría a hacer, supe que ese era el momento de detener todo. Maldecí al mismo tiempo a la oscuridad por no permitirme una visión más aguda; ahora que lo pienso, siempre estuvo así de oscuro. Sin embargo poco a poco me iba acercando, lo podía sentir, lo podía recordar, aquel olor a canela fresca que envolvía el ambiente aquel entonces.
Sentí un ruido; me detuve.
La silueta dejó verse a través del leve reflejo que salía de la habitación entreabierta, solo unos metros alejados de mi lugar.
Comprendí por primera vez todo.
De pronto lo observé y todo el cuerpo se me congeló. Sentí a mi alrededor girar demasiado lento como para ser real. Mi corazón latía cada vez más lento y mis piernas empezaron a moverse torpes y sin sentido. ¡Pero no podía permitirme este tipo de sensaciones! ¡No cuando me costó tanto llegar hasta aquí! Y de pronto todo volvió a la realidad, mis piernas y mi propio raciocinio volvieron a ser coherentes y corrí como si la vida se me fuera en ello. Cogí la mano de aquella persona que miraba con asco el interior de la habitación y que había permanecido allí con un único propósito. Nos miramos con suma estupefacción en los ojos. Empezó a forcejear con ímpetu una vez que su sorpresa había desaparecido.
En realidad esa persona no tenía corazón.
Traté de quitarle de una vez por todas el objeto que tenía sostenido fuertemente entre sus frías manos, pero lo aferraba cada vez más.
Después de eso todo fue demasiado confuso. Un estruendoso ruido hizo que ambos nos miraramos con terror, pero también fue solo un grito que nos hizo reaccionar al instante.
Ella corrió despavorida ni bien dejó caer el arma al suelo, mientras yo me quedé observando al interior de la habitación... sumamente consternado, absorto, sin ningún pensamiento existente.
-¡¡Nooooo!!
Era demasiado el ver a mi propio cuerpo... inanimado, lastimado, yacido sobre la cama.
Sin vida.
Antes de caer por la impresión, alguien me tomó en brazos.
<<Llegué demasiado tarde>>
~~~~~♥♥~~~~~
La celebración estaba cerca de su acontecimiento y el alboroto también desatado. El hijo mayor del duque Jungford estaba próximo a cumplir los ansiados dieciocho y pronto nombrado heredero al trono para pertenecer al entorno real. No era usual nombrar herederos al cumplir la mayoría de edad pero esta era la tradición que el marqués había seguido entre generaciones, y claro, esta no sería una excepción. Sin embrago, había pensado cuidadosamente el asunto. Las cosas en sus dominios no estaban del todo seguras: había constante guerra con su contraparte, el conde de Grosvenor, por posición de tierras en sus fronteras. La guerra había llevado ya veinte años pero ninguno cedería en su poder. Pero aún así él ya estaba viejo, cualquier cosa podía pasar con el transcurrir del tiempo, por ello necesitaba un heredero; y quién mejor que su primogénito, un tipo perspicaz, astuto, afable y por demás con buen porte. Era consciente que hace tiempo le había sobrepasado con su sabiduría.
<<Mi mano derecha>>
 Pero había un problema.
<<Sabes que dentro de poco cumplirás la mayoría de edad. Te nombraré heredero al trono. Sé que serás capaz de asumirlo y estarás dispuesto a morir si es que ocurren enfrentamientos como los que ocurren ahora. Eres maduro para tu edad, un excelente consejero, por eso te doy el honor. Sé que me honrarás. Sin embargo hay algo que quiero que hagas antes. Conozco sobre tu amistad con ese muchacho y te diré que no me agrada en lo absoluto. Él es hijo del conde de Grosvenor, con quien estoy en guerra directa en estos momentos. No sé cómo se conocieron, pero como próximo heredero al trono ya no puedes tener amigos. Tu vida social acabó. Te ordeno que lo mires como a un enemigo después de la ceremonia>>
-¡Yunho!
Un ruido sordo se dejo escuchar y el nombrado cayó al suelo sin poder reaccionar al sobresalto que dio Shigan al verse rodeado de una familia de ardillas.
-¡Auch!
Abrió los ojos y una ligera sonrisa se tornó en sus labios. ¿Cómo podría alejarse de él? Era demasiado bueno para que esté a su lado.
-¿Te encuentras bien? ¡El gran Shi se asustó al ver a esos adorables animales!
Su mirada lucía tan divertida. Se sentía demasiado bien estando a su lado que lo que le dijo su padre lo estaba volviendo loco.
-Me duele allí atrás, pero estaré bien- sonrió y volteó a ver en dónde estaba su caballo favorito.
-Está allí- señaló- Está con Shin.
En efecto, ambos caballos estaban pastando al lado de un frondoso y apacible árbol.
-Se llevan muy bien, ¿no?
-Creo que él esta enamorado de ella- sonrío infantilmente. Costaba creer que ya tenía dieciocho.
-¿Tú crees?- le miró incrédulo. ¿Un amor entre caballos? Era... extraño. Así como un...
-Los animales también tienen sentimientos amigo mío
-Bueno si tú lo dices.
Se levantó con ayuda de su amigo, ya que aún permanecía sobre el grass. No podía imaginarse no estar con él. Eran amigos desde...
-Yunho- llamó suavemente mientras caminaban en dirección de los equinos- ¿Qué estabas pensando tan concentradamente?
Calló durante unos segundos, no sabía cómo responderle.
-Estaba pensando en mi ceremonia- sonrió- Es muy importante y temo echarlo a perder.
-Oh era eso- suspiró y golpeó el hombro ajeno- No tienes que preocuparte de nada, lo harás bien, confío en ti.
Oficialmente se sintió el peor al mentirle de esa forma, y que él le dijera algo como eso. Aún no podía decirle nada; temía que su amigo se sintiera lastimado, porque así era él... demasiado sensible.
-Junsu gracias- pensativo sonrió- Gracias por tu amistad.
Y esas palabras les dolió a ambos... en formas completamente distintas.
En silencio cabalgaron y ambos se dirigieron a sus respectivos hogares. Había comenzado a llover.
<<¿Desde cuándo nos conocimos?>>
Invierno.
La figura de un pequeño niño correr por un camino pedregoso era lo único que se observaba en medio de la neblina. Corría desesperadamente y sin mirar atrás. Era como si nada ya le importara. Y la razón era obvia: estaba harto de la agitada vida que tenía. Simple y llanamente lo odiaba. Quería y ansiaba ser un niño normal, jugar, divertirse... pero no. Él no era normal. Él era el próximo conde al trono y tenía que comportarse como tal.
*Pero si solo tengo diez años*
Una lágrima cayó.
*Oh no, otra vez no*
Se detuvo, sin importarle donde se encontraba, pero sus lágrimas seguían cayendo sin cesar. Odiaba que esto le pasara. Sus lágrimas caían raudas cuando en verdad ya no podía más.
-¿Qué te pasa?- escuchó que le dijo alguien y se dio cuenta recién que estaba dentro de una especie de cueva. Pero no podía responderle, no podía ver por la oscuridad que asemejaba el lugar.
-¿Te sientes mal?- la figura de un niño se acercó despacio hasta donde él estaba. Le alumbró la cara con una linterna- Respóndeme para que pueda ayudarte.
El niño quería decirle algo pero simplemente no podía. El otro niño apartó la luz. Después de eso sucedió algo impactante: posó sus labios sobre la boca ajena. Las lágrimas se detuvieron; un golpe sordo se escuchó a continuación.
-¡Pero qué haces!
-Ayudándote
Junsu se dio cuenta que sus lágrimas se habían detenido... por primera vez.
<<¿Por qué recordé eso?>>
Oh. Era porque justo ahora mismo ambos se estaban besando.
Después de la pequeña conversación que tuvieron cuando fueron a cabalgar, no se habían visto después de tres largas semanas. Uno porque tenía que practicar su discurso, y otro porque estaba entrenando a sus tropas a cargo. Junsu era capitán de las tropas reales, tomó el título de heredero al trono cuando tenía quince años. Precisamente por eso Yunho admiraba el coraje del sensible Junsu. Lo veía tan maduro cuando ordenaba a los plebeyos, y tan sumiso cuando estaban a solas.
Ninguno de los dos supo cuándo comenzó la escena en la que estaban envueltos ahora, si hasta hace algunas horas atrás estaban en la fiesta de la ceremonia. Porque sí, Yunho ya era ahora el heredero al trono, Su excelencia el marqués de Westminster. Y lo hizo en una ceremonia digna de respeto. En ningún momento Yunho titubeó ni mucho menos trastabilló aún cuando la corona casi cae al suelo alfombrado gracias al descuido del caballero que lo portaba.
Junsu lo miró todo desde un lugar estratégico, era consciente de que allí él era el enemigo. Aunque deseo no haber estado nunca ni tampoco haber escuchado cuando el duque Jungford, el padre de Yunho, anunciaba el compromiso de su hijo mayor y Lady Ana Spencer.
El estupor se dejó escuchar en todo el salón. Nunca en la historia se había anunciado un compromiso real en la fiesta de ceremonia de heredero al trono. Yunho miró a su padre con contrariedad, mientras el mismo le daba el pase a su futura esposa para que todos la admiraran.
A todos no les quedó de otra que conceder el propio aplauso pues la muchacha era realmente bella, tanto como una misma flor. Y Junsu fijó sus ojos en la figura de Yunho en un intento de que le explicase qué rayos sucedía, pero este le devolvió la mirada, confuso. La voz de su padre se escuchó en todo el salón dando comienzo a la celebración. Yunho besó la mano de la joven muchacha y se dispuso a retirarse, cuando su padre le tomó el brazo disimuladamente.
<<Tú escoges la fecha de la boda>>
Yunho no sabía en qué momento había llegado hasta donde hace segundos estaba apoyado su amigo. Lo buscó por todas partes pero no lo encontró. Bajó la mirada, no sabía qué hacer. ¿Cómo es que ahora tenia una prometida? Era algo imposible.
<<¿Por qué haces esto, padre?>>
Con ese pensamiento se dispuso a retirarse a su habitación, necesitaba cambiarse aquel atuendo con demasiados adornos y que pesaba en su propio cuerpo. Ya luego pensaría lo que haría al respecto, por ahora necesitaba encontrar a su amigo.
<<¿Por qué me empeño en intentar explicarle las cosas? Claro, es mi mejor amigo. Entre amigos no hay mentiras ni secretos>>
- Ojala sea tan fácil el hacerlo. – al término de la ceremonia él ya no sabía qué rayos estaba haciendo ahí. Tenía pensado irse de ese lugar, alejarse lo más rápido posible, pero sus traicioneros pies lo llevaron inconscientes, aprovechando que su mente estaba en blanco, a la habitación que muchas veces visitó. Estar en ese sitio le traía muchos recuerdos de su niñez y, porqué no decirlo también, de su adolescencia. Tantas cosas hechas juntos, tantos lugares el que recorrieron y recorren aún juntos, tantos...
-Creo que me he apegado demasiado a ti. No es normal esto... y por primera vez tengo miedo.- se sentó al pie de la puerta, que se mantenía cerrada, y bajó la cabeza como en un simulado esfuerzo para no recordar más.
<<¿Por qué no me dijiste que te ibas a casar?>>
Esa pregunta pugnaba por salir de sus labios, peleaba para pronunciarlas, pero no sabía si sería capaz de formularla una vez lo viera. Y no necesitaba una respuesta, tampoco él estaba en el deber de contestarla...
<<Es solo que...>>
Escuchó pasos venir en su dirección. No quería mirar, tal vez era una plebeya que venía a hacer limpieza y lo que menos quería ahora era explicarle qué rayos hacía ahí sentado, cuando ni el mismo sabía la respuesta.
-¿Junsu? Yo tengo qu...- aunque ya lo había visto, le costaba reconocerlo cuando llevaba ropa formal. Más aún cuando ni la cara le veía. El aludido levantó lentamente la cara, no se esperaba encontrarlo tan rápido cuando ya había pensado irse. -¿Qué haces aquí sentado?- pregunta estúpida. ¿No era obvio que lo estaba esperando?
<<¿Por qué no me dijiste que te ibas a casar? Vamos, díselo, ¡díselo!>>
Junsu se puso de pie y caminó hasta estar a la altura, bueno casi porque era seis centímetros más bajo que su amigo, y miró fijamente sus ojos.
-¿Por qué no me dijiste que te ibas a casar?- un silencio más que incómodo se dejó escuchar. Ambos se miraron con cierto temor. Uno por responder y otro por preguntar.
-Yo no lo sabía- susurró tratando de esquivar su mirada y emprender el rumbo. Junsu le cogió del brazo. ¿Por qué hacía esto?
-Se supone que soy tu amigo, ¿o ahora me ves como menos cuando ya eres marqués?
-Pero qué dices Junsu- y había dicho algo incómodo. El conde es inferior al marqués en todos los sentidos. Junsu siempre se sintió inferior cuando él mismo entrenaba tropas para la guerra.
Bajó la mirada, se sentía estúpido por sacar a colación ese tema que ni al caso venía. Ya ni siquiera tenía coherencia para pensar las cosas; si no se retiraba todo iba a acabar en un desastre.
-Lo lamento. –soltó su agarre- Y lamento no quedarme más tiempo, me tengo que ir.- dio un paso pero esta vez fue su amigo quien lo detuvo.
-¿Ya te vas?- no contestó. No sabía lo que saldría de su boca.- ¿Por qué estás molesto?- preguntó cuando él mismo sabía la respuesta, pero aún así quería oírla de la propia boca de su amigo.- Yo no sabía nada al respecto, ¿Por qué te lo tomas tan personal?- suspiró al notar que no le decía nada- Cierto, ¿viste lo bonita que es? Me pregunto cuantos años tendrá, parece una—
-¡Ya cállate!- exclamó fuerte mientras se soltaba del agarre. Sentía a su estómago arder al igual que sus mejillas. No sabía porqué había gritado de esa forma, solo que esas palabras... hacía que hierva en su interior algo indescriptible. Miró los ojos de su amigo, quien lo miraba asombrado, y sintió una sensación nueva. Nunca lo había sentido... pero dolía demasiado. Dolía el hecho de no saber nada. Había llegado a un punto en su vida que solo la quería pasar al lado de Yunho. Le dolía estar lejos de él. Era como... cuando eran niños. No se despegaban ni un segundo. Y extrañaba esos tiempos.- Yo... lo siento...
-¿Qué te pasa Junsu? Me asustaste, nunca te vi reaccionar así.
-Es que... ahora comprendo algo
-¿Y qué es eso?
-Yo creo que...
-Oh mira- metió una de sus manos al bolsillo de su pantalón y sacó un objeto redondo. Estaba ansioso por mostrárselo que se había olvidado que lo tenía.
-¿Un relicario?- dudoso habló mientras intentaba no olvidar lo que iba a decirle a su amigo.
-Así es, la abuela me lo dio como obsequio. Me dijo cosas raras sobre esto...- se quedó viéndolo en la palma de su mano.
-Yunho...- susurró tratando de volver al tema- Yo...
-Disculpe su excelencia- un joven plebeyo se acercó mostrando sus respetos- Lo están esperando para el brindis.
Ambos amigos se miraron.
-En seguida voy.- dijo y el plebeyo se fue así de rápido como arribó.
-¿Me acompañas?- sonrío extendiéndole la mano. Quería a su mejor amigo más de lo que imaginaba y deseaba celebrar junto con él. Junsu asintió con la cabeza dándose por vencido y se encaminaron rumbo al gran salón. En las ceremonias siempre tenían un gran ágape que duraba dos días. Era un hecho importante que todos lo celebraban. Bebidas por aquí, bebidas por allá, la gente tomaba sin cesar. Y claro, el heredero no era ajeno a su propia celebración. Nunca en su vida había tomado tanto, bueno, aún era joven para disfrutarlo. Vaso de vino, de whisky, ginebra, sake, ¡hasta el tradicional soju! Todos bebían a vaso lleno a nombre del heredero. Yunho se alejó poco a poco de los mayores que lo felicitaban y fue a beber con su amigo, quien reía a más no poder de su torpeza. Ambos, evidentemente ebrios, habían llegado casi arrastras a la habitación ya conocida y cada uno se abalanzó sobre esta. Junsu mirando al techo y Yunho boca abajo. Lado a lado ambos reían a más no poder.
-Eres demasiado torpe- reía el conde balbuceando las palabras. Su amigo se había tropezado no menos de diez veces en las escaleras. Era demasiado gracioso.
-Sí lo soy- rió también arrastrando las palabras. Sentía a su cabeza girar y girar. Sentía que su estómago quemaba intensamente. Sentía demasiado calor. Junsu también se encontraba en el mismo estado que su amigo, incluso Junsu aún más puesto que no bebía muy a menudo.
-Yunho...- el aludido giró su cabeza como pudo y en sus labios se formó una sonrisa. Junsu estiró su mano y cogió la ajena sin mesura. La miró de nueva cuenta, repasaba detalladamente el rostro de su amigo. ¿Desde cuando le gustaba de ese modo? Probablemente él tampoco lo sabía, pero una cosa es cierta, se dio cuenta de eso cuando se sintió... ¿traicionado? Al ocultarle aquella información. Y sintió celos. Sintió que su corazón dejaría de latir... así como ahora. Sus ojos se habían posado en los labios ajenos. Su corazón no dejaba de palpitar demasiado. Lentamente se fue acercando al oído del ahora marqués y susurró sin dejar notar que estaba nervioso.
-Quiero tenerte...- Yunho entreabrió los ojos un poco y vio a Junsu muy cerca de él. Empezó a reír torpemente.
-Vamos a dormir, ¿sí?- arrastró las palabras de nuevo, ni siquiera había escuchado lo que le dijo. Por su parte Junsu arrugó el entrecejo ¿Acaso lo estaba ignorando? Eso sí que no. Torpemente, cabe resaltar, tomó una bocanada de aire y estampó algo brusco sus propios labios contra los del otro. El licor en sus venas dejaba atrás toda inhibición. Yunho se sentó como pudo, mientras que el otro lo miraba perplejo.
-Junsu...
-Estoy enamorado de ti...- bajó la mirada, arrepentido, porque sabía que había echado a perder su amistad. Quería llorar. Yunho cerró los ojos y, acercándose más a su amigo, le abrazó fuerte.
-Te quiero, no llores
-Lo siento... quisiera arrancarme el corazón
-No digas eso- se separó y besó su mejilla- Sabes que eres valioso para mí. Moriría si te alejaras.
Y no pudo resistirse a esas palabras. Besó sus labios una vez más.
-Lamento ser un fenómeno
-No lo eres, solo estás confundido
-Ya no quiero estarlo más... cúrame por favor
-No sé cómo se hace eso Junsu
-Solo... ya no quiero sentirme así. Me duele el pecho...- Y fue el marqués quien le besó esta vez- Me gustas mucho Yunho. Quiero dejar de sentir este deseo... ayúdame.- le miró en respuesta, le dolía ver cómo sufría aquel a quien estimaba demasiado.
-Está bien... Haré lo que me pidas si es para ayudarte.- Junsu le miró. Se sentía rebajado, como una basura por obligarse a verse como una lacra al pedir un poco de amor. Pero eso ya no importaba. Su dignidad estaba perdida, por los suelos, pisoteada y magullada. Y a él no le importaba ya para nada. Por su parte, Yunho estaba un poco consternado. Sentía sueño, debía ser por el alcohol. Tenía calor también y se sentía extraño. Y más aún cuando sintió sin pudor alguno a una presencia extraña rozar su miembro por sobre sus pantalones.
-Yunho...- susurró el conde y se acercó, prácticamente pegó su cuerpo al ajeno y empezó a besarle el cuello. Sentía cosquillas. Cerró los ojos, empezó a reír como un niño al igual que Junsu. El efecto del alcohol estaba llegando peligrosamente.
-Junsu...- el marqués tumbó salvajemente a Junsu, se sentó a horcajadas sobre él y atacó su cuello, goloso, como si de un helado se tratara. Era un juego torpe. Junsu empezaba a gemir y moverse tratando de buscar más contacto allá al sur. Yunho respiraba torpemente. Estaba agitado, tenía demasiada calor, su vista se nublaba y ese intenso hormigueo que no lo dejaba en paz. Se sentó. Junsu le miró con los ojos entrecerrados, los abrió luego cuando notó que la camisa de su amigo ya era algo que no existía. Mordió sus labios al ver a su amigo todo sofocado, sonrojado, con solo esa pieza que brillaba en medio de su pecho desnudo por la luz tenue de la lámpara. Y no aguantó más. Se enderezó hasta llegar a su altura y besó su pecho. Pasó sus manos sobre la piel ajena y las aferró fuerte.
-No sé... porqué tengo calor- Junsu besó uno de sus pezones. Yunho frunció el ceño- Hey, no toques ahí.- El conde alzó la mirada y se cruzó con los de su amigo. Se miraron fijamente- Me siento incómodo Junsu
-Lo siento
-Solo quiero hacerte sentir bien- esbozó una sonrisa- Volver a ser como antes.-
Junsu también sonrió- Yo también quiero eso, no sé cuando comenzó todo- Se aferró mucho más al cuerpo ajeno, mientras este le acariciaba la cabeza.- Dime Yunho... eché a perder nuestra amistad.- Empezó a sollozar.
-No claro que no- se alejó rápido al sentir algo húmedo bajar por su pecho.
-Lo siento... lo siento tanto, lo siento, lo siento...- Yunho no sabía qué hacer. Tratar de pensar con el poco raciocinio que tenía no era bueno. ¿Por qué hacía todo esto? Porque quería a Junsu demasiado, porque le dolía en el alma que su mirada esté apagada, porque ya no mostraba mucho su cariño hacia él puesto que no quería confundirle más. Y por primera vez no sabía qué hacer. Era de su amigo quien se trataba, fallar no era una opción-
-Junsu...- sentía gotas bajar su pecho más seguido. Si su amigo lloraba era porque le dolía demasiado, lo conocía perfectamente
-No quiero que te alejes de mí nunca...- y si lloraba no paraba... hasta que alguien lo callara.
<<Como aquella vez cuando lo encontré. Desde ese momento no pudimos separarnos hasta el día de hoy...>>
*Pero por qué*
Su pregunta fue respondida por un sollozo. Yunho no sabía el porqué pero había descubierto que le gustaba besar a Junsu. Era como una costumbre. Tal vez por eso se había confundido.
<<Pero no puedo verle llorar>>
Y no aguantó más. Se separó de su amigo y buscó sus labios; los besó tiernamente. Junsu sentía que su mundo se movía al compás del beso. Estaba enamorado de verdad. Yunho sin embargo no sentía nada. No sentía emoción ni ese conocido “mariposas en el estómago”; solo sentía calor y necesidad de protegerlo aún sea con su vida. Se separaron.
-No sé porqué cuando me besas mis lágrimas ya no caen- A decir verdad ninguno lo sabía, pero el marqués había decidido algo. No quería confundir más a Junsu; sentía que su presencia lo confundía aún más. Por ello se alejaría. Por el gran cariño que le tenía se iba a alejar de él; no quería hacerle más daño. Y solo por hoy haría “feliz” a Junsu.
-Susu ah... lo siento- buscó sus labios de nueva cuenta mientras iba desabrochándole la camisa. Ambos sabían ya lo que venía. Junsu gimió al sentir las grandes manos de su amigo subir y bajar por sus costillas una vez hubo desaparecido la molestosa tela. Sus bocas aún no se despegaban de su erótica danza. Yunho fue recostando a un Junsu que solo mantenía los ojos cerrados, como si estuviera soñando, ya que esto era algo irreal. Ni siquiera en sus más extraños sueños lo había imaginado, era sumamente desconcertante. Pero igual lo disfrutaría... ¿así sea por lástima? De pronto, como si fuera una respuesta, su amigo le bajó los pantalones de un tirón. Se sentía descubierto pero a la vez relajado, aún cuando se sintió despojado de su ropa interior. ¿Este era el momento? ¿Así iba a comenzar? Sinceramente nunca lo había pensado. Ahora tenía a un Yunho medio desnudo justo encima y deseaba haberlo pensado más porque no sabía qué hacer, y al parecer el marqués tampoco. Se miraron por un instante y Junsu enroscó sus brazos en el cuello ajeno y lo pego a su propio cuerpo. Siguieron besándose. Involuntariamente ambos empezaban a rozarse allá al sur. De pronto el conde cambió roles y ahora se encontraba a horcajadas de un Yunho completamente sonrojado. A continuación empezó a rozarse descaradamente por sobre la tela que aún cubría al marqués, mientras este mismo llevaba sus manos a las caderas ajenas y empezaba a acariciarlas suavemente. Estaba excitándose, el pequeño bulto que se había formado y que hizo gemir a Junsu estaba creciendo poco a poco. Entonces el conde, estratégicamente, empezó a librarle de su tormento. Pronto ambos estaban completamente desnudos, completamente excitados, rozándose lentamente, hasta que Junsu no aguantó más. Sin aviso, sin preparación, sin nada, se elevó un poco y luego de agarrar su presa fue sentándose pausadamente. Ambos gimieron. Uno por dolor y el otro por sentirse aprisionado. Por un momento exageradamente corto ambos se mantuvieron quietos. Luego de eso el resto fue historia. Las sacudidas, las embestidas, los gemidos, las respiraciones entrecortadas de ambos, el sudor, los besos apasionados, los jadeos constantes... todo lo hicieron demasiado bien para ser la primera vez. Ambos lo habían demostrado. Ahora Yunho se encontraba sentado y Junsu se encontraba a horcajadas encima de él; permanecían abrazados.
-Yunho...
-Quiero que sepas que esto no cambia nada entre nosotros. Tú sigues siendo mi más preciado amigo, alguien que me importa mucho en la vida. Lo único bueno que tengo.
-Pero aún me sigues gustando... incluso más que antes- Yunho se aferró más a la espalda ajena mientras que su amigo
-No sé qué decirte. Solo el tiempo lo dirá Junsu... además... estoy comprometido
-Pero puedes...- cogió entre sus manos el relicario que aún colgaba del cuello ajeno.
-No es fácil –se alejó un poco, sin que dejara de coger el relicario, y le miró- No es fácil pero, ¿sabes?, Tú también me—
De la nada se escuchó un sonido sordo y Yunho observó a su amigo caer desplomado sobre su cuerpo. Todo fue tan rápido que no se dio cuenta hasta que vio sangre bajar de la nariz del conde. No sabía qué hacer, quería gritar, quería...
-¡¡JUNSUU!!
Lo recostó sobre la cama mientras trataba de reanimarlo, lo golpeaba, le daba bofetadas... uno no sabe qué hacer en momentos como ese. Hasta él mismo se había olvidado que estaba desnudo, ¿pero ahora eso importaba? Tal vez sí, tal vez no, ahora lo único que Yunho quería era que su querido amigo abriera los ojos. Sin embargo no lo lograba. ¿Qué hacer?
-Pero claro- convencido de que eso ayudaba intentó coger su teléfono móvil para llamar a su médico de cabecera, aunque sea a las tres de la mañana. Pero no lo encontró. Su cabeza le dolía demasiado, un fuerte nudo en su garganta hizo que sus lágrimas empezaran a caer. Tomó la mano de su amigo, inerte y fría, y empezó a llorar como un niño pequeño. Cerró sus ojos fuerte muy fuerte. No se dio cuenta que una de sus lagrimas cayó sobre su pecho y entro en contacto con el relicario.
Cuando abrió los ojos se encontraba en una cabaña toda rústica. Miró a todos lados, se dio cuenta que estaba atardeciendo. Pero esa no era su casa, ni siquiera era algún lugar que recordase. De pronto la imagen del conde se le vino a la mente. Se puso de pie, pues estaba recostado sobre la que parecía una cama, y trató de salir de aquel lugar.
-¿Ya estás listo?
La voz de una mujer anciana le detuvo en el acto. De pronto se miró al espejo y... no le gustó lo que vio.
<<¿Cabello largo? ¿Barba?>>
-Te dije que si ya estás listo, hijo- al lugar entro la misma mujer con una canasta de verduras- ¿Qué? ¿Por qué estás asustado?- ni siquiera sabía si responderle o no. Un marqués no tiene contacto con la gente del pueblo, pero... <<ahora no luzco como el marqués. ¿Tal vez sea un sueño? Sí, eso debe ser. Entonces actuaré como si esto fuera real y así despertar porque no tengo tiempo qué perder, tengo que encontrar a quien le hizo eso a Junsu>>
-No pasa... nada- le miró intentando parecer convincente.
-Bueno... entonces lleva esto al mercado e intenta venderlo a un buen precio. Que no intenten rebajarlo. La crisis está cada día aumentando y ese dizque duque que no hace nada
-Pero... el duque hace lo que puede
-¿De qué lado estás? ¿No ves que cada día nos falta para comer? Bueno yah yah ¡vete a vender eso!
Yunho no tuvo más remedio que salir al llamado mercado e intentar hacer lo que le dijo esa mujer. Aún se encontraba desconcertado, no sabía porqué pero le dolía demasiado la cabeza, justo en la sien. Pero bueno, mientras más rápido caminara pronto llegaría a su destino. <<Pero... ¿dónde queda el mercado?>> Maldiciendo por no haber preguntado antes, decidió seguir a mujeres que llevaban una canasta igual que él. Entonces al acercarse un poco, escuchó lo que conversaban.
-Así que mañana cumple dieciocho
-Sí, pero yo creo que lo hará mejor que su padre. Además, es buenmozo
-Cierto, tiene un porte tan elegante
-Así es, el próximo marqués de Westminster... será un buen líder
Yunho al escuchar esto último casi suelta la canasta que llevaba. ¿Mañana? <<Pero si... ayer...>> Rápidamente buscó su cuello y se encontró con una gran sorpresa. <<Mi relicario no está>>
Y de la nada recordó las palabras de su abuela.
<<La persona que toque este objeto, debe de ser la más importante en tu vida>>
<<Nunca te alejes de eso, llévalo siempre contigo>>
<<Solamente úsalo cuando sea necesario, porque te quita cinco años de vida. Y no lo uses por mucho tiempo, morirás. Lo máximo es un día>>
No tenía sentido para nada en lo absoluto. En primer lugar no lo había to...ca...do. <<Sí lo hizo y no me di cuenta>> Pero igual eso no decía nada, total no era la...
<<Quiero que sepas que esto no cambia nada entre nosotros. Tú sigues siendo mi más preciado amigo, alguien que me importa mucho en la vida. Lo único bueno que tengo>>
Yunho repasó una y otra vez sus palabras y sintió que iba a morir. ¡Había retrocedido en el tiempo y no se había dado cuenta! Ayer estaba desconcertado por ver a su amigo inmóvil y ahora tenía la oportunidad de salvarlo.
<<Lo máximo es un día>>
 Recordó eso y era cierto, no tenía mucho tiempo, ni sabía tampoco cómo medirlo. Bueno, fue de noche cuando sucedió todo, tal vez si convencía a Junsu de no asistir a la fiesta salvaría su vida. Pero la pregunta era cómo. Pensó y pensó todas las formas posibles, hasta había dejado a un lado la canasta ¿pero acaso ahora eso importaba? Fue caminando por todo el pueblo tratando de obtener información y se dio con la sorpresa que todos sabían que su compromiso iba a ser anunciado el día de la ceremonia. Era increíble. Se enteró también que odiaban a su padre y que la realeza estaba reclutando gente para hacer guardia el día de mañana en el palacio. Esa era una buena oportunidad para entrar sin ningún problema. Ahora solo faltaba encontrar a Junsu... ¿Dónde podría estar? Se supone que lo vio el día de la fiesta por primera vez después de regular tiempo. ¿Estaría aquí? No perdería nada buscando. Y así lo hizo. Caminó por casi toda la región fronteriza y no encontró ni una pista. Ya era de noche y no tenía ni sueño ni nada que se le pareciera, tampoco tenía hambre... ¿era extraño? Probablemente sí, pero no había tiempo para considerarlo. Caminó un poco más y llegó a una plaza, no sería mala idea reposar un poco y esperar a que amaneciera, ¿no? Porque si no había encontrado a su amigo afuera, lo haría dentro. Estaba seguro que lo convencería.
<<Shin y Shi trotaban con dificultad, ambos tenían casualmente el mismo tiempo de nacidos.
-Me pregunto si nos llevaremos tan bien como ellos lo hacen, tú sabes a lo que me refiero
-No importa nuestras procedencias, yo te considero un buen amigo. Uno fiel y sincero.
-Me alegra haberte conocido
-Yo también Junsu.
Nos reunimos un rato después de su ceremonia de honor. Ahora era el conde de Grosvenor de quince años, y se le veía tranquilo. Como si nada hubiera pasado. No pude preguntarle el porqué de su actuar porque no estaba seguro de su respuesta. Tampoco le dije que estaba orgulloso de él. Ahora que lo pienso... su mirada estaba opaca... triste de la nada. ¿Por qué ahora me doy cuenta de eso?
-Junsu ah... estoy orgulloso de ti.- y sonrió ampliamente. Nos reímos.>>
-Yo no le dije que estaba orgulloso de él...-
El sonido de una bocina se escuchó por toda la región y lo reconocí al instante: era el llamado a los guardias. Me incorporé de la banca en donde me había acostado y me apresuré al castillo real, tenía que llegar rápido.
Conforme me iba acercando, veía a muchos jóvenes con atuendos formales, entonces me fijé bien en mi aspecto. <<Esto no es bueno>> Traía puestos unos... trapos viejos, y ni cuenta me había dado.
Antes de llegar traté de arreglarme un poco y funcionó, porque lograron escogerme para ser guardia.
El clima era frío, por no decir helado, y agradecí ello porque estábamos en la intemperie esperando a que llegue el futuro marqués, o sea yo. Ahora que lo pienso, no me había dado cuenta de lo que se sufría fuera del castillo, y gracias a ello podría hacer un mejor trabajo una vez todo haya terminado.
<<Espero que sea pronto>>
Ni bien terminé de pensar eso, me vi a mí mismo recibir la corona y escuché aplaudir a toda la multitud, incluso yo aplaudí también. Era raro verme a mí mismo, y más verme haciendo las mismas cosas que hice. Es un poco contradictorio decirlo, lo sé, pero es lo que siento.
Luego de terminada la coronación sabía lo que vendría, por lo que me apresuré a escabullirme entre la multitud. Me quité el chaleco distintivo del uniforme de la guardia real y lo boté por allí, mientras me quedaba con el casco; es perfecto pues mantenía mi cara oculta. Caminé, caminé por todos los pasillos, no podía recordar dónde estaba en estos momentos. De pronto me topé con la habitación de mi padre, su puerta estaba entreabierta y voces en susurros se dejaban escuchar. Me acerqué solo un poco pues percibí un tono femenino.
<<-¿Él no sabe nada del compromiso?
-Esto es solo un ardid. Después de que hagas lo que te dije no dudará en casarse
-Yo lo hago solo porque mi familia está en crisis y porque quiero vengarme
-Y yo lo hago para que mi hijo madure. ¿Ves cómo te ayudo?
-El conde de Grosvenor asesinó a mi padre, si él no paga su hijo lo hará.>>
Yunho no sabía si entrar a enfrentarlos o correr a buscar a Junsu. Las palabras de la mujer sonaban a maldad pura; tenía que encontrarlo pero ya. Sin más se alejó de aquel lugar y bajó a la primera planta ya que era allí donde lo había visto. Buscó entre la multitud y de la nada escuchó la voz de su padre.
-Les presento a la prometida de mi hijo- y divisó a Junsu. Su mirada estaba opaca, sin vida, como si le hubieran dicho la peor noticia del mundo. Intentó acercársele pero la multitud le hizo perder el objetivo.
-¡Que la celebración empiece!- logró zafarse de la multitud y cuando miró al mismo lugar, él ya no estaba. Había desaparecido. Entonces recordó que estaba al pie de su habitación. Caminó lo más rápido que pudo, estaba por subir las escaleras pero se topo con alguien.
-Disculpe- bajó la cabeza en modo de sumisión.
-Veo que lograste encontrar a tu persona importante- susurró la anciana y siguió de largo. Yunho reconoció esa voz: era su abuela. ¿Cómo rayos le había reconocido, más aún cuando la había visto hace poco allá abajo mientras le entregaba el relicario? Las cosas se ponían cada vez más raras, pero ya eso lo vería después, ahora necesitaba ver a Junsu. Siguió subiendo las escaleras y al fin llegó al pasillo. A lo lejos notó la figura de su amigo... quería correr lo más rápido que pudiera y llevárselo lejos, pero no era posible hacerlo. Apresuró el paso y llegó.
-¿Junsu?- preguntó temeroso. Hace unas horas atrás lo había visto inerte en sus brazos, no lo superaba, sin embrago tenía que darse prisa- Yo tengo qu--- Pero no pudo seguir pues escuchó pasos acercarse. Antes que sea demasiado tarde logró esconderse tras un florero. Agradecía interiormente que el pasillo estuviera opaco.
Y entonces escuchó la conversación que tuvo con Junsu, pero esta vez más detenidamente. Comprendió demasiadas cosas, era tan obvio que hasta el más ciego se hubiera dado cuenta de algo como esto. Conforme escuchaba, Yunho cada vez se molestaba mas consigo mismo. Simplemente no podía creerlo.
<<Pero aún tengo tiempo de remediarlo>> -Pensó mientras los veía marcharse.-<<Claro, el brindis>>- Cautelosamente los siguió también. Era extraño, se estaba espiando así mismo. Sin embargo no pudo tampoco evitar que se embriagaran ni mucho menos conversar con Junsu. ¿Tan difícil puede ser? Las horas pasaban y no se podía acercar puesto que su yo del pasado no se despegaba del lado de su amigo. Cuando se dio cuenta, ambos ya estaban subiendo las escaleras. ¿Ahora qué haría?
<<Después de subir qué es lo que... harán...>> Sorpresivamente se sonrojó al recordar lo que pasaría. ¿Debería interferir? No nada de eso; “no se puede interferir cuando has cambiado el espacio y tiempo”, eso es lo que le dijo su abuela y lo respetaría. ¿Entonces qué haría?
<<Si no pude alertar a Junsu, encontraré a esa mujer y evitaré que planee aquello>>
Caminé sin saber muy bien a donde ir. Tenía que encontrar a esa mujer, no sería tan difícil, ¿no? Sin embargo para mi mala suerte después de media hora buscando, no la encontraba. Busqué por todo el castillo y aún así no la encontré. De pronto, ya cansado de caminar, me voy dirigiendo a mi habitación. La mujer tenía que llegar ahí, entonces la atraparía antes de que sucediera aquello.
El pasillo estaba oscuro, me molestaba eso porque mi visión se reducía. Sin embargo pese a no ver muy bien, escuché pasos de alguien a solo unos cuatro metros desde mi posición. ¿Sería ella? Apresuré mis pasos, lo sentía más cerca. Entonces noté la luz de mi habitación por la puerta entreabierta, y vi la silueta.
<<Es ella>>- Pensé tratando de moverme, de reaccionar, porque había pensado que iba a contratar a alguien para vengarse, no que sería ella misma. En todo caso, fuera como fuera, ¡Iba a matar a Junsu si no hacía algo! De pronto noté cómo sacaba un objeto negro y grande de debajo de su abrigo.
<<¿Un revólver?>>- Inconsciente logré moverme. Prácticamente me abalancé sobre ella para quitarle el peligroso objeto que amenazaba con matar a mi amigo de nuevo. Pero no lo soltaba, se aferraba más y más, hasta que nos miramos. Pude ver en sus ojos terror; pero fue solo por un instante ya que empezó a forcejear con más fuerza aún. Estaba histérica. Traté de empujarla pero ahí es cuando ese conocido sonido penetró en mis sentidos una vez más y todo se volvió oscuridad. A lo lejos escuché cómo ella se alejaba corriendo, cómo el arma caía al suelo; mientras escuchaba gritos dentro de mi habitación. No quería asomarme, no quería ver otra vez la misma escena... sería demasiado.
-¡¡YUNHOOO!!
<<¿Junsu?>>
El marqués había escuchado a su amigo gritar su nombre, por lo que sin pensarlo dos veces se asomó. Y lo que vio hizo que casi se desvaneciera al instante.
<<¿Por q... Por qué...?>>
 Yunho había visto cómo Junsu lo trataba de reanimar mientras sangre le salía profusamente de la cabeza, justo del lado donde le dolía.
<<¿Acaso todo fue producto de mi pensamiento? ¿Por empeñarme en salvarlo no me di cuenta que el que había muerto... era yo?>>
-Llegué demasiado tarde- escuchó decir a alguien mientras le tomaba en brazos. Abrió los ojos porque los había cerrado por la impresión.- Lo siento, traté de salvarte...- gotas caían sobre su cara.
-Junsu...
-Al principio no sabía qué hacer, me sentí morir cuando te vi inconsciente. Luego vi tu relicario, lo tomé entre mis manos y de la nada aparecí en mi cuarto. Me tomó tiempo darme cuenta de la magnitud de los hechos. Lo siento... no pude salvarnos.
<<La persona que toque este objeto, debe de ser la más importante en tu vida>>
-¿Salvarnos?—Junsu besó los labios fríos de su amigo y una luz resplandeciente se dejó apreciar.
<<Y no lo uses por mucho tiempo, la consecuencia es la muerte>>
-Tu abuela dijo que lo máximo que podía usarse el relicario era un día.- miró hacia el resplandor- Me tardé veinticuatro horas y cinco segundos.
-Dime Yunho ah... ¿nos volveremos a encontrar? Te quiero.
**
<<No puedo decirte algo que no es real, porque la verdad duele y una mentira se siente peor.
Tampoco podía decir "te amo" sin problemas, puesto que el amor que sentía temblaba por todo mi ser.
Y al fin nuestros ojos torpemente se encontraron.
La sensación que tuvimos en ese momento era demasiado preciosa como para siquiera parpadear.
Y quiero detener el tiempo, y permanecer a tu lado siempre.
Quiero abrazarte aún más.
Mientras que recuerdo cada cosa sobre ti... tengo fe solo en la eternidad.>>

~~~~FIN~~~~

Sintiéndote

Título: Sintiéndote
Autora: Mily_Yun
Pareja: MinSu
Género: Slash/ Lime/ Lemon
Estado: Proceso
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Capitulo 1
Capitulo 2

Insurrección hormonal

Titulo: Insurrección hormonal
Autor: Mily_Yun
Pareja: YooMin
Género: Lemon , Vampiros
Extensión: Oneshot
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<<.Se escucharon pasos rechinantes. No eran comunes.
Prácticamente era media noche, y todos saben que a esa hora la maldad es liberada. Especialmente para la mujer que yace profundamente dormida en su habitación, ajena a todo.
De nuevo los pasos... pero esta vez eran... normales. Se detuvieron; había llegado a su destino. Lentamente giró la perilla, porque aunque quisiera no podía despertarla. Ahí estaba. La miró fijamente y a los segundos ya estaba sobre ella. No podía negarlo... le encantaba su aroma. Suavemente acarició sus cabellos. Acercó su delgada nariz al cuello ajeno. Ella aún estaba dormida... pero entreabrió sus labios.
Y no pudo controlarse más. Sus deseos lo sobrepasaban. Se acercó más a su cuello... lubricó sus labios y sus dientes—

-¿Qué es lo que estás haciendo?
-¿¿Ehhh??- exclamaron los tres muchachos que escuchaban expectantes la historia. Odiaban que siempre “el aguafiestas” arruinara sus famosos “Martes de terror”.
-¡Qué haces aquí! ¿¡No lees el letrero que dice “PROHIBIDO CHANGMIN”!?
-Lo ignoré porque está mal escrito
-¡No es cierto!
-Me decepciona que mis padres se esfuercen tanto en tus estudios
-¡Mamáááá!- exclamó lleno de ira. Odiaba que su hermano mayor lo avergonzara delante de sus amigos.
-No grites, ella salió. Vine solo porque me dejó encargado de que se durmieran a las once, y son las once y quince
-¡No queremos dormir!- exclamaron a la vez los cuatro críos.
-Bueno, yo cumplí con decirte
-Ya lárgate.
El muchacho estaba por irse pero se detuvo.
-Y para que lo sepas, estás contando mal la historia. Se supone que es un vampiro, no un violador
-¡¡Ya lárgate!!- le tiró una almohada.
El muchacho empezó a reír.
Cerró la puerta.

No puedo creer que él sí tenga amigos.
Apegó su oído a la puerta. Escuchó murmullos.
De seguro sigue con esa estúpida historia. Se lo he dicho, pero no entiende. Los vampiros son solo un mito.

Soltó un suspiro; esa noche también se la pasaría estudiando.
Coordinó sus pasos y puso en marcha a sus pies, hasta dar a su pieza. No hizo gran esfuerzo, estaba justo al lado. Giró la perilla desganadamente y entró. Prendió las luces, cerró la puerta con pestillo y se dejó caer en su silla giratoria.

Mi vida se ha vuelto muy monótona.
Cerró sus ojos un momento; no quería pensar en nada. Sin embargo, las risotadas de su hermano y sus amigos le colmaban la cabeza de cosas inútiles.
Basta.
Lanzó un sonoro suspiro y se acomodó en su escritorio, preparado para embriagarse entre libro y libro. Era cierto, mientras más leía, más se desconectaba. No se preocupaba por nada.
Al día siguiente despertó en su cama, no recordaba haberse metido dentro de sus cobijas.
Que importa.
Después de aquel ya nada le parecía normal. Sentía que lo acechaban. Sentía que lo observaban… y le incomodaba.

---

-¿Por qué sueño contigo? Cada vez que pregunto tú no me respondes
-¿Y qué es lo que debería decir?
Besó mis labios.
-Hablaste
-Siempre lo hice
-No es cierto
-Tú no escuchas
-Aún así... ¿por qué no te puedo ver?
-Porque aún no es tiempo
-¿Tiempo?
-Soy una ilusión tuya. Un escape a tus desdichas... uno muy placentero.
-Pero---
De la nada sentí a sus labios apoderarse de los míos. De nuevo ese sabor que me embriagaba. De nuevo sus caricias que me hacían sentir en la misma cima de la llamada felicidad.
Extrañaba tanto esto. Sentir esto.
-¿Porque... porque ya no venías a verme?
-Aparezco cuando más me necesites.
Sus labios descendían por mi pecho, bajando hasta la pelvis, perdiéndose al sur... haciéndome delirar.
-Changmin ah
Escucharlo decir mi nombre volvía desaforados a mis sentidos.
-Changmin ah
No sigas. Si vuelves a decirlo así—


-¡¡Changmin ah!!
-¡Qué!- abrió los ojos. Sucedía de nuevo.
-Mamá dice que bajes a desayunar
-¿Qué?
- Y dices que yo soy el retrasado- picó la frente ajena y se puso a correr. Para tener trece años ese chico era bastante infantil.
-¡Ah rayos!- golpeó su cabeza- ¡No de nuevo!
Desafortunadamente, eso era un hecho.

Desde hace poco más de una semana, pero quién las contaba, Shim Changmin, de veintitrés años y buen estudiante, estaba teniendo sueños bastante sugestionantes como para poder creerlo. Al comienzo no le dio importancia. Pensó que era solo por el estrés, que sus hormonas juveniles, revueltamente enclaustradas en su interior, tenían que manifestarse de una forma u otra; y eso sería en los llamados “sueños húmedos”. Sin embargo, algo no cuadraba en el contexto. La persona con la que soñaba, y con quien dicho sea de paso tenía los mejores orgasmos que pudo haber tenido en sus exiguas experiencias pasadas, parecía ser un hombre. Y es “parecía” porque no le podía ver la cara nunca. Ni hablaba tampoco. Solo de la nada aparecía, besaba sus labios, entraban en calor y luego despertaba. Aunque en su última experiencia escuchó su voz. Era muy grave. Era un hombre. Pero solo fue eso.

Estoy muy confundido.
Y no era para más.
Malditos sueños... o debería decir PESADILLAS.

-¡¡Changmin ah!!
Era su madre quien lo llamaba.
-¡Ya voy!
Revolvió sus cabellos un poco para luego poner sus pies en el suelo. Se puso de pie... y lo que notó no le gustó para nada; sus pantalones estaban manchados... y sus sábanas igual. Todos los días era lo mismo.
Pero esta vez ni siquiera...
Resignado tuvo que cambiarse de ropa lo más rápido que pudo; recogió el desorden, lo hizo una bolita lista para ponerla en la lavadora, y se dignó por fin a bajar las gradas.
Aún no lo sabía pero ya iba tardísimo para la universidad.
Un momento...
Pensó mientras se detenía en el umbral de su habitación. Giró su cabeza al interior.
...Yo no dejé la ventana abierta...

-¡BABO CHANGMIN!
Esta vez fue obvio. Era su “pequeño” hermano.
Restó importancia a lo que sea que estaba pensando y bajó rápido sin siquiera mirarse al espejo como usualmente lo hacía. Tenía un mal presentimiento.
-Hasta que te dignaste por fin
-No molestes WooMin
-¿Hijo, qué tanto hacías?
Habló la madre mientras salía de la cocina.
-¿Por qué?
-Porque vas tarde, retrasado.
Changmin miró su reloj de mano, y en efecto, era tarde.
-¡Rayos!
Corrió rápido hasta el cuarto de lavandería, tiró sus sábanas a un rincón, y volvió al comedor.
-¡Ya me voy!
-¿Tomaste el desayuno que tu querida madre hizo para ti?
-Mamá, un jugo de lata y tostadas no es un desayuno
-Te puse el jugo en un vaso
-Mamá... ya me voy
-Es cierto, nosotros también nos vamos. ¿Quieres que te lleve?
-Prefiero correr. Nos vemos.
Cogió su mochila y salió de su casa.
El recorrido sería interesante; llevaba diez minutos de retraso. ¿Pero acaso importaba? Últimamente ya no le daban ganas para hacer nada; su vida se había vuelto muy monótona. Y eso deprime a cualquiera.

La monotonía no es algo de lo cual alertarse...
-Es aún peor.
Respiró resignado. Faltaban menos de diez cuadras y ya era hora de que entrara a clases.
Llegaré tarde.
-Para lo que me importa.
Siguió caminando hasta llegar por fin. Pero algo le resultó muy extraño, no había gente alrededor... solo un chico parado en la entrada mirando al cielo.
Se acercó hasta él sin pensarlo.

Oh rayos... hoy no hay clases.
Pensó mientras daba vuelta en U sumamente avergonzado. Si alguien lo veía, sería el hazmerreír universal.
-Espera un momento.
Escuchó que dijeron a sus espaldas. Volteó. Era el chico.
-¿Si?
Pero algo extraño sintió en su interior. Sentía como que lo conocía. Su cara no, pero su voz era la misma...
-¿Me puedes decir por qué no hay clases hoy?
-¿Estudias aquí?
-No. Soy transferido
-Oh... Bueno, a mi se me olvido que hoy es la reinfraestructura general
-Ya veo
-Bueno, regresa a tu casa y mañana vuelves
Intentó sonreír. Tratar con personas desconocidas no era su fuerte.
-No recuerdo dónde vivo
-¿Qué?
-Vivo en el extranjero y hoy arribé aquí. Me recogerán a las ocho de la noche
-Pues...
-¿Podrías ser amable y aguardar conmigo?
-Bueno...
Pensó detenidamente en las consecuencias. Qué había de malo el estar con una persona desconocida después de todo.
-...Está bien. Pero vamos a otro lado. No quiero permanecer aquí.
-De acuerdo.

El resto de la tarde fue muy ameno para Changmin. Nunca hubiera pensado que alguien extraño fuera a ser tan interesante. Hablaron de muchas cosas por lo general.
El nombre de aquel chico era Park Yoochun, tenía veinticuatro años, y para sorpresa era coreano criado en Inglaterra, Londres. De su familia no habló mucho. Solo dijo que viviría por un tiempo en Corea y luego se mudaría. Changmin quedó impresionado. Él podía hacer de su vida lo que se le antojara. Bueno, eso fue lo que entendió.
Tenía envidia.
Cerca de la universidad había un bar, allí fue donde se quedaron todo el tiempo.
Eran ahora alrededor de las 7:45 pm.
-Creo que mejor salimos
-Si.

Caminaron de nueva cuenta al mismo lugar en donde se conocieron, la entrada del colegio, y se dispusieron a esperar.
Hacía frío. Changmin odiaba el clima helado.
Tal vez fue porque vio a alguien en algún lugar hacerlo, o por propia voluntad propia, pero desde hace un año atrás tenía complejo de fumador pasivo... que se incrementaba más cuando la sangre se le helaba.
Siempre guardaba un cigarro en su chaqueta. Tenía que hacerlo.

-Espero que no te moleste...
Lo puso en su boca y luego lo encendió.
-...No siempre lo hago.
-Descuida.
El ambiente se tornó muy extraño. Silencio incómodo.
-Sabes, tu voz me parece muy conocida
-¿En serio?
Volteó a mirarle.
-Si...
Exhaló humo.
-...Debo estar alucinando.
-¿Duermes bien?
-Hmm... últimamente no. ¿Crees que se deba a eso?
-Tal vez. El cerebro humano es muy complejo
-Dímelo a mí.
A lo lejos observaron a un automóvil negro acercarse.
-Oh, veo que ya llegaron.
Un señor de mediana edad descendió del carro.
-Joven Park, lamento la demora
Se inclinó.
-Descuida...
Caminó hasta la puerta y miró al castaño.
-...¿Subes?
-¿Yo?
-Si
-¿Por qué?
-Quiero agradecerte
-No importa, está bien
-Insisto.
Changmin nunca pudo descifrar lo que sucedió, pero algo en su interior se incendió cuando apreció directamente a las pupilas de quien recién acababa de conocer.
Fue extraño.
Aún así cedió y fueron rumbo a la casa de Yoochun.
Cuando llegaron, el castaño casi muere del infarto. La residencia era exageradamente grande y poco iluminada. ¡Era un palacio! Quedó tan impresionado que no supo ni cómo habían llegado a la habitación del pelinegro.
-Creo que—
-¿Quieres algo de beber?
-Bueno...
Se sentía muy incómodo en un lugar tan grande. Intimidado. Pero no lo dejaría notar.
-...Tu cuarto es en verdad grande
-¿Lo crees? No me impresiona
-Pues a mí si.
Yoochun se sentó a su lado mientras le ofrecía un vaso con un líquido verde dentro de el.
Bebió un sorbo.
-Está bueno.
Dijo mientras bebía un poco más. Al cabo de unos instantes sentía a su cabeza dar vueltas.
-¿Estás mareado?
-Si... un poco
-Está bien.
Yoochun sin decir nada más se acercó lentamente a él y le dio un fugaz beso. Changmin no lo detuvo. Reconocería esos labios en donde fuera.
-¿Eres tú?
-No sé de lo que me hablas.
El pelinegro fue recostándose poco a poco sobre él y ambos terminaron cegados por un indescriptible deseo.
Nadie decía nada, era como si lo que estaban haciendo fuera lo más normal y natural del mundo.
Changmin creía que soñaba de nuevo.
-¿Eres... ah... eres real?
Gimió mientras intentaba decir algo coherente. Tener a alguien succionando tu sexo no ayuda en realidad.
-Tú cómo lo sientes.
Sin detenerse habló.
Y eso fue todo.

Cuando un vampiro escoge a su presa, esta no puede hacer nada por escapar.

A la mañana siguiente nada fue normal.
Changmin despertó en un lugar extraño y con muchas imágenes vergonzosas en su mente. Pero lo que vio nadie lo comprendería en su sano juicio. Luego de tener relaciones sexuales con un completo desconocido reiteradas veces, lo normal es despertar y hablar del asunto; bueno, si había algo de qué hablar. Pero desafortunadamente este no fue el caso. Al despertar el castaño volteó a mirar a su lado y vio a una chica tendida en un charco de sangre totalmente desnuda. No comprendió nada. Estaba estupefacto. A los pocos minutos entró Yoochun como si nada y le ofreció una taza de café. Changmin estaba al borde del colapso, iba a golpear a Yoochun pero este lo tranquilizó. Trató de explicarle lo sucedido lo más simple y directamente que pudo.
-Soy un vampiro.
Lástima que fue demasiado simple y demasiado directo.
-¿¡Qué!?
-Hay algo en ti que me gusta mucho. Tuve que viajar desde muy lejos para poder encontrarte
-Espera, no entiendo. ¿Es en serio?
-Si.
-Pero—
-Mi oráculo fue, cuando cumplí la mayoría de edad, que un humano me hechizaría y me enamoraría completamente de él.
Changmin dudó un poco.
-¿Yo?
-Lo entendí cuando te encontré. No creí que fuera tan fácil. El mundo de los humanos es un pañuelo.
-Pero... yo creo que me soñé contigo
-¿Ves? Eso corrobora que eres tú
-Pero yo no soy mago, no puedo hechizarte
-Y no lo harás. Por eso te busqué, porque mi oráculo fue: “Si encuentras al humano que te hechizará y lo haces tuyo en la primera noche, todo quedará resuelto”.
-O sea que me usaste
-No lo entiendo pero suena desagradable que lo veas desde esa perspectiva
-Y una cosa más, ¡Qué rayos hace esa chica a mi lado!
-Tenía hambre, no podía comerte
-Eres un—
-¿Te quedarás conmigo?
-¿Qué?
-Me gustas. Quédate conmigo.
-Ni lo sueñes.

Para Changmin, el ser usado de esa forma, terminó todo sentimiento hacia él. Y así pasaron días, incluso meses. Cada vez que lo veía por los pasillos evitaba verle a la cara. Se sentía avergonzado.
Un día, cuando le tocó hacer un trabajo hasta muy tarde, lo encontró en la salida cuando se iba a su casa.
-Hola
-¿Qué haces aquí?
-Vine a buscarte
-Pues no pierdas tu tiempo
-Estás enamorado de mí
-Que estupidez dices
-Lo puedo oler. Tus hormonas se salen de control cuando estoy cerca de ti o cuando me miras
-¡No es cierto!
-Ahora lo puedo hacer.
Changmin enrojeció. El tipo tenía razón.
-Me voy.
Pero antes de siquiera dar un paso más, Yoochun se le apareció justo delante.
-No lo permitiré.

A partir de ese momento ambos se dejaron llevar. Era cierto, Changmin estaba cautivado por ese misterioso ser. Sus labios eran muy adictivos, por qué negarlo. Pero la consecuencia que conllevaba sería mortal.
Todos los días siempre terminaban en la cama. Eran demasiado activos. ¿Adicción sería la palabra adecuada? Tal vez. Nunca nadie lo aceptaría. Al menos alguien tenía que ceder, y no sería Changmin. La cuestión es que desde ese momento ambos se convirtieron en amantes, unos muy buenos… en todo el sentido de la palabra.
Cada vez que se enredaban en su encuentro diario, tenían que terminar más maravillados de lo que hubiera sucedido el día anterior. Para ellos no había inhibición.
¡Y quién las tiene cuando se está excitado!
Hubo un día en que, por pedido de Yoochun, decidieron hacerlo toda la noche. Al día siguiente Changmin no se pudo parar.
También hubo otro en que apenas terminando de eyacular, el hermano de Changmin irrumpió en su habitación tan intempestivamente que casi muere del infarto al ver dos hombres totalmente desnudos. El precio de su silencio fue un año de mesadas gratis.
A partir de ese desagradable momento, Changmin aprendió a no gritar… y a poner cerrojo en su puerta… y a no hacerlo en cualquier lugar.
La casa de Yoochun era un lugar más seguro. Aparentemente.
Y eso es lo que ahora nos lleva a nuestro siguiente punto: Changmin completamente desnudo en la cama del pelinegro; quien sorprendentemente lo ató sin siquiera dar explicaciones.
-Qué haces
-¿No quieres jugar?
-¿¡Soy un maldito niño!?
-Pareces uno
-¡Suéltame ahora!
-Te va a gustar
-¡Claro que no!
Yoochun terminó de hacer su trabajo, o sea terminar de atarle sus manos, y se posicionó entres las piernas ajenas. Changmin seguía forcejeando; no quería verse sometido.
-Chunie ah... ¿me sueltas?
Preguntó lo más infantilmente posible. Había aprendido que el castaño siempre caía ante eso.
-Aún no termino.
Pero no resultó.
Yoochun desabotonó los pantalones ajenos y de un solo tirón se los arrancó. Se había contenido mucho tiempo. Exactamente cuatro horas.
-¡Qué haces!
Hizo lo mismo con la ropa interior.
-¡Yoochun!
El castaño trataba de soltarse a como diera lugar para cubrir su inesperada desnudez.
¡Cómo era posible siquiera esto! Sin embargo ahí no quedaba todo. El mayor cogió los tobillos de un sorprendido Changmin y los ató uno al extremo del otro tan rápido como pudo que hasta el mismo castaño reaccionó unos segundos después.
-¡Basta! ¡Suéltame! ¡Te juro que si no lo haces voy a matarte!
Estaba súper avergonzado y súper furioso al mismo tiempo.
-Te digo que te va a gustar.
Lentamente se posicionó encima y fue besando su cuello.
-Basta...
Sus labios se paseaban libertinamente por todo lo que fuera piel... hasta que llegó a sus labios.
Grave error.
-¡Auch!
Tal vez por mero impulso o porque en verdad lo había herido en su orgullo de hombre, Changmin, al momento de tener a esos labios que lo volvían loco sobre los suyos, no pudo contenerse y los mordió muy pero muy fuerte; tanto así que al instante sangraron profusamente.
Segundo grave error.
Las pupilas de Yoochun se dilataron y una ligera mueca en sus labios apareció de la nada. Pasó su lengua por el borde.
Changmin lo miraba sin ninguna expresión en su rostro.
-Suéltame
Yoochun lo miró fijamente, no dijo nada, pero aún así se sacó rápido lo que traía encima y se posicionó entre las largas piernas del castaño.
-Yoochun...
Le penetró de golpe.
-¡Hn!
Y lo siguió haciendo tan fuerte que el castaño sintió que lo iba a partir en dos.
-¡Bas... ah... Ya no... me... me duele!
Pero Yoochun parecía una bestia. No escuchaba, no lo miraba, no decía nada. Era como... si estuviera en trance; un trance diabólico.
-Ah... ah...
Changmin empezaba a sangrar... y eso motivaba aún más al mayor.
Cogió con ambas manos la cabeza del castaño, apretó sus cabellos fuerte, y se acercó a su cuello. Changmin cerró los ojos.
Y lo que era inevitable sucedió. El pelinegro lubricó sus labios y de un solo movimiento clavó sus filosas dagas en la adormecida piel de su amante.
-Hn...
El sonido era completamente asqueroso.
Mientras succionaba lo iba penetrando con más y más frenesí hasta que sentía que la sangre se le escurría por los lados. Eso le excitaba de veras.
Luego de escasos segundos el mayor llegó al clímax.
Sus pupilas volvieron a ser las de antes... y lo que vio no le gustó para nada. Había sangre por doquier y Changmin... estaba inconsciente.
-Hey...
Lo desató rápido.
-Hey... carajo, qué he hecho
Trató de reanimarlo de nuevo... sin resultado.

Una vez que escoges a un humano y decides hacerlo tu presa... no hay marcha atrás. Al momento de clavarle tus colmillos en su cuello, todo habrá terminado para él. Morirá sin sufrir mucho, pues eso depende de cuánto bebas. Normalmente un humano puede vivir una semana si tomas de él una cantidad mínima cada día; por el contrario, si muere al instante, ya sabes lo que ha sucedido.

-No... no...
Esas palabras se repetían una y otra vez en su cabeza.

En un vampiro de raza pura está prohibido que beba de otros de su misma raza, o que beba de su propia sangre, pues como condena la locura lo espera.

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Prendió un cigarrillo.
A veces las costumbres humanas se adhieren a ti de una forma inexplicable y se convierte en un molesto hábito.
-Qué hubiera pasado si...
Tocaron la puerta. Se encontraba en su habitación.
-Adelante.
-Joven Park, le están esperando.
El pelinegro asintió y puso el gastado cigarro ya en su cenicero. De alguna forma se sentía viejo; después de todo cincuenta años no son en vano por más de que fuera inmortal.
Escalón por escalón bajaba e intensos recuerdos venían a su mente. Y era malo cuando de memoria se hablaba. Sin embargo lo aturdían y mareaba. Después de la muerte de su amante no volvió a ser nunca el de antes. No se volvió loco, pero sí muy sentimental. Tal vez era el castigo que se merecía por ser una malvada criatura guiada solo por sus instintos; porque ahora sentía.
-¿Joven, se encuentra bien?
Preguntó el mayordomo notando el estado en el cual el otro se encontraba.
-Si... no pasa nada
-Pero...
-Tranquilo, es mi fiesta, ¿no? Tengo que ser un buen anfitrión después de todo.
El mayordomo sonrió. Ambos emprendieron el camino hasta llegar al salón principal.
Había mucha “gente” y se escuchaban los murmullos combinados con la música clásica que tocaban.
-Buenas noches...
Interrumpió una vez hubo llegado el pelinegro.
-...Espero que estén disfrutando todos sin excepción de la reunión con motivo de mis 350º aniversario. Ahora por favor—
Un gran nudo en su garganta fue lo que impidió que siguiera con su discurso. Sus pupilas se dilataron.
-Changmin...
Susurró muy despacio.
-¿Joven Park?
El mayordomo se acercó hasta él.
-Dime... quién es él
Señaló a un joven que se encontraba apartado del resto. En un rincón. Bebiendo algo de vino.
-Si mal no recuerdo... él es hijo de la familia White de Londres
Los murmullos se empezaron a escuchar.
-¿Londres? No...
-Joven, debe continuar con su discurso
Yoochun suspiró. Debía ser una coincidencia que ese joven se parezca demasiado a su querido amante.
-Lamento la interrupción. Por favor, continúen divirtiéndose.
El pelinegro caminó hasta el centro del salón y sentó en el improvisado estrado que habían armado allí. Estaba confundido.

Exactamente después de cincuenta años de haber muerto el humano, éste reencarnará en un vampiro. Pero no recordará nada de su pasado.

-Claro que no es cierto.
Yoochun estaba impaciente, no sabía qué hacer. Mientras más miraba al muchacho más se convencía de que era la viva imagen del que alguna vez fue su amante. Pero era poco probable.
-No puedo más.
Improcedente de lo que sus acciones pudieran traer como futuras consecuencias, el pelinegro, disimuladamente, caminó hasta dar justo al lado del muchacho que ahora se encontraba en el patio de la casa.
Estoy seguro que no es él. Pero aún así intentaré.
Sacó un cigarrillo y lo encendió.
-¿No te diviertes?
Exhaló una bocanada de humo. El muchacho volteó a verle.
-¿Tiene otro?
Preguntó sin ninguna expresión en su rostro. Yoochun ladeó una sonrisa.
-Fumar es dañino
-¿Y por qué lo hace Ud.?
-Porque me gusta
-Pues a mí también.
Sonrió. Sacó un cigarrillo de su saco y se lo alcanzó.
-¿Cómo te llamas?
Preguntó mientras encendía el cigarro.
-Edward
-Eres el hijo de los esposos White
-Sí.
Ambos exhalaron al mismo tiempo.
-¿Cuántos años tienes?
-¿Mi edad real?
-Si
-Bueno... son cincuenta
-¿Cincuenta?
Asombro total.
-Acaba de cumplir 350 años. Me parece injusto que se asombre de mi edad
-No... no es eso
-¿Entonces?
-No... nada.
Yoochun tiró el cigarro al suelo y de un solo movimiento acorraló al jovencito contra la pared.
-¿Qué hace?
-No lo sé.
Sin querer perder más el tiempo y sin querer pensar dudosamente también, aproximó sus labios a los del atónito muchacho y los besó igual a como lo hacía con su humano amante.
Sería un grave error si se equivocaba.
-¡Hey!
El muchacho le empujó telepáticamente.
-¿Quién rayos t---?
Calló rotundamente al suelo de rodillas. Cogió su cabeza con ambas de sus manos.
-Lo siento...
-¡Cállate!
El muchacho le miró furioso por un instante... pero luego suavizó sus facciones.
-¿Yoo...Yoochun?
El mencionado no pudo estar más anonado. ¿Acaso esas palabras serían ciertas?
-¿Changmin... eres tú?
-Me duele mucho la cabeza.
El mayor se arrodilló frente a él y lo abrazó fuertemente.
-Lo siento... lo siento, te juro que no fue mi intención. No sabes lo mucho que me lamenté por eso...
-¿Qué te pasa, Por qué te disculpas?
-¿Min, no recuerdas nada?
-¿Debería?
El castaño besó los labios del otro.
-Ven...
Se puso de pie y ayudó también a su amante.
-...Te contaré lo que sucedió.
-Cinco minutos después-

Se escuchó un sonoro golpe.
-¡Cómo que me mataste!
Yoochun aún permanecía con la cabeza hacia un lado. No podía verle a los ojos.
-Lo siento...
-¡Con un inútil lo siento no basta! ¡Me quitaste la vida!
-Lo siento...
-¡Han pasado cincuenta años! ¡Cómo rayos me los devolverás!
Changmin cogió del cuello al castaño inmóvil y lo estampó contra la pared.
-¡Mírame!
Ordenó apretándolo aún más.
-Por favor... mírame.
Yoochun volteó.
-¿Sabes qué es estar muerto? Pensé que estaba dormido. Todos los días soñaba contigo... pensé que me despertarías de nuevo... como siempre lo hacías
-En verdad lo siento...
El castaño aflojó el agarre.
-Mi madre... ella...
-Tuvo una buena vida. Sufrió mucho... creo que no pudo superar tu muerte
-¿Y mi hermano? Él...
-Se casó y tuvo dos niños; uno de ellos tiene tu nombre.
-¿Aún está vivo?
-Claro que sí. Ahora vive en el extranjero
-Podríamos...
-Claro. Lo que tú quieras.
Lo abrazó muy pero muy fuerte. Ahora que lo tenía de nuevo, no iba a ser tan estúpido de volverlo a perder.
-Me asfixias
-Te amo.
Lo alejó un poco.
-Antes de que lo dijeras, siempre lo supe...
Yoochun sonrió.
-...Pero no creas que por eso voy a perdonarte. Me las pagarás, Park Yoochun.
Besó sus labios lo más seductoramente que pudo.
-Espera...
Lo apartó muy a su pesar.
-Qué
-¿Que hay de tu ahora familia?
-Ya se me ocurrirá algo. Ellos son buenas personas.
De nuevo volvieron a lo suyo.

Después de aquella magnífica velada nada volvió a ser como antes. Changmin les pidió a sus padres vampiros que le dejen vivir con su amante, lo que significó una tranquila aprobación por parte de ellos. Tener algún lazo con la familia Park sería beneficioso en el futuro. Yoochun también hizo lo suyo y prometió nunca más volver a lastimarlo. Bueno, ahora sí que podía pues no había riesgo por ninguna de las partes.
Desistió de la idea.
Vivir juntos era un gran paso, pues esta vez sería para siempre. Ya no había miedo de la muerte. Vivirían a pleno sus días y lo disfrutarían muy al máximo. Después de todo, tenían un eternidad para ello.

.F,I,N.




-Colofón-

-Qué, Qué haces
Trató de mirar a los lados pero inesperadamente tenía una venda sobre los ojos.
-Dije que me las pagarías
-Pero ya lo hice todo por ti
Trató de moverse pero sus extremidades estaban atadas. Lo extraño es que estaba de pie.
-No todo
-Changmin ah...
Yoochun sintió cómo le tiraban de su vestimenta. Pero no sentía las manos de su amante, era como si se desvanecieran.
-Sabes, es bueno ser vampiro. Tengo poderes...
Luego sintió una ligera brisa a su alrededor. Estaba completamente desnudo ahora.
-Changmin...
-Cincuenta años es mucho tiempo. Y más para un jovencito como yo.
De la nada sintió algo húmedo por su abdomen. Iba desde su clavícula, pasaba por su pecho, descendía hasta su ombligo... se perdía al sur.
-¡Ah!
-¿Te gusta?
-Claro... que no...
Sintió pasos.
-¡A...dónde te va—
Inesperadamente un fuerte latigazo en su espalda lo hizo desear estar muerto.
-¡Qué ah, qué rayos haces!
-¿Te gustó?
-¡No!
Otro latigazo.
-¿Ahora?
-¡Basta!
Changmin paseó sus dedos por las costillas del pelinegro. Lo sintió estremecer.
-Ahora te entiendo... la sangre excita demasiado.
Aunque no lo pudo ver, el castaño se puso de cuclillas y empezó a engullir el sexo aún dormido del que estaba de pie.
-Hn...
Arriba, abajo... movimientos demasiado rápidos. No aguantaría
-¿Te...gusta?
-Ah...sí...
-Que bueno.
Se puso de pie. Besó los labios entreabiertos de un más que excitado Yoochun para luego ponerse detrás de él.
-Desátame
-Solo quiero probar algo más.
Se bajó los pantalones junto a su ropa interior, pues aún estaba vestido, y de una sola estocada terminó dentro de la estrecha entrada de su amante.
-¡Hn!
-Siempre quise hacerlo.
Empezó a moverse para acostumbrarse a la nueva sensación.
-Pero ah... porqué ahora
-No lo sé.
Estaba yendo ya muy rápido. Por increíble que le pareciera no podía simplemente detenerse.
-Hn... más despacio
-No puedo ha... controlarme.
Y eso era una cruda verdad.
Estaba demasiado excitado como para poder pensar, solo quería sentirlo lo más profundo que pudiera llegar. Pero cuando ya nada parecía imposible, a Changmin se le ocurrió algo; bueno, recordó algo. Empezó a lubricar sus labios, esta sería la primera vez que lo haría. Sus colmillos empezaron a salir de la nada.
-Lo siento...
Descubrió el cuello de su amante y sin reparo los clavó sin piedad.
-Chang...min.
Por propia cuenta, y por primera vez, repugnó el sonido que se escuchaba cuando la sangre salía y atravesaba la garganta de quien bebiera.
Mala experiencia.
Changmin le quitó de la nada la venda de sus ojos. Descubrió que estaban en su propio cuarto.
-Es suficiente...
Susurró el pelinegro conteniéndose de gritar. Sentía doble satisfacción. Por un lado lo estaban penetrando por primera vez, y también bebiendo de él.
Segundos después sintió algo caliente en su interior, acompañado de un fuerte suspiro. Changmin había llegado a su límite. Pronto sintió que dejaron su cuello libre.
Todo este tiempo, las manos de Changmin lo abrazaron.
-Desátame
El castaño lo hizo sin refutar. Mantenía su cabeza gacha.
-¿Es la primera vez que bebes sangre?
Levantó la vista. Estaba llorando.
-Si...
Yoochun lo tomó de la cintura y sin reparo alguno lo abalanzó hasta la cama.
-Lo siento...
-Fue inesperado. Pero gratificante.

Se dice que el reencarnado nunca bebe sangre. Y si lo hace, la primera persona tiene que ser de quien esté profundamente enamorado.

-Ahora es mi turno.
Lo besó profundamente y se envolvieron en su juego mutuo del amor.

El amor cruza fronteras, el mismo tiempo y espacio; hasta pueden vencer a la misma muerte.

.>>La pasión que me devora insensata,
Voy a decirla de primer envite:
Fuego de amor mi corazón derrite;
Fuego de amor mi espíritu arrebata
<<.