El príncipe de los bárbaros - Cap. 1

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El nombre del niño líder es “Shim Changmin”...

Una noche lluviosa durante el inicio de la primavera vio la luz un niño, hermoso, como ninguno antes y como ninguno después. Con cabello negro un poco ondulado, hermosa piel bronceada, además de extraños y brillantes ojos de color turquesa. La madre orgullosa cargaba a su niño, le ponía la ropa más delicada tejida por ella mismo. Sus risitas llenaban la casa, sus llantos eran muy sonoros en las noches, le hacía saber a todos que tenía hambre. No tenía nodriza como era la costumbre, su propia madre le alimentaba de su pecho. Por eso el amor que se tenían era inmenso, el vínculo era sólido a través de la lactancia.



Durante la primera infancia hubo mucho recelo, a veces la salud de los infantes, sobre todo los de aquel pueblo era una efímera esperanza, sin embargo el hermoso bebé, la superó sin ningún alti-bajo. Muchas madres más empezaron a tener hijos sanos, Jin Hee compartía en secreto todos los cuidados que le había prodigado su esposo con todas ellas, aunque a algunas les horrorizaba semejantes procedimientos ellas lo seguían al pie de la letra.  



Sus padres se regocijaban a diario mientras crecía, era inteligente como no habían visto hace mucho, apuesto, amable, con una enorme fortaleza de espíritu, con carisma, a veces inflexible, otras veces adaptable. Las actividades físicas también le fueron enseñadas con persistencia, tanto que aprendió a ser preciso con el arco, diestro para domar y montar caballos, la labranza tampoco se pasó por alto, fue aclamado por varios desde niño, la esperanza de su pueblo. Le fue enseñada toda la historia posible, toda la estrategia y matemática posible, a conocer el clima y sus cambios, se le enseñó todo lo que estaba disponible para que lograra ser un gran líder. Su padre siempre lo miraba con mucho orgullo, a pesar de que temía que su hijo esté envuelto en las horrendas batallas que provoca el ansia de poder. Además temían que su carácter le trajera más problemas, su actitud era un tanto hosca y reservada, lo que en ocasiones se tomaba como prepotencia.



El resto de los nobles veía con desprecio y envidia la bonanza de la familia Shim que había logrado el cometido de tener un hijo sano y más allá de eso había producido un niño varón tan inteligente y capaz que aunque no pertenecía a la familia real debería ser quien guíe a la nación más adelante. Sus campos por fin estaban dando frutos, aunque con gran esfuerzo y su casa había sido reparada. Varios de los amigos cercanos y claro, parientes de Tae Mu que siguieron su ejemplo y eligieron esposas entre sus parientes lo más lejanos  posible, lograron también tener éxito teniendo hijos sanos, otros no, pero ya fue un avance. El clan de los Shim estaba emergiendo nuevamente.



A raíz de las evidencias la solución era entonces, buscar a las mujeres fuera de su pueblo. Por muy heterodoxo que pareciera y a pesar de muchos de los más antiguos familiares estar en contra, los hombres jóvenes reconocían este hecho como real. A pesar de que incluso su deidad mayor, Ozus, había desposado a su hermana gemela (por eso estaba tan arraigada la creencia dentro de la mente de los nobles más conservadores y ancianos, por tanto eran tachados de herejes y destructores de la antigua cultura), los pocos jóvenes sanos sobrevivientes, no se dejaron convencer, siguieron adelante en su plan, rehacer su nación, buscando conexiones y alianzas de todo tipo con los otros pueblos.



Un grupo de aproximadamente 10 jóvenes, hijos de nobles, con Changmin a la cabeza, a la edad de 16 años propiciaron una especie de golpe de estado al último personaje vivo de la línea que formaba la realeza, el Conde Bae Hyun Tak viudo de la última princesa heredera, una persona incapaz y enferma que era manipulado por otros hombres igual de incapaces que habían permitido que la gran nación se quede a la deriva. Muy poco habían podido hacer la última tropa de soldados que apoyaba a este régimen, no se le hizo daño al conde, ni a los que le acompañaban, tan solo se les exigió que declinaran de sus puestos y se retiraran del palacio casi abandonado de Miltia. El resto del ejército se había puesto a órdenes de Changmin y sus amigos inmediatamente. El espíritu de ese joven llevaba la esperanza a donde fuera. Desde ese momento incluso en contra de la voluntad de su padre, Changmin se convirtió en el nuevo líder de su patria. No podía llevar el título de rey hasta que no consiga una esposa y tenga un heredero, eso lo dejó escrito Shim Tae Mu, así que ahora todos le llamaban Príncipe Changmin.



Dejando a su padre a cargo como regente, él, junto a sus mejores amigos, todos muchachos fuertes e inteligentes, salieron en sus caballos en busca de cumplir su misión. Al principio no fue fácil, no tenían mucho que ofrecer y todos les observaban con desconfianza, sin embargo se rendían a las encantadoras sonrisas de los varoniles jóvenes cuyo único objetivo era reactivar el comercio, ofreciendo su país como una conexión para mejorar las rutas terrestres de comunicación entre los pueblos. El puerto de la ciudad de Hani era la puerta natural de vínculo con el resto del mundo para la gran isla de Ítalo en la que estaba  contenida Ilani.



Varios años le llevó al joven Príncipe Changmin, lograr una estructura de estado adecuada, el sistema feudal era el único conocido y lo aplicó según su entendimiento, su casa fue la primera en recuperar la servidumbre en gran escala, los campos otrora fértiles hoy eran difíciles de cultivar pero nada le haría rendirse. Con el riesgo de quedarse en banca rota gastó un gran porcentaje de los fondos reales en hacer herramientas para los sembríos y construir canales de riego. Mejoró los caminos ampliándolos y empedrándolos para que las comunicaciones sean ligeras. Se libró de varias bandas de bandidos que amenazaban la seguridad y habían nacido de la necesidad y el hambre.



Sus ideas, ideas que su padre trajo de otras tierras y que él mismo adaptó a su espacio y cultura dieron sus frutos. Sus cultivos empezaron a mejorar año a año, sin embargo aun lo que producía no alcanzaba para ofrecerlo a los extranjeros, solo cubría las necesidades de la ciudad capital y sus alrededores.



El resto de sus parientes achacosos y enfermos no soportaron que la familia Shim renaciera después de su acto de herejía, y menos teniendo al frente a aquel muchacho salvaje y prepotente, muchos no le reconocían como príncipe. Mientras Changmin y los muchachos estaban en su viaje, un grupo de familiares fuera de sus cabales prepararon una emboscada, los querían muertos. Ok Min Ah prima de Shim Tae Mu, la mujer que no fue tomada como esposa, era la líder de un complot que terminó con la vida del padre y la madre de Changmin, en un horrible incendio en el granero principal de su hacienda.



La servidumbre respetaba a la familia de Changmin, pues gracias a ellos poco a poco la vida había mejorado, así que una joven que servía en la casa de la Sra. Ok le contó todo lo que había escuchado de aquellos traidores en cuanto el príncipe alertado previamente se bajó de su caballo al volver. Tras investigar un poco, la verdad se descubrió, montó en cólera como nunca antes y sacó su lado inflexible a relucir, convocó ahora con su autoridad más consolidada a todas las familias nobles de Miltia, y el  pueblo se reunió también en la plaza mayor. Entonces de forma pública desenmascaró a los culpables, a manera de juicio los hizo declarar, escuchó con las manos crispadas las absurdas acusaciones que esos familiares le hacían, las ridículas y antiguas razones que exponían para justificar el acto. Sintió el odio y la envidia de esa mujer, no comprendía lo pequeño que puede llegar a ser el espíritu embebido por la traición y la avaricia. Convirtiéndose en juez y jurado, como ejemplo para todos aquellos a los que se les ocurriera una idea parecida, sin piedad les cortó la cabeza uno a uno el mismo con su espada, a los diez y siete implicados, sus ropas terminaron completamente empapadas de sangre, fue algo terrible de ver. Con el corazón compungido y las manos manchadas volvió a su casa, dejó la orden de que las cabezas fueran expuestas durante tres días para recordarse a sí mismo que los lazos de sangre a veces pueden no valer nada si hay envidia y rencor de por medio.



Desde ese día se hablaba de él como El Príncipe que gobernaba a los bárbaros, “El Príncipe de los Bárbaros”.



Nunca más se tomó a la ligera las palabras del príncipe. Nunca más hubo nadie que se atreviera a retarle.



Bueno, pasarían varios años antes de que alguien pudiera hacerle frente.



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Él ya no era un adolescente, su cuerpo había terminado de crecer, odiaba la barba y los bigotes así que se los quitaba así se veía muy joven pero esto lo volvía la antítesis total de sus antepasados. No tenía un lacayo solo para él, hacía sus tareas por sí mismo, no gastaba dinero en un gran séquito, con sus caballeros era suficiente, sus ropas no eran las más presuntuosas, siempre estaba ocupado buscando algo que les pudiera llevar a crecer. Su cabello un poco ondulado era muy fácil de peinar así que solo usaba su mano para dejarlo listo. Estaba sano, pero los estragos de las enfermedades en su pueblo aún se dejaban ver. Siempre buscó medicamentos y pociones entre las naciones vecinas, cualquier cosa, pero nunca logró salvar a ninguno de sus parientes, sus enfermedades eran terribles y letales.



Se reconocía a sí mismo y a los que le ayudaban necesarios para el adelanto de su debilitada patria. Sin embargo había días en los que la carga era demasiado pesada. Su labor le dejaba una profunda sensación de soledad. La piedra de su pecho se sentía más fría que de costumbre.



Ya tenía varios aliados de la región circundante a su nación, Kiteria, Mago y Shilla, sin embargo en su cabeza rondaba la idea de la que aquellos le venían sugiriendo, aunque no le gustaba, le parecía necesaria, una guerra sería la única forma de traer mujeres de otras tierras, pues nadie había querido ofrecérselas de buena gana incluso después de tantos años, para volverse más fuertes a través de generaciones de hombres sanos, volver a ser quienes habían sido diez generaciones atrás. No era de su agrado matar gente, pero no tenía suficiente dinero, su creciente economía y ejército necesitaban nutrirse de capital. Los generales de Ilani y los aliados, todos ellos, esperaban de él solo la aprobación. El plan había sido discutido y evaluado. Parecía ser que la beligerancia fluía por las venas de sus soldados, menos por las suyas, era gracioso siendo que él era "El Príncipe de los Bárbaros" se suponía de él una actitud por mucho más hostil. Cuando en realidad odiaba la guerra con tan solo haberla conocido en los libros. Sonreía para sí mismo de su apodo.



Aquella tarde y mientras el sol se ocultaba suspiró poniendo en orden sus ideas, necesitaba dinero para mantener a su nación, necesitaba mujeres sanas para incrementar su población y tendría que tomarlos a la fuerza, tenía que interiorizarlo, rechazarlo, entenderlo y a pesar de odiarlo, hacerlo, no era agradable, no era fácil, pero era necesario. Añoraba tanto a su padre y sus sabios consejos, añoraba a su madre y sus constantes palabras de aliento.



Nadie le daría a nada gratis. Aunque le parecía demasiado alto el precio a pagar. Sin embargo la situación llegó a un punto en la que era completamente incontenible, no podía hacer nada más que aceptar. Los ejércitos de los alrededores que estaban listos solo tuvieron que agruparse frente a su “bárbaro” líder y recibir sus ánimos, para lanzarse a la marcha y luego al encontrar al primer pueblo no aliado y quitarle todo. O por lo menos lo más importante.



En contra de sus propias predicciones las campañas eran un éxito, por lo regular Changmin procuraba no permitir grandes masacres a inocentes, ni saqueos sangrientos y crueles. Solo las fuerzas militares se veían involucradas. Intentaba hacer lo que sus antepasados nunca hicieron, negociar, los que aceptaban hacerlo ganarían seguir viviendo en sus pueblos, ser sirvientes y no ser esclavos. El único arreglo aceptable era pagar impuestos y jurar lealtad a Ilani, además de entregar a las mujeres más hermosas.



Quienes no aceptaban el trato, por decisión del consejo de generales que acompañaban a Changmin, debían ser aniquilados. Él no participaba del acto, pensaba que dejando de ver, su culpa sería menor, pero nunca lo fue. Su corazón siempre se sentía pesado después de arrasar con algún pueblo, sus compañeros le recordaban que “El más fuerte sobrevive”, pero él sabía que no tenía derecho a ser el más fuerte. La verdad es que solo era un bárbaro.



Más y más su fama de cruel se extendía por las regiones aledañas, desde el mar de los Vientos Endemoniados hasta el pie de las montañas sagradas de Ameria.



En uno de los pueblos que fueron conquistados, en la última ciudad grande del reino de Astra, Tafur, el príncipe trató de salvar lo único que le interesaba más, el conocimiento, libros, arte, música y la gente que tocaban los instrumentos que la producían.



Esa tarde cansado de las reuniones en las que los hombres pedían piedad por sus pueblos, en las que se hacían tratados y acuerdos, en los que se sellaban papeles de cédulas reales se retiró con el alma pesada, antes de llegar siquiera a sus aposentos, su mano derecha el general Jung Yunho, le mostró un descubrimiento fascinante, una biblioteca muy antigua con pergaminos arcaicos. Le brillaron los ojos por alguna razón y olvidado del cansancio se dedicó a revisarlos. Uno de aquellos, contenía algo fuera de serie. Algo que hizo que sus ojos se abrieran exageradamente por la conmoción, entendía el texto a medias, era un idioma muy antiguo, incluso más que el suyo, así que tuvo que buscar quien pudiera traducírselos. Un viejo “sabio”, que parecía más bien un mendigo se ofreció tras aparecer de la nada, Changmin siempre desconfiaba de él, pero le permitía hablar en su presencia, tal vez tuviera algo bueno que decir.



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- Su majestad…te he traducido la información que te interesa de verdad…-decía el anciano sin poder mirar al rostro del príncipe una tarde varios días después de que se le encomendara el trabajo-.



- Tu, anciano facineroso, ¿qué mentira es la que me vas a decir hoy?, habla pronto que no tengo tiempo…-dijo sin mirar siquiera a la persona que estaba hincada ante él, su humor y austeras costumbres habían cambiado un poco conforme iba ganando más fama y poder-.



- He hallado la ubicación de esa persona, aquella persona con el mágico don…aquella persona que puede darte un heredero poderoso de veras…



- ¿Es aquella persona, la de la leyenda, la que está descrita en el pergamino?...-el anciano levantó el rostro, sabiéndose vencedor, sonriendo enigmáticamente, su sonrisa tenía desagradables dientes amarillos, que contrastaban bastante con su largo y descuidado cabello blanco-.



- Sí mi señor, está más allá Odaiba… en un poblado próspero al norte de Odaiba, para ser exactos en los altos de las montañas de Ameria… no será fácil llegar…



- ¿Y cómo sabré quién es esa persona?



- Según la escritura, te recuerdo, tú mismo serás quien la reconozca, sus ojos te llamarán, la gema de tu pecho quemará y se atará el destino del uno al otro sin final.



- Puedo sentir eso con cualquier mujer hermosa…-dijo evadiendo el hecho de que el anciano sabía que él tenía una joya en el pecho, sin habérselo dicho previamente-.



- No te burles, sabes que no es cierto, esa sensación será tan intensa que puede dejarte mareado. –Cambiando inmediatamente de actitud- Te tengo información adicional igual de interesante…-estiró su mano en acto de pedir, a veces el príncipe se arrepentía de pagar por esta extraña información aunque su curiosidad siempre era estimulada, así que puso la moneda de plata en la palma estirada-.



- Una esclava venida de Jaen me lo ha dicho… Con su dueño, pasaron por Ameria durante su viaje, ella ha dicho, que todas las personas de Ameria son hermosas, pero hay una persona con una particularidad…



- ¿Una particularidad?



- Tiene el cabello de un hermoso y extraño color azul, además de unos ojos verdes…o grises o algo así...que su sonrisa es tan blanca como la luna, pero como la esclava iba escondida en un carruaje no pudo ver más.

- Vaya parece una etérea criatura, calza perfectamente con la descripción del pergamino ¿en realidad existe?



- Supongo que solo creerás cuando veas a esa persona…la esclava ha dicho que tiene un diamante completamente transparente en su cuerpo...



- ¿Y cómo una esclava pudo ver algo como eso?, por lo regular las gemas no están en partes expuestas del cuerpo, seguramente traía un escote demasiado escandaloso.



- Ella lo vio, porque pasaron cerca del río dónde aquella persona se bañaba, los esclavos iban escondidos en el carruaje porque en Ameria no se permite la esclavitud, por tanto ni la venta ni la compra de esclavos, el dueño estaba tomando un atajo, así que esa persona no los vio.



- ¿Un diamante puro?...estás mintiéndome...



La noticia hizo saltar a Changmin de su trono, en un instante estuvo sosteniendo con su mano izquierda la mandíbula del hombre viejo, mientras que su rodilla izquierda sostenía el peso de su cuerpo en el piso-.



- ¿Mi señor vas a adueñarte de todo el país, cierto?…-el príncipe asintió con mucha seguridad-...entonces ya llegaremos a esas tierras… y verás que lo que te digo es verdad…



- Si llega a ser cierto y logro conseguir a esa persona, te ganarás un baúl lleno de oro viejo facineroso…-el viejo sonrió, su aliento rancio le golpeó la cara, era tan desagradable-.



Sintió esperanza en su corazón, alguien había visto a esa persona con un diamante puro, completamente transparente, completamente compatible con la gema de su pecho. Era realmente una buena noticia.



- ¿Es una promesa señor….?


- Pues claro que lo es… ¡Mi palabra es la de un Rey!

2 comentarios:

  1. Anónimo8/07/2016

    Espero que "esa persona" sea Junsu!!!

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  2. Blanco de cabello azul, Junsu!!!, tras tanta barbatie para conquistar tierras, ahora le toca buscar y conquistar al que será el amor de su vida

    Gracias!!!

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