Is it true?

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Titulo: Is it true?
Autor: Kuren
Pareja: Yunjae
Género: Slash
Extensión: Drabble

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Jaejoong
Aún después de tanto tiempo, yo seguía pensando en el pasado. Pensando en la vida que no tuve porque corrí cuesta abajo incluso si la cima prometía una vista impresionante. Corrí y cuando me detuve, lo veía todo desde la cumbre de un rascacielos. El color se había extinguido y quedaban unas ausentes y parcas esculturas de cemento que no me recordaban nada.    
De pie en un podio que me hacía sentir pequeño en lugar de afamado, vi el mar enrojecido que rugía, y era trágico. Deshaciéndome a pedazos, cayendo de rodillas, arrastrándome y luego postrado en habitaciones que roían mi cordura, que consumían la energía de los precarios instantes de alegría.
Le tuve miedo a la altura, a la distancia que prevalecía entre ambos corazones. El suyo corría a toda prisa y el mío que era apenas un trozo de carne, sobrevivía a la tempestuosa tormenta de gritos, de brazos y manos alzándose, queriendo tragarse cada movimiento oscilante de mi cuerpo, cada pensamiento oculto.
Teníamos prohibidas las huidas, como en cualquier lugar del mundo. De cualquier forma, no había manera de escapar de las prisiones de metal que eran reflejo de autos costosos y vidas opulentas. Mis manos tocaban objetos y los convertían en oro. La riqueza era una trivialidad, una cena meticulosa ataviada de los mejores manteles en donde yo vomitaba, muriéndome de hambre. Nada encajaba, cada hora transcurría y caía en nebulosas lágrimas, todo parecía ser consumido rápidamente por un fuego azul, hiriente, a cada paso que daba, a cada segundo que permanecía hundido en lamentos.
Recordaba, y recordar es desolador para alguien como yo, quien cuenta los años, los días, las horas, quien piensa que a veces respirar es costoso, quien piensa que el olvido es como un cáncer que se expande con el transcurso implacable del tiempo. Yo estaba sumergido en la eternidad.
Y quería hablar tan rápido y de corrido, decirle lo desquiciante que era la espera en el camerino sin sus brazos aferrándome, que había espectros metálicos que se llevaban mis instantes de felicidad, que grababan en cintas mi rostro pálido y lo reproducían infinitamente como martirizándome a propósito, como si lo mereciera. Me urgía decirle que eran cada vez más escasos los descansos, que me hallaba cansado y que no quería dormir solo porque vivía temiéndole a la penumbra, a los cuartos vacíos y a los amaneceres silenciosos.
Las letras iban escritas en relieve, como una cicatriz que irrumpe en la pulcra piel de las manos, letras escarlatas y liberadoras. Le pedía que me escuchara, rogaba porque comprendiera y viniera y me mirara a los ojos de la forma en la que solía hacerlo, mientras me aseguraba el mundo y entonces así yo habría podido echar todo al olvido. Pero recordaba, veía su rostro en la pesadilla cotidiana de mi vida.
Solía preguntarle a una visión etérea de su ser “¿Por qué no puedes entenderme? No es como dices que es. Yo no pretendo ser alguien que no conoces.” Pero me había convertido en un completo extraño que ya no podía percatarse de su sombra porque temía darse la vuelta y no hallar nada en lo absoluto.
“Yo soy y debo ser todo lo que conozcas. Pero es que a veces me pierdo. Lo juro. No es como si algo lograra cambiarme. Soy el mismo. Solo que trastocado por los cientos de ojos que se fijan, ellos saben.”
No había paz, ya no la había y los ojos que nos observaban con detenimiento me abatían, porque iban a apartarnos mientras no juzgaban con sus brazos caídos, dejando a un lado las luces, dejándonos en penumbras y en un silencio sepulcral en un domo en el que las olas rojas solían rugir con una intensidad aplastante.  
Quise poder evitar este desdén que nos acompañaba, que nos acorralaba y que nos hacía irritables. Deseé que traspasara las puertas y besara mi nombre. Que me descubriera, que me hallara y revelara mis secretos y que ellos se convirtieran en los suyos, en los nuestros. Pero a veces no culpo a mis manos que se alejaban, que se cierraban frías, entumecidas, a veces solo quería que permanecieran así y que jamás le atormentara lo que a mí me hacía tan vulnerable. Deseé que no le afectara, deseé ser más fuerte.
Pero pudo conmigo. Pudieron más sus ojos curiosos, más sus ojos vacíos cuando le aseguraba al mundo que estaba bien. Era tan nostálgico pensarle y no tenerle, no tener las fuerzas para combatir.

“No sabes que me aparto del mundo, adolorido, porque me hundo, porque no me retracto de haberme resignado. No puedo… ¿puedes oírme? ¿Puedes verlo? Dime que sí, di que comprendes, que me amas. Dilo, ponlo en mis labios, en mi cuerpo, convénceme y luego todo acabará. Mírame de nuevo, solo a mí. Niega otros ojos, niega otros labios, niega los cuerpos que se te ofrecen para que me olvides. Espera. Espérame un poco. Voy a amarte de vuelta, quiero hacerlo. Yo quiero… quiero. No…”

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