El pasado nunca muere - Cap. 9

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Cerró los ojos esperando el golpe, se lo merecía, lo sabía.

Sin embargo...

Junsu de un salto estuvo a horcajadas sobre el otro comiéndole la boca desesperadamente. Su instinto de jefe le hacía sentirse ansioso y no era solo por su arrolladora necesidad de sexo, era algo que oprimía su corazón..., necesitaba desahogarse y pronto. No sabía cómo, solo le dio rienda suelta a ese nudo doloroso que se había enraizado en su cuerpo.

Cayeron juntos sobre el colchón.

-Sí, así es como te quería tener…-el tono arrogante en el que el policía exhaló, sacó un chasquido de desaprobación del pequeño, pero su sonrisa le obligó a seguir-.

- ¡Cállate!, porque si no comenzaremos a pelear…-dijo todo lo odioso que pudo, aun con su boca sobre la otra-.

- ¿Y no follaremos…? -había burla en su voz, pero no podía negar que era sorprendente la reacción, lo tomo con la guardia baja-.

-Idiota…-Changmin rió complacido con el insulto, cualquier cosa que saliera de su boca en ese tono grave y con su ardiente aliento sobre su boca sería una dádiva divina, le provoco cosquillas hasta la columna vertebral-.

-Ven…seré cuidadoso…-dijo sin ninguna intención de ofuscarlo, acomodando sus brazos, con las manos abiertas sobre la espalda de Junsu que seguía sobre su propio cuerpo-.

-¿Cómo que serás cuidadoso?...-negó inmediatamente-...Yo seré cuidadoso…-dijo en un reclamo, esta sería su primera vez y no quería pasarla como uke, vaya Changmin abusivo-.

- Yo soy más grande…-le hizo notar pretenciosamente su admirable tamaño al levantar su pelvis desafiante y frotarse contra él-.

-Bueno...pero...Yo soy el jefe...-dijo no muy convencido-.

*Ok Junsu ÉL está muy grande, eso es bueno..., y es MUY malo si nos acordamos que esta es tu primera vez y va a acabar con nosotros, va a destruirnos*... “gracias conciencia por acabar con lo poco que me quedaba de valor, siempre tan oportuna”...

- No hay pero que valga, ya habrá otras ocasiones…, además me debes un paseo emocionante, ¿no recuerdas que el otro día te salvé la vida en ese bar?

- Ni me acuerdo...-hizo caso omiso del recuerdo de la niñez que el más alto quería evocar con esa declaración “un paseo emocionante”-...además luego de eso estuve preso...

-Solo ven…-las enormes manos lo detuvieron y acariciaron su rostro con cariño, su sonrisa le sedujo e inevitablemente sonrió devuelta...

*Estas jodido Kim Junsu*...”Me lo dices como si no lo supiera”...

-Eres un maldito...- se reclino sin poner resistencia pues se había rendido ya desde que decidió subir con él, se relajó un poco al sentir su anhelado calor-.

*Que rápido te dejas convencer* “¿Tú no le creíste cuando dijo que ya habría otras oportunidades?...”...*Claro que no, él solo quiere metértelo y nunca te dejará hacer nada, es policía, le encanta someter a la gente, recuerdas…?* “Me agradas conciencia…” *Tonto, ya te perdimos*…

Todo en el cuerpo de Changmin, era nostalgia, su aroma, su calor, sus ojos, su sonrisa, sus frases típicas, su cariño, sus brazos. Ya no eran tiernos niños, ahora eran hombres, en todo su apogeo, sin embargo se sentía como viajar en el tiempo, un tiempo en que todo era feliz.

Junsu desde su dominante posición jugaba en su propio juego con su lengua y la de su adversario, meticulosamente, explorando todo, imprimiendo su marca, su sabor era increíble, no podía compararlo con nada existente, quería hacer más y más profundo el beso, no sabía cómo y hundió sus manos en el cabello abundante y sedoso del otro hombre para sostenerse del cuero cabelludo.

Besó con toda la pasión que pudo besarle, sentirle parecía devolverle un poco de alivio, de paz. Cuando sus pulmones, que eran muy buenos se quedaron sin aire, descansó en el cuello de aquel, aspirando su aroma embriagador, tal vez eso era lo que lo había vuelto loco, sentía las manos ajenas recorrerle el cuerpo, sentía que no tenía tiempo que perder y empezó a besar con avidez la piel que emanaba esa fragancia, sí, era perfecta, salada.

*Más*...

Paseó sus labios y su lengua por toda la piel que se le ofrecía. Mordió el cuello lleno de músculos cuando las manos ajenas se posaron en sus nalgas apretándolas inmisericordes.

Mientras el pequeño jugaba con su cuello, nota aparte valga decir que era enloquecedora la sensación de sus labios y su lengua, no importaba ni un poco el dolor que le provocaba las manos que aprisionaban su cabeza, es más todas las sensaciones eran bienvenidas. Se recreaba al acariciar todo lo disponible, su cabeza de cabellos color sangre, su nuca, su espalda fuerte y trabajada, palmo a palmo, el canal de su columna vertebral incluso por sobre su ropa, sus piernas y por fin sus nalgas, sí, esas que parecen implantes de lo grandes que son. Se llenó las manos con glotonería, amasó con fuerza. Le sintió gemir y morder su cuello cuando apretó un poco más, fue música para sus oídos. Obligó a los cuerpos a girarse. Quedó ahora sobre él.

-Ah... Junsu...- no pudo atrapar en su garganta el jadeo que se le escapó al sentir los dientes herir ligeramente su carne estimulada-.

La misma infantil sonrisa que recordaba apareció en el rostro del pelirrojo, esa sonrisa que le había permitido mantener la esperanza, la sonrisa que le había hecho nunca olvidar y siempre querer volver. Esta sonrisa que ahora tenía tintes seductores y le hacía promesas obscenas.

Sonrió encantado, sincronizó una risita ronca y grave con la de su amigo, acarició con su nariz un poco húmeda la del hombre que ahora tenía el pulso agitado bajo el.

Besó con adoración las comisuras de los labios que no quitaban de ellos la hermosa sonrisa, luego besó cada centímetro de su rostro, no sabía que estaba tan enamorado, porque solo ahora lo comprendía en su verdadera magnitud el sentimiento que había madurado, ahora entendía porque se disfrutaban tan plenamente, tan completamente, no había un solo atisbo de vergüenza, incluso a pesar de que esto no era un juego inocente, estaban enamorados.

Si era correcto o no, si era el momento correcto o no, nada importaba, solo este preciso e íntimo momento.

Le sintió levantar su cadera y su sangre se inflamo de deseo y empezó a mecerse contra la pelvis totalmente inflamada del otro, frotó su necesitado miembro en busca de alivio...tal vez ya era hora de quitarse la ropa... estorbaba bastante, sabía que tenía algo pendiente, pero ya no recordaba qué.

Observó cómo cerraba sus ojos, tratando de absorber todas las emociones, le vio abrir sus labios y jadear. El aliento exhalado fue un detonante de su libido, más aun cuando aquel se unió al movimiento de una forma un poco torpe, pero efectiva, tratando de obtener todo el contacto posible, meciéndose contra él de forma violenta.

Era muy adorable, verle desesperado quitando a medias, la ropa, de la forma en que podía sin lograr su cometido. El moreno más experimentado, le tuvo piedad y soltándolo solo un momento se puso a horcajadas y se elevó sobre él, le hizo ver la magnífica presencia de su tórax desnudo, de piel achocolatada, sudoroso, firme, con la respiración acelerada, el pelirrojo abrió la boca en franca admiración, luego se sentó frente a él y levantó los brazos, era la orden, para ser desvestido también.

Tomó la camisa solo un poco más abajo de las solapas y con fuerza la abrió haciendo que todos los botoncitos salieran desparramados, estiro la tela hacia arriba y libero su pecho, era perfecto, no cabía duda, tonificado, no tan grande como el suyo, pero ligeramente dorado, de pronto, Changmin se fijó que había varias cicatrices de varios tipos en la piel del tórax y el abdomen del pequeño, unas profundas y otras no tanto, no se notaban mucho pero eran preocupantes, por observar la piel ajena no se había percatado que las manos del otro estaban en su cinturón intentando quitárselo. Terminó la tarea con dificultad.

Respirando pesadamente, Junsu se detuvo un momento, sin saber cómo continuar, el moreno se bajó de la cama y se quitó por sí mismo el resto de la ropa, los ojos que lo observaban parecían comérselo con la mirada. Se sintió alagado, con un dedo empujó el tórax del pequeño de vuelta sobre el colchón, y con una rodilla en la cama y el otro pie en el piso ayudó al pelirrojo al quitarse el resto de cosas que estorbaban, dígase de paso que fue una dura tarea, el cuero del pantalón negro estaba literalmente pegado a la piel húmeda de su trasero.

“Maldito cuero abusivo”, pensó.

Después de haber cumplido su misión. Volvió a colocarse sobre el cuerpo más pequeño, inmediatamente empezaron a frotarse uno contra otro, ahora sí con más fuerza y las sensaciones se duplicaron. Volvieron a besarse desordenadamente, ambiciosamente, con violencia, con pasión y porque no con angustia.

Junsu parecía percibir el estado de ánimo mortificado del otro que era notorio para el incluso en medio de la pasión, ese era el peso que sentía en el pecho, este sentimiento tan intenso y doloroso no era suyo, él se lo había contagiado.

El moreno en retribución por ese placer que iba creciendo repartió besos en cada parte del pecho ajeno, se sintió tentado a jugar con los pezones delicados y sensibles, no pudo obtener mejor respuesta. Muchos sonidos eróticos y húmedos de la boca ajena.

No fue considerado ni un poco, el otro solo podía retorcerse, el placer le nublaba la razón y estaba a punto de llevarle a la locura.

Luego el más pequeño jalo su cara de vuelta, extrañaba sus labios. Le apretó entre sus brazos con fuerza, recorriendo su espalda una y mil veces.

Mientras se abrazaban tratando de fundirse en un solo ser a pesar de ser imposible. Explorando, conociendo todo lo que las manos abarquen. Changmin dejó de aplastar el cuerpo pequeño y se arrodilló entre sus piernas, Junsu se asustó pensando que ya era la hora cumbre, sin embargo Changmin cerro su puño  alrededor de su henchido miembro y con fuerza empezó a masturbarlo, al principio suave, como si estuviera reconociendo esa parte en específico de su cuerpo, arriba, abajo, arriba, abajo, volviendo la caricia en una dulce tortura.

-¡¡¡Changmin!!!...-el grito de su garganta fue incontenible

¨¡Vaya!¨, Junsu era muy sensible, a penas lo había tocado un poco, se arqueó sobre el cuerpo más pequeño, para así tener espacio para continuar con su tarea y besarlo, su lengua se enredaba con la otra al mismo ritmo que subía y bajaba su mano.

El ritmo se hizo mucho más intenso, más rápido, más apretado. Su dedo pulgar se paseaba por el glande y el meato, sus ojos le observaban retorcerse sin llegar a comprender del todo el placer que le era brindado.

El cerebro del pelirrojo se enchufo a la realidad por un segundo...

- Me voy a morir...-dijo empujando un poco a Changmin asustado de la poderosa sensación que estar al borde del abismo del orgasmo, le produjo...

-¡Ayúdame!...-gritó desesperado, Changmin extasiado por la inocencia de su reacción aumento el ritmo de su forma atormentadora de tocarlo, y con un final tirón de sus testículos lo lanzó al abismo, mientras aquel expulsaba su semilla alrededor, manchándolo todo de su absoluto placer.

Satisfecho de su magnífica victoria, Changmin apresuró su propia tarea, no lograría aguantar mucho tampoco, con el líquido obtenido embadurnado en sus dedos, empezó a masajear el área perineal de su amado, que se encontraba casi en shock, con la mirada vidriosa, perdida, intentando respirar, le acomodó con las piernas abiertas todo lo que su flexibilidad, que era mucha, le permitía, siguió masajeando con cuidado, pero sin parar, hundiendo sus dedos uno a uno.

-¿Qué es lo que haces conmigo?...-pudo decir recuperado un poco-.

-¿No lo sabes?...- la pregunta salió de su boca sin intencionalidad alguna-.

- Lo pregunto, porque no lo sé, idio...ta -su insulto fue interrumpido por una sensación eléctrica e intensa que nació de un punto exacto que Changmin había tocado con uno de sus dedos invasores...

-¿Nunca lo has hecho con un hombre?...

- No lo he hecho nunca, con !!!NADIE!!!...

- Ya veo...-fue lo único que atino a decir, no se esperaba semejante declaración, era totalmente cierto, Junsu no sabía mentir-.

Para quitarle el enojo, y la vergüenza, volvió a sus labios, besándolos muy superficialmente, chupándolos con parsimonia, mordiéndolos ligeramente, y es que eran deliciosos, jugosos. Mientras continuaba su deliciosa tarea, Junsu se calmó y relajó su cuerpo ansioso.

-Mírame...- su voz se oía como un ruego-.

- No quiero...es muy...vergonzoso...-giro su cara escondiendo sus ojos de los pares penetrantes que tenía encima-.

-Mírame...-repitió

- Te veo...eres muy hermoso...

- Yo me definiría con otra palabra, tu eres el hermoso...-sonrió y volvió a hablar-... ¿Confías en mí?

- En este momento, sí...hazlo, entra...

Changmin acercó la punta de su miembro que parecía querer explotar, grande y con unas venas inclementes e hinchadas, suavemente recorrió la periferia del aquel estrecho espacio. Junsu al sentir esa calidez suave pero de fuego, cerró sus ojos, nunca hubiera imaginado semejante situación, pero ahora era la mayor emoción del mundo.

- No los cierres, mírame, todo el tiempo...

-Changmin...es difícil...soportar...-el moreno, empezó a adentrarse en el maravilloso cuerpo, palmo a palmo, sintiendo las resistencias musculares ceder lentamente, el pelirrojo hacía todo su esfuerzo por mirarlo, pero inmediatamente sus ojos se llenaron de lágrimas, y su rostro se contrajo un poco.

A pesar de aquello, no paró, siguió despacio, solo se detuvo cuando estuvo completamente dentro. Besó con cuidado la frente, la nariz, las pestañas, se bebió todas las lágrimas, era la mejor sorpresa del mundo, saber que Junsu solo le pertenecía a él, que su cuerpo perfecto no había sido profanado por nadie, era absolutamente maravilloso.

Acomodó la posición de su cuerpo y empezó a moverse lentamente, mientras besaba la boca que poco a poco empezó a deshacerse en gemidos, el dolor ya no era visible en el rostro querido, los labios abiertos y jadeantes eran una muy buena señal.

-Más... por favor más...

Dijo el pelirrojo ya fundido con su deseo y la necesidad de Changmin, habiéndose contenido como un héroe dio rienda suelta a toda su energía potencial, y embistió con fuerza, rítmicamente, profundamente. Las palabras se volvieron gritos incoherentes de parte y parte, Junsu era un espectáculo tanto para el alma, como para el cuerpo, su educada voz, rompía el aire con sus gemidos roncos, los guturales acompañamientos de la garganta también poderosa de Changmin formaban una sinfonía nostálgica y antigua...

La necesidad, el amor y las embestidas se hicieron uno, cuando su cuerpo llegó al límite y rugiendo poderosamente su orgasmo se derramó dentro de cuerpo más pequeño, cayendo rendido sobre su pecho.

Solamente con sentir la cálida esencia en sus entrañas, Junsu alcanzó el firmamento por segunda vez, en la misma noche, que poderosa sensación, era un poco difícil respirar con el enorme cuerpo de su amado policía encima pero, no podía moverse, este sexo alucinante le había drenado todas sus energías, solo le quedaba un poco para sonreír con todo lo que le daba su cara.

En realidad no supo cuantos minutos estuvieron juntos en ese estado de flotación, que conlleva el periodo post orgasmo, respirando cada vez más lento hasta que los pulmones vuelvan a su estado previo, hasta que el corazón retome su frecuencia habitual. A Junsu se le antojaba darle la definición de infinito.

-Fue genial...-dijo Junsu al cabello que empezaba a hacerle cosquillasen su barbilla-...sin embargo, eres pesado...y lo digo de verdad...

-Oh... lo siento... espera...

Inmediatamente se retiró de encima, los hizo girar para ahora quedar con Junsu sobre su pecho. Sonriendo el pelirrojo colocó sus brazos cruzados sobre el pecho fuerte y amplio de Changmin, luego arrimó su barbilla y lo observó detenidamente.

- No sabía que fueras tan hábil, uno más de tus talentos que descubro...

-Así que fue genial...¿eh?...

-Sí, pero yo lo hubiera hecho mejor...me dolió horrores...

- ¿Enserio?

-No...En realidad ha sido genial...

-¿Por qué no me dijiste que eras virgen...?

- Yo no era virgen, no soy chica, simplemente no había tenido relaciones sexuales...

-Fue tu primera vez...

Solo obtuvo un asentimiento, y un lindo color rojo en las mejillas rosadas...

-Bésame...

- Ya te he besado demasiado...no crees que es mucho abuso...

- Te amo, bésame una vez más...por favor...

El pelirrojo extrañado se acercó a cumplir el pedido, lo besó suavemente, el beso no se transformó en nada más, en ningún momento había dicho por favor, ni siquiera para cuando entró en su cuerpo, que no era extraño, pero ese “por favor” se acompañaba de una expresión preocupada en el rostro joven de Changmin. Eso era lo extraño...

-Por favor dime que sucedió contigo y este pueblo hace 12 años, necesito saberlo...

-Changmin...eso..., eso es muy duro... yo no quiero hacerlo...para qué quieres saberlo, de quién podrías vengarte ya está muerto...

- Por favor...-la voz del moreno denotaba un ruego, nada sabía Junsu de lo que le esperaba-.

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