Oh! My Lord - Cap. 7

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25 de Junio de 1950

A pesar de los intentos continuos por parte del Conde y su asistente por frustrar el viaje de su Alteza, nada se pudo hacer cuando la fecha se acercó y la firme decisión del joven rey continuaba inquebrantable. Nuevamente reinó la angustia en cada esquina de palacio, una silenciosa batalla de miedos entre cada miembro de la servidumbre y por supuesto los mismos implicados directos en el engaño.

Para cuando la mañana de la semana anterior al viaje llegó  los cuatro hombres se encontraban reunidos, como costumbre, en la habitación del conde, buscando entre todos alguna estrategia que sirviera para mantener el camuflaje en los siete días que permanecerían lejos de la protección de palacio.

Un gran problema eran las sirvientas ya que era necesaria la ayuda constante de estas al momento de disfrazar a Changmin, llevarlas era vital. Pero el grupo era demasiado numeroso, por lo que solo debían decidirse por tres, las más confiables y cautelosas. La segunda cuestión era el chef de palacio, Jaejoong por supuesto se había opuesto rotundamente a ser dejado por fuera, la preocupación probablemente no lo dejaría dormir si permanecía en palacio mientras Changmin iba en camino recto hacia la horca, pero cuando aquello fue notificado al rey su negativa fue contundente. El muchacho no quiso quedarse con aquella respuesta e intentó retar al rey, pero fue Changmin el que lo detuvo alegando que solo complicaría más la situación y de paso crearía más sospechas.

Fue una discusión larga y tediosa, pero finalmente Jaejoong tuvo que dar su brazo a torcer y entender que debía quedarse esperando que todo saliera bien como el resto de las personas en palacio.

El último acuerdo al que habían llegado era que Yunho los acompañaría, buscando que pudiera mezclarse con el personal desconocido por si alguna clase de rumor era levantado a espaldas del Conde y Changmin.

—No podemos hacer más que rezar porque todo salga bien, desde el baile su majestad ha sido muy cauteloso con todos y no sabemos la razón. En este viaje todos nos jugamos el cuello.

Repuso Yunho diligentemente con una notoria mueca de preocupación.

—Solo hay que ser cuidadosos, cualquier paso en falso y estaremos perdidos.

Al unísono, todos suspiraron dando paso a un largo silencio, teniendo como ultima respuesta una mirada de aceptación por parte de todos los presentes y así cada uno, exceptuando al Conde y Changmin, volvía a sus actividades rutinarias.

Changmin permanecía sentado al borde de la cama, mirando perdido hacia la pared cuando Yoochun deslizó su mano suavemente por su espalda como forma de llamar su atención. Era temprano aun por lo que Changmin solo vestía su ropa masculina habitual y parecía bastante cómodo con estar de esa forma. Yoochun sabía cuánto mataba el orgullo del menor de sus sirvientes el tener que cubrirse con un disfraz, por lo que solo esperaba que luego de esto nadie pudiera juzgarle por ser el mismo, un hombre, el hombre que amaba:

—Después de que partamos te verás obligado a vestir las ropas de doncella todos los días, incluso al dormir –susurro abrazándolo por la espalda y acomodando sus piernas a cada lado de su cuerpo— A pesar de tu exorbitante belleza al vestir esas prendas, prefiero al tu que está ahora, aquí mismo, frente a mí.

Aquellas dulces palabras dejaron un cálido sentimiento de satisfacción en el corazón de Changmin, después de todo, una parte de sí mismo dudaba si todo esto era solo una excusa con la que el Conde cubría su inconformidad con su naturaleza masculina, escuchar aquella afirmación lo hacía sentir tranquilo. Aunque lo odiase, por mantener los sentimientos de su Lord intactos, estaría dispuesto a vivir su vida como una mujer permanentemente, porque había descubierto que gran parte de la felicidad de su vida era proporcional a estar a su lado. Renunciar a él, a este punto en que sus sentimientos eran tan fuertes, sería un castigo mucho más grande que la condena a muerte por traición.

—Majestad, no será más que una pequeña cuota a pagar por todo lo que he recibido de usted a lo largo de estos años –susurró tendiendo su mano hasta acariciar suavemente el muslo de Yoochun— Por usted, mi lord, yo sería capaz de cualquier cosa.

Conmovido por la magnitud de aquellas palabras que versaba el menor, Yoochun se acercó hasta cerrar sus labios contra los contrarios en un suave beso que tenía como finalidad dar una respuesta a clara de sus sentimientos. De que, si él se lo pedía, Yoochun podía renunciar hasta a su propia vida con tal de hacerlo feliz y que por supuesto, agradecería cada segundo que la vida le permitiera continuar elevando más y más la grandeza de aquellos puros sentimientos.

—No tienes que preocuparte nunca más –susurró el mayor cuando el beso hubo acabado— Hasta la más pequeña fibra de mi cuerpo está dominada por estos sentimientos. Mi amor por ti rebasa incluso mi propia existencia.

Changmin sonrió sintiendo su interior removerse ante aquellas palabras y se acercó de nuevo al Conde esta vez, exigiendo un beso por sí mismo, por primera vez tomando la delantera. Cerró sus labios suavemente hasta sentir la tibieza de la boca contraria y permaneció allí, suspendido entre el calor y la humedad de aquel gesto. Confirmando cada día de que este solo era el comienzo de su afección.

[…]

Al amanecer del 2 de julio los carruajes estaban dispuestos a la entrada de palacio, ya listos con la carga necesaria para la estancia en la villa del Minister. Era un viaje largo, de al menos dos días, por lo que la seguridad y el equipaje eran considerables.

El rey había despertado muy temprano, demostrando la dicha que le producía partir finalmente, contrario a ello, El conde y la “condesa” habían tomado su tiempo para empacar y bajar, alargando con ahínco la que se traducía en la más tremenda prueba impuesta a su elaborada obra de teatro hasta el momento.

Cuando el sol resplandecía vigorosamente en el cielo estuvieron listos para partir, y con la señal de confirmación de los mozos que dirigían los carruajes comenzaron el viaje aún muy nerviosos y expectantes por lo que sucedería a partir de entonces.

—Si soy sincero con usted majestad, estoy muy nervioso –exclamó Changmin una vez estuvieron seguros y resguardados en el carruaje— Creo que ahora que nos hemos puesto en marcha se ha hecho más tangible.

—No te culpo, Querido –repuso con Cariño Yoochun— Yo estoy igual de nervioso, sobre todo luego de observar el rostro afligido de tu hermano hace unos momentos.

Changmin recordó con pesar aquel rostro que acababa de observar por última vez, Jaejoong estaba a punto de romper en lágrimas al verlo partir, sus manos temblaban mientras lo abrazaba con fuerza y aquello solo era muestra de lo preocupado que estaba.  El menor esperaba no volver a ver un rostro similar en su hermano jamás, Jaejoong era un hombre fuerte pero por él se volvía débil, por ello, apreciar su vida era lo mínimo que podía hacer como forma de gratificar tan absoluta entrega.

—Espero el día en el que deje de agregar preocupaciones a la vida de mi amado hermano –murmuro con tristeza sosteniendo la mano de Yoochun— Él no ha hecho más que velar por mi felicidad olvidándose de sí mismo.

Yoochun apretó su mano con una sonrisa en los labios.

—No lo culpo por ello, aunque la naturaleza de nuestros sentimientos es distinta, entiendo de alguna forma lo que aflige el corazón de Jaejoong, ambos tenemos el mismo punto débil.

El conde suavemente acarició la mejilla de Changmin y este suspiró acomodando su cabeza en el hombro contrario.

—Yo no creo que exista en este mundo una persona lo suficientemente digna como para tener el corazón de mi adorado hermano, pero aun así, espero que él pueda experimentar tal amor por alguien diferente a mí.

Yoochun asintió asegurándole que lo encontraría y pasó a acunar el rostro del menor en sus manos para dejar un corto beso en sus labios y luego se unieron en un fuerte abrazo. Aún faltaba mucho para que el viaje concluyera y solo al terminar podían definir que les esperaría a partir de entonces.

[…]
Finalmente el día 6 de julio la caravana real arribó a las proximidades del palacio del Minister.  Luego de partir, la caravana había hecho distintas paradas en pueblos y aldeas vecinos ya sea como forma de cortesía o para reabastecer de alimento y bebida tanto a los animales como a los pasajeros, lo que en conclusión había tomado más del tiempo estipulado para el viaje en un principio.

Al llegar al palacio fueron recibidos por parte de la muchedumbre de la módica villa, el Minister fue el primero en acercarse a saludar seguido de su primogénito de apenas 12 años, su esposa y la futura novia acompañada del futuro novio. Durante aquel día hubo un banquete de bienvenida, y a pesar del cansancio que generó el viaje en los visitantes, permanecieron hasta altas horas de la tarde hasta que por insistencia del mismo rey subieron a descansar a las habitaciones asignadas.

Por el momento Changmin había sido resguardado por las nodrizas y Yoochun, a pesar de comportarse amables con quien se les acercasen, ambos se mantuvieron alejados de cuestionamientos incomodos y por ello pudieron pasar desapercibidos gracias en parte a la enorme atención que absorbía el rey en sí mismo. Este último no fue insistente en que socializaran un poco más ya que él conocía de antemano el cansancio que provocaba un viaje tan largo, sobre todo cuanto afectaría eso el débil cuerpo de la condesa.

Por supuesto aquello era mentira, Changmin se encontraba en perfecto estado y por el momento se había negado a recibir ayuda de cualquiera que no fueran las nodrizas designadas en palacio del Conde. Las tres mujeres mayores se encontraban mucho más nerviosas que él, ya que además de mantenerse como la sombra de Changmin todo el tiempo, tenían la tarea de vigilar sus aposentos por turnos para evitar cualquier entrada improvista del personal de ese palacio y con ello poner en riesgo la verdadera identidad de Changmin.

Luego de subir a descansar, Changmin y Yoochun se reunieron por un corto tiempo para discutir los pasos a seguir el día de mañana y de paso disipar un poco la tensión que producía el estar alejados de sus zonas de confort. Luego de que el conde se despidió con un rápido beso, las nodrizas se pusieron a la tarea de desmontar el elaborado vestido sobre el cuerpo del joven y permitirle vestir algo más ligero para que pudiera descansar.

Su ropa de dormir aunque más ligera, era igual de femenina que el resto de ropa, era la primera vez que debía vestir algo por el estilo todo el tiempo y se sentía tremendamente incómodo con ello. Luego de que el maquillaje fue retirado y su cabello recogido, aun a pesar del delicado encaje de las ropas, los bellos y definidos rasgos masculinos del joven resaltaban a la vista ya no ocultos más bajo su aniñado rostro que hace unos años se prestaba para todo tipo de confusiones. Las mujeres permanecieron un segundo anonadadas, admirando con detenimiento la belleza que solo él podía sacar a relucir aun cuando no llevase nada encima y entendieron de alguna forma porque el encanto sobre el conde hacia el sirviente era tan profundo.

—Si tan solo su majestad no te hubiera reclamado ya, y yo fuera un poco más joven, definitivamente te cortejaría –aclamó con soltura una de las mujeres provocando que Changmin sonriera ante aquel coqueteo. Ante ello las dos mujeres restantes se fajaron en elogios hacia él, hasta el punto en el que el joven tuvo que apartar la vista pues la vergüenza comenzaba a dominarlo.

Cuando tuvieron suficiente de juegos y coqueteos las mujeres insistieron que lo mejor era que descansara y procedieron a montar guardia en la entrada de la habitación mientras Changmin buscaba conciliar el sueño. Era extraño, pues siempre que dormía en un lugar desconocido tenía problemas para dormir profundamente, pero en esta ocasión quizás por motivo del cansancio se rindió ante el abrazo de Morfeo casi de inmediato.

[…]

Muy temprano al día siguiente Changmin fue levantado apresuradamente por las nodrizas. Había un aviso general para que todos bajaran una hora antes a desayunar por motivo de la cercana boda, y por ello, las mujeres se adelantaron a preparar al muchacho para su trasformación.

La ropa que vestía esta vez era muy pesada pero ya que la ceremonia se efectuaría en dos días, en este momento cada comida del día era como una pequeña reunión de sociedad para los invitados. El palacio estaba  lleno de gente que salía de todas partes, y eso incrementaba el riesgo de ser descubiertos.  Justo cuando las nodrizas estaban terminando el maquillaje de Changmin la madre y la novia habían entrado sin aviso para invitar a la condesa a tomar el té. Gracias a que Changmin estaba preparándose en el baño, las mujeres rápidamente sacaron la excusa de que su cuerpo no se encontraba bien esa mañana y que declinaría la oferta, pero que sin falta bajaría a compartir el desayuno. Por motivo de aquella mentira las nodrizas tuvieron que esforzarse por palidecer el rostro del menor con tal de hacerlo lucir algo indispuesto y así validar su coartada.

Poco antes de haber terminado Yoochun ingresó a la habitación vestido igual de elegante que el menor, entrando directamente al cuarto de baño donde se encontraba Changmin.

— ¿Todo en orden? –pregunto cordialmente con una sonrisa a las dos mujeres concentradas en su labor de embellecer al Joven amante del Conde.

—Estará listo en un segundo –Exclamó con una sonrisa la mayor de las mujeres que se encargaba de atar el largo pelo del menor en una elaborada trenza.

Yoochun entendió que tomaría más tiempo del que las mujeres exclamaban al verlas tan apresuradas por lo que procedió a sentarse en una de las bancas mientras observaba el proceso con especial atención. Changmin parecía más bien aburrido, hacer esto todos los días debía ser agotador por lo que comprendía lo que Changmin le había mencionado en una ocasión sobre tener respeto hacia las mujeres que debían someterse a tal tortura cada día.

Al verlo en tal estado de ensimismamiento el conde comenzó a conversar con el sobre tonterías y algunas anécdotas graciosas que le habían ocurrido mientras cumplía su caravana con el rey hace ya varias semanas. Ante esto, tanto Changmin como las nodrizas comenzaron a reír a carcajadas relajando notablemente el ambiente de tensión anterior.

[…]

Al bajar al comedor ambos se sorprendieron al ver la enorme cantidad de sirvientes y nobles que había en cada rincón de la habitación, aunque Yoochun estaba acostumbrado a este tipo de ambientes, para Changmin era algo relativamente nuevo ya que en palacio nunca se había celebrado una fiesta tan masiva. A diferencia de los cumpleaños de Yoochun, las demás celebraciones conglomeraban como máximo a  80 personas.

Comenzaron a mezclarse entre el conglomerado de gente y no pudieron evitar ser asediados por la mayoría sobre todo Changmin que recibía especial atención por parte del tumulto femenino. A pesar de las constantes invitaciones a unirse a la fiesta de té o a las reuniones que solo incluían mujeres, Changmin se mantuvo pegado al brazo de Yoochun hasta el final, aun cuando aquello atraía aún más la atención. El joven sirviente no tenía la confianza suficiente para comportarse de la manera adecuada con tantas personas extrañas a su alrededor. En palacio era muy distinto, ya que allí cualquier persona de la servidumbre lo auxiliaría si se encontraba en problemas, pero eso no sucedería en este lugar.

Yoochun por supuesto mantuvo una imagen neutral, pero en la postura de su cuerpo se notaba la rigidez, sobre todo cuando cualquier persona se refería a Changmin o lo miraba. Era como si miles de pares de ojos lo juzgasen, esperando el momento preciso para desmantelar la mentira.

Yunho por su parte se mantenía cerca del personal, a lo largo de la velada escucho muchos comentarios sobre  la frialdad de la llamativa pareja y como las doncellas se quejaban de haber sido ignoradas por la condesa. Aquello no era bueno, pero el joven sirviente comprendía que dejar solo a Changmin era peligroso, sobre todo cuando las damas tendían a ser tan intuitivas y perspicaces. Changmin podía encarar el papel de una mujer en el exterior, pero su caballerosidad saldría relucir inmediatamente estuviera solo, como el sirviente notaba sucedía con las nodrizas, algo tan simple como abrirles las puertas, alcanzar objetos lejanos o hasta el permitirles sentarse primero eran gestos innatos en el Joven que levantarían las sospechas inmediatas de cualquiera que no le conociera.

Sin embargo no podía hacer más que escuchar en silencio y anotar mentalmente las cosas que Changmin debía dejar de hacer, al menos mientras conseguían terminar la semana.

[…]

El Joven rey se había acercado a la pareja justo en el almuerzo, negándose a sentarse en el puesto principal de la mesa como correspondía, se sentó al lado de la pareja, casi al final del enorme salón. Los ojos agudos del hombre habían notado el raro comportamiento de la pareja desde la mañana y se había acercado a ellos tratando de indagar que sucedía. Después de todo en palacio ellos solían socializar sin ningún problema y aunque el día anterior había notado ese extraño comportamiento, lo había justificado por el cansancio del viaje, pero ese no parecía ser el problema.

Antes de que el pánico se extendiera Yoochun cordialmente trato de justificarse ante las preguntas acusativas del Rey:

—Es solo que es la primera vez que Changmin está lejos de palacio. Debido a su condición solía presentarme solo a los eventos sociales y ella solo asistía a las fiestas organizadas en palacio. Esto es muy nuevo para ella y no quiero presionarla.

Changmin comprendió lo que quería hacer Yoochun así que asintió afirmativamente mirando al suelo.

—Lo entiendo hombre, pero luces como un perro guardián cuidando a sus crías y eso asusta a las personas. Se han formado la imagen de una Condesa frívola y prepotente y yo que he intimado con Changmin de cerca sé que es una dulzura, no puedo soportar esos comentarios.

Ante aquella respuesta Changmin inclinó más su cabeza sintiéndose apenado. Al ver esto, Yoochun que no podía soportar más la situación miró con cierta molestia a su Alteza, diciendo con presunción:

—No pienso dejar que Changmin cargue con esos comentarios, pero no voy a dejarla sola siendo su primera vez ante una reunión de esta masividad. Si su salud sufre algún quebranto quiero ser el primero en estar ahí, yo la conozco perfectamente y no voy a vacilar solo por la opinión de un grupo de desconocidos.

La voz de Yoochun resaltó sobre el resto de murmullos de la mesa, y por varios segundos hubo silencio sepulcral mientras los presentes observaban a los dos nobles mirarse fijamente. Debajo de la mesa, la mano del conde temblaba al ser la primera vez retando a alguien a quien le guardaba tan profundo respeto y admiración, Changmin se percató de esto y rápidamente cubrió su mano tratando de hacer que se calmara.

Luego de ello y ante la sorpresa de todos, el joven rey rompió en carcajadas abrazando a Yoochun de forma exagerada, causando que todos, como el, estallaran en risas sin ninguna razón.

—No tienes por qué ponerte altanero conmigo, está bien, los dejare hacerlo a su modo. –Casi grito en respuesta el Rey sin dejar de abrazar y despeinar juguetonamente al conde— Realmente no has cambiado –esta vez el rey se dirigió a todos en la mesa— Cuando era pequeño su madre le regalo una muñeca de porcelana que le habían dado de niña, a pesar de ser un juguete para niñas y de recibir burlas de todos sus primos este muchacho llego a pelearse con todos, incluso con su propio padre,  defendiendo su muñeca ¿No es adorable?

Ante aquello el salón entero estallo en risas al compás del estridente ruido del joven rey, y pronto todos estuvieron levantando sus copas deseando prosperidad a la joven pareja. Eventualmente Yoochun se calmó y pudo equiparar el festivo ambiente que siguió a su primera discusión oficial con el rey, por el momento ambos mantuvieron la calma, y para la cena trataron de disipar un poco las barreras y mezclarse mucho más con la multitud.

[…]

Finalmente el día de la esperada boda llegó, y al ser una fecha tan esperada, el día comenzó para todos incluso más temprano que los días anteriores.

Parecía ser la primera boda de la nobleza en siglos en aquella villa por lo que eso hacía de la celebración algo mucho más monumental. Hasta la más pequeña casa del pueblo estaba decorada especialmente para la ocasión, y de igual forma los pobladores aun cuando no asistiesen a la ceremonia se habían vestido de gala y caminaban por las plazas principales dejando obsequios en la entrada del palacio y vitoreando canticos de prosperidad para la noble pareja.

Este matrimonio tenía un fin político muy importante, ya que uniría dos regiones que habían sido enemigas por siglos, por lo que antes del medio día había conglomeradas personas de pueblos aledaños celebrando el fin de la hostilidad en esas tierras.

Changmin y Yoochun se habían vestido desde muy temprano y habían acompañado al rey a todas las actividades junto a la familia, desde la firma del acuerdo hasta la celebración de la ceremonia y la posterior fiesta. Se mantuvieron juntos en todo momento pero compartiendo la alegría generalizada de la ocasión.

Mientras se encontraban en el baile fueron nuevamente presionados por la multitud para bailar, sobre todo cuando la pareja de recién casados compartía su primer baile oficial como marido y mujer. Esta vez, el conde y la condesa demostraron mucha más destreza al bailar que en el baile de bienvenida al rey, ya que secretamente estuvieron practicando, sobre todo cuando se enteraron de aquella invitación y de que indiscutiblemente los obligarían a bailar.

Bailaron unas cuantas piezas antes de retirarse de la fiesta a descansar, esta vez el rey no los acompañó y se quedó agasajando a los invitados, notablemente  feliz por la celebración.

 Por primera vez y a causa del aumento del número de invitados que se hospedarían en palacio ambos tenían que compartir una misma habitación.

Originalmente la habitación de Changmin tenía el espacio suficiente para que él y las tres nodrizas durmieran y el cuarto de Yoochun tenía una habitación contigua en la que Yunho se quedaba. Pero esta vez el cuarto que les fue asignado, aunque mucho más grande solo tenía una antesala en la que solo un miembro de la servidumbre podía dormir, y al ser mayoría, las nodrizas se vieron obligadas a quedarse con el resto de la servidumbre del palacio. Así, luego de despojar a Changmin del elaborado vestido y quitar las capas de maquillaje, se retiraron dejando la protección esta vez en las manos de Yunho.

Ya que para acceder a la recamara de los condes se debía primero pasar por la estancia de Yunho, a Changmin se le permitió vestir como normalmente lo hacía. Sin embargo eso no quitaba la incomodidad que el joven sirviente sentía en ese momento.

Era la primera vez que compartiría una cama con Yoochun durante toda la noche teniendo conocimiento pleno de sus sentimientos. En ocasiones anteriores el joven conde lo había arrastrado a su habitación sobre todo estando ebrio, pero en aquellas ocasiones el joven sirviente no tenía idea sobre los sentimientos del conde hacia él y por supuesto era muy joven para entender los propios.

Ambos en la misma habitación, compartiendo el mismo lecho y aislados de todas las miradas y comentarios de las personas a su alrededor. El joven sirviente no sabía cómo encarar tal situación.

No era como si no se hubieran dado situaciones que habían escalado a los cortos besos que solían darse siempre, hubo muchas situaciones así en palacio pero ninguno de los dos se atrevía  a dar tal paso, sobre todo con todas las personas alrededor de ellos. Changmin dormía en una habitación completamente separada a la de Yoochun, y en esa habitación generalmente estaba su hermano, y en la habitación de Yoochun siempre estaba Yunho rondando. Los momentos de privacidad eran muy pocos.

Pero en esta ocasión…

—Querido, ¿Estas bien? –Yoochun había tocado la puerta del baño donde Changmin había permanecido desde que las nodrizas lo habían dejado. Por ello el Conde se había preocupado dada la prolongada ausencia del sirviente.

—Lo siento, saldré en un segundo Majestad.

Rápidamente, Changmin se palmeó el rostro suspirando con fuerza para tratar de alejar esos pensamientos indecorosos y se concentró en que no había forma que Yoochun quisiera hacer algo en un ambiente tan poco propenso. No podía olvidar que Yunho también estaba allí, no en la misma habitación pero si muy cerca.

Con aquello en mente el sirviente se deslizó de regreso a la habitación donde Yoochun aguardaba sentado en la cama tranquilamente leyendo un libro. Cuando observó la silueta del menor, rápidamente dejó un espacio para que este entrara en la cama y se pusiera cómodo y así dejó su lectura para después:

— ¿Estás cansado? –preguntó el Joven conde una vez Changmin se hubo incorporado—

—Un poco, la verdad no me gusta bailar, así que se me hizo muy difícil seguirle el paso, mi Lord.

—Aunque no te guste lo hiciste muy bien –sonrió, acariciando con suavidad la cien del menor— Casi me sentía arrastrado por ti en un punto de la velada.

Ante aquella caricia Changmin cerró los ojos y sonrió.

—Es solo que sus hombros se están quedando bajos –Musito suavemente Changmin, sintiéndose acunado— Creo que será gracioso cuando mi altura sobrepase la suya.

Yoochun no pudo evitar reírse ante el comentario.

—Cuando eso pase entonces seré yo el que tendrá que usar el vestido, una esposa del tamaño de Yunho o más alto aun seria inconveniente para mí. No te preocupes, me acostumbraré a las enaguas muy pronto.

La habitación pronto se inundó con las risas de ambos mientras comentaban las muchas cosas que tendrían que cambiar una vez fuera imposible ocultar la naturaleza masculina de Changmin:

—Mi Madre siempre quiso tener una niña –mencionó casualmente Yoochun— Cuando yo nací, a pesar de que el medico real le aseguró que yo era un varón ella seguía empecinada en que no, así que cuando ya se hizo imposible de negar, secretamente me vestía con la ropa que ella vestía de niña y jugaba conmigo. Ya que siempre decía que mi complexión y todo lo demás eran como el de una niña.

—Bueno, siempre pensé que su majestad era muy hermoso –anoto Changmin— Después de mi hermano, no había visto a un hombre con la piel tan pálida. Supongo que entiendo a su madre.

—Oh, la verdad siempre me pareció divertido –alegó con una sonrisa— Solo hasta que mi padre se enteró, ellos tuvieron una fuerte pelea pero mi madre terminó ganando la discusión y continuó disfrazándome hasta que cumplí los doce, ya que entonces comencé a negarme.

—Es una lástima, me hubiera encantado verlo.

Yoochun miró a Changmin cuyos ojos brillaban con expectación ante aquella posibilidad y suspiró despeinando su cabello y luego dejó un beso en su frente.

Con cuidado se bajó de la cama y comenzó a rebuscar en los cajones de su ropa y luego de algunos minutos regresó con cautela mirando al joven directamente a los ojos:

—Esto es parte de un secreto real muy importante, ni siquiera Yunho lo ha visto ni una sola vez así que debes mantener el secreto.

Ante la seriedad con la que el Conde hablaba Changmin asintió jurando que jamás revelaría nada, con cuidado Yoochun colocó un pequeño papel en su mano. Al voltearlo Changmin pudo apreciar una gastada imagen en la que se podía ver a una hermosa mujer de cabellos ensortijados que sostenía en su regazo a una pequeña niña igual de preciosa que tenía en su cabeza una corona de flores y un vestido igual de lindo, la pequeña tenía unos juguetones ojos sonrientes que miraban directamente a la cámara.

Changmin observó la fotografía embelesado un largo rato hasta que de repente cayó en cuenta y miró sorprendido a Yoochun que se mantenía sonriendo:

— ¡¿Usted?! –Casi grito provocando que Yoochun estallara en risas—

— ¿Cómo te ha tomado tanto deducirlo? –Preguntó sorprendido—

—Es que… esto es…

—Es la única prueba que queda, y la he guardado con recelo ya que es parte de mi oscuro pasado –con cuidado cerró la mano de Changmin en torno a la fotografía— Cuídala con igual de estima que yo lo he hecho.

Changmin se sintió inmediatamente conmovido por la muestra de confianza y la apretó con fuerza contra su pecho. Ese era un regalo hermoso, algo perteneciente a Yoochun que solo él y su madre habían visto en la vida.

Por ello se levantó de la cama y tomó de sus cosas una pequeña caja de madera, la llevo a la cama y descubrió su contenido. En ella se encontraban dos fotos y un sobre amarillento. En la primera fotografía se encontraba una adorable pareja sosteniendo un bebe acompañados de un pequeño niño que sostenía con fuerza las faldas de la Mujer. En la segunda fotografía estaban solo dos niños, Yoochun rápidamente pudo deducir que se trataban de Changmin y su hermano mayor, ya que este último sostenía a Changmin por los hombros y tenía en sus ojos esa amorosa mirada que siempre mantenía en sus ojos cuando observaba al menor.

—Estas son las únicas cosas que pudimos recuperar de nuestros padres cuando fallecieron, la carta iba dirigida a nosotros, nos avisaban que llegarían a casa los próximos días, pero nunca pudieron enviarla. Un soldado que había sobrevivido nos buscó y nos dio esto ya que él había sido la última persona en verlos con vida.

Con cuidado Changmin puso la fotografía que Yoochun le había entregado junto al resto del contenido de la caja. El conde observó la fotografía de sus padres y sonrió al verlos, eran una pareja muy unida y solo al ver el amor que Jaejoong demostraba tener por Changmin se podía divisar el amor que la pareja tenía por ellos:

—Te pareces mucho a tu padre, y Jaejoong sin duda es la copia exacta de tu madre –agregó con dulzura el Conde sosteniendo la foto con cuidado en sus manos.

—Muchas veces al verlo fijamente la imagen de mi madre viene a mi mente, ya que nuestros padres se ausentaban por largas temporadas yo solía mirar su rostro y sentía como si mi madre estuviera allí. Supongo que él debe sentir lo mismo al verme.

Yoochun tomo la fotografía y la devolvió a la caja cerrándola con gentileza, Changmin la tomó y la guardo muy bien y luego regresó a la cama donde fue recibido por los acogedores brazos del Joven noble.

—Gracias por mostrarme una parte más de usted, Mi Lord –musitó el menor cerrando sus brazos alrededor de la cintura de Yoochun.

—Creo que debo decir lo mismo, supongo que ahora tengo el rosto de quienes debo agradecerles por haberte traído al mundo. Yo sé cuánto duele perder a las personas que más amas, pero ellos me han dejado tu presencia como recompensa y eso ha llenado mucho el vacío que mis propios padres dejaron –Con suavidad tomó la barbilla de Changmin, levantándola hasta alcanzar sus labios para dejar un beso en ellos— Te amo muchísimo.

—También lo amo, majestad— Respondió Changmin, acunando el rostro de Yoochun en sus manos y dejando un beso mucho más profundo en sus labios logrando con ello acortar la poca distancia que los separaba.

Con lentitud, el noble deslizo sus manos por el cuello del menor acercando su rostro hasta poder abarcar por completo el área de su boca, moviendo su lengua con gentileza y permitiendo que el ritmo calmado con el que Changmin llevaba el beso se acompasara con el suyo.  Siguió su camino en descenso por su pecho llegando hasta el borde de sus caderas desde donde levanto la suave tela que componía su ropa de dormir y con ello pasar a acariciar con firmeza la piel desnuda  de su pecho mientras se acomodaba hasta dejar aquel cuerpo debajo del suyo.

Deslizó la prenda por los hombros del Joven sirviente que levantó sus brazos obedientemente para facilitar la tarea y con la misma rapidez los labios del noble comenzaron un camino de besos desde su frente a la punta de su nariz, sus labios, su barbilla pasando por su pectorales hasta terminar en su ombligo.

Sus manos se movieron rápido, deslizando de igual forma la tela que cubría la desnudez de sus partes íntimas. Al tiempo, sintió el fuerte suspiro de Changmin mientras quedaba a la merced completa de su vista y cerraba los ojos con fuerza.

—Acaso, ¿No deseas verme igual? –indagó levantándose en sus rodillas mientras deslizaba fuera de igual forma su ropa de dormir. Changmin abrió sus ojos solo un poco, sonrojándose ante la exposición de la pálida piel a sus ojos— Si yo puedo tener tu cuerpo entonces tú tendrás el mío también, y mi corazón, mi alma y todo lo que es mío te pertenecerá aún más de lo que ya te pertenece.

Con delicadeza el joven noble besó las manos del sirviente:

—Soy tuyo. — Finalizó, volviendo a su tarea de tantear con sus labios cada centímetro de la piel que estaba dispuesta a su alcance.

Changmin se descompuso al sentir los labios que cernían su piel con tanta firmeza, por primera vez su voz se alzó por encima de la del Conde, esforzando su nombre a salir de su garganta sin ningún honorario antecediéndolo, en la cima de aquella intimidad que sobrepasa cualquier entrega que hubiera tenido antes, se dejó arrastrar por la locura y entrego su cuerpo de la misma forma que Yoochun hizo con el suyo.

 El cuerpo que hasta ahora había sido solo suyo ahora pertenecía a alguien más, y aunque la entrega significo algunas lágrimas de dolor, pronto la agonía fue opacada por la fuerza de la pasión con la que se dio aquel momento.

Por primera vez eran solo dos humanos amándose como lo harían los demás, los títulos, las divisiones sociales y los géneros quedaron desestimados y desaparecieron al igual que las gotas de sudor que resbalaban por sus cuerpos a medida que el ritmo se hacía más y más intenso.

[…]

El sol ya resplandecía claramente en el cielo cuando Changmin despertó buscando a tientas en la cama el cuerpo de Yoochun, pero no pudo hallarlo por lo que se movió y vago sus ojos por la habitación pero estaba vacía. Se incorporó quedando sentado sintiendo el ligero dolor en su espalda que había quedado luego de lo que termino siendo su primera vez. Finalmente había cruzado la última línea que debía cruzar y aquello solo significada que a partir de ahora no se podía mirar hacia atrás.

Se sentía un poco avergonzado de mirar el rostro de Yoochun cuando despertara así que de cierta forma se alivió al notar que estaba solo. Aún estaba completamente desnudo y por el estado en que su piel se encontraba debía cubrirse cuanto antes o al menos antes de que las nodrizas vinieran a vestirlo esa mañana. Ellas inevitablemente se darían cuenta pero entre más tarde lo hicieran mucho mejor.

Pensando esto último supuso que lo mejor era darse un baño antes por lo que alcanzó la ropa de dormir del suelo y comenzó a vestirse para dirigirse rumbo al baño, escuchó algunos murmullos venir del recibidor así que pensó que las nodrizas estaban cerca por lo que se apresuró a entrar en la ducha y comenzó a lavar su cuerpo.
Mientras dejaba que el suave chorro mojara su piel escuchaba los murmullos aumentados y comenzó a sentirse extraño, las nodrizas rara vez secreteaban entre ellas por lo que cuando quiso reaccionar ya era demasiado tarde.

Cuando escuchó el sonido de las cortinas del baño deslizarse observo a tres mujeres de pie con sus ropas de doncella en los brazos pero aquellas no eran sus nodrizas. Era la novia, la madre de la novia y una criada, las que permanecieron congeladas al notar algo en el cuerpo de la condesa que una mujer no debía de tener.

Changmin no pudo moverse ni hacer nada para ocultarse, las ropas que ellas sostenían cayeron al piso y las tres mujeres gritaron con fuerza,  el solo pudo agacharse mientras corrían despavoridas fuera de la habitación.

Los latidos de su corazón retumbaban con fuerza en su cabeza y las lágrimas corrían desaforadas por su rostro al tiempo que sus verdaderas nodrizas llegaban a encontrarlo, pálidas del pavor al verlo reducido a un feto humano en la ducha y faltó poco para que ellas al igual que el comenzaran a llorar.

[…]

Todo el catillo de naipes comenzó a derrumbarse desde que las nodrizas fueron obligadas a dormir en la habitación con la demás servidumbre. Las mujeres se habían llevado las ropas de Changmin con ellas para plancharlas y tenerlas listas para el día siguiente y en tal tarea habían tardado hasta casi llegado el amanecer. La novia y su madre, curiosas por naturaleza habían observado la tarea de las mujeres, y ansiosas por intimar aún más con la bella condesa le habían pedido a una criada que tomara las ropas de la condesa en secreto cuando las nodrizas cayeran rendidas por el sueño y de esa forma sorprenderían a la noble mujer ayudándola a prepararse para el día. La criada cumplió con su deber y de esa forma las tres se dirigieron a la habitación notando que el rey ya estaba allí tratando de convencer al Conde Yoochun para salir a un día de caza de patos junto con el resto de los hombres que allí se hospedaban.

Pacientes esperaron hasta que el hombre arrastró al Conde y su sirviente a aquella salida, pero el siempre precavido Yunho se había asegurado de cerrar los accesos a la habitación con llave y así evitar que cualquiera interrumpiera el sueño de la condesa.

Aquello no era problema para las tres mujeres, ellas tenían las llaves de acceso a cada habitación del basto palacio y se dieron a la tarea de ingresar al recibidor murmurando sus expectativas del recibimiento que tendrían, para evitar así despertar a la condesa.

Cuando entraron a la habitación de la pareja no había nadie, sin embargo escucharon el sonido del agua cayendo y dedujeron con facilidad que la mujer se encontraba ya en la ducha. Pensaron que no había problema si la ayudaban a lavar su espalda, siendo todas mujeres no habría nada que ocultar, y por ello cometieron el atrevimiento de ingresar al baño sin llamar a la puerta siquiera.

Pero el cuerpo dentro de la ducha difería al cuerpo que se perfilaba debajo de las finísimas telas de sus vestidos, y el bello rostro, aunque era el mismo se veía distinto sin la palidez del maquillaje sobre él.

Si bien las finas líneas de su delgado cuerpo y la anchura de sus hombros no eran problema, cuando la condesa giró su cuerpo pudieron darse cuenta que no había nada de “Ella” en ese cuerpo. Y gritaron, huyendo despavoridas al darse cuenta de lo que habían visto, tropezándose en la entrada con las nodrizas que palidecieron al verlas cubiertas de lágrimas y expresando terror en sus rostros.

Y no cabía duda de lo que había pasado cuando entraron al cuarto de baño y vieron a Changmin desnudo en él, llorando como un niño pequeño. Y ellas al saber lo que acontecería a partir de entonces no pudieron evitar llorar también.

El castillo de naipes se había destruido.

[…]

El corazón del conde palpitaba con una fuerza extraña mientras caminaba por el jardín siguiendo el paso acelerado del rey, no sabía porque, pero quería dar vuelta a sus pasos y regresar a la habitación con Changmin. El que Yunho hubiese sido forzado a ir con él representaba una preocupación más, si bien las puertas habían sido cerradas, sabia al ver el rostro de Yunho que él estaba tan preocupado como si mismo.

Después de todo, la única persona capaz de proteger a Changmin ante cualquier eventualidad además de él, tenía que ser Yunho definitivamente.

Cuando estaba a punto de ordenarle a su fiel asistente que regresara, Yunho detuvo sus pasos y se detuvo al rey por su hombro obligándolo a voltear:

—Lo siento su alteza, pero yo tengo que regresar.

El siempre obediente Yunho que seguía las ordenes al pie de la letra ignoró los gritos del rey al que le debía la más absoluta lealtad y corrió, dejando a Yoochun con una sensación de calma que duraría muy poco, justo cuando escucho el llanto y el grito de las mujeres que corrían en su dirección:

— ¡Un hombre! ¡La condesa es un Hombre!

El tiempo para el joven Conde comenzó a correr más lentamente, como si estuviera teniendo un sueño, sus pasos retumbaban en sus oídos mientras corría con todas sus fuerzas empujando las puertas sin cuidado hasta que llegó al lecho donde lo había dejado descansar esa mañana. Sus ojos al igual que los propios estaban empapados de lágrimas y como si no importara nada más se abrazó a su cuerpo y lo sostuvo como una manifestación clara, eso era que jamás iba a alejarse de su lado.

Pasara lo que pasara.

[…]

La noticia se expandió rápidamente por todos los lugares del reino en muy poco tiempo, el gran acontecimiento que significó la boda quedó opacado por el gran escándalo que representaba el que la Condesa de la que poco se había oído hablar hasta hace unos meses resultara siendo uno de los sirvientes del palacio del Conde al que el rey mismo debía su total confianza. Pronto las voces del pueblo se levantaron contra la injuria que eso representaba, la violación de la confianza del rey  y el desacato a las leyes divinas.

Se dijo que el Rey le había dado la oportunidad al conde de aceptar públicamente que el también había sido engañado, pero que el noble había sostenido con fuerza la mano de su falsa mujer y había jurado que estaba consciente de lo que estaba haciendo y aseguró haber obligado a su sirviente con el fin de salvar su vida.

Pero al final el rey no tuvo ninguna compasión, ambos habían asegurado haber engañado a todos en palacio y que el mismo conde había obligado a toda la servidumbre a guardar silencio, quedando como un villano despiadado.

Los argumentos del asistente directo del Conde de haber participado activamente del plan fueron desestimados así como el de las tres nodrizas y el resto de la servidumbre, incluso el del mismo chef de palacio que había jurado a gritos que aquel era su hermano y que el ofrecía su vida a cambio con tal de salvarlo.

Más tarde que temprano el juicio se efectuó y dictaminó a los dos, el conde y su sirviente, como culpables de alta traición y fueron condenados a morir en la horca.

[…]

Ese día las puertas fronterizas de la aldea donde se ubicaba el palacio del conde fueron cerradas, todo aquel que intentara sobrepasar la guardia para mirar la ejecución sería ejecutado allí mismo, por ello nadie ajeno al pueblo fue testigo de lo que sucedió.

Esa mañana Changmin y Yoochun aguardaban en celdas separadas del calabozo hallado en las profundidades del palacio, durante los días que el juicio tuvo lugar no se les permitió verse o hablarse y lo mismo sucedería antes de ser ejecutados. Por los pasillos vacíos del calabozo se escuchaban a la lejanía los pasos de la guardia real dirigida por el rey, adicionando además la presencia de los dos ejecutores que cubrían sus identidades con el pesado manto negro o manto de la muerte como era denominado por los aldeanos.

Afuera, justo en el centro de la plaza principal aguardaban los aldeanos a un lado de la enorme plataforma que sería usada para que todos pudieran apreciar la ejecución, a pesar de que normalmente el murmullo y clamor de las personas seria insoportable había más bien un silencio casi de inframundo y el rostro de casi todos era igual de neutral, ni tristes ni felices.

De regreso a los calabozos el ambiente era igual de frio, el rey caminaba por los pasillos ondeando en su mano un juego de llaves de hierro que correspondían a las celdas de los dos traidores. A pesar de lo que acontecía aquel día, la alegría casi enfermiza del joven noble no cambiaba en absoluto llenando a uno que otro sirviente de profunda tristeza.

Cuando llegaron a las puertas del calabozo los dos ejecutores tomaron las ropas con la que los condenados serian vestidos y solo ellos y el rey ingresaron al lugar. La guardia real esperó afuera hasta que más de una hora después salieron el rey, los ejecutores y los dos condenados que permanecían encadenados de pies y manos caminando a paso lento detrás de la guardia.

Era casi medio día cuando el momento finalmente había llegado, el silencio casi sepulcral se había apoderado de cada rincón del lugar, al frente de la plaza se ubicaban los implicados directos: El asistente real, el chef de palacio y las criadas.

Se alzaron las banderas del reino  y al sonar de las cornetas más allá del medio día se tensaron las cuerdas en la plataforma de ejecución y los dos condenados se ubicaron a lado y lado de los ejecutores.

Cuando la tonada de la guardia terminó las sombras de los cuerpos elevados sobre el piso se dejaban ver ante la presencia de todos los allí presentes, el rey sonreía, y a pesar de lo que significaba aquel suceso nadie lloró.

Solo hubo silencio.


8 de agosto de 1950


La mañana era soleada y preciosa, el jardín de su castillo estaba rebordeado de flores que invadían cualquier rincón de verde que se encontrara, la primavera se asomaba vigorosamente en el horizonte.

El joven rey recorría las extensiones de su dominio silbando con tranquilidad mientras bailaban en sus dedos un juego de llaves. Los sirvientes que lo veían pasar sonreían enternecidos por la alegría que tenía esa mañana, especialmente después del terrible sucedo acontecido hacia menos de un mes y que había traspasado las fronteras del reino. Sin embargo, el risueño rey que parecía imperturbable era severo en sus decisiones y ni el más cercano de sus condes, aquel que consideraba como uno de sus hijos, se había salvado de recibir su mano dura por oponerse a su lealtad y violar su confianza.

— ¡Inclínense ante la presencia de su alteza el Rey!

Fue el grito de bienvenida que dieron en el salón real en el cual se encontraba su resplandeciente trono iluminado como el sol, sus leales sirvientes siempre alineados inclinándose ante su presencia y sus soldados empuñando las espadas para recibirlo.

— ¡Un día más en el que voy a escuchar las peticiones de mi amado pueblo! –Exclamó con alegría sentándose en su trono expectante— Ah, fueron ¿Cuántos? ¡Cien días en las que abandone mi trono y ya se siente tan frio!

A su lado, su hermoso sirviente, aquel que siempre quiso tener ahí a su lado como su mano derecha y que había cedido al más leal y amado de sus súbditos regresaba a su lado como siempre debió ser.

— ¿Desea entonces un almohadón tibio para su trono, su alteza? –musito en su calmo tono el moreno mientras se inclinaba a saludarlo.

El siempre imprevisible rey había apoyado su brazo en su trono y luego observó de pies a cabeza a su ahora asistente y con una sonrisa juguetona en sus labios menciono:

— ¿No sería mejor usar tu regazo para mí? así mi trono no se sentiría tan frío, contigo sobre él.

El rey disfruto acomedidamente el ver el rostro de su sirviente sonrojarse ante su insinuación y antes de poder soltar otro comentario, el grupo de adorables criadas llegó con su alegría habitual ofreciendo a su vista la bandeja de alimentos que habían sido preparados para su primer comida del día. Al ver la ordenada y apetitosa bandeja de alimentos el Rey exclamó:

—Ahora que mi viejo Chef ha decidido retirarse y ha llegado uno de sus más amados aprendices, supongo que tardaré en acostumbrarme a este nuevo sabor.

—Oh, claro que no su alteza, el nuevo chef encargado ha preparado especialmente estos alimentos ¡Y agrego una ración extra de los frutos del bosque recién recolectados que usted ama! –mencionaron animadas las criadas.

— ¡Yay! ¡A comer! –Exclamó el rey con alegría, levantando los cubiertos al aire dispuesto a comer.

El monto de sirvientes en el castillo había aumentado considerablemente con el retorno del Rey, se murmuraba que más de un tercio de ellos pertenecían al palacio del difunto Conde que había sido condenado a muerte por traición.

Luego de ese fatídico día en el que todo el pueblo que limitaba la jurisdicción de aquel conde fue testigo de la muerte de los dos traidores, se esparcieron varios rumores por el reino que pronto murieron con el regreso del rey.

El más fuerte de esos rumores giraba en torno al desconocimiento de donde habían sido sepultados los cuerpos de los implicados, también que nadie ajeno a aquel pueblo le fue permitido observar la ejecución, y el más escalofriante de todos, nadie, absolutamente nadie, lloro la muerte de los condenados.

A pesar de esto, ese día fue borrado de los registros de la historia y para cualquier persona estaba estrictamente prohibido hablar del tema, hasta que eventualmente fue olvidado.

— ¡¿Ira de nuevo al bosque?! –Gritó exaltada una de las criadas con un rostro de genuina preocupación al ver al joven chef tomando una canasta y algunas provisiones— Se dice que en ese bosque pasan cosas extrañas,  nadie se acerca ahí y sin embargo, usted va allí cada semana sin falta y trae una canasta de frutos para el rey ¡exponiendo su pellejo ante los animales salvajes!

El chef no se detuvo ni un instante a resolver los cuestionamientos de la criada ni a dar respuesta a sus preocupaciones y está indignada se retiró de la cocina mientras refunfuñaba su desgracia por trabajar con alguien tan mezquino y frívolo.

Luego de asegurarse de que nadie lo siguiera, el joven Chef tomó su caballo y se encaminó hacia el sendero que conectaba al alejado y frondoso bosque casi a las afueras de la proximidad de castillo. Casi al llegar a la entrada del bosque se avistaba un llamativo aviso en madera que advertía los riesgos a los que incurría quien se acercase más de aquel límite, pero el muchacho solo sonrió, dejando su caballo atado a uno de los tantos árboles que rodeaba el lugar y se internó en las oscuras proximidades del tenebroso bosque.

Casi quince minutos de caminata después el panorama se hacía más claro y los altos árboles que bloqueaban la entrada de la luz en un principio ahora dejaban que traspasara un poco más a través de mínimos espacios. Muy pronto el mayor pudo divisar la hermosa cabaña que se alzaba en una colina próxima y sonrió caminando mucho más rápido que antes. Pero se detuvo bruscamente al sentir el roce del filo de una flecha a un costado de su mejilla, sintiendo la sangre bajar de temperatura por la sorpresa, congelándose en su lugar mientras una fina línea de sangre se hacía visible en su pálida piel:

— ¡Mi Lord! ¡Es mi hermano, Deténgase! –Escuchó el Mayor detrás de él y como una silueta se aproximada desde la oscuridad. El grueso pelaje de algún animal salvaje que había cazado descansaba sobre los hombros de un moreno muchacho de pelo corto que se acercaba hacia el con una sonrisa.

— ¡Hermano, que bueno es tenerte de vuelta! –Saludó el muchacho abrazando por la espalda al joven chef. Pronto, este último alzó la vista hacia la improvisada cabina de vigilancia en lo alto de los árboles, ahí estaba el que una vez fue su amo, con el cabello colgando a cada lado de sus orejas, su tez un poco menos pálida, vistiendo al igual que su adorado hermano menor, los despojos del pelaje de algún animal sobre su espalda.

— ¡Lo lamento, cuñado! –Grito el antiguo noble tomando una liana para bajar del árbol y salir a su encuentro—  Últimamente hay muchos osos rondando por aquí así que hemos tomado algunas medidas.

Jaejoong no hizo más que una reverencia de saludo al hombre y pronto dio un giro sobre sus talones apretando la cintura de su pequeño hermano entre sus brazos, quien ahora le restaba por lo menos unos buenos diez centímetros de estatura. El mayor pudo percibir el olor a naturaleza en su cuerpo y luego de levantar la vista pudo ver la tímida y siempre tierna sonrisa que se extendía en su rostro.

— Traje pasteles para los dos y obsequios de parte del rey. También algunas cartas de las criadas y algunos regaños por parte de Yunho.

Los dos aludidos sonrieron y pronto Changmin se deslizó de su abrazo tomando su mano y la de su amante y los arrastró al interior de la cabaña.

— Espero que a su alteza le hayan gustado las bayas que recolecte para él, siempre dice que son más deliciosas recién cortadas. –Mencionó mientras ayudaba a su hermano a servir la mesa—

— Él está encantado, no ha hecho más que insistir en hacer una visita pero siempre está rodeado de personas y no puede excusarse. Ha intentado escaparse de noche pero Yunho lo ha detenido, insistiendo que es peligroso. Dice que está carcomiéndose por dentro por ver tu rostro y cazar patos con su majestad.

Changmin rio quedamente observando como en una esquina Yoochun tallaba un delgado trozo de madera refunfuñando entre dientes cuando esta se quebraba entre sus aun inexpertos dedos.

— Oh bueno, quizás muy pronto un par de osos salvajes vayan de visita a castillo a darle un saludo al rey.

Changmin y Jaejoong rompieron en carcajadas ante el comentario y pronto Yoochun se les unió sentándose en la mesa, dispuesto a tomar la cena al lado de su nueva familia.

FIN.

2 comentarios:

  1. Hermoso,como todo lo que escribe Rose,que copado el rey se dio cuenta al toke de la situación gracias

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