Amándote más allá de todo - Cap. 1

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Tormenta de injusticias.

La Ciudad de Tongan dormía, no era precisamente una buena época, la tensión se podía sentir en el aire, las únicas personas que intentaban ayudar al pueblo de Joseon habían sido apresados y ahora la incertidumbre hacia que las personas se refugiaran en sus casas al ocaso del sol debido al temor de las represalia hacia ellos.
Las antorchas ya no eran vislumbradas claramente y la oscuridad se cernía por todo el lugar, el viento soplaba fuertemente anunciando la llegada del invierno, las ramas de los arboles bailaban constantemente y las lechuzas rompían el silencio con su canto al igual que algunos pequeños bichos que se arrastraban por el suelo.
El único lugar que parecía no dormir aún era el Choonhwagwan pues se encontraba lleno de nobles y guardias que jubilosamente celebraban su victoria entre risas y la música del lugar sin hablar de la compañía de las mejores gisaengs.
En medio de toda esa algarabía una señal de alarma se encendió para las damas del lugar, quienes presurosamente enviaron a unos guardias en busca de los fugitivos; las visitas ajenos a todo lo que acontecía a su alrededor seguían celebrando y regocijándose por su dicha.
En medio de la oscuridad una pareja corría, se podía escuchar el jadear de sus respiraciones y las pisadas que se perdían constantemente debido a que caían al no ser capaces de ver más allá de sus ojos. El pequeño niño ya muy cansado quería ponerse a llorar pero su compañera lo instaba a callarse para no ser descubiertos. Sin embargo a pesar de todo el cuidado que podía tener, la oscuridad se vio acallado por dos antorchas que guiaban a los guardias que iban tras los fugitivos.
No pudieron evitar por más tiempo su destino, los guardias los ubicaron y aceleraron la carrera para no perderlos, la pareja seguía corriendo por la penumbra, ya estaban muy cerca de ser libres pero una caída los separo, se soltaron las manos, y entonces no hubo más remedio; el más débil fue atrapado.


—Noooo…nooo…noooo— grito— suéltenme, suéltenme— intentando vanamente liberarse de los guardias que habían logrado apresarlo.
—Si intentas fugarte de nuevo estas muerto— amenazo uno de ellos mientras lo arrastraba lejos del puerto.
—Suéltenme por favor suplico— el tembloroso niño y viendo como la embarcación que debía salvarlo se alejaba empezó a gritar nuevamente pero esta vez para pedir ayuda— Yunho por favor no me dejes aquí— grito nuevamente entre el llanto— Yunhoooooo— siguió gritando mientras los guardias lo arrastraban nuevamente hacia Tongan, hacia la esclavitud.


Dos guardias más llegaron presurosamente al puerto.


—Busquen a la hermana, debe estar escondida por los caminos— dijo un guardia mientras regresaba junto a los que llevaban al niño.


Desde la cubierta de la embarcación se podía ver a un niño que casi de rodillas rogaba a su padre para que regresaran al puerto a rescatar al pequeño y larguirucho niño que era arrastrado por los guardias y se perdía junto a las antorchas dejando una estela de oscuridad por su partida.


—Por favor papá, se trata de Jae no podemos simplemente dejarlo, por favor— suplicaba.
—Yo se cuanto lo aprecias Yunho pero no podemos intervenir o nos veremos involucrados, no quieres que algo malo le pase a tu mamá o a tu hermanito pequeño cierto.
—No quiero, pero Jae…debemos ayudarlo por favor papá
—No vamos a regresar Yunho por favor entiéndelo— girándose y ordenando a uno de sus tripulantes que vigilara a su hijo.


En el fondo del barco agazapada en un agujero escondido por una trampilla, se encontraba una niña que no podía dejar de llorar mientras susurra un nombre; había intentado gritar cuando se formó el alboroto del niño capturado fuera de la embarcación pero sus gritos se habían perdido en el barco, en la trampilla que la había aprisionado en su escondite impidiéndole rescatar a su hermano. Había confiado en la persona incorrecta eso pensaba; Yunho era tan solo un niño pequeño, se culpaba; “porque confié en él y le pedí que lo salvara” murmuraba entre sollozos.
Era consciente de que Yunho había hecho todo a su alcance y sin embargo no podía evitar odiarlo, odiarlo tan solo un poco para no odiarse tanto así misma por huir sin su pequeño hermano.


[…]


S. XVI
Dinastía Joseon


Era una época de gran desolación; las personas morían de hambre, las enfermedades se propagaban rápidamente convirtiéndose en epidemias, la naturaleza no dejaba de castigar a los más pobres quitándoles lo poco que tenían para sobrevivir. Sin embargo la situación del pueblo contrastaba con la de palacio, donde el emperador Yeonsangun vivía su reinando comiendo manjares por doquier, disfrutando de jóvenes doncellas y celebrando constantemente en palacio por haber eliminado a todos los que consideraba como sus enemigos.


El descontento era muy notorio entre los pobladores, sin embargo nadie se atrevía a enfrentarlos por temor a las represalias, solo se podía escuchar el susurro que hacía eco por todas las ciudades de Joseon haciendo mención al medio hermano del Emperador para que los liberara de los crueles impuestos.


El príncipe Jungjong, no apoyaba estos pensamientos, él no quería ser Emperador, él quería mantener su vida alejado de palacio viviendo con su esposa e hijos. Sin embargo aún esto era muy difícil de hacerse puesto que su hermano lo amenazaba constantemente debido al miedo de que lo sucediera en su puesto. Cientos de asesinos habían sido enviados a atacarlo en constantes oportunidades y solo gracias a la providencia había logrado escapar de todos los ataques con vida.


En esta oportunidad su familia había sido amenazada y por ello él había escapado de casa para mantenerlos a salvo. El príncipe Jungjong tenía muchos amigos a su lado, uno de ellos o el que encabezaba la lista era el erudito Kim Gwang-jo, quien siempre estaba a su lado y lo apoyaba constantemente.

—Gracias por esconderme—dijo el príncipe Jungjong cuando la señora Kim se encargaba de servirle la cena.
—Hemos compartido el kwago (examen de gobierno), como no podría apoyarte amigo— dijo el señor Kim mientras lo acompañaba en la cena.
—Eso lo sé, pero es muy difícil para mí ahora que mi hermano cree que le puedo quitar la corona.
—Tu hermano es un tirano, es necesario un golpe…
—Ni lo digas, si te escuchan, tu familia se vería perjudicada.
—Es por una buena causa, ya que tú eres muy inteligente podrías realizar un buen gobierno.
—Yo no creo eso, yo solo quiero vivir tranquilo, que mi familia no sea amenazada por tener relación con palacio.
—Si eres el nuevo emperador, nadie podría atacar a tu familia nunca más, además todo el pueblo te respaldaría.
—No estoy de acuerdo con eso, porque no mejor me cuentas como esta mi familia.
—Tu hijo está muy bien, está centrado tanto en estudiar que ha dejado de lado a mi Ying, quien está molesta porque ya no pueden jugar.
—Creo que sería muy feliz si estrechamos más nuestro lazo de amistad con la unión de nuestros hijos.
—Si me permites hacerlo sería todo un honor para mí.


El señor Kim Gwang-jo y el príncipe Jungjong, eran grandes amigos desde la época en que se preparaban para dar el examen de gobierno; del mismo modo sus familias se llevaban muy bien, constantemente se podía ver a los hijos de ambas familias corretear por los campos o jugar en las casas.


A pesar de que el príncipe Jungjong no tenía planes de convertirse en Emperador se vio obligado a hacerlo cuando finalmente los nobles conservadores se alzaron en un golpe de estado, rodearon el palacio y apresaron al Emperador Yeonsangun luego de 12 años de tiranía.
El príncipe Jungjong fue coronado como el undecimo Emperador de Joseon en el año 1506 mientras su medio hermano era ajusticiado por sus crímenes y enviado al exilio en Jeju donde un mes después sería obligado a beber veneno como parte de su castigo por sus maldades.
Durante los primeros años de su reinado el emperador Jungjong no fue capaz de ejercer autoridad real libremente debido a la presión que recibía de parte de los nobles conservadores que lo habían colocado en el trono. A partir de la muerte de varios de estos nobles, él tuvo la capacidad de ejercer autoridad en su reino e inicio reformas importantes junto a su amigo Kim Gwang-jo en quien deposito el cargo de viceministro en palacio.
Durante un buen tiempo Kim Gwang-jo y otros eruditos apoyaron al Emperador en las nuevas reformas que decidió implementar. Principalmente Kim Gwang-jo era reconocido como su mano derecha y además fue nombrando Inspector General y se encargaba de hacer cumplir las leyes estrictamente a fin de que ningún funcionario se atreviera a recibir un soborno o explotar a la población local.
Sin embargo, las reformas enfrentaron mucha oposición de los nobles conservadores que habían ayudado al Emperador a llegar al trono y debido a la presión y al miedo de ser derrocado por su servidor tres años después de iniciada la reforma el Emperador Jungjong intento quitarle toda autoridad a Kim Gwang-jo.
Para Kim Gwang-jo, el Emperador debía ser un ejemplo virtuoso para el pueblo ya que representaba el poder de gobierno y por ello insistió al Emperador para que continuara con sus reformas. El Emperador sin embargo quería lograr una consolidación de su autoridad real para de esa manera poder continuar con las reformas que él creía Joseon necesitaba. Fueron años de tensión tanto entre el Emperador, su mano derecha y los nobles que lo habían ayudado a conseguir la corona, en el trascurso de ese tiempo las reformas fueron paralizadas para beneplácito de los nobles que veían de mala manera una repartición de tierras equitativas con personas de menor rango que ellos.
A pesar de todos sus intentos por llegar al Emperador y hacerlo entrar en razón, Kim Gwang-jo fue perdiendo terreno y poco a poco fue alejado de palacio para finalmente ser calumniado en 1511.
Los nobles conservadores no estaban de acuerdo con la indecisión del Emperador, necesitaban cortarle las alas mientras el pensara que no le servían, eran conscientes que si Kim Gwang-jo regresaba a palacio, el Emperador no tardaría en darse cuenta de las injusticias hacia su pueblo y principalmente la corrupción que reinaba en palacio y por ello planificaron una trampa para deshacerse de Kim Gwang-jo.
Se reunieron secretamente con algunos hombres que estaban al mando del Inspector Kim y propiciaron una revuelta donde se intentara tomar palacio haciendo mención constante a Gwang-jo como el próximo Emperador en palacio. Los nobles se encargaron de menguar a los guardias de palacio y para cuando los revoltosos que habían contratado llegaron, el Rey estaba casi desprotegido; ya estaban expulsando al Emperador apresado y encerrado en una carreta con barrotes cuando los nobles hicieron aparición y lo rescataron atrapando a todos los revoltosos y recabando pruebas como pequeños folios que decían:


“Kim se convertirá en Emperador”
“El Rey es solo una marioneta, por eso Kim debe subir al trono”


El Rey enfureció por todo el maltrato que recibió y ajusticio a Kim Gwang-jo como un traidor, el 26 de agosto de 1511 fue ejecutado delante de su familia.


—No puedes hacerme esto— suplico el acusado.
—Intentaste pasar por encima de mí— grito furioso el Emperador.
—Dijiste que éramos amigos, tu sabes que yo sería incapaz de hacerte algo así— rogo una vez más— yo estuve a tu lado todo el tiempo incluso cuando el Emperador anterior intentara matarte.
—Razón de más para que conozcas mis debilidades, no puedo confiar más en ti; hay pruebas suficientes que demuestran tu participación en este intento de golpe.


Mientras los nobles se regocijaban por haber logrado su plan, muy cerca acorraladas por los guardias se encontraban la mujer y la hija del Inspector que no dejaban de llamarlo entre sollozos y rogar por su perdón. La esposa no pudo tolerarlo más y entre empujones escapo de los guardias para correr donde su marido aun pedía por su vida al Emperador.


—Por favor— pidió ella de rodillas.
Pero sus suplicas no fueron escuchadas y cuando la espada fue apuntada hacia Gwang-jo para su ajusticiamiento, ella se interpuso y recibió la estocada que era para su marido cayendo en el acto al piso y empezando a desangrase.
El señor Kim intento aproximarse a su esposa a pesar de tener las manos atadas y encontrarse de rodillas sin embargo no llego muy lejos puesto que el verdugo levanto la espada nuevamente y esta vez sí apuñalo al señor Kim por órdenes del Emperador.
La niña de casi diez años al ver a su madre desangrarse en el suelo corrió tras ella solo para que la sangre de su padre le salpicara directo en el rostro al llegar a la cruel escena.
La escena era terrible; el centro de palacio estaba lleno de sangre, los guardias muy cerca de la escena ya parecían acostumbrados a los ajusticiamientos, el cielo parecía llorar ante la injusticia porque prontamente el cielo se nublo y una fuerte lluvia cayó sobre todas las personas que se encontraban en el lugar.
El Emperador se dirigió a sus aposentos, ajeno a todo, como si nada hubiera pasado en palacio, los guardias debían deshacerse de los cadáveres de los traidores así que empezaron a movilizarse y los nobles sonreían disfrutando la escena. Solo para una persona de ese lugar parecía que el mundo se había detenido.
La hija de los “traidores” lloraba amargamente mientras intentaba regresar a sus padres a la vida, susurrando sus nombres contantemente; la lluvia mojo su rostro llevándose sus lágrimas pero no su dolor que aún parecía quemarle el corazón. Dicha niña se sintió completamente sola, desamparada, horrorizada y solo pudo pensar en lo cruel que había sido aquel hombre que tanto tiempo atrás le había salvado de morir aplastada por un caballo desbocado, aquel hombre al que ahora solo podía ver como el asesino de sus padres. Intento abrazar a sus padres y solo pudo llorar hasta casi desfallecer, hasta que aquellas miserables personas le apartaron de su familia, una familia que ahora ni siquiera era digna de tener una buena sepultura, intento ser fuerte e impedir esa injusticia pero ya ni siquiera tenía fuerzas para mantenerse en pie, la situación era demasiado intolerable para soportarla de manera consiente.
Poco después las personas más allegadas al señor Kim como los eruditos más reconocidos de Joseon fueron ajusticiados, algunos sufrieron el mismo final que el inspector Kim y muchos otros fueron exiliados a Jeju, fue así como el Emperador estuvo de acuerdo con la masacre de los eruditos y al mismo tiempo firmo su sentencia a convertirse en una marioneta sin saberlo.


El Emperador fácilmente se olvidó de aquellas personas que lo habían apoyado siempre, olvido también el cruel destino que les avecinaba a los hijos de la persona que había intentado apoyarlo siempre.


Ying Kim, la hija mayor, fue llevada a su casa que de ahora en adelante le pertenecía al estado y la mantuvieron encerrada allí junto a su hermano por unas semanas, imposibilitándole averiguar sobre los cadáveres de sus padres. Poco a poco tuvo que ver como perdían cada posesión que tenían y como eran relegados ella y su hermano a la más baja clase social. Trascurrido dos meses después de la ejecución de sus padres fue obligada a subirse a una carreta con barrotes junto  su hermano como si de cualquier esclava se tratara se la llevaron lejos de donde ella había conocido el calor de hogar, lejos de sus mejores recuerdos, del mejor momento de su vida.


Los guardias la movilizaban junto a su hermano muy entrada la noche ya y por eso algunos guardias llevaban antorchas para poder guiar el camino mientras se dirigían a Choonhwagwan (la casa gisaeng más reconocida de Joseon).


—Finalmente estamos aquí dijo uno de los guardias
—Salgan ya— incito el otro, abriendo la puerta y casi gritándoles para que se apuraran en bajar.


Uno de los guardias al ver que ella demoraba por intentar ayudar a bajar a su pequeño hermano la empujo al piso con gran desprecio.


—Como te atreves— balbuceo el pequeño niño, pero fue inmediatamente callado por un fuerte puñetazo en la cara que lo derribo al lado de su hermana.
—Basta— grito ella— acaso no pueden tener un poco de compasión.
—No compadecemos a los traidores— grito otro de los guardias lanzándole un escupitajo.
—Eso no es cierto— dijo ella— se trató de una trampa, mi padre era incapaz…
—Nosotros solo cumplimos con el encargo— dijo otro guardia caminando hacia la gran puerta.


Llamaron a la puerta de la casa gisaeng por varios minutos hasta que finalmente abrieron.


—Ya hemos cumplido con nuestro trabajo— dijeron antes de retirarse presurosamente del lugar.
La señora que había salido era una mujer pasado de sus cuarenta años que parecía ser la jefa del lugar porque ordeno a los sirvientes que la ayudaran con los niños.


—Pasen— dijo ella— abriendo la puerta.
— ¿Qué es este lugar? — pregunto Ying antes de ingresar
—Es Choonhwagwan— susurro, incitándolos a entrar.


Jaejoong que apenas era un niño de 8 años se apresuró a ingresar porque tenía mucho frio y hambre hasta que su hermana lo detuvo.


—No voy a entrar— grito ella— es mejor que me mate.
—Has sido vendida como gisaeng, es tu destino— le grito la encargada— solo entra ya— grito mientras intentaba arrastrarla dentro del recinto.
—No importa que, no entrare— dijo nuevamente ella.


Finalmente la señora enfureció y con la ayuda de sus criados logro que Ying soltara a su hermano.


—Puedes quedarte afuera todo lo que quieras— dijo— dejando a uno de sus sirvientes para que la vigilara— pero tu hermano pagara las consecuencias por cada minuto que no entres— dijo cerrando la puerta mientras arrastraba a Jaejoong, quien no dejaba de gritar y lloriquear.
—No haga eso— suplico ella, pero el sirviente solo la observaba mientras ella no podía evitar llorar.


Para Ying era deshonroso entrar en una casa gisaeng porque significaba que se convertiría en una pero al mismo tiempo no podía abandonar a la única familia que le quedaba, no podía permitir que su hermanito sufriera por su orgullo; si debía proteger algo ahora, era a la única familia que le quedaba. Por eso se tragó su orgullo e ingreso a la casa gisaeng por sus propios pies.
Podía escuchar las risas de las gisaengs de las casa mientras cantaban y tocaban su música para los hombres y guardias de la corte, pudo divisar como la mano de aquellos hombres ebrios se posaban en el muslo o cuello de aquellas chicas y se sintió desfallecer por estar en un lugar tan inmundo como ese.
El sirviente la llevo junto a la encargada, que se encontraba en la que de ahora en adelante iba a ser su aposento.


— ¿Dónde está mi hermano? — reclamo.
—Por ahora servirás a las otras chicas, pero iras aprendiendo poco a poco tus deberes para que pronto seas una gisaeng— dijo sin escucharla— y debes empezar a prepararte desde ya y por eso no necesitas distracciones.
—Él no puede estar solo, me necesita— suplico
—Serás capaz de verlo, cuando seas una más de la casa, para ese momento tu hermano ya debe ser un eunuco porque no se permiten hombres en Choonhwagwan.
—No pueden hacerle eso— grito desesperada.
—Los vendieron— dijo ella— debes aceptar que ahora perteneces a este lugar y este lugar tiene reglas.
—Pero, por favor no le haga eso a mi hermano— suplico.
—Si te comportas bien intentare retrasar el proceso.
—Prometo hacer todo lo que quiera pero por favor... — entre el llanto
—Eso está mucho mejor, ahora descansa que mañana empezamos muy temprano.


Esa noche no pudo dormir, era muy difícil para ella estar en un lugar tan horrible y más si estaba alejada de su hermano, se sentía completamente perdida y desamparada.
Intento huir pero habían sirvientes y guardias en la puerta, además no sabía dónde estaba su hermano; quería encontrar a su hermano y huir con él muy lejos de todo pero no sabía cómo hacerlo y pronto se encontró pensando que tal vez lo mejor sería que ambos murieran. Se quedó fuera de su habitación hasta el amanecer y fue entonces que un rayo de esperanza ilumino en su mirada.


— ¿Qué haces aquí? —pregunto Yunho, el mejor amigo de su hermano.


Ella se sintió incapaz de contestar, solo quería esconder la mirada y cubrirse para que nadie más la viera en un lugar así.


— ¿Jae también está aquí? — volvió a preguntar Yunho
—No lo sé— dijo ella sollozando.
—Debo entregar un documento que me envió papá así que no tengo mucho tiempo, cuando regrese del viaje que vamos a hacer te vengo a visitar— dijo sonriendo el inocente niño.
— ¿Viaje? ¿Qué viaje? — pregunto ella.
—Papá dice que iremos en barco a vender unas cosas…
— ¿Cuándo se van? — pregunto ella respirando aliviada.
—Hoy en la noche.


—Perfecto— se dijo para sí misma, ingreso a su habitación y espero a la encargada para comenzar el día.


Escucho sin hacer berrinches e hizo todo tal cual le pidieron y al final de la tarde consiguió ver a su hermano aunque no pudo descubrir donde lo tenían.
Cuando el cielo oscureció por completo ella escapo de su habitación mientras los sirvientes y las gisaengs atendían a los hombres de palacio. Tenía unas joyas de su madre que había logrado esconder y esperaba que fuera lo suficiente para sobrevivir en Japón. Demoro más de media hora en encontrar a su hermano, lo desato y junto a él logro subir una pared de la casa y escapar rumbo al puerto de Ulsan.


Sin embargo la encargada de la casa gisaeng pudo divisar a las sombras mientras huían por lo que envió a sus sirvientes a verificar la habitación de la nueva y al no encontrarla envió a los guardias tras ellos.
Ying corría junto a su pequeño hermano muy cerca ya del puerto cuando escucho la voz de sus persecutores.


“Puedo verlos” —grito uno
“Se dirigen al puerto” — dijo otro


Muy cerca del puerto vio a Yunho quien se encontraba muy sorprendido de verlos, pero al ver a los guardias pudo intuir que algo andaba mal y por eso corrió a darles el alcance. Ying acelero el paso al sentir a los guardias muy cerca y en algún punto de su acelerada lucha por escapar dejo ir la mano de su pequeño hermanito que había caído al suelo y torpemente intentaba levantarse para seguir corriendo.
Yunho llego a donde estaba Jaejoong y al ver que Ying regresaba, le grito “yo iré con él solo busca un escondite”; ella subió a la embarcación y escondiéndose de los otros tripulantes busco un lugar para esconderse.
Yunho intento cargar a Jaejoong en la espalda porque este se había lastimado el pie, pero a pesar de lo delgado que parecía pesaba mucho y al ver que no avanzaban, lo sujeto fuertemente del brazo y lo insto a correr a pesar del dolor.
Cuando estaban muy cerca de la embarcación y los guardias estaban muy cerca de atraparlos apareció el señor Jung; quien se estremeció al ver a los guardias y por eso agarro a su hijo y lo cargo en brazos logrando que soltara a Jaejoong y corrió junto a él a la embarcación, haciendo señas para partir de inmediato a su tripulación.
Yunho pataleo, grito e intento soltarse para regresar por Jaejoong pero su padre era demasiado fuerte y de manera impotente tuvo que ver como los guardias atrapaban a Jaejoong ya que este se caía constantemente debido al dolor, lo escucho gritar y lloro de frustración al no poder rescatarlo. Si hubiera sabido que esa era la última vez que vería a Jaejoong habría rogado más a su padre o se hubiera lanzado a las aguas para protegerlo.
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Pasaron muchos días en altamar, los alimentos empezaban a escasear lo mismo que el agua y los navegantes no entendían porque aún no habían llegado a Japón, al parecer habían perdido el rumbo en algún punto y ahora estaban perdidos en medio de una furiosa tormenta que no dejaba de azotar el barco.
Yunho se sentía desolado y muy triste y esto no hacía más que empeorar su ánimo, su papá intentaba animarlo, decirle que todo iba a estar pero aun así eso parecía no ser suficiente para él porque no dejaba de pensar en todo lo que estaría sufriendo Jaejoong. Por su parte Ying se mantenía ajena a todo porque Yunho no había sido capaz de liberarla de la trampilla y a pesar de que él le llevaba comida, ella solo quería dejarse morir al imaginarse a su hermano como un eunuco en aquel feo lugar.
La tormenta se acrecentaba cada vez más, sacudiendo el barco constantemente, mareando a los tripulantes debido a los fuertes movimientos que los obligaba asirse de algo para mantenerse de pie.
El señor Jung y sus tripulantes se debatían entre eliminar la carga que llevaban para que no tuvieran problemas con la tormenta pero al mismo tiempo no se sentían capaces de hacer eso debido a que había una gran inversión de dinero en la mercancía. La tormenta no perdono la indecisión de estos hombres, una gran ola se alzó por encima del barco y los hundió por completo en el agua, la embarcación floto de nuevo solo para hundirse poco a poco mientras las olas seguían golpeando fuertemente contra el.


—Yunho ¿Dónde estás? — gritaba constantemente el señor Jung buscando a su hijo mientras intentaba sujetarse para no caer al mar.


Yunho se acordó de Ying y en medio del alboroto corrió al lugar de su escondite porque sabía que ella no podría escapar sola, hizo hasta lo imposible para mover la trampilla y luego de mucho esfuerzo logro abrirla y rescatar a Ying que estaba a punto de ahogarse.
La embarcación empezó a destrozarse por la fuerza por la que era golpeado por las olas, Yunho y Ying lograron asirse a un gran trozo de madera que se había desprendido de la embarcación que a cada momento se hundía un poco más. El trozo de madera bailaba en el mar debido al movimiento frenético de las olas y por ello ambos niños fueron alejándose de la embarcación cada vez más y más, Yunho no dejaba de ver el lugar del desastre rogando porque su papá apareciera de entre las olas, él tenía mucho miedo y mientras intentaba no soltar la pequeña tabla que lo ayudaba a mantenerse a flote grito llamando a su padre, grito hasta casi desfallecer.


—Papá estoy aquí— gritaba— ya salí del barco— continuaba—Papaaaaaaaaaaaaaa.


Sin embargo no había ecos en las olas y su voz solo se perdía por la tormenta, poco a poco vio como la embarcación se perdió entre burbujas a lo lejos sin que nadie, ni su padre apareciera entre los restos de maderas.
Yunho se sintió tan desamparado que las lágrimas inundaron su rostro mientras las olas lo llevaban muy lejos de su ciudad, de su madre, de su padre y también de su Jaejoong.


El señor Jung estuvo buscando a su hijo por toda la embarcación, se sentía tan apesadumbrado que no se dio cuenta que se estaba hundiendo poco a poco, cuando finalmente reacciono sus pulmones estaban quedándose sin oxígeno, intento salir romper la barrera del agua pero ya era demasiado tarde, no pudo evitar derramar algunas lágrimas mientras pensaba que en este momento tan triste, que en este sus últimos minutos no había podido abrazar a su querido hijo o tan siquiera despedirse de su adorada mujer.
Una lagrima más escapo de sus ojos antes de que la penumbra de la muerte lo alcanzara llevándoselo a lo profundo del mar junto a sus amigos y compañeros de vida que junto a él no habían podido escapar del fatal destino.

2 comentarios:

  1. que desgracia el padre de Yunho murió atraparon a Jae y Yunho esta perdido con la hermana de Jae en el mar espero y el no muera y pueda regresar con Jae y lo pueda rescatar de esa mujer y sean felices por fin
    Gracias

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  2. Cuanta tristeza para ellos, Dios es terrible lo que quieren hacer a Jae. Todo este primer Cap fue un mar de angustia. No pude evitar las ganas de llorar suenan tan lamentables sus vidas(¡0¡)

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