El pasado nunca muere - Cap. 7

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Cinco años antes...


-¡¡¡¡NOOOOOOOO!!!!, NO LO HAGAS, MALDITO DESGRACIADO, ¡¡¡SUÉLTALO…!!!


Yoochun a pesar de las varias heridas provocadas por el castigo sin sentido que otro de aquellos hombres le había propinado hacia unos pocos minutos, no pudo evitar correr para defender a su amigo, también cautivo, Junsu estaba con la cara hinchada y sangrante, no se defendía del ataque, estaba flácido sobre el catre, por lo que debía estar inconsciente.


-¡NO POR FAVOR...JUNSU NO!...-Ver a aquel hombre grande y asqueroso bajar su cierre y empezar a quitarle los pantalones al pequeño…lo desquició, le saltó a su espalda e intentó sacarlo de encima.


-¡¡¡¡JUNSU DESPIERTA!!!!...-gritó con toda la fuerza que daban sus pulmones, su voz había dejado de tener alti-bajos, ya se escuchaba como un hombre-.


-¡Preocúpate por ti mismo…! -rugió el abusador-. 


El hombre grande impulsado por la rabia, se quitó de encima al adolescente, lo levantó y lo estrelló contra la pared contraria, obteniendo un grito desgarrador de dolor.


-¡Qué bien!, ahora ya no será uno, serán DOS, los culitos que me tiraré esta noche…jajajaja…


Al escuchar el grito, los sentidos de Junsu regresaron a su cabeza, sin embargo las escenas que ahora aparecían ante sus ojos le parecía verlas como en una película, en cámara lenta, irreales, Yoochun muy herido y sangrante, recibiendo golpes y más golpes y siendo desnudado a la fuerza, ya habían sido miles las veces en las que habían sido zurrados, tantas que llegaron a acostumbrarse, pero nunca había pasado esto, nunca habían intentado abusar sexualmente de ellos, nunca, ya no eran niños indefensos, no era justo...


¿Por qué a ellos?,


¿Qué habían hecho de malo?,


¿Quién se vengaba de ellos...?


¿Quién podría defenderlos?...


¿Por qué nadie iba a socorrerlos?...


Ni siquiera eran capaces de defenderse a sí mismos...


*No hay tiempo para quejas Junsu...


¡Esto tiene que parar!


¡¡¡AHORA!!!*...,


La voz de su consciencia fue subiendo de tono lentamente hasta que gritó, entonces, sus ojos, como una iluminación, hallaron en medio de la escasa luz del cuarto un destello, una esperanza oscura...


Un arma…


No supo cómo llegó a ella, tal vez se arrastró o tal vez gateó, pero la alcanzó, la tomó y disparó mirando horrorizado al enemigo estar a punto de penetrar a uno de sus mejores amigos…descargó desesperado todas las balas que había en el cartucho, 5 o 6, que importaba, no descansó hasta ver al animal completamente vencido, que cayó sobre su amigo.


-¿Yoochun ah, Yoochun ah, estás bien?... - corrió hacia él, su voz estaba completamente descompuesta su respiración era irregular y jadeaba-.


El aludido se libró del asqueroso cuerpo que estaba sobre él empujándolo con sus dos manos haciendo un gran esfuerzo, manchando sus manos de su maloliente sangre, dolía cada parte de su cuerpo, pero su alma estaba libre del enorme peso del miedo.


-Estoy bien Junsu, tranquilízate, respira...y... ¿tú?...él no logro...


-No, estoy bien, gracias Yoochun ah...-acomodaron sus ropas, aún en medio de tanto caos Junsu sonrió al ver a su amigo a salvo, para el joven más alto no había tiempo para sonrojarse-... Sin embargo ahora, no nos dejarán vivir, después de esto decidirán que merecemos ser castigados, tenemos que reunir a todos los chicos y hacer algo, tenemos que librarnos de esto. ¡No puedo más!, si tengo que vivir esto un día más me voy a pegar un tiro y no lograré vengar a mis padres, todos moriremos, debemos atacar, el viejo estaba borracho hace un rato, lo vimos,...es ahora o nunca..., si no estos malnacidos nos convertirán en sus putas…


Las palabras salían de la boca de Junsu a toda velocidad, atropellas y torpes, todos sus pensamientos y deseos se revelaban sin freno, la adrenalina le fluía por las venas a raudales.


Su ansia por huir le había hecho olvidar a la otra persona que había estado con él antes de que este nuevo infierno empezara.


Hurgaron en el despreciable cadáver, él tenía la llave del cuartucho dónde encerraban a todos los chiquillos y también tenía la llave del lugar dónde se encontraban el resto de las armas.


-Vámonos…


Asustados, sudorosos y temiendo por sus vidas, solo atinaron a correr.


Esa noche iba a ser muy larga.


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Yoochun vagaba en sus recuerdos de esa noche..., de esos años, para él esa era la segunda vez en la que su jefe le había salvado la vida, esa noche hace 5 años, que fue una de las más horribles de su vida, la noche en la que por fin lograron librarse de aquellos monstruos que pensaban que ellos eran nada más que artículos que usar.


Con gracia pensaba que se habían librado de los monstruos convirtiéndose en monstruos, sin embargo jamás se arrepentiría de todo lo que hizo por sus amigos esa noche. Si Junsu no le hubiera disparado al maldito seguro habría terminado siendo violado y lo más probable es que se hubiera suicidado como lo hicieran Leeteuk y Kanging, nunca supieron porque se colgaron de sus correas una noche, murieron tomados de la mano, era muy probable que un acto tan abominable como la violación fuera la razón, ahora lo entendía bien, ellos no soportaron la vergüenza y el asco.


En su mente se decía que debía haber peleado hasta morir, gritado, mordido, pataleado, cualquier cosa, sin embargo, no lo hizo porque estaba casi inconsciente. Sí, si hubiera logrado sobrevivir se hubiera suicidado, porque no habría sido de capaz de cargar con la vergüenza y la culpa de haber sido tan débil y no lograr salvarse a sí mismo y a su pequeño amigo.


Regresó un poco más en el tiempo...


Había sido el único sobreviviente de una familia masacrada en el pueblo vecino, el jefe Lee lo tomó pues “se veía de buena contextura, era alto y fuerte incluso a los 12 años”. Odiaba al viejo desgraciado porque representaba todo lo malo de su mundo. Luego fue llevado al pueblo de Junsu y junto con el resto de adolescentes se le sometió a una especie de entrenamiento militar, muy riguroso y extenuante, en el que les enseñaron a usar armas de todo tipo, técnicas de combate cuerpo a cuerpo. Tareas de limpieza, de campo, de pesca, absolutamente todo. El punto era volverlos mano de obra barata. No podía negar que les daban de comer decentemente.


Lo único agradable de recordar era el niño delgado, pequeño y extrañamente risueño, Junsu era de esas personas que son capaces de animarte con solo ver su sonrisa. Cuando Yoochun llegó estaba aterrado, herido, deprimido, y fue entonces que la brillante sonrisa del niño, le regalo un poco de paz, le dio confianza, lo animó a seguir viviendo, le brindó una razón, vivir para protegerlo. Yoochun siempre contaba aquella vez como la primera en la que el ahora pelirrojo le salvó la vida, su hermosa sonrisa lo salvó.  


Por lo general Junsu participaba de todas las actividades y entrenamientos que los demás chicos, sin embargo no pasaba su escaso tiempo libre con los demás, siempre era llevado a la casa grande dónde vivía el jefe Lee. Él nunca hablaba de lo que hacía allí, sin embargo a veces sonreía, a veces estaba triste, a veces tenía extrañas marcas de lo que parecían ser uñas en su rostro y brazos. Yoochun siempre quiso preguntar pero nunca lo hizo. No sería bueno echar sal sobre las heridas, ahora lo único que quería era ahorrarle todo el dolor que pudiera.


Cuando volvía de sus estancias en la casa, lo único que hacía Junsu era cantar, cantar, podía pasar todas las horas de la noche cantando, nunca se callaba, solo cantaba, a veces cantaba con todas sus fuerzas, gritando, hasta quedar sin voz, esas crisis le ocasionaron dos efectos colaterales...


El primero, su voz conforme fue creciendo se hizo ronca y un poco graciosa, pero maduró y era lo más hermoso escucharla, después de un tiempo Yoochun solo podía dormir si le escuchaba cantar.


Lo segundo eran una palizas fenomenales, cuando alguno de los mal nacidos de Lee, que merodeaba borracho la covacha en la que dormían los niños, lo escuchaba.


La verdad es que parecía como si Junsu buscara que lo golpearan. Después de días se dio cuenta, que para el muchacho risueño era mejor no dormir porque sus pesadillas lo atormentaban, por eso cantaba hasta quedar exhausto, o se dejaba golpear hasta que lo noquearan. Era una conducta muy auto destructiva.


Cuando Yoochun entendió que el pequeño cantaba para buscar alivio le pidió que le enseñe a cantar también, y así fue como logró entretenerlo durante mucho tiempo, los demás chicos, incluso los mayores también quisieron aprender y lo lograron. Por eso hoy en día podían darse el lujo de las presentaciones en vivo con cada uno de los integrantes de la banda.


Cada minuto de horror vivido en el cautiverio, cada dolor de las golpizas recibidas, cada lágrima derramada en silencio, cada grito ahogado frente a cada humillación, cada mínima cosa de la que Junsu y su decisión de sacarlos a todos del cautiverio había destruido eran el motivo por el que Yoochun jamás dejaría de respetar y amar al pelirrojo, era una persona que a pesar de su aparente fragilidad era más poderoso que cualquiera.


Y ahora su corazón dolía como nunca, Heechul le había contado toda la historia de los muchachos, de como Junsu y Changmin habían sido los mejores amigos en la infancia, de cuanto se querían, de lo mucho que habían compartido, de lo mucho que Junsu había llorado cuando Changmin se marchó con sus padres, de lo mucho que fue golpeado Changmin por su padre al declarar en su pubertil rebeldía que no quería alejarse de sus amigos sobretodo de Junsu.


Además Heechul había descrito con horrenda precisión la macabra noche en la el pueblo de ellos fue devastado, muy parecida a la que él mismo vivió, en la que las familias de todos los chicos amigos de Junsu habían sido sacrificadas. Le contó también lo que había averiguado en el bar la noche pasada, el policía, ese tal Changmin estaba enamorado de su Junsu.


Ahora caía en cuenta, que en su desesperación se le había declarado y ahora sí, para él, la esperanza había comenzado a desaparecer, la negativa de su pelirrojo jefe le había fisurado su corazón. “¿Cómo se puede ser tan imbécil?, le he dejado el camino libre, a ese gorilón en vez de abrirme paso en el corazón de Junsu”.


Decidió que no se daría por vencido.


Suspiró enojado consigo mismo y siguió recordando escenas de su terrible pasado.

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