Erase una vez en otra realidad - Prólogo

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Nunca quiso ser especial, es más la palabra en si a ratos le repugnaba y es que a cualquier persona que tuviese un padre alcohólico y adicto a la juerga, un padre que te recordaba todos los días “Lo especial” que eras por no ser su verdadero hijo, de uno u otro modo, también odiaría la palabra.

A los dieciséis años huyó de casa, con millones de sueños a punto de romper y el dolor de ser un extranjero en el propio país de residencia. Cuando era pequeño gustaba de América, Estados unidos para aquellos que no les consideraban el centro del mundo, sin embargo conforme creció en tal lugar, con serias desventajas de idioma, un fuerte cambio cultural, comida pesada y condimento, párpados inferiores de coreano y una apariencia que si bien no está pulida sigue siendo hermosa, terminas por odiarle.

Desde muy temprana edad Kim Jaejoong aprendió que las personas de ‘América’ no son muy bien aventuradas con los inmigrantes, sean estos de donde sean, aunque tenían cierta saña con los países de “abajo” y Asia, en especial cuando pasó de ser ‘el niño bonito con ojos pequeñitos’ a ‘ese chino de mierda roba novias’, frase acuñada a su persona y que cada vez se volvía más común para él.

¿Puedes ser culpado de atraer atención? Los hombres americanos no apreciaban que un asiático carita-de-niña-cabezón-piernas-flacuchas viniera a robar sus amiguitas especiales, y aunque Jaejoong insistiese que no era su intención, ciertamente era más fácil ignorarlo y culpar al oriental por sus infortunios en el amor, así fue que ninguno nunca se molestó en notar que Jaejoong estaba más interesado en los de su sexo que en las amiguitas de estos.

A los diecisiete y trabajando doble turno en una pequeña biblioteca de libros asiáticos, supo lo que era sacrificarse por un sueño, fue aquel el mismo año en que conoció a Changmin.

No tener el dinero suficiente para pagar tus estudios, especialmente aquellos que son tu vocación apesta, así comentaba Yoochun uno de sus amigos, más bien el mejor de ellos y encargado de un restaurante en el barrio ‘chino’ de la ciudad, curioso… considerando que su comida no era china, sino japonesa y él no era chino tampoco, sino coreano ¿Pero que sabían los queridos ‘gringos’ en cuanto a culinaria oriental? Jaejoong estaba totalmente de acuerdo con ello, después de todo cantar había sido su sueño desde pequeño, uno por el cual había abandonado todo lo demás y ciertamente voz tenía, un verdadero desperdicio.

Al no ser capaz de pagar clases de canto, había entrado a un pequeño taller de pintura que daban dos veces por semana y que se acomodaba un poco a su horario abarrotado de trabajo, muy barato y con exactitud no saldría siendo Picasso, Dalí u otros, pero al menos le ayudaba a mantener la mente fuera de la decepción, después de todo el canto y la pintura eran ambos una clase de arte ¿O no?

Fue un día de invierno, casi dos centígrados sin embargo una sensación térmica mucho menor, Jaejoong podía recordarlo claramente, sus orejas habían enrojecido a un tono que nunca antes vio, sus manos ya no podían tomar del mismo modo el pincel y la pequeña biblioteca permanecía desierta por el fuerte viento. Pintaba la descripción de un libro, sobre unas montañas y un prado con varios caballos en él corriendo pero la verdad… Aún no aprendía a crear caballos.

Un ruido de campanillas ligeras, la puerta abriéndose con lentitud y la ráfaga de viento colando por ella, Jaejoong sintió un escalofrío recorriendo su cuerpo sin saber bien si era debido al frío o al rostro que acompañó la entrada, era casi una entrada de princesa o niña bonita de colegio, esas en cámara lenta y con todos los idiotas mirando como pavos sin respirar, técnicamente eso hizo Jaejoong durante el minuto y tanto en que el otro se quitó la bufanda a cuadrillé gris, blanca y negra de su cuello y aquel extraño gorro tipo boina de su cabeza. El chico sonrió… Jaejoong se fue a la mierda, nunca había creído en el amor a primera vista sin embargo en ese momento, algo en su interior estaba haciendo fiesta.

Lo siguiente fue una serie de sucesos de simple ineptitud y sonrojos juveniles.


-Shim Changmin- Había dicho extraño número uno bonita sonrisa, antes de que preguntase nada y tampoco era que Jaejoong fuera a hacerlo, tenía cierta imposibilidad crónica a hablar con extraños, especialmente aquellos que lograban desconcentrarle, aunque tampoco era una persona difícil de desconcentrar.

Su mano extendida, la chaqueta un tanto arrugada y su cabello totalmente despeinado, la propia mano de Jaejoong temblando con ligereza mientras correspondía el saludo y se sonrojaba como una escolar en San Valentín, sin duda este sería por siempre un momento memorable.


* * *



Hablando de cosas absurdas y repletas de momentos rosa, con certeza Changmin era a su vez todo un caso. Con tres años más que Jaejoong, había comenzado prematuramente sus estudios universitarios a la edad de dieciséis y de momento se encontraba haciendo su último año, la carrera de sus sueños, con padres amorosos, una hermana pequeña y una grande que le sobreprotegían, un perro que le ladrara y buena situación socioeconómica, no por nada su padre era abogado, todo parecía jugar a su favor. Había ganado una beca por excelencia académica y terminado en Estados Unidos para perfeccionar su inglés aunque no gustaba mucho del país y ‘su inglés estaba muy bien, gracias’. Changmin la mayoría del tiempo no parecía coreano, al menos no para el ojo inexperto, su párpado inferior era pequeño, lo cual ayudaba a darle una nacionalidad casi indefinida, y su altura (Al menos en su natal Corea del sur) intimidaba a las personas, tenía una muy notable popularidad entre las chicas, probablemente por sus notas, y no gustaba de salir a juergas; Era míster perfecto.

Fue un día de verano, la cálida briza quemando todo a su alrededor, el termómetro marcando alto y la habitación estrangulando a esos dos dentro de ella, Changmin había entendido, mientras una chica se deslizaba hasta la altura de su entrepierna y comenzaba a escarbar, que en definitiva no le gustaban esa clase de situaciones, eran incómodas, sudorosas, francamente estresantes y la chica en si no parecía estimularle mucho “Quizás soy asexual…” fue la válida conclusión a la cual llegaba después del cuasi ‘trámite’ que había sido tal encuentro, no gustaba de perder el tiempo de tal modo; Tiempo después, mientras era un chico el que bajaba hasta su entrepierna, comprendió que quizás el problema no era precisamente su falta de ánimo.

Aquella mañana había salido por algo de comer, las calles lucían desiertas y como no, si el viento soplaba fuerte haciendo su piel entumecer, muchas tiendas permanecían cerradas por la falta de público y no lograba dar con una cafetería que no estuviese repleta de personas aguardando el clima, Changmin no gustaba de los lugares con mucha gente, les tenía pánico, la gente en cantidades industriales no era muy agradable.

Su bufanda escapó en una ráfaga casi por media cuadra y al hacer ademán de alcanzarla y recogerla le vio, una pequeña librería, sin público, acogedora y con un extraño chico rubio que pintaba vacas.

Fue casi un impulso, algo que se apoderó momentáneamente de él, acomodó la prenda e ingresó al lugar perdido en la esbelta figura y aquellas flacuchas ‘Muy flacuchas’ piernas de pollo.

Mirar de frente a Kim Jaejoong, al tiempo en que él permanece estático y sonrojado, con un mandil entre blanco y rosa (Porque erróneamente metió su camisa roja favorita en la lavadora con él) y una paleta pequeña de pintura en la mano mientras hace ‘vacas’, es un castigo y a la vez una bendición, castigo porque te hace pecar, bendición porque luego de aquello no esperas ver algo tan impresionante como esos oscuros ojos llenos de algo difícil de descifrar. Un impulso que no se puede evitar, la mano estirada hacia el otro con una sonrisa.



-Shim Changmin.


Un titubeo y un sonrojo aún más evidente.



-Kim Jaejoong.


Y ya no hay vuelta atrás.

Porque este momento ha sido ridículamente adorable y sus ojos parecen reflejar todos los colores y ninguno a la vez, es entonces que Changmin entiende porque los arco irises son asociados a su estado de latente estupidez, está enamorado ‘gay-enamorado’ y no hay nada que pueda hacer al respecto.

Podría decirse que fue una casualidad del destino el que estas dos personas se conocieran, miraran y cayesen el uno en el otro de modo tan sencillo, Changmin luego afirmaría que más bien fue el momento cúspide, una compensación de karma, por todo lo que luego debería sufrir cuesta abajo.




Comentario: Bueno, inicié este fanfic el 2008... si, el 2008, tiene mucho pero mucho tiempo, creé un par de capítulos y nunca lo seguí, ahora lo estoy retomando, espero sea de su agrado... (Extraño tanto a mis niños juntos...)

2 comentarios:

  1. Oh! my god!!!

    Primerazz!!! kekeke ^ ○ ^ Este fico me encanto empezare a leer el primer capo al rato primero tengo que recojer mis tiliches de mi cuarto sino mi omma comenzara a regañarme pero ahorita empiezo a leer

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  2. Xochiquetzal11/21/2013

    Hace mucho leí este prólogo en Amoryaoi, después de tanto tiempo creí no habría nada más de él pero dices que hay un par de capítulos más, ¿verdad?

    Ojalá algún día te acuerdes de este viejo rincón del internet y nos des el gusto de seguir leyendo esta historia ^^

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