My Guardian Angel. Cap 7

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Sunday

Un par de ojos marrones recorren la estancia.

Encuentran mucho blanco a su alrededor.

Tanto blanco que lo confunde.

Logra divisar ventanas. Sí, ventanas. Paredes albas. Hay un pitido extraño de fondo.

La visión borrosa se va disipando de a pocos. Ahora la garganta arde. Quema y tiene algo en ella que no le permite inspirar el aire con propiedad. Las manos del castaño viajan hacia sus vías respiratorias y tocan un tubo.

Ok. Es tiempo de entrar en pánico total.

“¡Está despierto! ¿Changmin? ¿ME OYES? ¿MIN? ¡Está despierto, alguien!”

“¡Iré por alguien, tranquilo!”

“¡Min!”

Las voces suenan conocidas a los oídos del humano. Pero este no puede estar del todo seguro.

Sus manos quieren luchar contra el objeto que le impide respirar. Pero unas manos le detienen.

“Todo está bien, todo está bien solo espera,” le dice la persona que está a su costado.

De su garganta escapan quejidos. Siente la necesidad de vomitar de pronto. Se siente morir.

Hay más personas en la habitación de pronto. Lo siente pero no puede ver.

“Quítenle el tubo,” otra voz suena.

El cuerpo débil del humano ya no puede identificar más. A caído presa de la confusión y el sueño de nuevo.

“Quédate conmigo Changmin. Quédate,” una voz adulta le pide

El castaño lucha por enfocarse en su voz y no entregarse a la inconsciencia que le llama cada vez más insistentemente.

- Te amo.


Escucha un susurro.

Una voz dulce que su corazón desea poder identificar. Lo desea tanto que sus ojos se agolpan de lágrimas que van cayendo copiosamente una tras otra mientras su visión vuelve del todo y puede enfocar al doctor iluminándole las pupilas mientras le golpea las mejillas para asegurarse de que ha vuelto.

Y ciertamente lo ha hecho.

Entonces ¿Por qué se siente morir?


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“¡Claro que no lo hice!” Son las palabras con las que se defiende.

La psicóloga le mira condescendientemente. No cree ninguna de sus palabras, no con todas esas pruebas en su contra. Changmin lo sabe y eso lo hace sentir impotente.

Como poder convencer a todos de que no ha intentado suicidarse si ni el mismo recuerdo la secuencia de acontecimientos que le llevaron desde acostarse en su cama al piso.

¿Qué ha sucedido exactamente en esa casa de playa?

Su sentido común le dice que lo deje ahí. Pero su alma le grita lo contrario.

La psicóloga a su vez se encuentra en una total encrucijada.

Sabe que la muerte de la madre del heredero Shim lo había hundido en un proceso depresivo intenso. De los que toman buen tiempo en terapias para controlar siquiera. Sin embargo el muchachito frente a ella parece haberlo superado milagrosamente.

Ella es católica sí.

Pero es bastante escéptica con respecto a muchas cosas.

Sus deducciones rondan en círculos mirando un par de ojos castaños que le juran decir la verdad y ya no está tan segura de lo que la lógica le dicta.

“Vamos a dejarlo aquí por hoy...descansa,” le dice.

Changmin solo se deja caer impotente sobre la camilla.

No le han dejado ver a nadie aún.

No sabe tampoco si quiere enfrentarse a alguien que piense que ha intentado quitarse la vida.

Su mirada se enfoca en la luz del fluorescente que alumbra su habitación y las manos le tiemblan. Siente sus extremidades inferiores debilitarse y el músculo cardiaco que reside en su pecho hacerse añicos ante ese esbozo de recuerdo que aflora en su mente de nuevo, ese “te amo” que le hiela los huesos.

“¿Quién eres?” el humano se pregunta desesperado

Pero no obtiene otra respuesta más que silencio.


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“Changmin,” la voz de su mejor amigo le llama.

El castaño le sonríe culpable. Puede ver claramente el rastro de lágrimas y ojeras bajo los párpados de Junsu y desea abrazarlo, darle algún tipo de consuelo.

Pero toda idea desaparece cuando las palmas de su pacífico amigo se estampan contra su mejilla derecha.

Yoochun entra en escena a pasos rápidos sujeta al rubio por la espalda aunque sus ojos también observen al debilitado castaño con rabia.

“¿Cómo pudiste?” pregunta Junsu con el alma rota

Intentando liberarse del agarre de su novio. Y ejercer aquello que su rabia le pide hacer. Siente tantas cosas a la vez. Que ya no sabe si seguir gritando o simplemente echarse a llorar. Changmin se siente de pronto un adefesio.

Por no ser capaz de recordar absolutamente nada.

Ni cómo su cabeza se abrió producto de un fuerte golpe en el piso.

Ni cómo estuvo a punto de morir desangrado sobre la alfombra.

Ni como sus mejores amigos por esos designios de la vida decidieron darle una visita sorpresa y lo encontraron inconsciente.

Simplemente no puede.

Lo que si puede hacer es jurar...que no fue a propósito.

Se conoce lo suficiente para saber que esa no sería una alternativa que tomaría...jamás.

“Pero es que yo no...Yo...lo siento,” las palabras salen de sus labios y es el fin.

Junsu cae de rodillas y las lágrimas se desbordan finalmente de los ojos de ese Yoochun que trata de ponerlo en pie de nuevo.

“Lo siento,” vuelve a suplicar con la voz quebrada

Y ahora tiene dos pares de brazos aferrados a cada lado de su cuerpo además de sus alientos entrecortados por los sollozos.

“No...Vuelvas jamás,” trata de decir Junsu pero no puede terminar de formular la oración, simplemente no puede pronunciar la última palabra.

“Nunca,” le cerciora el castaño.


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Es su segunda semana, hospitalizado.

El golpe en la cabeza no ha sido cosa de broma.

Y ciertamente Changmin se pregunta si está alucinando cuando ve a cierto hombre entrar en su habitación de hospital. Con tantas arrugas en el rostro y tanta soledad en los ojos.

“Changmin,” lo llama con lágrimas en los ojos, “déjame abrazarte por favor.”

Changmin no sabe cómo.

No entiende cómo pero sus brazos se abren para recibir ese abrazo.

Su padre lo acuna entre sus brazos como hace mucho tiempo atrás alguna vez hizo y su aroma varonil, paternal y protector le abriga el alma. Lo ha perdonado.

Al fin lo ha perdonado.

Sin necesidad de más palabras, lágrimas o dolor.

Aunque una parte de su consciente muy en lo profundo sabe que no ha sido algo inmediato. Que algo extraño y místico ha de haber pasado.

El problema es que...

No tiene idea del qué.

Pero va a averiguarlo.

Tiene que.

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Casi un mes en el hospital y al fin ha recibido el alta.

Junsu y Yoochun se la viven en su departamento. Y bueno, a quien quiere engañar...le encanta.

Son las perfectas mucamas.

Basta con un pequeño llamado para tener un pelinegro y rubio ofreciéndole cuanto desea. Y vale, es muy consciente de que esas cosas no se hacen pero ¡hey! tiene una venda en toda la cabeza. Y aun debe tomar analgésicos por el dolor.

Sea como haya sido la forma en que su cabeza golpeó el piso...le hizo un hueco en el cráneo.

Así que va a aprovechar la etapa del “pobrecito” cuanto pueda.

Las citas con la psicóloga han cesado después de haber jurado y rejurado que no tenía intención de hacerse daño. Y de haber “recordado” que se levantó por la noche a ir al baño y en un giro inesperado de sucesos había tropezado y acabado en el piso.

Si claro...

Aunque ha luchado por hacerse un espacio en su agenda e ir a visitar la casa de playa no ha podido. Sus familiares han venido a verle en el transcurso de las semanas y no puede irse.

Esa tarde su padre vendría para visitar el panteón de su difunta madre. Y a decir verdades no estaba tan asustado como creyó debería.

Las fotos de su madre en su habitación ya no eran como fantasmas...atormentándolo.

Sino bonitos recuerdos de la persona amable que fue en vida.

Aun no comprendía el cómo.

Pero cada vez que se ponía a indagar en ello un extraño pesar le acongojaba el alma. Así que había decidido dejarlo en paz...al menos por ahora.

Ya iría a visitar la casa de playa en busca de esos grandes huecos de los que deseaba tener explicación.


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Su padre toca el timbre.

Changmin le sonríe.

Ambos van vestidos de negro.

El camino hacia el cementerio no es tan largo.

Han venido conversando de muchas cosas triviales. Changmin intenta que los silencios no sean extraños, gracias a Dios no tiene que poner tanto esfuerzo. Tienen tantas cosas de las que hablar que en general los espacios vacíos han sido nulos.

El chofer les avisa que han llegado a su destino.

El castaño no se pierde del ligero temblor que recorre el cuerpo de su padre. Y coloca su mano en apoyo sobre su hombro. Unos ojos castaños parecidos a los suyos le miran y sonríen nostálgicamente.

Changmin entiende perfectamente lo que pasa por la cabeza de aquel hombre.

Él ha venido con la misma congoja por meses.

“Lo siento,” le susurra antes de abrazar al menor tan fuerte que el aludido siente sus huevos crujir

Pero Shim menor no se queja.

Completa el abrazo como puede. Y jura poder oír a su madre reír entre sus recuerdos.

Las lágrimas de su padre le empapan la espalda.

“Está bien...sé que ella te ha perdonado y yo...al fin lo he hecho papá.”


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Changmin se ha incorporado al trabajo mucho más temprano de lo que nadie esperaba.

Junsu aún no está muy de acuerdo con toda la idea. Pero Yoochun le ha convencido de que el mencionado necesita hacer algo o sino terminará estresado de tanto mimo.

Y tiene razón.

Su anterior vida ha vuelto de a pocos.

Los horarios de oficina.

El auto.

Con un par de diferencias, claro, ha vuelto a casa.

Comparte la cena y desayuno con su padre cada día.

Y por supuesto ha devuelto las sonrisas a su nana.

Pero hay algo que falta.

Hay un algo que le hace mucha falta pero de lo cual no ha consultado con nadie porque sabe que ya ha causado suficientes problemas.

Algo que no tiene que ser genio para saber se vincula con ese lugar en el que ha pasado una semana en aislamiento total.

Afortunadamente tiene ese fin de semana libre y bajo mentiras blancas ha logrado convencer a su padre de que solo irá por un par de cosas que ha olvidado. Su padre no ha quedado muy tranquilo a sabiendas que ese fue el lugar en el que casi ha perdido la vida y ha intentado convencer a su hijo de ir con Junsu y Yoochun.

Pero afortunadamente, también, ellos no tienen libre ese fin de semana. Y aunque es consciente de que si lo pide sus amigos estarían más que contentos de pedir una licencia...no quiere causarles molestias mayores.

Además que de alguna forma piensa que debe volver solo.

Y así lo hace.

Muy temprano en la mañana.

Se lleva la botana que su nana le ha preparado para el camino, se despide de ella y enciende el coche en busca de respuestas.

Su corazón late emocionado, ansioso y extasiado ni bien sus pies pisan el acelerador.

“Aquí voy,” se dice, “aquí voy...Jaejoong”


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