Un Casual Matrimonio - Parte 1

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Despertó con un fuerte dolor de cabeza, la luz de los rayos solares entraban por la ventana, mientras pensó entre sueños “nunca más vuelvo a beber” y tras un segundo el mismo termino riéndose de la estupidez que pensaba, ¿dejar de beber? Dios santo, si él se llevaba el titulo a mejor bebedor y mujeriego de todo Corea, Kim Jaejoong tenía una de esas vidas donde el chico millonario no dejaba pasar una noche sin ir a los bares y clubs nocturnos a pasar “diversión”, pero el desenlace siempre era el mismo, terminaba tendido en su cama junto a quien sabe que persona, esa ya era su rutina de vida, durante el día era el hijo de papa que iba a heredar una empresa, y durante las noches era el seductor más deseado de todo Corea, solo conocido por su fama De “Casanova”, pero todo esto cambiaria por un breve accidente, que pasaría si por una noche de copas no puedes evitar dar un vuelco a tu vida tan solo por una falta de conciencia? Pues….eso era lo que Jaejoong nunca pensó y estas eran las consecuencias….

Quiso levantarse de la cama, pero sintió un peso extra sobre él, inmediatamente le vino a la cabeza “y ahora quien será???” dio media vuelta y delante él un hermoso joven castaño dormía plácidamente, al parecer era menor que él, se zafó de la mano que este tenía sobre él y se levanto de la cama, cuando estaba por irse a duchar una idea perversa y una sonrisa maliciosa *pero hermosa*se formo en su rostro: “¿y cómo será? Así que se acerco sigilosamente y empezó a sacar la única sabana para observar que tan buena era su nueva conquista mientras pensaba en lo genial que la había pasado con el jovencito aunque el no recordara nada por culpa de los efectos del alcohol, Se relamió los labios cuando observó ese esbelto cuerpo desnudo que descansaba ante su mirada, con la piel suave y sin ninguna imperfección, un ombligo perfecto en ese pecho liso y una muy buena y formada musculatura; Sin embargo, lo que más le impresiono fueron ese par de piernas y, por qué no, lo que se encuentra en medio de ellas. Después de darle el visto bueno a su hermosa conquista, decidió que ya era hora de irse a trabajar, así que nuevamente tapo al jovencito y se dirigió a la ducha.

Escucho un poco de ruido afuera y supuso que su compañía estaba por marcharse, suplicando interiormente que dejara su número telefónico en algún lugar para que algún día tuvieran una nueva “fiesta”. Terminó de enjuagarse y comenzó a secarse el cabello, mientras su mente pensaba en los planes para la noche por qué realmente su rutina diurna era aburrida:

* Salía del trabajo (era dueño de toda una empresa que su padre le había heredado, así que no hacía la gran cosa en el trabajo, solo mandar a personas, firmar papeles y seducir a sus empleados).

* Regresaba a su casa, se daba una larga ducha, y se ponía el atuendo más sensual que tuviera (claro, siempre a la moda y siempre vistiendo lo más caro y exclusivo, en realidad su armario era aun mas grande q cualquier departamento de una persona normal, siempre compraba ropa que después no usaría).

* Iba a los mejores bares de la ciudad, estaba un rato ahí, bailaba, tomaba y fumaba sin control

* Al día siguiente siempre despertaba al lado de bellos jóvenes o lindas chicas, con los cuales tenía diversión espectacular, que muchas veces no recordaba.

Sus encuentros siempre terminaban con un “adiós”; de vez en cuando una persona ingenua le dejaba algún recadito con su nombre y su número de teléfono. Todos los guardaba, pero pocos tenían el privilegio de volver a tener a Jaejoong con ellos, ese privilegio solo era para los especiales, como aquel chico que, suponía, estaba por marcharse, así que, cuando salió de la ducha completamente vestido le sorprendió mucho ver a ese castaño cocinando en su amada cocina. Sí, su concina era una de las pocas cosas que más amaba Kim Jaejoong…

-¡Oye! no es necesario que hagas eso. A decir verdad me molesta que usen mi cocina…— Intentó no ser grosero, pero no pudo esconder ese tonito molesto. Era temprano y no tenía ganas de explicarle a un chiquillo que lo de ayer nunca se repetiría, o tal vez sí pero era solo sexo…“Eso me gano por ser todo un seductor”.

-Cariño, pero ¿Cómo dices eso? Yo tengo que atender a mi esposito…— dijo el joven con voz bastante melosa, mientras acariciaba el rostro de Jae que lo miraba impactado. ¿Cómo era posible que por solo una noche lo estuviera ya llamando esposito? No, eso sí que no!!!!!!

-¿Esposito? Oye niño no te confundas, digo…fue increíble… pero esto se queda hasta aquí ¿okey?...— dijo con un tono de amabilidad fingida mientras retrocedía un poco.

- ¡Hay que lindo eres yeobo! Me encanta que seas así de bromista— respondió el joven mientras le llenaba la cara de besos, a lo que Jaejoong solo respondió con un empujón, porque sinceramente ya le estaba asustando lo pegajoso que era ese chico, sería un acosador o algo por el estilo????

-¡Deja de decirme así!!!!!!! Por favor te pido que te vayas de MI casa…

-Awww yeobo, pero esta también es mi casa— El joven hizo un puchero muy cute, haciendo que Jaejoong se figara en esos curiosos labios. Se veian tan…tan…tan…comestibles????!!!!!

-Mira, quería ser amable pero ya terminaste con mi paciencia; lo de ayer fue solo diversión de una noche, sé que soy extraordinario pero, no te ilusiones ¡Deja ya tus niñerías!…— Elevó la voz enojado mientras se dirigía hacia la sala. Escuchó un leve sollozo a sus espaldas y se paralizó “no puede ser está llorando, lo que me faltaba, ashhh!!!”

-Entonces solo fue sexo para ti ¿no?— preguntó el castaño con la voz quebrada y los ojos atestados de lágrimas— Así que explícame esto por favor…- dijo mientras le lanzaba un papel, el cual Jae recogió del piso…

Y como si estuviera leyendo su sentencia de muerte, su rostro se puso pálido *mas blanco de lo que aun es…si eso se puede* sus labios se tensaron y sintió como le costaba respirar. Fue como si su alma se le hubiese salido cuando leyó aquel papel, y mientras mas lo leía y releía, no le cabía en la cabeza lo que sucedía….como podía ser eso posible????

Acta de matrimonio…





Kim Jaejoong y Shim Changmin… son ante la ley… esposos….

Acta de matrimonio…

Kim Jaejoong y Shim Changmin… son ante la ley… esposos….

Acta de matrimonio…

Kim Jaejoong y Shim Changmin… son ante la ley… esposos….






¡¿QUIEN MIERDA ERA SHIM CHANGMIN?!





-No, ¡no puede ser! ¿Esto es una broma, verdad? Anda Chunnie sal de ahí…— dijo mientras sonreía, intentando creer q lo que leía era un maldita broma que le estaba jugando su soulmate — ¡Que buen bromista eres!—comenzó a decir Jae, casi ya parecía un loco hablando solo, mientras Changmin lo observaba recorriendo todos los lugares de su departamento como un verdadero maniático buscando a un inexistente amigo que supuestamente era el responsable de la broma- Estoy soñando…- mientras se pellizcaba un brazo…— ¡auchhh!

-Claro… y yo soy un sueño, creado por el hada de los sueños…- Por fin susurró changmin con sarcasmo *solo como el sabe hacerlo* mientras se apoyaba en la puerta de la cocina, sosteniendo el cuchillo con el que había estado preparando el desayuno.

-¡Tú!…— gritó Jaejoong completamente histérico, apuntando con su dedo al menor, con su mirada llena de rabia mientras se acercaba peligrosamente a él. — ¡Tú me drogaste, me hiciste firmar a la fuerza! ¡Me obligaste!!!!

-Primero me llamas sueño, luego me dices idiota y ahora ¿soy un narcotraficante?—preguntó el más alto entrecerrando los ojos— Si tú me rogaste para que me casara contigo, hasta te arrodillaste y casi besas mis pies, debí dejar que lo hicieras!!!.

-¡Ja! Yo, Kim Jaejoong arrodillado ante alguien!!! Por favor no me hagas reir, ni en tus sueños!!!— respondió totalmente enojado

- Si no me crees, puedes hablarle a tu amigo sr. COQUETEO, que tiene los cachetes muy apretables, él fue quien consiguió al juez, fue tu padrino y saco miles de fotos de ese momento.

-¿chunnie?....park yoochun????!!!

-Sí, ese mismo…aunque se me hace mas fácil decirle sr. COQUETEO ^.^

Jae se sentó en el sillón mientras changmin se metía en la cocina a seguir con su labor de cocinero; el gran “seductor” sintió que el mundo caía sobre él. Si, esta pesadilla era cierta, y lo primero q le vino a la mente fue: “Nunca en mi puta vida volveré a beber ¡Nunca!” mientras se jalaba los pelos en un intento idiota de calmarse. Después de unos minutos de pensar las cosas, encontró una “razonable” forma de arreglar las cosas.

-¡hey, Tú! ¿Puedes venir un momento a la sala? por favor— pidió con fingida amabilidad, intentando serenarse

-¿Qué es lo que quieres?—Cuestionó Minnie mientras salía de la cocina con un cuchillo en la mano, se sentó en el sillón, a lado de su “esposo”.

- Bueno intentaré ser sincero… eres muy hermoso, pero creo que es muy rápido. Digo…ni si quiera nos conocemos….y no creo que quieras seguir casado conmigo…— comenzó con el discurso que había preparado, pero inmediatamente notó como la mirada de Minnie se ponía brillosa.

-¿Qué quieres? ¿Qué nos divorciemos?— preguntó con la voz algo quebrada, mientras cruzaba los brazos y miraba a dirección contraria

-Pues…yo…..sí.

-¡Jajajajajaja! Y luego ¿Qué?—contesto con amargura, mientras algunas lágrimas caían de sus ojos— ¿Tengo que decirles a mis amigos y familia, que solo fui tu maldita aventura de una noche, un error causado por el alcohol????

-No lo tomes asi…piensa que es lo mejor…nosotros no podemos seguir casados - porque eso significaría el fin de todas sus noches de diversión

-A si! Pues no es cómo crees! Yo noy ninguna de esas perr…personas con las que has estado me oyes???... y si quieres el divorcio…pues…-se lanzo sobre el aun con el cuchillo en las manos-eso vas a tener!!!-y acerco peligrosamente el cuchillo hacia el rostro de Jae y lo clavo en el respaldo del sillón *muy cerca de su rostro* con mucha fuerza y empezó a rasgar el sillón

-Q…que…haces???-realmente asustado….ese chico parecía un psicópata!!!

-Pues yo…solo tomo lo que es mio!!!!!-y siguió rasgando el sillón

-N..no… hagas eso!!! Acaso estás enfermo!!!!!!-en su rostro se podía divisar todo el terror que tenia Jae

-Pues no, no estoy enfermo….-y bajo de encima de Jae para dirigirse corriendo hacia la habitación- solo…un poco despechado- jae aun no reaccionaba de su trance y cuando por fin lo hizo fue por los crujidos de cosas rompiéndose desde dentro de su habitación y como pudo llego corriendo para evitar q sus cosas siguieran siendo rotas por ese loco q ni siquiera recordaba cómo se llamaba: chagmin….chanmin…yah!!!! no lo sabia!!!!, cuando ingreso a su habitación, casi le da un paro respiratorio en pleno departamento por lo q ante sus ojos pasaba, aquel chico empezaba a romper sus costosos cuadros….esto no estaba sucediendo!!!

-Pero q diablos!!!!...cual es tu problema maldito loco!!!!!-mientras se acercaba a el y forcejeaba para quitarle uno de sus cuadros favoritos *y costosos a la ves*

-Ya te lo dije, yo solo tomo lo que es mio!!!- soltó el cuadro y se dirigió directo al closet de donde empezó a sacar ropa notoriamente fina y cara y empezó a rasgarla-literalmente todo lo que es tuyo, también es mío!!!!!

-Noooooo!!!!!!-Jae no pudo evitar q su notorio grito sonara desesperado al ver como Changmin empezaba a destruirle la ropa, justamente cuando este había agarrado la camisa favorita de Jae *esa con la cual el se veía mucho mas seductor y sexy!!!^.^!* y estaba a punto de rasgarla como a las demás- hare lo que me pidas, pero por favor, deja esa camisa en el suelo y no le hagas nada…por favor!!!

-lo que yo quiera???-mientras dejaba caer la camisa sin ningún daño alguno-bueno bueno-pensaba con su dedo en la barbilla- al igual q tu yo también quiero acabar con esta farsa, así que…estaremos casados por 3 meses y luego nos divorciaremos, y yo diré que nos separamos porque tu no eras lo suficientemente bueno para mi y tu no reclamaras nada ok??????

-Ok…ok…-Jae se encontraba realmente frustrado ante la situación, pero era lo único que le quedaba, además,….solo serian 3 meses, 3 PINCHES MESES!!!!!!!!

Salió de su departamento *que por el momento también era el de su esposito* rumbo a su trabajo, pensando en mil y un formas de torturar al conejo cachetón que dejo que hiciera esa burrada *obviamente me refiero a chunnie*, apenas llego a su oficina hizo llamar al gerente….

-¡¿Cómo fuiste capaz de dejarme hacer semejante estupidez?!— decía un alterado Jae a su gran amigo Yoochun, quién lo miraba con miedo y con burla a la vez.

-Jae…porfavor, conversemos esto con tranqilidad, o quieres q todas los empleados se enteren q tu te…-y fue interrumpido

-yah!!!! Esta bien, vayamos a otra parte…¿qué te parece el nuevo restaurante?- y chunnie no tuvo objeción, ambos se fueron al restaurante y Yoochun se encargo de que se sentaran en un lugar iluminado y con mucha gente para asegurarse de que no moriría siendo ahorcado por su soulmate en ningún momento…o al menos eso pensaba el.

-Jae, pero tú me lo imploraste…— el mayor lo miro con una mirada asesina— Sabía de sobra que esto pasaría así que te grabe con mi celular— dijo chunnie de manera triunfal, mientras sacaba su celular, apretó un par de teclas y le dio el teléfono a su amigo.

“Shaa te dije que el esh el amorrrs de mi vidaaa… trae el malditosshh ash como she shama?...ashi juesh pada que nossh cashee” se escuchaba una voz de un Jaejoong totalmente ebrio.

“Pero Jae-hyung … ¿estás seguro?...que tal y mañana te arrepientes y se te ocurre la gran idea de hacer Chunnie a la leña?..” se escuchaba la voz de Yoochun, un tanto asustado intentando hacer entrar a su soulmate en razón…

“O me traish al jueshh o te deshpido… y quemo tushh armario”…

“¡Juez! ¡Necesitamos un juez! ”…

-¿Me crees ahora?—preguntó mientras guardaba en su bolso su celular.

-Yo… ¿y las fotos?

-Aquí están…— respondió mientras le entregaba un sobre, el cual rápidamente abrió.

Comenzó a verlas: en una Jae estaba sentado a horcajadas encima de él “pero que piernas”… pensó, pero inmediatamente saco esa idea de su cabeza. Había otras, de ellos bebiendo, besándose, toqueteándose sin ningún miedo, unas en donde se encontraban en la barra tomados de la mano y frente a ellos un señor un tanto viejo, que debía de ser el juez. Y la que más le aterro fue una donde aparecían firmando la dichosa acta; una más que le dio justo en el orgullo, Jae arrodillado tomando la suave mano de Minnie. Con coraje tomó las fotos y comenzó a romperlas y arrugarlas en forma de bolita… no podía ser posible… en verdad estaba casado.

-Ya las tengo en la computadora, por si después las quieres…

- ¡Cállate idiota! Ahora si voy a hacer chunnie a leña!!!-se paro y chunnie aterrado salio corriendo.

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Eran más de las tres de la mañana, estaba muriendo de sueño e irónicamente se encontraba recostado en la cama. Para que mentir, lo había estado esperando toda la noche pero ni si quiera una señal del cuerpo de su ahora esposo había. Se escuchó un fuerte ruido en la calle, como si un claxon lo dejaran apretado durante mucho rato, “viene ebrio” pensó y rápidamente se paró de la cama. Sabía que esto pasaría y ya tenía todo preparado, corrió hacia la puerta y cuando la abrieron apareció su esposo colgado del cuello de un hermoso moreno, bastante alto y la sensualidad salía de cada uno de sus poros.

El de labios raros se cruzó de brazos, viendo la nada agradable escena que tenía enfrente de él. Con sus hermosos ojos marrones fulmino a los otros dos, que parecía no se habían percatado de su presencia. De pronto, aquellos ojos cafes del desconocido se posaron en su persona, sintió como lo recorría con la mirada y al mismo tiempo parecía comérselo con ella. Sus mejillas se enrojecieron, pero no cambio su actitud molesta.

-Gatito, veo que eres juguetón, has invitado a alguien para jugar con nosotros…— decía aquel chico, mientras le mordía el lóbulo de la oreja al más pequeño, el cual soltó un gemido para después atrapar los labios del más alto en un beso algo raro, pues se encontraba bajo los efectos del alcohol y apenas podía sostenerse.

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Frio…eso fue lo que sintió, mientras gotitas escurrían por sus cabellos, mojándole la cara; la ropa la tenía pegada al cuerpo, provocándole un leve escalofrió. Minnie los observaba con una sonrisa burlona y los ojos entrecerrados, sosteniendo triunfal el balde con el cual les había aventado agua, empapándolos por completo.

-¿Qué diablos te pasa?— gritó con odio mientras que intentaba limpiarse las gotas de agua con la manga de su camisa.

-¿Qué te pasa bonito? ¿Quieres jugar a las camisetas mojadas?— preguntó el moreno con voz cargada de lujuria, mirándole descarado con sus ojos cafes.

-No gracias. Tú puedes divertirte a gusto con mi esposo— exclamó con desprecio mientras se daba la vuelta.

-¿Esposo?— El moreno enarcó una ceja, totalmente extrañado; y la sonrisa que adornaba su rostro se fue borrando poco a poco.

-¿Ah?... ¿no te lo dijo?... él ya es un hombre CASADO. Con su permiso…—respondió, para después irse a la habitación y encerrarse en ella.

-Yunho yo…— Masculló el más pequeño.

- Olvídalo gatito, ya será para la próxima…— dijo mientras cerraba la puerta, Jaejoong suspiro con frustración “como se le ocurre a este echarme a perder mi noche”… pensó mientras, se dirigía a su habitación furioso.

A Yunho lo conocía desde hace un par de meses, se habían vuelto amigos además de buenos compañeros de cama. Usualmente Jae no era el pasivo, pero…digamos que el moreno tenía un muy buen producto que ofrecerle.

Abrió la puerta de su habitación y el aire se le fue, el castaño estaba acostado en su cama boca abajo, las sabanas solo tapaban su trasero, dejando ver su fina espalda y sus deliciosas piernas; se sintió mareado de tan solo ver, y quizá también por causa del alcohol, y poco a poco comenzó a deshacerse de sus ropas.

Se acercó a la cama y se subió a gatas a ella, empezó a acariciar sus piernas, repartiendo besos en ellas… subió lentamente, llego hasta la parte que estaba cubierta con las sábanas, las cuales quitó lentamente…“no tiene Bóxer, así es mejor y mas facil…” pensó sonriendo mientras sus manos recorrían ansiosas y de forma suave esas zonas, hasta llegar a su bien formado trasero, lo acarició, y después llevó una mano a su boca y comenzó a lamer sus propios dedos; volvió a acariciar esas piernas para llevar uno de sus dedos húmedos hasta la entrada del otro, metiéndolo bruscamente.

-¿Qué crees que haces? — gritó un enojado castaño, mientras se levantaba de la cama y se cubría con las cobijas.

-¿Tú que crees?... solo estoy disfrutando de mi vida de casado— respondió el pequeño lujuriosamente, mientras se relamía los labios. — te haré disfrutar de lo lindo ESPOSITA…— afirmó mientras se acercaba al castaño, al cual aprisionó contra la pared para después comenzar a besar su pecho bruscamente.

- ¡Aléjate de mí!— Bramó el menor mientras le daba un empujón para apartarlo. Pero esto no funcionó, ya que Jaejoong con un movimiento hábil lanzó al más alto a la cama, subiéndose a horcajadas en su pelvis para después moverse comprometedoramente— ¡No me toques, animal!

- Yo sé que te… ¡Ahhh!—Jae calló inconsciente sobre el cuerpo de Changmin, el cual como pudo salió de ese peso aplastante.

- ¡Dios, lo maté!— Pegó un gritito dando saltitos y cubriéndose la boca con la mano. — ¡Soy viudo!

Asustado acomodó al pelinegro en la cama, recogió los pedazos del florero con el que golpeo al pequeño, y después se fue a dormir a la sala, para que no se le encontrara culpable de nada.

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- Buenos días.

- Bu…buenos días…— respondió nerviosamente, mientras fingía que su atención estaba totalmente en el desayuno que estaba comiendo.

- ¿No tienes un analgésico?... ayer me peleé con un tipo de dos metros, y me dio un buen trancazo en la cabeza...— al escuchar esto, el más alto casi se ahoga con la comida, alzo la vista y vio a Jae con una gruesa capa de maquillaje, que no lograba disimular del todo bien, el moretón que tenía en la frente.

- Sí, si tengo. Ahorita te lo doy…— dijo mientras se ponía de pie para ir a buscar una pastilla a la habitación. Entró y comenzó a buscar en los cajones, en el último encontró el famoso botiquín.

- ¿pingüi? ¿Ahora así se llaman? Se ven apetecibles….- Susurró sensualmente el mayor, que estaba apoyado en el marco de la puerta, haciendo referencia a al pequeño short azul que llevaba su “esposa”, que tenía en la parte trasera la inscripción “pingüi”.



- Maldito pervertido…- exclamó Changmin mientras le lanzaba la caja de pastillas. — Pero no esperaba menos de ti, alguien con tan…corto intelecto…—se burló saliendo de la habitación. Y se sento nuevamente en la mesa, seguido de su lindo y adorable esposo.

- ¡Ja! ¡Ja! Qué gracioso… claro que sé que pingüi es un pingüinito animado, lo que no entiendo es que hace esa palabra, en tu adorable trasero.

- A diferencia de ti, yo si tengo un trabajo de verdad, no solo juego con el dinero de papi…

- ¿Así? ¿Y que haces?...—preguntó con desinterés para después llevarse una manzana a la boca y darle una jugosa mordida.

-Trabajo en un acuario, soy biólogo… y estamos haciendo campañas para recaudar fondos y proteger a los pingüinos…— dijo con orgullo, mientras untaba un pan con mermelada.

- Pues con ese BUEN mensaje puesto donde esta… yo creo que lo conseguirás pronto…—dijo con lascivia, mientras se ponía de pie— y para tu información mi trabajo también es de verdad…así que ya me voy.

- ¡ Pervertido!— gritó minnie, mientras la puerta se cerraba.

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“Tal vez no sea tan mala idea estar casado con él por algún tiempo, la verdad es que tiene un cuerpo de infarto. Nos vamos a divertir mucho changminnie”… pensaba el pelinegro, mientras se dirigía a su trabajo.

Dejo su carro en el gran estacionamiento, se bajó tranquilamente, mientras algunos de sus empleados lo saludaban; una que otra secretaria le miraba lujuriosamente al tiempo que le modelaban, sin discreción alguna, las faldas cortas que llevaban puestas para llamar su atención. Era increíble como ese hombre era capaz de elevar la temperatura corporal de casi toda la población humana con tan solo respirar.

Dio unas cuantas órdenes, y después se dirigió a su despacho, abrió la puerta y encontró al moreno de anoche, sentado en su escritorio, y para su sorpresa también a su padre.

— Hola Gatito…- dijo el hombre con voz cargada de lujuria, mientras se relamía los labios discretamente.

— Veo que ya se conocen “gatito” —dijo su padre— pero creo que no se conocieron de manera apropiada. Jae él es el inspector de calidad, viene a hacer el chequeo anual de las instalaciones, así que tú te encargaras de enseñarle todo lo que deba saber, claro respecto al trabajo.— Ordenó su padre con reproche, mientras se pone de pie. — No quiero incidentes, y deja ya de meterte con empleados, me tienen hartas las riñas laborales…— Susurró en su oído.

— Sí, padre…— respondió el mayor, al tiempo que agachaba la mirada.

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Estaba demasiado cansado, la campaña de conservación a la especie estuvo realmente agotadora, además de que unos peces presentaron anomalías y tuvo que revisarlos para ver sus síntomas y poder diagnosticarlos apropiadamente. Así que después de su ardua jornada de trabajo, se metió a bañar en unos de los baños del acuario que se utilizaban después de bucear en las peceras gigantes.

Después de que se terminó de bañar, cambió sus ropas poniéndose un pantalón negro, una polera blanca y una chamarra del mismo color que el pantalón, se acomodó el cabello, y se dirigió hacia su, por ahora, hogar.

Estaba a escasas cuadras de su casa… “maldición, olvidé comprar los víveres. Estoy seguro que ese enano no tiene nada que no sea alcohol metido en la cocina”…pensó mientras daba vuelta al volante y se zigzagueaba por algunas calles, hasta llegar a un supermercado.

Estaba en área de verduras, tomando un paquete de hermosas fresas rojas, cuando sintió que alguien le cubría los ojos. Sintió ese suave tacto, y pequeñas descargas eléctricas le recorrieron el cuerpo. No necesitaba ser un genio para saber de quién se trataba…

—Su-ah~, no esperaba verte por aquí… - dijo mientras, se quitaba ese par de manos de sus ojos e intentaba disimular y asimilar el volcán de emociones que lo habían invadido tan de repente. — No sabía que habías vuelto.

— Lo sé, hace apenas unos días que regresé de Australia, es una pena que no pudieras venir…— exclamó el joven pelinegro mientras le sonreía con un deje de nostalgia, lo cuál fue percibido por Minnie logrando que bajara la mirada.

— Sí, fue una lastima…

— Pero no te pongas triste…— Susurró acariciando su mejillas. — dentro de unos meses habrá trabajo en parís, aun no se bien los datos, ¿Por qué no te animas a venir?

— Yo… no lo sé…—respondió, mientras unas ganas terribles de llorar lo embargaban. Aún dolia.

— Minnie sigues igual que siempre— afirmó Junsu, revolviéndole los cabellos— tienes que crecer como biólogo, no te quedes ahí.

— Lo pensaré…

— Eso me parece una buena idea…— EL tonó de un celular se hiso presente, el mayor revisó su teléfono y exclamó: — me tengo que ir… luego te llamo…

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Llegó de trabajar, se sacó los zapatos, dejó sus cosas en el sillón, dio una vista rápida al departamento dándose cuenta de que no había rastro alguno de su “esposa”, así que se dirigió a la recamara con intenciones de darse una ducha, pero cuando entro, escuchó el golpeteo de agua contra la loza del baño, descubriendo que en realidad su “amor” si se encontraba ahí.

Estuvo a punto de darse la vuelta, pero notó que la puerta del baño estaba entreabierta, dejando ver parte de un espejo… que para su sorpresa y buena suerte, o quizás no tan buena, reflejaba la hermosa espalda y parte el trasero de Changmin que se encontraba enjabonándose, al tiempo que echaba la cabeza hacia atrás… por lo relajante de ese movimiento.

El castaño abrió la llave de la regadera una vez más… Jae estaba bastante contento con esa imagen... El baño lleno de vapor mientras el agua resbalaba por esa piel, al tiempo que enjuagaba la espuma blanca que había en ella, mientras Minnie mantenía sus ojos cerrados, y se acariciaba la piel… una parte en especial comenzaba a dolerle… tenia tantas ganas de entrar ahí, moría de ganas por convertirse en esas gotas de agua que resbalaban por la sexy piel del castaño... queria…queria…

Levantó la cara, mirando directamente al espejo, encontrándose con una figura de ojos marrones que lo observaban atentamente, sonrió de lado aun con las gotas de agua escurriendo por su suave piel. Salió de la ducha y comenzó a caminar lentamente, moviendo sus caderas en un compás agradable, completamente desnudo. Se acercó a la puerta, encontrando al más pequeño completamente sonrojado y mirándolo con lujuria, posó su rostro mojado en su hombro, sacó su lengua y con ella lamio su cuello… acercó más y más su desnuda figura al cuerpo de Jaejoong…

-¡QUE MIERDA TE PASA!...— grito mientras se retorcía de dolor, curveaba un poco la espalda y acariciaba su hombría por sobre la ropa, todo esto debido al fuerte rodillazo que recibió en ese lugar.

-Eso te ganas por ser un pervertido… — Dijo sonriendo de manera inocente al tiempo que se dirigía nuevamente al baño.

- ¡Desgraciado!...— Gritó antes de sentarse en la cama sin dejar de acariciarse.

- No te preocupes… pasara, y si no… — Volteó a verlo con una sonrisa malévola. — No se habrá perdido nada bueno.

Changmin cerró la puerta aun con esa sonrisa, comenzó vestirse y después se dispuso a secar su cabello. Se puso un pantalón suelto color blanco y dejó al descubierto su torso bronceado y algo marcado. Cuando salió se encontró con Jaejoong acostado en la cama viendo el televisor. Extendió la toalla que traía en su cabello, sobre una silla para que se secara. El pelinegro observaba de reojo cada movimiento del castaño. “Que trasero…” Lo odiaba. ¿Por qué tenía que pasearse por la casa con tan poca ropa? Era inhumano.

Minnie, se acercó a la cama y levantó las cobijas del lado derecho. El otro lo miro incrédulo, incapaz de decir algo. El castaño se acostó en la cama, sacó sus lentes del cajón que tenía al lado y se puso a leer un libro que tomó del mismo sitio. A saber cuándo fue que sus cosas ahora invadían sus muebles.

- ¿Se puede saber qué es lo que haces?

- En mi mundo a lo que estoy haciendo se le llama LEER…— Dijo con sarcasmo y sin despegar los ojos de su libro.

- No me refiero a eso… ¿Qué haces en mí…cama?

- Descanso, tuve un día muy agotado. Además de trabajar me vi obligado a surtir la lista de alimentos, al parecer te alimentas de aire. —El mayor lo miró con odio, y enarcó una ceja.

- Y quisiera saber quién te dio permiso de echarte en MI cama…

Changmin suspiro molesto, cerró el libro de golpe y lo dejó sobre la mesa de noche. Después, posó sus hermosos ojos marrones en el mayor.

-Mira Jaejoong… sabía que eras idiota, pero no tenía idea de cuánto. — El pelinegro abrió y cerró la boca, sintiéndose completamente ofendido y lo peor de todo ¡En su propia casa! ¡En su cama! — Te lo explicaré con manzanas… estamos casados, soy tu esposo… y tenemos un acuerdo.

-¡Es solo un maldito papel! No tenemos que actuar como si fuéramos una estúpida pareja de recién casados.

El castaño lo miró detenidamente. Muy a su pesar, y aunque le jodiera aceptarlo, Jaejoong tenía razón, no tenían por qué actuar como una pareja amorosa, si solo los unía un papel. Pero él era Shim Changmin y no pasaría 2 meses durmiendo en el sofá. Dejó salir un suspiro de sus labios, se levantó de la cama y lo miro con desprecio.

-Tienes razón Jaejoong...— Dijo antes de salir.

El pequeño suspiro, él no estaba hecho para estas cosas. ¡Ni fingiendo era buen esposo! Esas cosas, lo que la gente llama como buenos sentimientos, no iban con él. Ni si quiera con sus padres llevaba buena relación. Su progenitor, con tal de sacarlo de casa, hasta le había comprado el lujoso departamento donde habitaba. Apagó la televisión de mala gana, apartando esos pensamientos de su mente, cuando la puerta se abrió.

- Lo siento, olvidé mi libro…— Minnie entró a la habitación, solo en bóxer, haciendo que Jae olvidara hasta su nombre. El castaño tomó el libro, pero este se resbaló de sus manos y cayó al piso. Changmin se agachó para tomarlo, mandándole a Jaejoong una seductora mirada.

El mayor lo observó atento, y no precisamente le veía la cara. Lo volvían loco, ese par de piernas largas y bien formadas. Esa piel ligeramente bronceada, producto de las horas que el castaño trabajaba en el mar… esos labios rojos y carnosos.

- ¡Changmin-ah~! — Dijo antes de que el nombrado saliera de la habitación. — No es necesario que duermas fuera. Aunque no seamos más que compañeros de piso unidos por un papel…podemos llevarnos bien.

El castaño sonrió ladeando su cabeza. Cerró la puerta que había entreabierto, para después ir a acostarse a la cama de nueva cuenta.

-Tienes razón Jae-hyung, podríamos vivir en armonía. Disfrutar el tiempo que viviremos juntos.



“Pronto te tendré gimiendo debajo de mi Changminnie”



Jaejoong, se quedó observando como el castaño se daba la vuelta y se acomodaba para dormir. Las sabanas solo le cubrían de la cintura para abajo y su espalda quedaba desnuda. Esa sería una larga noche para él, la tentación de acariciar esa piel, de morder esos labios era casi irresistible. Pero, si quería que su deseo se cumpliera, tenía que actuar con cautela.

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Se removió en la cama, sin querer abrir los ojos todavía. A lo lejos, o no tan lejos, escuchaba sonidos, como si estuvieran moviendo cosas. Abrió un ojo para mirar la hora apenas eran las 11 de la mañana, esto no hubiera sido tan grave si no fuese sábado. Sábado, era el día en que Kim Jaejoong se dedicaba invernar. Dormía casi todo el día, solo se paraba a comer. Como a eso de las nueve de la noche se arreglaba y salía a los bares de la ciudad a presumir sus encantos y conseguir una buena conquista.

Un golpe sordo hizo que se incorporara. Los ruidos provenían de la puerta de su “pequeño” armario (el cual, seguramente, era más grande que la sala de una familia normal). Se levantó aprisa, para atrapar al intruso, abriendo la puerta de golpe. Sorpresa se llevó al ver la escena.

—¿Que se supone que es esto? — Dijo el castaño que sostenía con la punta de sus dedos una diminuta prenda interior de mujer, del montón que había en un cajón y que además tenía escrito con labial un teléfono y nombre.

—Es… un recuerdo…— Respondió como si nada, aunque sus mejillas sonrojadas decían lo contrario. El castaño enarco una ceja.

— Pues los recuerditos de tus amores…tendrán que salir de aquí. — Empezó a sacar las prendas del cajón con cara de asco, dejándolas tiradas en el piso, encontrándose también con algunas prendas masculinas. Todas ellas tenían el teléfono de alguien.

— Eres estúpido Changmin… ¡Estaba ordenado en orden alfabético!

— Ya veo así que esto...— señaló con sus largos dedos el montón de prendas. — Es tu agenda telefónica…

Jaejoong no dijo más, molesto comenzó a recoger las prendas ante la atenta mirada de su esposo. Tomó un bolso y las echó dentro.

— Espero que las tires a la basura…Te recuerdo que estamos ca-sa-dos, así que no los necesitas.

— ¿ah si?... ¡Sabes que esto es una farsa y yo puedo acostarme con quien se me dé la gana!

— Claro que no esposito… no querrás que la gente se dé cuenta de que eres un pinche idiota… o que varias de tus hermosas prendas de aquí sirvan como leña para el invierno…— Acariciaba un abrigo especialmente caro, con inocencia en el rostro.

— No serías capaz….

— Tú me dejas en vergüenza y me conocerás de verdad…— El castaño salió, dándole un beso en la mejilla.

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Lunes por la mañana. Estaba esperando a que Yunho apareciera en su oficina, para mostrarle unas cuantas cosas respecto a los vinos nuevos. Estaba de muy mal humor. Por primera vez en…la cuenta ya la había perdido hace siglos, no había salido a vaciar las botellas de algún bar. Estuvo completamente sobrio, y sin nada de nada, lo cual lo ponía furioso. Sin embargo se calmaba al imaginarse a su esposo en una situación muy...

La puerta se abrió y lo hizo saltar, definitivamente tendría que dejar de fantasear en las horas de trabajo, porque ahí también tenía prohibido “descargarse”. Si lo volvía a hacer estaba seguro que su padre lo despediría de verdad. Incontables también eran las veces que empleados/empleadas se habían peleado entre sí por su culpa…Bueno realmente él no tenía culpa alguna de ser tan atractivo.

— Cuanto tiempo sin vernos gatito…— Dijo Yunho con voz ronca y demasiado sensual cerró la puerta con seguro, sonriendo lujuriosamente.

El mayor se quedó estático observando como Yunho se desabrochaba lentamente la corbata azul. No pudo evitar relamerse los labios, era una oportunidad única. El más alto se acercó a él y lo jaló sin nada de delicadeza, tomando sus labios entre los suyos del mismo modo. Acomodando su cuerpo contra la pared, bajando los ardientes besos hacia su cuello, arrancándole suspiros y marcándolo…

— Jaejoong…— la voz de su padre desde el otro lado, rápidamente se puso de pie arreglándose la ropa. — Ya es hora de la reunión.

Yunho también se arregló las ropas mirando con deseo a Jaejoong.

— Ya será en otra ocasión…Gatito…— Le mordió el lóbulo de la oreja y salió de su oficina.

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No quería entrar a su casa, el estúpido de Yunho le había dejado una marca considerable en el cuello. Pasó horas intentando convencer a su papá para que este lo creyera que era una alergia a algo y no una marca ocasionada por tan sexis labios. Pero no contaba con que el castaño fuera a tragárselo.

Abrió la puerta lentamente, Changmin estaba sentado en una silla, en la mesa del comedor, revisando unos papeles y anotando cosas. Cerró la puerta con cautela, para pasar desapercibido y llegar a su habitación para maquillarse la marca.

Pero no conto con que una cosa peluda advirtiera su llegada y comenzara a ladrar histéricamente. Minnie volvió su mirada hacia él. Estaba perdido.

— ¿Qué se supone que es eso?...— Señalaba al perro que ladraba a una distancia considerable de él. El pequeño animalito debió notar que no era buena idea estar cerca.

— Pues… pensé que sería obvio, es un perro.

— ¿Y que hace un perro en mi departamento?...— Minnie se puso de pie y se acercó lentamente a él.

— Lo encontré en la calle, estaba lloviendo y no pensaba dejarlo solo.

— ¡Oh vaya! Fue tu obra de caridad del día...

— No es eso, solo no podía dejarlo solo, es tan indefenso…— Dijo el castaño mientras acariciaba la cabeza del pequeño animalito.

— De todas formas no lo quiero aquí, odio a los animales.

— ¿Ah sí? Pues entonces no sé qué hacías tan cerca de un murciélago vampiro…

El pelinegro trago con dificultad esperando un ataque por parte del castaño, pensando rápidamente una excusa que le funcionara, la cual sería bastante complicada de hallar.

— No sé de qué hablas…— Respondió mirando hacia otro lado.

— De nada importante solo de la bonita marca que tu cuello tiene.

— Una abeja me pico…

— No soy tonto Jaejoong, además recuerda que soy Biólogo y eso…—Dijo haciendo presión en la zona— No es un piquete de una abeja.

— Piensa lo que quieras entonces… de todas formas el perro debe irse…— Dijo el mayor antes de salir de la sala, y encerrarse en su habitación. No resultó tan mal como creía.



Se tiró a la cama cerrando sus ojos. No es que estuviera cansado del trabajo. Para nada. Lo que tenía podría definirse como falta de sexo. El único lugar donde se supone podría juguetear, dígase su oficina, ahora se encontraba vigilada por su padre. ¿A caso era su culpa ser tan sexy y que hombres y mujeres se pelearan por él? Por supuesto que no. Kim Jaejoong no tenía la culpa de que hubiera gente tan estúpidamente ilusa. Personas, hombres y mujeres, que, por un fugaz instante, se les cruzara por su pequeño cerebro la idea de que serían el amor eterno del pelinegro. Era patético, más aun si le sumamos el hecho de que estaba unido en “santo” matrimonio con un psicópata bipolar.



“Si tan solo pudiera comérmelo, no tendría problema en ser su esposo.”

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Llegó temprano a la oficina. Su fuerza de voluntad merecía aplausos, pues le fue de gran ayuda para no arrojarse a los brazos de la secretaria con falda corta y pechos enormes.¡Es más! Se conformaba con el tierno mensajero, que muy nervioso por su mirada, se había sonrojado y había hecho todo de manera torpe.

Con razón la gente huye del matrimonio. Era asfixiante, sin mencionar el hecho de que su padre creía que a sus veintitantos años podría llevarlo por el camino del bien.

Había comenzado a acariciarse por sobre su ropa. Su mente le jugaba muy mal, y no podía sacarse de la cabeza a su esposa en esos cortos shorts, o en esos ajustados pantalones. Tenía tantas ganas de follárselo…La puerta se abrió de golpe, su padre entró seguido de un rubio hermoso, parecía un ángel.

— Jaejoong…— Dijo su padre en forma de saludo. No le quedó más remedio que ponerse de pie, acomodándose su saco para que no se le notara nada.

— Padre y…

— …el es Lee Taemin y es el juez que vino desde Francia para probar los vinos.

— Mucho gusto Lee Taemin…es un placer — Jaejoong hizo una reverencia y le tendió la mano.

— Dime Tae y el gusto es mío...— El rubio sonrió de manera coqueta, sin quitarle la vista de encima.

Tardaron más o menos una hora en ultimar los detalles, de las cosas que el juez vendría a hacer a la empresa. El pelinegro, no dejaba de notar las miradas sensuales que le lanzaba el rubio, intentaba concentrarse en otras cosas. Sabía que ese concurso era demasiado importarte, si bien no lo era para él, si para la empresa. Taemin y su padre salieron de su oficina, y él se puso a poner al día sus labores.

Como toda persona normal, tenía sus necesidades. Firmó la última hoja, de un fajo considerable, y salió corriendo al baño.

Estaba lavándose las manos, después de lo obvio, cuando vio un reflejo en el espejo que le sonreía. Intento devolverle la sonrisa de forma amable, pasando por alto la manera en que el otro se relamía los labios.

— Nos vemos luego Tae…— Se acercó a la puerta para abrirla, pero una mano que tiraba de su saco se lo impidió.

— ¿No te quedas a jugar Jaejoong?— Le susurró en el oído, jugando su lengua en su lóbulo.

— Yo, tengo cosas que hacer…

El aire de sus pulmones se le fue y un golpe en seco se escuchó. El rubio lo había azotado contra la pared, lo tomó de la corbata y le sonrió de manera gatuna.

— Yo sé que quieres ganar ese premio… y yo quiero divertirme.

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Tuvo una mañana demasiado tranquila. No discutió tanto con su “esposo” y en el trabajo no tuvo demasiado trabajo. Sería un día casi perfecto, pero… había cosas que no podían evitarse para siempre.

Se lo encontró en su horario de comida, realmente era muy improbable que un encuentro entre ellos pudiera prolongarse más, después de todo él había regresado y trabajaban en el mismo lugar. Fueron a una cafetería, la misma que un año atrás solían frecuentar bastante.

No tenía ánimos de estar en aquel lugar, le era incomodó y doloroso. El castaño devoraba sus alimentos para no fijar su mirada en su acompañante, que lo miraba muy interesado en su actitud y a la vez comía tranquilamente.

Pasaron unos minutos y el pelirrojo (obviamente Junsu) pudo notar que los hermosos ojos del castaño estaban empañados por un velo de nostalgia. Se limpió la boca con una servilleta, y dejo sus cubiertos a un lado, mirando atentamente a su acompañante, como queriendo adivinar sus pensamientos.

— Lo siento Minnie... De verdad, siento mucho lo que pasó…— Su voz sonaba tan sincera que le daba miedo escucharla, fijo la cabeza en una mancha en el mantel blanco.

— Eso ya pasó…

— El tiempo pasó… lo nuestro aún sigue aquí…— El castaño se atrevió a mirarlo, sintiendo de inmediato como se perdía en ese par de ojos oscuros. — A mí me dolió más que a ti… me deshizo romper mi promesa, y… también me dolió que no fueras conmigo.

El otro desvió la mirada. Por fin, todo aquello, que guardo durante tantos días comenzaba a resurgir en su interior. Todos esos recuerdos, las alegrías y sobre todo el dolor y las heridas del último tiempo. Esas noches donde no podía dormir cuestionándose si hizo lo correcto en dejar que el pelirrojo se marchara.

— Tú…tenías que seguir tu sueño…– Sonrió triste.

— Y quería compartir ese sueño contigo

— Sabes que lo mío no son los viajes, prefiero quedarme en Seúl y estudiar su naturaleza. Australia no era para mí.

— ¿Y casarte conmigo tampoco?

Sintió su corazón dar un vuelco, de dolor. Si algo se cuestionó durante casi todos los días desde que Junsuse fue, fue el hecho de no haberse casado con él.

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Llegó a casa temprano y la encontró totalmente vacía, tenía ganas, después de las acciones de Tae, y por más enfermo que le parecía, sus ansias habían aumentado considerablemente. La situación era la apropiada, Changmin no estaba y él le daría uso a lo único que le quedaba. Su mano. Hubiera sido perfecto sin ese pequeño desperfecto…

Abrió la puerta, venia cargado con un par de carpetas y su portafolio de piel negra, cerró la puerta y…

– ¡Maldito animal hijo de perra! — Su grito seguramente se escuchó en todo el vecindario, aunque no decía ninguna mentira ya que las madres de los cachorros son “perras”.

Duli, la pequeña criatura peluda parecía tener cero educaciones, pues había ocupado toda la sala como baño improvisado. Sí, todo el piso estaba lleno de porquería. Si, estuvo a punto de caer de sentón en la orina del animal, por su puesto sus carpetas no lograron salvarse y cayeron de sus manos con un golpe seco en un charco amarillo.

Ahora estaba solo y ansioso. No era para menos si recordamos que Jaejoong jamás pasaba más de dos días seguido sin sexo, y ahora casi cumplía dos semanas de abstinencia, y si eso no fuera suficiente, tenía que soportar la manía de su “esposa” de andar por la casa en poca ropa, o ropa demasiado ajustada.

Soltó un suspiro cansado, sintiéndose como un adolescente por lo que iba a empezar a hacer, prendió su portátil, tecleo un par de cosas y se sentó cómodo en el sillón. La casa en unos cuantos minutos se inundó con gemidos obscenos provenientes de la computadora, el pelinegro miraba atento la pantalla mientras su mano acariciaba su miembro por sobre la ropa.

— Mmm….—Gemía bajito, mientras cerraba los ojos y sus jadeos se mesclaban con los obscenos de la película. Su mano se movía rítmicamente alrededor de su miembro húmedo y duro.

Sentía que pronto llegaría, estaba al límite, y podía sentir pequeños escalofríos por toda la espalda. Se mordió los labios para no jadear con fuerza. Abrió descomunalmente los ojos cuando la puerta se abrió.

— ¿Jaejoong-hyung?— Preguntó confundido al verlo en el sillón, con un cojín sobre las piernas y su portátil en la mesa de centro.



— Ho-hola…— Dijo nervioso. Un sonrojo se apodero de sus mejillas cuando gemidos se escucharon por la habitación. En efecto, solo había bajado la pantalla de la laptop pero no pauso el video.

— ¿Qué son esos ruidos?

— Yo… estaba viendo un documental de apareamiento de ballenas.

— Qué raro que tú veas eso…

— Es que quiero compartir los mismos intereses que mi esposita.

Jaejoong observo con curiosidad al castaño. Se le notaba distraído. No lo había insultado, haciendo gala de la carrera de biólogo que tenía, y de la que siempre presumía, dudaba mucho que el más alto confundiera gemidos con ruidos de ballenas. Y más aun no le había dando un golpe por llamarlo esposa. Tomó su computadora y la apagó.

El castaño estaba sentado en una silla del comedor silla del comedor. Con sus brazos cruzados sobre la mesa y su mentón apoyado encima de ellos. El mayor se puso de pie, se acercó a él y le dio un coscorrón en la cabeza.


— No me jodas…— Le susurró, sin ningún tipo de ánimo en su voz.

— ¿Qué modos son esos de hablar?— Caminó hacia la cocina, pensando en lo extraño que estaba el más grande.

— Yo te hablo como quiero.


No tenía ánimos de nada. Estaba demasiado confundido. Lo único que quería era estar solo y pensar. Liberar todas esas ideas que se apoderaban de su mente, revolviéndola y causándole malestar en el pecho. No podía negarlo, lo seguía amando.

— Ven…— Dijo tomándolo de la mano.

— ¿A dónde vamos?— Dijo desconcertado, dejándose arrastrar por el mayor.

— Saldremos a cenar.

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Iba mirando, detraído, por la ventana del automóvil, tarareando suavemente “purple line” la canción que tocaba la radio. Todo había sido demasiado extraño y ni si quiera sabia porque diablos había aceptado salir con Jaejoong. Primeramente por que le caía como patada de burro el carácter del mayor, segundo porque no se encontraba de humor para molestarle, cosa que lo ponía más furioso. Su plan para esta noche era echarse en la cama, dormirse y dejar de pensar el enredo mental que tenia en su cabecita.

— No tengo idea de lo que te gusta comer…—Comentó Jaejoong, mientras esperaba que el semáforo se pusiera en verde.

— Cualquier cosa esta bien…—Le respondió molesto sin voltear a verlo. El verde por fin se hizo ver en el semáforo y el mayor puso en marcha su coche.

Avanzaron por varias calles, el sol se había ocultado casi por completo así que el paisaje estaba algo oscuro y el clima frio pero sin llegar a ser molesto. El mayor dio vuelta a la derecha y se detuvo en frente de un bonito edificio. Quitó los seguros de las puertas, para que ambos pudieran bajar. Minnie lo siguió con pereza y al mismo tiempo curioso, ya que en el lugar no se veía ningún letrero indicando la clase de comida que vendían.

— ¿Estas seguro que no te has equivocado?—Preguntó, caminando y observando atentamente el interior de aquel lugar. Era un lugar sencillo pero elegante. Subieron por unas escaleras y llegaron a unos pasillos donde solo habían puertas blancas con grandes números dorados.

— No aquí es…

— Yo no veo ningún lugar donde podamos comer…—Se quejó mal humorado, siempre se había sentido incomodo en lugares que no conocía.

— ¡Tu me quieres hacer algo!, seguro esto es un hotel…

— Querida si quisiera cogerte lo hubiera hecho en mi cama ¿Para que gastar en un hotel?…—Jae comenzó a reír, mientras el castaño le daba un golpe en el brazo.— Yo no tengo la culpa de que tengas una mente perversa…

— Mira quién lo dice~

Dieron unos cuantos pasos mas, se detuvieron frente a la puerta que estaba marcada como la numero tres. Jae abrió la puerta y Min miro maravillado el interior del lugar. Era una sala bastante amplia, con varias mesas tradicionales, cuadradas dispersas a su alrededor. El aroma del lugar era exquisito, olía a pescado frito, vino y limón *obviamente para changmin el olor de la comida, es el olor de la gloria hahaha*.

Un joven se acercó a ellos y los condujo hasta una de las mesas. Jaejoong se acomodó en una de las sillas, el castaño hizo lo mismo, quedando frente a su esposo. Minnie miró con más atención y se percató de que en la mesa había utensilios de cocina: Cuchillos, tenedores, tablas para picar, ollas, sartenes, especias de todo tipo, botes delgados de vidrio que tenían diferentes tipos de aceites y entre otras cosas una parrilla en medio de la mesa.

— ¿Nosotros cocinamos?

— No, yo…voy a cocinar, tú comerás…—Dijo el mayor con un tono de superioridad. El castaño lo miró con una ceja enarcada.

— ¿Tú, hijo de papi? Apuesto a que el agua se te quema…

— Te equivocas esposita, cocino bastante bien. — El castaño sonrió escéptico y una mirada incrédula se posó en sus ojos.

— ¿Ah sí? Entonces ¿Por qué siempre sales a comer fuera y tu cocina esta llena de cerveza en vez de comida?

— Por qué no tengo tiempo para cocinar bobo y no me gusta comer solo—Admitió, aunque su voz estaba cargada de indiferencia.

— ¡Ja! Pero tienes tu puesto asegurado, eres el hijo del jefe y yo que sepa eres un don juan, así que compañía no creo que te falte.

— Aunque no lo creas no es así, de hecho ahorita mismo estoy en la cuerda floja, otro error y me despiden.

— ¿Otro error? Así que eres un cabezota

— ¡Oye! Deja de insultarme a cada rato

— Ya, ya… no seas llorón…—Jae iba a reclamarle pero se quedó callado, mejor que empezara a cocinar para callarle el pico de pato que tenia.

El mayor observaba atentamente una lista que tenia a un lado. Min miraba a su alrededor, observando los platillos tan apetitosos que la gente preparaba y comía, involuntariamente sus estomago gruñó y se sonrojo debido a la vergüenza, esperando que Jaejoong hiciese algún comentario estúpido, pero no fue así. Se fijó que el pelinegro tenía la mirada concentrada y apuntaba con un lapicero algo en un pedazo de papel.

Después Jaejoong mando llamar al joven que los había tendido, le entregó la lista y después volvió su atención al castaño, que lo miraba atentamente.

— ¿Qué prepararas?...—Preguntó el castaño, mientras Jae comenzaba a tomar varias botellitas de aceite y los contenedores de las especias.

— Ya verás Changminnie~

El castaño siguió observándolo atentamente, realmente nunca pensó que ese inútil supiera hacer otra que no fuera gastar el dinero de su padre. Pasaron unos minutos y el empleado regresó, con una charola enorme que dejó sobre la mesa. Inmediatamente Jae se puso a cocinar, sin prestarle atención a nada más. Un par de veces pidió ayuda a Min para que le ayudase a cortar algunas verduras. Al cabo de dos horas ambos tenían enfrente un plato delicioso de comida.

— Bueno, por lo menos sé que algo te sale bien…—Dijo Min después de probar el delicioso platillo que el menor preparó para él.

— Cielo, se hacer muchas cosas y bastante bien — Sonrió pervertido.

— ¿Y Traes a muchos a este lugar?—Preguntó ignorando su comentario pervertido.

— No, en realidad eres el primero. Cocinar me relaja así que no le veo sentido a traer a un amante conmigo.

— ¿Y a mí porque si?—Pregunto con curiosidad el castaño, mientras rellenaba su copa de vino.

— Por qué contigo no voy a tener sexo…—“al menos no ahora” agregó mentalmente.

— Entonces es verdad, vives de noche teniendo sexo y no te das el tiempo para conocer bien a las personas…

— No es que no me dé tiempo solo no me interesa hacerlo. ¿Quieres más? — Cortó un pedazo de carne y la dejó en el plato del castaño.

Después de cenar regresaron a la casa que ahora ambos compartían. No la habían pasado tan mal y los ánimos del castaño habían subido notoriamente. El mayor tomó dos copas y sacó una botella de vino. Ambos estaban en el jardín, Min contemplaba el cielo azul oscuro manchado con unas cuantas nubes.

— Toma…—Jae le tendió una copa servida con vino.— Es el mejor vino de nuestra cosecha.

Minnie lo meció un poco lo olió y luego junto la copa con sus labios, apenas mojándolos con la bebida. Cerró los ojos y sonrió.

— Es realmente una delicia, cuando nos divorciemos tienes que darme un par de estas

— ¡Claro que es delicioso! Yo lo invente, y lo siento cariño pero un bebé de estos vale más que tu propia alma…

— Estúpido… le quitas el romanticismo a esto…

— ¿Romanticismo?—Cuestiono después de dar un bufido.

— Si, ¿no te parece? Es más si esto fuera enserio sería una hermosa cena perfecta.

— ¿romántico? Solo es una noche cualquiera…

— ¿No crees en el amor? —Terminó el contenido de su copa. — ¿en casarte y tener hijos?

— No es que no crea en el amor, solo he conocido muchas personas que juran amarse para toda la vida y un día descubren que toda la vida es mucho tiempo. — Prendió un cigarrillo y lo llevó hasta sus labios.— Pero solo es mi punto de vista ¿tu crees en casarte y todo eso?

— Estamos casados…— Dijo volteando hacia otro lado, había dado justo en la herida.

— Hablo en serio, ¿Crees en los finales felices?

La mirada del castaño se empaño un poco y sus facciones denotaban un deje de nostalgia. Se sirvió un poco de vino, mas por perder tiempo que por ganas. Encendió también un cigarrillo dejando que el aire se llevara el humo de este, al igual que quería que el tiempo lograra desvanecer aquellos recuerdos que tanto lo atormentaban. Jaejoong, por su parte, contemplaba a su esposo, notando enseguida que había tocado una fibra sensible.

— Algún día creí en eso, ya sabes finales felices que terminan con una boda.

— ¿Pero? ¿Qué sucedió?

— Nada, simplemente algún día te das cuenta que en la vida de la persona que amas no cabes, o quizá notas que no serás capaz de hacer todo por ella.

— ¿Entonces no crees en el amor?

— Quizá solo quiero creer que creo; aun tengo esperanzas de que el amor exista.

Ambos se quedaron en silencio largo rato, fumando con tranquilidad, sumergidos en sus pensamientos. Pareciera que por ese día habían hecho las pases, además Min logró dejar a un lado todo lo malo que sentía, aun que sea por un momento.

— Deberíamos aprovechar esto…—Susurró Min, mirando directamente a los ojos de Jaejoong.

El pelinegro lo observó detenidamente, perdiéndose en esos ojos. Sin muchas ceremonias se acercó a sus labios y lo besó.

— ¡Eres un completo idiota! ¡Siempre lo hechas todo a perder!— Gritó molesto el castaño mientras escupía en el suelo.

— Tú fuiste el que se me insinuó, con tus cursilerías de “Debemos aprovechar esto”—dijo con voz chillona y moviéndose femeninamente. — ¿Qué quieres que piense?

— Yo hablaba de aprovechar para ser amigos, tú todo lo malinterpretas Don Juan de quinta…— molesto agarró la botella de vino y volvió servirse. — Eres idiota.

— Tú que no mides tus provocaciones.

— Como sea, no tengo ganas de pelear contigo así que fingiré que sigo hablando con Jaejoong el ser humano y no con el Jaejoong el animal.

El mayor le lanzó una mirada de enojo, pero él tampoco tenía ganas de discutir, así que imito al castaño y se sirvió un poco vino, para después llevar ese líquido rojizo a sus labios. Observando como el castaño resoplaba suavemente, claramente enfadado, sintiéndose también molesto pero por diferentes razones; odiaba tener que aguantarse a las provocaciones del otro, tanto como odiaba caer en ellas. Y es que, por más que quisiera resistirse no podía, el castaño lo ponía muchísimo, con esos shorts, su piel algo tostada…era difícil de ignorar, estaba seguro que hasta un heterosexual se cambiaría de bando por alguien como Changmin.

— Oye maniático ¿De veras te interesa mi amistad? Digo, no tenemos muchas cosas en común…

— Claro, bueno vivimos en la misma casa, y también eres algo interesante cuando actúas como una persona normal.

— ¿Siempre tienes que insultarme? Mírame, soy completamente normal.

— No lo eres, eres tan inusual como esta situación…—el pelinegro lo miró con una sonrisa mientras prendía su cigarrillo. — Tú y yo empezamos las cosas al revés, somos recién casados que quieren intentar ser amigos.

— Tienes razón, no es de lo más común… supongo que a ti te gustan todas esas cosas rosas de lazos, pasteles y diferentes tonos de blanco.

— ¡Oye, no soy una chica! Pero bueno, admito que la idea de una ceremonia y un juramento de amor me atrae.

— Hablas como si ya hubieras estado a punto de casarte…

En el clavo dos veces, la mirada del castaño volvió a ensombrecerse, quiso disimularlo dando un trago largo a su copa de vino. La dejó en la mesita y observó atentamente a Jaejoong, como evaluándolo.

— Si, hace algún tiempo, pero bueno eso ya pasó…

— Entonces tienes un ex, no me digas que por mi culpa se separaron.

— No vales tanto chaparro… solo no sé si era el indicado, digo ¿Cómo podemos estar seguros?

— ¿Ves? Esa es la razón por la que yo prefiero vivir libremente, no me ato a nadie y nadie se ata a mí, totalmente independiente, hasta que llegue esa persona.

— ¿Pero como vas a estar seguro de que es ella y no alguien más la indicada para casarte?

Jaejoong apachurró su cigarrillo contra el cenicero, bebió un poco de vino y miró directamente a los ojos del castaño, él tampoco sabía mucho de ello, nunca se había enamorado; es más, a esta altura de su vida donde casi rozaba los veintisiete, se preguntaba si en realidad tenía la capacidad de amar o querer a alguien, o si quizás él era esa clase de personas destinadas al placer y la lujuria pero no al amor.

— Mi madre decía…—Min alzó una ceja, mirándolo incrédulo.

— ¿Tú madre? ¿Escuchas a tu madre?

— Sí, probablemente es a la única persona a la que escucho— Dijo mientras una risa leve salía de su garganta— bueno ella decía que si puedes vivir sin esa persona no te cases, pero… si no imaginas tu vida sin ella no debes dejarla ir.

— Sabio consejo de tu madre…ya me dio frio. — Susurró como queriendo cambiar de tema.

Entonces, quizá lo que sentía por Junsu no era tan grande. Quizá… no tenía que seguir culpándose, tal vez no estaban hechos para estar juntos. Ambos entraron a la casa y se sentaron en la sala, dejando el vino y las copas en el centro de mesa, Jaejoong antes de sentarse sirvió un poco de botana para pasar el resto de la noche.

— También, una vez Yoochun…

— ¿el sr.COQUETEO?

— Ese mismo, me dijo que sabía que estaba completamente enamorado, porque después del sexo no podía dejar de abrazar a su pareja.

— Eso es normal ¿No?— El mayor soltó un bufido y prendió un cigarrillo nuevo.

— Por supuesto que no, un hombre de verdad como yo hace su trabajo y luego se marcha, un caballero por mucho deja que su amante se quede en el sofá ¿y tú?

— ¿Yo qué?

— ¿Qué con tu ex?—Preguntó con expresión morbosa, mirándolo atentamente.

— No te voy a decir, metiche.

— ¿Por qué no?

— ¡No te in-te-re-sa!— Dijo molesto, aventándole una servilleta sucia. — Yo no ando preguntándote sobre tu vida privada.

— Bueno mi tanga-agenda habla por si sola, no tienes por qué preguntarme nada. Así que anda cuéntame que paso con tu ex.

— Idiota, ya te dije que nada…

— Define nada Minnie~

Changmin dio el último trago a su copa, y se puso de pie enfrente del pelinegro.

— Nada pues ahí esta, además de momento estoy casado y eso...—Susurró en su oído sensualmente— Complica demasiado las cosas.

Jaejoong se sintió tan caliente y tentado, que estuvo a punto de lanzarse a los labios del mayor, acorralarlo en el sillón y hacerlo suyo hasta que quedara seco. Sin embargo, aún no movía ni un musculo cuando el timbre de la puerta sonó.

— ¿Interrumpo?— Preguntó Yoochun, mirando a su amigo sin entender el porqué de la expresión de molestia de su amigo.

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— ¿No te ha envenenado aún?— Preguntó Yoochun a Changmin, sonriendo mientras bebía de su copa— A mi querido amigo le encanta cocinar y que la gente lo pruebe.

— Sí, apenas hoy lo hizo, creo que intentaba convencerme de que no me fuera.

— Mentiroso, no me difames…— Dijo el pelinegro mientras reía. — Solo quería demostrarte que no soy un bueno para nada.

— No mientas Jae, todos sabemos que no quieres dejar ir a Changmin.

— Mira Yoochun, nunca, entiende nunca me escucharas decir eso.

— Eso dices esposito, después me rogaras que me quede— Exclamo Changmin poniéndose de pie para ir por más botanas.

Después, Jaejoong pudo observar como ese perfecto cuerpo desaparecía detrás de la puerta. Mierda. Aquel castaño lo ponía tan caliente, lo tenía durmiendo a su lado y era tan intocable como el fuego.

— Estas baboso por él…— Yoochun removió su copa con picardía, mirándolo inquisitivamente.

— ¿Quién no? Mira que cuerpo tiene, y ni hablar de esas piernas…

— No me refería a eso pervertido, se nota que se llevan bien…

— No sabes nada, apenas hoy la pasamos bien y el no intentó asesinarme. —Exclamó molesto, encendiendo un cigarrillo más.— aun que si sigue paseándose con esos shorts, me matara de abstinencia.

— Entonces, ¿Te gusta que este en tu casa?

— No me gusta, solo intento sobrellevarlo….

— Eso dices….

— Nunca me gustará que ese loco este a mi lado, al menos de que sea en mi cama…

— Ya duermen juntos ¿no?

— Te odio…—Dijo Jaejoong dándole un golpe, mientras Yoochun se agarraba el estomago por el ataque de risa que le entro.

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El pelinegro terminó de acomodar los trastes y entró a la habitación, Changmin estaba frente al espejo, y pudo sentir como todo cuerpo se fundía ante aquella imagen. Changmin iba con únicamente un mini-short negro que le cubría lo necesario, mientras acariciaba su abdomen untándose una especie de crema.

Le ardía el cuerpo por dentro al ver esas manos grandes deslizarse por esa piel algo bronceada, como la crema hacía que brillara bajo la luz de la lámpara. Como sus ojos se cerraban de repente al sentir sus músculos relajados. Y ver el color negro del short pegado a su cuerpo...y esas caderas… sintió como se iba endureciendo poco a poco, como su frente sin querer se perlaba de un poco de sudor.

Decidió alejarse de ahí e ir a la cocina nuevamente, no quería sentirse tan frustrado, bien sabía que no lograría nada y que su única compañía por ahora era su mano. Sin embargo, pese a la excitación y frustración, sabía muy bien que ese cuerpo sería suyo nuevamente.

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Estaba absorto en sus pensamientos y unos golpeteos en la puerta lo hicieron saltar. Suspiró se alisó la corbata. Vociferó un adelante educado y fingió que estudiaba los papeles que tenía enfrente, por si se trataba de su padre.

— Buenos días Jaejoong…— Al escuchar su nombre, alzó la vista encontrándose con aquel rubio sensual de la otra vez.

— Buen día…— susurró antes de fijar su vista nuevamente en los papeles.

— Tu padre me ha mandando aquí para que me enseñes el lugar…— Dijo Taemin, sentándose en la orilla del escritorio, mirando fijamente al pelinegro.

Jaejoong suspiró, no tenía ánimos de andar paseando por la compañía. Tenía miedo de lo que pudiera ocurrir, ese hombre era demasiado sensual como para ser ignorado, sus poros emanaban lujuria y hasta su simple mirada le parecía una ardiente hoguera de deseo. No, no le agradaba la idea de aguantarse, ni se sentía capaz de soportar más abstinencia.

— ¿Tiene que ser ahora?—preguntó como si nada, aun clavando su vista en aquellos papeles que tenía de frente.

— ¿Por qué tan serio?—Susurró cantarinamente el otro mientras tomaba la corbata de Jaejoong y jugueteaba suavemente con ella. — Tenía una mala impresión de ti, me creí los rumores de que eres una fiera…

El orgullo de hombre de Jaejoong se fue a la mierda con aquello, claro que todos los rumores eran ciertos, no había nadie que fuera mejor que él en cuanto asuntos de cama se trataba, era tan bueno que sus amantes terminaban siendo adicto a su…persona, muchas veces le costaba trabajo deshacerse de aquellos que buscaban una relación más estable. Sonrió con malicia y le dedicó una mirada hambrienta, torciendo sus labios en una coqueta sonrisa.

— Te equivocas… apuesto a que nadie te haría las cosas que yo puedo hacerte…


Sus labios comenzaron a devorarse, robándole a ambos el aliento. Taemin se subió en sus piernas, mirándolo felino mientras pasaba su lengua por los labios entreabiertos del otro. Jaejoong suspiró, su erección se había hecho presente demasiado pronto, pero llevaba más de dos semanas sin nada, de nada. El rubio comenzó a lamerle el cuello suavemente, llegando hasta su clavícula donde sus manos subieron para desabrochar esa estorbosa camisa.

Pasado cierto tiempo y Tae ya comenzaba a desabrocharle el cinturón, mirándolo con fuego en la mirada. Acarició con sus manos la erección de Jae y lentamente abrió la cremallera, mordiendo suavemente la tela del bóxer.

Por un instante, no era una cabellera rubia la que se perdía entre sus piernas, jugueteando aún con su ropa interior; era más bien de color castaño, pobre Jae, ya estaba empezando a imaginarse a su esposito en esa situación. Cerró los ojos y los abrió de golpe al escuchar el un golpe en la puerta. Por el susto, levanto sus rodillas golpeando con fuerza la cabeza de Tae, dejándolo completamente inconsciente.

— ¡Pase!...—Dijo lo más calmado que pudo, mientras empujaba con sus pies el cuerpo del rubio para que quedara oculto. — ¿Padre?

— Jaejoong, ¿no has visto a Taemin?— Jae palideció un poco, pero intentó disimular.

— No, no lo he visto en toda la mañana.

— Que raro, me dijeron que lo vieron venir para acá.

— A lo mejor se entretuvo en otra cosa.

— Esta bien, no se te olvide llevarme los papeles de los distribuidores…—Exclamó el sr. Kim mientras salía.

Jaejoong suspiró aliviado y antes de que Taemin despertara decidió salir de ahí.

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Sus ojos se cerraban debido al aburrimiento, odiaba estar encerrado en una oficina y hacer papeleo, firmar y leer letras pequeñas. Para él no había nada mejor que trabajar en el acuario, dentro de las piscinas, sin embargo cada vez tenía que llenar aquellas formas para reportar el estado de los animales, pedir presupuesto, reportar fallos en algunas cosas. Con su mano masajeo su nuca, sin despegar ni un poco la vista de esos tediosos portafolios.

— ¿Disculpe? — Escuchó a sus espaldas y se volvió, encontrándose al hombre encargado de repartir el correo.

— ¿Sí?

— Le llegó esto…—Dijo sacudiendo un sobre. — Me dijeron que se lo diera personalmente.

— Gracias…

Espero a que el cartero se fuera para abrir aquel sobre. Se sintió mareado nada más abrirlo. Era una carta, pero no cualquier carta. Era del mejor zoológico de Francia, quienes solicitaban sus servicios. Era una oportunidad única, de esas que se dan una vez en la vida a una de cada millón de personas. También, era el sueño de todo Biólogo… de casi todo biólogo.

Suspiró frustrado recargando su cabeza en el escritorio. Intentando que esa mezcla extraña de emociones se calmaran. Tenía un mes para responder, tiempo suficiente para pensarlo.

— Tadam~—Escuchó a sus espaldas, levantó la cabeza y por la puerta se asomaba una canasta con frutas, una sonrisa radiante se apoderó de sus labios…sonrisa que no duró mucho. — ¿Cómo está el amor de mi vida?

— ¿Qué haces aquí?—Preguntó con un deje de reproche, no era exactamente la persona que había imaginado.

— Si quieres me voy…— El pelirrojo hizo un puchero. — Todavía de que me escapo del trabajo me tratas así.

— Lo siento Junsu, es que me estresa estar encerrado aquí…

— Entiendo, por eso vine a tu rescate ¿Vamos?

Changmin sonrió a medias, no es que no quisiera verle… es solo que sabía que terminarían tocando aquel tema, ese tema en el cual no había querido ni pensar en todo ese tiempo. Fueron a los jardines del acuario para sentarse bajo un árbol. Dejó que Junsu parloteara sobre su viaje a Australia, apenas escuchando lo que decía.

Se estremeció al sentir una mano sobre la suya. Levantó la mirada y se encontró con aquel par de ojos negros que lo miraban enternecidos. Su corazón dio un vuelco, aún había mariposas que revoloteaban a causa de Junsu… quizás todo podría salvarse.

— Vuelve conmigo a Australia…— Pidió el mayor, mirándolo a los ojos suplicante.

— Yo…— El castaño desvió la mirada. — No puedo.

Bendita fortuna –pensó–Esta vez no mentía, esta vez en verdad tenía una razón de peso para no irse. Aún si no aceptaba el empleo, el otro no lo sabría.

— ¿Puedo saber por qué?

— Me ofrecieron trabajo en el zoológico de la Palmyre, un puesto fijo. — La cara del mayor se transformó en una de sorpresa. Efusivamente abrazo al castaño.

— ¡Felicidades! ¡Me alegro tanto por ti!

— Gra-gracias…— Susurró mientras el otro lo abraza aún.

— Pero… ese no es impedimento, estar en Australia me ha llenado de algo de fama. Podría irme contigo… te amo Minnie… olvidemos el pasado. Cásate conmigo…

La boca del castaño se abrió por la sorpresa. Sus músculos se tensaron y su mente se revolvió más de lo que estaba. Quiso salir corriendo pero sus pies no se movían, ni si quiera podía controlar sus labios para decir algo. Decidió respirar profundo, dejando que el aire oxigenara un poco su cerebro. Se mordió los labios, nervioso, mirando a un punto fijo, evitando a toda costa aquella penetrante mirada.

— Necesito tiempo para pensarlo…— Fue lo más inteligente que pudo decir.

— ¿Tiempo? —Soltó una risa irónica. — Llevo esperándote mucho Min, te amo pero…

— Sólo un poco más, un par de semanas ¿Sí?

El mayor lo observó, y después de un rato solo fue capaz de asentir. Changmin pudo respirar tranquilamente para después cambiar sutilmente el tema de conversación.

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Nota: bueno bueno…aquí me tienen de regreso…esta es la primera parte del fic…si lo sé, deben sentirse un poco confundidas por la actitud de cierto personaje, pero ya se les va a aclarar todo cuando lean la segunda parte, este fic es una adaptación de otro que leí hace muuucho (de un anime)…me gusto tanto que lo adapte a mi manera, -tengo autorizacion e.e- con un inicio totalmente distinto al real…hice algo asi como: una versión mia, espero que ustedes hayan disfrutado leendo XD…nos leemos en el siguiente capítulo~

- su autora que las quiere…Amid!


5 comentarios:

  1. Waa que decir es una buena historia waa si Changmin ama a Junsu, porque se caso con Jaejoong?? que los 2 estaban ebrios y si es asi porque Changmin si se acuerda de la boda?? ok demasiadas preguntas waa muy buena me encanto, esperare conti pliis

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  2. Aigo!

    Esta genial ^ u ^ jajajajaja bueno a mi me gusto y mas lo de Jaejoong borracho >.< y firmando papeles de casarse ^ ^ pobre Minnie mi quiere con ganas de ahorcar a Junsu por dejarlo ¬ ¬ jajajaja espero conti!!! y estoy de a cuerdo con aghna si Minnie ama a Junsu por que carajos se caso con Jae pero en fin me gusto mucho como le trato Changmin a Jaejoong que ya quisiera yo levantarme asi y encontrarme casada con semejante angel ^ u ^ creo que no me cabria en mi cabeza la realidad ><

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  3. waaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa aigo esta genial ya espero con ansia la actu del shop jajjaja

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  4. Anónimo3/16/2013

    Esta rebueno!!!! Pobre changmin :( quiero leer como termina todo...continualo pronto porfavor <3 siempre me ha gustado la actitud arrogante y altanerabde changmin y cuando la expresan en los fic lo amo<3

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  5. ME ENCANTAAAAAAAA ME HE DIVERTIDO MUXO LEYENDOLOOOO!!!!!

    A LEER EL SIGUIENTE CAP!!! ^_^

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