We found love in a hopeless place - Capitulo 1.

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Las lagrimas rodaban por las mejillas de un pequeño niño, era ese típico llanto que era capaz de romper el corazón de la persona mas ruda en el mundo, el llanto resonaba en cada rincón de ese oscuro pasillo, los hombros delgados cubiertos por aquella camisa desgarrada temblaban sin control debido a los fuertes sollozos que lo atacaban.

-¡Mamá! ¡Papá! –se alcanzaba a entender entre aquellos sollozos y jadeos. -¿Dónde…donde están? –y sin más rompió a llorar incluso con más ganas, abrazándose las huesudas rodillas, abandonado ahí a su suerte en la oscuridad y frialdad de ese pasillo.

-¡ya deja de llorar con un demonio! –una señora algo robusta salió de golpe de alguna puerta, sobresalto al delgado niño -¡ya te explicaron que tus padres no están! ¡Ya no existen! –el niño dejo de sollozar un momento y eso lo aprovecho la señora que lo tomo de una mano, levantándolo sin mucha delicadeza lo llevo hasta la puerta al final del pasillo donde lo aventó con fuerza y sin mas cerro la puerta, dejándolo en una habitación un poco mas iluminada y llena de ojitos curiosos que lo observaban.

-Hola –una vocecita en su espalda lo sorprendió un poco, giro su delgado cuerpecito y se topo con un niño más o menos de su edad, con unos rasgados ojos color marrón, con unas mejillas regordetas y algo pálidas y sucias -¿Cómo te llamas? Yo soy Jung Yunho

-Han J-Jae Joong –respondió con un hipido, observando con atención aquel vivaracho niño ataviado con un uniforme gris deslavado. -¿Por qué estoy aquí? –pregunto con toda la inocencia del mundo causando que la mirada del otro se oscureciera por unos segundos.

-Supongo que tus padres ya se fueron al cielo…al igual que los míos… -respondió el primero, agachando la carita. –Ahora tendrás que vivir aquí, con el resto de nosotros -la mirada feliz de aquel niño se había tornado un tanto oscura, pero aun así, sus labios se extendían para formar una sonrisa amplia, revelando que se le habían caído unos dos dientes –seremos tus hermanos ahora…

-¿hermanos? –no podía dejar de hipar ni sollozar –Pero yo no tengo hermanos…


-Bueno, ahora los tendrás –se encogió de hombros –se supone que en este lugar viviremos hasta que alguien venga para que nos cuide, unos nuevos padres…una nueva familia –un deje de ilusión en la voz de aquel niño se alcanzo a escuchar –nosotros ahora somos tu familia y como tal debemos de cuidarnos y protegernos unos a otros ¿verdad? En las buenas y en las malas ¿cierto? Y jugaremos y haremos muchas travesuras juntos –los otros niños soltaron alegres carcajadas y aquel escuálido niño esbozo una ligera sonrisa- nos vamos a querer para siempre…justo como una familia ¿verdad Jaejoong? 

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- Jaejoong… -la caricia en su rostro lo hizo agitarse entre sueños, mas sin embargo no abandono su profunda inconsciencia –Jaejoong-shi… -movió el hombro de aquel delgado y bello joven pero al igual que en sus intentos anteriores, el chico no pareció inmutarse por lo que aquel hombre que intentaba despedirse de la delgada figura desnuda enredada entre las sabanas solo negó con la cabeza y procurando no hacer mucho ruido salió del lujoso departamento.

Al escuchar el clic de la puerta cerrarse y los pesados pasos del hombre alejarse, Jaejoong abrió sus ojos oscuros y se estiro largamente emitiendo un sonoro suspiro, parpadeo varias veces antes de incorporarse, aun algo desorientado por el alcohol queriendo salir de sus sistema y el sueño que había tenido esa noche, odiaba eso días en los que recordaba algo de su pasado. Algo le olía a que ese no iba a ser un buen día.

Con pesadumbres se puso de pie y cubrió su desnudez con la primera pantalonera que se encontró por el suelo. Su departamento era claramente lujoso, amplio y de un estilo simple pero sofisticado, mas sin embargo todo ese lujo se veía opacado por el desorden de botellas de cerveza y licor vacías por doquier, restos de empaques de comida para llevar, colillas de cigarrillos tiradas por cualquier lado, ropa abandonada por el suelo sin mucho interés y abandonadas en una mesa de centro de la sala decorada exquisitamente jeringas usadas, pastillas echas polvo y una ligadura. El muchacho, con otro suspiro entro en la cocina, la cual no estaba en mejor estado que el resto de la casa, y abrió el refrigerador, sacando una botella de agua, la cual apuro mirando el reloj de pared con una ligera arruga en su frente. Era cerca del medio día.

-vaya… -pensó, dando otro largo trago de agua y limpiándose la boca con el dorso de la mano- es un milagro que este despierto a esta hora… -se masajeo el cuello con sus largas manos blancas y observo su reflejo en el horno microondas que estaba colocado justo a su altura. 

Su rostro pálido le devolvió la mirada, las ojeras de la desvelada de la noche anterior arruinaban la perfección de su rostro y hacían ver sus ojos oscuros mas carentes de brillo que lo usual, sus labios rojizos se encontraban resecos y algo amoratados; maldijo por lo bajo, aquello no le iba a venir bien y su maldición subió de tono cuando se dio cuenta de la terrible marca purpurea justo en la línea de su mandíbula.

-Perfecto, Kim Jaejoong –mascullo entre dientes, apurándose a sacar una bolsa con hielo- debes recordar que no debes dejar que te muerdan –renegó, colocándose la bolsa en el área afectada.

You’re just another girl…

El sonido de su celular lo sobresalto y aun con la misma pereza con la que se había levantado fue por el aparato quien clamaba por atención en medio de la sala, ocultado bajo una enorme mochila de cuero negro y apariencia cara. 

-Diga… -contesto con su voz característica, una voz que sonaba a la vez aburrido y cansado.

-Yah…Kim Jaejoong –una de las personas que podía llamar “amigo” le contesto del otro lado del teléfono, con su voz aguda perforando el oído sensible del joven delgado –te dije claramente que teníamos una sesión hoy, a las 10 de la mañana. Te deje salir anoche solo porque me juraste y me perjuraste que ese cliente era confiable y terminarían temprano, pero de seguro que tú no te pudiste contener y te lo estuviste cogiendo hasta altas horas de la mañana, ebrio, drogado y ve tu a saber si amordazado o quien sabe que mas. Ahora el PD me está reclamando a mí que donde está su modelo estrella, porque te recuerdo que hoy nos iban a presentar al nuevo CEO, ya sabes…el hijo de papi este, pero claro que tu nos tienes a todos aquí bajando a los dioses y santos de todas las religiones para no te hayas muerto de alguna sobredosis…porque ya te lo he dicho yo varias veces…

-Junsu, cállate. –Lo llamo Jaejoong con voz fuerte y el susodicho se guardo las palabras siguientes de su larga charla –Lo siento ¿ok? Si, fue un cliente muy importante y uno de los que más aprecio, gracias a este cliente podrás tener regalo de navidad –encontró un cigarro suelto en la barra que dividía la sala de la cocina y lo encendió con naturalidad, dando una larga calada y esperando que le calmara el dolor de cabeza que su amigo y colega había acentuado mas. Escucho a su compañero reírse del otro lado de la línea y tomo el fajo de billetes que había en esa misma barra, con una nota que no se molesto por leer –ahora solo me ducho y voy para allá, no quiera el PD que de una buena impresión al CEO en su primer día, si no esperara que llegue temprano todos los demás días y esas cosas que me dan lata, así que… -expulso todo el aire de su boca con una ligera sonrisa –¿para qué le damos falsas esperanzas? 

-Te juro que no te han corrido solo porque eres el rostro más hermoso de todo Corea –refunfuño entre dientes Junsu –bien, entretendré a los jefes por aquí.

-Por eso te amo, Duck Butt –comento Jaejoong, adoptando un tono maternal.

-¡Deja de llamarme así! –exclamo su amigo con su voz de delfín habitual y colgó.

Aun con el cigarro a medio consumir en sus labios se encamino hacia el cuarto de baño y se desnudo sin ganas, se abrazo el cuerpo delgado y, como todos los días, observo en el gran espejo que ocupaba casi toda la extensión de una de las paredes de su cuarto las cicatrices en espalda e ingles que marcaban su cuerpo. Cicatrices que se había ganado por la inocencia de su primer amor. Un primer amor que había durado tanto pero a la vez fue muy poco el tiempo en el que lo pudo disfrutar al que lo castigaran cruelmente por el solo hecho de ser una persona de su mismo sexo. ¿Pero cómo iba a saber bien lo que estaba bien y lo que estaba mal? ¿Cómo iba a saber el que le tenía que gusta el sexo femenino si los únicos ejemplos de mujeres eran obesos y de un carácter horrible? ¿Qué podía aprender el del amor en un lugar tan desolado como el orfanato en el que había crecido?

Ese era el más oscuro secreto de Kim Jaejoong un súper modelo, ulzzang y denominado demasiadas veces el mejor rostro de Corea del Sur. En cuanto se había dado a conocer en el mundo de la moda y las pasarelas su popularidad fue en aumento gracias a su delgadez pero aun así con músculos definidos, su rostro tan fino que parecía hecho con un pincel, su piel tan blanca y perfecta como la cerámica china, sus ojos oscuros denotaban misterio y era capaz de derretir a un montón de adolescentes con tan solo una mirada, sus labios eran la tentación de cualquiera y ni que decir de aquellos músculos que en una pasarela demostró que hicieron que hasta los hombres se pusieran a pensar seriamente en su sexualidad. Era una completa perfección llena de imperfecciones, imperfecciones que se mantenían en el más absoluto secreto.

Como primera instancia aquel secreto que muy pocos sabían era el orfanato en el que sido abandonado a su suerte después de que sus padres murieran en un accidente de auto y sus familiares no hubiesen querido hacerse cargo de un niño de cuatro años. Así pues, ahí fue abandonado a su suerte, preguntándose todas las noches entre lagrimas él porque sus padres lo habían abandonado a su suerte “¿es que acaso Joongie ha hecho algo mal, mamá, papá?” repetía entre sollozos hasta que se quedaba dormido o bien, los azotes que la encargada del orfanato le propinaba totalmente harta de oír sus lloros. Nadie se dignaba en explicarle la situación de sus padres, nadie parecía demostrar afecto alguno por él, nadie parecía importarle que sus rodillas dolían cada vez que caía por el pasillo principal llevando alguna cubeta grande para poder cumplir con sus labores diarias y no recibir azotes por ello, a nadie parecía importarle que las maestras fueran duras con él, que lo azotaran y dejaran sin comer sin razón alguna; según él Han Jaejoong no existía para nadie en ese orfanato, o bueno, no existía para nadie que no fuera Jung Yunho, su primer amigo, su único pilar en el cual sostenerse cuando las cosas pintaban tan feas que no quería hacer nada más que huir de ese mundo, su compañero de juegos silenciosos, su cómplice, su principal defensor frente a los niños más grandes que se burlaban de su delgadez y apariencia delicada; y así fue como la única persona que parecía importarle en el mundo comenzó a convertirse en algo mas conforme crecían.

Ambos eran de la misma edad y conforme iban creciendo ganaron una estatura impresionante, a diferencia de Jaejoong, Yunho tenía más masa muscular, con la que solía asustar e intimidar a los que intentaran sobrepasarse tanto con Jaejoong como cualquier otro niño; sus ojos eran alegres y cariñosos, era muy común verlo con una sonrisa en sus labios, una sonrisa que casi nunca se borraba enfrente de Jaejoong, nunca se debilitaba aun cuando estuvieran cumpliendo un castigo por haber durado un minuto más bañándose e incluso cuando llegaba alguna pareja al orfanato y terminaban por llevarse alguno de los más jóvenes. Jaejoong admiraba tanto a Yunho por esa capacidad de sonreír aunque las cosas se vieran negras y desfavorables; sin saberlo, con aquella simple acción Jaejoong comenzaba a saber lo que era el amor.

Cuando cumplieron los 15 años sus esperanzas de ser adoptados habían decaído bastante, pero parecía no importarles con tal de que estuvieran juntos, pero así como dejo de importarle que los adoptaran, Jaejoong comenzó a preocuparse por otra clase de sensaciones y pensamientos cada vez que estaba enseguida de su amigo. No sabía porque cada vez que hacían alguna de sus actividades diarias que requirieran contacto físico entre los dos sus mejillas se llenaran de un color tan rojo que parecía un tomate; o porque cada vez que le sonreía su corazón latía tan rápido que pensaba que iba a salirse de su pecho y ni mencionar la cantidad de dudas que surgieron en su mente cuando un día despertó lleno de una sustancia blanquecina que parecía haber salido de su parte intima y por que parecía repetirse cada vez que soñaba con Yunho en alguna de las situaciones que sus compañeros platicaban antes de dormirse, situaciones que habían escuchado por la calle, algo llamado “sexo” que incluían mujeres desnudas y cuerpos juntos. Todo hubiera seguido en perfecto orden si tan solo no se hubiera armado de valor para hablar con Yunho al respecto.

-Joongie ¿te sientes bien? –La voz de Yunho lo saco de sus pensamientos y se dio cuenta que llevaba más de cinco minutos con aquel plato sucio. Se encontraban los dos solos en la cocina después de la cena, reinaba un absoluto silencio que era roto por el sonido de los platos al fregarlos. –has estado muy callado ¿Qué te ocurre?

-Ah…es que no se… -Jaejoong movió la cabeza, como queriendo apartar una mosca de su lado -¿A ti no te surgen dudas? –le pregunto después de un rato.

-¿dudas? Del tipo “como es que nacen los arboles de la tierra” –le respondió Yunho, sin entender.

-dudas de lo que está pasando…bueno… -su cara adquirió ese tono rojo cereza que no parecía querer abandonar sus mejillas esos últimos días- de lo que está pasando con…nosotros.

-¿y qué está pasando con nosotros? –pregunto Yunho, mirando a su amigo como si incubara algo infeccioso. 

-¿es que a ti no te pasa? ¿No te has dado cuenta que nuestra voz es más grave? ¿O que las maestras nos hayan dado clases para afeitarnos? ¿Qué últimamente parezco un hombre lobo con tanto pelo por todos lados? –hizo un puchero frustrado y Yunho rio, comenzando a limpiarse el jabón de las manos – O que… -suspiro- ¿No has notado que…bueno… “eso” esta mas grande y…algo le sale? –el color de la cara de Jaejoong se hizo tan intenso que pensó que batiría un record en sonrojos.

-¡Ay Joongie! –exclamo Yunho, riéndose a carcajadas, tomo a su amigo por el cuello y lo atrajo hacia él en un abrazo, un abrazo que casi hizo que a Jaejoong se le saliera el corazón del pecho –eso es normal, lo leí la otra vez que fui a la biblioteca, de seguro las maestras nos lo van a decir en cualquier momento, casi todos estamos pasando por esto. –Jaejoong recordó vagamente las clases que les daban las empleadas de ahí y recordó que algo parecido a “pubertad” había surgido entre los temas por ver –no debes de preocuparte, todo esto significa que estamos dejando de ser niños y nos estamos convirtiendo en hombres. ¡Pronto seremos hombres fuertes como nuestros padres! –exclamo emocionado.

-Pues tú lo serás –murmuro de mal humor- Jung min sigue diciendo que parezco más mujer que otra cosa –refunfuño, desquitándose con la esponja para fregar platos, la cual estrujo entre sus manos.

-Pues eres una mujer muy bonita entonces –susurro Yunho con nerviosismo, aquel cambio en su voz hizo voltear a Jaejoong tan rápido que casi se hace daño en el cuello. –Ah…Jaejoong…si tan solo… -suspiro el chico, tomándole una mano.

-¿Yunho? ¿Qué…? –balbuceo, sintiendo súbitamente calor desde el sitio en el que hacia contacto con los dedos del contrario. 

-¿Recuerdas los Dramas que hemos visto a veces? –la apariencia segura de Yunho había desaparecido por completo, se balanceaba en las puntas de los pies y desviaba la mirada –tu sabes…esas historias de amor que se nos hacían tontas y nos daban ganas de vomitar –Jaejoong asintió levemente con la cabeza, pensando en que pronto vendrían a ver qué alboroto estaban haciendo debido al fuerte repiquetear de su corazón contra sus costillas- No te has puesto a pensar…en que…en que…en que…

-¿en que nos está pasando a nosotros? –borboto sin pensarlo, agachando la mirada –la verdad es que…yo no sé…yo no sé porque me pasa esto cada vez que estoy junto a ti, pero yo…yo siento como si fuera a volar o algo parecido cada vez que estamos así de juntos y… -comenzó con voz jadeante, esta vez logrando el valor suficiente para mirarle a la cara- creo que yo…bueno… -se mordió los labios y sin previo aviso y de repente Yunho se dejo ir sobre él, juntando sus labios en manera torpe y rápida. Jaejoong emitió un leve jadeo de sorpresa y se llevo la mano a la boca, soltándose de Yunho, quien parecía en esos instantes quererse meter debajo de la mesa.

-eso significa Jaejoong, que…creo que nos ha pasado lo que vemos en los dramas… ¡todo encaja! –A Yunho parecía faltarle el aire- Suena raro y mas por qué no logramos comprenderlo del todo, pero…creo que hemos podido encontrar el amor entre nosotros en este jodido lugar –Jaejoong se rio, mas de nerviosismo que otra cosa y sintió que sus piernas se echaban a temblar ¿así que eso había sido todo el tiempo? Se había enamorado de su mejor amigo… ¡y el que pensaba que se estaba volviendo loco! –me di cuenta de lo que había comenzado a sentir por ti…cada vez que te reías, amo cuando te ríes, Jaejoong…por favor, jamás dejes de hacerlo –dijo con firmeza, tomándole ambas manos para atraerlo en un abrazo, un abrazo que se sintió tan diferente, un abrazo que no fue capaz de describir con palabras las sensaciones que explotaron por todo su cuerpo, el solamente quería quedarse ahí…para siempre, abrazado a la única persona que parecía haberlo amado.

Yunho fue soltándose del abrazo poco a poco y trago saliva, viendo fijamente las orbes oscuras de Jaejoong y, esta vez con lentitud, se inclino de nuevo sobre sus labios y los beso de manera torpe, en esos momentos Jaejoong estaba seguro que podía ponerse a volar, saltar, bailar y hacer un millón de cosas con la alegría y euforia que sentía de tener aquellos labios delgados sobre los suyos carnosos ¿Quién diría que los besos que tanto le daban asco cuando los veía en algún drama le proporcionaran tanto…gozo? Jaejoong le abrazo por el cuello con nerviosismo y emitió un largo suspiro cuando sus labios ya habían encontrado un ritmo acompasado, al poco tiempo aquello dejo de ser suficiente, necesitaban más…mucho mas, Yunho parecía saber más que hacer que Jaejoong, por lo que este solo se dejo llevar por el otro cuando su lengua comenzó a abrirse paso para encontrarse con la ajena y en cuanto lo hizo pareció que hubieran encendido un interruptor en el cuerpo de Jaejoong, al primer contacto de sus húmedos músculos la piel del chico de tez blanca pareció estallar en llamas y su respiración se volvió más errática, su beso era torpe pero eso no les importaba en lo mas mínimo, les encantaba estar descubriendo aquellas sensaciones juntos. 

-¿te has tocado alguna vez, Joongie? –le pregunto Yunho, rompiendo el beso de repente, el susodicho frunció el entrecejo y negó con la cabeza, boqueando como si fuera un pez fuera del agua, un pez cuyo oxigeno era Yunho y sus labios. Este formulo una sonrisita en sus labios y lo abrazo con un solo brazo, mientras que el otro acaricio el abdomen del mayor –eres tan inocente Joongie…es por eso que llegue a quererte…a amarte –susurro contra sus labios antes de volver a besarlos y, para sorpresa de Jaejoong, introducir su mano dentro de sus pantalones, tomando aquel miembro tan privado entre sus dedos, moviendo su muñeca de arriba abajo haciendo que un quejido algo fuerte saliera de la boca del otro.

-Yunho…ah…Yunho –jadeo Jaejoong, abrazándose con fuerza a él, enterrando la cara en el hueco de su cuello, dejándose llevar por la intensa sensación que para él era nueva.

-¡JAEJOONG, YUNHO! –una voz grito a sus espaldas, ambos se separaron con el miedo haciendo que sus estómagos dieran un vuelco. -¡QUE CARAJOS SIGNIFICA ESTO! –una de las maestras más estrictas del orfanato estaba frente a ellos, con el rostro de un color amoratado debido al coraje -¡¿Se estaban besando?! –Chillo, acercándose a ellos, Yunho se coloco enfrente de Jaejoong como siempre lo hacía cada vez que se veían en problemas -¡Maldito degenerado, estabas besando a este anormal! –Le grito a Yunho y Jaejoong se encogió de miedo detrás de él, después de que vio que saco una gruesa vara de madera de su cinturón -¡BESTIAS, PECADORES, DEGENERADOS! –Comenzó a gritar fuera de sí, dándole un azote a Yunho conforme a cada insulto que su boca gritaba -¡¿Cómo osan a hacer semejante aberración?! –los azotes eran fuertes, retumbaban en cada hueco de aquella fría cocina pero aun así, Yunho no profirió jamás un grito de dolor, tenía el rostro enrojecido y los ojos llenos de lagrimas pero se mantuvo firme, con los brazos extendidos hacia Jaejoong quien estaba hecho un ovillo en el suelo detrás del.

Pronto aquellos gritos atrajeron más gente, las maestras se agolparon alrededor de ellos dos y para su desgracia todas parecieron igual de ofendidas y escandalizadas que la que los había descubierto. Una de las maestras que más odiaban tomo a Jaejoong con una fuerza inusitada por el brazo y lo puso de pie, zarandeándolo y gritándole cosas sin sentido al oído. Alguien más había tomado a Yunho y los separaron.

-¡No entiendo que tiene de malo! –grito Jaejoong a flor de piel, estirando su brazo para tomar la mano extendida de Yunho, casi al otro lado de la cocina.

-¿No sabes que tiene de malo? –grito la mujer que lo sostenía, quien curiosamente era la misma que lo había empujado dentro de aquella habitación el primer día que había llegado a ese orfanato del demonio –Criatura indecente –le escupió en la cara y le dio una bofetada tan fuerte que le dejo la mejilla adolorida y caliente. -¡Una aberración! ¡Eso estaban haciendo! ¡Besar a alguien del mismo sexo! ¡Tocarse como si fuera lo más natural del mundo! ¡Un pecado gravísimo sobre todas las cosas! –Jaejoong frunció el entrecejo, seguía sin entender la gravedad del asunto ¿todas las personas se besaban, no? ¿Entonces por qué tanto alboroto al que él y Yunho lo hicieran? –Ya sabía que había algo de anormal en ti…debí de haberte apartado desde un principio, desde que empecé a notar tu comportamiento afeminado, tus rasgos finos… -¿anormal? ¡El era un muchacho como cualquier otro! Otra bofetada le doblo el rostro hacia otro lado mientras lagrimas comenzaban a correr sin control por sus mejillas -¡Eres un demonio en cuerpo de hombre, un demonio que vino a hacer pecadores a los demás! 

Tomándolo del cabello lo arrastro hasta el vestíbulo, donde lo arrojo con todas sus fuerzas contra el duro suelo, a lo lejos escucho el leve quejido de dolor de Yunho y su voz reclamando algo, sin embargo sus oídos ya no querían cumplir su función, alrededor del era un desastre total, las bofetadas lo habían desorientado y los azotes en la espalda que pronto comenzó a sentir no le ayudaron a aclarar su mente para poder defenderse.

-¡Que toda la escuela se entere de la clase de abominaciones que estabas haciendo! ¡Las relaciones homosexuales son consideradas lo peor bajo los ojos de Dios, te irás al infierno, tu y todos aquellos que lo practiquen! –alguien le había echado encima un balde de agua fría, por lo que todo su cuerpo se había sumido en temblores intensos y habían aumentado el escozor del impacto de la dura madera contra su frágil piel. –Esa conducta debe de ser revocada…no lo permitiré…anormales no…si empieza uno seguirán los demás… -mascullo la maestra y le dio la vuelta, para su horror alcanzo a ver con el rabillo del ojo manchas de sangre en la loza gris. Intento huir, esconderse, pero el dolor en su espalda era casi insoportable; la mujer le había bajado los pantalones y parecía sostener con más fuerza la vara de madera –Pecaminoso…fornicaciones…malo… -siguió murmurando la maestra para si antes de atestarle un golpe contra la piel blanquísima de sus muslos.

-¡Yunho! –grito a todo pulmón en el primer contacto, a lo lejos escucho que él lo llamaba con fuerza. -¡Yunho! –grito una y otra vez mientras la mujer lo azotaba, pero a cada grito que el daba la mujer aumentaba la fuerza. –no entiendo…no entiendo… -susurro, sintiendo que su cuerpo perdía toda fuerza y su vista se iba oscureciendo –yo solo lo quiero…tan solo lo quiero ¿Qué hay de malo en eso? Es amor…sea lo que sea…es amor.


Se paso una mano por las cicatrices débiles de la espalda y una sonrisa amarga se formo en sus labios, lo habían regañado muchas veces por aquellas horribles cicatrices que arruinaban la perfección de su cuerpo, pero aquellas marcas no solo habían arruinado su cuerpo, lo habían hecho también en su corazón, en su alma, en su mente. La mujer lo había golpeado hasta que otra de las maestras la paro, Jaejoong ya llevaba varios minutos inconsciente y la sangre resaltaba de forma asombrosa contra la blanca piel del chico; como si fuera nada lo habían llevado a una habitación y lo mantuvieron encerrado, sin importarles acerca de sus heridas sangrantes, del dolor que sentía en todo su cuerpo cada vez que intentaba moverse y sobre todo, sin importarles acerca de sus plegarias de que le dejaran ver a Yunho, que el no había hecho nada malo, que no merecían aquel castigo. Poco sabía el que le esperaba un castigo mucho peor. 

Varios días después llego la mujer que lo había golpeado, Jaejoong se hizo inmediatamente un ovillo en el rincón de la habitación, casi sin fuerzas; un hombre la acompañaba, un hombre que le cambiaria la vida para siempre. Sin decirle palabra alguna lo tomo del brazo y lo arrastro hacia la fría noche de diciembre, lo metió en un auto y cerró la puerta con fuerza tras de el, con eso cerrando una etapa de su vida, para introducirlo en lo que lo llevaría a ser la persona que era en el presente. Aquel hombre no se trataba de nadie más que un delincuente, compraba jóvenes de apariencia delicada y los obligaba a pararse en un frio callejón, donde hombres pasaban y los toqueteaban, los observaban como si fueran pedazos de carne, pedazos de carne que deseaban comerse. Jaejoong gano popularidad rápido en ese callejón, mientras que el no podía hacer nada más que llorar cada vez que un hombre pagaba alguna cantidad considerable de dinero y lo llevaba a algún motel de mala muerte y lo obligaba a tener relaciones sexuales con el.

La primera vez que el tuvo un encuentro sexual fue con el mismo hombre que lo había llevado lejos de aquel orfanato, quizá un mes después del accidente de Yunho en las cocinas. El hombre le había curado sus heridas, lo alimentaba y le daba un lugar donde dormir, por lo que Jaejoong no se sentía tan receloso, simplemente pensaba que al fin alguien lo había adoptado (en parte porque le hicieron cambiar su apellido de Han a Kim); su verdadero terror ocurrió una noche de lluvia, el se encontraba acostado en su cama llena de resortes duros que se le clavaban en el cuerpo, intentaba conciliar el sueño pero, al igual que muchas noches, el recuerdo de los labios de Yunho permanecía en su mente y no se dejaba de preguntar que había sido del pobre muchacho ¿Le había ido tan mal como a él? Entonces lo oyó, oyó al hombre entrar a trompicones en la cocina y supo que venía de nuevo borracho como una cuba, por lo que solo se enredo más en la fina sabana y se dio la vuelta, cerrando los ojos con fuerza esperando que el hombre llegara y se desplomara a su lado, roncando casi de inmediato. Para su sorpresa no sucedió así. Se acerco a el y lo destapo, murmurando cosas como que “ya era tiempo” y que “nunca había visto tan buena mercancía”; una nausea ascendió por la garganta del muchacho cuando sintió las manos ásperas del hombre meterse torpemente en su pantalonera y acariciarle las piernas sin mucho cuidado, no le gustaba aquello para nada en absoluto. Pero no porque aquello no le gustara significaba que el hombre iba a parar, en cambio, pareció incitarlo la suplica queda de que parara. Lloró, lloró todo el rato en el que el hombre lo penetraba con brutalidad, arrancándole gritos de dolor y haciendo que gritase a viva voz que lo matara, que lo matara en ese entonces, no había otra cosa que el deseara mas en esos instantes más que morir, morir para irse con sus padres y acabar con el tormento en el que se había convertido su vida.

Después de un tiempo supo que llorar y suplicar que lo dejaran ir no lo iba a hacer salir de aquel infierno, se había ganado muchas palizas y bofetadas por parte de los “clientes” ante sus incesantes lagrimas y timidez; sus compañeros le explicaban que entre menos llorara, mas cooperara e hiciera todo lo que sus clientes le pedían iba a ganar más dinero, iba a poder tener una doble vida, como lo hacían muchos de sus compañeros en el callejón, podía asistir a la escuela, tener un trabajo, tener una casa y olvidar por ciertos momentos la deplorable situación a la que se veían sometidos. Le convencieron de que aquello era lo mejor que le había sucedido, que no había mucho de donde escoger cuando se era un huérfano pobre y con pocas oportunidades, que de lo que ellos podían escoger esa era su mejor opción, aprovecharse de su belleza y ser el mejor, ser el mejor para convertirse en el entretenimiento de las personas ricas y de fama, personas que podían comprarle un departamento e incluso alejarlo de aquella vida y llevarlo a una vida llena de lujos sin que el no tuviera que hacer más que abrirse de piernas y dejar que le follaran el culo hasta que se encontraran sexualmente satisfechos. Así pues con esa mentalidad Jaejoong comenzó a mejorar en cierto sentido, pronto los rumores de que aquel joven de apariencia delicada era la mejor compañía, con su piel suave y ojos oscuros prometían una noche llena de diversiones. Así fue como se hizo el prostituto de mayor renombre en las calles de Seúl.

Y tal y como sus compañeros se lo habían dicho, las puertas se le abrieron al convertirse en el amante preferido de empresarios ricos que buscaban desatar lo que en verdad eran lejos de las miradas de sus esposas. Pero así como las puertas se le abrieron a la oportunidad de ser modelo, de tener un departamento y auto lujosos, ropa y todo lo que quisiese, así también el pasado no dejaba de ir a el en las noches, pesadillas lo asaltaban casi todas las noches, sentía de nuevo aquella vara arremeter contra su piel y se despertaba gritando, asustando en varias ocasiones a las personas que estaban enseguida de su cama; otras noches recordaba las travesuras que realizaba junto a Yunho y se pasaba la noche en vela intentando pensar que a Yunho le estaba yendo mejor a que a él, que Yunho no era desdichado para nada, que era un orgulloso estudiante universitario y que había cumplido su sueño de bailar en alguna compañía famosa de Seúl, o incluso internacional. Pronto encontró solución a todos esos fantasmas que lo acosaban por la noche, el alcohol, el tabaco y las drogas parecían alejar todo pensamiento de la realidad, eran bastante efectivas para hacerlo pensar en cualquier otra cosa, pero había veces, como ese día, en el que sus recuerdos eran más poderosos que las drogas y el alcohol y terminaba de nuevo encerrado en su departamento, destrozando todo a su paso para evitar hacerse daño a el mismo, llorando sin consuelo por toda su habitación, pensando seriamente en inyectarse o tomar de más de aquel surtido de drogas al que tenía acceso, pensando seriamente en terminar con su vida para siempre, en terminar con su tortura, puesto que no veía salida, no veía alguna otro camino en su futuro más que seguir haciendo lo que mejor sabia hacer hasta que alguna enfermedad consecuente de sus actos lo llevara de ese mundo.

*********

El viento que entraba por la ventanilla de su Lamborghini Murciélago le alborotaba los cabellos rubios aun húmedos por la ducha que había tomado más tiempo de lo planeado, por lo que aceleraba impaciente por las calles de Seúl hasta llegar a su agencia, una agencia donde había conocido gente que le arrancaba sonrisas verdaderas, donde podía decir que había conocido verdaderos amigos y sobre todo, donde parecía que a nadie le importaba su pasado.

-dijiste que llegarías tarde, pero no pensé que dos horas tarde… -lo riñó otro de sus compañeros y amigos, Park Yoochun, en cuanto se hubo estacionado con un patinazo frente al edificio cubierto de vidrios polarizados, las personas de alrededor le lanzaron miradas curiosas al llamativo automóvil. –los jefes han de estar furiosos, a ti se te ocurre desaparecer justo en el momento menos apropiado.

-tuve trabajo anoche –repuso Jaejoong, haciendo un puchero en sus labios. Aquellos a quienes les decía mejores amigos, Junsu y Yoochun, eran los únicos que sabían de su otra actividad -¿sigues fumando? –le pregunto con una ceja alzada cuando vio que su compañero tiraba al suelo una colilla de cigarro y le daba un leve pisotón.

-no tienes nada que decirme, tu también lo haces…es mas…cosas peores –repuso Yoochun, tomándole un brazo y observando que no tuviera marcas en el pliegue del antebrazo.

-ya… -se soltó de tirón, sabía que sus amigos se preocupaban bastante por el, y a pesar de que los tres les gustaban los vicios del alcohol, las fiestas y el sexo, no aprobaban la manera en que el muchacho de piel nívea llevaba sus vicios. –Pero yo no tengo asma y no me puedo morir en medio de una pasarela –recalco Jaejoong, observando como el otro sacaba su inhalador del bolsillo y lo accionaba antes de entrar al edificio. –ahora sí, cuéntame… ¿Qué tal parece el nuevo CEO? –su mirada vago alrededor, buscando algún tipo gordinflón y con sonrisa pervertida que estuviera mirando a sus compañeras mujeres.

-No lo he visto, al verdad, el jefe lo ha traído enseñándole las instalaciones desde hace como tres horas, estábamos esperando por ti para que tuviéramos la reunión oficial con el. Aunque Yoona menciona que es demasiado guapo, alto y se ve que hace ejercicio –las cejas de Jaejoong se alzaron por encima de las gafas oscuras que llevaba aun dentro del edificio para ocultar las ojeras que había debajo de sus ojos. –parece que es totalmente diferente a lo que pensábamos y se dice que el va a poner verdadero orden entre nosotros, pero que también nos darán pasarelas de diseñadores internacionales y quizá podremos viajar y así.

-¿de qué compañía dices que es el hijo del papá? –pregunto, haciendo una mueca y entrando al elevador que los llevaría hasta la sala de juntas.

-¿el hijo del papá? –pregunto Yoochun, riéndose. Si algo tenia de interesante Jaejoong era la capacidad de hacer reír, de actuar de la manera más extraña en el mundo y poner un poco de alegría en el ambiente cuando todos estaban cansados. –es el hijo del Presidente del grupo Tohoshinki.

-¿Tohoshinki? Dijiste que el tipo era coreano –pregunto extrañado y Yoochun se encogió de hombros. Junsu llego corriendo hasta donde estaban ellos y cuidando de no tirarles la cartera con tres vasos de café encima entro al elevador antes de que se cerraran las puertas. -¡Oh, por eso te quiero tanto Jun-chan! –le pellizco una de las mejillas y el muchacho rubio platino se quito con un gesto de molestia.

-Pues me han dicho que tiene finta de coreano, pero creo que el presidente si es japonés…la verdad no tengo idea, no entiendo muy bien cómo funcionan las empresas y esas cosas –comento Junsu, actualizándose en la conversación rápido. 

-Bueno, si piensa recortarnos el salario o impedir que nos llevemos ropa a nuestras casas ya se las verá conmigo –dijo Jaejoong, después de dar un gran trago de café que sintió que le sacaba ampollas en el esófago. –supongo que ha de tener sus secretillos por ahí…y bueno…un 30% de mis… -hizo un gesto con la cabeza y sus amigos se movieron algo incómodos –un 30% ha sido heterosexual que se vio en duda por un breve momento.

-escuche que está comprometido –Junsu se encogió de hombros, soplando su propio vaso de café, Jaejoong le lanzo una mirada de reproche e inflo sus mejillas. –no necesitas exponerte de esa manera, Jaejoong, ya te lo he dicho. –le comento con tono de preocupación y Jaejoong hizo un ruidito de desdén con la lengua. –eres mi amigo, y te acepto tal y como eres…

-yo sé lo que vas a decir, Junsu –le interrumpió el mayor con voz dura –me vas a pedir que lo abandone, que me vaya del país y esas cosas si es que el salirme de “ahí” me causa problemas y mi respuesta va a ser la misma de siempre –las puertas del elevador se abrieron y los tres salieron, el pasillo ya estaba lleno de gente por lo que tras lanzarle una mirada a los dos de “no-me-pueden-decir-que-hacer” fue a un lugar vacio justo enfrente de las puertas de la sala de conferencias. –ya, olvídenlo por hoy ¿quieren? No he tenido un buen día y solo quiero irme a casa a descansar un poco. –bostezo largamente.

-vienes de tu casa –Yoochun ladeo la cabeza –Siento que en cualquier momento te saldrá pelo blanco y negro y te harás algún tipo de hombre panda –los tres echaron a reír de buena gana y en eso las puertas de la sala de conferencia se abrieron. –Oh…aquí vienen –susurro emocionado y Jaejoong, quien había quedado de espaldas a las puertas, se dio la vuelta rápidamente.

Frente a ellos habían tres personas, uno era su jefe, quien sonreía tenso y entablaba platica con un hombre a su izquierda, o más que hombre era un muchacho que parecía de unos veinticuatro años, era de piel un poco más oscura, de bastante estatura y demasiado delgado, por lo que le daban aspecto enclenque, aunque la forma en que aquel traje de apariencia cara se le pegaba al cuerpo indicaba que se ejercitaba bastante. Jaejoong lo recorto rápidamente y pensó que parecía algún geniecillo guapo, ya que las gafas cuadradas que descansaban sobre el puente de la nariz le daban un aspecto de nerd que desencajaba con los dos hombres a su lado. Paso la vista al hombre a la derecha de su jefe y el café que tenia a la mitad de la garganta casi se le va a los pulmones.

-¡Ah, veo que ya están todos aquí! –saludo alegremente su jefe, componiendo una sonrisa forzada –bien, bien, como ya saben tenemos un ligero cambio de administración… -la voz de aquel hombre maduro se escuchaban muy lejos, Jaejoong no le prestaba atención, tenía los ojos desorbitados debido a la sorpresa y se le había olvidado como respirar…pero es que, no podía ser…de todos los lugares y personas…

Se agarro de un brazo de Yoochun al sentir que las piernas le fallaron. Pero no podía equivocarse, era una persona que no podría olvidar fácilmente, había cambiado, si, pero todo parecía igual en él. Alta estatura, cuerpo fornido, manos grandes y varoniles; cabello castaño oscuro, algo largo pero parecía que una estilista se había pasado horas intentando hacer que quedara con ese look impecablemente alborotado; ojos color chocolate que observaban con gesto critico a todas las personas apiñadas en aquel pasillo, nariz fina, labios abultados y aquel lunar seguía en el mismo lugar, justo debajo de su labio inferior, como invitándolo a probar aquellos rosados labios…aquellos rosados labios que le dieron su primer y único beso real de toda su vida. Jaejoong trago saliva con fuerza y se aferro con más fuerza a su amigo, parpadeando varias veces para que sus ojos no lo engañaran.

-Hola a todos, soy su nuevo CEO –hizo una reverencia cortes –soy el heredero del grupo Tohoshinki y estoy a sus ordenes –se levanto y sonrió ladinamente. –Soy Jung Yunho, un placer conocerlos.




1 comentarios:

  1. o por dios el hermoso hombre echo realidad esta parado frente de jae
    y este a punto de el infarto
    bueno jae lo ha reconocido pero yunho se acordara de jae espero que si
    pero esta comprometido y se casara yunho que sera de jae ahhhhhhhhhhhhh que desesperación por que lo terminan así espero pronto suban el siguiente capitulo hasta pronto espero bye bye muy bueno e interesanete

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