Playgroung “Let me play at love with you”

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Título: Playgroung “Let me play at love with you”
Autor: Rose
Pareja: Jaemin
Extensión: Oneshot + Epilogo
Género: Lime, Au, School life

Resumen: Un vicepresidente escolar tiene la desdicha de verse envuelto en un juego que lo hace ser víctima de acosos por parte de un total extraño. La paranoia domina en su mente al intentar averiguar porque su propio corazón le esta haciendo una jugada sucia.
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Level 1 [START]

Un temblor progresivo invadió su cuerpo mientras mantenía las uñas clavadas a la pared de ladrillos a su espalda, Las piernas le temblaban incapaces de sostenerse como es debido y mantenía los ojos clavados en el piso, inmóvil mientras recibía los agresivos empujones que en aquel estado de shock y temor no tenia idea exactamente de cual de los cuatro delincuentes que tenia en frente provenía.

— ¿Cómo es que gracias a ti me suspendieron de la escuela? ¿uh? ¡Un escuálido bicho flacucho como tú! ¡Estas de coña, imbécil! —Escupió salvajemente contra su cara uno de ellos, llevando una de sus enormes, rasposas y pesadas manos a su nuca, halándole el pelo hasta hacerlo enfrentar su mirada— Mírame cuando te hablo, pequeño marica.

—Hng —Murmuró ante el brutal ataque, recibiendo un doloroso golpe en el estómago— ¡ugh!

— ¡Vicepresidente de la clase y una mierda! ¡No sabes el tostón que me pego mi viejo por culpa de la suspensión! —Grito otro, golpeándolo en la cara, haciéndole voltear el rostro a un lado de forma violenta— ¡Que mejor que cobrarlas con el culpable! —el salvaje tomó al chico por el cuello, estrellándolo contra la pared, de forma tan bestial que se escuchó el crujir de sus huesos contra el cemento— ¡Te voy a sacar los mocos a punta de golpes, estúpido nerd!

Las esperanzas para el pobre muchacho estaban agotadas, sabía que en aquel callejón, justo detrás del patio de juegos de la escuela no transitaba o había nadie, por ende, la posibilidad de que alguien lo socorriera era casi nula. Por lo que aceptando la cruel paliza que pronto recibiría, cerró los ojos con fuerza y espero los golpes, solo deseando que pudiera regresar a casa caminando… al menos…

— ¡Ahora si me las pagaras! —Graznó el más corpulento de todos, agarrándolo por el cuello.

Ya veía los huesos de su cara malogrados, los dientes rotos, los labios agrietados. Gracias a esto debía faltar a la escuela por lo menos un mes, después de todo, eran cuatro tipos de ultimo año que aunque no lo sobrepasaban en altura, si en masa corporal y por sobre todo en maldad, y a su propia conciencia en motivos para destazarlo.

Tenias que hacer lo correcto, Shim Changmin, tenías,  ahora tu cara se hinchará y te dolerá el culo hasta que te gradúes de secundaria. —Pensó, sintiendo los dedos incrustarse en su cuello dolorosamente, cortándole el aire—

— ¿Tienen… —Una voz susurrante y pausada se escuchó, algo distante, pero fue suficiente como para captar la atención de los cuatro delincuentes— que hacer tanto ruido para dar una paliza? — la voz se hizo más cercana, mas ronca y profunda a medida que un olor muy particular inundaba las fosas nasales de Changmin.

Cigarrillo.

El olor se percibía con más fuerza, al igual que el sonido pausado de los zapatos tocando el suelo húmedo y sucio del pequeño callejón.

Repentinamente el sonido se detuvo y Changmin paulatinamente fue liberado del agarre de su cuello, resbalándose por la pared hasta quedar sentado en el piso, observando a los cuatro matones mirar fijamente a un invitado más, cuya cara no podía reconocer debido a que los cuerpos de los otros estudiantes le obstaculizaban la vista:

—Y se puede saber ¿Quién carajo eres tu? —Gritó el más grande, acercándose peligrosamente al recién llegado con las fosas nasales agrandándose de ira por la paliza que acababa de interrumpir—

—Eso no te importa —respondió altanero, tirando la colilla del cigarrillo al piso y aplastándola con la punta de sus zapatos— Pero estaba fumando tranquilamente en la azotea cuando tus gritos de animal alteraron mi tranquilidad —Emuló, apoyándose en la pared y cruzando una de sus piernas sobre la otra. Tomó otro cigarrillo y el encendedor, calando el humo cuando el delgado tubo fue encendido— Y no hay nada que me moleste más que eso.

Changmin aprovechó toda aquella confusión y que el recién llegado tenia toda la atención de los cuatro mastodontes, para escurrirse lentamente de su vista, arrastrándose por el piso con cuidado de no hacer mucho ruido, aprovechando que los cuatro estudiantes se acercaban al muchacho.

—Pagaras por la mierda que acabas de decir —Dicho esto, el grandulón quiso estrellar el puño contra la cara del recién llegado. Changmin se quedo congelado al ver que con una sola de sus manos, el visualmente débil chico, detenía el puño enorme del otro y lo empujaba hacia la pared donde segundos antes Changmin se encontraba estampado.

Con una sola mano…

—Y yo que pensaba que esta escuela iba a ser aburrida —Murmuró en un tono bajo y seguro, sin una sola pisca de miedo—

Changmin retrocedió hasta ponerse a salvo detrás de los contenedores de basura, desde aquel lugar su campo visual se limitaba a la espalda de su —por el momento— salvador y las caras cubiertas de venas a punto de reventar de los cuatro delincuentes que pretendían molerlo a golpes hace unos minutos.

— ¡Te vas a arrepentir, cara de muñeca! —Graznó otro de los estudiantes, lanzándose en conjunto con otro de los tipos a atacar al nuevo, que los esquivó e hizo caer al piso con un simple movimiento de hombros.

— ¡¿Por qué no pueden cogerlo?! —volvió a gritar el más corpulento luego de haberse recuperado del golpe anterior, lanzándose hacia el muchacho que atinó una fuerte patada contra su cara, derribándolo junto a los otros dos que estaban detrás.

Terminó con el cuarto con un puño que lo hizo retroceder y caer de bruces al suelo junto a los otros tres.

Los cuatro estudiantes se quedaron pasmados observando desde el suelo al que los había derrotado con menos que cuatro movimientos. El muchacho, que en ningún momento había soltado el cigarrillo le dio una última calada antes de volver a cargarse la mochila al hombro y tirar la colilla al suelo, volviendo a aplastarla y dándose la vuelta en dirección a los botes de basura.

Changmin esperaba oculto, con la boca y los ojos bien abiertos por la escena de película de acción que acababa de ver.

Cuando el extraño estudiante nuevo pasó a un lado de donde se encontraba ni siquiera se inmuto de su presencia y siguió caminando a paso suave y tranquilo, mientras Changmin se recuperaba del shock y se levantaba del piso, corriendo detrás del desconocido para tratar de darle las gracias y al menos conocer su nombre.

A solo unos metros de separación, Changmin no se percató de que el extraño había desaparecido. Viró la vista en todas direcciones para saber donde se encontraba pero era inútil, el sujeto se había esfumado en un parpadeo.

—Pero… donde— preguntó anonadado—

Fue entonces que sintió un fuerte apretón en su cara y un nuevo golpe en su espalda, siendo acorralado nuevamente contra la pared pero no por cuatro enormes tipos con cara de mafiosos, esta vez era solo uno.

Un alto y delgado chico de penetrantes ojos negros y piel tremendamente blanca, que tenía los brazos firmemente fijos a cada lado de su cabeza, observándolo con una indescifrable expresión.

¿Disgusto, tal vez?

— ¿Me estas siguiendo? —Preguntó. El olor a tabaco era bastante penetrante, sin embargo, su voz se escuchaba algo amable, muy distinta al tono que escuchó cuando se dirigía a los cuatro tipos anteriores.

—Uhm S—Si, B—Bueno no. Quiero decir, s—solo quería… —

El pobre Changmin se sentía tremendamente frustrado por no encontrar las palabras que decir, un simple “Gracias por haberme salvado el trasero allá atrás” o “Ignoraré que estabas fumando en el patio de la escuela y no te denunciaré solo porque me salvaste de ir al hospital” eran frases constructivas que se adaptaban perfectamente a la situación, pero que por alguna razón no podía decir claramente.

—mmm y—yo… g—gracias —Concluyó, simple, nerviosa y cortantemente, correspondiendo aquella insistente y gélida mirada con una asustadiza y titubeante, devolviéndola al piso inmediatamente la levantó—

Esperaba que con aquello el chico se retirara y lo dejara ir finalmente. Pero contrario a ello, escuchó una leve risilla algo ahogada. Changmin levanto la vista solo para encontrarse con una mirada completamente distinta a la que recién había visto.

Esta mirada daba miedo, mucho miedo.

A pesar de que el sujeto sonreía, incluso mostrando sus dientes, sus ojos no lo hacían, sus ojos estaban estáticos y fríos como hace un instante.

—Estas de coña — Rio suavemente, dejando a Changmin perplejo, pero sobre todo estupefacto, al sentir los delgados y suaves dedos del otro levantando su barbilla, enfocando su vista en esos grandes ojos color ámbar, con la tenue luz del sol reflejándose en el lado derecho de su rostro— Creíste que esto terminaría con solo un gracias ¿eh? eres divertido.

Changmin parpadeó varias veces sin captar lo que había dicho e intento abrir la boca para decir algo en replica, pero pronto fue silenciado.

Sus labios fueron sellados con otros labios.

Changmin se quedó congelado mirando hacia la nada al sentir el movimiento en su boca, un cuerpo invasor humedecía su cavidad a media que sus labios eran frotados por los del extraño.

Y se asustó demasiado al sentir la húmeda lengua atravesar cada rincón hasta casi tocar el fondo de su garganta.

Era su primer beso, aquel que había guardado con inocencia para aquella persona que lo mereciera, fue arrebatado por un hombre.

—hmmng mmm hmp — Su opresor mantenía su barbilla levantada y con aquella mano movía su rostro a su antojo, ladeándolo para poder tener más acceso a su boca, profanando su cavidad de una forma sucia y animal. Ningún primer beso podía ser tan húmedo como ese.

Changmin no se movía por lo espantado que estaba. Veía un montón de puntos de colores saltando de aquí para allá y su cabeza daba vueltas, sintiéndose intoxicado por el penetrante sabor a tabaco que tenia la boca del otro.

Su opresor le apretó la cintura con la mano libre al poco tiempo, llevando su cuerpo hacia su dirección, acercándolo mucho mas, solo para que su lengua entrara mas profundo en su interior y poder sentir mucho mas cerca el temblor profuso del pequeño animalillo que se retorcía bajo su agarre.

Changmin ya no podía mas, se estaba atragantando con toda la saliva ajena que estaba inundando su boca. La nueva sensación de una boca contra la tuya de esa forma tan carnal, estremecería a cualquiera y su atacante no le dejaba espacio a nada, ni siquiera para poder coger el aire que le faltaba y que estaba a punto de hacerlo perder la conciencia.

Temía morir asfixiado ¿se podía morir asfixiado por un beso? No lo sabia, pero por las estrellitas revoloteando en su cabeza, presentía que si no se había dado antes, el seria el primero en esta categoría de muerte.

¡Esto tenía que ser una pesadilla!

Sus suplicas fueron escuchadas luego que algunos sorbos de aliento mas, el extraño lo soltó cuando se cansó de profanar su boca e inmediatamente Changmin se deslizó por la pared ya sin fuerzas, mientras con lentitud respiraba cachitos de aire, pues estaba tan impactado, que hasta se había olvidado de como respirar normalmente.

Levantó el rostro observando al extraño relamiéndose los labios mientras se echaba el cabello hacia atrás, limpiándose los restos de saliva que enmarcaban sus labios.

—Es buena —Sonrió, poniéndose de cuclillas hasta quedar a la altura de Changmin— el sabor de tu saliva, me gusta — la sonrisa se amplió a media que Changmin lo miraba desenfocado y perdido, apenas notando que seguía frente a su cara—

—B—Bastardo —Espetó, poco a poco recuperando la cordura— Sucio… eso fue sucio…

— ¿Eso crees? —La sonrisa divertida del muchacho se amplió, esta vez llevando las manos a su rostro y apoyando su barbilla en ella— A mí me pareció divertido. Es mejor que una lluvia de golpes ¿no?

Changmin no podía creerlo, el hijo de puta acababa de masácrale la boca a lengüetazos, y decía que era ¿divertido? ¡Divertido y una mierda! El se sentía como si lo hubieran violado, su primer beso ¡su apreciado primer beso!

—Si tan solo no me hubieras seguido para intentar dar las gracias, las cosas se hubieran quedado tal como estaban.

— ¿Q—Qué dijiste? —Logró preguntar, empezando a enrabietarse—

—Que ahora me he encaprichado contigo, ni siquiera hubiera recordado tu cara si te hubieras ido a casa sin molestarme. Pero ahora… — El pelinegro se acercó hasta el castaño, tomando su barbilla nuevamente y dejando un beso tibio y leve en sus labios, haciendo sobresaltar nuevamente al otro— Serás mi juguete, vicepresidente.

El extraño se levantó, volviendo a colgar la mochila en su hombro y caminando con total tranquilidad alejándose del vicepresidente, el cual se quedó sentado en el piso al menos unos veinte minutos antes de caer en cuenta de lo que el otro había dicho:

—E—Espera un momento su ¡¿SU JUGUETE?!

[…]


Algunas semanas transcurrieron luego de aquel incidente. Para entonces, paranoia era el único sentimiento que Changmin guardaba en su interior. Cabe decir que a partir de aquel extraño encuentro, el vicepresidente no volvió a toparse con el completo desconocido que lo salvó de la paliza y lo cierto es que no se esforzó en lo más mismo por encontrarlo o siquiera conocer su nombre.

No luego de todos aquellos acontecimientos que le siguieron al “rescate” y que le hacían cuestionar algo que jamás pensó que cuestionaría en su vida.

A decir verdad solo tenía 16 años, se encontraba en su etapa de exploración y reconocimiento de si mismo. Además de los libros de sexualidad —y el porno— no había tenido contacto alguno con el sexo femenino y en medio de aquella época de incertidumbre, un apuesto chico que aparece de la nada lo salva y le roba un beso y hace que su lindo pilar de “me gustan las chicas, soy completamente heterosexual” se tambalee y caiga a pedazos.

Y no es que antes no haya cuestionado sus inclinaciones, es simplemente el hecho de que aceptaba su sexualidad como tal, porque era lo que el resto imponía, lo que sus padres, la escuela y la sociedad le habían inculcado y jamás se detuvo seriamente a indagar en aquello… claro, no hasta hace unas semanas.

La conclusión a la que llegaba era simple, no le agradaban ni desagradaban las chicas y de igual forma con los chicos, todo se reducía a que aquel beso del que fue víctima lo dejó emocionalmente inestable y vulnerable y puso su cabeza a dar vueltas.

A partir de aquella “conclusión” el circulo vicioso empezaba de nuevo, ¿Porque debía afectarme si hasta entonces tenia muy clara mis tendencias? Lograba escudarse en su aparente estado de impresionabilidad y de que, luego de la rotunda desaparición del culpable todo pareciera un sueño.

Pero ¿eso era todo? ¿En verdad fue un sueño?

Justamente, por no poder reconocer la línea de veracidad de lo sucedido —además del hecho de que los de tercer año no se le acercaron más— se encontraba severamente confundido por lo que sucedía a su alrededor, algo nervioso de descubrir algo que no quería saber y sin duda aquello lo obligaba a pensar más de la cuenta.

[…]

—Yunho—ah, ¿no deberías irte ya?

—Está bien, no los dejare con todo este papeleo entre manos.

—Hyung, podemos arreglárnosla solos, una vez terminemos los llevaré a su salón de clases, no puede retrasar la auditoria.

—Sí, pero.

—Hazle caso al chico, tiene toda la razón.

Yunho masajeó sus sienes con los dedos para mitigar un poco del dolor que lo invadía, moviendo la cabeza de forma afirmativa y levantándose de su asiento con parsimonia, dejando al vicepresidente y el tesorero encargarse de terminar el informe semanal de actividades escolares, cosa que era su trabajo:

—Lo siento chicos, dejándoles todo el trabajo duro otra vez.

—Vaya de una vez, Junsu—hyung y yo nos encargaremos de todo.

—Muy bien, lo dejo en sus manos chicos.

—Ve con cuidado Hyung      —Lárgate ya.

Yunho dibujó una sonrisa en su rostro antes de salir corriendo del salón en dirección al auditorio.

El presidente escolar era un carismático y responsable estudiante, presidente de la clase por mas de dos años y estudiante de honor, ocupando el primer lugar en las calificaciones mensuales de la escuela desde que llego a ella. No había una sola falla o mancha en su historial y se esperaba que llegara muy lejos luego de que se graduara:

—A veces quisiera que respirara un poco —suspiró Junsu, pasando las hojas que tenía en la mano— Presidente de la clase, capitán del equipo de judo, karate y baloncesto, estudiante de honor. Me pregunto si le queda tiempo para ca…

— ¡Junsu Hyung! —Gritó Changmin, abriendo los ojos—

—No seas tan educado, estamos solos, podemos hablar pestes de él —sonrío, enternecido por la actitud del menor—

—Aun cuando sea así, no creo que haya algo malo que decir.

—Mmmm —Se detuvo un instante, mirando al techo con atención— Ah, maldición, tienes razón, es perfecto.

—Nadie es perfecto Hyung.

—Sí, nadie lo es. Pero el aun no deja ver sus debilidades.

—Lo que digas, terminemos esto.

—Eres tan aburrido, Changmin.

Pasaron el resto de la tarde nadando entre informes y organizando itinerarios. Yunho no había regresado, lo que era prueba de que la auditoria se había extendido, algo que normalmente sucedía.

Los demás estudiantes culminaban sus actividades extracurriculares y regresaban a casa. El silencio reinaba en los pasillos del edificio, y con algo de esperanza, Changmin también se iría en unos minutos, pues su trabajo estaba prácticamente terminado.

Con cuidado recogió los papeles que debía entregarle a Yunho en el aula. Supuso que sus cosas aun estarían ahí, dado que la reunión se había extendido, solo las colocaría en su pupitre y regresaría a casa.

Junsu se había quedado dormido en su silla,  mencionó algo de leer un gran libro toda la noche y había bostezado muchas veces antes de caer rendido sobre los panfletos del próximo viaje escolar, por lo que el menor lo reconoció como la razón de su cansancio.

—Duerme bien, Hyung —Susurró, antes de tomar la carpeta y dirigirse a los salones de último año para terminar sus deberes por el día, no quería despertarlo, le daba demasiado pesar al ver su cara de paz y relajación.

—Mmm —respondió Junsu, acomodándose un poco más entre los papeles amontonados, provocando que Changmin se riera un poco—

Ser parte del consejo estudiantil no era un trabajo sencillo, además del hecho de que, el debía ser la autoridad cada que Yunho no pudiera y eso era prácticamente todo el tiempo. Había muchas cosas mucho más pesadas que organizar papeles. Y más aún para él, siendo alguien retraído y tímido por naturaleza.

Le había costado horrores ganarse el respeto de los estudiantes y hacer escuchar su voz.  Muchas veces habían surgido protestas para con el, mencionando que lo mejor sería que Junsu ocupara su lugar, que no tenia aptitudes para su puesto. Pero Yunho no pensaba igual que el resto, aseguraba que en manos de Junsu todo sería un relajo, que no tenia carácter ni actitud para disciplinar y que el confiaba en el trabajo que el estudiante de segundo año estaba haciendo. Yunho confiaba en el, pero esa confianza pesaba mucho en los hombros de Changmin, que, literalmente, debía hacer todo el trabajo sucio que el presidente no hacia.

Rápidamente llegó a los salones de ultimo año, como era de esperarse, estaban totalmente vacíos, a excepción de una que otra pareja que se colaba entre los rincones de los pasillos y las escaleras a hacer cosas no muy bien vistas pero el horario escolar había concluido y no podía hacer nada para detenerlos, ni tenía la energía tampoco. Sin mirar demasiado, llegó al salón de Yunho y deslizó las puertas, encontrándose con un desolado panorama.  Justo lo que esperaba.

No recordaba con claridad cual era su pupitre, de hecho, esta era la segunda vez que entraba a su salón. Solo intuyó que debía ser el único que aun tendría su mochila en el asiento, por lo que solo revisó con cuidado los asientos hasta que finalmente la halló casi al centro del aula.

Con cuidado, metió la carpeta que contenía los informes en su mochila y la cerró sin detenerse a ver nada.  Pretendía darse la vuelta y finalmente irse a casa, hasta que un olor familiar inundó el ambiente y sin pensar demasiado pudo saber que se trataba de cigarrillo.

¿Por qué carajo todos los estudiantes fuman hoy día? ¿Es algún tipo de moda? —Pensó furioso, tratando de guiarse en su olfato para encontrar al rufián fumador que había interrumpido su valioso regreso a casa y que ensuciaba el aula académica con su desobediencia.

Caminó alrededor de los pupitres hasta poder observar una pequeña nube de humo que salía de la nada, casi al final del amplio salón. No podía ver la cara del perpetrador, así que se acercó con cuidado hasta encontrar al culpable.

El fumador se hallaba recostado a lo largo en los asientos del pupitre, con las piernas extendidas y los brazos detrás de su nuca sirviéndole de apoyo a su cabeza, tenía el cigarrillo casi consumido en los labios y su largo cabello oscuro cubría parte de su rostro.

Era un estudiante de tercer año, por lo que Changmin dudó si realmente podía exigirle algo o darle un sermón, por experiencia personal sabia que meterse con los de tercer año eran problemas seguros, pero aun así, no podía dejar pasar una falta al reglamento tan grande como esa.

Se acercó un poco más al pupitre y su vista se hizo mas clara, quedando anonadado al reconocer aquel rostro, al saber que lo había visto antes y se quedó inmóvil por unos segundos, llevando una de sus manos a sus labios, antes de que algún ruido que pudiera escapar de estos lo delatara y aquel chico se pusiera de pie.

Un escalofrió viajo de su espina dorsal a su nuca y una extraña sensación invadió la boca de su estomago. Miró a ambos lados, extremadamente nervioso, su cuerpo entero tembló cuando otra cortina de su humo salió expulsada de sus labios y el estudiante se movió un poco, parpadeando mientras el daba un paso hacia atrás, buscando correr azorado una vez este abriera sus ojos.

“N—No quiero que me vea… no quiero que me vea”

Changmin no tuvo que esperar demasiado, la puerta corrediza del salón se abrió unos segundos después y Yunho entró apresurado, llegando hasta su mochila, percatándose de la presencia de un estudiante más y se asombró al reconocerlo, observando al menor que se mantenía de pie y estático, luciendo extrañamente afectado:

—Changmin—ah ¿Qué haces aquí todavía? —Preguntó Yunho, dando unos cuantos pasos hacia adelante, buscando acercarse al menor—

El que se mantenía inmerso en su propio sueño abrió los ojos paulatinamente debido a la voz que llegaba hasta sus oídos, la luz anaranjada de la tarde cayendo y entrando por los calados del salón le permitió observar la mirada sorprendida y algo asustada del que se encontraba frente a sus ojos, de su cuerpo, que se contrajo un poco al ver la sonrisa que se dibujó en su rostro y a los poco segundos, sus labios se curvaron en un susurro silencioso “Te—en—con—tré”.

El menor volvió a tensarse y en un segundo, bruscamente dio la vuelta y salió corriendo del salón sin mirar  a nada o nadie mas, como si hubiese visto a un muerto, dejando a su superior completamente desconcertado:

— ¡Changmin—ah! —Gritó Yunho al instante, pretendía seguirlo, pero pronto se percató de la presencia del tercero en cuestión en el salón. Miró hacia atrás, observando el lugar por el cual había salido Changmin y volviendo la vista hacia el otro chico, que se levantaba con pereza y colgaba su mochila al hombro.

—Jaejoong ¿sigues aquí?

—Uhm —murmuró afirmativamente el pelinegro, caminando sin ninguna prisa hacia la puerta. Un ligero silencio se formó entre ambos, pero pronto Yunho se encargó de romperlo—

—Le dijis…—dudó, apretando un poco la mochila y dirigiéndose directamente a los ojos del otro— ¿Le dijiste algo a Changmin?

— ¿Se llama Changmin? —Susurró Jaejoong, sonriendo levemente mientras sacaba otro cigarrillo de su bolsillo—… No… no cruzamos palabra —respondió tranquilo, llevándose el cilindro de papel a la boca y apresurándose a encenderlo, mientras pasaba a un lado de Yunho — No pondré en juego tu reputación, si es lo que te preocupa —El pelinegro sonrió de nuevo, llevando las manos a sus bolsillos y dejando el salón finalmente.

Yunho se quedó algunos minutos mas, observando la carpeta apenas metida en su mochila y suspiró metiéndola correctamente y cargando la mochila en su hombro. Sin tener clara idea de lo que había sucedido entre esos dos.

[…]


Los exámenes concluyeron de forma rápida, muy a pesar de la notable presión que Changmin estaba sintiendo en esos momentos, pudo superar sin ningún problema todas las pruebas de esa semana.

Estaba muy paranoico luego de aquel último encuentro, ahora sabía tres cosas del sujeto, que era de tercer año, que iba al mismo salón que el presidente de la clase y que era un fumador compulsivo, o bien, esto último lo suponía y era a final de cuentas lo que menos le interesaba.

Una semana atrás estaba a punto de aceptar que todo se trataba de un error, que no se habían encontrado, que todo se trataba de una ilusión, al ver que el completo extraño parecía ajeno a la escuela. Ahora se enfrentaba a los hechos, que era un estudiante de su escuela que estaba muy cerca y que de una forma u otra el lo había buscado.

— ¡Shim, estas lento! —Le gritó el profesor de EF. Había olvidado completamente que se encontraba en una prueba de velocidad, así sucedía últimamente, su nube de pensamientos lo elevaban muy lejos de la faz de la tierra—

— ¡Lo siento! —Gritó, provocando las risas del resto de sus compañeros—

— ¡Apresura el paso u obtendrás negativo! —Volvió a gritar el profesor—

Como pudo Changmin recuperó su ritmo, el tiempo que había gastado fue retomado y pasó la prueba al llegar en 4to lugar luego de la 6ta vuelta a la cancha. Concluida esta, se acostó en el pasto completamente agotado y azorado luego de la carrera, respirando a bocanadas, completamente rojo. Concentrándose en el cielo y las nubes de algodón que se movían de un lado a otro. Pensando y pensando, volviendo a dejar volar su mente en el tema que lo alteraba desde hace semanas:

¿Es algo bueno, no? Al menos ahora que se donde encontrarlo, me esforzare por evitarlo al máximo.

Aquella fue su primera estrategia y estaba seguro que aquello le daría tiempo al menos para calmarse y poner en orden el cumulo de pensamientos sueltos que tenia desde que lo había visto por primera vez.

[…]

Un alboroto se escuchó luego de concluida la carrera, un grupo de chicas emocionadas vitoreaba algo en desordenadas frases a poca distancia del campo. Changmin no estaba interesado en lo más mínimo, cosas chicas, nada interesante. Eso pensaba, hasta que se concentró y pudo reconocer uno de los nombres envuelto en la conversación:

— ¡Es Yunho—Oppa! Esta a punto de jugar un emocionante partido.

—Pero aún tenemos EF, debemos correr ahora que los chicos han concluido.

—Aish, ¿no podemos pasar? Quiero verlos jugar…

—Hablemos con el profesor, al menos que nos de unos minutos.

Mientras las chicas iban en grupo a rodear al profesor e intentar convencerlo de que las dejara ver el partido, Changmin se levantó de la grama y se sacudió el pasto pegado a su sudadera, pasando el antebrazo por su frente para secar el sudor y luego caminó en dirección a las gradas, con la intención de ver jugar al presidente.

Hacia mucho tiempo que sentía este tipo de atracción extraña hacia el mayor, sabia que era algo mas cerca a la admiración que al plano romántico, pues la idea de tener “algo” con el jamás se le paso por la cabeza. Él estaba presente en cualquier cosa que tuviera que ver con Yunho. Tal vez, el presidente se había convertido en alguien especial al darle tanta confianza, y sentirse bien con sus consejos y su amabilidad ayudaba mucho a incrementar esta sensación.

Sea como fuese, se había acercado hasta las gradas y se abrió paso entre las personas, mientras efectivamente observaba a Yunho calentar junto a los miembros de su equipo en la cancha.

El presidente era muy atlético, practicaba muchos deportes a la vez y en todos se destacaba notoriamente, le encantaban estas actividades y para su suerte, Junsu también compartía este amor por los deportes, con la excepción de que este ultimo solo jugaba y hasta el momento solo se había interesado en ser el capitán del equipo de futbol.

Ambos —Junsu y Yunho— Estaban practicando lanzamientos y se reunieron con los demás miembros del equipo para organizar sus posiciones. Esta era la especialidad de Yunho, siempre dirigía a las demás personas de forma maravillosa y verlo hablar con tanta confianza hacia los demás y que estos lo siguieran era simplemente fantástico. No podía evitar el mirarlo con tanta profundidad, Yunho representa todo lo que el quería llegar a ser algún día, algo más que un simple nerd que saca buenas notas.

[…]

—Entonces ¿Jugarás Kim?—

El profesor estaba desde hace rato tratando de convencer al esquivo muchacho, el parecía mas interesado en las canciones de su reproductor que en participar en la actividad. Pero, no quería rendirse, una pequeña inquietud lo azoraba desde que lo vio entrar en su clase hace apenas unas semanas

—Escuché que eras titular en tu otra escuela y nos falta un jugador…el equipo contrario esta en desventaja.

Jaejoong estaba a punto de negarse, hoy no tenía la mínima energía para jugar un partido amistoso que ningún beneficio le traía a su promedio, así que se giró en su cuerpo hacia el maestro sin quitarse los auriculares de los oídos, entreabriendo los labios para hablar hasta que algo fuera de tono captó su mirada.

En medio de un bullicio de chicas pequeñas que gritaban con sus vocecitas chillonas vitoreando al equipo del presidente de la clase, se encontraba alguien. Su altura resaltaba, estaba un poco alejado del bullicio y mantenía la vista fija en la práctica del equipo, como cualquier espectador más, sin embargo, el notó algo diferente.

Siguió la dirección a la que la vista del muchacho se dirigía, sus ojos se movía a la par con los movimientos de uno de los jugadores en específico y al notar de quien se trataba… sonrío.

Fue entonces cuando el presidente fue consiente de su presencia y levantó la mano en forma de saludo, este le correspondió al instante y rápidamente su mirada viajó al piso. La curiosidad del pelinegro creció…

— ¿Kim? —Le llamó el profesor— ¿Jugarás?

Otra pequeña sonrisa se dibujo en su rostro al tiempo que se levantaba de la banca y descolgaba los auriculares de sus oídos, metiendo el pequeño aparato en su mochila. En un movimiento veloz, arrebató la pelota de los brazos del maestro haciendo unos cuantos dribles antes de girarse de nuevo y devolverle el objeto, en un tiro certero a su agarre.

—Jugaré—
[…]


En medio de la práctica, se había quedado pasmado con los movimientos de Yunho, sabia que estaba siendo insistente, pero aun así, no podía apartarla por mucho que hiciera. Fue entonces que Yunho finalmente se percató de su presencia y levantó la mano y la sacudió un poco en el aire, saludándolo.

Aquel gesto trajo una lluvia de gritos por parte del grupo de animadoras que se encontraban cerca de el, entre ellas se peleaban ya que cada quien esperaba que aquel saludo se dirigiera hacia ellas. Sin poder evitarlo, sonrió, inclinando un poco la cabeza para tratar de no ser visto, completamente encantado luego de haber sido notado por el presidente.

— ¿Quién es ese? —murmuraban de regreso las chicas, luego de dejar de gritar—

—Nunca lo había visto en la escuela.

— ¿Jugara con el equipo contrario?

— ¡Imposible! El tiempo de calentamiento ya acabo.

Inconscientemente se dejó llevar por los comentarios, había un miembro del equipo contrario que no había estado en los calentamientos que se encontraba justo detrás del profesor. Ambos, se acercaron hasta Yunho y conversaron algunos segundos, al parecer el iba a entrar y jugar de improvisto.

Los murmullos continuaron por un rato, el muchacho se mantenía de espaldas a la multitud, con los demás jugadores rodeándolo por lo que Changmin decidió ignorarlo y dirigir su vista a Junsu, que lo saludaba desde la distancia, alejado de los demás, mucho mas cerca de la canasta.

 Respondió el efusivo saludo de la misma forma, sin evitar sonreír, hasta que un grito generalizado por parte de las chicas amenazó con romperle los tímpanos, devolviendo su atención a los jugadores:

— ¡Pero si está buenísimo!

—Dios, jamás lo había visto ¿Quién no notaria semejante bombom?

—Debe ser nuevo estudiante de intercambio ¡Fighting Oppa!

El jolgorio incrementó y justo en ese instante Changmin se obligó a ver que era de lo que tanto hablaban, encontrándose de frente con aquella sonrisa que tantos escalofríos le causaba, dejándolo pasmado en medio de aquel bullicio:

—Kyaaaaa ¡Me sonrió!

—Claro que no, me sonrió a mí.

—Están flipadas ¡Me sonrió a mí!

Lo había olvidado, se había olvidado por completo de aquel detalle, concentrado en Yunho, se había borrado de su mente lo que sabia hace una semana, que el chico estaba en su salón, que era compañero de su presidente, ¡Que era una estupidez venir a ver el partido! Se supone que debía evitarlo, no encontrarse con el.

Sus ojos viajaron nerviosos por el resto del campo, pudo ver a Junsu, volvió la vista a Yunho y en ese momento recordó algo importante. El lo había visto con sus propios ojos pelear contra aquellos grandulones, acabar con ellos en un suspiro y aquel sujeto tan peligroso iba a enfrentarse a sus únicos amigos. Se asusto ¿Qué tal si les hacia daño? Él no podía quedarse con los brazos cruzados.

Pero antes de pensar siquiera hacer algo, el silbato del entrenador sonó y el juego comenzó oficialmente.

La pelota se elevó, Yunho se encontraba a un lado del campo como líder del equipo, Jaejoong al otro lado en la misma posición, ambos con las miradas fijas en el otro aquellos cortos segundos en que la pelota quedó suspendida en el aire y luego, la sonrisa de Jaejoong,  una ráfaga de viento y en menos de un segundo, la pelota estaba en sus manos.

Yunho ni siquiera pudo parpadear antes de que Jaejoong driblara la pelota, pasándola por el espacio que quedaba entre sus piernas y pasando a su lado, burlando fácilmente a todas las defensas, llegando a la canasta con rapidez, pero en ese instante, Junsu fue el único capaz de bloquearlo y recupero la pelota, regresándosela a su capitán.

— ¡Despierta Yunho! ¡El juego ya comenzó! —Gritó Junsu, al ver que su líder no se movía. Este parpadeó, moviéndose finalmente y driblando la pelota al territorio contario—

Changmin no podía con la sorpresa, luego de liberarse del bloqueo de Junsu, Jaejoong paso directamente a atacar a Yunho, que aunque había también burlado a las demás defensas, no pudo evitar que Jaejoong le arrebatara la pelota y volviera a atacar en su campo, atinando un lanzamiento a mitad de la cancha.

En un pequeño intervalo, la pelota brincó en el aro, pero inmediatamente entró, desatando los gritos azorados de todos los estudiantes en las gradas ante la habilidad magnifica del nuevo estudiante.

[…]


Solo bastaron diez minutos para que Jaejoong anotara los 20 puntos que eran necesarios para vencer al equipo contrario, que con mucho esfuerzo solo logró alcanzar 8, fue una victoria definitiva, que le ganó la atención de todos inmediatamente.

El partido concluyó con el sonido del silbato, una gran muchedumbre se aproximó hasta el pelinegro tratando de acorralarlo, las chicas gritaban esperando que contestara sus insistentes preguntas.

Pero él no estaba nada interesado en ellas, su vista viajó inmediatamente al poste cerca de las gradas y allí estaba, de pie, pero para su molestia su vista estaba totalmente dirigida al equipo perdedor. Hizo una mueca al percatarse de ese hecho y esta se profundizo al ver como se acercaba al presidente y su tesorero, sonriendo y dándoles animo luego de la brutal derrota, y los tres se sonrieron, caminando fuera de las gradas.

Esta victoria sabía a derrota.

[…]


Algunas horas pasaron luego de aquel partido. Changmin había quedado algo mareado, se había esforzado por animar a Yunho, pero sus ojos no podían evitar sentirse atraídos por los bellos y limpios movimientos de su desatador de injurias.

Al principio pensó que era por la preocupación de que sus amigos salieran lastimados al enfrentarse con esa bestia, pero al notar como el partido fue concluido sin ninguna falta, aquella idea cayó al piso y se hizo pedazos.

Era decepcionante por como se habían conocido, por la primera impresión que tenía de el, porque incluso llego a pensar que se trataba de una ilusión y también por el hecho de que dado lo profundo de su relación, ni siquiera sabía su nombre:

¿Y qué carajos me importa su nombre? Enfócate Changmin, enfócate —Se sermoneó así mismo, acercándose hasta la fuente y bebiendo un poco de agua, luego de terminadas sus actividades de EF.

La tarde ya estaba cayendo y el agua cristalina se pintaba de un colorido naranja, el sol se relejaba en el agua que corría del pequeño chorro a su garganta. Adoraba estos pequeños detalles de la naturaleza y la física que le permitían desconectarse de todo aquello que agobiaba su mente.

Así como la física te hace ver cosas hermosas, también te castiga, pues al presionar demasiado el botón de expulsión de agua, el chorro salió con mucha fuerza inundando su cara por completo, entrándole por la nariz.

—Waaaaa cof cof cof

No podía ver nada, así que estiró su brazo para poder alcanzar su bolsa. Pero lo que encontró fue una mano que se extendía hacia el, junto con una toalla que agarró sin dudarlo llevándola a su cara y limpiando el agua.

—Gracias —murmuró contra la toalla, quitándola de su rostro para dirigirse a la persona que le había tendido la mano— Me has salv…

Sus palabras quedaron atoradas en su garganta cuando se encontró de frente con aquel rostro sonriente, con el cuerpo apoyado ligeramente en la pared cerca a las fuentes, completamente tranquilo:

—Eres bastante torpe —musitó, sin dejar aquella sonrisa—

—C—Como ¿Qué? ¿P—Por…?

— ¿También eres tartamudo?

— ¡NO!

— ¿Entonces?

No pudo replicar, se sentía acalorado y disperso. Bajó la mirada inmediatamente, sintiéndose extraño. Rápidamente intentó moverse a un lado, entregándole la toalla al tipo, esperando que el la aceptara y lo dejara ir.

Jaejoong la tomó, pero junto con la toalla tomó su brazo, aprisionando al vicepresidente contra su pecho mientras lo arrastraba hacia uno de los callejones de la parte interior de las gradas:

— ¡Sueltamhpgh!

Jaejoong puso una de sus manos y cubrió su boca, pegándose a su cuerpo hasta reducir su espacio lo mas mínimo, obligándolo a levantar la mirada hacia su cara y no hacia sus pies, luego rodeo con su brazo la cintura del menor, pasando su rodilla por debajo de la separación de sus piernas, presionando su ingle suavemente:

—Eres bueno… has venido solo a encontrarme conmigo…

— ¡Esmph nmgh chgfmp! (¡Eso no es cierto!)

—Digamos que… ¿Todo fue coincidencia?

Asintió

— ¿Nunca pretendiste buscarme?

Negó

—hmmm Entonces lo entiendo.

Changmin abrió los ojos ampliamente ¿eso era todo?, no es que se sintiera decepcionado pero esperaba un poco mas pelea por parte del otro.

Jaejoong levantó la mano que mantenía cubriendo su boca, un pequeño hilo de saliva se escurrió por los labios del menor pues había estado hablando mientras bloqueaban sus palabras:

—Pero —Jaejoong se acercó hasta chocar su frente con la de Changmin, pegándolo completamente al muro de concreto a su espalda— Eso no cambia el hecho de que quiera jugar contigo.

Jaejoong sonrió al ver al muchacho cambiar de colores frente a sus ojos y movió su pierna hasta presionar su ingle con algo de fuerza, provocando un gritillo por parte del menor que se estremeció al sentir el contacto en su parte baja. Changmin jadeó involuntariamente pasando a esquivar la mirada del mayor, presionando sus manos contra su pecho para intentar apartarlo:

—Vaya cuerpo lascivo el que tienes —susurró, dejando que el aire caliente de su aliento chocara contra su oreja, provocándole a Changmin miles de espasmos por segundo.

En aquella situación no podía evitar recordar aquella ocasión, cuando lo besó en medio de la calle de esa forma tan animal. El no podía sacarse aquello de la cabeza por mucho que se esforzara, estaba metido en su mente y lo enloquecía.

Desde entonces solo pensaba y recordaba ese día mil veces y otras mil mas, se sentía extraño, con ese movimiento en sus tripas que no podía reconocer, que aunque comiera no se llenaba y aunque hiciera ejercicio o tragara mucha agua tampoco desaparecía. No podía explicarse, nada de lo que pasaba tenia sentido… nada de lo que este chico le producía podía tenerlo. El era una gran interrogante en su cabeza.

¿Quién era y porque le hacia sentir todo esto?

Su corazón estaba haciendo una carrera en su pecho, lo sentía tan cerca de la garganta que hasta tenía ganas de echar afuera todo lo que mantenía en su estómago y este último también estaba loco, sentía cosas revoloteando por dentro como hormigas, y no era exactamente porque estuviera hambriento.

¿Qué podía entonces calmar el circo que sentía por dentro?

El movimiento en su parte baja incrementó paulatinamente, Jaejoong pegó sus labios fríos contra su mejilla, provocando que la piel de Changmin se erizara por completo.

El pequeño espacio se abrió para dar paso a su lengua, que mucho mas templada se paseo suavemente por su piel, bajando hasta llegar a su cuello, donde se detuvo hasta succionar suavemente.

Changmin prensó entre sus dedos la camisa de Jaejoong, agobiado por no tener como sostenerse pues se sentía mareado, el bombeo en su pecho se apresuró, continuado con los revoloteos y el calor que se extendió en su cara y su parte media, que estaba siendo estimulada de una forma demasiado insuficiente.

Cosas no muy puras pasaban por su cabeza, cosas que quería gritar y morir después de gritarlas pues eran demasiado vergonzosas.

Cuando el primer jadeo corto escapo de los labios de Changmin, Jaejoong detuvo el movimiento de su lengua para separarse un poco de el y observar su rostro.

El menor tenía los ojos fuertemente cerrados, sus labios entreabiertos dejando escapar a empujones el aire que su acelerado corazón bombeaba a sus pulmones, los puños apretados contra su pecho y el notable y creciente bulto que se formaba en su entrepierna.

Jaejoong estaba bastante sorprendido de que estuviera tan pacifico y doblegado sabiendo que lo que el estaba haciendo era en cierta medida ultrajarlo y que estuviera tan despierto aun cuando solo estaba estimulándolo un poco.

Aquello último, lejos de desanimarlo le hacia tomar mas interés, Changmin podía ser un poco precoz, pero era normal dada su edad, hasta dudaba por su comportamiento mojigato a que siquiera se hubiera tocado a solas al menos una vez.

Aquella idea, de un niño con su extrema virginidad intacta, le excitaba a sobremanera.

Eso solo le hacía pensar en las miles de cosas pervertidas que quería experimentar. Por lo que quiso jugar mas sucio, movió sus labios hasta los del menor, atrapando en el acto su labio inferior y mojándolo suavemente con su saliva, empujando su lengua contra estos, con la única intención de que se abrieran para el.

Changmin opuso total resistencia al toque, apretando los dientes como si su vida dependiera de ello, provocando una risa floja por parte del mayor, que optó por pasar a su labio superior y sorberlo contra los suyos:

—Eres ingenuo —susurró, pasando su mano libre por los costados del delgado cuerpo de Changmin, moldeando con sus dedos la tenue silueta que tenía, deteniéndose en sus caderas, específicamente en el fajín elástico de sus pantalones de EF.

Solo por un momento se creyó con los suficientes argumentos para agradecer a quien invento tal prenda de vestir que tan fácil le hacían el acceso a los aspirantes a violadores como el.

Finalmente la boca de Changmin le cedió el paso a su lengua cuando sintió aquel invasor tener contacto con la estimulada parte media de su cuerpo, el menor se removió, causando una fricción mucho mas intensa que le voló la cabeza, haciéndole reventar el pulso de una forma poco sana.

Se quejó a voz pero aquellos quejidos se encontraban ahogados contra la lengua que se movía en su cavidad, haciéndole sentir asfixiado por la poca amabilidad y la humedad de aquel impávido beso.

La mano en sus pantalones se movía con fuerza aun con las prendas que impedían su total flexión, Changmin estaba por volverse loco, solo había aspirado aire unas cuantas veces por su nariz como pudo, pues su victimario le había tomado gusto a su boca de una forma que rayaba lo psicótico.

Y ahí estaba, aquella nueva sensación experimentada, cuantas veces había intentado obtener esta sensación con porno y no lo había logrado y aquí venia, como un huracán.

Abrió la boca y echó la cabeza hacia atrás intento soltarlo con fuerza, ya lo sentía venir, tan fuerte como se imagino que vendría alguna vez. Aquello le recordaba cuantas veces se creyó que era estéril al no poder conseguirlo, ahora descubría para su pesar que la razón estaba lejos de ser aquello.

 Pero, su primer gran orgasmo se vio cruelmente impedido, al tiempo que quien se lo proporcionaba, apretó su glande impidiendo la salida, y luego de algunos segundos, alejó su mano, dejándolo a mitad de camino y separándose bruscamente de su cuerpo.

Changmin rodó por el muro hasta alcanzar el suelo, cerrando sus piernas en torno a la dolorosa erección. Las manos de Jaejoong tenían la evidencia de su presemen, además del brillo singular en sus rojos y abultados labios, producidos por otros fluidos de su organismo.

Apenas y podía asimilar nada, el dolor en la entrepierna le impedia reconocer la gran pasada que le había hecho y mucho menos percatarse de la risilla traviesa del que hacia unas semanas era el salvador de sus huesos.

El pelinegro se acercó a Changmin hasta quedar en cuclillas frente a su rostro, volvió a sonreír al ver el sonrojo en su cara y el total desastre que era su ropa. Se inclinó hacia adelante y tomó sus labios una última vez, un beso corto  y suave, antes de levantarse y darle la espalda.

Changmin lo observó sin poder creer su desfachatez, al ser capaz de dejarlo de esa forma tan miserable luego de lo que había causado. Le fulminó con los ojos apretando más las piernas, como si aquello fuera aliviar la punzada dolorosa que lo invadía.

—Solo hay una forma en la que puedes bajar eso —Emuló Jaejoong de espaldas, sacando un cigarrillo de su bolsillo— y solo hay una persona en la que puedes pensar mientras lo haces.

El mayor dio una calada a su cigarrillo mientras sacaba un pañuelo del bolsillo y lo tiraba a los pies de Changmin, mostrando su sonrisa una vez más.

—Eso es todo lo que jugaremos por hoy —Murmuró con suavidad, haciendo un guiño con el ojo— la próxima vez, ven a buscarme tu mismo Changmin—ah~

Changmin contuvo su sorpresa al escuchar su nombre salir de aquellos labios, quiso preguntar cómo lo sabía, pero para cuando reaccionó Jaejoong ya se había marchado dejándolo acurrucado en un rincón. Pronto la presión en su bajo vientre era demasiada para soportarla, había demasiadas cosas nuevas pasando a su alrededor.

Su boca… ya no sabia a cigarrillo… era agradable… —pensó mientras estiraba el brazo y recogía el triangulo de  tela que le había tirado el sujeto y apretándola contra su pecho mientras se esforzaba por levantarse.

Era obvio que en su estado no podía llegar a casa, no sin desmontar la tienda de campaña que se levantaba debajo de su ropa interior. Así que como pudo agarró su mochila y la puso frente a sus caderas, corriendo hasta el baño más cercano que pudo encontrar, encerrándose en el cubículo pensando detenidamente en lo que estaba a punto de hacer.

El dolor era insoportable, tenía que solucionarlo cuanto antes.

Jadeó con fuerza cuando se bajó la sudadera hasta los tobillos y la tela rozo con la punta de su miembro. Respiró con fuerza, rogando que nadie entrara en este momento ¿Qué iban a decir? ¡El vicepresidente de la escuela masturbándose en el baño! Eso seria una muerte inminente a su prestigio y a su vez una muerte social, y eso que nunca fue demasiado popular.

Estaba temeroso al ver aquel erguido pedazo de su ser, palpitante e hinchado. Jamás lo había visto así, jamás había conseguido una erección de esa escala antes por mucho esfuerzo que pusiera en ello.

Suspiró un par de veces mientras cerraba su mano en contra de su miembro, su corazón se aceleró nuevamente, no con la misma intensidad de antes pero si parecido. Sus ojos se cerraron a voluntad y su otra mano apretó el pañuelo que aún tenía entre estas. Hasta entonces no recordaba traerlo encima.

Observó el trozo de tela de color beige, estaba envuelto de forma bonita y tenia una pequeña cinta de color mas claro en los bordes, seguía moviendo su mano contra su erección mientras lo observaba, estaba anonadado ya que este incipiente objeto delicado y sobrio no pegada nada con la personalidad de quien se lo había tirado.

En ese instante se dio cuenta que no sabia absolutamente nada de el, además de su salón y su año, no conocía nada, ni su nombre o apellidos o de donde había salido.

Él le había hecho tantas cosas y el aun no sabia ni la mitad. Cerró los ojos en torno al movimiento avasallador de su mano, finalmente estaba lográndolo, aunque no venia con la misma fuerza de antes.

El pañuelo cayó de su mano, llegando hasta sus pies. Abrió los ojos de inmediato al notar que no lo tenía. Se fijó en donde había caído, observando específicamente unas letras que no había visto antes, en uno de los bordes de la tela:

—Kim. —Alcanzó a leer, esforzando un poco su vista, solo para enfocarse mas— Jae…joong… Kim Jaejoong —susurró y las imágenes frescas de sus recientes encuentros aparecieron frente a sus ojos, obligándolo a cerrarlos mientras lo sentía.

El pasar de su lengua, el calor de su mano, el sabor de su saliva libre de nicotina, lo sentía, tan claro que no bastó demasiado para que aquella tormenta se avecinara y lo hiciera explotar de una forma increíble, haciendo viajar su semilla hasta la puerta del cubículo.

Jadeó con fuerza mientras la adrenalina del momento disminuía, sentía la humedad en su mano, producto de lo que acababa de suceder y le parecía completamente increíble.

Solo necesite su nombre para…

Estaba mareado, no quería siquiera pensar en ello, eran demasiadas cosas pasando alrededor y estaba demasiado anonadado como para concluir alguna de ellas. De esa forma, se quedó inmóvil sentado en el retrete con la mente en blanco, aun recordando las chispitas de la llegada al orgasmo.

Pasada algo más de media hora, pudo levantarse y ponerse la ropa de vuelta, recogiendo el trozo de tela del piso y observándolo con cuidado mientras abría la puerta y salía del cubículo.

Metió el pañuelo en su bolsillo mientras se dirigía directamente hacia los lavabos, abriendo la llave y salpicando su cara con agua. Se mantuvo observando las gotas salpicar antes de levantar la vista hasta el espejo y denotar la presencia de alguien mas, provocando que diera un bote hacia atrás, completamente asustado.

Una calada, olor a cigarrillo, una sonrisa y algunos pasos fueron el preludio a la aprensión de la que fue victima, un brazo aprensando su cintura, y una mano viajando directo a los pantalones que acabo de subir, observo por el espejo aquel rostro, que por primera vez en semanas tenia nombre.

—Eso fue lindo —susurró contra su oído, masajeando suavemente la base de su miembro, provocando que Changmin cerrara sus ojos— Ahora que te divertiste jugando solo —susurró mucho más ronco, aprensó el cuerpo del menor contra el suyo, haciéndole sentir en su trasero el bulto que crecía en sí mismo —Juguemos un poco más, juntos—

Aquello solo fue el primero de los juegos que aprendería con aquel sujeto de nombre Jaejoong.

FIN

2 comentarios:

  1. Abigail2/10/2014

    Wooo me encanto *-*
    Lo ame :3
    Ame como puso a jae tan sexy *-*
    ♡.♡

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  2. esperanza1/29/2015

    pervertido mi Jae, muy bueno,pobre Min o suertudo Min gracias

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