Utopía - cap. 7

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No te enamores



Tengo que dejar atrás este sentimiento, tengo que darme prisa.
Por que algún día, este afecto se transformará en lágrimas.







Yunho siempre tuvo muchos planes en la cabeza.

Pero le faltaba tanto, que sus deseos siempre contrastaron con la realidad. Tenía la alevosía de inspirarse y creer que algún día lo lograría, que si cerraba los ojos, podría algún día alcanzar las metas, cerrar los ojos otra vez y agradecer.

Luego creció y comprendió que las cosas no llegaban, tan solo con desearlas.
Había que esforzarse, mucho, demasiado.

Su vida estuvo plasmada por momentos difíciles, madurez apresurada que llegó y lo convirtió en una persona de convicciones. De metas pequeñas que lo mantenían amparado en la comodidad de su trabajo que le permitía al menos enviarle un poco de dinero a su madre a la distancia, comunicarse con ella y visitarla de vez en cuando.

Yunho se acostumbro a desear poco y ser feliz con lo que obtenía.
Desde que comprendió a los dieciocho años que entrar a la universidad no era tan fácil como parecía, no volvió a desear cosas tan grandes, tan lejos de sus manos.

Era mejor para su propio corazón y la decepción por no alcanzar lo que deseaba.
Nunca volvió a desear algo con tanta intensidad, nunca volvió a desear algo tan lejos de sus posibilidades, como lo ha hecho con Shim Changmin.

Y como siempre le había pasado, la propia vida se encargó de cerrarles las puertas y enseñarle que debía aprender a no desear cosas que estaban tan alto. Yunho sentía que era un tonto, no aprendía, no entendía todavía.

Y por ello sufrió, lloró y odió ser tan… pequeño.

Casi está seguro que en alguna ocasión Jaejoong lo escuchó sollozar.
Quizá no era tanto el hecho de que Changmin no le pudiera corresponder. Era el hecho de que Changmin estaba tan lejos que jamás lo podría alcanzar.

¿Siempre iba a ser así?
¿Tendría que conformarse en cada ocasión?

El rechazo de Changmin trajo no solo aquella punzada en el pecho. Trajo también consigo esos recuerdos de cuando era pequeño y no podía aspirar a aquellos juguetes costosos, luego de adolescente aquel cd que alguna vez quiso. O de adulto cuando sus recursos económicos no le permitieron sostener su carrera universitaria.

Yunho había recordado cada cosa que le fue negada.

Las lágrimas fueron un conjunto de emociones, de resentimientos con el mundo y sentimientos que empezaban con Changmin, transcurrían su vida entera, y terminaban con Changmin una vez más.

Por eso, cuando abrió los ojos y la luz que había en el techo dio de lleno en sus ojos, frunció un poco el ceño y volvió a cerrar los ojos. Sentía el cuerpo pesado, la garganta rasposa y el dolor intenso de cabeza que aludía con dejarlo postrado en cama por varias horas más.

—Yunho…

La voz de Junsu era clara, seria e impregnada de una naturalidad extraña.

Pero Yunho apenas puede sentarse. Enfoca la cara de Junsu, le pesa el cuerpo todavía, pero le preocupa esa expresión seria en el rostro de Kim. Está en su habitación, al menos de eso puede darse cuenta.

En aquella mano, Junsu sostiene un papel, lo aprieta con fuerza.
Yunho no sabe lo que sucede.

—¿Por qué no me habías dicho?

Reclamo, hay mucho resentimiento en la voz de Junsu. Están solos en aquella habitación y Yunho se siente aún mareado como para poder responder decentemente. Entonces lo mira a los ojos, directo a aquellos pozos oscuros que están a punto de derramar lágrimas.

¿O es que ya lo ha hecho?

—Junsu…

Su voz sale en un suspiro, grave y profundo entre la confusión que presenta su cuerpo débil por la fiebre y la poca coordinación que posee. No sabe lo que sucede, sin embargo baja la mirada otra vez y puede identificar esta vez el sello del hospital, en el papel que Junsu aprieta en su mano.

El mundo pierde sentido desde ahí.
Yunho ha abierto los ojos pasmado.
¿Cómo ha encontrado Junsu ese papel?

—Dámelo.

Su mano se mueve torpe, intenta tomar la de Junsu, pero él es mucho más ágil, mucho más rápido, ha sacudido su brazo y alejado el papel de su alcance. Aún lo mira, como si quisiera leer su mente. Ahondar en sus razones.

—Junsu, dame ese papel por favor.
—No.

Se niega, como si fuera lo más opcional del mundo. Yunho pierde fuerzas, no tiene valor ni temple para luchar. Solo cae postrado en la cama una vez más, su brazo esta vez tapando su cara y la voz de Junsu perforando su consciencia una vez más.

—…¿Por qué?





Los platos desde la cocina se escuchaban con algo de suavidad, Changmin aún no entendía. Demasiadas confusiones para sí mismo, esa presencia extraña, aquel muchacho que se asemejaba tanto a la imagen calcada de Junsu y sin embargo ni siquiera podía centrarse decentemente en ello, porque entonces pensaba en Yunho y moría su caudal de emociones.

Le preocupaba los minutos a solas. Junsu no daba muestras de salir, no escuchaba nada y nunca tuvo demasiada confianza cuando el mayor les pidió dejarlos a solas mientras revisaba a Jung. Era confuso y movía las manos, las apretaba despacio.

Pero el silencio era otro factor incómodo, el que decía ser el mejor amigo de Yunho estaba en un sillón a pocos metros de distancia mientras jugaba con un pequeño gorro entre las manos, lo movía cada tanto y Changmin sentía que siendo la paciencia la menor de sus virtudes, esta estaba a punto de desaparecer.

—Ya estoy aquí.

Junho entra con su voz suave y pausada, casi sin reclamar su presencia del lugar que parece casi una sala de espera por la cara de los otros. Abraza a Jaejoong y le habla bajito, parece explicarle lo que ha traído para comer y el mayor solo asiente despacio otra vez.

Changmin empieza a notar los movimientos de Jaejoong demasiado ligeros y lentos todo el tiempo. Pierde el espacio un momento, su celular ha marcado el nombre de Yoochun, con esas letras grandes y blancas en el fondo de pantalla.

—Dime— Habla lo más bajo que puede, no necesita que el resto escuche.
Traje el almuerzo. ¿Sabes si Junsu se puede venir al departamento? ¿Tú dónde estás?

Es una pequeña encrucijada, Changmin cree conveniente evadir esa conversación al menos hasta la noche, por eso suspira y habla tranquilo.

—No creo que pueda, estoy muy ocupado. Y Junsu me dijo que hoy no llegaría hasta la noche tiene no sé qué entrevista con el doctor de planta.
Oh, ya veo. Nos vemos luego entonces.

Mentir siempre ha sido demasiado fácil para él y sabe que luego va a tener que darle muchas incómodas explicaciones a Park, pero sinceramente ahora no le importa. De pronto posa su mirada en el tal Junho, en sus facciones ligeramente idénticas a las de Junsu, tanto que está confundido.

Dos personas no se pueden parecer tanto.




Estoy llorando y es culpa mía el estar así.
Fui yo quien se enamoró, fui yo quien creyó que esto duraría quizás un poco más.



Junsu había escuchado su celular sonar, por ese instante no le importó que fuera del hospital o no, solo lo apagó y regreso su mirada a Yunho. A la forma en que había encogido sus piernas y evita su mirada. Con ese cabello casi cubriendo su frente. El tiempo es demasiado, y sabe que en cualquier momento alguien entrara.

—Ni siquiera Jaejoong lo sabe— Pero de pronto Jung habla, como si él sin saberlo le estuviera dando la oportunidad de desahogarse. Hay un rastro mínimo de dolor, en su voz apagada y suave —Hace poco papá vino principalmente a decirme lo de esta enfermedad, entonces me fui a hacer un chequeo y… ahí me dijeron que ya lo tenía.

Lentamente Junsu escurre sus manos entre las sábanas, sobre las manos de Yunho que están sobre sus rodillas, las coloca despacio. Teme ser alejado pero es sutil con su contacto y Yunho solo tapa su rostro, con la mano libre que le ha quedado. Hay tantos suspiros y desolación.

Junsu está perdido de repente.

Aprieta su mano y analiza cada parte de su rostro, hasta hace unos días charló con él, bebieron un poco de té y conversaron de más. ¿Cómo no lo pudo notar?

—¿Estás seguro?
—¿Otra prueba hará que cambie el resultado?

Yunho parecía enojado con la vida, su garganta raspaba cada palabra y Junsu solo se encogió de hombros.

—Sería buena una segunda opinión.
—No quiero volver a pasar por eso…— Parecía asustado de repente, Yunho se encogió un poco más en su lugar y Junsu sintió una barrera entre los dos —No quiero oírlo de nuevo.





Changmin suspiró otra vez, sin percatarse de esa inestable sensación, del movimiento de su pierna y sus ojos atentos que ya habían observado la estancia por completo. Aguardaba al igual que los otros dos, el olor de la comida era leve, sin desempacar, los otros parecían esperar y cuando la puerta finalmente se abrió, Changmin se alzó del sillón directo a la puerta donde Junsu, aturdido solo sonreía de la manera más incómoda que pudo ver.

—¿Qué pasó?
—La presión arterial— La contestación inmediata de Junsu pareció calmar a los demás —Solo necesita descansar y evitar sobresaltos.

—¿Pero va a estar bien?— Jaejoong se abrió paso entre los demás —Él nunca había tenido una caída de esas. Creí que solo era una gripe pero…
—Él va a estar bien— Junsu es un excelente doctor, de esos que transmiten calidez y tranquilidad. Le sonrió a Jaejoong y suspiró —Por ahora será bueno dejarlo dormir.

—Debe ser por su padre— El susurro casi mínimo de Junho a lo lejos llamó la atención de todos, en especial la de Junsu que parecía perder las expresiones de su rostro tan velozmente que incluso Changmin nota su palidez. Y toma su mano, con fuerza. Porque Junsu parece perder incluso el equilibrio.

—¿Te quieres sentar?

Jaejoong es amable, en cada poro de su piel, se acerca preocupado al notar la forma en que Shim tuvo que rescatarlo. Pero Junsu sacude su cabeza de un lado a otro, cierra los ojos aturdido por la imagen de Junho. Y luego solo respira hondo.

—A mi tomó por sorpresa también— Changmin habla bajo, muy cerca del oído del doctor —Es como una versión más alta y fornida de ti.

Pero Junsu no responde solo pasa un poco de saliva y baja la cabeza, de pronto le duele demasiado el estómago y siente la urgencia de marcharse cuanto antes de ahí.

—Debo regresar al hospital.
—¿Seguro?— Changmin quiere retenerlo un rato más —Deberías sentarte y descansar.

—No verás a Yunho ahora, necesita descansar.

Es sorprendente como Junsu, con una habilidad ligera adivina sus intenciones. Refuerza sus expresiones con el entrecejo arrugado. Y jala de él, Changmin puede soltarse, marcar la distancia y sabe que Junsu no regresara por él. Pero quedarse es tan incómodo, encaja tan  mínimamente que siente que puede verlo otro día. Una vez más en el parque.

—Le diré que te quedaste bastante tiempo.

Junho alza un poco su mano, asomando su cuerpo desde la cocina, con una sonrisa amigable y Changmin solo asiente descuidadamente, los pasos de Junsu se apresuran, y mira una última vez hacia aquella puerta. Deja que Junsu lo jale a la realidad, quedarse no es una buena opción no ahora.





—¿Qué me estás ocultando?

Junsu no es de andar velozmente pero Changmin es especialista en escudriñar con su mirada hasta el más mínimo movimiento en su amigo y saber si le está diciendo la verdad. Puede notar la tensión en sus brazos. Y su cabeza que no está con él en esos momentos. Esa cabeza tan alborotada de Junsu navega por otros lares.

—Junsu…
—Solo me desconcertó ese sujeto.

—¿El qué se parece a ti?— Kim asiente brevemente, con la mirada hundida en los cristales del auto por un momento —Bueno, es extraño que se parezcan tanto. Pero en realidad me refería a Yunho.

—Changmin aléjate de él— Es brusco y sin el menor intento de delicadeza —Solo estás siendo problemático en su vida. Si no tienes intenciones de corresponderle, solo aléjate.
—¿Cómo sabes…?

—Bastante tiene con sus propios asuntos. Deja de ser tan inconsciente.

Se encuentra parado en medio de la nada, con reclamos justificados, pero fuera de tiempo. Junsu de pronto aprieta los puños, encerrado en sus propias ideas. Sin que Changmin pueda entender lo que pasa por su cabeza.

Junsu no es de discusiones, ni de soluciones difíciles. Pero Changmin siente que el día de hoy no es su día, ha cerrado la boca demasiadas veces antes Junsu. Y se siente inútil, una carga, como si toda la autoestima se hubiera diluido y solo quedara inseguridad.

Por primera vez en mucho tiempo, se siente pequeño.





No te enamores, porque el día en que tengas que decir ‘adiós’ pronto vendrá
Y dolerá tanto, que casi no podrás respirar.



Los problemas para Changmin no mueren después de eso.

Yoochun se muestra decaído con el pasar de los días y rara vez le quiere hablar de sus problemas personales que lo mantienen a él en un vilo permanente. Junsu se ha retraído pasando más horas de las debidas en el hospital.

Es como si su mundo se hubiera desmoronado a sus pies, igual que Yunho, días atrás.

Pero está la laptop todavía sin encender sobre su escritorio, la inspiración se le ha marchado de las manos, encerrado en las cuatro paredes más infames que lo acompañan esa bonita mañana. Esa mañana llena de luz que le recuerda a Jung.

Yunho es otro problema, se ha desaparecido de repente. Como si nada hubiera sucedido, solo volvió a desaparecer y Changmin no piensa tomar la iniciativa de nuevo, buscarlo otra vez, dar el primer paso de nuevo. Demasiado desgastante para su orgullo que reclama un poco de presencia.

A veces se encuentra caminando por calles que no suele caminar, comprando cosas que no necesita para ver si Jung sigue trabajando en el parque. Pero cerca de llegar, se arrepiente. Es inútil. Es vergonzoso. Y sus instintos le piden que solo deje las cosas pasar. Yunho no es tan importante, nadie lo es.

Cuando era pequeño, sus padres fundamentaron tantas cosas positivas y negativas en él, muchas de las cuales está agradecido. Ser hijo único le brindo ventajas inconcebibles, nunca necesitó de nadie como sus compañeros. Nunca necesitó un hermano mayor que lo protegiera, o una hermana cariñosa que cubriera la ausencia de sus padres cuando iban a trabajar.

Shim Changmin siempre supo valerse por sí solo.

A pesar de que la imagen de Yunho, cayendo frente a él, lo atormentara cada noche.
Una y otra vez.






—¿Alguna vez piensas detenerte?

Jaejoong alzaba mucho la voz, lo suficiente como para que Junho a pesar de la distancia lo escuchara mientras jugaba con la pelota entre sus manos y sonreía divertido. Sin dejar de moverse, como si se tratara de un muchacho en su primer día de excursión.

—No, es más divertido que quedarme aplastado en el césped.

Jaejoong solo viró los ojos, buscando apoyo en Yunho que parecía entretenido con el libro en sus manos y sonrió al notar la mirada suplicante del mayor.

—Siempre puede pararte y demostrarle todo lo contrario Jaejoong.
—¡Eso sería dejarlo ganar!— Reprochó Kim —Además no me gusta el fútbol.

—¿A qué persona sub normal no le gusta el fútbol?— Junho rió abiertamente y Jaejoong frunció el ceño, levantándose impulsivo y corriendo hacia él con su puño en alto. Yunho tuvo la oportunidad de bajar el libro, observarlos por un instante y respirar el limpio aroma del pueblo donde Jaejoong había nacido.

Vacaciones exigidas por el mayor de todos debido a que debía guardar reposo y calma. Y según Jaejoong, Seúl no era el lugar indicado para descansar. Vivir con los límites, los dejaba aprovechar de lugares escondidos como esos, tranquilos y pasivos mientras se permitía por tres días pretender que todo iba bien si obedecía a Jaejoong como en antaño.

Tal vez debió obedecerlo también cuando indirectamente intentó alejarlo de Changmin.

Pero Jaejoong es tan sutil y precavido, que no fue lo suficientemente decidido como para lograr que Yunho no se sintiera bombardeado por esa luz que lo iluminó todo cuando las reacciones reacias de Changmin lo aplacaban.

Jaejoong ha alcanzado a Junho y ha logrado poner su brazo alrededor del cuello del más alto, lo molesta y ríe como pocas veces mientras Junho se queja cual niño pequeño. Yunho no quiere recordar las palabras de su padre ahora, ni la charla que tuvieron, mucho menos quiere que sus amigos lo sepan.

Pero la imagen de él vaga por encima de él.
Y es imposible que Junho y Jaejoong no lo noten, sabiendo que fue a buscarlo hace unas semanas atrás.

Siempre se ha jactado de tener el valor suficiente. No dudó cuando se trató de Changmin, pero no quiere enfrentar a Junho y Jaejoong, su mayor preocupación ahora. Su estómago se contrae mientras los escucha reír, como si sus sentidos capturaran cada espacio de esa vida que le tocó vivir.

Y Changmin, bueno, Changmin es como un pequeño deseo de navidad.
Lejano e imposible. Yunho tiene cosas de adulto en la cabeza y sonríe, confiado de no volver a llorar. Porque tiene cosas más importantes en las que pensar.

Porque mientras se sienta a esperar, descubre un mundo que no había podido disfrutar, porque mientras se sienta a escuchar, el mundo se compadece y decide abrazarlo, le regala ráfagas de mentiras y complicidad, le guarda el secreto y lo sumerge, profundamente en sueños vacíos y sentidos lejos de él.





—¿Cómo que aún no lo has terminado?
—He estado ocupado.

Yoochun mira desinteresado como Changmin de brazos y piernas cruzadas mira fríamente al hombre que parece incluso desesperado sin saber qué hace con el menor. Agarra una botella de agua y escucha una charla sin sentido, Changmin todavía frio sin darle una fecha que es lo único con lo que parece dispuesto a marcharse el rollizo hombre.

Pero Changmin estoico se niega.
Sin falsas esperanzas de por medio.

Su libro no está listo, y no parece estarlo ni en un mes más. Finalmente, luego de quince minutos de inútil lucha, el hombre se marcha cabizbajo y Yoochun solo atina a mirarlo, concentrado en la pared frente a él, si Changmin nota su mirada o no, no puede saberlo bien. Pero Shim ha extrañado más introvertido de lo normal.

No quiere hablar demasiado y suele encerrarse en su habitación a hacer nada al parecer, porque sus dedos ya no escriben y su mente parece eclipsada. Yoochun ya no sabe cómo acercarse a él, y Junsu no puede aconsejarlo, porque sencillamente no está.

Si el mundo se cierra una vez más. Changmin puede volver a ese lugar oscuro del que Yoochun no cree poder rescatarlo de nuevo.

Pero no importa cuántas veces le intente hablar, Changmin solo saca una excusa del bolsillo y lo deja ahí, con sus preocupaciones de por medio y el silencio como aliado.






Es tarde cuando Junsu por fin tiene un momento libre. Estira su cuerpo agotado y camina casi arrastrando los pies, su cabello ha crecido con el pasar de las semanas, tan largas como las veces en que Yoochun y él han discutido, porque Changmin parece encerrarse en su habitación y su ausencia no ayuda.

Los días en los que volvió Yunho al trabajo solo hacen todo un poco más insoportable. Pero Jung parece haberse metido en la cabeza trabajar y trabajar, hasta el final. No importa cuánto se preocupe por él, Yunho no lo va a escuchar.

Esa noche, a través del vidrio del hospital las gotas de lluvia caen y Junsu piensa que sería un buen momento para descansar. Para irse a casa y arreglar las cosas con Yoochun, para hablar con Changmin.

Ha pensado en él y ha clamado su presencia, porque Changmin está sentado justo frente a él, en una pequeña banca del pasillo blanco, tiene las piernas subidas en el asiento, abrazado a ellas y cabizbajo.

—Se ha sentido mal— La voz de Yoochun a sus espaldas lo hace girar, trae un te entre las manos y se la ofrece al menor. Junsu siente la culpa subir por sus extremidades. ¿Qué tanto se ha podido descuidar Changmin en estas semanas? —Lo traje a urgencias, pero el doctor dijo que solo es anemia y estrés.

Changmin solo guarda silencio, traga la pastilla y bebe de ese te. Quiere poder estar junto a él, pero se ha abierto una brecha repentinamente y Yoochun no lo pretende, pero lo culpa con la mirada. Changmin está actuando igual que cuando su abuelo murió.

—Vamos a casa.

Los dos parecen sorprendidos por sus palabras. Y Junsu sonríe, tomando suavemente del brazo a Shim. Debe preocuparse un poco más por él, y dejar de encerrarse a leer esos pesados libros de oncología al menos por un tiempo.

Changmin nunca pretendió ser tan desastroso. Tan débil. Pero le reconfortó verlos a ambos amigos junto a él, sentirse un poco menos solo de lo normal. Las personas como él manejaban las cosas así, en medio de la soledad y sin dar pena. Pero su salud lo había traicionado y Yoochun tuvo que ocuparse de él.

Sin embargo cuando las puertas del ascensor se abren la imagen de Yunho lo sacude todo mientras viste su uniforme y esos ojos se abren de par en par. Parece sorprendido de verlo ahí, Changmin lamenta su ropa deportiva y el deplorable en el que se encuentra.

—¿Pasó algo?— Es la primera vez en semanas que escucha su voz.
—Solo es estrés— Junsu subsana el silencio —Lo llevaremos a casa, ten una buena noche.

Pero Yunho solo asiente, les cede el paso al ascensor y Changmin aprieta los puños. Dentro el lugar parece frío y pequeño, más de lo habitual, igual que su habitación en los últimos días. Yoochun llama a un taxi junto a él. Junsu parece entretenido en picar el botón indicado. Y Yunho todavía lo mira, con la misma expresión de siempre, con sus cejas juntas por la preocupación, como un niño pequeño.

Con todas esas inquietantes expresiones que un hombre mayor a él no debería tener. Y a Changmin se le revuelve el estómago, siempre ha odiado las cosas así, a las personas como él. Pero el ascensor suena, le avisa que las puertas se van a cerrar.

Y algo, en el fondo de su cabeza grita: ‘Es culpa de él’

—¡Changmin!

Sus piernas se mueven a consciencia, abandona el ascensor a pesar de que Junsu ha tratado de agarrarlo y Yoochun ha gritado su nombre, sale con las justas, su cuerpo gira para poder atravesar el espacio sin tocar las puertas.
Cuando estas se cierran Changmin está agarrándolo por el uniforme, sin el mayor esfuerzo de por medio se une a su boca y cierra los ojos. Se prende de esos labios finos que atraviesan sus escudos, y respira hondo, porque es como si hubiera vuelto a la vida.

“Es lunes” piensa, y casi quiere patearse por ridículo, porque lo ha recordado con la voz de Yunho grabada perfectamente en su cabeza. Él lo prometió y Changmin lo recuerda todavía.




Tengo miedo de vivir con los ojos abiertos
Parece que es mejor caer dormido. Mi corazón no sufre las consecuencias así.


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