Blogger - Cap. 18

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CREÍ UNA VEZ EN EL AMOR, AHORA SENCILLAMENTE NO LO CONOZCO.
05/05/2010




Dicen que confiar te vuelve débil.

Yo diría que confiar es de valientes. Es de temerarios arriesgados que se imponen a la vida, en un último intento por demostrar que este mundo no está tan perdido como todos creen que está.

Son tan pocas las personas que merecen confianza, y tan escazas las que la dan.

Y pueden llamar a estúpidas positivas a las personas que aún creen.

Pueden llamar negativos a los que se dedican tan solo a criticar y destruir.

Incluso hay quienes son realistas. Por que se conforman con ver la vida pasar, por que no hay nada que se pueda cambiar, por que es imposible.

Los significados de las palabras están mal direccionados, han perdido su valor.

Y es que hay dos caminos en la vida; Dejar de luchar y seguir luchando.

Rendirse es aburrido y prefiero seguir caminando que estancarme, por que caminando y aventurándome aprendo y crezco un poco más. Conozco un poco más y me aventuro a un tal vez. Por que un tal vez puede cambiar una vida.


“Por que si bien una persona no puede cambiar al mundo. Si yo lograra al menos ese cambio en una única persona, entonces habré hecho de este mundo algo mejor”



Cuando el auditórium se hubiera vaciado finalmente.

Junsu se atrevió a entrar, con la imagen de Yoochun tocando lentamente varias teclas del piano, encerrado en sus pensamientos. La imagen se plasmó en su mirada, tan efímera como hace muchos años cuando lo vio por primera vez.

Y esos ojos lo captaron casi de inmediato, por el ruido de sus pisadas, por ser el único que quedaba en aquel enorme y vacío lugar. Junsu había olvidado lo intensas que podían ser las miradas de Yoochun.

Pero recordó pronto, que él se había vuelto inmune a esas miradas hace mucho.

Sobre el escenario, Yoochun no pronunció palabra alguna. Y Junsu encontró justo sentarse en primera fila y cruzar su pierna, con una expresión tranquila en el rostro. Era la primera vez que estaba a solas con Yoochun desde el día del partido.

Y su corazón no latía desbocado, su pulso no estaba acelerado, sus pensamientos no estaban nublados. Junsu estaba perfectamente tranquilo, enfocado en aquel íntimo momento que compartían repentinamente.

—¿Por qué has venido hasta acá, Junsu?
—No hablaba contigo desde lo del partido. Además ya terminó la primera ronda del concurso de canto, mañana será tu presentación y dudo que Jaejoong pueda acompañarte.

—¿Vienes a regocijarte por ello?

—No, podría hacerlo y sin embargo en este momento de mi vida… he aprendido que eso es sencillamente inútil. Responder con dolor al dolor que te han causado. No te devuelve la felicidad que te robaron. Y en esta caso, regocijarme de esto, no me devuelve la alegría y la euforia que sentía cuando recibía mi copa.

Yoochun decidió girar por completo hacía él. Con sus manos entrelazadas, viendo a aquel que se encontraba sentado en la primera fila del auditórium con una voz tranquila y prudente.

Estuvo ahí entonces, ese sentimiento plasmado entre sus miradas apagadas, cómo si expresar algo se hubiera vuelto demasiado difícil. Con el cansancio apoderándose de cada ínfima parte en su ser.

—¿Aún sigues enamorado de mi Yoochun?

La pregunta llegó, justo como Junsu. De improviso, sin intenciones de por medio y con una mirada tan indescifrable, que Yoochun solo puedo suspirar, y pasar una mano por su cabello, con aquella distancia interponiéndose aún entre ellos.

—Intentó superar esa etapa de mi vida.

Junsu respiró profundo, Yoochun comprendió entonces que su voz segura hablaba por primera vez lo que su corazón sentía, y al mismo tiempo complacía a Junsu.

—Eso es bueno… justo ahora nuestro destino no es permanecer juntos.
—Tu y yo no sabemos como estar juntos, ¿verdad?

Fue como si de pronto Yoochun hubiera alcanzado el nivel de su madurez, como si él hubiera encontrado las palabras que a Junsu, le habían resultado difícil de explicar. Y a pesar de que no se movió de su lugar, logró apoyar los codos en sus rodillas, mirando firmemente a Yoochun.

—Déjame redimirme.
—La mejor forma de redimirte conmigo, sería pidiendo perdón.

—Tú también me heriste, Yoochun.
—AMBOS nos hemos herido, más allá de lo debido, o de lo que debamos soportar.

Junsu suspiró.

No era fácil.

Ese orgullo que se apoderaba de su ser, que se atoraba en su garganta sin dejarlo respirar, que pugnaba por no permanecer ahí, por no ser el primero en disculparse. Esa parte de él, que no le permitía aceptar que se había equivocado.

—Tú fuiste el primero en hacerme daño, Junsu. Deberías ser el primero en disculparte. ¿Por qué siempre debo ser yo él que te persiga, el que va detrás de ti? Finalmente… tú me heriste más de lo que yo a ti.

Apretó los puños, con la indecisión circunvalando por su ser, inadecuadamente, fatalmente. Fulminando todo rastro de acostumbrada rebeldía.

—No lo hagas.
—¿Disculpa?

—No te disculpes conmigo, Yoochun. Merecido o no, no quiero escuchar que te disculpas ante mi, sería como escucharte decir que me amas y… tú y yo ya no podemos con esto.

Yoochun pensó entonces que Junsu callaría, que esa sería su disculpa camuflada, que no habrían más palabras de por medio y que el asunto quedaría zanjado. Que oficialmente podría vivir su vida normal.

Por que era un adolescente, por que aún le faltaba mucho por vivir, por amar, por sufrir.

Entonces, la voz de Junsu se escuchó, firme y lenta.

—Lo siento mucho, Yoochun. Siento haberme entrometido entre Junho y tú, siento haberte metido en medio de mi odio hacía Junho, haberte utilizado, usar algo como el amor para mi beneficio… lamento todo lo que pasó.

—¿Eres consciente de que una disculpa no ayuda?
—Pero conforta, no quiero paz para mí, la quiero para ti. Para que cierres este capitulo de tu vida y al menos entre los dos, tú seas feliz. Tú lo mereces más que yo.

Yoochun suspiró. Con esas palabras de Junsu atravesando su escamada alma.

Cansado por la presión y el estrés de la competencia al día siguiente, por los exámenes que dictaban su final de vida estudiantil. Y por esa alma suya que ampliaba sus alas tan lejos de Junsu, que justo ahora le sorprendía.

Quería perdonarlo, o al menos quería decirle que lo había perdonado hace mucho. Justo en el momento en que su corazón se oscureció y renació de sus propias cenizas. Yoochun quería, pero no podía.

—Junsu…
—Necesitarás cantar con alguien. Una última vez… déjame estar junto a ti.

La suplica de por medio, logró que Yoochun abriera los ojos, que mirara a Junsu y recordara la vez que lo había escuchado cantar, su voz casi opacando a la suya, esa efímera, pero hermosa voz que le provocaba escalofríos, su excusa para odiar, atacar y humillar a Junsu.

—No sabes la canción.
—Puedo aprenderla.

—¿Cómo se que no es una trampa?
—Por que estoy aquí, por que acabo de pedir disculpas. Yo… no puedo pedirte confianza, pero… tienes razón no tienes por que confiar en mí, pero quiero ayudarte. De verdad.

Los pasos hasta Junsu fueron lentos, sumisos y tranquilos, desprovistos de cualquier sonido demasiado intenso que pudiera malograr el leve momento de calma, en el que los ojos de ambos se encontraron.

—He confiado tanto en esos ojos tuyos, y la misma cantidad de veces me han traicionado, ¿por qué debería confiar de nuevo? No lo mereces.

Fue un movimiento suave, de las manos de Junsu, tomando las mejillas de Yoochun, acercando sus rostros hasta que sus frentes chocaron y él cerró los ojos. Con los susurros de su voz.

—Desapareceré Yoochun, me iré muy lejos luego de la graduación. Déjame hacer algo bueno por ti, una sola cosa por la única persona a la que he amado de verdad.

Yoochun sabía, mejor que nadie, que ese amor era de un remoto pasado que se hundía entre las circunstancias y los años, que ese amor existiera todavía era dudoso, pero alguna vez ese amor estuvo ahí, quemando el corazón de Junsu, justo antes de que se apagara.

—Una única vez, Junsu. La única y la última.

Los susurros apagados de sus voces, pacíficos y entre mezclados por ese sabor amargo a duda y esperanza. Justo como el amor que flota en su último soplo de aire, a punto de esfumarse en el firmamento.

Su historia de amor estaba a punto de concluir.

Sin promesas de amor a futuro, sin esperanzas incrédulas de un final feliz.

Era real, triste y melancólico, como el amor de verdad.

Con el leve conformismo de no terminar tan destruido.




Jaejoong estaba rompiendo las reglas.

Su vida distaba mucho de lo que alguna vez conoció, concentrado en los estudios, en las notas, en su pasaporte a la mejor Universidad.

¿Cuál era su sueño?

Estudiar fuerte, ser alguien en la vida, la mejor universidad, un buen puesto. Tener el dinero suficiente como para que su madre y sus hermanas jamás volvieran a preocuparse por el dinero. Ese era su sueño, eso era lo que Kim Jaejoong deseaba fervientemente en su futuro.

…Nada más.

No era un sueño ambicioso, pero era su sueño.

Los sueños no siempre tienen que ser ambiciosos, no siempre tienen que tocar el cielo y volar lejos, no necesariamente son tan grandes. Los sueños son las esperanzas de tu futuro encarnado en lo que deseas y que va de tu mano a la realidad.

El sueño de Jaejoong era sencillo.

Miró el perfil de Yunho, dormido en aquella cama de hotel. Cansado, exhausto ante lo que la vida le ponía por delante, ante sus sueños colgando de un hilo tan delgado que temía por ellos.

Acarició su rostro, con un suspiro en los labios que le supo a nostalgia. Estaba luchando por los sueños de Yunho, por que alcanzara su beca y se marchara lejos a hacer lo que le gustaba, sin impedimentos de por medio, sin el corazón esclavizándolo a arrepentirse.

Jaejoong quería que Yunho cumpliera sus sueños.

Eran jóvenes. Esperanzas, sonrisas de por medio.

Era esa pose de mártir que él tanto criticaba y odiaba. Pero Yunho estaba ahí repleto de metas y planes. Y sus planes no incluían a Seúl y él no podía marcharse con él, por que la suerte del dinero no lo acompañaba. Sus sueños estaban acá. Y los de Yunho muy lejos de él.

¿Entonces debía dejarlo ir?

Jaejoong sonrió, Yunho no era algo que podía retener o dejar ir, por que él era un ser consciente capaz de elegir. No dependía de él, dependía de ese futuro que no era tan lejano, de los pocos años que tenían y el futuro que todavía los esperaba.

No se trataba de que el ‘amor podía esperar’ se trataba de querer encontrar ese balance. Donde ambos se  re encontraran, con sus metas y sueños cumplidos. Donde el pasado no pesara bajo la eterna palabra del ‘hubiera’

—¿Jae?

Yunho apenas había levantado un poco la cabeza, algo adormilado y con los ojos casi cerrados. Tratando de enfocarlo con eficiencia.

—¿Por qué no duermes?
—No estoy cansado.
—Entonces acompáñame.

Yunho levantó un poco su brazo, percusor de que Jaejoong se acostara junto a él y su brazo lo cobijara al menos un poco, ante el contacto de sus pieles y razonamientos mudos.

—Todo va a estar bien, Jae.
—¿No debería ser yo quien te dijera eso?
—Solo… quería decírtelo.

Yunho se acomodó un poco mejor, con el cuerpo de Jaejoong junto al suyo y un pequeño bostezo que le supo a cansancio. Jaejoong se acomodó también, curioso de esa calidez que pronto lo había hecho sentir tan cómodo.




Donghae no le pedía mucho a la vida.

Solo un poco de tranquilidad, sin muchas agitaciones.

Pero ahora estaba en Corea, ayudando al hijo de su padrastro a arreglar las cosas para mudarse a Japón, a vivir a unas cuadras de su casa. No le molestaba, aunque no lo conocía, tampoco era infantil como para despreciarlo.

Lo había visto por primera vez en una foto, una que su ahora padre siempre llevaba. Y que incluso había colocado en su habitación junto a la cama, a su madre parecía no molestarle. A Donghae no le importaba.

Verlo en persona había sido completamente distinto, Heechul despedía un aura tan espléndida que Donghae sin duda se había quedado sin palabras. Como si la personalidad de Heechul se impusiera incluso sin que pronunciara palabra alguna.

De ahí en adelante, las cosas no habían ido tan mal.

—Creo que con esto terminamos.

Heechul cerró con cuidado la caja en el suelo. Con una pequeña sonrisa en los labios, cansado y agotado. Donghae pensó que sería bueno decirle que fuera a descansar, por que el cargo emocional, de su madre enferma también pesaba.

—Oh, Siwon. Pasa, Heechul está con Donghae en la sala.

La voz de la mamá de Heechul hizo que Donghae mirara hacía la entrada, donde Choi ingresaba sin problemas, con una pequeña sonrisa en los labios. Y Heechul se levantaba de inmediato, lo abrazaba, besaba sus labios y sonreía.

Sin demostrar cansancio, sin parecer agotado.

—¿Ya acabaste? Mis padres han preparado una cena para ti esta noche, ¿qué dices?
—¿Esta noche?
—Claro, ve a cambiarte. Te espero y nos vamos juntos.

La verdad es que Donghae no entendía muchos puntos de aquellos dos, Siwon parecía querer aprovechar hasta el más ínfimo momento que le restaba con Heechul, y Heechul parecía inmune al cansancio cuando Choi estaba cerca.

Como si aún no se hubieran amado lo suficiente.

Como si el tiempo jugara en su contra.

Heechul había asentido con una pequeña sonrisa en los labios, jalando a Siwon consigo hacía las escaleras que lo dirigían a su habitación, con una pequeña conversación que se perdía entre la cercanía que solo ellos compartían.

Donghae pensó, que al verlos, podía estar pensando que enamorarse a esa edad, podía ser posible. Lamentablemente él era un par de años menor a esos dos, el amor no estaba entre sus planes y aún le costaba creer en él.





Junho entró en su habitación y suspiró.

Aquella habitación repleta de fotos familiares, de trofeos, premios y diplomas.

Limpia, ordenada.

Y esa foto suya con Junsu a su lado, ambos sonrientes y abrazados a la edad de once años, perforó su corazón, caminó hasta la mesa junto a la cama, tomando el porta retrato entre sus manos.

Sonrió débilmente cuando los recuerdos de ese día llegaron a su mente, de ellos dos jugando en el parque un día cualquiera. Y su situación actual lo tomó desprevenido, borrando la sonrisa en su rostro y cayendo débil ante su realidad.

Con un suspiro en los labios, apretó los puños con fuerza.

¿Sacrificio?

Lo suyo no era sacrificio, era colocar sus estudios universitarios en espera durante un año solamente. Un año en el que estaría junto a Junsu, en el que sería su apoyo y no le permitiría deshacerse de él, por lo menos no, hasta que Junsu volviera a ser mínimamente feliz.

Junho solo quería a su hermano de vuelta.

Solo quería poder salir a divertirse por ahí con él, a conversar, a ver un partido, sin que los recuerdos los atacaran. Ambos necesitaban esto. Ambos necesitaban su familia de regreso.

Otro suspiro abandonó a sus labios.

Las maletas estaban listas, Junho ya se había despedido de sus amigos.

¿Lo habría hecho ya Junsu?




—¿Estás loco? ¿Por qué quieres que yo cante la nota más alta?
—Por que se que tú puedes.

Junsu arrugó el entrecejo.

Miró el papel en sus manos, dudoso de su decisión en los próximos segundos y aún repasando en su cabeza todas las horas que llevaban ensayando, repitiendo una y otra vez cada defecto que pudiera haber entre sus voces.

—No puedo.
—Junsu, tendremos ese primer lugar. Sé que puedes hacerlo.

—¿Jaejoong lo iba a hacer?
—No, lo iba a hacer yo, pero se que tú lo harás mejor.

Estaba en ese dilema absurdo, producto de sus dudas y la confianza que Yoochun parecía depositar en él. Respiró profundo y leyó una vez más las últimas líneas, su último recuerdo, su última oportunidad.

Debía dar lo mejor de si.

—Está bien, lo haré.




Changmin esa mañana de jueves caminó por los pasillos de su conservatorio, que estaba repleto de gente por todas partes. La final de canto se celebraría ese día, y todo el lugar solo hablaba de eso.

Seguía sin tener noticias de esos dos inconscientes que habían decidido que fugarse era buena idea, dígase Yunho y Jaejoong. Preocupado consultó la hora en su reloj, faltaba poco para que empezara la segunda ronda del concurso, y no podía encontrar a Minho.

Fue extraño cuando sus ojos enfocaron a Minho, parado frente a Joonghyun, ambos muy cerca. Minho de pronto sonrió, mordiendo su labio inferior y aparente muy emocionado ante algo que Joonghyun le contaba.

Sin embargo cuando Choi, palmeó el brazo de Joonghyun y este se marchó sin ningún problema, todo pareció volver a su cause de tranquilidad.

—¡Changmin! Ya se ha publicado la lista de los becados fuera del país.

Minho parecía incluso más emocionado que los mismos alumnos de sexto año. Lo jaló del brazo hacia el patio principal, y seguramente era por que uno de sus amigos más cercanos, es decir Yunho, era uno de los favoritos para esa beca.

Cuando llegaron, el tablero de anuncios estaba repleto, los alumnos se abrían paso para poder ver y Minho fue muy hábil en hacer eso.

Lista de Becas Internacionales
Park Yoochun – Canto
Lee Ondee – Actuación
Kim Haesu — Literatura
Jung Yunho – Danza / Baile contemporáneo
Kim Sunhee – Artes
(*) Kim Jaejoong – Estudios superiores
(*) Kim Junsu – Deportes

Figuraban ahí, precisamente los nombres que todo el mundo esperaba.

Changmin frunció un poco el ceño y Minho había saltado casi de emoción.

—¿Viste? Jaejoong y Yunho hyung no tendrán que separarse por las becas. Ambos fueron aceptados.
—Te equivocas, las becas por estudios y deportes son muy distintas a las que están más arriba. Esas dos son para Estados Unidos. Los demás se reparten en países europeos.

Los ojos de Minho se abrieron con sorpresa.

—¿Estas seguro?
—Jaejoong me lo contó hace un tiempo, él se ha esforzado mucho por esa beca.

La genta a su alrededor parecía muy entretenida en hacer bulla, llenarse de risas y felicitaciones para los que habían sido seleccionados dentro de todo el gran conservatorio.

La festividad en ellos dos se contradecía, por el honor que recibían sus amigos, y por la forma en que afectaría a su vida de hoy en adelante. A un paso de la esperada graduación.




—¡Tienes que entenderlo! Él ya tomó su decisión, no lo arruines más. Por que una vez que Yunho se vaya, si sigues comportándote así, no lo verás más.

Junsu solo se detuvo, sorprendido por la manera en la que Yoochun levantaba la voz y se alejaba de aquel hombre suponía era su padrastro. Se veía enojado, contrariado y Junsu de pronto sintió que no debía acercarse.

Sin embargo estaban a minutos de salir al escenario, y pensó que en ese estado Yoochun no podía dar un buen espectáculo. Apretó la botella con agua entre sus manos y respiró hondo. Avanzando hasta él.

Ofreciéndole un poco de la fría bebida.

—Debes relajarte.

Yoochun apenas levantó la mirada, un poco contrariado aún, pero aceptando el agua que le era ofrecida. No era difícil de suponer que toda esa discusión se reducía al paradero de Yunho.

Quizá lo mejor era decir algo, alguna palabra de apoyo, y sin embargo Junsu no supo muy bien que decir, justo antes de que el silencio se prolongara, James apareció con una pequeña sonrisa en el rostro y sus pasos lentos por entre los pasillos detrás del escenario.

—¿Qué haces aquí, James?
—Vine a desearles suertes. La merecen.

El rubio estiró su mano con educación y seguridad, directamente hacía Yoochun quien lo miró por un rato antes de estrechar sus manos en un gesto más por caballeroso que cualquier otra cosa, James repitió el gesto con Junsu.

Y de pronto eso fue muy incómodo, pero al mismo tiempo necesario.




Siwon se removió incómodo en su asiento.

Mirando hacía el escenario y luego de un lado a otro.

—¿Qué sucede?

La voz de Heechul lo hizo girar hacía él y suspirar suavemente.

—Aún no estoy muy convencido de que Yoochun halla hecho bien en aceptar la ayuda de Junsu.
—Te entiendo, pero esa fue su decisión.

Heechul colocó una de sus manos discretamente sobre la de Siwon, con cuidado y esmero en que aquello pudiera calmarlo un poco, mientras los participantes pasaban y ellos esperaban repletos de ansiedad por la salida de Yoochun y Junsu.





No es tu culpa que esas manos estén frías
Cargas con las cicatrices que te causó la inmadurez
Tienes miedo de amar a alguien y finges no ver la otra cara de la historia



Yoochun empezó, entrando al escenario con pasos suaves.

Con el micrófono en mano y sus ojos apenas cerrados, con Junsu esperando por él en el centro del escenario. Con ese público que escuchaba su voz, con las miradas atentas, con la curiosidad palpable ante lo que había escrito.

Pero justo en ese momento, Yoochun era ajeno a todo aquello, más que a su voz, la de Junsu, y la perfecta sincronía en la que sus emociones divagaban en su interior. Controladas y aparentemente opacadas.


El corazón que es abrazado lentamente, se derrite como el hielo
Para cualquiera, ser amado por alguien hace que su vida en este mundo brille
Si fuera por mí haría que tu corazón se sintiera cálido otra vez, llenándolo de una eterna ternura



Changmin deslizó cuidadosamente su mirada hacía Minho.

Con una sonrisa compartida que se perdió entre los movimientos de Yoochun y Junsu sobre el escenario, entre lo fácil que le resultó de repente tomar la mano de Choi y apretarla con fuerza. Con esa confianza que antes le faltaba y que ahora revivía.

Desviando un poco su atención, caviló en las palabras de Minho un rato atrás, pero se perdió fácilmente en el proceso de sentir el cuerpo de él un poco más junto al suyo. Con el pecho latiendo en un instante de una manera algo acelerada.

Aunque las vueltas del destino lastimen tu corazón
Al otro lado de las lagrimas hay un haz de luz que se abrirá camino entre la oscuridad
Haciéndonos saber que cuanto más fuerte sea el sufrimiento, mas podremos sentir la calidez de las personas



Siwon apretó un poco más la mano de Heechul.

Esa mano que se sostenía a la suya y veía, y escuchaba. Atento cada movimiento y nota de los dos muchachos frente a ellos. Que presenciaba el momento como si fuera suyo. Anhelando que esa perfección se mantuviera.

Que el encanto durara un rato más.


Mi corazón está apenado por este amor
Aunque sea solo un momento, déjame mostrarte este amor
Aunque sea solo una vez



Si Junsu pretendía que en ese instante sus emociones no salieran a flote.

Fracasó.

Sus ojos cerrados se perdieron entre los recuerdos, y divagó entre lo vívido que todo le resultó desde su mente. Lo mucho que le sonaba esta canción al pasado. Y lo mucho que había llorado alguna vez pidiendo que las cosas hubieran sido distintas.

En el fondo, en ese lugar que Junsu ya no buscaba, encontró a esa parte de si que creía perdida, esa en la que por mucho tiempo deseó poder encontrar el momento para decirle a Yoochun que se había enamorado de él.

Años después, aunque no fuera tan latente como en el ayer.

Junsu finalmente lo había hecho. Expresando sus sentimiento a través de su voz.

De la forma en que Junsu, irónicamente, le había ensañado.


Todos buscan un lugar que pueda curar su tristeza y soledad
Para ti ese lugar esta aquí, así que no tengas miedo
No lo dudes más, por que yo te protegeré.




—¡Eso fue estupendo!

La pequeña exaltación de Minho, fue lo primero que escucharon apenas estuvieron tras el escenario una vez más. La emoción contagió a Junsu, sus brazos viajaron solos, y apretaron el cuerpo de Yoochun con fuerza, repleto de adrenalina.

Tarde, cuando ya lo abrazaba con fuerza y el cuerpo de Yoochun permanecía tenso, Junsu entendió su error. Pero solo fue capaz de cerrar los ojos y permanecer un rato así, por que acababa de cumplir una etapa en su vida.

Por que esta era su despedida.

Y nadie más lo entendía.




Jaejoong lamentó no poder ir a la final de canto.

Pero supo que era poner en peligro algo que tanto les había costado.

Mordió un poco del helado en sus manos y sonrió en cuanto vio a Yunho entretenido con una de las vitrinas de la calle, observando algo que parecía haber llamado demasiado su atención.

Se acercó con cuidado, de no hacer notar demasiado su presencia. Sus pasos fueron tranquilos, su sombra apenas se dejó ver. Y entonces, pudo divisar. Era una tienda de tatuajes y Yunho parecía embelesado buscando algo.

—¿Planeas tatuarte?

Yunho casi hasta saltó de la impresión, con una pequeña sonrisa luego de un rato. Y escondiendo las manos en los bolsillos.

—No lo sé. No tengo una motivación.
—Sería interesante.

Yunho encontró el hecho de que a Jaejoong le parecía interesante tatuarse, algo fuera de lo normal.

—¿No dudarías en tatuarte?
—Podrías ser un recuerdo interesante.

Una pequeña sonrisa volvió a circular por los labios de Yunho, presta y dispuesta a tomar de la mano a Jaejoong, con un gesto decidido en los ojos.

—¿Entonces vamos por un recuerdo?

Cuando Jaejoong asintió, Yunho solo apretó un poco más su mano y caminó junto a él, directo hacía la puerta de aquel local.




—De acuerdo, antes de anunciar a los ganadores de este certamen internacional de canto. Tenemos que hacer un pequeño anuncio. Lamentamos mucho decir esto, pero los representantes del Conservatorio sede de este año quedan descalificados.

El audito entero se repletó de escándalo. Junsu abrió los ojos sorprendido y Yoochun solo arrugó un poco el entrecejo. Desde la sede, donde uno de los jueces levantaba su voz para pedir calma, uno de ellos retomó la palabra.

—Lo sentimos muchachos, pero en la ficha de inscripción que debe entregarse con días de anticipación figuraba el nombre de Kim Jaejoong y Park Yoochun. No podemos admitir cambios al último momento. Sería injusto para los demás participantes.

Yoochun cerró los ojos, sintiendo incluso la mirada de Junsu a su lado.

El restó pasó demasiado rápido para su gusto, se anunciaron a los ganadores, entre los cuales figuraba James. Yoochun no supo escuchar si el primer, segundo o tercer lugar. Pero se mantuvo ahí, hasta que el tiempo fue suficiente.




Junsu no había podido acercarse, al menos no con la prontitud que le hubiera gustado, tal vez por que tenía las palabras adecuadas, o por que sencillamente quería dejar que los amigos de Yoochun le brindaran su apoyo, y le dijera lo que venían diciéndole desde hace rato.

‘El primer lugar lo merecían Yoochun, perdieron por nimiedades’

Cuando finalmente el lugar volvió a quedar casi vacío, Yoochun estaba cabizbajo, ajeno al resto y probablemente también a su presencia. Fue cuando Junsu que debía acercarse, mirando el reloj en su muñeca, Junsu avanzó un poco más.

—Yoochun… lo del concurso
—No fue tu culpa.

Las palabras rápidas de Yoochun, lograron tomarlo por sorpresa. Igual que su mirada y la pequeña sonrisa en sus labios.

—Me jode haber perdido por una estupidez técnica como esa, pero no fue tu culpa, Junsu.
—¿Te irás a casa?

—Mis padres se fueron hace mucho, les dije que quería pensar y que ellos aprovecharan el tiempo para pensar en Yunho.
—¿Él está bien?
—Ayer en la noche me escribió. Ambos están bien.

Junsu bajó la cabeza. Recordando de pronto que si, Yunho no se había ido solo. Apretó un poco sus manos, con su celular sonando de pronto. Seguramente era Junho.

—¿No piensas contestar?
—Sé para que me llaman, creo que ya debo irme.

Yoochun asintió y Junsu suspiró.

—Quería regalarte esa copa, pero creo que las cosas no siempre salen como planeo. Hasta pronto, Yoochun.

Tomándolo por sorpresa una vez más. Junsu lo abrazó con fuerza, con una que no había utilizado antes, casi dejándolo sin aire. Sus manos viajaron hasta su espalda, incomprensible aún para él, por que de pronto Junsu lo abrazaba tanto.

Luego vino la despedida, Junsu medio sonrió y giró, caminó hacía la salida de aquel auditórium casi vacío que sus pasos dejaban atrás.




Jaejoong entró a la habitación del hotel tratando de mirar su tatuaje.

Resultaba difícil cuando se hallaba cerca de su cadera en la parte posterior, y aunque dolía mucho, aún intentaba ver algo. Yunho desde su lugar, tomando un poco de agua, sonrió divertido.

—No lo vas a ver, luego te tomo una foto.

Jaejoong entrecerró los ojos y sintió el cuerpo de Yunho aproximarse tentativamente, con una pequeña sonrisa en los labios que logró dejarlo que se acercara y colocara las manos en su espalda.

—Gracias, Jae.
—Es solo un tatuaje Yunho. No exageres.
—Sabes que no me refiero a eso.

Yunho logró que sus rostros se acercaran, que sus narices se acercaran y el ambiente cambiara por uno un poco más lleno de confort que antes. Cerrando los ojos y extendiéndose por varios segundos.

—Te amo…
—Yo también.

Aún costaba decirlo, pero Yunho sabía lo importante que era cuando estaba a semanas probablemente de un adiós definitivo. No había hablado con Jaejoong al respecto pero sabía que estaba sobre entendido.

Y ahora eso era importante, no solo sentirlo, no solo demostrarlo. También decirlo.

Solo para que no lo olvidara.

Por que no se olvidaran demasiado pronto.

Para que durara un poco más de lo que el resto creía, y tal vez entonces la palabra futuro podría ser un poco más aceptable.





—¿Viajas este fin de semana a Japón, verdad?

Heechul detuvo su paso y suspiró. Con Siwon a su lado haciendo exactamente lo mismo mientras caminaban de regreso a casa de Kim, quien parecía más bien metido en sus pensamientos.

—Lo sabes, por supuesto que si.

Siwon soltó un pequeño suspiro, metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón y mirando hacía el gran cielo casi oscuro de esa noche.

—Hable con mis padres hace unos días. Soy bueno con el japonés y al parecer a ellos no les parece tan mala idea de que termine mis estudios por allá.

Primeramente Heechul abrió mucho los ojos, sorprendido por lo que Siwon había soltado de la nada y sucesivamente, frunció el ceño.

—¿De qué estás hablando? Claro que no… Siwon tú no puedes… yo no…
—No te estoy preguntando, te estoy comunicando, voy a estudiar a Japón. Tal vez hasta en la misma universidad que tú.

La simpleza con la que Siwon hablaba, despreocupado de lo que Heechul pudiera decir o pensar, exasperó a Kim.

—¡Te estoy hablando en serio!
—Yo también, ¿acaso no puedo decidir estudiar donde me de la gana?

Fue inevitable, Heechul mordió su labio inferior y desvió la mirada.

—No me hagas esto Siwon.
—¿Hacer que? ¿Perseguirte hasta el fin del mundo, para aprovechar el tiempo que antes desperdiciamos?

Heechul escuchaba los pasos de Siwon acercarse, cautelosos y lentos.

Esos brazos lo rodearon por completo, lo ciñeron a su cuerpo con fuerza y luego un beso se depositó en su frente. Abrigándolo. Haciendo que Heechul borrara un poco de esa nostalgia que lo cubría.

De pronto se vio aferrándose a la camisa de Siwon con fuerza, con ese desasosiego que lo había estado persiguiendo con el paso de los días desapareciendo y tornándose en una pequeña sonrisa.

Podía creer un poco más, en él, en sus palabras, en su tiempo.

En que no estaba solo otra vez.




Cerca de las ocho de la noche. Yoochun aún dudaba del por qué estaba ahí.

Junsu había actuado extraño, demasiado para que él pudiera quedarse como si nada, y la residencia de los Kim totalmente a oscuras no ayudaba. Ajusto el abrigo a su cuerpo y suspiró.

Tenía que marcharse, dejar las cosas pasar y ya.

Pero no podía.

No fue hasta que escuchó una de las puertas de fierro abrirse, por uno de los vecinos que giró hacía la derecha y trató de colocar una sonrisa en sus labios.

—¿Deseas algo jovencito?
—Si, ¿sabe por si acaso si la familia Kim demora en regresar?

El hombre a unos metros suspiró un poco antes de terminar de sacar la basura y limpiar sus manos.

—En realidad, dudo la fecha en que puedan volver. No nos comunicaron nada al respecto.
—¿Fecha?

Yoochun arrugó el entrecejo.

—Pues según tengo entendido, los señores Kim mandaron a sus dos hijos al extranjero, y al parecer viajaran con ellos por un par de meses antes de regresar por su trabajo, pero tanto Junho como Junsu se quedarán allá definitivamente. Ellos seguramente me llamarán para ver como están las cosas por acá con su casa y eso, ¿quieres que les de algún recado de tu parte?


Más tranquilo de lo que esperaba, Yoochun movió su cabeza negativamente. Con una sonrisa diminuta en los labios, con un ‘gracias’ apenas susurrado, su auto no estaba lejos, y justo en ese instante no pensaba en nada.

Ni en la ausente despedida.

Ni en lo mucho, que había supuesto que eso algún día pasaría.

El problema era… que había sido muy pronto.







Publicado por: Nesly.
Estado: Tired.
Escuchando: Love in the ice.

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