Odio - Cap. 15

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Mientras Sonrío
—Es una oportunidad de oro, eres uno de mis prospectos más brillantes.

Goongsu miró el papel puesto sobre el escritorio. El hombre frente a él tenía esa capacidad, que si lo miraba demasiado, podía adivinar lo que estaba pensando. Casi como un padre para él. Así de firme en sus sentidos carente de una otredad.

Se sintió como una ventaja dolorosa, una que le recordaba una y otra vez que la vida le estaba dando la oportunidad de rescatarse así mismo continuamente, a pesar de no merecerlo de forma alguna.

¿Por qué?

Si estaba parado en medio del camino, sin astro alguno que lo pudiera guiar.

—¿Goongsu?

Quizá, si se lo permitía, podría redimirse, podría ser un buen amigo esta vez.
Podría matar los fantasmas innecesarios que solo en su cabeza se pudieron formar.

—Muchas gracias, doctor Lee —sonrió débil—. Prometo no defraudarlo en ningún momento.



—Solo necesitaríamos que ella declare contra él, un par de pruebas y mucho de su parte. Porque si ella no está dispuesta a luchar, todo esto sería inútil.
—Entiendo…

Yunho analizó los papeles, Junsu era un estupendo abogado, su mano de confianza y la persona indicada para manejarlo todo desde un punto de vista objetivo. Recorrió veloz con la mirada todo lo expuesto por Junsu y simplemente suspiró.

—¿Y bien? —Habló de repente Kim, Yunho tuvo que alzar su mirada poco atento—. ¿Qué tal?
—Todo en orden, como siempre.

—No me refiero a eso. —Junsu se acomodó mejor en el sillón, dentro del departamento de Jung, con ese silencio pesado entre los dos, con sus brazos un poco cansados, Kim sacó del bolsillo de su pantalón la pequeña cajita que hasta hace días parecía una segunda piel para Jung—. Lo encontré en tu escritorio.

Ver aquel anillo, cuando Junsu se atrevió a alzar la tapa, lo hizo volver a sentirse endemoniadamente perdido. Dejó los papeles de lado un instante y los miró, como si encontrara alguna respuesta en el reflejo del mismo. En el silencio de Junsu y su mente que solo buscaba a Jaejoong.

No quería ser así.
No debería ser así.

—Yo en verdad iba a pedírselo. —Susurró bajito, con la caja entre sus dedos y la mirada débil, consternada—. En serio le iba a pedir matrimonio a Namin.
—Yunho… no eres mala persona por haberte enamorado de otra.

—Yo la engañé.

Junsu entonces hizo lo que Yunho realmente esperaba, guardó silencio, más allá de lo debido, con sus ojos profundos sobre él, encogiéndolo un poco más en su lugar. Visualizando sobre la imagen de Jaejoong las sonrisas de Namin. Así de espeso y contradictorio a la vez.

—La carga que llevas sobre los hombros, es suficiente castigo ¿no crees? —Junsu le sonrió apenas—. Es hora de terminar con todo esto. Tienes que decidir.
—No es fácil… Tú no entiendes, ¿crees que es fácil?

—¿Amas a Namin?
—No como a él, no así…

Yunho ni siquiera se percató del momento en que se levantó de su lugar, ni cuando Junsu calló de nuevo, pero cuando giró para mirarlo otra vez, los ojos de Junsu lo miraban abiertos de par en par, casi sin pestañear.

—¿Él?

Y entonces comprendió su error, repentino e idiota.
Asfixiante… Como su relación con Jaejoong, con Namin, con ese mundo entero que no dejaba de exigir y apretar su cuello cada que quería escapar.

—¿Estás enamorado de un hombre?

Escucharlo de una boca ajena lo paralizó, soltó aire de sus pulmones y se tuvo que volver a sentar. Jaejoong después de tanto años era…  su más doloroso amor.

—…Si.



Namin había empezado a vivir sola desde hace un par de años, ese departamento pequeño y confortable era su vía de escape cuando no tenía lugar al que huir, cuando visitar a Yunho no era una opción y hoy, después de tantos años finalmente lo volvía a sentir cálido.

Yoona leía sentada cerca de la ventana más grande, su cuerpo delgado se ajustaba a medias a su ropa que le quedaba un poco grande, su cabello largo y negro se acomodaban como el factor capaz de robar cualquier mirada.

¿Por qué una mujer así se dejaba tratar tan cruelmente?

Las personas como Jaejoong, hermosas sin igual, le habían enseñado, e incluso Jaejoong se lo había gritado alguna vez, que la belleza es el camino a la felicidad, entonces ¿por qué Yoona siendo tan espectacularmente bella no podía ser feliz?

¿Sería feliz Jaejoong ahora?

Tal vez, sí. Jaejoong a pesar de todo era bastante recursivo, quizá estuviera aprovechando su fama, ganando amores y amistades por cada lugar que llegaba a pisar. Jaejoong era excepcional, ahora, tantos años después lo podía admitir, estar tanto tiempo mirándolo con afecto le había hecho notar eso.

Aunque luego llegara Yunho y lo cambiara todo.

—¿Qué pasa?

Yoona la sacó de sus pensamientos, entonces Namin sacudió un poco su cabeza y sonrió.

—¿Disculpa?
—Llevas rato mirándome, ¿pasa algo?

Namin sonrió avergonzada ante su distracción y agitó su mano despreocupada.

—No importa.
—¿Me dejas maquillarte?
—¿Ah?

—Quiero salir a bailar. —De repente Yoona estiró sus brazos y pareció desperezarse un poco, las marcas de su maltrato eran casi invisibles, y su entusiasmo repentino hizo a Namin asentir casi sin pensarlo. —¡Entonces déjame arreglarte! Quedaras hermosa, ya verás.

De repente se vio jalada por Yoona, sus pasos desnudos sonando sobre el piso y guiándola hacía la pequeña habitación, complacida un poco más, de esa escaza luz que Yoona volvía a emanar.




—Entonces… —Yoochun todavía no lo podía aceptar, los impulsos de su mejor amigo que ahora parecía tan impávido como él, los papeles entre sus manos y el viento soplando fuerte fuera del auto—. Nos hemos enlistado oficialmente.

—Aún faltan dos meses para que sea oficial.
—Pues me parece muy poco.

Jaejoong sonrió al escucharlo, suspirando al fin, y guardando los papeles en el sobre que había llevado con él, cuando se estacionó el viento sacudía con fuerza los pocos árboles cerca del edificio y los ojos de Jaejoong se sorprendieron al verlo ahí.

Se quedó estático el suficiente tiempo como para que Yoochun lo notara, para que mirara curioso por encima de su hombro, y susurrara cerca de su oído.

—¿Es él?

Yunho estaba ahí, apoyado en su carro, mirando el reloj en su muñeca, esperando por verlo llegar, y el estómago de Jaejoong se comprimió. Yoochun ni siquiera necesitó alguna respuesta.

—Ten cuidado.

Cuando lo escuchó, Jaejoong solo pudo sonreír y acariciar despacio el rostro de su mejor amigo, que parecía más preocupado que divertido por primera vez.

—Lo tendré.

Luego de eso bajó del auto y Yoochun no demoró en marcharse, y pasó junto a Jung, como si el viento se hubiera llevado consigo las ganas de enfrentarlo, pero Yunho ni siquiera se molestó en preguntar por qué.

Solo se colocó junto a él frente al ascensor y suspiró.

—¿Qué haces aquí?

La voz baja de Jaejoong no pareció llegar hasta los oídos del más alto. Para Yunho parecía ser fácil ignorar cada desplante, cada pelea, cada que le destrozaba el corazón.

—No me sigas más, por favor…

Así que apenas se abrieron las puertas Jaejoong entró y esperando que Yunho lo escuchara, empezó a ver las puertas cerrarse, hasta que claro, Jung tomó valor y se permitió entrar, mirándolo fijamente y respirando agitado.

—¿Por qué no hablas? —Se desesperó—. ¡¿Qué diablos pasa por esa maldita cabeza tuya?! ¡Ya estoy harto Yunho! ¿Me oyes? ¡Estoy harto de ti!

Sus gritos hicieron eco en cuanto las puertas se volvieron a cerrar, las manos de Yunho sin embargo no tuvieron problema alguno en posarse sobre sus mejillas y sus labios finos buscar su boca, pero esta vez Jaejoong no pensaba dejarlo. No de nuevo.

—Basta, —se separó, con la cabeza baja, con labios suyos lejos de él—. No quiero esto más.
—Te amo.

Era inconcebible, era odioso y repugnante, la manera que tenía Jung para transformarlo de un momento a otro. Porque todo el dolor desapareció, el peso monstruoso, y el poco de aire de sus pulmones se llenó. Se sentía ligero y pequeño a la vez.

—Te amo, ¿me oyes?

Yunho lo volvió a agarrar por las mejillas y esta vez Jaejoong no se controló, lo golpeó tan fuerte como pudo cuando su puño cerrado se cerró sobre él y su boca profana, su boca mentirosa y descabellada.

Así que apenas salió del ascensor sus manos temblaron y buscó digitar la clave de su departamento una y otra vez, pero no la recordaba, su cerebro no trabaja bien. Y cuando Yunho lo agarró de la camisa y lo hizo girar, con sus cuerpos demasiado cerca y su espalda contra la puerta, Jaejoong no le quedó más que mirarlo a los ojos una vez más.

—¿Por qué huyes?
—Porque mientes. —Susurró—, siempre mientes.

Jaejoong apretó con fuerza el sobre en sus manos, los papeles de la milicia apretaban su corazón y Yunho apretaba su alma. Lo encadenaban a ese lugar.

—Jaejoong… —Kim entonces sintió un escalofrío en su cuerpo entero—. Quiero besarte.

Lo intentó, moviendo su cabeza, de un lado a otro en señal de negativa, porque si hablaba solo cometería más errores. Yunho pareció incluso tomarlo como una afirmación, porque volvió a tomarlo de las mejillas, volvió a envolverlo con su mirada y cerró sus labios contra los de él.

Jaejoong esta vez lo dejó ser, dejó que sus manos acariciaran su rostro, que esa boca que encajaba con la suya le diera el beso de despedida, ni siquiera le importaron los pasillos, solo su cuerpo cansado y su mente devastada de los que Yunho supo sacar provecho cuando lo besó.

En cuanto se alejó, apretó con fuerza la camisa de Jung, con sus manos arrugando esa odiosa tela y sus ojos a punto de llorar en desesperación.

—¿Por qué eres tan lento? —Sollozó— ¿Por qué tuviste que demorar?

Yunho que no entendió, solo retrocedió en cuanto sintió los papeles que Jaejoong estrelló contra él, y los leyó, los analizó e incluso tuvo el tiempo suficiente para mirarlo de nuevo y leer aquellas letras otra vez. Esos ojos de Jaejoong a punto de forzar lágrimas que no quería. Y los sellos del estado marcando una distancia de años entre los dos.

Yunho apretó los papeles, y corrió hacía los labios de Jaejoong de nuevo, pero esta vez las manos de Jaejoong se pasearon por su cuello, sus labios lo besaron con desesperación y sintió, sobre su mejilla, las lágrimas de él, en su cabello despeinado y su cuerpo más delgado que la última vez.

—No te dejaré ir. Me enlistaré mañana mismo si es necesario. —Habló Jung, con su frente pegada a la de él—. No me van a volver a separar de ti.

Jaejoong acarició el rostro de Yunho, y contempló sus ojos, que lo miraban con anhelo, con el mismo que lo hacía él, esta vez fue Jung quien marcó la clave, esa que él no podía recordar, y la puerta se abrió tras él, su cuerpo retrocedió, impulsado por el de Yunho y sus emociones alborotadas en su interior.

Yunho no mentía esta vez.
Lo estaba mirando, por primera vez lo estaba mirando de verdad.
Y Jaejoong creyó, porque su corazón enamorado acababa de apalear a la razón otra vez.


Al final sigo enamorado de ti, el tiempo pasa y sigo igual
Si las lágrimas se han detenido es por un milagro
No sé qué más hacer, por eso solo sonrío, porque te amo demasiado

N/A: La canción es “While smiling” de mis amores perfectos Shinhwa. De su álbum espectacular The Classic. ♥

1 comentarios:

  1. Namin y ahora Yoona para Jae demaciada competencia que lo aleja, pero ahora que Yunho sabe que lo piede perder al fin se decidio por él al hecho de seguirlo en el SM.

    Gracias!!!

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