Sus mundos eran totalmente diferentes, sus familias y amigos no entendían su relación, pero lo que sentían el uno por el otro, era más fuerte que todo lo demás. Lo que no sabían, es si esto sería suficiente para estar juntos.
En un mundo antiguo un hombre busca levantar a su pueblo e inicia la búsqueda de un ser que le brindará todo el poder que necesita, sin saber que forma parte de un historia muchísimo más grande que su propia ambición. Shim Changmin y Kim Junsu se encontrarán de forma inesperada para formar parte de un destino dictado por la atracción entre gemas.
Junsu no podía creer que aún después de todo ese tiempo de humillaciones por parte de sus dos mejores amigos él no se hubiera vuelto completamente loco, desquiciado; en cambio se sentía renovado, en una nueva piel.
¿Crees en los deseos?
Yunho alzó la vista al cielo y con una lágrima oró a las estrellas para que le concedieran un deseo… desde ese momento el destino de Changmin reposó entre sus manos. El máximo inconveniente es recordar… ¿quién es Changmin?
Después de una decepción amorosa, Changmin decide alejarse de la vida como la conoce, acompañado de su mejor amigo Jonghyun. Juntos descubrirán sentimientos que les cambiarán la vida para alejarlos o acercarlos más, mientras conocen a un grupo de peculiares personas en un lugar común y corriente...
Todos tenemos algo que ocultar en nuestras vidas pero ¿Qué ganamos con eso? ¿El guardar todo ese dolor solo para nosotros, no también causa dolor a los que nos rodean?
La relación de Changmin y Jaejoong era un secreto para el mundo, sus únicos testigos eran aquellos lugares donde se veían a escondidas, los testigos mudos de su amor y su pasión, de su tristeza y desesperación.
Titulo: ¿Cómo? Autor: Kimmi Pareja: Changmin x Jiyong Género: Lemon Extensión: Oneshot Resumen: Las cosas ocurren siempre de una manera interesante, jamás habrían podido pensar que algo así pudiera pasarles a ninguno de los dos.
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Las cosas ocurren siempre de una manera interesante, jamás habrían podido pensar que algo así pudiera pasarles a ninguno de los dos, “amor a segunda vista” ¿Cómo? si ni si quiera creían en el amor a primera vista, aparte la palabra amor era aun muy rápida y no era la segunda vez que se veían pero no sabían cómo llamarlo o más bien describirlo. Dos estilos completamente diferentes, y las personalidades aun mas diferentes, entonces porque en este momento se encontraban en esta situación.
Changmin estaba besando esos labios que le parecieron tan apetecibles en el momento que lo vio en el set del inkigayo y que ahora estaba comprobando el sabor adictivo que poseían y podrían ser embriagadores.
La cosa había empezado así, cada uno había llegado a la hora prevista por sus agencias a empezar con los ensayos de la presentación, checando desde los grandes hasta los pequeños detalles que eran igualmente importantes, todo siempre debería de salir perfecto.
Cuando de repente se encontraron frente a frente, una pequeña reverencia hecha por parte de ambos y al momento de levantar la vista fue cuando todo sucedió, el aspecto de ambos aun sin el vestuario de su presentación, su imagen era normal pero igualmente impactante, había sido como si un pequeño click sonara en sus cabezas y su corazón empezó a latir de un ritmo diferente al normal, como si estuviera más acelerado, como si la presencia del otro activara esa opción, la cual no le disgusto a ninguno es mas era como si sus ojos se estuvieran comunicando, como si pudieran entenderse con una sola mirada, porque simplemente eso basto para que ambos lo entendieran y se dirigieran al no muy conocido pero no tan escondido lugar en donde podrían encontrarse; solo ellos y sus compañeros de grupo lo tenían ubicado ya que después de tantas presentaciones en ese lugar uno llega a conocer todas las instalaciones y por consiguiente lugares estratégicos.
Y ahí estaban ambos robándose el aliento y disfrutando del contacto, era como si sus bocas hubieran anhelado eso desde hace mucho y hoy era el día, sus labios se acoplaban uno al otro como si fueran piezas que embonaban, y Changmin mordió ese labio inferior el cual era perfecto a sus ojos para poder así explorar mas de “el”, el permiso fue concedido, sus lenguas empezaron tímidamente al principio pero eso les duro poco a lo mucho 2 segundos para empezar a saborear cada rincón del otro, sus manos parecían querer cobrar vida. Las de Changmin que en un principio se encontraban a nivel medio de la espalda de el otro ahora bajaban lentamente a la cintura donde lo atrajo aun mas, lo necesitaba sentir aun más cerca, y las manos del otro que habían empezado en la cintura de Changmin ahora se encontraban entrelazadas en el cuello para acercarlo más y poder profundizar más este beso, pero un molesto sonido los hizo separarse a ambos, el celular empezó a sonar reclamando su presencia para empezar con el cambio, el vestuario, el peinado, todo; y aunque no se querían separar eran profesionales y ya abría tiempo para lo demás luego.
Las presentaciones comenzaron uno a uno pasaban, el momento que cada artista espera; poder mostrar su trabajo al público y principalmente a sus fans.
Y es que, ¿cómo era posible? Que a estas alturas después de encontrarse en diversas ocasiones, de cierta manera competir pero más por cuestión de ventas y por las empresas, que por ellos ya que les daba igual, con que hicieran lo que les gustaba estaba bien, claro era mucho mejor cuando lo disfrutaban y se divertían al mismo tiempo haciendo lo que les gusta “cantar”.
Y pasaron ambos y ahora Changmin se encontraba quitándose el vestuario, ¿sabría “el” que el pequeño guiño en la presentación se lo dedico?, no podía esperar más y se dirigió al lugar del encuentro, agarro su maleta sus cosas y las metió, se despidió de su hyung al cual lo dejo hablando solo; ya luego le diría algo, una excusa, mentira o la verdad pero eso aun no lo decidía solo sabía a dónde dirigirse.
Llego al lugar propuesto por ambos un lugar alejado y tranquilo a solo 30 minutos de la ciudad y cuál fue su sorpresa al ver al culpable de su salida rápida ahí sentado en las escaleras de entrada de esa pequeña cabaña y el cual no lo veía muy abrigado con excepción de la cabeza que probablemente no sintiera frio ya que su gorro se veía muy abrigador.
-Hace frio ¿Por qué no entras?- dijo Changmin al momento que llego, se acerco levanto su rostro y le robo un pequeño y rápido beso.
-porque pensé que tal vez no vendrías, y que todo esto había sido un juego de mi cabeza.
Changmin agarro la mano del pequeño cubito de hielo que estaba sentado en las escaleras y lo jalo lentamente para meterlo en la cabaña.
-el que pensó que todo había sido un juego de la mente fui yo ¿que no viste como estacione el auto?- dijo Changmin al momento que dio paso al ahora su actividad favorita besar esos labios que estaban fríos por la espera.
-cierto jajaja
-por cierto, ¡estas frio! y no quiero un G-dragon congelado- Changmin lo abrazo con fuerza como verificando que en verdad no fuera un sueño, oliendo el aroma de la piel que desprendía el cuerpo y que ahora estaba completamente memorizado por él, recibiendo en respuesta lo mismo y sintió la nariz fría tocar una parte de la piel de su pecho ya que llevaba la camisa un poco descubierta lo que le causo un escalofrió por todo el cuerpo.
-jajaja podría decir lo mismo de ti pero tu estas cálido Min.
G-dragon acaricio lentamente la pequeña abertura de la camisa de Changmin en lo que mantenían contacto visual, ellos no estaban a acostumbrados a avanzar tanto en la ¿primera cita, encuentro? Pero no podían detenerse sus cuerpos se necesitaban se llamaban y ellos tampoco ofrecían mucha resistencia.
-“Don’t go home” interesante canción, me gusto tendrá éxito como todo lo de ustedes y tuyo- dijo Changmin al momento que había levantado a Gd y el cubito ya no de hielo lo apresaba con sus piernas.
-Nunca una canción había sido tan acertada en estos momentos, es mi propuesta de esta noche y muchas mas para ti y la primera vez que la presentamos, y adivina en quien pensaba?
-mmm no se.
-en una persona que andaba muy despechugada en el set – dijo Gd en lo que lentamente iba desprendiendo la camisa de Changmin.
-jajaja y ¿que tal se veía?
-muy bien pero ahora se ve mejor.
Changmin tampoco estaba perdiendo el tiempo la prenda superior de Gd hace mucho tiempo que se encontraba en el piso y la mano de Min algo ocupada con el pequeño bulto del pantalón del más bajo, pero ahora eso implicaba estar un poco incómodos, así que lo llevo al sillón y lo recostó lentamente quitándole el resto de la ropa al hielito ahora derretido; y el lentamente se quito la suya siendo observado por la atenta mirada del líder de Big Bang al cual al parecer le había gustado la vista.
Changmin se acerco sigilosamente a Gd y lo aprisiono con su cuerpo quedando a la altura sus entrepiernas completamente despiertas y disfrutando del rose otorgado por ambos, mientras se robaban el aliento, acariciando cada parte de sus cuerpos y degustando de su sabor, pero Changmin no podía aguantar mas así que llevo uno de sus dígitos a la boca de Gd verlo con las mejillas sonrojadas y lamiendo su digito fue una de las imágenes más impactantes que le hubieran gustado en su vida ya ni la comida había logrado lo que solo eso había provocado. Lentamente fue introduciendo un digito en la cavidad de Gd el cual dio un pequeño respingo ante la intromisión y atrajo mas a Min a su cuerpo, el dolor iba desapareciendo y empezó a ser sustituido por placer, que casi no le molesto mucho el segundo dedo que había sido introducido ya que Min ahora se encontraba también masajeando cierta parte de su anatomía demasiado sensible y que lo estaba volviendo loco, y al tercer digito la sensación de dolor casi había sido sustituida completamente, pero al sentirse vacio volteo a ver a Min el cual solo lo beso y empezó a introducirse lentamente en el.
Gd arqueo la espalda y agarro fuertemente a Min eso no había sido nada comparado a lo anterior, Changmin esperaba a que Gd se acostumbrara y que el pudiera soportar un poco mas ya que desde el momento que se introdujo la presión ejercida casi lo lleva al orgasmo, Gd le indico tímidamente que estaba listo; y ahora si se empezaron a fundir el uno con el otro, palabras sobraron, cada uno expreso lo que sentía en ese momento y en cada embestida.
Se sentían en el cielo, como era posible que ahora después de tanto tiempo de conocerse de haberse visto se encontraran queriéndose y entregándose el uno al otro, la idea realmente nunca había pasado por sus cabezas y el sentimiento ahora era tan grande que los dos se habían sorprendido y asustado a la vez ¿cómo es que esto podría suceder así?.
Finalmente ambos después de varias embestidas mas llegaron al orgasmo Changmin dentro de Gd y el ultimo entre ellos, lentamente salió Min del interior de Gd y se acostó a su lado, agradecían que el sillón fuera amplio y cubierto con una especie de frazada, la cual utilizaron para cubrirse un poco.
Ambos se encontraban abrazados y Changmin empezó a acariciar la cabeza del el sonrojado compositor y cantante idol que impone moda.
-No sé ni como, pero creo que te quiero – dijo Gd y para refugiarse se pego al pecho de Changmin, si esto solo había sido un impulso o algo pasajero no quería ver.
-Si tú no sabes yo menos, pero también creo que te quiero- dijo Changmin el cual levanto el rostro del escondido y lo beso tan tiernamente como si temiera que desapareciera nuevamente.
-Entonces lo que queda será quitarnos la duda del creo- dijo Gd al momento que se levanto y subió las escaleras para la planta alta.
-Y organizar nuestras agendas- fue lo que alcanzo a contestar Changmin al momento que se dirigió a alcanzar a Gd.
El destino a veces puede jugar cartas interesantes y extrañas que pueden funcionar o fallar, pero eso es lo interesante de la vida, tanto disfrutar el momento, como querer que dure o simplemente crearlo uno mismo.
Por qué ellos aun no saben que pasara, ni el cómo paso; solo saben ahorita que se quieren.
Título: Between two
Autor: Kimmi
Trió: HoMinSu
Género: Romance/ Lemon
Extensión: Oneshot
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Changmin era un gilipollas; no en el sentido amistoso que le pudiera dar, sino en la estricta y dura denotación de que su capacidad mental era similar a la de una mosca. Había sido un gilipollas los meses antes del debut —con todas aquellas mierdas de su ego concentrado cual olla exprés —, y lo había sido también cuando le amargó la vida por “quitarle” su carácter dentro del grupo. Porque claro, Shim Changmin era el que debía ser el adorable, tímido, callado y el poseedor del ego supremo, y no él. Pero ¿es que realmente era tan idiota? Evidentemente no había sido elección suya quedarse con su imagen de peluchito abrazable y virginal. ¡Las fans! Joder, eran ellas las culpables de todo; lo habían sido siempre. Porque ¡por el amor de todos los delfines santos! Fueron ellas las que le incitaron a volverse un borde agresivo después de despreciarle durante las sesiones de autógrafos. Y ellos no se libraron, porque el empeño de agredir a JaeJoong, de sudar olímpicamente de los reclamos de YunHo o de meterse constantemente con su persona, todo eso, no era más que uno de los síntomas que había desarrollado el maknae por culpa de aquellas tipejas. Pero si había algo que realmente irritaba a Junsu por encima de todas las cosas, era esa obsesión enfermiza por ganar siempre. Que vaya, no es que él fuera un santo tampoco, pero sin duda lo de Changmin ya era de psicólogo.
— ¿Tienes ganas de que te de una paliza al S4?
Claro, porque lo que más deseaba Junsu en esos momentos era jugar a los videojuegos con el moreno —y léase con ironía—. Ni un “Hola” ni un “Hyung, cuánto tiempo…”; no, lo que aquel gilipollas le decía después de meses sin verlo por culpa de la demanda es que si quería frikear online con él.
—Bienvenido a casa Junsu—escuchó a sus espaldas.
YunHo fue más político dentro de lo que cabe. Le estrechó la mano y acto seguido lo encerró entre sus brazos. Podía notar su sonrisa contra el cuello y por un instante, Junsu se sintió aturdido por el aroma que desprendía el líder; una mezcla de perfume, champú de lavanda y ese toque a cigarros que hacía tiempo que no olía.
— ¿Has vuelto a recaer? —preguntó acariciándole el pelo castaño.
Yunho solo se limitó a sonreírle como se le sonríe a un niño pequeño. Tal vez se pensaba que no estaba suficientemente capacitado para entender su conducta, o el por qué de su vuelta al tabaco aun habiéndolo dejado por motivos laborales y de salud, pero Junsu no era idiota. Él sabía perfectamente que su adorable compañero era el que más había sufrido; por parte de Jaejoong, Yoochun, de Staff y de él mismo, pero sobre todo por culpa de SM. Porque evidentemente los de arriba no le dijeron “tranquilo chico, no pasa nada, has cumplido con tu función de líder”, sino más bien un “¡tú deber era mantener al grupo únido y ni siquiera pudiste hacer eso!”. Así que no era difícil entender su carácter inestable, y su re-afición a las cajetillas de Camel y Lucky Strike.
— ¿Cómo están los demás?
—Felices— contestó el rubio mientras fisgoneaba por el nuevo departamento.
Changmin resopló y se metió en lo que Junsu supuso que sería su habitación. No iba a engañarles; el JaeChun andaba de un humor excelente esos días, y el hecho de tener sus mentes ocupadas en el A-nation y el minialbum japonés, aun ayudaba más a que el ambiente fuera extrañamente agradable. Era como si esos dos se hubieran olvidado de Yunho y Changmin. No preguntaban por ellos, no llamaban, no se ponían en contacto…y si bien lo habían hecho durante las primeras semanas tras la noticia de la demanda, luego habían logrado desentenderse y olvidarse de que eran un grupo. Para la diva y el dandy boy solo existía el JYJ.
—Me alegro, nosotros también estamos bien—dijo mientras seguía de cerca al menor. De la cocina al comedor, del comedor a la sala de estar…
—No te lo he preguntado, hyung.
El rubio se giró y le dedicó una deslumbrante sonrisa a Yunho; este parecía altamente complacido.
—Y… ¿Qué tal con Yoochun?
Junsu sabía a lo que se estaba refiriendo, y aquello le causaba una interesante sensación de euforia. ¿Jung Yunho preguntando por su relación con Park? No era una novedad, no del todo, pero sí que hacía tiempo que no escuchaba esa pregunta de los labios del mayor.
—Normal, ya sabes, sexo por aquí, sexo por allá…—esta vez se entretuvo con un cuadro donde aparecían los cinco. Si mal no recordaba esa foto la habían tomado antes de la promoción de Mirotic—últimamente le ha dado por querer hacerlo en el backstage, pero ya sabes que odio mantener relaciones en lugares públicos.
El castaño intentó reprimir una risita idiota y Junsu le golpeó suavemente en el pecho.
—No pensabas lo mismo en la sala de espera del SMtown del año pasado.
Cierto; debía admitir que aquel había sido el mejor polvo de su vida. Y no solo porque Yunho lo tuvo durante más de media hora rogando porque lo penetrara de una vez, ni por hacerle venir en repetidas ocasiones, ni mucho menos por el hecho de que Changmin entrara en el preciso momento en el que el mayor le estaba regalando un maravilloso orgasmo. Claro que no, si de algo disfrutó Kim Junsu es de montarse aquel trió sabiendo que en cualquier momento los podrían pillar.
— ¿En el SMtown? Pues no lo recuerdo, hyung—susurró. Hacerse el desentendido era su especialidad número uno.
—Es una lástima entonces.
Los dos se toparon con la intensa mirada de Shim, que andaba apoyado en el marco de la puerta con esa cara de “odio que me dejéis fuera de la conversación”. El rubio pasó por su lado sin decir nada pero eso pareció molestar de sobremanera al menor. Con un rápido movimiento le cogió del brazo y le hizo mirarle.
— ¿Dónde te crees que vas?
El líder no tardó en acercarse y colocarse justo al lado de ambos chicos. Ninguno dijo nada durante eternos segundos; no era una situación incómoda, sino más bien unos momentos de reflexión y de estudio mutuo. Changmin era ahora, a la vista de todo el mundo, un hombre de los pies a la cabeza. Atrás había quedado esa sonrisa tímida y su tremola voz durante las entrevistas; ahora poseía un sexapil tan o mayor que el de Jaejoong —y las fans lo admitían—. Yunho, su adorable compañero de prácticas… ¿qué decir de él? Únicamente se había transformado en un semental por el que pagarías para que te hiciera eso y aquello durante todo el jodido día y durante todas las jodidas horas.
—Debo deshacer la maleta… ¿vas a soltarme o debo ir acostumbrándome a este tipo de cosas?
—Changmin…—amenazó el líder.
Con desgana soltó a su compañero y se fue rápidamente a la cocina. Ambos pudieron escuchar como el menor estaba trasteando algo y al poco rato, salió al balcón con una bolsa de patatas fritas y un refresco. Aquella actitud distante del moreno no era una novedad; estaba altamente frustrado, eso era evidente, lo que era ya más difícil de saber era el motivo de dicha frustración. Junsu supuso que era por su visita. Tal vez ahora, Shim se sentía amenazado por su presencia, porque lo más probable es que notara como Yunho ya había dejado de prestarle atención desde el momento en que había puesto un pie en esa casa.
— ¿Quieres que te ayude con el equipaje?
El rubio asintió sin decir nada más y ambos jóvenes se fueron al cuarto de invitados. El lugar era increíble —todo sea dicho—; estaba incluso mejor que cuando vivían los cinco juntos. Todo bien decorado y espacioso…perfecto, sin duda sus sospechas se habían confirmado. Ellos podrían haberse ido, pero eso significaba que SM iba a premiar a los que se quedaran bajo su mando. Más ropa, más zapatos, más aparatos electrónicos. Como si quisiera consentirles, convencerles; sobornarles. Y al parecer lo había logrado, porque tanto el líder como el menor se negaban a huir de ese infierno.
— ¿Junsu?—llamó el más alto.
— ¿Qué?
— ¿Has pensado en volver…en quedarte con nosotros?
El rubio emitió un chasquido de ironía con la boca.
— ¿Has pensado tú en venir con nosotros?
—No—dijo serio.
—Entonces ya sabes mi respuesta.
—Pero…
—No hay peros—interrumpió el menor—, vosotros habéis decidido quedaros, nosotros no podríamos volver a ese lugar. No lo soportaríamos de nuevo.
Un silencio incomodo se formó esta vez. Yunho quería replicar y el menor no estaba seguro de si se había pasado. ¡Por todos los santos! ¿Por qué era tan difícil sobrellevar aquella situación?
—Está celoso.
Changmin dejó la bolsa de patatas encima del escritorio y miró a los otros dos mientras se sentaba junto a Kim. El líder estaba totalmente rojo y con los ojos desorbitados.
—Le carcome la envidia —prosiguió como si fuera lo más normal del mundo.
¿Yunho celoso? Aquello no tenía ni el más remoto sentido. No había nada de lo que pudiera estar celoso. Pensó en Jaejoong, porque tal vez estuviera enamorado de él en secreto, pero dada la confianza que existía entre ellos era poco probable —estaría al corriente de ello—. Luego algo más le vino a la cabeza pero lo descartó de inmediato.
—La verdad es…
— ¿¡Changmin, te quieres callar!?
— ¡No, no me quiero callar! —el menor se acercó hasta el líder y lo cogió por el cuello de la camisa— ¡No me pienso callar cuando te pasas el día lloriqueando por él!
Y que ese dedo le estuviera señalando no era una buena señal. Porque no podía estar insinuando que Jung Yunho estaba enamorado de Kim Junsu. Aceptaría que se refiriera a Jaejoong, o incluso a Yoochun o alguna otra persona de su entorno, pero no él.
— ¡No me toques los cojones, Shim Changmin! ¿¡O es que acaso debo recordarte el ataque de rabia que te dio cuando lo viste con Park en el aeropuerto!?
— ¡Aquello era diferente! ¡Tú mismo dijiste que ese cabronazo nos la estaba metiendo bien doblada!
― ¡Por todos los santos! Solo está jugando con él y…
―¡¡Que os calléis!!―finalizó Junsu― ¡Maldita sea, callaros, no entiendo nada de lo que estáis diciendo!
Los otros dos guardaron silencio, conmocionados al ver al rubio tan molesto. En todos los años de convivencia, jamás había visto ese comportamiento en él. Ni siquiera se había enfadado cuando ellos se negaron a presentar la demanda contra SM. Changmin fue el primero en reaccionar y se dirigió al líder:
―Pues si no lo haces tú, lo hago yo.
Y antes de que pudiera preguntar nada sintió un cálido aliento en su cuello, golpeando contra su piel que se erizaba inconscientemente. Junsu cerró los ojos y pudo notar como Yunho también se pegaba a él, por su espalda, mientras le susurraba cosas con voz ronca.
―No deberías haber vuelto…
El rubio pudo notar como su corazón se aceleraba y el menor se dio cuenta de ese detalle cuando recorrió con su mano el pecho de su compañero, provocándole una profunda risa.
―Junsu-shii, te queremos. Debes entenderlo―esta vez el más joven se deleitó con su abdomen mientras el líder repartía besos por todo su cuello. ¡Maldición!
―Esperen, esperen…
Yunho pellizcó uno de los pezones de Junsu y este dejó escapar un audible suspiro― ¿Esperar que? Pareces estar disfrutando…
―Sí pero…―Min emitió un leve “ssh” mientras posicionaba sus dedo índice en los labios del otro. Los dos amigos se sonrieron con complicidad.
―Déjate llevar, solo una vez más.
―Como en los camerinos ¿recuerdas? ―la voz del líder era deliciosamente suave, pausada e incitante, y le tentaba de una forma sorprendente. La verdad es que lo deseaba, pero ahora sabía que esos dos tenían sentimientos de por medio y eso le hacía dudar ¿era entonces correcto seguir con todo aquello? ― me gustas Junsu, me has gustado siempre.
―Sí hyung, te amamos―concluyó el más joven con un susurro sobre sus labios.
Aquella confesión no dolió tanto como había esperado y terminó siendo la chispa que lo encendió por completo. Sin pensárselo más veces, arremetió contra la boca del menor; succionaba, lamia y saboreaba sus labios mientras el mayor le ayudaba a quitarse la ropa desde detrás. Sus manos se colaban por lugares prohibidos, palpando todo como si temiera perderse algún detalle de su anatomía y Changmin ya estaba peleándose con el cierre de su pantalón. El líder intentó guiarlos hacía la cama pero Junsu salió corriendo mientras se reía escandalosamente. Los otros dos le siguieron de inmediato y no tardaron en dar con él. Shim lo apresó contra la encimera y pasó su lengua por el cuello del otro de forma lasciva.
― ¿Te pone montártelo en la cocina? ― preguntó el más grande en su oído.
El chico se mordió el labio, abriendo sus piernas y dejando que los otros dos hicieran con él lo que quisieran. Pudo notar el obvio estado en el que estaban sus compañeros, y él no estaba mucho mejor. Bajo la apretada tela del pantalón, su miembro empezaba a doler y Changmin se dio cuenta.
― ¿Quieres que lo haga, Junsu?
Sus ojos se conectaron por una milésima de segundos y el líder sonrió ante la escena de un Changmin permisivo. El rubio obligó al menor a arrodillarse y se mordió el dedo índice; ante sus ojos estaba él, la persona con la que más solía discutir, dispuesta a llevarle al paraíso. De un tirón le terminó de quitar los ajustados pantalones y lamió la tela de su ropa interior provocando que Junsu soltara un lastimoso quejido.
―Andas bastante necesitado aquí abajo.
―Demonios, deja de hablar y hazlo de una vez―ordenó el joven.
El más joven retiró la prenda con cuidado, intentando no rozar demasiado esa parte; lo quería ver suplicando. Acercó su boca y no tardó en bufar y lamer sus piernas, subiendo y bajando por ellas y acercándose peligrosamente al miembro erecto de Junsu. Mientras tanto Yunho le comía desesperadamente la boca al rubio, llevándose de regalo algún que otro mordisco malintencionado de su parte; su mirada estaba conectada con la de Kim y de tanto en tanto bajaba para observar lo que hacía su querido amigo. Aquello le estaba volviendo loco; ver como el menor estaba logrando desesperar a la persona a la que amaba, y sin poderlo evitar se llevó una mano al pantalón. Lo desabrochó con cuidado y tomó su palpitante erección entre sus dedos. Junsu se empezaba a frustrar por culpa del moreno.
―O lo haces o te mato ¡demonios!
―Esas no son maneras, hyung―reclamó con una fingida inocencia.
―Soy mayor que tú, así que no me repliques.
Changmin cogió la erección de Junsu de forma ruda y dio un tirón particularmente fuerte mientras se levanta poniéndose a su altura. El rubio soltó un inevitable gemido ante la acción del menor.
―Eres tú el que está a mi merced, Junsu-shii―lamiendo el lóbulo de su oreja volvió a mover su mano encima del miembro de su amigo― Así que se buen chico y compórtate como tal.
― ¿Deberíamos enseñarle modales?
La sugerencia de Yunho agradó al más pequeño y miró con malicia a Junsu. Se quitó su camisa y antes de que los otros dos tuvieran consciencia de lo que pretendía, ató las manos del rubio a su espalda y le hizo sentarse encima del mueble. Luego, se giró hacia el líder y lo besó desesperado, mientras terminaban de quitarse la poca ropa que les faltaba. Junsu miraba la escena embobado y a cada caricia y a cada roce que se proporcionaban esos dos, un latigazo iba directo a su entrepierna. Yunho tomó el control cuando cargó al menor encima de la mesa; este enlazó sus piernas alrededor de la estrecha cintura del castaño mientras le comenzaba a masturbar. Ambos gemían sin despegar la vista del rubio.
―Ah…Minnie…
Junsu se removía inquieto ante la escena y quería tener las manos libres. Necesitaba ayuda urgente ahí abajo. Los otros dos lo sabían y no tenían ningún problema en reírse de los inútiles forcejeos del chico.
―Yunhoah…¿Qué vamos a hacer?
El líder alzó una ceja ante la pregunta del menor.
― Mmm…¿Quién de los dos se lo follará primero? ―Changmin hizo un puchero mientras sentía como la mano del líder bombeaba su miembro a la misma velocidad que la suya. Ni en sus más húmedos sueños se habría imaginado que llegaría a estar con el castaño, complaciéndose mutuamente, y bajo la desesperada mirada de Junsu.
―Está…está claro que yo.
El rubio se encendía con solo escucharles. Dos hombres discutiendo por quien iba a ser el primero en disfrutar de su estrechez; sus compañeros de grupo, sus amigos y ahora, al parecer, sus amantes. Una idea descabellada pasó por su mente.
―Los dos―murmuró.
Changmin y Yunho detuvieron toda acción. Junsu, con las piernas bien abiertas y los ojos entrecerrados por el deseo, relamiendo sus labios con aquella endemoniada lengua y visiblemente al borde del colapso. Los quería a ambos dentro y la sola idea les hizo venir ganas de correrse en aquel mismo instante. Sin desperdiciar ni un segundo, los dos jóvenes se acercaron hasta él. Yunho lo estampó contra la pared y lamió su nuca dejando visibles chupetones. Ya no había delicadeza, simplemente era deseo carnal y los tres lo sabían perfectamente. Changmin humedeció sus dedos e introdujo uno de ellos en la entrada del rubio, pero este lo apartó con suavidad.
―Está bien…
―No seas imbécil, te dolerá.
―No es la primera vez―murmuró sin apenas ser consciente de lo que estaba empezando a decir.
El líder paró de inmediato y se lo quedó mirando con los ojos desorbitados y el menor intentó disimularlo pero también parecía altamente desconcertado.
― ¿Cómo que no es…?
―Yoochun…―gimió Junsu. El solo hecho de recordarle le provocó una fuerte punzada en su bajo vientre― él y Jaejoong, durante la promoción de su disco en solitario. Les solía ayudar con las canciones, pero un día…
Yunho apretó sus caderas contra las del joven y el menor empezó a tocar lentamente el miembro de Junsu.
― ¿Un día…?―incitó el moreno.
―Un día me engañaron…ni siquiera recuerdo como había llegado hasta allí. Solo podía sentir como sus miembros entraban y salían en mí, tan rápido y profundo―su voz fue decayendo, su respiración se entrecortaba, y pudo sentir como sus amigos estaban en un estado de expectante placer contenido― desde ese momento…dios, siempre terminan los dos corriéndose en mí durante los ratos libres.
Antes de que pudiera añadir algo más, sintió la gruesa y erguida erección de Yunho entrar en él sin compasión. Un temblor los invadió a los dos durante eternos segundos, llevándolos a la locura.
―Joder…ah.
―Vamos Min, hazlo―le ordenó el líder.
El menor se estrechó lo máximo que pudo contra el pecho de Junsu y guió su miembro hasta la entrada de este. No le costó demasiado, tal vez porque el rubio estaba tan excitado que su entrada estaba suficientemente dilatada, o tal vez porque era él mismo el que estaba extremadamente lubricado. Yunho estuvo a punto de perder el conocimiento al sentir tantas sensaciones juntas.
―Dios, dios, se siente tan apretado…
El menor le dio un corto beso a Yunho, dejando a Junsu entre sus cuerpos perlados de sudor y salió unos centímetros, para volver a entrar de nuevo. Lo estaba embistiendo, lentamente, como si tuvieran todo el tiempo del mundo. El líder empezó a hacer lo mismo, hundiendo su rostro en el cuello de Kim, mientras aspiraba su aroma.
―Más…más rápido―pidió el rubio con la voz entrecortada de placer.
―Maldito Junsu…me vuelves loco.
Changmin empezaba a soltar suspiros que poco a poco se tornaban en gemidos. Los tres mantenían los ojos cerrados y las piernas apenas aguantaban sus pesos. Junsu apoyó su cabeza en el hombro de Yunho, recargándose en él y a punto de colapsar. Sus pieles rozándose, sus manos subiendo y bajando y sus alientos que se iban conectando de tanto en tanto; aquello era irreal. El rubio empezó a sentirse ido, mareado, y sabía perfectamente que no dudaría mucho más.
―Mmm…voy a…
Yunho lo besó desesperado mientras lo embestía de forma cada vez más ruda y el otro posicionó su rostro debajo de la clavícula de Junsu, dando lametazos y dejándole millones de marcas. Sus respiraciones se entrecortaban y apenas podían coger aire.
―Joder, te amo, te amo, te amo, te amo― lloriqueó Changmin en su oído. Luego, cogió el miembro de Junsu y lo bombeó al mismo tiempo que el suyo entraba en el cuerpo de su hyung.
El líder abrazó a ambos tras escuchar aquello y terminó corriéndose con un sollozo ronco. Segundos después le siguió Junsu, sufriendo notorios espasmos y contracciones. Changmin, ante la estrechez del rubio, no pudo evitar unirse a los otros y finalmente colapsó con un fuerte gemido. Agotados, se dejaron caer en el mármol de la cocina, intentado recomponer sus respiraciones.
―Dios…
El mayor colocó bien un mechón de pelo que le tapaba la cara al rubio. Hacía tanto tiempo que anhelaba poder estar junto a él, verlo aunque fuera una vez más…porque ya se había cansado de observarle por la televisión o por internet. No le servían las imágenes que las fans le tomaban a escondidas o los videos de los ensayos para el A-Nation. No, Jung Yunho deseaba estar otra vez cara a cara con Kim Junsu, ver su sonrisa y su mirada sebera cuando se ponía serio. Y Changmin, que aunque siempre era el iniciador de toda discusión, también había caído ante los encantos y el ego supremo que poseía aquel maldito escandaloso.
― ¿Qué vamos hacer cuando te marches?―preguntó el menor acariciándole el rostro con delicadeza― ¿Qué va a pasar cuando cruces esa puerta y no vuelas a entrar?
Su mirada reflejaba ternura y tristeza a partes iguales. Él quería volver a ser DBSK, regresar a aquellos años tan felices en los que se pasaban hasta altas horas de la madrugada hablando sobre tonterías…aquellos días donde podía disfrutar de su compañía.
―No lo sé Minnie, no lo sé.
El líder le dio un corto beso en la mejilla y ocultó su rostro en el hombro de Junsu. Solo minutos después se puso a llorar como nunca lo había hecho; a su lado, Changmin intentaba mantenerse sereno, pero en su mirada se reflejó la mayor de las tristezas. Solo permitieron mostrar su debilidad en aquella ocasión, en aquel lugar, y en aquel instante.
―Te amamos Junsu.
Y el rubio estalló en un profundo y desgarrador llanto.
Titulo: ¿Será Varón, Será Mujer?... Autor: Kinmi. Pareja: YunJae Género: Romance, Lemon Estado: Proceso Advertencia:MPREG, Lemon y algo mas. Sumario: ¿Qué pasaría si te enteraras de una noticia sorprendente sobre tu pareja?... ¿llorarías?, ¿te enojarías?, ¿huirías?, ¿estarías feliz?... ¿Qué harías tu en este lugar?...algo parecido le pasó a Yunho, pero ¿quieres saber su reacción?...
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Titulo: Amor de Habitación Autor: Kinmi. Pareja: Yunjae Género: Romance, Lemon Estado: Proceso Sumario:En suma el amor lo es todo y por el se pueden hacer demasiadas cosas. Advertencia:Lemon - MPREG
Titulo: Secuestrado de Amor Autor: Kinmi. Pareja: Yunjae y otras parejas que surgirán. Género: Romance, drama y angustia creo. Estado: Proceso Advertencia: Lemon y mpreg. Resumen: Amar es un estado que no elige a quien amar, sino que se ama, más cuando venga el amor perfecto… Entender no es solamente perdonar sino, en última instancia, amar... El corazón tiene razones que la razón no conoce…
Autor: Kinmi. Parejas: Yunjae, Yoosu y MinX? (lo descubrirán en la historia fue una de las dos sugerencias que me hicieron, es todo lo que puedo contar). Género: Romance (mucha miel), drama y un poco de angustia (creo). Estado: Proceso Sumario: ¿Qué tanto puede el amor en sus diferentes facetas seguir adelante?... ¿traspasar los obstáculos que se presentan y superarlos todos, para llegar a la felicidad?... Advertencia:Lemon y Mpreg.
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Dicen que las primeras impresiones suelen ser equívocas; que las personas proyectan al exterior una imágen que no va acorde con su verdadero “yo”. Recuerdo que era noviembre, las hojas de los arboles ya habían desaparecido y el frío matutino se lograba colar incluso por debajo de las gruesas mantas. Como cada día me desperté temprano, alrededor de las cinco y media. Me levanté con pesadumbre, bostezando y arrastrando los pies. En realidad la calefacción se había estropeado hacía ya mucho tiempo, pero no tenía ganas ni dinero para repararla ―mucho menos para cambiarla―. Mi trabajo consistía en atender a los clientes de una cafetería en el área de Gangnam. Tés para arriba, capuchinos para abajo. Mi cabeza debía recordar cientos y cientos de nombres; desde las bebidas occidentales hasta las tradicionales, eso sin contar con los acompañantes. Choux, Profiteroles, Eclair, Arequipe, Crème Brûlée, Queque, Crèpes, Croquembouche. Y podía afirmar que todo aquel que entraba allí terminaba repitiendo, con lo cual ya era conocedor de ciertos rostros. El señor Kwon era el típico hombre clásico, jamás pedía otra cosa que no fura Sujeonggwa con Tteok; la señora de las gafas de pasta roja prefería los dulces franceses acompañados de Irish coffee, eso sí, siempre con un trébol dibujado. Luego estaban los jóvenes que eran más propensos a las bebidas energéticas o refrescos con pastas y snacks. En un ambiente agradable y con compañeros que ya podía considerar como mis mejores amigos; mi vida estaba allí, entre esos muros, y yo no quería cambiarla para nada. Tiempo después hicimos reformas, comprando pintura y decorando las paredes con un estilo más cercano a la clientela. El muro que daba hacia la calle fue substituido por un gran ventanal con marco de madera de roble y las sillas fueron suplidas por largos sillones de cuero negro y blanco ―dándole al lugar un estilo más minimalista―. Así, cada detalle fue cuidadosamente retocado o, en la mayoría de casos, permutado por otro más atractivo. Pero las personas seguían igual, inamovibles a cualquier transformación. Y no fue hasta unos meses después de la segunda inauguración, que empezó llegar gente nueva, entre ellos un grupito de chicos que jamás había visto.
― ¿Viste a esos tres? Dejando de limpiar las copas fijé mi vista en ellos. Se sentaron en la mesa siete, justo la que daba hacía el exterior y por ende, una bajo mi jurisdicción. Mi compañero hizo una mueca y tosió levemente.
―Tienen una pinta de snobs…
―Eso no importa, no deberías juzgarles por la apariencia hyung.
Jaejoong emitió un chasquido desconforme y me lanzó la libreta de pedidos al pecho. Él era así, solía desconfiar de todo el mundo pero los demás me decían que el problema lo tenía yo. “Demasiado inocente y buenazo”.
―Tómales la orden ya o se irán, idiota.
Le di con el pañuelo en toda la cara y huí dirigiéndome con una sonrisa hacía al trio de jóvenes. Antes de mirarles me percaté en lo calmado que estaba el clima aun siendo invierno. Sin duda hoy iba a ser un agradable día soleado.
―Bienvenidos ¿Qué desean?
― Yo quiero un Bavarois de turrón, acompañado de algunos frutos secos.
―Ajá ―musité mientras apuntaba con mala letra en la hoja. El chico más alto prosiguió.
―También quiero Sikhye y si puede ser, una degustación de delicias francesas. Mis ojos toparon con los del joven de aspecto serio. Mirada dura, mentón alzado y aun estando a una distancia relativamente alejada, pude distinguir el sutil olor a perfume que desprendía.
Sinceramente, después de tantos años trabajando de cara al público sabía a la perfección quien tenía dinero y quién no. Esos tres eran “crème de la crème”.
―Golden Plum Soufflé, y quiero que esté al punto ¿entiendes?
Asentí un poco disgustado. Sabía lo difícil que era esa receta, pero Jae era todo un experto en los postres complicados. Como solía decir “cocinar es un reto; innovar o morir”.
― ¿Y usted que desea?
El último chico se me quedó observando algo contrariado, empezándose a reír al poco rato. Sus compañeros rodaron los ojos, esperando sus palabras.
― ¿Qué te parece una noche de sexo salvaje? Tú y yo, solos.
La libreta impactó contra el suelo y noté como mis mejillas llegaron a un punto en que desprendían un calor febril. ¿De verdad había preguntado eso? Jamás me había sucedido algo por el estilo y empecé a temblar. Él solo suspiró.
―Quiero soju.
―No…no tenemos alcohol―tartamudeé.
― ¿De veras, nena?
―Lo siento...
Mordiéndose el labio me repasó de forma descarada, dejando de lado esa postura tan refinada y acomodándose en el sillón con los brazos extendidos.
―Tráeme un Americano entonces.
Sin decirles nada más corrí hacia la cocina. Mi compañero me miró sorprendido, más yo solo pude dejarme caer al suelo. Perdí mi mirada hacía el frente y Jae apartó el azúcar glass, limpiándose las manos con un trapo que luego lanzó a la pica. Se arrodilló junto a mí.
― ¿Y bien?
― ¿Vosotros…siempre sois tan directos cuando os gusta alguien?
Sus ojos centellearon por unos segundos, encaminándose lentamente hacía la ventana que daba al exterior.
― ¿Cuál de ellos ha sido?
―Pero Hyung…
― ¿¡Cuál!?
Suspiré.
―El que va más arreglado…el más dandi, como tú dices.
― ¿Que han ordenado?
Le extendí la hoja, quedándome con la cabeza entre mis rodillas. Hacía tiempo que mi corazón no latía tan apresuradamente. ¿Por qué? No me gustaban los hombres, aunque me había besado accidentalmente con uno y admito que no tenía ningún problema sobre eso. Quiero decir, Jaejoong desprendía feminidad por todos lados ―no se necesitaba ser un genio para darse cuenta―, y aun así era mi mejor amigo. ¿Pero yo? A mí me gustaban las chicas; sus labios, sus pestañas largas, sus cinturas, sus voces y gestos delicados, todo. Me parecían lindas hasta cuando lloraban. Sin darme cuenta me levanté, mirando a aquel trio.
― ¿Junsu?
Jae me extendió los pedidos y yo solo pude humedecerme los labios nerviosos.
―Dáselos y vuelve rápido. Me ocuparé personalmente de ese descarado. Asentí, no me quedaba más opción. Mi amigo se había convertido en una especie de madre para mí, me cuidaba y me solía defender de todas aquellas personas que según él, abusaban de mi inocencia. Yo solo podía dejarle hacer. Sin más, fui hasta la mesa siete y dejé el pedido sin comentar nada. El moreno volvió a sonreír y empezó a silbar. Calma.
―Nice butt―escuché como murmuraba.
El más alto no pudo reprimir una carcajada, pasando luego a beber un poco de Sikhye. Me giré en rotundo, marchándome del lugar con paso apresurado. ¿Por qué narices no sabía ni una gota de inglés?
― ¡Tú!
Esa voz me detuvo. ¿Por qué a mí? El chico amargado me analizó. Parecía impactado y gratamente sorprendido.
― ¿Quién ha hecho esto? Tráelo.
Jae, que estaba mirando―mejor dicho, espiando―, salió con paso decidido. Al pasar junto a mí, apoyó su mano en mi hombro y me dedico una sonrisa.
― ¿Qué desea?
― ¿Lo has preparado tú?―dijo el castaño señalando aquel dulce exigente.
― Sí ¿hay algún problema? ¿No es de su agrado señorito?
―Te has pasado dos minutos en la cocción.
Jae pareció vacilante. Yo en cambio, tenía la sensación de que le había gustado y que solo quería hacerle enfadar.
―Déjame que le compense entonces.
Sacó una botella de champagne de la vitrina que había justo al lado. Retirando el corcho con gracia, me miró.
―Apártate, cielo.
― ¿Eh?
De un empujón me sacó fuera. Los tres chicos parecían confundidos.
―Aquí tiene.
Y sin más, vació todo el contenido burbujeante por la cabeza de aquel chico. Proferí un grito y los otros dos se levantaron de inmediato. Mojado y con los ojos cerrados, bufó expulsando gotas de vino por todas partes. Los demás clientes se giraron ante el estruendo y Jae le cogió de la camisa.
―Jamás vuelvas a dirigirte a uno de mis empleados de esa manera.
¡Oh! Grave error. Aquello no estaba nada bien. El chico se ajustó la ropa y carraspeó, poniéndose de pie como si nada hubiese pasado. Cuando sus ojos volvieron a abrirse creí que nos iba a matar a los dos.
― ¿Cómo te atreves, estúpida niñata?
Hay veces en la vida que es mejor callarse. Aquella fue sin duda la ocasión más tensa que recuerdo. Jae era generalmente un chico tranquilo, cierto que también se cabreaba cuando veía que algo no era justo pero, había un tema que para él era tabú...
― ¿Niñata…?―susurró arremangándose lentamente.
― ¡Hyung!
― ¡Soy hombre pedazo de gilipollas!
Y le dio el puñetazo más fuerte que había visto en toda mi vida. El rostro del chico quedó girado y solo pudo balancearse durante unos segundos hasta caer al suelo con la nariz sangrando. El mayor corrió a socorrerle y el acosador solo dio un traspié.
―Fuera de mi cafetería… ¡ahora!
Sin decir nada los dos primeros se fueron con la poca dignidad que les quedaba. Más no lo hizo el moreno.
―No está nada mal.
Mi amigo se giró cabreado. Tenía el puño rojo y la sonrisa de aquel joven le estaba irritando.
―Vete si no quieres que te dé a ti también.
Limitándose a coger su chaqueta se encaró hacía la salida. Caminaba como si nada hubiera pasado y antes de desaparecer se dio la vuelta para mirarme.
―No me importaría que tú me dieras, baby.
Jae palideció y parecía dispuesto a seguirle para repartir otra tanda de golpes; yo le cogí del brazo, negando con la cabeza. Tenía la sensación de que los volvería a ver pronto.
―Limpiemos esto―dijo suspirando.
Después de aquel incidente empezó a venir más gente. Por lo visto se esparció el rumor de que había un chico que era tan guapo que parecía mujer y las chicas no tardaron en hacer visitas diarias al bar. Jaejoong estaba realmente irritado y de tanto en tanto se escapaba entre turnos para fumar. Hacía años que no probaba el tabaco―por lo menos hasta donde yo tenía constancia―, pero sabía que había algo más. Se pasaba el día suspirando y los pasteles que hacía solían ser a menudo adornados con corazoncitos y cosas cursis. Eso volvía locas a las mujeres, sin duda, pero yo sabía que no era para atraer más clientela.
―Hyung… ¿acaso estás enamorado?
Se atragantó con la bebida y me miró con desdén.
― ¿Estás tarado?
―Odias que te mienta pero tú también lo haces. Se supone que somos amigos ¿recuerdas?
Meditó durante unos minutos, soltando el aire con pesadumbre.
―Sí.
― ¡Lo sabía!
No pregunté quién era porque ya lo sabía; aquel chico de mirada dura al que golpeó. Yo por mi parte seguía sin saber que era un “nice butt”, pero pude continuar mi vida con más o menos tranquilidad. Así, los días pasaron y antes de que pudiéramos darnos cuenta, nos encontrábamos en la ajetreada tarde de año nuevo. Caminando hacía la cafetería empezó a nevar; no eran copos pequeños, todo lo contrario, se estaba formando una buena tormenta. Apresuré mis pasos, adentrándome ya en la transcurrida zona de Gangman. Las personas hacían compras de última hora y el cielo cada vez se oscurecía más. Estaba girando en redondo por una de las avenidas principales cuando alguien me cogió del brazo.
―Hi, sexy.
Su voz profunda llenó mis oídos, haciendo que mi cuerpo se estremeciera. El aliento ajeno se dibujó en el aire y nos tapó a ambos con un paraguas negro. Temblé al darme cuenta quien se trataba.
― ¿Menudo día, eh?
― ¡Suéltame!
Jae me había dicho muchas veces que lo mejor era empezar con una amenaza. Concisa, clara. Algo con lo que debías hacer entender a la otra persona que aquello no te gustaba y que si pretendía algo, podías pasar a mayores. El problema es que yo no era Jae y evidentemente, jamás tendría el valor suficiente para defenderme.
―Junsu-ah…
― ¿Có…cómo sabes mi nombre?―tartamudeé nervioso.
― ¿Por qué? Aquella vez…y ahora también ¿De verdad no te acuerdas de mí?
Miré sus ojos, parecían tristes. ¿Lo conocía? Si lo hubiera visto anteriormente, recordaría ese pelo desaliñado y esa nariz tan perfecta. También sería capaz de ubicar mentalmente su mirada sensual, el sutil olor a tabaco y la profunda voz. Sin ir más lejos, estaba seguro que podría ser capaz de reconocer esas manos, los hombros y esos… ¿labios?
―T…tú…
―Susu.
Apoyando el paraguas en su hombro, cogió mis manos entre las suyas y sopló con cariño. Era un gesto demasiado cálido, un gesto que ya conocía. Mis ojos titubearon ¿Qué debía hacer? Aquello fue un accidente; ninguno quiso que pasara de manera voluntaria. Pero no podía negar que por aquel entonces me gustó. Él sonrió dolido ante mi desconcierto.
―Está bien, no insistiré más.
La tormenta se hizo más fuerte y a nuestro alrededor la gente corría para resguardarse. Me dio el paraguas y con paso lento empezó a alejarse. Yo solo pude quedarme allí parado. Dicen que las primeras impresiones suelen ser equívocas; que las personas proyectan al exterior una imagen que no va acorde con su verdadero “yo”. En la cafetería tuve la sensación de que era un chico de esos repelentes, de los que solo les importa la diversión y el dinero. Pero él no era así...porque yo lo conocía perfectamente. El paraguas impactó contra el suelo y salí corriendo.
―No…espérame…
No sabía dónde iba, no tenía ni idea de que camino tomar. Estaba perdido buscando a una persona entre millones de rostros anónimos. Jamás me había sentido tan solo. Aminoré mi velocidad cansado y no pude evitar toser; demasiado frío para tan poco abrigo. Mi cabeza daba vueltas y avancé a traspiés, apoyándome de tanto en cuando en las fachadas de los edificios. Entonces lo vi; caminaba arrastrando los pies y con la cabeza gacha. Sacando fuerzas, hice un último sprint.
― ¡Yoochun!―grité. Y sin más, terminé desplomándome contra el gélido suelo.
Recuerdo que era noviembre, las hojas de los arboles ya habían desaparecido y el frío matutino se lograba colar incluso por debajo de las gruesas mantas. Como cada día me desperté temprano, alrededor de las cinco y media, dispuesto a levantarme hasta que un brazo me cogió por la cintura.
―Quédate un ratito más. Sonreí feliz.
―Jaejoong nos matará si llegamos tarde.
―Jae no podrá levantarse; quedó con Yunho ayer por la noche.
Me puse rojo al imaginarlo y él solo me dio un breve piquito en los labios. Hace diez años me resbalé por culpa de la nieve, cayendo encima de mi vecino; ni siquiera podíamos llamar a eso un beso. Ahora, a mis veinte, tenía el privilegio de poder pasar el resto de mi vida junto a esa persona a la que tanto amaba.
― ¿Yoochun?
― ¿Sí, baby?
―Jamás me aclaraste que significa “nice butt”―comenté acariciándole el torso desnudo.
El solo se rió con esa voz tan grabe y apoyando sus manos en mi trasero, me dio un profundo beso.
Título: Primero yo, luego yo Autor: Kimmi Pareja: YooSu Género: Slash Extensión: Oneshot Advertencia: Ninguna a menos que no te guste ver a un Junsu egocéntrico. --------
Oh sí. Por qué nadie sabía en verdad como era Kim Junsu. Para él, ocultarse detrás de esa mascara de niño inocente, era tan extremadamente fácil que le resultaba incluso aburrido. Necesitaba probarse, demostrar que valía más que cualquier otro. Un diamante expectante por ser pulido. Pavoneándose por los backstages con esa ropa tan ajustada a la vez que su cara decía “¡Eh! nunca he roto un plato” ¿quién sospecharía de tal ricura? Rió cínicamente al recordar como faltó poco para que una de sus bailarinas, se desmayara con uno de esos pasos donde balanceaba sus caderas. El muy psicópata restregó accidentalmente esa parte en la chica solo para provocarla. Pero que más daba, ninguna mujer le parecía la gran cosa. Con paso decidido se dirigió al camerino antes que los demás, necesitaba contemplar su hermosa figura en los enormes espejos. Tan jodidamente sexy, pensó.
-Me haría el amor a mí mismo -dijo retocando un mechón rebelde- Junsu, eres demasiado hot y perfecto.
Relamió sus labios con esa endemoniada lengua y suspiró. Tanta perfección no podía estar en un mismo ser, porque incluso él mismo se sentía tentado con su presencia. Cogió una bebida y dio un largo trago.
-Arg…
Aquello ya no tenía gas. Frustrado y de morros se dirigió a la máquina de bebidas encontrándose con Yoochun. Ese sombrero no le queda nada mal, se dijo mentalmente. A Junsu le fastidiaba en demasié que el mayor careciera de culo, por lo demás estaba para un “toma pan y moja”. Con soltura se dirigió hacia su compañero, apoyando la mano en la dichosa máquina negra.
-¿Qué haces aquí?
-¿No es evidente, tontito?-le contestó sacando una moneda.
¿Tontito? Estúpido e insufrible listillo…
-Era para entablar una conversación, lo que suelen hacer las personas normales.
-¿Quien dice que quiera hablar contigo?
El moreno introdujo el dinero por la rendija, emitiendo un sonido metálico algo estridente. Sus ojos buscaron el número 23, los KidKats. Junsu molesto dio un puñetazo a la máquina ¿cómo se atrevía ese idiota? El cacharro gruñó y no expendió las barritas de chocolate. Yoochun le miró con una sonrisa de superioridad.
-Lo sabía.
-¿Qué sabias?
Estampó al castaño contra la máquina, dejando sus caras a escasos centímetros. Su mano se posicionó descaradamente en la parte trasera del otro,
proporcionándole un súbito apretón malintencionado. Se carcajeó en su cara, tan simple como eso. ¡Lo mato! gritó Junsu con rabia.
-No te gusta perder ¿verdad Susu?
Notó ese aliento cálido en su cuello, seguido de un lametón insolente. No podía estarle pasando eso a él. Mordió su labio inferior para no emitir ningún sonido. Aquello era la guerra.
-¿Que estás haciendo Yoochunah? ¿Qué te pasa?-le preguntó haciéndose el inocente.
-No intentes eso conmigo Baby, no te va a funcionar.
Inquieto se removió, intentando zafarse de ese agarre. Al notar eso el mayor apretó sus caderas sin ningún tapujo.
-Ah…-gimió.
Mierda, estaba en problemas ¿cómo había llegado a esa situación? Con las últimas fuerzas que le quedaban le miró y empezó a reírse de forma escandalosa.
-¿Tanto me deseas?
Golpe bajo, pero Yoochun no iba a desistir. No ahora.
-Creo que podría decir lo mismo de ti.
Junsu abrió los ojos al entender a lo que se refería. Esa estúpida parte, esa que ningún hombre controla cuando se excita. Apartó de un empujón al mayor y quería patear y zurrar a todo lo que se moviera. ¡Había mancillado su orgullo! ¡Ese maldito desgraciado! Volvió a golpear la maquina con furia dándole a los botones y Yoochun solo pudo seguir con esa cara de “soy mejor, admítelo, sé que estas ansioso por estar conmigo”
-Junsuah, creo que los demás estarán esperando.
Una Coca-Cola cayó de la vitrina de la expendedora, y bajo la furiosa mirada del menor, la cogió y la abrió despreocupadamente.
-¡A tu salud!-dijo alzándola.
Dio media vuelta encaminándose por el largo pasillo hacia los vestidores. El castaño quería morirse allí mismo, pero no dejaría que los demás lo notaran. Carraspeó y ajustando esa corbata negra siguió los pasos de su compañero.
-Esta noche veremos quien desea quien, Chunnieah.
Y sonriendo pensó, que tal vez ser imperfecto en algún sentido, no era algo tan malo.
Título: Un Halloween poco convencional Autor: Kimmi Pareja: YooSu Genero: Romance, Slash Extension: Oneshot
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Prorrogo:
Brujas, vampiros, muertos muy vivos, calabazas, espantapájaros, incluso gnomos de jardín. ¡OH si! Si algo amaba especialmente Yoochun de América, eras las felices noches que se pasaba pernoctando por ahí, viendo como centenares de críos intentaban asustarle. Se perdía en la oscuridad, dejando que la fría brisa de otoño le llenara. Después del paseo volvía a su casa donde su hermano ya estaba regalando caramelos a los niños del barrio. Sin duda amaba Halloween. Muy a su pesar en Corea no era demasiado frecuente celebrar ese día, pero él estaba dispuesto a hacerlo aunque solo fuera ese año.
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-¡Junsu!
El menor se giró para dirigir su vista al recién llegado que, con una sonrisa, se posicionó junto a su amigo. No con demasiado ánimo término de fregar el último plato y como recompensa se llenó un merecido vaso con zumo de naranja.
- Adivina que día es pasado mañana.
- Mmm- dijo Su mientras contaba con los dedos- ¿31?
-¡Exacto!
-¿Y qué hay con eso, Yoochun?
El moreno cogió la silla y se sentó mirando expectante al menor. Mientras le daba un trago al zumo, su carita de ángel, se tornó en una mueca de fastidio y luego pasó de la sorpresa a una de terror.
-¡Olvídalo!
-Vamos Su…
-No pienso celebrar Halloween- gimoteó casi desesperado- ¡Sabes que esas cosas me asustan mucho!
-Será divertido-repuso
-No, no lo será
-Como quieras…
Yoochun suspiró y con desgana se levantó de la silla para irse al estudio. Lo sabía, se pateó mentalmente. Si es que cada año era lo mismo y era tan idiota que nunca aprendía, con Junsu no se podía contar. Se lamentó una última vez y sin más se dejó caer en la silla negra de cuero. Si el menor no quería participar se iría a celebrarlo por ahí solo. Unos golpecitos le rompieron el hilo de sus pensamientos. Carraspeó un poco y dijo un “adelante” con algo de recelo.
-¿Yoochun?
La cabecita del castaño de asomó por la puerta y con algo de timidez entró cerrando la puerta tras de sí. Con pasos inseguros se acercó hasta el mayor que le miraba con escamo por su repentina risita nerviosa.
-Yo…siento lo de antes.
-No importa Su, si n…
-Déjame terminar-interrumpió Junsu-Lo he estado pensando y sé que te hace mucha ilusión. He sido un egoísta y solo he pensado en lo que yo quería.
Yoochun rodó los ojos y se levantó de la silla rodeando al menor con un abrazo.
-De verdad no importa, de todas formas preparar una fiesta para pasado mañana sería muy justo, mejor lo dejamos para el año que viene.
Junsu asintió mientras respondía al abrazo con más fuera. Canela. Al moreno se le hizo un nudo en la garganta y sin demasiada conciencia se perdió en el aroma ajeno mientras un rubor le cubría sutilmente las mejillas. El menor, por su parte, empezó a sentirse extraño y a temblar inconscientemente, mientras un agradable calor le inundaba, y su respiración se entrecortaba.
-Cre…creo que mejor me voy ya a dormir.
-Em, claro, claro-dijo Yoochun colocándose bien el pelo nerviosamente- Hasta mañana Junsu, buenas noches.
-Buenas noches Chunnie
¿Chunnie? Aquel nombre se había escuchado odiosamente fantástico al salir de sus labios. Cuando se dio cuenta de lo que acababa de pasarle se maldijo a sí mismo por pensar en esas cosas. ¡Era solo su amigo! Corrección, su mejor amigo y para colmo estaba endemoniadamente bueno. Y qué decir de cómo le gustaba esa aguda pero melodiosa voz infantil que tenía; y si se ponía a pensar en ese cuerpo…
-Joder, necesito ir al médico- se reprochó a sí mismo.
Salió del estudio y se dispuso a irse a la cama, aunque no era necesario ser adivino para saber que aquella noche no iba a dormir.
31 de Octubre. Yoochun se asomó por la ventana y no vio ni brujas, ni vampiros, ni muertos muy vivos, tampoco calabazas, ni espantapájaros, y mucho menos gnomos de jardín. Apoyó su frente en el vidrio y se perdió en la cantidad de luces que se reflejaban en la panorámica vista de Seúl. Junsu, Junsu, Su, me vas a volver loco pensó. Frotó sus ojos y luego apretó el puente de su nariz intentando calmarse. Desde hacía dos días no podía ni mirarle a la cara y los demás se habían dado cuenta, Jae el primero. Unos golpecitos en el hombro le hicieron girarse y ver al mayor con una amplia sonrisa.
-Pensando en el rey de roma…
-¡Oh! Gracias Yoochun, me alagas- le contestó el rubio haciéndose el complacido
-¿Que quieres?
-¿Andamos de mal humor?-canturreó- Mira lo que tengo aquí
El moreno miró los dos papelitos que el mayor tendía enfrente de él sin demasiado interés. Aun así pronto se le iluminaron los ojos.
-¡Una peli de miedo!
-Exacto
-¿Son para mí?-preguntó con la mirada desconfiada
-Para ti y para otra persona que tú elijas.
-Pues… ¡guau! Muchísimas gracias
El menor le dio un abrazo y se percató que no se había sentido como el de Junsu. Rió mentalmente y antes de que pudiera formular la pregunta más obvia, Jaejoong le contestó sonriendo como un idiota.
-Junsu está esperándote ya en la puerta.
Con otro abrazo se despidió y cogiendo su chaqueta, bajó por las escaleras corriendo, llegando a bajo un poco cansado y jadeando levemente. Joder. Tragó duro y contemplo a su amigo parado en la entrada mirando vete a saber qué cosa, pero lo que más le llamó la atención fue lo increíble que estaba. La baba, le advirtió una vocecilla en su cabeza. Con pasos poco firmes se acercó y con suma delicadeza le cogió de la mano. El castaño pegó pequeño salto.
-Chunnie…eres tú, me asustaste
-Hoy es Halloween-intentó justificarse
Junsu se le quedó observando con el ceño fruncido. Qué lindo. Ambos montaron en el coche y se fueron al cine. La peli era realmente mala; mucha sangre, poca trama, algún que otro susto, pero lo suficiente para que el menor se removiera inquieto en su asiento y se tapara los ojos en los momentos de más tensión. Jaejoong, tu sí que sabes. El moreno se pasó toda la película observando al más pequeño y sus divertidas reacciones y no pudo más que intentar no reírse de él. En un trozo, la protagonista se escondía en el armario mientras el asesino entraba en la habitación, y eso fue la gota que colmó el vaso. Junsu se escondió en el pecho del moreno lamentándose y murmurando que odiaba la hora en la que acepto ir al cine. El mayor le acarició el pelo mientras, sin poder aguantarlo más, se puso a reír.
-¡Ya paso Junsu!-dijo mientras intentaba no llorar de risa y conducir a la vez
-¡Por qué me has traído a ver algo que daba tanto miedo!
-Has sido tú el que me estaba esperando abajo, yo no te he pedido que vengas.
-…-
Se ha molestado, seré idiota. Otro suspiro se escapó de su boca y de reojo vio como Junsu miraba por la ventana, pretendiendo darle más interés a las calles que a el mismo.
-¿Y con quien habrías querido ir?
-Yo…
-No importa, es más, tendría que haberle dicho a Jae que fuera contigo. Os lleváis muy bien y a él también le gustan las pelis de miedo, y no se las pasa lloriqueando como yo. Tenéis tanto en común, yo en cambio…
A Yoochun solo le vino una palabra a la cabeza, pero era demasiado irreal para ser verdad. Abrió la boca para contestarle pero calló al entender la aplastante lógica de todo aquello. Odiaba ver al castaño triste, pero a la vez estaba contento de que Su estuviera…celoso. Celos. De golpe paró el coche en el primer sitio que pudo y el menor se giró extrañado por tan repentina acción. Sus miradas se conectaron y un escalofrió recorrió ambos cuerpos. Yoochun se desató el cinturón e hizo lo mismo con el del menor. Con un poco más de movilidad se acercó al castaño que respiraba irregularmente y sus ojos estaban abiertos completamente.
-Jamás te menosprecies de esa manera ¿Me oyes? Tú vales mucho, Su.
Yoochun le cogió con una mano la cara y le hizo mirarle, pues había desviado sus ojos. Un rubor le cubría dulcemente las mejillas. Era tan lindo cuando se sonrojaba.
-Lo siento…-susurró
- Su…mírame, por favor
Esta vez, y sin poder aguantar más, ambos pares de ojos se fijaron en los labios ajenos y por arte de magia se fueron acercando lentamente. Cuando Yoochun pudo notar el cálido aliento del menor sobre su mejilla se estremeció.
-¿Chunnie?
-¿Si, Su?
-Maldita sea, bésame ya- finalizó cogiendo por la corbata al moreno
Los dos chicos se dejaron llevar, temblando y suspirando por tan agradable sensación. El mayor parecía perdido en un dulce sueño, donde los labios de Su eran como algodones de azúcar y esos ojos como dos estrellas brillantes. Lentamente, sin prisas, con algo de inseguridad y miedo fueron dejando que aquella locura fuera a más. El mayor puso sus manos detrás de la cabeza de Junsu para profundizar el beso y ante esa acción al menor se le escapó un jadeo que quedó ahogado entre ambas lenguas. La temperatura aumentaba; roces por aquí, sutiles toques por allá, manos que se perdían en la espalda, labios que se fundían entre ellos, ojos que se complementaban como piezas perfectas de un puzle, todo aquello era como sacado de un cuento de hadas. Yoochun quiso adentrarse más y con algo de miedo acaricio levemente el pecho del menor que ante tan atrevido tacto tembló en los brazos del mayor. Cuando se quisieron dar cuenta ambos estaban acalorados, prácticamente febriles y sin aire.
-E…espera-dijo entrecortadamente Junsu- será mejor que paremos.
-Tienes razón, hacerte el amor en la cama es más romántico.
-¡Chunnie!-le reprochó dándole un golpe en la cabeza- Pervertido…
El mayor rio y con algo de dificultad volvió a posicionarse en su asiento y ambos chicos se pusieron el cinturón.
-Dios, Su. No sé ni si voy a poder conducir-dijo riéndose mientras ponía el coche en marcha.
Durante el camino el moreno pudo ver a dos chicos vestidos de momias que iban asustando a la gente y su sonrisa se ensanchó. Aunque después de todo no había visto ni brujas, vampiros, muertos muy vivos, ni tampoco calabazas, ni espantapájaros, y mucho menos gnomos de jardín, estaba feliz. Feliz porque a pesar de todo ese había sido el Halloween más feliz de toda su vida, y aun quedaba mucha noche para celebrar…