White Whises

7 comentarios
Título: White Whises
Autor: Kimmi
Pareja: YooSu
Género: Slash
Extensión: Oneshot
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Dicen que las primeras impresiones suelen ser equívocas; que las personas proyectan al exterior una imágen que no va acorde con su verdadero “yo”. Recuerdo que era noviembre, las hojas de los arboles ya habían desaparecido y el frío matutino se lograba colar incluso por debajo de las gruesas mantas. Como cada día me desperté temprano, alrededor de las cinco y media. Me levanté con pesadumbre, bostezando y arrastrando los pies. En realidad la calefacción se había estropeado hacía ya mucho tiempo, pero no tenía ganas ni dinero para repararla ―mucho menos para cambiarla―. Mi trabajo consistía en atender a los clientes de una cafetería en el área de Gangnam. Tés para arriba, capuchinos para abajo. Mi cabeza debía recordar cientos y cientos de nombres; desde las bebidas occidentales hasta las tradicionales, eso sin contar con los acompañantes. Choux, Profiteroles, Eclair, Arequipe, Crème Brûlée, Queque, Crèpes, Croquembouche. Y podía afirmar que todo aquel que entraba allí terminaba repitiendo, con lo cual ya era conocedor de ciertos rostros. El señor Kwon era el típico hombre clásico, jamás pedía otra cosa que no fura Sujeonggwa con Tteok; la señora de las gafas de pasta roja prefería los dulces franceses acompañados de Irish coffee, eso sí, siempre con un trébol dibujado. Luego estaban los jóvenes que eran más propensos a las bebidas energéticas o refrescos con pastas y snacks. En un ambiente agradable y con compañeros que ya podía considerar como mis mejores amigos; mi vida estaba allí, entre esos muros, y yo no quería cambiarla para nada. Tiempo después hicimos reformas, comprando pintura y decorando las paredes con un estilo más cercano a la clientela. El muro que daba hacia la calle fue substituido por un gran ventanal con marco de madera de roble y las sillas fueron suplidas por largos sillones de cuero negro y blanco ―dándole al lugar un estilo más minimalista―. Así, cada detalle fue cuidadosamente retocado o, en la mayoría de casos, permutado por otro más atractivo. Pero las personas seguían igual, inamovibles a cualquier transformación. Y no fue hasta unos meses después de la segunda inauguración, que empezó llegar gente nueva, entre ellos un grupito de chicos que jamás había visto.

― ¿Viste a esos tres?
Dejando de limpiar las copas fijé mi vista en ellos. Se sentaron en la mesa siete, justo la que daba hacía el exterior y por ende, una bajo mi jurisdicción. Mi compañero hizo una mueca y tosió levemente.

―Tienen una pinta de snobs…

―Eso no importa, no deberías juzgarles por la apariencia hyung.

Jaejoong emitió un chasquido desconforme y me lanzó la libreta de pedidos al pecho. Él era así, solía desconfiar de todo el mundo pero los demás me decían que el problema lo tenía yo. “Demasiado inocente y buenazo”.

―Tómales la orden ya o se irán, idiota.

Le di con el pañuelo en toda la cara y huí dirigiéndome con una sonrisa hacía al trio de jóvenes. Antes de mirarles me percaté en lo calmado que estaba el clima aun siendo invierno. Sin duda hoy iba a ser un agradable día soleado.

―Bienvenidos ¿Qué desean?

― Yo quiero un Bavarois de turrón, acompañado de algunos frutos secos.

―Ajá ―musité mientras apuntaba con mala letra en la hoja. El chico más alto prosiguió.

―También quiero Sikhye y si puede ser, una degustación de delicias francesas.
Mis ojos toparon con los del joven de aspecto serio. Mirada dura, mentón alzado y aun estando a una distancia relativamente alejada, pude distinguir el sutil olor a perfume que desprendía.

Sinceramente, después de tantos años trabajando de cara al público sabía a la perfección quien tenía dinero y quién no. Esos tres eran “crème de la crème”.

―Golden Plum Soufflé, y quiero que esté al punto ¿entiendes?

Asentí un poco disgustado. Sabía lo difícil que era esa receta, pero Jae era todo un experto en los postres complicados. Como solía decir “cocinar es un reto; innovar o morir”.

― ¿Y usted que desea?

El último chico se me quedó observando algo contrariado, empezándose a reír al poco rato. Sus compañeros rodaron los ojos, esperando sus palabras.

― ¿Qué te parece una noche de sexo salvaje? Tú y yo, solos.

La libreta impactó contra el suelo y noté como mis mejillas llegaron a un punto en que desprendían un calor febril. ¿De verdad había preguntado eso? Jamás me había sucedido algo por el estilo y empecé a temblar. Él solo suspiró.

―Quiero soju.

―No…no tenemos alcohol―tartamudeé.

― ¿De veras, nena?

―Lo siento...

Mordiéndose el labio me repasó de forma descarada, dejando de lado esa postura tan refinada y acomodándose en el sillón con los brazos extendidos.

―Tráeme un Americano entonces.

Sin decirles nada más corrí hacia la cocina. Mi compañero me miró sorprendido, más yo solo pude dejarme caer al suelo. Perdí mi mirada hacía el frente y Jae apartó el azúcar glass, limpiándose las manos con un trapo que luego lanzó a la pica. Se arrodilló junto a mí.

― ¿Y bien?

― ¿Vosotros…siempre sois tan directos cuando os gusta alguien?

Sus ojos centellearon por unos segundos, encaminándose lentamente hacía la ventana que daba al exterior.

― ¿Cuál de ellos ha sido?

―Pero Hyung…

― ¿¡Cuál!?

Suspiré.

―El que va más arreglado…el más dandi, como tú dices.

― ¿Que han ordenado?

Le extendí la hoja, quedándome con la cabeza entre mis rodillas. Hacía tiempo que mi corazón no latía tan apresuradamente. ¿Por qué? No me gustaban los hombres, aunque me había besado accidentalmente con uno y admito que no tenía ningún problema sobre eso. Quiero decir, Jaejoong desprendía feminidad por todos lados ―no se necesitaba ser un genio para darse cuenta―, y aun así era mi mejor amigo. ¿Pero yo? A mí me gustaban las chicas; sus labios, sus pestañas largas, sus cinturas, sus voces y gestos delicados, todo. Me parecían lindas hasta cuando lloraban. Sin darme cuenta me levanté, mirando a aquel trio.

― ¿Junsu?

Jae me extendió los pedidos y yo solo pude humedecerme los labios nerviosos.

―Dáselos y vuelve rápido. Me ocuparé personalmente de ese descarado.
Asentí, no me quedaba más opción. Mi amigo se había convertido en una especie de madre para mí, me cuidaba y me solía defender de todas aquellas personas que según él, abusaban de mi inocencia. Yo solo podía dejarle hacer. Sin más, fui hasta la mesa siete y dejé el pedido sin comentar nada. El moreno volvió a sonreír y empezó a silbar. Calma.

―Nice butt―escuché como murmuraba.

El más alto no pudo reprimir una carcajada, pasando luego a beber un poco de Sikhye. Me giré en rotundo, marchándome del lugar con paso apresurado. ¿Por qué narices no sabía ni una gota de inglés?

― ¡Tú!

Esa voz me detuvo. ¿Por qué a mí? El chico amargado me analizó. Parecía impactado y gratamente sorprendido.

― ¿Quién ha hecho esto? Tráelo.

Jae, que estaba mirando―mejor dicho, espiando―, salió con paso decidido. Al pasar junto a mí, apoyó su mano en mi hombro y me dedico una sonrisa.

― ¿Qué desea?

― ¿Lo has preparado tú?―dijo el castaño señalando aquel dulce exigente.

― Sí ¿hay algún problema? ¿No es de su agrado señorito?

―Te has pasado dos minutos en la cocción.

Jae pareció vacilante. Yo en cambio, tenía la sensación de que le había gustado y que solo quería hacerle enfadar.

―Déjame que le compense entonces.

Sacó una botella de champagne de la vitrina que había justo al lado. Retirando el corcho con gracia, me miró.

―Apártate, cielo.

― ¿Eh?

De un empujón me sacó fuera. Los tres chicos parecían confundidos.

―Aquí tiene.

Y sin más, vació todo el contenido burbujeante por la cabeza de aquel chico. Proferí un grito y los otros dos se levantaron de inmediato. Mojado y con los ojos cerrados, bufó expulsando gotas de vino por todas partes. Los demás clientes se giraron ante el estruendo y Jae le cogió de la camisa.

―Jamás vuelvas a dirigirte a uno de mis empleados de esa manera.

¡Oh! Grave error. Aquello no estaba nada bien. El chico se ajustó la ropa y carraspeó, poniéndose de pie como si nada hubiese pasado. Cuando sus ojos volvieron a abrirse creí que nos iba a matar a los dos.

― ¿Cómo te atreves, estúpida niñata?

Hay veces en la vida que es mejor callarse. Aquella fue sin duda la ocasión más tensa que recuerdo. Jae era generalmente un chico tranquilo, cierto que también se cabreaba cuando veía que algo no era justo pero, había un tema que para él era tabú...

― ¿Niñata…?―susurró arremangándose lentamente.

― ¡Hyung!

― ¡Soy hombre pedazo de gilipollas!

Y le dio el puñetazo más fuerte que había visto en toda mi vida. El rostro del chico quedó girado y solo pudo balancearse durante unos segundos hasta caer al suelo con la nariz sangrando. El mayor corrió a socorrerle y el acosador solo dio un traspié.

―Fuera de mi cafetería… ¡ahora!

Sin decir nada los dos primeros se fueron con la poca dignidad que les quedaba. Más no lo hizo el moreno.

―No está nada mal.

Mi amigo se giró cabreado. Tenía el puño rojo y la sonrisa de aquel joven le estaba irritando.

―Vete si no quieres que te dé a ti también.

Limitándose a coger su chaqueta se encaró hacía la salida. Caminaba como si nada hubiera pasado y antes de desaparecer se dio la vuelta para mirarme.

―No me importaría que tú me dieras, baby.

Jae palideció y parecía dispuesto a seguirle para repartir otra tanda de golpes; yo le cogí del brazo, negando con la cabeza. Tenía la sensación de que los volvería a ver pronto.

―Limpiemos esto―dijo suspirando.

Después de aquel incidente empezó a venir más gente. Por lo visto se esparció el rumor de que había un chico que era tan guapo que parecía mujer y las chicas no tardaron en hacer visitas diarias al bar. Jaejoong estaba realmente irritado y de tanto en tanto se escapaba entre turnos para fumar. Hacía años que no probaba el tabaco―por lo menos hasta donde yo tenía constancia―, pero sabía que había algo más. Se pasaba el día suspirando y los pasteles que hacía solían ser a menudo adornados con corazoncitos y cosas cursis. Eso volvía locas a las mujeres, sin duda, pero yo sabía que no era para atraer más clientela.

―Hyung… ¿acaso estás enamorado?

Se atragantó con la bebida y me miró con desdén.

― ¿Estás tarado?

―Odias que te mienta pero tú también lo haces. Se supone que somos amigos ¿recuerdas?

Meditó durante unos minutos, soltando el aire con pesadumbre.

―Sí.

― ¡Lo sabía!

No pregunté quién era porque ya lo sabía; aquel chico de mirada dura al que golpeó. Yo por mi parte seguía sin saber que era un “nice butt”, pero pude continuar mi vida con más o menos tranquilidad. Así, los días pasaron y antes de que pudiéramos darnos cuenta, nos encontrábamos en la ajetreada tarde de año nuevo. Caminando hacía la cafetería empezó a nevar; no eran copos pequeños, todo lo contrario, se estaba formando una buena tormenta. Apresuré mis pasos, adentrándome ya en la transcurrida zona de Gangman. Las personas hacían compras de última hora y el cielo cada vez se oscurecía más. Estaba girando en redondo por una de las avenidas principales cuando alguien me cogió del brazo.

―Hi, sexy.

Su voz profunda llenó mis oídos, haciendo que mi cuerpo se estremeciera. El aliento ajeno se dibujó en el aire y nos tapó a ambos con un paraguas negro. Temblé al darme cuenta quien se trataba.

― ¿Menudo día, eh?

― ¡Suéltame!

Jae me había dicho muchas veces que lo mejor era empezar con una amenaza. Concisa, clara. Algo con lo que debías hacer entender a la otra persona que aquello no te gustaba y que si pretendía algo, podías pasar a mayores. El problema es que yo no era Jae y evidentemente, jamás tendría el valor suficiente para defenderme.

―Junsu-ah…

― ¿Có…cómo sabes mi nombre?―tartamudeé nervioso.

― ¿Por qué? Aquella vez…y ahora también ¿De verdad no te acuerdas de mí?

Miré sus ojos, parecían tristes. ¿Lo conocía? Si lo hubiera visto anteriormente, recordaría ese pelo desaliñado y esa nariz tan perfecta. También sería capaz de ubicar mentalmente su mirada sensual, el sutil olor a tabaco y la profunda voz. Sin ir más lejos, estaba seguro que podría ser capaz de reconocer esas manos, los hombros y esos… ¿labios?

―T…tú…

―Susu.

Apoyando el paraguas en su hombro, cogió mis manos entre las suyas y sopló con cariño. Era un gesto demasiado cálido, un gesto que ya conocía. Mis ojos titubearon ¿Qué debía hacer? Aquello fue un accidente; ninguno quiso que pasara de manera voluntaria. Pero no podía negar que por aquel entonces me gustó. Él sonrió dolido ante mi desconcierto.

―Está bien, no insistiré más.

La tormenta se hizo más fuerte y a nuestro alrededor la gente corría para resguardarse. Me dio el paraguas y con paso lento empezó a alejarse. Yo solo pude quedarme allí parado. Dicen que las primeras impresiones suelen ser equívocas; que las personas proyectan al exterior una imagen que no va acorde con su verdadero “yo”. En la cafetería tuve la sensación de que era un chico de esos repelentes, de los que solo les importa la diversión y el dinero. Pero él no era así...porque yo lo conocía perfectamente. El paraguas impactó contra el suelo y salí corriendo.

―No…espérame…

No sabía dónde iba, no tenía ni idea de que camino tomar. Estaba perdido buscando a una persona entre millones de rostros anónimos. Jamás me había sentido tan solo. Aminoré mi velocidad cansado y no pude evitar toser; demasiado frío para tan poco abrigo. Mi cabeza daba vueltas y avancé a traspiés, apoyándome de tanto en cuando en las fachadas de los edificios. Entonces lo vi; caminaba arrastrando los pies y con la cabeza gacha. Sacando fuerzas, hice un último sprint.

― ¡Yoochun!―grité. Y sin más, terminé desplomándome contra el gélido suelo.

Recuerdo que era noviembre, las hojas de los arboles ya habían desaparecido y el frío matutino se lograba colar incluso por debajo de las gruesas mantas. Como cada día me desperté temprano, alrededor de las cinco y media, dispuesto a levantarme hasta que un brazo me cogió por la cintura.

―Quédate un ratito más.
Sonreí feliz.

―Jaejoong nos matará si llegamos tarde.

―Jae no podrá levantarse; quedó con Yunho ayer por la noche.

Me puse rojo al imaginarlo y él solo me dio un breve piquito en los labios. Hace diez años me resbalé por culpa de la nieve, cayendo encima de mi vecino; ni siquiera podíamos llamar a eso un beso. Ahora, a mis veinte, tenía el privilegio de poder pasar el resto de mi vida junto a esa persona a la que tanto amaba.

― ¿Yoochun?

― ¿Sí, baby?

―Jamás me aclaraste que significa “nice butt”―comenté acariciándole el torso desnudo.

El solo se rió con esa voz tan grabe y apoyando sus manos en mi trasero, me dio un profundo beso.

―Te amo Susu.

Fin

7 comentarios:

  1. moneiba6/09/2010

    ohhhhhhhhhh que lindo y es verdad junsu nice butt

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  2. yunjaelover6/09/2010

    awwwwwwwwww *suspira* el yoosu siempre tan tierno, me gusto mucho el shot, espero leer mas de ti n__n

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  3. Anónimo6/09/2010

    owo yoosu romanticon que bello!!!!!!
    cuando se conocieron fue lo mejor pobre delfin se pasa el chunnie : noche de sexo salvaje!!!
    ya me imagino al delfin huyendo todo avergonzadoo
    pobre!!! y ese jae que no se deja!!! le metio golpe!!!y se enamoro del yunhoooooooooooo!!!!1 wuaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
    Yoosu bello y romanticon me encanto el fic lo ame!!!!!!!!!! espero que sigas escribiendo mas!!

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  4. Tierno *u*

    Me gusto mucho, Junsu<3

    Me imagine a Yoochun diciendole "Nice butt" a Susu, & a este sonrojandose mucho *w*

    asdasdasd Gracias por subir querida~ :3

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  5. Anónimo7/13/2010

    GENIAL!!!!! no puedo decir mas... es cursi.... lindo... amo el YOOSU!!!!
    gracias por escribir!!!!!

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  6. waaa azucaradoo *-* Esoo Jae!!

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  7. no entendi bien la parte en ke se conocian de antes y lo odiaba pero despues lo recordaba @_@ pero me gustooooooo escribe mas asii =D

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