Sedúceme: segunda parte

8 comentarios
Antes de iniciar con la última parte de este fanfic quiero disculparme con todas las chicas (os) que han estado pendiente de mis historias. El motivo por el cual no las he actualizado es por la cantidad de comentarios negativos por no decir algo peor que he recibido en mi blog. Me canse de tener que estarlos borrando a cada rato que deje de escribir. Además como había poco interés por parte de las que si leían mis ocurrencias, PERO NO DEJABAN SUS COMENTARIOS (lo sabía por las visitas que recibía el blog) decidí que lo mejor era no publicar nada de lo que ya tenía. Creo que y ustedes me entenderán que no tiene caso seguir hablando en un escenario cuando sólo dos te escuchan. Por todo esto y más, abrí un nuevo blog donde sólo escribiré historias hetero entre cualquier miembro de una banda Kpop o Jpop y ustedes, pero si estas no tienen comentarios (y que no sean ofensivos o para exigirme como les gustaría que se escribiera la historia, una cosa es que me den ideas que son bien aceptadas y otra que les cumpla sus caprichos como que Yunho tenga el cabello más largo y negro) me abstendré de continuarlas. Sin más por el momento me despido y les doy las gracias por los comentarios que he leído en el blog de Lala TVXQ y a este mismo por publicar mis disparates.

Los sueños pueden cumplirse 



Con el sol surcando por la ventana de mi recámara me desperté desnuda y en los brazos de Mickey. La sensación era bastante acogedora y me incitaba a permanecer así por mucho más tiempo, pero el deber me lo impedía.



-Buenos días, dormilón. ¿Pudiste descansar?- con maletín en mano me senté a la orilla de la cama para saludar a mi acompañante.

-Buenos días, Amber. Si, dormí bien- al recostarse su torso volvió a quedar al descubierto y no pude evitar saborearlo con la mirada.

-Me da mucho gusto, Mickey- como un niño de cinco años recargó su cabeza en mi pecho. -Necesito que vayas de nueva cuenta a comprar más ropa. Mañana tengo una especie de reunión con uno de los administradores de la banca y requiero de tu presencia- le acerqué por segunda ocasión mi tarjeta de crédito American Express Platinum Card y obtuve un apático “está bien” de respuesta. -¿Que sucede, Mickey? Ayer te vi muy entusiasmado por utilizar mi tarjeta- el silencio se apoderó del lugar.

-No fue tan divertido como pensé. Los encargados de la tienda a la cual asistí no me trataron tan bien. Al parecer no todos los que llevan una American Express son bienvenidos- la expresión de su rostro se tornó irascible.

-Entonces vamos a tener que enseñarles quien manda- dije tras levantarme de la cama. -Te esperare en la sala- nadie absolutamente nadie tenía el derecho de lastimarlo de esa manera y mucho menos en mi ausencia.



Cuando arribamos a una de mis tiendas departamentales favoritas para caballero Saks Fifth Avenue me aseguré de que lo trataran como a un Rey. Estaba completamente extasiado al ver tanta ropa de marca y exageradamente cara que por momentos me preguntaba si estaba bien que se llevara ese traje y no uno más barato.



-Bueno- contesté ligeramente molesta al notar la llamada entrante de Edward.

-Cariño necesito que vengas de inmediato a la oficina acaba de surgir un problemita- no quería dejar solo a Mickey, pero negocios son negocios.

-Tengo que irme y no te preocupes por la suma. Es mi forma de agradecer lo que hiciste por mi… anoche- me despedí de él con un ligero beso en la comisura de sus labios que dejó atónito a más de uno de los empleados.

-Bien, señores cual es ese problemita- inquirí lo más relajada posible una vez dentro de mi despacho.

-El señor Roberts consiguió un aval y…- todos estaban histéricos.

-Tranquilos, compañeros. Hoy a primera hora del día hablé con un gran amigo y el préstamo fue congelado. En compensación tendremos que asistir a uno de sus eventos de caridad sin falta para mañana. Ahora ya pueden respirar- sin más que decir planeé retirarme a tomar un poco de aire fresco, pero…

-Tesoro, ¿estás segura de que logramos evadir ese obstáculo?- en ocasiones mi abogado personal podía ser muy insistente sobre todo si estaba en juego una gran suma de dinero para su propio beneficio.

-Sí, Edward. Estoy segura- finiquité al sujetarlo por los hombros.

-Y… ¿con quién iras?, ¿con la persona de anoche?- sus preguntas empezaron a fastidiarme.

-Así es y no se diga mas, ¿quieres?- a estas alturas del partido no requería de un “progenitor” que se involucrara en mis asuntos.



Por la noche, Mickey me dio una cálida bienvenida en el comedor de la suite del hotel con una hermosa diadema vintage sobre su cabello. Se veía muy lindo en especial cuando trató de seducirme imitando a una joven que consentía a su esposo.



-No fue fácil, ¿cierto? La infidelidad de tu padre y el que te haya abandonado…- expresó cabizbajo Mickey tras haber hecho el amor en la tina del baño.

-No, no lo fue. Pero obtuve mi venganza antes de que falleciera. Lo obligué a reconocerme como su hija estando en la cúspide de su exitosa vida de negocios y cuando me volví tan poderosa como él me adueñe de su compañía y la vendí pieza por pieza. El psicólogo me dijo que estaba curada- sin querer le conté la triste historia de mi infancia.

-Sabes, creo que tu papá fue todo un personaje de telenovela. Renegó a su familia, se casó de nuevo y adoptó un apellido que no le correspondía con tal de pertenecer a la alta sociedad- por alguna extraña razón sentí que sus palabras estaban impregnadas de un dolor poco ajeno al mío.

-Es por eso que todo el mundo me reconoce como la señorita Henney- indiqué con amargura.

-Lo lamento, pequeña. En verdad, lo lamento- al término de la conversación me envolvió entre sus brazos.



Al otro día, acudí al evento en compañía de Mickey. Lucia genial con ese saco café claro, camisa blanca, jeans y zapatos de Manolo Blahnik. Sin duda fui la mujer más envidiada de la fiesta.



-Hola, mi cielo. ¿Alguna novedad?- de la nada apareció mi detestable abogado junto a su nueva conquista.

-Hola, Edward. Si mal no recuerde te comente a ti y a los demás que el festejo iniciaba a las doce de la tarde- odio la impuntualidad sin importar el motivo…

-Lo siento, mi chica no sabía que ponerse- y también el descaro.

-¿Dónde está tú pareja?- como siempre entrometiéndose en mi vida privada.

-En la mesa de bocadillos- algún problema con eso, Edward.

-Te refieres al chico que esta coqueteando con la amiga del nieto de nuestro enemigo- de repente mis ojos se centraron en Mickey. -¿Estás segura de que no es un espía industrial?, ¿Dónde lo conociste?, ¿Es de fiar?- su interrogatorio comenzó a abrumarme.

-No es nada de lo que te imaginas- murmuré sutilmente furiosa.

-Entonces, ¿Qué es?- Mickey no dejaba de sonreírle a la fémina.

-Es un gigoló, ¡Satisfecho!- mi estúpido abogado se quedó boquiabierto. -Así que para de fastidiarme con lo mismo una y otra vez. Tú tienes tus amoríos, yo también los tengo- en cuanto pude me aparte de su lado.

-¿Buscas a Henney?- le preguntó Edward a Mickey al verlo desorientado.

-Si- contestó éste.

-Fue a saludar al señor Lewis que esta por allá- le indicó con la mirada.

-Gracias- enunció Mickey.

-Aunque es mejor que la esperes aquí. No vaya a ser que alguien te reconozca, infame gigoló- le espetó Edward al oído después de retirarse con su conquista.

Cuando la reunión acabo, Mickey permaneció callado hasta que abrí la puerta de mi habitación. Lucia ofendido además de triste, y sabía muy bien porqué. Lo humille al contarle la verdad a mi abogado personal.



-Dime una cosa, Amber. ¿Me consideras tu muñeco?- su voz se desquebrajo.

-No- señalé bastante dolida.

-¿En serio? Porque lo que pasó hace unas horas fue todo lo contrario. Si le ibas a contar a tu personal que soy un gigoló, bien pude haberlo hecho yo desde un principio. De esa forma me hubiese defendido de Edward- quería abrazarlo, pero una imagen asaltó mi mente. -Ahora serias tan amable de pagarme lo que acordamos, no tengo deseos de permanecer aquí ni un minuto más- presó de la ira se dirigió a buscar sus cosas.

-Discúlpame, si. Mi abogado se puso histérico en cuanto te vio charlando con… pensó que eras un espía industrial- mis mejillas empezaron a tornarse rojas por el enojo.

-No me interesa- con ropa en mano me exigió su dinero.

-ahí tienes- le dije tras lanzar los billetes al suelo.

-Adiós…- musitó rumbo a la puerta principal y sin el dinero.

-Perdón, Mickey, perdón- esta vez sí conseguí abrazarlo.

-Me heriste- articuló adolorido.

-Estaba molesta. Verte platicando con la amiga de Harry hizo que…- me sujeté a él con fuerza.

-Sólo la salude- sus ojos se tornaron vidriosos.

-Lo sé y…- con delicadeza aparto mis manos de su cintura.

-No lo vuelvas a ser- concluyó la discusión con un beso en mi frente.



Por la noche me contó su vida. Fue concebido y criado en una casa de citas hasta los dieciocho años en Corea del Sur. Después huyó a Estados Unidos junto a su madre con la esperanza de hallar una mejor vida. Lamentablemente, todo acabó en tragedia. Su mamá lo abandonó muy pronto al fallecer de cáncer pulmonar y sin ningún documento que lo acreditara como ciudadano residente de Norteamérica tuvo que trabajar como… para poder sobrevivir. Lo único bueno que le sucedió fue haber encontrado a su amiga Victoria.



A la mañana siguiente y a punto de abandonar mi oficina, Edward me detuvo cerca de la recepción para cuestionar mi pronta salida del trabajo. Lo ignore, aunque no duro mucho. Se atrevió a insultar de nueva cuenta a Mickey.



-Mí estimado abogado… cuide sus palabras- no me considero una mujer posesiva, pero jamás consiento que dañen lo que es mío.

-¿Te gustan?- en cuanto llegué al hotel le mostré a Mickey un par de gemelos en oro blanco con zafiros y diamantes. Íbamos a asistir a una obra de teatro en el Metropolitan Opera House y como era su primera vez quería que luciera espectacular. -Me los prestó uno de mis amigos más cercanos a la joyería de élite- con maestría se los coloqué en su camisa blanca de manga larga.

-Deben costar una fortuna- agregó perplejo, Mickey.

-Sólo medio millón- comenté apenada.

-¡Wow!- manifestó Mickey tras abordar la limosina.



Al volver de la función, mi flamante acompañante me pidió que no fuera a trabajar mañana. Nunca lo había hecho antes, pero era mi propio jefe así que le tomé la palabra. La señorita Henney no asistiría a su oficina bajo ningún pretexto. En cambio se la pasaría todo el día en las calles de Nueva York.



-Amber…- cuando la luna sustituyó al sol en la ventana de mi recamará decidí que era hora de consentirme un poco.

-Por esta ocasión déjate llevar por tus sentidos- le susurré al oído a Mickey quien yacía desnudo en la cama y con la venda de seda negra que le había colocado en los ojos.

-Ahhh…- su cuerpo empezó a estremecerse al sentarme en sus caderas para unirme a él. -Amber… te lo suplico… suelta mis manos- éstas se hallaban sujetas por la mías para que el suplicio fuera más delicioso.

-Dame una buena razón para hacerlo- mis movimientos pélvicos eran suaves y lentos.

-No puedo abrazarte...- murmuró ahogado en placer.

-Me temo que no- le sentencie al acelerar el ritmo.

-Ummm… Ahhh… Ummm…- a punto de alcanzar el clímax, Mickey me rogó un beso y no me atreví a negárselo. Había sido un buen chico. -Te amo- fue lo último que dijo al quedarse dormido.

Y sin darme cuenta el día de nuestra despedida había arribado. Optamos por desayunar algo distinto a lo acostumbrado, pero ni siquiera eso consiguió animarnos. No deseaba apartarme de él y le planteé que nos siguiéramos frecuentando. Esto lo hizo feliz, aunque fue momentáneo. Mi propuesta no le agrado en lo absoluto. Quería algo más y… yo no podía dárselo. Una familia. De tal manera que regresé a mi despacho con un gran pesar en mi corazón mientras él se iba del hotel. Afortunadamente, el señor Roberts y yo decidimos hacer negocios juntos en el área de los condominios en vez de apoderarme de su empresa.

-Debe ser difícil deshacerse de algo como esto, señorita Henney- exteriorizó la gerente del Plaza al observar el par de gemelos que le pedí entregara en mi lugar pues estaba a punto de abordar el avión para ir a casa en San Francisco. -Hace unas horas Philip llevó al señor Mickey a apartamento, si usted gusta…

-No me gustan las despedidas definitivas, pero en ocasiones son necesarias- Ambas sabíamos que era un gran hombre. Convivimos con él por un corto periodo de tiempo. Sin embargo, mi alma entera no estaba preparada para dar un gran paso como el… -Hasta luego, señorita Hathaway. Fue un placer conocerla- tomé mis maletas y con ellas la decisión más triste de mi vida.

Lo último que supe de Mickey fue que se mudó a Canadá en compañía de su amiga Victoria al salir del hospital. Tal parece que están laborando en la floristería de una ancianita.

*La última parte de este fanfic se encuentra en mi nuevo blog: http://yeonheesecrets.blogspot.mx/ Gracias de nueva cuenta por tomarse su tiempo para leerlo y no olviden dejarme sus comentarios en mi página. Hasta la siguiente entrega del fanfic Maybe it’s you.

8 comentarios:

  1. No hay ni un comentario u_u

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  2. Me temo que ya no publicare nada u_u

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  3. aaa oye quiero seguir leyendolo espero que veas mi comentario

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  4. Hay hola yo quiero saber la última parte te yo curiosidad se que no estas activa pero por fis no me dejes con esta intriga quiero saber el final me encs ti lo leouna y otra ves imaginando el final

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  5. Tengo mucho esperando esto, pq eres tan cruel? TTwTT a mi me gustaba, aunque pues si yo nunca comento pq las veces q comentaba me decían hasta lo q no, pero por favor en q termina? U.U

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  6. Anónimo1/07/2015

    Donde puedo encontrar la parte final!! Me quede con las ganas de terminar de leerlo !!! TTOTT

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  7. Yo también no encontré la última Parte me gustaría saber en termina me recuerda ala película mujer bonita ojala se quede con Micky

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