Brats shouldn’t play with fire - Capitulo 1.

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Acababa, por fin, de mudarme a uno de los barrios más bonitos y caros de todo Seúl. Antes de hacerlo me lo había pensado mucho, lo había reflexionado, había hecho cuentas y al final, viendo que valdría la pena, me había apretado un poco el cinturón para terminar de ahorrar y comprarme la casa con la que había soñado desde que tenía quince años. Sin duda, me lo merecía tras haber conseguido llegar a ser uno de los veterinarios más importantes de Corea.


No me arrepentía en absoluto, la verdad. La casa era preciosa, la fachada decorada en un estilo típico que se suele ver en los edificios un poco más antiguos de EE.UU, como cuando vivía en aquellos barrios familiares de Virginia cuando solo era un crío y nos mudamos. Y era por eso que la casa era mi sueño, porque era una de las cosas más cercanas que tenía a ese país.


El barrio era hermoso y acogedor, lleno de árboles y flores y solía oler a brisa y comida casera preparada con cariño por las madres del lugar, a las que les gustaba abrir las ventanas para dejar que sus pasteles se enfriasen en el alféizar, como en las películas de los años cincuenta. Los vecinos eran agradables, todos de mediana edad y con hijos, muy sensatos y tranquilos. Realmente hubiera sido el sitio perfecto, en serio, perfecto para vivir... de no ser por aquellos niñatos.


Mi casa, como el resto de las del barrio, tenía un patio trasero y tras ella había un pequeño parque que por la tarde se llenaba de niños, lo normal que te esperarías en un lugar como ese. Resultaba bastante alegre escuchar las risas de los chavales, sus juegos infantiles y sus gritos de felicidad... todo desde lejos y a cierto volumen. Sin embargo, había un grupillo de adolescentes de no más de quince o dieciséis años que parecían haberle encontrado un gusto especial a golpear su balón de fútbol contra mi pared trasera, creando un ruido insoportable a todas horas. Y por si eso no fuera suficiente, estaban a cada rato llamando a mi puerta porque la pelota se les había caído en mi patio.


Aparecían de dos en dos, y casi siempre eran los mismos: un chico castaño y bajito, de sonrisa tímida y voz divertida que se reía como un delfín, y el otro bastante más alto y varonil, de cara pequeña y atractiva, con ojos pequeños y extremadamente amable y simpático.


Ellos dos eran los que más venían, porque había otros dos chiquillos, y cuando éstos aparecían en mi puerta, con un leve intento de sonrisa y sin dejar de mover los pies incómodamente, hablando rápido y bastante irrespetuosamente –porque, en serio, había uno que simplemente era un mocoso malhablado- era bastante poco probable que se llevasen la pelota.


Había pensado en llamar a la policía o algo así, pero sólo eran chavales jugando en la calle y eso sería demasiado. También había probado a regañarles, pero ninguno parecía tomarme en serio. Hablar con sus madres -sí, había llegado a ese punto de desesperación- había resultado tan inútil como el resto porque al parecer, todos eran angelitos incapaces de hacer daño a una mosca, y si lo estaban haciendo mal, eran cosas de la edad.

Sin ninguna otra opción, probé a jugar mi última carta: Jaejoong


Jaejoong era mi ex-novio, mi mejor amigo y el jefe de policía de la comisaría noroeste de Seúl, además de uno de los tíos más pervertidos y raros, y con ideas más extrañas que había conocido nunca. Si alguien sabía cómo ayudarme, ese era él.

-Así que... ¿necesitas mi ayuda?- preguntó robándome el cigarrillo que estaba a punto de encender de la mano

-Ajá. No sé lo que hacer con esos criajos molestos.- murmuré bufando por su acto

-Bueno, yo te ayudo. Pero sabes que me deberás un favor.-canturreó vilmente, esbozando una sonrisa siniestra


-Eres un maldito chantajista- exclamé indignado, aunque, ¿de qué me sorprendía?


-Y tú un inútil que no sabe librarse de una panda de niñatos. ¿Quieres que te ayude o no?


-Síii- exclamé, bastante poco entusiasmado


-Muy bien, esto es muy sencillo: asústalos, haz que te tengan miedo.


-¿Q-qué quieres decir?


-Muy sencillo, Yoochunnie. Sé que no eres una persona aterradora, a menos que se pueda considerar aterradora tu obsesión con los sombreros y a tu inquietante manía de vestirte como un vagabundo.

-¡Yo no me visto como un vagabundo!- protesté, pero él me ignoró olímpicamente


-El caso es- gruñó levantando una ceja- En que tienes que aparentar ser algo que los asuste.


-Continúa-dije, interesado


-Verás, las madres siempre están advirtiendo a sus hijos de que no hablen con extraños. Y aunque no lo parezca, eso es algo que aterra a los niños. La próxima vez que venga alguno a pedirte la pelotita de los cojones, compórtate como un extraño escalofriante. Actúa como un psicópata, un asesino en serie, un pedófilo, Hannah Montana, ¡lo que sea!, y asusta a los chiquillos. Ya verás como no se acercan más a su casa.


-¿Y eso no puede traerme problemas? Tal vez sus madres vengan con antorchas y tridentes a ejecutarme.- propuse, viéndolo muy posible.


-Recuerda que los adultos siempre llevan la razón. Sobre todo los adultos que tienen a la policía de su parte.-rió él, y no pude más que darle la razón.


-Gracias por el consejo, Jaejoong. Te debo una.


-No, tú no me debes nada. Tu pene me lo debe.-oí su escandalosa risa de hiena antes de que se levantase del asiento y se fuese.


A pesar de que Jaejoong fuese a veces un auténtico lunático, el plan no parecía mala idea, y de perdidos al río... Más por culo no podían dar esos niños, ¿no?


Pensé en qué rol ponerme. Intenté verme de psicópata, pero solo parecía un imbécil que no sabía cómo sujetar un cuchillo correctamente, y la verdad, dudaba mucho que el rubio fuese mi color, así que sólo me quedaba lo de pedófilo.


No era muy difícil. Tan solo tenía que hacer pasar a uno a mi casa y comenzar a insinuarme y sobetear al muchacho hasta que éste se asustase y huyese. Sabía que sería bastante incómodo, ¿pero qué más daba? Con tal de librarme de la molestia estaba dispuesto a hacer cualquier cosa.


Mi oportunidad no tardó mucho en presentarse. La tarde siguiente oí como la pelota caía en mi patio -llevándose por delante una maceta, cabe decir- , rápidamente, el timbre de mi casa sonó. Sonreí malvadamente y abrí la puerta.


Parecía que la suerte estaba de mi lado, porque sólo había un chiquillo delante de mí, el chico alto e irrespetuoso.


-¿Hoy no viene tu amigo?-pregunté, curioso


-No, al parecer ha decidido que era mejor ir a darse el lote con Junsu-me pregunté quién sería ese mientras él murmuraba algo que sonaba sospechosamente como menuda panda de maricones.


-Anda, pasa y ve a buscarla tú mismo. Tengo que dar de comer a mi serpiente.-dije, apartándome de la puerta para que entrase.


-¿En serio, tío? Que diga...señor Park...- se corrigió inmediatamente haciéndome sentir viejo de pronto- ¿tiene una serpiente? ¡Cómo mola!


Sonreí. Había picado el anzuelo.


-Si quieres, puedes venir a verla.-ofrecí, señalando hacia el pasillo


-¡Me encantaría!-asintió con energía, sonriendo con entusiasmo


Lo cierto es que era un niño la mar de mono cuando no estaba tratando de fulminarme con la mirada y pidiendo las cosas a regañadientes, casi me daba pena asustarlo de esa manera. Lo guié hasta mi habitación, donde estaba el terrario con la anaconda. El bicho en cuestión estaba durmiendo tan ricamente, y ni se inmutó cuando el niño pegó la cara al cristal para verlo mejor.


-¿Qué, te gusta?-pregunté sonriente
-Woh... ¡es enorme!-exclamó


Aproveché que estaba distraído para posar una mano sobre su hombro, fino y huesudo, pues el chico estaba bastante delgado y no pareció darse cuenta.


-Oye, lleváis mucho tiempo viniendo por aquí y ni siquiera sé vuestros nombres. ¿Cómo te llamas?


-Soy Changmin-se presentó, sin dejar de mirar al reptil.


-Bonito nombre-murmuré, bajando mi mano hasta colocarla en el hueco de su espalda. Me resultó extraña la manera en que esta encajaba perfectamente allí-¿Y cuántos años tienes?

-Acabo de cumplir los quince. Oye, ¿el bicho no se mueve? ¿Está muerto?-preguntó impacientándose


-Que va...está muy viva. ¿Crees que es grande? Pues cuando se despierta lo es aún más. Es realmente gigantesca cuando se yergue en toda su extensión.


Solté aquel obvio doble sentido intentando incomodarlo, sin embargo...


-¿Y cómo se despierta?-preguntó


-Bueno, las serpientes reaccionan con los sonidos agudos. Como este-solté un pequeño gemido, probando una segunda vez a que lo pillase.


No lo hizo. Es más, de repente comenzó a imitarme, soltando pequeños soniditos pecaminosos, tímidos pero insistentes, que parecían un aliciente a que cualquiera se acercase al joven y le hiciera… cosas en las que prefería no pensar y que solo deberían existir en esos enfermos mangas japoneses que leía a escondidas en el trabajo. Tragué saliva sin poder evitarlo, pues mi boca estaba llena de esta de pronto, sintiendo como esos gemidos encendían algo desconocido en mí. Me sonrojé violentamente al notar algo removiéndose levemente en mi estómago, reconociéndolo como pura excitación. ¿Por qué me ponía eso?

A pesar de que me lo había inventado, la serpiente acabó por despertarse por los sonidos. Aturdida, levantó la cabeza y nos miró, enfadada.


-¡Ya se ha despertado!


Comenzó a dar saltitos y coloqué mi mano sobre su nalga derecha descaradamente. Con el movimiento tendría que haberlo notado, pero ¡no!, y continuó saltando y restregándose contra mi mano. Entonces mi mente me jugó una mala pasada. Imaginé que mi mano era lo que ahora comenzaba a erguirse entre mis piernas.

-¿Cómo se llama?-preguntó, ajeno a mis dedos palpando su culo, que ciertamente estaba plano, pero no resultaba desagradable al tacto.


-¿Cuál de ellas?-probé por tercera vez


-¿Es que hay otra?-se giró, haciendo que mi indiscreta mano quedara sobre su cadera y muy cerca de su entrepierna.


-No-suspiré, entre exasperado por su inocencia y muy encendido por ella- Era solo una broma.


-¿Y puedo acariciarla?-sus ojos de ciervo, grandes y llenos de pestañas, mostraban ilusión y sin embargo yo sentí mi hombría pulsar por su pregunta.


Miré a la serpiente, que parecía furiosa por haber interrumpido su sueño.


-No creo que sea buena idea-expliqué con aprensión-Está enfadada.


-Oh, vaya...en fin, señor Park-hizo una leve reverencia que me sorprendió bastante para el mocoso al que estaba acostumbrado-Me ha encantado su serpiente. Pero tengo que ir a por mi pelota, mis amigos me están esperando.


¡Mierda! Se quería largar y yo no había conseguido asustarlo. Comenzó a caminar hacia la puerta, así que hice un movimiento a la desesperada. Dirigí mi mano a su trasero y apreté con fuerza, haciendo que soltara un pequeño aullido y se retorciera.


-¿P-pero qué...?-empezó a gimotear, pero no le permití continuar.


Lo agarré por atrás y pegué su espalda a mi torso. Changmin se retorcía y chillaba, pero no le permitía escapar. Tantos años sujetando a grandes animales para practicarles alguna operación o simplemente vacunarlos le daban a uno fuerzas.


-Chsst. Tranquilízate-susurré en su oído, tapándole la boca-Si te callas y te quedas quietecito te aseguro que no te va a pasar nada.


¿¡Pero qué estaba haciendo?! Mi plan era incomodar al chiquillo, asustarlo. Pero no había contado con que mi cuerpo reaccionaría de esta manera ante su inocencia y juventud. Además, al intentar huir, no había hecho otra cosa que restregarse contra mi miembro, encendiéndome aún más si cabía.
Arrastré al moreno, que me había obedecido y se había quedado inmóvil, hasta mi cama. El niño me miraba muy asustado y yo me sentí extremadamente culpable, así que, intentando tranquilizarlo, me incliné sobre él y le di un casto beso en los labios.


-Señor Park...-murmuró, completamente sorprendido.


-Eres una preciosidad, Changmin...-susurré honestamente, repartiendo pequeños besitos sobre sus mejillas tostadas por el sol de pasarse las tardes jugando, y que empezaban a tornarse rojas.


-P-pero... usted es un hombre... yo también...


-Chsst. Tranquilo, no haremos nada que tú no quieras, pero si me lo permites, te haré sentir muy bien.


Me sentía raro diciéndole esa clase de cosas a un niño, pero por otra parte, jamás en mi vida había estado tan caliente. Había descubierto una parte de mí muy extraña.


-Señor Park, yo...quiero saber cómo se siente.-me pidió tímidamente, sonrojándose hasta la raíz del cabello.


Animado por estas palabras, me volví entusiasta. Le saqué la camiseta, revelando un torso que comenzaba a formarse. El pequeño me miraba con vergüenza, así que yo me propuse que la perdiera. Me incliné sobre sus oscuros pezones, metiéndome uno en la boca y jugueteando con mi lengua, sintiéndolo arrugarse bajo ella, mientras que pellizcaba el otro con una mano, haciéndole soltar pequeños gemidos. Me encargué de dejarlos bien duros y húmedos a ambos, intercalando las acciones con uno y otro, dando pequeñas mordidas, no lo suficientemente fuertes para que doliesen, pero sí para que su placer aumentara.



Me separé de su pecho para besarlo de nuevo en la boca, esta vez de forma más ruda. Él, inexperto, se dejó llevar sin corresponder realmente. Chupé y succioné sus labios hasta que abrió la boca y pude saborear el interior de ella, incitando a su lengua a unirse a aquella maquiavélica danza de placer. Jugamos un rato a acariciar la lengua del otro, a explorar la boca del compañero. Changmin sabía a caramelos de menta y manzana.


Cuando interrumpí el beso aún seguíamos unidos por un leve hilillo de saliva que no tardó en romperse en cuanto yo me lamí los labios.


En los pantalones del adolescente ya había un bulto creciente. Lo froté levemente, arrancándole un gruñido.


-Veo que esto te está gustando.-ronroneé, comenzando a quitarle las zapatillas y vaqueros, que me estaban estorbando ya.


Changmin ni siquiera intentó resistirse. Se dejó caer sobre la cama, a la espera de más caricias. El niño era hermoso, delicioso. Tenía unas piernas fuertes y bien torneadas, probablemente fruto de tanto jugar al fútbol. Su piel estaba bronceada de un uniforme color dorado. Pasé la lengua por sus muslos casi lampiños para luego morder levemente el interior de uno de ellos.
Lentamente le saqué los calzoncillos, liberando su miembro, que no era demasiado grande pero que no estaba nada mal. Lo aprisioné en mi mano derecha y comencé a bombearlo con fuerza, apretando, mientras él se retorcía bajo mi toque, gimiendo duro.


-S-señor Park...-jadeó


-Llámame por mi nombre-le pedí con voz ronca, queriendo oírlo de sus labios-Dime Yoochun




-¡Yoochun!-gritó-Voy a...a...


Movió las caderas, buscando aún más fricción, y tras unos segundos balbuceando cosas sin sentido, se derramó en mi mano.



Me miró sonrojado, jadeante, hermoso al fin y al cabo. Su pelo negro estaba despeinado y su flequillo pegado a su frente por el sudor. Sus labios estaban rojos y húmedos de mis anteriores besos, haciéndome desearlo más que a nada. Lamí sus restos de mi mano y de su estómago, haciéndolo gimotear de nuevo.


-¿Te ha gustado?-pregunté sonriendo, y él asintió con timidez-Eso está bien, porque me gustaría que me hicieras un favor.


Me observó como esperando a que le diese alguna orden. Me senté en la cama y le pedí que se colocara de rodillas frente a mí. Me bajé los pantalones y los bóxers, descubriendo mi virilidad. Changmin la miró con ojos desorbitados.


-Es muy grande.-su mirada era casi reverenciadora, probablemente el chiquillo hubiese visto porno antes y sus expectativas respecto a un pene fuesen parecidas a lo que yo tenía entre las piernas. No es que yo pudiese presumir de tener una monstruosidad, pero era mayor que la media.


Llevó uno de sus dedos a la punta, de la que ya rebasaba líquido pre-seminal y la acarició levemente. Me estremecí bajo el toque de su pequeño índice.


-Quiero que me la chupes.


Changmin miró mi pene con cierta aprensión, pero fue acercando su boquita a él. Sin embargo, a medio camino se arrepintió y se apartó, rojo como un tomate.


-Yo no sé hacer eso...


-No es difícil, Changmin. Imagínate que es una piruleta muy grande.


-Pero... ¿sabe bien?


Reí y le pedí que me pasara un botecito rojo que había en mi cómoda: lubricante de fresa. Puse un poco en mis dedos y se lo acerqué.


-Prueba esto.-le pedí, y él lo hizo sin rechistar, sorprendiéndose por su sabor.


-Es fresa-murmuró


-Así es.-comencé a embadurnar toda mi extensión con el frío líquido, poniéndome aún más duro.- ¿Ves? Ahora sí es como una piruleta.


Por fin, pegó un pequeño lametón en el tronco. Satisfecho al parecer, siguió paseando su boca por mi miembro. Cerré los ojos para disfrutar de la sensación de sus labios gruesos y deliciosos acariciándome, de su pequeña boquita estrecha cerrándose alrededor de mi glande, intentando devorarme entero pero sin ser capaz debido a mi tamaño.


Fui muy delicado. No hice nada brusco ni intenté mover las caderas, no quería dañar su garganta o asustarlo, aunque él se había tomado muy en serio su trabajo, porque lo estaba haciendo realmente bien.


Noté como se le había vuelto a levantar. ¿Esta situación le excitaba? Sonreí y decidí que deseaba complacerlo de nuevo. Lo aparté de mí y lo hice subirse a la cama, yo tumbado bajo su cuerpo, él con una rodilla a cada lado de éste y su cara mirando hacia mi hombría. Le insté a continuar mientras me untaba el dedo índice y corazón de lubricante.


Su pequeña y virginal entrada estaba expuesta ante mi lujuriosa mirada, así que comencé a introducir los dedos en ella. Changmin se detuvo, mirándome con miedo.


-Continúa y relájate, esto es algo incómodo al principio, pero te va a gustar.


A medida que lo iba ensanchando, sus labios se fruncían alrededor, apretando, obviamente intentando no morder. Por fin, encontré su próstata. La descubrí al sentir su gemido mientras mi polla estaba aún en su boca, causando una agradable vibración. Ante eso, me sentí a punto de perderme, así que metí y saqué mis dedos, simulando una verdadera penetración y golpeando con fuerza su punto dulce.


Vi como el pequeño se llevaba la mano izquierda a su miembro y comenzaba a masturbarse, así que hundí mi mano aún más rápido. Él no paraba de gruñir y gemir, pero antes de que alcanzara mi liberación, él llegó a la suya. Se apartó de mi miembro jadeando y gimiendo, su espalda arqueada de puro placer.


Se derrumbó sobre mí, pero en seguida se apartó gentilmente intentando no molestarme, lo cuál me causó ternura.


-Ponte de rodillas, echa la cabeza hacia atrás y abre la boca-le pedí.


Me obedeció expectante, esperando a ver lo que tenía preparado. Yo me erguí levemente, también de rodillas y coloqué mi miembro a la altura de su boca. Acto seguido comencé a masturbarme con fuerza, inspirado por el erotismo de su rostro. No tardé mucho en correrme, salpicando su cara con mi esencia.


Changmin recogió un poco de mi sustancia de su mejilla y con curiosidad se lo llevó a la boca haciendo una mueca de desagrado casi al instante y provocando mi risa inmediata.


-Eres adorable.-murmuré, lamiendo su rostro hasta dejarlo limpio para luego plantarle un sonoro beso.-Espero que te haya gustado, Minnie.- dije sinceramente, arreglándome la ropa y subiéndome los pantalones- Vístete, ahora vuelvo.

Al minuto o así volví con su pelota en las manos. Todavía estaba a medio vestir y no pude contenerme. Acaricié su trasero y lo pegué a mí, besando su cuello. Me gustaba su actitud pasiva e inexperta, era como si se rindiese a mí para que le hiciese lo que quisiera. Es más, hubiese continuado un ratito, pero me sentía raro. Después de todo, Changmin sólo tenía quince años.


-Bueno, Minnie.-sonreí, ya en la puerta, cuando él estaba a punto de marcharse-Muchas gracias por todo.-le guiñé un ojo y él se sonrojó, pero sonrió ampliamente.


-Ha sido todo un placer-rió, ligeramente avergonzado-Y, oiga, señor Park... ¿puedo pasarme otro día para ver de nuevo su... enoooormeee serpiente?


Esta vez fue mi turno de sonrojarme cuando él me guiñó un ojo también. Resulta que el chiquillo no era tan inocente, después de todo...


4 comentarios:

  1. Ahhh @@ pero q pornoso!! Me gusto si min es tan violableeee quien no? Ahhh sera un serial? O cuantas partes tiene ? Demasiado bueno graciasss

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  2. Anónimo1/20/2014

    UUUUUUUUUUUUUUUYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYY
    Primer capitulo y ya entró en acción me gusta espero conti!!!!

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  3. abigail1/23/2014

    Woooooooooo primer cap y ya tan genial me encantoooo espero conti
    *-* !!

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  4. ¡Qué cosas!

    Pero sí, Min. En pocas palabras, puedes ir a acariciar la serpiente de Yoochun cuantas veces quieras~ incluso y si te llega la curiosidad, puedes ir a su trabajo~

    Me gustó un montón, espero que haya la oportunidad de otra parte.

    thanks~

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