Inesperadamente tú - Cap. 16

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La habitación estaba a oscuras en el momento en que abrí los ojos. Una luz mortecina se filtraba por entre las cortinas, así que deduje que no faltaba mucho para el amanecer.
Me gustaban los amaneceres. Es el momento del día que marca el inicio de algo nuevo, el despertar de los pensamientos y de las emociones.
Una nueva etapa, un nuevo día. Una nueva experiencia por vivir.
Me paré a pensar, y me di cuenta que hacía demasiado tiempo que no veía amanecer. Hacía demasiado tiempo que vivía bajo la rutina y el cansancio, sin tiempo para empezar nada.
Suspiré y bajé la vista para descubrir a Junsu profundamente dormido. La sábana apenas le cubría hasta la cintura, dejando a la vista la línea perfecta de su espalda. Suspiró en sueños y dio la vuelta para aferrarse a mi brazo con una mueca que me hizo sonreír.
Quizás aquél era un buen día para marcar un comienzo.

Una canción amortiguada proveniente de algún lugar del suelo de la habitación me hizo recordar el porqué me había despertado tan de repente.
“Baby sky…all those dreams and hopes made of your eyes…”
Reconocí Kiss the baby sky sonando en mi móvil. Me levanté con cuidado de no despertar a Junsu y encontré el pantalón tirado a los pies de la cama. Del bolsillo delantero saqué el teléfono y no pude contener el asombro cuando vi el nombre del llamante.

“Yunho♥”

Descolgué sin saber si asustarme o alegrarme de aquella llamada.

- ¿Di- diga?
- ¿Yoochun ah?

La voz de Yunho sonaba más seria que de costumbre. Enseguida supe que había algo que le preocupaba.
Algo o alguien.

- Sí, soy yo – sujeté el móvil entre el hombro y la oreja para tener las manos libres mientras buscaba en el armario unos calzoncillos, una sudadera y los pantalones de algún chándal para ponerme.
- ¿Te he despertado? Lo siento, sé que te gusta dormir hasta tarde los días libres.
- ¿Eh? Ah, no, no. Había pensado madrugar y escribir algo, ya sabes – mentí –. Dime, Yunho, ¿qué pasa? 
- Necesito… necesito hablar contigo.
Cuando me vestí, salí de la habitación y me dirigí a la de Jaejoong. No me sorprendió ver la cama vacía, así que me apoyé en el marco de la puerta y esperé a que continuara hablando.
- Anoche, yo… no sé qué pasó – le oí suspirar y me lo imaginé pasándose una mano por el pelo, como siempre hacía cuando se ponía nervioso –. De repente me he dado cuenta que le necesito. Es… es difícil de explicar, porque yo no…
- Sí, te entiendo – sonreí. 
Sí, claro que le entendía. Le entendía a la perfección.
- Pensé en aquello que me dijiste en el hospital – hizo una pausa para volver a suspirar y prosiguió –. Nunca me había imaginado que a mí… que yo… Siempre he visto a Jaejoong como mi mejor amigo, como tú, Junsu o Changmin. Aunque él siempre ha sido…
- Especial – terminé la frase por él.

Me incorporé y entré al salón principal de la suite. La enorme cristalera ofrecía unas vistas de la ciudad que nunca hasta aquel momento me había parado a mirar. Me apoyé en el cristal y me deslicé hasta quedar sentado en el suelo.
Yunho expresaba exactamente lo mismo que yo sentía. Quizá por eso había decidido hablar conmigo expresamente.
Porque todo el mundo ya sabía que para mí, Junsu siempre había sido especial. Igual que Jaejoong para Yunho.

- Sí. Jaejoong para mí es… especial – repitió Yunho –. Cuando nos besamos aquel día, no supe que hacer, por eso te pedí… por eso te pido consejo. Jae me contó que Junsu y tú… – dejó la frase sin acabar, y maldije mentalmente a Jaejoong por bocazas.
- Sí, bueno, es algo difícil de explicar – sonreí al haber utilizado las mismas palabras que él hacía un momento.
- Entiendo – dijo soltando una risita –. En todo caso, me alegro por los dos.
- Gracias, hyung.
Se hizo el silencio. Pero uno de esos agradables.
Me volví para volver a mirar por la cristalera y pensé en cuánto había echado de menos hablar así con Yunho.
- Yoochun… creo que me estoy enamorando de Jaejoong – dijo después de un rato.
- Tal como sospechaba…
- Anoche le llamé y nos vimos, pero no fui capaz de decírselo. Tengo miedo por… - se calló.
- ¿Por qué?

Otro silencio. Esta vez no fue agradable, sino incómodo.
De alguna forma, yo ya sabía la respuesta a mi pregunta.

- Todo esto de la demanda… al final llegará un momento que no nos veamos y… tengo miedo de hacernos daño. Aún más.
Suspiré. No supe qué decirle, porque en el fondo, sabía que tenía razón.
- Yunho…
- A pesar de eso – me interrumpió –, anoche Jaejoong durmió aquí, conmigo. No pasó nada, pero echábamos de menos pasar la noche juntos, como en los viejos tiempos.
- Eso es…
- Arriesgado. Lo sé.
- No, eso no – negué con la cabeza –. Es… hermoso.
- Supongo…
- Yunho, Jaejoong te quiere. Por encima de todo. La idea de la demanda, la separación, todos esos miedos… ¿de verdad merece la pena no intentarlo por eso? Créeme, hyung, el miedo es el peor enemigo cuando se habla de amor. Yo he estado a punto de perderlo todo por eso. No quiero que tú cometas ese mismo error – me levanté y cogí el paquete de tabaco que había encima de uno de los muebles. Me encendí un cigarro y salí al balcón a enfrentar el frío de la calle al amanecer –. Díselo, hyung. Dile que le quieres. Hoy es un buen día para empezar de nuevo.

- Quizás tengas razón…gracias, Yoochun ah. Gracias, de verdad.
- No hay de qué. Gracias a ti por haberme llamado. Lo echaba de menos. Os echamos de menos.
- Yo… nosotros también.
Y otro silencio, esta vez no tan largo.
- Yoochun, tengo que colgar. Creo que Jaejoong se ha despertado.
- Vale, tranquilo. Dile que no vuelva tarde, o nos meterá en un buen lío.
- Descuida.
- Adiós, hyung.
- Hasta pronto. Y gracias.

Colgué el teléfono y lo guardé en el bolsillo de la sudadera. Todavía no sabía del todo si estaba alegre o preocupado con la llamada de Yunho.
Quizá fuera un poco de las dos cosas.

Quizá no fuera ninguna de esas, porque lo que más predominaba en mi pecho en aquel momento era el dolor.
No sé en qué momento se formó un nudo en mi garganta, que me obligué a tragar cerrando los ojos con fuerza. Suspiré y sequé aquella lágrima rebelde que iba a medio camino por mi mejilla. Le di una calada profunda al pitillo y observé cómo el humo subía y se disipaba poco a poco. El cielo tenía un color azul claro, mezclado con los tonos amarillos y naranjas que anunciaban la inminente salida del sol.

Sí, definitivamente aquél era un buen día para un nuevo comienzo.



I love you… it’s the only beginning.

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