Ese día de noviembre

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Título: Ese día de noviembre
Autor: Miyu-Chan
Pareja: Jaemin
Género: Slash, Angst
Extensión: Oneshot

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Recordaba aquel día con gran perfección. El ir viajando en el autobús un día tan caluroso y cansador como ese no era nada agradable. Y es que luego de un largo día de caminar, estudiar y soportar a los profesores de la escuela lo único que quería era llegar a su hogar y descansar como Dios manda.

Se dirigía de vuelta a su casa, y como lo hacía en cada parada de autobús, este se detuvo. No se preocupó por ello y siguió mirando por la ventana, pensativo. No había tenido exactamente el mejor día de su vida así que sólo quería dormir.

Notó de pronto que la persona que iba delante de él se levantó con rapidez, casi de un salto, y se dirigió a ayudar a la persona que subía. Notó recién que era una ancianita pequeña y muy arrugada que caminaba con una muleta y cargaba una enorme bolsa.

El chiquillo (Ese chiquillo... Al que veía todos los días desde hace un año) ayudó a la ancianita y la llevó hacia su asiento.

- Siéntese aquí, abuelita. - Le sonrió con ternura y voz suave. - Con cuidado.
- Muchas gracias, de verdad muchas gracias jovencito. - Le agradeció la abuelita que apenas se mantenía en pie y se sentó con la ayuda del chiquillo de cabello castaño.
- No se preocupe, en serio. - Le volvió a sonreír y el autobús siguió su marcha.

Aquello era cosa de todos los días. Siempre que llegaba alguien con algún tipo de problema o discapacidad aquel chiquillo de piel tostada, lindos ojos y labios bonitos los ayudaba. Así que como siempre, el moreno que le observaba no pudo evitar sonreír enternecido.

No podía tampoco evitar mirarlo y pensar que era el chico más lindo y tierno que haya visto. Y no le importaba que fuese un chico, para nada. De todos modos, él era bisexual.

Un viernes por la tarde, camino a su casa, volvió a encontrarse con él y como por arte de magia el chico se sentó a su lado. El moreno se le quedó mirando fijamente casi hipnotizado, notando cosas que nunca antes había notado. Cosas como que era mucho más lindo de lo que había visto, a lo más tendría unos 17 años. Su cabello castaño caía en finos mechones sobre su frente. Su piel era suavemente tostada, como canela, y se veía muy suave. Sus labios eran finos y muy bonitos, aunque un tanto secos y su nariz era tan perfecta como la de un modelo. Sus ojos eran algo tapados por su cabello, eran muy lindos e inocentes, pero se veían melancólicos…

Tan tristes...

Siguió mirándolo durante largo rato. Sentía que podría mirarlo durante días y días y no aburrirse. El castaño se dio cuenta de que lo estaban mirando y giró su vista encontrándose frente a frente con el rostro del pelinegro. Este abrió sus ojos impresionado y el menor le sonrió, sonrojándose completamente. Alejó su vista enseguida.

Por su parte, el castaño sentía como su corazón latía con fuerza. ¿Alguna vez había visto a una chica tan linda? No lo recordaba. Sus mejillas se habían encendido con fuerza y no pudo evitarlo. Giró nuevamente su vista, con disimulo, y volvió a mirarlo... Notando algo que lo dejó helado. No era una chica, ¡era un chico!

Su mente quedó en blanco. Había quedado impresionado por el hecho de ver a un chico tan recondenadamente hermoso. La impresión no le duró mucho tiempo, ya que de pronto sintió un ruido fuerte y como el autobús frenaba en seco. En seguida un dolor de cabeza tremendo lo envolvió.

- Oye, oye ¿estás bien? - Sintió una voz a lo lejos. Era el chico que iba a su lado.
- ¿Q-qué pasó? - Respondió apenas, ya que sentía unas enormes ganas de llorar.
- El autobús chocó. ¿Te sientes bien?
- Me duele la cabeza... - Sollozó. Llevó su mano a su frente y sintió la hinchazón y un dolor punzante.
- No, oye, no llores, tranquilo. Te golpeaste la cabeza con el asiento del frente. - Cierto, su cuello también le dolía. - ¿Vives muy lejos de aquí?
- Hmm... - Miró por la ventana, estaba bastante cerca. - No, falta poco…
- Entonces te llevaré a tu casa, no puedes irte solo en ese estado. - Le sonrió y se levantó, ayudándolo.
- P-pero... ¿Por qué? - Preguntó dudoso. Sólo lo conocía de vista, ¿Por qué querría ayudarlo?
- Porque siempre te veo ayudando a la gente, así que alguien debe ayudarte a ti ahora, ¿no?

"Que lindo..." Pensó el menor al oír eso. Recibió la ayuda que le ofrecía y se bajaron del autobús. Caminaron lentamente, en silencio. El mayor ayudaba al castaño a mantener el equilibrio, ya que se sentía muy mareado.

- Me llamo Jaejoong. - Dijo de pronto el pelinegro. El menor lo miró.
- Shim Changmin.
- Un gusto. - Le sonrió nuevamente y siguieron caminando.
- Aquí vivo, gracias por acompañarme hyung... - Le dijo el menor, tocando el timbre de la casa.
- OK, entonces me despido. – Respondió. - Adiós, Changmin-ah
- Adiós hyung.

Jaejoong se despidió con la mano, dio media vuelta y comenzó a caminar hacia su casa. El castaño lo miró alejarse y entró a la suya.

En realidad, gracias a ese día y ese suceso su relación comenzó a intensificarse. Comenzaron a sentarse juntos y conversar durante los viajes a la escuela. Lástima que fuesen a escuelas distintas.

- Buenos días. - Saludó sonriente el castaño.
- Buenos días, ¿cómo te sientes? ¿Te duele aún? - Preguntó el mayor, indicando la herida en la frente de Changmin, la cual era cubierta por una pequeña y blanca bandita.
- No mucho, ya me siento mejor. Gracias.
- Eso es bueno, realmente te golpeaste fuerte. Para la próxima ten más cuidado, ¿sí? - Le dijo el moreno, con preocupación. Changmin sólo asintió sonrojado.

Terminaron hablando todos los días. Se notaba a leguas que entre ellos se forjaría una gran amistad... Y así pasó. Al tiempo ya eran grandes amigos, lo cual era bastante impresionante para Jaejoong. Él no acostumbraba a hacerse de amigos tan fácilmente, debía conocerles bien. Y la gente también debía conocerlo a él mismo, ya que siempre le habían dicho que la primera impresión que daba a la gente no era muy buena que digamos.

- ¿Podemos entrar aquí un momento? - Preguntó Changmin, cuando pasaron por fuera de una librería. Jaejoong asintió.

Habían decidido que todos los lunes, miércoles y viernes saldrían juntos después de clases a cualquier lugar que se les ocurriera.

Entraron a dicha librería y los ojos de Changmin brillaron al ver la gran cantidad de libros que había en ella. Jaejoong lo miró curioso.

- ¿Te gusta leer? - Le preguntó y Changmin asintió.
- Mucho. Es una de las cosas que más hago.
- Entiendo.
- Creo que… El arte de la escritura es maravilloso. Con las palabras adecuadas y en el orden correcto se pueden crear bellas historias, maravillosos lugares y hermosos personajes. – Sus ojos brillaron y Jaejoong se le quedó mirando, sonriente. Changmin al darse cuenta de que este no decía nada se sonrojó. – Lo siento, debes creer que soy un nerd o algo así…
- Para nada. Creo que es algo adorable.

Caminaron en silencio por los muebles llenos de libros. Changmin tomó uno y comenzó a hojearlo. Así hizo con varios y comenzó a leer uno. En seguida cerró sus ojos con fuerza y se quejó suavemente, llevando su mano a su cabeza.

- ¿Te sientes bien? - Preguntó Jaejoong al notar la reacción del menor.
- S-sí. Es solo que a veces me duele la cabeza cuando leo, nada más. Olvidé mis lentes en casa.
- Hmm, entiendo. No deberías olvidar esas cosas, son importantes. - Lo regañó el mayor y Changmin rió.
- Hablaste igual que mi madre.

Ambos rieron y salieron de la librería. Siguieron caminando largo rato, hablando de distintas cosas de la vida. En fin, lo que se les ocurriera.

Cada día que pasaban juntos se convertía en parte de los mejores recuerdos que tenía Changmin. Hacía tiempo que no se divertía con alguien. Hacía tiempo que no salía ni hablaba tanto con alguien. ¿Debería decirle sobre...?

- Ya es tarde, Min. Te iré a dejar a casa, ¿te parece?
- OK. Gracias hyung.

Ambos caminaron juntos en dirección a la casa de Changmin, el tiempo avanzaba con lentitud, y con él crecía el peso que Changmin llevaba encima. El peso de estarle mintiendo a su hyung. De estarle escondiendo algo. Los amigos se cuentan todo, ¿no? Eso es lo que debería hacer. Jaejoong ya le había contado sobre que era adoptado. Pero Changmin aún no se animaba.

- ¿Te pasa algo, Changmin? - Preguntó Jaejoong cuando notó que el menor había estado callado durante largo rato.
- ¿Ah? N-no, nada. Sólo estoy algo pensativo.
- Sí, me di cuenta. Si tienes algún problema puedes decírmelo a mí, ¿OK?
- Claro. - Sonrió.

¿Por qué demonios tenía que ser TAN lindo con él? En cambio el menor sólo consideraba que para lo único que servía era para ayudar a las ancianitas en los autobuses. Era un mal amigo y un mentiroso. Sólo pensaba en él.

Debería decirle. Debería no decirle. Debería decirle. Debería no decirle. Debería decirle. Debería no decirle.

Debería decirle...

"Claro Changmin. Deberías, ¿por qué mierda no lo haces entonces?"

Su conciencia al parecer disfrutaba mucho repitiéndole una y otra vez aquello que tanto quería olvidar.

- Changmin...

¿Podía llamar a aquello de otra forma que no fuese "tortura"?

Lo dudaba.

- Changmin, oye.

En caso de decirle... ¿Cómo lo haría? Cada vez que alguien se enteraba de "eso”... Lo molestaban o se alejaban. ¿Y si Jaejoong se alejaba también?

- ¡Changmin!
- ¿Ah?
- Changmin, ya llegamos a tu casa. - Le dijo Jaejoong. Se había quedado tan perdido en sus pensamientos que todo este rato había estado ignorando a sus llamados.
- Oh, cierto... Perdón.
- Changmin. De verdad has estado bastante pensativo y me preocupas. ¿Te pasa algo?

El menor se quedó callado un rato, pero negó con la cabeza, dibujando una tierna sonrisa en su rostro.

- Hmm, hmm. - Negó. - Estoy bien, no te preocupes. Sólo tengo un poco de sueño. Gracias por traerme, hyung.

Jaejoong lo miró preocupado. Iba a decir algo cuando una mujer salió encontrándose con ambos. Era una mujer no muy mayor, pero era bastante atractiva.

- Oh, Minnie, no sabía que habías llegado. – Dijo la mujer.
- ¡Mamá, llegaste temprano! – Changmin le dio un beso en la mejilla a la mujer y esta asintió. En seguida miró a Jaejoong, curiosa. – Ah, lo siento. Él es Jaejoong, mamá. El chico del que te... hablé el otro día. - Se sonrojó y Jaejoong sintió como algo en su interior se derretía y unas ganas de chillar al ver su rostro tan adorable.
- Mucho gusto, soy Kim Jaejoong. - Se presentó el chico y la mujer sonrió.
- Mi hijo me ha hablado bastante sobre ti, me alegra mucho que sean amigos. Cuídalo mucho, ¿sí?
- Claro, yo lo cuidaré. – Sonrió.

"Con mi vida” completó en su mente, con una sonrisa.

- Minnie, estaba a punto de ir de compras. ¿Me acompañas?
- Bueno. Gracias de nuevo por traerme hyung. - Agradeció el menor.
- No te preocupes. Fue un gusto. - Le dijo a la madre de Changmin y la mujer sonrió.
- El gusto es mío, lindo. Ven a casa cuando quieras, te recibiremos felices. - Sonrió la mujer.

Jaejoong se despidió nuevamente y se fue, sonriendo para sus adentros. Poco a poco él y Changmin comenzaron a hacerse muy buenos amigos, y sin darse cuenta pasó el tiempo con gran rapidez. Se cumplían un año y medio de su amistad, por lo que decidieron que debían salir a celebrar a algún lado, como amigos.

Era un día sábado. Habían quedado de juntarse en la librería por la que siempre pasaban, ya que quedaba bastante cerca de ambas casas. A Jaejoong se le hizo algo tarde por lo que llegó corriendo, pensando que había hecho esperar mucho al menor. Al ver a Changmin esperándolo a la entrada de la librería una sonrisa se dibujó en su rostro, y lentamente se acercó hasta quedar a su lado.

Changmin lo miró a la cara pero pareció confundido. Entrecerró un poco sus ojos como si no pudiera ver bien quien era y sus cejas se fruncieron suavemente. Jaejoong lo miró algo asustado.

- Changmin, ya llegué. – Dijo el mayor y Changmin abrió sus ojos como saliendo de un trance y le sonrió.
- Oh, perdón. ¿Llegaste hace mucho? No te había visto. - Le dijo con gran ternura y naturalidad.
- Eh, no... Llegué recién. – Mintió. - No te preocupes. ¿Nos vamos? - Le dijo el mayor y Changmin asintió, comenzando a caminar juntos.

El resto del día pasó normal. Salieron a ver una película, comieron juntos, pasearon toda la tarde y rieron mucho. Comieron helado y se sacaron fotos los dos juntos. Finalmente Jaejoong acompañó al menor a su casa, y cuando llegaron se miraron en silencio.

- Changminnie... Recuerda que si hay algo que necesites, lo que sea, no debes dudar en pedírmelo, ¿Sí? – Mencionó Jaejoong totalmente preocupado, al recordar lo que había pasado cuando llegó al encuentro del menor.
- Sí, gracias hyung... - Le sonrió el castaño. - Buenas noches.
- Buenas noches... - Susurró en respuesta y, sin pensarlo dos veces, acercó su rostro al del menor, pero se detuvo. Pensó un momento y le besó la mejilla derecha delicadamente.

Changmin lo miró sorprendido y se sonrojó, pero antes de que pudiera decir cualquier cosa Jaejoong se giró y se fue. El menor suspiró y sonrió, acariciando su mejilla, riendo en seguida al sentirse como una de las chicas de las novelas que veían sus hermanas por las tardes. Finalmente entró a su casa.

- Es un muy buen chico. - Susurró la mujer que lo recibía.
- ¿Tú crees? - Respondió sonriendo melancólico.
- Claro que sí, y se nota que te quiere mucho. – Respondió. – Te gusta, ¿No?
- Pero es un chico...
- ¿Y qué si lo es? - Le sonrió. - Hijo, No te preocupes. Si tú eres feliz no me preocupa el camino que elijas. ¿Entiendes? Sólo quiero lo mejor para ti. Tu felicidad es mi felicidad.
- Pero tengo miedo...
- No tengas tantos “pero”, bebé. Y no tengas miedo de enamorarte. Que "eso" no sea un impedimento para que seas feliz.
- Lo siento... - Susurró y comenzó a llorar en silencio. La mujer de ojos color miel lo abrazó con fuerza y acarició su espalda temblorosa, sintiendo como las lágrimas amenazaban también con salir de sus ojos.

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A sus cortos 17 años, nunca se había enamorado. Había tenido amigos... O eso creía que eran hasta que se enteraban de su situación. Varios se alejaron de él al instante, a otros les bastó con lidiar un poco con algunas dificultades (Como requerir de ayuda para leer ciertas cosas), para que se cansaran de él. Así era la gente.

En fin, terminó quedándose solo. Pero apareció él, apareció Jaejoong para demostrarle que los buenos amigos aún existían. Y al mismo tiempo se sentía tan mal. Un total desgraciado por mentirle así a su hyung. Y es que realmente tenía miedo... Miedo de que se alejara de él como todos. De quedarse solo. Y lo quería tanto, lo amaba tanto.

“¿Debería decirle?” Aquella pregunta seguía danzando en su mente desde hace mucho. Y es que Jaejoong era distinto al resto, eso ya lo tenía completamente claro. Pero quizás Jaejoong se molestaría con él por no haberle dicho antes.

Era miércoles, y desde el lunes que el menor no se aparecía. Jaejoong estaba preocupado. ¿Le habría pasado algo malo? ¿Estaría enfermo? En seguida recordó las palabras que la madre de Changmin le había dicho.

“Ven a casa cuando quieras, te recibiremos felices.”

Sí, eso haría. Luego de la escuela iría a ver a Changmin a su casa, para darle una sorpresa. Estuvo ansioso todo el día, al terminar las clases corrió fuera del colegio y se fue directo a una pastelería. Compró dos trozos de pastel de fresas y galletas de chocolate. Tomó el autobús y viajó hasta llegar a su casa.

“Bien, aquí estoy” Pensó Jaejoong. Se bajó y tocó el timbre. Una linda niña muy parecida a Changmin abrió la puerta y recibió a Jaejoong.

- Hola, soy Jaejoong, un amigo de Changmin. Como no ha ido a la escuela decidí venir a verlo. – Sonrió y la chiquilla le devolvió la sonrisa.
- Mucho gusto. Adelante, puedes pasar. – Le dijo haciéndolo pasar y cerrando la puerta a sus espaldas. – Mi hermano no ha querido ir a clases, está muy triste porque el gato de la familia murió hace poco. – Dijo bastante triste. – Era el regalón de Changmin.
- Oh, lo siento mucho.
- No te preocupes. Él está en su habitación ahora. - Apuntó hacia las escaleras. - Es la última habitación, hacia la izquierda.
- OK, gracias. Con permiso. - Sonrió Jaejoong algo nervioso y subió las escaleras. Caminó por el pasillo hasta llegar a la última habitación.

"Peligro: Changmin en su hábitat natural. No acercarse demasiado." Leyó en un cartel pegado en la puerta y rió. No era la letra de Changmin, así que de seguro alguna de sus dos hermanas lo había pegado ahí...

Golpeó la puerta y desde adentro Changmin gritó: "¡Te dije que no se donde dejaste tus aros!" Jaejoong se aguantó la risa que quiso salir de su boca y volvió a golpear. Escuchó como unos pasos apurados se acercaban a la puerta y la abrían de golpe.

- ¿Por qué siempre pierdes tus cosas por Dios? Juro que un día yo... - Se quedó callado al ver a Jaejoong frente a él. Este sonrió.
- Hola. - Saludo con la mano y Changmin sintió como toda la sangre se le iba al rostro. En seguida sus mejillas tomaron un color rojo intenso, al igual que sus orejas. Sus ojos abiertos como platos.
- H-hyung, yo... Este... Creí que era mi hermana y... ¿Qué haces aquí?
- Vine a verte, como no has ido a clases me estaba preocupando.
- De verdad lo siento... Olvidé llamarte.
- Tranquilo, sólo quería saber si estabas bien, ¿OK? - De pronto recordó las bolsas de papel que traía en su mano y se las mostró. - Cierto. Traje esto, espero te guste. Y siento lo de tu gatito. – Sonrió y Changmin negó con la cabeza.
- Lo estoy superando… - Rió y en seguida abrió curioso la bolsa de papel encontrándose con dos lindos trozos de pastel. En seguida miró la otra y encontró las galletas. - Oh, muchas gracias hyung. - Intentó esconder la emoción de que además que Jaejoong lo hubiese venido a ver le hubiese traído cosas dulces y ricas. - Bueno, pasa y espérame aquí, ¿sí? Iré a buscar algo donde poner esto.
- Claro.

Changmin salió de la habitación, cerrando la puerta y dejando a Jaejoong solo. Este se sentó en la cama y comenzó a observar la habitación. Había una repisa con muchos libros. "Cierto, le encanta leer" pensó el mayor, sonriendo. Siguió mirando y no pudo evitar sonrojarse con fuerza y no pudo evitar tampoco, que su corazón diera un salto muy fuerte al notar que junto a su cama había varias fotos pegadas de distintas cosas, y al medio había una de ellos dos. Era de una de sus tantas salidas durante la semana. Salía él sonriendo y su mejilla pegada a la de Changmin, quien mostraba su lengua de manera infantil y muy tierna.

Inconcientemente movió su mano hasta tocar el rostro de Changmin en la foto, acariciando su mejilla. Sonrió ampliamente, sin dejar de observar la imagen del menor. Sus ojos recorrieron todo su rostro, memorizando cada detalle, hasta el más mínimo (como la asimetría de sus ojos al reír, le encantaba eso). No se había percatado completamente hasta ese momento de lo mucho que le atraía Changmin. Sintió su corazón latir más rápido y de pronto un llamado lo sacó de su ensueño.

- Jaejoong hyung, ya volví. - Dijo Changmin entrando a la habitación, notando la mano de Jae que acariciaba su rostro en su foto. En seguida se sonrojó y sonrió.
- M-me gusta mucho esa foto, ¿sabes?
- A mí también. - Contestó Jaejoong y se quedaron callados un rato.
- Traje los dulces y un poco de té. - Dijo Changmin, sentándose a su lado y dejando la bandeja sobre la cama.
- Entonces... ¿Comemos?
- Bueno. - Dicho esto ambos comenzaron a comer. De vez en cuando se daban leves miradas llenas de cariño, (y quizás mucho más), y se sonrojaban cada vez que sus manos se tocaban al tomar una galleta.

Sin que se dieran cuenta pasaron las horas. Ambos se entretuvieron mucho riendo, conversando cosas estúpidas, escuchando música, entre otras cosas. Ya iban en la décima partida de cartas Uno, cuando Changmin volvió a ganar.

- Gané de nuevo hyung, admite que eres un perdedor. – Rió y Jaejoong infló sus mejillas, haciendo un puchero el cual al menor le pareció más que adorable.
- ¡No es cierto! Es sólo que este juego es muy tonto y ya no quiero jugar más. – Comenzó a guardar las cartas y Changmin no pudo evitar reír fuerte.
- ¡Eso es sólo porque no puedes ganarme! – Comenzó a reír y Jaejoong se sonrojó.
- ¡Mentira! – Le golpeó fuerte el brazo y se le lanzó encima, comenzando a hacerle cosquillas. Changmin comenzó a reírse escandalosamente, intentando quitarse a Jaejoong de encima.
- ¡Ajajajajaja! ¡Basta, por favor! ¡Jae h-hyung! Ajajajajaja.
- ¡Eso es por reírte de mí!
- ¡Por favor! ¡No puedo respirar! Ajajajajajaja. – Rió Changmin con más fuerza. De sus ojos, los cuales mantenía fuertemente apretados, salían pequeñas lágrimas por tanto reírse. Las manos de Jaejoong no tuvieron compasión y siguieron moviéndose, ahora más rápido, haciendo que Changmin se moviera casi como si tuviera convulsiones.
- ¡Venganza! – Rió Jaejoong también, contagiándose por la risa de Changmin. Cuando el menor comenzó a dar señales de estar casi ahogándose Jaejoong decidió que ya había sido mucho castigo. Sus manos se detuvieron dejando solo a un Changmin agitado y completamente sonrojado.
- E-eres un… Desgraciado. – Dijo Changmin, casi sin aire. Le dio otro golpe en el brazo y rió ahora más suavemente. – Ahh Dios… - Suspiró con fuerza y miró a Jaejoong, algo curioso y divertido. - ¿Hyung?
- ¿Qué pasa?
- ¿Estás intentando violarme o algo por el estilo?

Jaejoong lo miró con sus ojos totalmente abiertos. La expresión en el rostro de Changmin revelaba lo divertido que estaba al ver la cara de su hyung tan confundido y avergonzado.

- ¿A qué te refier…? - Luego de observar la posición en la que estaban entendió a lo que se refería Changmin. Estaba sentado sobre su regazo, con sus piernas una a cada lado de su cintura. El menor estaba recostado en la cama, su rostro completamente sonrojado y su respiración agitada. Jaejoong no pudo evitar sonrojarse con más fuerza, para luego levantarse y quedarse de pie. – L-Lo siento, de verdad yo no quería…
- Ajajaja era broma, idiota. No te preocupes. – Sonrió Changmin y le dio un fuerte golpe en el brazo. Antes de que Jaejoong pudiese quejarse sintieron que alguien llamaba a la puerta. En seguida entró una mujer de cabello castaño y una sonrisa dibujada en su rostro.
- Minnie, bebé. Ya estoy en casa.
- Oh, mamá. No te escuché llegar, perdón. – Se levantó y Jaejoong saludó a la mujer parada en la puerta.
- ¡Oh! Jaejoong, lindo. Que bueno que viniste. – Le revolvió el cabello y se dio media vuelta. - Estaré abajo por si me necesitan. – Dijo la mujer y salió de la habitación, dejándolos solos otra vez. De pronto los ojos del menor se abrieron de par en par.
- Espera. Si mi mamá ya llegó entonces… - Fue hasta su escritorio y tomó su celular. Miró la hora y luego miró a Jaejoong. – Jae hyung, son las 11:30, ¡es muy tarde!
- ¡¿Las 11:30?! – Abrió también sus ojos y corrió hasta su bolso. – Es muy tarde, debo irme. Maldición, no me di cuenta de la hora. – Guardó sus cosas y tomó su chaqueta, se la puso y tomó el bolso. Changmin lo detuvo antes de que saliera corriendo.
- Tranquilízate, por Dios. Es bastante tarde, ¿Por qué no te quedas esta noche y te vas mañana temprano?
- N-No quiero molestarte, Changmin. Me iré ahora, no te preocupes.
- Claro que no te irás. Es bastante peligroso a estas horas de la noche. Prefiero que te vayas mañana y quedarme tranquilo. Iré a decirle a mi mamá. – No dijo nada más y salió de la habitación, dejando a Jaejoong solo y con la boca abierta.

“Pequeño… Es tan lindo” Pensó Jaejoong y se sentó en su cama, tomó su celular y llamó a su casa, para avisar que esa noche no llegaría. De todos modos, ya se había quedado en casa de otros amigos.

Al rato llegó Changmin sonriendo a la habitación. Se sentó en la cama y miró a Jaejoong.

- Bien, mi madre está de acuerdo. No puede ir a dejarte ella porque su auto está en reparación. Mañana te vas, ¿sí?
- Claro. Gracias Min. – Changmin lo miró serio y le dio un extremadamente fuerte golpe en el brazo. - ¡Ouch! ¿Y eso por qué? – Se quejó, sobando su adolorido brazo.
- Porque te quiero mucho. – Sonrió y lo besó en los labios.

Pasó la noche con normalidad. Al otro día Jaejoong se fue temprano, sin dejar de agradecerles a Changmin y a su madre la hospitalidad. Lentamente fue corriendo más el tiempo, y pasado ya casi un mes Jaejoong ya tenía asumido lo mucho que le gustaba Changmin. Le encantaba el chico, era definitivo.

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Le dolía la cabeza, pero lo ignoraba. Tomó un nuevo libro del estante de la biblioteca, notando que era el siguiente cuento de unos que tanto le gustaban (eran unos cuentos de un escritor anónimo, pero le encantaban). Le gustaba pasar horas enteras ahí, leyendo distintos tipos de libros... Desde ciencia ficción hasta novelas románticas, podía quedarse horas después de las clases. Pero al abrir el libro su corazón se encogió. Las letras, casi no las veía ya.

Su vista estaba empeorando cada vez más, lo que le indicaba que le quedaba menos tiempo. Se sintió muy mal en ese instante así que salió del lugar y así sin más comenzó a llorar en silencio.

Su celular sonó. Cuando lo sacó y miró la pantalla vio aquella foto que se sacaron el día de su “cita” de amistad (aquella misma que tenía pegada en su pared), y el nombre de la persona que llamaba.

- Jae hyung... - Suspiró y secó sus ojos, intentó calmar su voz y contestó. - Hola hyung. - Intentó sonar normal. Jaejoong se quedó en silencio un rato.
- ...Minnie, ¿estuviste llorando? - Preguntó y Changmin maldijo el hecho de no saber disimular su estado.
- No, yo no...
- Minnie, no me mientas. - Le dijo y Changmin se mordió el labio.

"No me mientas... ¿Entiendes Changmin? No le sigas mintiendo, díselo de una vez"

- Hyung, yo... ¿Podemos juntarnos en la librería de siempre?
- Sabes que siempre puedo, siempre estoy para ti. Estaré ahí en 10 minutos. - Changmin sonrió.
- OK, nos vemos entonces.
- Adiós Min.

Pasaron los 10 minutos y ahí estaban ambos. Jaejoong se sintió raro al notar la extraña expresión en el rostro de Changmin. Este sólo le dio una mirada indicándole que lo siguiera, y así lo hizo. Caminaron en silencio hasta que Jaejoong se decidió a hablar.

- Minnie, ¿Pasó algo malo?
- Sólo quiero decirte algo…

Al fin llegaron a una plaza y se sentaron en el césped. Jaejoong miró al cielo notando que era un hermoso día. El cielo azul era adornado con varias nubes, se veían tan esponjosas. No pudo evitar pensar en que Changmin era como una nube. Suave, apretable y muy lindo.

- ¿Qué es lo que quieres decirme? – Preguntó al fin Jaejoong, curioso.
- Sólo te ruego, por el amor de Dios y todo lo que haya allá arriba… Que no me odies. Es lo único que te pido… - Susurró apenas Changmin, y en ese momento Jaejoong se dio cuenta de que aquello que quería decirle era realmente importante.
- Minnie… - No pudo continuar porque Changmin comenzó a llorar de la nada. La preocupación creció considerablemente en Jaejoong, quien tomó la mano del menor y la apretó con fuerza.
- Perdón por mentirte, perdón por esconderlo, de verdad… Créeme.
- T-Te creo, pero Minnie ¿Qué es lo que pasa? Por favor dime. – Llevó su otra mano al rostro del menor y limpió sus lágrimas con su dedo pulgar. Este sollozó con suavidad y secó el resto de sus lágrimas con su muñeca.

“Ya no hay vuelta atrás Changmin. Ya decidiste decirle, ahora hazlo”

- No digas nada hasta que termine, ¿Sí? – Jaejoong asintió. – Verás… Desde pequeño me diagnosticaron un leve problema en la vista. Eso no era problema, no es nada raro. Pero ese leve problema rápidamente fue… Empeorando. Creí que simplemente usando lentes y todo eso lograría seguir con mi vida normalmente. Pero mi madre al notar que rápidamente mi vista empeoraba decidió llevarme a que me revisaran… - Se quedó callado un rato y Jaejoong le pidió que continuara. – Dentro de un tiempo yo… No seré capaz de ver. Jamás.
- O sea que…
- Quedaré ciego. Mi vista va empeorando con los años. Tengo sólo 16 años y mi vista es pésima, y dentro de quien sabe cuanto tiempo ya no seré capaz de ver más. Lamentablemente… No hay nada que se pueda hacer al respecto.
- Minnie… ¿Es cierto eso? ¿Todo? – Changmin asintió y Jaejoong bajó la vista. - ¿Por qué no me lo dijiste antes?
- Tenía miedo… - Sonrió bastante triste. - Jamás he tenido amigos, ¿sabes por qué? Porque cada vez que se enteraban de mi condición se burlaban de mí o simplemente se alejaban. Varias veces requería de ayuda para leer cosas ya que veía borroso, o tomaba cosas y al no ver bien la distancia entre una mesa y otra terminaba rompiéndolas, o al tener de vez en cuando fuertes dolores de cabeza al forzarme mucho a leer terminaba desmayándome. Todas esas cosas sólo hicieron que la gente se cansara de ayudarme y se alejara.

Changmin miró a Jaejoong y sintió ganas de llorar al ver su expresión. Se veía molesto, muy molesto. Lo sabía, estaba enojado con él y no querría hablarle más.

- No puedo creerlo…
- De verdad lo siento, hyung. Yo…
- La gente es muy egoísta, ¿No? – Lo miró a los ojos con un profundo sentimiento. Changmin se sorprendió bastante ante esa reacción.
- ¿N-No estás molesto conmigo?
- Por Dios, ¿Por qué iba a estarlo?
- Creí que te enojarías conmigo porque no te dije… Y entonces te alejarías como todos y… - Se quedó callado y apretó sus labios, intentando no llorar. Se sentía tonto, pero a la vez feliz porque Jaejoong no lo odiaba. Este lo abrazó con fuerza y suspiró.
- Minnie, jamás te odiaré. Me sería imposible. Yo… - Hizo una pausa y decidió que era el momento. – Yo te amo demasiado como para molestarme contigo. De verdad te amo, Changmin.

El silencio los envolvió. Changmin se alejó de Jaejoong y lo miró a los ojos, una expresión indescifrable en su rostro.

- ¿Es eso… cierto? – Preguntó incrédulo. Jaejoong asintió.
- Nunca había sentido algo así por una persona. – Puso su mano en su pecho y sonrió. – Mi corazón jamás había latido así por alguien, jamás había deseado tanto estar con alguien, jamás había pensado tanto en alguien. Y ese alguien eres tú, pequeño. Me haces sentir cosas que jamás había sentido y que desconocía hasta el día en que te conocí. Me gustas demasiado.

Changmin no dijo nada. Aquella expresión indescifrable en su rostro se intensificó, bajó su mirada. Jaejoong notó que nuevamente comenzaba a llorar, esta vez con mucho dolor.

- ¿Por qué? ¿Cómo puedo gustarte yo? – Preguntó sin dejar de llorar. Simplemente no podía creerlo, ni quería hacerlo.
- Sólo me gustas y ya. Sé que no es normal porque ambos somos chicos y… Entendería a la perfección si tú no quisieras hablarme más. Créeme que lo entendería. Pero de verdad me gustas. No me importa que seas un chico, al igual que yo. Eres una persona maravillosa, Changmin. Eres la persona más…
- ¡No lo soy! – Lo interrumpió. – No soy una persona maravillosa. Soy un mentiroso y un cobarde. No fui capaz de decirte la verdad desde un principio, ni confié en que eras distinto a los demás. ¿Cómo puedes entonces decir que soy alguien maravilloso? De verdad no puedo… No puedo creerlo. Yo…
- ¡Changmin, basta! – Jaejoong volvió a abrazarlo con fuerza. Changmin sólo respondió con un fuerte llanto, su cuerpo convulsionando suavemente a causa de los sollozos.
- ¡¿Por qué eres tan bueno conmigo?! ¡Yo no quería enamorarme! De verdad no quería. – Sollozó con fuerza, aferrándose a la espalda de Jaejoong. – Me da tanto miedo, Jaejoong. Pero no puedo evitarlo. Te amo demasiado. De verdad te amo, más de lo mentalmente sano para mí.
- Minnie. Quiero estar contigo. De verdad quiero estar contigo.
- S-Sólo te traeré sufrimiento, hyung. No quiero que sufras por mi culpa, además… Eres dos años mayor que yo, aún soy un niño inmaduro comparado contigo… Te mereces algo mejor.
- Lo mejor para mí eres tú. – Lo alejó de su cuerpo y sin decir nada más lo besó con fuerza, pero aún así sin lastimarlo. Changmin cerró sus ojos y correspondió el beso en seguida, ladeando un poco su rostro y poniendo su mano en la nuca del mayor, acercándolo más a sí mismo.

¿A quién engañaba? Quería estar con Jaejoong. Necesitaba estar con Jaejoong. Pero no quería hacerle sufrir, y ambos sabían que eso pasaría si permanecían juntos. Lo mejor para Jaejoong sería alejarse lo más posible, conocer a una chica (u otro chico si quería), y ser feliz con esa persona. No deberían verse más, por el bien mental de ambos.

- Quiero que seas mi novio, Minnie…
- P-Pero, Jae…
- Minnie… - Lo miró a los ojos, suplicante, y Changmin se sintió en las nubes por un instante.
- ¿Cómo diablos quieres que me niegue a algo así? – Siguió llorando. – Claro que quiero serlo. – Volvió a besarlo en silencio.
- No debes preocuparte por nada desde ahora. – Lo abrazó fuerte. – Porque desde hoy… Lucharemos juntos. – Le dio un besito en la nariz y Changmin secó sus ojos.

“Me rindo…” Pensó Changmin y sonrió, algo adolorido en lo más profundo de su corazón, correspondiendo al nuevo beso que su hyung le entregaba.

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La familia de Changmin no tardó demasiado en enterarse de su relación con Jaejoong. Claro, su madre supo siempre que se gustaban, pero aún así no se atrevía a decirle. Más miedo le daba decirle a su padre, ya que trabajaba muy duro y siempre se esforzaba para mantener a la familia, por lo que no estaba mucho en casa, ¿cómo diablos le diría que era gay y estaba saliendo con otro chico? Y sus hermanas, ¿lo entenderían? Quizás lo creerían raro y no le hablarían más.

Era sábado y Changmin había invitado a Jaejoong a almorzar a su casa. El almuerzo pasó normal, sin tomar en cuenta una pequeña broma de parte de su padre.

- De verdad está todo delicioso, señora. – Dijo Jaejoong mientras todos comían. La mujer sonrió y asintió.
- Muchas gracias, lindo. Me alegra que hayas venido.
- Claro que nos alegra. – Dijo el padre, un poco más serio. – Pero, Changmin. ¿No deberías traer a tus novias a almorzar en vez de a tu amigo? No me digas que él es tu novio. – Rió y la madre igual, pero Changmin (quien justo estaba tragando un pedazo de carne) se atoró y comenzó a ahogarse.
- ¡Dios mío, Minnie! ¿Estás bien? – Preguntó su madre y Jaejoong se movió hacia él para ayudarlo, le dio un vaso de agua la cual Changmin bebió al instante.
- Changmin, ¿Estás bien? – Preguntó Jaejoong y Changmin asintió, muy avergonzado.
- Lo siento, de verdad lo siento. – Se disculpó, un notorio sonrojo adornando su rostro.
- Ten más cuidado, debes masticar bien antes de tragar. – Lo regañó Jaejoong y Changmin se sonrojó aún más.
- S-sí. Lo s-siento mucho.

Ese fue el primer inconveniente del día, pero el resto pasó normal… Bueno, casi. Habían terminado de almorzar así que subieron a la habitación de Changmin y cerraron la puerta. Changmin se lanzó sobre la cama y Jaejoong se sentó con más suavidad (hubiese hecho lo mismo, pero claro, no era su cama).

- Minnie, deberías ser un poco más… Disimulado, ¿No crees?
- Lo siento, la broma de mi padre me tomó por sorpresa. – Se volvió a sonrojar y Jaejoong hizo un sonido raro, algo así como “Awwww” y Changmin lo miró confundido.
- ¡Eres TAN adorable! – Lo abrazó con fuerza y frotó una mejilla contra la del menor.
- Hyung, basta. – Se quejó Changmin, aún más rojo. Jaejoong lo miró a los ojos y lo besó profundamente. Changmin no tardó ni un segundo en corresponder al beso, aún cuando este lo tomó por sorpresa.

Poco a poco fueron intensificando el contacto, moviendo sus bocas con suavidad, la textura de los labios del otro los enloquecía, era como una droga. Changmin quiso tomar el mando de todo y lamió los labios del mayor, haciéndole abrir la boca y enseguida internándose con su lengua en aquella sabrosa cavidad. Sus lenguas se enredaban y jugaban entre ellas sin pudores. Un gemido algo ahogado salió de la boca de Changmin al sentir como una de las manos de Jaejoong acercaba su rostro al suyo, poniéndola en su nuca. El mayor, al oír el sonido que emitió Changmin se sintió en el cielo, y apretó más su boca contra la de él. En seguida sintieron una voz.

- ¿Changmin?...

Se separaron ambos con gran rapidez, encontrándose con la hermana de Changmin (la mayor de sus dos hermanas), la cual los miraba asombrada. Sus rostros se pintaron de un fuerte rojo carmín, y se alejaron lo más que los bordes de la cama les permitieron.

- Vaya. – Rió la hermana y Changmin se levantó.
- ¿Por qué estás aquí? ¿Cuánto viste? – Preguntó nervioso, ¿cuándo demonios había entrado? Jaejoong sólo se quedó callado y bajó la vista, más rojo que un tomate.
- TODO. – Rió a carcajadas. – No sabía que besabas así, eres bueno.
- No le digas a mamá. – Se apresuró a decir el hermano mayor.
- No lo haré, pero si van a estar besándose así, sin siquiera ponerle seguro a la puerta, de seguro los descubrirán en poco tiempo.
- La gente decente toca antes de entrar. – Dijo Changmin y su hermana rió.
- Como sea… - Se dio media vuelta. – Sigan con lo que hacían, pero por favor… - Los miró y sonrió. – Si van a fornicar agradecería que lo hicieran en silencio. No me gustaría oír los gemidos de placer de mi hermano… Nuevamente. – Rió.
- ¡¡Bestia!! – Changmin le tiró una almohada, pero su hermana salió antes y cerró la puerta.

Ese pequeño demonio, se las vería con él cuando Jaejoong se fuera. En fin, ella fue la primera en enterarse. Y no se enteró de una manera muy… Bonita que digamos.

Pasó más o menos media hora. Los nervios de ambos ya se habían calmado lo suficiente, así que decidieron que irían a la sala a ver una película o algo así. Una vez sentados ambos en el sillón comenzaron a cambiar los canales para ver si encontraban una película buena, o lo que fuese que les sirviera de entretención. En ese momento su hermana menor apareció y se paró frente a ellos, una sonrisa bastante maniática en su rostro.

- ¿Pasa algo? – Preguntó Changmin, enderezándose con rapidez, ya que su cabeza estaba apoyada en el hombro de Jaejoong. Su hermana asintió.
- ¿Es cierto? – Preguntó muy emocionada.
- ¿Qué cosa?
- ¿Qué tú y Jaejoong oppa son novios? – Los ojos de Changmin se abrieron de par en par, y los ojos de su hermana brillaron endemoniadamente.
- ¿Q-quién te dij…? – Ambos se sonrojaron y su hermana chilló.
- ¡Es cierto! ¡De verdad tú y Jaejoong oppa son n…! – Changmin saltó y le tapó la boca a su hermana.
- Shhh. ¡No lo digas tan fuerte! – Le destapó la boca y suspiró, resignado.
- ¡No puede ser! – Chilló, emocionada. - ¿Hace cuánto están saliendo? ¿Es verdad que se estaban besando y tocando en tu habitación? ¿Ya no eres virgen? – Preguntó rápidamente y Changmin se sonrojó más que nunca.
- Vete a molestar a otro lado.
- Eres pesado… - Se quejó su hermana y se fue, dejándolos a ambos nuevamente solos. Changmin exhaló con fuerza y cerró sus ojos.
- Se le veía emocionada. – Dijo Jaejoong, aún con un leve sonrojo en sus mejillas.
- Le encanta el yaoi…
- Woh, entiendo. – Rió y abrazó a Changmin. – Te quiero…
- ¡No hagas eso aquí! Pueden venir mis padres o… - Jaejoong lo calló con un corto beso y sonrió. – Tranquilo. – Changmin se sonrojó y bajó su cabeza totalmente cohibido. El tono de voz que había usado para decirle eso había sido tan… ¿Sensual?
- Deberíamos decirle a mis padres. – Dijo de pronto Changmin. Jaejoong lo miró algo sorprendido.
- ¿Estás seguro?
- Sí. No quiero seguir escondiéndolo y… Sólo quiero que sepan.
- Si quieres. – Sonrió Jaejoong y se levantaron, el mayor le tomó de la mano y caminaron hacia la cocina, en donde estaban sus padres.

Se acercaron a paso lento. Su madre estaba cocinando algo (de seguro galletas o algo parecido para ambos), mientras que su padre leía el periódico. Tomaron aire y entraron juntos, sin soltarse la mano. Su madre los miró y al notar sus dedos entrelazados sonrió satisfecha y siguió haciendo lo que hacía. Su padre los miró fijamente y un poco más frío.

- Papá, mamá. – Comenzó Changmin. – Jaejoong y yo debemos… Decirles algo. Muy importante. – Su padre los miró fijamente, una expresión indescifrable en su rostro.
- ¿Qué pasa cariño? – Le respondió su madre, tranquilamente. Se notaba a kilómetros que ya sabía lo que les dirían.
- Verán. Sé que es quizás bastante raro y… Entendería a la perfección si me odiaran o si no quisieran hablarme más. Sé que todo esto no es para nada normal, pero simplemente no puedo gobernar por sobre mi corazón. – Dijo Changmin, apretando más fuerte la mano de Jaejoong. – Quería decirles, por eso, que… Jae y yo… - Se mordió el labio y miró a su hyung, este le sonrió con la mirada, sólo para que él se diera cuenta del gesto. Changmin volvió a mirar a sus padres y tomó aire. – J-Jaejoong y yo somos n-novios.

El silencio reinó en toda la cocina, y quizás hasta en toda la casa. Changmin se mordió el labio, temiendo que sus padres se enojaran con él. Observó como su padre suspiraba algo resignado y metía su mano al bolsillo.

- Creo que ganaste. – Dijo el Sr. Shim y le entregó un billete de un valor que no pudo ver a su madre, esta sonrió triunfante.
- Te lo dije, cariño. – Respondió la mujer y rió, guardando el dinero. Jaejoong y Changmin miraron completamente confundidos, sin saber que significaba todo eso.
- Ehh… ¿No van a gritarme y odiarme? – Preguntó Changmin y su madre rió.
- ¿Por qué deberíamos hacer eso?
- Pues… Bueno, yo… - Se quedó en silencio. Jaejoong no decía nada, de seguro estaba tan o más confundido que él mismo.
- Tu madre y yo hicimos una apuesta. – Respondió el padre, doblando el periódico y dejándolo sobre la mesa. – Ella apostó a que ustedes dos ya estaban saliendo. Yo creí que sólo se gustaban y ya. Así que ella ganó la apuesta.
- ¿¿A-Apostaron por nosotros?? – Preguntaron ambos al mismo tiempo y la madre rió.
- Sí, lo hicimos. – Respondió la mujer.
- Entonces… ¿No están molestos conmigo?
- Ya te lo había dicho, pequeño. No importa que camino elijas, mientras seas feliz yo soy feliz. – Changmin suspiró más tranquilo, luego miró a su padre.
- Admito que no me fascina la idea de tener un hijo gay, pero al igual que tu madre quiero lo mejor para ti. Te apoyaré en lo que sea que te haga feliz. – Miró a Jaejoong, bastante serio. Este tragó saliva, nervioso. – Y tú, pobre de que hagas llorar a mi hijo alguna vez o lo trates mal porque no vivirás para contarlo. – Su mirada seria hizo que un fuerte escalofrío recorriera la espalda de Jae, quien asintió varias veces seguidas, rápidamente.
- N-No lo haré, jamás. Téngalo por seguro.
- Me alegra. No los molestaré ni los odiaré, pero hijo. – Changmin lo miró. – ¿Estás seguro de esto?
- Sí, papá. Totalmente seguro. – Sonrió y su papá suspiró.
- Está bien, pero no vengas a quejarte de que te duele allá atrás cuando tengan sexo. – Rió y ambos se sonrojaron completamente.
- ¡Papá! ¡No digas esas cosas! – Su padre comenzó a reír más fuerte y Jaejoong intentó tranquilizar a Changmin quien estaba completamente sonrojado.

Al fin sus padres sabían sobre su relación, ya no estarían preocupados y Changmin dejaría de sentir tanto miedo. Sabía que sus padres y sus hermanas no lo odiaban. Sabía que no le tenían asco y que seguirían hablándole.

Jaejoong había invitado a Changmin a tomar un café y comer pastelitos. Estaban casi terminando, cuando a Jaejoong se le ocurrió una pregunta.

- Min, siempre me pregunté... - Dijo calmadamente. - ¿Por qué ayudas tanto a la gente discapacitada en los autobuses o a dondequiera que vayas? Digo... No es que sea malo, todo lo contrario, pero... Tienes algún motivo en especial, ¿no? - Changmin sonrió y comenzó a jugar con la cuchara de su café.
- Bueno, sí hay un motivo. - Sin dejar de jugar con la cuchara miró a su hyung, para volver luego la vista a la taza nuevamente. - Es normal que las personas no ayuden a otras cuando van a alguna parte. La mayoría siempre piensa en sí mismo, que lo más importante es uno mismo, pero... Es sólo porque no han sentido lo que ellos sienten. - Su sonrisa se borró poco a poco. - Es muy poco probable que un hombre empresario que disfruta de una excelente salud ayude a cruzar la calle a un vago al que le falta una pierna, ¿no? - Jaejoong asintió. - Es porque él tiene todo en su lugar, no le falta nada, por eso no sabe que se siente vivir sin algo que él no considera importante. En cambio yo... Dentro de unos años quizás, unos meses, o incluso unos días perderé la vista. Ya he experimentado los síntomas de ir viendo cada vez peor, entonces sé lo que debe sentirse quedar completamente ciego y ser diferente a los demás. Es por eso que mientras pueda seguir viendo quiero ayudar a aquellos que sufren el desprecio de la sociedad. Mientras esté sano me gustaría poder ayudar a todos aquellos que no lo están. - Sonrió y al mirar a Jaejoong su sonrisa se borró. - Hyung... ¿Por qué lloras?

Jaejoong rió avergonzado, tapando su rostro con sus manos y secando las lágrimas que corrían por sus mejillas, las cuales estaban rojas, al igual que sus ojos. Suspiró pesadamente y volvió a mirar a Changmin.

- Lo siento, yo... De verdad lo siento. - Se disculpó avergonzado, secando más sus húmedos ojos con su muñeca. - Es sólo que... Me siento mal. - Sonrió. - Jamás había pensado así, y tienes tanta razón...
- No tienes porque sentirte mal, hyung. No pienso que la gente actúe así por ser malas personas, no. Es sólo que a la mayoría no le nace hacerlo.
- La gente sufre al ser distinta a los demás. Los discriminan y tratan mal, por algo de lo que ellos no tienen la culpa... Uno de estos días ya no podrás más y serás parte de esa gente discriminada. Yo no quiero eso, Min. De verdad no quiero... - Se mordió el labio para no llorar otra vez. Changmin bajó la cabeza.
- No hay nada que se pueda hacer al respecto, Jae.
- ¡Lo sé! ¡Es por eso que duele tanto! Yo no quiero que pases por eso, no quiero que sufras...

Se quedaron en silencio. La vista de Changmin se mantenía baja, mientras que la de Jae estaba perdida en algún punto entre la taza de café y el sobre de azúcar sobre la mesa. El menor estiró su mano para tocar el rostro del mayor, pero se detuvo antes de llegar y se quedó callado. Su otra mano se posó en su cabeza.

- ¿Te sientes bien? - Preguntó Jaejoong, preocupado.
- Veo algo borroso...
- ¿Quieres que mejor vayamos a casa?
- Está bien.

Jaejoong pagó la cuenta y comenzaron a caminar. Iban por una plaza, la vista del menor se mantenía baja. De pronto tropezó con algo y de no ser por Jaejoong, quien lo sujetó a tiempo, hubiese caído de bruces al suelo. Se había tropezado con una piedra que había a mitad de camino.

- Ten cuidado, pequeño. - Dijo sin soltar su cintura, de donde lo había sujetado. Changmin se sonrojó.
- No la vi, lo siento.
- Pero ibas mirando al suelo, ¿cómo no ibas a verla?
- Solo no la vi. - Rió nervioso, pero a Jaejoong aquella risa le pareció más como algo para camuflar lo mal que se sintió.

Era cierto, la vista del menor empeoraba cada vez más, eso no era nada bueno. Changmin siguió caminando por adelante de Jaejoong. Este caminaba más lento, bastante preocupado. Llegaron a un semáforo y Jaejoong se detuvo para que pasaran los autos, pero se dio cuenta de que Changmin no se detenía.

- ¡Changmin, cuidado! - Gritó y estiró su brazo para sujetar a Changmin, pero este no paró y... - ¡¡CHANGMIN!! - Gritó a todo pulmón y corrió hacia él.

De un momento a otro Changmin estaba tirado en el piso, junto a un auto y Jaejoong estaba a su lado, sujetándolo con suavidad.

- Changmin, Changmin reacciona. - Le rogaba. Algo de sangre corría por la frente del menor, ensuciando un poco su rostro. Changmin lo miró con los ojos entrecerrados.
- L-lo siento, no lo vi... - Sonrió avergonzado, al igual que cuando tropezó con la piedra. - Me duele mucho... - Se quejó suavemente.
- ¿Qué cosa? ¿Qué te duele? - Preguntó preocupado.
- El brazo... - Jaejoong miró dicho miembro y notó que su brazo derecho estaba quebrado, de una manera la cual le llegó a doler a él mismo.
- Tranquilo Minnie. - Le acarició la cabeza y le dio un beso en la mejilla.

Luego de un rato de estar ahí llegó la ambulancia. Subieron a Changmin a la camilla y luego al vehículo. Jaejoong insistió en que él también debía ir, hasta que lo dejaron también subir. Al llegar al hospital Jaejoong tuvo que esperar en la sala de espera. Una mujer llegó corriendo hacia él, era la mamá de Changmin a la que había llamado apenas llegaron al hospital.

- ¿Cómo está mi hijo? - Preguntó totalmente preocupada. Jaejoong le sonrió, sin quitarse la expresión de preocupación del rostro.
- No es nada grave. La enfermera me dijo que sólo se había golpeado la cabeza y tiene algunos raspones. Lo peor creo que fue su brazo, pero ahora le están haciendo curaciones.
- Ya veo. - Suspiró aliviada, sentándose a su lado.
- De verdad lo siento, señora... Todo esto fue mi culpa. - Dijo en voz baja, sus ojos tapados por su cabello. - No alcancé a sujetarlo, si hubiese estado más atento no habría pasado nada.
- Jaejoong, lindo, no es tu culpa. No digas tonterías. No eres su madre, no tienes que estar completamente pendiente de lo que hace. - Lo consoló la mujer, acariciando su espalda.
- Pero soy su nov... - Se calló y se sonrojó. La mujer rió.
- Lo sé, pero aún así no es tu culpa. No debes preocuparte, nada salió tan mal, ¿no? - Jaejoong asintió. - Sólo no te preocupes.
- Antes de todo esto... - Dijo de pronto Jaejoong. - Minnie se quejó de un dolor de cabeza muy grande, y que veía borroso. - Bajó la mirada. - Luego tropezó con una piedra, riendo y diciendo que sólo no la había visto. Eso es normal, creo. Pero luego, con lo del auto... Minnie me dijo que no lo había visto venir. - Dijo más preocupado que nunca. - No sabe como me preocupa Changmin, y luego de todo esto... Si todo sigue así, perderá la vista muy pronto... ¿No?

La mujer lo miró asombrada y bajó la vista, sonriendo con dolor. Jaejoong la miró esperando que dijera algo.

- ¿En serio pasó eso? - La sonrisa no se borraba del rostro de la mujer. Se notaba que quería llorar, pero lo estaba escondiendo. - Sabía que esto pronto llegaría...

De pronto salió una enfermera al encuentro de Jaejoong y la madre de Changmin. Ambos se levantaron al instante.

- ¿Cómo está mi hijo? - Preguntó la mujer, más tranquila por la sonrisa que la enfermera le dio.
- Él está excelente. Se quebró el brazo derecho, pero no es nada que no se pueda solucionar. Tiene también leves rasguños, nada grave. Con mucho descanso se mejorará pronto. Pueden pasar a verlo ahora.

Ambos le dieron las gracias y entraron a la habitación en la que estaba Changmin. Este sonreía sonrojado, mientras el doctor que lo atendió le acariciaba la cabeza.

- Debes tener más cuidado a la próxima, ¿sí? Mira que le diste un gran susto a tu madre y a tu amigo.
- Tendré más cuidado. - Sonreía sonrojado el menor, y Jaejoong sintió unas urgentes ganas de gritar "¡ADORABLEEEEE!". Pero claramente no lo hizo.
- Muchas gracias Doctor, por atender a mi hijo. - Agradeció la mujer, haciendo una venia. El doctor la respondió.
- Para eso estoy. - Sonrió. - Ahora los dejaré solos, para que hablen. Esta noche deberá quedarse aquí para que descanse, mañana será dado de alta.

El doctor salió de la habitación, dejando a los tres solos. Jaejoong suspiró aliviado y la madre sonrió con agradecimiento.

- Mamá, Jaejoong. - Dijo Changmin. - De verdad lo siento... No volveré a preocuparlos así. - Se disculpó y la madre negó con la cabeza.
- No fue tu culpa, pequeño. ¿Quieres que te traiga un refresco?
- Bueno. - Sonrió. - Gracias mamá. - Se estiró para darle un besito en la cara y la mujer, luego de recibirlo sonriente, salió de la habitación, dejándolos solos.
- Me alegra que estés bien. - Dijo al fin Jaejoong. Changmin asintió.
- Perdón por preocuparte.
- No pidas perdón, tontito. Claro que me preocuparé hasta por lo más mínimo, porque te amo. - Lo besó en la frente y se sentó a su lado. - Mira como quedó tu linda carita con esos feos raspones.
- No me digas eso, haces que me sienta cohibido. - Se sonrojó y Jaejoong rió.
- Pues así eres adorable. - Lo abrazó con suavidad para no hacerle daño.
- ¡Hyung, basta! - Dijo más sonrojado. Jaejoong sólo rió y Changmin le siguió.

Al otro día el menor fue dado de alta. La madre de Changmin llevó a Jaejoong para invitarlos a comer algo en modo de "mini celebración".

Habían terminado ya de comer. Habían reído mucho y la mamá de Changmin los había molestado mucho a ambos, logrando que muchas veces Jaejoong se sonrojara completamente, al igual que el menor.

Cuando iban saliendo del restaurante, Jaejoong notó algo raro en la expresión de Changmin.

- ¿Te encuentras bien, Minnie? - Le preguntó, y Changmin apenas reaccionó.
- Sí, estoy bien.
- Te ves muy enfermo, querido. - Dijo su madre.
- Sólo me duele un poco la cabeza, nada más. - Rió, pero Jaejoong no le creyó. Se notaba a kilómetros que le dolía como mil demonios. Iba a decirle cuando Changmin cayó, siendo atrapado a tiempo por Jaejoong. - N-no... No duele un poco. - Se quejó. - ¡Duele mucho! ¡Duele mucho! - Gritó, sujetándose la cabeza. Se apresuraron en subirse al auto e ir al hospital.

Esperaron largo rato. Jaejoong estaba pálido, al igual que la madre de Changmin. Esta caminaba de un lado a otro, sin detenerse. Por fin salió el doctor a su encuentro. Era el doctor que siempre atendía a Changmin, desde que sabían de lo de su vista.

- Doctor... - Dijo la mujer. El doctor bajó la cabeza.
- El proceso se aceleró más de lo esperado. Habrá que adelantar la operación. - Dijo serio.
- ¿Estará bien? ¿Changmin estará bien? - Preguntó Jaejoong, muy agitado.
- Hay un noventa y siete por ciento de probabilidades de que... Pierda la vista para siempre. Sólo el tres por ciento restantes asegura que seguirá viendo.

Jaejoong se quedó callado y se mordió el labio. Bajó la mirada y la mujer le acarició la espalda.

- Puedes pasar a verlo ahora, antes de la operación. Sus dolores de cabeza cesaron un poco, así que no hay problema.
- Claro... - Respondieron ambos y entraron a la sala de operaciones.

Al entrar el corazón de Jaejoong se detuvo. Changmin estaba recostado en una camilla. Pero no fue lo mismo que verlo sonriente como después del accidente del día anterior. No, esta vez fue distinto. La imagen le destrozó para siempre parte de su alma.

- Minnie... - Le tomó la mano y Changmin lo miró a los ojos, quizás por última vez.

El sonido de las voces de las enfermeras y doctores resonaba por los pasillos del hospital. También sus pasos apresurados. Tanto ruido ensordecedor, pero no era capaz de oír nada. Sus manos apretaban la del menor, este lo miraba con un extraño sentimiento.

¿Culpa? ¿Tristeza? ¿Miedo? No lo sabía. Sólo sabía que en este momento el dolor que sentía eran tan, pero tan grande que ni siquiera podía llorar.

Y no sólo el dolor, también el miedo. Un miedo que le carcomía el alma, que lo torturaba y lo golpeaba, lo apuñalaba y se reía a sus espaldas.

Porque ahora, ver al menor tendido en una camilla mirándolo fijamente, sin soltar su mano; oír como su madre lloraba desconsolada tras él, (tan buena mujer, le agradecía tanto); ver como le ponían aquella mascarilla, aquel procedimiento que sólo veía en las películas. Y es que jamás creyó estar en ese lugar, viendo como la persona que más amaba en el mundo estaba a punto de cambiar su vida para siempre (para bien o para mal, no había punto intermedio).

- Hyung...

La voz del menor sonó débil, casi quebrándose. Su mano apretó más la del mayor y este sintió como si su corazón fuese el que era apretado.

- Tranquilo hyung... No importa lo que pase, ni como termine esto ¿sí?, porque...
- Porque lucharemos juntos. - Completó la frase el pelinegro, sonriendo amargamente, pero aquella sonrisa se torció en menos de un segundo, dejando a su paso sólo dolorosas y cristalinas lágrimas que mojaban sus mejillas.
- No llores... Por favor.

Jaejoong no respondió, sólo se limitó a tapar lo que pudo de su rostro con la mano que tenía libre. Le dolía tanto, le dolía tanto por lo que tenía que pasar el castaño. Lo que tendría que soportar, aunque no quisiera decirle la verdad de como se sentía...

"Jamás lo hizo. Siempre antepuso una sonrisa al dolor de su corazón... Sólo por mi"

- Lo siento. Lo siento tanto.
- Dame una sonrisa ¿sí?... No quiero que Jaejoong llorando sea lo último que vea...

Más dolor a su corazón. Más lágrimas que derramaba. ¿Cómo podía el menor decir esas cosas con tal facilidad? Sí en este mismo instante las palabra se quedaban atoradas en la garganta del pelinegro, como queriendo salir pero no pudiendo.

Lo daría todo por estar él en su lugar y no el menor. Lo daría todo por hacer algo y poder ser él quien sufra todo lo que él sufrió. Daría todo por estar en su lugar.

"Todo..."

Sus lágrimas seguían corriendo por sus mejillas. Su mano seguía envolviendo con fuerza la del castaño. Su mente seguía dando vueltas y vueltas y su corazón seguía doliendo con fuerza descomunal.

- Señora, joven. - Habló una enfermera. - Necesitamos que se retiren de la sala de operaciones, por favor.
- Está bien... - Respondió la madre de Changmin, tranquilizándose un poco.

Jaejoong respiró profundo y se agachó un poco, para depositar un suave beso en la frente del castaño. Lo miró con ternura y le sonrió cálidamente, haciendo que el menor le devolviera el gesto.

- Todo saldrá bien pequeño. No tengas miedo. - Le dijo su madre, sonriéndole también.
- Te quiero mamá. – Dijo el menor, sonriéndole. Luego miró a Jaejoong. – Los quiero… A los dos. – Sonrió y Jaejoong aguantó las ganas de llorar.

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Había perdido el tiempo de cuanto rato llevaban ahí adentro. Era muy tarde. Tenía sueño, mucho, pero no era capaz de dormir.

- Si quieres dormir, hazlo. Yo te despertaré cuando terminen. - Le decía la mujer que lo acompañaba.
- Gracias, pero no puedo dormir... No estoy tranquilo.
- Todo saldrá bien, lindo. - Le besó la frente y acarició su cabeza. - No sabes cuanto te agradezco el haber aparecido en la vida de mi hijo. Hacía mucho que... No lo veía tan feliz.

Jaejoong no respondió, sólo se limitó a sonreír con algo de dolor y lentamente apoyó su cabeza en el hombro de la mujer. Esta le acarició la cabeza, tocando sus sedosos cabellos negros.

Era muy tarde, se estaba quedando dormido porque ya no aguantaba más el sueño que lo envolvía. No sabía cuantas horas habían pasado ya, sólo sabía que con cada minuto que transcurría sus nervios crecían.

No se dio ni cuenta cuando abrió sus ojos con rapidez. Era de día y estaba recostado en una cama blanca, cubierto por una manta. ¿Dónde estaba? ¿Se había quedado dormido?

- Oh, lindo. Ya despertaste. - Le dijo la mujer que se le acercaba, la madre de Changmin.
- ¿Me quedé dormido? - Se frotó los ojos, levantándose.
- Sí, estabas muy cansado.
- ¿Dónde está Minnie?
- Aquí está... - Respondió con un sentimiento extraño. Jaejoong miró hacia el lugar que le indicaba y ahí estaba él. Tan pequeño y frágil, recostado entre las sábanas blancas de la cama. Su respiración suave y acompasada y sus ojos... Cubiertos por una larga venda. - Está descansando aún. Necesita dormir un poco y descansar antes de poder quitar las vendas.
- ¿Cómo salió todo?...
- No lo sabemos aún. Habrá que esperar hasta quitarle las vendas…

Sintió una fuerte presión en su pecho y unas ganas inmensas de llorar, pero no quería hacerlo. Tenía que ser fuerte, por él. Pero estaba tan preocupado. Sólo tenía un tres por ciento para ver… El resto era un noventa y siete por ciento.

- Iré a buscar algo de comer. ¿Quieres algo?
- Oh por favor, realmente se lo agradecería.
- OK, vuelvo en seguida. - Sonrió la castaña y salió de la habitación.

Jaejoong se acercó a Changmin y lo miró fijamente, sonriendo con amargura. Se sentó a su lado y tomó su mano, acariciándola con su dedo pulgar.

- Ay, Minnie... - Susurró - Lo daría todo por estar en tu lugar, pequeño... Todo.

Pasaron horas. La madre de Changmin le trajo un café y un sándwich, los cuales sin darse cuenta devoró en segundos. En ningún momento se alejó de su lado, (sólo cuando tuvo que ir al baño). Estuvo toda la tarde hablándole, contándole cosas, acompañándole, cantándole... Diciéndole a ratos cuando lo amaba. Hasta que dio señales de haber despertado.

El menor movió su boca con suavidad e hizo un ruido extraño. Movió su cabeza a ambos lados y llevó su mano a su rostro, sintiendo las vendas que cubrían sus ojos.

- ¿Jaejoong? - Fue lo primero que preguntó y el moreno dio un salto.
- Aquí estoy, Minnie. - Le tomó la mano, apretándola con fuerza. El menor sólo sonrió, al cerciorarse de que lo que buscaba estaba a su lado.

El doctor llegó un rato después, el momento que tanto temía Jaejoong había llegado. Tendrían que sacarle las vendas.

El procedimiento fue lento y suave. Lentamente el doctor fue quitando la blanca venda que cubría los ojos castaños del menor. Aquellos ojos que tanto le gustaban.

Finalmente el doctor terminó y Jaejoong no supo que decir. Aquel brillo en los ojos del menor, aquel brillo que tanto le gustaba ya no estaba. A cambio ahora solo podía ver unos ojos vacíos, tristes... Muertos. Changmin suspiró con pesadez, como resignado.

- Changmin... - Susurró el mayor y así sin más comenzó a llorar en silencio, tapando su boca con una mano. El castaño sólo suspiró con pesadez y buscó la mano de Jaejoong, tomándola y rodeándola con la suya.
- No llores, Jaejoong.
- Minnie... Minnie lo siento tanto. - Sollozó el pelinegro, sin poder dejar de derramar aquellas gotas cristalinas que brotaban de sus ojos sin señal de querer detenerse.
- No entiendo porque lloras. No pasó nada tan grave, ¿no?
- ¡Changmin! Estás... Tu estás...
- No puedo ver. - Dijo cortante y más lágrimas brotaron de los oscuros ojos de Jaejoong. - ¿Y qué? Es solo un inconveniente. Puedo vivir así... Si estás conmigo.

El moreno no dijo nada más, sólo se le acercó y lo abrazó con fuerza, derramando finas lágrimas de dolor.

Al día siguiente Changmin fue dado de alta. La salida del hospital no fue como la anterior. Todo lo contrario. El día estaba nublado y parecía que llovería. Changmin iba en una silla de ruedas. Aún necesitaba acostumbrarse. Esta sería su nueva vida, y Jaejoong estaría a su lado por siempre.

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Era un frío día de otoño. Las hojas danzaban por el viento; amarillas, café, anaranjadas, muchos colores se mezclaban por todo el parque. A pesar del frío y del gris del cielo era un lindo día.

Los dos chicos estaban recostados bajo un árbol, protegiéndose del frío con un abrazo. Las bufandas y guantes de lana colorida adornando sus cuerpos, resaltando en aquel día gris.

- ¿Minnie? - Susurró Jaejoong, recostado en el césped. Changmin estaba a su lado.
- ¿Dime? – Respondió, sin soltar su mano. Las hojas de otoño estaban regadas por el suelo, entre ellos. El día era un poco frío pero su abrazo les daba calor.
- Hmm. – Sonrió. – Es sólo que… Estaba recordando cosas. – Miró al cielo. Luego acarició el rostro de Changmin con ternura.
- ¿Qué recordabas? – Sonrió también, recibiendo las caricias del otro.
- Ese día de noviembre. – Bajó la cabeza. Changmin acercó su rostro al del otro y junto sus mejillas heladas.
- Deja de recordar ese día, tonto. – Le besó la mejilla. – Sólo te haces daño. – Le besó la comisura de los labios. – Yo estoy feliz, deberías estarlo también.
- Lo sé. – Movió su rostro para besar los labios del menor.
- No me gusta que pienses en ese día. – Dijo Changmin. – Pensemos en el presente, el ahora. – Sonrió. – Pensemos en nosotros.
- Pienso en ti. – Sonrió. – Pienso en cuanto te amo.

Changmin se sonrojó y rió enternecido. Jaejoong pasó sus brazos por su cintura y lo acercó a él. Este recibió todos los cortitos besitos que el mayor repartía en su mejilla.

- Está haciendo frío, ¿nos vamos?
- Está bien.

Jaejoong se levantó y le dio la mano a Changmin para ayudarlo. Caminaron lentamente, Changmin con ayuda de Jaejoong. Aún no se acostumbrada, pero con su hyung a su lado todo era más fácil.

- Contigo es más fácil… - Sonrió el menor.
- ¿Qué cosa? – Preguntó curioso. Changmin sonrió y negó con la cabeza.
- Nada, hyung. No importa.


Fin

11 comentarios:

  1. waaaaaaaaaaaaaaaaaaa T____T
    QUE BONITOOOO!!!!
    "se va a llorar a su esquinita depresiva*

    Miiiiiin T______T

    pero pero que bonitoo

    Jaejoong se convirtio en los ojos de Changmin

    FELICIDADES POR ESTOO T//T

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  2. min minieee snif T.T
    garcias a dios que tiene a jae!!!
    lindo fic muy hermoso danke!

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  3. llore llore mucho

    me gusto mucho

    Jae que lindo se kedo con él

    ahhhh k tierno

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  4. Sanaka45/02/2010

    Oh!! K lindo de verdad ^^
    Me gusto mucho. Gracias x subirla ^^...

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  5. Anónimo5/11/2010

    waa lloroo T____T
    QE LINdO fic me hizoo llorar muxoo TT.TT
    qe bueno qe Jae se qeDo cn el ...
    qe linDoooo lo amoo..
    JAEMINLOVE!!

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  6. changminnnie!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! que triste *se va a llorar arrinconada y lonely* waaa yo sere tus ojos my darling T_________________________T

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  7. Anónimo8/25/2010

    lo lloro
    TT______________________________-TT
    pero bueno al menos no murio o tenia una rara enfermedad q lo mataria, ya mi corazoncito andaba o mas biewn yba a comenzar a llorar TT TT
    lindo fanfic
    waaaaa lo ame
    snif*
    es un AMOR TU FANFIC ~~~
    ^^
    gracias x compartilor
    atte: Chamin~~

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  8. No lloraré seré fuerte... *se va a un rinconsito llorando gaymente*

    T_T

    Estuvo bien lindo!! Me gustó bastante, aunque Minnie no pudo recuperar la vista, pero siguieron juntos :'D Este OS es de esos que te gusta recordar :D

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  9. creo que leer la parte final con insa
    de fondo no fue la idea mas brillante,
    pero no es tu culpa.
    pero lo que si lo es, es el trauma que tengo
    Changmin-shii T____T
    oh gosh fue tan lindo...
    tan tierno
    tan Adorableeeeeeee *-*
    lo tiene todo, gran fic ♥

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  10. Cony-chan2/22/2011

    kyaaaaaaaaaaaa ta muy lindoo!!!

    me dio mucha penitaaa que Min no recuperara la vista... pero tenia a Jaejoong a su lado
    kyaa tengo penaa!!!

    odie a toda la gente q se alejo de Min solo xq no podia ver bien
    malditoos!!!!! como pueden dejarlo solo!!!

    me gusto muucho el fic
    ojala escribas mas jaemin

    Viva el Jaemin!!!

    Besitooos

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  11. Anónimo1/16/2012

    MORIIIIIIIIIIIIIIII *-* PRECIOSO!

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