Inesperadamente tú cap 8

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- ¡¿QUE HICISTEIS QUÉ?!
- ¡Jaejoong ah, joder, baja la voz!
- Repítelo.
- Ya lo has oído a la primera.
- Por si acaso. Repítelo.
Suspiré. No debería de haberle contado nada.
- Anoche…
- ¡Jaejoong, te toca grabar tu parte!
Suspiré de alivio cuando Yunho me interrumpió.
- ¡Ya voy! – Jaejoong se volvió para mirarme y sonrió –. Luego hablamos. No te pienses que te vas a librar tan fácilmente.
Se dio la vuelta y se alejó a toda prisa. Tener amigos para esto.
Me estaba empezando a marear con tan sólo pensar lo que tenía que contarle después a Jaejoong, así que atravesé el estudio donde estábamos grabando el nuevo PV y salí a tomar el aire. Me apoyé en la pared exterior del estudio y me dejé caer al suelo. Miré al cielo y cerré los ojos.
La cabeza me iba a estallar, y no sólo de la resaca.


- Ahora ya soy tuyo, Yoochunnie…

Mío…
¿De verdad lo era? ¿No había sido un sueño? ¿O una broma pesada del destino? ¿Alucinaciones causadas por los efectos del alcohol, tal vez?
No. Era real.
El temblor de rodillas, el sudor frío, mi corazón latiendo cada vez que pensaba en él, eran claras señales.
Sí, fue real. Tan real como mis sentimientos hacia él.
Y tan real como las lágrimas de Ye Eun cuando salí de la habitación de su hotel.

Ye Eun…
No había dejado de pensar en ella después de todo. No me podía quitar su expresión triste de la cabeza, y tampoco podía ignorar las constantes llamadas al móvil durante toda la mañana.
¿Cómo la iba a mirar a los ojos cuando la viera? Ni siquiera yo era capaz de esconder algo tan grande.
Es imposible esconder el hecho de que amo a Kim Junsu.
Era imposible ignorar las sonrisas sin motivo aparente en medio de la grabación.
Era imposible no ver esas miradas fugaces, tan breves y con tanto significado.

Pero…
Siempre hay un pero. El maldito pero que me traía de cabeza desde que abrí los ojos por la mañana al despertarme.
Pero… ¿eso significa tener que dejarla? ¿Y si no quiero?

Sí, lo sé. Soy un egoísta de mierda.

¿Qué hago?
¿Qué vas a hacer, Park Yoochun?



Suspiré y abrí los ojos cuando noté que alguien me había tapado el sol.
- ¿Puedo?
Junsu me sonrió desde arriba y señaló el suelo a mi lado. El sol formaba una aureola alrededor de su figura, haciéndole parecer aún más un ángel.
Estaba precioso.
- Hm, claro – musité.
- ¿Qué haces aquí solo? – se sentó a mi lado, tan cerca que nuestros cuerpos se rozaban.
- Pensar.
- Ah.
Silencio.
Seguí mirando el cielo, con la mirada fija y expresión aparentemente serena, pero mis pensamientos no dejaban de dar vueltas, dividiéndose entre lo que debía hacer y distraídos por el leve roce de sus piernas con las mías.

- Y… ¿en qué piensas?

Le miré y el corazón se me aceleró tanto que me obligué a apartar la mirada.
¿Cuándo se había acercado tanto?

- En si todo esto es real o no.
- ¿Y has llegado a alguna conclusión?
Sonreí amargamente.

Junsu ah, ¿cómo ves siempre las cosas tan fáciles?

- Aún no estoy seguro.

Silencio. Silencio largo, interminable y agobiante.


- ¿Puede esto hacerte entender que no es un sueño?
Le volví a mirar, y su rostro serio fue lo último que vi antes de que juntara sus labios con los míos durante unos segundos.
- Es real, Yoochunnie. Estás despierto, y yo estoy aquí, contigo. Siempre lo he estado, y lo estaré hasta que tú me lo digas.

No dije nada. Me limité a quedármelo mirando como un auténtico imbécil, rezando para que él no pudiera escuchar el estruendo de los latidos de mi corazón.
Su sonrisa de ángel volvió a deslumbrarme por enésima vez aquella mañana. Se levantó, se sacudió los pantalones y se fue sin decir nada más.

Junsu siempre tan inocente.




El bar de siempre, la mesa de siempre y mi amigo, el idiota de siempre a la hora de siempre.

- ¿Y entonces?
- Entonces… le dije: “no te vayas”.
- ¿Y él que dijo?
- Se acercó y me besó.
Jaejoong soltó una carcajada y me miró triunfante.
- Kim Jaejoong, no hace ni puta gracia.
- Perdón – a pesar de sus palabras, no había ni gota de disculpa en sus ojos –. Es que estaba pensando en qué pasará cuando tu novia la cornuda se entere de todo esto.

Realmente quería borrarle esa sonrisa a puñetazos.

- No se va a enterar.
Conté mentalmente cuánto tardaba en asimilar esa frase. Uno. Dos. Tres. Cuatro…

- ¿Hablas en serio?
- Sí.
- Yoochun…
- Mira, Jaejoong, llámame egoísta, dime que soy un cabrón infiel, pero es la verdad. Los quiero. A los dos.
- No, lo único que quieres de Ye Eun es un polvo decente y una tapadera. Estar con ella es la única forma que tienes de engañarte a ti mismo y de engañar a todo el mundo. Pero a mí no me engañas, Yoochun ah.

Basta. Basta ya.
No quiero oírte más, Jaejoong ah.
¿Es que no te han dicho que la verdad duele?


Me levanté de golpe, dando un manotazo en la mesa y le miré con furia. Quise decirle muchas cosas. Quise decirle que se callara y me dejara en paz. Quise decirle que se preocupara por sus asuntos. Quise decirle…
Pero de mi boca no salió ningún sonido. Porque no podía negar la verdad.
Me volví, dándole la espalda y me dirigí a la puerta.
- ¡Así sólo causarás más daño! – fue lo último que oí antes de salir del bar.

Como siempre, huyendo.

Cogí el coche rumbo a cualquier lugar lejos de mi vida, lejos de los pensamientos. Lejos de él.
Pero no podía escapar.
No podía ir a ningún sitio sin ser visto, no podía mirar a través de la ventana sin ver su rostro, sin sentir sus jadeos cerca de mi oído, susurrando mi nombre, diciendo que me amaba.




... ¿Cómo he llegado hasta aquí?


- Mira, mamá, las estrellas están muy cerca. Casi las puedo tocar.
- Todavía están muy lejos, cariño.
- Pero cuando sea astronauta, llegaré a las estrellas. Y te regalaré una.
- Esperaré hasta entonces. Vamos, Nanako-chan. Es hora de ir a casa.


¿Por qué estas personas son tan felices?
¿Y por qué yo no puedo dejar de llorar?



- Te quiero, Ayumi. Te he traído hasta aquí para decirte lo que siento.
- Yuya…
Y suena un beso.


¿Por qué para todos es tan fácil?
¿Por qué todos pueden soñar y amar con sólo desearlo?



Las luces de Tokio brillaban en la distancia. Los coches eran pequeñas manchas que se movían, se paraban en un semáforo, se encendían, se apagaban. La gente vivía y soñaba y amaba y corría sin preocuparse de nada.
Y les envidiaba.



Corre como si tu vida dependiera de ello.
Vive como si estuvieras muriendo.
Ámame como si fuera la única persona en el mundo.
Y no dudes nunca.
Porque si dudas, estás perdido.

3 comentarios:

  1. O.O... ¬¬ Yoochun no seas bastardo y termina con tu noviecita para que puedas estar con Junsu... si le mientes probablemente lo pierdas

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  2. opino lo mismo...
    no hagas sufrir a Su.....

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  3. Anónimo2/01/2012

    Y yo voy a matar a Park Yoochun.
    Claro que la verdad duele, muchas veces duele la puta verdad pero otras no, en otros casos te hace feliz o te hace ver algo que nunca vistes pero otros si lo ven y te lo dicen

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