Inesperadamente tú cap 9

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Me esperé a que fuera lo suficientemente tarde para que todo el mundo se fuera de aquel parque y poder estar solo. Me quité la mascarilla que ocultaba parte de mi rostro e inspiré hondo intentando deshacer el nudo que al parecer se había instalado en mi garganta sin mi consentimiento.

¿Por qué es todo tan difícil?
¿Por qué me duele tanto amarte?
Dime, Junsu ah, ¿por qué?


Me derrumbé, clavando mis rodillas en el césped húmedo y empecé a sollozar como un niño que había perdido a su madre.
La diferencia era que el que estaba perdido era yo.

¿Por qué me haces ser tan vulnerable?

Sabía que Jaejoong tenía razón. Sabía que lo de Ye Eun era tan sólo una tapadera para engañarme a mí mismo y que aquello no sólo le hacía daño a Junsu sino que también a ella.
Sabía lo que tenía que hacer. Sí, lo sabía perfectamente.
Pero no tenía el valor para hacerlo. Prefería seguir engañando a todo el mundo y odiándome a mí mismo por ello antes que plantarle cara.

¿Quién era el que decía que nunca perdonaría una infidelidad?
Park Yoochun, eres un hipócrita. Y un cobarde.


El sonido de mi móvil interrumpió por unos segundos mis sollozos. Supe quien era antes de mirar la pantalla.
-Ye Eun.
-Oppa, te he estado llamando todo el día.
Já. Como si no lo supiera.
-Estaba en medio del rodaje, Ye Eun ah. No tenía el móvil a mano.
-Ah.
Silencio.
-Yoochun, ¿estás bien? Te tiembla la voz.
Carraspeé y conté hasta cinco antes de contestar.
-Estoy bien. Creo que me estoy constipando, sólo eso.
-Claro.
Otro silencio, esta vez más largo.
-Yoochun, ¿puedo hablar contigo? Tengo algo que decirte.
-Claro, dime.
-No. Cara a cara.
Y más silencio. Inspira, expira, inspira, expira…
-¿Dónde?
-En mi hotel.
-Voy para allá.
Clic. Fin de la llamada.

Realmente no tenía ni idea de qué era lo que me quería decir. Quizá me iba a dejar. O a lo mejor se había enterado de lo de Junsu. O simplemente que me quería decir algo que no tenía nada que ver con el tema y me estaba volviendo paranoico.
Fuera lo que fuera lo que me iba a decir, tenía la sensación de que no era nada bueno, pero había decidido que, por una vez en mucho tiempo, no iba a huir. Así que sin darme tiempo a pensar lo que estaba haciendo, salí del parque y me dirigí al coche.



El vestíbulo del hotel era pequeño y bien cuidado; el ascensor tenía una suave música de fondo mientras subía a la décima planta; la moqueta del pasillo era rosa claro y las puertas de las habitaciones de color blanco con los números dorados.
1022… 1023… 1024… 1025…
¿Desde cuándo el pasillo era tan largo?
…1030… 1035… ah, menos mal. 1036.
Me paré en frente de la puerta, contemplando aquellos cuatro números que de repente me parecieron enormes.

No pienses en nada, no pienses en nada, no pienses en nada…

Intenté no pensar. De verdad lo intenté. Pero la sensación de paranoia iba cada vez a más.

No pienses en nada, no pienses en nada, no pienses en nada…

Suspiré y alcé el puño para picar a la puerta cuando ésta se abrió, pillándome por sorpresa y dejándome con la mano suspendida en el aire. Y entonces reparé en ella.
Ye Eun.
Y mi corazón se detuvo una vez más en cuanto la miré a los ojos.
Y contuve un suspiro cuando recordé lo bien que sabían sus labios.
Y tragué saliva cuando me sonrió invitándome a entrar.
Y me pregunté a quien quería más de los dos.


Sin decir nada, nos sentamos en la cama uno al lado del otro. Los recuerdos de la última vez que estuve en esa cama asaltaron mi mente y me obligué a respirar hondo tres veces antes de mirarla de nuevo.
-Ye Eun ah… - empecé a decir.
-Lo sé todo, Yoochun.
Sus palabras me pillaron desprevenido. ¿Que lo sabía todo? Exactamente, ¿qué quería decir todo? Como respuesta, mi mente sólo repetía el mismo nombre.
Junsu.
Volví a sacar mis dotes para la actuación y la miré con cara de póker.
-¿A qué te refieres con eso de “todo”?
La voz me tembló ligeramente y los dos nos dimos cuenta. Se mordió el labio inferior y escrutó mi rostro antes de contestar.
-Sé lo de Junsu.

Ya está. Ya lo sabe. No sé cómo, pero lo sabe.
Yoochun ah, estás acabado.


-¿Lo-lo de Junsu?
-Sé que Junsu está enamorado de ti – se calló para examinar mi reacción, pero yo simplemente me quedé congelado –. Te lo dijo aquél día que me tenías que ir a buscar al aeropuerto, ¿verdad?
Me recordé a mí mismo que tenía que respirar, por mucho que me costara y cerré los ojos negando ligeramente con la cabeza.
-¿Cómo…cómo…?
-Lo intuía desde hace un tiempo, y aquél día tu cara me lo confirmó todo. Te sonrojas cuando te dicen esa clase de cosas, Yoochunnie, y ese día estabas como un tomate – abrí los ojos cuando sentí su mano en mi rodilla y vi que sus ojos brillaban –. Te conozco muy bien, oppa. Era por eso por lo que no me cogías el teléfono y estabas tan preocupado, ¿verdad? ¿Es por Junsu?
Juro que oí que algo se rompía dentro de mi pecho cuando vi la expresión de preocupación en su rostro.

¿Cómo había pensado en mentirle?

-Sí – susurré.
Ye Eun no tenía ni idea de la verdad de aquella respuesta.
-No es fácil saber que tu mejor amigo está enamorado de ti. Pero yo estoy aquí, Yoochun, para ayudarte y escucharte – suspiró y se revolvió el pelo hacia atrás antes de seguir –. Junsu es tu amigo, y me preocupa que vuestra amistad se vea afectada por esto. También tengo miedo que… que me tenga manía por ser tu novia. No quiero eso, ¿entiendes, Yoochun?
Una a una, sus palabras se iban acumulando y formando un remolino enorme en mi mente. Estaba demasiado saturado como para hablar, así que me limité a asentir con la cabeza.
-Quiero que hagas saber a Junsu que vuestra amistad es muy hermosa como para echarla a perder por esto. Quiero que se lo digas, Yoochunnie. No soporto verte así – me señaló con un gesto de la mano y luego me cogió de la barbilla para que la mirara –. ¿Se lo dirás?

¿Se lo diré? ¿Le diré que lo que ocurrió ayer fue solo efecto del alcohol?
¿Le diré que prefiero a Ye Eun antes que a él?
¿Le diré todo eso?


-Sí. Se lo diré.

Y ya no vi nada más.
No vi su cara cuando le dije que tenía prisa y me tenía que ir.
Tampoco vi el pasillo, ni las puertas, ni los números, ni mi reflejo en el espejo del ascensor, ni el vestíbulo del hotel.
No ni vi las calles ni los semáforos ni los coches.
Ni siquiera vi la puerta de nuestra habitación. Tampoco vi la cara de Jaejoong cuando entré arrastrando los pies y me senté en el sofá sin decir nada.
Ni cuando de repente me eché a llorar, delante de aquella tele encendida, delante de Jaejoong, delante de Junsu.
Lo único que vi antes de desmayarme fue su cara de preocupación.
Lo último que oí fue su voz llamándome.
-Yoochun, ¿estás bien? ¡Yoochunnie!



A partir de ahí todo se volvió oscuridad. Era una oscuridad tranquila, plácida, donde no tenía que pensar. Porque en esa oscuridad no había nada en lo que pensar.
Solo se oía mi nombre haciendo eco una y otra vez en aquella nada. Provenía de una voz que me sonaba de algo pero no sabía de qué.
Pero no me importó de quién era.
Lo único que quería era quedarme para siempre en aquella oscuridad. Escuchando aquella dulce voz llamándome desesperada.
Porque allí todo era más fácil.




Siempre he soñado con ser una estrella. Ahora que lo he conseguido, lo único que quiero es dejar de brillar.
A veces descubres que el exceso de luz en tu vida acaba llevándote a la oscuridad.
Y entonces te das cuenta que la oscuridad no siempre es tan mala como la pintan.

1 comentarios:

  1. Anónimo9/10/2012

    aaaaaaaaaaaaaaaaahhh!!! chunnie eres un taradin!! pero es cierto a veces nos hacemos muchas bolas por nada, pobre chunnie espero que no lo lamente despues, me gusta esto!!

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