V.I.P. cap 3

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Han pasado tres días desde aquella noche, he intentado actuar de manera normal, como si nada hubiese pasado, como si jamás le hubiese acompañado a aquel antro y nunca en nuestras vidas nos hubiésemos besado, intenté actuar como lo hacía él, quien no recordaba nada; pero sinceramente, no creo haber tenido demasiado éxito. Recordé entonces una lectura de hace un par de años, una que trataba de la denominada ¨Amnesia histérica¨, aquel mecanismo de protección que utiliza nuestra mente, para olvidar algún hecho traumático, como presenciar un asesinato, ser violado, o besar al hijo de las personas que te pagan para que les limpies y cocines. Y me pregunto, ¿Dónde demonios quedó mi amnesia histérica?, en estos tres días, no he hecho más que recordar, paso tras paso, los sucesos de aquella noche, mi buena memoria me enferma, me fastidia, me hace revivir aquella sensación embriagante y placentera, que tuvo origen en la cercanía de sus labios y el calor de su cuerpo.


He llegado a pensar que lo que me sucede es algo patógeno, debe tratarse de algún virus que me causa cambios de temperatura corporal, sonrojo, arritmia cardiaca y paranoia. Pero aquella teoría me suena tan ridícula, que el sólo hecho de haberla formulado, causa que cuestione mi admisión en Harvard.

Soy un ser humano inteligente, me considero analítico y deductivo, pero esto me supera. Me he devanado los sesos buscando una respuesta que me libere de una resolución digna de una novela romántica…Gay por supuesto, pero se me están acabando las ideas y estoy perdiendo la calma y todos sabemos que sin calma, es imposible pensar.

Ah, mocoso del demonio. Desearía poder perderlo de vista por un par de días, pero es imposible, regresa del colegio a las seis de la tarde y desde allí no me lo puedo quitar de encima. Esto me está poniendo los nervios de punta.

- Ey, ¿Por qué no usas el lavavajillas?, ¿Necesitas ayuda? – Su voz me desconcentra y por poco dejo caer el plato que limpio.

- No, sabes que a tu madre no le gusta que lave sus platos de porcelana en el lavavajillas… g-gracias de todas formas – maldito tartamudeo. Maldita lengua.

- Entonces, ¿Por qué no me dejas ayudar? – siento un peso sobre mi hombro derecho, acaba de apoyar su mentón sobre este, puedo percibir el roce de su pecho contra mi espalda y aquella arritmia vuelve a azotarme. – Estoy aburrido…si te ayudo terminarás antes.

- ChangMin, este es mi trabajo…distraerte no está dentro de mis labores diarias – Contesto e intento no temblar y seguir respirando de manera normal para controlar esta molesta arritmia. Por favor suéltame, aléjate, retrocede, déjame en paz… ¡Necesito mi espacio!.

Ya no siento el peso de su cuerpo contra el mío, me atrevo a mirarle por el rabillo del ojo, se encuentra a mi derecha, apoyando de espalda contra el resto de este inmenso lavaplatos, cruzado de brazos y observándome de manera inquisitiva.

Dios mío, debería demandar al diseñador de su maldito uniforme, lleva el uniforme de su colegio, el St. Jude. Pantalón caqui, camisa blanca con el botón del cuello desabrochado, corbata suelta pero anudada y un blazer azul marino que acentúa la forma de su pecho y la línea de su cintura. Desvío la mirada de inmediato y me concentro en enjuagar el resto de aquella delicada vajilla. No soy una cenicienta, soy un simple empleado. Tal vez sea gay, pero nunca tarado y sé muy bien que no me conviene caer bajo los encantos de una cara bonita y el cuerpo casi perfecto de un niño multimillonario…si soy gay, lo soy ¿Verdad?, si pienso de esta forma no hay duda, debo serlo.

- ¿Sucede algo? – pregunta y puedo notar cierta tensión en su voz.

Refregar, dar el agua, limpiar cinco veces, dejar el plato a un lado. Me concentro en esa tarea mientras intento pensar en una respuesta plausible y convincente, además de intentar controlar el tono de mi voz y el temblor de mis manos. Es definitivo, encontré la patología que me acecha, sufro del virus ChangMin.

- Nada, no sucede nada, ¿Por qué? – le miro un segundo y sonrío, esperando parecer convincente, en lugar de espeluznante.

- Entonces debe ser mi imaginación – suelta una carcajada y oigo sus pasos a mi espalda. – Hablaremos en cuanto termines.

- Tengo que preparar la cena – busco excusas para evadirlo, estoy siendo demasiado evidente.

- ¿después de la cena? – sus pasos se detienen, y maldigo mis pocas dotes actorales.

- Tengo que mandar al lava seco un par de trajes de tu madre – volteo en busca del paño de cocina y me encuentro con su figura frente a mí, ChangMin sostiene el paño con el brazo extendido. – Gracias – sostengo el paño intentando evadir cualquier tipo de contacto físico.

ChangMin se me acerca, acerca su rostro al mío y entrecierra sus ojos. Siento el impulso de partirle un plato en la cabeza, pero no puedo moverme, es como si el nerviosismo hubiese agarrotado los músculos de mis brazos y piernas, otro síntoma del virus ChangMin. Me enseña una sonrisa, y esa sensación vertiginosa me embriaga nuevamente.

- Bueno, será otro día – Acaricia mi cabeza y desordena mi cabello, sin dejar de sonreír en ningún instante. La ternura y amabilidad que irradia,al sonreír de esa forma, es casi insoportable.

Suspiro y cierro los ojos al verle marcharse.

- Supongo que puedo hacer un espacio antes de preparar la cena, pero sólo unos minutos.

Sujeta mi mano, sonriendo como si supiese que soy incapaz de decirle que no al ver esa expresión en su rostro y me arrastra hasta su cuarto, en donde posiblemente veré los nuevos videos de las bandas que le gustan. Este es un síntoma antiguo, incapacidad de negarme, éste niño es una tortura andante. Necesito encontrar la cura cuanto antes.

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- JaeJoong, creo que esta ensalada tiene sal, te pedí estrictamente que no le pusieras sal – La penetrante e inquietante voz de la señora de la casa, logra que el trozo de filete que masticaba, se atorara justo en mi garganta. Cuando salga de esta casa, tendré que hacerme un chequeo médico completo y también pediré una cita con el psicólogo.

- No tiene sal, no le puse ni siquiera una pizca de sal – contesto de manera educada y amable, aunque mi orgullo se ve pisoteado, jamás pensé que yo, un estudiante de medicina, tendría que oír este tipo de quejas por parte de una mujer que jamás mueve un dedo en la cocina, vaya manera de bajarme de mi nube, creo que todos los estudiantes de medicina deberían hacer un curso de servidumbre, les vendría bastante bien.

- ¿Dices que estoy mintiendo?, cariño, ¿Le puedes creer?, este niño acaba de insultar mi paladar – se dirige a su esposo, con una mirada incrédula en los ojos.

- Amor, ni siquiera puedes diferenciar entre frutillas y frambuesas, ¿de qué estás hablando?, si esta ensalada tiene sal, entonces yo acabo de perder el sentido del gusto, porque esto está más desabrido que un cubo de hielo – le mira con el ceño fruncido, pero su tono de voz no traspasa el cariño y respeto usual, jamás he oído que levante su tono de voz.

- y ahora tú estás de parte de éste niño, lo que me faltaba – murmuró para luego seguir comiendo.

ChangMin, quien siempre se sienta a mi lado, niega con la cabeza mientras intenta contener un par de carcajadas, me observa y leo en el movimiento de sus labios un ¨siempre fastidia, no te preocupes¨, sonrío y sigo comiendo, o bueno, al menos intentándolo, comer con la gente que te paga nunca es fácil y menos en este tipo de situaciones. Es impresionante, pero la presencia de ChangMin logra que me relaje un poco, lo que me mantiene tenso es la insistente mirada de Ha-Neul, su hermana.

- Hola familia – una voz chillona resuena en el comedor y cierro los ojos por instinto.

Denisse, esa vocecita es inconfundible.

- Hola preciosa – Saluda la señora Eun Mi, con total naturalidad. – Toma asiento, JaeJoong sirve otro plato por favor – Impresionante, hasta su tono de voz cambia cuando se dirige a mi persona.

Denisse me guiña el ojo y toma asiento. Ni siquiera habla y aún así puedo oír su risa interna, pero qué más da, este es mi trabajo y lo haré. A veces me gusta pensar que soy un mayor domo, tal vez el título ayude a re inflar mi ego.

- Yo voy – interviene ChangMin al verme de pie.

- No, yo puedo – le contesto con seriedad y al parecer entiende que este tipo de labores son mi responsabilidad.

Llego a la cocina, sirvo la comida y contengo las ganas de escupir en el plato de Denisse, no sería algo educado ni civilizado…¿verdad?. Regreso al comedor y me detengo al oír parte de una conversación, se oye privada, así que esperaré y entraré cuando terminen.

- Hablando de mi colección de trajes de novia, hijo, ¿Has hablado con Shin Young?.

- ¿Por qué tendría que haberlo hecho? – no le puedo ver, pero suena distinto.

- Es tu prometida hijo, préstale más atención… Ya deberíamos planear la fecha de la boda ¿no crees?.

Silencio.

¿Prometida?, ¿Tiene a penas diecinueve años y ya está comprometido?, ¿Es este el siglo veintiuno o me acabo de tele transportar de vuelta al siglo dieciséis?, debe ser una broma, sí, eso debe ser.

- Ya mujer, déjale eso a los muchachos, ellos verán cuando deciden casarse – El señor Tae Joon rompe aquel insistente silencio y confirma la veracidad de lo que acabo de oír.

- Tiene una… prometida – Susurro y repentinamente percibo un extraño e inusual temblor en las piernas.

Me siento desconcertado, también apesadumbrado y eso sólo aumenta mi desconcierto. ¿Acaso me importa?, más bien, ¿Debería importarme?. Sonrío y me siento como un completo estúpido, aquello no tiene nada que ver conmigo, nada en lo absoluto, no soy parte de esta familia, ni soy amigo del hijo de quienes me pagan, ése niño que de seguro actúa de manera amable porque salió a su padre y no quiere hacerme sentir mal, porque es gentil y amable con todo el mundo.

Y yo estoy aquí, como un degenerado, sintiendo estas cosas extrañas. ¿Celos?, ¿Esta pesadumbre en el pecho, es la manifestación de los celos?, deberían patearme, a ver si así la estupidez abandona mi cuerpo. Olvídalo, JaeJoong, tú puedes hacerlo, utiliza la cabeza, utiliza la razón, mantente al margen de ésta familia.

Mantengo la sonrisa e intento creer en ella mientras ingreso al comedor y acomodo aquel plato de manera perfecta frente a Denisse.

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Dos semanas han pasado desde que dejé aquella etapa estúpida. Ahora me concentro plenamente en las labores diarias que debo realizar y déjenme decirles, así la vida se me ha hecho mucho más simple y llevadera. Es como cuando estaba en periodo de exámenes y bloqueaba mi nerviosismo, me relajaba y estudiaba con calma, mientras el resto de mis compañeros parecían estar a punto de quemar la universidad para escaparse de sus propios temores. Sí, así es.

¿Cómo lo logré?, bastante simple. No he mirado a ChangMin directamente a la cara por dos semanas completas. Exacto, cada vez que me pide algo soy capaz de negarme e inventar una excusa acerca de lo ocupado, cansado y agotado que estoy, porque no veo su sonrisa, sus ojos y por lo tanto, aquella expresión es incapaz de convencerme. ¿Quién dijo que Freud era el padre de la psicología?, aquella frase debe ser reinventada, acabo de patearle el trasero.

Esta noche es otra noche repleta de tranquilidad. Me encuentro recostado sobre la cama, leyendo un libro de Kafka y bebiendo una taza de café, como solía hacerlo en los pocos ratos libres que tenía siendo un estudiante. Ahhhh, el dulce manto pacífico de una noche en calma.

- JaeJoong – La puerta se abre, y aquella voz logra que escupa el café que acababa de sorber, manchando por completo mi adorado libro.

- ¿ChangMin?....¿Qué diablos…? – pregunto con el ceño fruncido, dejando la taza y el libro a un lado, observando el reloj de mi veladora y sorprendiéndome al notar que era ya de madrugada.

- Te traje un regalo – Levanta su brazo y me enseña una caja de cervezas. Se acerca y se deja caer sobre la cama, justo a mi lado, sonriéndome como de costumbre, ajeno a todo lo que estaba sucediendo.

- ChangMin…. – desvío la mirada, cierro los ojos y toco mi sien, esto me fastidia. – Es mejor que te vayas, ya es tarde.

- Has estado ocupado por muchos días, ya ni siquiera hablamos, relájate por esta noche, toma un par de cervezas conmigo.

- No estoy de humor para beber.

- ¿Me dirás que te sucede?, no me iré hasta que me lo digas, aunque tenga que beberme todas estas cervezas solo – oigo su risa y siento el estúpido, pero por suerte, fugaz deseo de seguirle el juego.

- No me sucede nada, sólo estoy cansado…es mejor que vuelvas a tu cuarto – Me levanto y dirijo al baño, necesito calmarme por un par de minutos.



Al salir me doy cuenta que me demoré más de lo esperado, al parecer estuve media hora metido allí adentro, no esperaba verle, pero aquí está, de pie junto a la puerta del baño. Se ve distinto, desorientado, veo las latas acumuladas en el piso y confirmo que ha bebido.

- ¿Te hice enojar de alguna manera? – pregunta con calma, arrastrando las palabras.

- No, ¿Qué te hace pensar eso? – Intento mantener mi tono de voz en un nivel casual, como si no me importase el hecho de que se vea tan atractivo con esa sudadera, como si no percibiera la atracción que me pide a gritos mayor cercanía, como si no me doliera lo que acababa de descubrir semanas atrás.

- Actúas extraño….distante… - Se acerca y el tambaleo en su caminar es evidente, aquello me roba una sonrisa, una que se borra al recordar lo ocurrido la última vez que estuvo en una condición similar. - ¿Qué pasa? – Se acerca hasta acorralarme contra la pared, apoya sus brazos en la misma, al parecer busca mantenerse en equilibrio.

- ChangMin, estás borracho, imaginas cosas – sujeto sus brazos e intento empujarle un poco.

- No, Hyung – Susurra aquello en mi oído y mi corazón salta en ese instante, mis piernas pierden su fortaleza, al igual que mis brazos. – Algo te pasa, ¿Alguien te hizo sentir mal?, ¿Tienes algún problema? – sentir su mano en mi cintura me descoloca, desconcierta y exalta. Un hormigueo cálido y extraño cubre mi piel y le miro a los ojos a pesar de no querer hacerlo.

- No es nada ChangMin. No estoy acostumbrado a este tipo de trabajo, eso es todo – Mis palabras se ven interrumpidas al sentir el roce de su nariz sobre mi cuello, muerdo mi labio al sentir la calidez de su respiración tan cerca de mi piel, intento reprimir aquel cosquilleo que comienza a manifestarse en mi vientre y olvidarme del calor casi febril que estoy experimentando al percibir el roce de sus dedos por debajo de mi camiseta. – Para, estás borracho, no sabes lo que haces – reúno fuerzas y apoyo mis manos contra su pecho, observándole con determinación y exigiendo que retroceda.

Sonríe de manera traviesa, como si pensara que lo que digo no es más que una estupidez. Se inclina y besa mis labios, mientras sus dedos se hunden en mi cintura. Me vuelve a sonreír y me besa, cerrando los ojos, pegando su cuerpo al mío y exigiéndome el mismo grado de cercanía al jalar de mi cuerpo. Intento resistirme, pero no siento deseos de hacerlo, permito que me bese, porque me gusta, porque se siente bien, tal vez demasiado bien. Me doy asco, debería alejarlo, pero no quiero. Sé que esto no significa nada, sé que lo más probable es que mañana, éste mocoso no recuerde nada, pero no importa, no logro que me importe.

No sé quién está más loco, si él, por comportarse de esta forma al estar bebido o yo, al seguirle la corriente estando completamente sobrio.

Sus labios han logrado despertar la necesidad de los míos, me aferro a su cuello y le beso con desesperación, exigiéndole más, succionando su lengua y robando su aliento, disfrutando de la humedad de sus besos, y de la excitación que el roce de su cuerpo me provoca. Me iré al infierno.

- Ahhhh – Gimo al sentir como sus manos presionan mi trasero y atraen mi entrepierna a la suya, sus besos me contienen.

Me aferro a su cintura mientras camina y me hace retroceder. Caigo sobre el colchón de la cama, me reconforta el sentir el peso de su cuerpo sobre el mío. La excitación de su entrepierna y el roce de la misma sobre mi muslo me hacen perder la cabeza, pierdo el ritmo de aquel beso y me veo sometido ante el desesperado y desacompasado movimiento de su legua, sus labios y las mordidas, esas que me hacen desear desvestirlo en este mismo instante.

Su mano recorre el camino hacia mi vientre, adentrándose en el pantalón de mi pijama, logrando que me estremezca por completo al sentir sus dedos sobre mi miembro.

- No…. – abro los ojos y despierto a la realidad. Intento respirar con normalidad, pero me es imposible, el roce de esos dedos me están despojando de cualquier rastro de cordura. – No, ChangMin… - mi conciencia golpea y se abre paso, a pesar de desearlo con todas mis fuerzas, no puedo, no es lo correcto y por más que deteste mis buenas costumbres en este instante, jamás podría hacerle algo como esto a ChangMin, nunca me lo perdonaría, él no es consciente de lo que sucede.

Mueve sus dedos y arqueo mi espalda al sentir la suavidad de los mismos sobre aquella área tan sensible, pero me controlo y sujeto su mano, alejándola de aquel lugar. Le miro a los ojos y alejo mi rostro.

- No, no quiero – intento sonar convincente, muerdo mi labio al observar el enfado en sus ojos.

- Eres aburrido JaeJoong, completamente aburrido – murmura aquello entre risas y se desploma de espalda a mi lado.

Le observo por unos minutos y parece haberse quedado dormido, igual que la otra vez, el alcohol le ha ganado la batalla, se encuentra inconsciente y yo, yo me siento peor que antes.

Llevo una mano hasta mi pecho y siento el bestial latido de este corazón tan imbécil. Toco mis labios adormecidos, que parecen encontrarse aún expectantes. Me recuesto de costado y vuelvo a observarle, se ve tan calmado y tranquilo, muy diferente al ChangMin agresivo de hace unos minutos. Suspiro al notar que lo que más quiero en este momento es abrazarlo y besarlo. Acaricio su nariz y cierro los ojos; sé que él no se siente atraído hacia mí, tiene una prometida, esto sólo es producto de malas borracheras. Estoy cansado, realmente cansado.

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- Agh, ¿Qué diablos? – exclamo al oír el desesperante sonido de la alarma. Estiro el brazo como de costumbre pero un peso sobre este me impide moverlo con libertad. Abro los ojos y me encuentro con la silueta de un ChangMin pegado a mi cuerpo, abrazándome.

Esto logra ponerme los pelos de punta, las imágenes de todo lo sucedido la noche anterior se aglomeran en mi mente, golpeándome una y otra vez hasta que empujo aquel cuerpo semi-inerte y salto de aquella cama, apoyándome contra la pared como gatito asustado.

- ¡Dios mio!, ¡JaeJoong, vuelve a tus sentidos! – Exclamo y salgo corriendo de aquella habitación. Avergonzado ante la idea de que ChangMin pudiese recordar parte de lo sucedido.

Llego a la cocina y veo un molesto papelito que dice “saca la basura”. Genial, además de sentirme un asco, ahora se me viene encima la sensación de esclavitud que me provoca ésta señora.

Con cólera sujeto las malditas bolsas del reciclaje y salgo de aquella casa sin ningún deseo de volver a entrar. Las dejo caer en sus respectivas cajas y las observo, como si en ellas pudiese encontrar la solución a todos mis problemas. Comienzo a perder la noción de las cosas, dudo de lo que me resta de inteligencia, creo que jamás podré volver a Harvard, estoy perdido.

- ¿Cómo se supone que pueda permanecer en esta casa después de lo de anoche?... Ya no lo soporto – le hablo a la basura, estoy cayendo bajo, demasiado bajo.

- ¿Jaejoong… Kim JaeJoong? – una voz me perturba y le observo con rabia. Me encuentro con la figura de un chico alto, de cabello castaño claro, piel blanca y vestido como cualquier mocoso del Upper East Side.

- ¿Nos conocemos? – contesto de manera hostil, este no es un buen momento para introducciones ni interacciones sociales.

- A decir verdad no, pero espero que eso cambie. Mi nombre es Hyun Joong, un placer – Sonríe y enseña una dentadura perfecta. El aura que le rodea es elegante, refrescante y por sobre todo superior, es otro príncipe millonario y yo ya tengo suficiente con uno.

- Bueno, entonces…si me disculpas – me excuso e intento alejarme, pero lo que oigo logra que me detenga al instante.

- ¿Quieres salir conmigo?... Hoy es tu día libre, no creo que exista inconveniente – el tono de su voz es casi hipnotizante. Me pregunto si estos mocosos reciben algún tipo de clases de etiqueta o si, en su defecto, simplemente nacen superiores al resto.

- ¿Es mi día libre?....espera, ¿Cómo sabes eso? – Sí, es mi día libre, pero hasta yo lo había olvidado. Le miro y estoy seguro que mi rostro refleja mi desconcierto.

- Eso es lo de menos, ¿Qué me dices? – señala un ostentoso convertible lamborghini rojo a su espalda.

-…No gra…

- JaeJoong…aquí estabas, te busqué por todos lados - oigo la voz de ChangMin tras de mí y aquello es lo único que necesito para cambiar mi respuesta.

- Claro, voy contigo – Mis palabras carecen de emoción alguna, hablé por instinto. Necesito mantenerme alejado de ChangMin, aunque sea por un día.

Y ¿Qué importa si este riquillo es un asesino en serie, un psicópata o acosador?, aún así prefiero irme con él, antes de soportar la presencia del chico que causa estragos en mi mente. Me acerco al muchacho y éste abre la puerta de su convertible, subo, pero sus modales me enferman, ¿Acaso no nota que soy un hombre?.

- ¿Hyun Joong?.... – Al parecer ChangMin le conoce. – Espera….JaeJoong, ¿Adónde crees que vas?, por ningún motivo permitiré que te vayas con este imbécil….un segundo…. ¿Ustedes se conocían? – la irritación en su voz es evidente.

¿Por qué diablos se enfada él?, quien debería explotar soy yo. Mírenme, enamorado de un mocoso multimillonario, comprometido y… ¿Dije enamorado?, Maldición, debo salir de aquí cuanto antes.

- Puede ser parte de tu servidumbre, pero hoy es su día libre. Nos vemos Minnie ah~- Aquel chico, Hyun Joong le guiña un ojo y sube al carro, puedo notar la tensión que predomina entre éstos dos.

- Baja JaeJoong – Es la primera vez que oigo una orden por parte de ChangMin, le observo y sus ojos permanecen fijos en el chico que me acompaña.

- Vuelvo en un rato – Contesto sin alterarme, le sonrío e intento no parecer sospechoso. Después de todo, él seguramente no recuerda que anoche estuvimos a punto de…

- Como quieras – Sus palabras son lapidantes, me da la espalda y retrocede, cierra la puerta fuertemente.

- Te aseguro que nos divertiremos JaeJoong – Aquel chico de cabellera clara me sonríe y un escalofrío me ataca.

Presiento que salí de una situación mala, para meterme en una peor…


Continuará.

7 comentarios:

  1. Anónimo1/16/2012

    changmin celoso ♫♫

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  2. ujuju celos n.n y pobre

    jae tiene razon no sale

    de una para meterse

    en otra peor jaja

    XD pero bueno ya sabremos

    conti por fa

    _*AgHnA*_

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  3. Pobre Jae va de una situación mala a una peor.
    Espero que Changmin lo salve si sucede algo malo.
    No suelo leer muchos fanfics JaeMin pero esto si que me gusto<3 :D

    P.S. Creo que muchas/os de nosotras/os tenemos el virus Changmin :D

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  4. continuacionnnnnn!!!!
    jajaja definitivamente yo tambien sufro de ese virus, pero al contrario de Jae ya me deje contaminar por completo XD

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  5. continuacionnnnnn!!!!
    jajaja definitivamente yo tambien sufro de ese virus, pero al contrario de Jae ya me deje contaminar por completo XD

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  6. Anónimo7/25/2012

    por faaa sube la continuasion si plis

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  7. Anónimo5/09/2013

    HEY PORFA TERMINALO ES DEMASIADO BUENO ESTE FIC QUIERO LEER MAS JAEMIN NO PARES

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