Destiny - primera parte

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La magia es algo poderoso que en este mundo solo puede ser encontrado en libros y películas, en donde las fantasías más asombrosas se plasman y parecería que te transporta a un mundo lleno de misterios… Pero ¿qué pasaría si un mundo así existiera? Si los seres mágicos, mitológicos y poco reales fueran más verdaderos que todo en lo que han nos hecho creer a lo largo de los años. Eso pensaba… Eso creí cada día que miraba mis libros de ciencia ficción y fantásticos, hasta que en mi vida se cruzaron personas que me hicieron dar cuenta que lo que conocía era mentira, y el mundo estaba regido por fuerzas sobrenaturales que vivían en constantes guerras y la paz únicamente era algo basado en alianzas… Ese es el mundo al que sin saber me adentre e hice parte de él.

Nephilim… Eso es lo que me dijeron que sería de ahora en adelante, mi sorpresa fue mucha y cuando el anillo se deslizo por mi dedo anular supe en ese instante que mi vida había cambiado. Tuve la oportunidad de rechazarlo pero, ¿Para qué rechazar algo a lo que me habían destinado? Apenas habían pasado unos segundos con aquel objeto en el cuerpo y supe a lo que aquella mujer se refería…-“No estarás solo”- Recuerdo me dijo al abandonar aquella hermosa mansión una que no sabía que existía y menos cuando al pasar las primeras veces lo único que podía verse eran ruinas.

-Cállate… Eres demasiado molesto.- Susurré al ver mi reflejo en el espejo. No sabía porque estaba soportando aquel martirio, un martirio con nombre “Legolas” un antiguo ser mágico que provenía de la desaparecida Atlántida y que para poder existir en este mundo requería de un humano con capacidades especiales, pocos eran compatibles para soportar ser un simulacro y yo era uno de esos pocos. Al principio pensaba que había sido coincidencia, pero después de un tiempo supe que todo tenía una razón… y que yo no era sólo yo.

Apenas habían pasado unos días de haber llegado a Budapest y ya formaba parte de un clan que se encontraba en un estado de alianza con otros clanes y en estado de diplomacia con otros más. Al principio sentía mucho miedo de relacionarme con los habitantes de aquella ciudad… Si hablaba con uno y resultaba ser que era alguien sobrenatural, alguien de temer quizá. Siempre caminaba con cuidado por las noches y en los días tampoco estaba tranquilo hasta que una noche, unos días antes de Halloween para ser más exactos, lo inevitable ocurrió. Mi cuerpo se transformo en lo que los nephilim llamamos “metamorfosis” fue la experiencia más dolorosa todo cambio, mis manos, el color de mi piel, mi voz, incluso mis orejar se pusieron puntiagudas y unas alas bastante extrañas se alzaban en mi espalda, me convertí en una sub-raza dentro de mi mismo clan, un elfo que dominaba la magia de la tierra. Los elementales de la tranquilidad y destrucción. Los que curaban y marchitaban.

ChangMin… ¿Qué has hecho?- Me dije a mi mismo al observar mi rostro demacrado por el dolor de la pasada noche, necesitaba salir, huir de aquel horrible lugar. –Sé que Mika no se merece que le deje así… Pero no puedo estar más tiempo con esto, además debo terminar el asunto con Erika…- Para una persona ordinaria mi actitud era la de un loco, pero no hablaba solo, Legolas siempre estaba conmigo, escuchando y haciendo sus típicos comentarios sarcásticos o simplemente diciendo que era mi decisión. “Has lo que creas conveniente”. Sabía que mi el modo con el que estaba llevando mi vida no era la correcta de hecho suponía que era algo prohibido, mantenía una relación con mi líder y aun no terminaba otra historia con una amiga de la preparatoria, y lo peor de todo es que solo sentía aprecio hacía ellas, no había más… Permití que ellas se hicieran falsas ilusiones.

Esa noche prepare una pequeña mochila y sin avisar a nadie, deje la ciudad, no para siempre pero lo necesario para despejar mi mente o al menos eso creía.

Al llegar a Japón en lugar de ir directamente a la dirección donde sabía que debía hospedarme camine por las playas de Okinawa, miraba al cielo estrellado y a la hermosa luna que reflejaba entre las ondas del mar… Fue en ese momento que le vi por primera vez. Todo paso demasiado rápido mis ojos se clavaron en su perfecto rostro, en sus masculinas facciones, pero había algo más… Algo que estaba apunto de descubrir. Una ola golpeo con furia la arena, salpico, unas gotas mojaron mi rostro, pero el frío del líquido fue lo que menos me importaba en ese momento. Aquel ser se abalanzo sobre mi, caí con fuerza en la arena, intente aferrarme a mi elemento pero fue inútil… Esta hipnotizado… Sus ojos, unos perfectos ojos carmín… Un perfecto vampiro.

El gruñido de aquel ser me resulto graciosos y a pensar de que me encontraba en peligro en mi rostro se enmarco una sonrisa. Y simplemente paso… De estar a bajo el cuerpo de alguien amenazante y peligroso, ahora me encontraba con sus labios contra los mío, besándonos desenfrenadamente como si la vida se nos fuera en ello. Nunca había experimentado aquel deseo que crecía en todo mí ser a cada roce. Deseaba más de él, más de sus caricias besos y mi deseo fue concedido. Las prendas que vestía fueron rotas, mi cuerpo desnudo sobre la arena estaba a la merced de aquel desconocido y sin embargo no podía dejar de mirar sus ojos como si lo conociera de mucho tiempo atrás. Simplemente obedecimos al momento y por primera vez me entregue a él, a sus caricias a su cuerpo entrando al mío, a los gemidos de ambos que se entrelazaban al igual que nuestras lenguas. Me poseyó de tal manera que ahora no existe ser alguno que me produzca lo que él, sin duda esa noche a pesar que yo fuera un ser de magia, fui victima de esta. Él me hechizo en cuerpo y alma.

“Quisiera ser como tu sombra, y te podría proteger. Y así al amanecer dormir abrazados”

-Un nephilim… Lo sabía- Murmuro aquel ser, le mire fijamente a los ojos sin poder dejar de esbozar esa sonrisa de inocencia en mi rostro. Termine por colocarme la camisa que traía en la mochila ya que la anterior había quedado en pedazos en la playa donde nos entregáramos por primera vez aquella noche… Al final acabamos en un hotel cercano y dejamos que la lujuria, el deseo y la pasión se desbordaran en nuestros cuerpos y sin importar nada mas nos abrimos a la maravilla del placer.

Camine hasta la cama donde estaba sentado para rodear su cuello con los brazos y mirar a sus ojos aun más fijamente.-Siempre es bueno dejar algo a la duda. Aunque no me agrada el que te tenga que decir “vampiro” ¿No me dirás tu nombre?- Y en ese momento hice lo que jamás creí en mi. Acerque mi rostro hasta que nuestras narices se frotaron con suavidad en un gesto tierno mientras mis ojos no se apartaban en los de él. Mi respiración de detuvo unos segundos cuando me rodeo con sus brazos la cintura, algo en mi estaba cambiando… No quería darme cuenta, no quería admitirlo aun, pero a pesar de conocerlo tampoco me estaba enamorando de él.

-YunHo, así puedes llamarme, ChangMin- Mis ojos se abrieron aun más y le mire atónito. -¿Cómo…?-Susurre incrédulo, sabía poco sobre los seres de la noche. Pero antes mi líder me había advertido de ellos y su capacidad de leer la mente, pero esta era la primera vez que estaba con uno y no podía dejar de sorprenderme hasta que su risa me saco de mis cavilaciones. -No creas que solamente te estaba tomando en cuerpo, sino también en mente.-Su mirada… Me dejo absorto y deseoso no que no se fuera, deseaba que se quedara conmigo más tiempo. Me tenía bajo su control y me gustaba. -¿Ya te irás?- Mi voz salió un poco más baja, temerosa de la respuesta a pesar de conocerla. -Si, el sol no tardará en salir- Acerco nuestros labios y deposito un corto beso en los míos que sin duda se encontraban rojos por los constantes roces de aquella noche. -¿Te volveré a ver?- Mi deseo fue más grande y mi subconsciente me hizo hablar. Sentí mi corazón latir con rapidez con miedo a no volverle a ver.

Sin duda me estaba enamorando… Nunca lo había hecho. ¿Cómo logro tenerme de este modo? Me castigue a mi mismo por unos segundos hasta que su sonrisa me distrajo. -Te veo en la misma hora en la playa.- Su voz dejo notar un atisbo de incredulidad ante sus palabras, pero aun así no pude evitar la emoción en mí.

Y sin más se fue… Ya no sentí la presión de sus brazos ni la belleza de su mirada, se había ido, pero en mi interior algo me decía que volvería. Esto no había acabado y no acabaría nunca.

"No pretendo ser nada más que tu eternidad y existencia"

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