Breathe

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Título:  Breathe [Respira]
Autor: Fanny YS
Pareja: HoSu [MinSu]
Género: Universo Alterno, Slash, Lemon
Extensión: Oneshot
Reseña:  ”Te he traído algo cerca de mi, algo ido que ves, sin embargo, aquí (en mi). Tu atormentas mis sueños, allá no hay nada que hacer, pero cree. Solo cree, Solo respira...”
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La noche comenzaba a espesarse.

La reciente lluvia había dejado charcos por montones sobre las calles y las aceras. Brillaba  en ellos el reflejo canoso de la luna sobre el firmamento tapizado de estrellas solitarias. Las luces de los automóviles se mezclaban con los anuncios neón  de colores chillones de cada establecimiento mugriento y que invitaban a los transeúntes nocturnos a perderse en sus adentros, atravesar las puertas y dejarse tragar por el interior luminoso. Cualquier otra noche lo hubiese hecho, se hubiese dejado perder sin negociarlo, sin meditarlo. Había dejado de llover en casi nada de tiempo, pero ni siquiera la piadosa lluvia había frenado a los amantes nocturnos de esa ciudad.  El frio  viento mezclado con lluvia se respiraba y entraba mojando el cerebro, al paso de las horas y la noche aumentaba el deseo hipnótico de embriagarse en música, alcohol, lenguas jugosas, luces potentes, sonrisas picaras y ojos de desconocidos. 



La luz de su teléfono celular volvió a iluminarse como una estrella más en ese abrigo tan negro como esa noche, un automóvil a su lado casi le estampa un charco de agua completo en los pies,  sin mirarlo,  dejo el aparato resguardado en su bolsillo. Ajustándose las botas que le cubrían los pies y mirando una última vez el reloj, comenzó andar a través de la calle al otro extremo. El enorme letrero Dinno´s de luces rojas que conocía tan bien como una cantina se cruzó por su mente en algún momento de esa noche, pronto se vio caminando sin rumbo fijo por las calles, con su cigarrillo en mano y con una nostalgia como hace mucho venía arrastrando, pero que ahora era casi insoportable, justamente esa noche la sentía tan aplastante entre la garganta y las extremidades, en cada hueco de los dedos, en el humo gris del tabaco, sobre las aceras, debajo de los parpados cuando cerraba los ojos y lo único que se filtraba a través de la piel eran esas luces neón.

Sus pisadas hacían sonar los charcos de agua que sin querer interceptaba en su camino y pronto se vio pisando todos los que encontraba. En el ultimo que dejo de lleno caer su bota, fue que decidió mirar realmente en donde estaba, el cigarrillo entre sus dedos ya se había consumido lo suficiente para comenzar a ser inservible, miro un letrero pequeño y discreto a su lado, a diferencia de los demás que habían sobre la calle, éste simplemente se mantenía iluminado por unos cuanto focos de luz blanca, ni tan lujoso o llamativo. El cigarrillo termino por caer al suelo y las gotas de lluvia de una nueva tormenta quedaron detrás cuando decidió entrar guiado por la minúscula pista apenas audible de una canción que en su vida había escuchado.

El hombre detrás de la barra combinando brebajes con maestría servía algunos tragos a un par de chicos que hablaban animadamente y reían discretamente, tenía un tatuaje sobre el pecho, algo parecido a letras enormes que no entendía y podían admirarse perfectamente a través de la diminuta camisola de tirantes que vestía. Más allá,  otras mesas mal dispersas en el pequeño lugar, eran ocupadas por más chicos y chicas quizá unos cuantos, muchos, pocos años menores que él y que ya entrados en la atmosfera nocturna cantaban y tarareaban canciones de albornoz dignas de su juventud y entusiasmo, pero también inspiradas en una noche etílica que apenas comenzaba.

Alcanzo una mesa lo suficientemente alejada del albedrio de los jóvenes pasando por unas cuantas que estaban vacías, el lugar no estaba en su totalidad topado de gente, y apenas unas mesas se encontraban solitarias. Su mano se internó en el abrigo y mientras sus pupilas repasaban el lugar de nueva cuenta encendiendo un nuevo cigarrillo.  Sus ojos se toparon con las miradas de dos chicas que curioseaban y murmuraban entre sí mientras sonreirán en una mesa, a unas cuantas de la que se encontraba e indiscretamente le miraban. Su teléfono volvió a iluminarse y vibrar en su ropa y en nada de tiempo volvió a ignorarlo. El olor de la nicotina pronto inundo sus sentidos y la calma volvió a estar en el lugar, otra calada al cigarrillo entre sus labios y ya ni recordaba cómo había llegado allí. Una de las chicas se levantó, vestía una pequeñísima minifalda azul marino que dibujaba perfectamente sus bonitas caderas y una blusa que parecía cubrirle el cuerpo de Diosa que portaba con orgullo y vanidad en esos 22 o menos  años, quizás más quizás menos, eso él no lo sabía, en casos, noches y lugares como esos, lo que menos importaba era la edad, el sexo o la calidad moral de las personas, no cuando sonríen y se mueven así al caminar, como el péndulo oscilando e invitando a cambiar la hora a una oscura y tardía. Llegó hasta su mesa aun con esa mirada llena de coquetería y sonrisa pintada de labial rosa.



 -¿Por qué tan solo hombre?-la chica le miro con insistencia de arriba hasta donde la mesa dejaba verle abajo, envuelto en esa gabardina de Dolce & Gabbanna. La otra chica, su amiga seguramente, seguía en su mesa y les miraba desde lejos reprimiendo una risilla divertida y ansiosa, dando un trago grande a su cerveza. La chica, en su examen visual, no paso por alto el objeto que aun llevaba en el dedo, ese pedazo de metal caro, bien formado y moldeado que brillaba apenas, tan gastado y descuidado como los cuantos años que lo llevaba puesto y que se habían encargado de hacer lo mismo con él. Sin mucho esperar ella volvió a sonreír como sonríen las mujeres dignas de traer consigo los placeres mundanos más suculentos escondidos en los labios. Dio una calada al cigarrillo apenas consumido que sostenían todavía sus largos dedos tentado a responder algo a la señorita, eso era lo que venía buscando ¿no?, una escapatoria, por más vulgar que resultara, la necesitaba y así de fácil la había conseguido, así de fácil iban y venían las cosas y él no entendía porque simplemente no se sentía…feliz, en esto y en todo aquello que realizaba, si todo parecía ir y venir de forma sencilla. No entendía qué en su vida y lo que le rodeaba le habían llevado a esa situación, que era lo que había consumido su mundo de satisfacciones y alegrías, que había sido la sombra que se había tragado la brillantez de sus días de juventud y sueños, de promesas y anhelos que atrapaba como las estrellas en un cielo limpio, y que ahora al igual que allá afuera, le mojaban con lluvia solamente. Dejo salir el humo de su boca y tentado estuvo de contestar por fin. Qué más daba si así conseguía compañía,  consuelo silencioso en una noche que deseaba y era la primera en la que tan desesperado estaba. Entonces la puerta del lugar se abrió.

La silueta de dos chicos jóvenes igualmente como todos los que allí estaban -a excepción de él claro- fueron iluminadas apenas unos segundos por las luces lánguidas de los automóviles que circulaban afuera a toda velocidad. Apenas entraron, caminaron directo a una de las mesas vacías y un tanto alejadas del ambiente de fiesta. Uno de ellos, el más alto, llevaba el cabello corto, muy corto y castaño, parecía uno de esos personajes de historietas o comics, alto, atractivo y con cierto retintín serio y discreto, su ropa podía delatar tales pensamientos que su cabeza imaginaba, se movía y caminaba con parsimonia y tan exacto. Sus extremidades eran tan largas, tanto como su cuerpo y eso le daba un aspecto ciertamente intimidante, pero a su vez atrayente, era alto, claro, tanto como él, quizá unos centímetros más, en cambio el otro muchacho… un rubio centímetros más bajo que el castaño se adelantó unos pasos. Aquel chico llevaba la mandíbula tensa y caminaba con las ganas de quien no quiere estar rodeado de más gente. Sus cabellos rubios, más largos de un lado, cubrían la parte derecha de su rostro, hasta el ojo, mismos ojos que llevaba perfectamente maquillados de rímel y delineador negro, resaltando sus pupilas y la forma de sus parpados en forma de gotas de agua. Poco pudo ver además de eso pues los jóvenes terminaron por alejarse lo suficiente para perderles de su campo de visión y más cuando un par de pechos redondos cubiertos de tela blanca, delatando en su transparencia el encaje de la ropa interior que los sostenía, se interpuso. La chica había perdido la sonrisa que llevaba en los labios minutos antes de perder su atención, y ahora le miraba con cierta molestia. 

-…y bien  guapo, ¿Cómo te llamas?-Ella insistió no resuelta en  perder su oportunidad.

 -YunHo…-contesto por fin. 

YunHo miro su cigarrillo y no pudo evitar sentirse un idiota, dejo que sus labios dejaran escapar un suspiro que no podía más reprimir y sin más volvió a meterse el Malboro en la boca sin mirarla. Ella chasqueo la boca perdiendo cada vez más la paciencia y entonces el juego termino. YunHo luego simplemente la miro caminar de regreso a su mesa pisando fuertemente con los tacones envolviendo sus pies, con la decepción en las facciones disimuladas y con el porte orgulloso y despreocupado de quien no le ha importado en nada. Estuvo a punto de levantarse y derrotado marcharse pero las voces provenientes de una mesa le captaron nuevamente la atención. Eran los dos muchachos que recién habían llegado, el castaño tenía la mirada fija en el rubio, y éste simplemente miraba a cualquier lado que no fueran esos ojos marrones y vilmente escrutadores. A YunHo le pareció que discutían, luego, por los puños cerrados del alto y la expresión fastidiada y el caminar rápido del rubio en su dirección supo que algo así pasaba. YunHo se encontró mirando al joven rubio de frente, por fin. Su piel blanca hacia resaltar fascinantemente la negrura de sus ojos y el… ¿brillo labial? que recubría sus grandes labios le daban el aspecto mágico y andrógino digno de una pintura de un ser de antaño, de esos de mitologías griegas, mágicas y polvorientas.  Tan hipnótico. Llevaba puesta una chaqueta de piel negra, y unos pantalones del mismo color, todas sus prendas perfectamente ajustadas a su cuerpo  y sus carnes ocultas debajo de tanta oscuridad, sus orejas estaban horadadas y colgaban de ellas un par de pendientes discretos, pero divinamente colocados. Era imposible no mirar a ambos chicos, apeteciblemente atractivos y jóvenes en sus veintes, quizá menos, más aun, además del aspecto visiblemente varonil del castaño, el joven rubio era grácil, delicado, indescifrablemente llamativo, tanto en su forma de caminar, de moverse, suelto y liviano, en poquísimas palabras a YunHo le resultaba sumamente llamativo. En otro caso, si se tratara de una chica, el adjetivo perfecto hubiese sido bellísimo, salido de su boca y sus pensamientos, "muy guapa y sexy", pero se trataba de un hombre, así que se limitó a seguir observándole con un poco más de disimulo mientras más se acercaba. Cuando el joven vestido en negro estuvo a casi nada de él, a YunHo le pareció que todo corría en cámara lenta, como en esas escenas de películas. Algo casi imposible. 

El joven le miro. Sus miradas chocaron desprevenidas. Y YunHo entonces olvidó como se respiraba. El muchacho ocultó  la sorpresa en esas dos perlas que llevaba por ojos y sus labios se curvaron en una mueca muy parecida a una sonrisa, pero que nunca llego a serlo, tan escondida y sorprendida cuando se percató de como YunHo le observaba. Esa mueca linda solo le duro unos instantes, siguió su andar hasta que se perdió en una de las puertas detrás de la mesa en donde se encontraba YunHo, terminando al fin el contacto entre sus ojos, entonces aun con cigarrillo en mano, el moreno regreso al mundo real. Luego de unos segundos su mirada enfoco al otro chico, al castaño sepulcralmente serio ir en la misma dirección que el rubio, no tuvo mucho tiempo de maquilar y reaccionar,  y YunHo prefirió no saber más. Era demasiado evidente el terreno que estaba presenciando y pisando sin querer, y él había quedado idiotizado mirando a uno de esos muchachos. Ahora sí que se sentía aún más idiota en ese lugar lleno de jóvenes y más aún molesto por el asombro innecesario que le había provocado el joven de ojos bonitos y decorados de negro. Sin pensarlo más decidió que era hora de marcharse, ni siquiera había tenido oportunidad de pedir algo que beber, pero que más daba a esas alturas de la noche. Antes de avanzar lo suficiente para dejar definitivamente detrás de si la mesa en la que se había resguardado, pudo escuchar los gritos dentro del baño y luego como los insultos fluían al igual que las canciones que los invitados nocturnos seguían entonando con algarabía, y alegría sin fin.

Cuando el viento de la noche húmeda le dio de lleno en el rostro sintió que hasta los huesos se le congelaban con el simple roce, y la sangre se le cuajaba. Ahora solo caían migajas de la lluvia que se había venido dejando caer ese día, toda esa semana, y la mayor parte del mes. YunHo ajusto mejor su abrigo y decidiendo que sería el último de la noche, saco su cajetilla y encendió el penúltimo cigarrillo que le quedaba. Un taxi se aproximaba circulando lentamente sobre la calle, y él levanto la mano indicándole que se parara para abordarle. 



-¿A dónde le llevo?-

En cuanto estuvo dentro y cerraba la puerta despacio, el chofer le pregunto enseguida mirándole por el espejo retrovisor. –Al centro, por favor.-contesto dando una última calada y arrojo el cigarrillo por fin antes de terminar de cerrar la puerta. El hombre asintió, puso en marcha la palanca de velocidades y YunHo se desplomo sobre el asiento sin restricción, hundiéndose necesitadamente en el abrigo y el calor que le brindaba su gabardina. Cerrando los ojos dejo su cabeza caer sobre el respaldo del asiento trasero. Sintió como el auto  avanzo apenas unos centímetros, unos insignificantes centímetros, cuando la puerta, por la que había entrado, se abrió de golpe y en ella se asomó el muchacho rubio del bar. Estaba agitado, respiraba descontroladamente. Su mirada se encontró al instante con la de YunHo, y éste absorto y perdido en su asombro y confusión, solo atino a hacer lo mismo, mirarlo sin decir nada.

-¡Deprisa, deprisa, vámonos ya!-  El chico subió rápidamente al taxi, haciéndose espacio, como bien lo pudo en el asiento que ocupaba el moreno e inmediatamente cerró la puerta detrás de  sí. -¿¡No me escucho!? ¡Arranque!-pego el grito.

El taxista hizo lo que el chico le indico, algo contrariado, pero ante la nula reacción del moreno, prefirió acatar la indicación.

-¿Pero…que? – la confusión de YunHo culmino cuando al partir velozmente el auto, detrás, se dejó escuchar el grito feroz del castaño y constatándolo con sus propios ojos se giró sobre el asiento. Vio como ese castaño alto, el acompañante del rubio, maldecía sin pudor alguno en medio de la calle en dirección al taxi que se alejaba ágilmente, metro a metro, sin que les pudiera dar alcance. ¿Qué había pensado el castaño, porque justamente él?, poco menos confundido se preguntó. Cuando sus ojos viajaron al joven rubio, grata fue su sorpresa cuando al mirarle, éste sonreía divertido y al igual que él instantes antes, miraba al castaño a través del cristal trasero del auto, en medio de esa calle, con el cólera explotando y cada vez más diminuto entre más se alejaban en el vehículo. Luego el muchacho por fin le miro, conteniendo una risotada ante la cara de Poker que cargaba YunHo en esos momentos.

-No sé qué hiciste o dijiste, pero debes bajarte del auto ahora. No quiero imaginar, ni siquiera saber lo que tu… -YunHo titubeo un momento ofuscado y comenzando a incomodarse –…lo que tu novio haya pensado, pero debes bajarte ya. Bájate ya-a

El rubio por fin decidió largarse a reír en su cara. –Vamos… ¿tienes miedo? 

YunHo simplemente no se lo podía creer, ¿Cómo había caído en esa situación?,  volvió a preguntarse irritándose y con la incomodidad incrementándose entre más le escuchaba y veía reír. Su risa era estrepitosa, muy ruidosa y jocosa cada que salía disparada de su boca, era rasposita.

-Más te vale que te bajes… - sus manos fueron directo a la puerta por la que había entrado, poco le importaba al moreno que el taxi siguiera en movimiento, en el siguiente semáforo rojo le haría bajar sin  preguntárselo.

El muchacho volvió a hablar rápidamente cuando noto las intenciones de YunHo. -Le dije a ChangMin que me gustaste y que me iría contigo esta noche, se enojó tanto que tuve que…- volvió a dejar salir su risa - …salir corriendo de allí. Ya no estabas. Y luego cuando salí del bar, estabas subiendo al taxi... ¡Apenas pude alcanzarte! – YunHo se atoro incómodo con sus palabras, sonrojado y alejándose inmediatamente del rubio. “Así que el castaño se llamaba ChangMin, y ChangMin estaba furioso porque su novio le había seguido...”

 -Me llamo JunSu. –JunSu sonrió con esos bonitos labios aun cubiertos de brillo labial y le extendió la mano al moreno.

YunHo volvió a preguntarse cómo había caído en esa situación.

Afuera la lluvia había comenzado a caer de nuevo, las luces de los demás automóviles en distintas direcciones de las calles entraban por la ventanilla del automóvil, YunHo permanecía con la cabeza recargada al cristal mirando sin mirar. Después de que el taxista volviese a preguntar a qué dirección les llevaría entonces y luego de la resistencia de JunSu a bajarse, el curso cambio, por indicación del muchacho, solo un poco al sur de la cuidad. YunHo se había hartado y resignado y en cuanto llegaran al sur y JunSu se bajara, podría regresar a casa… Ese pensamiento hizo que un pesado frio combinado con neblina de esa que había allá fuera, le callera sobre la espalda y le aplastara lentamente el cuerpo sin dejarlo respirar. Lo que había buscado esa noche, era justamente no regresar a casa y eso era lo que iba hacer ahora mismo.

El edificio se asomó imponente cuando lo tuvo enfrente de él, de pie, con la ropa tan húmeda por la recolección de lluvia que había conseguido en su velada mientras caminaba sin rumbo. Escucho el ruido del motor del taxi en marcha y alejarse,  cuando hubo marchándose completamente, una de sus manos que descansaba a su lado tan fría fue envuelta inesperadamente por los dedos cálidos de una mano mojada. ¿Qué cómo había accedido? Quizá… había sido porque JunSu le había llamado cobarde y se había reído de él, quizá porque ese se había burlado y le había arrollado el orgullo y el enojo, quizá porque le había regalado un beso sobre ese asiento trasero, de esos que jamás le habían dado, que jamás había imaginado que existían, uno más húmedo que la lluvia de esa noche, y más cálido que su gabardina cara, mas mojado que su cabello a esas alturas. Más eléctrico que cualquier luz sobre la calle.

Quizá fue por eso que YunHo se encontraba caminando de la mano de JunSu y ambos subían las escaleras, directo al departamento del rubio.

Sentía claramente que no podía respirar.

Sus pulmones consumían el oxígeno como agua en una fuente, agua pesada, dura. Viajaba agonizantemente en a través de su nariz y  laringe en mínimas porciones, atorándose de a ratos en su garganta, fluyendo como piedras y llegando a sus pulmones en atracones. Se estaba  asfixiado de olores insoportablemente deliciosos. Había sido mala idea, sí. Se sentía un imbécil, sí. Pero la sensación de la lengua de JunSu rozando la suya le tenía sin una gota de aire. Habían subido más de tres pisos corriendo prácticamente escalón tras escalón, y ni esa masacre a sus piernas le tenían así…, luego de parar en el 4 o 5 piso y le estampara con la pared más cercana, JunSu le dejo ir su boca con  esa humedad angelical, sin preguntarle, sin avisarle. YunHo simplemente no le había detenido, no le había dicho nada, le había tomado de la diminuta cintura envuelta en esa chamarra negra y le había acorralado entre sus brazos, tan desesperado, sintiendo la piel de la prenda mojada y resbaladiza con los dedos.  JunSu se estaba bebiendo cada respiración suya. El chasquido húmedo de sus bocas cada que se separaban solo para volver a meter la lengua en la boca contraria podía escucharse  sobre el golpeteo de la lluvia en el techo, en las ventanas, era aún más ruidosa la saliva que pasaban de boca a boca, con los labios, entre los dientes.

JunSu le detuvo cerrando sus labios sobre su labio inferior, chupando y mordiendo la carne con gula. -Vamos…- Le susurro apenas al moreno, abriendo los ojos y limpiándole con la misma lengua la saliva que había alrededor de su boca brillando en la distante luz del pasillo. De nada, le tomo la mano y le guio a través del pasillo,  a través de las muchas puertas bien cerradas, hasta dar con la última. 

Si hubiese sido una mujer, hubiese estado bien, una muy bonita…o en su defecto, solo una mujer. Con senos redondos, curvas prolongadas, ojos grandes, piernas delgadas y pestañas largas. De cabellos lacios, muy largos. Si hubiese sido una mujer, le hubiese sorprendido menos. Si hubiese sido una mujer, le hubiese metido mano debajo de las bragas sintiendo la humedad de su entrepierna mojarle los dedos, seguramente. Le habría tratado con delicadeza después de todo, y por muy puta que se mirara. Si hubiera sido una mujer… ¿estaría sintiendo lo mismo que ahora? Si hubiese sido una mujer ¿hubiese sentido la delirante sensación en el estómago al mirar a JunSu, de rodillas chupándosela? Mirando esos ojitos brillantes y dedicados cada que succionaba su piel, cada que le lamia fogosamente y él, con los ojos nublados quería simplemente arrancarse la cabeza de puro placer. ¿Se le habría llenado el cerebro y cada extremidad de calor al igual que ahora? Que se ahogaba con sus propias respiraciones, que sostenía los cabellos de JunSu entre los dedos de su mano. Cabellos suaves y limpios, muy húmedos, casi transparentes. Ansioso, jadeante, alocado; guiaba bruscamente la boca de labios gruesos  de JunSu sobre su pene orgulloso.

Si hubiese sido una mujer… se la habría follado una o dos veces, nada más.  Pero JunSu se movía mucho mejor que una puta, de eso a YunHo no le cabía la menor duda.

JunSu sobre sus caderas se mecía acaloradamente, con una lentitud tortuosa,  pero maravillosa, le masturbaba con una mano lentamente mientras le besaba de a ratos. YunHo toda la vida había pensado que las piezas de porcelana y la sensación que producía al mirarlas, eran propias y únicamente de ese material, pero la piel de JunSu, se percibía, se sentía mucho, millones de veces mejor que la porcelana, que la harina cuando se escurre entre tus dedos, cuando metes las manos en agua tibia, mejor que cuando tocas seda fina, la piel de JunSu se percibía mejor que todas esas emociones y sensaciones juntas. Su mirar era hipnotizarte, sus ojos dos diamantes brillantes y cristalinos; le atrapaban en ese momento cuando le miraba así, sobre su cuerpo, con las piernas a cada lado de sus caderas. Los dedos de YunHo acariciaron el rostro de JunSu, y luego con el pulgar le encaramo los labios de terciopelo que tenía, como los de un ángel pintado por Miguel Angel.  Resbalaron sus caricias desde su cuello blando hasta su abdomen bajo, bien tibio, allí donde el caminito de bellos comenzaba y se perdía en su entrepierna, y luego al contorno de sus piernas que las palmas de  YunHo alcanzaban a cubrir perfectamente. JunSu se estremeció en el acto, tenía el miembro igual de alto que el suyo y cerrando los ojos se había dejado hacer por los besos que luego repartió YunHo en su pecho, en su cuello, el trabajo que hacia sobre sus pezones chupándolos como dos caramelos de frutitas, dejándolos rojos y brillantes de saliva, haciéndolo gemir y temblar tremendamente.

Quizá si YunHo hubiese conocido a cualquier mujer esa noche, simplemente le habría dicho que se quitara el anillo de bodas que portaba en su mano derecha, y él lo habría hecho para follar a gusto, pero JunSu… le había chupado los dedos uno por uno, y cuando dio con el dedo que portaba su metal de compromiso, lo dejo pasar como si nada, luego de muchos besos jugosos que le regalo en la boca, le había mirado unos segundos sobre su cuerpo y le había susurrado- ¿Y eres feliz?- YunHo no había contestado, y JunSu no quería una respuesta. La realidad era más que obvia, y llego implícita cuando un beso más acaparó los labios de JunSu, un beso fogoso lleno de deseos, y las manos grandes y morenas le levantaron el trasero apretándolo como dos bombones. Ambos tiritando de gusto, y jadeando fuertemente.

 -Follame… 

Los ojos de JunSu brillaron necesitados al igual que sus palabras ansiosas en medio de la oscuridad, en medio de la habitación a medio recoger, entre sabanas y almohadas deshechas por el piso, entre ropas caras de YunHo y prendas de piel negra de JunSu. Entre zapatos y botas, hojas de papel, libros. A JunSu probablemente le encantaba la lectura o estudiaba literatura.  –…follame  duro. 

YunHo sintió su respiración pesada y difícil cuando JunSu, levantándose de sus caderas,  se tumbó boca abajo, sobre la cama, hundiendo el rostro sonrojado y agitado en el colchón de sábanas blancas.- Follame como deseas, como hace mucho no lo haces… o como nunca lo has hecho.


Los gemidos de JunSu mezclados con los jadeos de dolor eran raspositos, y le salían roncos de la garganta. 

El sonido de su pelvis golpeando las nalgas de JunSu combinado con la lluvia chocando en las aceras, en las calles, con el techo y las ventanas, con su respiración agitada, con el ruido de la cama, con el ruido pegajoso del lubricante, con …la simple voz de JunSu, con sus manos apretando las sabanas, con sus piernas temblando, con su espalda contrayéndose y parando bien el culo para que sentirle mejor, hasta el fondo; con todo lo que les envolvía los cuerpos desnudos, estaba…estaba matando a YunHo. Todo eso superaba por mucho al moreno. Le hacía querer perder la cabeza, le hacía querer derretirse, fluir como agua en el cuerpo del rubio, en su boca, entre sus piernas.

Los fuertes brazos de Yunho le envolvieron, estrangulándole la cintura y el pecho, JunSu chillo cuando una embestida certera le nublo la vista y le hizo saltar hasta las lágrimas de puro placer, del más bendito y agonizante placer.

-Mas..amha.. mas a..aa. ¡Aa! Mas.

Las embestidas de YunHo eran necesarias, bruscas, ansiosas y alucinantes. JunSu se estaba muriendo, entre el agarre impetuoso de las manos del moreno en cada parte de su cuerpo dejando marcas rojas, en cada jadeo, en cada estocada dura, moría sintiendo cada musculo deliciosamente tenso del cuerpo de YunHo envolviendo el suyo.

 -Mnh~mn..m..nh..~


El frenesí en el cerebro le hizo moverse brutalmente rápido, cada vez más rápido, aumentar la velocidad sin piedad. Y el orgasmo les llego como el mismo paraíso. 



YunHo le follo esa noche hasta que ya no le quedaron fuerzas, ni al rubio le quedara una pizca de aliento. En medio de la oscuridad YunHo miro descansar a JunSu a su lado  iluminado penas por la luz de la luna, completamente desnudos. 

-Solo tienes que aprender a respirar. - YunHo le miro unos segundo sin entender lo que el rubio decía. -  Respira y…sé feliz.

Ambos dormitaron unos minutos más observándose y acariciándose  en silencio. No volvieron a pronunciar ni una sola palabra después.



A la mañana siguiente despertó solo. Y nunca más volvió a ver a JunSu.

Pasaron muchos días, meses. Había intentado ir a buscarle al edificio en donde,  recordaba, se encontraba su departamento, pero los vecinos solo le habían dicho que el rubio ya no vivía ahí. JunSu había desaparecido súbitamente. Siguió buscándole, pero un buen día, resignado, cesó.  


 Entonces pasaron más meses de los que pudo contar con los dedos.




Una tarde muy lluviosa YunHo caminaba en una tienda departamental mirando las vitrinas, y pronto se topó con una librería. Desde fuera podía mirarse perfectamente los estantes llenos de libros tanto viejos como nuevos, de todos los colores y tamaños. Decidió entrar a echar un vistazo rápido. Camino entre algunos estantes con el espacio suficiente apenas para que una persona se permitiera el paso. No tenía mucho interés en conseguir un buen libro para leerlo en la siguiente temporada, y sin embargo solo dio una ojeada a unos cuantos y decidió salir de allí. Su teléfono móvil sonó, era un mensaje de texto, lo miro rápidamente mientras cruzaba la puerta de la librería, y sin percatarse se estampo con alguien.


-¡Hey! Cuidado.

YunHo volvió la mirada a la persona que se había quejado por su desatinada falta de atención y entonces…. olvido como respirar.

Ya no llevaba el cabello rubio, ahora era de un azul cielo brillante. No vestía como en aquella vez que le conoció, sino un poco más casual. A su lado… el castaño le acompañaba, y sus manos estaban perfectamente entrelazadas. JunSu seguía…, no, estaba más divino de cómo lo recordaba.

-¡Papi! Papi. Mamá te está buscando.

Detrás, la voz de un pequeño se dejó escuchar desde lejos, corría apenas torpemente con sus pequeñitas piernas, tenía posiblemente un año o quiza menos, y pronto alcanzo el lugar en donde se encontraba el moreno. –Es hora de irse papi.- YunHo miro a su hijo.- Mamá nos espera.

JunSu estaba bellisimo.

-No se preocupe. - JunSu sonrió dándole la menor importancia al incidente, aun sin que YunHo se hubiese disculpado. YunHo ni siquiera había pronunciado palabra alguna, se había quedado mudo. Y luego mirando al pequeño con una sonrisa, JunSu comenzó a caminar como si nada de la mano de ChangMin, directo a la librería.

YunHo no pudo apartar la vista de a ambos chicos, y menos cuando estos pasaron a su lado, sin mirarle siquiera una última vez más.

Entonces… JunSu volvió apenas unos segundos la mirada discretamente y le regalo una ligera sonrisa. Luego termino por internarse en la librería.

YunHo aun pudo ver a través del cristal a JunSu reír y conversar tiernamente con el castaño mientras miraban un libro y luego un tirón del pequeño a su lado le hizo regresar y poner atención.- Es hora de irse papá.

-Es hora. –contesto sonriendo tiernamente al pequeño.

Echo una última ojeada al ventanal de la librería, pero ya no pudo ver al peli azul. Tomó la mano de su hijo y comenzaron a caminar dándole la espalda a la tienda.


FIN.

3 comentarios:

  1. que lindo... oh Yunho no le quedo otra...
    gracias!!

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  2. me gusto mucho, este estaba en tu blog no?, pucha sigue subiendo tus fics aqui ho hazte un blog porfissssss!!!

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    1. xD
      Si, si estaba en mi blog *hace miles de años* xD

      Te dejo el link de 'mi nuevo blog' Me fui a estacionar en LiveJournal ;D Gracias, saludos Kiimiko!

      mrsbunni.livejournal.com

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