Painful Umyong

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Título: Painful Umyong
Autor: Rose
Pareja: Jaemin
Extensión: Oneshot
Género: AU, Lime, angst
Nota: este fic se basa en un manga de Itsuki kaname llamado “Mede shireru yoru no Junjou”.

[…]

*Cortesano: Referido a quien se dedica a la prostitución.
*Mizuage: Cuando se vende la virginidad de los cortesanos, se celebra una ceremonia, esa ceremonia se llama mizuage.
*Joseon: Periodo de histórico de Corea 300 años atrás.
*Meretriz: Prostituta.
*Hikkomi: El cortesano más hermoso, o con el futuro más prometedor.
*Danna: persona que paga por la libertad de un cortesano.

[…]

En algún punto del avanzado sistema capitalista actual, las deudas del sistema financiero se tornaron insostenibles para muchas economías y así se inició una cruel recesión que afectó a pequeñas y grandes economías a escala mundial.

El sistema económico Coreano, conocido por su inigualable dinamismo, cayó en las redes de la incertidumbre. La mafia Coreana se apoderó en poco tiempo de todos los créditos en el sistema bancario y la policía no era más que un juguete dentro del intrincado sistema criminal que se había fortalecido luego de la crisis que azotó al mundo entonces.

Solo quedaban pocas opciones para enfrentar los problemas financieros; una de ellas la venta de órganos, pero aquello era algo que atraía a pocos debido a su ausencia de seguridad y los problemas biológicos que traía esta extracción ilegal.

Repentinamente, como si se hubiese hecho un viaje en el tiempo a la era Joseon, se hizo popular la venta de miembros entre las familias a los acaudalados prostíbulos que eran populares durante aquella era y que fueron reconstruidos luego de la enorme recesión que causó el quiebre de muchas compañías y el desasosiego de muchas familias.

Claramente estos establecimientos también eran manejados por la creciente mafia coreana y como único medio de alivio económico del país, se dictó que la prostitución era legal.

La clase y distinción de cada prostíbulo dependía de la mafia que lo comandara, los pertenecientes al clan norte casi siempre eran los mejores prostíbulos, las garantías para los vendidos eran mucho más de las que se ofrecían en los prostíbulos del sur, que eran conocidos por el abuso del que eran victima los trabajadores.

También se estaba haciendo casi tendencia el vender a los miembros más jóvenes del núcleo familiar, fuesen hombres o mujeres, ya que la venta de la “virginidad”, algo tan devaluado en esta época moderna, resultaba en una subasta bestial que ponía en competencia a empresarios de más alto rango y de grandes industrias incluso extranjeras.

Y de esa forma, se dio inicio a esta historia.

[…]

A la llegada de la madrugada una enorme limosina de color negro se dirigía al distrito Pyeong nam, al norte de Seúl. Aquel distrito era extremadamente popular, pues allí se encontraba el que sería el mayor burdel jamás construido en la historia de la humanidad: “Yaksook”. Su existencia atraía a todo tipo de personas, desde los más ricos CEO de todo el país, así como todo tipo de magnates y millonarios de todo el globo terráqueo.

Su construcción era tradicional, la estructura del edificio recordaba los palacios de la realeza en tiempos antiguos y he allí el enigma atrayente y distintivo de este por encima de otros burdeles. Además de ese factor, sus cortesanas y cortesanos se mantenían apegados a las tradiciones coreanas de antaño, vistiendo ropas tradicionales, aunque los elaborados tocados de la época fuesen obviados por motivos de comodidad.

Un niño de algunos 14 años de edad fue conducido desde la limosina hacia el enorme portón de madera del burdel, una vez estuvo frente a este, suavemente viró su rostro hacia su padre y madre, que le despedían con la mano. Su madre se ahogaba en llanto, al tiempo que su padre, siempre déspota y desprendido, apenas y la consolaba entre sus brazos. Él, consiente de todo lo que estaba sucediendo y de la razón por la cual fue guiado hasta aquel lugar, frunció el ceño y les dedicó una mirada de odio, al tiempo que les dio la espalda, caminando orgulloso cuando las puertas se abrieron a su favor y rápidamente fue escoltado por dos vigilantes que se le pegaron a la espalda y le llevaron hasta uno de los salones que se dejaban ver a lo largo de la vasta extensión.

Extensión que abarcaba miles y miles de hectáreas de habitaciones y árboles de cerezo, tiendas, zonas de ocio y demás, todas en estilo tradicional.

Uno de los vigilantes deslizó las puertas de papel de arroz una vez llegaron a la habitación indicada y empujó al pequeño con la mano hacia adentro y allí se encontraban varios hombres en reunión.

El mayor de ellos, sentado justo en medio de los demás, se hallaba tomando con sus manos una tradicional taza de arcilla coreana. Al verlo, el hombre de algunos 45 a 50 años levanto una ceja y con lentitud encajó en sus labios la tasa, bebiendo el contenido de un sorbo:

— ¿Es este el pago de los Shim? —musitó con la voz ronca, sacando de su hanbok negro una pipa de tabaco larga y extraña. Cuya punta estaba recubierta de un metal dorado. Acomodó las rodillas hasta levantarse del suelo y acercarse a pasos lentos hasta el niño que fue obligado a agacharse ante los pies del hombre con las manos enormes de uno de los escoltas en su pequeña cabeza, haciéndole pegar la frente contra el piso de madera.

—Desnúdenlo —ordenó y precipitadamente los dos hombres a su espalda se deshicieron de sus ropas, casi desgarrándolas como animales salvajes. En poco tiempo el frágil y delgado cuerpo del niño quedó a la vista de todos los hombres en aquella habitación.

El hombre mayor se puso en cuclillas y alcanzó apenas a posicionarse cerca de la cabeza del menor, con sus dedos le indicó a los hombres que le dieran la vuelta a su cuerpo y aquello fue ejecutado, dejando ahora el trasero del niño expuesto a los ojos del hombre que  con sus manos rasposas y enormes levantó sus finas caderas.

El hombre sonrió al tiempo que caló de su pipa todo el tabaco de una vez, expulsando el humo pestilente por su boca, que a su vez fue esparcido por toda la habitación. Luego de dejar la ceniza a un lado, volteó la pipa y aquella punta delgada la introdujo con lentitud en la entrada del niño:

— ¡AHG! —Se quejó en un grito el pequeño, tratado de revolverse pero fue inmovilizado por los dos hombres a su espalda que apretaron su cabeza contra el piso, causándole daño a su frente.

—Muy estrecho, se venderá muy bien —musitó el hombre mayor al tiempo que le arrojaba un hanbok de chiffon seda color marfil, bellamente bordado a los hombros temblorosos del niño.

—Tu nombre, dímelo —ordenó, volviendo a sentarse en su lugar original. El pequeño le miró con ojos desafiantes y se mordió los labios, sellándolos, negándose a emitir palabras.

 —Que valiente. Pero esa actitud no durará mucho— sonrió, al tiempo que uno de los escoltas levanto el rostro del niño al aire y fue expuesto ante todos como una vil pieza de ganado:

—Ese rostro definido y rasgos prominentes, será una belleza una vez madure, definitivamente el dinero que ganaré contigo será largo.

El hombre hizo un movimiento con la mano y nuevamente los escoltas tomaron al niño y lo vistieron con la pieza de ropa que le fue entregada, y lo encaminaron hacia los últimos rincones del burdel, donde se agolpaban muchas habitaciones, en uno de los pasillos fue recibido por un anciana que ya tenía el pelo blanco, pero su rostro era templado, como el de una institutriz de mal carácter:

— ¿Es este? —mencionó con su tono feroz, mirando al niño con total indiferencia. Los dos hombres le dieron una reverencia y luego lo dejaron a manos de la anciana que le miró de pies a cabeza luego de voltear los ojos de un lado a otro, como si buscase un lugar al cual meterlo.

Finalmente lo empujó de forma brusca hasta una de las habitaciones.

— ¡Aquí tienes, compañero nuevo! ¡Encárgate de él! —gritó la mujer al único presente en aquella habitación, metiendo a empujones al pequeño y prácticamente tirándolo al suelo sin contemplaciones.

— ¡Un solo grito de molestia y los azotaré! ¡Por su bien, háganse colegas! —volvió a gritar la mujer, terminando por azotar la puerta de la habitación al salir.

—ah… —Se quejó el niño, sintiendo el dolor de los golpes en su frente y la picazón extraña en su trasero luego de que aquel objeto frio y puntiagudo le atravesara.

Pronto escuchó un suspiro venir de la habitación y por aquel segundo dio una vista rápida al lugar, encontrándose con un chico. Este chico podía tener algunos años más que él, pues era mucho más alto y tenía el cabello ligeramente largo, cayendo grácilmente en puntas a su cuello.

Tenía la mirada fría y templada y su piel era muy clara, casi como la porcelana. Sus ojos se cruzaron y en aquella mirada, el más alto mostró una ligera sonrisa y extendió el brazo amablemente hacia el pequeño, que retrocedió al instante y se arregló como pudo el hanbok, amarrándolo pobremente a su cintura:

—No tengas miedo, no te haré daño —emuló, volviendo a extender la mano— ¿Lo entiendes? Ya que estas aquí, deberías por lo menos confiar en alguien.

La sonrisa del chico se ensancho mucho más, mostrando claramente unos juguetones hoyuelos a cada lado de su mejilla. Era hermoso, cautivante y su mirada, sus labios rosados cual cerezas maduras, su piel delicada y blanca y su cabello todo él era perfecto.

—Soy Jaejoong —sonrió aún más, acercándose  al niño, colocándose en cuclillas para poder apreciar su rostro— ¿Cómo te llamas?

El pequeño se removió un poco y aun con el ceño fruncido y la mirada hecha fuego, suspiró torciendo el labio al tiempo que deshacía la barrera de sus brazos y enfrentaba aquella dulce mirada con la suya, altanera y nada intimidada:

—Soy Changmin… ¿feliz? —su tono despectivo y tajante solo produjo una incontenible ternura, que hicieron sonreír mucho más al mayor, que se aproximó y se abalanzó hacia el niño y le estrechó en sus brazos con total confianza.

—Por dios, si eres una preciosura— Changmin se removió al instante, empujándolo a un lado.
— ¡No me toques, anormal! —grito y se levantó del piso inmediatamente.

—Eres agresivo —Mencionó riendo— Es normal ser así la primera vez que se llega aquí, pero pronto te acostumbraras.

— ¿Acostumbrarme? ¿A esto? ¿A vivir encerrado en este lugar por el resto de mi vida? ¡¿Acostumbrarme  a que mis padres se hallan deshecho de mí por propio gusto?! ¡Jamás podría! —Gritó entre sollozos, rápidamente apagando las lágrimas entre las mangas de su ropa. Mordió sus labios con fuerza y levantó la cabeza, encontrándose con la gélida mirada de su nuevo compañero.

—Porque así será, si quieres largarte de aquí, tu única salida es ser sumiso. Pelea, gritar y llorar, no te llevaran a más que hacer esto más difícil.

Nuevamente las lágrimas brotaron sin poder contenerlas y Changmin apretó sus dientes nuevamente al punto de hacer sangrar su labio inferior.

Jaejoong se aproximó, apoyándose en sus rodillas, y lo estrechó en sus brazos poco a poco, al ritmo que Changmin bajaba su muro de defensa y se dejaba, acariciando su cabeza con las manos.  Changmin no lo apartó. De hecho, se acomodó al cuerpo de su compañero y se dejó envolver por el dulce abrazo. Era el primer contacto medianamente humado que recibía en días:

—Por esta noche puedes llorar, gritar y sacarlo de tu interior, por esta noche tienes permitido ser humano al menos.

Esta vez, el menor se abrazó al pecho de Jaejoong con fuerza, como si estuviera a punto de descender por un risco empinado y el único sostén de su cuerpo fuera Jaejoong, a punto de caer al abismo.

Lloró amargamente oculto entre su ropa y Jaejoong permaneció en silencio, manteniéndolo estrechado en sus brazos.

Los delgados brazos de Changmin desfallecieron y las lágrimas amontonadas en su interior se agotaron. Dejó de llorar y solo se escuchaba su respiración suave y acompasada y el ritmo cálido de su aliento golpear contra su corazón.

Entonces, Jaejoong susurró una cálida canción de cuna. El sonido de su voz se expandió por toda la habitación, tan suave que relajó por completo al niño, que se quedó dormido entre sus brazos.

Jaejoong observó aquel rostro pacífico y las mejillas empapadas por lágrimas, las que limpio con sus manos al tiempo que se apoyaba en la pared y acomodaba el cuerpo del niño en sus brazos, arrullándolo.

Changmin frunció su entrecejo de forma adorable y Jaejoong no pudo resistirse a la tentación, inclinándose por sobre su rostro y acariciando levemente sus labios con los suyos, dejando un beso dulce en su boca.

El mayor se quedó mirando la ventana de barrotes de su habitación,  la luna cercar bellamente las nubes y bajo aquella luz que iluminaba su rostro prometió proteger a este pequeño niño con su alma.

En este lugar tan triste y vacío, prometió llenar su alma del calor que le fue negado y borraría las lágrimas de su rostro para siempre. Así, entre el susurro ondeante de la suave canción que inició de nuevo. Al terminar, acomodando en sus brazos el cuerpo que yacía inconsciente susurró:

—Bienvenido a tu nuevo hogar, Changmin—

[…]

Los días y las noches se aproximaron con rapidez a partir de entonces. Sin embargo, para Changmin, cada día que se aproximaba representaba su madurez y que estaba más cerca de ser vendido a algún extraño.

Poco a poco, su carácter prepotente y salvaje fue dominado a regañadientes, a punta de azotes que no dejaban marcas en su sobreprotegido cuerpo, o castigos.

 Solo había una forma de dominarlo, de hacerlo calmar y en todo el burdel solo había una persona que era capaz de hacer eso… Jaejoong.

Cada que hacia algo mal, Jaejoong también buscaba cometer un error, y de esa forma eran castigados juntos. La meretriz tenía calculados sus movimientos y sabía que cualquier cosa que pasase referente a uno, el otro estaba directamente involucrado.

Eran niños y por ello cometían muchas travesuras, pero en los confines de aquel lugar, no se podía ser humano. Tener corazón y poseer un alma, era algo que te garantizaba sufrimiento.

[…]

La nieve se precipitaba desde el cielo y los pequeños copos blancos y suaves bailaban en el viento en una bella sincronía. Changmin mantenía sus brazos extendidos por entre los barrotes de la ventana de su habitación, atrapaba los copos, observándolos derretirse con su calor corporal con la mayor atención.

Jaejoong lo observaba desde hace algún tiempo y con pasos calmados se acercó hasta rodear su espalda con sus brazos, acomodando la barbilla en la depresión de su hombro. El menor sonrió al sentir el leve roce de su aliento golpear contra su cuello y el contacto tibio de sus labios presionarse contra su gélida mejilla:

— ¿Te gusta la nieve?

—No es que me guste o que la odie —respondió— Es solo que esta es la primera vez que puedo tocarla.

— ¿La primera vez? —preguntó Jaejoong, sorprendido—

—Siempre odié el invierno. En el lugar en el que solía vivir nevaba demasiado, la nieve se agolpaba en las puertas y ventanas y por ello casi siempre tenía que permanecer encerrado en casa durante el invierno. Me aburría mucho, así que solo podía observarla caer desde el interior de mi casa, sin sentirla ni tocarla—

—Oh, ese es un lindo recuerdo—

—Lo es, pero es tiempo de olvidarlo. Ya no vale de nada —sonrió melancólico, alejando las manos de la ventana— Los recuerdos bonitos de ese lugar, ahora solo conforman pesadillas. Es deprimente, los cálidos momentos que conservo en mi corazón, siempre, soy yo el único presente… Nadie más está a mi lado.

—Changmin—

—Vamos a dormir Hyung, hace frio —refirió, retirando su cuerpo y manos de la ventana totalmente—

Jaejoong lo detuvo antes de que se diera la vuelta y sonrió al tiempo que lo acercaba a su cuerpo:

—Hagamos nuevos recuerdos, juntos— susurró—

El menor lo miró contrariado. Jaejoong levantó varios de los barrotes de la ventana con suma facilidad, apoyándose en los escalones cerca a la ventana y sacando la mitad de su cuerpo por el agujero que había quedado luego de haber retirado las barras de hierro:

— ¿Estás loco? —Gritó Changmin— ¡Te verán los guardias!

Changmin tiró de su brazo e inmediatamente le vio suspendido en la ventana, pero el mayor volvió a sonreír para luego salir completamente de la habitación.

El menor se abalanzó hacia el frente, observando a cierta distancia a los guardias que se paseaban por los jardines del burdel y miró hacia arriba observando al mayor de pie en el techo:

— ¡Baja de ahí, te caerás! —Casi gritó, conteniéndose al ver como los guardias se alertaban— ¡Puto loco, nos van a azotar!

Jaejoong extendió su mano hacia Changmin, invitándolo a subir a su lado. El menor miró de nuevo a los guardias que parecían volver a la calma. Aun con la duda y el temor en su mente, no tardó en estrechar la mano que le fue tendida y con cuidado se aproximó hacia el techo, siendo sostenido por los fuertes brazos del mayor.

La brisa fría le caló los huesos, pero se refugió entre el amplio telar del hanbok de su compañero, y anclado a su pecho el frio desapareció completamente.

La nieve se veía hermosa caer desde el cielo profundo y oscuro. Pronto empezó a acumularse en los tejados, dejándolos ver un hermoso paisaje pintado de blanco diamante.

Al horizonte, lejos, muy lejos, se observaban los edificios que se desvanecían entre las sombras de la noche, recordándoles ese mundo que ahora parecía tan extraño y al que alguna vez pertenecieron.

Un mundo que ahora era completamente desconocido.

—Cuando seamos libres —musitó Jaejoong a su oído— Caminaremos juntos por las calles en invierno y verás las luces de colores iluminar cada lugar con la nieve pegándose a tu ropa y las calles cubiertas de escharcha. Ya no tendrás que permanecer encerrado en casa. Te mostrare el mundo de blanco que se forma cada invierno.

—Cuando seamos libres ¿me llevaras contigo? —Preguntó Changmin, acomodándose y alcanzando sus manos, entrelazando sus dedos con los del mayor.

—Estaré siempre contigo Changmin…

— ¿lo prometes? —Preguntó Changmin, levantando la mirada hacia ese rostro hermoso cubierto de carmesí—

—Te lo juro —El dedo meñique de Jaejoong se extendió en el aire, y se unió al dedo meñique de Changmin. Acercaron sus rostros para sellar la promesa con un beso, tímido y dulce.

Bajo el viento frio y al nieve densa que se escuchaba crujir sobre sus pies, el vaho denso que se acompasaba a sus risas juguetonas. Sonrieron al ver el sol del amanecer colarse en el horizonte y la luz anaranjada pálida volvía a mostrarles su antiguo mundo. Más claro y sólido, pero igual de turbio que como se visionaba de noche.

El mundo al que aspiraban algún día volver a pertenecer… algún día.

4 Años después.

—Changmin—ah —susurró Jaejoong a su oído, atrapando entre sus dedos los suaves mechones de su cabello negro azabache.

El rostro de Changmin que aún estaba envuelto en un profundo sueño lucia tierno, justo como cuando le vio por primera vez, pero ahora se había transformado. Changmin ya no era solo un niño, cercano ya a la mayoría de edad, cada día se hacía más hermoso.

Su belleza tan inusual y atractiva estaba formando rumores alrededor de todo el burdel, aunque muchos también fueran dirigidos hacia él, la mayoría eran hacia Changmin.

La entrega de su cuerpo se estaba aproximando, tanto como la suya. Todos estipulaban que pagarían un precio alto por ambos, ya que, aun siendo aprendices eran extremadamente populares en el medio circundante y las ofertas no tardarían en llegar una tras otra.

Aquel día tan temido, cada vez más cerca.

[…]

Changmin parpadeó, removiendo de su frente los molestos mechones que cabello que le picaban los ojos y que Jaejoong se negaba a cortar. Por alguna razón a este último le gustaba su cabello largo y Changmin lo mantuvo así solo por él, ya que representaba un fastidio tener que cuidarlo.

Los años que habían transcurrido le habían dejado muchas cosas, pocas eran buenas, pero todo lo bueno estaba relacionado solo con Jaejoong.

Era cierto, este era el mejor burdel de todo el Seúl, el único que brindaba la posibilidad de salir una vez se pagara la deuda por la que fueron vendidos, aun cuanto tomase muchos años, la posibilidad existía. Los castigos eran severos pero mucho más humanos, aun así, no dejaba de ser un sitio en el que constantemente les recordaban el pesar de haber sido vendidos para solventar deudas o simplemente porque nadie les tenía el mínimo aprecio y que por supuesto, no eran más que putos poniendo a disposición el culo para el placer de las personas con más dinero.

—Changmin—ah —le llamó Jaejoong de nuevo, acercando su rostro suavemente al del menor y atrapándolo en sus manos, observándolo con detenimiento.

Changmin abrió los parpados totalmente y le vio apoyado desde su misma almohada, con esa mirada oscura, aun fría y distante, pero igual de enigmante al primer día que la vio. Aun a pesar de todo el tiempo que había pasado, algo innegable era que la belleza de Jaejoong nunca dejaba de sorprenderte:

—A despertar —Musitó el mayor, frotando con sus dedos sus pómulos prominentes de Changmin—

—Buenos días, Hyung —respondió Changmin, desplegando un bostezo y frotando sus ojos con el dorso de la mano—

—Buenos días, príncipe—

Changmin era conocido por ser alguien dominante y rebelde, sin miedo a absolutamente nada o nadie. Gracias a aquella actitud, se había ganado el apodo de “Príncipe” entre los cortesanos, pues de una forma u otra todos sucumbían ante sus caprichos ya que era el único que demandaba y se peleaba a garras y dientes con quien sea, incluso con el mismo dueño del burdel.

—El amanecer por fin ha llegado, compañero—

—No me digas compañero —musitó cansado, revolviéndose el pelo con las manos— Tengo hambre—

—Como ordene —se burló Jaejoong, revolviendo más su cabello con sus propias manos— Su alteza—

Jaejoong para Changmin era más que un simple compañero. El representaba su todo, la única imagen de confianza de entre todos en aquel prostíbulo, después de todo, ambos compartían el mismo destino.

El mismo cruel y torturante destino.

[…]

—Ah… mmnh… ngh… —Gimió con fuerza, inclinando el cuello hacia atrás, dejándose vencer— y—ya ah… no puedo…

—Muy bien —susurró el mayor a su odio— Gime alto, fuerte, no hay nada más excitante a los oídos de alguien que escuchar tu voz hundida en la libido.

La mano de Jaejoong se movía ondulante sobre la carne palpitante de su miembro. Sentado sobre su regazo, Changmin se sostenía de los braceros del sillón para no caerse al suelo. Estaba tan hundido y distraído en el placer que su cuerpo se mandaba solo y lo llevaba al olvidarse incluso de la gravedad.

Lentamente, una de las manos del mayor se dirigió de su miembro a su pectoral, atrapando entre sus dedos uno de sus erguidos pezones, Changmin estalló en jadeos incontrolables al tiempo que hundía las uñas contra la superficie de madera del sillón terminando de posicionar la cabeza contra el hombro de Jaejoong:

—Te has hecho más sensible —sonrió Jaejoong, acelerando el movimiento de su mano— He hecho bien mi trabajo entonces —se burló, mordiendo su oreja—

—P—Para… nhg… n—no puedo… —sus ojos dilatados por la llegada del clímax se encontraron con los fieros y excitados ojos de Jaejoong.

Por aquel ínfimo segundo en que sus miradas se conectaron pareciese como si todo a su alrededor hubiese desaparecido y solo existieran ellos dos en el mundo, como siempre, aun en el lugar en que se encontraban y la situación que enfrentaban no había nada más importarte para ellos que la presencia del otro. Vital, tanto como el aire que se escapaba caliente de sus labios.

Juguetonamente, Changmin se aproximó hasta los rojizos labios de Jaejoong y uso su lengua para humectarlos, pasándola una y otra vez por sus comisuras.

Jaejoong reaccionó, abandonando el jugueteo con su pezón y aprisionando su mejilla entre sus manos y de esa forma, encajó sus labios contra los del menor, sorbiendo con fuerza de su saliva y comenzando una batalla húmeda con su lengua.

El ritmo de su mano se desató frenético y Changmin explotó, hundiendo su más profundo gemido en la boca del mayor, ahogándolo con el dulzor de su saliva, que cálida se escapaba entre los bordes de su boca.

Mantuvieron los ojos fijos en el otro, al tiempo que regularizaban sus respiraciones alocadas y Changmin le daba vuelta a su cuerpo, sentándose por sobre el miembro del mayor, que permanecía erguido e intocable por debajo de su ropa.

Deslizó ambos brazos por su cuello y rodeó su nuca, volviendo a encajar sus labios con los propios y balanceándose en un movimiento oscilante por sobre su extremidad despierta:

—Esto, no te lo enseñe —musitó entre jadeos Jaejoong, tomando las caderas de Changmin y acelerado el movimiento a su propio ritmo— ngh… no me digas que… estas aprendiendo de otro —sonrió, al tiempo que devolvía los besos y volvía a tocar con sus manos la piel húmeda de su compañero.

—Yo también puedo improvisar —Murmuró Changmin, moviéndose ahora de arriba abajo por sobre sus muslos, golpeando directamente su entrepierna con la suave superficie de su trasero.

Todo, desde como besar, tocar, masturbar, acariciar, seducir, frotar la piel y hasta gemir, cada una de esas cosas se las había enseñado Jaejoong. Esta práctica que se había extendido entre ellos estaba prohibida, las relaciones entre cortesanos era de las primeras reglas que no debían violarse, solo les era permitido ver a otros cortesanos siendo tomados por sus clientes con sus propios ojos, para saber a lo que se enfrentarían en el futuro.

Solo eso, besarse, tocarse, demostrar cariño y mucho más tener relaciones sexuales estaba determinantemente prohibido debido a que era obligatorio preservar la virginidad hasta que fuera vendida y el tener una relación entre prostitutos no era bien visto por los clientes.

—Changmin… detente… —Rogó el mayor,  frenando con sus manos las caderas que ahora que movían por sobre su piel desnuda, ya que la prenda que cubría su desnudez se había corrido, poniendo en contacto directo a su miembro con la piel de Changmin —Es demasiado… —susurró al tiempo hundía sus dedos por sobre los oscuros cabellos del menor y besaba con sus labios la piel brillante por el sudor de su pecho.

Changmin detuvo el vaivén de sus caderas entonces, pero seguidamente busco con sus manos el rostro de Jaejoong, encajando de nuevo sus labios y posicionando su trasero justo encima de su miembro expuesto, ocasionando un gemido agudo venir del mayor, que chocó en su cavidad.

—Me… vas a volver loco —susurró Jaejoong, al tiempo que levantaba con sus brazos su cuerpo de Changmin y con sus dedos rozaba suavemente su entrada. Solo uno de sus dedos se presionaba suavemente contra aquella estrecha superficie, ahondándola y rodeándola pero no penetrándolo, provocando que Changmin echara la cabeza hacia atrás y mantuviera la boca abierta, moviéndose contra el dedo. Buscando desesperado que se incrustara en su cuerpo.

—M—Mételos —Rogó ante la forma esquiva como Jaejoong alejaba sus dedos cuando el pretendía montarlos y lo tomó del pelo restregándose eufórico contra sus muslo — ¡Hazlo, vamos!— repitió moviéndose más contra su cuerpo.

—No— dijo determinado el mayor, al tiempo que se levantaba del sillón, cargando a Changmin entre sus brazos. Hasta que luego le hizo bajar de sus caderas y lo dejó de pie frente a sus ojos —No soportare el hacerlo solo con los dedos, sabes que es el límite que no debemos cruzar—

Changmin se dio la vuelta indignado y acomodó sus prendas, cubriendo su desnudez, tomó una bata de baño que reposaba sobre el futón y se encaminó hacia las duchas, saliendo de la habitación siendo seguido de cerca por Jaejoong que se dirigía al mismo lugar.

Caminaron por los pasillos del burdel, observando a los cortesanos jóvenes corretear de un lado a otro con sus risas infantiles llenando un poco el silencio propio del lugar, justo como ellos lo hicieron alguna vez hace unos años. Los demás cortesanos permanecían encerrados en sus habitaciones, durmiendo hasta entrada la tarde luego de la ardua jornada de trabajo del día anterior.

Llegaron al onsen, una gran sala de aguas termales y duchas, que debía ser grande para abarcar la gran cantidad de cortesanos que habitaban Yaksook.

Los dos se aproximaron hasta la duchas que estaban desprotegidas una de la otra, solo las diferenciaba la regaderas de se ubicaba a menos de un metro de distancia.

Changmin se deshizo de su ropa y abrió la llave al instante, dejándose empapar por el tórrido de agua caliente que emanaba de la regadera, Jaejoong lo observó a cierta distancia, con lentitud deshaciéndose de su vestidura y aproximándose hasta la ducha detrás de Changmin:

— ¿Molesto? —Susurró contra su oído, al tiempo que se abrazó a su delgada cintura—

—No— respondió Changmin— Es solo que, falta muy poco —susurró, echando la cabeza hacia atrás, apoyándose en el hombro del mayor— No creo que pueda hacer esto con alguien más Jaejoong, sé que no. Me causaran asco— Jaejoong sonrió, delineando con sus dedos el pequeño ombligo de Changmin y dejando besos en la hendidura de sus hombros.

—Piensa en mí, no abras los ojos e imagíname—

—No serán tus manos —susurró, acercando su rostro a la mejilla del mayor, dejando un beso en ella— No será tu piel, ni tus labios, no serás tú y eso me aterra.

Jaejoong regresó a colocar las manos en el pecho de Changmin, tomando con la yema de sus dedos la punta elevada de sus pezones, jugando con ella mientras su mano volvía a su miembro aun erecto.

—Es nuestro destino —sonrió, acomodando su rostro para alcanzar los delgados labios— Luego de que te entregues alguien más podrás ser mío. Aunque tenga que compartirte, aun estarás a mi lado.

Changmin suspiró cansado, apenas y respondiendo al beso que los labios de Jaejoong le entregaban. Cerró la regadera y viró su rostro, luego su cuerpo, mirando esos hermosos ojos que amaba.

—Desearía no haberte conocido en este lugar—

Fue el menor ahora quien deposito un suave beso en los labios de su compañero, luego en su mejilla y pasó su lengua por su delgado y pálido cuello, bajando lentamente, pasando su lengua por sus pectorales, humedeciendo sus pezones rosáceos y delineando con sus manos los filosos bordes de sus caderas.

Ahí se quedó, de rodillas frente a su cuerpo desnudo, a la altura de esa extremidad palpitante que le pedía atención. Se acomodó y con destreza acaricio con sus dedos el glande, viendo como toda la extensión se hinchaba al instante y finalmente la engulló, masajeando con su lengua la punta y paseando los dedos por la base y el centro metiéndola y sacándola a un ritmo prodigioso, ni muy lento ni muy rápido.

—Lo haces mejor que yo — Aseguró entre suspiros Jaejoong, acomodando las manos a cada lado de la cabeza de Changmin y dirigiendo él mismo el movimiento contra su pelvis— ah… Chang~mm.

Pronto, el sonido de los pasos a sus espaldas los hizo detenerse, Jaejoong se corrió de inmediato por la sorpresa, haciendo retroceder a Changmin y toser inmediatamente producto de la semilla que casi traga.

— ¿Puedes avisar? —Grito molesto el menor, sintiendo su garganta escocer con el amargo sabor — ¡Casi me ahogas!

Rápidamente, el mayor volvió a abrir la ducha y metió a Changmin dentro del torrente, que le siguió el juego sin rechistar, utilizando él la ducha de lado y justo entonces ingresaron cerca de tres cortesanos más que se dirigieron directo a las aguas termales, completamente distraídos, sin siquiera notar la presencia de los otros dos.

Sus miradas se encontraron entonces luego de aquel sorpresivo momento, bajo el suave toque del agua sobre sus cuerpos, acercaron sus manos lentamente, entrelazando sus dedos, al tiempo que compartían una dulce sonrisa que al poco tiempo de convirtió en risa, una pura e inocente risa.

Perdidos completamente, como siempre, solo en pensamientos hacia el otro.
[…]

Changmin acomodó una sobre otra las capas del hanbok de Jaejoong y anudó al frente el pequeño lazo que unía las piezas, luego, coloco un broche para luego alejarse y contemplar con sus propios ojos la belleza del atuendo. La suave seda gravada con hilos dorados que ahora vestía sobre su piel hacia resaltar sus rasgos. Era un sutil color rojo carmín, llamativo pero no extravagante.

El menor suspiró al ver la sonrisa brillante de su compañero mientras se observaba en el espejo, por su parte, sus ojos vacíos reflejaban la molestia que le producía aquel gesto, aguantando en su interior el dolor y la zozobra que ese día le traía consigo. Se dio la vuelta una vez completó lo que le habían pedido y se apartó tratando en lo posible de no dirigirle la palabra al mayor.

Había estado distante y esquivo desde el día en que se había anunciado que el mizuage de Jaejoong se realizaría, aunque ambos sabían que este día llegaría para los dos, enfrentarlo era algo completamente distinto.

Jaejoong permanecía tranquilo y sonriente, no parecía nada afectado con lo que ese día significaba “es solo un estúpido mizuage” le repitió una y otra vez luciendo completamente imperturbable, alegre incluso.

Aquello podía bien ser una pantalla de humo para cubrir lo que realmente sentía, pero Changmin poco podía descifrar nada de su compañero. A sus ojos, Jaejoong estaba dichoso de hacer esto, aunque él estuviera muriéndose por dentro.

Por ello Changmin se hallaba furioso, hasta el punto de que no querer verle la cara.

Su piel, su cuerpo, todo su ser iba a ser tocado y profanado por algún asqueroso anciano decrepito, algún rico bastardo. Habían pagado una suma tan exorbitante por su cuerpo que todos en el burdel lo alabaron como nada, felicitándolo por lo popular que sería entre sus futuros clientes.

Changmin por el contrario, solo recibía críticas por ser tan grosero y apático con los clientes, al punto de que, a pesar de lo llamativo que era, le costara el que fuese elegido para ser el acompañante de los cortesanos mayores.

Era la obligación de los menores asistir como acompañantes cuando se celebrara una visita por parte de un cliente al cortesano que se le designa como maestro y aun entonces, solo siendo un acompañante, Changmin se comportaba tan descortés y mimado que incluso se estaba ganando algunos enemigos por su apatía.

Jaejoong por el contrario, era solicitado aun sin haberse conocido la fecha de su mizuage y cuando esta se dio, la puja entre los hombres fue inmensa y concluyo en la suma más grande otorgada por ningún cortesano en la historia de aquel burdel.

Quizás por eso él se hallaba tan feliz de obtener tanto reconocimiento por su aspecto y personalidad.

El menor deslizó la puerta sin cuidado y dio un paso hacia adelante, pero pronto alcanzado por el brazo de Jaejoong que se extendió hasta donde se encontraba y apretando el agarre lo detuvo:

—Changmin, no te vayas así….

—Déjame. —Musitó entre dientes el menor, levantando el brazo— No me toques.

—Changmin —insistió Jaejoong, ahora tomándolo por los hombros— Changmin, mírame.

—Suéltame —Advirtió cabreado—

—Solo mírame, Changmin.

— ¡Que me sueltes! —Gritó con fuerza empujando a Jaejoong a un lado y saliendo de la habitación—

El mayor le apretó fuerte el brazo de nuevo y luego haló de su largo cabello hacia atrás, haciéndolo entrar nuevamente en la habitación a la fuerza, deslizando la puerta y empotrando a Changmin contra ella para que no pudieran abrirla desde afuera.

Jaejoong clavo las uñas largas en la cara del menor y le obligó a mirarlo. Aun así, Changmin se resistía volteando las pupilas hacia otro lado, como respuesta, Jaejoong levantó su barbilla y lo tomo del cuello apretándolo con suavidad:

—Estas siendo cruel —murmuró con dolor, acercando su cuerpo completamente al de Changmin y sosteniendo su cintura— Sabias que este día llegaría tarde o temprano ¿Por qué me tratas así?

Las lágrimas se amontonaron en los ojos del menor, pero con sus manos atajadas por el cuerpo de Jaejoong no pudo limpiarlas y libres de ataduras rodaron por su mejilla, sin embargo fueron atrapadas por la lengua del mayor, que las limpió mientras emergían, terminando el recorrido de su lengua sobre los apretados labios de Changmin:

— ¿Por qué eres tan feliz con esto? —Murmuró entre los besos que eran repartidos por el rostro— ¿Por qué haces esto tan bien? ¿Serás feliz vendiendo tu cuerpo?

—No es como si tuviera opción —respondió Jaejoong, soltando el agarre de su cuello y ahora hundiendo sus dedos entre los sedosos cabellos de su nuca— Yo he aceptado lo que debo hacer Changmin.

— ¡Pero no es justo! —Gritó, tratando de apartarlo, sin resultado—

—Pronto, muy pronto, tendrás que hacer lo mismo —Aseguró el mayor, acercándose de nuevo y besando sus labios superficialmente para luego profanar sus ojos con su intensa mirada— y entonces sufriré lo que hoy tu estas sufriendo, mi príncipe.

—Jaej…

La meretriz tocó la puerta con fuerza al no poder abrirla, y ambos se lanzaron una última mirada antes de apartarse y darle paso a la mujer, que frunció el ceño y miró con recelo a Changmin.

Jaejoong se acomodó la ropa, pasando la manga por sus labios para borrar el rastro de saliva de su beso y Changmin agachó su cabeza  saliendo inmediatamente de la habitación.

—Creo que conoces bien las reglas ¿no Jaejoong?

—Las conozco —Replicó sonriente— Todo está bien.

—Eso espero —murmuró, dándole paso para que saliera y poderlo guiar hacia el lugar donde se realizaría la entrega, mirando irritada hacia la dirección por donde el menor se había ido—

La ceremonia del Mizuage de Jaejoong se realizó sin mayores inconvenientes.

[…]

La noche avanzaba lentamente ese día. Changmin se fue a dormir temprano aun sin cenar y se envolvió en sus cobertores, mirando perdido la luz clara de la luna reflejarse en la ventana.

Recordó por aquel instante como hace unos años Jaejoong levantó los barrotes y pudieron salir de ahí, experimentar por primera y única vez un poco de libertad, el júbilo del viento, la nieve tocar su piel así como la sensación de besar sus labios.

Sumido en aquel recuerdo en ese instante en que estaba terriblemente dolido y lastimado, indagó el poder escapar del burdel y saborear un poco de lo que sintió aquella noche aunque fuese solo.

Hoy, como nunca, incluso más que el día en que sus padres decidieron que una deuda era más importante que su propio hijo y lo abandonaron, se sentía más traicionado. Con los ojos rojos e hinchados aun cubiertos por las lágrimas que había estado derramando toda la noche se acercó a la ventana y apretó entre sus manos uno de los barrotes. Mordió su labio, meditando una vez más, planeando como podía escapar, repasando mentalmente la extensión del burdel.

Pronto levantó la pieza de hierro y esta cedió, demostrando que no la habían reparado. La segunda fue quitada con rapidez y solo con esas tenía espacio para salir.

Dio una mirada a la habitación vacía y obscura y se limpió las lágrimas una última vez antes de salir por la ventana y de la misma forma que Jaejoong le enseño, trepó hasta llegar al techo, donde el viento ondeaba con fuerza y golpeaba su cara.

Libertad, podía saborearla.

Caminó por el tejado con el obscuro cielo azul sirviéndole de camuflaje, llegando hasta el final del techo que estaba ubicado a cierta distancia de la única pared que separaba el burdel de la civilización exterior.

Respiró aire frio por la boca y sus pulmones se llenaron de oxígeno y luego expiró todo el aire y miró determinado su única vía de escape.

Unos tres metros lo separaban de la pared, por lo que dio varios pasos hacia atrás, dispuesto a tirarse al vacío para alcanzar su anhelada libertad.

Era la muerte de su cuerpo, o la muerte de su alma, la decisión era fácil de tomar.

Sin embargo, logró dar solo un paso hacia adelante cuando un brazo le empujó hacia atrás y lo tiró contra los tejados del techo con fuerza bestial, haciéndolo golpear contra la dura superficie.

Changmin se sostuvo de una saliente para no caerse y levantó la mirada observando la sombra negra de quien lo había sorprendido, de pie ante su cuerpo, la luz clara de la luna le permitió ver con más claridad de quien se trataba, era Jaejoong, con el ceño fruncido, mirándolo con la furia contenida en sus orbes.

Changmin se puso de pie como pudo y le encaró, dispuesto a echarlo a un lado con tal de huir de aquella pesadilla, su libertad, las alas que le fueron cortadas lo esperaban a solo unos metros de distancia:

—Regresa —Ordenó demandante el mayor, sosteniéndolo por el brazo con fuerza, leyendo sus intenciones al observar como miraba fijamente la pared a la distancia— No pierdas el tiempo.

—Déjame — Gritó Changmin tratando de liberar su brazo del agarre pero Jaejoong lo apretó con más fuerza, haciéndolo caer de rodillas por el dolor—

Jaejoong agarró su pelo y lo arrastró sin contemplaciones aun ante los quejidos de Changmin, no se detuvo ni por un instante. Cuando estuvieron sobre su habitación, lo amenazó con tirarlo al vacío si no volvía a entrar por la ventana y sin más opciones, Changmin se deslizó por el techo y volvió a ingresar a la oscura habitación.

Una vez estuvo dentro se apresuró hacia la puerta, pero nuevamente fue atrapado por el fuerte agarre del mayor que le dio la vuelta a su cuerpo y le azoto una fuerte bofetada en la mejilla, haciéndolo caer de bruces al piso, con las manos sosteniendo la herida punzante:

— ¿Qué pretendías? ¿Eh? —Gritó Jaejoong, de una forma escabrosa jamás escuchada antes por Changmin— ¿Huir? ¿Correr? ¿Ver que tan lejos podías llegar antes de que te encontraran y te azotaran hasta matarte? ¡¿Porque mierda no piensas como un ser humano?! ¡No tienes opciones Changmin, deja de fingir que no sabes dónde te has metido y que tienes que hacer para vivir a partir de ahora!

— ¡¿Crees que no tienes la culpa?! —Gritó en respuesta Changmin mirándole con profundo odio, como nunca lo había hecho— ¡¿Por qué no pudiste dejarme ser?! ¡¿Por qué me tocaste?! ¡¿Por qué me consolaste?! ¡¿Por qué me hiciste promesas que nunca vas a cumplir?! —Sollozó con ira cortando el llanto con dolor— Si tan solo me hubieras dejado solo, si no me hubieras hecho aferrarme a ti  ¡ahora, podría ser tan frio como para dejarme coger de un extraño y no importarme una mierda! —Grito, golpeando el piso con frustración—

—Ahora lo sabes ¿no? protegerte, ya no puedo protegerte. A partir de ahora mi tiempo no será de exclusividad para ti, dejare de ser tu sirviente. Príncipe… Es hora de que enfrentes el mundo por ti solo.

Changmin lo miró, elevó sus labios curvándolos y formando una sonrisa irónica, se levantó del piso y sostuvo aquella expresión divertida y aun con las lágrimas extrañamente colgando de sus ojos, pudo pararse con dignidad y enfrentar sus palabras:
—Entonces diviértete, dándole el culo a quien se te pase por el frente, maldito puto sin alma. Apuesto que has soñado desde que llegaste aquí llenarte el fajo de billetes con los cerdos a los que les sonríes con tanta tranquilidad ¡Tú y toda tu puta amabilidad se pueden ir a la mierda!

—Solo eres un crio —sonrió, llevándose el pelo hacia atrás— Lo siento —Se acercó, buscando abrazarlo, pero el menor lo esquivó, dándole un manotazo—

— ¡No me vuelvas a poner una mano encima! —Gritó, apartándolo a un lado— Algún día saldré de aquí, algún día seré libre ¡No te necesito!

Otra mueca divertida se dibujó en el rostro de Jaejoong, sonrió de una forma sensual y provocadora que hizo que Changmin sintiera escalofríos:

—Solo hay dos formas de salir de aquí, con tu culo o con tu culo —entono altanero moviéndose hasta alcanzar la mejilla que sus manos habían golpeado y acariciándola con suavidad— Entonces, ¿Qué hará el príncipe al que todos rehúyen por su mala actitud? Te pudrirás en tu prepotencia y orgullo.

— ¡Seré mejor que tú! —Le retó, apartando la mano de su rostro— Te venceré, te quitare a tus clientes, todo, saldré antes de que lo hagas tú y me burlare de verte pudrirte en este infierno —su pechó subía y bajaba por la furia contenida, y en respuesta Jaejoong sonrió, extendiendo el dedo meñique hacia el menor— Lo haré…

— ¿Es un trato?—

Changmin extendió su meñique y ambos se unieron. Jaejoong aprovechó aquel momento y le agarró la muñeca, acercándolo a su cuerpo, haciéndolo golpear contra su rostro donde tomó sus labios y lo besó sorpresivamente, logrando entrar en su boca cuando Changmin pretendía quejarse. Enredó su lengua con la del menor y hundió los dedos en su cintura, tirando sus labios con sus dientes y observándolo, como su cuerpo cedía poco a poco y respondía el beso con lentitud.

Cuando Changmin estaba a punto de mover sus labios contra los suyos, se apartó, dejando que un delgado hilo de saliva se quedara suspendido por unos segundos en el espacio que los separaba y Sonrió, limpiando con su lengua los rastros del beso que habían quedado.

Changmin, desorbitado y confundido lo miró desenfocado, hasta que la risilla que soltó le hizo fruncir el ceño y lo empujó, limpiando con su antebrazo la saliva que reposaba en su boca.

—Es un trato—sonrió Jaejoong— Supérame, príncipe.

Una última mirada de prepotencia soltó Changmin al tiempo que se tiraba sobre el futón y se envolvía como un gusano con el cobertor, dándole la espalda al mayor.

Jaejoong lo tomó con calma y suspiró divertido al tiempo que se acostaba a su lado y lo rodeaba con sus brazos, alzando su pierna por sobre las de Changmin y sus brazos lo aprisionaron aun sobre la gruesa colcha que los separaba, lo apretó y lo estrujo con fuerza.

Pegó su cabeza a la almohada de Changmin y cerró los ojos, respirando, haciéndole sentir al menor su aliento cálido sobre la nuca.

Pronto, Changmin dejó el cobertor a un lado y se quitó de encima el cuerpo de Jaejoong, refunfuñando pasó los brazos por su cintura y se abrazó  a su pecho, hundiendo la cabeza en aquel lugar. Jaejoong le envolvió con sus brazos y dejo un beso en su frente mientras sonreía, revolviendo con sus manos los largos cabellos que estaban enredados en sus dedos.

Jaejoong sabía que él no iba a pelear para siempre, porque desde hace cuatro años Changmin solo podía dormir abrigado de su cuerpo y envuelto por sus brazos.

En la madrugada, una sombra caminó rauda entre los pasillos con un velón en las manos, quedándose de pie ante la puerta de la habitación que compartían Changmin y Jaejoong. Una mano se abrió paso entre la luz que desprendía el velón y deslizó un poco la puerta, dejando ver en su interior los dos cuerpos de dormían entrelazados.

Las arrugas en sus ojos se enmarcaron más en su ceño fruncido y volvió a cerrar la puerta al tiempo que la luz del velón se consumía y se apagaba, dejando que desapareciera su sombra en la obscuridad.

[…]

Los meses siguientes Changmin se esforzó por cambiar su mala actitud, sonreía algo hipócrita y conversaba con amabilidad con los clientes, por eso empezó a ganar terreno antes de que la fecha de su mizuage fuera programada. Pero había momentos en que no soportaba la tensión y volvía a ser irritante y tosco y todo su esfuerzo se veía echado a la basura.

Esa noche, había un cliente que en especial le estaba irritando, mientras hablaba y trataba de ser amable, el tipo no demoraba en pasar la mano por sus piernas y buscar por todos los motivos meterla por debajo de su hanbok.

Sun nah, la cortesana que lo vigilaba, le hacía señas con los ojos para que se dejara ser y no retara al cliente, que con su apestoso aliento a licor se le acercaba al rostro para intentar besarlo.

Changmin entonces se levantó de inmediato, haciendo que el hombre se fuera a un lado y aterrizara contra el piso. Tomó la bandeja de té, mientras el cliente se pasaba la mano adolorido por la frente, llevándola consigo con la excusa de buscar más del líquido. Sun nah lo dejó ir, acercándose al cliente para tratar de calmar su molestia.

Ya afuera, Changmin suspiró y caminó con lentitud por las habitaciones del burdel, viendo a las cortesanas y cortesanos atender clientes, los ruidos que se escuchaban salir de esas habitaciones a veces eran torturantes, entre risas, gemidos y a saber que más cosas. Pronto aceleró paso encaminándose a la cocina, cuando una risa conocida lo detuvo.

La reconoció, era la risa de Jaejoong y su compañero de mizuage, un joven heredero de nombre Yoochun, que había pujado y vencido a grandes magnates que también habían apostado una gran cantidad de dinero.

El menor trató de pasar de largo e ignorar el asunto, pero la curiosidad le pudo ¿Cómo era Jaejoong con sus clientes? —se preguntó— pero una vez se posicionó frente a la puerta, se arrepintió. Estaba husmeando y eso era caer demasiado bajo, sin embargo, la curiosidad lo mató y se aproximó a la puerta, observando a través de la ligera abertura que había dejado como el hanbok de su compañero era deslizado por sus hombros y sonreía, dejándose tocar por el hombre.

Changmin empuñó con fuerza sus manos conteniendo el horrible sentimiento que le carcomía, se dio la vuelta, no sin antes evitar escuchar las risas y suspiros en gemidos de aquel, el hombre del que se había enamorado en brazos de otro.

—Eres muy dulce —Susurró Yoochun mientras pasaba las manos por los muslos desnudos de Jaejoong— me pregunto si me enamorare de alguien como tú —sonrió, levantando la vista y percatándose de que alguien aguardaba a espaldas en la puerta—

—Espero que si —susurró Jaejoong— Porque yo ya me he enamorado de ti. Desde el primer día.

Una lagrima rodo por la mejilla de Changmin al reproducir aquellas palabras una y otra vez en su cerebro, no pudo soportarlo más y salió corriendo del lugar.

Los objetos de arcilla que llevaba en sus brazos se cayeron al piso, haciéndose añicos en un instante, reventando en un estruendo ensordecedor:

— ¡Changmin! —Gritó la meretriz al verlo recogiendo los trozos de arcilla rotos en el suelo— ¡¿Por qué eres tan torpe?!

Changmin levantó la vista dejando ver su ceño fruncido y las lágrimas recorriendo sus mejillas, la mujer se quedó muda al tiempo que los demás cortesanos asomaban la cabeza por la puerta para ver que estaba sucediendo:

— ¿Changmin—ah? —Preguntó Jaejoong mientras salía de la habitación, escoltado por Yoochun— ¿Qué pasó?

— ¿Él es Changmin? —murmuró Yoochun a su espalda. El menor apretó entre sus manos el trozo de arcilla rota que estaba sosteniendo, cortándose la piel con los bordes y se levantó, caminando sin mirar o responder ante los reclamos de la anciana que le gritaba  a su espalda.

La sangre se escurría por su mano y con las lágrimas secas pegadas a su rostro se aproximó hasta su habitación, donde se encerró y se dejó consumir por la oscuridad.

Jaejoong se acercó una vez pudo despedirse de Yoochun, negándose a recibir más clientes hasta no averiguar que sucedía con su compañero.

Deslizó la puerta encontrando a Changmin con sus piernas abrazadas y su cabeza hundida entre sus rodillas, escondido en un rincón en la oscuridad. Se aproximó con delicadeza y acaricio sus brazos:

—Changmin—ah—

Una vez pudo verlo con claridad, observó su mano cubierta de sangre y la tomó, divisando la profunda cortada que tenía.

El mayor de inmediato se levantó y buscó una vasija la cual llenó de agua y se arrodilló frente a Changmin para limpiar su herida, pronto, Changmin reaccionó, levantándose del piso y tirándole encima la vasija llena de agua, sus ojos estaban cubiertos de lágrimas y su mano sangraba mucho más de lo que se veía.

— ¡Te odio! —Gritó, con la voz quebrada por el llanto— ¡Púdrete, muérete, no vuelvas a aparecer en mi vista! ¡Desaparece! maldigo, maldigo cada día en que llegue aquí, en que me vendieron a esta infierno, pero sobre todo el día en que te conocí ¡Lo maldigo con mi alma!

La vista de Jaejoong se tonó oscura y vacía, al tiempo que el agua se escurría por su cabello. Se levantó del piso y tomó a Changmin del brazo, levantándolo y arrojándolo contra el piso con saña, encerrándolo entre sus brazos al tiempo que agarraba sus muñecas y las posicionaba sobre su cabeza:

—Ódiame, maldíceme, nada de eso cambiara donde estas ahora y lo que serás muy pronto —sonrió, escabrosamente, más que una sonrisa altanera era una llena de todo el dolor de su interior atascado en su alma por aquellas crueles palabras— Porque tu mizuage está a solo meses de ser cumplido y cuando eso pase, le entregaras tu cuerpo a un total extraño que se creerá dueño de ti. Y tu mirada cambiara, y entonces… dejarás de pertenecerme…

El susurro de su voz era vacío y con el dolor contenido en su mirada se aproximó hasta los labios de Changmin y lo besó, con calma, con el deseo apoderándose de cada poro de su cuerpo.

— ¿Por qué siempre debes hacer todo más difícil? —Susurró contra su oído, Jaejoong— Ahora que gritas que me odias no puedo soportarlo. Yo solo quería esperar, esperar hasta que fueras de otro hombre. Pacientemente aguardando para poder tocarte finalmente —besó la mejilla del menor con dulzura, lamiéndola y sus ojos, su frente, sus pómulos, la punta de su nariz, cada espacio de su rostro lo cubrió con besos— Pero ahora la idea de que otros tengan lo que yo quiero para mí, me está matando. Y si dices que me odias entonces no quedan más salidas. Si a pesar de todo no tengo tu corazón, entonces tendré algo tuyo, lo que sea, pero que me pertenezca solo a mí.

Las manos de Jaejoong viajaron de las muñecas a los muslos de Changmin, a la parte que no estaba cubierta por la suave tela de su hanbok, Changmin cerró los ojos con fuerza al sentir nuevamente el tacto de sus manos frías sobre su piel, después de tanto tiempo.

El menor desvió la mirada a un lado, jadeando entre suspiros cuando Jaejoong atrapó su miembro entre sus dedos y lo masajeó suavemente, esparciendo besos por el dorso de su cuello:

—Eres cruel —susurró con desgano, con las lágrimas rodando sin barreras por su rostro— Tocarme, luego de haber estado con ese hombre. Me das tanto asco.

Jaejoong se rio, tomando entre sus dientes la piel de su cuello y tirando de ella, aumentando la velocidad del movimiento de sus manos, haciendo que el menor se revolcara, quejándose con su voz nublosa:

—Este, es el mundo real, niño—

Sus manos se llevaron en su recorrido la prenda que cubría el resto de su piel, dejándolo completamente expuesto, Changmin continuó con la mirada esquiva y el ceño fruncido, pero no opuso resistencia alguna al toque de sus manos.

Pronto, Jaejoong separó sus piernas solo un poco y deslizó sus dedos por la parte interna de sus muslos hasta llegar a su entrada, ese lugar que hasta hora jamás había tocado y se inclinó por sobre su cuerpo, rodeando con la punta de su dedo índice el lugar aún no profanado.

Changmin tembló al sentir aquel cuerpo extraño deslizarse en su interior, y viró el rostro hacia su compañero, sin poder contener el dolor cuando el nudo de su dedo le perforo:

— ¡Ah! —grito levemente, con la cara completamente roja al ver la sonrisa de Jaejoong y su rostro que se acercó al suyo, tomando sus labios sin aviso:

—No… para, demente… n—nos mataran ¡ah! —Volvió a gritar al sentir el segundo dedo, revolviéndose con brusquedad— No puedes… si haces esto…

— ¿Por qué? Al final de cuentas… esto tendrás que hacerlo también con los clientes —susurró con tristeza—

—No… por favor, detente —dijo entre sollozos el menor, al sentir el insoportable dolor que le invadía— duele… para…

—Si es difícil conmigo —susurró contra su oído, metiendo sin contemplación el tercer dedo— será incluso más difícil el hacerlo con los clientes.

Changmin se mordió el labio con fuerza para evitar gritar por el violento ataque, sintió miedo, sintió dolor, pero al mismo tiempo, sentía tranquilidad, solo porque era el quien lo estaba tocando.

 Pero no dejaba de estar mal, si Jaejoong lo hacía ¿Qué podía pasar con ambos?

Los dedos fueron sacados de su interior, y Changmin pudo sentir algo caliente, muy caliente introducirse lentamente, y abrió los ojos levantando la mirada hacia Jaejoong:

—No serás capaz de…—

Sus palabras fueron detenidas por los besos furtivos del mayor y su cuerpo haciendo presión contra su parte baja, entrando en una estocada limpia, ahogando dentro de su boca el grito de la virginidad perdida.

—Ya eres mío —susurro con dolor, mirando sus ojos castaños empapados con las lágrimas, nerviosos por la inocencia de su cuerpo ser arrebatada. Changmin apoyó las manos por encima de su cabeza y miró a un lado, atrapando entre sus dientes el cobertor.

Esto dolía, y si Jaejoong iba a moverse no sería capaz de contener su voz y podían descubrirlos.

—Mírame —Rogó el mayor— Mírame Changmin.

Changmin desobedeció, cerrando los ojos y apretándolos con fuerza.

Escuchó un suspiro largo venir de parte de Jaejoong y su voz, insistiendo que lo mirara. Esta vez sus palabras salieron temblorosas.

—Miram…—

— ¡No! —Gritó el menor— Solo córrete y déjame en paz, maldita sea. Ya tienes lo que querías, así que tómalo y lárgate —su voz se marchitó de inmediato por culpa de la fuerza con la que la sacó, volviendo a callarse y a cerrar los ojos con fuerzas ante el dolor.

Inmediatamente después, una gota hizo contacto con su mejilla y luego otra. Sorprendido, Changmin levantó la mirada observando las lágrimas que se escapaban de los ojos del mayor, que suplicando con dolor, le pedía que lo mirara una vez más.

El menor finalmente se dio por vencido, colgándose del cuello de Jaejoong y anclando las piernas a sus caderas, esperando que se moviera. Este no tardó en hacerlo y el dolor que Changmin sentía, ya no tenía un solo significado, además del dolor físico estaba ese padecimiento interior, el saber que, en los rincones de este lugar, jamás podrían estar juntos.

[…]

La madrugada trajo consigo el movimiento en el burdel de nuevo, como era su tarea, la meretriz tenía que despertar a todos los cortesanos que a la salida del sol no estuvieran listos. Los únicos que faltaban eran sus dos mayores dolores de cabeza y con el ceño fruncido y su actitud de pocos amigos se apresuró a la habitación.

Cuando llego, observo horrorizada aquella escena.

Uno de sus cortesanos descansaba en los muslos del otro, completamente desnudo. Pronto, el cortesano que estaba despierto y vestido se puso de pie, cuidándose de no despertar a quien dormía en su regazo. Se aseguró de dejar un beso en su frente al tiempo de que lo envolvía entre las sabanas y se dirigía hacia la mujer con mirada determinada.

Caminaron tranquilos hasta llegar a la oficina de la mujer mayor, tratando de no levantar ninguna sospecha en nadie y una vez llegaron y entraron a la módica oficina, el cortesano recibió un golpe tremendo que lo hizo caer al suelo:

— ¡¿Qué has hecho?! ¡¿QUÉ HAS HECHO?! —Gritó alterada la mujer— ¡Sabias las reglas! ¡Lo sabias y aun así…!—levantó la mano al aire para golpearlo de nuevo, pero el cortesano aun con la marca de su golpe anterior en el rostro, detuvo su mano—

—Lo sé —sonrió tranquilo— Pagare las consecuencias, envíame al sur, ese es el castigo ¿no?

La mujer caminó por la habitación, fijando su mano en la cintura y luego observó al hombre sentarse tranquilamente en una silla y limpiar la sangre que se escurría por su labio inferior sin ningún temor a lo que podrían hacer con él.

Entonces lo supo, el castigo perfecto para su desobediencia:

—No puedo perder al mejor cortesano que tiene este burdel en este momento— aseguró sonriente— Es mejor dejar ir a alguien cuyo cuerpo ya no tiene valor.

El mayor levantó la vista alterado, con el terror pintado en el rostro, esto provoco otra sonrisa en el rostro de la mujer:

—No te atreverás… ¡El no tuvo la culpa! Fui yo quien…

—Eso no importa, Changmin en este momento, no me sirve de nada. Su virginidad era el único valor extra que tenía, sus superiores lo odian y no tiene ningún tipo de educación con sus clientes.

Jaejoong se levantó, tomando por los hombros a la mujer, clavando sus dedos con fuerza en su carne, mirándola horriblemente:

— ¡Te mataré!—emuló con la voz oscura y los ojos abiertos, como si hubiera perdido la razón— Si te atreves a hacerle algo, rebanare cada parte de tu cuerpo.

—No puedes hacerme nada, porque el primero que pagara mi muerte será ese maldito niñato —sonrió victoriosa—

La mujer pretendía salir del lugar pero la risa de Jaejoong la detuvo y se volteó a mirarlo, sorprendida por la tranquilidad que ahora reflejaba su rostro:

—Entonces huiré con el ¿Qué pasará con este lugar? Todos sabrán que dos cortesanos se han involucrado y han tenido relaciones sexuales, además de huir del burdel, será un enorme escandalo ¿eso quieres?

— ¿Quién te creería?—

—Me follaria a Changmin frente a todo el mundo para demostrarlo. Yo llegaré hasta cualquier punto con tal de que siga a mi lado. Tu mujer, ni siquiera saber el alcance que tiene mi desesperación. —Sonrió torcidamente—

— ¿Qué ganarás con todo esto? Si haces lo que dices entonces los dos morirán—

— Entonces no te arriesgues, en este momento solo tú, Changmin y yo sabemos lo que paso. Si me voy o estoy muerto este burdel estará en ceros. La economía no se está recuperando y no podrán vivir de esto si me dejan ir. Si lo dejas así, triplicaré las ganancias, venderé mi culo hasta no poder moverme, pero no te atrevas a ponerle un dedo encima o alejarme de Changmin.

—Muy bien —emuló derrotada— Pero a partir de ahora, aléjate de Changmin, adelantare la fecha de su mizuage.

—No lo volveré a tocar—

—Más te vale, la próxima vez, no me temblara la mano para enviarlo a comer mierda a los burdeles del sur—

Su última amenaza fue la más cortante y finalmente salió de la habitación hecha una fiera. La sonrisa de Jaejoong se borró de su rostro al tiempo que enfrentaba las consecuencias de lo que había hecho. Solo por haberlo tenido una vez, ahora no podría estar a su lado nunca más. Había logrado tomar su cuerpo pero Changmin lo odiaba y no volvería a sus brazos de nuevo. Ahora debía conformarse solo con esto, teniéndolo tan cerca, pero al mismo tiempo tan lejos.



5 meses después

Luego de su mizuage, Changmin había logrado algo de popularidad adicional, además de regular sus arrebatos y mala actitud pero aquello no le salvaba de ser aplastado por Jaejoong. El mayor seguía siendo el número uno y eso le cabreaba sobre manera.

Luego de aquella noche en la que Jaejoong tomó su cuerpo no se habían vuelto a hablar. Por alguna extraña razón, terminaron adelantando su mizuage y con el tiempo fueron ubicados en habitaciones separadas. Verse era también imposible, durante el día dormían y durante la noche debían servir a los clientes.

La frialdad de Jaejoong hacia su persona le sorprendió pero, ocupado en adaptarse al estilo de vida que tanto odiaba, lo paso por alto.

—Has estado algo ido hoy Changmin—ah —le mencionó Yunho, su compañero de mizuage y hasta el momento, su más fiel cliente, mientras caminaban entre los arboles de cerezo que rodeaban el burdel— ¿Estás pensando en algo? —dijo en tono de burla, pero luego observó como Changmin concentró su mirada hacia el frente y frunció el ceño, suspirando desganado.

—Qué mala suerte —murmuró bajo, pero irremediablemente Yunho lo escuchó—

Jaejoong y Yoochun se aproximaban en la dirección contraria y se detuvieron a saludar por un momento, entonces Yunho comprendió la razón del enojo de Changmin:

—Vaya que coincidencia —dijo sonriente Yoochun— ¿observando los cerezos?

—Son hermosos en esta época del año —respondió Yunho— No podíamos dejar de verlos antes de que el invierno se los lleve.

—Es verdad —agregó sonriente Jaejoong, tomando un tallo de flores que colgaban del árbol más próximo, provocando una lluvia de pétalos alrededor.

Con el pequeño puño de flores en la mano se acercó hasta Changmin y con suma delicadeza las coloco sobre su bello y lacio cabello negro, atrapando y enroscando entre sus dedos un delgado mechón— Es una lástima que las flores no superen la belleza de nuestro hikkomi.

Yoochun y Yunho rieron al ver como Changmin se sonrojaba hasta las orejas y quitaba torpemente de su pelo el tallo de flores, refunfuñando entre dientes de una forma muy linda. Jaejoong también sonrió, quitando de su cabello un pequeño tallo que quedaba aun enredado entre sus hebras.

Ambos se miraron entonces y por aquel minuto entre las risas de sus clientes se perdieron en su propio mundo, con las flores de cerezo bailando hermosamente sobre sus cabezas. Jaejoong se acercó solo un poco, profundizando su mirada y clavándola en ese par de ojos castaños que adoraba.

Fue Changmin quien apartó la vista en ese momento y miró a Yunho que observaba la escena con una cara divertida. El menor se colgó del brazo de su cliente y lo arrastró lejos de los otros dos, que los observaban caminar y perderse en el horizonte:

— ¿No crees que eso fue muy obvio? —Preguntó con tono serio Yoochun, cruzando los brazos— Estabas a punto de besarlo, aun con su cliente enfrente.

—Es una lástima que mis señales no lo alerten a él para nada —sonrió Jaejoong, aun sosteniendo entre sus manos la última sakura que había quitado de su cabello, inhalando el suave perfume mezclado con el melancólico aroma de Changmin— ¿No crees que se veía hermoso hoy? De haber estado solos no me podría haber controlado tan bien.

—Lo que yo creo es que si hicieras ese tipo de demostración frente a otro cliente que no fuese yo, te azotarían.

—Por eso debo aprovechar mientras estás conmigo ¿no? —Insinuante se colgó al cuello de su cliente rozando con sus labios su mejilla— Tu ya sabes que él es lo que yo más amo, y por supuesto, sigues tú.

—Tal vez pero, no tolerare que algo así pase de nuevo —respondió rodeando la cintura del mayor con sus brazos— Y por la mirada de su cliente hacia ti, tampoco le agrado.

[…]

—Yunho ha decidido pagar por tu liberación —Fueron las palabras que salieron de la anciana mujer con total desdén, una vez cerró la puerta al ingresar a su oficina—

— ¿Eh? —Fue su respuesta ante el repentino pronunciamiento—

— ¿Eres sordo? Pagaran tu liberación. Si lo aceptas, tu sueño, de salir de este lugar está cercano a cumplirse —sonrió, levantándose de su silla y acercándose hasta el menor— Dame una respuesta en unos días, le transmitiré tu mensaje directamente a tu nuevo Danna.

Changmin no dijo ninguna palabra y fue empujado de la oficina por la meretriz. El menor se quedó de pie delante de la puerta algunos minutos, sin poder asimilar nada de lo que había escuchado, hasta que el sonido de los pasos de dos pequeños que correteaban cerca de la oficina lo despertaron de su letargo y los observó correr juntos, recordándole inmensamente que no hace mucho el hacía aquello también con cierta persona.

Su libertad, aquella de la que siempre hablaba y la que aseguraba algún día poder conseguir, estaba a un palmo de su cara, finalmente estaba cerca de tenerla otra vez.

Miró al cielo ya levemente obscurecido y suspiró, luego se retiró a su habitación, pensando detenidamente lo que sucedía.

Era lógico que, aun siendo uno de los más solicitados cortesanos de todo el burdel, solo llevaba 5 meses, el tiempo que le tomaría pagar por su libertad con su trabajo serian años, muchos años y Jaejoong, él podría irse mucho más rápido, lo dejaría y ¿Qué haría entonces?..

No, no se trataba de Jaejoong se trataba de sí mismo, por una sola vez... Se trataba de su felicidad.

[…]

Los rumores de la pronta libertad de Changmin no tardaron en escucharse por todos los rincones del burdel, pronto los cuchicheos eran insufribles, y  Jaejoong inevitablemente terminó enterándose.

Aquella mañana debían limpiar el burdel entre todos, sin dar esperas, el mayor aprovechó el jaleo y los ruidos para acercarse hasta Changmin sin ser descubierto por la meretriz. Changmin estaba distraído limpiando algunas vitrinas, sin prestar demasiada atención a lo que hacía. Jaejoong suspiro y se acercó, arrebatándole el lugar y limpiando por el:

— ¿Qué haces? —Preguntó Changmin sorprendido, era la primera vez en meses que tenía a Jaejoong cerca de nuevo—

—No puedo soportar a alguien haciendo tan mal las cosas —se burló, provocando inmediatamente a Changmin, que le dio la espalda y cruzó los brazos— Como lo esperaba, sigues teniendo la actitud de un príncipe —sonrió de nuevo, esta vez, Changmin se volvió molesto—

— ¡Cállate! —Gritó alterado— ¡No me llames príncipe, imbécil!

“Oh ahí están de nuevo” “Peleándose otra vez” murmuraban las chiquillas que pasaban entonces, haciendo que el menor se tragara sus palabras y se sentara normalmente mientras Jaejoong continuaba haciendo su trabajo:

—He escuchado de tu liberación —dijo casualmente, dándole la espalda a Changmin— Entonces, ¿aceptaras?

Changmin se sorprendió ante la pregunta, poniéndose nervioso inmediatamente.

—N—No… lo sé —casi murmuró, entonces observo la espalda de Jaejoong. El parecía tranquilo, pero Changmin no podía ver como empuñaba entre sus manos el trozo de tela con el que limpiaba la superficie.

Jaejoong casi palideció al percibir la duda en la voz de Changmin, no lo creía, jamás pensó que Changmin fuera capaz de aceptar irse sin contemplaciones, sin pensar ni por un segundo que lo estaba dejando hundido en aquel infierno.

Sabía que era lo mejor, que Changmin podría obtener su libertad y entonces no estaría forzado a acostarse con miles de hombres para sobrevivir. Podía formar una familia, crecer y enamorarse de alguien más. Aquello último le daba escalofríos, el miedo, los celos, la frustración, el dolor, todo se acumuló en su pecho. Podía soportarlo, el que se vendiera podía aceptarlo porque sabía que Changmin lo odiaba, odiaba que otros hombres lo tocaran, pero que sus ojos miraran con amor a alguien diferente a si mismo lo enfermaba.

Lo que iba hacer, era probablemente lo más horrible y egoísta que alguien le puede hacer a la persona que ama. Pero no podía jamás entregarle a otro tan fácilmente la única fuente de felicidad en su triste mundo.

Lo único de Changmin que consideraba suyo, su amor, sus sentimientos, jamás se los entregaría a alguien más y valiéndose de la irritabilidad y de lo poco que soportaba perder Changmin, supo lo que debía hacer entonces:

—Entonces ¿te dejaras ganar tan fácilmente, cobarde? —Emuló con veneno, creando una reacción inmediata en el menor—

— ¡¿Qué dijiste?!

Jaejoong se volteó hacia Changmin con gracia, con su bella sonrisa trofeo adornando su rostro, seguro y confiado que sus palabras serían suficientes:

—Vaya que eres un príncipe. A partir de ahora serás feliz sin trabajar, solo disfrutando de las comodidades que tu danna te dará. Entonces es oficial, he ganado nuestra apuesta. Después de todo, no lograste superarme.

— ¡No es nada de eso! —gritó Changmin furioso—

Soy horrible…

—Lo veras, no me he dado por vencido ¡Lograre superarte…!

La peor basura del mundo…

—Quiero ver eso príncipe…

Lo siento Changmin pero yo…

— ¡Ya lo veras! ¡Te arrodillaras ante mi cuando logre superarte, bastardo!—Gritó una última vez antes de darse la vuelta y apretar el paso hacia la oficina de la meretriz—

No pienso dejarte ir ¡Nunca! Aunque eso signifique que deba arrebatarte tu preciosa libertad.

[…]

Luego de varios meses de peleas y enfrentamientos entre Jaejoong y Changmin por ver quién era el mejor cortesano, el resultado siempre terminaba en Jaejoong venciendo. Desde entonces sus peleas por clientes fueron más y más constantes.

Sorpresivamente, una visita inusual llego en pleno día a Yaksook.

Un hombre algo mayor pero de rostro amable se reunió con los dueños del burdel, fueron horas y horas de idas y venidas de la anciana de su oficina al lugar de reunión y el jaleo por la visita de aquel hombre duró toda la tarde.

Finalmente Jaejoong fue llamado al lugar de reunión y aquello llamó la atención de todos en el burdel, especialmente la de Changmin.

Varias horas después, se supo que aquel hombre era un importante magnate que ahora residía en Hong Kong y que alguna vez tuvo una esposa coreana, pero luego de muchos problemas se separaron. La mujer murió de cáncer hacia muños años y había dejado a un niño que fue metido en un orfanato y criado con un apellido provisional.

Aquel hombre buscó al niño por todos lados luego de enterarse de la muerte de su ex esposa, pero no pudo encontrarlo. Hasta que en un viaje reciente a corea, observó un anuncio del burdel donde la foto de Jaejoong estaba impresa y reconociendo en él el vivo retrato de su ex esposa muerta, el hombre se apresuró al lugar a buscar a su único hijo biológico. Y entonces, el hombre negoció su inmediata libertad, libertad que no podían negarle al ser su único heredero.

Y de esa forma, la libertad de Jaejoong le fue otorgada sin miramientos.

Al enterarse, Changmin quiso escuchar de sus propios labios la noticia, aun cuando su orgullo estuviera matándolo, tenia al menos que escuchar su voz una última vez. Antes de que se lo llevaran.

Lo busco por cada rincón del burdel, y al no poder encontrarlo en ningún lado se apresuró al único lugar en el que él podía estar en un momento como este.

Su antigua habitación.

Y corrió como loco hasta llegar al lugar, deslizando la puerta descuidadamente y observo con detenimiento la habitación, pero no logró encontrarlo, sin embargo, los barrotes de la ventana no estaban en su lugar y de inmediato se aproximó hasta allí, escalando por la pared hasta alcanzar el techo.

Y lo vio de espaldas, con el viento ondeando su cabello, observando fijamente al cielo.

—Sabía que tarde o temprano vendrías a buscarme —Dijo Jaejoong al sentir los pasos sobre la superficie del techo— ¿Lo has escuchado ya?—

Changmin se sentó a su lado, tranquilo, observando como el, la hermosa luna llena:

—Entonces, ¿es verdad?—

—Si, al parecer ha estado buscándome por más de diez años, pero sin registros oficiales se le hizo muy difícil.

— ¿Cómo saben que eres tú?—

—Me hicieron una prueba y salió positiva—

Changmin no dijo nada entonces y se quedó pensativo observando sus manos que nerviosas se entrelazaban entre sí. Estaba muy triste en definitiva pero Jaejoong seria libre, feliz, tendría finalmente una familia que lo querría y un futuro lejos de las asquerosas manos de los clientes.

No quería dejarlo ir, que lo dejara solo, pudriéndose en este horrible lugar para siempre pero ¿Quién era el para negarle a la persona que más amaba en el mundo, el único gramo de felicidad en su vida? Jamás podría hacer algo como eso.

—Entonces, supongo que este es el adiós —suspiró, levantándose lentamente del tejado. Jaejoong lo observó con los ojos abiertos al verlo sonreír, tan pura y hermosamente e inclinándose ligeramente sobre su cuerpo, para luego mirarlo con tranquilidad —Gracias, por todo lo que hiciste por mí, también por los problemas que cause me disculpo. Aunque nuestra relación ha sido muy mala desde hace un tiempo, has sido la única persona a la que me he aferrado desde que llegué aquí, y por eso… —Musitó casi entre lágrimas— se… muy feliz…
Jaejoong bajó la mirada y apretó los puños con fuerza, riéndose de la forma más ruin, levantándose apresurado del techo y tomando a Changmin por los hombros, enterrando sus uñas en el hasta lastimarlo:

— ¿Qué quieres decir con eso? —Casi gritó— ¿Lo aceptas? Incluso aunque me vaya y no pueda verte nunca más, dejándote aquí solo, pudriéndote en este horrible lugar ¿lo aceptaras?

Changmin lo miró, era obvio que no lo aceptaba y que mucho menos lo quería pero nuevamente ¿Qué más podía hacer además de desearle toda la felicidad del mundo?

—Creo que nadie en sus cinco sentidos dejaría ir una oportunidad como esa, mis palabras no cambiaran una decisión que ya se tomó.

El mayor se mordió el labio con fuerza y miró perdido de un lado a otro, como si le costara respirar, como si hubiera escuchado la más terrible de las noticias. Changmin decidió que era lo mejor dejar las cosas tal y como estaban y se apresuró a volver a su habitualidad, tenía muchos clientes que atender esa noche. Y era lo mejor si en verdad quería dejar ir a Jaejoong:

—Dime… por favor, dime que no me vaya.

Dijo el mayor a su espalda, apretando su brazo con fuerza para que no se fuera:

—Suéltame, Jaejoong.

Jaejoong lo volteo con fuerza y por un momento casi se resbalan ambos del techo, pero como pudieron se sostuvieron y entonces se vieron a los ojos, el mayor parecía alterado y nervioso, sus manos temblaban y se sentían muy frías:

—Jaejoong—

— ¡DIME QUE NO ME VAYA! —Gritó con fuerza, con las lágrimas en sus ojos— Di que me amas, di que me necesitas, que no quieres que te deje solo en este lugar ¡DIMELO! —lo sacudió con fuerza— solo, una palabra tuya y yo…

—No hare algo como eso —dijo firmemente Changmin, sosteniendo el brazo que lo mantenía atajado y liberándose del agarre. Jaejoong se derrapó en lágrimas, postrándose de rodillas ante sus pies y sosteniéndolos.

—Jaejoong, no hagas esto—

— ¿Cómo puedes… —emuló entre sollozos—¿Cómo puedes dejarme así,  Changmin? —Suspiró angustiosamente— me haces sentir como la peor basura del mundo.

— ¿Pero, que estás diciendo? —Le consoló, acariciando suavemente su cabeza— Estaré bien, solo ve a casa y se feliz, yo estaré bien.

— ¡CHANGMIN! —Gritó Jaejoong golpeando la superficie con fuerza—

El menor se liberó finalmente de la prisión de sus piernas y se deslizó por el techo hasta alcanzar la ventana, con melancolía dio una vista alrededor de la obscura habitación, recordaba todas las incontables horas de felicidad que había pasado entre estas cuatro paredes.

Definitivamente, aunque asegurara una y otra vez cuanto odiaba este lugar y el infierno que representaba para su vida, nunca fue feliz hasta que llegó a aquel burdel y nunca sonrió más en su vida gracias a la persona de la que hoy se despedía.

Y saber que estaría bien, aun cuando estuviese muy lejos de su lado, le hacía sentir tranquilo.

Se muy feliz, sonríe como nunca, ahora que finalmente has conseguido tu libertad… mi adorado amor…

El destino cruel y mezquino nunca estuvo de su lado, pero aun agradecía desde el fondo de su herido corazón haber sentido algo de felicidad. No moriría triste y avergonzado por lo que pudo haber sido y desde entonces se esforzaría por finalmente, como el, alcanzar la libertad.

Tal vez entonces, pudiera tener el valor de decirle cuanto lo amaba, aquellas palabras que siempre calló por miedo a compromisos, a más dolor.

—Definitivamente algún día el destino estará a mi favor—

[…]

El invierno se aproximaba con rapidez. Luego de los meses difíciles que se vinieron por las prohibiciones del nuevo gobierno, la actividad en los burdeles era cada vez más reducida.

La austeridad se acercaba, este momento en el que todo se iría el piso y los años gloriosos de la venta de cuerpos terminarían para dar paso a la moralidad. Una moralidad sembrada bajo el piso donde se han derramado la sangre y lágrimas de personas inocentes que arrastradas por la necesidad habían terminado en este triste y vacío mundo.

—Creo que deberías de una vez por todas aceptar un danna —Mencionó la meretriz— Se vienen tiempos difíciles y hemos tenido que echar a la calle a tantos, es mejor que aceptes a alguien que te sostenga antes de que todo se vaya a la mierda.

Changmin suspiró, observando distraído los bellos y blancos copos de nieve precipitarse del cielo a la tierra, la dulce y fría sensación de conformidad y resignación mezclada en su alma.

Asintió tranquilo, dándole la razón a la mujer y se levantó del piso caminando con pausa por los pasillos casi vacíos y polvorientos del que hace unos meses fue el mejor burdel de la historia.

—Supongo que este es el fin… mi libertad, la que nunca conseguí recuperar, ahora será vendida —pensó con tristeza esperando encerrado en su habitación que se le diera la noticia que un comprador de su alma había llegado.

Las lágrimas que ahora derramaba con más frecuencia que antes ya se habían secado, y no había más que esperar y observar desde la ventana de su habitación como su última esperanza era arrastrada por el suelo, como los copos de nieve que terminan su vida derretidos en la tierra.

Regresó entonces a aquel lugar, recorriendo el camino que una vez recorrió a su lado y terminó su recorrido donde siempre terminaba, a su lado, en aquel pequeño espacio, oscuro y vacío, que se llenaba de toda la luz, con solo escuchar el susurro de su voz o estar abrigado por sus brazos.

Se sentó junto a aquella ventana, cerrando los ojos y derramando las últimas lágrimas que su cuerpo podían darle.

—Supongo que mi destino, nunca fue estar a su lado—
Eotteon… Konggane it deorado
(No importa, donde nos encontremos ahora)
nae—gen neo hanajyo
(Como tú solo hay uno)
modu byeonhaedo…
(Aun cuando todo lo demás cambie)

neo—ye—ge tteona
(Si te dejara ir…)

Na ne—ge eop—seodo
(Aun sin mi)
Chigeumcheoreom useul su i—nnayo… idaeron…
(¿Podrías sonreír… justo como antes?)
sarado nan sara
(Aun cuando ahora estoy viviendo…)
it—ji anh—neun geotcheoreom
(…Me siento como si estuviera muerto)
Al su eop—seo neowah…
(Yo sin ti… no se vivir)

Como si se tratara de un sueño, escuchó su voz, clara en su cabeza. Creyó estar alucinando, estar volviéndose completamente loco, pero, aun así, retiro suavemente los barrotes de la ventana y volvió a escalar hasta el techo, con el corazón desbocado en latidos desesperados y una sonrisa pegada al rostro. Entonces, al llegar al techo…no había nadie ahí…

Sonrió con dolor, aceptando que aquello jamás pasaría, que él jamás volvería, que el lugar en donde se encontraba, estaba demasiado lejano como para que se volviera hacia él y suspiró resignado y derrotado.

Entonces… volvió a escuchar aquella voz…

Nae—ga giyeo—khae
(Aun logro recordar…)
neomu sarang—haet—deon
(A la persona que verdaderamente amo)
naye yeojaraneun geol giyeo—khae… neomankeumeun…
(A pesar de todo… aun te recuerdo…)

Shi—gani chinado… neoye sumkyeo—ri nama
(Aun cuando el tiempo ha pasado)

neol kanjikha—go
(Tu esencia sigue en mí)
naye pume
(Como si aún estuvieras a mi lado…)
ankyeoi—nneun geotcheoreom
(Sigo llamando tu nombre)

Kkumil—jido molla
(Esto debe ser un sueño)
neo—ye—ge jwot—deon yateun sang—cheo—ga
(Las heridas que te hecho parecen superficiales)
Nae—ge juneun gipeun beo—ril—jido molla
(Aun cuando son un castigo para mi)
mianhaeseo han—chameul u—reoyo
(Lo siento tanto… he llorado tanto por ti)

Al su eom—neun gose
(En un lugar desconocido)
machi tto dareun sesange isseo
(Como si estuviera en otro mundo)
nal chu—eo—ge beoryeo—nnayo
(¿Me has sacado de tus memorias?)
Yeope isseodo neon
(Aun cuando estoy aquí, a tu lado)
nae—ge eom—neun geotcheoreom
(Es como si no estuviera aquí)

Changmin recorrió desesperado todo el lugar, detrás de aquel sonido que sus oídos seguían escuchando hasta llegar al final del techo, allí, detrás de la pared que algún día quiso saltar para buscar su propia libertad Él estaba de pie, sonriendo y entonando con su dulce voz aquella triste melodía.

Jaejoong extendió sus brazos al aire, repitiendo una vez más la canción y le invitó, finalmente a lanzarse a sus brazos.

Changmin dio una mirada atrás, a la basta extensión que un día recorrió con sus pasos, aquel lugar cuyo color y sentido solo veía si el se encontraba a su lado, pero ahora que el era libre su mundo había cambiado transformándose en gris, ya no reconocía ninguno de los lugares que antes le parecían familiares.

Después de todo, el lugar al que pertenecía estaba en sus brazos.

Y sonrió, como nunca lo había hecho, superando la distancia que los separaba, saltando sin miedo a nada, siendo atrapado por sus brazos, abrazado por su cuerpo y se aferró a su espalda con fuerza, con el temor de perderlo nuevamente.

—Gracias por volver —sollozó— regresaste por mí.

Changmin tomó su pálido rostro entre sus manos y acaricio las puntas de su cabello mucho mas corto, y sonrió, cerrando los ojos y acercándose a sus labios. Aquellos fuertes y cálidos brazos le atraparon de nuevo y sus suaves y mullidos labios tocaron los suyos, envolviendo su boca con el cándido sabor de su saliva, recorriendo con su lengua aquella boca que creyó perder para siempre, aquel sabor que imaginó no volver a percibir en su vida. Le beso, con toda la pasión y el amor que no le entrego nunca.

Y entonces corrieron por sobre la nieve blanca que se agolpaba en la calle, sintiendo el aire frio y fresco de la libertad, con sus manos fuertemente atadas, prometiendo al cielo que les cubría en su manto frio que el destino que una vez sentencio sus vidas, cambiaria, porque el destino cruel e insufrible ahora se transformaría en infinita felicidad… para siempre.

FIN

8 comentarios:

  1. Esta historia es tan hermosa que no me canso de leerla!!! es decir lo protector y complejo que es JJ me encanta y lo lindo agresivo y noble de Chang ... es prefecto...

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  2. Esta historia es tan hermosa que no me canso de leerla!!! es decir lo protector y complejo que es JJ me encanta y lo lindo agresivo y noble de Chang ... es prefecto...

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. Me encanto... muy lunda historia escribes muy lindooo graciassa

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  5. hola :)
    debi comentar antes pero recien lo hago disculpa , de principio a fin tu historia me encanto la amo puedo guardarmela? al principio fue tan duro y luego ver como poco a poco changmine se aferraba mas a jaejoong hasta que ambos dependian uno del otro para poder existir esa necesidad de no perderse me mataban de la angustia de saber si en verdad podrian hacer realidad su deseo de estar siempre juntos, senti tmb temor cuando leia el que querian entregarse solo a ellos mismos a lugar de a otros hombres, chunni y yunho fueron buenos con ellos tmb pero llore mucho al momento q mine sube al techo escuchando a jae en mi mente decia - nooo!!! se va a suicidar imaginando a jaejoong mientras el nunk volvio por mine llore mucho pensando eso pero al fin estubo en sus brazos besando sus labios corriendo en la nieve aferrado a su mano waaaaa ame tu fic gracias por compartir esta historia con todas todo todo estubo hermoso .Un final feliz despues de tooodo.
    pdta. como se llama la cancion q escribiste?

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  6. La volvi a leer y volví a terminar llorando ;___; Sin duda es unas de mis favoritas

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  7. Anónimo12/08/2013

    me encanto y me dio un poco de tristeza pero esta super te felicito

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  8. esperanza12/18/2014

    Que hermosa historia me encanto escribes genial me llegobierno al corazón gracias

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