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Arualthings

Memorias Prohibidas - Cap. 8

El corazón me ha explotado en un millón de pedazos.



Boa jugó con el tenedor en sus manos.

Observando con algo de atención la expresión perdida en el rostro de su hermano. Era como si sus pensamientos de repente volaran de un lado a otro sin lograr establecerse, ella comía un poco de fruta, esa mañana que se colaba por la ventana mientras el mayor únicamente se movía de vez en cuando y apretaba los labios.

—¿Qué sucede?

Pero Yunho no respondió, solo suspiró y pareció cruzarse de brazos, mientras sus ojos se posaban en la pared, en el color único que los poblaba y que hacían a Boa creer que definitivamente algo no estaba bien.

Así que dejó de lado el tenedor y lo miró fijamente, justo como cuando era un niño pequeño y cometía travesuras sin sentido.


—¿Cuándo piensas decirle la verdad?— Esta vez esos ojos se posaron sobre los suyos —¿Cuánto tiempo más van a seguir fingiendo tú y la policía que trabajas en ese hospital?— Yunho había bajado la mirada, mordiendo otra vez su labio inferior —Tarde o temprano, Jaejoong tiene que saber la verdad.

—Cuando eso suceda, lo afrontaré.
—Y mientras tanto ¿qué?— Arrugó el entrecejo e intentó que él notara su mirada, que se percatara de lo que la rodeaba —¿Jaejoong seguirá entre mentiras?

—Esto es importante, Boa.

Contaba los segundos, como una mera tontería sin reloj mientras Yunho parecía de pronto obtuso a darle respuestas. Mientras sus ojos vislumbraban cualquier esperpento de libertad cómoda que le permitiera sentirse bien.

Si Boa lo miraba, el otro lograba desviar su mirada y tratar de fingir que todo estaba bien, que su mente no evocaba a Jaejoong y su beso, que el alma no se le comprimía y su alma no pugnaba por un poco de agonía.






—¿Una fiesta?

Changmin había levantado la mirada un poco, justo por encima de los hombros de Minho mientras este recibía entre sus manos el pequeño sobre que uno de los muchachos le había venido a entregar.

Bebía el agua en tanto intentaba agudizar su oído y permitirse escuchar adecuadamente todas aquellas palabras que parecían susurros entre ellos en el alfeizar de la puerta y su estómago se revolvía, entre matices y remordimientos que bien podían no valer la pena.

—Supongo…— Minho dudaba —Que ahí estaremos.

Hubo una sonrisa compartida de por medio antes de que se parara otra vez frente a él, con la puerta cerrada a su espalda. Changmin era de esos tipos que podía leer en las facciones de los demás sus emociones, sus pensamientos, incluso sus intenciones. Lo había descubierto con el paso de los días y Minho era como un niño pequeño, demasiado accesible para su gusto.

—¿Quién era?
—Un amigo— Respondió el otro casi de inmediato —Es su cumpleaños y nos ha venido a invitar. ¿Quieres…?

Changmin suspiró, justo antes de que Minho terminara su pregunta.

—No lo sé…— Se movió un poco en el pequeño espacio que tenían, podía sentir la incomodidad latente todavía, esos ojos esperanzados con los que el otro lo veía y su propio estomago encogerse cuando lo notaba —¿Tu irás?

—Si, supongo.
—Ve— Sonrió de repente —De seguro te vas a divertir.

No quería condicionarlo a él, a una espera sin sentido que el mismo desconocía y que de pronto le urgía dejar de sentir, como si las manos de Minho fueran pequeñas y no pudieran anclar sus emociones.

Lo veía y sentía que no podía terminar de abrazarlo sin que el peso sobre sus hombros lo hiciera sentir culpable, esa sensación desconocida que no lo dejaba estar junto a él mientras sus instintos más básicos le pedían un poco de complacencia.

—Changmin…
—Justo ahora— Lo interrumpió nuevamente —No soy el tipo de personas con quien es agradable ir a una fiesta. Solo te complico la vida.

Empezaba a caminar hacía la ventana, Minho esta vez no replicó, apretando sus puños y bajando la cabeza, aceptando una verdad mutua que finalmente había dicho, Changmin no esperaba respuesta y tampoco la hubo, así que opto entonces por caminar tranquilo a la habitación y luego de eso, solo cerrar la puerta y descansar.







—¡Junsu!— Los pasos de Yoochun se dejaron escuchar casi al compás de su voz que sonaba como un reconocimiento inesperado mientras Junsu apresuraba el paso y apretaba los puños, esperando por que el otro lo perdiera de vista —¡Junsu, espera!

Pero eso no iba a suceder, por que Yoochun lo alcanzó, más rápido de lo esperado, con ese rostro complaciente a la vista y sus ojos grandes mirándolo directamente al rostro, siempre tan apuesto, capaz de cortarle la respiración casi sin pretenderlo.

—¿Por qué huías?

Sonaba cansado, agitado mientras su pecho subía y bajaba. Junsu solo acomodó la pequeña maleta en su espalda, con su voz pasiva y tranquila, casi sin emociones de por medio.

—Voy tarde al trabajo.

—Traté de llamarte— Volvió a decir —Pero jamás contestaste mis llamadas— Yoochun dio un paso y Junsu casi por instinto retrocedió, evitando su mirada. Esos ojos que lograban congelar su cerebro y hacer que actuara estúpidamente —Ayer te comportaste extraño ¿Está todo bien entre nosotros?

El tacto de su mano fue como corriente chocando en su piel, se alejó lo más discretamente que pudo. Un suspiro abandonando sus labios mientras Yoochun parecía tan preocupado que casi lograba derrotar sus barreras.

—Escucha, Yoochun— Trató de sonar tranquilo —Lo mejor será que dejemos de vernos por un tiempo.

Estaba siendo egoísta, quitándole a Yoochun ese escaso apoyo que había encontrado en él, tan de repente, tan agresivamente que provocaba otro hueco en su vida y podía notarlo en esos ojos que ahora parecían confundidos.

—Junsu…

Pero quería ser egoísta, al menos esta vez por él mismo.

—Ya me tengo que ir.
—¿Hice algo que te molestó?— La mano de Yoochun volvió a capturar su brazo —Si es así, me disculpo.

Esta vez la rabia subió a las expresiones de Kim, sus ojos afilados chocaron con ese rostro mientras sacudía el brazo y se alejaba un par de pasos más.

—Yoochun tú no entiendes— Pronunció aletargadamente —Y créeme, no vas a querer entender.

Así que la escena se volvió a repetir, planteando más dudas antes de que el mismo Yoochun lo viera alejarse. La espalda de Junsu se perdió entre las personas finalmente, su cuerpo pequeño desapareció como si fuera un propósito y Yoochun suspiró, confundido un poco más todavía.






Kim Heechul era de esos tipos, autosuficientes y confiados. Con el ego sobre la cabeza y que pululaba de su creciente belleza por todos lados, un mar de condescendencia ante el mundo que lo veneraba, justo antes de conocer a Leesang.

Tenía esa facultad de saberse dueño del mundo y ganarse las gratitudes casi sin mediar palabra, era tantas cosas antes de que la sobreprotección lo alzara en un monumento inalcanzable al que pocos tenían acceso.

Heechul vivía en la soledad, precaria y adusta que lo rodeaba. Rara vez bebía demasiado y sus ojos viajaban entre las botellas cuando iba a comprar vino y se cansaba. Lo habían moldeado tan bien que restos de personalidad extinguida apenas sobrevivían.

Y se movía por la culpa, ayudaba por el intento vano de querer resarcir eso tan malo que había hecho en su vida anterior, por su comportamiento de antes, trataba de reconciliarse con la vida haciendo cosas pequeñas que le regalaran una oportunidad y sin embargo la libertad todavía no tocaba a su puerta.

Leesang tenía las cadenas, y él solo se seguía opacando.

—Hoy estás extraño— Heechul se movió poco, el joven muchacho a su lado lo miraba con curiosidad —Es una cosecha nueva— Finalmente el muchacho extendió su brazo hasta alcanzarle una de las botellas y ponerla a su disposición.

—¿La recomiendas?
—Es bastante buena.

Kyuhyun se alzó de hombros, justo como hace tiempo no lo hacía, volviendo tras la caja mientras Heechul leía la etiqueta y sus pasos sonaban en la soledad de la pequeña tienda abarrotada de vinos.

—¿Hoy no ha venido contigo?
Heechul casi sonrió por instinto —¿Te refieres a Sungmin?

Kyuhyun no respondió, facturando de inmediato la compra mientras Heechul sacaba la tarjeta, extendiéndola con sus finos dedos y la extraña mueca que el menor había dibujado en sus facciones.

—Le pediré que la próxima vez me acompañe.

Comentó Heechul tomando la bolsa que ahora Cho le ofrecía junto con la botella, Kyuhyun abrió mucho los ojos, sorprendido o agradecido. Heechul no supo diferenciarlo muy bien, así que finalmente suspiró, tomando la tarjeta y la bolsa entre sus manos.

—Así que espero que me hagas un descuento muy bueno en la próxima botella.

Sus pasos resonaron hasta la salida, la sonrisa de Kyuhyun a su espalda ante de que se marchara como única respuesta. Casi no demoró en llegar al departamento y que las llaves cayeran sobre la mesa, sus pensamientos todavía formaban la cara de Siwon en su cabeza.

Lo atormentaban como esa sana curiosidad que había tenido por el otro y que ahora le parecía tan vana.

—Demoraste.

Leesang lo tomó desprevenido, sus manos rodeando la cintura mientras respiraba cerca de su cuello y sus finos labios se dejaban caer en aquella nuca, Heechul se tensó, palideció por un instante. Tan hueco como nunca antes.

—Fui a comprar un poco de vino— Susurró —No pensé que vendrías.
—Quise darte una sorpresa.

Podía sentir las manos del otro moverse inquietas, el estómago de Heechul sufría de estragos hasta que logró removerse poco y girar hasta él, entonces esos labios se apretaron contra los suyos y Kim tuvo que respirar hondo cuando finalmente lo soltaron.

—¿Qué sucede?

No podía responderle, sin que al menos sus ojos lo engañaran, así que sonrió, acariciando el rostro del mayor.

—Nada— Dejó que su voz saliera y sus brazos se movieran solos —Solo te extrañaba.

Si era una cárcel con lujos, Heechul que nunca había tenido nada la prefería, por que no tenía nada fuera de esas paredes que lo alejara, y mucho menos nada por lo que el prefiriera arriesgarse. Así los colores en su vida siguieran perdiendo contraste.






Jaejoong no había tenido el valor, sus pasos lo habían llevado hasta el hospital, pero sus reacciones propias y desconocidas lo habían hecho detenerse, apretaba entre sus manos la poca comida que había preparado y sin embargo seguía sin decidirse.

Era cuestión de valor.

El pecho le estallaba en nerviosismo y sus manos se movían inquietas mientras mordía su labio y pretendía mostrarse tranquilo, respiraba a ratos abriendo bastante la boca para que al menos pudiera pasar desapercibido.

Pero la gente entraba y salía, su mente repetía el beso que habían compartido, las manos del otro inquietando sus reacciones propias e inseguras. Por que no lo conocía de mucho y podía estarse equivocando. Temía esas respuestas que le esperaban al cruzar las puertas.

Así que suspiró, otra vez, apretando la comida entre sus manos, girando sobre sus talones de regreso por el mismo camino que lo había llevado hasta ahí, con los hombros caídos y más suspiros que sabían a una decepción amarga.






—¿Por qué no ha entrado?

Siwon lo miró como si supiera algo, como si esa actitud adusta lo atravesara y pudiera incluso leer sus pensamientos mientras él se agarraba de las manos y levantaba la mirada.

—No lo sé— Dijo pasivo —A lo mejor se siente cansado de estas sesiones o algo por el estilo.
—Eso no es bueno— Siwon miró a Jaejoong terminar de alejarse, apartando un poco las cortinas dentro de la supuesta oficina de Jung —No está precisamente de vacaciones.

—No hables como si fuera inminentemente culpable y lo único que hicieran faltan son las pruebas.
Siwon suspiró —Entonces Yunho, tú no hables como si fuera inocente. Por que a las pruebas nos remitimos.

Quizá sino se hubiera movido demasiado Siwon hubiera despegado su mirada de él, sin embargo esos ojos de Choi lo atravesaron por un par de segundos más antes de que se decidiera por abrir la puerta de la oficina y mirarlo de soslayo.

—No te involucres, Yunho. Solo no lo hagas.

Luego quedó el silencio, la oficina sin más invitados y la puerta cerrada, dejando a Yunho sumirse entre sus confusiones y las manos que pasaba por entre su cabello, la ausencia de Jaejoong pegando contra su conciencia.






Cerca de las cinco de la tarde, luego de un largo papeleo que Junsu creía innecesario finalmente sus pies pisaron la salida del edificio donde trabajaba, había cerrado su mochila en medio de las sutiles despedidas de sus compañeros, cuando la figura de Yoochun acomodado sobre una silla, con la cabeza balanceándose a ratos por el sueño lo tomó desprevenido.

Hubiera podido continuar caminando, que sus pasos lo sacaran de ahí y que Yoochun jamás se enterara y sin embargo respiró hondo, se acercó todavía dudando entre salir corriendo o no, pero finalmente lo agarró por el hombro y levantó a voz.

—Yoochun.

Los ojos del otro parpadearon antes de enfocarlo y levantarse de su asiento.

—Al fin— Masculló sin cuidado, frotando sus ojos y estirando un poco cuerpo —¿Cuántas horas trabajas?— Junsu encontró curiosa la manera en que el otro se quejaba casi sin preocuparse por si lo escuchaba —Como no me querías ver decidí esperarte hasta que salieras— Se justificó —Pero ni siquiera saliste a almorzar.

—No tenía apetito.
—Son…— Yoochun miró su reloj —¡Casi las cinco! ¿Cómo puedes no tener hambre?

Junsu lo miró un poco más.

—Yoochun ¿por qué estas aquí?

Entonces Yoochun suspiró.

—Escucha Junsu, en verdad he aprendido a apreciarte, no quisiera que por alguna tontería de repente me odiaras— No era una tontería pensó Junsu, decidido a escucharlo todavía —Nos llevamos bien ¿no? Si hice algo idiota lo siento. Pero en verdad…

—Yoochun tú no hiciste nada— De repente y en contra de sus propios instintos Junsu sonrió, apesadumbrado por el que sus pasos lo llevaran hasta esa situación, celando una relación que el ni conocía y ante la sombra de alguien que era tan perenne en la vida de Yoochun como su misma sombra —Solo no me he sentido muy bien que digamos.

—¿Seguro que es solo eso?
—Si, mejor olvídalo— Y volvió a sonreír —Mejor vamos a comer algo, yo invito.

La sonrisa que Yoochun le mostró valió la pena. Tanto que el mismo Junsu logró sentirse un poco más animado, levantando un poco el brazo y guiándolo junto a él por las calles, con esa expresión resignada en su rostro que se parecía tanto a la melancolía.

Yoochun no entendía y sinceramente era mejor que no entendiera.






El lugar de pronto era más grande de lo habitual, sus pasos daban cortos espacios de camino, dejando atrás el pequeño abrigo y sus pies descalzos se aventuraban sobre la madera, Jaejoong pretendía que el día era lo que lo tenía así, cansada y con su mirada evitando el balcón que demasiado recuerdos le provocaba.

Bastante tenía con tener que haber mordidos sus labios durante el día para finalmente nunca llegar hasta él, pero ¿para decir qué? No se atrevía a pedir explicaciones, tampoco a intentar un acercamiento por que solo lograba sentirse más pequeño.

Los temores lo rodearon, ese pasado que le podía ofrecer a Yunho, ese del que todavía dudaba mientras avanzaba con su tratamiento y descubría cosas que no quería. Un beso, ¿qué era un beso? Quizá debería solo dejarlo pasar.

Sacudió su cabeza y volvió a colocarse el abrigo, no iba a dejarlo pasar. No iba a esconder la cabeza entre las sabanas y esperar a lo que podía suceder. No mientras esa repentina valentía lo acompañaba, estuvo listo más rápido de lo esperado, bajando los escalones y abriendo la puerta del edificio.

El frío de la calle lo recibió, los ojos de Yunho también. Arrimado justo junto a la pared del edificio y sorprendido por de repente verlo ahí.

—Yunho ¿qué haces aquí?

Jung no se movió, lo miró un largo rato y finalmente suspiró.

—No puedo dejar de pensar en ti.

Quizá si ahorraba la confianza podía avanzar hasta él, sus pasos cortos hasta el cuerpo de Yunho que lo miró a la cara y sus labios dejaron salir ese aire frío que los rodeaba.

—Yo no tuve el valor para entrar a verte al hospital hoy día.

Por un momento la expresión de Yunho estaba repleta de confusión, Jaejoong podía sentir las precipitaciones de su corazón, podía además notar la mirada preocupada del otro sobre él. Así que de repente la mano de Yunho lo sostuvo con fuerza, jaló de él hacía el interior del edificio, lejos de las miradas y los demás.

Lo besó, justo como la vez anterior, prescindió de sus pensamientos y se aferró a él, a la calidez de sus bocas, moviendo su boca como si pretendiera apoderarse de cada espacio vacio que le quedara, subió sus manos hasta él por que el contacto se le hacía imprescindible y los suspiros lo abandonaban apenas.

—Quiero hacer las cosas bien— Yunho susurró —No me quiero apresurar.
—No me importa quien soy.

—Pueden haber alguien esperando por ti.
—Me gusta lo que soy cuando estoy junto a ti— Jaejoong movió sus labios sobre los de Yunho, pegó sus rostros y respiró hondo —Todo lo que soy eres tú.

Casi ni esperó, esos labios se encontraron otra vez, las campanas de las culpas dejaron de sonar, se escaparon entre el roce de sus manos y colapsaron entre sus pechos y el escaso espacio que compartían. El sabor a gloria que los regodeaba entre el beso y la anticipación.

Por que mientras lo sintiera así, todo podía estar bien.







—Changmin… Cada espacio que queda en mi, se ha quedado entre tus besos.
—¿Es en serio? ¿O es solo uno de esos momentos cursis que tienes?

—Un poco de ambos.
—Yoochun… Si yo pudiera me apoderaría de cada espacio que hay en ti, solo para que jamás me olvides.


Se sacudió casi sin pretenderlo, esa voz en su cabeza riendo plácidamente mientras sus ojos adormilados se abrían entre la oscuridad de la noche y él solo agitaba sus cabellos, impredecible y agitado. Había visto sus ojos, su pecho borbotaba de emoción y anticipación.

Esos ojos grandes, esa mirada que de pronto lo atrapaba cuando le sonreía y Changmin sentía de nuevo esos estragos en su mente y el estómago revuelto. Ese nombre saboreándose entre sus labios aún.

Inundaba sus pensamientos y lo dejaba a la intemperie. Esta vez había sido distinto, había podido ver sus ojos, identificar su mirada, sentirse perdido por él le resultó fácil y condescendiente, así que se había entregado a los sueños que revoloteaban en su mente, así que lo había ajustado a los engranajes permitiéndole entrar en su corazón.

—Yoochun…

Susurró su nombre casi con emoción, con una mano en su pecho y la sonrisa arrebolada en su boca. A conciencia de que no podía distinguirlo todavía, que solo sus ojos habían bastado para esa sana emoción.

Sentado sobre la cama suspiró. Era un recóndito sentimiento de pertenencia que lo hacia aferrarse al pasado y su realidad. Entonces escuchó la puerta principal abrirse, su cuerpo reaccionó volviendo a acostarse, al poco tiempo escuchó su puerta abrirse y seguramente a Minho asomándose por la puerta.

—Ya llegué.

Trató de fingir que dormía, de no moverse demasiado mientras el otro lo miraba y finalmente cerraba la puerta. Changmin se encontró huyendo de Minho, apretando la cadena entre sus manos, acariciando con la yema de sus dedos el nombre de Yoochun y el suyo, con esos apretones extraños que le surgían de pronto en el pecho.

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