Oh! My lord - prólogo

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“Dando una mirada hacia atrás y recordando ese momento, aun guardando esa sensación de que las cosas pasaron con tal sincronía que aun le parece increíble… pero todo pasó… y no pudo hacerse nada para evitarlo”

Esta es la historia de cómo comenzaron los mas angustiosos 100 dias que ha vivido…

Oh! My Lord

◊Prólogo◊

◊◊◊◊◊◊15 de agosto de 1945◊◊◊◊◊◊


Un calor sofocante comenzó a perturbar el silencio reinante en aquella taberna, el joven que atendía la barra se sintió algo inquieto, pero con todas las tasas que debía lavar no le presto demasiada atención a aquel acontecimiento. Minutos después percibió aquel olor y dio una mirada hacia la parte trasera del lugar para percatarse del porqué de aquella sensación, cuando de repente hubo una gran explosión y todo a su alrededor empezó a arder en llamas.

Tuvo dos segundos para reaccionar, mientras las personas que se encontraban allí gritaban y corrían neuróticas por todos lados. Pero el controlo su misma ansiedad, y comenzó a evacuar a las personas, arriesgándose a quedarse atrapado por las llamas. Hasta que finalmente empujo a la ultima de las personas y salió del lugar.

Ya afuera, muchos gritaban que había alguien mas, un forastero que no había salido hasta entonces. No supo porque, pero sin pensárselo dos veces se abrió paso entre las llamaradas cuando todos se echaron hacia atrás negándose a rescatar a un total extraño, y luego de sentirse asfixiar por el fuego, halló inconsciente al hombre de capa negra que coincidía con la descripción que le habían dado.

Lo cargo en su espalda, y como pudo salió antes de que la madera de la taberna cediera ante el fuego y se desplomara sobre ellos.

Cuando salió completamente agotado por el peso de aquella persona sobre sus hombros intento hacer lo despertar. Comenzó por descubrir el rostro de aquel forastero haciéndolo publico para todos los que se acercaron a darles auxilio, todos gritaron ante la sorpresa al descubrir la identidad del extraño.

Los ojos del forastero se abrieron e inmediatamente se encontraron con los del muchacho, este le sonrió, y le agradeció en un tenue sonido mientras tocía aun ahogado por el humo.

El dueño de la taberna se apresuró a ayudar al forastero a ponerse de pie mientras prácticamente empujó a un lado al joven que lo había rescatado:

— ¿Se encuentra bien, su majestad?—Preguntó el dueño de la taberna mientras quitaba las cenizas de la capa del forastero— Me siento tan avergonzado de lo que ha sucedido, su valiosa vida se ha visto en riesgo.

—Estoy bien, no se preocupe —respondió el forastero con la voz maltratada.

El joven se levantó del piso sin ayuda pues los aldeanos habían preferido admirar al forastero y le dejaron olvidado en el piso, limpió con su antebrazo su rostro ennegrecido por la ceniza hasta que noto una mano que se extendió hacia el con un pañuelo de finísima tela. El muchacho miró aquella mano y luego alzó la vista encontrándose nuevamente con el develado rostro del extraño.

No pudo tomar el pañuelo al percatarse el mismo de quien se trataba, y solo hizo una reverencia mientras dio un paso hacia atrás:

— ¿No te encuentras herido? —Pregunto amablemente al Joven—

Este no respondió, solo negó con la cabeza mientras volvía a inclinarse.

—Quiero saber el nombre de la persona que me ha salvado la vida, ¿Podrías decírmelo?

El muchacho dudó en contestar pues se encontraba tan nervioso que vacilo en varios intentos.

Aquel extraño que había rescatado era el mismísimo conde que vivía en un palacio en lo alto de las montañas que rodeaban la aldea, un Joven muy rico y famoso entre la sociedad pudiente del reino y la mano derecha del mismísimo rey:

—Soy Shim Changmin, majestad.

—Muchas gracias, Changmin. Tu valentía me ha salvado la vida.

—N—no hay de que…—Se atrevió a levantar la mirada un segundo, encontrándose con aquella luminosa sonrisa y volvió a bajar la mirada de nuevo, avergonzado.

Poco después, un lujoso carruaje se abrió paso entre la multitud curiosa, de el emergió un grupo de integrantes de la guardia real y un hombre de aproximadamente la misma edad del Conde que se apresuró hasta este último:

—Lord Yoochun ¿Qué ha sucedido? ¿Se encuentra usted bien?—preguntó alterado—

—Lo estoy, todo ha sido un simple susto —Fue la respuesta del Joven noble—

—Deberíamos regresar al palacio, y que el medico sea quien se cerciore de su estado de salud Mi Lord —exclamó preocupado—

—Estoy bien, ya lo dije.

Ante aquella respuesta el subordinado guardo silencio.

El conde abrió su capa negra y tomo un collar de oro que colgaba en su cuello, quitándoselo para luego acercarse hasta Changmin que lo miro con los ojos abiertos mientras se aproximaba. El conde desprendió el collar y rodeó el cuello del Joven con sus brazos, colocándole la joya y luego se alejó mostrando una cálida sonrisa.

—Ven a palacio en tres días, con esto en tu cuello te dejaran entrar, así que no lo pierdas. Deseo extender todo mi agradecimiento hacia a ti.

—N—No es necesario majestad, no tiene por qué pagarme nada…—se apresuró a decir— solo hice lo que debía hacer, no se sienta en deuda.

—Solo ven a palacio, es una orden.

El conde se alejó despidiéndose de los aldeanos mientras le ordeno a su subordinado que le entregara algo de oro al dueño de la taberna para que la reconstruyera y se marchó protegido por los guardias. Los presentes se acercaron hasta el joven para admirar de cerca el hermoso collar que le había sido dado.

—Dios, es la medalla de la guardia real —exclamó sorprendida una de las testigos presentes— No puedo creer que la esté viendo ahora.

— ¡Te has sacado la lotería niño! Ahora el conde estará en deuda contigo.

—No es para tanto… —Murmuro apenado el Joven—

— ¡Claro que sí!, oye, recuerda que fui yo quien te sostuvo primero, así que comparte algo del oro que te den en recompensa —mencionó entusiasmado el dueño de la taberna.

Luego de la conmoción que se formó por la medalla que le fue obsequiada el muchacho regresó a su humilde hogar agotado por todo lo que había sucedido en ese día. Su hermano mayor le recibió con sorpresa mientras lo ayudaba a limpiarse dándole inmediatamente una reprimenda por su estado:

—Aunque fuese el mismísimo emperador en persona, ¿Qué hubiera pasado si morías? ¿Sabes que me hubiera vuelto loco? ¡Sabes bien que me moriré si algo te pasa, Changmin!

—Hyung, ahora estoy bien, así que no sigas regañándome.

—Tu piel esta quemada —Alegó acariciando sus mejillas— Comprare algo de medicina para esas quemaduras —se levantó de inmediato—

— ¡Espera! —Lo detuvo tomándolo por el brazo por el brazo— ¿es el dinero para la renta?

—Lo es, pero no te preocupes, la juntaré de nuevo. Mis pasteles se están vendiendo muy bien.

—Déjalo así, el casero dijo que nos echaría si nos retrasábamos otra vez, no me moriré por estas quemaduras.

—Changmin.

—Por favor Hyung, estoy bien. Solo quiero descansar.

—Mocoso testarudo —bufó mientras lo atraía hacia sí mismo y lo encerraba en un abrazo— Eres lo único que tengo en el mundo, no te atrevas a hacerme esto de nuevo, no me dejes solo Changmin.

—Perdóname Hyung —en respuesta, le acarició la espalda con suavidad— Me cuidare mejor de ahora en adelante…

—Iré a conseguir algunas hierbas medicinales, no son costosas. Espérame aquí, recuéstate un rato ¿bien?

Changmin esperó a que su hermano regresara con las hierbas, y se dio un baño con estas muy a pesar de que sabía que harían que su piel ardiera, pero ya que su hermano había insistido en que las usara no podía negarse a nada que le pidiera luego del susto que le hizo pasar. Seguidamente se vistió con ropa ligera mientras su hermano le acercaba un plato de sopa que había preparado mientras se bañaba.

— ¿Esta buena?

— ¿Hay algo que tu prepares que no sea bueno? —Sonrió dulcemente— esta deliciosa, como siempre.

—Bien, entonces me dirás ¿Qué es esto? —Mencionó descubriendo el collar oculto debajo de la ropa del joven con cautela— Es de oro ¿De dónde lo sacaste? —el hermano mayor hizo una pausa analizando la situación— ¡No me digas que tú...!

—C—Cálmate Hyung —le detuvo al verle levantarse exasperado— el Conde me lo dio, quiere que vaya a palacio en tres días.

— ¿Y para que quiere que vayas?

—No lo sé, quiere agradecerme por salvarle la vida.

— ¡De ninguna manera! ¿Qué somos, vagabundos? ¡No tenemos por qué aceptar limosnas!

—En todo caso fue una orden, y debo regresarle esto o me acusaran de robo. No te molestes, algo de dinero no nos caerá mal.

—Ya te dije que yo me encargare de hacer el dinero, tu solo tienes que seguir estudiando. Haré muchos mas pasteles y te comprare los libros que necesitas, podemos pagarle a un tutor…

—No gastes dinero en tutores ni en libros, solo quiero seguir trabajando. No quiero depender de ti todo el tiempo.

—Eres muy joven Changmin, no tienes por qué trabajar —Le tomó de las manos y le miró preocupado— No quiero que termines tu vida como yo, trabajando hasta el cansancio para sobrevivir. Quiero que vivas bien y cómodo y si tienes conocimientos podrás superarme.

—No quiero que tú te desgastes trabajando solo para que yo malgaste el tiempo y el dinero con un tutor. Yo quiero tener mucho dinero para darte la vida que te mereces, como cuando Papá y Mamá vivían. Seria feliz si pudiera darte esa vida de nuevo.

Ante aquel recuerdo sus rostros se ensombrecieron, por lo que se vieron a los ojos y se unieron en un abrazo fraternal.

Eran huérfanos de la guerra por lo que nadie respondió por la muerte de sus padres y cayeron en la ruina. Su familia y todos sus amigos les dieron la espalda y no tuvieron mas remedio que trabajar incansablemente paras sostenerse.

Su hermano mayor fue quien mas sacrificios tomo, pues desde hace mas de siete años luchaba solo por sacarlo adelante. El Joven sentía remordimientos cuando lo veía ardiendo en fiebre y aun así trabajando incansablemente en la panadería que habían logrado construir con mucho esfuerzo.

Era un niño pequeño entonces, y solo podía exigirle y llorar justo como hacía cuando sus padres vivían y su hermano solo sonreía y le prometía que le compraría lo que quisiera. Pero conforme creció entendió cuanto trabajo le costaba a su hermano sostenerlo.

Por ello un par de años después abandono los estudios y le ayudó a trabajar hasta que pudo conseguir su propio empleo, aun cuando su hermano se lo prohibió.

Lo único que deseaba era serle de ayuda y no seguir siendo una carga para sus hombros.


18 de agosto de 1945



Luego del incendio en la taberna Changmin se dispuso a ir a palacio como había prometido al Conde Yoochun. Aunque su hermano mayor insistió en acompañarlo pudo persuadirlo de que no lo hiciera y emprendió el camino hasta el imponente palacio en las montañas.

Cuando llegó le prohibieron la entrada como esperaba, entonces recordó aquel detalle y, como el conde le había indicado, sacó la medalla de oro y automáticamente los guardias abrieron las puertas para él.

Entró tímidamente dando miradas alrededor del enorme lugar, sintiéndose perdido hasta que recorrió el gran tramo desde el puesto de vigilancia hasta la entrada del palacio.

Otro guardia estaba esperándole esta vez advertido de su visita y lo guio a través del gigantesco lugar hasta el estudio principal de palacio donde el conde se encontraba firmando varios documentos.

El vigilante que lo había acompañado dio aviso de la llegada del Joven “Héroe” y solo eso basto para que el Conde levantara su vista y sonriera al verlo de pie bajo el umbral de la puerta.

El joven noble firmó rápidamente aquellos papeles y se los entregó al hombre a su derecha, el mismo que lo había ido a buscar luego del incendio en el pueblo. Luego de haber obtenido los documentos este último se alejó, llevándose al vigilante y dejando solos a Changmin y el Conde.

—Me alegra que hayas venido.

—Usted me pidió que viniera, majestad.

—Es cierto —El conde sonrió ante la rigidez del muchacho— ¿Estas bien?

— ¿Eh? Ah! Sí, estoy perfectamente bien.

— ¿Sufriste algunas quemaduras?

—No quemaduras, solo fue producto del excesivo calor que mi piel se resintió un poco, pero estoy perfectamente bien.

Yoochun se acercó hasta Changmin dando una mirada a su rostro enrojecido y solo basto con que chasqueara los dedos para que inmediatamente aquel hombre que había salido hace unos momentos ingresara nuevamente al estudio:

— ¿Qué sucede Lord?

—Has que traigan medicina para las quemaduras inmediatamente.

—Por supuesto —recibida la orden, salió del estudio.

—No es necesario —exclamó alterado Changmin— Estoy bien, en verdad.

—No puedo creerte —Sonrió amablemente— Ya que yo no sufrí ningún rasguño gracias a ti, debo encargarme de cualquier molestia que hayas sufrido por mi culpa.

—P—Pero…

—No me contradigas —nuevamente sonrió y con esto Changmin cerró su boca.

A los pocos segundos la medicina fue traída por una de las sirvientas de palacio que se apresuró a entregársela al conde y este la tomo entre sus manos. La Joven esperaba su orden para aplicársela a Changmin, pero Yoochun le pidió que se fuera y luego de que esta se retirara le pidió a Changmin que tomara asiento en uno de los sillones del estudio.

Changmin obedeció y tomo asiento mientras Yoochun se aproximaba y se colocaba frente a él, el noble tomó el ungüento esparciéndolo en sus manos dispuesto a aplicárselo a Changmin:

—Espere… no es necesario que haga esto, puedo hacerlo por mí mismo.

—Cierra los ojos —le ordenó— te ardera un poco así que prepárate.

—M—Majestad.

—Obedece.

Como si aquellas palabras fueran mágicas Changmin cerró sus ojos, al poco tiempo pudo sentir el frio del ungüento en su piel y la sensación de ardor luego de esta por lo que apretó los labios para soportar el ardor y entrecerró con más fuerza los ojos. Luego de esto, sintió como Yoochun soplaba algo de aire a su rostro para alivianar un poco la sensación caliente.

Unos minutos después el joven pudo abrir los ojos encontrándose con aquel pálido rostro que le sonreía con amabilidad y solo pudo inclinarse ante la vergüenza de que alguien tan respetado hiciera algo así por alguien como él.

— ¿Se siente mejor?

—Sí, muchas gracias.

Yoochun desplegó otra de sus sonrisas y miró al joven detenidamente, procediendo a hablar luego de una pausa:

—Dime Changmin… —Sacó de su bolsillo un pañuelo y limpió sus dedos — ¿Qué es lo que más deseas en este mundo?

— ¿A qué se refiere? —Indago nervioso el Joven—

—Lo que sea que desees tener o cualquier cosa que desees hacer, dime cual es.

—Pues… deseo… —Pensó su respuesta detenidamente— Deseo que mi hermano mayor pueda vivir tranquilo sin preocuparse por trabajar para mantenerme o para pagar el alquiler, deseo que volvamos a tener un hogar y que el pueda trabajar para si mismo y no para mi. Eso es lo que mas deseo en el mundo.

—Así que… —el conde le miró curioso— ¿Tienes un hermano mayor?

—Si —respondió casi inmediatamente, animado— Es el mejor panadero del pueblo y gracias a que hace los pasteles mas deliciosos hemos podido construir una panadería —Exclamó alegremente— Pero el odia que yo trabaje, así que empecé trabajando en aquella taberna a escondidas, cuando me descubrió quiso obligarme a renunciar así que… —En ese momento detuvo su discurso— Ah, estoy hablando demasiado ¿cierto?

—No es así —sonríe— luces feliz mientras hablas de tu hermano.

— ¡Por supuesto! Estoy orgulloso de él, trabajare duro en cualquier cosa solo para pagarle todo lo que hecho por mí.

—Así que solo deseas un hogar estable y un trabajo para tu hermano y para ti.

—Asintió afirmativamente— Más que nada en el mundo…

Yoochun se quedó en silencio un segundo y luego sonrió dirigiéndose a Changmin:

—Entonces puedes vivir aquí en palacio. Tu hermano y tú pueden trabajar aquí, les daré un hogar y tendrá acceso a todo aquí en palacio.

Changmin abrió los ojos completamente incrédulo de lo que acababa de escuchar moviendo la cabeza en negativa. Permaneció en silencio. Luego de haberlo asimilado, repuso:

—Es Imposible, trabajar aquí…

—Serás mi asistente personal, y si tu hermano lo desea puede ser parte del equipo de cocina de palacio o bien pueden escoger no trabajar igual obtendrán un sueldo y un lugar aquí. Si lo que deseas es dinero, te lo daré, cualquier cosa que me pidas te la daré. Solo debes pedírmelo.

Changmin lo miró sin poder darle una respuesta, pero luego de pensarlo unos segundos pudo saber que decir:

—Lo consultare primero con mi hermano —respondió con respeto— Él ya estaba molesto con que aceptara venir aquí, si tomo una decisión a la ligera puede que se moleste aun mas. ¿Puede entenderlo?

— ¿Por qué se negaría?

Changmin sonrió ligeramente y exclamó:

—Luego de que nuestros padres murieran el se encargó de mí por sí solo. Nuestros familiares y amigos nos dieron la espalda y él se niega a confiar en las personas. Mi hermano dice que no hemos necesitado de nadie por lo que en esta ocasión puede ser igual. Me prohibió aceptar cualquier cosa que usted quisiera darme, y solo me dejó venir porque tenía este collar en mi posesión y me pidió que lo devolviera.

Yoochun asintió dándole a entender al menor que comprendía su situación, luego se levantó del sillón y se aproximó hasta el escritorio del estudio, tomo una pluma, un papel y se dispuso a escribir, colocando un sello al final del papel para luego entregársela a Changmin.

—Entrégale esto a tu hermano. Tal vez influya en su opinión una vez la lea.

Changmin tomó la carta y se dispuso a guardarla. Inmediatamente desabrochó el medallón de su cuello y se lo entrego de regreso al conde, quien lo rechazo entregándoselo de nuevo en las manos:

—Esta es la única garantía que tengo de que regresaras, así que consérvalo.

—Pero majestad si no lo regreso… mi hermano.

—Cuando hayas tomado una decisión, ven a avisarme inmediatamente. Extiendele mis saludos a tu hermano.

—Entiendo su majestad, así lo haré.

Changmin le brindó una respetuosa reverencia mientras salía del estudio.



[…]



El niño regresó a casa algo nervioso por la reacción que tendría su Hyung luego de enterarse de la propuesta del conde. Sabía que si su hermano se negaba a aceptar el ofrecimiento el tendría que negarse también pues jamás desobedecería una orden del ser más importante en su vida.

Desde afuera se percibía el delicioso aroma del pastel recién horneado, por lo que entró a su hogar con cautela y de inmediato pudo observar como su hermano trabajaba en las masas para el pan. Se acercó a él por su espalda y rodeo su cintura para abrazarlo, mientras este sonrió dándose la vuelta para corresponder el abrazo:

—Has llegado al fin… ¿Cómo fue todo?

—Bien, no acepté dinero como me pediste.

—Ese es mi chico —Suavemente le desordenó el cabello— ¿devolviste el medallón?

—Acerca de eso —Respondió con nervios— El conde me pidió que te entregara esto —musitó, sacando la carta de su bolsillo y se la entregó al mayor— También se negó a que le devolviera el medallón por lo que aun continuo con el.

Jaejoong miró el sobre algo advertido por su contenido, sin embargo se dispuso a abrir y leer la carta inmediatamente, quitándose el delantal y lavándose las manos sucias de masa para hornear.

El mayor tomó una silla mientras Changmin hizo lo mismo. Mirando expectante su reacción ante la carta. El mayor parecía sumido en el contenido de la carta, sus expresiones demostraban que no le gustaba lo que leía.

Luego de unos minutos levantó la mirada hacia Changmin con la intención de revelarle lo que le mantenía inquieto:

—Me pide que no decline o acepte la propuesta de un todo y me hace una citación oficial en palacio para hablar con él.

— ¿Eso quiere decir…?

—Que me obliga a ir a palacio para hacerme aceptar la propuesta que te hizo él mismo, no puedo rechazar la citación porque me cortaran la cabeza —exclamó molesto— ¿Por qué no solo te ofreció dinero y te dejó ir?

Changmin dudó al escuchar aquello, pero finalmente habló de nuevo

— De hecho, me preguntó lo que deseaba y respondí que un hogar y trabajos estables, para ti y para mí, por lo que…

Jaejoong miró al menor y de inmediato se percató de que se encontraba algo nervioso por la actitud que él había tomado, así que suavizo su expresión para luego levantarse de la silla y abrazarlo, dejando un beso en su frente, tomando su rostro con ambas manos:

—Iré y hablaré con el Conde, prometo no rechazar nada hasta escuchar lo que tiene que decir. Estoy orgulloso de ti.

Changmin sonrió aliviado por su respuesta.

—Gracias Hyung.


23 de agosto de 1945



Los hermanos se dirigieron juntos al palacio y fueron recibidos con gran amabilidad, incluso se les dio un recorrido por el ostentoso lugar, antiguo hogar del tercer hijo del rey.

El conde aun no regresaba de un viaje por lo que se excusó por su ausencia y pidió que le esperaran, ordenando a sus sirvientes que no los dejaran ir en caso de que se presentaran a la citación.

Conocieron a la servidumbre y al mayordomo, también a parte de la guardia que protegía el recinto, algunas horas después fueron llevados hasta uno de los salones donde el conde esperaba por ellos con su característica sonrisa brillante:

—Me alegra que hayan aceptado venir.

Yoochun mantuvo su mirada en Changmin, este último hizo una reverencia y le sonrió, contrario a Jaejoong que una vez su mirada y la de Yoochun se encontraron colocó una expresión seria e intimidante.

—Es un gusto conocerlo, Changmin me ha hablado de usted.

—El gusto es mío, majestad —dijo amablemente, haciendo una reverencia— Gracias por invitarme aquí.

Luego de los saludos y algunas presentaciones los tres hombres se encaminaron en un recorrido por las estancias aun no vistas por los visitantes en palacio.

Luego de varios minutos de conversación Jaejoong parecía haber bajado la guardia ante Yoochun, gracias a esto pudo darse cuenta de todos los intereses en común que poseía con el noble.

Después de todo, Jaejoong y Changmin pertenecieron a una familia rica y de renombre por lo que fueron educados con los modales propios de alguien de clase alta. Poseían conocimientos que la mayoría no poseían, pues se habían educado en una importante escuela privada, lastimosamente a causa del fatal deceso de sus padres ninguno de los dos pudo continuar sus estudios.

Con la repentina muerte de sus padres en un ataque de una tropa extranjera al lugar que ellos visitaban, sus familiares aprovecharon que los dos hermanos eran menores de edad y no poseían derechos sobre la herencia aun. Se apropiaron de sus bienes, los echaron de su hogar y automáticamente la escuela pasó a rechazarlos luego de que no poseían dinero para pagar la colegiatura.

Se vieron solos en la calle, hasta que un viejo amigo de sus padres los recogió por algún tiempo. Pero aquel amigo solo los hacia trabajar sin descanso y los maltrataba con sus palabras. Cansados de aquel trato huyeron de su ciudad dejando su vida bien posicionada atrás.

Deambularon algún tiempo, Jaejoong tomaba trabajos temporales en lo que podía para poder alimentar a su pequeño hermano, fue extremadamente dificil para alguien que habia vivido de forma comoda por tantos años repentinamente trabajar, y gracias a su poca eficiencia siempre era maltratado por sus empleadores.

Un viejo anciano dueño de una modica panaderia los acogió luego de que a Jaejoong lo despidieran por haber roto algunos platos en un restaurante, con aquel hombre mayor fue con quien el mayor aprendió como hornear. Aunque el anciano murio un par de años después, por lo que los dos hermanos se vieron obligados a migrar de nuevo. Hasta que finalmente pudieron establecerse en aquella pequeña aldea:

—Es admirable su inteligencia —le elogiaba Yoochun— Y permítame decirle con mucho respeto, que su madre debió ser una mujer muy hermosa, pues sus hijos poseen una belleza admirable.

Jaejoong sonrió alagado, ocultando su rostro y dando una leve reverencia a Yoochun.

De inmediato se percató de cómo Changmin parecía entretenido escuchando la historia de los monumentos que rodeaban el palacio por el mayordomo, totalmente cómodo en aquel lugar.

Tal vez esta era una buena oportunidad, quizás la vida ahora estaba tratando de recompensarle tantos años de penurias y sufrimiento, además, pudo percibir en Yoochun aquella amabilidad desinteresada y el profundo agradecimiento que tenía hacia su pequeño hermano.

Las cosas resultaron bien, Jaejoong terminó aceptando el ofrecimiento de trabajar en palacio, pero con varias condiciones: la primera, que se les tratara como a los demás empleados, por ende, dormirían en las habitaciones de la servidumbre y se les trataria como tal. La segunda, que pudieran permanecer hasta el tiempo que ellos creyeran necesario y una última, que Changmin pudiese seguir aprendiendo como cualquier otro chico de su edad.

Estas condiciones que fueron aceptadas por Yoochun al instante.

Poco después, luego de haber cerrado su panadería en el pueblo y decirle adiós a aquella vida de miserias los dos hermanos se marcharon a palacio y empezaron de cero una vez más.



03 de Marzo de 1950



Pasaron algunos años desde aquel entonces, Changmin que había llegado allí con solo trece años, ahora contaba con dieciocho. Se había convertido en un jovencito trabajador, apuesto e inteligente.

Su vida en palacio era tranquila, siempre escuchando atentamente los pedidos de Yoochun y obedeciéndolo, su relación había evolucionado a gran manera y la confianza que existía entre ellos era muy grande.

Por supuesto aquella sonrisa presente siempre en el rostro de Yoochun no había cambiado, pero muchas de sus acciones comenzaron a cambiar conforme ellos se hacían más cercanos.

Cambios que el joven sirviente pudo notar, como cuando le tomaba por la cintura y le abrazaba o buscaba cualquier excusa para recargarse sobre el, tomar su mano o acaricia su rostro. Todo aquello, que en un principio había tomado como la amabilidad de aquel noble hacia un niño, estaban comenzando a hacerlo sentir incomodo ya entrado en una edad madura.

Pues aquella mirada que el Conde mantenía insistentemente sobre el había cambiado y conforme el crecía no podía tomar aquellas caricias como simple amabilidad.

Y menos cuando se sentía tan extraño con todas aquellas muestras de afecto.

4 comentarios:

  1. Anónimo3/20/2012

    WOW YooMin i like it.
    Continualo por favor

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  2. Anónimo3/21/2012

    mas xfis me encanto!!!

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  3. yoomin *-* quiero ver como avanza esta historia, continualo pronto plis :D

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  4. Anónimo10/06/2014

    Se lee genial <3

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