Cautivo - Cap 3

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Día 3.

Se niega a comer. Ya no sé qué hacer con él. Me dijo que sólo comería si lo dejo hablar con sus padres, pero no hay manera de que eso suceda. Ni siquiera sé cómo está avanzando la investigación de su paradero pero de una cosa estoy seguro, eso no me interesa en lo más mínimo. Sé que les será imposible encontrarlo aquí, estamos demasiado apartados de la ciudad. Lo que más me preocupa es su salud. Bajo las escaleras y voy a su habitación, lo veo echado en la cama y con la mirada perdida hacia el techo. Creo que es tiempo de salir a dar un paseo.

Forcejea y se queja de las esposas y aunque me duele profundamente tenerlo así no hay otra opción, sigue sin comportarse, hasta que no confíe en él tendré que mantenerlo a mi lado así. Lo agarro del brazo para guiarlo hasta la puerta principal y salimos. Mira a su alrededor sorprendido y luego… su mirada se torna algo triste. Supongo que no esperaba esto. Supongo que esperaba encontrarse en algún barrio cerrado, pero dentro de la ciudad… Supongo que se ha llevado la desilusión de su vida.

—¿Ahora entiendes que tus gritos son en vano?


No responde y sólo sigue caminando. Nos adentramos un poco en el bosque y llegamos hasta un claro que se extiende unos cuantos metros hasta un riachuelo; con Typhoon conocemos ésta zona y un poco más allá, forma parte de nuestros recorridos matutinos. Siguiendo el riachuelo se puede llegar hasta un acantilado, y ahí metros abajo es donde se encuentra el río.

Lo obligo a sentarse y hago lo mismo, observo el riachuelo como si fuera lo más maravilloso del mundo pero en realidad estoy atento a cada movimiento de Jaejoong. Se mueve con intenciones de pararse y lo detengo a tiempo; como sigue forcejeando lo siento entre mis piernas y le sujeto los brazos con fuerza hasta que se tranquiliza, para estar más tranquilo le inmovilizo las piernas atrapándolas debajo de las mías.

Quizás después tenga marcas en la piel, pero él se lo ha buscado.

El silencio es cómodo y cierro los ojos disfrutándolo, apoyo mi mentón sobre su hombro. Su acompasada respiración es como un arrullo que me incita a dormir.


—No hablas mucho… —susurra.

—¿Qué puedo decir? Soy un hombre de pocas palabras—bromeo pero él no parece apreciar el comentario.

—Hablar es bueno… Quizás dejarás de ser tan violento si hablas con alguien.

—¿Cómo quién?

—Un psiquiatra.

—No soy violento.

—Sí, lo eres.

—No, no lo soy.

Suspira exasperado y sonrío.

—No quiero seguir aquí. ¿Dónde estamos?

—Como si fuera a decírtelo.


Vuelve a suspirar, creo que está más desanimado que antes. Lo siento cariño, pero ese tipo de preguntas no las responderé.

Saco de mi chaqueta los pedazos de gimbap envuelto que traje y le acerco uno a la boca, primero se niega pero luego los acepta obedientemente. Debo estar loco pero cada vez que sus labios tocan mis dedos me excito de sobremanera, pero intento controlarme.


—¿Tú lo hiciste?—pregunta después de terminarse el cuarto bocado.

—No, no sé cocinar.

—Mmm, todo lo que comemos es comprado~


Me encanta que esté tan relajado y aflojo un poco el agarre en su otro brazo. Termino de alimentarlo y escondo mi rostro contra su cuello, necesito tranquilizarme un poco. Le acaricio los brazos suavemente, estoy seguro que le duelen, como siempre fui algo brusco al sujetarlo.


—¿A dónde lleva este riachuelo?

—Un acantilado.

—¿Y luego?

—Caída libre hasta el río.

—Oh…


Regresamos a la casa y cuando ya nos encontramos en su habitación le quito las esposas. Se frota un poco las muñecas enrojecidas, y hace una mueca de disgusto total. Me dispongo a salir de la habitación pero me detiene jalándome levemente la chaqueta.


—Quiero darme un baño…


El agua en la tina está lista y lo observo desnudarse lentamente frente a mí, al parecer ya se ha acostumbrado o sabe lo que le conviene. Entra a la tina y se queda quieto un momento, observando el agua, me apoyo contra el marco de la puerta admirando su cuerpo. Agarra la esponja y se enjabona los brazos, cuello y pecho. Se me corta la respiración cuando veo sus dedos rozar levemente sus pezones, endureciéndolos.


— ¿Puedes ayudarme con mi espalda?

Me acerco a él más que contento, dispuesto a cumplir con la tarea pero él tiene otros planes y me arroja el agua jabonosa al rostro. Me arden los ojos y creo que es demasiado tarde cuando logro reaccionar. Corro detrás de él, sale de la habitación, llega hasta el pasillo y está a punto de bajar las escaleras cuando lo agarro de la muñeca. Estoy molesto, nunca he sentido tanto miedo en toda mi vida.


—¡¡VEN!!

—¡NO, NO QUIERO, CUALQUIER OTRO LUGAR ES MEJOR QUE ESTAR AQUÍ AISLADO!

Se arroja al suelo y trata de zafarse de mi firme agarre, como si eso fuera a ayudarlo. Lo arrastro por el pasillo hasta mi habitación y lo arrojo de forma brusca en la cama. No sabe lo que está diciendo, no sabe lo que se está buscando. Antes de volver con él, llaveo la puerta para evitar que escape otra vez.


—¡ERES UN PSICÓPATA ENFERMO, DEJAME IR!

Le agarro ambas muñecas y las sujeto sobre su cabeza mientras me acomodo entre sus piernas, no puedo sentir su piel debajo de la mía porque me encuentro completamente vestido pero eso se solucionara pronto. Me mira asustado y sin entender lo que va a sucederle, sin pensarlo dos veces lo beso de forma brusca. Se niega a darme acceso a su boca y le muerdo el labio inferior hasta que parte sus labios en un grito apagado, meto mi lengua y exploro toda su boca, caliente y húmeda. Sabe delicioso, ya me considero un adicto a sus labios.


—¡Hmp!

Muerde mi lengua y me aparto un poco para mirarlo. ¿Cómo se atreve? Puedo sentir el sabor metálico de la sangre y respiro agitadamente, esos labios hinchados y rojos parecen llamarme y vuelvo a besarlo, forzando mi lengua en su boca, lo beso hasta hartarme.

—No vuelvas a hacer eso.

Me refiero a intentar escapar y morderme la lengua, pero no se lo especifico. Con una mano le mantengo las muñecas sobre la cabeza y con la otra me saco el cinturón de los jeans y abro mi cremallera. Su reacción no es buena, sigue intentando liberarse y con el cinturón le sujeto ambas muñecas. Ahora sí.

—Intentas hacer algo y no tendré piedad contigo.

Bruscamente lo empujo al pie de la cama y al suelo, donde se queda arrodillado y mirándome. Se ve tan sumiso y obediente que no puedo evitar sonreír. Me siento al borde de la cama y libero mi miembro frente a él, lo masajeo un par de veces hasta quedar completamente duro. El tamaño parece sorprenderle e intenta escapar. Lo agarro de la nuca y empujo su cabeza hacia mi miembro.

—Abre la boca.

—¡Ni loco, yo no…!

—¡Abre tu puta boca!

Se sobresalta asustado y le aprieto el rostro con una mano, obligándolo a que abra su boca y tome mi miembro. Parece dudar, lamiendo levemente alrededor de la cabeza, no es suficiente.

—Hazlo bien o tendré que castigarte.

Eso parece motivarlo más. Succiona la cabeza y lame toda la circunferencia, luego baja hasta la base y vuelve a subir repartiendo lamidas y succionando al mismo tiempo. Su boca es mejor que la de todas esas mujeres con las que alguna vez me distraje, es un jodido profesional. Lame la hendidura, limpiando el exceso de presemen que ahora fluye constantemente y no puedo evitar gemir.

—Uh… Lo haces tan bien Jaejoong—ah…

Empujo más su cabeza hacia mi miembro y me toma por completo, envolviéndome en esa extrema calidez. Comienza a subir y bajar, pasando su lengua por todo el largo y le impongo un ritmo moviendo las caderas.

—Así…

Relaja aún más su garganta, llevándome más profundo y gruño excitado. Tenerlo de rodillas, con mi miembro entrando y saliendo de su boca es demasiado para mi, siento el orgasmo cada vez más cerca. Enredo mis dedos en su cabello y aumenta el ritmo de los movimientos hasta que no lo aguanto más y me vengo en su boca.

—Ah… —respiro agitadamente. Un poco de semen le ha quedado en los labios y lo limpio con mi pulgar. Esos labios que hace un momento… Dios, ni siquiera puedo pensar en ello, siento mi miembro reaccionar—Fuiste muy bueno…

No responde y sólo se me queda mirando. Tengo una idea, me quito la remera y el jean, vuelvo a ponerme el bóxer y le libero las manos.

—Vamos a bañarnos.

Cambio el agua que ya está fría y lo obligo a entrar. No habla y se niega a cooperar, otra vez. Entro también y lo acomodo entre mis piernas, pegando su espalda a mi pecho. Está tenso y no me agrada, pero era de esperarse después de humillarlo así.

—Deberías comportarte…

No responde.

—No debiste hacer eso…


Suspiro cansado. No me gusta que me ignore así… Y justamente cuando íbamos tan bien.

Le paso la esponja con agua tibia por los hombros y brazos, luego pecho y abdomen. Mis dedos rozan sus pezones y respira con dificultad. Mmm, interesante. Comienzo a besar su hombro izquierdo y hago un camino de besos hasta su cuello intentando relajarlo y darle a entender que no quiero hacerle daño… Es que estaba tan cegado por el miedo. Me sigo sintiendo inseguro, tengo la impresión de que se escabullirá entre mis manos y desaparecerá.

Su cuerpo mojado y cálido se siente demasiado bien contra el mío; se mueve con intenciones de acomodarse mejor entre mis piernas y sus suaves muslos rozan contra los míos, es peligroso. Gruño tratando de controlarle y a la vez advertirle de lo que puede estar provocando en mí.


—No te muevas tanto… —le susurro al oído y mi mano derecha desciende hasta llegar a su plano abdomen. Su piel es tan suave, como la de un bebé, sigue sorprendiéndome. Le acaricio el abdomen suavemente y mi otra mano pellizca su pezón, jugando un poco con él. Jadea y se estremece, presionándose más contra mí.

—Basta… no sigas…

—¿Se siente bien, hmmm?

—No… ¡claro que no!

Pero ni siquiera intenta apartarme las manos y le volteo el rostro, busco sus labios y lo beso, como no noto resistencia hago el beso más profundo, y me recibe en su boca. Debo estar haciendo algo bien porque gime en el beso; acaricio su lengua con la mía, de forma lánguida y sensual, disfrutando del beso. Se separa levemente, la posición no es exactamente la más cómoda para él, y se me queda mirando. Lo volteo rápidamente y el movimiento hace que un poco de agua se desborde de la tina, no importa. Reparto besos por su mandíbula mientras lo acomodo mejor sobre mis piernas.

—Jaejoong ah… —poso ambas manos sobre sus caderas atrayéndolo más, hasta que no queda espacio entre nuestros cuerpos y sus brazos se envuelven alrededor de mi cuello de forma automática. Su miembro se presiona contra el mío y verlo así es algo demasiado erótico, no puedo evitar volver a sentirme duro. Mojado, labios rojos e hinchados, mejillas sonrojadas… Me encanta.

—Nnng… —se muerde el labio inferior—No quiero… —Pero su cuerpo lo está traicionando y no me importa lo que diga. Una de mis manos va a su miembro y lo masajeo lentamente, torturándolo, paso el pulgar por la punta logrando sacarle algunos jadeos; esconde el rostro contra mi cuello, con cada caricia de mi mano su respiración se vuelve más agitada, gime bajito como un gatito.

—Te gusta, no lo niegues… —susurro y aumento el ritmo de mi mano, queriendo darle el mayor placer y llevarlo al límite. Jadea y gime cada vez más, me hunde un poco las uñas en los hombros, está cerca…

—Ah… n—no…

Con un último gemido apagado se viene manchándome todo el abdomen. Sigo masajeándolo hasta que cae como peso muerto sobre mí y se abraza más a mis hombros. Después de unos momentos en el que logra calmar su respiración, terminamos de bañarnos, le seco el cuerpo con una toalla y deja que lo guíe a la habitación.

—Dormirás aquí hoy.

—No quiero…

—Si no haces lo que te digo tendrás que pagar tarifa.

—¿No acabo de hacerlo?

—Entonces te cobraré otra. Cállate y métete a la cama.

Se mete a la cama sin chistar y sonrío satisfecho. No planeo hacer nada más… Por el momento. Apago las luces y me echo a su lado, nos cubro con las sábanas y espero a que se acerque a mí pero simplemente me da la espalda. Ruedo los ojos, ¿sigue con eso? Lo volteo y lo jalo hacia mí aunque demuestra resistencia. Tan testarudo, Dios.

—Te odio, te odio, te odio… — repite esas palabras constantemente e intenta golpear todo lo que tiene a su alcance pero está débil y no me hace daño, ni siquiera intento detenerlo porque sé que no debí forzarlo a hacer eso.

—Lo sé… — lo abrazo más y luego lo dejo ir.

A mitad de la noche viene a mí, sollozando.

¿Acaso ahora lo comprende? Está completamente solo. No tiene a dónde ir. No lo dejaré.

5 comentarios:

  1. Mira mira que... jeje

    Ahora si ya le gustó estar secuestrado al wey, verdad? XD

    Muy bien, que bonito relatas jeje.

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  2. adiz869073/20/2012

    muchas felicidades

    porfa continua

    me encanta YUNJAE♥♥

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  3. *~emily~*5/14/2012

    nee hace mucho espero la conty porfa u.ú coincido con ayufan, ahora si te gusto estar secuestrado no boo?? (inter: quién no, si tú raptor es yunnie!!?) asdasd~♥ hay si, quisiera ser boo *^*

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  4. Jae a pesar del odio hacia su captor no logra no excitarce con lo que hace con Yunho y este feliz...

    Gracias!

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  5. Diooosss!! Será que apoyo un poco a yunho por que la historia la narra él?? Aunque pensando un poquito en Jaejoong pobre si a de tener miedito... Disculpen pero cuando se público este fic???
    Gracias otra vez por su excelente trabajo!

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