Cautivo - Cap 4

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Día 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10…

Desde esa noche en la que se acercó a mí sollozando, hemos creado un acuerdo tácito. Él duerme conmigo siempre y cuando pague tarifa por ello, por suerte ya no se queja. Es que últimamente ni siquiera me habla demasiado, es desesperante. Al principio tuve miedo de estuviera enojado, quizás le había hecho daño esa primera vez que tuvimos sexo, pero no fue así, siguió callado por los días siguientes, negándose siquiera a hablarme con monosílabos.

Extraña a su familia y eso lo está destruyendo, lo sé, aunque no me lo diga directamente. Verlo así es tan insoportable que a menudo escapo a la ciudad, esos viajes me cuestan en más de un sentido. En Seúl acostumbro comprarle ropa, botas, bolsos, lentes de sol, revistas, libros, CDs, DVDs; inclusive una vez le compré antidepresivos, me los arrebató vilmente y los arrojó por todo el baño. Ignora los nuevos regalos y se pasa el día leyendo las viejas revistas que ni siquiera sé de dónde las consiguió.

Hasta éste punto he llegado…

Nuestras peleas se han vuelto más violentas, ya no lo intimido como antes, de hecho, mi sola presencia genera una reacción contraria a la esperada; ahora cada vez que le grito me responde alzando más la voz, me arroja cosas, intenta arañar, morder y golpear lo que tenga a su alcance. Todavía tengo la marca de sus dientes en mi antebrazo, ese mocoso… Ahora debe estar durmiendo, no tiene mucho que hacer, lo dejé encerrado en mi habitación. Agarro mi chaqueta y mis lentes de sol, iré otra vez a la ciudad.

Subo a mi motocicleta y el ronroneo del motor me tranquiliza de cierta forma, significa que me alejaré de Jaejoong al menos por dos horas. Como no es la primera vez que lo dejo solo por tanto tiempo, me siento extremadamente tranquilo. El trayecto hacia la ciudad es largo y aprovecho el tiempo para pensar.

Siempre le digo que algún día lo llevaré muy lejos, dejaremos Corea. Tengo los recursos para hacerlo, eso no me preocupa, es sólo que… Con este tipo de situación es difícil. Lo quiero sólo para mí, para mí y que nadie más lo conozca. Jamás. Desaparecer, sólo los dos… Para siempre.

Al adentrarme en la ciudad hago mi rutina de siempre; me detengo en un puesto dónde suelo comprar a Jaejoong sus revistas y compro todos los periódicos para mantenerme informado. La noticia de que Jaejoong ha desaparecido todavía sigue en boga, casi todos los periódicos hablan de ello, no es difícil conseguir la información. Su familia está desesperada y la policía no sabe cómo explicar la desaparición de Kim Jaejoong. Se podría tratar de un secuestro pero el secuestrador no se ha comunicado con la familia Kim, o tal vez el joven Kim decidió huir, tsk, es la hipótesis más estúpida por el momento.

He visto a su madre llorar y a su padre pidiendo clemencia por la televisión nacional. Nunca le haría daño de forma innecesaria así que no deberían estar preocupándose por eso. Él está completamente incomunicado del mundo, no se entera de nada de esto y seguirá así. Lo llevaré muy lejos, para alejarlo de forma permanente de su sufrimiento. Es lo mejor para él, sí.

Arrojo todos los periódicos a un basurero cercano y hundiendo las manos en los bolsillos entro a la zona aislada de la ciudad. Todavía no es hora pico y no hay muchas personas transitando por lo que sería la calle principal. Los millones de carteles de karaokes es lo primero que veo a la distancia, apagados y herrumbrados, a simple vista parecen sitios abandonados, pero no lo son; unos metros más allá, ya dejando la pequeña zona de karaokes, comienza la de bares y sitios de acompañantes.

Me avergüenza admitir que conozco bastante bien la zona; cuando era un niño mi madre me obligaba a acompañarla a los lugares donde trabajaba. Nunca le gustó el término “prostituta” así que me acostumbró al más decente: acompañante. Todos los días me dejaba en un bar diferente, a veces completamente solo, a veces en compañía de alguno de esos ancianos alcohólicos y que olían mal. Así que podría decirse que crecí solo. Nuestra realidad era demasiado cruda, muchas cuentas que pagar, poco para comer, educación primaria casi inexistente… Me di cuenta que para al menos sobrevivir tendría que mantenerme por mí mismo, y a los catorce años conseguí mi primer trabajo. Luego, a medida que crecía, fui forjando mi carácter fuerte y casi agresivo, como dije, mi paciencia tiene un límite.

Fue entonces a los diecisiete que lo conocí, lo más cercano a una figura paterna que pude tener. Él vio algún tipo de potencia en mí, o no sé, pero me tomó interés, y poco a poco fue entrándome para convertirme en lo que ahora soy. ¿Qué puedo decir? Era uno de esos policías corruptos que administraba su propio negocio, que obviamente era ilegal, y bien versado en el tema del combate cuerpo a cuerpo, manejo de armas, y demás cosas. Trabajé con él hasta que me di cuenta que podía hacerlo todo solo. Un día lo mandé a la mierda y me largué.

Y ahora, estando parado frente a este bar, no puedo evitar pensar en esas cosas. Bufo y sacudo la cabeza tratando de disipar esos pensamientos. Odio mi pasado. El interior del bar está bastante bien cuidado a diferencia de su fachada exterior; voy directo a la barra sin prestar atención a unas cuantas chicas que me envían miradas lascivas desde los sofás donde esperan a sus clientes. Gente enferma que vienen en busca de sus servicios a ésta hora.

—Whisky.

A los pocos segundos me deja el vaso enfrente y termino su contenido de un solo trago. Lo vuelve a cargar sin que se lo pida, me limito a observar el color de la bebida como si fuera lo más interesante del mundo, ¿acaso estoy adquiriendo sus hábitos? A menuda se pierde en sus pensamientos y me asusta. Es preocupante… No saber lo que pasa por su cabeza.

Cierro los ojos, como derrotado. Dios, ¿qué puedo hacer? He creado un monstruo.

Jaejoong. Mi Jaejoong. Me gustaba el Jaejoong de antes, cuando todavía era libre. Me gusta el de ahora, sigue siendo él pero no él mismo. Me seguirá gustando, incluso si cambia aún más, aunque me odie, desprecie y repudie. Me gusta. Me gusta demasiado. Kim Jaejoong, ¿qué es lo que me has hecho?

He contemplado la idea de dejarlo ir porque la situación nos destruye a ambos. No podemos seguir así. Necesito dejarlo ir, pero no quiero, es imposible, jamás lo haré. La sola idea de imaginarlo con alguien más me molesta tanto que ni siquiera me doy cuenta de lo fuerte que estoy apretando el vaso, hasta que explota en mi mano. El silencio reina en el bar, la mayoría de los clientes me observan sorprendidos, una pequeña moza se acerca a mí y me pregunta si me encuentro bien, ¿mi mano está bien? No puede tener más de dieciséis años… Mi mano tiene algunas cortadas y sangra, unos pedazos de vidrio siguen incrustados en mi piel; no respondo a la pequeña y voy directo al único e insalubre baño del lugar. Arde y molesta, al entrar en contacto con el agua la sensación se intensifica mucho más. Demonios. Trato de sacarle todos los pedazos de vidrio y la envuelvo en lo único que encuentro a mi alcance, papel higiénico. Dejo unos cuantos billetes en la barra y salgo del bar.

La única luz prendida que veo al llegar a casa es la de mi habitación, ¿sigue despierto? Estaciono la moto y agarro mis llaves, el proceso de abrir la puerta se me hace más difícil con la mano herida; una vez adentro de la casa intento sacarme la chaqueta de cuero, mi improvisada venda está manchada de sangre y aunque no me importaría ensuciarme con sangre vivir con Jaejoong me ha enseñado a tomarle cariño a mi ropa, aunque suene estúpido. Además, le encanta esta chaqueta y a mí me encanta verlo con ella puesta sin nada debajo. Dejo la chaqueta colgando de mi brazo izquierdo, el herido y subo las escaleras a mi habitación. Otra vez, tengo que abrir la puerta llaveada. Mierda. Unos diez minutos después logro abrir la puerta y lo primero que veo es a Jaejoong en mi cama, lo noto sorprendido y se me queda mirando como sin poder creer lo que ve. Claro, me veo tan patético con una mano ensangrentada, la otra sujetando las llaves, chaqueta colgando de forma extraña.

—Yunho…

No puedo creerlo. Sólo ha pronunciado mi nombre entre gemidos y jadeos, cuando tenemos sexo. Sonrío levemente, aliviado.

—Ey… — cierro la puerta y la vuelvo a llavear torpemente. Me sorprende que no haya intentado escapar, bien podría hacerme pelea ya que mi mano izquierda está inútil.

Su mirada se clava en mi mano y salta de la cama, alarmado.

—¡Ah! ¡Mira, mira! ¡Mira lo que te has hecho!—grita todo molesto y no puedo evitar sentir mi corazón henchirse en mi pecho. Se ve tan adorable, molesto y preocupado. Me jala del brazo gentilmente hasta el borde de la cama y me sienta ahí—¡Quédate aquí!

¿Bastó con herirme Jaejoongah? ¿Bastó con eso para que volvieras a hablarme?

Entra al baño y a los pocos minutos vuelve a mi lado, trae un pequeño botiquín en su mano. Se sienta a mi lado y cuidadosamente termina de sacarme esa manga de la chaqueta, cerré mi mano levemente y el dolor se disparó por cada nervio de mi palma, me mordí el interior de la mejilla para evitar quejarme.

—Estás loco… —desinfecta las pequeñas heridas y cuando pasa el algodón húmedo sobre un corte un tanto profundo, gruño levemente—Te lo mereces… ¿Qué hiciste?—pero no me deja contestar, hoy está hecho todo un parlanchín—Eres tan… torpe…— se concentra en seguir curándome y lo observo atentamente, se ve tan lindo y… Dios, no puedo evitar enternecerme cuando venda mi mano cuidadosamente.

—¿Qué es lo que haces?—dejo un beso en su mejilla y voy hasta su oído—¿Estás jugando conmigo?—susurro.

Se aparta y junta las cosas que acaba de utilizar, las guarda y me mira—No sé de qué estás hablando—frunce el ceño levemente—Hubiera dejado que te desangraras.

—No iba a morir… —sonrío y juro que él casi lo hace también.

—Pues parecías un moribundo…

—Exageras.

Intento besarlo y voltea el rostro, me siento repentinamente herido.

—Fuiste a beber… —susurra. Oh, ya comprendo. No le gusta el olor… Cierto.

Me limito a volver a besar su mejilla y luego la acaricio suavemente con la mano buena.

—Hoy estás hablando demasiado… ¿Estás bien?

—Hmmm…

—No vuelvas a eso…

Suspira y me mira—Bien… Estoy bien.

—¿Me estabas castigando?

No responde y va al baño a dejar el botiquín, apaga la luz y vuelve a mi lado. Sin decir nada me ayuda a sacarme la ropa hasta quedarme en bóxer, sólo entonces noto que él ya estaba con ropa de dormir, o sea, sus pijamas. Me confesó que siempre dormía en pijamas cuando estaba en su casa y en uno de mis muchos viajes a la ciudad le compré unos cuantos. Aún así a veces duerme en shorts y camisilla, eso sólo puede significar una cosa: Que no lo dejaré dormir en toda la noche.

—¿Estás cansado?—le pregunto.

—Un poco…

—Ya regreso.

Me paro y voy hasta el baño con intención de cepillarme los dientes, ¡o sino no me permitirá besarlo! Agarro mi cepillo. Bien. Espero que mi otra mano coopere y me ayude a poner la pasta dental. Intento hacer malabares. Mierda. Duele, duele, duele. Finalmente, después de unos diez exhaustivos minutos logro poner la pasta dental en el cepillo y comienzo a cepillarme. Termino, me enjuago la boca, hago buches por si acaso y regreso a la habitación. Ya me espera acostadito en su lado de la cama.

—¿Está bien tu mano?

—Ajá.

Apago la luz y me echo a su lado. De forma casi automática lo atraigo hacia mi cuerpo y él no se resiste. Me pregunto si realmente le agrado, o se está obligando a ser así.

Nota mental: Deja de ser tan paranoico, Yunho.

—¿Cómo te hiciste eso en la mano?

—Apreté un vaso.

—¿Por qué?

—Estaba nervioso…

—¿Por qué?

—Te imaginé con alguien más.

—Oh… ¿Celoso?

—Mucho.

Me mira y sonríe divertido—Eres gracioso… —luego vuelve a acomodarse sobre mi pecho y espero a que se duerma, cualquier cambio en el ritmo de su respiración indica que se ha dormido. Me mantengo callado y atento, pero vuelve a hablar—Quiero irme a casa…

—Lo sé.

—Jamás saldré de aquí…

Lo dice de una forma tan triste que me dan ganas de dejarlo ir…

—Ya sabes lo que pienso sobre estar aquí… Tampoco te entiendo demasiado. Quiero ver a mi madre, a mi padre, a mis hermanas. Quiero volver a hacer mi vida. ¿Acaso no puedes conseguirte a otro chico que te satisfaga? ¿Tienes idea de lo doloroso que es? A veces te odio tanto…

—¿En serio quieres dejarme?

—Esto no es vida…

Me mira y tiene los ojos húmedos… Cómo me gustaría que ya no llorara más. Estábamos tan bien, ¿verdad?

Sin poder evitarlo un momento más me acerco y lo beso. Al principio sólo disfruto de la suavidad de sus labios y la calidez de su cuerpo junto al mío, pero me impaciento rápidamente y lamo su labio inferior pidiendo permiso para entrar. Su boca es cálida y su lengua suave y húmeda se enreda con la mía, la succiono levemente y vuelvo a besarlo; mientras más nos besamos comienza a subirse sobre mí y presiona su muslo contra mi miembro.

—Dios, Jaejoong… ¿Por qué te vistes si vas a seducirme?—pregunto respirando agitadamente.

Hace un tierno pucherito—Me gustan mis pijamas.

—Sácatelos.

—No quiero…

—Hazlo.

—Pero…

—Jaejoong…

Siempre protesta, ¡me vuelve loco! Ojalá pudiera arrancárselos de una vez pero mi mano…

Al final cede y se los saca, inclusive el bóxer. Vuelve a acomodarse sobre mí. Pasan unos segundos y no intenta nada, estudio sus facciones y luego lo miro a los ojos intentando descifrar qué es lo que piensa. Nada. Se mantiene impasible y no se mueve, tan sólo me observa; se mueve un poco sobre mí y gruño frustrado, estaba sentado sobre mis muslos pero con el repentino movimiento logró acercarse hasta mi miembro. Apoya ambas manos en mi abdomen y se inclina un poco hacia mí.

—¿Qué?— pregunto finalmente.

—Nada.

—Supongo que ya no lo haremos, no pareces estar de humor…

—Así es. ¿Me vas a obligar?

—No.

Se queda callado y sigue observándome por un largo rato.

—¿Por qué?

—¿Acaso quieres que te castigue?— bromeo, pero eso no le hace gracia, más bien me hace una mueca de disgusto. Boca torcida, mirada de: “¿Eres estúpido o te haces?”

—Siempre me pregunto… ¿Por qué eres tan bueno conmigo?

—Porque vales mucho más estando sano— respondo sin dudarlo, de forma automática. Me merezco una patada en las bolas.

—Eso significa que alguna vez saldré de aquí…

Acaricio su rostro con una mano, pasando mi pulgar por su mejilla y sintiendo la suavidad de su piel, bajo hasta la mandíbula con intenciones de seguir con mis caricias pero me muerde el dedo.

—¡Yah!

—Te lo mereces. — se baja de mí y pierdo toda esperanza de cualquier tipo de acción posible. Vuelve a vestirse y sin agregar nada más se acuesta en su lado dándome la espalda.

Suspiro cansado y ni siquiera intento acercarme a él. Los minutos pasan y no puedo dormir, me entretengo escuchando su respiración, sé que no está durmiendo, me mantengo alerta porque me asusta la posibilidad de que pueda intentar algo aunque sea en vano.

—Deberías ser más sincero… — susurra de forma casi inaudible pero logro escucharlo y siento como si un puño invisible estuviera estrujando mi corazón.

2 comentarios:

  1. Yunho a pesar de su rudeza es un dulce con Jaejoong.
    gracias!

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  2. Oww los celos de yunho :3 la situación es muy difícil... Sólo espero que el amor triunfe :3
    Gracias por el cap! Estuvo lindo :3

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