Todo Comienza con un Disparo - Cap. 1

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La primera vez que había oído a sus padres pelear fue cuando tenía 8 años. Sus hermanitas dormían. Él había ido al baño a mitad de la noche cuando vio la luz de la cocina encendida. Se asomó y lo que vio no le gustó nada. Su corazón se oprimió con fuerza. Su madre lloraba, y jamás la había visto llorar, pues ella era una mujer fuerte y alegre. Su padre se mantenía sentado, con el rostro hundido en sus manos.

"¿Cómo podremos darles una vida normal?" lloraba su madre. Changmin observaba escondido tras la puerta de la cocina, callado. Y entonces comenzaron a gritarse, olvidando completamente que tenían tres hijos que dormían en sus habitaciones. Su madre no dejaba de llorar, dándole empujones y manotazos a su esposo, desesperada.

Changmin se sintió tan asustado en ese momento que decidió que lo mejor sería ir a dormirse una vez más.

Cuando tenía 10 años, las peleas ya eran cosa de todas las noches. Cada vez que comenzaban, sus hermanitas iban a su habitación y se metían en su cama, abrazándolo y buscando algo de cariño, temblorosas, porque a sus padres no les importaba gritarse docenas de insultos sabiendo que había niños pequeños en el hogar. Sus padres a esta altura ya no tenían tiempo para brindarles cariño. Changmin, con sólo 10 años de edad, decidió tomar ese cargo.

Cuando tenía 12 años había entendido al fin la razón de esas peleas nocturnas, que cada vez terminaban en más llantos y dolor. Les faltaba dinero. Su padre no ganaba mucho, y desde que sus hermanas menores habían nacido su madre había tenido que dejar el trabajo para encargarse de ellos. Cada día que pasaba más deudas aparecían y menos dinero había parar pagarlas. Su madre siempre, siempre decía “No es su culpa, pequeños” , pero Changmin sabía en el fondo de su ser que su madre los odiaba. No mucho, no poco, pero los odiaba, en lo más profundo, aún cuando ella no lo había notado. Changmin sabía que su madre los culpaba a ellos por toda su desgracia y por todas las peleas que ahora tenía con su esposo, pues se veía en su murada. Había repudio escondido en cada palabra de cariño, en cada abrazo, en cada beso. Pero Changmin no lo entendía ¿No era acaso su propia culpa por decidir tener más hijos, aún cuando sólo con Changmin el dinero escaseaba?

Cuando tenía 14 años comenzó a tener pequeños trabajos para ganar algo de dinero y ayudar a su familia a pagar pequeñas cosas. Repartía periódicos por la mañana, lavaba los autos y las ventanas de sus vecinos por la tarde, y durante las noches cuidaba a los hijos pequeños de sus vecinos cuando sus padres (aquellos que sí tenían dinero) salían a hacer cosas de adultos.

A los 16 años, y a tan temprana edad, se sentía más cansado que nunca. Sus padres no paraban de pelear. Sus hermanitas crecían, y no eran felices. Fingían enormes sonrisas, cuando sabía que en el interior se sentían miserables y culpables de cada pelea que sus padres tenían, las cuales ya no eran sólo de noche. Y a Changmin le pesaba el haber desperdiciado gran parte de su infancia trabajando para ayudar en su hogar.

Y cumplió 18 años finalmente. Triste, cansado. Sin otra opción, consiguió un trabajo en un bar de mala muerte. Peleas, ebrios, drogadictos y putas baratas eran cosa de todos los días. En ese lugar Changmin había visto cosas que jamás imaginó posibles. Veía gente teniendo sexo en todos lados con prostitutas, de las formas más grotescas posibles. Los hombres las golpeaban y ellas los dejaban. Hombres ebrios y sudorosos vomitaban en cada lugar posible, y él... Él debía soportarlo todo.

- Oye jovencito - dijo un hombre. Su hedor le dio de lleno en el rostro, haciéndole sentir nauseas. El hombre le mostró su vaso vacío y lo agitó, haciendo sonar los hielos a medio derretir - Llénalo, ¿Quieres?
- Claro - respondió y vertió el sucio contenido de una botella en su vaso. No tenía ni idea de qué clase de licor esa, y tampoco iba a preguntar, pero al parecer era muy popular en el bar. Lo único que él sabía era que sólo destapar la botella le hacía sentir mareado. El hombre le tendió un billete todo sucio y arrugado - Ten, una propina. Te la ganaste - sonrió y Changmin recibió el dinero, haciendo una reverencia.
- Muchas gracias señor.

Continuó con su trabajo en la barra, limpiando vasos y sirviéndole el mismo licor pestilente a los hombres del lugar, recibiendo billetes y monedas como propina de vez en cuando. Pasado un rato el mismo hombre hediondo de antes lo llamó, haciéndole un gesto con el dedo, ya seguramente demasiado ebrio como para formar frases coherentes. Volvió a llenarle el vaso como él lo pidió. Realmente no entendía el gusto de llegar a ese punto. Perdían toda decencia que les quedara, vomitando en cualquier lado y orinándose en los mismos asientos. Pero allá ellos y sus vicios, pues mientras más bebían más le pagaban, y mientras más ebrios más grandes eran las propinas. Cuando el mismo ebrio de hace un rato volvió a darle un billete, ahora de mayor número (seguramente ni siquiera recordaba haberle dado una primera vez. Changmin sólo aprovechaba) Changmin se giró con un enorme "gracias" en su sonrisa. El hombre aclaró su garganta con fuerza, haciendo un sonido desagradable, para luego lanzar un escupitajo amarillento que le hizo sentir enfermo. Entonces le sonrió, mostrando sus dientes igual de amarillos.

- Ven, ven, acércate muchacho - le indicó con la mano. Changmin, muy a su pesar, obedeció, pues a pesar de todo era el cliente y si quería seguir sacándole dinero debía tratarlo bien. El hombre lo miró fijamente, incomodándolo de sobre manera. - Oye... Qué bonitos labios tienes - le dijo, y Changmin supo en seguida a dónde quería llegar - De seguro haces maravillas con ellos.
- Oiga - lo detuvo Changmin para evitarse oír esas asquerosas proposiciones que siempre le hacían. El hombre habló de todos modos.
- ¿Por qué no vamos por ahí y me das una buena chupada?

Changmin se giró, ignorándolo, con una mueca de asco en su rostro. El hombre insistió.

- Vamos. Sólo lo metes en tu boca y haces lo tuyo - rió lujuriosamente. Changmin tuvo que comenzar a contar mentalmente para calmarse - Debes ser excelente dando mamadas - murmuró entre dientes. Changmin notó cómo el hombre comenzaba a frotar su entrepierna con su mano, por sobre el pantalón. - Ahh,  esos bonitos labios chupando golosamente, cada centímetro de mi enorme pe... - comenzó a decir, pero fue interrumpido con un golpe en el mesón. Miró a Changmin algo atemorizado, al verlo con el ceño fruncido y los labios curvados, viéndose totalmente amenazante.
- Ve a decirle a tu mamá que te la chupe degenerado hijo de puta - dijo entre dientes - Vuelve a decirme algo así porque te volaré esos asquerosos dientes amarillos de un golpe. Y ya veremos si sales de aquí con tu asquerosidad entre piernas luego de eso, porque te juro que te castro, ¿Entendiste?

El hombre asintió repetidas veces, sus ojos bien abiertos. Probablemente hasta la ebriedad se le había quitado por el susto. Cuando el ebrio se alejó, Changmin arrojó con fuerza el paño que usaba para limpiar sobre el mesón, y sin que nadie lo viera (ni le importara) corrió y se encerró en la bodega. Soltando un quejido ahogado comenzó a golpear con fuerza un saco gigante de limones, dándole golpe tras golpe tras golpe, canalizando toda esa rabia en esos malditos frutos amarillos que nada de culpa tenían.

Oyó la pesada puerta de acero haciendo un fuerte chirrido, indicando que la abrían. Frotó fuertemente sus ojos con sus manos, intentando calmar el ardor que en ellos se había formado. Quería llorar, la rabia acumulada lo estaba carcomiendo por dentro, pero no debía. No era correcto en un lugar como ese, pues mostrar debilidad sólo atraería a más ebrios pervertidos. Odiaba ese lugar. Odiaba trabajar ahí. Odiaba tener que soportar los acosos diarios de ebrios asquerosos que engañaban cada noche a sus esposas, acostándose con prostitutas e insinuándoles cosas a adolescentes menores de edad. Lo odiaba, pero debía soportarlo. Necesitaba ese dinero, necesitaba ayudar a su familia, y siendo menor de edad jamás encontraría un trabajo mejor.

Sintió unas palmadas en su hombro, y al girarse se encontró con su jefe. Era un hombre pasado en unos kilos, de unos 30 y tantos. No era mal jefe, y trataba como a un hijo a Changmin. Aquel cariño que él le daba era como aquel que su padre jamás fue capaz de darle, pues sólo había lugar para peleas con su madre en su vida. Sus hijos ya eran algo secundario. Y Changmin sabía que mendigar cariño con gente desconocida era caer muy bajo, pero a veces no podía evitarlo, pues se sentía tan solo.

- ¿Volvieron a decirte cosas feas? - le dijo el hombre. Changmin asintió, frotando sus manos. El hombre tomó una de ellas - Oye, los limones no tienen la culpa - le dijo notando las heridas en sus nudillos. Changmin sonrió, desganado.
- Lo siento.
- No importa, sólo no quiero que lastimes más tus manos golpeando esos sacos, ¿Sabes? Sólo ignora lo que te dicen - presionó su mano en su hombro y Changmin se sintió incómodo.
- Es difícil - respondió. El toque se prolongó aún más. Se sentía extraño. El hombre solía darle palmadas y palabras de ánimo, pero esta vez no le estaba gustando que mantuviera tanto su mano en su hombro. Se alejó un poco, incómodo, y sonrió - Pero no se preocupe, estaré bien - dijo y antes de recibir cualquier tipo de respuesta salió de la bodega, acelerado.

Volvió a su lugar y suspiró, volviendo a mirar a los ebrios, a las prostitutas y a los peleadores de cada día.

Su vida era un agujero.

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 Cuando vives triste y desganado durante tanto tiempo, los años comienzan a venirse encima con mucha más rapidez. Sientes que nada tiene color, nada tiene vida. La vida es monocromática y oxidada, lenta...

Lo único que a Changmin le animaba a seguir con todo esto era poder ayudar a su familia, principalmente a sus hermanitas. Ellas se merecían una buena vida, y él se esforzaría al máximo por conseguirlo.

Recientemente su jefe había se había comenzado a comportar de forma extraña con él. Y a Changmin realmente le incomodaba de sobre manera sus actitudes tan... "cero respeto por el espacio personal". Solía darle palmadas en la espalda y darle apretones en los hombros y en la cintura con mucha frecuencia. Aparecía de pronto por la espalda y le hablaba bien pegado al oído. Y a Changmin no le gustaba, pues tenía un mal presentimiento de esto. Temía lo que pronto vendría....

- Changmin, ¿Puedes venir a mi oficina? Sólo un momento - le había dicho el hombre al pasar por su lado, y sin detenerse entró a la dichosa oficina.

Changmin lo miró, y sintiendo su corazón oprimirse lo siguió. "No vayas, Changmin" se repetía mentalmente, pero sus piernas se movían solas. "Por el amor de Dios, Changmin, no lo hagas" sonó en su cabeza mientras se acercaba. Se detuvo frente a la puerta y golpeó, tembloroso.

- Pasa - dijeron desde adentro, y Changmin obedeció.

El aire se sentía pesado. El  hombre leía unos papeles, y al verlo sonrió enormemente, indicándole que se sentara, actuando extremadamente eufórico. Sacó un enorme puro de una cajita metálica y lo encendió, inhalando con fuerza. Soltó todo el humo casi en su rostro y sonrió.

- ¿Un puro? - le ofreció, extendiendo la caja. Changmin negó con la cabeza.
- No, gracias.
- Cómo quieras - se echó atrás en su silla, volviendo a inhalar con fuerza del puro entre sus labios. Saboreó el humo en su boca unos segundos para luego soltarlo. El aire comenzaba a hacerse más pesado.

Pasó un largo rato antes de que el hombre volviera a hablar. Changmin se sentía nervioso, asustado, ansioso. El hombre aclaró su garganta y se enderezó en la silla, mirándolo con una sonrisa.

- ¿Te han vuelto a molestar? - preguntó - ¿Los clientes te han molestado?
- No mucho - se encogió de hombros, restándole importancia, aún cuando sabía que los hombres seguían ofreciéndole cosas de mal gusto a cada momento. El hombre sonrió.
- Ya veo, eso es bueno.

Changmin comenzó a examinar la oficina detenidamente, intentando relajarse. Estanterías llenas de papeles y cuadros con documentos firmados eran todo lo que se veía. Las persianas rotas de la ventana se mantenían levemente abiertas, dejando ver la oscuridad de la noche del otro lado del vidrio. La oficina era sólo débilmente alumbrada por una lámpara, pero aún así el moho en las esquinas y el papel tapiz rasgado podían notarse fácilmente.  El hombre se mantuvo un largo rato callado, fumando con parsimonia. Finalmente, algo aburrido, Changmin se decidió a preguntar por qué lo había llamado. El hombre lo interrumpió antes de que pudiera preguntar.

- Supe que tienes problemas económicos muy graves - comenzó a hablar. Changmin bajó la mirada, y tras dudar si responder o no, asintió.
- Es cierto.

Hubo un nuevo silencio que los envolvió. Esta vez fue aún más incómodo. Changmin quería irse pronto de ahí. El hombre aspiró con suavidad el puro y, luego de unos segundos, soltó todo el humo.

- ¿Qué trabajo estarías dispuesto a hacer para ganar más dinero? - preguntó echándose para atrás, hablando con total naturalidad. Changmin alzó la vista, interesado.
- Cualquier cosa.
- ¿Cualquier cosa? – preguntó actuando asombrado. Changmin asintió eufórico.
- Realmente haría cualquier cosa para conseguir más dinero.
- Conque cualquier cosa... - cerró sus ojos. Changmin apretó los labios.
- ¿Tiene un trabajo para mí?

El hombre rió - Oh sí, claro que sí, pero es opción tuya aceptar.

Changmin se acercó, interesado, sus ojos abriéndose - Dígame. Aceptaré.

Hubo otro silencio y el hombre aclaró su garganta, acercándose también a él - Sé que te lo han dicho antes, pero tienes unos labios muy bonitos - susurró. Changmin abrió más sus ojos, sintiendo algo quebrarse dentro de él. No se había esperado eso, así que se sintió como un golpe bajo. Calmó su expresión al instante, intentando no verse muy asombrado, y por ende, verse frágil y débil. Así era como todos empezaban la proposición. El hombre acercó su mano al rostro de Changmin, acariciando su mejilla. Changmin frunció el ceño, sin alejarse - Soy un hombre casado, ¿Sabes? Pero ya no es lo mismo que antes. – habló como si estuviera realmente sufriendo. Changmin quiso reír, pues le causaba gracia que el hombre pensara que caería en el cuento del “esposo solitario” . - Llevo tanto tiempo sin tener relaciones, y me siento muy... Muy estresado por eso. Tú sabes, un hombre tiene necesidades, y cuando su pareja no se interesa… - cerró sus ojos como si le doliera decir esas palabras. Siguió acariciando, deslizando su dedo pulgar hasta su labio inferior, rozándolo con suavidad.

- ¿Qué es lo que quiere? - dijo Changmin cortante, algo resignado. El hombre sonrió.
- ¿Alguna vez has hecho una felación?

El corazón de Changmin se encogió - Nunca. - negó, su expresión endureciéndose.

- Pues verás, eres un chico atractivo con una boca... deliciosa - dijo lentamente, lamiendo sus labios con una sensualidad que, a los ojos de Changmin, no fue más que un gesto pederasta. Realmente sintió asco - y yo un hombre con necesidades y una gruesa billetera, ¿Entiendes?
- Está diciendo que me pagaría por sexo oral - dijo cortante Changmin, frunciendo los labios. El hombre sonrió - Quiere que yo me rebaje a eso.
- No te rebajarías a nada, pequeño. Ambos saldríamos ganando.

Changmin se quedó callado largo rato. En su vida, desde que trabajaba en ese asqueroso bar, había recibido muchas proposiciones de sexo. Le habrían ofrecido hacer sexo oral, tríos, orgías y otras cosas más asquerosas. Y Changmin, lógicamente, siempre se había negado, pues si bien su vida era miserable y se sentía horriblemente solo, no llegaría a acostarse con cualquier ebrio que se lo pidiera.

... Pero su jefe le estaba ofreciendo dinero. Dinero que, en este punto de su vida, Changmin necesitaba completamente.

- ¿De cuánto estamos hablando? - preguntó tras un largo momento de silencio, haciendo que el hombre sonriera enormemente.
- Mucho dinero, pequeño. Hasta cinco veces lo que ganas trabajando una semana.

Sintió su estómago revolverse por la inesperada emoción que esto le causó, y su corazón dio un salto. Sacando cuentas (Y Changmin era realmente bueno en eso) esa cantidad era, sin duda alguna, mucho dinero.

"No puedes aceptar eso, Changmin." le reclamó su conciencia, y más aún su decencia. Su respiración se agitó levemente. Se sentía como si su corazón vibrara por la ansiedad. Mordió su labio con fuerza y bajó la mirada, los latidos de su corazón casi matándolo y la mirada ansiosa del hombre frente a él casi perforándole la cabeza. Finalmente, tras mucho meditar, alzó la mirada.

- Acepto - susurró sin mirarlo directamente a los ojos, pero aún así pudo ver cómo el hombre sonreía enormemente. El hombre se enderezó y le dio unas cuantas palmadas en la cabeza, y alzar la mirada el hombre le sonrió.
- Ve a trabajar, pequeño. Esperemos a que termines tu turno.

Changmin asintió, y totalmente avergonzado salió de la oficina.

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Vio como el último cliente del bar, totalmente ebrio y apenas caminando, salió por la puerta de entrada, dejando el lugar completamente vacío. Suspiró con fuerza y dejó el paño sobre el mesón. Sus manos temblaban horriblemente y su frente sudaba.

"No puedo creer que haya aceptado esto" pensó, sintiendo su corazón latir. Estaba asustado, realmente asustado.

Comenzó a moverse de un lado para otro, ordenando y cambiando cosas de lugar innecesariamente, pues ya había terminado y debía irse a su casa. Debía, normalmente, pero no ahora. Estuvo muchas veces tentado a correr, pero luego el sonido de su mente diciendo “necesitas ese dinero, Changmin” volvía a retumbar en sus oídos, y sus pies le impedían el movimiento. Oyó cómo desde la oficina su jefe lo llamaba con voz grave, pronunciando un ronco "Changmin", el cual retumbó en todo el bar, pues estaba tan vacío que lo único que se oía en el lugar era su respiración agitada. Casi sintió que el corazón se le salía por la boca y, tomando una gran bocanada de aire, se dirigió a la oficina.

Al entrar se encontró con el hombre quien, al verlo, sonrió enormemente, indicándole que se acercara. Changmin obedeció, sus rodillas temblando involuntariamente.

- Adelante, ven - sonrió. Changmin no lo miró. - Relájate, ¿Quieres? Así podremos disfrutar los dos.

Changmin sintió repugnancia al oír aquello. Quiso reír por esa ridiculez. ¿Disfrutar, él? Imposible. Sólo estaba haciendo esto por sus padres, por ellos y por sus hermanitas. Sus hermanitas que merecían un buen futuro. Sus hermanitas que merecían, como toda niña de su edad, comprarse ropa bonita y tener una adolescencia normal. No como la que Changmin había tenido. Ellas merecían tener un futuro, estudiar y ser alguien en la vida, para así no volver a sufrir las penurias de una vida sin dinero.

- Vamos, vamos, acércate.

Changmin borró esos pensamientos de su mente y cruzó la distancia entre ellos, rodeando el escritorio, parándose frente al hombre. Este se acomodó en la silla de cuero y, sin borrar la sonrisa de su rostro, comenzó a desabrocharse el cinturón.

- No sé cómo... debo hacerlo - dijo en un murmullo, con la mirada baja, sintiendo cómo la saliva le impedía hablar bien. El hombre lo miró y le indicó que se arrodillara frente a él. Changmin obedeció.
- Sólo debes usar tu lengua y meterlo en tu boca. Juegas con él y ya, pero trata de no tocarlo con los dientes - le acarició la mejilla, y con la otra mano abrió su pantalón, metiéndola en su ropa interior para sacar su miembro. Changmin miró a otro lado.
- ¿Cómo sé si no me hará hacer esto y luego no me pagará?
- Oh por favor - se hizo el ofendido. Metió la mano en su bolsillo y sacó un montón de billetes - Soy un hombre de palabra, Changmin - le metió el dinero en el bolsillo - Aquí tienes la mitad, y si te portas bien y haces un buen trabajo, te ganarás la otra mitad - sonrió, y sin dejar de sonreír, le hizo un gesto con la cabeza - Ahora, has lo tuyo.

Changmin tomó una gran bocanada de aire. "Perdónenme hermanitas. Lo hago por ustedes" pensó, y entrecerrando sus ojos tomó el miembro de su jefe con una mano, comenzando a moverla.

No bastó mucho tiempo para que comenzara a endurecerse en su mano. El hombre movía su cabeza de un lado a otro, suspirando y jadeando, cerrando sus ojos, dejándose llevar por las caricias de Changmin. Escupió en él para hacer el trabajo más fácil, pues estando sexo era difícil mover su mano. Se sentía avergonzado por estar haciendo eso, más aún tratándose de un hombre adulto, unos veinte años mayor que él, y que esto fuera por dinero. Y lo peor (sólo ahora, al ver su mano, lo había notado)… era casado.

"Estás vendiéndote, Shim Changmin"

- Vamos, no te estoy pagando por usar sólo tu mano.

Algo temeroso acercó su rostro a su entrepierna, y cerrando sus ojos completamente sacó su lengua y comenzó a jugar con ella, lamiendo temeroso la punta, estimulándolo y oyendo cómo el hombre hacía leves ruidos de agrado. Era primera vez que hacía algo como eso, y se sentía totalmente avergonzado. Siguió lamiendo, asqueado por el sabor de ello. Jamás había probado algo así, y realmente no le agradaba. El hombre comenzaba a emitir ruidos más largos, murmurando "Hmm, sí, así" y otras cosas que intentaba no escuchar. Pensó que sólo quería hacerlo terminar, así que sin más rodeos apretó sus ojos, aspiró una gran bocanada de aire y lo metió entero en su boca.

- Ohh Dios - gimió el hombre, cuando Changmin hizo esto. Comenzó a mover su cabeza de adelante a atrás con dificultad, sacándolo de vez en cuando para poder respirar. Era difícil por su tamaño ¿Por qué este hombre no podía seguir el estereotipo de “asiáticos y penes pequeños”? Ni siquiera era satisfactorio que fuera tan grande, pues él era un viejo asqueroso y Changmin sentía que se ahogaba.

Una de las manos del hombre comenzó a jalar su cabello, lastimándolo. Changmin se quejó, y al parecer, las vibraciones de su garganta le hicieron sentir más placer, pues tras gemir roncamente volvió a jalarle el cabello, logrando que Changmin se quejara un par de veces. El hombre enloqueció con cada quejido, y sin siquiera dejarle respirar rodeó su rostro con sus manos, sujetando fuerte su cabeza. Changmin intentó alejarse, pero el hombre comenzó a embestir contra su boca con fuerza, haciendo que Changmin se quejara. Cada gemido que su jefe hacía era más asqueroso que el anterior. Changmin sentía nauseas, le costaba respirar y el hombre insistía en que le cabía completamente en la boca, pues insistía en meterlo más y más. Varias veces golpeó su garganta, haciéndole emitir sonidos ahogados. Esto le causaba aún más placer a su jefe. Con todas sus fuerzas Changmin tuvo que controlar lo más posible los reflejos de su garganta, pues las arcadas se hicieron presentes tras tantos golpes en su garganta.

"Termina rápido." pensó, cayendo en la desesperación "Termina rápido, demonios.”

Sentía sus ojos humedecerse. Quería terminar con esto, quería que el hombre terminara de una vez, recibir ese maldito dinero e irse de ahí. No podía creer que hubiera accedido a hacer eso. Ya se sentía arrepentido. Le dolían las rodillas, se sentía mareado por lo poco que podía respirar, la saliva corría por la comisura de sus labios, humedeciendo su mentón y su cuello. Finalmente el hombre soltó un par de gruñidos, y su semen caliente salió dentro de su boca. Su jefe lo jaló del cabello hacia atrás y, sin dejar de mover su mano terminó por derramar su esencia en su rostro, ensuciado su mentón y mejilla derecha. Changmin cerró sus ojos, asqueado, recibiendo aquello sin quejarse.

El hombre se dejó caer en su enorme silla, con una gran sonrisa en su rostro, repleto de satisfacción. Changmin se quedó en el suelo, con la cabeza gacha, la respiración agitada, tosiendo con fuerza y con toda la vergüenza sobre sus hombros.

- Trágatelo - ordenó el hombre, metiendo su miembro en su ropa interior y acomodando su pantalón. Changmin lo miró con asco, por esa orden y porque ni siquiera se había limpiado antes de hacer eso - Trágatelo todo – insistió - o sólo recibirás la mitad.

Changmin sintió su estómago revolverse, y cerrando sus ojos tragó de una vez todo lo que tenía en su boca, sintiendo las arcadas apoderarse de él y ese sabor amargo bajar por su garganta. El hombre le tomó el rostro y le hizo abrir la boca, obligándole a sacar la lengua.

- Buen chico - sonrió al ver que efectivamente había tragado todo. Lo soltó otra vez y le extendió otro montón de billetes. Changmin lo recibió en silencio - Puedes irte.

Changmin se levantó sin decir nada, con rapidez, y limpiando el semen de su rostro salió de la oficina y del edificio, avergonzado. No avanzó mucho hasta llegar al callejón junto al bar, y sin poder aguantar más vomitó asqueado, tosiendo con fuerza, sintiendo aún el horrible sabor en su boca y el aroma en su nariz. No podía creer lo que había hecho. Ver ese dinero le hacía sentir sucio. Permaneció un largo rato sentado contra la pared, respirando con dificultad e intentando normalizar su estado; y finalmente, totalmente debilitado y avergonzado por lo que había hecho decidió volver a su casa, sintiéndose el ser más miserable del mundo.

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Entró a su casa cubriendo su rostro con el gorro de su sudadera. Durante todo el camino de regreso sintió que todas las miradas se posaban en él, como si todo el mundo lo estuviese juzgando. Era como si todos los supieran y lo apuntaran entre todos. Y sentía que su familia sería igual. Estaba seguro de que encontrarían cualquier cosa que  lo delataría: una mancha, una arruga, un mechón de cabello fuera de su lugar, un olor distinto, cualquier cosa que indicara lo que había hecho. Pero nada ocurrió. Sus hermanitas lo saludaron felices, como siempre. Sus padres lo ignoraron, como siempre.

Y cuando ya todos se fueron a dormir Changmin se escabulló en el pasillo hasta llegar a la habitación de sus hermanas. Su padre había estado bebiendo (Vicio en el que había caído por todas sus deudas), por lo que si lo descubría de seguro le gritaría.

Golpeó tres veces, esperando cinco segundos entre cada golpe, tal y como tenían ordenado sus hermanas (De ser otra forma de golpear sabrían que eran sus padres, así que se harían las dormidas). Entró con lentitud y cerró la puerta con suavidad tras él.

- ¿Cómo les fue en la escuela hoy? - susurró sentándose en una de las camas. Las chicas se encogieron de hombros.
- Bien. Casi llegamos tarde en la mañana - rieron suavecito. Changmin asintió.
- ¿Papá y mamá estuvieron muy insoportables hoy? - preguntó suavecito, algo preocupado. La menor de sus hermanas suspiró.
- Papá sigue bebiendo y mamá no estuvo en todo el día. Creo que tiene un amante.
- No lo sé - suspiró, siendo incapaz de negar esa posible realidad. - Cómo sea, les tengo algo - sonrió, metiendo la mano en el bolsillo de su pantalón de dormir - No deben decirle nada a nuestros padres, es para ustedes.

Ambas lo miraron expectantes. Changmin extendió sus manos y, con una sonrisa, les dio una buena cantidad de dinero a cada una.

- ¡¿De dónde sacaste tanto?! - susurró alarmada la mayor. Changmin la tranquilizó.
- Conseguí un trabajo extra. Me pagan bien - se encogió de hombros, intentando ocultar la verdad. - Gástenlo en lo que quieran, se lo merecen.

Ambas lo abrazaron fuerte, murmurando una y otra vez palabras de agradecimiento, y besando a cada una en la cabeza con cariño se despidió, regresando a su fría habitación para poder dormir.

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 Fue curioso mirar el calendario esa mañana y comprobar dos cosas: se cumplía casi un año desde que había comenzado a ganar dinero por los... "favores" que le hacía a su jefe.

... y además de eso… era su cumpleaños.

Tras una tarde de trabajo ligero lleno de ebrios violentos y prostitutas ofreciendo sus servicios desvergonzadamente, se encontró una vez más con el rostro clavado en la pelvis de su jefe, ya más acostumbrado, lamiendo y succionando tal y como a él le gustaba. Había notado que el hombre no gemía tan entusiasmado como normalmente lo hacía, y eso le hacía temer que quizás no querría pagarle, alegando que su servicio había sido deficiente.

El hombre lo tomó de los hombros y lo alejó.

- ¿Pasa algo? - preguntó Changmin limpiando su boca. El hombre suspiró.
- Me siento algo cansado, ¿Sabes? - curvó los labios. Changmin alzó la ceja - Quiero decir, ¿No es cansador tener que hacer lo mismo siempre? Ha pasado un año y medio ya. Quisiera cambiar.

Changmin se enderezó y se sentó en la cama, expectante. Desde hacía unos meses que el hombre había decidido que en su casa los encuentros serían más cómodos y privados. Su esposa no estaba en ella, y Changmin se sentía horrible pensando en cómo ella desconocía los engaños de su desgraciado esposo.

El hombre se paró frente a él - ¿Por qué no me dejas poseerte? Muero por metértelo - se relamió los labios y Changmin se puso de pie al instante, alterado y sonrojado.

- ¿Estás loco? ¡No estoy tan necesitado!
- Vamos, sé que te gustará. ¿No sería acaso delicioso tener este enorme bebé - tomó su miembro, comenzando a masturbarse - perforándote hasta lo más profundo?
- Eres un enfermo - Le golpeó la mano cuando intentó tocarlo.
- ¡Te pagaré el doble!
- Me voy.

Comenzó a caminar hacia la puerta,  ofendido, ignorándolo. ¿Que lo dejara desvirgarlo por atrás? ¡Ni loco! Que se buscara a otro. Cuando abrió la puerta el hombre lo agarró fuerte del brazo.

- Oh, no. No lo creo - sonrió y lo jaló con fuerza hacia sí mismo, atrapando su boca en un profundo beso. Changmin alejó el rostro asqueado, y el hombre comenzó a besar y morder su cuello.
- ¡Déjame! - le gritó dándole un fuerte empujón. El hombre rió.
- Oye, yo siempre obtengo lo que quiero - sonrió enormemente, y antes de que Changmin pudiera reaccionar el hombre le dio un fuerte golpe, haciéndole caer al suelo.

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Abrió sus ojos algo adolorido, y cuando intentó levantarse notó que no podía. Sus muñecas estaban fuertemente atadas a la parte superior de la cama. No veía nada, pues la luz estaba apagada. Sentía frío. La luz se prendió de pronto. Se encontraba recostado boca abajo con los brazos estirados hacia arriba. Tenía el rostro contra la almohada, y al ver hacia al lado notó su ropa tirada en el suelo. Entró en pánico al notar que el frío se debía a su desnudez, e intentó hablar, pero un pañuelo cubría su boca, impidiéndole el habla. El miedo creció aún más, como nunca antes lo había experimentado. Un peso además del propio hundió el colchón, y una risa grave le hizo saltar.

- Ahh, ahh, te ves tan bien así - suspiró el hombre desde atrás, observando la vista panorámica del cuerpo desnudo de Changmin. Este intentó hablar, pero le fue imposible.

“Hijo de la grandísima puta” pensó desesperado, intentando mirar como pudiera hacia atrás para ver al hombre. Este rió suavemente, y suspirando, comenzó a masajear y apretar su trasero con sus ásperas manos, deslizando sus dedos sin pudor y dando suaves palmadas.

Changmin se movió violentamente, como convulcionando, balbuceando cosas inentendibles por el pañuelo en su boca, cayendo en la desesperación por soltarse - No sabes cuánto deseé tenerte así - se agachó y enterró sus dientes en una de sus nalgas, sacándole un fuerte quejido de dolor a Changmin. El hombre sonrió y continuó aquello, lamiendo su piel y mordiéndola emitiendo asquerosos gemidos. Changmin se movió con más fuerza, quejándose, sus palabras siendo atrapadas por el pañuelo que cubría su boca.

Con fuerza el hombre abrió las piernas de Changmin y comenzó a deslizar sus dedos. Changmin intentó cómo podía volver a cerrarlas, emitiendo un quejido más parecido a un llanto. Sus ojos se mantenían bien abiertos, sin poder ver completamente al hombre tras él. Su respiración se agitaba cada vez más.

Tras un largo rato de disfrutar con la vista, deslizando sus dedos por entre sus nalgas, le levantó la parte inferior de su cuerpo con fuerza, sin importarle si le dolía o no. Changmin sintió una punzada en su columna al doblarse. El hombre suspiró, rozando su piel con su vello facial, y sin dejarlo siquiera pensar, comenzó a lamer sin pudor alguno con su lengua su entrada.

Changmin gritó, furioso. Furioso y avergonzado, convulcionándose sobre las sábanas, tirando con fuerza sus brazos, lastimando sus muñecas por la aspereza de los amarres. Sentía su rostro caliente, hirviendo por la vergüenza y la humillación. El hombre continuaba lamiendo y chupando. Changmin no paraba de gritar, intentando apretar sus piernas. Pero el hombre tenía más fuerza, y sólo con el agarre de sus manos podía sujetarlo e impedir que se moviera.

Gruñó con fuerza cuando el hombre se alejó, dejando escapar con fuerza todo el aire de sus pulmones por la nariz y miró por sobre su hombro con odio. El hombre le sonrió, relamiéndose los labios, dando nuevamente una palmada en una nalga de Changmin, dejándola marcada.

- Por favor, no me mires con esos ojitos - le acarició la espalda. Changmin balbuceó algún insulto, pero nuevamente fue inentendible. El hombre sonrió y divertido comenzó a rozar su trasero con su miembro erecto. Changmin se desesperó aún más al sentir eso - Sólo relájate~ - canturreó rozando su entrada. Changmin tiró de los amarres lastimando sus muñecas. Podía ver cómo la piel de sus muñecas, por el constante roce y tironeo, comenzaba a erosionarse, causando heridas sangrantes y muy dolorosas. Movió las piernas intentando golpearlo de algún modo. Logró golpearle levemente, pero fue inservible. El hombre no se alejó. El hombre se divertía con las reacciones de Changmin, golpeando su piel con su miembro. Tras un largo rato de diversión se le acercó con lentitud y, rozando su oreja con sus labios, susurró: vamos a divertirnos.

Y entró en él de una estocada.

Y un grito desgarrador se apoderó de toda la habitación, seguido por un lujurioso gemido de parte del hombre tras a él. Changmin se movió con fuerza, intentando soltarse de alguna forma. Fue imposible. Sus gritos fueron los más desgarradores que haya podido emitir alguna vez en su vida.

Dolía. Dolía como mil demonios, y cuando el hombre comenzó a moverse el dolor fue aún peor. No podía pensar en nada que no fuera el dolor que se apoderaba de cada uno de sus sentidos. El hombre se movía lentamente, jadeando. Changmin sentía cómo su erección entraba y salía con lentitud, causando sólo dolor. Comenzó a acelerar sus embestidas, cada vez más fuertes, sin importarle cómo estaba lastimando al menor.

"Por favor...” pensaba desesperado “Por favor, ayuda” . Las lágrimas comenzando a brotar sin remedio, humedeciendo la almohada. Changmin siempre había sido una persona fuerte, jamás lloraba, siempre soportaba todo el peso de los problemas que había en su hogar, y se mostraba fuerte ante el resto de las personas, para que así no lo pasaran a llevar, pero ahora... por primera vez en su vida luego de tantos años, sentía que era demasiado para él.

- Ohh, Dios mío - gemía el hombre, entrando cada vez más, y Changmin no podía dejar de gritar y de gruñir, tirando con fuerza las amarras.

Cerró sus ojos con fuerza, sin dejar de llorar, sin dejar de gritar. Plantó su rostro contra la almohada, desesperado, rogando por que el hombre terminara pronto y todo esto se acabara de una vez.

En lo más profundo de su ser rogaba porque esto fuera un sueño. Una mala pesadilla. Deseaba despertar en cualquier momento y que todo el dolor que estaba experimentando desapareciera. Pero sabía que no era sí. Este hombre estaba haciéndole aquella atrocidad. Estaba acabando con su fe en un mejor futuro. Estaba acabando con el sueño de lograr salir de la pobreza en la que vivía.

"Por qué acepté. Por qué acepté" sollozó con dolor, apretando sus puños, clavando sus uñas en sus palmas, intentando aguantar todo ese dolor. Sentía como si lo partieran en dos. Sentía que su interior ardía, quemaba. El dolor viajaba a lo largo de su columna y tensaba sus extremidades.

El ruido de sus pieles chocando llenaba toda la habitación, pero estos eran opacados por los gemidos del hombre y por los desgarradores gruñidos de Changmin.

Se sintió mareado, y en este momento maldijo su fortaleza y su buena salud. Quería desmayarse, quería morirse, cualquier cosa para dejar de sentir aquel dolor y esas enormes nauseas que comenzaban a apoderarse de él.

Y tras una larga hora de infinito dolor el hombre, con un último gemido y las últimas embestidas, terminó en el interior de Changmin, respirando agitado, con la sonrisa  más grande posible.

Cuando el hombre se alejó Changmin sintió un dolor punzante en su zona baja, y su esencia caliente saliendo de él, deslizándose. Continuó en la misma posición. No se movió ni un centímetro. Sólo su espalda temblaba por los sollozos, los cuales intentaba acallar contra la almohada. Tras unos instantes sus manos fueron soltadas y algo cayó a su lado. Un fajo de billetes, uno muy grande. Pudo oír cómo el hombre se subía el pantalón, el sonido del cinturón y del cierre retumbando en su cabeza. Era como si tuviera una horrible resaca. Cada sonido se sentía mil veces más fuerte.

- Ya puedes irte - le dijo de pronto, al mismo tiempo que encendía un cigarrillo. Changmin no se movió - ¡Eh! ¡Dije que te fueras! Mi esposa llegará en un momento.

Sin decir nada Changmin se enderezó, débilmente, sintiendo el dolor apoderándose al instante de él. Comenzó a vestirse. Su flequillo caía sobre sus ojos, impidiendo ver lo rojo y húmedos que estaban. Temblaba. Terminó de vestirse y soltando un sollozo involuntario tomó el fajo de billetes, metiéndolo en su bolsillo.

Dio paso tras paso, pasando junto al hombre, sin mirarlo a la cara. El desgraciado ni siquiera lo miró, y cuando salía por la puerta oyó una suave risa proveniente de él. El dolor punzaba con más fuerza cada vez que avanzaba, cada paso que daba lo debilitaba más y más. Tuvo que parar una y otra vez en el trayecto. Una señora le preguntó si se encontraba bien, pero él sólo asintió y siguió caminando. Al llegar a su casa se fue directo a tomar un baño, subiendo con dificultad la escalera, sintiendo el agua caliente correr por su cuerpo tenso, tratando de llevarse sus problemas. Apoyó la frente en la pared de la ducha, sintiendo el frío contraste. Tembloroso llevó su mano hasta su parte baja. El dolor fue horrible. Al mirar el agua cayendo en sus pies comprobó lo que temía: sangre.

Su ropa interior estaba completamente sucia, completamente roja, y su pantalón también lo estaba.

Esa noche lloró como nunca antes lo había hecho, sintiéndose horrible, física y emocionalmente. No pudo dormir. No encontraba una posición que evitara que sintiera dolor. Cualquier movimiento le dolía, y a cada instante, cuando el dolor se hacía presente, comenzaba a vomitar sin remedio, sudando grandes cantidades.

Al otro día no pudo comer nada. Ni siquiera pudo ponerse en pie. Su temperatura corporal estaba por las nubes. Su hermana le acariciaba el rostro tiernamente, preocupada, acomodando sobre su frente un paño húmedo y frío. La fiebre estaba demasiado alta.

- ¿Cómo llegaste a enfermarte tanto? – le preguntaba preocupada. No había ido a la escuela para poder cuidarlo. Changmin siempre las cuidaba cuando estaban enfermas, así que ahora era su turno. Changmin no quería hablar nada. Sabía que si lo hacía rompería a llorar miserablemente, y no podía mostrarse débil frente a ellas.

Cuando su hermana había salido de la habitación para ir a preparar algo de comer, Changmin se había levantado con lentitud, viendo cómo sus sábanas nuevamente estaban cubiertas de sangre. Volvió a recostarse y a cubrirse con las mantas, pues si su hermana veía eso enloquecería.

Tardó dos días en mejorarse, y durante semanas no fue a trabajar. Ni siquiera quería que la gente lo viera. Sus miradas frías lo juzgaban. Era como si todo el mundo supiera lo que había sucedido. Como la primera vez que le había hecho sexo oral a su jefe, pero ahora maximizado millones de veces más.

Y el dinero que había conseguido en contra de su voluntad… No quería ni verlo. Le había dado parte de este a su madre para que pagara deudas y también algo a sus hermanas. A su padre no le había dado nada, pues sabía que de darle dinero sólo lo utilizaría para comprar alcohol. Las heridas físicas ya habían sanado, ya no le dolía caminar y había comenzado a comer nuevamente, pero la profunda herida en su orgullo seguía abierta, punzante, doliendo infinitamente cada día más.

Cuando ya había pasado un mes estaba comenzando a superar todo esto que había sucedido, pero de muy mala gana se había dado cuenta de ya muchos en su vida. Definitivamente ese hombre había matado todo deseo sexual que pudiese existir en el cuerpo de Shim Changmin. Ahora la simple idea del acto sexual le causaba nauseas. Cuando veía películas en que se mostraban escenas románticas subidas de tono Changmin sólo podía sentir ganas de vomitar. Muchas veces había ido a tiendas, y al pasar por librerías había visto comics eróticos y revistas de ese tipo. Sólo sentía ganas de vomitar. Cuando viajaba en internet en la biblioteca y veía propagandas de páginas pornográficas, se sentía tan asqueado que debía dejar de usarla e irse de ahí.

Ya ninguna chica lo atraía como antes. Cualquier mujer que viera le parecía horrible. Cualquier hombre adulto que se le acercara le parecía repugnante. Ya no podía lidiar con gente mayor. Todos le parecían grotescos. Le causaba pavor siquiera observarlos. Ese hombre lo había arruinado todo.

 Y cuando todo estaba comenzando a arreglarse, lentamente, una tarde... esa tarde todo se arruinó.

Había ido a comprar víveres, gastando lo último que quedaba del dinero que había ganado. Al llegar a casa había oído gritos y llantos desde afuera. Sus padres peleaban. Se había sentido eternamente agradecido pues sus hermanas aún no llegaban de la escuela, y Changmin odiaba exponerlas a esas peleas.

Corrió a la sala. Su madre lloraba.

- QUÉ VAMOS A HACER AHORA - lloraba jalando su cabello con sus manos huesudas por la desesperación. Manos huesudas por el estrés, el llanto y la depresión. Su madre se veía cada vez peor.

Y aunque estuvo de pie ahí, frente a ellos durante largo rato, sus padres no lo tomaron en cuenta. Pero Changmin lo supo al instante.

… Su padre se había quedado sin trabajo.

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Se paró frente a la puerta con la respiración agitada. Se sintió asustado como esa noche en su cumpleaños, aquella noche en que el hombre había abusado de él sin piedad. Cerró sus ojos con fuerza, sabiendo que no le quedaba otra opción que volver a humillarse.

Su familia estaba antes que él.

Sus nudillos golpearon tres veces, lentamente, como acostumbraba a hacer. Quiso correr y esconderse, estuvo realmente tentado a hacerlo. Que abrieran la puerta, no vieran a nadie y creyeran que sólo había sido un niño jugando. Pero no lo hizo. Oyó cómo el pestillo de la puerta giraba, permitiendo que esta se abriera. El hombre abrió sus ojos algo asombrado. Changmin tragó saliva.

- Quiero saber... si la oferta de pago doble sigue en pie - susurró tragándose su orgullo. El hombre hizo un gesto de asombro, y luego de un leve silencio sonrió.
- Claro que sí.

Abrió la puerta completamente, invitándolo a entrar. Changmin suspiró con fuerza y obedeció, sintiéndose cada vez más pequeño y miserable con cada paso que daba.

Y el hombre acarició su hombro con una sonrisa, cerrando la puerta tras ellos.

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