Unnamed - Cap. 2

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Montones de niños pequeñísimos se diluían en el enorme patio de juegos. Las niñas con bonitas coletas que les recogían los largos y sedosos cabellos se sostenían las manos mientras jugaban con muñecas de ojos grandes y sonrisas imborrables. Jugaban a cuidarles como si fueran bebes reales, bebes suyos, otras más saltaban de a ratos una cuerda mientras entonaban una canción que hacia perfecta sincronía con cada giro de la cuerda rozando el aire. Los niños, metros más alejados,  corrían unos detrás de otros intentando atraparse o intercambiando tarjetas coleccionables. Unos mas reían entre sí mientras compartían historietas nuevas y de moda, esas de súper héroes imposibles y de antaño. Mientras más hojas miraban, su éxtasis aumentaba e hiperventilaban discutiendo cuál de ellos era el más increíble, cuál de ellos era el mejor.


El mejor eliminando y acabando con los marginados.

Con los villanos.



A lo lejos él no miraba a cada uno de esos niños.


Hacia tanto frio, tanto como si se tratara de un cubito de hielo, como si esa escuela fuese una hielera. Y él no encontraba alguna diferencia entonces. Era Diciembre y todo lo que miraba estaba cubierto de blanco. Observaba el vaho salir de sus labios mientras se cubría mejor con su abrigo. La banquita en la que se encontraba sentado era la única que no estaba cubierta por nieve lo suficiente para guardarle un pequeño espacio para su diminuto cuerpo.


Volvió la mirada al frente, ahí donde un montón de niños que miraban historietas le observaban desde hacía rato con mal disimulo y susurraban entre sí. Hastiado cerro lo ojos reprimiendo un suspiro. Conocía esas miradas, tanto como esa escuela, como cada uno de sus rincones, como cada palabra e idea que podían estar maquilando en sus pequeñas cabezas de 8 años, la misma edad que él tenía. El fastidio le llego hasta la boca del estómago. Sin más se levantó y camino en dirección al edificio donde se encontraba el salón de su clase. Los demás niños simplemente le miraron marcharse y solo unos minutos más susurraron antes de volver a lo suyo, a sus juegos, a su mundo.


Antes de entrar al edificio, ChangMin se quedó quieto un momento frente a la puerta de cristal. Miró el reflejo de los otros niños en el enorme patio detrás suyo y apretó los puños.


Luego de unos segundos el único ruido que se escuchó en el patio, más allá de la risa de los niños y niñas, fueron los cristales rotos cayendo al suelo escandalosamente,  la mano de ChangMin  dentro de su carísimo abrigo y éste caminando en dirección a su salón de clases…o a cualquier rincón escondido y silencioso de esa escuela.





ChangMin dejo su mente regresar de sus memorias añejas.


Miró su mano y movió los dedos registrando la sincronía. No quedaban cicatrices, y funcionaba  como tenía que hacerlo. Dejo salir un suspiro de sus delgados labios mientras cerraba los ojos. Era ridículo.

Miro la hora en el reloj de pared de su enorme y lujosa oficina. Había perdido más de 30 minutos divagando en una cicatriz que ya no estaba, pero que en algún momento en esa tarde, recordó que tuvo.


La puerta sonó del otro lado y entreabriéndose, un hombre asomo la cabeza detrás de ella. -Sr. Shim le están esperando…


-Ahora mismo estoy ahí. –le dijo con esa elegancia y sobriedad que expiraba su cuerpo entero y su mismísima voz. El hombre asintió obediente y desapareció, ChangMin entonces giro su silla. Respiro una vez más mirando el cristal de esa inmensa oficina y los edificios y todo lo el mundo que había a través de éste.


Se sentía en una hielera. Una más grande quizá. Era Diciembre, y él era como un cubito de hielo, pero no era cualquier cubito de hielo, él era uno más grande que los demás, era un cubito aun más caro, más frio, y fino, perfumado. Poderoso.  Era un cubito… inmenso. Un cubito, un cubito como todos los demás allá afuera.






JunSu pocas –poquísimas- veces dormía con YooChun en su casa.



Al abrir los ojos después de escuchar su último mensaje de voz, recordó el porqué no lo hacía. Sus piernas dolían a montones, al igual que sus brazos. La cabeza iba a reventarle, la sentía caliente, y atorada, pesada. En cualquier momento era capaz de desprenderla de su cuerpo y arrojarla por la ventana al frio invierno y que se congelara junto con la nieve espesa y dura. Quizá así… las imágenes ya no estarían en su cabeza dando vueltas una y otra vez.
Era algo que deseaba casi desesperadamente, casi a muerte. No quería ver más lo que su cabeza mostraba.


Suspiro fuertemente mientras llevaba sus manos a su rostro y las pasaba duramente sobre la piel y ojos cansados. No quiso abrir los ojos después de que sus manos terminaron de limpiar –o terminar de ensuciar su rostro- de sudor reseco y salado. De lágrimas extintas y lamentos ahogados. Sus ojos quedaron a oscuras.


La puerta sonó al otro lado, afuera sobre el pasillo. -JunSu… ¿has despertado hijo?



Dejo sus manos débiles  caer sin fuerza a sus costados y miro el techo con un nudo en la garganta. Volvió a cerrar los ojos cuando las lágrimas subieron por su garganta y llegaron a sus ojos llenándolos sin remedio. Su vista se nublo al frente, fuera lo que fuera que mirara, se había vuelto más borroso. Bajó su mirada con el dolor en muecas y miro por sobre su cuerpo apenas levantando su cabeza para mirarse… cubierto por las sabanas mojadas.


Se imaginaba la orgia de marcas sobre su piel lastimada.



Justamente era por eso que JunSu pocas veces dormía con YooChun en casa de éste, y en cualquier lugar que no fuera su propio espacio personal, su resguardo. Su casa.






La pequeña niña estaba absorta mirando la silla frente a ella.


Su desayuno tenía rato que había dejado de humear deliciosamente frente a ella y sus cubiertos permanecían intactos con el primer bocado que había intentado dar. No se movía en lo absoluto y su mirada clavada, hipnótica sobre el lugar vacío era lo único que había en esa cocina esa mañana.


Todo estaba en completo silencio a excepción de diminutos sonidos; las hornillas de la estufa seguían encendidas y sobre una de ellas el agua hervía furiosamente. El tostador a un lado pronto aviso que las dos delgadas rebanadas de pan estaban listas para consumirse. El crujido de la silla, tan diminuto, casi inaudible se escuchó. Luego el de la puerta abriéndose.


El gato gris de ojos amarillos deambulaba perezosamente de a ratos por las patas de la silla en donde se encontraba la niña. El sonido de las intermitentes gotas de agua que caían sobre el lavabo  también podía escucharse apenas. La pequeña ni se inmuto cuando su madre le miro desde el marco de la puerta,  nerviosa hizo amago de dar un paso al frente mientras terminaba de arreglar su cabello recién peinando, pero la pequeña enseguida le miro, llevo su dedo a las puntas de sus labios para acallarle y luego dedicarle una sonrisa traviesa.


La madre entonces no se volvió a mover, sus ojos centrados en su hija y lo que había alrededor de ella le quitaron  toda la atención de sus acciones, de su cabello y uno de sus zapatos que le lastimaba. - ¿Qué haces cariño?- le preguntó. La niña movió la cabeza negando lentamente con su inocente sonrisa. La mujer entonces se acerco y enseguida la niña volvió a detenerla con su pequeña mano apretada.


-No mami. Se va a enojar…


-¿Quien cariño?- La  madre pregunto contrariada, sonriendo nerviosamente ante el juego de su hija. La pequeña levanto su índice señalando la silla al otro lado de la mesa y la mujer agudizo la mirada. -Rin… cariño, allí no hay nadie, come ya, ya. - La mujer entro definitivamente a la cocina terminando de arreglar su cabello y preparando un café.


-No mami hoy no voy a ir.


-Iras.- sentencio la mujer mirando a su hija. La niña le miro de igual manera. –Date prisa…-





-JunSu, hijo, has despertado. ¿No…  la pasaste muy bien anoche?


JunSu entraba  con las ganas de madrugada a la cocina, arrastrando los pies mientras frotaba sus sienes con parsimonia a causa del dolor en la cabeza que no se marchaba de él. Ya no llevaba el pijama puesto, se había aseado lo suficientemente bien y maquillado lo necesario para cubrir su desafortunada noche amarga. Sus manos portaban unos guantes que eran perfectos para la temperatura y la época. Las ojeras debajo de sus ojos hinchados de llanto, cansados, menguaban imponentes sobre su blanquísima piel, entre moradas y negras. Miro a su tía frente a la estufa cocinando algo que en otra ocasión le hubiese despertado el apetito en milisegundos, pero que ahora el simple olor le provocaba nauseas extra orbitantes. – No pude dormir… Me duele la cabeza.


La mujer le miro tomar asiento frete a la mesa apoyando las manos y codos en ella y volvió a hablar mientras seguía en lo suyo ya sin mirarle, y el olor a comida seguía llenando el lugar. -Hace tiempo que ya no te pasaba…- JunSu llevo sus manos a su cabeza presionando un poco más, intentando aplastar físicamente el martirizante dolor dentro de su cerebro.


-No lo sé… debe ser solo... la época. Debe ser un simple dolor.


-Contigo nada es simple JunSu. –la mujer le miro unos segundos con ojos maternales y preocupados. –Hace mucho tiempo que no te pasaba, por lo menos no tan fuerte ¿o sí? –La mujer hablo temiendo que JunSu le hubiera mentido respecto de ello.- ¿Has estado bien? ¿Está todo bien… ahora?


-No lo sé. Dímelo tú.- La mujer ni se inmuto cuando JunSu termino de hablar y se volvió a mirarla. Estaba claro que esas palabras y esas pupilas inexpresivas ya las suponía desde el momento en que habían hablado por teléfono días atrás. La mujer bajo la mirada y sus labios exhalaron un suspiro pesado. Aunque quisiera retrasar el momento, JunSu ya lo tenía previsto.


-JunSu… es sobre tus padres.


-¿Es sobre su muerte? – JunSu volvió sus manos a su cabeza gacha y los codos a la mesa. Sus ojos volvieron a cerrarse con fuerza. –No quiero saber.- dijo desinteresado. El dolor parecía no querer dejarle, se estaba cansando.


-JunSu… ellos no tuvieron un accidente. –La mujer fue al grano directamente. No tenia porque esperar o buscar palabras con que conducir la noticia. JunSu no la dejaría siquiera inicial un prólogo de advertencias.


-No me importa, no quiero saber.- Una punzada potente como un rayo le atravesó la cabeza como si quisiera rompérsela, como si quisiera partírsela en dos. Gimió bajito a casusa del dolor y sus ojos se apretaron aún más.


-JunSu escúchame por favor.- Rogo la mujer que ahora de frente le miraba con las manos apoyadas en la misma mesa y sumamente preocupada –JunSu por favor…- Fue lo último que JunSu escucho hablar a su tía….






Ahí estaba; Era tarde, una tarde calmada y tranquila de otoño. Se trataba de una niña. Una muy pequeña. Sus cabellos delgados flotaban en el aire húmedo en mechones y de a ratos ella los tomaba entre sus manitas para que no le estorbasen. Llevaba un uniforme pequeñito y sobre éste un abrigo calientito, tan pequeño como su cuerpo, que le protegía del frio. Sus largas pestañas sobre sus enormes ojos cafés le resaltaban un brillo único, debajo de éstos, su diminuta nariz acaba de estornudar. Sus labios, su boca entera estaba cubierta por una enorme bufanda bien ajustada al cuello que apenas le permitían mover la cabeza. Estaba jugando en una de esas estructuras que adaptan a los parques para que los niños puedan jugar. A lo lejos su madre, sentada en una banca no muy lejos de ahí,  le miraba con una sonrisa radiante mientras hablaba por el teléfono móvil.


La pequeña llego al final de las escaleras, y en cuanto estuvo sobre la sima de la resbaladilla no se lo pensó ni un segundo para lanzarse sobre ella. Cuando aterrizo, el llanto de un niño le cautivo la atención. Provenía de uno de los túneles a su lado, sin meditarlo asomó la cabeza dentro y encontró a un pequeño niño que derramaba sus lágrimas llenas de sentimiento.


Le pregunto si quería jugar, en cambio el niño solo movió la cabeza negando y limpiando sus ojos. La pequeña estuvo tentada de irse, pero la mano de niño la detuvo. Dentro del túnel todo estaba oscuro -muy oscuro-, y los ojos de la pequeña se sumergieron en esa oscuridad cuando el niño le insto a que lo acompañara dentro. Dio uno paso aun pensándoselo y luego por fin entro.








Los ojos de JunSu no se habían cerrado en esos minúsculos segundos. Sus pupilas dilatadas de forma sobrehumana se asomaban en sus ojos; el iris completamente negro se perdía en la nada. La mujer le miraba ansiosa y perpleja, quería saber lo que pasaba, si JunSu estaba bien, mas y quizás no, lo que… JunSu veía.





La mujer entraba a la habitación de paredes rosas y dibujos colgando en cada rincón de estas. Había dibujos de princesas y todo tipo y clases de flores. Unos cuantos animales… El cuarto estaba oscuro y frió  las innumerables muñecas que conformaban la colección de su hija estaban repartidas por toda la habitación. Lo mismo con la ropa, algunas prendas estaban rotas, otras más incluso habían sido cortadas con tijeras y otras más estaba llenas de heces fecales. Más allá en un rincón remoto había varias letras y símbolos pintados sobre la pared. La mujer enseguida reconoció la caligrafía de su hija, aunque no entendió nada de lo que se leía sobre ella. Estaba todo lo que acostumbraba en esa habitación, sin embargo no en la forma en que debería. Asustada la mujer se internó en la habitación, veía todo con horror, pero lo que realmente quería encontrar era a su pequeña niña. Presa del temor, comenzó a buscar y recoger todo lo que a su paso encontraba sin encontrar a su hija en ningún lado.


Una pequeña luz se asomó debajo de la cama. La mujer inmediatamente se detuvo en medio de la habitación. Decidida y con la angustia aflorándole en la boca del estómago se inclinó lentamente.


En el marco de la puerta la niña se asomó observando a su madre ir debajo de la cama.


-No mami…


Oscuridad….








La fuerza era brutal. El peso increíble y la rapidez extraordinaria. El sonido de su respiración concentrada era lo único que se escuchaba en aquella estancia, además del metal rozando el aire. Muy lejanamente el sonido de la música en los auriculares dentro de sus orejas también.


Un bufido salió de sus delgadísimos labios a causa de la presión y apretó los dientes con más fuerza, intentando mantener el ritmo de sus exhalaciones e inhalaciones, pero estaba llegando al límite. En un  último levantamiento dejo ir sus fuerzas, el último gramo de estas y un extra. Sus músculos y respiración colisionaron y dejo caer las pesas a sus pies. Pronto él también se dejó caer exhausto sobre el suelo y expandiendo cada una de sus extremidades en él. Estaba agotadísimo y con un insomnio que horas antes le había atacado sin piedad. Cerro los ojos mientras su respiración se calmaba del torbellino de aire que intentaba tragar.


El sudor sobre su cuerpo se hizo pegajoso con la ropa sobre él en casi nada. Tendría que ducharse ya, la sola sensación le incomodaba en demasía, pero… comenzaba a tener sueño. Comenzaba a dormitar en casi nada de tiempo, y luego… el estridente sonido de una canción nueva de Rock proveniente de su reproductor de música se dejo escuchar en sus oídos y abrió sus ojos de golpe.



-Sr. Shim ¿Necesita algo?- la voz grave y seria se escuchó en la habitación.


ChangMin miro de reojo al hombre que entraba en la estancia. Decidió que se quedaría unos minutos más tumbado ahí. -¿Qué hora es?


-Las 3:58 am Señor.-  El hombre se acercó a donde el castaño estaba y comenzó a recoger las pesas y todos los aparatos del gimnasio que había usado esa madrugada.



Su cuerpo permaneció inmóvil unos minutos más mientras escuchaba como Joon; su mayordomo, caminaba de un lugar a otro ocupado en levantar todo o que a su paso encontraba. ChangMin dejo salir fuertemente una última vez el aire de sus pulmones y volvió a hablar.-Hoy comenzare temprano.

Joon era un hombre joven, quizá solo unos cuantos años más grande que ChangMin. Había permanecido con ChangMin desde que éste tenía memoria, al igual que los padres de Joon con sus padres. Cuando la madre de ChangMin murió, la madre de Joon se convirtió en su nana y en la única mujer a la que pudo querer en su vida, o por lo menos en lo que llevaba de ella, luego cuando su padre poco tiempo después también murió… -así solía decirlo el mismo ChangMin- los padres de Joon y Joon se hicieron cargo de él. Habían sido personas a las que les tenía un aprecio especial; agradecimiento. Un inmenso agradecimiento. A Joon le estimaba tanto y casi como a un hermano, sin embargo, ahora que solo eran Joon y él, Joon no había perdido la costumbre de sus padres en ser servicial y fiel a la familia Shim y en especial a ChangMin. Era su inseparable, siempre tan pendiente y atento, un fiel sirviente. Joon era el único que conocía a ChangMin e intentaba comprenderlo y eso para ChangMin era suficiente. -Como usted diga Señor.- Joon atendió a lo que el castaño y luego volvió a lo suyo con los instrumentos.


ChangMin pronto se encontró caminando directo a la puerta para dirigirse a su inmensa habitación, apenas la atravesó recordó y asomo la cabeza dentro nuevamente- ¿Qué ha pasado con mi mural?

Joon interrumpió su labor para atender a su amo. -Ya le contactamos. Está de vacaciones, comenzara tan pronto regrese.


Esa respuesta a ChangMin no le convencía, no le satisfacía. -No quiero. Lo quiero ya, contrata a otro, más caro, un profesional, alguien que lo haga ahora.


Joon y su mirada seria y sobria le interrogaron.-Creí que usted quería un dibujo de ese muralista.

-Cómprale el dibujo y que lo pinte otro.


Joon volvió a hablar con su porte elegante. –No vende su arte Señor. Lo intentamos una vez, pero no funciono. – Joon solía ser muy paciente, y eso, en el fondo, ChangMin lo agradecía.


ChangMin bufo, algo irritado. Tendría que esperar. -Entonces tráelo ya.


-Volveré a contactar a joven Choi.


-Como sea que se llame, quiero mi mural.




Joon volvió a los instrumentos cuando el castaño se hubo marchado con parsimonia y luego al reproductor de música que se hallaba roto junto con los audífonos en el suelo.








-JunSu… -el susurro de la mujer llego tan nítido a sus oídos que no tardo en verla frente suyo. –Cariño… ha terminado. ¿Estas bien?- sus manos, al igual que sus pies estaban pesados y los sentía entumidos. Su tía le acaricio el rostro con suavidad mientras sus ojos enfocaban los suyos y sus pupilas vivían a su tamaño normal.


La miraba perdida de JunSu pronto regreso a la normalidad y su cuerpo aun flácido comenzaba a recuperar color y estabilidad. La mujer se sintió aliviada. Habían sido los mismos segundos que solía durar, y eso a la mujer ya no le asustaba como cuando JunSu tenía 4 años y había llegado a vivir a su casa. No, ya no le asustaba. Ya no le asusto cuando los eventos comenzaron a ser mas frecuentes, y luego un día, poco a poco eran normales…


Luego de que JunSu se marchara de casa,  sabía que no habían desaparecido de la vida del rubio, y no lo harían nunca.


-Hijo… -la mujer entonces se dio cuenta de que algo no andaba bien. JunSu la miraba, pero en sus ojos había algo más. – ¿JunSu qué pasa, hijo?-comenzó a sentirse angustiada.


-No lo sé…- Su voz era un hilo de sonidos.


Ansiosa, su tía le tomo el rostro nuevamente, JunSu aún permanecía sentado sobre la silla frente a la mesa. –Hijo… -la mujer tuvo miedo de preguntar, nunca le había sido grato saber lo que JunSu veía, pero era lo único que quizá le daría respuesta- …que, ¿que viste?


-Ese niño…-JunSu por fin miro y enfoco a la mujer, que pronto respiro aliviada, y sin querer saber más.


-Déjalo así cariño, ahora estas aquí.- JunSu comenzó a parpadear, había algo diferente. Miro extrañado sus manos que esa mañana, esperándolo, habían aparecido con profundas llagas sobre sus palmas, y que por supuesto deberían dolerle. Con cuidado retiro los guantes que se había puesto, después de curarse,  pensado y para evitarle malos sonidos de sorpresa o lastima a su tía y tío, incluso a Ji Hyo. No había nada en sus palmas, ni cicatrices, nada. Algo no era parte del patrón. No era normal.





Ji Hyo era la única que solía decirle que no pasaba nada cuando su cuerpo estaba herido y lograban mirarle alguna herida. JunSu odiaba que la gente –además de su familia-  le mirara, y odiaba aun más que le miraran cuando estaba lastimado. Lo odiaba como a nada en el mundo, lo odiaba tanto como odiaba ese Don asqueroso y blasfemo que tenia. Lo odiaba tanto o mas de cómo se odiaba él mismo.


Lo odiaba tanto como a la misma muerte que le había negado la oportunidad de terminar con ese martirio, con ese miserable vivir.


JunSu se odiaba más que a nada en el mundo.










La nieve caía lentamente sobre la acera.


-Susu~ ¿qué haces? –Ji Hyo le tomó del brazo y su genuina sonrisa se asomó por sus labios. JunSu no pudo evitar  sonreír de la misma manera y luego volver la mirada sobre la avenida.


-Solo miraba… - Pronto la chica se tomó mejor de su brazo y comenzó a andar sin preguntarle al rubio si quería.


-Mi madre me contó  – JunSu ni se inmuto y siguió caminando al paso lento que marcaba la chica. –Lo  sé… no hay nada que no sea diferente. ¿Puedo preguntar que viste? –lJi Hyo asomo una nueva sonrisa amigable y persuasiva, y eso a JunSu solo le provoco una carcajada.


-¿Qué quieres saber? Todo lo que veo son cosas que ya pasaron, o que pasaran… a veces sin importancia o mucha relevancia,  a veces… sin mucho sentido, a veces lamentables. –la sonrisa de JunSu fue cayendo en una mueca dura.- No se qué tiene de interesante el querer saber algo así. De cualquier modo no se dé que sirve, yo no puedo hacer nada.


La chica suspiro audiblemente y JunSu se giró a mirarla.  Ji Hyo se quedó unos instantes pensativa y luego volvió a hablar- Quizá… no sea así. No lo sé. –Chasqueo la boca y luego volvió a sonreírle.- ¿Y cómo se supone que has estado últimamente? La última vez que hablamos fue hace una semana y prometiste regresarme la llamada, cosa que no hiciste.- le dirigió una mirada acusadora y JunSu solo sonrió disculpándose. –Lo sabía. Eres un tonto.




JunSu solía hablar por teléfono con Ji Hyo unas cuantas veces cada mes. A pesar de que apenas cumpliera la mayoría de edad y decidiera marcharse de esa Villa, a Ji Hyo le había costado muchísimo dejarle ir. En los primeros años solía ir a visitarle a escondidas a la ciudad para verle y asegurarse de que estaba bien. Muy en el fondo… JunSu agradecía la insistencia de su prima en velar por él. Le quería muchísimo y sabia también la extrañaría horrores. Pero todo eso era necesario, JunSu no podía estar más tiempo en esa Villa. Cualquier cosa era mejor que estar allí con esas miradas acusadoras y ensombrecidas, con esos señalamientos, con esas golpizas… Con cada uno de los insultos o groserías de la gente.










YooChun estaba pendiente de lo que JunSu le contaba al otro lado de la línea. Habían pasado ya las dos semanas de plazo en su villa y JunSu venía en camino para la cuidad.


-¡Ji Hyo esta hermosa! YooChun. Es hermoso. –YooChun podía imaginarse la sonrisa que seguramente tenía el pelinegro en sus labios y lo brillante que era. Podía casi verlo ahí mismo. –Su bebe es hermoso. Sera bendecido, es una niña. Dios… es increíble…


-¿Y tu como sabes eso Su?- JunSu bufo al otro lado y YooChun rio discretamente.


-Ella me lo conto tonto. Y es de esperarse que sea grata su bienvenida; es su hija y mi hermana es maravillosa. Es… algo que no imaginaba así…


Verdad era que el tiempo que JunSu había estado en compañía de su “hermana”; como le llamaba a Ji Hyo, habían sido los momentos en que más tranquilo se había sentido, en que no se sentía agotado, angustiado. Resultaba tan extraño y extraordinariamente contradictorio el hecho de que la vida se engendrara de una forma tan sencilla y maravillosa en una mujer a su lado, cuando en su tiempo él había deseado la muerte con todo su ser. Ambas cosas, la esencia de la vida en su estado puro, y el deseo de la muerte reprimido y originado por la misma cosa; su don.


-JunSu… no creí que te entusiasmara tanto la idea de ser tío… -YooChun bajo una pizca su volumen cuando volvió a hablar a través del aparato. El hilillo de su pantalón de mezclilla roto de pronto atrajo su atención y sus ideas en su cabeza las dejo ir en su boca -JunSu… ¿tu…?


JunSu le interrumpió abruptamente. –No YooChun. No. - De pronto el tono de JunSu le pareció alterado, y quizá enojado. – Jamás querría ser padre. No.- El pelinegro frunció el seño extrañado.


Era cierto que llevaban ya buen tiempo juntos, y había sido todo maravilla para YooChun, a excepción de algunas cosas raras por así decirlo, pero que prefería dejarlas pasar. YooChun estaba completamente seguro de que ama a JunSu como a nada y nadie en el mundo. YooChun estaba seguro que quería pasar el resto de su vida con él. Pero… nunca habían puesto en tela de juicio el hecho y deseo natural del ser humano; el querer ser padres.


Hasta no hace mucho cuando JunSu se entero de que Ji Hyo estaba embarazada, la idea le había parecido linda, pero no más. Ahora que le escuchaba hablar así por teléfono, el rubio parecía increíblemente encantado.


YooChun intento dejar de lado su idea y arreglar un poco el ambiente, igual la adopción no estaba justamente en sus planes. -Lo lamento… es solo que, nunca habíamos tocado ese tema…-


-No YooChun. No quiero ser padre, así estoy bien.


Eso a YooChun le dolió como un aguijonazo pequeño, como el de una abeja,  en el corazón. “Así estoy bien.”  Había dicho… ¿Es que acaso JunSu no le tomaba en cuenta, si fuera el caso, que claro no lo era, para decidir algo así…?


JunSu bufo al otro lado del auricular y YooChun de pronto quiso que le dijera algo más. –YooChun… ¿es que acaso tu?-


YooChun enseguida hablo. –No JunSu, si  lo quisiera tú lo sabrías desde el primer momento. –Suspiro - … y lo más importante, te preguntaría primero.- El pelinegro cerró los ojos mientras dejaba caer la cabeza sobre el respaldo de su silla frente a su escritorio. JunSu al otro lado no contesto y YooChun abrió los ojos extrañado del repentino silencio.


-¿JunSu está todo bien?...



La llamada de pronto se cortó. Eso al pelinegro le extraño aún más.








El hombre miraba la escena con una perturbadora acidez en el estómago.


No tenía mucho que había pasado la hora de la comida y justamente una llamada de emergencia le había traído a ese lugar. En cuanto los vecinos escucharon los gritos y destrozos provenientes  de la casa, no dudaron en llamar a la policía. Se trataba de una madre soltera y su hija. Ambas vivían solas en esa pequeña casa. Por lo que los vecinos comentaban; tenían una vida normal como cualquiera. La niña asistía al colegio y la madre trabajaba medio tiempo en una oficina. No tenían problemas con  nadie y solían llevarse muy bien con todos sus vecinos.


-No está la niña.- Miro detenidamente a la mujer sobre la cama una última vez antes de girar con  hombre que le hablaba.


-¿Cómo que no está, registraron todo bien?


-Completamente- El hombre afirmo con total seguridad y pulcra disciplina.


-Esos… -quiso escupir con rabia todo lo que tenía atorado en el estómago.- Sean quienes hayan sido los que hicieron esto, se la llevaron.




La mujer yacía sobre la cama, colgada boca abajo desde el techo por los pies. Estaba igual de fría que la nieve allá fuera y tan destrozada como la habitación misma. El cuerpo sin vida de una mujer no mayor de 35 años con un grito atorado que imploro por salir antes de perder la vida y que sin embargo se quedó atascado en su garganta y en cada expresión de su rostro contraído. Las agrias marcas de sogas se repartían en su piel, las habían hecho con una fuerza brutal. Le habían desprendido cada una de las uñas de pies y manos y le habían golpeado hasta matarla con lo que parecía ser un tubo de acero incluso en el rostro. No se podían distinguir sus ojos de su boca o nariz, estaban tan anchados que ya no tenía forma su cara.


No había rastro de los instrumentos que los sádicos habían usado, ni huellas dactilares o indicio alguno que les indicara por donde comenzar,  sin embargo lo que a YunHo mas le preocupaba, era que la niña no estaba.


YunHo asintió al oficial, y éste se retiró enseguida. Volvió la mirada a donde la mujer suspendida en el aire aún permanecía. Miro detenidamente su rostro desangrado y luego sus ojos viajaron a la pared cercana a las letras pintadas en ella.


-¿Quién les hizo esto…?










-¿Cómo va mi mural?


Joon abría rápidamente la puerta del automóvil aparcado. La noche había llegado más pronto de lo que ChangMin había notado y con ello en mente había recordado súbitamente coger un abrigo más grande.


-Ya contactamos al joven Choi. Mañana mismo comienza.


ChangMin no volvió a hablar. Entro sigiloso y elegante a su auto carísimo y pronto Joon cerró la puerta. El auto comenzó a avanzar en cuestión de segundos y en casi nada se encontró circulando por la avenida. En el final, el semáforo se encendió con la luz roja y el automóvil negro y varios más se detuvieron.


La luz volvió a iluminarse en verde en cuestión de minutos.


Las llantas de los autos comenzaron a girar y el de ChangMin detrás de uno que iba a la cabeza atravesaba la calle perpendicular. Todos los autos estaban quietos, cuando… de la nada un enorme tráiler con luces brillantes se estampo y arraso con el primer auto sin piedad.


El chófer del castaño se frenó en seco impactado por lo que sus ojos acababan de presenciar,  y mientras giraba el rostro para ver la calle de dónde provenía el enorme camión otro par de luces le llenaron el rostro en segundos…



…luego un segundo impacto de escucho en toda la calle.








Su teléfono sonó y de inmediato lo cogió.


Desde que la llamada con JunSu se había interrumpido, no pudo volver a contactarle. Había intentado por cerca de hora y media y no había conseguido respuesta. YooChun había comenzad a ponerse increíblemente nervioso y preocupado. Solo esperaba que fuese JunSu quien llamaba.


- ¡JunSu! ¿Eres tú?


Y YooChun no se equivocó. Pero… no era lo que esperaba. La voz al otro lado se escuchaba lejana y agonizante.


-Chun… ven por m-mi… - JunSu estaba llorando- …ayúdame…


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