Unnamed - Prólogo

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Las personas se detenían muy curiosas en la multitud haciéndola cada vez más grande, otras mas que ya estaban al alcance del lugar trataban de enfocar ansiosas y capturar algo de lo que se manifestaba a unos cuantos metros sobre esa enorme y distinguida avenida tras las cintas amarillas que impedían el paso a gente ajena y aumentaban el voluptuoso morbo.

Nadie sabía lo que había sucedido, sin embargo era seguro que algo trágico y horrendo acababa de ocurrir,  nadie imaginaba que era o de que se trataba. Podía respirarse en el ambiente húmedo el aroma a muerte, a sangre mezclada con lluvia, carne raspada y alientos de vida extintos.



La gente no sabía que pasaba dentro, sin embargo, cuando los policías y paramédicos entraron a la habitación #365 del décimo noveno piso del edificio más lujoso y caro de la cuidad, la escena les dejo tiesos, petrificados,  un frio abrumador se instaló en sus cuerpos desde el estómago provocándoles arcadas urgentes y un sudor frio les lleno el cuerpo.  Era atroz lo que miraban…



El lugar estaba en completa oscuridad pero con la luz suficientemente filtrada en algunas partes y ángulos para dar vista al espectáculo macabro que se mostraba ante sus ojos.

Nadie pudo hablar, ni un sonido o monosílabo, palabra alguna salió de las bocas de los allí presentes. Y justo entre el abrumador silencio y las irregulares respiraciones de policías y paramédicos, una canción de cuna, de esas que atesoran las cajas musicales como melodías mágicas y dulzonas, se dejó escuchar, seguido del llanto de un bebe.



Una persona, vecino residente del mismo lugar, había llamado a “Emergencias” cuando comenzó a escuchar los gritos desesperados provenientes de alguna habitación del piso 19 donde se encontraba, cuando más vecinos escucharon la sinfonía desgarradora y desesperada,  pronto se encontraron a la afuera de la puerta de la habitación, pero ninguno se atrevió a abrirla o hacer algo presas del pánico y el  terror. Cuando los gritos cesaron solo un hombre trajeado que al llegar al piso fue testigo de la conmoción y angustia de las personas, intento tocar y luego girar la manija de la puerta, lo que a continuación encontró le dejo sin palabras…




Algunas décadas después.




Su mirada estaba perdida en un punto fijo a la nada, su respiración descompuesta golpeaba tu rostro y tu endiosado le mirabas, entre tu agarre agresivo y firme.

-...déjame.- Te dijo frio, directo y con una carencia extraordinaria de emoción. Le miraste sin entender siquiera lo que tú estabas haciendo realmente. -Suéltame...-miro por primera vez tus ojos y  tu reflejado en ellos buscaste la respuesta... pero no hubo nada. Solo obtuviste el impulso necesario en ese momento para lo que a continuación estabas apunto de hacer…



Le tomaste los brazos con la fuerza suficiente para mover su cuerpo e instalar una mueca de dolor en sus bonitos y delicados labios; lo arrojaste al asiento trasero causando una resistencia nula durante el shock que le provocaste ante tus acciones, dejándolo indefenso, temeroso, incierto…

Incertidumbre fue lo que miraste cuando tus ojos se atrevieron a posarse en su rostro. Tenía miedo y...estaba enojado. Furioso. Lo sentiste cuando tu mirada le enfrento mientras te cernías sobre él como una fiera a su presa a punto de devorarla. Un frio te recorrió la nuca y el resto de la columna vertebral.

Una mezcla extasiante.

Efectivamente; estaba furioso, pero...por alguna razón no estabas seguro de que fueses tú el objeto y sujeto total de esa rabia... Aunque en gran parte así lo era y ese hecho solo complacía un poco y cada vez mas tu ego...



Necesitar de la atención de alguien jamás había sido imprescindible para ti. Nunca. Tampoco era que fuese demasiado complicado tenerla cuando así lo quisieras. Lo tenias escrito en cada parte de ti, en cada paso que dabas, en cada palabra que salía de tu boca, gesto, en cada movimiento, cada y cuando enfocabas la vista.



Eres una persona que llama la atención aunque no quieras y más aún si así lo detestas. Un imán natural que tanto odias y al que muchos siguen sin pensar o preguntar algo. Sin refutar cada cosa que dices o haces, simplemente porque eres Shim ChangMin y... no hay nada que refutar.



Ego; algo que tienes por los cielos en un paraíso y a la vez careces.

Y ahora mientras esos ojos te retan en silencio sabiendo que tú controlas la situación, ha dejado de forcejear y está a tu completa merced, entiendes que tienes "ego"...y que está creciendo constantemente  y a grandes olas, tan grandes como los labios de este ser, apretados y tiesos. Rojos. Calientes... húmedos seguramente. Dulces.

¿Así será su sabor, su textura, su temperatura? Te preguntas embelesado y perdido. Tan lindos como una flor que nace y florece prohibida ante tu presencia, engendrada y violenta con la brisa de su respiración forzada e inconstante. Incontrolable… Tanto como el sentimiento que te embriaga y te guía sin pensarlo a probarlos.




A lo lejos se escucha un grito violento, tan desgarrador y tortuoso, angustioso que empaña la blancura de la luna, redonda y cromada.

1 comentarios:

  1. Anónimo5/22/2013

    Ojala sea MinSu el final <3 *-* muuy bueno :)

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