Blogger - Cap. 16

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EL OCASO DE ESA BURBUJA LLAMADA APARIENCIAS.
28/04/2010




Escuchaba las voces a mí alrededor, los murmullos, los malos comentarios, los desprecios. Todos con con el nombre de Junsu involucrado en el medio.

Malditos hipócritas de mierda.

Que hablaban como si tuvieran la verdad en sus manos, como si tuvieran el derecho de criticarlo o juzgarlo, como si pudieran hacerlo, como si al menos lo conocieran de verdad.

Como si tuvieran la calidad moral para hacerlo…

Me había abierto paso entre la gente que seguía acumulada frente a la tarima de premiación. No importó notar que varios ponían mala cara cuando los empujaba, en realidad sino fuera por que tenía que buscar a Junsu, hubiera golpeado a varios.

¡Estaba molesto, indignado!

¿Por que todos ellos pensaban que en realidad podían señalarlo y acusarlo?

Cuando en el fondo sabían que ellos podían ser incluso peores seres humanos.

La secretaria, amante del director, conversaba en voz baja con la esposa del director, mirando reprobatoriamente a la familia de Junsu. ¿Qué cara tenia esa mujer para juzgar las equivocaciones de la familia Kim?

El profesor aquel que cobraba por pasar a los alumnos en los exámenes, ¿qué calidad moral puede tener para negar con la cabeza y decir que Junsu era un mal hijo que no merecía ni siquiera graduarse con sus compañeros por la ofensa a su familia?

Ese que engaña a su novia con la mejor amiga, ¿por qué se atreve a armar una revuelta para ignorar a Junsu lo que resta del año escolar?

¡¿Qué demonios tienen en la cabeza para comportarse como Dios y juzgar?!

Si Junsu es o no una mala persona, es su problema, el mío como su amigo, el de su familia. No el de ellos, no el de nadie más. Todos ellos deberían cerrar su maldita boca y verse en un espejo.




El sonido cortante de un vidrio hizo que mi búsqueda llegara a su fin.

Junsu estaba dentro del depósito, con su cara roja por la furia que seguramente lo recorría en ese instante. Empujaba todo lo que estaba a su paso, lo lanzaba contra el piso y soltaba gritos enfurecidos.

—¡¡Malditos!!

Su voz estaba siendo compungida por el dolor, alterado, molesto, rabioso en medio de todo ese desorden que estaba ocasionando cada que tiraba algo al suelo, si alguien lo descubría aquí, lo sancionarían increíblemente.

Mis pasos fueron lentos y suaves.

—Junsu…

Él solo giró, estaba a la defensiva. Con su respiración agitada y los ojos rojos.

Junsu estaba llorando.

—¿Qué haces aquí?

El tono agresivo en su voz, su cabello despeinado me hizo temer por que en realidad pudiera desquitar toda en su rabia en mí. Pero sinceramente entre tanto problema y confusión la verdad lo hubiera preferido, por que también necesitaba golpear a alguien.

Necesitaba descargar mi furia propia también, pero opte por lo sensato y caminar un poco más hasta él. Con un paso seguro y las expresiones serias en mi rostro.

—Vámonos de aquí, si alguien se entera que hiciste todo esto te puedes meter en problemas.
—¿Más?

Un resoplido repleto de indignación fue lo único que salió de sus labios, antes de que girara, dándome la espalda.

—Vete Changmin.
—Estás pensando con la cabeza caliente Junsu no puedes…

—¡¡Necesito estar así!! ¡Necesito esta rabia para poder acabar con Yoochun y su séquito de imbéciles! ¡¡No se lo voy a perdonar!! ¡JAMÁS! ¡¿Me oyes?! ¡Todos! ¡Tanto Yunho, como Jaejoong, Yoochun, Siwon, Heechul! ¡¡EL MISMO DOBLE CARA DE JAMES ME LAS VAN A PAGAR!! ¡No me interesa cómo solo sé que no voy a descansar hasta verlos arrodillados pidiéndome perdón!

Su voz resonaba con fuerza en el lugar, apretaba sus puños con fuerza, cometí el primer erro cuando posé una mano en su hombro y él solo giró agresivo alejando mi brazo y estirando su puño hasta mi cara.

Impactándolo con una fuerza bestial que me tomó desprevenido, por qué perdí el equilibrio, cayendo en el piso, ante la respiración agitada de Junsu que parecía sorprendido de lo que acaba de hacerme.

El hilo de sangre que salía de mi nariz y que pude ver desde mi mano, lo hizo ablandar su mirada, pero no iba a disculparse, solo sonreí. Esa, era la gota de mi paciencia.

—¡Me tienes harto con toda esta porquería!

Cuando reaccioné, lo tenía contra una de las paredes, sosteniéndolo con fuerza por la camisa y levantando un poco su cuerpo, sus ojos me miraban desafiantes.

—¡Entonces aléjate de mí y el destructivo ser que soy!
—¡¿Necesitas esto, verdad?! ¡Necesitas descárgate con alguien! ¡Perfecto hazlo, pero yo no me voy a quedar quieto aguantando tus golpes!

Cuando mi puño se estrelló con fuerza en su estómago, él solo exteriorizo un gemido ahogado, doblándose ante el dolor de mi cuerpo, empujándome lejos con la poca fuerza que le quedaba, tosiendo a veces.

—Eres… Un maldito.

Y ese fue el inicio de todo. Junsu se lanzó contra mi cuerpo, repleto de una furia casi asombrosa, golpeando mi rostro y estómago, aprovechando la fuerza de sus piernas cada que tenía la oportunidad.

Yo produje en él varios moretones en su rostro, sangre que salía de su boca, ambos en un deplorable estado en medio de aquel depósito algo abandonado, envueltos en golpes, empujones y patadas que en cierta forma liberaban todo ese estrés, rabia, indignación y coraje que últimamente habían empezado a sobrepasarme.

Los golpes de Junsu dolían, y los quejidos de Junsu me demostraban que los míos también tenían en el mismo efecto. Unos quince minutos después, ambos cojeábamos, con el cuerpo encorvado, con la sangre en nuestros rostros y los labios partidos.

El último movimiento de ambos fue exactamente el mismo, Junsu se lanzó en mi cuerpo, con sus manos en mis mejillas, prácticamente lanzándome al suelo con el peso de su cuerpo y sus labios estrellados contra los míos.

Era demandante, pasional y agresivo. Yo apenas agarré los cabellos de Junsu jalándolos un poco y besándolo con la misma fuerza e intensidad. Como si la pelea hubiera comenzado con nuestros puños y terminara en nuestras bocas.

No era amor, no era cariño.

Era sencillamente otra forma de pelear sin seguir haciéndonos daños.

Mi mano apretó el cuello de Junsu y él soltó un gemido, moviéndose inadecuadamente sobre mi cuerpo. Sacudiendo internamente todo mí ser, con aquel simple movimiento. La adrenalina a nuestro alrededor era demasiada. Y Junsu pareció entenderlo también.

Por que se alejó con nuestras bocas anhelando un poco de contacto más, recuperando el poco aire. Y mirándonos a los ojos. Pero fue Junsu el primero en alejarse, se bajó de mi cuerpo y se sentó en el suelo, con una mano pasándola por su rostro.

—Maldición… Tenemos que dejar esta mala costumbre.

Su voz sonó un poco más pasiva, con sus piernas flexionadas y los codos apoyados en sus rodillas, mirando hacía la nada. Como si los golpes no le dolieran y al contrario lo hubieran calmado.

Estábamos cerca, casi frente a frente, y en esta ocasión cuando puse mi mano sobre su hombro el contacto no fue rechazado, él solo cerró los ojos y suspiró.

—Ya es hora de que acabes con esto, Junsu. Termina con esta cadena de odio, por favor. Solo terminaras haciéndote más daño.
—¡No! Tú no entiendes… Yoochun…

—¡¿Y que mierda importa Yoochun?! ¡Dices no amarlo y tú mundo, tus acciones siguen girando en torno a él!

Junsu levantó su mirada, sorprendido.

—…Tienes que empezar a vivir TÚ vida Junsu, lejos de la sombra de Junho, de la conducta inadecuada de tus padres, de la presencia de Yoochun. Necesitas vivir y para eso necesitas ayuda. Por que ese odio desmedido no es sano.

Poco a poco, Junsu se fue derrumbando frente a mis ojos, sus expresiones cambiaron, comenzó a agachar la cabeza, con las lágrimas cayendo de sus ojos tan fluidamente que parecía mentira que en verdad hubiera intentando retenerlas.

—…Es… muy… difícil.

Sollozaba, apretando sus puños y sin dejarme ver su cara, lo único que podía ver era sus lágrimas. Una a una cayendo contra el piso. No estoy seguramente de en que momento, pero mis brazos lo rodearon y él se aferró a mi cuerpo con fuerza. Respirando con dificultad cerca de mí oído.

—Pero no es imposible, Su. Si de algo te ha servido todo esto es para ser fuerte. Cuentas conmigo, yo jamás te voy a dejar solo, pero necesitas ayuda. Necesitas olvidarte de todo esto. Necesitas continuar y salvarte… No quiero que termines autodestruyéndote.

Junsu no volvió a contestarme solo me abrazó con fuerza y siguió llorando sobre mi hombro, de espaldas a la entrada del depósito. Ahí donde descubrí a Yunho y Yoochun, parados en la entrada, mirándonos con sorpresa. Como si tuvieran largo rato ahí.

No desvíe la mirada en ningún momento. Yo nunca dije que estaría de su lado. Y me importaba un rábano si habían visto nuestra pelea o el beso. Por que ellos no entendían. Así que solo abracé con más fuerza a Junsu y suspiré.

Yoochun fue el primero en cortar el contacto visual, marchándose con un paso rápido y la mirada en el suelo. Yunho lo siguió casi de inmediato. No podía imaginar lo que pasaba por sus cabezas. Pero no tenía tiempo para ellos ahora.

Junsu en mis brazos era lo único que me preocupaba.

Este sentimiento tan fuerte de amistad, que muchos podían confundir con amor.

Este sentimiento de amistad que nadie más entendía, por que nunca habían amado, por que nunca habían sido amigos de verdad.




Justo esa noche tenía a Junsu en mi cama, abrazándome con fuerza, justo como siempre lo hacía. Como si yo fuera su tabla de salvación. Lo único real a lo cual aferrarse. Había tocado mentir, decirle a mis padres que nos habían intentando asaltar para cubrir lo de nuestros golpes.

Había curado sus heridas, y él había curado las mías.

Con una delicadeza que no conocía en él. Y que estuvo a punto de hacerlo llorar una vez más. Nunca había visto a Junsu llorar y ahora parecía no poder soportar verlo así de débil.

Pero sabía lo que pasaba por su cabeza, a pesar de que no me lo dijera. El dolor de perderlo todo, de que el momento más feliz de su vida, el que tanto anhelaba se le hubiera escapado de las manos.

Puede que para muchos no significara gran cosa aquella copa, pero cada cosa, cada sentimiento tenía un significado diferente para cada uno. A muchos podían no importarle una copa, a otros podía no importarle un diploma de mejor estudiante, a otros podía no importarle ganar una beca.

Pero para cada uno, un logro. Era representativo y Junsu había visto su objeto más importante escapársele de las manos. Gracias a la persona por la que quizá podría sentir amor.

Estaba solo, perdido. Sin el cariño de Junho, aunque fingiera no importarle. Sé muy bien que Junho era la única persona que confiaba ciegamente en él. Ese golpe de su hermano a Junsu le había dolido más en el alma que en el rostro.

Por que mucho que gritara que lo odiaba, no era así. Junsu lo sabía, sus padres lo habían enfocado todo en él. Pero Junsu no podía odiar a ese ser que se preocupaba por él y lo amaba incondicionalmente. Haberlo perdido, aplacaba a Junsu en esa alma sin vida que ahora estaba abrazado a mí.

Y sus padres… Seguían siéndolo. Seguía sintiendo esa necesidad de un niño pequeño por ser aceptado, por tener una muestra de aprobación. Por ser el más importante al menos una vez.

El hecho de no tener que preocuparse por llamar a casa, avisando que se quedaría conmigo esta noche lo hería profundamente. Tal vez más allá del hecho de saber que no estaba siendo buscado por nadie.

—…No quiero ir al examen de mañana.

Relajadamente, su voz había sonado cerca de mi pecho. Hundiendo su rostro sobre mi torso.

—No puedes faltar, son tus exámenes finales. Después no podrás graduarte.
—No quiero, Min. Todos serán unos imbéciles y no tengo ganas de soportarlos.

—¿Y desde cuando te importa lo que otros digan?— Junsu entonces me miró. –Escucha, yo aún estoy en clases. Nosotros empezamos exámenes dos semanas después que los de tercero. Así que si quieres mañana no voy a clases, espero a que termines de dar el examen y nos regresamos a casa.

Junsu volvió a reposar su cabeza sobre mi pecho, abrazado a mí, con menos fuerza que antes.

—No tienes por qué hacerlo.
—Quiero hacerlo, ¿bien? Así que duérmete rápido, que te voy a levantar a las cuatro de la mañana para que estudies al menos algo.

No volvió a contestarme, solo se movió un poco y aparentemente durmió. Yo miré el techo de mi habitación durante varios minutos más. Colapsado al igual que Junsu, ordenando mi mente ante todo lo que había estado sucediendo.




Luego de las varias horas que Junsu había estado estudiando.

Finalmente habíamos llegado al instituto. Y tal y como lo había predicho Junsu, la gran mayoría se comportaba como verdaderos imbéciles, mirándolo de mala manera, susurrando a sus espaldas, algunos gritando verdaderas idioteces.

Pero ahí estaba Junsu, caminando a mi lado, con el paso firme y la barbilla en alto Mostrando todo su coraje y fuerza. Abriéndose paso entre los idiotas que se paraban enfrente de nosotros intentando provocarlo.

Y esas risas mal intencionadas eran como patadas directas en el hígado, pero aún así Junsu no se detuvo a prestarles mucha atención. Cuando llegamos a su salón, Yoochun y Jaejoong estaban en la entrada. Todos habían guardado silencio.

Pero Junsu solo siguió su camino directo hasta la entrada, susurrándome apenas un ‘Saldré lo más pronto que pueda’ Ignorando a Jaejoong, haciendo como si Yoochun no existiera para él, a pesar de la mirada repleta de anhelo que Yoochun le dedicó a su paso.

Con la llegada del profesor las cosas parecieron calmarse. Todos tomaron asiento, por lo menos de su salón, mantenían cierto respeto por Junsu, sin burlas ni comentarios mal intencionados. Lo que se resumía a que esos imbéciles que molestaban a Junsu eran aquellos que siempre le tuvieron envidia. Y que cómo grandes cobardes se aprovechaban de su momento de debilidad.

Mientras el examen duraba tuve la mala idea de pasar por el salón de Minho. De asomarme apenas un poco y verlo prestar atención a clases, atento a la explicación de cálculo. Anotando de vez en cuando. Recordándome que ahora menos que nunca teníamos un tiempo para compartir.

Por que la batalla de Junsu apenas había comenzado.

Luego de unos minutos suspiré y regrese al pasillo donde se estaban tomando los exámenes finales a los de sexto, y casi una hora después, el primero en salir fue Siwon, con la maleta en su espalda, dudó en acercarse, pero finalmente se paró enfrente de mí y sonrió.

—¿No deberías estar en clases?
—Me he tomado un pequeño día de descanso.

Hábilmente ninguno de los dos mencionó el factor Junsu. Y así estuvimos bien, durante unos segundos, antes de que Siwon suspirara, agachando un poco la cabeza y con su sonrisa menos amplia que al principio.

—¿Sucede algo?
—Te extraño.

La repentina confesión me tomó desprevenido, lo relajado que me encontraba varió por mi cuerpo un poco más rígido. Odiaba estas situaciones que me dejaban sin palabras. Particularmente Siwon era el único capaz de lograrlo.

—Supongo… Que yo también.
—¿Supones?

Siwon sonrió divertido y yo solo rasqué mi nuca, levantando los hombros despreocupadamente.

—Como sea, no es eso. ¿Verdad?
—No… En realidad es Heechul.

Siwon volvió a suspirar, apoyándose en la pared junto a mí. Yo recordé de inmediato la situación de su madre, ¿aún no se lo contaba Heechul?

—¿Qué sucede con él?
—No lo sé… Está extraño. Aunque tal vez estoy exagerando. Quizá no estoy acostumbrado a que todo esté bien entre nosotros.

Agachó la cabeza otra vez, con esa odiosa sonrisa de resignación en el rostro.

—Tal vez deberías decirle exactamente lo que acabas de decirme.

—Si… Tal vez.— Un último suspiro y Siwon ajustó la maleta a su espalda. –Nos vemos luego, hoy no tengo muchas ganas de nada. Creo que me iré directamente a casa.
—De acuerdo.

Siwon palmeó mi espalda un par de veces y luego se empezó a marchar. Esa corta y extraña conversación, había sido realmente confortante. Recordándome aquellos momentos cuando estábamos juntos y todo parecía estar un poco mejor.

Heechul salió unos segundos después, con el celular en la mano. Hablando por teléfono, avisando que llegaría de inmediato. Cuando pasó frente a mí, apenas asintió. En un pacto mutuo y silencio de tolerancia que habíamos adquirido.

Minutos después el resto de estudiantes empezó a salir.

—¿Y qué tal?
—Un asco, pero tengo buenas notas. Así que aspiro a lo suficiente como para pasar.

Junsu rascó un poco su nuca. Se veía contrariado, pero no lo suficientemente preocupado, así que con una sonrisa me pidió que esperara mientras iba al baño. Y como si Jaejoong hubiera esperado a que Junsu se alejara, entonces se acercó.

—Min… ¿Podemos hablar?

Yoochun estaba a su lado, por un momento me extraño no ver a Yunho por ninguna parte. Tal vez no tenía ese examen a esta hora.

—Habla hyung, nadie te lo impide.
—Quería agradecerte por no haber impedido que… Ya sabes, Junsu descubriera todo antes de tiempo.

—En realidad no lo hice por ti o por que creyera en su plan. Fue por que Junsu lo necesitaba. Necesitaba que la vida lo cachetear para que reaccionara, para que viera en lo que se estaba convirtiendo su vida. Que necesita ayuda. Y de verdad, si no quieres hablarme por seguir junto a él, te entiendo.

Inesperadamente Jaejoong negó, con sus cabellos agitándose un poco, mordiendo su labio inferior y sosteniendo la maleta en su espalda.

—No… Yo de alguna manera te entiendo. No lo puedo ayudar, es mi amigo también, pero él no me va a permitir acercarme. Hay mucho odio y sentimiento de venganza de por medio. Curar las heridas que nos hemos provocado entre todos tomara mucho tiempo, pero tengo la esperanza de que algún día todos podamos mirarnos a la cara sin sentimiento negativos de por medio.

Y ahí estaba, el Jaejoong que yo conocía, ese que no estaba cegado por la venganza, ese que no pensaba tan fríamente, que no se dejaba llevar por todo este asqueroso mundo y que se aferraba a su verdadera personalidad.

—Yo también espero eso, hyung.
—Solo cuida bien de él, cuídate tú. Y no olvides que sigues siendo mi amigo, ¿vale?

En cuanto asentí, él me abrazo con fuerza, en un abrazo que duró varios segundos, con su cuerpo muy cerca al mío. Casi como si se tratara de una despedida. Que no terminaba de entender.

Jaejoong se alejó, y luego posó una mano en el brazo de Yoochun, diciéndole que lo esperaría en el auditórium, seguramente para ensayar para la final de canto. Yoochun permaneció en silencio varios segundos. Antes de exhalar con fuerza y meter las manos en sus bolsillos.

Cuando reaccioné, me percaté que Junsu llevaba demasiado tiempo en los baños. Iba a mirar en dirección a la puerta, cuando la voz de Junsu volvió a llamar mi atención.

—¿Cómo… está él?

Su voz no estaba repleta de esa confianza que lo caracterizaba, así que suspire y decidí dejarle las cosas claras, para que empezara a sufrir menos de ahora en adelante.

—Escucha Yoochun, lo mejor es que ya te olvides de una buena vez por todas de Junsu.
—Yo los escuché ayer. Lo escuché de la voz del propio Junsu cuando fue a mi casa. Él aún me ama, yo lo amo con la misma intensidad… Así que no me pidas eso.

Pasé una mano por mi rostro. ¿Cómo hacerle entender, que a veces el amor no bastaba?

—Sigue adelante, Yoochun. Sigue adelante con tu vida y tus planes. Por que Junsu ahora menos que nunca tiene cabeza para el amor. Ustedes pueden estarse amando demasiado, pero tal vez este no es el tiempo ni el momento para su amor. Él primero tiene que estar bien consigo mismo para poder amarte por completo. Un amor a medias no es justo para ninguno de los dos.

—Pero quiero estar junto a él.

—Eso es imposible cuando tú eres su pasado. Cuando tu estás involucrado en medio de todos esos sentimientos destructivos que se apoderaron de Junsu. Tú eres tanto su solución como su mal. Y mientras sea así, es mejor que cada uno continué con su vida. Hasta que los dos se perdonen mutuamente y se perdonen así mismo también.

Yoochun calló.

Con un poco de aire saliendo de sus labios, fueron varios segundos hasta que finalmente se marchó. En el mismo silencio en el que se había mantenido, me pregunto ¿de verdad habrá entendido el significado de mis palabras?

Esperaba que sí.

Una agitación extraña, carcajadas dentro del baño me hicieron no seguir esperando y entrar. Ahí donde varios estudiantes insultaban a Junsu, pero él solo se lavaba las manos, pretendiendo ignorarlos por completo.

—¿Qué sucede, oh gran capitán? ¿No eras toda perfección? ¡Ja! No eres más que basura, mira que envidiar a tú hermano de esa forma. Que enfermo…

Junsu apretó su puño y yo estaba a punto de lanzarme contra el tipo ese, cuando Junsu me sostuvo del brazo con fuerza, con demasiada tal vez, por que mis músculos se tensaron. Junsu sin embargo, solo giró y miró al sujeto ese desdeñosamente.

—¿En serio? Pues te tengo una noticia, Hyoon. Aún así sigo siendo mejor que tú.

El castaño enfurecido golpeó a Junsu en el rostro y él por ende sonrió. Junsu buscaba que aquel muchacho diera el primer golpe. Por que pronto Junsu lo agarró por la camisa estrellándolo contra la puerta de los baños y golpeándolo con una fuerza que incluso asustó a los compañeros de Hyoon.

La pelea no duró demasiado, los inspectores llegaron de inmediato. Nos mandaron a todos con una advertencia. Pero Junsu se marchó con una sonrisa, una grande de victoria que obviamente disgustó a Hyoon.

Supongo que Junsu necesitaba aquello para no tener que romperle la cara a todo cuanto se atrevía a insultarlo o mirarlo de mala manera, así que lo dejé ser.





—Habrá que curarte bien esa herida.

Toqué la mejilla de Junsu y él solo arrugó un poco la nariz, aparentemente le dolía mucho, así que suspiré. Y Junsu no se quejó demasiado cuando le quité la pequeña maleta de las manos para continuar caminando hasta mi casa.

Sin embargo Junsu se detuvo abruptamente frente a mi casa, con los ojos muy abiertos. Viendo un auto negro que yo desconocía, y cuando el conductor bajó del auto supe por que Junsu había reaccionado así.

Junho estaba frente a nosotros, con una expresión parca en el rostro. Que le provocaría escalofríos a cualquiera. Colocaba el seguro a su carro, cuando miré a Junsu, y su expresión de sorpresa había cambiado por una de seriedad.

Extraña y fría en su rostro.




Ese silencio dentro de la sala de estar, fue incómodo.

Junsu apenas tocaba su mejilla de vez en cuando, y sus otros golpes no daban una buena imagen de lo que sucedía. Junho estaba sentado frente a nosotros, con la misma expresión vacía en su rostro, jugando con las gafas en sus manos.

—Nuestros padres mandan a preguntar si no piensas volver a casa.

—A ellos en realidad poco les importa todo esto, ¿verdad?— Junho levantó la mirada y Junsu se cruzó de brazos, con una sonrisa en el rostro. –Prefieren castigarme que sobrellevar la idea de que de algún modo son culpables de todo lo que hice.

—No confundas las cosas, Junsu. Tú eres el responsable de tus actos.
—¡¿Y ellos qué?! ¡Me ignoran, me subestiman! ¡¿Y yo aún debo seguir venerándolos por que son mis padres?! ¡Por favor, yo no creo en esa porquería!

Junho entonces se levantó de su asiento, con el entrecejo arrugado.

—¡Ya basta Junsu!

Y como si se tratara de un desafío, Junsu se levantó también.

—¡NO, YA BASTA NADA! ¡VE y diles esto si te da la gana! ¡Pero yo no creo en toda esa porquería de amarlos por que son mis padres! ¡Lo que nos une es una línea sanguínea! ¡Y la sangre no siente, no duele, no genera emociones, es solo un medio de vida! ¡¡Es como decir que los sentimientos vienen del corazón, cuando solo es un órgano!! ¡Yo valoro y amo a las personas por quienes son, como se comportan, su forma de pensar y ver la vida! …Yo no amo, solo por que me tocó amarlos, o tenerlos en mi familia.

En cada palabra Junsu golpeó el pecho de Junho, mirando fijamente aquel lugar que la punta de sus dedos tocaba, la imagen sería y fría de Junho tambaleó. Quise intervenir, pero no me correspondía a mí. Por que Junsu y Junho tenían esa conversación que la vida les debía. La que nunca habían tenido.

—¿Entonces a quien ama Kim Junsu?

Fue un susurro débil. Junsu mordió su labio inferior y pareció debilitarse una vez más. Junho esperó por su respuesta, pero Junsu sencillamente apretó la camisa de su hermano y apoyó la frente en él.

—Amo a tan pocas personas… Soy muy contradictorio… Por que tú me robaste tantas cosas a veces sin intención… Pero al mismo tiempo te admiro… Te amo… Eres el mejor hermano que pudo haberme tocado… Pero al mismo tiempo, esta envidia y preferencia de nuestros padres me carcome por dentro…

Junsu se encargó de esconder muy bien su llanto, por que Junho desde su lugar apenas podía ver el cabello de su hermano, no lloraba. Solo había soltado un par de lágrimas y Junho aunque intentó tocarlo, en el último momento desistió.

—¿Me odias Junsu?
—No… Decirlo no es lo mismo que sentirlo, pero no te odio Junho. Solo estoy muy confundido, muy… mal.

Junsu respiró profundo, con su espalda levantándose un poco. Hasta que finalmente estuvo frente a Junho y él solo suspiró. Con el silencio de por medio, Junsu volvió a hablar.

—¿Tú me odias Junho?

En esta ocasión no hubo mucho tiempo de espera, Junho movió la cabeza en señal de que lo negaba. Pasando también una mano por su cabellos.

—No, no te odio. Solo estoy muy herido y decepcionado y sinceramente cada vez que te veo me dan ganas de echarme a llorar como un imbécil por que no se en que momento perdí a mi hermano, por que este que tengo enfrente no puede ser mi Junsu, mi hermano. Demonios yo seria capaz de cualquier cosas por ti Junsu, por que te amo… pero tú solo estas lleno de sentimientos negativos… me tienes envidiar, rencor…

Junho terminó por sentarse, tapando su rostro y Junsu, contrario a lo que esperaba ni siquiera se movió, solo miró a Junho debilitarse ante sus ojos.

—Y de alguna manera… También me odio a mi mismo, por no darme cuenta de lo que sucedía contigo. De decir que te amaba de la boca para afuera, de decir que quería saber lo que pasaba y me conformaba sencillamente con un ‘nada’ de tu parte. No me preocupé lo suficiente por ti.

—No tenías por que hacerlo, Junho. No lo merecía.
—¡Lo merecieras o no! Es algo que debí hacer, eres mi hermano menor. Debí haberme percatado, debí intentar sub sanar esto antes de que… termináramos así.

—Supongo que vivir en la perfección es demasiado agradable.
—Ay, Junsu… Por favor. No soy perfecto. Solo me sobre esfuerzo demasiado. Solo busco complacer a mis padres, solo quiero lo mejor de todo.

Junsu soltó una pequeña risa. Alborotando sus propios cabellos en el proceso.

—Quizá en eso nos parecemos mucho. Tan solo que usamos diferentes métodos.

Junho pareció no hacerle mucho caso a Junsu, solo siguió sentado, con la mirada en el suelo. Y sus manos ahora entrelazadas. Junsu entonces se arrodilló frente a él, colocando sus manos sobre las suyas.

—Lo siento mucho, Junho.

Los dos se miraron largamente a los ojos, quise marcharme supe que era lo indicado, pero antes de hacerlo. Junho abrazó a Junsu, con fuerza, en la posición incómoda en la que se encontraban.

Pero, luego sencillamente se levantó.

—No puedo perdonarte, Junsu. No al menos hasta que tus disculpas sean sinceras.

Luego de eso, Junho y se levantó y se marchó, discreta y rápidamente. Tan apresurado que Junsu siguió arrodillado frente aquel sillón vacío aún sorprendido por las palabras de su hermano. Cuando Junsu se giró. Y me miró, solo estaba atónito.

—¿Qué sucede? ¿No eran sinceras tus disculpas?
—…Aún no, ¿cómo lo supo?

—¿Entonces todo ese discurso de…?

—Todo eso fue real, es solo que aún no me arrepiento de todo lo que hice. Por que sentirme superior a Junho, cuando le quité a Yoochun, es algo que me sigue… Gustando. Lo que no sé es como se percató de eso.

Suspiré, levantándome de mi asiento y abrazándolo con fuerza, con su barbilla en mi hombro y acariciando sus cabellos.

—Lo que pasa es que ahora él sabe a que atenerse contigo, ahora puede mirarte a los ojos y verte en realidad.
—¿Me pone eso en desventaja?

—Tal vez… Pero recuerda que ya no estás luchando.

Junsu entonces recordó, y suspiró.




Esa tarde Junsu se quedó estudiando en mi habitación.

Convencí a mis padres de que sus padres habían viajado y por lo exámenes él había tenido que quedarse en la ciudad. La veracidad con la que sonaron mis palabras sorprendió a Junsu, me sorprendió a mí. Estaba mintiendo demasiado bien.

La situación era que necesitaba salir de mi casa. Ir hasta la de Heechul, que no fue tan difícil de averiguar cuando Jaejoong me aseveró que seguíamos siendo amigos. Esto de ser el buen samaritano se me está haciendo costumbre y debo erradicarlo, al menos gradualmente.

Aunque bueno, Siwon viene siendo un caso especial.

Finalmente no hacía tanto frío como había esperado, toqué el timbre y esperé. Por un momento me pregunté si el padrastro de Heechul había desaparecido o ya lo habían atrapado, pero supongo que no somos tan amigos ni nunca lo seremos como para tocar ese tipo de escenas.

Divagando, vi la puerta abrirse y a Heechul con una sonrisa en el rostro.

—Changmin, ¿qué haces aquí?

No fue desagradable, más bien sorprendido. Y algo confundido.

—Quiero hablar contigo, ¿tienes unos minutos?

Él regreso su mirada hacía atrás unos segundos, pero finalmente soltó un alto. ‘Vuelvo en un momento’ y salió, cerrando la puerta tras él.

—Tú dirás.
—Que hospitalario que eres.

—Oh, no quieres entrar en este momento. Mi padre está… Algo sensible con la noticia de mamá. Y está llorando y todo eso, después de todo no se divorciaron en malos términos. Se siguen apreciando y esas cosas.

Heechul se cruzó de brazos, con un suspiro cansado en los labios. Apoyando deliberadamente la espalda en la puerta. La imagen era clara, seguramente su madre apoyaba al que alguna vez fue su esposo. Ella ya hecha a la idea y más pacífica. Y Heechul parecía ya más sereno con la situación.

—Entonces, creo que no vine en un buen momento.

—En realidad, en el momento ideal. Creo que necesitaban un momento a solas, para ellos mismos. Hace muchos años que no se ven, y lo necesitaban. No sabía con que excusa salir de ahí.

Rasqué un poco mi cabeza. Con una idea no tan clara de lo que debía hablar con él, cuando no me correspondía, pero con Siwon de por medio, supongo que a ambos de alguna manera nos corresponde.

—Heechul… ¿Has hablado con Siwon?
—Claro, todos los días.

—¿Seguro? Por qué esta mañana hablé con él y se veía muy…
—¿Ahora te has vuelto su guardaespaldas que tienes que vigilar que él nunca se sienta mal o llore?

Su voz no sonó llena de sarcasmo, aún así, sus palabras no me gustaron.

—Sabes que no es por eso. Es solo que…
—Es algo a lo que debió atenerse, yo siempre le dije que mi vida era así. Un asco, y tarde o temprano terminaría…

Debí golpearlo, pero mi mano solo se levantó en una cachetada. Que lo dejó estático por un largo rato, con los ojos muy abiertos. Quizá era el sentido de respeto. De que lo que pasaba entre nosotros, se quedara aquí. Que no entrara con un morado en la mejilla frente a sus padres.

Heechul solo sonrió, volviendo a mirarme. Con una mano en su mejilla roja.

—¿Por qué me has pegado? Me intriga.
—Por que te estás mintiendo incluso a ti mismo, por que planeas terminar con Siwon, aunque te mata hacer eso.

—¡¿Cómo diablos puedes saber eso de mi?!

—Por que mientras todos están más ocupados en sus propios problemas, todos parecen ajenos a la pareja que parece más estable. Eres tan obvio, pero todos están demasiado sumidos en lo suyo como para notarlo.

Heechul bufó, y entonces cerró los ojos por un segundo.

—¿Qué es lo que quieres de mí?
—Que no dejes a Siwon solo por qué tu vida es un caos. Que al menos le digas la verdad.

—¿No deberías aplicar tu consejo para lo tuyo con Minho?
—Pero lo tuyo ha esperado por demasiado tiempo.

Una vez más, las expresiones de Heechul cambiaron, rodando los ojos y mostrándose resignado.

—Bien, hablaré con él, le diré lo que pasa con mi mamá.
—Hay algo más, ¿cierto?

—Si… Mi padre, su actual esposa y su hijastro son coreanos. Pero por cuestión de trabajo hace muchos años se mudaron a Japón y viven establemente ahí. Papá ha dicho que no planea dejarme trabajar, ni que trabe mis estudios, que cuide de mi mamá, pero sin abandonar mis estudios. Quiere apoyarnos.

—¿Piensas irte a Japón?

—Está planeando buscarnos un apartamento, cerca de su casa. Para que cuando las cosas se pongan complicadas su esposa y él puedan ayudarnos. Al parecer ella está de acuerdo en que vayamos a Japón, también quiere apoyarnos por que es un momento difícil para todos. Pero con toda su buena voluntad y eso… No lo sé la verdad.

Heechul pasó una mano por su cabello, con la mirada alicaída.

—Ellos ahora son su familia, y su hijastro ni siquiera lo conozco. No quisiera importunarlos aunque ella ayer me llamó y trato de que nos conociéramos, decirme que no habíamos tenido la oportunidad, pero ella no era una mala mujer, sería incapaz de acaparar a papá en un momento así. Que no me sintiera mal, que ella nos ayudaría en todo. Hasta que mamá… Bueno y más adelante si yo quería podía vivir con ellos tres. La cosa es que mamá, en el estado que se encuentra se sentiría muy incómoda en su casa, pero yo en verdad aún tengo mis dudas… tenemos que pensarlo muy bien.

Yo solo suspiré, lo más lógico es que Heechul aceptara la propuesta de su padre, seguridad económica y ayuda inmediata cuando la enfermedad de su madre avanzara. Era lo que necesitaba. Lógicamente, Heechul debía aceptar.

Pero aceptar, implicaba dejar atrás a Siwon.

Y probablemente eso era lo que más le asustaba.

—¿Y qué piensas hacer entonces?
—Mamá me ha pedido que hable con Siwon. Él es importante y ha sido una ayuda impresionante, pero tampoco quiere que nuestra relación se vea afectada.

Heechul rió suavemente.

—A veces pareciera que todos excepto yo, se preocupan excesivamente por nuestra relación.
—Al final, es tu decisión, ¿lo sabes, verdad? Siwon jamás sería…

—…Tan egoísta como para pedirme que me quede, lo sé.
—¿Te irás, verdad?

Fue un breve momento, Heechul me abrazó y suspiró, antes de empezar a abrir la puerta y sonreír débilmente.

—Quizá… Tampoco es nuestro momento. Y debamos esperar a que las cosas entre nosotros se calmen. Tal vez me apresuré a intentar tener una relación con él. Pero… No me arrepiento.

Él agitó su mano un poco y luego cerró la puerta, que bueno que no tenía exámenes hasta dentro de dos semanas, por qué de este modo no podría estudiar. Ni siquiera entendía como ellos podían estudiar.




Cuando llegué a casa, era la hora de la cena.

El delicioso aroma de la comida, mientras mi madre permanecía en la cocina. Mi padre seguramente aún no llegaba y Junsu estaría estudiando en la habitación. Sin embargo cuando saludé a mi madre y bebí un poco de agua.

La imagen de Junsu y James en el patio me perturbó.

—¿Qué hace él aquí?

Mi madre solo levantó un poco la mirada y continuó picando la zanahoria.

—Vino a buscar a Junsu, dijo que era su amigo. Tienen un largo rato hablando ahí. Pero se ve que es extranjero. Me pregunto de donde se conocen…

La voz de mi madre no fue lo suficiente fuerte, por que el resto ya no lo pude escuchar, dejé el vaso sobre el mesón, y me asomé desde el alfeizar de la puerta que conducía al patio. James sostenía las manos de Junsu y buscaba su mirada, pero Junsu solo evitaba mirarlo.

—Junsu entiéndeme…
—No puedo.

—La llamada de ese Jaejoong, me cayó como anillo al dedo. Por que necesitaba ubicarte, necesitaba sacarte de este mundo en el que yo mismo te metí. Debía terminar con lo que ya había empezado.

Junsu finalmente levantó la mirada, decidí permanecer en la entrada. A una prudente distancia de los dos.

—¿Y tenías que ayudarlos en medio de todo esto?

—Cuando me enamoré de ti, la pasé muy mal Junsu. Te habías convertido en exactamente lo que yo era, incapaz de sentir amor por alguien más. Yoochun había sido antes de mi, por eso a él todavía lo amabas. Mi forma de ver la vida… Todo lo que te enseñé, todo estaba mal. Y la única manera de hacerte reaccionar, era que perdieras. El ganador nunca aprende, es el que pierde, él que se llevaba lecciones valiosas. Perdí frente a ti, y me di cuenta de que había muchas cosas malas en mí.

—Entonces, siguiendo tú lógica. Si yo terminaba dichoso y feliz ayer…
—Jamás hubieras reaccionado. Odiar, sentir rencor. Tantos sentimientos negativos solo te dañan a ti. Estás muy herido por dentro Junsu y estás arrastrando a más gente en ese dolor.

Junsu por primera vez pareció reaccionar, apretó las manos de James. Y sonrió, como si se batiera por no demostrar que en realidad quería llorar.

—¿Te costó mucho aprender todo eso?
—Me costó lágrimas y confesiones que nadie más sabía, mi tía es psicóloga… Ella me ayudó mucho.

—¡No estoy loco!

Fácilmente Junsu se soltó, aterrado con la idea.

—¡No lo estamos! Un psicólogo no es para locos, es para cualquier persona que necesita ayuda en general. Un psiquiatra es distinto. Pero un psicólogo ayuda a las personas que pasan por una perdida, un momento difícil o que sencillamente no pueden dormir. ¿Qué pasó con esa mente tan cerrada?

Junsu aún parecía no muy convencido, por lo que James pasó una mano por su rostro.

—Necesitas ayuda, alguien que te ubique una vez más en tu lugar en el mundo. Que saque lo malo de ti, y te encaminé. ¿Creíste que un día te ibas a levantar deseando ya no tener todo eso negativo en ti y ya? Lo de tus padres, tus sentimientos por Junho, por Yoochun. Necesitas sentarte a hablar y pensar. A superarlo, y aceptar ayuda, tomar la mano de alguien más que pueda ser tu soporte, no está mal.

Junsu miró la expresión de Junsu y sonrió suavemente, acariciando el rostro de él con cuidado. Apresando una vez más una de sus manos. Junsu suspiró, cerrando los ojos ante la caricia.

—¿Tomas mi mano una vez más Junsu?

Si era un error o no. James estaba ahí. Tratando de resarcir sus errores. Tratando de terminar con lo que había comenzado. Y Junsu aparentemente decidió confiar una vez más en él. Por que tomó su mano y suspiró.

No estoy muy seguro de lo que todas esas palabras involucraban. Pero decidí no intervenir y subir a mi habitación. Él claramente podía hacer por Junsu muchas más cosas de las que yo podía.

Esa noche, James se marchó muy tarde. Y Junsu me abrazó muy fuerte a la hora de dormir. Con un susurro que él pretendía yo no escuchara.

—Siento ser tan egoísta. Has olvidado tú vida por culpa mía, Min… Lo siento.

Y eso fue lo más sincero que he escuchado de sus labios. En años.




Esa mañana tampoco fui a clases.

Si mi madre se entera, me cuelga del primer árbol que encuentre.

Pero explicarle la situación de Junsu era algo tan imposible, como intentar explicarle al mismo tiempo que no hago todo esto por que esté enamorado de él. Pero miraba mi reloj esperando por que Junsu saliera de su examen, cuando una mano en mi espalda me tomó por sorpresa.

—¿Por qué tan solo? ¿No deberías estar en clase?
—¡Hyung!

Yunho sonrió, acomodando la maleta a su espalda y parándose junto a mí.

—No me has contestado.
—Hoy… quedé en acompañar a Junsu a su casa. Así que…

—Ya veo, ¿cómo está él?

Yunho no parecía muy interesado en involucrarse en situaciones tan personales para Junsu y eso fue un alivio. Supuse que de algún modo las cosas volvían a su cause.

—Mejorando, aprendiendo… Sentando cabeza al fin.
—Changmin… Minho te extraña mucho, ¿lo sabes?

Y eso fue como un golpe bajo, asentí simplemente mirando a los alumnos de tercero salir de sus respectivos salones conversando o revisando sus notas. Suponía que Yunho había sido uno de los primeros en salir.

Hoy no había visto a Minho, ni siquiera por error.

—Le diré que tú también lo extrañas.

Yunho ni siquiera me dejó advertirle que no lo hiciera por que era muy vergonzoso. Solo salió corriendo hacia el estacionamiento. Luego supuse que en el fondo sería bueno que Minho lo supiera.

Cuando lo vi llegar a su moto, sonreí. Jaejoong estaba ahí, mirando de un lado a otro, seguramente buscándolo con la mirada. Cuando Yunho llegó, le ofreció uno de los cascos. Compartieron miradas y finalmente ambos subieron en la moto. Marchándose de ahí.

La situación de ese par seguía intrigándome.

—¿Nos vamos?

Junsu de pronto apareció, sosteniéndose de mi brazo, camino a la salida del conservatorio. James nos esperaba fuera. Sinceramente no estaba muy seguro de que los debamos intervenir. Pero Junsu nos quería ahí. Y no podíamos negarnos.

Lo bueno de ese día estuvo frente a mí, unos pasos antes de salir por completo.

Cerca de la entrada. Heechul estaba con Siwon, presentándole a él a un hombre algo mayor. Ambos estrecharon sus manos y Siwon parecía incluso nervioso. Era el padre de Heechul.

Cuando nuestras miradas se encontraron, Heechul sonrió un poco y asintió a modo de saludo. Imité su gesto y seguí caminando junto a Junsu. Por que Heechul había cumplido con su palabra. Planeaba arreglar las cosas con Siwon desde el inicio.

Y el primer paso había sido que llegaran hasta su padre.




De acuerdo, la situación no había sido llanto y arrepentimiento.

Eso ya me lo venía suponiendo. Había habido gritos de por medio, yo solo me hundía en el sillón cada que el padre de Junsu levantaba la voz y Junsu lo contradecía con el mismo tono. James a ratos colocaba una mano en el hombro de Junsu pidiéndole que se calmara, pero eso no servía de mucho.

La madre de Junsu estaba al borde del llanto y eso no es algo que mejore precisamente la situación. Junho intervenía, con su voz seria y madura. Pidiéndoles que se calmaran. Que trataran de entenderse, pero no fue hasta que Junsu terminó por explotar que todo se calmó.

—¡Esto es inútil! Nunca vas a admitir que te has equivocado, ¿verdad padre? Pues mientras sea así, enfocándote en que el de los errores soy yo esto es absurdo…

Junsu golpeaba su pecho, con una rabia increíble en su rostro, con lágrimas ya escapándosele de los ojos. Su padre por fin había callado. Y Junho se había puesto junto a Junsu, con sus brazos alrededor de los hombros de Junsu.

—…No sé si es odio, pero es un sentimiento parecido… Por que ustedes me arrastraron a esto. Con sus malditas preferencias, con su desinterés con todo lo que me involucraba. Por su culpa me he convertido en esto… Odio que siempre me traten así… Y este odio me está consumiendo por dentro…

Finalmente Junsu se dejó caer. Junho apenas lo pudo sostener. De rodillas Junsu tapó su rostro, inmediatamente la mamá de Junsu estalló en llanto al ver a su hijo menor así. La cara del padre de Junsu parecía estar en un constante desacuerdo, cayendo sentado en el mueble, con una mano por su rostro.

—Ya basta. No importa cuanto intenten negarlo, saben que Junsu tiene razón, él no ha hecho bien pero ustedes han sido la base del problema e indirectamente yo también. Es hora de ser una familia de verdad y no solo de la casa para afuera. Tenemos que corregir muchas cosas no solo en Junsu, sino en nosotros también.

Junho abrazó a Junsu con más fuerza, y las palabras de Junho me hicieron volver a respirar, James me miró y me sonrió un poco. Yo apenas pude corresponder a su sonrisa. Apretando mis labios cuando vi a la madre de Junsu en el suelo, abrazando a sus dos hijos pidiendo perdón.

Pero cuando el estoico señor Kim, tapó su rostro, con sollozos suaves. Fue una mezcla de emociones, por qué ese era el final del camino para Junsu. Era su verdad en su máxima expresión.

Era el momento de curar y cicatrizar las heridas de su corazón.

Junsu al fin estaba a punto de empezar.

Y me sentí tan parte de eso. Que tuve que respirar profundo, para no olvidar que al menos en algo, lo había podido ayudar.




Cuando salimos de la residencia Kim, eran apropiadamente las seis de la tarde.

James tenía las manos en los bolsillos del pantalón. Mirando hacía el cielo, con una expresión pacífica en el rostro. Supongo que las pocas cosas que le quedaban por hacer, era el concurso de canto y luego regresaría a Estados Unidos.

—¿Lo que dijiste adentro es verdad, James?
—¿Lo de mí tía?— Asentí y él solo sonrió. –Se los propuse, pero es su decisión.

Supongo que ha sido una tarde cansada, y que por el momento no hay nada más que debamos hacer, estábamos a punto de marcharnos, cuando la puerta de la casa de Junsu se abrió. Y su rostro algo tranquilo nos llamó.

—¿Puedan darme unos segundos antes de irse?

Junsu cerró la puerta tras él y abrazó a James, con un suelto ‘Gracias’ de sus labios, repitiendo el mismo proceso en mí. Solo que en esta ocasión, se prendió de mis manos y las apretó con fuerza, mirando nuestras manos unidas y suspirando.

—Changmin… me va a tomar mucho tiempo volver a una vida normal. Incluso puede tratarse de años, no lo sé. Eres… Demasiado increíble, has hecho por mí lo que nadie más se ha atrevido. Has permanecido a mi lado a pesar de todo. Y sé que no te vas a marchar a menos que te lo pida.

—Junsu…

—Este camino que se me viene… Lo quiero recorrer solo, con mi familia si es que me quieren acompañar. Pero es importante que recuerdes que hay una persona esperando por ti. Que aún te queda un año en el conservatorio, y que al menso ustedes merecen vivir un año normal, este año que les queda, tú y Minho deberían vivirlos como unos adolescentes normales. Se lo merecen. Despreocúpate por mí, por que cuando esté bien voy a buscarte, ¿bien?

Él me abrazo otra vez, con fuerza, aferrándose a mí. Subí mis manos a su espalda y él suspiró. Por que esto era una despedida. No quedaban muchas semanas para que los de sexto terminaran por completo con el conservatorio y se graduaran.

Entonces lo que pasaría con Junsu, era incierto para mí.

—Cuida de ahora en delante de ti, ¿si?
—Lo haré, hyung.

Arreglé un mechón de su cabello y él me sonrió. Antes de darme un último beso en los labios, corto y necesario. Sentí un hueco en el estómago, especialmente cuando se dirigió a James, evitando que yo lo escuchara.

—James… ¿Puedo pedirte un último favor?
—Claro.
—¿Tienes una forma de contactarte con Choi Siwon?

Y el resto decidí no terminar de escuchar, por que quería confiar en él. Y llegar a mi casa cuanto antes.




Tomar el bus no fue buena idea.

Había demorado demasiado en llegar, y de paso había empezado a lloviznar.

Lo único bueno, fue cuando vi a Minho, en su moto recién reparada, estacionarse frente a mi casa bruscamente. Se sacó el casco con algo de rapidez, seguramente tratando de ubicar mi casa, puesto que nunca había llegado hasta ahí.

Entre avisarle de mi llegada, o caminar lento hasta ver que hacía, opté por lo segundo. Lo miré, con una sonrisa en el rostro, mientras revisaba el celular y buscaba mi casa. Cuando estaba a punto de tocar el timbre me miró.

Sus ojos se abrieron un poco más, soltó el casco y corrió hasta mí. Abrazándome con fuerza. Definitivamente, parecía que me había perdido la mitad de la historia.

—¡Changmin! ¡¿Qué sucedió?! ¿Estás bien? Siwon me mandó un mensaje, dijo que me necesitabas, ahora más que nunca. ¿Qué sucedió?
—¿Qué yo, qué?

Él se alejó, yo arrugué el entrecejo y Minho parecía todavía esperar una respuesta de mi parte. Sacudí mi cabeza y no fue tan difícil deducir que Junsu y James estaban implicados en esto.

Mira, que no me dejan tomarme las cosas a mi ritmo.

—¡Changmin!
—¡No pasa nada! Yo ni siquiera he hablado con Siwon…
—Pero… Él…

Me enseñó en celular, ahí donde en un par de líneas Siwon narraba lo que Minho ya me había dicho.

—Digamos que es su manera retorcida de intentar que volvamos… Un momento tú y yo nunca estuvimos juntos. Así que sería algo así como…
—Changmin.

Minho me agarró por los hombros, con una sonrisa intentando traicionar su expresión seria. Interrumpiendo mis palabras. Recién entonces me percaté, que lo único que me alejaba es mi intención de ayudar a Junsu.

Pero ahora…

—¿Todo terminó?

Su voz fue un susurro, uno muy cerca de mis labios. Que me hizo reaccionar.

Sus ojos fijos en mí. Y comprendí, lo que pasaba por su cabeza. Esta guerra absurda había terminado. El tiempo que le pedí para acomodar nuestras vidas había concluido. Así que no me tomó mucho tiempo. Acortar esa pequeña distancia.

Como si no hubiera pensado que fuera necesario o vital. Pero cuando lo volví a besar, recordé cuando nos despedimos. Su cuerpo pegándose al mío. Con sus manos en mí. Con un estremecimiento mutuo que me hizo recordar que entre todo por fin había un poco de paz.

Fue como fuegos artificiales esparciéndose en mí, otra vez.

—…Ya terminó, Minho. Ya todo terminó. ¿Me dejas quedarme junto a ti?

Un abrazo fue su respuesta, uno de esos que te quitan el aire y apretujan el corazón. Que agita tus sentidos, y te hace pensar. Que justo ahora. Ya nada podría estar mejor.





Y bueno, lo romántico acabó cuando mi padre llegó y me descubrió besando a Minho contra la puerta de entrada. Supongo que fue un pequeño shock al que deberá acostumbrarse, y lo tomó bien… O eso creo.

Por que seguramente la charla incómoda vendrá en estos días. Pero lo más extraño de todo es que Minho y yo siempre quisimos mantenerlo todo a paso lento, y ahora resulta que el mismo día que empezamos a salir. Termina cenando con mis padres, en una presentación extrañamente formal.

Siwon morirá de risa cuando se entere…

Oh, maldita suerte la mía.

La nuestra… ¡Ó como sea!

Justo en este instante Minho provoca en mí, lo mismo que sentí cuando lo vi por primera vez, fuegos artificiales que explotan cada tanto. Minho es como los fuegos artificiales, imposibles de ignorar cuando los ves por error, cuando los escuchas.

…Y terminas inevitablemente embelesado a él.



Publicado por: GMin_sh
Estado: ———

Escuchando: All I need. (One Republic)

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