Memorias Prohibidas - Cap. 17

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 ¿Cuánto falta para que el sol vuelva a salir?
—¿Has oído de él?
—¿De Jaejoong? ¡Por supuesto! Es como ese tipo que lo ha logrado todo vendiendo su alma, no quisiera ser como él, pero lo envidio muchísimo.

A medida que sus pasos se habían acostumbrado, avanzaba. Las baldosas eran un poco más ruidosas de lo normal para sus zapatos que hacían eco mientras avanzaba y su rostro frío solo podía marcar la distancia con los demás.

Si se abría camino a Leesang el resto solo observaba y la imagen de Jaejoong quedaba prendida en alguno de esos lugares ajenos. Tan ajenos como él y su estoica presencia mientras soñaba, como alguna vez lo hizo Heechul con un lugar muy lejos de ahí.

No estaba presente, no tanto como los silencios de Heechul cuando cruzaban miradas en algún lugar, porque era instintivo que no llegaran a llevarse bien. Pero Jaejoong en el fondo, a pesar de haberle vendido su alma a Leesang y no arrepentirse aún, si hubiera deseado un pasado distinto. De esos que la gente aburrida solía tener.

El peso de sus decisiones pesaba ya en su joven vida.

Solo a veces guardaba tanto silencio como la cantidad de pensamientos que burbujeaban en su interior, solo a veces cuando creía que nadie más lo podía escuchar. Y se lo prometió, sería la última vez. Shim Changmin sería la última alma en extinguirse frente a él.

—¿Estás de acuerdo?
—Lo estoy— Habló sin reparo, apenas observando la fotografía —Pero es la última vez.

Leesang no se molestó en mostrar más expresiones que las necesarias. Solo ocupó un pedazo de su tiempo en colocarse contra el sillón y suspirar, con las carpetas todas sobre el escritorio y Jaejoong correctamente vestido frente a él.




Jaejoong no creyó sentirse más perdido que justo ahora.

Aún persistía ese carácter suyo férreo y agudo. Sus entrañas quemaban ante la traición y sus venas frías lo obligaban a mantenerse impasible en aquel lugar, pagando por unas culpas que merecía, y de las que no necesitaba ser exculpado. Nunca lo hizo bajo la manta del odio, fueron recursos que cualquiera en desesperación hubiera decidido usar.

Pero entonces lamentaba sus pocos meses atrás, cuando esa sonrisa estúpida vislumbró desde sus labios, y portó como jamás lo hubiera esperado. Y sintió tantas cosas fuera de lugar por él.

—¿Aún no saben algo?
—Dicen que el enfrentamiento fue bestial, hay muchas bajas.

Jaejoong solo deslizó su mirada con cuidado, donde algunos guardias se encontraban reunidos frente al televisor. Su corazón pequeño, reducido a escombros lo molestaba, desde las primeras horas de la mañana cuando luego de pocas horas de sueño al fin despertó.

Pero se acumulaban ahí, y comentaban bajito, se preocupaban y compartían frases a medio entender para él. Yunho era como un recuerdo borroso que quería eliminar pero persistía en cada espacio de él.

En realidad, Jaejoong siempre fue consciente de que enamorarse, siendo la palabra más idiota de la historia, no era con lo cual él tendría que convivir, tal vez desarrollaría afecto por alguien en algún momento, tan fuerte como Yunho. Así de intenso y adverso por igual, pero hablar de amor aun le era repulsivo. No creía en las fantasías después de todo.

Así que respiró hondo y trató de cerrar los ojos, aunque ni así pudiera escuchar bien.

—Parece que Choi y Jung están en terapia intensiva.
—¿En serio?
—Algo así escuché, no han permitido a nadie saber exactamente lo que pasó.

Jaejoong de pronto se encontró en medio de un camino bifurcado, entre ese Jaejoong de esperanzas meses atrás y su naturaleza pobre y deformada por la realidad. Ambos igual de atentos a lo que la vida les podía dar, esperando aun por la sombra de Yunho entrando por aquel lugar.

Se llenaba de suposiciones su cabeza y prefería negarse a pensar, porque ahondarse en lo que había sucedido en realidad era recordar que dolía, tan fisiológicamente, que creyó, podría gritar de desesperación en cualquier lugar.




Mir entró corriendo, evitando la prensa, la gente y las enfermeras que parecían pulular por todos lados como si se hubieran propuesto no dejarle camino, pero cerca del lugar todo era un poco peor, había tantos policías como gente en la sala de espera y todos parecían encerrados en armaduras de acero.

Sin embargo miró de un lado a otro, espacios vacíos donde pudiera encontrar a algún doctor, uno que le diera señales de algo, pero su corazón solo se agitó un poco más. Giró de un lugar a otro desorientado todavía, sin siquiera entender las vertientes internas que lo habían arrastrado hasta ahí.

Pero tenía esa necesidad absoluta por saber de él, se conformaría con tan solo saber que al menos no estaba entre los nombres en lista que saldrían en un par de horas como víctimas de aquel terrible encuentro.

—Buenas tardes— Trató de que una de las enfermeras se detuviera, pero ellas solo se disculpaban con palabras a medias y corrían de un lugar a otro apresuradas —Señora— Tocó suavemente a una de las policías que habían reunidas y luego olvidó que decir.

—¿Sucede algo?
—Jung Jihoon— Pronunció despacio, como si la realidad acabara de golpearlo. Él no tenía razones lo suficientemente fuertes para estar ahí —¿Cómo está?

—¿Quién eres?

Ella lo miró con evidente desconfianza y Mir sintió de nuevo ese malestar en su estómago.
No tienes por qué estar aquí…

—No deberías estar aquí— La otra mujer alzó su rostro mirándolo directamente y Mir no quiso admitir las formas en que había logrado colarse por amistad de su familia con los del hospital, retrocedió nervioso repentinamente como si ellas pudieran con sus preguntas atravesar sus propios medios —¿Cómo te llamas?

Pero si él no lo quería admitir, ¿por qué ellas lo iban a obligar?

—¿Mir?

Giró instintivamente la voz masculina y gruesa de Rain hizo saltar sus emociones en un trampolín violento, lo descubrió sentado en una de las sillas en el pasillo, rodeado por más policías, con su ropa sucia y su rostro sucio y algo marcado por pequeñas cicatrices.

Y sin embargo fue como si se sintiera satisfecho solo con eso.

—¿Eres idiota?— Pateó su pantorrilla con descaro, sintiendo la tensión de los demás ante su imprudente actitud, ante su descaro y rasgo infantil —¿Cómo se te ocurre…?— Entonces no quiso hablar más, porque si lo hacía iba a dejar salir todo ese estrés transformado en lágrimas.

Apretó los puños y juntó sus dientes, mirándolo ahí, con sus ojos abiertos de par en par contemplándolo tan fijamente que cuando el mayor se levantó, Mir solo pudo retroceder un paso, y luego otro más.

—Por alguna razón— Habló el mayor —Yo también tenía ganas de verte.

Los brazos de Jihoon se cerraron sobre su cuerpo y Cheolyong descubrió que en verdad era un poco más bajo que él, que singularmente no le molestaba su ropa sucia y desgastada de ese instante ni le importó quedarse inmóvil mientras apreciaba que en verdad se encontraba bien.

Lo sabía bien, si hubiera hablado un poco más hubiera terminado por llorar, y estaba cansado de hacerlo frente a él. Estaba agotado de que todas sus emociones se vertieran peligrosamente sobre ese ser extraño que en cada encuentro esporádico se graba más y más en su cabeza. Como una lección que pronto podría arrepentirse en aprender.




Yoochun recordó las perspectivas completas de su vida muy tarde, cuando la imagen de Changmin dejó de brillar por un instante con tanta intensidad, cuando su corazón ya no saltó conmocionado y sus ojos al fin pudieron dejar de mirarlo así, con esa epifanía deliciosa, parecida al mejor de los regalos.

Pero luego se removió incómodo, con una presión enorme sobre él y un poco de fe en sí mismo perdido en algún lugar. Era como un escozor extraño que recorría cada parte de si y lo hacía sentir en conflicto.

Pero cada vez que marcaba el número de Junsu, sonaba y sonaba sin darle la más mínima oportunidad, entonces Yoochun decidió salir muy temprano de ahí, con la imagen de Changmin dormido muy marcado en sus ojos, apenas pudo hablar con Choihang y aclararle que volvería pronto pero cuando se encontró en recepción solo logró sentirse más inestable que antes.

¿Qué le podía decir?
¿Cómo podía mirarlo a la cara?

—Yoochun…— Junsu llegó con su ropa de dormir, y su mirada algo confusa, apenas las puertas del ascensor se abrieron y Yoochun volvió a caer en ese abismo horrendo de incomprensión. Era Junsu. Ese Junsu en toda su magnificencia, y la mirada de Yoochun se opacó. —Hablemos arriba.

Junsu jaló de su mano buscando una privacidad que en aquel lugar no iban a tener, pero el contacto duró poco, mientras las puertas del ascensor volvían a cerrarse, y luego el silencio mortal los abrazó.

Dentro de la habitación no había demasiado, solo las pocas cosas que Junsu había decidido traer y Park momentáneamente sintió unas intensas ganas de vomitar. De que el cielo se abriera y le permitiera una excusa valedera para no tener que alejarse de él.

—¿Entonces?— Junsu decidió darle la espalda, a unos pasos de él —¿Has venido a disculparte y decir adiós?
—No es así… Yo…

—Yo te entiendo.

Junsu machacaba una a una las excusas que pudo tener y no funcionaban, pasaba todo tan rápido que Yoochun se sintió mareado de repente, como si el cerebro lo traicionara y jugara con su estado físico. Como si incluso respirar fuera difícil.

—Junsu— Aclaró su garganta y respiró hondo —Cuando te pedí que vinieras conmigo en verdad tenía puestas muchas esperanzas en esto. Yo estaba seguro de que eras la persona indicada. Pero no puedo dejar a Changmin, yo no puedo simplemente dejar de lado a la persona por la que… No sé cómo hablar contigo sin hacerte daño.

—Yo sabía— Susurró despacio Kim —Sabía que esto terminaría así. Siempre es así, siempre me equivoco, nunca tomo las decisiones adecuadas ¡Todo pasó tan rápido! ¿Por qué no lo pude ver?

Junsu llevó las manos a su rostro. Exasperado y con un bufido que intimidó a Yoochun como pocas veces le podía pasar.

—Está bien, vete ya. Vive tu vida aquí en Corea que yo me regresó a Paris en unos días, Solo has como si nada pasó.
—Pero…

—¡¿Qué no lo entiendes?!— Gritó —Tenerte aquí, pidiendo disculpas me humilla más, me hace sentir peor. Mientras más pronto desaparezcas, más pronto te podré dejar como una mala decisión. No te quiero cerca, no quiero recordarte así, no de esta manera. No quiero recordarte en lo absoluto.

Yoochun asintió, con su boca apenas moviéndose en intentos de palabras que morían más rápido que las ideas.

—Yo nunca quise que esto terminará así.
—¿Nunca quisiste volver a verlo?

Junsu se escuchó tan lleno de resentimiento.

—Sabes que no me refiero a eso.
—Lo sé. Y no te culpo, que es lo más… terrible. Si estuviera en tú lugar, si lo amara tanto, yo que tú no lo dejaría ir de nuevo. Estas oportunidades no suelen ocurrir.

Junsu descubrió sus ojos húmedos, justo frente a Yoochun. Y a pesar de que respiró hondo su vista solo logró nublarse un poco más.

—Por favor, perdóname— Para el momento en que Yoochun se arrodilló frente a él, con las manos por delante, Junsu solo pudo desviar la mirada y borrar con sus manos las lágrimas que lo acosaban. Como si hubiera cometido el peor de los pecados —En verdad me siento horrible. No quisiera que estuvieras pasando por esto. Lo siento.

Kim mordió su labio inferior con fuerza “No llores, no te desbarates frente a él”Lograba pensar, apretando sus puños con intensidad. Yoochun siguió a sus pies un rato más y finalmente él pudo respirar hondo y suspirar.

—Vete ya Yoochun.

Park estaba ahí, de nuevo a su altura, sin saber qué hacer, ni que decir.

—Por favor cuídate mucho— Murmuró con pena —Y si necesitas algo…
—Serás la última persona a la que recurra, tenlo por seguro.

Junsu estiró un poco su mano y Yoochun asintió con sus pasos lentos a la puerta, con Junsu cruzado de brazos y la mirada lejos de él, esperando escuchar el eco de sus pasos fuera de ahí, las palabras suyas no habían alcanzado a Junsu, no había forma de que llegaran hasta él, cuando él mismo no sabía exactamente qué decir.

Salió atormentado por su corto pasado, por la sonrisa de Junsu que no recuerda la última vez que vio, con un dolor de cabeza angustiante y una felicidad encarnizada que lo hacía sentir todavía peor.

No podía simplemente dejarlo a un lado y abandonarlo ahí.
Pero tampoco podía acercarse sin que Junsu intentara la próxima vez que lo viera golpearlo.

Quería y a la vez no deseaba estar junto a él.
Temía por los pocos y escasos retazos de afecto que podía tener.




Recorrió la estancia con cuidado, Changmin procuraba no tocar demasiado para no sentirse involucrado, sin embargo veía las imágenes que permanecían repartidas por cualquier lugar, las fotografías y esos ojos que transmitían mil cosas a la vez.

Podía quedarse ahí, observando una sola de esas fotografías, tratando de descifrar a ser ese extraño que aparentemente era él y parecía tan estremecedoramente entregado a esas tres personas que parecían ser su familia sanguínea.

El lazo con Yoochun era mayor, mucho mayor, quizá por ser el único recuerdo desarrollado en su cabeza hasta la fecha y levantarse a solas fue como un terrible vacío sin ser expresado a continuación.

—Changmin— Cuando su madre, denominada así por las pruebas presentes llegó hasta él, envuelta en ese hermoso vestido y con sus pasos un poco indecisos, Changmin apretó los puños reticente ante la imagen de ella —¿Quieres hablar un rato?

Si bien sus emociones no definidas lo tenían atrapado. Changmin luchó porque su rostro no mostrar ni un ápice de esa terrible negación que quería exfoliar incluso a costa de romperle el corazón a la mujer.

—Claro.

No quería ni un poco de contacto humano desconocido, no quería sentirse mínimo e indiferente, con tan poco conocimiento que sentía que todo lo que se sentía a su alrededor eran puras mentiras. Esa desconfianza tan suya que no lo dejaba avanzar.

Contaba una a una las verdades que eran susurradas en sus oídos y pretendías separarlas y asimilarlas, tratar de darles argumentos valederos para toda esa sensación hueca y el espacio vacío de Minho, aquel que simplemente había desaparecido.

A veces Changmin pensaba que preguntar por él sería imprudente, pero de repente vagaba en sus propios desvaríos y pensaba que regresar con él movería las piezas de ese enorme juego de ajedrez. Minho no era un completo extraño en Seúl, tenía incluso a su hermano mayor aquí.

—Vamos al salón.

Choihang tomó su mano con soltura, su tacto cálido y agradable lo guio entre los pasillos vacíos y él solo pudo deslizar sus pensamientos hacía Yoochun, al hecho que lo había llevado lejos de él, dejándolo afrontar todo esto solo.

Porque podía estar ocultando sus miedos, pero de algún modo, internamente, deseaba su mano, su apoyo junto a él, lo único creíble en medio de tanto desconocimiento tan bestial que arañaba lentamente su cordura inestable.




—¡¿Dónde has estado?!

Changmin ingresó azotando la puerta de su habitación, Yoochun apenas alcanzó a terminarse de sacar la camisa que llevaba puesta cuando la mirada profundamente molesta del menor lo atravesó sin reparo, con sus puños apretados y sus cejas juntas por el enojo.

En un instante breve Yoochun se sintió acorralado, como si hubiera salido a hacer algo realmente malo y Changmin quien clamaba tanto su presencia solo lograba sentirse ofuscado y endeble al mismo tiempo.

—Tuve que salir un momento…

—¡Estuve esperando por ti!— Cuando Changmin gritó con fuerza, descubrió tarde que la pregunta anterior no necesitaba una respuesta en verdad —Esa mujer intentó hablar conmigo pero fue un absoluto fracaso, siento… que no hay ninguna conexión.

Finalmente esa fuerza intensa con la que Changmin había ingresado quedó disminuida a las cenizas y Yoochun caminó hasta él con un suspiro pequeño entre los labios, Shim era como un vacío interpolado y sus manos agarraron con ligereza los brazos de él.

—¿Hablas de tu mamá?

Changmin asintió con la mirada perdida de un lugar a otro, sin reparo ni astucia, solo despojos suaves de evitar su mirada ante el sofoco propio de la debilidad que caía sobre sus hombros. El desconcierto y el miedo envueltos por igual.

—Tendremos que buscar ayuda.

—No me vuelvas a dejar solo— Changmin se atrevió a abrazarlo, a que sus brazos rodearan a Park con débil fuerza —Eres lo único que recuerdo, lo único real— Se asqueó mientras lo pronunciaba, depender de otro lo hacía sentir infravalorado, pero Changmin solo suspiró moviendo un poco los cabellos de Yoochun ante el gesto.

Estaba envuelto por un giro constante, los recuerdos creados desde que hubiera abierto los ojos luego del accidente parecían dispersos ahora, Yoochun era lo único presente. Su único pasado al que podía mantenerse aferrado aunque su orgullo pisoteado lo odiara justo ahora, pero acorralado Changmin no podía vislumbrar la luz y sus miedos ante tantos cambios, tan rápido lo dejaban sin fuerzas y sin armas.

—No tengas miedo Changmin.

Y la manera en que Yoochun podía leerlo lo aliviaba y lo asustaba por igual.




Minho dio pasos suaves en medio de toda esa locura que eran los sujetos a su alrededor, sus ojos cansados y mitigados por los malos augurios lo llevaron hasta ahí, su corazón pequeño y destrozado lo hizo sentir más joven de lo normal. Tan pequeño e insignificante que acercarse al pequeño estado del vidrio frente a él lo hizo sentirse paralizado.

Cuando colocó la mano sobre el vidrio y observó el cuerpo de Siwon su cuerpo entero sintió el vacío emocional que venía suponiendo desde que recibió la llamada. Escuchó los susurros lejanos y una voz en su cabeza que le decía que algo debía hacer.

Madurar pronto nunca había sido lo suyo, su relación subjetiva con Changmin eran muestras de ello. Pero no era tiempo para pensar en él, solo podía sufrir del choque emocional que tenía mientras veía a la persona más saludable y fuerte que había conocido, lleno de tubos, heridas y moretones que lo hacían casi irreconocible.

Su rostro completamente ausente lo hizo sentir que el mundo se abría frente a él y Siwon, un espacio que jamás podría ser saldado, luego la realidad cumplió su cometido y las lágrimas salieron solas, sin que su expresión variara demasiado. Su corazón se adelantaba a la fisiología de su cuerpo y Minho no sabía si agradecerle o no.

Solo salían, como pequeñas gotas rebeldes que escapaban de sus ojos, tan vacío e indispuesto que sintió la imagen de Siwon marcarse en sus ojos por un tiempo indefinido.

No lo vas a olvidar” gritaba su mente y Minho le daba la razón.




—Vamos hyung.

Heechul, débil todavía no lograba entender las acciones de Sungmin. Lo había sacado de la habitación sin tomar demasiadas cosas en cuenta, como su precaria salud que podía empeorar en cualquier momento.

Y no es como si Heechul quisiera hacer muchas cosas con su vida o no, pero las acciones del más bajo le dejaban entrever algo más peligroso todavía. El miedo en sus facciones mientras lo ayudaba a acomodarse en esa habitación repleta de cinco personas más, en una habitación de uso general.

Solía jactarse siempre de poder tener una de esas habitaciones privadas, pero Sungmin lo había llevado hasta allá, un pase implícito que no terminaba de entender.

—¿Qué está sucediendo? ¿Por qué pediste que me cambiaran de habitación?
—Aquí estaremos bien. Entre tanta gente hay menos riesgo— Sungmin parecía hablar solo y a veces miraba constantemente a la puerta.

—Sungmin…
—Tienes que recuperarte pronto, hyung. Tenemos que huir, no creo que él haya muerto, no tan pronto… no tan fácilmente.

—¿De qué hablas?
—Leesang.

Los ojos se le abrieron de par en par, en un movimiento que casi lo hizo sentir mareado, pero quizá era propio de su estado precario. Mientras Sungmin seguía nervioso y casi pálido frente a él.

—¿Qué hiciste Sungmin?
—Nada— Lee lo miró a los ojos y Heechul solo intensificó su mirada —Tú solo ocúpate de mejorar pronto, hyung.

Las muñecas vendadas de Heechul dolían todavía, no las podía mover demasiado y el apetito era menor que el habitual, sin embargo Kim parecía dispuesto a ignorar lo sucedido. Sungmin parecía comprometido con la situación.

Las alas de Heechul estaban tan rasgadas como sus brazos ahora, si miraba a Sungmin por ratos, su rostro cansado evidenciaba las noches sin dormir. Heechul se sabía importante para él, pero solía ser más egoísta de lo normal ahora. Y buscaba huir. Solo eso como base principal. Inexplicable y monótono. Como eso que Sungmin parecía tan empeñado en ocultar.

Suavizó un poco sus expresiones mientras los acompañantes de los que permanecían en otras camas hacían cosas para lograr animar al otro, suponía no estar en un lugar especial, solo en el lugar que aquellos a punto de salir solían usar.

Heechul se negaba a hablar con la psicóloga, pero tenía la firme idea de mentir hasta donde pudiera, si eso le otorgaba la salida inmediata de ahí.




Un paso tras otro Jaejoong caminó. Guiado por la desesperación y la insoldable caricatura que era él dentro de sus recuerdos, como un odioso video de amor: entre sonrisas desubicadas y sutiles roces, besos menguantes y situaciones que parecían vistas a través de la pantalla de un televisor.

Las sentía tan ajenas y tan parte de él, que se terminó por rendir.

—Guardia— Habló, aún con la mirada perdida y las emociones muertas. El hombre giró con la sorpresa dibujada en sus facciones, aunque velozmente las cambió por una indiferencia renuente que Jaejoong ignoró, agarrándose fuerte de los barrotes de la celda —Estoy dispuesto a confesar.

El guardia abrió sus ojos un poco más, todavía sorprendido por el hecho de oírlo hablar desde que fuera capturado, a pesar de las constantes iniciativas de la psicóloga porque diera un paso hacía ellos.

—Iré a llamar a mi superior.
—¡Espere!— Apenas estiró su mano, saliendo de los límites de su libertad pasiva —Antes necesito pedir algo a cambio.

—¿Crees que te encuentras en posición de exigir?
—¿Tienen alguien más?— Jaejoong sonrió advirtiendo la tensión en los hombros del otro —Vamos… No es la gran cosa en realidad. Será algo muy fácil de concederme.




Cheolyong solo observó de lejos a Jihoon la manera en que se mantenía con la cabeza un poco baja escuchando con atención a la mujer un poco más bajo que había llegado de urgencia a comunicarle algo sumamente importante. Rain tenía sus brazos cruzados y una expresión seria total.

Mir se había mantenido renuente a moverse de ahí, había llegado a casa a avisar, pero mientras Rain no saliera del dichoso hospital, Cheolyong sentía con el paso de los segundos que poco a poco su presencia era cada vez más innecesaria.

Lo contempló pensar durante largos segundos, hasta luego pronunciar pocas palabras y volver junto a él. La mujer en cambio solo había asentido moviéndose velozmente de ahí. Cuando llegó, la mirada de Jihoon había cambiado un poco, parecía tratar de leer en sus ojos algo y Mir intentó no desviar la mirada.

—¿Ocurre algo?
—Es hora de que vayas a casa, Mir.
—Pero…

—Yo estoy bien— Le cortó de inmediato Jihoon —Agradezco mucho que estés aquí, pero debo quedarme con mi escuadrón y luego atender cosas importantes del departamento ya que Siwon no…— Repentinamente la lengua de Jihoon se trabó —Bueno, creo que es mejor que vayas a descansar, por favor.

Mir asintió, tratando de no convertirse en esa molestia de la cual Rain se pudiera arrepentir, había tantos huecos en medio de ese abrazo y esa repentina frialdad con la que hablaba ahora. Por eso sonrió suavemente y luego respiró hondo.

—Cuídate.

Luego de eso los latidos sonaban en su cabeza, sus palabras agotadas morían mientras salía del hospital y recién entonces se avergonzaba por sus acciones impulsivas, por lo que el resto del mundo había podido contemplar y por Rain, en toda la extensión de lo que representaba inestablemente para él.




Jaejoong entró de la peor manera aquella noche, cuando el reloj marcaba las once y algo más y el lugar estaba casi desierto, casi porque la gente no estaba en todas partes y apenas y había unos cuantos dormidos en las salas de espera. Porque las enfermeras parecían ocupadas en revisar únicamente las habitaciones y porque afortunadamente la prensa había abandonado al fin el lugar.

Sus manos apresadas por las esposas molestaban, a su lado dos policías escoltaban su paso por el lugar y Jaejoong, inseguro de lo que iba a encontrar solo pudo morder su labio y tratar de eliminar esa contradictoria sensación de malestar total que lo recorrió de pies a cabeza.

Cuando llegó, Rain estaba ahí, con algunos rasguños y su expresión seria. Parecía esperar frente a la puerta, metido en sus pensamientos, desconfiando de él plenamente. Y cuando estuvieron frente a frente, Jihoon se tomó el tiempo de analizarlo, diestramente por un par de minutos antes de atreverse a hablar.

—Diez minutos— Le aseguró —Y no estarás solo.
—Yo pedí que…
—No te puedo dejar solo con él, eres un elemento demasiado peligroso.

Saberlo no era lo mismo que reconocerlo. Y Jaejoong sintió nuevamente el deseo impune de arrodillarse si era necesario con tal de que lo dejaran pasar. Ese desconocido allá dentro, ese que había jugado con su ‘yo’ ajeno e ingenuo sin pasado ni memorias lo estaba obligando a la más grande estupidez de todas.

Pero esa parte democrática suya no se rendía y clamaba por verlo otra vez.

—Tú decides Jaejoong— Habló otra vez Rain —Te acompaño, o te vas de regreso a la jefatura.
—Pues si me regresan no diré una sola palabra.

—De todas maneras irás a la cárcel— Rain era renuente —Es tu decisión. Solo tú sales perdiendo, yo puedo encontrar a más que estén dispuestos a hablar.
—Nadie como yo.

Jihoon pareció abrir un poco más sus ojos, Jaejoong por un momento pensó ganar, sin embargo Rain respiró hondo y luego solo dejó sus palabras escapar.

—No pienso cambiar de decisión.

Y Jaejoong tuvo que resignarse una vez más, todo por culpa de él.




Así que entrar fue poco más que devastador, extraño y asfixiante.

La habitación mantenía ese sonido mortal y constante, la vida de Yunho pendiendo de ese aparatoso ruido, su cuerpo sobre aquella pequeña cama y ese tubo grueso entrando por su boca, haciendo que cerrara los ojos un instante, tan intenso verlo así que cuando la puerta tras él se cerró, no pudo evitar girar de inmediato.

Solo estaban Rain y él acompañando a Yunho esa noche, solo eran decadentes diez minutos otorgados para todo lo que le hubiera gustado decir. Jihoon se acercó serio todavía, quitándole las esposas sin apuro y mirándolo directamente a los ojos luego de contemplar a Yunho un rato más.

—Es todo lo que puedo hacer.

Murmuró sin que él alcanzar a comprender, pero cuando lo vio sentarse en la cama vacía junto a Yunho y correr una cortina, Jaejoong sintió un pequeño espacio de privacidad casi inmune, caminó aterrorizado por las heridas que veía en su cuerpo, el ojo izquierdo lo tenía hinchado ¿perdería la visión?

Su pierna estaba inmovilizada y apenas cubiertas las heridas más graves en sus costados. Caminó abstraído por el pequeño momento que le fue entregado y analizó su estado de asombro total. Había visto a gente morir a sus pies, de todas las formas posibles, los había visto agonizar inclusive. Yunho era un nombre más en su larga lista.

Pero sus manos tocaron las ásperas de Jung con cuidado y sin interponerse entre todo aquello que lo mantenía con vida ahí, su cabello y sus facciones, todo tan diferente al Yunho que pudo ver días atrás.

Acarició su rostro y notó en ese momento que su mano temblaba, que estaba tan irritadamente molesto y nervioso a la vez que solo quería poder encontrarlo despierto, pero él no hacerlo solo ponía en declive todas las cosas que pasaban por su cabeza.

—Lo siento mucho. Soy dañino para todas las personas a mi alrededor, si te hubiera conocido con mis recuerdos en su lugar, ¿te lo hubiera llegado a decir? ¿Te hubieras alejado de mí? ¿Me habría alejado yo de ti?— Arregló un poco ese cabello despeinado y trató que su boca mostrara una sonrisa —Me debes una disculpa, Yunho. Pero si hablas conmigo, ahora que se quién soy en verdad ¿te decepcionarás?

Su monólogo estaba siendo pronunciando en las voz más baja que encontró. Yunho seguía sin mostrar reacción alguna y Jaejoong solo podía respirar hondo y olvidar como llorar.

—Llegó la hora de hacer lo correcto, aunque yo nunca creí en eso— Bufó de repente, alzando la mirada ante el blanco techo del lugar —En realidad yo solo quería huir y hacer como si mi pasado no hubiera existido jamás. Ahora es difícil con la policía sobre mí ¿no?

Rió repentinamente, tapando un poco su boca y luego volvió a respirar profundo, evitando tocar demasiado a Jung, porque su cuerpo parecía delicado incluso ante el más mínimo toque. —Si hago lo correcto, alguien como tú… ¿me podría llegar a querer?

La sonrisa tembló de repente y luego sacudió la cabeza con fuerza —¿Pero qué estupideces estoy diciendo?— Sonrió un poco más confiado y apretó deliberadamente la mano de Yunho —Si despiertas espero que te digan que estoy haciendo las cosas bien, y quizá así te atrevas a mirarme a la cara otra vez. Aunque sea para decirme adiós. Si estás vivo no me importa si te vas a otro país u otro continente ¿me oyes?— Jaejoong sintió la respiración fallarle porque fue incluso hasta inestable —Dentro de la cárcel de todas maneras no te voy a poder ver. Solo recupérate por favor, Boa seguramente ha de estar viajando para acá, ¿lo recuerdas? Ella siempre decía que nos veíamos realmente bien juntos.

Los recuerdos de sus paso jugaron deliciosamente con su presente, la imagen de ella tan presente en su cabeza mientras Yunho seguía inmóvil y sin parpadear.

—Yo nunca te lo dije… Pero eso me pareció tan real, como un anuncio del destino. Ya sabes, mi otro yo, sin memoria, que era un ridículo de lo peor. Este yo, el Jaejoong de verdad, con sus recuerdos y experiencias completas ¿te agradará? ¿Le seguiré agradando a Boa? Yunho… ¿recuerdas aquel globo que hiciste llegar hasta mí? Seguro ya reventó, pero ese es el mejor de los recuerdos que tengo, ahora, consciente de toda mi vida, te lo puedo decir: es mi más preciado recuerdo. Lo simboliza todo para mí. Y justo ahora quiero que ese deseo que pedí meses atrás se cumpla, que se haga realidad.

Se cansó de esas emociones revoloteando por todas partes en su interior y sencillamente pasó una mano por su rostro cuando al fin vio a Jihoon moverse, el tiempo se le había agotado demasiado pronto y Jaejoong únicamente quería quedarse ahí, junto a él hasta que llegara a despertar, pero su realidad lo alejaba cada día un paso a más.

—Despierta pronto por favor.

Besó sus labios sin reparo, con un toque breve a pesar de las heridas limpias que tenía Jung, luego solo dejó otro suspiro leve escapar. Y apretó sus puños sin cuidado. Trató de borrar esas expresiones de su rostro y que todo ese dolor se mitigara dentro de él.

—Ya es hora— Jihoon trató de sonar suave mientras abría las cortinas y miraba a Yunho una vez más —Espero que cumplas con tu palabra.
—Lo haré.


Las esposas volvieron a él, y su caminar fuera de la habitación fue más pesado de lo habitual, lo miró por última vez, justo antes de que la puerta se volviera a abrir y deseó, que el tiempo lo dejara llegar hasta él otra vez.

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