Memorias Prohibidas - Cap. 12

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Se han terminado las horas.

Yoochun se sentía incómodo, o tal vez incómodo no era la palabra adecuada.

Era simple inconformidad consigo mismo, hace tanto tiempo que no hacía aquello, que no salía a pasear con la firme intención de que el otro la pasara incluso mejor que él, hace tanto que no salía con la intención de querer conquistar unos ojos que lo miraran solo a él.

Resultaba lejana la imagen de querer sorprenderlo, porque Changmin fue difícil, esos ojos acostumbrados a todas las comodidades y virtudes, el niño rico y educado que siempre fue capturado por la buena vida.

Yoochun en aquella época se preocupaba por tenerlo cerca porque había algo en él que lo atraía irremediablemente, incluso no había pensado en una atracción corporal o sentimental, solo una atracción a lo desconocido, tan vacío como eso.

Sin embargo en algún momento del camino Changmin se había cerrado a él.
Su mundo se había convertido en esos ojos y luego no necesito de nada más.

En aquellos tiempos estar con Changmin lo era todo, no se esforzaba y la convivencia era natural, tanto que el no tenerlo cerca era como un vacío aletargado que le provocaba lágrimas y lamentos.

Se había acostumbrado tanto a su presencia, a su afecto, que a veces le gustaba pensar que solo estaba esperando por él durante un tiempo indeterminado.

—¿Esperaste demasiado?

Pero Junsu llegó cortando sus pensamientos, rasgándolos de golpe con su sola sonrisa y la imagen agradable que le entregó cuando lo tomó por sorpresa esperando por él.

—No, la verdad no.
—Eso es bueno— Sonrió Junsu –Cuando te vi creí que mi reloj estaba mal.
—Quise esperarte un rato. Creo que me alisté antes de tiempo.

Rascó su nuca avergonzado y Junsu sonrió un poco más, parecía inseguro, igual que él. Pero Yoochun sacudió sus pensamientos y respiró hondo. Tratando que el clima se aligerara y al menos sus pensamientos se evaporaran.

—Vamos, tenemos reservación.

Junsu asintió por inercia, sintiendo su corazón latir apresurado aunque no tuviera la intención, la imagen reluciente de Yoochun era como un regalo, plácido y confortante a sus ojos, de creer al menos que estaba haciendo lo correcto.




—Yoochun…

Susurró mientras miraba el artilugio entre sus manos, fue su voz irreconocible entre la semi oscuridad  de la habitación, sus ojos fijos en las letras y los suspiros que salían de su boca parecían hacerle compañía.

Reconoció su rostro y la revista a sus pies, sobre la cama, parecía no tocarlo apropósito, entonces encogía sus piernas un poco más y se abrazaba a ella porque todavía tenía miedo, escuchaba su voz y veía su sonrisa como un auto reflejo.

—Es como una necesidad…

No había nada que se le pudiera asemejar, entre un proceso de desesperación y paz. Como si su solo rostro fuera capaz de calmarlo todo pero el no recordarlo lo pusiera al borde de un precipicio y ahí todo se cegaba.

Vacío sus impresiones otra vez. Esperó que la mente se aclarara al menos un poco y sin embargo nada más le fue regalado luego de ese rostro, entonces agarró la revista entre sus manos, fijó sus ojos en esa fotografía, en el rostro del hombre frente a él, como si quisiera grabarlo en sus retinas para que no se le olvidara nunca más.

Yoochun parecía tan ajeno de repente, no podía recordarlo, no sabía su nombre completo, su tono de voz, su risa o sus palabras de cada día, le hacían faltas tantas cosas de él, que trató con vertiginosidad que la fotografía al menos le dedicara una sola respuesta, aunque esta nunca llegó.

Yoochun seguían infamemente lejano a él.
Pero lo sentía tan cerca por igual, que empezaba a doler.




—Jaejoong…
—¿Mmh?

Esos ojos lo miraron en medio de la oscuridad, podía ver incluso sus pestañas, sus ojos al cerrarse cuando se dedicaba a parpadear. Fue una imagen sutil y tranquila frente a él, le regalo paz y seguridad, incluso tomó sus manos bajo las sábanas, pero otra vez se acobardó.

—¿Por qué me quieres así?
—¿Por qué la pregunta?

Yunho apenas se movió, intentó que sus hombros se alzaran y Jaejoong sonrió, pegó su rostro al pecho de Jung y suspiró, acariciando con sus manos la poca extensión de piel que tenía a su disposición.

—Últimamente estás actuando muy extraño Yunho.
—Se me acaba el tiempo.

—¿Te refieres a las sesiones?
—No— Ni siquiera se detuvo a pensar en sus palabras y pronto los ojos curiosos de Jaejoong se alzaron –Hay algo de lo que debemos hablar. Es importante.

Kim ni siquiera lo pensó más, se levantó de la cómoda cama, dejó su pecho al descubierto mientras la sábana resbalaba de su piel y Yunho no parecía con mucha intención de continuar.

—Dime… Necesito saber porque estás actuando así.
—Es respecto al caso, a tus recuerdos.

—¿El accidente?— Jaejoong parpadeó veloz —¿Saben algo más de ese muchacho? ¿De quién me hizo esto o algo así?
—La razón por la que Mir te persigue.

En esta ocasión Jaejoong frunció el ceño.

—¿Mir?
—El hermano del muchacho que murió en el accidente.
—¿Y por qué me perseguiría?

Yunho entonces optó por levantarse también, miró los ojos de Jaejoong, expectantes y poco relajados, anhelaba esas respuestas que le eran cortas. Pero la noche apenas le permitía a Jaejoong observar ese rostro de Yunho que se comprimía con cada emoción.

—Mir tiene ideas equivocadas, él piensa que tú…
—¿Yo qué?

Jung paraba a ratos, la exasperación de Jaejoong subía a niveles extraños.
Pero Yunho solo mordía su labio y bajaba la cabeza.

Sin embargo nada sucedió, al menos no salieron palabras de la boca de Yunho, solo lo atrajo a su cuerpo y lo abrazó, hundió la quijada en su hombro y suspiró. Jaejoong esperó un rato, esperó que continuara con su corta revelación, pero nada pasó.

Y se cansó de esperar.
Cerró los brazos en la espalda de él, tratando de entender un poco de esa angustia que rodeaba al hombre que parecía callar cada que lo miraba a los ojos.

—Te voy a proteger Jaejoong. Pase lo que pase.

Jaejoong ya no preguntó más, porque las reacciones de Jung a veces lo confundían, a veces lo hundían más. Entonces cuando Yunho callaba a él solo se le creaban historias locas en la cabeza, pero si Yunho decía que lo iba a proteger, si se lo aseguraba y lo abrazaba con esa necesidad, Jaejoong igual que siempre, igual que cada día, le iba a creer.

Y confiaría en él, pase lo que pase.




—Caminar por las plazas de París durante las noches es hermoso.
—¿No dejas de trabajar ni siquiera durante nuestra cita?

Junsu dejó escapar una risa, las palabras de Yoochun calaron dentro de él, caminó a su lado una vez más, entre la pequeña multitud de personas y las pequeñas atracciones que habían, pasaron cerca del mimo que regalaba rosas y junto a la mujer que recitaba poemas, era como una pequeña maravilla por la que valía la pena caminar.

Yoochun de pronto se había detenido, frente a la muchacha sonriente que ofertaba sus pinturas sin problemas. Yoochun estaba ahí, perfectamente agachado frente a la pintura de un muchacho de cabello corto mirando por la ventana. Los ojos de Yoochun recorrían la pintura con lentitud y tenía una de esas sonrisas que Junsu no había tenido la oportunidad de presenciar.

—¿Piensas comprarla?
—¿Eh?— Yoochun despertó bruscamente de sus pensamientos –Oh, no. No lo creo— Su voz sonaba a melancolía –Solo me recordó a alguien.

—¿En serio? ¿A quién?

Junsu preguntaba ingenuo, sus ojos ahora mirando con curiosidad la pintura, pero Yoochun no se atrevió a más, decir lo que pensaba era arruinarlo todo, pero ocultar a Changmin en medio de sus pensamientos era más difícil todavía.

Todo le recordaba a él.

—Un amigo— Mintió –Solía sentarse así en la ventana.
—Oh… ¿Y se parece a él?

Yoochun mordió su lengua otra vez –Un poco.

Si tenía suerte o no sus pensamientos burbujeaban en medio de la indecisión. Junsu se alejó y volvió a caminar, sonriéndole para que siguieran su pequeño recorrido, sus ojos miraron la pintura una vez más y el alma se apagó.

¿Se había equivocado al pedirle esa cita a Junsu?

Tal vez era demasiado pronto.
Y su mente no le perdonaba la traición a Changmin.

—¡Hey, Park Yoochun!— Gritó divertido el menor —¿No piensas venir?

La sonrisa de Junsu lo animó y camino hacia él, con las manos en los bolsillos, con esos pasos lentos que casi no querían llegar hasta él. Mareado todavía entre sus conclusiones y especulaciones propias a sus emociones.



—¿Te sientes mejor?

Mir se dejó consentir un poco más, las manos de Joon acariciaban suavemente su cabello, mientras la voz del mayor lo hacía sentir pequeño otra vez. Se acurrucó un poco mejor entre sus brazos y pretendió que un suspiro dejaba a su alma descansar.

—No lo sé…
—¿Por qué viniste a Japón?— Joon sonaba interesado –Dudo que haya sido solo por un abrazo.

—Te extrañaba hyung ¿qué hay de malo en eso?
—Que no te creo.

Fue cuestión de segundos antes de que Mir se apretara un poco más al cuerpo de él y suspirara como si no se cansara de hacerlo –El aire de Seúl no es bueno ahora, necesitaba un poco de calma, alejarme de todo y que me consintieran un poco.

Joon sonrió, teniendo entre sus brazos al menor que casi era como otro hermano pequeño más. Sabía de Changmin de la forma en que su muerte logró sucumbir la vida de todos y la inestabilidad en Mir.

—Descansa…— Susurró tranquilo, ofreciéndole esa pequeña paz que no tenía hace mucho –Que aunque no te hayas quedado mucho tiempo, espero que mis abrazos te hagan un poco más amena la vida.

—Lo sé hyung…— Susurró el menor al borde del sueño –Solo quiero un poco de calma para tener que afrontarlo todo una vez más.

Joon suspiró, sintiendo el agarre del otro perder fuerza con el paso del tiempo. Su cuerpo adormecido y su respiración pausada. Lentamente descansando junto a él.



Cuando Minho ingresó al fin, era algo tarde, le dio su espacio y tiempo, su mundo pequeño para que Changmin explorara tranquilo. Aunque su miedo latente siguiera ahí, cuando golpeó la puerta suave y el otro no respondió, Minho creyó importante entrar.

Changmin estaba en la cama, doblado o eso parecía, estaba con su cuerpo ligeramente contraído, la revista reposaba junto a su cuerpo y Changmin se abrazaba a una almohada sin problemas, con su rostro indescriptiblemente tranquilo.

Tenía entre sus manos el colgante, lo apretaba con tanta fuerza que el corazón de Choi sufrió un poco más, suspiró débilmente, estirando la sábana sobre el cuerpo del mayor para arroparlo. Alejó la revista sobre la cama y lo vio por un largo rato.

Tenía frente a él los pocos pasos de felicidad que le quedan, su mano rozó el rostro suave de Changmin, su expresión dormida y tranquila, seguía apretando la almohada y esperaba que esa noche no sufriera de pesadillas, que al menos el recuerdo de Yoochun lo ayudara a descansar como es debido.




—Era mi deber, sería un mal guía si te perdías por ahí.

Yoochun sonrió, esa expresión que Junsu le estaba regalando estaba un poco más allá de lo aceptable. Sus emociones se vertían sobre él y sin embargo continuaba ahí, parado frente a él sin saber muy bien que hacer, porque había ido a cenar, habían caminado por la plaza, había encontrado un punto perfecto de tranquilidad pero seguía estando igual que al inicio.

—Bueno, supongo que estas no son tus horas de trabajo.
—De todas formas me quedaba camino a casa.

Junsu señaló un lugar vago, una dirección sin lucha propia mientras Yoochun asintió.
Si le daba un beso, probablemente no estaría mal y esa boca de Junsu seguramente esperaba que diera el paso porque sus propias inseguridades lo allanaban tanto incluso Kim lo podía notar.

Pero si se quedaba sin mover, entonces todo podría dar un paso hacía atrás.
Al final… Quizá si se apresuró demasiado.

—¿Nos vemos mañana?

Junsu había levantado la mirada sorprendido, pero le regalo otra de esas sonrisas pequeñas y ligeras, que fácilmente podía restaurar sus seguridades de a poco.

—Claro, me llamas y me avisas— Junsu alzó su mano un poco –Nos vemos entonces.

Yoochun imitó el gesto, su mano en alto como señal de despedida aunque la incomodidad repercutía de maneras extrañas todavía. Lo miró caminar hasta el ascensor, Junsu incluso lo miró un momento más antes de ingresar en él y Yoochun sonrió, amable y confiado, agitó su mano una vez más  y Junsu dejó una sonrisa escapar.

Pero cuando desapareció de su vista el mundo se volvió a clausurar para él.

Hay cosas que no podemos evitar, si en algún momento nos separamos… Inevitablemente te olvidarás de mí y armarás una vida nueva

Changmin golpeaba dentro de su cabeza, con esa voz extrañamente cerca de su oído, con esa expresión sumisa y poco casual, recordaba cada cosa de ese momento de sus propias palabras pidiéndole que no hablara tonterías, porque siempre iban a estar ahí para él.

Se deshacía entre recuerdos y promesas que habían quedado a medias, se dejó caer. Arrimado en la puerta dentro la habitación parecía haber sido arreglada como cada día, pero Yoochun esta vez no alcanzó a llegar a ningún lugar. Solo dejó su cuerpo reposar en el suelo.

Sus piernas estaban dobladas, fue fácil hundir la quijada en sus rodillas y cerrar los ojos. Como si sintiera la presencia de Changmin tan cerca de su cuerpo suspiró y en algún momento que no alcanzó a medir, sus lágrimas salieron solas, en un silencio mortal y desconocido que lo hizo hundirse un poco más, con ese inestable sin sabor que tenía desde el amanecer.




Para Heechul había sido la primera vez, había matado sus fantasmas por más de cuatro horas, hablando de nada y al mismo tiempo de todo con Siwon, extrañamente aferrado al hombre que de pronto lo invitó a caminar, se vio sentado en una banca cualquiera conversando de nimiedades mientras el otro solo parecía entretenido en retenerlo un rato más. Heechul no se quejaba, porque le placía un poco de esa paz.

—Es tarde— Comentó Choi cuando las calles se empezaron a vaciar y Heechul bostezo por sexta ocasión –Es hora de ir a casa.
—Casa…— Heechul ni siquiera fue consciente del suspiro en sus labios –Debe ser agradable.

—¿El qué?
—Tener una casa a la cual regresar.

Siwon estaba vez suavizó sus expresiones, miró al mayor de reojo y notó su mirada repentinamente perdida, sus manos juntas por el frío y la sonrisa de sus labios, esa que no parecía ser la adecuada.

—¿No la tienes?
—Soy huérfano— Admitió sin problemas –Nunca la tuve.

Levemente Siwon se vio afectado por esa respuesta, por lo que Heechul representaba y esa sensación propia de querer rescatar al menos algo de alma en ese ser.

—Todos tenemos un hogar, un lugar al que regresar.
—No cuando tomas las decisiones equivocadas— Heechul había bajado la mirada, jugaba con las mangas de su abrigo y susurraba –Yo me equivoqué, y ya no puedo cambiar las cosas.

—Siempre se pueden cambiar las cosas.
—Ese es un pensamiento muy positivo— Kim de pronto mostró una sonrisa, alzando su rostro directo a los ojos del menor –Por eso me agradas, aún pareces tener esperanza.

—¿Tú no?
—¿Te has dado cuenta que hemos hablado por horas y ni siquiera sabemos bien que es el otro? ¿Qué haces? ¿A qué te dedicas? Tú familia…

Siwon descubrió de repente que era muy fácil dejarse llevar por Heechul, notó su interés por cambiar de tema, por huir de aquello que aún no lo dejaba ingresar en su vida, y entonces sonrió.

—Tengo un hermano menor— Dijo Siwon –Pero no vive en Seúl.
—Oh, ¿en serio?— Heechul rio bajito –De seguro es una cosa tierna.

—¿Por qué lo dices?
—Porque tú eres todo lo contrario, así que seguramente él es lindo.

Siwon rodó los ojos imprevisiblemente y Heechul rio con más ganas en esta ocasión, sentado junto a él mientras oscurecía un poco más a cada minuto y  dejaba las incongruencias del mayor pasar. Viviendo con esa improvisación que antes no había sido capaz de vivir.



Jihoon pudo darse cuenta que había amanecido cuando el sol entró por la ventana de su oficina, la noche había sido corta a su parecer, entre los papeles que uno de los detectives le había entregado, sus ojos cansados habían podido encontrar los movimientos exactos de Kim Jaejoong aquella mañana meses atrás.

Le dolía el cuello y se encontraba más cansado de lo habitual pero Changmin seguía siendo un misterio a sus ojos. Su desaparecimiento y probable muerte seguía siendo la condena para Kim y los números trabajos que parecía haber realizado para Leesang.

Kim Jaejoong estaba hasta el cuello y el momento de papeles en su oficina solo lograban hundirlo un poco más. En cuanto escuchó un poco de movimiento fuera de la oficina suspiró, se permitió descansar sobre el escritorio un rato más, pero fue cuestión de segundos para que los minutos se le fueran de las manos.

Cuando volvió a abrir los ojos daban casi las nueve de la mañana y el ruido fuera era un poco más previsible, no se molestó en arreglar un poco su estado, abrió la puerta y miró entre los escritorios.

Yunho estaba ahí, agarraba a Siwon de la espalda mientras le hablaba muy de cerca con una sonrisa en el rostro y Choi solamente rodaba los ojos revisando un montón de papeles entre sus manos.

—Kang por favor tráeme una taza de café bien cargado.
—Enseguida.

La mujer se movió rápido y Rain únicamente alzó su mano para que los otros dos muchachos se acercaran. Segundos después, Yunho cerraba la puerta detrás de él y Siwon miraba con reprobación todo el desorden en el que se había convertido su oficina.

—¿Qué es todo esto?
—Siwon deja esa cara, tengo información importante. Las cosas están empezando a cerrar.

Yunho recorrió el escritorio con cuidado, sus manos cuidadosamente tocaban un par de papeles que había y miraba las fotos. Especialmente aquellas que Rain tenía contra la pizarra. Sus ojos se abrieron de par en par.

—Ya no hay duda, fue Jaejoong. Leesang lo envío personalmente. Kim Jaejoong no era cualquier persona. Heechul es ese amor obsesivo que ese tipo tiene, pero Jaejoong era su mano derecha, su hombre de confianza, aquel que realizaba los movimientos más importantes y reservados.

Las fotografías iban desde Jaejoong en diferentes perspectivas, sus ropas costosas y elegantes, siempre junto a Leesang, hablando cerca de su oído, con costosos autos y propiedades, en ese rostro vacío y frío en el que había sido capturado.

Ese no era Jaejoong, no el que él conocía.

—¿Quieres decir que Leesang podía desconfiar de Heechul pero no de Jaejoong?
—Así es, confiaba ciegamente en él y si me permiten escudriñar… Puede que incluso el mismo Jaejoong esté fingiendo.

El rostro de Yunho regresó de inmediato hacía los otros dos.

—¿Tú has notado algo?— Siwon se dirigió directo hacía él –Durante las sesiones o algo así.
—No creo que esté fingiendo.

Choi frunció el ceño –No le estoy preguntando a Yunho lo que piensa, se lo estoy preguntando al profesional.
—No lo sé…— Yunho entonces prefirió haber mordido su lengua –Es demasiado real, no creo que esté fingiendo.

—Donde ese tipo nos golpee por la espalda, y tú no nos des aviso ¿sabes lo que eso significa?— Siwon de pronto había congelado sus expresiones como si su estupendo buen ánimo hubiera desaparecido de repente –Es una investigación de años. Tenemos más de seis años siguiéndole la pista a Leesang.

—Lo sé Siwon— Yunho frunció su ceño también –Lo sé muy bien.

De pronto la imagen de Jaejoong dejó de pintar a colores.
¿Y si los estaba engañando?
¿Y si todo este tiempo solo había caído como idiota ante él?




—¡Yoochun!

Despertó bruscamente, sudaba de pies a cabeza y la sábana se escurrió por su cuerpo con pretensión de dejarlo libre al fin, no recordaba muy bien el momento exacto en que llegó a la cama, solo podía recordar a Changmin, gritando frente a él con desesperación mientras estiraba su mano y él no alcanzaba a llegar.

Changmin caía y Yoochun se hundía en la desesperación acostumbrada, su nombre dicho a gritos por esa voz que tan bien la reconocían sus sentidos, limpió el rastro de sudor en su frente y suspiró, mirando la hora del celular.

—Es temprano…— Murmuró tranquilo y luego agitó sus cabellos –No puedo seguir así.

Sin embargo su cuerpo parecía necio a reaccionar, sentía que caía todavía, la piel encrespada y el pulso acelerado, de nuevo esas pesadillas, otra vez Changmin clamando su presencia aunque su voz lo atormentara y lo tuviera al borde de un abismo no muy claro para él.




—Sí, por favor— Changmin dio pasos ligeros sobre el suelo, con cuidado se acercó hasta la sala donde la voz de Minho se escuchaba, lo encontró de espaldas, mirando un cuadro cualquiera en la sala de estar, con el teléfono entre las manos –Voy a viajar a Seúl unos días, hazte cargo de mi lancha por ese tiempo.

Los ojos de Shim se abrieron de par en par, sintió su estómago revolverse inclusive, como si el corazón llevara una maratón propia que él no era capaz de controlar, Minho habló solo unos minutos más y luego giró, encontrándose directamente con él.

—¿Irás a Seúl?— Preguntó despacio pero Minho solo sonrió.
—Iremos, Changmin— Cuando lo vio acercarse, Changmin sintió sus propias alertas despiertas, las manos de Minho buscaron las suyas y él solo se alejó.

Aunque Minho no dijo nada y fingió muy bien no haberlo notado. Changmin quiso golpearse por esa reacción extraña. Choi sonrió. Ligera y casualmente, abriéndose paso hacía la cocina casi sin mediar palabras y entonces Changmin se rindió frente a él, lo abrazo por la espalda y cerró muy bien los ojos.

—Lo siento mucho— Dijo despacio –Aún estoy muy confundido.
—Lo sé— Minho acarició sus manos con cuidado –No quiero presionarte.

Changmin asintió esperando que Minho entendiera el gesto y prefirió quedarse así, un rato más mientras pagaba por sus culpas ante él y su corazón borbotaba furioso ante el regocijo propio de saber cómo había sido su vida antes de él.



Siwon congestionaba todavía sus pensamientos, había conducido lo más veloz que podía, con sus pensamientos arrebolados en él, en sus acciones, en sus extrañas actitudes. Choi Siwon no era hombre de creer en las casualidades, mucho menos en los regalos divinos.

Si Jaejoong podía perfectamente fingir haber perdido la memoria, Kim Heechul podía entonces también acercarse a él con doble intención. Sus pasos fueron veloces, sin saber cómo enfrentarlo en realidad, dejar al descubierto que era policía cerraba sus posibilidades de ayudarlo a escapar de Leesang, a menos que el mismo Heechul estuviera jugando contra él.

Se detuvo en el portón del edificio de Heechul, estacionando el auto sin mucho cuidado.
Sus ideas no tomaban formas todavía, y Heechul parecía un ente ajeno que no podía jugar en su propia cuenta cuando lo que más deseaba era huir de él.

Sintió ese escalofrío propio del miedo, y dudó, un rato más. Porque enfrentarlo era arruinarlo todo y sus instintos clamaban por algo de clemencia contra sí mismo. Cuando las puertas del ascensor se abrieron los cabellos rojos y rebeldes del muchacho frente a él fue lo primero que observó, y como pocas veces, decidió ignorarlo.

Hyukjae en cambio lo miró en verdad, la analizó brevemente en cada estado que podía detectar el lugar donde lo había visto antes, lo sabía y su memoria rara vez le fallaba, vio su espalda ancha, su cabello corto y su porte serio e imponente.


Pocas veces Hyukjae miraba demasiado a otro ser, luego mordió su labio inferior y caminó. Jugando esas estrategias en su cabeza, sabía a la perfección dónde lo había visto anteriormente, entonces sacó su celular y marcó el número de Leesang, que a tanta perfección conocía.

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