Memorias Prohibidas - Cap. 15

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Esperó, ese tardío reflejo opaco de luz.
Los tacos de la mujer se escuchaban a lo largo de la habitación. Jaejoong no se acostumbraba, nunca iba a hacerlo, encogido en aquel lugar, abrazado a sus piernas vio la puerta abrirse y esporádicos como nunca antes vinieron a su mente los recuerdos de horas atrás. Los golpes: uno tras otro sobre su puerta y finalmente sus muñecas apresadas por aquellas esposas, la vergüenza, la incomprensión y el sin sabor de no poder ver a Yunho, de pensar aunque quisiera colgarse por hacerlo.

Ella entró, dentro de su ropa pulcra y lo suficientemente decente como para mirarlo con pretendida comprensión y sus lentes cayendo sutilmente por el puente de la nariz. Tenía los ojos marcados por la experiencia y una boca pequeña que apenas se abría cuando le dirigía la palabra.

Jaejoong no confío en ella un segundo, ni en los títulos de psicología que decía tener, ni en su voz suave y las veces que intentó sacarle palabra alguna. Sencillamente se quedó ahí, justamente como lo había hecho desde que esas rejas lo hundieran sin salida, sin poder ver la luz del sol.

—Jaejoong…— Le volvió a hablar, con el mismo ritmo pausado de su voz —Sino me dejas ayudarte, no podremos avanzar.

Pero Jaejoong solo desvió la mirada, ella suspiró y pronto el aroma dulce de su perfume abandonó el lugar. Tan rápidamente como llegó, la mujer solo abandonó resignada y suspiró, mirándolo de reojo mientras le abrían las rejas y él solo sentía su profunda mirada. Oscura y determinada a la vez.

—Volveré pronto, pero espero que hayas pensado mejor las cosas.




—Maldita sea…— Yunho exhaló con fuerza y torció sus gestos, como si el licor apaciguara una paz que no podía ser encontrada. Pero Siwon a su lado únicamente repitió el mismo movimiento de sus manos, llevando el vodka a su boca y realizando muecas después de ello.

Jung lo miró, como si lo descubriera de repente. Pero Choi estaba inmune, con su uniforme correctamente puesto y su mirada más perdida de lo habitual mientras parecía estar empecinado igual que él por borrar lo que pudiera de ese día.

Conocía a Siwon en base a los años de experiencia en el departamento de policía. Su posición siempre seria y determinada. Los logros que portaba con orgullo y su mirada escrutiñadora para lograr todo lo que se proponía. Esperó un rato, el instante adecuado porque él lo mirara y pudiera descubrir un poco de ese estado tan fuera de lo común en el menor.

—¿Por qué tú ganas de beber?— Terminó preguntando cuando las conclusiones no llegaron por si solas hasta él —Tú nunca bebes así.
—Ha sido un día difícil.

—No creo que sea igual que para mí.

Se dejó al descubierto, bebiendo otro poco de vodka mientras el sabor amargo resbalaba por su garganta y el otro solo parpadeaba confundido. Yunho de pronto sintió que incluso el olor del vaso lo mareaba y restaba ganas de continuar.

—¿Por qué?— Preguntó unos segundos después Siwon, sus ojos perdidos todavía —Al fin terminó tú suplicio con Kim Jaejoong ¿no?
—Él es el motivo absoluto de mis problemas.

El vaso se estacionó con fuerza en el mesón y Siwon sacudió su cabeza.

—Disculpa, ¿qué?

—Cometí un error tras otro, Siwon…— Las penas de su pecho golpetearon consecutivamente, buscaban ser expulsadas, y Choi era lo más cercano que tenía. Lo más confiable a sus ojos —No debí involucrarme e incluso cuando me di cuenta de que no estaba haciendo las cosas como debía… Aun así… No dejé de acercarme, soy un absoluto imbécil. Pero él era como…

—…Como sino pudieras dejar de mirarlo, porque inexplicablemente todas tus barreras solo desaparecían— Que Siwon bajara la mirada, que susurrara sus palabras con aquel aliento a licor, hizo sentir a Yunho un poco menos desafortunado —Tu lo mirabas y él te miraba analizando tu alma entera.

—Era perder sin intentar ganar.

Yunho observó entonces esos ojos de Siwon alzarse hasta él. Otra vez esa sensación esparcida en su interior. Quemaba igual que vodka pasando por su sistema, pero era diferente al encontrar la similitud, al notar los ojos vacíos de Choi.

—¿Quién es?
—Kim Heechul.

Yunho dejó que una sonrisa atravesara sus labios, su cabeza confundida formando teorías comprensibles que Siwon captó sin el menor problema.

—¿Tú crees que fuimos estúpidamente usados?
—Es lo más probable.

Aceptarlo dolía un poco más. Yunho tenía esa sensación de estar caminando en reversa cuando lo miraba, cuando escuchó en boca de los demás que Jaejoong había llegado y había sido encarcelado, que una psicóloga real hablaría con él para tratar su caso, pero Yunho se habían enfundado en sus confusiones y ese amor in extremis que profesaba por él.

—Ha sido el peor día de mi vida…— Siwon pronto se colgó de su hombro y susurró las palabras cerca de su oído, a punto de desfallecer y con sus palabras mal sonadas cerca de terminar en espasmos —Solo quiero abrir los ojos y olvidarme de él. Lo quiero de verdad, quiero que desaparezca como llegó— Siwon agitó sus manos con un bufido de sus labios —Quiero que desaparezca en medio de la nada y me deje en paz.

—No es tan fácil… Ser adulto significa cargar con el peso de tus decisiones. Y Jaejoong fue una decisión que tome hace mucho tiempo.

Ni siquiera estuvo muy consciente de en qué momento Siwon se había emborrachado más que él. Solo sintió que era su deber palmear la espalda de Choi mientras este murmuraba cosas poco entendibles. Tal vez hablar de Jaejoong lo traía de regreso a la realidad.

O simplemente su vida acortada por los hechos, le revolvían la poca esperanza que quedaba en él. Esa pérdida en medio de la oscuridad, apartada exclusivamente para él y su historia con Jaejoong.




Había sido un caos total a su alrededor.

Tan fácil se había ido Changmin de su lado, que el vacío era un hueco vacío entre su pecho y el aire que no parecía llegar a sus pulmones, como si la vida llegara a darle una fuerte bofeteada por ser tan ingenuo y pensar que podía llegar a tener un retazo, por mínimo que este fuera, de la vida del mayor que ahora seguramente ni pensaba en él.

Todo se movió muy pronto, de pronto llegaba ese muchacho agarrando a Changmin, mirándolo a la cara, tocando su rostro, como si sus ojos pudieran descifrar un código secreto entre ambos. Y esas lágrimas no podían ser falsas. Ese rostro aferrado a la esperanza en tanto lo abrazaba con fuerza y Changmin lo miraba esperando que le dijera que hacer.

Pero Minho había estado más paralizado que él, luego la policía había llegado, un muchacho joven siendo custodiado entre algunos policías, y notó por supuesto que notó la manera en que Changmin y aquel hombre cruzaron miradas. Changmin parecía seguir vacío pero el otro se confundió y luego todo fue caos.

Uno de los agentes se había acercado, el joven aferrado a Changmin había logrado alejarlo todo mientras jalaba a Changmin aún más lejos de él, entonces la policía rodeó a Changmin y luego de eso no lo volvió a ver más.

Llevaba sentado en aquella silla más de media hora, sintiéndose más pequeño de lo habitual. Esperando porque Siwon apareciera en cualquier rato o que al menos Changmin diera muestras de vida.

Pero no sucedía nada, y el celular en sus manos le indicaba la hora que lograba ponerlo más nervioso todavía.

—Disculpa— Es agitada mujer, de rasgos finos y definidos se paró frente a  él y lo miro con los ojos rojos, seguramente a punto de derramar lágrimas —¿Tú eres quien llegó con Changmin?

Luego Minho solo recordaría el dolor de estómago tan intenso que lo hizo sonreír tan falsamente como podía. Egoísta y cruel, solo podía pensar en estarlo perdiendo tan velozmente que hasta su vacío repentino parecía un castigo justo.




No entendía mucho de lo que sucedía, de repente estaba junto a Minho ingresando a la estación de policía, y de pronto se encontraba encerrado en la oficina de uno de los policía a cargo. Miró el lugar confundido y nervioso, sus manos se movían y esperaba por ese joven, por aquel que había saltado hasta él y lo miraba con la esperanza en la mirada.

Habían llegado a revisarlo, un doctor que había hecho su trabajo bastante rápido o era quizá el encontrarse en perfecto estado. Pero su memoria vacía únicamente lo había hecho asentir con un gesto comprensivo y profesional antes de que lo dejaran solo otra vez. Y finalmente lo trasladaran a una oficina extraña para él.

—Bien, Changmin— Finalmente apareció uno de los oficiales, todavía con su chaleco puesto y una expresión cansada en el rostro —Mi nombre es Jung Jihoon. Soy detective y no tienes la menor idea de lo afortunado que eres.

Apenas asintió, reconociendo cada expresión en el rostro de mayor. Desde alivio hasta empatía por su confusión y estado de desconfianza.

—¿Quieres que hablemos un poco de todo lo que está ocurriendo?
—Se lo agradecería muchísimo— Soltó aliviado, acercándose un poco más al borde de su asiento para poder mirarlo a la cara —Primeramente me gustaría saber quién era ese muchacho que me reconoció hace un par de horas.

—Él es Cheolyong. Tú hermano menor.

Sus pulsaciones aumentaron, velozmente mientras asentía confundido. Parpadeando a cada instante y sus manos buscaban ávidamente ese collar que colgaba de su cuello, tan pretendido entre sus deseos más ocultos y sus miedos por más pequeños que estos fueran.



Mir volvió a tapar su boca y sentir las lágrimas salir de sus ojos cuando miró a través del espejo antirreflejo la imagen de Changmin, su rostro atento a las palabras de Rain mientras asentía, cual niño pequeño ante cada cosa que le era explicada.

Estaba ahí, como un regalo de la vida que no alcanzaba a medir.
Se había cansado de llorar, de actuar como si se negara a verlo en verdad.

Pero su madre abrazaba con fuerza Hangsook, lloraba en su pecho abiertamente y él solamente apretaba con sus puños cerrados el abrigo de la mujer, calmando esas lágrimas que pugnaban por salir de golpe. Esperando sin paciencia por entrar y verlo, por abrazarlo, tocarlo, verificar que era real, que todas sus lágrimas derramadas solo habían sido un mal suplicio de la vida.

La charla se alargaba y Cheolyong no sabía cómo ingresar, como acabar con esa conversación incesante, miraba el techo y pasaba las manos por su rostro. Esperando y esperando, volver a abrazarlo para no soltarlo más.

Cuando Minho llegó, con sus pasos suaves solo se ubicó detrás de la familia de Changmin, lo suficientemente escondido como para ser visto, los brazos Choihang, la madre de Changmin lo habían abrazado sin reparo. Agradeciendo una y otra vez por ese milagro que él representaba. Tantas palabras hermosas, tantos agradecimientos que no creía merecer.

Permaneció callado hasta que finalmente el momento llegó. Jihoon, el detective que parecía estar a la cabeza de todo salió y habló con la familia, minutos después entraron todos y Minho se acercó, observando cual espectador tras el espejo.

Era una escena de esas perdidas en el tiempo, que él no había tenido la oportunidad de disfrutar a cabalidad con su familia. Fueron pasos pequeños hasta allá. Los vio, los tres frente a Changmin mientras Rain hablaba entre ellos y Changmin temeroso apenas asentía. Desconocido a sus ojos, Changmin parecía un poco renuente.

De lejos la situación era tan hermosa que Minho apretó los labios y bajó un poco la mirada. Los brazos de la mujer habían apretado con fuerza a Changmin, rodeado en un abrazo, en un mundo sin palabras. Un mundo de promesas y comprensión, que Changmin acepto cuando cerró los ojos y se dejó querer.

Si la vida le otorgaba un poco de consideración.
Minho esperaba que ese mal presentimiento desapareciera de su interior y lo dejara sentirse infinitamente feliz por él.




Estás pasando por un golpe mental muy fuerte, necesitas hablar con alguien.

Si las memorias se sacudían en su interior era algo que Jaejoong esperaba sucediera. Había anochecido tan pronto, que una de las cosas que más agradecía era estar solo en aquel lugar. Llevó las manos a su cabeza y suspiró, la imagen de ese hombre en la entrada de la estación taladrándole la consciencia.

—¿Quién era?

Lo sabía, había una conexión, tan grande como el espeso tiempo que se le iba entre las manos y la voz de aquella mujer que había abandonado el lugar horas atrás. Traspasaba las barreras propias de su ingenuidad creyendo en que Yunho aparecería al menos una vez.

Pero Jung nunca llegó.

Entonces Jaejoong volvía forzarse, a que esos sueños extraños que tenía vinieran y lo ordenaran todo. Que su consciencia le gritara si era culpable o no. Pero no importaba cuanto tiempo pasara, nada parecía pasar.

Y sus lágrimas en silencio resbalaban.
Desesperado y angustiado por igual.




Sungmin últimamente lucía cansado, apenas y había recordado aquella cita pactada con el muchacho de la tienda de vinos que Heechul solía visitar. Con pesar había tenido que cancelar, luego había salido a comprar algo de comida y entre sus bostezos propios, esa horrible sensación de no dejar a Heechul demasiado tiempo solo lo impulsó a volver.

Heechul había sido fuerte, con una personalidad arrebatadora. Era de esas personas a las que bien podías amar u odiar bajo la misma intensidad, Heechul era tantas cosas hasta que dejó entrar a Leesang en su vida y entonces las cosas cambiaron completamente, todo ese ser deslumbrante que era Heechul se perdió y se ocultó bajo las sombras.

Pero había llegado a un punto crítico días atrás cuando lo encontró en aquel lamentable estado y por el cual no quiso abandonar jamás el departamento. Sungmin nunca había sido tan fuerte como Heechul. Y por eso en ocasiones se encontraba llorando por él, deseando una libertad tan fuera de su alcance que aunque suplicara una y mil veces, ni siquiera así sería escuchado.

Abrió la puerta esa noche, con una sonrisa en su rostro. Leve y comprensiva, tratando de borrar todo rastro de pena y tristeza que pudiera alterar ese estado tan voluble en el que permanecía Kim.

Lo encontró sobre la alfombra del salón, casi a oscuras y con la mirada puesta en el gran ventanal, en la hermosa noche que le era entregada. Miró su perfil, la manera en la que el mayor no parecía reaccionar ante su llegada y curioso caminó hasta él, Heechul entonces levantó su mano derecha, temblaba y sus labios separados y secos llenaban de un mal presentimiento a Sungmin.

Esa mano delgada y fina se levantó con esfuerzo, directo hacia la luz de la luna que golpeó en su piel y Heechul contempló su piel siendo bañada por esa luz. Parecía hipnotizado, completamente ajeno a que Sungmin caminaba confundido hasta él.

Cayó una primera vez, al menos frente a los ojos de Lee.
Una gota precisa y resplandeciente. Tan roja que los ojos de Sungmin se abrieron sin contemplación y esa muñeca rasgada lo hizo correr y gritar sin reparo.

—¡Hyung!— Miró horrorizado la alfombra blanca, completamente manchada de sangre. Ambas muñecas cortadas, prendió la luz con velocidad y sus ojos abiertos más no poder. Sintiéndose más débil que nunca, sin saber que hacer —Hyung… Por favor… No debiste hacerlo… ¡Hyung!

Pero Heechul solo sonrió, acariciando despacio su rostro, manchando la camisa de Sungmin con más gotas de su sangre. Tan pálido que Sungmin odió a la oscuridad por no haberle dejado notar antes su estado.

—Siempre fuiste un buen dongsaeng… Min…

Sacudió su cabeza con fuerza y actuó lo más rápido que pudo, sus pasos nerviosos fueron por un par de toallas a la cocina, de esas completamente limpias y largas, amarrando con premura y cuidado las muñecas del mayor que parecía solo desvanecerse entre sus brazos.

—Hyung, abre los ojos. No los cierres, por favor.
—Sungmin… Lo siento tanto…

Pero prefirió no escuchar, la voz débil de Heechul era algo que prefería no reconocer. Llamó lo más rápido que pudo, pidió la ambulancia, sollozó desesperado ante el montón de datos que solo retrasaban más la ambulancia y terminó por gritar y exigir una ayuda que supuestamente llegaría pronto.

Soltó el teléfono desesperado, sus manos temblorosas alejaban el cabello de Heechul de su rostro y esa palidez lograba que la preocupación solo aumentara.

—Hyung… Por favor… No me dejes aquí, no lo hagas.

Se abrazó a su cuerpo asustado, sintiéndose únicamente como un niño pequeño, aturdido y confundido a la vez.




Junsu no estuvo muy conforme cuando bajó del avión, ni cuando recogió su equipaje, su mirada se perdía por ratos y tenía esa escandalosa sensación de que regresar sin mirar atrás era la mejor de sus ideas, pero calló como cada vez que veía a Yoochun con esa actitud callada y tranquila. Era una paz irreconocible para él, una que no había visto en él antes.

Sentía con cada pasar del tiempo y gracias al largo viaje, que finalmente no lo conocía lo suficiente, que estaba arriesgando demasiado por unos latidos de su corazón y una persona que había sacudido su vida en tan poco tiempo. ¿Y si se equivocaba, si salía lastimado otra vez?

—¿Listo?

Yoochun se acercó con sus maletas tras de él y esos ojos buscando la respuesta mayormente en sus ojos que en sus palabras, por eso asintió, tratando de ocultar las reacciones propias de su cuerpo cuando vio el collar en ese cuello, apenas visto por la camisa que llevaba puesta.

—Sí. Solo estoy algo nervioso.
—No te preocupes— Le sonrió Park —Te aseguro que esto pasara pronto.

Quería guardar recuerdos con él, que la vida le sonriera por primera vez y le otorgara la sensación de hacer las cosas correctamente, pero no se permitió llegar más allá cuando Yoochun apretó su mano despacio y jaló de él hasta un lugar fuera del aeropuerto.

Tomaron un taxi que no parecía tener problemas en ir demasiado veloz, porque Yoochun se encargaba de decirle y enseñarle lugares que le mostraría después, se llenaba de promesas que Junsu esperaba pudiera cumplir.

Mientras tanto, cuando Yoochun no lo podía ver, Junsu apretaba fuerte sus manos y mordía sus labios, preocupado y angustiado todavía. Perdiendo la seguridad en cada kilómetro que recorría junto a él.




Yunho abrió los ojos con el brazo de Siwon cruzando su pecho, y el calor exfoliando de su piel con molestia, cada gota de sudor esparcida por su frente, habiendo olvidado prender el aire acondicionado, pero el rostro adormecido de su compañero contra la almohada solo lo hizo cerrar los ojos y abrirlos otra vez.

Después pasó una mano por su rostro y el malestar llegó como si fuera una mala broma de su cuerpo. El sol pegaba directo en su rostro como cada mañana y recordó instantáneamente, el haber bebido de más junto a Siwon. Luego el trabajo que representaba llevar a Choi hasta su departamento para al final acabar ambos en la misma cama empujándose el uno al otro por espacio y finalmente caer rendidos sin moverse un centímetro de su lugar.

Movió con molestia su ropa mal puesta y arrugada, esa desagradable sensación de la resaca repercutía en cada espacio de su cuerpo, se levantó golpeando sin intención a Siwon, pero este solo murmuró un par de cosas y se movió, mareado todavía, Yunho caminó hasta el baño, su estómago revuelto y las náuseas a primera orden esa mañana.

El celular sonó, Jung difícilmente lo escuchó mientras se encerraba en el baño y eran vencido por el malestar.

—¿Diga?

Escuchó la voz rasposa de Siwon. Perdido por unos instantes, un silencio pasmoso mientras el vomitaba con la respiración pesada y sus ojos distorsionados.

—¡¿Qué haces en Seúl?!

Siwon no terminaba de gritarle a quien sea que estuviera al celular, cuando el de Yunho empezó a sonar y el mayor solo se sostuvo del lavabo con esfuerzo. Y el peor de sus temores se cristalizó a sus oídos. Gracias a la voz descompuesta de Choi.

—Yunho… Es Rain.



Su nombre es Shim Changmin. ¿Podrás solo? No creo que represente un gran problema para ti.

Jaejoong se removió sobre el espacio que parecía estar destinado para dormir, frunció el ceño agitado y con el sudor por su frente, se movía incesante y su memoria jugó con fuerza, sacudió las debilidades de su cuerpo otra vez.

Curiosamente odias a Heechul hyung porque tiene algo que ni tú mismo sabes si de verdad quieres.
—Deja de entrometerte, Sungmin. Que si Heechul es la puta de Leesang es por elección propia, no porque alguien lo haya obligado.

Se encontró solo en la mitad de la nada, con las voces dando vueltas en su cabeza, con las paredes blancas tomando formas y mostrándole rostros y visiones de su pasado, caminando fugaz hasta un lugar que no terminaba de determinar.

¿Qué esperas que no le disparas?

Recordó brutalmente, incapaz de controlar el dolor de cabeza que aquello le provocó, de sus ojos abiertos en demasía mientras sostenía su cabeza y gritaba de dolor. Interrumpía la mañana silenciosa sin percatarse de que las lágrimas corrían por sus mejillas.

La soledad, y el orfanato donde todo había sido penumbras para él. Ese resentimiento extraño con la vida y esa juventud prendida por la ambición, la envidia de aquel que lo obtenía todo por el método más fácil, mientras él se ensuciaba las manos y el otro solo tenía que sonreír.

Se aseguró de que su cuerpo se encogiera, que las lágrimas ante cada mirada vacía que dejó atrás no lo atormentara, de su mano sobre un arma cargada cobrando favores y vertiendo trabajos que luego Leesang agradecería con creces.

Jaejoong lo recordó todo.
Cada instante, más fulminante que el anterior.

Y la imagen de Yunho se desmaterializó, tan pronto como su esperanza, pequeña y casi mínima de verlo llegar. Porque era exactamente todo, por lo que Jung Yunho jamás lo querría volver a ver.

Tan aturdido e inferior, como esa vida que hace tanto había decidido llevar.



Cuando el taxi al fin se estacionó, Yoochun le hablaba sobre los padres de Changmin, sobre la idea firme de que ellos eran como una familia para él, al haber perdido a la suya cuando apenas era un niño.

Se acentuaba entonces la imagen temerosa de Junsu sobre no ser el momento indicado para enfrentarlo, sin embargo otra duda cubrió los ojos de Junsu cuando bajaron del auto y Yoochun miraba asombrado de un lado a otro el montón de autos que habían estacionados fuera de la residencia Shim.

—¿Qué está sucediendo?

Pronto se vieron rodeados por un montón de reporteros e indudablemente Junsu se sintió extrañado, pegándose sutilmente a Yoochun cuando las rejas de la residencia fueron abiertas y unos guardias los dejaron pasar solo a los dos, encargándose algunos empleados de las maletas.

Junsu se sintió tan fuera de lugar…

—Yoochun…
—¿Será porque ya apresaron al… asesino de Changmin?

Y todavía se le dificultaba a Park pronunciarlo, las puertas grandes de la casa fueron abiertas y la casa grande logró que Kim se sintiera más intimidado si eso era posible. Pero la sala principal parecía estar repleta de más reporteros y Yoochun de inmediato frunció el entrecejo. Junsu solo apretó su mano con más fuerza. Que no lo suelte,  era lo único que el menor pedía en silencio.

Sin embargo el corazón de Yoochun latía desbocado, escuchaba los susurros desubicados y las miradas del mundo entero sobre él, como si el tiempo pasara lento, Yoochun ni siquiera se preocupó en mirar atrás. Soltó a Junsu sin problemas, usando ambas manos para poder abrirse paso entre todos y que el aire volviera a él.

Porque sus oídos no le podían fallar así, no podía ser vilmente engañado.

Así que caminó sin importarle las quejas por sus empujones, quejas que luego morían y el flash de las cámaras lograban aturdirlo todo. Hangsook y Choihang tomados de las manos estaban encabezándolo todo y junto a ellos estaba Mir, acompañado por alguien más.

Trató de vocalizar palabra alguna, pero solo logró que su boca se abriera y cerrar, sus ojos parpadearon velozmente, llenándose de lágrimas al reconocerlo incluso de espalda mientras escuchaba atento a Mir. El discurso de Hangsook ante la prensa se detuvo al verlo ahí.

Y fue como si el silencio se volviera presa de él, el resto desapareció y sus pasos torpes y apurados corrieron hasta él. Hasta su presencia atenta y sus ojos que se abrieron reconociéndolo sin saber hasta qué punto lo hacían. Pero Yoochun estaba al borde del colapso. Tocaba el rostro de Changmin, y lo miraba de pies a cabeza, enteramente.

Luego su llanto amargo lo venció y perdió la poca fuerza que le quedaba, tapando su boca y cayendo de rodillas frente a él, justo a sus pies. Como si la vida disfrutara jugar con él y su eterno amor profesado al hombre que se encontraba observándolo con presta atención.

Entonces Changmin se arrodilló frente a él y sus ojos parecían contemplarlo con un anhelo impresionante, Yoochun solo pudo llorar, con un montón de espinas atravesando su corazón.

—¿Eres Park Yoochun?

No importaba que su corazón se hundiera más y más. Solo le bastó con escuchar su voz. Su maravillosa voz deslumbrándolo todo a su alrededor. Lloró entregado a él, a su imagen, a las noches enteras sin dormir llorando su pérdida. A su ausencia que lo sacaba del infierno de repente y lo jalaba sin pensar en lo demás.

Pronto esos brazos delgados de Changmin lo envolvieron, lo encerraron en un abrazo. El menor hundió su rostro en el cuello de Yoochun y suspiró, como si aquello fuera lo único que hubiera estado deseando desde tanto tiempo atrás. Como si sus cuerpos se reconocieran automáticamente.


Y el resto del mundo fuera insignificante para los dos.

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