Sombras, oscuridad y abismo

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Titulo: Sombras, oscuridad y abismo
Autor: Watanabe_custom
Pareja: HoMin
Género: Slash
Extensión: Ones-hot
Nota: El título no tiene mucho que ver con el fic en sí, pero es que soy malísima poniendo títulos U.U Así que no lo tengáis mucho en cuenta.
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—¿Se puede saber qué diablos está pasando, Heechul? — preguntó Yunho, cruzándose de brazos mientras se plantaba delante de su amigo.

Sin embargo, no alzó la voz, no al menos como le gustaría. La casa donde vivía con Changmin, Yoochun, Junsu y Jaejoong no era excesivamente grande, y no quería que, por nada del mundo, cualquiera de ellos pudiera escucharlo, sobre todo el pequeño. De igual modo, su postura era tan amenazante y su gesto tan serio, que pocas personas hubiesen permanecido impasibles ante él.

Desgraciadamente Heechul era una de esas personas. Sin levantarse del sofá donde estaba sentado, sonrió a su tono amenazador de ese modo tan irritante que hacía que Yunho deseara darle un par de guantazos sólo para borrar la expresión de su cara.

—¿A qué te refieres exactamente, Yunho? —preguntó, con su mejor cara de inocencia.

Inocencia que no engañaba a nadie, especialmente porque no podía mantener esa expresión en su rostro más de treinta segundos antes de volver a sonreír amplia y descaradamente en su dirección.

En respuesta, Yunho apretó los dientes y entrecerró aún más los ojos, tratando de contenerse para no hacer algo de lo que luego pudiera arrepentirse. Quería infinitamente a su amigo de Super Junior, pero era una de las pocas personas que existían en el mundo capaz de exasperarlo hasta límites insospechados. Sobre todo porque solía encontrar con facilidad pasmosa sus puntos débiles para atacarlos sin piedad.

Suspiró, tratando de calmarse, y volvió la mirada hacia el pasillo antes de dar un paso amenazante en dirección a Heechul y murmurar amenazadoramente:

—No pongas a prueba mi paciencia, porque no está en su mejor momento.

—Nada más lejos de mi intención —replicó el aludido, todavía con esa sonrisa adornando su divertido rostro.

Yunho volvió a apretar los dientes mientras descruzaba los brazos para ponerlos a sus costados, con sus manos apretadas en sendos puños que indicaban claramente lo mucho que estaba luchando por contenerse y no dar rienda suelta a las ideas violentas que pasaban por su mente cada pocos segundos. Sabía que se sentiría genial golpeando esa cara burlona, pero luego se terminaría arrepintiendo. Tenía un corazón demasiado blando.

—Sabes que me refiero a Changmin —musitó entre dientes, pronunciando el nombre con cierta amargura —. A Changmin y a los asuntosltimamente te traes con él.

La sonrisa de Heechul se hizo más amplia mientras se recostaba cómodamente en el sofá donde permanecía sentado, en un gesto de total y absoluta relajación. Su mirada, clavada sin vacilación en los ojos de Yunho, era serena, divertida... y peligrosa.

Yunho, inconscientemente, dio un paso atrás, abriendo los ojos con sorpresa.

Lo sabía. Heechul lo sabía.

Todo el mundo era consciente de lo sumamente protector que Yunho era con los miembros de su grupo, cosa que nunca había tratado de esconder. No lo era del modo descarado y algo extraño en que Jaejoong los cuidaba y celaba, sino de un modo mucho más distante y a la vez efectivo. Cualquiera que se metiera con ellos tendría que vérselas con el líder,fuera consciente o no.

Yunho había tratado de escudarse en esto, encarando a Heechul para reprocharle que últimamente saliera tanto con Changmin, haciendo que llegara tarde todas las noches y descansara demasiado poco para su propio bien. Aunque eso no era ni remotamente lo que en realidad le molestaba. Pero era una excusa tan válida como otra cualquiera para lograr su propósito: que Heechul se alejara de su Changmin, al menos lo suficiente para que él pudiese volver a sentirse tranquilo.

Sin embargo, la mirada descarada de su amigo le advertía claramente que no había logrado engañarlo ni siquiera durante un instante. Sabía por qué ese tema lo tenía tan alterado, podía verlo en su cara, en su gesto despreocupado, en su sonrisa maliciosa...

Y ni siquiera parecía sorprendido, como si hubiese sido consciente de ese hecho desde hacía mucho, mucho tiempo.

Había sido descuidado. En algún punto sus acciones se habían hecho lo suficientemente evidentes como para hacer que alguien con quien apenas pasaba tiempo últimamente se hubiese dado cuenta. Y eso era algo malo, porque significaba que no era tan buen actor como pensaba, que cualquiera podría haber descubierto que él...

No, seguramente sólo era que Heechul lo conocía demasiado bien desde hacía demasiado tiempo. Seguramente nadie más se había dado cuenta. No podían haberse dado cuenta...

Mas ese pensamiento ni siquiera resultaba tranquilizador, porque que Heechul estuviese enterado resultaba mucho más peligroso que el que lo supiera cualquiera de las otras personas a las que conocía. Era él y no otra persona quien parecía estar más cerca de Changmin en los últimos tiempos, quien lo buscaba, con quien salía a relajarse...

La persona cuyas intenciones estaban tan lejos de ser amistosas como las suyas propias...

En un descuido intencionado podría soltarle a Changmin la verdad sobre lo que su líder sentía en un intento por tantear su reacción respecto a los sentimientos de otro hombre por él. Y todo lo que Yunho había hecho por ocultarlo, por contenerse desde hacía tanto tiempo se iría a la mierda. Changmin nunca volvería a mirarlo a la cara...

—No sé a que “asuntos” te refieres, Yunho —dijo Heechul, regocijándose tras su sonrisa maliciosa —. ¿Por qué no hablas claro?

Yunho cerró los ojos, resoplando derrotado. El muy capullo iba a hacer que lo dijera en voz alta, totalmente consciente de que sus palabras podían ser tomadas en más de un sentido. Se estaba burlando de él, como tantas otras veces... Sólo que en este caso Yunho no podía bromear.

Volvió la vista hacia el pasillo, comprobando que Changmin todavía no había terminado de ducharse, y luego se giró de nuevo hacia Heechul, su semblante completamente serio.

—Hace tiempo que nos conocemos, Heechul, demasiado. No puedes mentirme. No miras a Changmin precisamente como a un amigo...

Yunho esperaba que lo negara, que siguiera jugando como siempre hacía, dando vueltas en torno a lo que le interesaba hasta exasperarlo por completo, aun cuando fuera una obvia mentira. Pero todo lo que su amigo respondió fue:

—¿Y?

Sorprendido por su abierta afirmación, Yunho entreabrió los labios, inseguro acerca de qué decir. ¿Qué podía decirle? ¿Qué no se acercara a su Changmin? ¿Qué no tenía derecho a pensar siquiera de ese modo pues Changmin nunca lo aceptaría? ¿Con qué autoridad podía reprocharle algo así a su amigo cuando él llevaba teniendo esos mismos pensamientos desde hacía tanto tiempo?

—Ni siquiera lo niegas... —murmuró, en un tono apenas audible.

—¿Me creerías si lo hiciera? —replicó.

Yunho cerró los ojos, negando con la cabeza, completamente derrotado.

—No.

—En serio, Yunho, no veo a donde va a parar esta conversación. ¿Por qué haces preguntas de las cuales conoces la respuesta?

Por supuesto, Heechul conocía la respuesta, podía verla en su rostro, en la mortificación de sus ojos, en su postura demasiado rígida y seria para un tema que, en teoría, no tenía nada que ver con él. Estaba atrapado. Y jodido. Porque Heechul no iba a escucharle, parecía muy decidido a hacer lo que le viniera en gana, ya que, aunque saliera mal, no tenía nada que perder. Podía evitar a Changmin, si quería, por lo que le quedara de vida, no como él...

Y si salía bien, si tenía esa suerte...

Yunho no quería ni siquiera imaginarlo.

Por eso, aunque no lo escuchara, tenía que intentarlo, tratar de que entrara en razón...

—Changmin no es como tú, Heechul, él es... —hizo una pausa, incapaz de encontrar las palabras precisas —. No puedes hacer eso... —acabó sentenciando.

—¿Qué se supone que significa eso?

—Él encontrará a una buena chica, alguien que lo hará feliz, alguien que...

No pudo terminar la frase. La suave risa burlona de Heechul lo interrumpió, haciendo que frunciera aun más el entrecejo. ¿Qué coño encontraba tan divertido?

—Eso no ocurrirá, Yunho.

—¿Cómo? —preguntó confuso por su extraña reacción.

—¿Realmente crees que entonces todo estará bien? —preguntó Heechul, todavía sonriendo de ese modo tan irritante —. Nunca encontrará a una chica lo suficientemente buena, Yunho, no al menos a tu juicio. Siempre les faltará algo, tendrán algún defecto que las haga, a tus ojos, indignas de Changmin. ¿O acaso piensas que eso que tanto tratas de reprimir va a desaparecer sólo porque la persona que esté con él sea de un sexo diferente al tuyo?

—Eso... eso no es... —balbuceó, intentando encontrar una réplica efectiva.

Mas la voz de Heechul, implacable, volvió a sonar antes de que pudiera tan siquiera comenzar a asimilar sus palabras.

—No será diferente. Seguirá doliendo, Yunho, y mucho más que ahora. Porque entonces no podrás ni siquiera aferrarte a la esperanza de que Changmin no pueda sentir nada más que amistad. Porque sabrás que está haciendo lo correcto...

Yunho cerró los ojos, negando fervientemente con la cabeza. No, Heechul sólo estaba intentando confundirlo, llevarlo a su terreno, hacer que pensara cosas que no debía ni quería pensar... Quería cambiar de tema del modo que mejor se le daba, atacando sus puntos débiles para que dejara de pensar con coherencia, para que se enredara en sus propios demonios interiores y se olvidara de él... Y no iba a permitírselo. Las cosas no iban a ser así...

—La chica que él elija estará bien —murmuró, casi con desesperación —, sin importar lo que yo piense de ella. Es su elección decidir con quién sale...

—Exacto —afirmó Heechul, abiertamente complacido —. Ese es justamente el punto. Es su decisión, Yunho, no la tuya. Así que deja de meterte en su vida privada, porque creo que él no te ha pedido que lo hagas, ¿o sí?

Yunho abrió la boca para replicar, completamente consciente de que había caído en la trampa de Heechul. Pero no pudo, porque justo en ese instante, Changmin entró en la sala, y la atención de ambos chicos recayó sobre él. Era obvio que ya había terminado de prepararse para salir, a juzgar por su irresistible atuendo, y que quería marcharse ya.

—¿Pasa algo? —preguntó Changmin, curioso, mirando a Yunho directamente a los ojos.

Sabía que aspecto ofrecía, con el entrecejo fruncido, los puños apretados como si fuera a saltarle encima a Heechul para molerlo a golpes. No era una imagen que se pudiera ver a diario, puesto que pocas cosas lo alteraban hasta ese punto, pero antes de que pudiera inventarse cualquier excusa, Heechul volvió a adelantarse:

—Yunho estaba preocupado de que no te dejara dormir lo suficiente —respondió, con una sonrisa irónica en la cara, sabiendo perfectamente que Yunho vería el doble sentido de la frase.

—Hyung, te agradecería que, si tienes alguna queja, me la hicieras directamente en lugar de molestar a mis amigos —replicó Changmin, frunciendo ligeramente el entrecejo.

—Eso mismo estaba pensando yo —rió Heechul, poniéndose en pie —. En fin, ¿Nos vamos ya?

Y sin decir nada más se encaminó hacia la puerta, seguido de Changmin que, tras echarle una mirada que no supo interpretar, abandonó también el apartamento.

Y Yunho, completamente alterado, sólo fue capaz de patear el sofá con fuerza para no ponerse a gritar de pura frustración.



~o0o~



Pasaban de las tres de la mañana y todavía no había ni rastro de él.

A Yunho no le había quedado más remedio que acostumbrarse a las salidas nocturnas que últimamente hacía su Changmin, quien nunca antes había mostrado demasiado interés en salir con sus amigos de fiesta, pero aun con todo era demasiado extraño que no hubiese regresado todavía, cuando por lo general solía estar en casa, como muy tarde, a la una de la mañana. No era que Yunho lo espiara premeditadamente para enterarse de la hora a la que regresaba, pero se le había hecho una costumbre el no poder pegar ojo hasta que él hubiese vuelto. Sólo cuando oía la puerta de entrada abrirse sigilosamente era capaz de relajarse por completo en su cama y poder dormir.

Pero esa noche ni siquiera había hecho el intento. Su cama permanecía vacía, completamente inmaculada, sin que Yunho hubiese sido capaz, tan siquiera, de ponerse el pijama. Si fuese un día normal, a esas horas estaría acostado, escuchando el silencio en completa oscuridad, mientras su corazón palpitaba preocupado por si le habría pasado algo a Changmin, clamando saber qué hacía, y con quién...

Pero esa no era, para nada, una noche normal. Desde que Changmin se había ido, junto con Heechul, Yunho había sido completamente incapaz de calmarse. Yoochun y Junsu lo habían mirado dar vueltas por la sala con curiosidad, seguramente cuestionándose qué demonios lo tenía tan alterado. Pero ni siquiera habían preguntado, respetando su intimidad, dejándolo inmerso en sus tortuosos pensamientos mientras se iban a uno de los cuartos de trabajo.

Jaejoong no había sido tan considerado. Cuando regresó, tras haber salido a tomar unas copas con algunos de sus amigos, y le echó un vistazo a su cara, comenzó a cuestionarlo inmediatamente, su preocupación patente en su cara. No había obtenido ninguna respuesta de su parte. Todo lo que Yunho había podido hacer era resoplar, poner los ojos en blanco, y volver a reanudar sus nerviosos paseos por el piso. Jaejoong, quien odiaba ser ignorado, había acabado encerrándose en su habitación al grito de “un día nos sermoneas diciendo que debemos ayudarnos unos a otros y al siguiente te niegas a que nadie te ayude. ¡No hay quien te entienda!”

Claro que el enfado no le había durado mucho. Aproximadamente los quince minutos que tardó en cambiarse y volver a salir de la habitación para comer algo. Entonces lo había mirado con ese puchero característico suyo, pidiendo disculpas silenciosamente, y lo había dejado tranquilo para que se calmara.

Pero Yunho estaba lejos de calmarse. No podía dejar de pensar en las palabras de Heechul, diciéndole que no era decisión suya, insinuando de manera velada que era un cobarde por quedarse al margen, por ni siquiera intentarlo. Por supuesto, era muy fácil para él decir algo así: no vivía con Changmin, no tenía que ver su cara todos los días, y luego ir a trabajar como si no pasara nada... No había vivido con él sus momentos más duros y sus mayores alegrías, como si se tratara de alguien de su familia. Estaba seguro de que Changmin lo veía exactamente así, como un hermano o incluso como un padre... ¿Cómo iba a pensar siquiera en intentar algo sabiendo lo que estaba en juego?

Sin embargo, Heechul tenía razón. No sabía quién ni cuándo, pero algún día iba a ocurrir: Changmin encontraría a alguien, alguien que lo quisiera, que lo tratara bien y que lo comprendiera...

Pero no cómo él. Nunca podrían compararse a él porque no habían estado a su lado en todos esos momentos, porque no podían compartir su vida de un modo tan completo, ni entenderlo a un nivel tan íntimo como sólo puede conseguirlo alguien que es como tú, que vive lo que tu vives y siente lo que tú sientes...

Yunho la odiaría, sin importar lo maravillosa que fuera. Porque le quitaría a su Changmin, alejándolo de él, robando las únicas cosas que él jamás había podido darle...

El sólo pensamiento hacía que se le revolviera el estómago y que sólo pensara en comenzar a dar puñetazos y patadas contra lo primero que se pusiera en su camino. ¿Y si ocurría esa noche? ¿Y si Changmin no regresaba a dormir porque se quedaba con alguien más? ¿Cómo, en nombre del cielo, iba a fingir que no le importaba si eso ocurría? ¿Cómo iba a sonreír y felicitarle como si no se estuviese desgarrando por dentro?

—Yunho...

La voz de Jaejoong sonó a su espalda, deteniendo su frenético movimiento. Se volvió hacia él justo a tiempo de ver cómo su adormilado compañero se acercaba para envolverlo en su cálido abrazo.

—Jaejoong... ¿Qué...? —balbuceó, confuso por el repentino gesto de Jaejoong.

—Volverá pronto —respondió este, como si fuera lo más natural del mundo —. Lo sé.

Yunho puso los ojos en blanco, mientras una irónica sonrisa comenzaba a perfilarse en sus labios. Dios, ¿Desde cuándo se había vuelto alguien tan transparente? Primero Heechul y ahora Jaejoong... A ese paso no le extrañaría nada que, al día siguiente, Lee Soo Man lo llevara aparte para sermonearlo acerca de sus sentimientos por el pequeño Changmin...

—No estoy preocupado —mintió, con voz cansada y un tono que ni siquiera él mismo se hubiese creído.

Por toda respuesta, Jaejoong levantó la vista hacia él, arqueando una ceja con total escepticismo. Ni siquiera necesitó poner en palabras lo que pensaba de su estúpida negativa: estaba en el salón a las tres de la mañana, con la televisión encendida, sin volumen, mientras daba vueltas en torno a la estancia intentando no tropezar con todos los cojines que, eventualmente, el mismo había terminado tirando al suelo en algún arrebato furioso. No había que ser un genio para darse cuenta de que, lo que lo tenía en ese estado era la obvia ausencia del único que no estaba todavía en casa.

Sonriendo tristemente, le devolvió el abrazo a Jaejoong, agradecido de contar con él a pesar de todo. No estaba del todo seguro de hasta qué punto estaba enterado de lo que en realidad sucedía, pero no quería averiguarlo. Cuán cierto era en ocasiones el dicho de que la ignorancia era la felicidad...

Y en ese instante, justo en ese momento mientras se mantenían abrazados, la puerta de entrada se abrió con un pequeño chasquido, y Changmin apareció en el umbral.

Por un instante todos se quedaron donde estaban, sin moverse siquiera; Changmin con la mano apoyada en el pomo de la puerta, sin cerrarla, el entrecejo levemente fruncido, y la mano en la que sostenía las llaves aun en alto. Yunho y Jaejoong aun envueltos en su abrazo, con sus ojos clavados en Changmin, unos ansiosos y expectantes, otros totalmente calmados.

Jaejoong fue el primero en reaccionar, separándose lentamente de Yunho mientras esbozaba una de sus deslumbrantes sonrisas en dirección a Changmin.

—Buenas noches, Minnie —musitó, con su voz calmada y jovial, mientras se acercaba a él para saludarlo con uno de sus habituales ‘one touch’ —. Espero que lo hayas pasado bien —continuó. Ni siquiera le dio tiempo a contestar a su compañero. Enseguida exageró un bostezo y añadió como quien no quiere la cosa —: Yo me estoy muriendo de sueeeeño, así que mejor me vuelvo a la cama. ¡Qué paséis buena noche!

Se dio la vuelta tranquilamente, le guiñó un ojo a Yunho, y desapareció por el pasillo en dirección a los dormitorios sin ni siquiera mirar atrás.

Changmin por fin pareció reaccionar en cuanto Jaejoong abandonó la estancia. Se adentró en el piso, dándole la espalda a Yunho para cerrar la puerta y descalzarse, al tiempo que decía quedamente:

—Siento haber interrumpido.

Yunho frunció el entrecejo, confuso. “¿Interrumpir el qué?” Pensó completamente desconcertado “¿Sus paseos de lado a lado por todo el salón? ¿Sus absurdos pensamientos?”

—Changmin, no...

—Cuando necesitéis intimidad deberíais aseguraros de que todos están durmiendo. Y no vendría mal buscar un lugar menos... susceptible de “transito”.

Yunho lo miró desconcertado, sin poder evitar que un resoplido de risa escapara de sus labios. ¿Qué pensaba exactamente Changmin que estaban haciendo Jaejoong y él en medio de la noche? No era extraño que las fans dieran por hecho que estaban juntos, o que los liaran por los hechos más absurdos que uno pudiese imaginar, ¿Pero Changmin? ¿Acaso no vivía el con ellos? ¿No los conocía a la perfección?

—¿Crees que Jaejoong y yo...? —preguntó, todavía con una mueca de incredulidad en la cara.

—No tienes por qué darme explicaciones —replicó Changmin, cortante, sin ni siquiera volverse para mirarlo —. Yo no las he pedido. Me limito a constatar un hecho: el salón no es el mejor lugar para pasar desapercibidos. Pero oye, allá vosotros —añadió, mientras se dirigía hacia la cocina sin desviar ni un solo instante la mirada hacia él.

Yunho lo siguió, aun perplejo por lo absurdo de la situación. ¿Estaba hablando realmente en serio?

—Eres idiota, Min. Para empezar, sabes perfectamente que Jaejoong tiene novia —comenzó, adentrándose en la estancia mientras Changmin abría la nevera y sacaba un cartón de leche.

Por toda respuesta, su dongsaeng se encogió de hombros.

—Nunca ha tenido muchos reparos a la hora de... “ser amigable” con los hombres... —respondió, aun sin mirarlo, mientras daba un largo sorbo directamente del cartón.

Yunho no podía creer lo que estaba oyendo. ¿Cuánto habría bebido exactamente esa noche? No parecía estar borracho, pero desde luego no estaba siendo ni remotamente coherente...

—La vida íntima de Jaejoong no es asunto mío, ya que yo no he estado, estoy, ni estaré mezclado en ella —afirmó, completamente serio.

—No parecía eso en el salón —replicó Changmin, volviendo por fin la vista hacia él y clavando sus castaños ojos en los suyos.

No, definitivamente no estaba borracho. Su mirada estaba lejos de ser vidriosa, y la profundidad y seriedad de sus ojos era más que evidente. Lo cuál resultaba más desconcertante todavía. ¿De qué coño iba todo eso?

—¿Y qué parecía, Min? —preguntó, comenzando a cabrearse.

No podía creer que algo tan inocente como un abrazo estuviese siendo tomado de ese modo por su dongsaeng. Era como si no conociera a Jaejoong, como si no recordara repentinamente lo raro que era que su compañero no mostrase abiertamente su cariño por cada uno de ellos prodigando besos y abrazos por doquier. ¿Por qué de pronto Changmin se estaba comportando como un idiota?

Cualquiera que fuesen sus razones, se las guardó para él. Se mantuvo en un silencio obstinado, con sus ojos clavados en los suyos, mirándolo de esa manera fría y calmada que ocultaba cualquier pensamiento que pasara por su cabeza. Yunho odiaba esa mirada.

—Una curiosa interpretación de los hechos —continuó Yunho ácidamente, ante su falta de respuesta —. Nos encuentras compartiendo un simple abrazo y deduces inmediatamente que estamos teniendo... quién sabe qué tipo de relación. Por esa regla de tres, yo podría deducir que tú te estás tirando a Heechul, porque que sales con él todas las noches...

Una sonrisa cínica se extendió por los labios de Changmin, antes de responder:

—¿Y quién te ha dicho que ese no es precisamente el caso?

Dolor. Un dolor punzante y agudo lo atravesó, como si en lugar de palabras, Changmin le hubiese lanzado dardos envenenados.

“¿Y quién te ha dicho que ese no es precisamente el caso?” Las palabras hacían eco en su mente, mientras sentía como sus pulmones se contraían impidiéndole respirar con normalidad. Dio un paso atrás, incapaz de reaccionar, sintiendo como la incredulidad y el horror se mezclaban en su pecho, reflejándose implacablemente en su rostro.

No podía ser cierto, tenía que estar bromeando. Changmin no haría algo así...

No su Changmin...

—No puedes estar hablando en serio —murmuró, con un tono apenas audible y carente de emoción.

No podía reaccionar, no podía pensar. Sólo quería escucharle decir que era una broma...

—¿Por qué no, Yunho? —preguntó Changmin a su vez, mirándolo todavía con esa frialdad que tanto odiaba. Ni siquiera se molestó en llamarlo hyung, obviando su ‘título’ y encarándolo como a un igual —. ¿Piensas que soy demasiado joven para tener ese tipo de relación? ¿O que Heechul no me conviene? Hasta donde yo sé, siempre lo has considerado tu amigo, no veo qué es lo que podrías tener en contra...

—Min, tú no... — volvió a murmurar, sintiendo como su pecho se encogía aún más de dolor.

Apretó los puños a los costados y cerró los ojos, tratando de encontrar las palabras precisas, buscando cualquier resquicio, cualquier pequeño fragmento de esperanza al que agarrarse... pero no había nada. Sólo ese profundo y devastador dolor, que lo mantenía en pie todavía, pero que acabaría derribándolo de un momento a otro si seguía allí...

No continuó. Sin decir nada más giró sobre sus propios pasos y abandonó la cocina, buscando un refugio, un sitio donde él no estuviera, donde el sufrimiento pudiera consumirlo por completo sin que nada ni nadie lo impidiera...

Más ni siquiera había dado un par de pasos fuera de la cocina cuando la voz de Changmin lo alcanzó:

—Es verdad —murmuró, en un tono apenas más alto del que él mismo había usado —. Yo no tengo nada con Heechul. No es él quien me interesa. Pero jamás pensé que tuvieras esa clase de reparos...

Yunho hubiese debido sentirse aliviado con su declaración, pero no fue así. Porque Changmin se oía profundamente decepcionado. Decepcionado de él. Como si pensara que su hyung era en realidad alguien tan superficial, tan cerrado de mente...

Y eso dolía. Mucho.

—No los tengo —murmuró entre dientes, sin ni siquiera girarse —. Ojalá... ojalá fuese tan sencillo como eso.

—Es sencillo. Sé que no eres homofóbico, nunca has mostrado la menor repulsión ante Jaejoong o Yoochun. O incluso ante el mismo Heechul. Es algo que simplemente no te incumbe, y por tanto no tienes por qué desaprobarlo —dijo Changmin, sonando demasiado cerca. Ni siquiera se había dado cuenta de que lo había seguido hasta el salón —. ¿Pero si se trata de mi es diferente? ¿Es eso? Sigues pensando que soy un niño...

Volvía a sonar decepcionado, y Yunho esa vez no se contuvo. Se giró violentamente hacia él, encarándolo:

—¡Joder, Min, no se trata de eso! —dijo alterado, casi gritando —. Sé que no eres un niño, ¡Lo sé mejor que nadie!

“Y es precisamente eso lo que me atormenta”

—No lo parece. Dices que no estabas haciendo nada con Jaejoong antes. ¿Qué hacíais despiertos entonces? ¿Papá y mamá estaban esperando a que el niño regresara a casa?

—Sí, estaba esperándote —gritó ahora, sin importarle quien pudiese escucharles, completamente desquiciado —. Y sí, estaba preocupado, ¡Pero no de esa maldita forma! Es precisamente el hecho de saber que no eres un niño lo que me altera, Min, porque sé que en cualquiera de tus salidas tú... quizás no regreses a dormir, quedándote con alguien más...

Había tal mortificación en su propia voz que tuvo que apartar la mirada, esperando que Changmin no se diese cuenta. Mas sus labios lo traicionaron, escapando a su control y susurrando apenas audiblemente:

—No-puedo-soportarlo...

—¿Por qué? —preguntó repentinamente Changmin, dando un paso en su dirección hasta cerrar completamente el espacio que los separaba.

Perplejo, Yunho lo miró, sin comprender del todo la pregunta. ¿Por qué, qué?

—¿Por qué no puedes soportar imaginarme en esa situación con otra persona, Yunho?

Ya no sonaba frío, ni decepcionado. Tampoco curioso. Era una pregunta que sabía que no iba a tener respuesta, podía verlo en sus ojos, en los cuales no quedaba ni siquiera un ápice de frialdad. Ahora eran cálidos, casi abrasadores, tanto que hicieron que Yunho se sintiera repentinamente incómodo, apartando nuevamente la vista de él.

—Eres tan idiota —siguió Changmin, aunque su tono de voz estaba lejos de ser insultante —. Heechul tenía razón.

Esa simple afirmación le heló la sangre en las venas, recordando toda la conversación que había tenido con su amigo esa noche, antes de que saliera con Changmin. ¿Le habría dicho a Changmin...?

—¿Qué te ha dicho Heechul? —preguntó, aterrado, su voz carente de toda emoción.

Y entonces Changmin sonrió, con esa sonrisa de superioridad que ponía cuando ganaba, cuando tenía a su rival en sus manos...

Yunho sintió como un escalofrío lo recorría de arriba abajo, aun antes de que respondiera quedamente:

—Nada que no supiera.

Lo sabía. Changmin sabía que él...

Yunho cerró los ojos fuertemente, derrotado. ¿A eso había venido todo el interrogatorio anterior sobre Jaejoong? ¿Para asegurarse de que estaba en lo correcto? ¿De que no le importaba tener ese tipo de relación? ¿Para poder burlarse de él por eso?

No. Changmin no era así. No podía ser así...

—¿Por qué te empeñas en ser tan racional, Yunho, tan complicado? —la voz de Changmin sonó demasiado cerca, demasiado suave, como si de una caricia se tratara —. La realidad siempre es mucho más sencilla...

Sintió como las manos de Changmin subían hasta su rostro, girándolo lentamente para poder mirarlo a la cara. Todavía estaba sonriendo, pero no era su sonrisa cínica, sino una completamente genuina, incluso... dulce. Sus ojos lo acariciaron con su mirada abrasadora, que descendió levemente hacia su boca, cortándole la respiración y acelerando su pulso...

Y sin mediar palabra devoró la pequeña distancia que los separaba y lo besó. Sus labios, algo ásperos, descendieron sobre los de Yunho, entreabiertos por la sorpresa, acariciantes y demandantes a un tiempo. Y su deliciosa y ansiada boca se movió contra la suya en una apenas velada caricia que le erizó hasta el último pelo del cuerpo...

Fueron apenas unos segundos, un pequeño roce, que apenas podía considerarse un verdadero beso. Pero de algún modo a Yunho le pareció mucho, mucho más tiempo...

—Min, ¿Qué...?

—¿Qué significa esto? —acabó por él, volviendo a sonreír de ese modo que hacía que su corazón se acelerase —. Significa exactamente lo que parece, Yunho, ni más ni menos.

—Tu no puedes estar hablando en serio...

No podía creerlo. ¿En verdad Changmin...?

Su dongsaeng suspiro exasperado ante su respuesta, poniendo los ojos en blanco.

—Hyung, ya estoy cansado de tus titubeos, de tu indecisión, de que me devores con la mirada y luego finjas que todo lo que sientes por mí es amistad... —comenzó, casi como en un arrebato, clavando sus ojos en él —. Estaba dispuesto a esperar a que te decidieras, a que te aclararas de una buena vez y decidieras actuar, pero... me he cansado. Siento que si espero a que te decidas a decirme lo que en realidad sientes, me llevará toda la vida... y sólo tengo una —su sonrisa se ensanchó todavía más antes de añadir —. Una que prefiero disfrutar... contigo.

Yunho no podía creer lo que estaba oyendo. Durante un instante pensó en pellizcarse a ver si despertaba y se encontraba tendido en el sofá, esperando todavía a que volviera Changmin... Porque esa realidad alternativa era demasiado perfecta, demasiado irreal...

¿No estaba acaso Changmin, su pequeño y sarcástico Changmin, diciéndole que sentía lo mismo? ¿Qué sabía desde hacía tiempo lo que el sentía y se había dedicado a provocarlo a ver si reaccionaba?

No lo había dicho con esas palabras, pero Yunho lo conocía perfectamente. Changmin no era de los que esperaban sentados sin hacer nada, viendo como se desarrollan las cosas sin decir nada...

Lo miró a los ojos, esos ojos que ahora lo miraban con absoluta transparencia, dejando que cualquiera pudiera leerlos. Y sonrió, negando levemente con la cabeza.

Si todas sus repetidas salidas con Heechul no habían sido una treta para provocarlo, se raparía el pelo...

—Supongo que eres consciente de que vamos a tener que recuperar el tiempo perdido... —murmuró Yunho, sin dejar de sonreír, pegando su cuerpo por completo al de su dongsaeng.

Changmin también sonrió, acercando los labios a los suyos hasta estar a tan sólo un suspiro de distancia. Y justo antes de volver a besarlo, susurró:

—Eso espero, Yunho, eso espero.



FIN.

3 comentarios:

  1. AnSaGuCa3/16/2010

    Muy bueno!
    Mi favorito hasta ahora!
    Me gusta la actitud burlona de HeeChul, el sarcasmo de ChangMin y el amor de JaeJoong! XD
    Creo que YunHo es demasiado indeciso pero quedo perfecto!
    Me gusto mucho!
    Gracias por escribir ^^

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  2. Anónimo3/19/2010

    simplemente ame este fic :)

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  3. Por dios!!!

    Caigo de rodillas y te entrego mi lugar!!!
    Tengo que regañar a la Yuuki ¬¬

    O sea... Cómo que tercer lugar!!!
    Se merecía el primero... mínimo el segundo...

    Redacción perfecta, ortografía impecable, desarrollo inesperado a pesar de lo cliché de la trama (no lo digo en mal plan, si no que eso es algo muuuy dificil de lograr, creeme), y así podría seguir con un largo etcétera...

    Captaste los sentimientos de los personajes perfectamente bien, porque hasta Jae y Heechul que no intervienen mucho tienen una personañidad fuerte y definida...

    En definitiva, para mí, éste es el primer lugar...

    Sin demeritar a quienes ganaron... Bien dicen, en gustos se rompen géneros...

    Excelente!!!
    Espero leer tu trabajo de nuevo...
    ^^
    -3-

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