Todo Comienza con un Disparo - Cap. 4

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Miró el cuerpo ensangrentado de la mujer convulsionarse en el suelo unas cuantas veces más antes de que su corazón dejara de latir definitivamente. Entonces supo que había cometido un grandísimo error, y lo único que pudo hacer fue correr en búsqueda de él.

Había perdido la razón.

Golpeó la puerta de la habitación con todas sus fuerzas. Cuando el chico de mirada pacífica y piel pálida salió para encontrarse con un Changmin cubierto de sangre y con pánico en cada centímetro de su rostro no pudo sino suspirar asombrado.

- Hombre, ¿Qué te pasó?
- Maté a alguien – lo interrumpió cortante.
- ¿Que tú qué? – dijo asombrado. Changmin jadeó.
- Maté a una mujer. Y lo disfruté.

El chico pelinegro frunció los labios y sonrió de oreja a oreja, dándole palmadas en el hombro. Changmin volvió a jadear.

- Bienvenido a nuestro mundo – sonrió, y lo hizo entrar en su habitación.

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Changmin no era cristiano. De hecho, Changmin no profesaba ningún tipo de creencia religiosa, pues para él todo en la vida debía tener una explicación científica para ser creíble. Si no la tenía, no existía. Claro que no tenía nada que ver con el dicho “ver para creer”, pues hay cosas que no se ven y lógicamente existen (el oxígeno, por ejemplo). Pero ¿Existían cosas como el amor, la felicidad? Realmente, desde que era pequeño, esta era una posibilidad demasiado alejada de su propia realidad.

Recordaba una conversación repentina con una de sus compañeras (y Changmin realmente no hablaba con ellas). Hablaban de amor, príncipes azules y finales felices. No pudo sino reír. "¿De qué te ríes?" había comentado una de ellas, molesta. Changmin  suspiró y murmuró:

- De tu visión netamente infantil sobre el mundo que te rodea.

Había recibido comentarios sin fin tras esa respuesta. "Eres un maldito amargado, Changmin", "Por eso nadie quiere acercarse a ti", "Cuando te enamores entenderás de qué hablo".

Cuando me enamore, había repetido en su mente, y la conversación  había terminado en ese momento.

Unos cuantos años después se encontró en su habitación mirando a la nada. La ira no desaparecía. ¿Por qué, por qué? Su cerebro no dejaba de reproducir las imágenes recientes, y oh... Los gemidos de la muchacha, el sonido de sus respiraciones, el choque de sus pieles. Lo había oído todo, ya no podía olvidarlo. Mierda. Se sentía sofocado.

Cerró los ojos. De pronto recordó a sus hermanitas. ¿Estarían bien? Sintió una punzada en el pecho, sintió dolor. ¿Por qué seguía en este mundo, aun cuando había decidido rendirse? Quería irse. Realmente quería morir.

-

Despertó soltando un miserable grito que le lastimó la garganta. Se enderezó con rapidez y jadeó repetidas veces, pues su corazón no paraba de latir y sus pulmones necesitaban oxigenarse lo necesario para calmar de una vez el dolor punzante en su cabeza. Jaló su cabello con ambas manos, estaba aún más largo que antes. Deslizó su mano por su cuello y el recuerdo de aquel hombre lamiendo y besando cada centímetro de su cuerpo le recorrió la espina, causándole un escalofrío y un gruñido involuntario.

No podía olvidarlo. Cada toque, cada caricia, cada gemido seguían en su mente como un recordatorio permanente de su pecado, como un castigo. Y aquellos gemidos se mezclaban en su cabeza con los de la mujer bajo el cuerpo caliente del imbécil de blanca piel y labios rojos cuyo nombre aún desconocía.

Estaba enloqueciendo. La jaqueca aumentaba.

Se sintió enfermo y quiso correr y gritar, pero antes de poder siquiera mover un dedo la pesada puerta de metal se abrió, chirriando al ser arrastrada contra el concreto del suelo. Tras ella se dejó ver el chico sonriente apodado Xia.

Traía una bandeja entre sus manos y una sonrisa en el rostro. Por unos instantes Changmin sintió que su ira se desvanecía, dejando en sí un extraño estado de paz. El chico se sentó a los pies de su cama.

- Comimos hace un rato. Noté que no bajabas, así que creí que tendrías hambre – habló con lentitud mientras ordenaba las cosas en la bandeja. Finalmente se la extendió, con aquella paz que sólo él podía irradiar – Buen provecho.
- … Gracias – murmuró Changmin tras recibirla y tomar el tenedor con su mano.

Se quedó quieto unos instantes. Alzó la mirada, él seguía ahí, mirando a su alrededor como si fuera lo más interesante del universo. Changmin suspiró una vez más y comenzó a comer en silencio.

El chico frente a él comenzó a tararear alguna canción que no conocía, haciendo que el más alto dejara de comer por unos instantes para poder escucharlo. Aún miraba a su alrededor, moviendo sus dedos al ritmo de la lenta balada que susurraba. Changmin lo miró serio, sin cambiar su expresión sobria en ningún momento. El chico de pronto lo miró y sus mejillas se tiñeron de un leve tono rosa.

- ¡Lo siento, suelo distraerme y comienzo a cantar sin pensarlo! – se disculpó al notar cómo Changmin lo miraba fijo. Este sonrió y negó con la cabeza.
- No hay problema – dijo, y terminó de comer sin volver a pronunciar otra palabra.

El chico tomó la bandeja y Changmin le dio las gracias. Xia hizo un ademán de levantarse, pero en lugar de eso se quedó quieto y lo miró con cierto sentimiento de culpa en la mirada. Changmin alzó una ceja.

- Es un tonto y suele traer chicas, pero no es una mala persona. Deberías darte el tiempo de conocerlo, él tiene toda su atención en ti – se levantó con lentitud con la intención de no tirar nada de la bandeja – ha pasado tiempo desde que lo veía tan vivo – dijo con una sonrisa y la mirada perdida. De pronto dio un pequeño saltito y rio algo nervioso – Qué cosas estoy diciendo haha, lo siento, espero verte por el edificio más seguido, te hará mal vivir tan encerrado – sonrió y sin esperar respuesta alguna salió de la habitación, dejando a Changmin solo una vez más.

Se sintió incómodo. Pensó en el pelinegro, en su estúpido rostro pacífico y en su estúpida sonrisa, rodeada por esos estúpidos labios rojos y esa estúpida sensualidad que le causaba dolor de cabeza.

- Estúpido, estúpido – gruñó en voz baja levantándose, sintiendo cómo volvía a descontrolarse.

Pues en el fondo… el único estúpido no era nadie más que él mismo.

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El tiempo pasaba rápido en ese lugar, cuando se había dado cuenta un mes y medio había pasado y todo se sentía tan normal que incluso solía olvidar todo aquello que había sufrido, que alguna vez había vivido con sus padres y que lo habían echado de casa. Esos chicos le hacían sentir como parte de una familia, discutían y se reían como una familia normal, y olvidando el hecho de que eran un grupo de ladrones, eran bastante agradables. Le hacían sentir vivo.

Pero pensaba en sus hermanas y su mundo se venía abajo otra vez.

¿Qué estarían haciendo? ¿Estarían bien? ¿Su padre estaría haciéndoles la vida imposible? Cada segundo que pensaba en ellas, cada pregunta que se hacía era una agonía. Tenía miedo de perderlas, tenía miedo de no volver a saber de ellas. Y cuando aquellos pensamientos volvían a su mente no podía dejar su habitación, no podía mirar al resto y no podía tener ganas de seguir viviendo.

Era de noche, o debía serlo. En su habitación no había ventana alguna que le mostrara el mundo exterior, pero el grupo había salido tras oír cuchicheos sobre un plan. Irían a robar y él se quedaría ahí, solo y miserable, pensando y torturándose mentalmente. Sus pensamientos constantes lo cansaron. Comenzaba a caer dormido tras horas de  tortura psicológica cuando hoyó un ruido fuera de la habitación.

Se enderezó totalmente somnoliento y miró confundido a la persona que ahora permanecía de pie delante de él. Se sentía tan cansado.

- Ven conmigo – le susurró tomándole la mano. Changmin se sentía cansado, no quería moverse. ¿Quién era? – vamos, muévete – volvió a repetir y le dio un tirón, haciendo que se levantara.

Caminó tras él sin poder verlo bien. Se sentía cansado, muy cansado y no entendía la razón. Sus ojos pesaban, no podía mantenerlos abiertos y sus músculos estaban tan relajados que no podía mover sus extremidades con agilidad.

- ¿Dónde vamos? – preguntó apenas, tras segundos intentando formular palabra alguna. El chico frente a él, aún borroso, no respondió, sólo apretó más su mano sobre la del más alto y continuó caminando.

Su corazón dio un brinco. Una puerta se abrió y el frío viento nocturno le heló los huesos. Dio un respingo y el chico frente a él rodeó su rostro con ambas manos para luego darle suaves golpecitos.

- ¡Eh, despierta! ¡Si sigues dormido te caerás de la moto!  - exclamó el chico frente a él, cuyo rostro poco a poco comenzaba a hacerse más nítido. Cuando por fin salió de aquel estado de coma producido por el sueño su rostro se sintió caliente al ver que la persona frente a él no era ni más ni menos que el pelinegro de labios rojos. Se alejó con rapidez, evitando que sus manos suaves siguieran en contacto con sus mejillas.
- ¿Q-Qué estamos haciendo aquí? – preguntó algo atónito frotando sus mejillas con su propia mano. El chico sonrío, le hizo un gesto y se subió a la moto.
- Ven, tenemos tiempo antes de que el grupo llegue – dio golpecitos en la parte trasera del asiento para que Changmin se subiera. Este hizo un gesto ofendido.
- No sé a dónde quieres llevarme pero ¿Qué te hizo pensar que te seguiría?
- Te conviene -  dijo con simpleza y Changmin se tragó sus palabras. ¿Por qué no podía discutir con él? Suspiró con resignación se sentó tras él.

Fue nuevamente uno de los viajes más incómodos de su vida. No sabía de dónde sujetarse, no tenía experiencia con motos, el pelinegro manejaba a toda velocidad y asustado sólo podía  abrazarse a su cintura esperando un milagro y no caerse y quebrarse el cráneo. No quiso abrir sus ojos en ningún momento. Había apoyado su mejilla en la espalda del otro para calmarse,  y cuando la mano que rodeaba su cintura  y descansaba sobre su pecho fue acariciada por una mano cubierta por cuero negro su propio pecho se descontroló de sobremanera.

La motocicleta frenó al fin y casi como un gato se bajó en un rápido movimiento, casi perdiendo el equilibrio. El chico pelinegro apagó el motor  y dejó salir una pequeña risita al verlo. Acomodó los cascos y se estiró. Estaban frente a una casa que no conocía.

- ¿Dónde estamos? – preguntó el más alto, pero el pelinegro sólo le indicó que lo siguiera.

Caminaron al lado trasero de la casa. Estaba oscuro y sólo una habitación en la casa tenía las luces encendidas. Micky se sujetó de unos agujeros en los ladrillos de la pared y comenzó a escalar, hasta llegar al balcón perteneciente a la habitación con las luces. Desde arriba le hizo un gesto indicándole que lo imitara. Changmin, algo nervioso, simplemente obedeció y, con más dificultad, escaló el muro hasta llegar a su lado.

- ¿Cuál es el plan? ¿Robarás esta casa? Creí que sólo robaban a lugares grandes – dijo en voz baja mirando hacia sus alrededores, temeroso.
- Claro que no – rio, sin decir más dio tres suaves golpecitos en el vidrio de la puerta y esperó. Changmin sintió el pánico invadirlo.
- ¿Q-Qué crees que estás…? – balbuceó rápidamente, sintiendo su cuerpo helarse. Se oyeron pasos del otro lado y la puerta del balcón se abrió, dejando salir desde adentro un suspiro asombrado. Changmin se giró y sus ojos se abrieron de par en par.
- ¿Hermano? ¿Eres tú? – murmuró la chica. Era su hermana. Detrás de ella apareció su otra hermana. Changmin sintió su corazón detenerse.
- P-pero… - murmuró y miró al pelinegro totalmente anonadado. Este le sonrió, se paró sobre el balcón y miró su reloj.
- Tienes sólo 40 minutos, aprovéchalos – le guiñó el ojo y saltó hacia el techo, borrando todo signo de su presencia en aquel lugar.

Miró a las chicas frente a él. Se veían tan sanas y bellas y tranquilas. No se esperaba esto, no estaba preparado, no pudo pensar más y las abrazó a ambas con toda la fuerza que sentía haber perdido durante este tiempo. Las chicas comenzaron a llorar descontroladamente, intentando no hacer escándalo para no llamar la atención. Changmin intentó no llorar también, pero le fue casi imposible. Estaba tan feliz de verlas sanas y salvas.

Le contaron que, tras unos días de haber sido echado por su padre de casa, ellas se habían marchado a la casa de unos tíos que le dieron alojamiento. Al parecer eran una pareja vieja muy agradable y no tuvieron problemas. A sus padres no les importó, su padre estaba demasiado ebrio como para preocuparse y al parecer su madre se mantenía casi dopada cada día con todos los medicamentos que ingería.

Pero sus hermanas estaban felices. Estaban tranquilas, se veían sanas y muy contentas. Lloraron porque creían haber perdido a su hermano mayor. Changmin las tranquilizó y les pidió perdón, pues no podía volver a vivir con ellas, no aún (por razones totalmente obvias. No es fácil vivir por ahí tras haber matado a un hombre). Se abrazaron y rieron como en los viejos tiempos, y entonces le dijeron aquello que había hecho su corazón detenerse por unos instantes, para luego comenzar a latir con más fuerza.

- Ese chico de cabello negro llegó un día a la casa. Nos asustamos bastante porque no lo conocíamos, pero dijo que te conocía – dijo una de ellas frotando sus manos – nos dijo que llevaba tiempo buscándonos, que tú estabas muy preocupado.
- Me puse tan contenta cuando supe de ti – dijo la otra – nos dijo que te traería hoy.

Changmin intentó ocultar su sonrisa - ¿Qué les he dicho de confiar en extraños? – las regañó y les dio un fuerte abrazo. Las chicas rieron. Justo en ese momento se hoyó un ruido en el techo, y al mirar se encontraron con el chico pelinegro y una sonrisa en sus labios.

- Hora de irnos, cariño – le dijo y Changmin se sonrojó.
- ¿Cariño? – preguntó una de sus hermanas, algo confundida. Changmin entró en pánico.
- N-no le hagas caso, suele hablar incoherencias – se apresuró a decirle, aún con sus mejillas ardiendo. Sus hermanitas sólo rieron y le dieron un último abrazo – Las volveré a ver, no se preocupen – le dio un beso a cada una en la frente y ambos bajaron por el mismo muro.

Se despidió una última vez con la mano y se subió detrás del pelinegro. El motor rugió y poco a poco se alejó de ellas hasta perder de vista la casa por completo. El camino de vuelta fue lento y tranquilo, ya casi no había gente en las calles y la brisa helada se sentía bastante bien en sus hombros cubiertos sólo por un chaleco de lana gris. Llegaron y el pelinegro se detuvo. Hubo un silencio. Changmin se bajó y se acomodó las ropas, el pelinegro ordenó su cabello y guardó los cascos. Changmin suspiró.

- Gracias.
- ¿Uh? – se giró para mirarlo. Changmin alejó la mirada.
- Gracias – susurró nuevamente – por llevarme con mis hermanas. Te diste el tiempo de buscarlas y… ¿Cómo supiste? – preguntó al fin algo curioso. Nunca les había mencionado nada de su familia, ¿Cómo sabría que extrañaba a sus hermanas?

El pelinegro sonrió – Sé muchas cosas – sonrió y entró al edificio.

Changmin se quedó de pie mirando hacia la puerta. Lentamente movió su mano hasta llevarla a su pecho. ¿Qué había sido eso? Aquella sonrisa, era similar a las sonrisas coquetas que solía utilizar, pero algo tenía distinto. Algo que le quemaba el pecho de una manera desagradable.

(Mentía. Era bastante agradable.)

Gruñó molesto, pateó un basurero en una esquina y entró al edificio.

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Durante una semana o dos el lugar estuvo completamente libre de molestias, pero luego de un tiempo una mujer comenzó a pasearse por los pasillos. No era la misma de esa vez, era otra. Una mujer más insoportable. Varias veces la vio saliendo de la habitación del pelinegro. ¿Por qué hacía eso? ¿Por qué acostaba con ellas?

Nuevamente Changmin había sido enviado por el líder, U-know, a una misión. Había el encargado de descifrar los sistemas de seguridad del lugar, y aunque no tenía experiencia con esos temas debía decir que lo había hecho bastante bien. El dinero que habían sacado era bastante, y al volver a casa decidieron que sería bueno celebrar y beber unas cuantas cervezas.

Había pasado mucho desde que no bebía. En realidad trabajar en ese bar pestilente le había quitado el gusto por muchas cosas, pero ese era un momento que todo el grupo parecía estar disfrutando, no perdía nada con alegrarse un poco con ellos.

Había reído como no lo hacía hace mucho. ¿Cuál sería la razón para llevarse tan bien con ellos, aun cuando no sabía nada de sus pasados? Ni siquiera sabía sus nombres, pero podía reírse y disfrutar del momento con tanta facilidad. Se sentía extraño. Jamás había experimentado eso. No tenía amigos en la escuela, ni en su vecindario, para él todo siempre fue vivir a la defensiva y trabajar para mantener a sus hermanitas. Padres ebrios, madres adictas a los antidepresivos. Violencia, golpes, gritos, noches sin dueño, gritos, un vaso roto, sus hermanitas llorando, miedo, violencia, bares, gente ebria y prostitutas. Toda su juventud resumida en palabras de significado tan banal que le causaba nauseas.

Desearía borrar todo su pasado. A veces deseaba haber nacido en otra época o en otra familia, pero ¿Habrían tenido sus hermanas el mismo destino? ¿Habrían nacido en otra familia, o estarían destinadas a sufrir las penurias que sus padres les hicieron vivir? Y si Changmin no hubiese nacido, ¿Todo habría sido mejor?

Un millón de opciones, y cada una parecía tan válida, tan creíble. Tanto que a veces tenía el deseo infantil de meterse al armario, cerrar sus ojos, desear por un mejor futuro y al salir encontrarse con una hermosa madre que le sonriera, un padre que lo cargara en sus hombros y aquel sentimiento de tranquilidad que siempre había añorado.

Poder vivir sin preocuparse por el mañana.

Le hacía feliz pensar en cómo sus hermanas habían comenzado a tener una mejor vida, sólo porque él había hecho el cambio. Él se había marchado, él había cambiado la dirección de la ruleta del destino. Él había jugado mal sus cartas y recibido el castigo, cuando ellas recibieron el premio.

Y no le importaba. Recibiría uno y mil castigos con tal de lograr la felicidad a sus pequeñas hermanitas que nada de culpa tenían de haber nacido en esa desgracia.

Pero debía admitirlo… En algún momento de su vida lo había deseado. Un poco de felicidad de él. ¿En serio no se merecía ni un poco? Si la respuesta era no, pues podría vivir con ello. Pero ese pedacito de su corazón se lo exigía. “Un poco de amor, Changmin, sólo eso necesito. Un poco de amor que no sea el de tus hermanas y podré nutrirme por el resto de mi vida”.

Estaba tan solo.

Se había ido a dormir cuando el chico del lunar, Hero, no paraba de quejarse totalmente ebrio. U-Know, el líder, trataba de calmarlo, mostrando la evidente relación que tenían. Xia comenzaba a quedarse dormido, así que el chico pelinegro decidió que había sido suficiente diversión.

Camino a su habitación se había cruzado con la mujer. ¿Acaso siempre estaba ahí? Esta lo había detenido pidiéndole fuego, pero Changmin le había negado y sólo continuó adelante.

Esa noche soñó con el rostro deformado de su jefe tras los cuatro disparos. Sus sesos esparcidos por la almohada, el hedor de sus heces, el olor penetrante de su sudor. El aroma de la sangre. Venganza. Cada sentido había estado presente en ese sueño, y al despertar cerca de las 4 am sólo había podido vomitar miserablemente.

Tardó un rato limpiando el desastre que había causado, y decidió que lo mejor sería ir a darse un baño para poder relajar la tensión en sus músculos.

El edificio era extremadamente oscuro. Nunca había temido a la oscuridad, pero en ese lugar que aún no conocía bien debía admitir era un tanto tenebrosa. Algo desorientado se dirigió hacia un sector iluminado que sus ojos captaron.

Había sólo un sofá y una televisión encendida, en un canal sin programación. El sonido insoportable que la televisión emitía era casi imposible de oír, pues el volumen era casi mínimo. A pesar de eso, podía oírlo claramente en la oscuridad de esa habitación y aquello le causaba escalofríos. En el sofá había alguien. No alcanzaba a diferenciarlo bien, así que se acercó para estar seguro.

Era el pelinegro quien continuaba bebiendo solo. Changmin alzó una ceja.

- Oh.

Se arrepintió de haber hablado, pero ya era tarde. Automáticamente el chico se enderezó y lo miró algo asombrado. Luego suspiró, dio un último sorbo a la lata de cerveza y la dejó sobre la mesa.

- Vaya, pensé que todos dormían. – se rascó la nuca con una mano. Changmin se encogió de hombros.
- Comencé a sentirme un poco mal – respondió con honestidad. El chico asintió y se quedó mirando a la nada. Entonces le indicó a Changmin que se sentara junto a él.
- Ven, un poco de compañía no me haría mal – sonrió y Changmin simplemente aceptó pues de todos modos, tras haber vomitado todo lo que pudo, no se sentía con deseos de volver a dormir.

Estuvieron sentados cerca de una hora uno junto al otro sin emitir palabra alguna. Changmin miraba atento al movimiento de las manchitas en la televión, cuando era pequeño solía comparar la pantalla con un montón de moscas molestas peleando unas contra otras, zumbando insoportablemente hasta que su sonido penetraba el cerebro de la gente que lo escuchaba. Entonces se apoderaban de ti y sentirías el zumbido dentro de tu cabeza por el resto de su vida

Aquellas cosas atemorizaban a Changmin en aquellos tiempos.

- ¿Por qué intentabas suicidarte en aquel momento? – preguntó el chico de pronto, tomando a Changmin por sorpresa. Este dio un salto y luego se encogió de hombros.
- Es una larga historia, no te interesa.
- Probablemente sí – se encogió de hombros también. Changmin negó con su cabeza.
- No conozco tu nombre real, ni tú el mío. No tenemos pasado para el otro, sólo el presente.
- Hmm, ya veo – sonrió mirando a la nada.

Se quedaron callados un largo rato. Entonces el pelinegro abrió su boca y murmuró:

- Quiero besarte.

El silencio que hubo después de esta declaración fue aún más incómodo que el que solían experimentar. Changmin lo miró con el ceño fruncido, intentando buscar su mirada y buscar esa chispa de broma que tenía en sus ojos oscuros cada vez que le coqueteaba. No vio ningún brillo. Sus palabras eran honestas, y no estaban acompañadas de las palabras “tienes unos labios deliciosos” que siempre seguían, más una mirada de lujuria y la sonrisa de su jefe.

No. Sólo estaba él expresando lo que realmente quería.

Changmin negó con la cabeza – No, no quieres, estás ebrio – respondió mirando las latas vacías de cerveza que descansaban inservibles sobre la mesita entre el sofá y la televisión que los iluminaba débilmente. El chico rio.

- No voy a embriagarme con sólo 5 cervezas – se acomodó en el asiento. Entonces se giró un poco para mirar más de frente a Changmin y lo miró serio – Estoy lo suficientemente sobrio como para pensar en que me atraes de una forma terrible desde que llegaste y que no puedo hacer nada al respecto.

El corazón de Changmin dio un salto intenso. Entonces frunció el ceño e hizo un ademán de levantarse. El chico pelinegro lo sujetó del brazo haciendo que permaneciera sentado. Se le acercó con tranquilidad, sin mostrarse desesperado, y se detuvo sólo a centímetros del rostro del más alto. Este no mostró señales de querer moverse, simplemente lo miraba fijo.

- Si te beso… ¿Vas a golpearme?

Changmin quiso responder, pero de su garganta sólo salió aire. Un suspiro que le hizo caer totalmente bajo. No entendía toda esa mezcla de emociones que estaba sintiendo en su pecho, se mezclaban, se aglomeraban, aumentaban, le quitaban el aire. Quería irse, correr, pero a la vez no quería.

- Claro que lo haré.

No entendía nada, sólo que de un segundo a otro la boca del pelinegro se encontró sobre la suya, moviéndose lentamente, y Changmin no lo había golpeado.

Lo estaba besando, y era un beso tan suave que por un segundo casi pierde la cabeza. Comenzó a recordar su pasado, indagando e investigando en su gran colección de memorias. Jamás había dado un beso, no uno de aquellos que ves en la tele y sueñas con sentir en algún momento de su vida. No, sólo había dado de aquellos a cambio de dinero, besos sin sentimientos, sin tacto. Sólo choques de dos bocas desconocidas para la otra. Su jefe le ofrecía más dinero por recibir sus sucios besos. Changmin debía soportar el asco que le daba soportar la saliva del otro apoderarse de su propia cavidad, pues ese sucio dinero que recibía era el que lo mantenía con vida a él y sus hermanas.

Y ahora el pelinegro lo estaba besando con una mano acariciando su mejilla y con su otra mano bajando lentamente desde su cuello por su pecho. Se sentía intenso, su mano se sentía como un cuchillo haciendo un largo corte desde su garganta hasta su estómago con la intensión de sacar cada uno de sus intestinos y quitarle la vida que había odiado tanto desde que podía hacer uso de memoria. Y a la vez se sentía como un chiquillo descubriendo algo nuevo entre juegos y risas. Aprendiendo de sonidos, toques, sabores. El sabor de su boca, la sensación de tener sus dedos fríos recorriendo su estómago por debajo de su camiseta.

Tenía que detenerlo.

Le dio un empujón cuando había analizado toda la situación. El chico se alejó y lo miró a los ojos. El rostro de Changmin estaba caliente. Los labios del pelinegro se veían rojos. Changmin no entendía nada de lo que estaba sintiendo, pues todo era demasiado nuevo como para saber de qué se trataba.

Entonces volvió a besarlo y las sensaciones que su cuerpo experimentaba se hicieron aún más intensas. Soltó un jadeo. Siguió besándolo, sus labios masajeaban los del más alto, los acariciaban tan suaves como terciopelo. Sólo podía emitir suspiros cada vez que se alejaba. Comenzaba a desesperarse, quería alejarse y golpearlo. ¿Por qué no lo hacía? ¿Por qué no lo haces, Changmin?

El pelinegro se alejó y se enderezó. En algún momento que no había notado había terminado recostado en el sofá, su respiración estaba agitada y su cerebro era un caos total. Entonces sintió unas manos en su pelvis y todo resto de cordura se fue al demonio.

- ¿Q-Qué crees que estás haciendo? – preguntó alarmado. Y no es que el pelinegro fuera tan veloz que no pudiera detenerlo, no. Simplemente estaba tan lleno de pensamientos y sensaciones nuevas que simplemente no reaccionó a tiempo.

El pelinegro desató su cinturón, desabotonó su pantalón y bajó su cremallera con una lentitud increíble. Metió sin vergüenza alguna su mano bajo su pantalón y su ropa interior y tomó su miembro con su mano. No estaba excitado de ningún modo. Su miembro se veía miserable en ese aspecto. Aun así, el pelinegro se mostró serio, en ningún momento se rio o se burló y de un momento a otro su rostro se hundió en su entrepierna, comenzando a moverse de arriba abajo con suavidad y lentitud.

Changmin no sentía absolutamente nada. Observó atentamente durante unos instantes al pelinegro, cuando de pronto comenzó a sentirse inquieto. Se echó hacia atrás una vez más. Soltó un suspiro. El pelinegro no paraba de moverse. Changmin se concentró en todos sus sentidos. La saliva, su lengua, sus labios, su calidez, la humedad, el roce. Comenzaban a juntarse cada una de ellas. Su respiración comenzaba a agitarse. Estaba sintiéndose intranquilo, agitado, no podía mantenerse quieto. ¿Qué era eso? ¿Qué estaba sintiendo? Recordó le había practicado sexo oral a su jefe. ¿Era esto lo que él había sentido esa vez?

Gimió. Cubrió su boca con una mano.

El pelinegro no paraba de moverse de arriba abajo y pronto Changmin tuvo la necesidad de abrir más sus piernas y sentir aquello que lo estaba descontrolando. Su rostro ardía y su cuerpo comenzaba a calentarse, ya no sentía el frío de la noche. ¿Y qué hora sería? ¿Cuánto tardaría esto? Sentía que debía detenerlo.

Volvió a mirarlo. Su miembro se encontraba totalmente erguido. Aquello se sentía diferente a cualquier otra que hubiera sentido. Recordó por unos segundos la última vez que se había acostado con su jefe, cuando este había usado el consolador en él. Esa vez había sentido placer, pero era uno desagradable que le había causado nauseas. Este era distinto. Este no le desagradaba.

“Changmin, detenlo” se repetía mentalmente. Comenzaba a sudar un poco, su respiración estaba más agitada y los gemidos se hicieron más comunes saliendo de su garganta. Llevó una mano a la cabeza del pelinegro y sujetó su cabello entre sus dedos. Se mordió el labio inferior. Esto no estaba bien, nada de esto estaba bien.

Comenzó a desesperarse.

- Para – murmuró entre jadeos. El pelinegro no se detuvo ni un poco. Hizo unos cuantos ruidos húmedos y succionó una vez. Changmin gimió fuerte. Volvió a mirarlo – Para, oye.

Rasguñó el sofá a un lado suyo y echó su cabeza hacia atrás. La enderezó una vez más y enderezó su espalda, quedando apoyado en uno de sus codos. Estaba sintiendo más placer que antes. Comenzó a desesperarse aún más. Le ordenó al pelinegro nuevamente que se detuviera. No le hizo caso. Llevó sus manos a su cabeza e intentó alejarse, y no fue hasta unos minutos después que este se alejó, limpió su boca con su mano y subió hasta su altura. Entonces lo besó y tomó su miembro con una mano, sólo en ese momento  notó que él también había estado tocándose. El chico de blanca piel comenzó a masajear ambos miembros juntos con una mano. Changmin gimió fuerte al contacto de su hombría. Se sentía caliente y húmedo. No logró emitir palabra alguna, su boca se encontraba demasiado ocupada contra la boca del otro.

Gimió más fuerte contra sus labios cuando aceleró su mano. Sintió sus ojos humedecerse. Él no quería estar haciendo esto, realmente no quería. El contacto físico le daba asco, ¿Por qué este chico no le causaba ese asco? No quería que le agradara. No quería que lo tocara.

Gimió otra vez. Le pidió en voz alta que se detuviera. ¿O lo había hecho en su mente? No estaba seguro, podría asegurar que lo hizo en voz alta, pero no se detenía. Seguía moviendo su mano, seguía besándolo, seguía recorriendo su piel con sus dedos fríos. Se sentía tan excitado. Sentía tanto placer. No podía dejar de gemir y suspirar contra sus labios.

“Para. Para. Para”

Cielos, se sentía tan bien. No se comparaba en nada a lo que había sentido esa última vez que se había acostado con su jefe. El pelinegro gruñó con suavidad, haciendo que su pecho se encogiera y se entibiara. Entonces Changmin cerró sus ojos con fuerza y echó la cabeza atrás, gimiendo casi de forma inaudible cuando terminó en la mano del chico sobre él. Nunca había tenido un orgasmo en su vida, aquel con su jefe lo consideraba un nada, algo asqueroso y sin significado. Cada sensación fue tan intensa que olvidó el frío que hacía, olvidó sus pensamientos malos y las náuseas que recientemente había tenido.

Entonces abrió sus ojos y se encontró frente a frente con el rostro pálido del pelinegro, sólo alumbrado por el brillo tenue de la televisión y el extraño brillo en sus ojos. Podía reflejarse en ellos. Sintió su estómago revolverse y sin pensarlo le dio un fuerte empujón para salir de debajo de su cuerpo.

Se enderezó y ordenó su ropa desordenada. Sentía sus labios hinchados y calientes, al igual que sus mejillas. Se sentía sudado, acalorado, pegajoso y sucio. Sintió ganas de gritar a todo pulmón hasta destrozarse la garganta y los tímpanos. Sintió ganas de llorar y gritar. El chico pelinegro lo miraba desde el sofá, con las mejillas sonrojadas y los labios entreabiertos.

Y entonces tuvo ese sentimiento otra vez. No podía leer sus facciones, no podía leer sus emociones. No comprendía el mensaje en su rostro, no entendía nada sobre su persona; quién era, qué hacía, qué sentía. Ni su pasado ni su futuro. Nada, sólo él, sus labios rojos semi abiertos bajo su nariz o sus ojos rasgados con leves ojeras causaras por trasnochar. Su piel blanca, su pronunciada nuez de adán, su rostro. Cada facción. No podía leer nada en ella.

Sentía que una vez más lo odiaba.

- No vuelvas a acercarte a mí – gruñó sintiendo un fuerte dolor de cabeza nacer desde su nuca hasta apoderarse de toda su cabeza. Su cráneo iba a estallar – No vuelvas a tocarme nunca más. Jamás.
Sus ojos irradiaban rabia. El pelinegro lo miró tranquilo, acomodando su ropa. No se asustó, no se irritó. Siempre la misma expresión pacífica que le acababa la paciencia.

El único molesto aquí siempre sería Changmin.

Gruñó con fuerza y le dio una patada a la mesa de madera oscura, dejando caer todas las latas y causando un fuerte escándalo. El pelinegro lo miró sin ninguna expresión.

- Vas a despertar a los demás – murmuró. Changmin frunció el ceño.
- Muérete.

Cuando se dio cuenta estaba en el baño encerrado. Se metió a la ducha y dejó caer el agua en su cuerpo tenso. Aún con el agua corriendo por su piel podía sentir esos dedos delgados y fríos acariciando su pecho, su estómago y su  vientre. Sentía nauseas. Los recuerdos de su jefe tocándolo volvieron, podía jurar oír su respiración en su oído, sus grandes manos agarrando sin cuidado su trasero, apretando sus extremidades, sus ojos mirándolo, devorándolo.

Gritó. Gritó con fuerza, pero el sonido del agua cayendo del grifo opacó su agonía.

No quería esto.

--

No salió en todo el día. Tampoco comió. Xia le preguntó reiteradas veces si se sentía mal, si quería algo o si necesitaba hablar. No le contestó, sólo se mantuvo recostado boca arriba, mirando al techo casi sin pestañear y tarareando alguna canción que de un momento a otro recordó, una canción sin nombre que se le vino a la mente y que le recordaba a algo que curiosamente no podía recordar.

Su camiseta había sido lavada por Hero recientemente. Olía a lavanda. Recordó el viejo vestido de su madre, cuando era pequeño. El armario de su madre siempre olía a lavanda. Cuando era pequeño, cuando su vida no era un desastre. Cuando aún el sentimiento de querer dejar de existir no había llenado su pecho.

Cuando se levantó el hambre al fin se hizo presente. Miró la última bandeja que Xia había dejado ahí y se sintió algo mal porque sólo él siempre se preocupaba de que comiera bien y aun así lo había ignorado. Suspiró y comenzó a comer la comida fría. No pudo siquiera terminar la mitad del plato. Su apetito había desaparecido sin razón. Se sintió triste, algo agitado.

Cerró los ojos y pensó en sus hermanas. Desde que las había visto había decidido que, sea lo que fuese que lo tuviera mal, pensaría en la sonrisa de sus hermanas, y así podría seguir día a día tranquilo, pensando que aún había algo bueno en el mundo que le diera energías.

Pero de pronto se sintió incómodo. Se levantó y salió de la habitación, causando un fuerte ruido al arrastrar la puerta metálica. Caminó por el pasillo algo intranquilo, sin saber por qué siquiera había decidido salir de la habitación. Estaba oscuro, apenas podía ver sus manos iluminadas frente a él por la tenue luz de la luna que entraba por los ventanales grandes del pasillo. Un gato corrió por los techos y Changmin suspiró.

“Eso debía ser el ruido que oí” pensó tranquilizándose, por lo que decidió volver a la habitación.

Al entrar una silueta se encontró sentada en su cama. Alcanzaba a ver la punta de un cigarrillo prendido en su boca y el humo saliendo blanquecino de entre sus labios. Era una mujer, guapa y de largos cabellos. Sus rodillas se mantenían elegantemente cruzadas una sobre la otra y con una mano se apoyaba en el colchón. Soltó humo.

- Hola guapo.

Changmin no comprendió. ¿De dónde había salido esa mujer? No estaba segura de haberla visto antes. La mujer rio coqueta – Eres tímido, ¿Eh?

- No la conozco, ¿Por qué debería contestarle?
- Oh, ¿No te han enseñado a tratar a una mujer?
- Está en mi cama – dijo rápido. La mujer soltó más humo de su boca.
- Podríamos estar juntos en ella.
- Váyase.

La mujer ni siquiera se movió, continuó ahí sentada, meneando su pie cubierto por un tacón negro y soltando el humo que acumulaba durante segundos en su boca tras aspirar de su cigarrillo. La habitación estaba completamente contaminada con el olor a nicotina y tabaco de mala calidad.

- Le pediré por favor que vaya a fumar en otro lado, su olor me desagrada. - la mujer soltó una carcajada seductora - USTED me molesta.
- Ah, cariño, tú no entiendes - soltó la colilla del cigarrillo y la pisó con su tacón, dejando una mancha de cenizas en el suelo - No comprendes el asunto - se puso de pie - estoy aquí para recibir lo que quiero, ¿Sabes?
- Lo que yo quiero es que me dejes en paz - dijo Changmin intentando calmarse. La mujer se le acercó lentamente, moviendo de un lado a otro sus pronunciadas caderas cubiertas sólo por un fino vestido del color de los arándanos maduros. Lo miró a los ojos, como acechándolo, y por unos instantes Changmin se sintió completamente vulnerable.
- Hazme tuya - dijo decidida. Changmin bufó.
- Déjame en paz.

La mujer se le pegó al cuerpo con fuerza en un fogoso abrazo. Sintió sus grandes senos contra su pecho y una mano se pegó a su entrepierna de forma desvergonzada. Changmin sintió nauseas por el contacto físico. Sintió algo filoso presionarse con suavidad contra su costado izquierdo.

- No estoy aquí para jugar, jovencito – habló pegada a su oído. Se sintió incómodo por la temperatura de su respiración – si la tienes pequeña y no te atreves a mostrarte me da igual, pero estoy cansada y necesito algo que me reconforte. Necesito dinero.
- Y no encontrarás nada aquí, así que vuelve por donde viniste y desaparece de mi vista.
- ¿O si no qué? – rio la mujer. Se frotó nuevamente contra su cuerpo y Changmin le dio un fuerte empujón.

La mujer dio un gruñido molesto causado por el fuerte empujón el cual debió haberle causado cierto dolor y sin pensarlo dos veces le dio un fuerte manotazo, con cuchillo en mano, en la mejilla derecha. Changmin gruñó con fuerza. Su mejilla comenzó a sangrar.

Cubrió con su mano la herida causada por el cuchillo de gran filo. La mujer lo miró con odio.

- ¿Pretendes que te de dinero? ¡Pues no tengo nada! ¿Quieres joyas, riqueza, algo de valor? ¡NO TENGO ABSOLUTAMENTE NADA! – le gritó con fuerza totalmente enrabiado. El corte en su mejilla quemaba con intensidad, la sangre continuaba corriendo por su mentón hasta su cuello, dejando grandes gotas en el suelo y en sus zapatos gastados. La mujer corrió para herirlo nuevamente con el cuchillo, pero Changmin atrapó su muñeca con su propia mano. La mujer gimió. – No estoy de humor, sólo vete. Por favor.

La mujer rio, sus labios rojos resaltando aún más sus blancos y perlados dientes - ¿Acaso tienes algo más que hacer? – murmuró. Changmin alzó una ceja - ¿Acostarte con Micky, quizás?

Changmin se puso pálido. La mujer soltó una carcajada.

- Eres una más de sus putas, querido. Sólo que a ti no te paga, sólo te utiliza, y volverá a utilizarte las veces que crea necesarias. Cuando se canse de ti sólo te desechará como a muchas otras – sonrió de oreja a oreja.
- Cállate – balbuceó. Tragó saliva, su cuerpo se sentía helado
- ¿Lo disfrutaste? Te oí gemir como otra de sus rameras, y sólo te tocó con una mano, no quiero ni imaginar cómo será cuando te dejes poseer por completo. – comenzó a reír. Changmin jadeó.
- ¡Cállate!
- Créeme, no tardarás mucho – una gota de sudor corrió por la mejilla de la mujer. Changmin estaba apretando aún más fuerte su muñeca. Sintió frío en la nuca – Lo veo en tu mirada…
- ¡CÁLLATE, CÁLLATE! – apretó con más fuerza la muñeca. La mujer se quejó con fuerza. Luego volvió a reír.
- Lo odias, odias no saber qué piensa. Odias no saber qué pasa por su mente, qué piensa de ti – mordió su labio. Changmin sintió una jaqueca terrible – YA LE PERTENECES, SHIM CHANGMIN – abrió sus ojos y rio. No tuvo siquiera tiempo de pensar cómo demonios conocía su nombre.

Perdió la razón de un momento a otro. No supo cómo pasó, no supo cuándo pasó. De pronto miró al suelo y ahí estaba. Miró sus manos, su diestra sujetaba con tanta fuerza el cuchillo ensangrentado que le fue difícil soltarlo. Su respiración se agitó. La mujer en el suelo lo miraba aún con una sonrisa en su mirada, la sangre brotaba a borbotones de su boca y de su garganta. El sonido metálico del filo cayendo sobre el suelo cemento hizo eco en su cerebro, reproduciéndose una y mil veces.

- Estás… condenado – habló la mujer con pocas fuerzas.

Y el sonido de su voz ahogada por la sangre que fluía con fuerza fue totalmente desagradable.

Llevó su mano a su cabeza, jalando de su largo cabello negro. Lo jaló con fuerza, arrancó un montón de ellos. El ardor no le importó. Sintió ganas de vomitar.

Se agitó. La mujer no borró su sonrisa. Se convulcionó un par de veces más antes de dejar de respirar por completo, y Changmin pudo jurar haber oído los últimos latidos de su corazón bombear en sus oídos.

Su mejilla ardía, pero ya no le importaba. La sangre cubría sus manos y su camiseta y la mitad de su rostro, pero ya no le importaba. Había matado a una mujer… pero ya nada le importaba.

Corrió a toda velocidad, más agitado de lo que en su vida había podido estar. Recordó a sus hermanas. Sintió lágrimas correr por sus mejillas; las secó. Sentía que se ahogaba, sentía que el oxígeno disminuía cada vez más, sentía que moría poco a poco, sentía que se asfixiaba.

Golpe. Golpe. Golpe.

Sus nudillos dolían pero no pudo dejar de golpear. Sus ojos se mantenían abiertos mirando a la nada, fijos en algún punto perdido entre el marco de la puerta y el papel tapiz mohoso de la pared. Los segundos se le hicieron eternos. La puerta se abrió. Micky estaba ahí.

- Hombre, ¿Qué te pasó?

El rostro sonriente de la mujer apareció en su mente.

- Maté a alguien.
- ¿Que tú qué? –

El rostro deformado de su jefe apareció en su mente.

- Maté a una mujer. Y lo disfruté.

Cuando alzó la mirada hacia el rostro del pálido pelinegro este sonreía de oreja a oreja, con los ojos fijos en los propios. Estos reflejaban todo tipo de sentimientos que nunca antes había visto. Changmin jadeó.

- Bienvenido a nuestro mundo – dijo sin borrar esa dolorosa sonrisa, invitándolo a entrar a su habitación.

Hoyó la puerta cerrarse detrás de él y una mano se posó en su hombro, apretándolo con una delicadeza dolorosa. Changmin lo miró a los ojos, encontrándose una vez más con aquellos orbes color chocolate llenas de misterios. Sus labios rojos se movieron con lentitud seductora, y Changmin sintió sus rodillas flaquear.

- Mi nombre es Yoochun.

Y cayó al suelo, perdiendo completamente la conciencia.

4 comentarios:

  1. Anónimo3/28/2014

    Olvidé decirte dos cosas importantes en mi comentario de Amor Yaoi >:B

    Lo primero es, mira lo hermoso que escribes: "Hoyó la puerta cerrarse detrás de él... " u////////u

    Y lo segundo es que, se supone que Yoochun ahora le dijo su verdadero nombre a Changmin O:! ¿Eso significa que se viene una relación más intensa y compremetedora entre éstos dos? ¿O acaso ahora los cinco ladrones le contarán a Changmin sus verdaderas historias porque el cabro pasó así como la prueba para ser uno de ellos?

    Como sea, extrañaba caleta leerte y esperaré eternamente por el siguiente capítulo, mi amor u////u

    Ya sabes quién soy xD

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  2. Waa muy buena, muy buena me encanto he esperado esta historia, la ame, muchas graciass por el capi n.n espero que actualices pronto n.n

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  3. Lú~~ ;34/03/2014

    POR LA FUCKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKKK

    Es que, es que , es que, es queeeeeee D:
    En primer lugar me pregunto ¿Cómo carajos fue que Yoochun supo de las hermanas de Changmin? ¿Acaso él sabe cosas del pasado? ¿Acaso él estuvo en esos momentos tan crudos de nuestro pobre muchacho? Estas dudas no dejan de rondar por mi cabeza ¡Lo juro! y yo sé que tú nos tienes muchos secretos que dar a conocer.

    Oh por DIOSSSSSSSSSSSSSSSS
    Te juro que con la escena del sofá me a dado una eufória tremenda y que la sinceridad brutal de yoochun es para que de verdad te cause un infarto (Pobre Changmin,pobre), la forma en que se besaban, en como se sentían, en como invadía la pasión en ellos (Más yoochun) fue demasiado hot,intensa y muy escendida la escena que te diré que me a dejado muy ansiosa *u*
    Pero lo que no entiendo es ¿Por qué? ¿Por qué tan así,tan de repente? No quiero pensar que esto solo será algo momentaneo porque te juro que yo misma me convierto en la bamba negra y le vuelo los sesos a ese wn >_<

    Es la primera vez que siento felicidad cuando matan a una persona, me alegró demasiado que changmin matara a esa zorra, estúpida mortal, encima decirle que la tiene chica XDDD (nota: ne he partido de risa con lo que dijo Ale) pero es que es cierto XD
    Oye y te aclaro que me tienes en ascuas por la siguiente actualización que te juro será infernal, Y ¿si me gustó? bueno,creo que con las imágenes que he hecho del fanfic te estoy diciendo todo ;3
    Gracias mi Broc, gracias por todo ♥

    notedemoresmucho;_;

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  4. Anónimo9/06/2014

    hola me encanto tu fic es realmente genial y no se como que después de todo lo que paso changmin esta descubriendo el amor jajajajaja actualiza pronto porfavor

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