E.E

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Título: E.E
Autor: Aemin
Parejas: YunJae, YooMin, XiMin, SuRi, HoJaeChun
Género: Zombie/Lemon
Extensión: Oneshot
Nota: Con la participación de Big Bang, Exo, Bi Rain y otros grandes artistas ^^ plz don’t murder meh! (or I will murder you o.ó xD)
Nota 2: Sí, algo de influencia de SNK owo
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Es un hecho. La humanidad ansía manipular a sus semejantes.

Los padres a sus hijos. Los niños a sus madres.

A sus hermanos.

A los amigos.

A los empleados y subalternos.

A la pareja.

¿...y si...

....si pudiera uno...manipular...no sólo eso...no sólo a su país como hace el gobierno...sino a toda la humanidad entera?

A todos....todos los demás....E.E...




Eso ansío....

****

Tenía el aire atorado en la garganta. Podía sentirlo aprisionando sus cuerdas bucales. Como un hielo atascado y rasgando su faringe. Apretó la escopeta contra sí mismo, y se apretó a su vez contra la pared, casi deseando fundirse en el yeso derruido. A su alrededor había cascajos y trozos informes de lo que habían sido paredes y muebles, los tapices y telas desgajados y dispuestos como pieles carcomidas sobre los esqueletos del mobiliario. Todo estaba así. Todo. La ciudad. El país. El mundo. Cadáveres humanos sobre cadáveres de edificios.

Trató de tragar saliva, algo común en el terror, sintiendo cómo se le atoraba en la garganta y pasaba a quemarropa como ácido hasta perderse al fondo. No era una gallina. Era un cazador. Un Lobo. Los lobos no tienen miedo. Pero los lobos también cazan en manada. Y él se encontraba solo. Su equipo se había dispersado en la escaramuza. Algunos habían entrado al edificio de al lado, otros habían subido las escaleras. ¿Y él? Había caído en un agujero del piso gastado y arcilloso, no estaba seguro si al piso de abajo o hasta lo que fuera el sótano. Jadeó suavemente, pasándose una mano por el mechón rojo de pelo en su frente, echándolo atrás empapado en frío sudor. También sabía que perro no comía perro. Eso había sido una realidad hasta...bueno, no mucho. ¿Cómo habían llegado a esto? ¡No! No podía distraer su mente con esos pensamientos. Ni con esos ni con cualesquiera. Tenía que concentrarse en dos cosas: gatillo, salida.

Un crujido. Sintió que su respiración se detenía y sus ojos se dilataban a su máximo.

Otro crujido. El temblor en sus manos era inevitable. Su piel se erizó.

Crush. Crush. Crush...

Las maderas cediendo bajo el peso.

Clinc clinc clinc clinc.

El metal del arma tintineando casi imperceptible contra su uniforme. Si los trapos que le quedaban podían llamarse u...

Crush. Crushcrussssshhh...

Sintió el vaho de su aliento en su nariz.

Tactactactactactac....

Sus dientes castañeando. El miedo da frío. Y la muerte también.

Crushcrsushcrushcrush

Se presionó más contra la pared y apretó el tubo helado de la escopeta.

Hiiii...

Su respiración tensa.

CrushcrushcrushGaaaaarrrrraaaacruuusssh.....

El fin.

****

- ¡Fuego a discreción!

- ¡Capitán, estamos cortos!

- ¡No importa! ¡Disparen!

El escudo plateado de cazadores ya estaba impregnado de sangre marrón y negra; la frase vencedora, "Wir sind die Opfer? Nein, wir sind der Jäeger! - ¿Somos la presa? ¡No, somos Cazadores!”, apenas era legible, pero era un tatuaje bajo la piel de todos ellos.

- ¡Mierda! ¡Estos bastardos no se rinden!

- Uno menos.

- ¡Se retuercen como muñecos! ¡Jaja!

- ¡Capitán!

Antes de que ese apestado se echara sobre él, el capitán Sol le voló la cabeza de un disparo. El podrido cuerpo se retorció hacia atrás, cayó retorciéndose como pez en asador y se quedó inerte. El capitán Dong YoungBae, apodado Taeyang o Sol, era el mejor en artillería del Escuadrón Beta. Se decía entre los Cazadores que podía disparar a un apestado a varios kilómetros de distancia y darle entre los ojos. Otros afirmaban que podía hacerlo con los ojos cerrados. Incluso se decía que podía hacerlo de espaldas. Esto último quizás lo había inventado el mismo YoungBae, y no había sido más que un rumor hasta que el cadete Victoria lo había presenciado en ese instante. A su corta edad Lee Seunghyun o Seungri estaba seguro que para luchar por la raza humana no había nadie como su Capitán. Esta era la octava vez que le salvaba la vida. La habilidad de Taeyang, Victoria estaba seguro, sólo se podía comparar con la destreza del Capitán Jung del Escuadrón Alfa. Y él, Seungri, no era malo en las armas tampoco. El peor de su brigada era Kwon JiYong, e incluso él era mejor que todo el Escuadrón Gama junto. Claro, pero nadie como el sargento Bi.

A todo esto.... ¿y JiYong?

- Capitán, seguimos bajos - declaró sin mucho ánimo Choi Seunghyun, conocido como Top entre los cazadores. Seungri volvió de su ensimismamiento y volteó a verlo.

- No ha aparecido G.D por ningún lado, - añadió Kang Daesung.

- Especifique, D-lite - pidió Taeyang.

- Desde que nos dividimos desapareció sin dejar rastro, señor - corrigió Daesung.

- Tampoco yo lo he visto, señor, - corroboró Seungri. Taeyang volteó a ver a Top, quien asintió.

Entonces miró alrededor. Los cuerpos regados por el suelo a la redonda hedían a peste, por tanto ninguno era de los suyos. Y no había más movimiento en el área limítrofe. Ni de apestados ni de cazadores. Y por suerte, tampoco de civiles.

- Bien. Vámonos de este antro. Y cuidado con los apestados, no los vayan a morder por reflejo.

El escuadrón Beta avanzó entre escombros por la azotea, hacia la carcasa que conectaba con el edificio contiguo.

- ¿Y G.D? - preguntó el más joven.

- Si sobrevivió se reunirá con nosotros en el cuartel.

- ¿No lo buscaremos? ¿Y si...?

- La guerra es así, cadete. Cada hombre se vale por sí mismo, con sus propias uñas si es necesario. Aunque seamos un equipo - respondió con sequedad Taeyang antes de saltar al otro lado.

Seungri estaba pasmado. Daesung puso una mano en su hombro mientras Top saltaba tras el capitán.

- JiYong es terco, seguramente se extravió pero volverá - le aseguró con una leve sonrisa y saltó a su vez.

Seungri lo consideró. El aire helado y fétido lo rodeaba. Desde la Peste la niñez se había acabado, junto a muchas otras cosas.

¡Gaaaahnn!

Un apestado se estremeció tras de él, lanzando una mordida a la nada, su cuerpo atravesado por vigas y su cráneo bañado en sangre. A eso se refería el capitán con el reflejo de los apestados, que atacan aunque estén destrozados hasta morir completamente. Seungri, desprevenido, se estremeció, abrazando su escopeta. Sin pensarlo más respiró profundo y saltó tras sus compañeros.

*****

Se quitó el chaleco y lo dejó tendido sobre la silla, debajo del cinturón del que colgaba su escopeta. Hacía tiempo que no pisaba un suelo tan suave. Y que no respiraba un aire tan...higiénico. Todo controlado tecnológicamente, claro, pero real.

Era una casa enorme, con habitaciones a tono. El dueño incluso le había dado una habitación propia a cada uno de ellos. Los pocos que quedaban del Escuadrón Alfa, aunque estaba seguro de que cabrían cómodamente no sólo todo su escuadrón inicial, sino los otros escuadrones también. O lo que quedaba ya de ellos.

Los Apestados habían avanzado mucho en la guerra. Ni agrupando a todos los restos de los escuadrones se reuniría uno de los que iniciaron como Cazadores. Lo peor de todo, los que no morían pasaban a formar parte de las líneas enemigas. Si empezaron 1000 a 50 ahora eran 10000 a uno. Se frotó la nuca. La posibilidad de mayores bajas lo agobiaba. Claro, un mismo Cazador bien equipado y adiestrado podría desplomar a tres o cinco Apestados sin mayor conflicto. Pero no era suficiente. Tendrían que ser uno a diez para nivelarse. Además...a muchos soldados les faltaba coraje para dispararle a esos que antes fueran sus compañeros... ¿cómo proceder entonces? Los recursos también estaban escaseando... si no morían luchando o mordidos, que equivalía a perecer, morirían de hambre. Por suerte, pensó quitándose las botas con los pies, Kim les había ofrecido techo a cambio de protección; pero por más rico que fuera, sus recursos no eran tampoco eternos. Tenía que calmarse para así hallar un remedio. La desesperación era un lujo que no podía permitirse, o contagiaría a los demás y eso sólo los volvería una bomba de tiempo.

Ah...pero la otra bomba de tiempo ya corría...

- Maldición...- pateó la bota, frustrado.

- ¿Pasa algo, capitán?

- No...nada...

- No puedes mentirme a mí...

Besó su nuca, abrazando sus hombros. Suspiró. Tomó sus brazos, girando para tenerlo de frente.

- Nada que no podamos arreglar, teniente.

Le sonrió. Eso bastaba para calmar su temperamento. Se inclinó un poco y besó sus labios.

****

-Encontrarán todo lo que necesiten aquí...

Seguía al dueño de la casa. De la mansión Kim, ahora fortaleza anti-apocalipsis.

- Mis padres fortificaron todo con el temor a una guerra nuclear. Supongo servirá igual de bien contra muertos vivientes, - sonrió Kim.

El no sonrió.

- ¿Siempre eres tan serio, soldado?

- Choikang. Es mi apodo en el Escuadrón.

- Máximo. ¿Como el gladiador?

- Espero ser tan bueno como uno de esos y matar a tantos apestados como pueda.

- Pero si ya están muertos, ¿no? - rió. Era un sonido estridente y melodioso, haciendo eco por el largo pasillo.

- Así es señor, - respondió.

Kim se recompuso y aclaró su garganta.

- Cuanta formalidad. Bueno, vamos a lo que nos atañe. ¿Me dice tu hermano que eres una especie de genio?

- Algo por el estilo, señor.

- Llámame Junsu.

El soldado torció los labios. Junsu continuó caminando.

- ¿Y crees poder encontrar la solución a la Peste?

- Eso sería casi imposible.

- Tu hermano no opina lo mismo.

- Yunho no sabe nada.

Junsu sonrió.

- De cualquier manera, te daré todo lo necesario para que investigues y trates de encontrar una cura.

Choikang resopló.

- Está bien.

- Será aquí.

Abrió una puerta al fondo del pasillo, mostrando tras ella un bien equipado laboratorio.

- Encontrarás todo aquí, máquinas, instrumentos, información, libros. Oh, y lo que falte no dudes en pedirlo, - explicó Kim señalando el contenido de la habitación.

- Bien - respondió con sequedad Choikang apenas echándole un vistazo. Junsu observó su reacción con intriga.

- Eres muy bonito, Choikang, y me pareces curioso, - sonrió Junsu, cerrando la puerta, - Quisiera conocerte un poco más... ¿puedo?

El cadete se encogió de hombros.

- Ven conmigo.

Lo llevó por los pasillos llenos de puertas y bocas de otros pasillos hasta unas escaleras y hasta la mayor habitación de todas.

- Pasa.

El cadete no había terminado de plantar sus pies en la habitación cuando el joven magnate se le fue encima con agresivos besos y tirones de ropa. Choikang respondió con energía, desbaratándole la camisa y rodeando su cuello con sus dedos. Junsu, sintiéndose ligeramente amenazado, tiró del cabello del cadete, echando su cabeza hacia atrás y arrancándole un quejido.

- Te gusta rudo, ¿uh? Qué bien...

Se relamió y con su mano libre agarró su cuello, tal como el menor había sujetado el suyo. Presionó sus dedos contra su piel, apretando, obligándolo a mantener la boca abierta. Inclinándose un poco introdujo su lengua en su boca, recorriéndola toda y hasta su garganta. Eso hizo que los ojos de Máximo se humedecieran y sus mejillas se coloraran de rojo hasta morado. Desesperado sujetó sus costados y enterró sus uñas, arañando un camino carmesí hasta su abdomen. Junsu lo soltó, jadeando, y Choikang se dejó caer de rodillas, tosiendo buscando aire. Junsu se acarició los rasguños y volteó a verlo.

- Pillo.

Se acercó a él y lo miró hacia abajo con brillantes y perversos ojos. Choikang sujetó las orillas de sus pantalones y tiró con fuerza, obligándolo a hincarse frente a él casi de golpe.

- No me gusta ver hacia arriba.

- Je, es porque no estás acostumbrado, - Junsu sujetó su quijada con su mano, - quizás yo te acostumbre.

Choikang apartó la cara de su agarre con brusquedad y le lanzó una mordida.

- Muy salvaje para ser tan joven, hermoso Choikang, - sonrió Junsu, dándole después una violenta bofetada, - me gusta.

Choikang apenas volteaba hacia él tras recibir el golpe, sintiendo su pómulo arder y su labio escociéndole, cuando Junsu volvió a besarlo con insistencia, empujándolo contra el suelo. Lo siguió besando e incluso mordió sus labios. Choikang le respondió golpeando y pellizcando su espalda. Junsu se acomodó sobre él, con ambas piernas a cada lado del cadete, sus manos apretando y aflojando el agarre en su cuello. Dejó de besarlo cuando sintió que el menor se desvanecía. Aprovechó ese instante para levantarse y quitarse los pantalones. Cuando notó que Choikang se recuperaba e iba a levantarse también apoyó su pie sobre su vientre.

- Estamos en guerra, cadete. Y el amor también es una guerra. Veamos quien...- volvió a hincarse sobre él y le tiró del cabello una vez más, - pelea mejor.

Empujó su rostro hacia un lado con la mano y mordió su cuello.

- ¡Aaah!

Choikang golpeó el suelo con sus puños y luego sujetó la mano que tenía sobre su mejilla, torciéndola.

- ¡Agh!

En contra ataque Junsu puso su otra mano sobre su nariz y boca y presionó. Al mismo tiempo empezó a frotar su pelvis contra la hombría ajena, estimulándola. Choikang ahogó involuntarios gemidos de placer y jadeos de asfixia contra su mano.

- Si...puedo sentir cómo creces, niño, a pesar del pantalón...esto te excita tanto como a mí...

Retiró su mano, dejándolo respirar un poco y continuó meciéndose contra él, deleitándose con sus gemidos. Pellizcó su pezón y obtuvo un gemido más agudo. Mordisqueó su pezón y empezó a retirarle el pantalón. Choikang pataleó, renuente.

- Sigue y te lo arranco - lo amenazó con el bultito rosado aún entre sus dientes. Jadeando Choikang se detuvo y Junsu le arrancó el pantalón con la ropa interior. Volteó a verlo, - hum...tan erecto ya... ¡agh!

Aprovechando la distracción Choikang le tiró un golpe en el pecho, derribándolo. Como fiera saltó sobre él, sujetando su cuello con una mano y su hombría con la otra.

- ¿Te gusta, cabrón? ¿Te gusta esta combinación? Dolor y placer...

Junsu jadeó, su hombría masajeada con brutalidad y su tráquea estrujada.

- Sabes...que....si...

Choikang sonrió con malicia.

- Changmin.

- ¿Agh...?

- Es mi nombre real...quiero que lo digas mientras nos enfrentamos.

Lo besó ahora. Tan brusco como Junsu había sido, quizás más. Encantado, Junsu abrazó su cuello, correspondiendo. Changmin soltó su cuello y lo abrazó. Rodaron por el suelo, frotándose piel con piel, intercambiando rasguños, mordidas, golpes y saliva. Cuando la humedad ya era demasiada Junsu lo penetró, las largas piernas morenas dobladas a cada lado de su cuerpo. Changmin le apretaba los hombros, arañaba su espalda y pellizcaba su trasero. Intercambiaron posiciones y Junsu se dejó invadir, con el torso sobre la cama y los pies en el suelo, mientras Changmin le golpeaba su abultado trasero con cada embestida. Ambos gemían enloquecidos de placer. Ambas espaldas lucían grietas carmesí y algunas mordidas.

Finalmente se vinieron con fuerza en un clímax tan salvaje como había sido todo el encuentro; Changmin sobre Junsu, abrazando su cintura con sus piernas y enterrando las uñas en sus hombros, Junsu sentado debajo de él, clavándole los dientes en la clavícula, llenándolo de su esencia.

Jadeando lo recostó despacio, saliéndose de él. Los besos y mordiscos continuaron un rato hasta quedar exhaustos, recostados uno contra otro, Junsu atrás del cadete.

- Lo hiciste increíblemente delicioso...Changmin - susurró Junsu, chupando y mordisqueando su hombro.

- Es lo menos que puedo hacer para agradecerle - respondió, dándole aún la espalda.

- Suena a que te estás vendiendo a cambio de techo y tecnología - sonrió Junsu.

Changmin se giró a verlo a los ojos.

- ¿Y si así fuera?

- Acepto el trato.

Besó sus delgados labios de nuevo, hambriento.

***

No se cansaba de pulirla. Ya estaba resplandeciente y si seguía con tanto ahínco probablemente la haría transparente. Pero no podía hacer otra cosa. Pasaban las horas y no dormía. No podía dormir. Desde hacía meses dormir era una exquisitez desconocida para él. Lo único que conseguía era descansar un poco los ojos y dormitar, dejando a sus pulmones, piernas y manos reposar un poco, pero su mente y su corazón seguían alerta. Siempre. Ni siquiera se quitaba el uniforme ni las botas. Los vellos en su piel eran como antenas diminutas, listas para percibir cualquier señal de peligro. Aún en esa fortaleza sus sentidos no dejaban la vigilia.

¿Cómo podía el resto del Escuadrón estar tan tranquilo? Sobre todo ahora que eran sólo nueve. ¡Nueve! De los cincuenta y cinco que habían sido, ni siquiera la quinta parte. Las imágenes de otros cadetes siendo mordidos y volteándose en su contra, y de su propia escopeta, la misma que tanto pulía, dejando como coladeras a los que fueron sus compañeros y amigos. Por eso la pulía tanto, nunca estaba suficientemente limpia de la sangre de todos ellos, ni de la culpa y el odio. Si pudiera encontrar al que inició todo, al primer Apestado...lo haría papilla de tantos disparos que le daría. Su hermano, sus padres...todos habían sido arrasados por ese síndrome.

Podía escuchar los gemidos amorosos del capitán...increíble, su líder hasta en sexo se permitía pensar...

Pensó en Choikang. Changmin. Se alegraba de que él estuviera bien, y de que al menos él conciliara el sueño.

Bajó la escopeta. Necesitaba moverse, cambiar un poco el panorama a su alrededor. Se colgó el arma a la espalda y salió. Merodeó por los pasillos en penumbras, memorizando cada detalle, observando el fino tapiz, los cuadros de carísimas pinturas, vestigios de una humanidad creativa y soñadora que se había extinto ya. Todo parecía irreal, demasiado ordenado, demasiado común, humano y real para ser cierto, comparado con el universo destruido y desgarrado que les esperaba afuera, implacable y caótico justo a unos pasos de distancia, bastando sólo cruzar esa puerta híper asegurada para cambiar ese aroma a pomposa riqueza enjabonada por descomposición y muerte.

Parecía mentira que sólo ese edificio se mantuviese en pie, desafiando casi todos los parámetros del universo de la supervivencia, del tira y afloja que los había conducido cuesta abajo hasta esta guerra interminable contra sí mismos. Acarició el tapiz, tan suave y terso al tacto, tan fuera de lugar, igual que todo. Pero era este lugar el que no cabía ya en el mundo adueñado por la peste, o aún tenía sentido luchar contra ella hasta expulsarla como a una intrusa? Era el virus de los apestados el intruso, o eran ellos los intrusos? Sería que ahora ellos sobraban en la vida, y todo esto era solo un plan de limpieza de la Madre Naturaleza? Y limpieza de qué?

Escuchó pasos en las escaleras y se aproximó con sigilo.

- ¿Changmin?

- ¿Micky?

Retrocedió al ser aludido por su sobrenombre en lugar de su nombre de pila. Como si sólo fueran compañeros desconocidos. Como si Changmin no supiera que su nombre real era Yoochun. Como si no fuera más que Choikang, el hermano menor del líder del escuadrón.

- ¿Qué haces fuera de tu habitación? – le preguntó enderezando sus hombros.

- Podría preguntarte lo mismo.

- Yo vengo de la mía, ¿y tú?

- De otra.

La frescura con que confesó haber estado en otro lugar, en la habitación de otro, sacudió a Yoochun por dentro. Dudó que las intenciones de esa estadía hubiesen sido muy santas.

- ¿Otra?

Notó sus labios mordisqueados, un gran moretón en su pómulo y su ropa rasgada y arrugada.

- ¿Qué...qué ocurrió?

- Nada.

- ¿Nada? – insistió Yoochun, acercándosele.

-Sí, nada – repitió Changmin, tirando de su chamarra para cubrirse mejor, seguramente buscando evitar que notara otros golpes y heridas.

-Estás herido – insistió Yoochun otra vez ante lo obvio. Changmin retrocedió.

- Así es la guerra. Hay que arriesgar todo por conseguir beneficios.

Los ojos de Yoochun se abrieron por completo. Esa respuesta encerraba todo lo que le había preguntado, todo lo que había sucedido y con quién.

- Pero...tu cuerpo...

Changmin le dio la espalda y se dirigió hacia el pasillo cuando un ataque de tos lo obligó a detenerse.

- ¿Changmin? - Yoochun se le acercó. Changmin siguió tosiendo, doblándose en dos y cubriéndose la boca.

- ¡Changmin!

Yoochun trató de sostenerlo, sintiendo su cuerpo estremecerse con espasmos. No se había repuesto del todo cuando lo apartó de un manotazo.

- ¿Changmin?

- Estoy bien...- respondió con voz rasposa. Yoochun frunció el ceño, - estoy bien, - repitió remarcando cada sílaba y se marchó a su habitación. “Estoy bien. No es asunto tuyo. Como si realmente te interesara que me venda, que me deje golpear, como si fuera de verdad importante para ti”. ¿Cuándo entenderías, Changmin, que yo podría descifrarte y ver detrás de todo lo que dices y haces, cuándo?, pensó Yoochun. ¿Cuánto más vas a tardar en darte cuenta de lo que de verdad siento, de lo que lamento? ¿Cuándo escucharás que llamo y llamo a tu nombre y te busco? ¿Cuándo voltearás y volverás a mí después de decir tu nombre?

- Changmin...

Lo vio alejarse con tanta pesadez…. Sintió q ue su corazón se encogía y a la vez su sangre hervía.

¿Estaría infectado? No...Él no...Quizás era una alergia...estaban después de todo en un lugar nuevo, en casa de un extraño…

***

Tocó la puerta. Podía sentir la lluvia ardiendo sobre su piel, cálida como si proviniese del centro de la tierra y no del cielo. Sabía que el Escuadrón Alfa estaba ahí. Los necesitaba. No había nadie más ahora…nadie más para él…

Tocó de nuevo y luego presionó el timbre con insistencia. Podía sentir aún los vellos en su nuca erizados. Se escucharon algunos chirridos y chasquidos al otro lado de la puerta, que hicieron que su piel se erizara más. Al fin un hombre abrió. Era joven, bien parecido, con el cabello rojizo. Mordisqueaba una manzana que al verle se le cayó de las manos.

-¿Qu-qué…? – apenas logró articular. Lo miró de pies a cabeza. Estaba bañado en sangre y con las ropas rasgadas.

-Apestados…busco a-al capitán Jung…

Tras unos segundos para reponerse del shock el hombre lo dejó pasar, asintiendo.

-Supongo eres un cazador también. Pasa, pasa… - le cedió el paso y cerró la puerta, - ¿cómo te llamas?

-Me…me decían Victoria…

En alguna otra ocasión eso ameritaría una risita, pero se contuvo.

-Nombre código supongo. Yo soy Kim Junsu. Vamos a mi sala, pero cuéntame, ¿qué sucedió?

-Mi escuadrón…eran muchos…yo…yo… - el cazador empezó a temblar, asustado. Las imágenes de lo sucedido asaltaron su mente demasiado rápido. Tanto que la conmoción le hizo perder el equilibrio. Junsu apenas logró sostenerlo.

-Mejor te llevaré a una habitación. ¿Cuál es tu nombre real?

-Seun…Seunghyun…o..Seung…ri…

-Bien…trata de calmarte, Seunhyun…

Lo llevó a una de las habitaciones de huéspedes libres y lo recostó sobre la cama.

-El capitán Jung no está, salieron a hacer sus rondas. Cuando vuelva le avisaré para que venga contigo, ¿bien? – le explicó Junsu y se levantó para retirarse. Seungri le sujetó instintivamente la muñeca.

-No se vaya…no me deje solo…

Junsu volteó a verlo. Estaba muerto de miedo y agotado. No podía evitar sentir algo de pena y ternura por él.

Se sentó a su lado.

-Estás hecho un asco, Seungri… te prepararé el baño para que te asees y después deberías dormir, ¿de acuerdo?

El cazador asintió.

-No temas, mi casa es una fortaleza hecha para resistir una bomba nuclear. Los Apestados no pueden entrar aquí. ¿De acuerdo? – acarició su mejilla llena de lodo y sangre seca. Seungri tomó su mano y la apretó. Junsu aclaró su garganta.

-Bien…tu baño estará listo en unos minutos….

Antes de entrar al baño le dirigió una mirada al joven. Verlo tan vulnerable, tan asustado a pesar del uniforme y la sangre, inquietó el corazón de Junsu.




Tras dejar al joven cadete recostado en cama dormitando se dirigió al laboratorio.

Esta guerrilla parecía un sin-sentido, una burla. De cada batalla volvía menos de la mitad de los cazadores y las bajas o estaban muertas o formaban parte de la amenaza creciente. Creciente e insaciable. Junsu se preguntó si ese pequeño habría tenido que disparar a la cabeza de sus compañeros para sobrevivir… era probable y atroz.

Pero ultimadamente no era su problema. El no peleaban contra ellos, únicamente los apoyaba dándoles asilo. Y en parte se alegraba de la guerra. Primero porque así la casa-fortaleza de su padre tendría un buen uso; segundo, de los primeros apestados habían sido personas malas que merecían morir. Por ese lado el causante de la peste era un genio. Junsu sonrió para sí. Que se fuera el resto del mundo al demonio, mejor para él. Apretó con su mano el marco de una fotografía familiar que había en una mesa junto a un jarrón de flores plastificadas, recuerdo de ese remoto pasado venido a menos, y se apresuró hasta el laboratorio.

-¿Aún no encuentras la cura? – comentó al entrar.

-No, - respondió Changmin sin voltear a verlo, - como te dije, no es algo tan simple. Es casi un milagro.

-Pues haz que sea realidad el milagro. Llegó otro cazador de los suyos, parece que su grupo fue masacrado.

-No es mi culpa…

Junsu frunció el ceño. Parecía tan indiferente a veces, y al mismo tiempo tan concentrado en sus experimentos... le gustaba provocarlo. Le gustaba verlo explotar.

-Es un niño muy lindo…-tentó.

-Aja…- Changmin ni siquiera despegó los ojos de su microscopio.

-Pobrecito…con sus mejillas todas bañadas en sangre…- siguió Junsu.

-Así te gustan, ¿no? Que parezcan niños…

Junsu rió.

-Así que sí te dan celos…

Se acercó a él y le mordisqueó la nuca. Changmin se estremeció un poco mientras pasaba las muestras a una caja petri.

-Sólo me porto así de mal contigo, Changmin…

-Y si no, me da igual – replicó el menor, haciéndose a un lado mientras mezclaba alcohol etílico con otra sustancia oscura. Sangre de apestado quizás. Decidido Junsu le apretó el trasero, haciéndolo brincar.

-Te demostraré que digo la verdad…

Lo sujetó por los hombros y lo apartó de la mesa de trabajo. Lo empujó contra la pared y tiró de su pantalón para retirárselo. Changmin le sujetó la cadera echando los brazos atrás y girando su cara tanto como era posible lo besó con lujuria.

Los frascos de alcohol y sangre rodaron por el suelo.

***

Se habían apostado en distintas posiciones, cubriéndose de posibles ataques tras escombros o trozos grandes de muros. El silencio era atronador. Apenas el viento se escuchaba, silbando ligeramente entre los pedazos de ciudad que quedaban. Después se escucharon los siseos. Esos siseos tan conocidos que sólo significaban una cosa: apestados avanzando lentamente hacia ellos. Los músculos se tensaron.

Y en efecto, poco a poco empezaron a asomar de sus escondrijos y agujeros, arrastrando los pies, sus pútridas siluetas balanceándose como marionetas sueltas, los ojos cristalizados y amarillentos, los dientes de fuera, varios lucían trozos de piel a medio despellejar, colgando de sus brazos, piernas y cuello. Los siseos se convirtieron en crujidos a medida de que se acercaban, y al detectar el aroma a humano los gañidos hambrientos se añadieron al ambiente. Eran muchos, quizás más de cincuenta. ¿Serían los suficientes para acabar con ellos? Volteó a ver al capitán Jung, quien esperaba pacientemente el momento adecuado para dar la orden de ataque. ¿Y por cuánto tiempo más continuarían con esa táctica? Hasta ese momento la ofensiva no había logrado su cometido de reducir el número de amenazas, sino que había disminuido y diezmado a la humanidad y por el contrario aumentado las filas enemigas por obvias razones. Frunció el ceño. ¿Cuántos inocentes más quedarían con vida y cuántos más perecerían o serían convertidos en monstruosos muertos errantes? ¿Contra cuántos compañeros más tendría que luchar por sobrevivir, desconociendo tanto como ellos la amistad y los sueños que antes les unieran en el mundo y en el Escuadrón de Cazadores?

-¡Hero!

Ese grito de alarma apenas consiguió que esquivara un ataque directo. El apestado gruñó y se abalanzó sobre él con la boca desencajada y abierta. La bota de Yunho contuvo el ataque, aplastando el oscuro y podrido cráneo contra la pared detrás de él.

-Capitán…

-Más atento, Hero. Deberías saber que esto no es un juego – lo reprendió antes de correr hacia la batalla: el Escuadrón se batía desesperadamente contra los engendros. Enfocándose en lo que tenía que hacer, Hero Jaejoong se lanzó al ataque también.

Saltando, esquivando a diestra y siniestra, disparando y lanzando golpes, los Cazadores combatían revueltos en una mascarada de caras conocidas y desconocidas. En segundos el compañero que había luchado hombro con hombro protegiendo tu diestra se volteaba para intentar arrancarte la cabeza. A pesar de haberlo enfrentado más de una vez no dejaba de ser una cruel experiencia. Compañeros, amigos, familia, destrozados en las fauces de otros humanos o arrancándose las extremidades entre sí. Al principio había cerrados los ojos antes de dispararle a sus propias hermanas en la frente, pero ahora…ahora tenía la sangre un poco más fría y disparaba a sus compañeros sin pensarlo en cuando notaba ese cambio de pellejo y comportamiento. Ya ni siquiera el hedor a podrido lo hacía retroceder.

Sólo dos cosas lo hacían dudar. Una: ¿cómo habían llegado a esto? Segundo, ¿quiénes eran menos humanos ahora, ellos o nosotros?

Sintió la explosión a su espalda y el salpicar de sangre y otras cosas contra su espalda. Al voltear vio desplomarse el oscurecido cuerpo de un ex-compañero y tras él, jadeando, con la escopeta aún humeando, a Micky Yoochun. Le dirigió una mirada, que el otro apenas respondió con sequedad antes de seguir luchando contra otro grupo de apestados. Reconocía esa chamarra verde con ese escudo. Un amigo menos…

-Se7en…

Levantando la chaqueta con la punta de su escopeta la colocó sobre el rostro destrozado de éste y mordiéndose los labios se giró a disparar a otros más que se disponían a morderlo.

A unos pasos Yunho peleaba contra un grupo de apestados, varios de ellos femeninos. Le apenó distinguir entre las putrefactas siluetas a otros antiguos compañeros y compañeras. Y ellas eran las más encabritadas y sanguinarias. Con todo el pesar de su alma les disparó, tratando de evitar reconocer entre las caras a Gain, Minho, Taeyong, Chanyeol, Kangin, Narsha, Sungmin, Kai-shi, C.L...No, no, mejor fingir que no los conocía o se le haría pedacitos el corazón.

***

Trató de dormir de nuevo. Y de nuevo en vano. Para colmo de nuevo podía escuchar al capitán haciendo rechinar la cama con fuerza.

No estaba de humor. La cacería había sido demasiado riesgosa, y aún así al capitán y a Jaejoong se les paraba. Molesto se levantó y fue hasta la habitación vecina, tocando la puerta con fuerza. El rechinar se detuvo un rato después y Jaejoong abrió la puerta, cubriéndose apenas con la chamarra de su uniforme.

-¿Yoochun?

-Hyung… ¿sería mucho pedir que no hicieran tanto ruido?

-¿Qué pasa? Joongie, vuelve, aún tengo ganas…- el capitán habló desde la penumbra.

Yoochun giró los ojos. Jaejoong se sonrojó y rió bajito.

-Es Micky. Está algo molesto con…

-¡Con el ruido que hacen! – replicó, irritado - ¿qué no pueden respetar el cansancio? ¿O qué no les bastó la cacería para agotarse?

-Al contrario, la adrenalina me pone a mil – sonrió Yunho, mirándolo desde la cama. Yoochun se sonrojó. La mirada del capitán era siempre profunda y transmitía sus sentimientos con fuerza a quien mirase. Bastaba una mirada suya para saber que estaba feliz o furioso. Y esta vez, Yoochun pudo percibir lo excitado que Yunho estaba al ser sentir sus ojos encima de él.

-¿Y qué haces despierto, eh? Si te despertamos, lo siento… - continuó Yunho.

-No, yo nunca duermo… - respondió desviando la mirada.

-Entonces, ¿por qué no te nos unes?

-¿Eh? – eso fue inesperado.

Yunho se levantó, desnudo como estaba, y se acercó a ellos.

-Algo me dice que lo que tienes realmente son celos…- continuó, rodeando a Yoochun, - tienes tantas ganas y tanto apetito carnal como nosotros pero no sabes cómo cansarlo, ¿verdad?

-¿Cómo puede decir esas cosas? – Yoochun se indignó, - Menos en un momento como este…con lo que sucede afuera…

-Yunho…- Jaejoong le dirigió una inquisidora mirada al capitán.

Yunho se detuvo detrás de Yoochun y le guiñó un ojo a Jae.

-Creo que eres un voyerista, Yoochun…no duermes por escucharnos haciéndolo, no porque no puedas…

-No es así…- Yoochun apretó los puños y los labios.

-¿Ah no?

Yunho sonrió y se le acercó más, rozando su espalda con su pecho.

-Joongie… - paró los labios esperando un beso y Jaejoong, intrigado por el nuevo juego, accedió a acercarse y besar los labios de su amante, acorralando a Yoochun entre ellos.

-Hey…¿qué pretenden…? Hey…

Los amantes parecían ignorarlo, besándose como si no hubiera un mañana, los húmedos sonidos en el oído de Yoochun. Por si fuera poco Yunho había tomado las manos de Jaejoong y entrelazado los dedos. Yoochun no podía simplemente apartarlos e irse, sería una falta de respeto hacia su superior y honestamente temía a las represalias que el capitán Jung pudiera llegar a tomar. Empujó un poco, sin embargo, a Jaejoong, pero no logró imprimirle la fuerza que quería ni moverlo un centímetro. Trató de ignorarlos pero sus cuerpos se acercaban más y más, aprisionándolo entre ellos, hasta que empezaron a rozarse, a moverse sensualmente, como si Yoochun no estuviese entre ellos y se frotaran el uno con el otro para seguir revolcándose.

-Capitán…hyung…

Por fin rompieron el beso y se miraron a los ojos, sonriendo. Pero no soltaron sus manos.

-Capitán…- insistió Yoochun, bastante incómodo.

-Acompáñanos, Yoochun, - respondió, empujándolo por los hombros, - no te arrepentirás.

Entre los dos lo empujaron hasta el sofá.

-Sostenlo bien, mi Joongie, - le pidió Yunho. Jae asintió y le sujetó por los brazos.

-¿Qué pretenden? ¿Capitán? – Yoochun se puso aún más tenso.

-Sólo jugaremos un poco, así quizás puedas dormir al fin,- sonrió Yunho.

-Pero…¡ey!

Yunho levantó su camisa sin reparos y empezó a besar su pecho, incluso sobre la tela que aún no terminaba de quitar. Yoochun tembló y Jaejoong apretó el agarre sobre sus brazos tras su espalda. Yunho dejó el cuello de la camisa atorado sobre la nariz de Yoochun, cubriendo su boca también, y decidió empezar saboreando sin pudor los pezones rosados del otro. Yoochun se arqueó. Un gemido escapó de sus labios y fue atenuado por la mano de Jaejoong. Yunho continuaba lamiendo y mordisqueando sus sensibles pezones sin clemencia, provocando temblores involuntarios en su cuerpo. Hacía mucho tiempo que no tenía sexo con nadie. Su piel y su cuerpo estaban demasiado receptivos a cualquier estímulo. Peor aún cuando el mayor le introdujo dos dedos en su boca, obligándolo a succionarlos. Lo que esto provocaba en una imaginación caliente era realmente afrodisíaco. Yunho continuó besando su pecho mientras Jaejoong acariciaba su abdomen con la mano libre. Cuando Yunho empezó a descender, Jaejoong retiró la mano de su vientre y pellizcó sus ya humedecidos pezones. Yoochun se estremeció y le dio una fuerte succión a sus dedos, cerrando los ojos… se iba a volver loco… se estaba calentando y bastante rápido para su sorpresa…trató de no pensar ya…

Entrecerró los ojos. Podía sentir esa neblina intoxicante propia de la excitación. Jadeó. Y al voltear hacia abajo lo vio, lamiéndosela con detenimiento.

- Changmin...- murmuró. El menor volteó a verlo y se relamió, sonriéndole pícaramente. Yoochun se sonrojó, sintiendo cómo toda su piel respondía a sus caricias con más fuerza y sensibilidad. Changmin se deslizó como un gato por su torso, acariciando su abdomen y su pecho con sus labios y su lengua hasta llegar a su barbilla.

Se relamió ante él, muy cerca de sus labios. Yoochun aspiró aire con la boca abierta, sintiéndose muy excitado con las provocaciones. Changmin se inclinó hacia él y lo besó introduciéndole la lengua. Yoochun sujetó su cabeza, revolviéndole el pelo con los dedos mientras lo besaba con hambre. Al mismo tiempo el menor le sujetó su miembro y lo guió hasta su entrada, empujándolo a su interior. Yoochun sintió como esa apretada zona lo envolvía y apretaba, como succionándolo, como pidiéndole que lo invadiera y frotara hasta llegar al fondo y más allá.

Empezó a moverse, embistiéndolo debajo de él, haciendo que el cuerpo moreno rebotara sobre él, su trasero golpeando incansablemente su zona, apretujando también su saco. Lo besó con fiereza, apretando su cintura mientras Changmin galopaba sobre él. Luego se giró, dándole la espalda y continuó su vaivén. De pronto sintió un exquisito golpe de placer, surgiendo desde su ombligo y hasta la punta de su miembro, estallando y derramándose con fuerza en su interior. Jadeando extasiado, Changmin se vino también, y volteó sonriéndole con satisfacción.

Mientras, Yunho sintió como Yoochun se corría en su interior mientras Jaejoong se la chupaba. Se relamió pero aún necesitaba más. Despacio se separó de Yoochun, sintiendo su entrada palpitarle aún. Ambos voltearon a ver al menor, que parecía sumido en el más delicioso sueño erótico, con las mejillas sonrojadas y el miembro aún semi-despierto. Rieron.

- Jaejoong ah...dale un poco de amor también.

- Yunho...

- Anda...- acarició su mejilla, atrayéndolo muy cerca, - mientras yo te haré mío.

- Uhm...sólo si me haces ver estrellas...

- Hecho, -sonrió Yunho, dándole un beso.

Lo acomodó en cuatro patas, apretando su escaso pero delicioso trasero con sus manos, separando sus nalgas lo más posible, invadiéndolo sin mucho problema, tan acostumbrado ya a su talla su Joongie, mientras él lamía gatunamente el miembro ajeno. Verlo lamer así…sin control empezó a embestirlo con fuerza, golpeando su pelvis con su trasero cada vez más rápido.

Le encantaba hacérselo tanto como pudiera. Era incluso medicinal. Después de todo el amor hace menos cualquier pena, y estaba comprobado que su expresión más carnal y salvaje aumentaba incluso la inmunidad. De otro modo no distraería su mente de la guerra, claro que no, y no era tampoco que se olvidara de la realidad. Pero Jaejoong lo provocaba tanto, sólo con mirarlo, sólo con sonreírle con sus expertos labios... Y estaba seguro que se volvería loco si no se lo hacía y que su miembro le estallaría. Y el capitán Jung no podía perder su virilidad. Sonrió mientras embestía a Jaejoong por detrás, sudando con él, jadeando y gimiendo con él.

***

- ¿El escuadrón Beta?

- Así es, señor. Todos. Bueno, los que quedábamos....Top...D-light...y el capitán Taeyang...sólo yo...yo...- Seungri tembló. Yunho, conmovido, saltándose por un momento la etiqueta marcial de su rango, se acercó para darle una palmada amistosa en la espalda, y un paternal apretón en su hombro.

- Cadete, sé que remover en el asunto será doloroso, pero necesito que me des todos los detalles que puedas, así conseguiré desarrollar una estrategia de defensa mejorada.

Seungri asintió secándose los ojos con el reverso de la mano y, tembloroso, empezó a relatar lo sucedido:

- Salimos juntos a la hora acordada para combatir...íbamos en formación U-V, el capitán en la retaguardia, Top y D-light en la vanguardia, y yo al lado del capitán, entre él y D-light...si JiYong hubiese estado, él iría en mi ala opuesta...

Íbamos saltando por lis tejados, patrullando antes de ir a la zona de combate asignada por el sargento Bi, cuando de la nada un Apestado saltó desde abajo y atrapó a Top. Top cayó con él, luchando, golpeándolo, yo nunca había visto a un apestado saltar tan alto...

"¡Desciendan!"

Gritó el capitán y saltó tras Top y el apestado. D-light se impulsó de la pared que tenía delante y lis siguió. Yo soy un poco menos experto, me apena decir....tuve que detenerme y después saltar.

Cuando llegué abajo Taeyang...el capitán, señor, y Daesung, disparaban hacia el apestado, a sus piernas y sus brazos porque tenía a Top sujeto del cuello al frente, aún vivo, y no querían matarlo...verá, señor, Top por lo general no muestra emociones. Nunca. Pero...cuando lo vi, cuando vi su rostro en ese momento...estaban sus ojos tan llenos de terror...y el apestado le estaba apretando el cuello con tanta fuerza que casi se le salían de las cuencas. Sentí entonces ese impulso de adrenalina y me aposté entre mus compañeros, disparando a lis brazos.

"¡Suéltalo ya, hijo de puta!"

Gritaba el capitán a mi derecha, y a mi izquierda podía oír el rechinar de dientes de D-light. Yo sentía mis manos hirviendo...en eso...

El apestado levantó a Top y como si fuera un muñeco de toalla lo...lo azotó contra todas las paredes aledañas y después lo...lo...

Nos lanzó su cuerpo decapitado. En shock D-light se levantó y siguió disparando y disparando...sus municiones se acabaron...pero el apestado parecía inmune...D-light le lanzó un cuchillo y rebotó en su cuerpo...el capitán hizo lo mismo mientras le ordenaba que retrocediera... y el apestado lo pateó, tan rápido, no era algo normal en un zombi...luego lo...lo molió a patadas...

Entonces nos dimos cuenta....ese apestado llevaba una armadura...

" Victoria, vete de aquí"

- Me ordenó el capitán....pero no pude moverme...había visto la cara del apestado, y yo...yo...

Seungri se detuvo, temblando e hiperventilando.

- Quien.....

- Era el sargento...Bi...Jeon Jihoon hyung-nim...El los mató a todos sin miramientos...

- ¿Y después? ¿Sigue vivo? - Intervino Junsu de pronto. Yunho volteó a verlo. Junsu se enderezó un poco, asomado aún tras la puerta desde donde había escuchado buena parte de la batalla, - yo también necesito saberlo.

Yunho cerró los ojos respirando profundo. Luego miró a Seungri.

-¿Lograron matarlo? - le preguntó.

- Le disparó a la cabeza tanto como pudo, el capitán...y creo que si...yo...no sé, no sé...- Seunhyun se sujetó la cabeza con fuerza, balanceándose adelante y atrás. Yunho se levantó y acarició gentilmente su pelo.

- Bien, cadete, con eso basta. Descanse, - fue más una sugerencia que una orden. El menor asintió y se recostó.

Yunho se acercó a la puerta.

- Señor Kim, le pido discreción.

- Entiendo, - asintió Junsu.

- Y hágase cargo de él. Por favor.

Junsu asintió y lo vio salir por la puerta.

Mientras caminaba pesadamente por los pasillos, Yunho reflexionaba. Debía de existir otra manera de arreglar esta catástrofe. Su padre le había enseñado hacía unos años en las lecciones de economía que una manera de derrocar un mal gobierno era cortarle sus recursos. ¿Cortarle el alimento a los apestados? No sería mala idea encerrar al resto de los sobrevivientes en una fortaleza y mantenerlos a salvo ahí, para siempre de ser necesario. Sonrió ante esa idea pero la descartó después, deteniéndose frente a una fotografía de la familia Kim. ¿Quién iba a mantener a la humanidad guarecida y sedentaria? No, la mejor opción era cortar el problema de raíz, como con cualquier plaga: eliminar el virus.

- El virus se ha fortalecido... – dijo entrando al laboratorio.

Changmin se movía como si se hubiese multiplicado, de un lado a otro, cambiando muestras de lugar, poniendo a hervir agua y otras sustancias, vaciando líquidos… Yunho trató de seguirlo con la mirada pero era demasiado, cerró los ojos y respiró profundo.

-Changmin…

El menor volteó a verlo apenas, con la bata remangada y manchada de quién sabe cuántas cosas.

- Hyung, créeme que me estoy esforzando...ugh...

Tosió. No quería hacerlo frente a él.

- Estás bien, Changmin?

- Sí...sólo...el polvo.

Yunho alzó una ceja. La fortaleza Kim de los cazadores era el lugar más limpio e higiénico, y el laboratorio sobre todo estaba por demás sanitizado.

- ¿No estarás...?

- ¡No seas idiota! ¡Jamás!

-Sólo me preocupo por ti…- se acercó a él y puso su mano en su hombro, - de ser así…

-¿Me matarás? ¿Me encerrarás? ¿Me mandarás ejecutar? ¿Hyung?

Yunho apretó su hombro y negó, mordiéndose los labios.

-De ser así te ayudaría a encontrar la cura…pronto…

-Pues estate tranquilo, no estoy apestado.

-Aún así…es urgente la cura…nuestras fuerzas no resistirán por mucho tiempo más…no nos doy más de un mes, tienes que encontrarla antes de eso.

Changmin se apartó de su agarre violentamente.

-Ya te dije que me estoy esforzando, Yunho.

Se miraron a los ojos. Los de Yunho llenos de preocupación, por su hermano y por la tierra entera. Los de Changmin, llenos de angustia, estrés e ira contenida.

-Está bien. Sólo…quería saber si tenías avances…es todo…

-Más o menos. Cuando tenga algo se los haré saber.

-Bien.

***

Se echó el cabello hacia atrás. Estaba aburrido. Mucho. Tras escuchar la crónica fatal de la caída del Escuadrón Beta, por error al pasar cerca de la habitación, Junsu había comprendido la gravedad del asunto. Pero había querido saber más y su corazón se había llenado de compasión con ello. Sentía simpatía y pena por el joven cadete Seunghyun. Para tranquilizarlo le había sugerido ir a la biblioteca para que escogiera algo que leer. En un principio había sido buena idea, hasta que recordó que él ya había leído todo y que ahora su entretenimiento sería ver a Seunghyun leer. Sentado. Simplemente observando cómo subía y bajaba las escaleritas, buscando, sacando y hojeando, regresando a sus estantes. No quería dejarlo solo, primero porque el capitán de los cazadores se lo había encargado, y segundo… no quería dejarlo solo.

Finalmente Seungri eligió un libro y se sentó a su lado.

-¿Está bien si…si me siento aquí?

-Adelante – asintió Junsu.

Las horas pasaron con pesadez mientras Seungri devoraba hoja tras hoja y Junsu, ansias. Recargó la cabeza en el sofá y lentamente empezó a adormecerse. El calorcito de la tarde que avanzaba, el silencio, la amable compañía… bastó mezclar todo eso para sumirlo en un breve y profundo sueño. Cuando despertó, sacudiendo la cabeza para espantarse el sueño, descubrió a Seunghyun durmiendo también, con su cabeza recargada en sus rodillas, el brazo que había sostenido el libro estirado hacia el suelo, y el libro sobre el piso, abierto aún. Se veía finalmente tranquilo y en paz. Junsu sonrió enternecido y acarició su cabello. Tan bonito. Quizás más que…no, no podía compararlos, no era decente hacerlo. Pero…mientras Changmin lo provocaba a domarlo como una fiera, Seunghyun sólo le despertaba ternura, compasión y ganas de cuidarlo. Acarició su mejilla, despacio. Seunghyun suspiró.

-¿Uhm?

De pronto, Junsu sintió algo que no le había pasado nunca antes en una situación así. Volteó a ver su pantalón. Lo sentía repentinamente apretado y en efecto, su zona más erógena se había abultado.

“Eish…¿acaso sí seré un perverso pederasta?”, se preguntó a sí mismo, sintiendo por primera vez vergüenza de sus deseos sexuales.

-¡¿Ah?!

De pronto Seunghyun giró su cabeza, volteando entre sueños y sin querer hacia el cuerpo de Junsu. Hacia su excitación oculta bajo la ropa. Junsu se mordió los labios. No podía…debía apartarlo o la provocación, aunque fuera accidental, sería demasiada y lo…no…sosiégate, Junsu, sosiégate…

Trató de tomar la cabeza del menor con cuidado, despacio, y de salir de debajo de él con toda la discreción posible. Pero colocar sus manos sobre sus mejillas suaves despertó a Seungri con un sobresalto, haciendo que se enderezara violentamente y chocara, sin querer, su cabeza con la barbilla y nariz ajenas. Junsu se echó hacia atrás, con las manos en su boca y nariz, gimiendo adolorido. Seungri volteó a verlo, sobándose la cabeza.

-Hyung, yo…lo siento…

-Ah…no pasa nada, Seunghyun… - respondió, sobándose la nariz con dos dedos.

-De verdad lo siento, lo siento… - siguió disculpándose Seunghyun, inclinando su cabeza. Entonces la mirada del menor se detuvo en esa zona cerca del vientre de su hyung. Se sonrojó. Junsu notó su mirada y antes de que sacara conclusiones se levantó.

-Ah, ¿terminaste el libro? ¿Por qué no eliges otro?- le pregunto, esperando conseguir sacar la atención del cadete de su zona masculina. Por Dios, que no lo haya notado, por favor Dios…

-Ah, sí…ya lo terminé… ¿puedo elegir otro?

-Aja…

Seunghyun se levantó también, temblando ligeramente nervioso, y se acercó a las repisas. Junsu le cedió el paso, tragando saliva. El cadete tomó el libro del suelo y lo regresó con cuidado a su sitio en los estantes, luego continuó su búsqueda. En realidad no lo había terminado de leer, pero quería tener algo que hacer que distrajera su mente de su… ¿de verdad sería lo que creía lo que había visto? De ser así… sacudió la cabeza y siguió buscando.

Junsu mientras tanto se entretuvo viendo sus propios pies. Tenía que calmarse. ¿Por qué no tenía ventanas su biblioteca?

En eso escuchó un pequeño chasquido. Seungri había subido a una escalera para ver los libros más arriba, y la escalera, colocada ligeramente a desnivel sobre un par de baldosas mal acomodadas, osciló haciendo crujir su madera. Seungri se tambaleó. Antes de que su razón lo detuviera, Junsu se aproximó para sostenerlo y evitar que cayera y se lastimara.

Ambos se quedaron pasmados. Así, Seungri apoyado contra el cuerpo de Junsu, dándole la espalda; Junsu sosteniéndolo por los brazos. Jadeando por el susto. Y el calor. Tan cerca… Junsu tragó saliva. No podía resistirlo más…

Tomó la barbilla de Seungri y lo besó en los labios. Seungri se sorprendió, con los ojos abiertos completamente y dilatados de sorpresa, las mejillas lentamente tiñéndose de rosa. Despacio cerró los ojos, dejándose llevar por la sensación de ese beso. Ese primer beso. Deseoso, Junsu empezó a acariciar su vientre, levantando su camisa. Al sentirlo el menor se apartó del beso y trató de detener su ropa en su sitio con sus manos. Pero Junsu sujetó sus manos y las guió por su propio pecho mientras volvía a besarlo. La piel de Seungri se calentó con esas caricias, lentamente cediendo a la pasión que Junsu le contagiaba con sus labios.

Suavemente lo llevó hasta el suelo, recostándolo sobre la alfombra y empezó a besar su cuello, arrancándole sorprendidos y excitados gemidos de repentino placer, descendiendo hacia su pecho. Apartó por completo la camisa, dándole otro beso en los labios y luego procedió a lamer con suavidad ese par de bultitos rosados. Seungri se mordió los labios, incapaz de detener ni a Junsu ni las deliciosas sensaciones que le estaba presentando y que poco a poco se adueñaban de su cuerpo. Junsu bajó su mano por su vientre y desabrochó su pantalón, lentamente colándose para acariciar su área más íntima. Con esto Seungri se arqueó un poco violento. Junsu sonrió y pasó su brazo debajo de su cintura.

-Tranquilo…no te lastimes.

-Hyung…

-¿Es tu primera vez con otro hombre?

Seungri apartó la mirada, terriblemente avergonzado.

-Entonces te enseñaré la capacidad de gozo que puede tener tu cuerpo entero – susurró sobre sus labios antes de besarlo.

“Te enseñaré, para que jamás te acuestes con otro por menos de lo que te haré sentir”, pensó Junsu mientras volvía a acariciarle su inexperta hombría. Seungri gimió en sus labios, cediendo a su toque aunque temblando a cada momento con cada nueva sensación. Lo desnudó despacio, erizando cada centímetro de su suave piel. Besó sus pezones, su abdomen, sus piernas, su espalda, sus pies. Teniéndolo recostado bocabajo, acarició su trasero y acercó sus dedos a su entrada, recostado a su lado. Seungri se estremeció y trató de encovarse, defendiéndose involuntariamente de la posible invasión de su zona más privada.

-Shhh…

Junsu se acercó a él, besando sus labios mientras delineaba con su dedo su entrada. Despacio empezó a introducirlo y bajó sus labios a su cuello. Seungri gimió cada vez más, dejándose llevar por esa oleada caliente que tenía su piel ardiendo, completamente erizada, y su miembro erguido a mil por hora después de tantas noches de tensión. Lo fue dilatando poco a poco, con uno, dos, tres, despacio, rápido, en círculos. Su cuerpo le respondía bien a cada estímulo, y eso hacía que Junsu lo deseara cada vez más. Encontró su punto G, ese que pocos hombres saben que tienen y que los lleva a un delirio desconocido, y lo presionó con insistencia hasta que Seungri, con violentos espasmos, llegó.

Ya estaba listo para ser suyo. Besando su pecho mientras se acomodaba entre sus piernas, sintiendo contra sus labios el palpitar de su pecho estremecido por el orgasmo previo, entró lentamente en él. Seungri lo miró con ojos llenos de confusión, incapaz de tensarse o resistirse a pesar de que el sentido común, de haberlo escuchado, le gritaba que el miembro de otro hombre dentro de esa restringida área no era del todo correcto y sí incómodo. Pero para su sorpresa pronto, tras algunas suaves embestidas de Junsu, empezó a sentir placer.

Así Junsu lo fue meciendo por las olas del placer físico, hasta que el suave oleaje se convirtió en una tormenta frenética de calor insoportable y delicioso. Y al final de ese revolcón de placer, ambos llegaron al orgasmo, Seungri por segunda vez, Junsu llenándolo con violencia.

Jadeando Seungri se acurrucó en sus brazos, agotado pero tranquilo. Junsu lo estrechó suavemente contra su piel.




“Sí….soy un pervertido…pero me encanta serlo…con él…”

***

Se reunieron en la salita de estar para discutir nuevas estrategias. Entre más pronto encontraran una solución a sus problemas, en las palabras de Yunho, más pronto rebasarían al enemigo y la guerra encontraría su justo final. Su mayor conflicto era, por supuesto, las bajas en las fuerzas de los Cazadores y el aumento descontrolado y paralelo en las fuerzas infectadas enemigas. La peor parte: habían perdido a su sargento, el mejor de todos ellos en combate, Bi Rain. Pero no podían descorazonarse, menos ahora que el futuro de la humanidad estaba prácticamente en sus manos. En las de Yunho como líder, Yoochun como segundo al mando, Jaejoong y Changmin. Podían considerar a Seunghyun, pero era inestable. Necesitaban hombres con entereza física y mental en las filas de batalla.

- Ese cadete ya no está en condiciones para la batalla, - lamentó Yunho tras exponerles la situación de Seungri y su experiencia en la batalla contra el sargento zombi, - El shock en su cerebro es demasiado fuerte. Yoochun y Jaejoong se miraron, consternados. Sin el sargento las posibilidades de vencer se habían reducido. Y lo que más preocupaba a Changmin era cómo alguien tan fuerte como Jihoon había sucumbido a la peste tan abrupta y gravemente. Pensativo se mordió la uña del pulgar mientras los otros tres murmuraban.

- Si él ya no puede pelear, yo sí.

- ¿Señor Kim?

Junsu se adelantó, entrando en la habitación. El escuadrón volteó a verlo, dejando de lado la discusión.

- Ocuparé el lugar de ese cadete. Además me cansé ya de sólo esperar y observar, - añadió Junsu, viendo de reojo a Changmin, - quiero poner mi parte para lograr el cambio en la balanza y la victoria.

Yunho lo observó detenidamente. Yoochun se le acercó y caminó a su alrededor.

-¿Sabes pelear? – le preguntó.

-Más o menos. Pero los he visto y aprendo rápido – respondió sin chistar.

-¿Sabes usar un arma de fuego?

-¡Eso sí! Mi padre me enseñó a disparar a unos platos que lanzaban al aire cuando era niño, por si había una guerra nuclear.

Lo observaron los cuatro en silencio.

-¿Qué?

Nadie le respondió. Todos pensaban lo mismo sobre el padre de Junsu y su idea de la guerra nuclear. Sólo en la cuestión de la guerra y sus caóticas consecuencias había tenido razón el patriarca Kim.

-Bien, mientras de verdad demuestres que puedes luchar, te acepto como parte del Escuadrón Alfa, - accedió Yunho después de unos segundos de incómodo silencio, - quién sabe, podrías ser útil y una escopeta más nunca sobra.

-¡Gracias hyung, no les fallaré, lo juro!

-Y necesitarás un nombre clave – mencionó Jaejoong.

-Ya tengo uno…Xiah.

-¿Xiah? ¿De dónde viene? – preguntó Changmin.

-De mi nacionalidad. Asia…Xiah…

Jaejoong le palmeó la espalda, conmovido con el patriotismo de su nuevo compañero.

-Xiah entonces, bienvenido al equipo – consintió Yunho. Los demás asintieron.




Después de esa junta, Junsu se sentía orgulloso de sí mismo. Creyó que había tomado una muy buena decisión al tomar el lugar de Seungri. Además así haría algo más por sus semejantes que solo mirar y darles techo a los guerreros. Ahora era un guerrero él también. Y sobre todo, Seungri ya no se expondría al peligro, ya había tenido suficientes experiencias con los muertos vivientes. Pero las cosas cambiarían a partir de ahora. Iba camino a contárselo a Seungri por el pasillo cuando sintió un extraño ardor en la garganta. Se detuvo, tocándose el cuello con la palma abierta. Luego le vino una tos seca y aguda. Cada vez más y más continua. Sintió que le faltaba el aire y se recargó en la pared. Un sabor amargo y terroso le llenó la boca, como a manzana echada a perder. Confundido y un poco asustado optó mejor por irse a su habitación a descansar. Mañana sería otro día y necesitaría todas sus fuerzas para entrenar con los demás del Escuadrón. Y mañana le diría a Seungri sobre su unión a los cazadores, aunque seguramente se enteraría antes.

Con una gran esperanza en la mente, Junsu se dejó caer sobre el colchón, respirando con dificultad pero satisfecho consigo mismo.

***

Cerca. Lejos. Cada vez que creía encontrar la solución, ésta parecía escapársele. La naturaleza tenía extrañas maneras de jugar con uno. Oh, pero encontraría la manera de superarla. De dominarla.

***

-¿Eres un cazador ahora, hyung?

Junsu fue a mostrarle su uniforme a Seungri al día siguiente después del entrenamiento. Toda la mañana corriendo, saltando, aprendiendo a armar y desarmar escopetas, y a dispararlas por supuesto. Estaba cansado pero no importaba, quería contárselo a Seungri. Tenía que saber que ya no tendría que preocuparse por pelear por la humanidad, pues él lo haría en su lugar.

-Aja. ¿Cómo me veo?

-Bien…

Volteó a verlo. Seunghyun no lo estaba viendo realmente, sino que miraba sus manos sobre las cobijas.

-¿Pasa algo, cadete?

-No, nada…sólo que no esperaba que te unieras…porque…bueno…

Junsu se le acercó y acarició su pelo.

-Las personas cambian, Seungri. Tú te recuperarás igual de rápido que yo aprenderé a luchar como un guerrero respetable.

Seungri sonrió. Junsu se inclinó lentamente hacia él.

-Junsu hyung, ¿por casualidad…?

Junsu volteó. Changmin estaba en el umbral de la puerta, observándolos. Por un momento percibió Junsu enojo en sus ojos, pero luego la indiferencia común sustituyó cualquier emoción, como siempre.

-Changmin…

-Choikang hyung…

-No, nada. Ya recordé dónde lo dejé – dijo cortante y se fue. Junsu se mordió los labios y Seungri volvió a abrir el libro que había estado leyendo. Ahogando una ligera tos, Junsu se sentó a su lado.

***

Lo despertó un golpe seco en la ventana. Cuando volteó, vio la mano cortada de un apestado deslizándose en el cristal, embarrándolo de sustancia viscosa y putrefacta. Tragó saliva y se asomó. Abajo, amontonándose contra la pared, tratando de trepar, un gran grupo de apestados gruñían con hambre.

Con el corazón a mil se vistió, tomó su escopeta, sus municiones y corrió a buscar al capitán.

-¡Yunho, los…!

Se detuvo. En la habitación del capitán ya estaban Yoochun y Seungri. También lo habían notado. Ya estaban uniformados y armados. Luego llegó Junsu.

-¿Y bien?

-Presioné la clave de cierre, debe estar funcionando.

-Bien.

-Y encontré a alguien en la puerta, - añadió. Tras él, un joven con el uniforme bastante raído, cabello rubio con algunos rayos rojos, entró.

-JiYong…- murmuró Seungri.

-¡Cadete G-Dragon a su servicio, capitán Jung! – dijo el recién llegado.

Yunho lo observó.

-¿Dices que lo conoces, Seungri?

El menos asintió.

-Era de mi…es de mi escuadrón. Desapareció hace mucho…

-Sí. Y no sabes la pesadilla que pasé. Creí que esos malnacidos ya habrían terminado conmigo, pero en el último momento se nos cayó el techo encima. Fue bastante doloroso, pero me salvó la vida.

-¿Cómo? – intervino Yoochun, desconfiado.

-Bueno…resulta que los esqueletos de los apestados son bastante tiesos, así que mientras ellos recibieron el impacto directamente en el cráneo, yo alcancé por reflejo a encogerme y gatear fuera de ahí.

Yunho, Jaejoong y Yoochun lo miraron frunciendo el ceño.

-Suena poco creíble, lo sé, pero es la verdad. De no ser así no estaría aquí. Pueden revisarme, no tengo mordidas ni marcas… - se defendió JiYong, quitándose la camiseta deshilachada.

-Yo le creo – dijo Seungri. Los demás voltearon a verlo.

-Además, si estuviera apestado no podría hablar siquiera y su piel se vería oscura – reflexionó Junsu, - ¿o no?

-Tienen razón – asintió Yunho después de considerarlo, - y si por casualidad lo estás, espero que tarde en hacerte efecto, en este momento necesitarnos todas las fuerzas posibles.

-Sí, me di cuenta. Y siento comunicarle que de donde yo venía se avecina una horda de apestados también.

-Maldición – Yoochun apretó los puños.

-No hay opción. Seungri, también tú vendrás a combatir. Hay que apresurarnos afuera para detenerlos – ordenó Yunho. Junsu lo miró, contrariado.

-Pero hyung…

-Necesitaremos todas las fuerzas posibles si queremos no sólo ganar sino sobrevivir.

-Estaré bien, hyung – asintió Seungri, - sigo siendo un cazador. Iré.

Junsu volteó a ver al menor, sorprendido. Yunho sonrió.

-Así se habla.

De pronto hubo un estallido, no muy lejano, abajo. Y después se fue la luz. Los apestados habían logrado trepar hasta la planta de electricidad y le habían arrancado los cables a mordiscos, friéndose algunos de por medio. No por inteligencia, eso era obvio, sino quizás por desesperación, por buscar algún medio para acceder al interior del edificio donde se escondía su siguiente alimento.

Intuyendo el problema, Yunho dio la orden.

-¡Hero, G-dragon, vayan al laboratorio y alerten a Changmin! Los demás, ¡vamos abajo, hay que impedir que entren!

-¡Sí señor! – Jaejoong y JiYong asintieron y corrieron escaleras arriba. Yunho y Yoochun corrieron escaleras abajo, seguidos por Seungri y Junsu, iluminando su camino apenas con bengalas.

En el recibidor, los apestados empezaban a amontonarse, mordiéndose incluso entre ellos. Para no llamar su atención, Yunho dio la señal y todas las bengalas fueron apagadas. Esperó unos minutos, los más que fuera prudente a que los ojos de todos se adaptaran a la oscuridad, ya avanzó despacio, liderando al equipo.

-Micky, ya sabes qué hacer… - ordenó atrás en voz baja. Yoochun asintió y sacó una granada de su bolsillo. Le quitó el arilo y la lanzó con fuerza hacia el recibidor.

Los invasores rápidamente se acercaron a ver el objeto volador, algunos incluso se pusieron sobre él con absurda curiosidad, otros a más distancia. En menos de diez segundos volaban miembros negruzcos y sangre viscosa por todo el cuarto. En ese instante Yunho dio la orden de ataque y los cuatro procedieron a disparar con todo lo que tenían. Pronto se vieron rodeados. Eso sólo aumento el fragor de la batalla y las ganas de vivir del nuevo Escuadrón Alfa. Parecía hasta ensayado. Sin embargo los apestados seguían entrando. Yunho pudo verlos en el pasillo de entrada, arrastrando los pies, mordiéndose las manos y los codos. Jadeando, cuando no quedaba uno sólo de los intrusos en pie, dio la señal para seguir el ataque al frente. Yoochun corrió tras él.

-¡Vaya, somos buenos en esto! ¿No crees, Seungri? – Junsu estaba extasiado, aún recuperando algo el aliento antes de ir tras los demás.

-Sí…claro, Xiah hyung…

Junsu se secó el sudor de la frente con el reverso de la mano, sonriendo. Por una vez se sentía útil, sentía la adrenalina de la batalla y de la victoria. E iba por más. Ni siquiera se acordaba de la enfermedad.

-Vamos pues, date prisa.

-Sí.

Seungri trató de dar un paso pero no pudo. Su pierna derecha había quedado totalmente inútil, mordisqueada por los apestados. En la revoltura de la pelea no había notado siquiera el ataque, ni el dolor, ni las mordidas. Volteó a verse la pierna, notando su pantalón desgarrado y cubierto de sangre que aún fluía. Tembló.

-Hyung…ya no…puedo…

Cayó hincado al suelo. Al escuchar el golpe Junsu volteó, preocupado soltó la escopeta y se hincó a su lado.

-No digas tonterías, levántate. Vamos – Junsu lo incorporó como pudo y trató de llevarlo a su lado, caminando a cuestas, - Vamos Seungri, no dejes de respirar, aún no puedes morir.

-Yo…no puedo hacerlo…

Junsu trató de ignorarlo, jalándolo por el pasillo, buscando a los demás.

-¡Formación! – gritó el capitán Yunho en algún lugar, quizás afuera.

-Vamos…

Junsu trató de jalarlo y en su lugar jaló aire. Volteó hacia atrás. Seungri se había desplomado, cayendo hacia atrás sobre su espalda.

-¡Vamos, Seungri, levántate! ¡Dijiste que me acompañarías en todo momento!

-Yo…ya no…no podré seguir, hyung…

-¡No digas tonterías! ¿No eres un cazador? ¡Tienes que enseñarme a hacerlo! ¡Los cazadores no lloran!

Seungri sonrió un poco y trató de levantarse, pero apenas logró alzar un brazo antes de volver a perder las fuerzas. Tenía más heridas en el cuerpo que no había notado por la adrenalina. Junsu, al notarlo, se apresuró a sostenerlo antes de que volviera a golpearse contra el suelo.

-Seungri, yo aún apuesto por ti. Entre a esto de los escuadrones por ti…- le dijo mientras le abría el chaleco y la camisa para revisarlo.

-Me gustas…

-¿…Eh?

Fue repentino. Fue inesperado. Como esas palabras que uno dice cuando cree que no le queda mucho tiempo para decirlas.

-¿Qué dices?

-Me gustas…Junsu hyung…

Inesperado. Pero de algún modo, aceptado y deseado. En el fondo…

Junsu lo miró con sorpresa.

-Y no importa…no te arriesgues más por mi…yo…ya estaba sentenciado…desde hace tiempo…

Junsu tragó saliva.

-Pero no moriste…sobreviviste y llegaste a mi casa…llegaste a mí…a darme un motivo para luchar…- sintió que se le iba la respiración, y un espasmo detuvo sus palabras. Esa maldita tos. Tosía cubriéndose la boca con un puño mientras sostenía a Seungri con el otro brazo. Seungri sonrió un poco, apoyando su mano temblorosa sobre la de su hyung.

…le gustaba…le había gustado desde que lo había visto en las reuniones de los Cazadores. Y se enamoró el día que se quedó a su lado tras la muerte de sus compañeros…y después…cuando por fin lo hicieron…le gustó…le gustaba, Junsu hyung le gustaba…y lo quería…

Por fin dejó de toser. Jadeando volteó a verlo.

-Perdona…no sé qué me sucede… ¿Seungri?

Lo sacudió. Su pecho estaba lleno de mordidas y rasguños, que empezaban a ponerse negros.

-¡Seungri! ¡Seunghyun! – lo sacudió con más fuerza. Sus ojos estaban dilatados, mirándolo sin mirada, - ¡Dime algo! ¡Seunghyun!

¡Bang!

El techo sobre ellos se desmoronó y Junsu apenas logró saltar a un lado. Dos cuerpos se despeñaron por ese agujero y continuaron su trayectoria pisos abajo, bajo el peso de un gran objeto, algo como una caja de metal de seguridad. Y Seunghyun había quedado en la orilla de ese agujero. Deslizándose…despacio….despacio…

-¡Seunghyun!

De pronto, con un chasquido, un escozor en la nuca, todo se volvió negro para Junsu.

***

Estaban luchando contra los apestados, apartándolos como podían y lanzándolos hacia afuera, cuando volvió la electricidad y las compuertas se cerraron de golpe, aplastando a varios zombis en el proceso. Yoochun apenas había conseguido retroceder para salvar su pie de ser cortado por una de las compuertas.

-¿Qué…?- volteó a ver a Yunho, que estaba tan perplejo como él.

-Volvamos al recibidor – dijo. Yoochun asintió y lo siguió. Apenas lograron frenarse antes del gran agujero que se había hecho a la mitad del lobby.

-¿Qué demonios pasó aquí? – gruñó Yunho.

-¿Están bien?

Changmin les preguntó, bajando las escaleras. Ambos voltearon a verlo.

-¿Tienes alguna idea de lo que sucedió aquí, Changmin? – le preguntó Yunho. El menor se encogió de hombros.

-¿Dónde están Jaejoong y JiYong?

-¿JiYong?

-Un nuevo recluta. ¿Te dieron el mensaje?

-Capitán…

Yoochun lo llamó, señalando el agujero. Yunho volteó y sintió que el estómago se le iba a la garganta y el corazón se le iba hasta los pies.

-¿Qué les pasó? – preguntó Yoochun, aún mirando hacia abajo a sus compañeros caídos.

-Esa caja…estaba en el laboratorio, ¿cómo es que…?

Un disparo. Yunho cayó de espaldas, sujetándose el brazo. Yoochun volteó hacia Changmin. La escopeta del menor aún humeaba.

-¡¿Qué haces, Changmin?! – exclamó, caminando hacia él.

-¿No es obvio aún, hyung? ¡Quiero ser hijo único! – apuntó de nuevo la escopeta y apretó el gatillo pero Yoochun la empujó, desviando el tiro. Changmin, molesto, lo golpeó con la culata de su arma. Yoochun retrocedió.

- No quería infectarte, Yoochun...

-¿In…infectarme?

- Eras importante para mí...

- ¿Era...?

- Pero ya que insistes...

Lo besó con fuerza, metiendo su lengua. Luego lo apartó con fuerza y de un empellón lo arrojó contra la pared. La fuerza de un súper hombre, sonrió Changmin para sí mismo. El golpe fue tal que Yoochun perdió la conciencia. Luego Yunho se levantó.

- ¿Qué te sucede? ¡¿Por qué lo haces?! ¡Changmin ah! –demandó.

- Como dije, Yunho no sabes nada. Ni tú ni nadie tenía la más insignificante idea...porque los insignificantes, insignificantes se quedan.

Le mordió con fuerza el cuello, arrancándole incluso un trozo de piel que masticó sin remordimiento. Luego lo empujó al piso inferior a través del gran agujero que Jaejoong y JiYong habían ocasionado al caer desde más arriba, bajo el peso de la gran caja de seguridad que contenía sus experimentos, dejando un destartalado túnel desde el tercer piso hasta el sótano, donde yacían esos dos ahora junto con su odioso hermano y Junsu, que se retorció debajo de Yunho. Changmin se asomó a verlos. Inútiles, débiles. En pocas horas o minutos serían apestados como los demás, descerebrados e insignificantes.

Volteó hacia arriba. Lo que quedaba de Seungri colgaba semi-deforme entre las astillas del segundo piso y el primero, goteando sobre la chamuscada alfombra. Sonrió. Nadie podía con él... había conseguido la supremacía que tanto deseaba. Tantos experimentos habían surtido efecto…

En eso Yoochun le cayó encima. Había saltado desde el tercer puso hacia él, derribándolo. Rodaron por el suelo.

- Maldita sea, ¡¿Yoochun, qué más quieres?! ¡¿Que te coja?!

Entre golpes y arrastradas le arranco el pantalón. Yoochun lo golpeó y pateó cuando le sobrevino un fuerte ataque de tos. Orgulloso, Changmin aprovechó para tenderlo contra el suelo firmemente.

- Te hizo efecto rápidamente, aún más que a Junsu...- dijo con sorna, abriéndose el pantalón, - te va a doler, toma en cuenta que tengo que atinar a tu pequeño hoyo y la tos te está haciendo retorcerte demasiado...ya casi....uhmmm...rozarte así solo me excita, sabes eso? Y tenerte así, debajo de mí...

- Cugh...bas...tardoo...ugh...cugh...agh!

- Ya está, aunque un poco chueco....eso es...uhm...es como domar a una yegua enojada...

Lo embistió contra el suelo a pesar de las convulsiones, que junto a los empujones de Changmin azotaron a Yoochun por todas partes, hasta venirse en su interior, dejándolo adolorido y ensangrentado.

- Rico...

Yoochun apenas podía moverse, todo su ser molido por la batalla, el virus y el revolcón.

- Ya que no puedes pedirme nada más, y pareces tan satisfecho que ni intentas pedírmelo...

Y sin muchas contemplaciones lo pateó al agujero, donde aterrizó pesadamente sobre sus compañeros.

Changmin lo observó desde arriba, sonriendo. Luego Seungri se desprendió de las vigas, precipitándose hasta el sótano junto a los demás.

- Eso es... ¡todos esperen ahí al Apocalipsis y el reinado del ser único y Máximo!

Rió Changmin con fuerza, doblándose mientras los restos de la fortaleza se llenaban del estruendo de su risa.

- ¡Soy el único! ¡El único resistente a la peste que yo mismo cree! ¡El único inmune, y el único capaz de contagiar o matar a mi antojo! Bi hyung-nim lo intentó, trató de vencerme en mi propio terreno, yo lo superé, ¡porque él ni siquiera era un digno rival! - rió con estruendo hasta que otro ataque de tos lo detuvo. - Un pequeño malestar...ugh...a cambio del poder supremo sobre los demás...cugh...

Sacó de su chaqueta un par de ampolletas, una roja y otra azul.

- La peste...y su antivirus, mi receta del éxito - sonrió mientras se preparaba para inyectarse.

Yoochun escupió sanguaza con una mezcla oscura, repudiado por el monstruo que tenía ante él, quién alguna vez fuera su razón de ser.

Todo lo había ocasionado Changmin. Ahora estaba tan claro… él había sido el primero en enfermarse. Aunque lo había disimulado. Y de algún modo había infectado a los primeros apestados, quizás en la escuela o en la calle… lo peor es que ya tenía la cura, quizás desde hacía tiempo… y en lugar de repartirla, se la había guardado para sí mismo. ¿Pretendía ser el único sobreviviente, o hacerse rico con la cura? ¿Quién le pagaría de todos modos? ¿O pensaba simplemente ser el tuerto entre los ciegos, el único súper hombre entre puros apestados? Quizás… Jaejoong y JiYong lo habían descubierto y por eso los había matado. Luego se había seguido con Junsu y Seungri, con Yunho…sólo quedaba él.

-En caso de que se lo pregunten, sí, yo empecé esto de la peste. Fue muy fácil. Cuando Minho me abrazó en la arcada, le inyecté un poco del virus. Tonto, creyó que era un piquete de araña. Después, para esparcirlo mejor, se lo inyecté a un compañero extranjero en la clase de gimnasia, mientras se secaba en el vestidor del gimnasio. Ellos hicieron el resto. Las mejores precursoras eran las chicas, ya infectadas tenían mayor voracidad en esparcirlo. Lástima que no quede ninguna para ser mi reina… Oh, pero tú puedes ser mi reina, Yoochun….- Changmin seguía hablando mientras se inyectaba, deleitado con sus macabros sueños y planes. Parecía un drogadicto satisfecho mientras se inyectaba la peste.

No iba a darle el gusto. Con todo el dolor de su corazón, no iba a permitirle a ese monstruo lograr su insano sueño, por más que lo amase aún.

- Felicidades, Changmin...eres el Máximo que siempre deseaste ser....y el único también...

Con las fuerzas que le quedaban, Yoochun arrancó el arcillo a una granada tras sacarla de su saco, la única que quedaba, y la dejó sobre su pecho. A su alrededor Junsu, JiYong, Seungri, Jaejoong y Yunho se retorcían, transformándose y debatiéndose entre la peste y la muerte. La granada empezó a hacer tic tac tic tic tac...

- ¿Qué dices, Yoochun? - Changmin volteó tras inyectarse la primera ampolleta, sonriendo con ojos llenos de maniática malicia. Escuchó el tic tic tac y su expresión se ensombreció, - ¿qué haces? ¡Detente!

Se levantó y estaba por saltar al agujero donde los había amontonado cuando la granada estalló.




Y sólo él quedó. Con la piel chamuscada, un poco ennegrecida. Incapaz de morir, afectado por su propia creación. Sólo él. Sin todos los demás que creyó que le estorbaban. La ansiedad lo consumió. Sin todos los demás. Everyone Else...

E.E

FIN

Nota final: Gracias Minoru por algunas de las ideas aquí expuestas, y a mi lapa perversa que me ayudó a inspirar el one shot más largo de mi historia.

7 comentarios:

  1. ya sabes que pensé de lo último, pero iwal me encanto :3!!

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  2. Anónimo9/16/2013

    jvfhvsdv aghv ds LO ESPERE CON TANTAS ANSIAS....y mi espera valio la pena Y.Y me gusto, simplemente lo ame!
    BY:LyanAH
    o bueno, tambien tengo otro seudonimo: Amid-Hashira (por eso lo de Lyan"AH" al final de mi segundo seudonimo :) )

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  3. Anónimo9/16/2013

    jvfhvsdv aghv ds LO ESPERE CON TANTAS ANSIAS....y mi espera valio la pena Y.Y me gusto, simplemente lo ame!
    BY:LyanAH
    o bueno, tambien tengo otro seudonimo: Amid-Hashira (por eso lo de Lyan"AH" al final de mi segundo seudonimo :) )

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  4. LyanAH...como te encuentro en facebook?

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  5. Anónimo9/17/2013

    mmm...aqui estoy n_n:

    https://www.facebook.com/rociopilar.leehashirashim

    y como te encuentro yo en facebook???
    BY:LyanAH

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  6. Realmente interesante y entretenido el fic... y grande Chunnie!!! no me esperaba menos del ratón.... Que idiota Min... pero le quedaba~

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  7. Anónimo5/27/2014

    Que hermoso mi Chun siempre lleno de amor ahhhh solo algo ppr quw aMin lo ponen como seme con mi Chunnie si el es el casanova por exelencia ente mis Dioces noopooooo ppr que mueren todoooooos. Wooooo me encantooooooo tu fic eso de que Chuunie alucinaba a. min en el trio Yunjae woooooo super lindoooooooo 생이추가 고마워¡¡¡¡¡¡

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